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La Cuerda Rota

El documento narra la historia de Itzhak Perlman, un violinista que sufrió polio y tenía dificultades para caminar. A pesar de esto se convirtió en uno de los mejores violinistas del mundo. En un concierto en Nueva York se le rompió una cuerda del violín pero decidió continuar tocando aun con una cuerda menos.

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La Cuerda Rota

El documento narra la historia de Itzhak Perlman, un violinista que sufrió polio y tenía dificultades para caminar. A pesar de esto se convirtió en uno de los mejores violinistas del mundo. En un concierto en Nueva York se le rompió una cuerda del violín pero decidió continuar tocando aun con una cuerda menos.

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Hermosa sinfonía con una cuerda rota

Itzhak Perlman nació en 1945 en Tel Aviv, Israel. A los cuatro años tuvo polio
y quedó con limitaciones de movilidad de sus extremidades inferiores y con
alguna dificultad en las superiores. Ante su intención aprender a tocar el
violín, muchos le decían “no estudies violín, no vas a poder con el
instrumento, no vas a poder”.

Sus padres decidieron apoyarlo y estudió violín. Para este entonces ya vivía
en Estados Unidos, en una ciudad de fuertes nevadas durante el invierno.
Itzhak, con la ayuda de bastones, casi arrastrándose, caminaba hasta el lugar
donde estudiaba. En ocasiones se caía, se le trababan los bastones y caía
sobre la nieve. Él cuenta que se decía a sí mismo; “levántate y da diez pasos
más, aunque sean diez” y se obligaba a levantarse hasta que llegaba a sus
clases.

Perlman logro convertirse en uno de los mejores violinistas del mundo, y una
vez le ocurrió algo épico. Fue el 19 de noviembre del año 1994, él tenía que
dar un concierto en un gran teatro en el Lincoln Center de Nueva York. En
este concierto se tocaría una sinfonía muy difícil con una orquesta.

Su entrada a un escenario llegó a ser toda una ceremonia, ya que entra


caminando despacio con sus bastones, lo cual le toma varios minutos para
llegar al lugar donde le corresponde sentarse. La gente que lo conoce ya está
acostumbrada a darle el tiempo, esperar que se siente, que deje los
bastones, que le alcancen el violín y después le aplauden.

El día de este gran concierto, cuando estaba por los últimos compases del
primer movimiento, se escuchó un ruido en la sala, a Perlman se le cortó una
de las cuerdas del violín, la orquesta se detuvo y se hizo un gran silencio.
Todos entendieron lo que iba a tener que hacer, porque los violinistas s ólo
tocan con su violín, no le podían dar otro. Iba a tener que salir, cambiar la
cuerda, afinar, esperar y volver a entrar, con lo que eso significaba para él. Lo
iba a tener que hacer, porque todos saben que no se puede tocar una
sinfonía con una cuerda de menos.
Sin embargo, ese día Perlman decidió no buscar otra cuerda. Le dijo al
Director que continuara con el concierto y el director lo miró como diciendo,
“éste está loco”. Perlman le dijo, “continúa”, y arrancaron desde el mismo
lugar donde se habrían detenido. Fue maravilloso, increíble… para la gente
que estaba allí fue sorprendente ver como Perlman reemplazaba las notas
faltantes, las notas que eran de la cuerda que no estaba y cómo en el
momento construía la partitura y la reemplazaba con notas de otra cuerda,
hasta llegar un punto en que la gente se olvidó que esa cuerda. Cuando
terminó el concierto la gente, puesta de pie, le aplaudieron durante media
hora.

Cuando todos se callaron, el simplemente agarró el pañuelo y se secó el


sudor. Y les dijo, “me acabo de dar cuenta que, a lo mejor, como artista, mi
desafío es descubrir cuanta música soy capaz de hacer con lo poco que me
queda”.

La Cuerda Rota en nuestras vidas

En algún momento de nuestra vida podemos sentir que una cuerda se ha


roto. Nos sentimos golpeados, lastimados, desanimados, desesperanzados,
rechazados, humillados, abandonados, desilusionados, entristecidos, con
sentimientos de soledad y miramos la vida con visión de túnel o asumimos
una actitud de rebeldía.

Todos tenemos cuerdas rotas, tormentas emocionales que necesitamos


sanar, ya que somos vulnerables. Podemos sentir miedo, enojo, ansiedad,
vergüenza, culpa, ganas de llorar y hasta incertidumbre frente al futuro.

Es en esos momentos de fragilidad donde hay que recordar que somos más
fuertes que eso que nos hizo daño, que podemos salir adelante, luchar,
afrontar las dificultades, que podemos ser resilientes y resistentes, tener
valentía, sacar las fuerzas del héroe y poner en acción nuestras buenas
cualidades, los dones que todos tenemos.

No es un momento para retirarse, lamentarse y rendirse. Es el momento para


resurgir y reconocer que podemos tener la fortaleza interior para encarar la
adversidad. Tenemos un sistema inmunológico biológico, pero también
tenemos un sistema inmunológico psicológico. La fuerza interior que nos
ayuda a afrontar, superar y ganar nuestras propias batallas.

AFINAR LAS CUERDAS

Afinar consiste en poner en armonía unos instrumentos con otros, para que
al tocarlos simultáneamente la melodía logre el efecto de sonido agradable
que se desea. Es poner a tono justo los instrumentos musicales con arreglo a
un diapasón, una pequeña pieza metálica como las que aparecen
entrelazadas en el logo de la marca Yamaha, o utilizando un pequeño
dispositivo electrónico, para acordarlos bien unos con otros. El violín, por
ejemplo, tiene cuatro cuerdas de grosor variado que se afinan en orden
ascendente desde la nota más baja hasta la más alta, un fallo en una de ellas
produciría ruido en vez de grata melodía.

RECONOCER LA CUERDA ROTA

Las reacciones emocionales inadecuadas que tenemos, fruto de experiencias


negativas que hemos vivido, son como cuerdas rotas. Son lesiones en nuestra
forma de pensar y sentir, que nos intimidan o nos causan enojo y nos
impiden llevar una existencia plena e incluso afrontar las pequeñas
dificultades del día a día con mayor resistencia y fortaleza. A veces, aparecen
por una infancia realmente traumática. Se originan por una o varias vivencias
hirientes en la niñez que dejan una huella afectiva y, de una forma u otra,
terminan repercutiendo en el comportamiento de la persona.

Entre estas se encuentra el miedo al abandono. Las personas que han tenido
experiencia de abandono en la infancia, suelen tener miedo a la soledad,
temor a ser rechazadas o desconfianza ante el contacto físico.

Otras señales de algún daño emocional recibido son la baja valoración propia
y a la descalificación, la persona puede sentir que no merece afecto ni
comprensión y le cuesta tomar decisiones por sí misma. La humillación es
otra cuerda rota. Ocurre cuando los demás nos critican, desaprueban o nos
hacen sentir torpes, lo cual disminuye el amor propio. También puede haber
traición, que causa miedo a confiar. Ocurre cuando el niño se siente
traicionado por alguno de sus progenitores, un adulto significativo o alguien
más en quien confiaba. A esto se puede sumar el trato rudo en el hogar que
afecta el desarrollo psicológico y emocional y la capacidad de rendimiento en
la infancia.

SUPERAR LA CUERDA ROTA

Para lograr tener éxito en los estudios, el buen trato con los demás y otras
metas que nos propongamos en la vida, aun con una cuerda rota, debemos
actuar con calma y determinación. Es saludable que tomes algunas pausas,
que te permitas tiempo y te ames lo suficiente para seguir adelante. Puedes
gestionar ese dolor de forma creativa y vivificante, recuperar tu capacidad
sanadora y disfrutar de la vivencia de una buena amistad y otras
interacciones positivas que crean vínculos fuertes y saludables con otras
personas.

MANEJAR NUESTRAS EMOCIONES DE FORMA SALUDABLE

Es importante aceptar que tuviste esa experiencia negativa que te marcó,


tener autoconciencia. Elevar tu nivel de conciencia y buscar medios, tales
como apoyo de amistades sanas y asesoría de adultos capaces, para
transformarte en una persona que viva en paz, alegría y plenitud.

Reconocer que eso que viviste cuando eras niño no define tu valor es como
un regalo que te haces a ti mismo. Es como permitirte renacer y darte todo el
amor y la protección que necesitas. Dejar de creer en los límites y etiquetas
que alguien alguna vez quiso ponerte y decirte: Aquí estoy yo, me quiero
profundamente con todo mi corazón, reconozco que viví situaciones que me
limitaron, pero paso a paso voy a ir recuperándome, dándome todo el amor
que merezco, soy extraordinariamente valioso. Me abrazo y me digo: Yo
puedes, yo valgo, soy merecedor de aprecio.

AUTOCOCEPTO SANO
Quiérete con todo lo que eres y lo que has vivido, esto te ayudará a tener un
buen autoconcepto de ti. Procura pensar de forma positiva y conservar la
calma, esto irá cambiando tu forma de sentir y te proporcionara confianza,
autocontrol, conocimiento y sabiduría.

Recuerda que eres capaz de continuar, de volver a alzar la frente, esto quiere
decir, no contar las adversidades como fracasos sino como oportunidades
que la vida nos brinda para construir fortaleza, aprender y avanzar.

Fíjate más en las flores del jardín que en la maleza, en las noches fíjate más
en las estrellas que en la oscuridad, reconoce que las sonrisas y las lágrimas
forman parte de la vida y cada una tiene su función, disfruta celebrando la
vida y procura recobrar cada día la esperanza.

OTRAS CLAVES

Fija tu mirada en tus metas y no en las dificultades que afrontarás para


alcanzarla.

Saca aprendizaje de tus errores. Una equivocación se puede tomar como una
lección para no repetirla.

Termina el auto-boicot. En ocasiones, sin darnos cuenta, somos nosotros


mismos quienes le hacemos un zoom, agigantamos los obstáculos y le
concedemos mayor poder de limitarnos.

Cuando aparezca un problema no te quedes en la queja, enfócate en las


posibles soluciones, de esta forma se activará tu poder creativo.

Detén los pensamientos negativos repetitivos, y en cambio intenta una nueva


forma de afrontar esa realidad que te bloquea y opaca la luz de tus buenas
ideas.

Permite que te ayuden, despójate del complejo de ser superpoderoso, en


muchas ocasiones vamos a necesita recibir el apoyo de alguien.
No temas, pues yo estoy contigo; no mires con desconfianza, pues yo soy tu
Dios; yo te he dado fuerzas, he sido tu auxilio, y con mi diestra victoriosa te he
sostenido. Isaías 41, 10

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