Pachamama es una palabra de origen quechua, significa Madre Tierra (Pacha= Tierra; mama= Madre).
La Pachamama es la diosa
femenina de la tierra y la fertilidad. Es nuestra casa, en ella vivimos los seres humanos, los animales y las plantas junto con el aire, el
agua, el suelo y los vientos. Nuestra Madre Tierra nos brinda muchas cosas y nos alimenta, por eso debemos cuidarla y darle las
gracias.
Cada 1° de agosto se celebra el día de la Pachamama, durante todo el mes se la homenajea con ceremonias de celebració n, agradecimiento
y rituales ancestrales, con danzas, música y comidas especiales. Esa fecha marca el fin de la época seca y el comienzo de un nuevo añ o
agrícola.
En el noroeste de Argentina, norte de Chile y en Perú y Bolivia, los pueblos originarios realizan celebraciones de gratitud por los
frutos que la tierra ofrece y el pedido de volver a recibirlos, multiplicados, en el ciclo que comienza. Familias, vecinos y amigos se reú nen
y le piden permiso respetuosamente a la Pachamama para abrirla y sembrarla. Ese día la Madre Tierra se encuentra lista para recibir los
regalos de sus hijos: las mejores comidas, la chicha, el vino, el alcohol, la coca y los cigarrillos para que fume.
ACTIVIDADES
Como actividad para esta efeméride ambiental te proponemos que un adulto le lea al niño o niña el
siguiente cuento “Toño y Pachamama” de la escritora peruana Ana Delia Mejía
([Link]
Una vez finalizada la lectura, se guiará al alumno para que conecte los conceptos de cuidado de la
Tierra como hogar de toda forma de vida, y se le pedirá que resuelva las siguientes preguntas:
1- ¿Qué es la Pachamama?
2- ¿A qué nos referimos con el nombre Pachamama?
3- ¿En qué parte de nuestro país se la celebra?
4- Elaborar una lista de acciones que puedan realizar individualmente o en sus hogares para
colaborar en la conservación del ambiente.
5- En base al cuento:
a. ¿Qué cosas de la naturaleza representa la Pachamama?
b. ¿Por qué estaba triste?
c. ¿Por qué hay que cuidar el agua y la electricidad?
d. ¿Cómo era la Pachamama?
e. ¿Qué podemos hacer para cuidar a la Pachamama?
f. ¿Con cuáles de esas acciones nos comprometemos para cuidar a la Madre Tierra?
g. En una hoja dibuje cómo representaría a la Pachamama
Video cuento Toño y Pachamama
clic aquí
Toñ o y Pachamama
Toñ o y Pachamama. Ana Delia Mejía, escritora y educadora peruana. Cuento sobre el cuidado y el amor
a la tierra, a la naturaleza. Cuento sobre la concientizació n del cuidado del medio ambiente. Toñ o
terminó de comer su helado y abrió la ventana del bus en que viajaba. Cuando se disponía a lanzar la
envoltura a la calle, la voz de su mamá sonó enérgica:
– ¡Nooo!
– ¿Qué pasa, ma? –preguntó Toñ o extrañ ado.
– ¿Qué es lo que pretendes hacer, hijo?
– Voy a tirar la envoltura del helado porque ya acabé de comerlo.
– ¿En la calle? Toñ o, ¿cuándo nos has visto a tu padre o a mí tirar basura en la calle?
– A ustedes nunca, pero a otros adultos sí y a cada rato. Y no solo tiran basura, también escupen.
– Que lo hagan muchos no quiere decir que esté bien. Cuando termines de comer y te encuentres en
la calle, debes guardar las envolturas hasta que halles un tacho o llegues a la casa.
– Ay, mamá, qué fastidio estar con la envoltura en el bolsillo.
– Sé que no es muy có modo, pero ensuciar las calles es peor.
Y así era siempre: “Toñ o, cierra la canilla mientras te cepillas”, “Toñ o, cierra la ducha mientras te jabonas”;
“Toñ o, nada de jugar carnavales, el agua no está para desperdiciarse”; “Toñ o, apaga la luz si no está s
utilizá ndola”, etc, etc, etc…
Toñ o no entendía por qué sus papás estaban tan obsesionados por no ensuciar las calles, ahorrar la
electricidad, reutilizar cosas como botellas de vidrio y papel de regalo, y, sobre todo, cuidar el
agua…
¡Si había tanta! ¡Todos los mares, ríos y lagos del mundo estaban llenos de ella!
Era imposible siquiera pensar que se acabaría un día. Así que cuando sus papá s no estaban, nuestro
amigo Toñ o tenía encendidos al mismo tiempo la computadora, el televisor y todos los focos de la casa; no
se preocupaba por cerrar el cañ o ni la ducha mientras se aseaba y, en fin, hacía aquello que sus papá s le
pedían que no hiciese.
Incluso jugaba carnavales con sus amigos del barrio en febrero. Precisamente una noche de verano en la
que se había ido a la cama enojado con sus padres porque se negaron a comprarle una bolsa de globos
de aquellos que se llenan de agua y se hacen explotar en el cuerpo de la gente, Toñ o tuvo un sueñ o… O
tal vez no fue un sueñ o…
Abrió los ojos y, parada al pie de su cama, vio a una mujer mayor, diríase que, de la edad de su abuelita,
muy hermosa; su piel tenía el color de la tierra mojada, su cabello y ojos eran muy negros y estos
ú ltimos relucían como dos estrellas. Estaba cubierta por un gran manto verde que parecía hecho de
hojas y pasto. El miedo lo sobrecogió al inicio, pero al percatarse de la expresió n tristísima con que la
mujer lo miraba, la compasió n lo invadió y preguntó :
– ¿Quién es usted?
– Soy Pachamama, querido hijo.
– ¿Hijo??
– Sí, eres mi hijo, yo soy la madre de toda la humanidad. Soy la Madre Tierra. Soy los á rboles, los lagos,
los mares, los ríos, los desiertos, los animales, las flores y las montañ as.
– ¿Por qué está triste?
– Porque muchos de mis hijos me maltratan, no me quieren ni me cuidan. Mira. –y le mostró a Toñ o
sus brazos llenos de moretones y cortes. Tenía, ademá s, en la cara, varias rasgaduras.
– ¿Quién le hizo todo eso? – interrogó Toñ o muy indignado.
– Ustedes. ¿Ves esta herida de aquí? – preguntó mientras mostraba su hombro desgarrado- Un grupo de
mis hijos buscan oro debajo de una laguna en la Sierra y para hacerlo la está n destruyendo, es decir, me están
destruyendo. Cada día de excavació n esta herida se hace má s profunda. Las lesiones más grandes que tengo
me las ocasionan los que como ellos destruyen á rboles, lagos y asesinan animales por ganar dinero.
También tengo heridas por dentro. Mis pulmones están llenos del humo que despiden las industrias y los
automó viles de otros hijos míos. Poco a poco estoy muriendo. Toñ o empezó a llorar. Aunque era la primera vez
que veía a la mujer, sentía que la conocía de toda la vida y que la quería. Por eso su sufrimiento le causó dolor.
– ¿Puedo hacer algo para que no mueras?
– Sí, puedes dejar de lastimarme tú también.
– ¿Yoooo?, pero… ¿Có mo? – preguntó Toñ o sin lograr reprimir su asombro.
– Estos pequeñ os cortes en mi cuerpo me las ocasionan los que como tú me maltratan con detalles que
parecen insignificantes como malgastar el agua, abusar de la energía eléctrica, ensuciar las calles y produci
mucha basura.
– ¡Oh, Pachamama! Sí sé que es malo ensuciar, pero lo de la luz y el agua no lo entiendo bien. Dime, ¿te
maltrato encendiendo muchos aparatos eléctricos?
– Querido hijo, para producir energía eléctrica se tiene que utilizar sustancias contaminantes. Es por eso
que debes usar solo la necesaria. Si está s viendo televisió n, apaga los demá s aparatos y siempre desconéctalos.
Si nadie está en la sala o en la cocina, apaga las luces de ahí.
– ¿Y el agua? ¿Por qué debo cuidarla si hay mucha?
– Te equivocas. No podemos consumir agua de mar por la gran cantidad de sal que tiene, solo agua dulce
(de ríos y lagos) y esta es muy escasa. Hay pueblos enteros que mueren de sed mientras tú la desperdicias.
Como no eres el ú nico, pronto se acabará en todo el mundo.
– Lo siento, madre, te prometo que no lo haré má s.
– Eso espero. Me hace muy feliz cuando percibo el amor de mis adorados hijos. Pachamama sonrió y
su sonrisa era bellísima.
– Observa esto -dijo mientras mostraba un pequeñ o corte en la palma de su mano. Toñ o pudo ver
có mo, casi má gicamente, el corte cerraba y la mano quedaba curada.
– Esta herida ha cerrado gracias a una niñ a que acaba de sembrar un á rbol. Tus papá s también me
han curado muchas. Sé que les gusta reciclar, por ejemplo.
– Sí, ellos no tiran casi nada. Una botella vacía la convierten en un adorno. Mis portalá pices los hacen
con latas usadas, con la ropa vieja hacen títeres, etc. Antes me molestaba que no me compraran tantas
cosas nuevas, pero ahora que sé que eso te alivia…
– Me conforta y me hace feliz. Si todos mis hijos hicieran los mismo yo estaría sana y sin magulladuras.
– ¡Entonces no vas a morir! – Todavía tengo esperanzas. Si me cuidas y enseñ as a tus amigos a
amarme como yo los amo, viviré.
– ¡Lo haré, te lo prometo!
– Gracias, hijo mío. – sonrió Pachamama, y luego besó a Toñ o en la frente. Este cerró los ojos para recibir
el beso y cuando los abrió nuevamente ya ella no estaba.
Toñ o volvió a dormirse, pero nunca olvidó a Pachamama ni la promesa que le hizo. Desde entonces se
esfuerza por cuidarla y protegerla.
Fin
Cuento: Toñ o y Pachamama
Autora: Ana Delia Mejía