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Capítulo 2

El documento resume conceptos clave sobre la inteligencia emocional, incluyendo su definición original por parte de Peter Salovey y John Mayer, las habilidades que la componen según Daniel Goleman como la conciencia de uno mismo, la autorregulación y la empatía, y explica brevemente el fundamento biológico de las emociones en el cerebro.
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El documento resume conceptos clave sobre la inteligencia emocional, incluyendo su definición original por parte de Peter Salovey y John Mayer, las habilidades que la componen según Daniel Goleman como la conciencia de uno mismo, la autorregulación y la empatía, y explica brevemente el fundamento biológico de las emociones en el cerebro.
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Capítulo 2: Inteligencia Emocional y

Autoestima
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La inteligencia emocional se concreta en un amplio número de habilidades y rasgos de


personalidad: empatía, expresión y comprensión de los sentimientos, control de nuestro
temperamento, independencia, capacidad de adaptación, simpatía, capacidad de resolver
los problemas de forma interpersonal, habilidades sociales, persistencia, cordialidad,
amabilidad y respeto.

El término inteligencia emocional fue utilizado por primera vez en 1990 por Peter Salovey
de Harvard y John Mayer de la New Hampshire, como la capacidad de controlar y regular
los sentimientos de uno mismo y de los demás y utilizarlos como guía del pensamiento y
de la acción.

Un fundamento previo lo encontramos en la obra de Howard Gardner, quien en 1983


propuso su famoso modelo denominado “inteligencias múltiples” que incluye 7 tipos de
inteligencia: verbal, lógico-matemática, espacial, musical, cinestésica, interpersonal,
intrapersonal. Si bien, como él mismo subrayó, en Estados Unidos, en la mayoría de las
escuelas se sigue cultivando exclusivamente, al menos consciente y premeditadamente,
los dos primeros tipos de inteligencia: la verbal y matemática.

 
Habilidades de la inteligencia emocional de Daniel Goleman  

1.- Conciencia de sí mismo y de las propias emociones y su expresión

2.- Autorregulación, controlar los impulsos, de la ansiedad, diferir las gratificaciones,


regular nuestro estado de ánimo

5.- Optimismo, motivarnos y perseverar a pesar de las frustraciones

6.- Empatía y confianza en los demás

7.- Las habilidades sociales comunicativa, es decir comprensivo- expresivo

En su primer libro “La inteligencia emocional” Daniel Goleman, se centra en temas, tales
como: el fundamento biológico de las emociones y su relación con la parte más
desarrollada del cerebro. En su libro “La práctica de la inteligencia emocional”, destaca
particularmente las habilidades sociales referidas al manejo de las emociones en las
relaciones, la interpretación de las situaciones y redes sociales, la interacción fluida, la
persuasión, dirección, negociación y resolución de conflictos, la cooperación y el trabajo
en equipo.

Conciencia de sí mismo y de las propias emociones y su expresión


La toma de conciencia y expresión de las propias emociones, es la capacidad de reconocer
una emoción o sentimiento en el mismo momento en que aparece y constituye la piedra
angular de la inteligencia emocional. Hacernos conscientes de nuestras emociones
requiere estar atentos a los estado internos y a nuestras reacciones en sus distintas
formas (pensamiento, respuesta fisiológica, conductas manifiestas) relacionándolas con
los estímulos que las provocan. La comprensión se ve facilitada o inhibida por nuestra
actitud y valoración de la emoción implicada: se facilita si mantenemos una actitud neutra,
sin juzgar o rechazar lo que sentimos, y se inhibe la percepción consciente de cualquier
emoción si la consideramos vergonzosa o negativa.

Autorregulación

La segunda de las habilidades es la capacidad de controlar las emociones, de


tranquilizarse a uno mismo, de desembarazarse de la ansiedad, la tristeza y la irritabilidad
exageradas. No se trata de reprimirlas sino de su equilibrio, pues cada una tiene su
función y utilidad. Podemos controlar el tiempo que dura una emoción e incluso elegirla.
A veces damos por evidente una determinada reacción emocional, pero no
necesariamente es así.

Optimismo

La habilidad de motivarnos, el optimismo, es uno de los requisitos imprescindibles para la


obtención de metas relevantes y tareas complejas, esas se relacionan con una amplia
gama de conceptos psicológicos que usamos habitualmente: control de impulsos,
inhibición de pensamientos negativos, estilo atributivo, nivel de expectativas, autoestima:

El control de los impulsos, la capacidad de resistencia a la frustración y aplazamiento de


la gratificación, parece ser una de las habilidades psicológicas más importantes y
relevantes.

El control de los pensamientos negativos, preocuparse consume los recursos


necesarios para afrontar con éxito los retos vitales y académicos.

El estilo atributivo de los éxitos y fracasos, sus implicaciones emocionales y su relación


con las expectativas de éxito, contribuye enormemente a nuestra comprensión de los
problemas de aprendizaje y a su solución.

La autoestima, valoración de sí mismo. Aprecio y aceptación personal que permite la


confianza en su relación con los otros.

 
Empatía

La empatía, o capacidad de captar los estados emocionales de los demás y reaccionar


de forma apropiada socialmente. En la base de esta capacidad está la de captar los
propios estados emocionales y la de percibir los elementos no verbales asociados a las
emociones. Su desarrollo pasa por fases como el contagio emocional más temprano, la
imitación motriz, el desarrollo de habilidades de consuelo, pero el desarrollo de la
empatía está fundamentalmente ligado a las experiencias de apego infantil.

Un diccionario de psicología define la emoción como esa determinada categoría de


experiencias, para las que utilizamos las más dispares expresiones lingüísticas: amor,
odio, ira, enojo, frustración, ansiedad, miedo, alegría, sorpresa, desagrado…

Son un estado complejo que incluye una percepción acentuada de una situación y objeto,
la apreciación de su atracción y repulsión consciente y una conducta de acercamiento o
aversión. Etimológicamente emoción proviene de movere que significa moverse, más el
prefijo “e” que significa algo así como “movimiento hacia”.

Veamos cuáles son las más importantes y hacia dónde mueven, relacionándolas con
el aprendizaje:

La ira nos predispone a la defensa o la luchase asocia con la movilización de la energía


corporal a través de la tasa de hormonas en sangre y el aumento del ritmo cardiaco y
reacciones más específicas de preparación para la lucha: apretar los dientes, el fluir de la
sangre a las manos, cerrar los puños.

El miedo predispone a la huida o la lucha, y se asocia con la retirada de la sangre del


rostro para que fluya por la musculatura esquelética, facilitando así la huida, o con la
parálisis general que permite valorar la conveniencia de huir, ocultarse o atacar, y en
general con la respuesta hormonal responsable del estado de alerta (ansiedad).

La tristeza predispone al ensimismamiento y el duelo, se asocia a la disminución de la


energía y el entusiasmo por las actividades vitales y el enlentecimiento del metabolismo
corporal, es un buen momento para la introspección y la modificación de actitudes y
elaboración de planes de afrontamiento. Su influencia facilitadora del aprendizaje está en
función de su intensidad, pues la depresión dificulta el aprendizaje. Como reacción
puntual y moderada disminuye la impulsividad, la valoración objetiva de las tareas y retos
y sus dificultades, elaboración de un autoconcepto realista evitando caer en el optimismo
ingenuo, la planificación de la solución del problema, contribuyendo a la modificación
positiva de actitudes y hábitos.

Tiene particular importancia en el efecto del manejo las emociones, la ayuda contingente
que padres y profesores prestan al alumno, así este podrá elaborar y concretar en
conductas, planes realistas y eficaces.
Para comprender el funcionamiento general de las emociones y qué papel cumplen
vamos a considerar brevemente su fundamento cerebral. Primero destacamos que toda
la información sensorial es conducida desde los sentidos a la corteza cerebral, pasando
por una estación intermedia, ubicada en el tronco cerebral, el tálamo.

El tálamo está conectado con una de las estructuras fundamentales del cerebro
emocional, la amígdala, que se encarga entre otras importantes funciones emocionales de
indagar las percepciones en busca de alguna clase de amenaza, activa la secreción de
noradrenalina; hormona responsable del estado de alerta cerebral. Ambas están
relacionadas por una vía nerviosa rápida, de una sola sinapsis, lo que permite que la
amígdala responda a la información antes de que lo haga el neocortex y que explica el
dominio que las emociones pueden ejercer sobre nuestra voluntad y los fenómenos de
secuestro emocional. Una tercera estructura implicada es el hipocampo, encargada de
proporcionar una aguda memoria del contexto, los hechos puros, mientras la amígdala se
encarga de registrar el clima emocional que los acompaña.

Por su parte, el lóbulo prefrontal, constituye una especie de modulador de las respuestas
de la amígdala y el sistema límbico que desconecta los impulsos emocionales más
negativos a través de sus conexiones con la amígdala, es el responsable de la
comprensión de que algo merece una respuesta emocional, ejemplo la alegría por haber
logrado algo o el enfado por lo que nos han dicho, además controla la memoria de
trabajo, por lo que la perturbación emocional obstaculiza las facultades intelectuales y
dificulta la capacidad de aprender. Las emociones son, en esencia: impulsos que nos
motivan a actuar, programas de reacción automática con los que nos ha dotado la
evolución y que nos permiten afrontar situaciones verdaderamente difíciles. Este sistema
presenta tres componentes:

1. Perceptivo, destinado a la detección de los estímulos excitadores; que incluye


elementos hereditarios, como es nuestra predisposición a valorar el vacío, los lugares
cerrados, los insectos o las serpientes, es decir, posibles situaciones peligrosas, que
pueden ser fruto de las experiencias. En este nivel de asociación estimulo- respuesta,
puede surgir la fobia o una reacción de ansiedad o placer ante determinados eventos.

2. Motivacional, encargado de impulsar, mantener y dirigir la conducta, gracias a su


relación con el sistema hormonal: por ejemplo, el miedo nos impulsa a la evitación.

3. Conductual, presenta una triple manifestación: reacción fisiológica perceptible,


pensamientos y conductas manifiestas. Es el elemento más influenciado por las
experiencias de aprendizaje previo y el medio sociocultural. Por ejemplo: las situaciones
de evaluaciones en el ámbito escolar.

La autoestima
 

La autoestima es la capacidad que tiene una persona para valorarse, respetarse y


aceptarse a sí misma tal y como es. Podría definirse también como el conjunto de
actitudes y pensamientos que una persona tiene sobre sí mismo. Si esos pensamientos y
sentimientos son positivos, tendremos una persona con una autoestima alta y
equilibrada. Si, por el contrario, suelen ser de tipo negativo, la persona tendrá una
autoestima baja.

La autoestima es una parte clave de la personalidad. Define nuestra identidad y la manera


en la que nos relacionamos con las personas que nos rodean. Tener una autoestima
equilibrada hará que nos valoremos a nosotros mismos, que tengamos la suficiente
confianza en nuestras capacidades como para intentar nuevas metas y conseguir logros,
que nos comportemos de una manera positiva y abierta con los demás y que por lo tanto,
seamos más apreciados por ellos.

Por el contrario, una persona con autoestima baja será insegura, se culpabilizará por
todo, no se atreverá a intentar nuevas cosas ya que no confía en sus capacidades. En sus
relaciones con los demás, se comportará de forma tímida o incluso agresiva. Todo esto
puede causar graves problemas psicológicos como aislamiento, ansiedad, depresión,
trastornos alimentarios, entre otros.

En síntesis, la autoestima es el amor y aprecio que tenemos por nosotros mismos. Cada
nueva experiencia, cada éxito o fracaso y todas las cosas que hacemos van formando y
reconstruyendo la imagen que percibimos de nosotros. Cuando un niño, niña, o
adolescente está en su etapa de desarrollo, está formando su autoestima, y su autoestima
es especialmente vulnerable, ya que tiene pocas experiencias con las que formarse una
idea sobre sí mismo.

Desarrollar una baja autoestima, perjudicaría la formación de su personalidad. Las


inseguridades propias de la edad o los temores a fracasar ante lo desconocido, hacen que
la autoestima pueda sufrir especialmente durante esta edad.

Los NNA con una alta confianza en sí mismo (alta autoestima) tendrá mayores
posibilidades de superar las dificultades que se le presentan. Una de las cualidades que
más pueden ayudarnos a desarrollar una autoestima equilibrada es la asertividad.

Consiste en saber decir sí o no en el momento adecuado, reconocer y expresar los


sentimientos, tomar decisiones, actuar sin ser agresivo con los demás y hacerse
responsable de nuestra conducta y sus consecuencias. Una persona asertiva tendrá una
autoestima fuerte y sabrá comportarse con los demás de forma adecuada, defendiendo
sus derechos sin pasar por encima de los demás.

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