0% encontró este documento útil (0 votos)
1K vistas4 páginas

Homilia en La Misa de Mi Madre

Este documento es la homilía en la misa de la madre del autor. En 3 oraciones: La muerte de su madre a los 85 años dejó al autor y su familia desconcertados y con dolor, pues aunque sabían que llegaría, no querían que se fuera. La muerte es un misterio que causa sufrimiento tanto a los moribundos como a sus seres queridos. Sin embargo, la fe cristiana enseña que aunque el cuerpo muere, el alma vive eternamente a través de Jesucristo, quien venció a la muerte

Cargado por

Luis Torres
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
1K vistas4 páginas

Homilia en La Misa de Mi Madre

Este documento es la homilía en la misa de la madre del autor. En 3 oraciones: La muerte de su madre a los 85 años dejó al autor y su familia desconcertados y con dolor, pues aunque sabían que llegaría, no querían que se fuera. La muerte es un misterio que causa sufrimiento tanto a los moribundos como a sus seres queridos. Sin embargo, la fe cristiana enseña que aunque el cuerpo muere, el alma vive eternamente a través de Jesucristo, quien venció a la muerte

Cargado por

Luis Torres
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

HOMILIA EN LA MISA DE MI MADRE

La muerte nos desconcierta. No importa que sea la de una mujer ya de  85  años.
Sabíamos que tenía que llegar ese momento,  pero  cuando llegó nos dejó
perplejos, incómodos, impotentes…
La muerte es un acto violento , penetra en lo más profundo  nuestro corazón,
arranca, lastima, hiere y deja un vacío insospechado.
La muerte nos llena de dolor, nos parece mentira que haya sucedido, no nos
acostumbramos…miramos intensamente al pasado.  Recordamos momentos
íntimos, añoramos otros que quisiéramos haber vivido y no  lo hicimos…un  sin fin
de sentimientos distintos se mezclan, se  entrecruzan, nos invaden y nos
confunden, casi hasta la desesperación.
La  muerte  es cruel, es un viaje sin retorno de álguien  que  no quería  marcharse,
ni dejarnos…A mamá ya no le podemos escribir,  ni visitar, ni llamar por teléfono…
no sabemos dónde está… nos  parece mentira!
La muerte es un túnel oscuro, negro … nos preguntamos si  habrá algo más que
túnel, si de verdad existirá una salida, o si todo terminó en aquella tumba.
Esto  y  mucho  más, es lo que sentimos hoy   nosotros,  ante  la muerte  de
mamá…Sabemos que la hemos dejado en un nicho cubierta  de flores.  Flores que
se marchitarán y  se pudrirán muy pronto, al mismo tiempo que el cuerpecito de
nuestra madre  se irá descomponiendo.
La  muerte es misterio y con la pura razón no  tenemos  respuesta alguna…por eso
nos deja desconcertados , perplejos e impotentes.
No,  nuestra razón no puede ir más allá. Tropezamos con  la  losa fría de su tumba,
sin poder continuar.
El  evangelio que acabamos de escuchar nos narra la escena de  la resurrección de
Lázaro. Pero Lázaro que atravesó el túnel de la muerte con ida y vuelta no nos dijo
nada del más allá, ¿recordaría algo?
En  este  tiempo de desconcierto y  dolor, quiero  compartir  con vosotros algunos
sentimientos que me vienen como hijo, como hermano  y como  hombre de fe, una
fe que también vosotros compartíais y que  Dios nos dio por medio , sobre todo, de
mamá y papá.
Mamá no ha muerto del todo.
En  cada uno de nosotros vive su recuerdo. Está viva como  historia, es el amor
que puede más que ese túnel negro y misterioso con  el nombre de muerte.
Pero  no  es  sólo en el recuerdo donde vive  mamá.  El  recuerdo podría ser
simplemente fantasía.
Mamá vive realmente en cada uno de nosotros.
Recuerdo  de pequeño cuando ponían un poco de cal a las  patatas, después las
plantaban y más tarde cuando ya se habían podrido  ,salían las  patatas nuevas.
Quizás entonces no pensamos que gran parte de  la vida  de esas nuevos frutos
venía de aquel que se había podrido en  la tierra.  Y es que  no había muerto del
todo, seguía viviendo  de  otro modo, multiplicadamente, en la nueva cosecha llena
de vida y juventud.
Mamá vive en cada uno de nosotros, llevamos su sangre. Caminamos, actuamos y
no nos damos cuenta que también en nosotros siguen viviendo mamá y papá.
Pero  no fue sólo la sangre y unos genes lo que nos dieron en  el pasado. Ellos
siguen viviendo en nosotros en toda una constelación  de vida, gestos,  valores y
costumbres. Cuando vosotros habláis,  educáis, amáis, besáis y abrazáis a vuestros
hijos, también hay algo de mamá  y papá en vuestras palabras y actitudes…
también ellos los están  amando, hablando , son sus brazos en los vuestros,
quienes acogen y aman a vuestros hijos.
No,  mamá no es sólo añoranza y recuerdo, es también vida que  se expresa de
otro modo  en nosotros. Y ésto no es fantasía.
¿Pero  por qué no siguen las cosas como antes? ¿por qué tuvo  que morir? ¿Por
qué esa agonía? ¿Por qué ese sufrimiento? ¿Por qué Lola  y Aurorita  no pudieron
descifrar las últimas palabras que quiso  decir momentos antes de morir?
No  sólo la muerte es misterio, también lo es la vida. Lo  es  la existencia  humana 
en  su totalidad. Mamá  nació  entre   gemidos  de  llanto  y  murió  entre  la 
angustia  de  agonía,  una  agonía  dura, lenta…como un parto hacia la nada.
No sabemos si habría querido nacer. Lo que sí sabemos es que,  no quería morir, 
no nos quería dejar.
En sus últimas noches aquí en la tierra, hacia las 3 de la mañana entraba  en
coma, de donde salía hacia las 5. Entonces lo primero  que pedía era levantarse y
sentarse en el sofá, le parecía que sentada  no podía morir, se sentía  más segura
y cerca de la tierra.
Su  deseo  de quedarse, de no morir le  producía  ansiedad.  Aquí estuvo  ,sin 
duda, su mayor sufrimiento, quizás mucho  más  duro  que cualquier  dolor  físico.
Se aferraba más y más a la  vida  porque  no quería dejarnos…Pero la vida le
faltaba….
Todavía  resuenan en mis oídos sus palabras hace dos días, en  la madrugada:  
“me   ahogo…me   ahogo…me   ahogo…yo    quería…yo quería”…y no podíamos
hacer nada.
¿Qué sentía mamá?
Sentía  lo mismo que millones de moribundos, deseos de  vivir  , pero bebiendo la
angustia trágica de la copa de  la muerte.
Mamá  sintió lo mismo que  aquel hombre  ,hermano nuestro,  Jesús de Nazaret.
También El se aferró a la tierra y en Getsemaní ,  sudando sangre, besando el
suelo, durante tres horas ,desde su agonía le decía al Padre que no quería morir
“Padre que pase de mi este cáliz”…fue su agonía…
Más tarde ya en la cruz, ahogándose, casi sin vida, con las pocas fuerzas que le
quedaban, no pudo menos que quejarse y dijo así:
“Dios, mío, Dios mío ¿ porqué me has abandonado?”
!Qué  misteriosa  la agonía de Jesús! Qué  misteriosas  todas  las agonías!
Quizás   las  últimas  palabras de mamá, aquellas  que  nadie  de nosotros pudo
comprender, fueron también de queja ,como las de Jesús.
Jesús,  como un humano más , murió, su madre y unos  amigos,  con sentimientos
muy semejantes a los nuestros, entre el desconcierto y el dolor, le dejaron en un
nicho.
Pero   a  los tres días su tumba estaba vacía.  Aquel  agonizante había triunfado
sobre la muerte, había resucitado.
Estoy totalmente convencido, desde mi fe, la que heredé de papá y mamá,  que
éste también es el destino de ella hoy, y lo será el  nuestro, mañana, cuando Dios
quiera.
No,   mamá  no ha muerto para siempre. La tumba no es  su  último destino,  las
flores que la cubren perderán su aroma, se pudrirán,  se convertirán en polvo…
para ellas pronto llegará el final total. Pero ése no es el presente, ni el futuro de
mamá.
Como la de Jesús también su tumba  un día quedará vacía.
Mamá  está  viva. Allí sólo está su cuerpo,  un  cuerpo  gastado, dolorido,
envejecido por el tiempo, los trabajos y el sufrimiento…
“Y a los tres días resucitó”.
Jesús rompió el túnel de la muerte , hoy está vivo. Una vida  que no reserva para
El sólo, sino para los que crean en El ,también.
“El que crea en mi , aunque muera vivirá”
Mamá, porque creyó en Jesús, vive ya con esa vida del resucitado. Por eso un día,
en el misterio del tiempo, podremos hablarle y decirle lo que quizás quisiéramos
decirle ahora y no sabemos cómo.
Con nuestra fe  podemos atravesar ese túnel de la muerte, ir  más allá de la
tumba…yo sé que mamá está viva, ya no sufre , ya no  está amenazada por los
dolores, la falta de vista, oído…por la agonía. Ya no dice “me ahogo” porque es
feliz…y desde ese sitio misterioso,  en este  momento  nos ama de otro modo y
sigue con nosotros.
CREO  EN  LA VIDA,  LA MUERTE Y EN LA RESUSRRECCION, porque creo en Jesús
y sé  que El no vino a engañarnos.
A  lo  largo de la vida , mamá nos dio además de  la  vida  misma otras  muchas 
cosas, yo quisiera compartir con vosotros algo  que  yo siento  nos está dando
ahora a todos los que oramos por ella  en  esta misa.
Su  muerte  nos puede enseñar a vivir mejor, sobre  todo  en  dos aspectos:
-No  dejar para cuando mueran las personas decir que  buena  era. Hacer  en vida
todo lo más que podamos por los  demás,   acompañarlos, calmar  el dolor del vivir
de cada día…Llenar  en el corazón de  los que  nos  rodean ese espacio misterioso,
que muchas veces es  vacío  y también dura, muy dura soledad.
-No instalarnos en esta tierra como si esta fuera nuestra  patria definitiva.  Estamos
de  paso y un día también nosotros tendremos  que atravesar ese túnel, pero
precisamente por esa fe que mama y papa  nos transmitieron, sabemos que esa
noche de la muerte no es  interminable, es sólo un paso al AMANECER, nuestra
RESURRECCION.
Mamá desde su muerte, nos está enseñando a todos a vivir mejor  y sobre  todo a
creer y fiarnos del Dios, en quien ella confió  siempre. “Sagrado Corazón de Jesús,
en Vos confío”, solía repetir muchas veces.
Quiero  terminar  estas reflexiones reviviendo en  nosotros  unas palabras de
mamá.
Hace cinco años nos reuníamos todos en tono de fiesta para  celebrar en una misa
primero,  y después en un banquete sus ochenta  años. Al  final  ,con una tarta de
cumpleaños enfrente, rodeada  de  nuestra alegría y cariño, nos dirigió estas
palabras que fueron como su despedida anticipada:
“Os doy gracias a todos mis hijos y nietos. Digo hijos porque  no tengo  ni yernos,
ni nueras, tengo hijos y  nietos que son  dos  veces hijos, por este gran día que me
dais.
También  a mi sobrino, que es como si fuera un hijo y  vino  para estar este día
con nosotros como un hijo más.
Pido a Dios que estéis siempre unidos como lo habéis hecho  hasta ahora, cuando
hizo falta hacerlo.
Quizás  ésta  sea una despedida para mi, porque  el  joven  puede morir, pero el
viejo no puede vivir. Pero quiero veros desde donde  el Señor me tenga , así de
unidos, celebrando de vez en cuando una comida como ésta de hermandad.
Lo escribo,  no porque no sepa decirlo, sino porque estoy nerviosa y a lo mejor no
me salen las palabras, pero hablo con el corazón.
VUESTRA MADRE Y ABUELA QUE ESTA SIEMPRE A VUESTRO LADO OS BENDICE Y
PIDE POR VOSOTROS.”
Que mamá nos vea , desde donde el Señor la tenga, siempre  unidos y  que  desde
allí , en estos momentos sintamos que  sigue  estando  a nuestro lado y de nuevo
nos bendice.
Que así sea.
FINAL de la Misa
En  nombre de toda mi familia os doy las gracias a  vosotros  los nos  estáis
acompañando en estos momentos tan duros para nosotros.  De un modo en
particular, le doy las gracias a mis hermanos jesuitas  que me han  concelebrado
conmigo esta Misa

También podría gustarte