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Ebola Factoresv

Este documento describe los principales factores de virulencia del virus del Ébola, incluyendo las proteínas VP24, VP35 y GP. Explica que estas proteínas juegan un papel clave en el ciclo de vida del virus y en su patogenicidad. El documento también analiza la estructura molecular del virus y la función de las proteínas codificadas por su genoma, con un enfoque en cómo estas proteínas específicas contribuyen a la virulencia del virus.
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Este documento describe los principales factores de virulencia del virus del Ébola, incluyendo las proteínas VP24, VP35 y GP. Explica que estas proteínas juegan un papel clave en el ciclo de vida del virus y en su patogenicidad. El documento también analiza la estructura molecular del virus y la función de las proteínas codificadas por su genoma, con un enfoque en cómo estas proteínas específicas contribuyen a la virulencia del virus.
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ARTÍCULO DE REVISIÓN

Proteínas VP24, VP35 y GP: principales factores de virulencia del virus del ébola.

García E, Gómez A, Magaña A, Clará G, Mejía R, Macall L

Resumen:

Introducción:

Materiales y métodos:

OBJETIVO GENERAL:
 Explicar el mecanismo de funcionamiento de los principales factores de virulencia del virus
del ébola.

OBJETIVOS ESPECÍFICOS:
 Explicar la importancia médica del virus del ébola.
 Describir la presentación clínica de la enfermedad del ébola.
 Describir la estructura molecular del virus del ébola.
 Describir la función de las proteínas codificadas por el genoma del virus del ébola. (explicar
más)
 Explicar el ciclo de vida del virus del ébola.
Importancia médica del virus del Ébola

El virus del Ébola ha constituido durante algunos años un evento de salud pública de suma
importancia a nivel internacional, no solo por ser una enfermedad infecciosa grave la cual se
propaga entre humanos por contacto directo o indirecto con sangre, u otras secreciones
corporales o por ser una enfermedad que suele tener una alta letalidad, sino, porque llevó a varios
países a aplicar medidas necesarias para poder prevenir y detectar de manera temprana la
introducción del virus y poder reaccionar frente a él, así como también, el poder evaluar la
aplicación de las operaciones básicas del Reglamento Sanitario Internacional y una mejor
preparación de los sistemas de salud (1).

Además, permitió la participación de la población en general para poder alcanzar un mejor


control de los brotes, los cuales van a depender de distintas intervenciones como las prácticas de
control, atención y prevención de los casos, así como de su respectiva vigilancia y rastreo. Para
poder tener un buen control de los brotes de este virus es de suma importancia que tanto los
profesionales de la salud como la población en general tomen las precauciones necesarias en
cuanto a la higiene básica en general, así como de las medidas para evitar cualquier exposición a
los factores de transmisión en pacientes con un diagnóstico ya confirmado (1).

El brote de la enfermedad por este virus, que tuvo lugar a principios del 2014 en África
occidental tuvo más de 20,000 casos reportados y alrededor de 9,000 muertes, pero también una
respuesta muy buena por parte de Centros para el Control y la Prevención de enfermedades los
cuales desde que comenzó enviaron más de 1,200 expertos para ayudar a contener el virus en la
mayoría de la región y aproximadamente 600 voluntarios los cuales se sumaron por la misma
causa, los cuales tenían como función realizar entierros seguros de las víctimas, llevar a los
pacientes del a los centros de tratamiento, limpiar los centros de tratamiento, educar al público
sobre el Ébola y qué hacer para prevenirlo, y ayudar en la vigilancia para detectar posibles casos,
contribuciones que fueron críticas en la respuesta a la epidemia y que evitaron entre 1,411 y
10,452 infecciones secundarias, lo que redujo la epidemia entre un 4,9 y un 36,5% (2).

Por otro lado, esta epidemia mostró la importancia de la preparación mundial antes de una crisis
de salud y asegurar que se alcance un equilibrio adecuado al asignar recursos especializados para
afrontar las amenazas no solo en África occidental y sus alrededores sino también en américa
latina y el caribe, que, aunque se considera que el riesgo de la introducción del virus es bajo no
están exentos y podría existir un potencial de propagación si no se implementan o mantienen
funciones esenciales de salud pública como parte de un proceso de preparación dinámica a la
cual es importante darle prioridad (3).

La enfermedad del ébola también conocida como fiebre hemorrágica del ébola, surgió
aproximadamente hace 40 años en la República Democrática del Congo. Es una enfermedad
endémica en África, creyendo que los murciélagos de la fruta son los huéspedes naturales de este
virus, donde humanos y otros mamíferos toman papel como huéspedes accidentales. La
transmisión de dicho virus incluye la transmisión de persona a persona a través del contacto
físico ya sea mediante sangre o fluidos corporales. (4)
 
Se han realizado encuestas serológicas de aproximadamente 2,430 muestras de suero durante
1997-2012 con el fin de determinar la prevalencia del virus del ébola en África ecuatorial. Luego
de examinar las muestras para anticuerpos neutralizantes, las muestras serorreactivas para ébola
se confirmaron. Los resultados mostraron una prevalencia del 2-3,5% en la República
Democrática del Congo. (5)
 
El ministerio de Salud de la República Democrática del Congo, el 1 de agosto del 2018 declaró
el décimo brote de la enfermedad por el virus del ébola. Hasta el 17 de noviembre de 2019, se
notificaron un total de 3296 casos de ébola y 2196 (67 %) muertes, lo que lo convierte en el
segundo brote documentado más grande después de la epidemia de 2014-2016 en África
Occidental, que resultó en 28 600 casos y 11 325 muertes. (6)

Presentación clínica de la enfermedad del ébola:

El virus del Ébola daña de manera inicial los macrófagos y monocitos, provocando su
disfunción; después invade las células endoteliales, lo que desencadena alteraciones en la
coagulación (coagulación intravascular diseminada, disfunción endotelial y fuga vascular) y
daño directo a los sinusoides hepáticos (necrosis hepática, insuficiencia en la síntesis de factores
de la coagulación y coagulación intravascular diseminada).(7)

El periodo de incubación es menor a 10 días, considerando el tiempo entre la infección y la


aparición de los síntomas. Las manifestaciones clínicas ocurren entre los días 10 a 21 a partir
del contacto. Entre las manifestaciones clínicas más frecuentes están: fiebre súbita mayor a
37.5ºC, fatiga, pérdida del apetito, vómito, diarrea, cefalea, dolor abdominal, artralgias,
erupciones cutáneas,
anorexia, dolor de garganta, taquipnea, choque y hemorragias(7)

La mayor parte de las muertes condicionadas por la infección por el virus del Ébola se deben
principalmente a disfunción multiorgánica, choque séptico o coagulación intravascular
diseminada. También se sospecha que las anormalidades electrolíticas, como hipocalemia y los
cambios de volumen, pueden causar arritmias cardiacas y muerte súbita en algunos pacientes.(7)

Las partículas del virus del Ébola ingresan al cuerpo a través de lesiones dérmicas (heridas
microscópicas o macroscópicas) o por contacto directo a través de las membranas mucosas. Los
objetivos principales de la infección son los macrófagos y las células dendríticas, estas migran a
los ganglios linfáticos regionales mientras producen viriones de progenie. A través de la
supresión de las respuestas inmunitarias intrínseca, innata y adaptativa, se produce la distribución
sistémica de los viriones de la progenie y la infección de las células diana secundarias en casi
todos los órganos. Las interacciones específicas de órganos clave ocurren en el tracto
gastrointestinal, el hígado y el bazo (8).

Al aumentar la carga de EBOV, también aumenta la gravedad de las manifestaciones clínicas. El


inicio de viremia detectable y manifestaciones de signos y síntomas clínicos en la mayoría de los
pacientes ocurre de 6 a 10 días después de la exposición. Durante la infección temprana (días 1 a
3 después del inicio de la enfermedad), los pacientes presentan una enfermedad febril
inespecífica (anorexia, artralgia, dolor de cabeza, malestar general, mialgia y erupción cutánea)
que progresa en la primera semana a síntomas y signos gastrointestinales graves. (náuseas,
vómitos y diarrea de gran volumen) (8).
Durante la primera semana de la enfermedad, los pacientes pueden tener fiebre persistente y
aumento de las pérdidas de líquidos gastrointestinales e hipotensión por deshidratación y, en
menor medida, fuga vascular. También ha habido observación de rabdomiólisis (la degradación
del músculo que conduce a la liberación del contenido de las miofibras muertas a la circulación)
(8).

Durante la fase terminal (días 7 a 12 después del inicio de la enfermedad), la hipoperfusión


tisular y la fuga vascular, a menudo junto con una inflamación desregulada, conducen al
síndrome de disfunción multiorgánica y/o al daño, incluida la lesión renal aguda. La lesión renal
se evidencia por oliguria o anuria y anomalías en los electrolitos, incluidos el potasio y el sodio
(8).

Estructura molecular del virus del ébola

Los viriones del virus del ébola contienen un segmento de ARN de 19,000 pares de bases que
contiene 7 genes que codifican para la nucleoproteína (NP), proteína viral 35 (VP35), VP30,
VP24, VP40, glucoproteína (GP) y una ARN polimerasa dependiente de ARN (L). A lo largo
de esta cadena monocatenaria también se encuentran secuencias promotoras para la replicación y
transcripción. Cada virión contiene un complejo ribonucleoproteico formado por la cadena de
ARN encapsulado en la proteína NP, VP35, VP30 y L. La forma de las partículas virales es
filamentosa, de 800 nm de largo y 80 nm de ancho (9).

Función de las proteínas codificadas por el genoma viral: VP35, VP24 y GP como
principales factores de virulencia.

VP40 es la proteína que se expresa con mayor abundancia. Posee dominios de aminoácidos y
distintas configuraciones que le permiten llevar a cabo una función específica. La forma dimérica
es necesaria para su transporte intracelular, hasta la membrana plasmática. El hexámero se
obtiene por oligomerización de los dímeros mediante residuos aminoacídicos del extremo N-
terminal al penetrar y estar en estrecha interacción con la membrana celular mediante residuos
aminoacídicos del extremo C-terminal, lo cual permite llevar a cabo el proceso de gemación
(obtención de la envoltura lipídica proveniente de la membrana celular) de los viriones. La forma
octamérica se forma gracias a residuos en el extremo N-terminal, esta se une al ARN para
regular negativamente la transcripción (10).

La proteína VP30 está formada por 3 dímeros y participa en el inicio de la transcripción


mediante la interacción con NP, su fosforilación y sus sitios de unión a zinc. La interacción con
NP es gracias a la región de los aminoácidos 140-266 en el extremo C-terminal, esto permite
alcanzar un umbral de interacción óptimo para una transcripción correcta, la cual también
depende de la fosforilación en residuos de serina del extremo N-terminal, ya que en estado
desfosforilado promueve la transcripción de los 7 genes del genoma viral (11).
La proteína NP es multifuncional, contribuye a la formación de la nucleocápside y el complejo
ribonucleoproteína, el cual es la unidad básica para el inicio de la replicación (12).

L posee 5 dominios: dominio ARN polimerasa dependiente de ARN, es necesario para la


replicación, transcripción y poliadenilación; dominio de capeo, con actividad polirribonucleotidil
transferasa; dominio conector, dominio con actividad metiltransferasa y dominio C-terminal, un
regulador de la metilación del ARN (13).

VP35 contribuye en el proceso de replicación y transcripción por su actividad helicasa y


nucleótido trifosfatasa. También interviene en el ensamblaje de la nucleocápside por su
interacción con NP. Esta proteína es esencial para la evasión de la respuesta inmune del huésped
ya que inhibe la respuesta del interferón (IFN), su factor regulador (IRF-3) y el reconocimiento
del ARN de doble cadena por los receptores de las células inmunitarias (13).

Las células dendríticas y los macrófagos son la primera línea de defensa en caso de una infección
viral ya que estas poseen receptores de reconocimiento de patrones que reconocen patrones
moleculares asociados a patógenos y activan una cascada de señalización que culmina en la
producción IFN tipo 1, para lo cual es necesario la activación de los receptores del sensor viral
gen 1 inducible por ácido retinóico (RIG-1) y receptores asociados a la diferenciación de
melanoma (MDA5) mediante el reconocimiento del ARN viral, estos luego se unen a la proteína
señalizadora mitocondrial antiviral (MAVS/IPS-1) , provocando la activación de las cinasa 1 de
unión a TANK (TBK1) que fosforila a los factores reguladores del interferón 3 y 7 (IRF3 e
IRF7), los cuales promueven la producción de interferón alfa y gamma que actúan de forma
autócrina y parácrina mediante los receptores IFNAR 1/2 para activar la vía JAK/STAT. Esta vía
culmina con la fosforilación, dimerización de STAT1 y STAT2 y el transporte de este complejo
por la subunidad alfa de la karioferina (KPNa) hacia el núcleo para activar genes relacionados al
estado antiviral (receptores de proteína cinasa y complejo mayor de histocompatibilidad tipo 1)
de la célula, restringiendo la replicación mediante la respuesta inmune innata (14, 15).

Rivera y Messaoudi afirman que VP35 es un antagonista de la respuesta inmune innata ya que
altera no solo la producción sino la respuesta al IFN tipo 1 mediante mecanismos como: unión al
ARN viral y bloqueo de su reconocimiento por RIG-1 y MDA5, bloqueo de la fosforilación de
IRF-3 por inhibición de la cinasa IKKe (15).

Falasca, et al. mencionan que VP35 produce produce un desequilibrio que impide la maduración
celular debido a la incapacidad de producción de citosinas y quimiocinas por su capacidad de
interferir en la vía de señalización de RIG-1, lo cual lleva a una interacción incorrecta entre las
células dendríticas y los linfocitos T, alterando la respuesta inmune adaptativa y facilitando la
diseminación sistémica del virus. Además, se ha observado una pérdida excesiva de linfocitos
asesinos naturales, afectando no solo la eliminación de células infectadas sino la maduración de
las células dendríticas (16).

VP24 contribuye a la formación de la nucleocápside por su interacción con NP. Al igual que
VP35 inhibe la respuesta inmune del huésped al bloquear la unión de la importina KPNa a
STAT1, limitando la presencia de dímeros en el núcleo e inhibiendo la transcripción mediada por
IFN (16).
GP es la única proteína viral expresada en la superficie de los viriones. Mediante el gen GP son
producidas más de siete proteínas mediante cambios post traduccionales. La glicoproteína
secretada consta de 364 aminoácidos y no se conoce exactamente su función. La glicoproteína es
cortada luego de la traducción por una enzima conocida como furina, la cual produce GP1 que
contribuye a unión del virión a la membrana celular y GP2 que ayuda en la fusión de la
membrana viral y de la célula huésped (17).

Woolsey, et al. en un estudio original demostraron que el virus del ébola con mutaciones en el
dominio inhibitorio del interferón localizado en el extremo C-terminal de la proteína VP35 posee
una virulencia muy disminuida en comparación con el mismo virus en estado salvaje. Además,
se demostró que los viriones mutados inducen la presentación de antígenos, proliferación de
linfocitos B y T y la producción de anticuerpos, lo cual evidencia el importante papel de esta
proteína como factor de virulencia (18).

Ciclo de vida del virus del ébola

En primer lugar, los viriones se unen a la membrana celular mediante dos posibles mecanismos:
interacción de GP con el receptor de asialoglicoproteína o lectinas de tipo C específicas de N-
acetilglucosamina o por interacción de la fosfatidilserina en la envoltura del virus con los
receptores TIM1 en la membrana de la célula huésped. Luego de la unión a la membrana, el
virión es internalizado por un endolisosoma que se forma por macropinocitosis, el cual acidifica,
causando el corte de GP por una enzima llamada catepsina, lo cual le permite unirse a los
receptores NPC1, causando un cambio conformacional que permite el inicio de la fusión de la
envoltura viral y la membrana del endolisosoma para liberar la nucleocápside al citoplasma (19).

Una vez la nucleocápside está en el citoplasma, VP24 se separa de la misma y permite la


transformación de este complejo para que el ARN sea posible de transcribir y replicar, procesos
en los que interviene NP, VP35, VP30 y L. Una vez finalizada la transcripción y replicación,
VP24 facilita el empaquetamiento de la nucleocápside formada para que esta sea transportada
por filamentos de actina hacia la membrana celular donde se encuentra con las proteínas VP40 y
GP que han sido transportadas por microtúbulos de actina y por la vía secretoria (retículo
endoplásmico-aparato de Golgi-lisosoma-membrana celular) respectivamente, para empezar el
ensamblaje de la envoltura mediado por VP40. Posteriormente, GP interactúa con escramblasas
que permiten la colocación de fosfatidilserina en la membrana externa de la envoltura viral (19).
Referencias:

1. Espinal M, Aldighieri S, John RS, Becerra-Posada F, Etienne C. El Reglamento Sanitario


Internacional, la enfermedad por el virus del Ébola y las enfermedades infecciosas emergentes en
América Latina y el Caribe. Am J Public Health [Internet]. 2018 [citado el 3 de noviembre de
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2. Bazeyo W, Bagonza J, Halage A, Okure G, Mugagga M, Musoke R, et al. Ebola a reality of modern
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3. Kpanake L, Dounamou T, Sorum PC, Mullet E. ¿Qué motiva a las personas a ofrecerse como
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4. Batra S, Ochani RK, Diwan MN, Yasmin F, Qureshi SS, Bhimani S, et al. Clinical aspects of Ebola
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5. Steffen I, Lu K, Yamamoto LK, Hoff NA, Mulembakani P, Wemakoy EO, et al. Serologic prevalence
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2022];25(5):911–8. Disponible en: [Link]

6. Aruna A, Mbala P, Minikulu L, Mukadi D, Bulemfu D, Edidi F, et al. Ebola virus disease outbreak -
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8. Jacob ST, Crozier I, Fischer WA 2nd, Hewlett A, Kraft CS, Vega MA, Soka MJ, Wahl V, Griffiths
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10.1038/s41572-020-0147-3. PMID: 32080199; PMCID: PMC7223853. Disponible en:
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9. Jacob ST, Crozier I, Fischer WA 2nd, Hewlett A, Kraft CS, Vega M-A de L, et al. Ebola virus
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