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La ondina del estanque: un cuento de amor

Este documento cuenta la historia de un molinero que se empobreció misteriosamente. Un día, conoció a una ondina que le ofreció devolverle la prosperidad a cambio de que le diera lo primero que naciera en su casa. El molinero aceptó sin saber que su esposa había dado a luz un niño. Años más tarde, el niño ahora convertido en cazador se ahogó cuando la ondina lo arrastró al estanque. Su esposa buscó desesperadamente la forma de recuperarlo con la ayuda

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La ondina del estanque: un cuento de amor

Este documento cuenta la historia de un molinero que se empobreció misteriosamente. Un día, conoció a una ondina que le ofreció devolverle la prosperidad a cambio de que le diera lo primero que naciera en su casa. El molinero aceptó sin saber que su esposa había dado a luz un niño. Años más tarde, el niño ahora convertido en cazador se ahogó cuando la ondina lo arrastró al estanque. Su esposa buscó desesperadamente la forma de recuperarlo con la ayuda

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La ondina del estanque

Érase una vez un molinero que vivía felizmente con su El molinero le contó entonces lo que acababa de
esposa. Tenían dinero y tierras, y su riqueza sucederle, y la promesa que había hecho a la ondina.
aumentaba de año en año. Pero la desgracia viene - ¡De qué nos servirá la riqueza y la prosperidad -
cuando menos se piensa. Y si hasta entonces su fortuna agregó - si debemos perder a nuestro hijo! Pero, ¿qué
había ido creciendo, a partir de un momento dado puedo hacer? -. Tampoco hallaron remedio los
comenzó a menguar sin saber cómo, y, al fin, el parientes que acudieron a felicitarlo.
molinero apenas pudo llamar suyo el molino en que Y, en efecto, la prosperidad volvió a la casa del
vivía. Andaba el hombre triste y preocupado, y molinero. Salíanle bien todos los negocios que
cuando, después del trabajo de la jornada, retirábase a emprendía. Parecía como si las arcas se llenaran por sí
descansar, no lograba conciliar el sueño y se pasaba las solas, y como si el dinero se multiplicase por la noche
horas revolviéndose en la cama. en el armario. Al cabo de poco tiempo, era ya más rico
Una mañana se levantó antes del amanecer y salió al que nunca lo fuese. Pero no podía gozar tranquilo de
campo, pensando que aquello le aligeraría el corazón. su fortuna, pues la promesa hecha a la ondina le roía el
Al pasar por la presa del molino, el sol mandaba sus corazón. Cada vez que pasaba junto al estanque, temía
primeros rayos, y el hombre oyó un rumor que subía verla salir del agua a recordarle su deuda. Al niño le
del agua. Volvióse y vio una mujer bellísima que salía tenía prohibido acercarse al agua.
lentamente del estanque. Su larga cabellera, que, con - ¡Guárdate de acercarte a la orilla - le decía
las delicadas manos, mantenía sujeta sobre sus constantemente -, pues si tocas el agua saldrá una
hombros, le caía por ambos lados, cubriéndole el mano, que te agarrará y se te llevará al fondo!
blanquísimo cuerpo. Sin embargo, viendo que transcurrían los años y la
Bien se dio cuenta el molinero de que aquella mujer ondina no se presentaba, el hombre empezó a
era la ondina del estanque, y, sobrecogido de temor, no tranquilizarse.
sabía si quedarse o huir. Pero la ondina dejó oír su El niño se hizo mayorcito y fue enviado a un montero
armoniosa voz y, llamándolo por su nombre, para que le enseñara el oficio. Terminado el
preguntóle el motivo de su tristeza. De momento, el aprendizaje, y siendo ya un hábil cazador, entró al
molinero permaneció mudo; pero al oír que le hablaba servicio del señor del lugar. Había en el pueblo una
tan amistosamente, cobró ánimos y le contó cómo, muchacha hermosa y honesta, de la que el joven se
después de haber sido tan rico y feliz, se veía reducido enamoró. Al observarlo su amo, le regaló una casita.
a tal extremo de pobreza, que no sabía cómo salir del Celebraron la boda y vivieron tranquilos y felices,
paso. pues se querían tiernamente.
- Tranquilízate - díjole la ondina -. Te haré más rico y Un día, el cazador iba persiguiendo un corzo. El
más feliz de lo que jamás fuiste. Sólo debes animal salió del bosque y echó a correr campo a
prometerme que me darás lo que acaba de nacer en tu través; el mozo lo siguió y lo derribó de un tiro. Sin
casa. darse cuenta de que se hallaba muy cerca del estanque,
- ¿Qué otra cosa puede ser - pensó el molinero - sino una vez destripada la pieza, se acercó al agua para
un perrito o un gatito? - y accedió a lo que se le pedía. lavarse las manos manchadas de sangre. Mas apenas
Desapareció la ondina en el agua, y el hombre regresó, las había metido en el agua, apareció la ondina con
consolado y contento, a su molino. Antes de llegar rostro sonriente, le rodeó el cuerpo con sus húmedos
acudió a su encuentro la sirvienta, felicitándole porque brazos y se lo llevó al fondo, tan rápidamente, que las
su esposa acababa de dar a luz un niño. Detúvose el ondas saltaron sobre su cabeza.
molinero como herido por un rayo, pues comprendió Al anochecer, viendo que no regresaba el cazador, una
que la pérfida ninfa lo había engañado. Acercóse, gran angustia invadió a su esposa. Salió en su busca, y,
cabizbajo, al lecho de su esposa. como había oído muchas veces que debía guardarse de
- ¿Cómo no te alegras a la vista de este hermoso niño? las acechanzas de la ondina y no acercarse a la presa,
- le preguntó ella. en seguida sospechó lo que había ocurrido. Corrió al

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estanque y, al encontrar el morral en la orilla, ya no del cazador. No dijo nada, limitándose a mirar a su
pudo seguir dudando de su desgracia. Llorando y esposa con tristes ojos. Inmediatamente vino una
retorciéndose las manos, gritó mil veces el nombre de segunda ola y cubrió la cabeza del hombre. Todo
su amado, pero en vano. Pasando al lado opuesto de la desapareció; el espejo de las aguas quedó tranquilo
presa, repitió sus llamadas y dirigió duros reproches a como antes, con sólo el rostro de la luna reflejándose
la ondina, pero no obtuvo la menor respuesta. La en él.
superficie del agua continuó tranquila, reflejando el Volvióse la mujer desconsolada, y se durmió... Y el
rostro inmóvil de la media luna. sueño la transportó nuevamente a la cabaña de la vieja.
La pobre mujer no podía apartarse del estanque. A Por la mañana repitió el camino y, presentándose a la
grandes pasos, sin un momento de descanso, le dio la anciana, le contó lo ocurrido. La vieja le entregó
vuelta una y otra vez, ya en silencio, ya prorrumpiendo entonces una flauta de oro, diciéndole:
en agudos gritos o murmurando sus lamentaciones. Al - Aguarda otra vez que sea luna llena. Entonces coges
fin se agotaron sus fuerzas. Desplomóse en el suelo y la flauta y, sentada en la orilla, entonas con ella una
quedó profundamente dormida. Y entonces empezó a bonita melodía. Una vez hayas terminado, dejas el
soñar... instrumento en la arena. Verás lo que sucede.
Trepaba angustiosamente entre grandes bloques de Siguió la mujer las instrucciones de la vieja, y, no bien
rocas; espinas y zarcillos se le cogían a los pies; la hubo depositado la flauta sobre la arena, prodújose un
lluvia le azotaba el rostro, y el viento le hacía flotar la nuevo borboteo, y se elevó una ola, que se llevó el
larga cabellera. Al llegar a la cumbre, el cuadro instrumento. Pocos instantes después volvía a partirse
cambió por completo: el cielo era azul, el aire, tibio; el la superficie y salía del fondo no sólo la cabeza, sino la
suelo descendía suavemente, y, en medio de un prado mitad del cuerpo del hombre, el cual tendió, anhelante,
verde y florido, levantábase un primorosa cabaña. los brazos a su esposa. Pero una segunda ola lo cubrió
Dirigióse a ella y abrió la puerta. Dentro estaba una y lo arrastró al fondo.
anciana de blancos cabellos, que le hizo un signo - ¡Ay de mí! - exclamó la desdichada -. ¿De qué me
amistoso. En aquel momento despertóse la pobre sirve ver a mi amado, si he de volver a perderlo? -. Y
mujer. su alma cayó nuevamente en la desesperación. Pero el
Amanecía... La muchacha tomó la resolución de seguir sueño llevóla por vez tercera a la choza de la anciana.
las indicaciones del sueño. Subió fatigosamente a la Acudió a ella al día siguiente; la vieja le dio una rueca
cima de la montaña, encontrándolo todo tal como lo de oro y, consolándola, le dijo:
viera por la noche. La vieja la recibió afablemente y le - Aún no ha terminado todo. Aguarda a la luna llena.
indicó una silla, invitándola a sentarse. Te vas con la rueca a la orilla, hilas toda una canilla y,
- Sin duda has sufrido una desgracia - le dijo -, puesto cuando hayas terminado, dejas la rueca al lado del
que acudes a mi solitaria choza. agua y verás qué ocurre.
La mujer, llorando, le contó su infortunio. La mujer siguió fielmente sus indicaciones. En cuanto
- Consuélate - le dijo la anciana -. Yo te ayudaré. Ahí brilló la luna llena, fue con la rueca a la orilla y estuvo
tienes un peine de oro. Espera a que la luna sea llena. hilando hasta tener la canilla llena de hilo. Apenas
Vete entonces al estanque, siéntate a la orilla y peina había dejado la rueca en el borde, prodújose en el agua
tu largo cabello negro con este peine. Cuando hayas una agitación más intensa aún que las veces anteriores;
terminado, déjalo en la orilla y verás lo que ocurre. una poderosa ola se precipitó contra la orilla y se llevó
Volvióse la mujer a su casa, y el tiempo se le hizo muy la rueca. En el mismo instante, la cabeza y el cuerpo
largo esperando el plenilunio. Al fin brilló en el cielo entero del hombre emergió del fondo del estanque.
el disco de plata, y ella se encaminó al estanque. Se Saltó rápido a la orilla, cogió de la mano a su esposa y
sentó a la orilla, peinóse el largo y negro cabello con el echó a correr con ella. Mas apenas habían corrido unos
peine de oro y, cuando hubo terminado, lo depositó al pasos cuando la masa de agua se levantó con gran furia
borde del agua. A los pocos momentos subió del fondo y estrépito e invadió toda la pradera. Ya veían los
un intenso borboteo, y levantóse una ola que barrió la fugitivos la muerte ante sus ojos. Entonces la mujer,
orilla y arrastró el peine en su retroceso. Apenas había angustiada, invocó el auxilio de la anciana y, al
tenido tiempo el peine de llegar al fondo, cuando se instante, quedaron ambos transformados: ella, en sapo,
abrió la superficie del estanque y apareció la cabeza y él en rana. La inundación, al alcanzarlos, no pudo

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hacerles daño, aunque los separó, arrastrándolos muy
lejos el uno del otro.
Al retirarse las aguas y tocar los dos de nuevo la tierra
seca, recobraron la forma humana; pero ninguno sabía
dónde estaba el otro. Se encontraban entre extranjeros,
que no conocían su país. Separábanlos altas montañas
y profundos valles, y, para ganarse la comida, los dos
hubieron de hacerse pastores. Y así transcurrieron
largos años, guardando los rebaños y conduciéndolos
por campos y bosques, llena el alma de tristeza y
nostalgia.
Una vez la primavera hizo florecer de nuevo los
prados salieron ambos el mismo día con sus rebaños, y
quiso el azar que tomara cada uno la dirección del
otro. Él avistó en una lejana ladera montañosa una
manada de ovejas, y condujo la suya hacia allí. Se
encontraron en un valle y, aunque no se reconocieron,
sintieron cierto alivio al no hallarse tan solos. Desde
aquel día llevaron sus rebaños a un mismo sitio.
Hablaban poco, pero se sentían consolados. Una noche
en que la luna brillaba en el cielo, cuando ya dormían
las ovejas, sacó el pastor la flauta de su bolsillo y
púsose a tocar una canción tan hermosa como triste. Al
terminar, observó que la pastora estaba llorando
amargamente.
- ¿Por qué lloras? - le preguntó.
- ¡Ay! - respondió ella -. También brillaba la luna llena
la última vez en que, tocando yo esta misma canción,
la cabeza de mi amado surgió de las aguas del
estanque.
Miróla él y fue como si le cayese un velo de los ojos.
Reconoció a su amadísima esposa. Y cuando ella, a su
vez, levantó los suyos a su rostro, iluminado por la luz
de la luna reconociólo también. Abrazáronse,
besáronse y... ¿es necesario preguntar si fueron
felices?

***

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