LAS PRIMICIAS DE CORO*
Por ÜSCAR BEAUJÓN
La Academia Nacional de la Historia con profundo sentido de historicidad na-
cionalista, dictó en la Junta Ordinaria celebrada el veinte de marzo de mil novecientos
setenta y cinco, un justificado Acuerdo,1 referente al trisquiscentenario de la fun-
dación de hecho de la ciudad de Coro, y en virtud, de que siendo Coro "la médula
espinal de donde se nutrió el corazón de la Patria, constituyó, además el asiento
primero de los poderes civiles y eclesiásticos" solicita del Congreso Nacional decla-
rar el 26 de julio de 1977 Día de Venezuela, lo que fue acordado por el Soberano
Cuerpo Legislativo de la República.2
También resolvió la Academia Nacional de la Historia celebrar en esta
ciudad de Coro, una solemne sesión, la que, por iniciativa de la Academia de
Ciencias Políticas y Sociales y con jubilosa y unánime aceptación, se ha convertido
en sesión conjunta de las Academias Nacionales, recayendo en mi persona el altísi-
mo honor de convertirme en porta voz de la admiración y el reconocimiento de
las Instituciones Académicas por la gesta histórica y la sostenida aportación de
hechos y sucesos, de trascendente influencia en el proceso evolutivo de la naciona-
lidad, engendrados con extraordinaria significación histórica en la ciudad Primada
de Venezuela.
A cuatrocientos cincuenta años del suceso primicia} de la fundación y esta-
bilización poblacional de ciudades venezolanas, la historia ha venido conformando
su fisonomía orgánica, con la propia naturaleza de la tierra y de los hombres.
A la distancia de los siglos, los hechos se mueven en la vivencia de las
tradiciones y en la dinámica interpretación de los documentos, de cuyos análisis,
en conjugación de circunstancias, surge la verdad, rodeada con resplandores de
gloria.
Para los finales del siglo xv un vasto mundo de tierra y de agua revienta
en el oriente y remata en el poniente; la maracapana estirada entre la península
* Trabajo lddo en la sesión conjunta de las Academias Nacionales celebrada el 26 de
julio de 1977 en la ciudad de Coro en homenaje al 450 Aniversario de su fundación.
1 Acuerdo de la Academia Nacional de la Historia. El Nacional. Año XXXIV. N! 11.923.
Caracas, 4 de noviembre de 1976.
2 Acuerdo del Congreso de la República de Venezuela. El Nacional. Año XXXIV. N!
12.128. Caracas, 2 de junio de 1977.
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de Araya y el Cabo de La Vela, carga en sus lomos el misterioso futuro de las
Curianas, de las cuales, la Curiana Occidental, la de los vientos jugando con las
cosas y enredando el copo de los árboles, la de las riquezas ocultas, la que habría
de tener mil nombres, la de los caquetíos, la Castilla del Oro de los conquistadores,
cuya sigla formaría, según Blanco Peñalver3 el nombre de Coro, vinculado en
procedencia, con el homónimo del río que riega sus sementeras con el cual aparece
desde 1529 en la Carta Universal de don Diego de Rivera,4 englobando al
territorio de Benequela, que por evolución semántica, geográfica y sociopolítica
desembocaría en el inmortal nombre de Venezuela.
Este territorio de la Confederación Aruaca, la Curiana Occidental, que
ignoró Colón y precisó Alonso de Ojeda con el descubrimiento de sus costas en
1499 y con la fundación del "Primer Establecimiento Español en el Continente
Americano"5 en 1502 estuvo habitado por seres que personificaron la expresión
humana de la traducción de la palabra Aruaca, que significa hombre, por hombres
de la casta caquetía, que con sus características raciales, culturales y morales
penetraron bruscamente en el laberinto biológico de la humanidad.
En este paisaje, quebrado de contraste, cielo y agua, tierra y vientos, calor
y frío, los días eran largos y claros, robándole tiempos de luz a la luna el sol salía
temprano y se recogía tarde, el hombre deambulaba por esta tierra de sorpresas
sin más limitaciones que las de sus fuerzas físicas y sin más orientación que las
señaladas por le brújula de los instintos marcando las rutas de su intuición; vivía
compartiendo sus alegrías y tristezas con la hermosura de la flora y la armonía del
cantar de los pájaros, cubría su hambre con las piezas de la fauna y combatía su
frío con la coraza de su anatomía.
Con fines de la convivencia pacífica, del incremento del comercio, del inter-
cambio de quehaceres o de las necesidades bélicas impuestas por la dureza de la
vida, la elemental problemática social de las comunidades tribales y de los mandatos
de las costumbres y leyes naturales primitivas se aventuraba por veredas cargadas
de misterio; aprovechaba o contrariaba con frágiles embarcaciones las corrientes
de los ríos y de los mares, manteniendo siempre la constancia del rigor de la raza
y la jerarquía de la Autoridad, con toda virilidad y reciedumbre de hombres que
brotaron en esta Curiana Occidental, y de donde salieron, con los blancos
europeos recién llegados, a pagar su elevada cuota de sacrificio en la inmensa
tarea de iniciar, hacer, y modelar la configuración grande de Venezuela.
Cuenta don Angel Domínguez6 un modesto pero grande hombre de letras,
quien fue Cronista de la ciudad de Coro, que un frayle franciscano, náufrago de
un galeón encallado entre Aruba y el Cabo San Román de las costas de Paraguaná,
3 Blanco Peñalver, P. L. Historia Territorial de Venezuela. Ediciones Gráficas Salesianas.
Caracas, Venezuela. 1954. Pág. 118.
4 Carta Universal de D. Diego de Rivero en la Biblioteca del Vaticano. Año 1959.
5 Arcaya, Pedro Manuel. Historia del Estado Falcón. Tomo Primero. Caracas, Tipografía
"Cosmos". 1920. Pág. 120.
6 Domínguez, Angel S. Prólogo de la obra inédita "Historia de la Provincia de Coro" del
Dr. Aníbal HilI Peña que será publicado en el tomo "Misceláneas" de las obras completas del
Bachiller Domínguez editadas por la Presidencia de la República, según información del Prof.
Luis Arturo Domínguez.
LAS PRIMICIAS DE CORO 437
llegó a un sitio de triste aridez de las orillas de Coro, donde encontró a un
anciano sentado en su rancho de paja, a quien sin el preceder de los saludos habi-
tuales, le largó la pregunta, que siempre anduvo atormentando la mente de los
conquistadores:
-¿Qué se produce aquí, amigo?-
-Aquí se producen hombres, señor-, fue la respuesta de la sangre de la
raza para actitudes en la vida. Hombres de esos, agrega Uslar Pietri7 fueron los
que se metieron por las veredas de los indios a fundar ciudades y los que han
levantado y sostenido a Santa Ana de Coro.
Efectivamente, de Coro partieron las expediciones fundadoras de ciudades,
buscadoras de riquezas y ejecutoras de la obra estupenda de la conquista y
formalización de Venezuela.
"De Coro, y con el auxilio de los indios de aquellas comarcas, los caquetíos,
se emprendieron las incursiones hacia el lago de Maracaibo, la sierra de Perijá
y el Valle de Upar. De allí también Jorge de Spira, Nicolás Federmann y Felipe
Urre salieron a sus lejanas expediciones en el interior del país, en busca del
Dorado. Era, pues, Coro en aquel tiempo la escala de todas las empresas más
memorables" escribe Agustín Codazzi.8
Juan de Carvajal, "el primer europeo en tierras continentales americanas
según· el decir de ·Ermira de Veracochea9 que comprendió que la verdadera riqueza
de estas tierras estaba en la explotación agropecuaria organizada" quien después
de numerosas tropelías, violaciones y crueles venganzas con los vecinos que no
quisieran seguirlo "juntando de esta suerte hasta doscientos hombres proveídos
en abundancia de todo lo necesario, porque cuidadosamente no dejó en la ciudad
caballo, ni arma que no llevase consigomo sale de Coro a fundar el siete de
diciembre de mil quinientos cuarenta y cinco la ciudad de Nuestra Señora de la
Pura y Limpia Concepción del Tocuyo, cuyas condiciones de fertilidad de la
tierra, abundancia de aguas y posición estratégica de caminos lo convirtieron en
un centro importante de actividades agropecuarias, comerciales y culturales, de
donde también arrancarían expediciones a fundar ciudades, constituyéndose de
pronto en ciudad Madre y elevando por consiguiente a su propia Madre coriana, a
la grata categoría afectiva, de ciudad Abuela.
Por ello, Walter Dupouy dice con razón: "Santo Domingo, en la Española,
Santa Ana de Coro, en la Provincia de Venezuela, y Santa Marta, en la Nueva
Granada, eran trampolines lanzadores de expediciones hacia el corazón de Tierra
Firme".11
7 Uslar Pietri, Arturo. El Viento de Coro. Reproducido en el libro "De Coro y de Coria•
nos". Talleres de Tipografía de la Escuela Popular Don Bosco. Caracas, 1976. Pág. 173.
8 Codazzi, Agustín. Resumen de Geografía de Venezuela. París. Imprenta H. Fournier y
Compañía, 1844. Pág. 455.
9 Veracochea, Ermita Troconis de. Historia del Tocuyo Colonial. Publicaci6n de la Facul-
tad de Humanidades y Educaci6n, 1977. Pág. 24.
10 Oviedo y Baños, José D. Historia de la Conquista y Poblaci6n de la Provincia de Vene-
zuda. Reproducción Fascimilar de la edici6n hecha en Caracas en 1824 por Domingo Spinola,
Paúl Adams. Nueva York, MCMXLI. Pág. 152.
11 Dupouy, Walter. La Hazaña de Alonso Andrade de Ledezma. Biografía novelada de
un conquistador. Parte II. "La g~ta de la Conquista". Capítulo l. "El Tocuyo". Caracas, 1943.
Pág. 31.
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Es de señalar, como bien lo recuerda el ilustre falconiano y preocupado cultor
de todos los aspectos de la historia de Coro doctor Aníbal Hill Peña12 que "La
ciudad en la legislación española está sujeta a factores especiales que a la vez
dependían de ciertos atributos que le daban una distinción categórica de villoría
y del pueblo o establecimiento", circunstancias que en Coro se destacan como
hechos primiciales en América el haber tenido gobierno político, gobierno ecle-
siástico y Catedral, siendo por lo tanto la ciudad donde España organiza jurídica-
mente su primer gobierno político, la Iglesia Católica su primer gobierno ecle-
siástico y es también la primera ciudad que construye su Catedral y ostenta su
Escudo de Armas, siendo fundamentalmente la ciudad que tuvo permanencia de
población y estabilidad de sus asentamientos humanos, justificando su prioridad en
las polémicas de primogenitura jurídica y eclesiástica de las ciudades del Conti-
nente, y por haber sido sede de la Primera Diócesis, adquiere el título de Primada
de Venezuela.
El gobierno civil fue instalado por Ambrosio Alfinger al nombrar Regidores
para el Primer Ayuntamiento de Coro a los señores "Juan Cuaresma de Melo,
Gonzalo de los Ríos, Martín de Arteaga y Virgilio García, los que juntos en
Cabildo nombraron para Alcaldes a Sancho Briceño y a Esteban Mateos"; 13 el
primer Obispado erigido en Venezuela fue el 21 de julio de 1531 por el Papa
Clemente VII, quien a su vez y en la misma fecha y en la misma Bula de Erección
señala "con el título de Ciudad al pueblo llamado Coro en la dicha Provincia de
Venezuela, aquí está la primogenitura en la cual hay algunos cristianos: instituimos,
dice su Santidad, en ella una Iglesia Catedral, bajo la advocación que le plazca al
mismo Emperador Carlos y en la cual exista un Obispo llamado de Coro",14 que
como es bien conocido fue Rodrigo de Bastidas, quien el "4 de junio de 1532
dictó en Medina del Campo, Diócesis de Salamanca, España, las reglas para el
establecimiento y gobierno de la nueva Iglesia" ,15 que fue la Iglesia Parroquial
de San Clemente, Primera Catedral, al parecer erigida por Juan de Ampíes en
1530,16 aunque Arístides Rojas afirma, haber sido construida de paja en 1527."
Y a esto se agregan que "Desde los primeros años de su fundación usaba Coro
un Escudo de Armas, en al cual figuraban, en campo azul, Santa Ana de pie con
la Virgen en los brazos, como símbolo del nombre de la recién fundada ciudad y
una silla que simbolizaba la capital de la provincia", 18 modificado posteriormente
12 Hill Peña, Aníbal. Historia de la Provincia de Coro. Obra Inédita.
13 Sucre, Luis Alberto. Gobernadores y Capitales Generales de Venezuela. Segunda
edición. Cuatricentenario de Caracas, 1964. Pág. 12.
14 Erección de la Santa Iglesia Catedral de Venezuela en la ciudad de Coro. Regla de
Coro de la Sta. Iglesia Metropolitana de Caracas. Precedida de la erección de la primera Cate·
dral de Venezuela en la ciudad de Coro. Caracas. Imprenta Bolívar, 1879. Pág. IV.
15 Navarro, Monseñor Nicolás E. Anales Eclesiásticos Venezolanos. Caracas. Tipografía
Americana, 1951. Pág. 41.
16 Beaujón, Osear. Ayer Asistencial de Coro. Academia Nacional de la Historia. Tallere5
Tipográficos de Miguel Angel García e Hijo. Caracas, 1973. Pág. 46.
17 Arcaya, Pedro M. La Iglesia Matriz de Coro. Revista "La Nación". Año VIII. N? 15.
Caracas, 26 de abril de 1925.
18 P.M. A. Escudo de Armas de Coro durante la Colonia. El Cojo Ilustrado. Año VI.
15 de mayo de 1897. N? 130. Pág. 417-418.
LAS PRIMICIAS DE CORO 439
a partir de 179.5, y su incipiente economía, relacionándose por el caribe y pene-
trando, con el ánimo de los expedicionarios, a todo el territorio.
Ayuntamiento, Diócesis y Hacienda Pública, tres eslabones en la organiza-
ción municipal, célula vital del poder político y de la fuerza popular, en la dirección
y ejecución de las actividades públicas de las poblaciones; del [Link] ecle-
siástico de la doctrina cristiana y del ejercicio del culto católico, con su Iglesia
clementina, las misas de los padres Jerónimos: Fray Ludovicus, prior de Mejorada,
Fray AHonsus, prior de Ortega y Fray Bernardinus, prior de Manzanedo y su cura
parroquial Fray Antonio de Montesinos, oficiadas desde el propio luminoso mo-
mento de 1527, y la culminación católica del siglo xv1, alcanzada durante el
obispadQ y bajo la dirección de Fray Pedro de Agreda, fundador de la primera
escuela en 1.561, con la cual "empieza la instrucción de Venezuela" y con el res-
paldo del gobernador y capitán general D. Diego de Mazariego, el valiente defen-
sor de Coro cuando a la agresión pirata de 1571, se reúne el 26 de julio de 1574, en
el cuadrigésimo séptimo aniversario de la fundación de Coro, hace 406 años, el
Primer Sínodo Diocesano, que además de sus proyecciones moralizadoras planteó
la necesidad "de impulsar en forma efectiva la organización escolar que arrancaba
desde tiempos atrás"19 y el de la hacienda pública con las implicaciones económicas
elementales, iniciadas por los caquetíos con el trueque de sal por objetos diversos
y el "uso de finas y menudas conchas marinas hiladas en collares",20 como moneda
después del oro, para todas sus operaciones comerciales, elevadas posteriormente
en sistemas de recaudación de rentas y formación del tesoro público.
Todos estos antecedentes, son secuelas de principio y de continuidad histó-
rica de la nación venezolana, y son también, expresiones de esa abundosa fuente
de gestas y proezas primiciales, de esta Coro, cuatro veces y media centenaria,
cuyos rastros primigenios en la demografía, en los gestos de rebeldía y en las
manifestaciones políticas, sociales y culturales de la vida colonial, se encuentran
debidamente registrados en viejos documentos, cuidadosamente catalogados en
los archivos venezolanos: nacionales, estatales, universitarios, académicos, muni-
cipales, parroquiales, notariales, privados, etc., que bien merecen y justifican el
esfuerzo de recordarlos, porque en ellos, siempre aparece Coro, trazando caminos
en cuerpo de acciones y sentando pautas en el espíritu de los principios.
La demografía coriana, y posiblemente la nacional, empieza cuando el Obispo
Rodrigo de Bastidas21 escribe en 1535 al Rey de España, anotando entre otras
informaciones "En dos pueblos que en dicha Gobernación quedan trescientos
españoles entre los cuales hay más de treinta casados con sus mujeres e hijos,
toda gente muy buena de donde se puede sacar doscientos hombres de guerra".
19 Hill Peña, Aníbal. El Primer Sínodo Diocesano. El Universal. Año LV. N~ 19. 813.
Caracas 31 de julio de 1964.
20 Neukomm, Titus, Carta dirigida a Elisabeth Neukornm. Descubrimiento y Conquista
de Venezuela. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Fuentes para la Historia Colo-
nial de Venezuela. Caracas. 1962. T. 55. Pág. 410.
21 Bastidas, Obispo Rodrigo de. Carta a su Majestad del Obispo Bastidas dándole cuenta
de su viaje a Venezuela y lo hecho por él en aquellas tierras. Fechada en Santo Domingo el 20
de enero de 1535. Documentos relativos a la Gobernaci6n de Venezuela. Archivo de la Acade-
mia Nacional de la Historia. Armariodo II. Tomo 4.
440 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
Para 1600-1607 Coro tiene población de 60 blancos, 20 encomenderos, 200
indios. 22 Otro Obispo de buenas ejecutorias en Coro, Fray Pedro de Agreda,
señala discretamente el dato estadístico de "vecinos encomenderos abrá hasta
quince o diez y seis."23
En 1773 el andariego Obispo Martí,24 a pesar de ocuparse principalmente de
problemas religiosos y de combatir el concubinato, enfocó con seriedad el aspecto
estadístico de Coro, señalando que la ciudad de Coro tiene 3 .022 almas corres-
pondientes a 465 familias, que habitan 447 casas y en los campos vecinos, 2.801
personas integrantes de 273 familias y ocupantes de 261 casas de habitación.
La más extensa y completa información estadística de Coro en el siglo XVIII
la suministra el 23 de enero de 1787 el Comisionado de Visita de la Diócesis de
Maracaibo D. Josef de Castro,25 quien ofrece una buena fotografía demográfica
y económico-social de la ciudad coriana y de veinte y tres poblaciones vecinas
que para la época formaban el Partido de Coro, cuyo "Departamento tiene de
oriente a poniente ciento cincuenta leguas y de N a S cincuenta", expuestas con
gran sencillez:
Para Coro: Teniente de Provincia 1
Casas 465
Personas blancas 952
Indios libres 153
Gente de color libres 2.983
Haciendas 24
Número de bestias mulares 337
Número de ganado 1.315
Esclavos 978
que extendidos los números a todo el Partido de Coro, resulta:
Casas 1..548
Personas blancas 3.771
Indios libres 7.143
Indios tributarios 768
Gente de color libre 11..567
Esclavos 3.76.5
Total de habitantes 27.123
22 Arellano Moreno, A. Orígenes de la Economía Venezolana. Imprenta Nuevo Mundo,
S. A. México. 1947. Pág. 137.
23 Relación de Provincia de Venezuela que envía el Obispo de Coro. Año 1581. Fuentes
para la Historia Económica de Venezuela. Siglo XVI. Recopilación y Prólogo de A. Arellano
Moreno. Ediciones de la Tercera Conferencia de Agricultura. N9 83. Tipografía "El Compás".
Caracas, 1950. Pág. 168.
24 Martí. Dr. D. Mariano. Relación de la Visita General que en la Diócesis de Caracas
y Venezuela hizo el Ilmo. Sr. D. Mariano Mard. Tomo I. Caracas. Editorial Sur América.
1929. Pág. 190.
25 De Castro, Josef. Estado de Visita del Partido de jurisdicción de la ciudad de Coro,
1787. Coro. Registro Principal. Caracas.
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Haciendas de cacao 7
Haciendas de azúcar 49
Haciendas de otros cultivos 106
Bestias mulares 1.312
Caballos 5.739
Hatos de ganado y cabrío 95
Los habitantes, agrega de Castro, se experimentan en el cultivo de las
tierras, cría de ganado y curtiembre de cuero de cabras para cordovanes que
comercian con las islas de Santo Domingo, Puerto Limón, la Provincia de Santa
Marta y Caracas. La Agricultura está cuanto lo permite la esterilidad de la tierra
y la escasez de las aguas en un estado muy regular. Los pastos son admirables,
las carnes son del más exquisito gusto que las de Puerto Rico. Hay arroz, maíz
y plátanos y demás bases del sustento ordinario. Se dedican a la cría de burros
"así para cargar como para hechores de mulas" e "igualmente la gente pobre a la
cría del ganado cabrío de cuya especie hay innumerable con el que se mantiene,
así del esquilmo de la leche y queso como con la carne."
Muy interesante resulta la recomendación del informe del señor de Castro
de vigilar las costas, especialmente deste Tucacas a Madre Vieja, por la vecindad
de las islas de Curazao, Aruba y Bonaire y "el embejecido vicio de los naturales
del comercio clandestino", agregando, con disimulado sentido de imposibilidades,
que "si por ciertos indicios se aprenden algunos de estos individuos es seguramente
constante que no se pueden descubrir los delincuentes pues unidos todos así
juran y perjuran no saber nada". Se insiste en instalar guardias en el Puerto de
La Vela, en la garganta de la Península de Paraguaná y una ronda volante que
cele la entrada de los caminos de tierra adentro."
La denuncia de los abusos de los terratenientes, aparece en este informe de
Josef de Castro, relatando que en el pueblo de San Luis el Cabildo de indios se
queja de no tener tierras ningunas donde destinarse a la agricultura y a la cría
"por estar éstas en manos de algunos vecinos "en términos que hasta el sitio de la
Iglesia está enagenada", todo es que va en detrimento y decadencia de estos pueblos
"algunos, de los cuales no son tales, sino vestigios de lo que fueron", dejándonos,
decimos nosotros desde entonces, como saldos de herencias sociales, el contrabando
y la terrofagia.
La rebeldía, con el sentido pragmático de su significación, asomó las garras en
los albores mismos de la conquista del territorio coriano, al levantarse en 1502,
Juan de Vergara y García de Ocampo contra la autoridad de Alonso de Ojeda, en
la población de Santa Cruz, ubicada por Arcaya21, en la población de Los Teques,
posteriormente supuesta por Demetrio Ramos27 "en tierras de la Goajira Venezola-
na", y rebelde también, hasta los extremos del heroísmo y del calvario para defender
su dignidad de mujer, fue Juana Manaure, la esposa de Hurehurebo, el Cacique de
Paraguaná.
26 Arcaya, Pedro Manuel. Hist. del Estado Falcón. Oh. cit. pág. 146.
27 Briceño Perozo, Mario. Umbral. Folleto "La Revoluci6n de Coro de 1533 contra los
Welser y su importancia para el régimen municipal". Biblioteca Venezolana de Historia. Cara·
cas, Venezuela. MCMLXV. Talleres de la Empresa "El Cojo". 1965. Pág. 6.
442 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
En la primavera de 1532, la ranchería de Coro se estremece de asombro, con
el viento baja el rumor de la montaña, Bacoa, cacique de Cabure, inconforme con la
actitud pacifista de su sobrino Manaure y enfurecido con los atropellos infringidos
a su raza por los intrusos gobernantes se ha levantado en armas, armas indígenas,
macana, flecha y astucia "para humanizar el gobierno colonial regido por los ale-
manes y restaurar el regimen aborigen, ya que la violación del pacto Ampíes-Ma-
naure implicaba la guerra para imponer por la fuerza lo que era imposible conseguir
por medio de la paz" .28
Durante dos años, Bacoa mantiene una guerra de guerrillas, siendo el precursor
de esta estrategia bélica en Venezuela, pero es derrotado, hecho prisionero con su
gente caquetía y despojado de sus bienes, hasta que el Obispo Rodrigo de Bastidas
el 15 de junio de 1535, escribe a la Reina de España, solicitando la libertad y la de-
volución de los bienes del cacique Marcos Bacoa y de quien recibe, el 27 de octu-
bre de 1535 una larga misiva, de la cual extractamos el siguiente párrafo: "Dezis
que en la dicha Provincia de Venezuela ay un cacique que se dize Marcos, que tío
del cacique principal de Coro, el que se cabsa de los malos tratamientos que los
xristianos le han hecho se aleó con mas de dozcientos yndios y se estuvo así mas de
dos años", "e me suplicays mande poner en libertad el dicho don Marcos con toda
su gente y hazienda; yo lo he tenido por bien y asy enbío a mandar al dicho gober-
nador que le perdone, viniendo a servir e dando obediencia ques obligado y que le
ponga a servir que a vos pareciere y no le encomiendes a nadie; vos por mi seruicio
terneys cuidado de le fauorescer a el y a sus yndios para que sean bien tratados" .'29
Marcos Bacoa, un nombre en la historia de las revoluciones americanas, pre-
cursor de la guerra de guerrillas, caudillo de la resistencia, caquetío y coriano, lanza.
do a la aventura de la guerra en rescate de su tierra y de su libertad.
Este movimiento revolucionario, nacionalista y justo, puesto que la motivación
"recelándose del mal tratamiento, e que aora aveys savido quel gouernador e la
gente de dicha prouincia le quieren yr a robar y cativar a toda su gente" ;30 es muy
distinto a lo referido por Arellano Moreno31 "con la sublevación de Coro hacia
1532 de 30 negros, sangrando por el tratamiento inhumano de los conquistadores",
considerándolo como el punto de partida de la lucha de clases.
Seguiría el fermento de la rebeldía coriana en 1533, cuando a la muerte del
gobernador Ambrosio Alfinger, el pueblo, que siente por primera vez en sus en-
trañas el incipiente desperezar de su fuerza, que habría de ser en un largo futuro,
factor decisivo en la dirección de los grandes destinos nacionales y los oficiales rea-
les que toman efímera conciencia de sus responsabilidades de clase, derrocan vio-
lentamente al bárbaro Bartolomé de $antillana, lo pasean por las calles de Coro con
los mismos grillos con que él humilló a sus habitantes, determinan la reunión in-
mediata de los regidores, quienes en Cabildo eligen, como gobernadores a los al
28 Hill Peña, Aníbal. El Alzamiento indígena de 1532. Historia de la Provincia de Coro.
Inédita.
29 Cedularios de la Monarquía Española relativos a la Provincia de Venezuela. Tomo II.
(1535-1552). Publicada por la Fundaci6n John Boulton y la Fundaci6n Eugenio Mendoza. Cara-
cas 1959. Doc. 198-7.
30 Cedularios de la Monarquía Española. Oh. cit. pág. 10.
31 Arellano Moreno, A. Orígenes de la Economía Venezolana. Oh. cit. pág. 15.3.
LAS PRIMICIAS DE CORO 443
caldes Francisco Gallegos y Pedro de San Martín, regidores a Antonio Vasquez
Acuña y Antonio Naveros y Procuradores de Coro en Madrid, primera y simbólica
representación diplomática venezolana en Europa a Luis Gonzales Leiva y Alonso
de la Llana, siendo de justicia informar la brillante labor cumplida por estos fun-
cionarios a todo lo largo de sus actuaciones al servicio de la Provincia de Venezuela,
este suceso con fines definidos de cambiar sistemas de gobierno y de elección de sus
gobernantes ha sido calificado por Demetrio Ramos32 "como revolución, dotada de
un especial significado, ya que lo que se pretende por los pobladores es aprovechar
la oportunidad que se les depara, para, dando al traste con el sistema de dependen-
cia impuesto por Alfinger, conseguir la formalización de un régimen municipal vi-
gorozo", cuya semilla sembrada en tierra coriana habría de prosperar y florecer a
lo largo de la historia nacional.
Circunstancias similares, de aprovechar la muerte y el poder del pueblo, se
escenificaron cuatrocientos dos años más tarde, en 1935, para determinar nuevos
rumbos en nuestros sistemas de gobierno, demostrando de paso, que los buenos su-
cesos históricos y las ideas de sólidas bases políticas y doctrinarias están vacunados
contra la agresión del tiempo y definitivamente se implantan, a corto o largo plazo.
En 1542, despoblada la ciudad de Coro, porque sus hombres habían sido en-
rolados en las expediciones de los conquistadores y atemorizada la población por
las inclinaciones bélicas de los jirajaras, estuvo a punto de cumplirse, una de las
profecías de un lejano frayle franciscano de "que llegaría el tiempo en que los indios
o naturales del país se reunirían en son de guerra e invadirían esta ciudad, entrando
a "tambor batiente y banderas desplegadas, sin que las autoridades pudieran opo-
nerseles"33 cuando un número de 3 a 4 mil indígenas estaban acampados a las orillas
de la ciudad dispuestos a la invasión para castigar las maldades del gobierno, por lo
que el asustado gobernador Enrique Rembolt acudió a los buenos oficios del Pro-
tector de los Indios, doctor Pedro M. Chirinos Campuzano, quien impuso el poder
convincente del verbo ante la acción fugazmente poderosa de la fuerza para des-
baratar esa modesta expresión de la rebeldía coriana.
Estos movimientos, precursores y de acentuado nacionalismo, madurados por
causas sociales, económicas y políticas, fueron escenas preparatorias de· la heroica
epopeya en 1795 de José Leonardo Chirinos, hecho y símbolo de la conciencia in-
dependentista de Venezuela, con repercusiones inmediatas, como la relatada por
Luis Arturo Domínguez34 de que "en 1800 el indio Cumare, inspirado en las ideas
revolucionarias de Chirinos, trató de rebelarse en el Cantón de Cumarebo contra
la Corona de España. Este movimiento tuvo extensas ramificaciones en la costa
oriental del Estado Falcón y en la Península de Paraguaná", y todos fueron antesalas
gloriosas de la rebelión del 3 de mayo de 1821, que vivió su momento estelar,
cuando "Josefa Camejo, pistola l\l pecho, con el viva la revolución, hizo cambiar la
32 Ramos, Demetrio. La Evoluci6n de Coro en 1533 contra los Welser y su importancia
para el régimen municipal. Biblioteca Venezolana de Historia. Caracas, Venezuela. MCMLXV.
Monografías N~ 2 del Archivo General de la Naci6n. Empresa "El Cojo". Caracas, 1965. Pág. 11.
33 Arcaya, Camilo. Las [Link] Profecías del Frayle. Armonía Literaria. Tomo l. N~ 9.
Coro, junio, 15 de 1891. Pág. 133.
34 Domínguez, Luis Arturo. Glorias perdurables de la lírica falconiana. Revista de Cul-
tura del Estado Falc6n. Año 111. N~ 13, Coro, diciembre de 1962. Pág. 16.
444 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
duda, del comandante Segundo Primera, por la sublevación"35 para que la Provincia
de Venezuela se incorporara para siempre a la República y se consagrara definitiva-
mente al credo político del Libertador.
El espíritu de la rebeldía caquetía, revolucionaria y nacionalista en Marcos Ba-
coa, alcanza inconmensurable dimensión histórica, con la revolución federal de
1859, que arrojó por los suelos los privilegios de castas y de cunas y uniformó el
color de las pieles, para que todas fueran iguales ante el soberano mandato de las
leyes de los hombres, acaudillada por el Mariscal de la Bondad, Juan Crisóstomo
Falcón.
En las fuentes documentales, que en Caracas conserva el archivo del registro
principal se encuentran verdaderas curiosidades históricas, referentes a dilitintos as•
pectas de la vida colonial, que forman parte de la biografía de nuestra ciudad, como
el indigno comercio de hombres y de cargos públicos, prisiones arbitrarias, elección
de autoridades, competencia de jurisdicciones, problemas de abastecimiento de
maíz y de carne de los mercados, y un prolongado proceso instaurado por el Cabildo
para lograr el cumplimiento de la disposición Real de asignarle la posición política
de Provincia de Coro, manifestaciones significativas de la lucha del hombre, su
medio y su tiempo, en circunstancias adversas, por las condiciones político sociales
imperantes.
La denigrante situación racial del hombre en condiciones de esclavos, de libre
compraventa en la colonia y hasta usado como moneda para cancelar deudas, se
cumple una vez más con "tres negros varones y tres negras hembras y un negrito no
inventariado" encontrados "con algunas piezas de artillería pequeña y una caja de
objetos desconocidos" en una balandra de holandeses atracada ilegalmente en el
Puerto de San Juan en la Playa de Paraguaichoa, denunciada el 14 de julio de 1696,
por el Alcalde de la Santísima Hermandad del Pueblo de San Miguel del Tocuyo
de la jurisdicción de la ciudad de Coro36 que por sentencia de los jueces Ga-
briel de Rada y Juan de !barra, el 11 de Junio de 1696, y aprobada por el go-
bernador Berroterán para "evitar gastos de manutención y de posibles enfermedades
que le ocasionan a la Hacienda Municipal" fueron rematados al mejor postor.
Al humillante comercio de hombres, se agregaba el vergonzoso procedimiento
de adjudicación a la mejor oferta, de los cargos públicos, declarados vacantes por
las autoridades. Tráfico comercial de hombres y de cargos, que en conformación de
corrupción social, habría de acarrear, la fragilidad de las opiniones y la maleabilidad
de las resoluciones.
Antonio Ortiz,37 vecino de Coro, concede poder personal y amplio, que registra
el 1? de agosto de 1787 ante el escribano público y de cabildo señor José Francisco
Barroso al Procurador de Número D. Luis de Medina, para que lo represente en
todas las gestiones para adquirir el cargo de Regidor y Depositario General de la
35 Vargas, Francisco Alejandro. Próceres Corianos. Editorial Grafolit. Caracas, 1951.
Pág. 34.
34 Autos y Folios sobre arribada a la costa de la mar jurisdicción de la ciudad de Coro de
una embarcación de holandeses. Registro Principal. Diversos. N~ 179. Año 1969.
37 Recurso de Dn. Antonio Ortiz y a su nombre Luis de Medina contra los capitulares
del Cabildo de la ciudad de Coro por no haverle recibido al oficio de Depositario Gral. Coro,
Registro Principal, 1788,
LAS PRIMICIAS DE CORO 445
ciudad de Coro y confirme la oferta de 300 pesos que ha hecho al Sub Delegado de
la Real Hacienda de Coro, lo que sigue el curso acostumbrado hasta el 1~ de setiem-
bre de 1787 que se reúnen en Caracas el Intendente ·de Hacienda, los vocales de la
ciudad, Miembros de la Junta Real de Hacienda y el apoderado de Ortiz, señor Luis
de Medina para sacar a remate el citado cargo y por cuanto, ratificada la oferta de
Ortiz, expresada por su apoderado, quien "hizo postura al indicado oficio por la
ezpresada cantidad de trescientos pesos la que fue admitida y no haviendo ocurrido
otro postor que mejorara aquella postura se remato en la hora prefijada dicho oficio
en favor del enunciado D. Antonio Bonis de Ortiz", ocupándose de inmediato el
Apoderado Medina a cancelar en las Cajas Reales la citada cantidad de trescientos
pesos, mas "once pesos y medio reales por la median ratta y sus diez y ocho por
ciento de la conduccin a España, por lo que el Expediente camina hasta llegar a
manos del Gobernador y Capitán General D. Juan Guillelmi quien el 16 de octubre
de 1787 en virtud de sus facultades "he venido a elegir y nombrar, como por el
presente elijo y nombro a D. Antonio Bonis de Ortiz por tal Regidor y Depositario
General de la ciudad de Coro y su jurisdicción", indicándole a su vez, la necesidad
de ratificarlo dentro de cinco años, para evitar "la pena de su caducidad y vaca-
ción" y al mismo tiempo le ordena al Cabildo recibirlo, darle posesión del cargo y
otorgarle las facultades y privilegios que le corresponden, a lo que el Cabildo, in-
tegrado por el Teniente de Justicia Mayor D. José Antonio de Garin, el Regidor
Alcalde de primera elección D. Pedro Ignacio Rosillo, quien actuó en ausencia del
propietario D. Francisco Hidalgo, el Regidor y Decano D. Francisco Meléndez y del
Procurador General, el tristemente célebre administrador de las Rentas del Hospital
Real, señor Miguel de Araujo, quienes objetaron al fiador presentado D. Joseph de
Zavala, Sub-delegado de la Real Hacienda y Adminif>trador de la Renta del Tabaco,
que aceptó el compromiso pero sin renunciar a sus fueros y beneficios, sumisión y
mancomunidad", resolviendo por lo tanto "suspender la posesión del cargo, hasta
evacuar consultas con el Asesor y otros organismos
Papeles que salen y papeles que entran en demoradas tardanzas por las oficinas
burocráticas, fianzas que se ofrecen y rechazan, agrias disputas entre el Teniente de
Justicia Mayor, el alcalde de 2~ elección y el Procurador Medina, quien fustiga a
los funcionarios con argumentos de la legalidad de adjudicación y de los fiadores, y
fatiga la terca situación de negarle posición del cargo a su representado Ortiz, de
cuyo agravio, dice el 21 de noviembre de 1787 "interpuse recurso de apelación pero
advertido a mejor luz de que es lo mejor cepararse de questiones que tocan en la
evidencia de perjudiciale~ a la República y sus havitantes, dejando en la Historia
de Coro, en un oscuro documento colonial del año de 1787, como palabra y como
anunciación, la República, que casi veinte y cinco años más tarde sería realidad
jurídica por expresa voluntad de los venezolanos.
Después de un largo litigio y de la formación de un Expediente de más de cien
"fojas el Fiscal de la Real Audiencia declara la legalidad del cargo adjudicado y de
las fianzas ofrecidas, cesura la conducta del Teniente de Justicia y del Alcalde de 2~
elección y recomienda al Cabildo la recepción de Ortiz, quien el 25 de setiembre de
1788 ocupa con titularidad el cargo de Regidor y Depositario General de la ciudad
de Coro.
Peor suerte corrió Juan Francisco Barroso, antiguo escribano público y de
cabildo, con nueve años de servicio, quien por cierto, había demostrado preocupa-
446 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
ción por mantener bien cuidados los archivos de la escribanía,38 quien al declarársele
vacante el cargo, viaja a Caracas para obtener su remate, cancela el justiprecio de
cuatrocientos pesos y otros haberes, obtiene el título de su adjudicación y eufórico
retornó a Coro el 8 de agosto de 1790, donde se encuentra con que el "Teniente
de Justicia D. José Garín, habiéndome hecho pasar a su casa por insinuación de un
guardia, me recibió con la notificación de un decreto lleno de ponzoña y de veneno,
mandándome a poner preso, como estoy arrestado en esta Cárcel Real con un par
de grillos, privado de comunicación y con los bienes embargados"; 39 se le acusó de
"falsedad y prevaricato en el ejercicio de su cargo", levantándose un voluminoso
expediente de más de cien folios, con declaraciones de muchísimos testigos, a quie-
nes se les sometía a un interrogatorio de cuarenta preguntas, una de las cuales
exigía: "Diga: Si así mismo es cierto que es hijo iligítimo, conocido, temido y repu-
tado por tal en la Patria". Barroso era natural de Caracas, nacido de madre que ha
tenido otros hijos, tales de distintos padres" y además, había otras solicitudes del
cuestionario, impropias de una investigación judicial seria; por otra parte, para
mantener al reo en estado de nerviosismo permanente, se le hacía llegar la conje-
tura, de que sería sentenciado "a cortarle la mano derecha y a privarle del cargo".
Numerosas opiniones fueron solicitadas por la Real Audiencia, entre otras la
del Licenciado Miguel José Sanz, abogado de la Real Audiencia del Distrito y del
Colegio en tales de esta ciudad de Caracas, como apoderado para "todos pleitos y
negocios que como tales se ofrecen al Cabildo de Coro", quien a su vez, traspasó el
poder al señor Sebastián Hidalgo, Procurador de Número de esta ciudad y de la
Real Audiencia", a cuyos argumentos se oponía la habilidad jurídica del Procurador
Luis de Medina, quien en uno de sus escritos, hizo declarar a su defendido "En el
pueblo se dice que estos Magistrados unánimes y pandilleros, se me han conspirado
por creer que los apercibimientos, multas y combinaciones con la recolección de
procesos criminales que V. A. ha prevenido recientemente, han incidido en infor-
mes que yo ministre en esa Real Sala".
Después de cinco años, de prisión, grillos y vejaciones, el 27 de noviembre de
1795, el Alto Tribunal de la Real Audiencia ordena poner en libertad a José Fran-
cisco Barroso, entregarle sus bienes, autorizarlo a ocupar su cargo de Escribano
Público y de Cabildo de la ciudad de Coro, castigar con multas a los cabildantes y al
Cabildo pagar las costas del juicio, correspondiéndole al Tribunal, el mérito de hacer
brillar, como en el caso anterior, la luz de la justicia.
La arbitrariedad de los Tenientes de Justicia y de algunos personajes del Ayun-
tamiento, llegó al extremo, en el caso de Antonio María Santisso,40 quien escribe
el 7 de mayo de 1793 "que desde el mes de enero de 1789 se aserrojó su persona
38 Expediente perteneciente a la entrega de los Archivos que obtuvo Dn. Josef Santiago
Fernández de Lugo al escribano público y de cabildo Dn. José Francisco Barroso. Registro Prin-
cipal. Caracas, Civiles. Coro. Legajo 6. N~ 35.
39 Recurso hecho por don Josef Francisco Barroso, Escribano público de aquella ciudad
contra los procedimientos del Teniente don Joseph Garín y del Ayuntamiento. Registro Prin-
cipal. Caracas. Coro, 1971. B 2, Pieza 1,. Legajo 2. N~ 35.
40 Don Antonio María Santísso quejándose de los Justicias de Coro por tenerle preso
hace quatro años en una causa que se le sigue suponiéndole desacato al alcalde. Registro Prin-
cipal. Coro. Exp. 13. Criminales. 1793. Legajo N9 4.
LAS PRIMICIAS DE CORO 447
en la Real Cárcel, en calabozo, sepo y atadura de grillos, permaneciendo en el tres
meses y medio, entre esclavos, asesinos, ladrones y gentes inferiores por haber come-
tido desacato y descomedimientos contra la justicia" y que según su declaración "el
ege de tanta criminalidad" fue el de "haber derramado un camuro de agua a una
mulata" con la cual había rozado en la puerta de una tienda que dirigía el adminis-
trador de correos Miguel de Araujo y que además había sido "fecundada por el vto
Alcalde Don Francisco Miguel de la Madriz", a lo cual sumaban acusaciones, de
formar escándalos públicos y de protestar cuando lo fueron a someter a prisión,
dando lugar al juicio correspondiente, frecuentemente obstaculizado por los fun-
cionarios del gobierno, hasta que el Juez de la Causa D. Francisco Javier de Longa
encuentra "abuso de autoridad" ordena la libertad del reo, porque "la prisión que
había sufrido era suficiente castigo" y multa a los alcaldes con veinte pesos por
abuso de poder, que entregan en las Cajas Reales y cerrando definitivamente el pro-
ceso el 13 de enero de 1800, al ser confirmada la sentencia, por la Real Audiencia.
Los problemas de elecciones de miembros del cabildo y de justicias fueron
frecuentes y llegaron a desencadenar ruidosas protestas, como la encendida por el
Teniente D. Antonio Palomero por la elección de Justicia del Cabildo de Moruy
de la jurisdicción de la ciudad de Coro41 porque los candidatos "eran un indio y
un mestizo" y no de su agrado.
Los Justicias Mayores eran muy celosos de sus funciones y por competencia de
jurisdicciones se planteaban casos como el Justicia Mayor de Paraguaná42 el Alcalde
Ordinario de Coro, por motivo de un reclamo planteado el 15 de marzo de 1797
ante el funcionario de Coro sin tomar en cuenta la autoridad del paraguanero, ha-
biendo la Audiencia sentenciado a favor de este funcionario condenando al Alcalde
coriano a-pagar las costas del juicio.
Las discrepancias del Cabildo, el Justicia Mayor y algunos cuerpos militares de
la ciudad de Coro, eran escasas pero no raras fueron las quejas de los alcaldes ordi-
narios de Coro contra el Comandante de Justicia Mayor D. Andrés Boggiero, quien
se oponía el 1 de mayo de 1803, a que nombraran una persona idónea para abrir
la Escuela pública, que tenía años que no funcionaba "lo que resulta el irreparable
perjuicio de no haber quien dicte las primeras letras" ,43 obstaculizaba la ronda noc-
turna de los alcaldes y no publicaba por bando las gestiones de su gobierno, habien-
do la Real Audiencia declarado, que lo de la "escuela" era problema del Cabildo y
los otros particulares pertenecían al orden militar.
Los problemas de abastecimiento de las materias básicas de la alimentación de
los habitantes de Venezuela, es viejo, y la falta de maíz y de carne se sufrió en
Coro, hace 175 años,44 cuando el 17 de mayo de 1802 se reúne el Cabildo, formado
41 Elección de Justicia del Cavildo del Pueblo de Moruyo de la Península de Paraguaná,
jurisdicción de la ciudad y oposición del Teniente don Miguel Antonio Palomero. Año 1791.
Registro Ptincipal. Quejas. C. N! 4.
42 Competencia de Jurisdicción entre el Teniente de Justicia Mayor de Paraguaná y el
Alcalde Ordinario de Cor. Año 1797. Registro Principal. Civil. C. N! 2. Leg. 9.
43 Los Alcaldes Ordinarios de la ciudad de Coro quejándose del comandante de Justicia
Mayor de ella. Coro, 1805. Registro Principal. Caracas. Civiles. C N! 4. Legajo 19.
44 El Comandante representa la escasez de maíz que se experimenta en aquel territorio.
Coro. Registro Principal. Caracas. Civil. 1802. C. N! l. Legajo N! 9.
448 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
por el doctor Pedro Chirinos, Alcalde de la elección, Martín de Josef de Chave,
Alcalde de 2~ elección, el Regidor D. Francisco Hidalgo y el Procurador General D.
Pablo Ignacio de Arcaya, para estudiar una representación de este funcionario, refe-
rente a la escasez de maíz y otros víveres en la ciudad de Coro, mientras en la pe-
nínsula se encuentran con relativa abundancia, resolviéndose pasar un oficio "muy
apretado" al Justicia Mayor de Paraguaná, para que se sirva de no dar licencia
para la extracción de granos u otros víveres, sin consultar al señor Comandante de
Justicia Mayor y al señor Procurador de esta ciudad, con arreglo a lo antes prevenido
por el gobierno, a fin de evitar el perjuicio del abasto público.
El justicia Mayor de Coro, D. Andrés Boggiero, en varias oportunidades había
dado licencia para traer maíz a Coro "expendiéndolo en su presencia, en su propia
casa, para que no hubiera monopolio y todos se beneficiaran del bajo costo impues-
to", completando su elogiosa campaña del abastecimiento público, al dictar el 16
de agosto de 1802 una resolución "de prohibir exportar maíz, porque es parte fun-
damental de las necesidades de los pueblos" y que en "esta época ha faltado por
las extraordinarias lluvias que han inutilizado los maizales de Curicure, la Ciénaga
y Costa arriba.
También el abastecimiento de carne de la ciudad de Coro, fue problema desde
finales del siglo xvn, actualizado el 10 de octubre de 1816 por Regidor y Dipu-
tado Mensual para el abasto de la carne D. Manuel Urbina45 al denunciar el des-
abastecimiento que existe en la ciudad por el poco número de reses y cabras en la
jurisdicción de tierras poco extensas, muy áridas y con veranos tan largos, que pa-
san hasta dos años sin llover, a lo que se agrega la prohibición de matar vacas y no-
villos impuesta por el Capitán General para impulsar la ganadería, y propone el
citado Urbina "que se levante la prohibición de matar reses y se permita matar las
vacas viejas, las que tengan defectos esenciales para la crianza, las simarronas y las
malas criadoras".
El problema de la carne, además de la escasez del producto, se veía frecuen-
temente agravado por la anarquía de los hacendados y expendedores, la multiplicidad
de carnicerías privadas, el impuesto de dos reales que por cada cabeza beneficiada
cobraba el Regidor, la falta de un matadero público, que a pesar de estar previsto
por el Cabildo no se había organizado, y que por consiguiente mantenía el desaseo
de la población, lo que incidía sobre la salud pública, considerando el Síndico D.
Mariano Arcaya Chirinos, en un bien razonado documento, la necesidad de estable-
cer un "matadero público" con una reglamentación que garantice el suministro del
producto, casi directamente del productor al consumidor, bajo el control de precios,
del Cabildo.
Fue necesario que el Justicia Mayor de Coro, D. Manuel Moreno de Mendoza
provocara una Junta General de Ganaderos y otros vecinos, para que el 22 de fe-
brero de 1805 quedáse unánimemente aprobado el "matadero público" con una re-
glamentación de once artículos, que a tantos años transcurridos, puede leerse con
vigencia, porque entre otras reservas, se refiere a la selección de los animales para
·._'Í
45 El Cabildo de la ciudad de Coro sobre la prihivición gubernativa de matar bacas soli-
citando se dispense en aquella provincia Coro. Civiles. 1816. Registro Principal. Carneas. C. N~ 1.
Legajo 3. W 23.
LAS PRIMICIAS DE CORO 449
ofrecer a la población, las horas de trabajo del matadero de 5 am. a 5 pm., incluido
el expendio, el control de precios de "8 reales la arroba de carne de res fresca y de
12 reales la carne salada, dos libras por real de cabra y de ovejas y una libra salada
de estos por un real" y otras pautas sobre impuestos a percibir la ciudad, el uso y
funcionamiento de la "Casa de Matanzas", etc.
El Reglamento prohibía matar terneras y vacas que procrean, que bajen de
10 años y que no hayan tenido por lo menos cuatro partos, dejando libertad de be-
neficiar a las simarronas, las vacas viejas, las que no tengan ubres y otros defectos
para la crianza.
Como sanción a los infractores se imponía la pérdida del valor de las reses y
una multa de diez pesos por cada res beneficiada, suma que debía repartirse "entre
la Camara y los denunciantes".
Sin embargo, se permitía el beneficio privado, cuando la carne sería destinada
para uso particular de la hacienda, teniendo la obligación de usar "hasta las grasas
para las luminarias de la casa".
A partir del 6 de octubre de 1817, quedó absolutamente prohibido expender
carne que no haya sido beneficiada en el Matadero Público, disposición parecida a
la dictada por la Comisionaduría de Salud del Estado Falcón47 el l '? de junio de
1977 prohibiendo "la venta de carne de chivo a las márgenes de las carreteras de la
región, girando instrucciones en tal sentido a las autoridades civiles y a la Guardia
Nacional para que procedan a decomisar el producto en caso de que el animal no
haya sido beneficiado en un matadero debidamente autorizado para ello".
Dur¡mte una buena parte de la vida colonial, a la ciudad mariana se le incluía
en la genérica denominación de Provincia de Coro, aunque esta denominación so-
lamente fue legitimada con la Real Cédula emitida por Fernando VII el 19 de di-
ciembre de 1815, puesta en vigor, en 1818, por el general Pablo Morillo, después
de un largo proceso judicial, cuidadosamente estudiado por nuestro gran historiador
continental y coriano de corazón don Mario Briceño Perozo,43 cuyos pormenores
forman parte de un voluminoso Expediente conservado en el Registro Principal de
Caracas49 y en el Archivo General de la Nación.50
La confirmación de la situación jurídica de la Provincia de Coro se ventiló,
cuando ya corría entre los cauces de la Historia el glorioso río de la revolución
americana, que arrasando escollos, asomaba en la esperanza la proximidad de la
independencia, Carabobo estaba cerca y Coro estaba dentro de los quehaceres polí-
ticos de los conquistadores.
46. Expediente sobre proporcionar a dicha ciudad y puerto La Vela permanente provi-
sión de carne fresca y salada. Coro 1817. Registro Principal. Caracas. Legajo N~ 24. C. N~ l.
47 Prohibido vender carne de chivo en carreteras del Estado Falcón. El Universal. Año
LXVIII. N~ 24.412. Caracas, 1~ de junio de 1977.
48 Briceño Perozo, Mario. Coro, Cuna de la Lealtad. Boletín del Centro de Historia del
Estado Falcón. Año XV. N~ 12, nov. 1962. Coro. Venezuela. Pág. 23. y Folleto. Coro, Cuan
de la Lealtad. Impresores Delta, C. A. Noviembre de 1967.
49 Consulta que el señor Presidente hace al Real Acuerdo sobre la erección de la ciudad
de Coro en Provincia. Año 1818. Registro Principal. Caracas. N~ l. Legajo 2. N~ 87.
50 Proceso relativo a la Erección de la ciudad de Coro en Provincia. Archivo General de
la Nación. 1820.
4.50 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
Es cierto, Coro había logrado algunos honores del patronazgo real de los bor-
bones, reconociéndole su lealtad con el renombre de "muy noble y leal, con escudo
de armas, al Cabildo el tratamiento de señoría y a sus individuos otro escudo de
honor con el mote de "constada de Coro", dejando en suspenso, la aspiración
suprema de aquel momento histórico, de erigirla en "Provincia" con la agregación
de las ciudades de Carora, Tocuyo, Barquisimeto y San Felipe".
Con la favorable opinión del Gobernador General de Venezuela, de algunas
personalidades notables de las mencionadas ciudades y el dictamen favorable del
Supremo Consejo de Indias, de la Contaduría Real y del Fiscal de Turno, el Sobera-
no español, Fernando VII emite la Cédula real del 19 de diciembre de 1815 "He
resuelto, que la referida ciudad y Partido de Coro se erija en Provincia, con la agre-
gación de las ciudades de Carora, Tocuyo, Barquisimeto y San Felipe en la forma y
con la jurisdicción y regalías que disfrutan las demás provincias de Venezuela", e
impartía al mismo tiempo el Monarca órdenes precisas para su pronta ejecución, la
que, sin embargo, no sería inmediata, porque habría de intercalarse un largo juicio,
de argucias jurídicas, con intervención de oidores, jueces, fiscales y muchos fun-
cionarios burocráticos y papeleo de indescifrables escrituras, que complicaron y
retardaron la categoría de Provincia a la modesta pero iniciadora de gestas de la
nacionalidad, hasta que D. Pablo Morillo, después de aprobar los razonamientos de
su Auditor de Guerra del Ejército, llamado "pacificador" decide el 30 de junio de
1818 "Si San Felipe, El Tocuyo, Barquisimeto y Carora no quieren salir del territo-
rio de Caracas para pasar al de Coro, entonces debe prescindirse de esos distritos y
acomodar la provincia a los términos de su partido capitular, y así lo cerífica el Jefe
español", a partir de entonces, "el Cabildo adopta para la urbe mariana el dictado
de "Muy noble y leal ciudad, Cabeza de Gobernación", y de ahora en adelante, en
el arranque de los quinientos años, la Legislatura del Estado y el Concejo Municipal
del Distrito Miranda, por razones históricas ampliamente fundamentadas por don
Ramón J. Velásquez51 deben sustituir, con sanción legislativa firme, por el nombre
que encierra la esencia y partida de la nacionalidad: CORO, RAIZ DE VENE-
ZUELA.
Para respaldar esa moción bastará agregar una docena más de hechos primicia-
les, que en correcta cronología, engrandecen la trayectoria histórica de Coro.
El derecho de Familia, tan de actualidad en la legislación contemporánea, na-
ció en Coro, en 1532, con la gestión que Mary López de Soria se dirige a la Corte
española, pidiéndole que se obligue a su marido Luis Sarmiento, ex-"gobernador
encargado en 1530, quien se había fugado con otra mujer, a que venga vivir con
ella, logrando con esa petición una Cédula Real emitida en Segovia el 15 de octubre
de 1532, por la cual se ordenaba a Sarmiento a vivir con su esposa" y en todo caso,
a no ser posible, permitirle salir para España y sobre todo le ordenan a Sarmiento
"le diese cada año los que os pareciere para sus alimentos, conforme a su persona
e deudos".52
Diez años más tarde, en 1543, otro alto funcionario del gobierno colonial,
Alonso Vásquez de Acuña, tesorero de Venezuela, es acusado por su esposa Ursula
.51 Velásquez, Ramón J. Coro, rafz de Venezuela. Editorial Arte. 1962•
.52 Cedularios de la Monarquía Española relativos a la Provincia de Venezuela (1.529-1.53.5).
Tomo l. Ob. cit. pág. 127.
LAS PRIMICIAS DE CORO 451
de Avila, de haber sido abandonada con sus tres hijos, y a pesar de que el Príncipe,
por medio de Cédulas Reales ordena unirse con su esposa legítima y mientras tan-
to pasarle pensión alimenticia; la unión conyugal, como en el caso anterior, no se
consume, ni se pagan pesiones alimenticias, ni se cumplen, para proyectarse en
vieja costumbre, las cédulas reales; por estos casos y otros similares, nació la "Cé-
dula General de Casados" que obligaba a los vecinos casados de América a vivir
con sus esposas.53
No pecamos de exagerados, al decir, que los sistemas de acueductos, con que
se surte de agua a las poblaciones, nacieron en Coro, con la represa que los caque-
tíos construyeron en las márgenes del río Coro, "que llamaron Buco, por medio de
la cual el agua llegaba a la ciudad" ,54 información confirmada por los Cedularios55
diciendo "a una legua de Coro se había construido una presa en el río".
En la religión católica, Coro presenta primicias de inconfundible valor espiri-
tual, que inicia, al recibir por primera vez la Virgen de Coro de tierra vasca, cuya
advocación supone el sacerdote jesuita Prob. Joaquín de Hita56 sería la primera
traída a lares caquetíos, que para algunos, su aparición sorprendió a un caquetío,
por lo que fue llamada Virgen de los caquetíos y para otros fue traída por el propio
Ampíes en 1529, siendo conocido que fue la patrona de Alonso de Ojeda, que
llevaba siempre en sus barcos; siguen la primera Iglesia construída con carácter de
Catedral en 1530, la primera Diócesis en 1531, la reunión del Primer Sínodo dio-
cesano en 1574 y la fundación en 1577 de la Primera Cofradía dedicada a la Lim-
písima Concepción de la Santísima Virgen María.56
El primer venezolano que desempeñó la Gobernación y Capitanía General de
Venezuela se llamó capitán Alonso Arias Cabeza de Vaca57 nacido en Coro del ma-
trimonia- del capitán de Infantería Alonso Arias de Villacinda y la dama coriana
Catalina de Cabeza de Vaca, y quien dejó en su haber histórico, la derrota inflingida
al corsario Preston y al esfuerzo que sostuvo durante todo su mandato, de restituir
a Coro, como capital de la Provincia de Venezuela.
En lo que respecta a la cultura, de Coro salieron luminarias primiciales, pre-
cursores, divulgadores de conocimientos, civilizadores, fundadores de disciplinas
científicas y ductores de centros de enseñanza superior, como el ilustre Chantre Don
Juan Fernández Ortiz, nacido en Coro, del matrimonio de D. Juan Fernández de
Madrid y doña Gabriela Ortiz Peroso, educado en Nueva Granada y Primer Rector
en 1673 del Seminario Tridentino de Santa Rosa de Lima, célula germinal de la
Universidad Central de Venezuela y fundador en 1682 de los estudios de Filosofía
y Teología en Venezuela,58 para quien Ildefonso Leal, tiene las siguientes frases
53 Cedularios de la Monarquía Española. Etc. Oh. cit. Pág. XLIII.
54 Arcaya, Pedro Manuel. Historia del Estado Falcón. Oh. cit. pág. 171.
55 Hita, preb. Joaquín de. Citado por Núñez Ponte en el folleto Cuarto Centenario de
la Fundación de Coro. Reseña. Caracas. Cia. Anon. Editorial Emp. Guenber. 1929. Pág. 21.
56 Suría, Preb. Jaime. Notas Varias de Cuentas y Cofradías. Sala de Estudio del Archivo
Arquidiocesano de Caracas.
57 Hill Peña, Aníbal. Apuntes sobre la vida del magnífico don Alonso de Arias Cabeza de
Vaca. Boletín de la Academia Nacional de la Historia. Tomo XLVII. Octubre-diciembre, 1964.
N9 188. Pág. 569.
58 Hill Peña, Aníbal. Juan Fernández Ortlz. Boletín del Centro de Historia del Estado
Falcón. Año XIV. N 9 10. Julio, 1966. Coro, Venezuela. Pág. 49.
452 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
"Erigido oficialmente el Seminario el Obispo procedió en seguida al nombramiento
del Primer Rector, que recayó en el Presbítero Juan Fernández Ortiz, natural de
Coro y graduado de Bachiller, Licenciado y Maestro en Filosofía del Nuevo Reino". 39
En los senderos de la sabiduría y en la galería de hombres eminentes nacidos
en Coro de padres corianos, surge el franciscano Fray Agustín de Quevedo y Ville-
gas, teólogo brillante, estudioso disciplinado y reflexivo, quien entrega a la impren-
ta madrileña el 5 de mayo de 1752, hace 225 años, los originales de la obra de la
más alta jerarquía del siglo xvm, "Opera Teológica", cuyos cuatro tomos escritos
en Coro, proyectada en los siglos posteriores, para conservar intacto su prestigio de
ser el primer venezolano en publicar un libro en la prensa europea, catalogado como
"magna obra, si atendemos a su forma, método y estilo directo" sentenció en 1752
el censor R. P. Manuel de la Cuevas.6()
En la escala de la medicina universitaria, Coro estuvo presente, con Juan Bau-
tista Oberto, nacido en la Ciénega Dana, perteneciente en la época de su nacimien-
to el 24 de noviembre de 1739, la Provincia de Coro, aunque posteriores leyes de
División Territorial la hayan ubicado al estado Zulia y quien formó parte del grupo
de estudiantes: Juan Cavallero y Enrique Rinaga de la Provincia de Caracas, Fran-
cisco Navarrete de San Felipe y Juan Bautista Oberto de la Provincia de Coro que
integraron el Primer Curso Dictado por Lorenzo Campins y Ballester, con el cual
fundó el 10 de octubre de 1763 los estudios médicos en Venezuela. Ninguno termi-
nó la carrera, y aunque Alegría61 sostiene que "Para el año de 1774, y mas concre-
tamente para el mes de mayo, residía y ejercía la medicina en Maracaibo Juan Bau-
tista Oberto, posiblemente con menos dedicación desde el año de 1771 en que se
ordenó de sacerdote, de lo que hay constancia de sus grados en 1765 de Bachiller
en Filosofía62 y de Licenciado en Cánones en 17 69 ,63 sin que exista ningún registro
de haber coronado la carrera de medicina, muriendo de 82 años, cerca de los Puertos
de Altagracia, asesinado por las tropas de José Tomás Morales.
Por gracia paradójica del destino histórico de Coro, la bandera de la libertad,
que en herencia nos dejó el Precursor Miranda y que "por fuerza del patrimonio
histórico hemos incluído los venezolanos entre los símbolos de la Patria"64 anunció
el 3 de agosto de 1806, desde la parte más alta del Fortín de San Pedro del Puerto
de la Vela de Coro, que las armas republicanas habían rasguñado la epidermis de
59 Leal, Ildefonso. Historia de la Universidad de Caracas. 1721-1827. Ediciones de la
Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela. Imprenta Universitaria. Caracas, 1963. Pág. 26.
60 García Bacca, Juan David. Tratados Filosóficos por Fr. Agustín de Quevedo y Ville-
gas. Imprenta Nacional. 1953. Pág. 23.
61 Alegría, Ceferino. Juan Bautista Oberto. Primer Médico egresado de la Universidad
Central de Venezuela. Revista de la Sociedad Médico Quirúrgica del Hospital de Emergencia
"Pérez de Leon" de Petare. Petare. Estado Miranda. Vol. VI. N? 3. Octubre 1971. Pág. 144.
62 Archivo Central de la Universidad Central de Venezuela. Expediente de Grados de
Bachiller en Filosofía del Sr. Juan Bautista Oberto. Libro de Grados de Licenciado en Cánones.
Voi. Ii. 1765-1766.
63 Archivo Central de la Universidad Central de Venezuela. Sobre Grado de Bachiller
en Cánones de Juan Bautista Oberto. Libro de Grados de Licenciado en Cánones. Vol. II. Año
1761-1770. Exp. N? 49.
64 Briceño Perozo, Mario. La Bandera Nacional. Boletín del Centro de Historia del Es-
tado Falcón. Año XIV. N? 10. Julio 1966. Pág. 21.
LAS PRIMICIAS DE CORO 453
la España imperial y que desplegada a los vientos en la proa de los barcos miran-
dinos, hacía alegre juego "con el sombre negro, redondo con cucardas de los tres co-
lores encarnado, azul y amarillo" que usaban algunos miembros de la tripulación,
según informaciones legadas con terror y con miedo, en las declaraciones del pa-
triota prisionero, José Francisco Rodríguez.65
Coro, de encadilado españolismo con su flamante título de "Muy noble y
muy leal" estuvo representada en los sucesos revolucionarios de abril de 1810 con
"la sangre coriana de D. Mariano Arcaya estudiante de la Universidad de Caracas
que tomó parte en el movimiento de 19 de abril"66 y con don Baltasar Padrón,
"jurisconsulto de crédito, aunque de ánimo apocado, era hombre bueno y tenía con-
cepto público"67 uno de los primeros co-presidentes del triunvirato ejecutivo, de-
signado el 2 de marzo de 1811, por el Primer Congreso de Venezuela, cuya presi-
dencia ejerció varias veces, en cuyas funciones firmó nombramientos para miembro
de las oficinas de justicia y hombres de las milicias.68
La gloriosa lucha bélica, la epopeya escrita en la historia con el fuego de la
fusilería patriota, se inicia exitosamente en tierra falconiana, cuando el coronel San-
tinelli, del ejército del Marqués del Toro "en el paso del Puerco a inmediaciones de
Aribanaches, el día 15 de noviembre ( 1810) por la tarde'>69 derrota al realista Mi-
ralles "en el Primer combate de América en el ciclo de la Independencia", y en te-
rritorio coriano el 10 de junio de 1823 Reyes Vargas cumple, en la provincia de
Coro, la última acción de armas independentista, que también, fue "el último com-
bate de infantería pura en la GUERRA DE LA INDEPENDENCIA".
Pero también, entre días de guerra y noches de paz, trinó con carácter primi-
cia!, la gracia y la armonía, en sinfonías de belleza, de doña Juana Zárraga Heredia
de Pilón, coriana de buena cuna y sensible numen, que representa para Aníbal Hill
Peña70 la primera poetisa, cronológicamente señalada, que tuvo Venezuela, y cuya
obra publicada en España y conocida en Europa, ha sido favorablemente comenta-
da, por el profesor Luis Arturo Domínguez.71
Coro, Cuna de la Lealtad, escribió en grana y Oro Mario Briceño Perozo72 y
firmemente leal a la República y al Libertador habría de ser, para afirmarlo el
28 de mayo de 1830, cuando el Congreso reunido en Valencia aprueba expulsión
del Padre de la Patria del territorio colombiano, el Diputado de Coro, Manuel Ur-
65 Criminales formados contra José Francisco Rodríguez. Año 1806. Registro Principal,
Caracas. N~ 32.
66 Arcaya, Camilo. El Marqués del Toro y Jesús Nazareno. Armonía Literaria. Año I.
Tomo II. N~ 20. Coro. Noviembre 15 de 1891. Pág. 294.
67 Baralt, Rafael María. Obras Completas. Historia. Tomo Primero. Universidad del Zu-
lia. Maracaibo, Venezuela. 1960. Pág. 634.
68 Libro Copiador de Despachos o patentes Militares de las Provincias Unidas de Vene-
zuela. Año Primero de su Independencia y de Jesuchristo de 1811. Archivo General de la Na-
ción. Toma de Razón. Año 1811-1813. Tomo 5-bis. Folios 31-51.
69 Iribarren Celis, Lino. La Campaña del Marqués del Toro sobre Coro. Boletín de la
Academia Nacional de la Historia. Tomo XLIII. N~ 170. Abril-junio, 1960. Págs. 245-246.
70 Hill Peña, Anfbal. Historia de la Provincia de Coro. Obra Inédita.
71 Domínguez, Luis Arturo. Antología de Escritores del Estado Falcón. Imprenta Na·
cional, 1955. Pág. 31.
72 Briceño Perozo, Mario. Coro, .Cuna de la lealtad. Oh. cit.
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bina73 salva su voto en coincidencia bolivariana con el doctor José Vargas, los vo-
tos de los únicos dos hombres, históricamente amigos, en el ocaso político del Li-
bertador.
Durante este breve y apretado recorrido histórico hemos encontrado la pre-
sencia de Coro en acciones edificantes, en realizaciones primeras, en la manufactura
de aconteceres históricos de trascendencia y de futuro, en el desarrollo político y
cultural de esta porción americana de la tierra.
De la lejana invasión usurpadora a la institucionalidad democrática actual de
la República, acertadamente presidida por el Sr. Carlos Andrés Pérez, el Presi-
dente creador de la Universidad de Coro, el tiempo se ha recostado sobre el largo
camino recorrido, la ingenuidad de la ignorancia y el atrevimiento de la civilización,
la flechería y la fusilería, el hombre y la fiera, en defensa y conquista, se entabla-
ron en una lucha de sangre circulante y sangre atascada, de vida y de muerte, du-
rante la cual la arbitraria crueldad de Bartolomé Santillana y la Mansedumbre bon-
dadosa de Martín Tinajero se alternaron en la escala de los valores humanos, y en
sucesión de hechos progresivos, Coro se fue proyectando en formación de Geogra-
fía, de sus semillas fueron brotando poblaciones nuevas, que al golpe de las leyes
biológicas y sociales prosperaron en los niveles de la superación y justificaron la
necesidad geográfica, social, política y cultural de la fundación de Coro, como punto y
partida del proceso formativo de la nación venezolana.
Hombres y sucesos corianos sembraron primicias en la estela luminosa de la
nacionalidad y cortaron los horizontes del porvenir, para dejar abiertas las puer-
tas de la evolución, por donde la historia entró a Coro y empezó a forjarse, His-
toria de Venezuela
73 Gil Fortoul, José. Historia Constitucional de Venezuela. Tercera edici6n revisada.
Tomo Primero. Editorial Las Novedades. Caracas. MCMXLII. Venezuela. Pág. 670.