Síndrome del intestino irritable
El Síndrome de Intestino Irritable (SII) afecta la vida diaria de los pacientes y tiene un
gran impacto económico, se caracteriza por dolor abdominal, meteorismo con
distensión abdominal y alteración en las evacuaciones intestinales, como diarrea,
estreñimiento o alternancia de estos signos, afecta entre el 5 y el 10% de las
personas sanas en un momento dado de sus vidas, la fisiopatología del SII sigue
siendo incierta. Se han considerado múltiples factores que pueden desempeñar algún
papel en la misma, como la alteración de la motilidad gastrointestinal,
hipersensibilidad visceral, inflamación intestinal, alteraciones en la microbiota, y
disfunción psicosocial.
Este trastorno se subagrupa según el patrón de heces predominante; SII con
predominio de estreñimiento (SII-E), SII con predominio de diarrea (SII-D), SII con
hábito intestinal mixto (SII-M) y SII sin clasificar (SII-NC).
El diagnóstico se basa en la sintomatología, pero se pueden agregar laboratorios
como PCR, Biometría hemática y química sanguínea, la colonoscopia debe realizarse
en pacientes que tengan síntomas de alarma.
Manning en 1978 formuló los primeros criterios diagnósticos, sin embargo estos
dejaron de utilizarse porque no diferenciaban el SII-E del SII-D. En 1988, un grupo de
expertos internacionales se reunió en Roma para debatir sobre los trastornos
gastrointestinales funcionales, surgiendo como consecuencia los criterios de roma.
Los criterios diagnósticos de Roma lV son dolor abdominal recurrente, al menos un
día por semana en los últimos 3 meses, asociado con 2 o más de los siguientes
criterios: 1) relacionado con la defecación; 2) asociado a un cambio en la frecuencia
de las deposiciones, y 3) asociado a un cambio en la forma (aspecto) de las heces.
En cuanto al tratamiento en los pacientes con síntomas leves e intermitentes, que no
deterioran la calidad de vida, se recomienda modificar el estilo de vida y la dieta. Por
el contrario, en los pacientes con síntomas leves o moderados que no responden al
tratamiento inicial y en aquellos con síntomas moderados o graves que afectan a la
calidad de vida es deseable el tratamiento farmacológico y terapia psicológica en
caso necesario.
La dieta baja en FODMAP, ¿es realmente eficaz y
segura en el síndrome del intestino irritable?: una
revisión panorámica
En 2007, se introdujo una innovación terapéutica de tipo dietético en el manejo del
SII, la cual consiste en evitar o reducir el consumo de hidratos de carbono y polioles
de cadena corta de mala absorción y altamente fermentables, denominados FODMAP
(fermentable oligosaccharides, disaccharides, monosaccharides and polyols) en la
dieta. Dicha restricción reduce la carga osmótica y la producción de gas en el
intestino delgado distal y el colon proximal, lo que proporciona alivio sintomático en
bastantes pacientes con dicho trastorno.
En la revisión panorámica de los estudios seleccionados y analizados en el artículo se
confirma que, en la mayor parte de ellos, una dieta baja en FODMAP tiene una
elevada eficacia en la gran mayoría de los pacientes con SII, al producir una mejoría
evidente en la hinchazón, dolor abdominal y flatulencia, por lo que se suele apoyar su
uso como terapia de primera línea. Sin embargo los efectos sintomáticos son
principalmente determinados por el efecto placebo.
Entre las limitaciones está que en la mayor parte de los estudios se hace un
seguimiento a corto plazo, por lo que no hay información sobre los beneficios o
alteraciones ante la dieta a largo plazo (mayor a 6 meses), además de que la dieta
suele ser más cara y es más difícil de seguir en el ámbito social. Otra consecuencia
potencial son las implicaciones nutricionales. En este sentido, parece muy importante
la asesoría nutricional para asegurar las necesidades nutricionales individuales.
De acuerdo a los resultados de este artículo, podemos concluir que es recomendable
aconsejar el consumo de una dieta baja en FODMAP, como terapia de primera línea,
en la mayoría de los pacientes con SII, siempre aconsejados y dirigidos por un
especialista, teniendo en cuenta que tiene una serie de limitaciones y que su
seguridad solo está garantizada en el corto plazo.
Síndrome de intestino irritable: un enfoque integral
El síndrome de intestino irritable (SII) es una enfermedad gastrointestinal crónica que
se caracteriza por dolor y sensación de distensión abdominal acompañada de
alteraciones como estreñimiento, diarrea o ambas sin una causa orgánica que lo
justifique. Su prevalencia a nivel mundial oscila entre 7 y 21%,y varía de acuerdo con
el estilo de vida y contexto geográfico; se presenta con mayor frecuencia entre los 20
y 40 años de edad, con un predominio en el sexo femenino.
Dentro de las causas asociadas para SII se encuentran un alto nivel de estrés y
ansiedad, alteraciones dietéticas, aumento en la ingesta de grasas, carbohidratos,
azúcares y disminución en la ingesta de vitamina D, así como problemas para
mantener o conciliar el sueño, aumento de la movilidad intestinal, la microbiota
intestinal, la falta de ejercicio y el sedentarismo juegan un papel importante.
Las manifestaciones incluyen dolor abdominal recurrente asociado al tránsito
intestinal, diarrea, estreñimiento o ambos de manera intercalada; ansiedad,
depresión, sensación de distensión abdominal y producción excesiva de gases. El
diagnóstico es clínico y se basa en los criterios de roma versión lV, no hay estudios de
laboratorio ni de gabinete que confirmen el diagnóstico, se puede evaluar la
hemoglobina para descartar datos de anemia o infección, PCR y velocidad de
sedimentación globular para determinar actividad inflamatoria, la realización de
colonoscopia está indicada en caso de pacientes con síntomas de alarma.
El tratamiento no farmacológico se basa en cambios en los estilos de vida como lla
alimentación, la realización de ejercicio, evitar estresores y tener una adecuada
calidad de sueño. En cuanto al tratamiento farmacológico si se presenta estreñimiento
es el uso de laxantes, entre los antidiarreicos y catárticos se encuentran los
anticolinérgicos como el bromuro de butilhioscina y si no hay respuesta se pueden
utilizar antibióticos como la rifaximina
El SII es una enfermedad compleja, la cual tiene impacto en el ámbito laboral y
familiar; su tratamiento y seguimiento es multidisciplinario y está enfocado en cambios
en los estilos vida y en el uso de fármacos dependiendo si es un SII-E o SII-D.
Síndrome intestino irritable
El síndrome de intestino irritable es una patología frecuente en la práctica clínica, se
caracteriza por dolor abdominal, alteración en el hábito intestinal, distensión
abdominal e hinchazón. Existen 4 subtipos, síndrome de intestino irritable con
constipación, diarrea, mixto e inespecífico. Su prevalencia mundial oscila entre el 10%
al 20%.
La fisiopatología del SII es compleja y multifactorial, actualmente no se ha
determinado una causa específica pero entre los posibles factores o mecanismos se
encuentra: Sistema inmunitario y trastornos de la barrera epitelial, genética,
alimentación, Trastornos en la motilidad y sensibilidad visceral, Microbioma y disbiosis
gastrointestinal, Factores psicológicos, y el sexo.
El diagnóstico se basa en una detallada historia clínica y en los criterios Roma IV. Si
se tiene la sospecha de que existe otra patología se pueden realizar más estudios
con el objetivo de descartar patología orgánica como la proteína C reactiva, velocidad
de eritrosedimentación (VES), calprotectina fecal o lactoferrina fecal. Es importante
también tomar en cuenta los signos de alarma a la hora de hacer el diagnóstico de
esta patología ya que estos nos ayudan a identificar otros diagnósticos diferenciales,
entre estos signos se incluye la pérdida de peso, despertar nocturno debido a
síntomas gastrointestinales, sangre en las heces, antecedentes familiares de cáncer
de colon o enfermedad inflamatoria intestinal, uso reciente de antibióticos y fiebre.
El tratamiento de cada paciente debe ser individualizado de acuerdo con el subtipo de
SII que presente. Además, la terapia debe ser multidisciplinaria, las terapias no
farmacológicas como cambios en la dieta, manejo del estrés, terapia cognitivo
conductual, terapia de relajación, hipnoterapia y meditación han demostrado ser
efectivas en los pacientes.