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Jesús Cura A Dos Ciegos

Jesús cura a dos ciegos que le piden misericordia. Jesús les pregunta si creen que puede curarlos, a lo que responden afirmativamente. Jesús les toca los ojos y los cura, abriéndoles la vista. Sin embargo, les pide que no divulguen lo sucedido, aunque eventualmente los ciegos curados propagan la fama de Jesús en toda la región.

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Jesús Cura A Dos Ciegos

Jesús cura a dos ciegos que le piden misericordia. Jesús les pregunta si creen que puede curarlos, a lo que responden afirmativamente. Jesús les toca los ojos y los cura, abriéndoles la vista. Sin embargo, les pide que no divulguen lo sucedido, aunque eventualmente los ciegos curados propagan la fama de Jesús en toda la región.

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Jesús cura a dos ciegos (Mt 9, 27-31)

Dos ciegos reciben la vista


27 
Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten
misericordia de nosotros, Hijo de David! 28 Y llegado a la casa, vinieron a él los
ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí,
Señor. 29 Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea
hecho. 30 Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargó rigurosamente,
diciendo: Mirad que nadie lo sepa. 31 Pero salidos ellos, divulgaron la fama de él por
toda aquella tierra.

Los dos últimos milagros que nos presentan los cap. 8-9 de Mateo guardan una
cierta relación. El primero se refiere a la curación de dos ciegos y, el otro, a la
curación de un endemoniado mudo. Estos dos milagros, además, están
inmediatamente antes del c. 10, donde se recoge el discurso misionero de Jesús.
¿Y cuál es esa relación? Muy sencilla… 

La ceguera suele ser la representación de un estado espiritual, la falta de fe…


Tener fe no es creer lo que no se ve sino todo lo contrario. Creer es ver, ver a Dios
a nuestro lado, verlo presente en todo y en todos… Ciego es el que tiene dificultad
para descubrir esa acción de Dios en la historia, en su propia vida… Y, claro quien
no ha descubierto a Dios, difícilmente puede anunciarlo. Por eso, a continuación
de la curación del ciego, se nos presenta la curación de un mudo (Mt 9, 32-34)…
Pero vayamos despacio y empecemos por la curación de los dos ciegos.

Mateo, a diferencia de los otros evangelistas, presenta dos ciegos, pues, según la
ley judía, hacía falta dos testigos para que un hecho fuera creíble. Si Jesús curó a
dos ciegos, dicho hecho fue verdad…
Esta curación también está en relación con la postura de fe… Estos dos
personajes no ven; es decir, como hemos dicho antes, no consiguen ver a Dios en
su vida… pero, sin embargo, lo desean… ¡Cuántas personas querrían creer y no
pueden! ¡Cuántas veces creemos, pero necesitamos que nos aumenten la fe…!
¡Cuántas veces vemos, pero en realidad, sólo la superficie de las cosas y
necesitamos que Dios nos ilumine los ojos y el corazón para ver en profundidad!

Pese a lo escueto de la narración, la escena no tiene desperdicio… Jesús pasa…


Siempre está pasando… Pasa continuamente a nuestro lado… Y, al pasar, lo
siguen dos ciegos… A pesar de estar ciegos, siguen a Jesús… Como nosotros…
A pesar de que muchas veces no vemos, no entendemos, seguimos a Jesús… A
tientas, pero deseamos ir detrás de Él… Lo siguen hasta casa y se le acercan…
buscan el contacto… La oración es esto, acercarnos a Jesús, ponernos a tiro de
su mirada…

Los ciegos le han dirigido una oración que también podemos hacer nuestra: “¡Ten
piedad de nosotros!” Como la oración del peregrino ruso: “Señor, ten misericordia
de mí”… Ésta es la mejor oración… No se pide nada en concreto… No le dicen
que los cure de la ceguera… Sólo que tenga piedad… La misericordia es el amor
que se compadece, que se conmueve ante la debilidad del otro… Y los ciegos
sólo piden eso, sentir ese amor compasivo de Dios… porque cuando Dios mira
con compasión, somos sanados por dentro pues el amor es lo único que
realmente cura…

Y Jesús les hace una pregunta: “¿Creéis que puedo hacer eso?” De esta manera,
pone de manifiesto que ha entendido el deseo de aquellos dos hombres: ver… Y
Jesús lo único que les pide es fe; es decir, confiar en su poder sanador… Y ambos
sencillamente responde: “Sí, Señor”…

Qué escena más hermosa… Ojalá podáis imaginárosla… Ver a estos dos ciegos y
a Jesús, escuchar lo que hablan, observar los gestos…

Y Jesús los toca… Entra en contacto con ellos… También nosotros necesitamos
ser tocados, sentir ese gesto amoroso sobre nuestros ojos ciegos, sobre nuestras
heridas… y se les abrieron los ojos…

Pero el texto deja claro que todo no termina al recuperar la visión… Quien ha
experimentado la sanación de Dios no puede hacer más que proclamarla… Y
ambos hombres divulgan la fama de Jesús por toda la comarca…

Nosotros podríamos preguntarnos: ¿Hemos experimentado el poder sanador de


Jesús? ¿Tenemos la confianza suficiente para acercarnos a Él? ¿Nos dejamos
tocar...?
Dedica algún momento a leer despacio este texto y a imaginarlo… Y ojalá sientas
la mano de Jesús que te toca y cura tu ceguera…

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