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Historia: Ciencia y Método de Estudio

Este documento presenta una introducción a la historia escrita por Marc Bloch. En él, Bloch plantea que la historia busca comprender a los seres humanos en el tiempo a través del análisis y la crítica de testimonios del pasado. Bloch argumenta que la historia no es meramente la descripción de hechos pasados, sino que requiere interpretar los documentos para entender los contextos históricos y las motivaciones humanas.

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Historia: Ciencia y Método de Estudio

Este documento presenta una introducción a la historia escrita por Marc Bloch. En él, Bloch plantea que la historia busca comprender a los seres humanos en el tiempo a través del análisis y la crítica de testimonios del pasado. Bloch argumenta que la historia no es meramente la descripción de hechos pasados, sino que requiere interpretar los documentos para entender los contextos históricos y las motivaciones humanas.

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          INTRODUCION A LA HISTORIA (Marc Bloch) 

 
Plantea el problema de la legitimidad de la llamada historia. Afirma que la llamada
Historia mal entendida puede terminar de desacreditar a la historia mejor comprendida. 
Siempre nos parecerá que a una ciencia le falta algo si no nos ayuda a vivir mejor tarde o
temprano. La historia es un esfuerzo para conocer mejor. Se esfuerza por penetrar por
debajo de los hechos, por rechazar el empirismo disfrazado de sentido común. 

La historia, los hombres y el tiempo. 

La palabra historia, según su etimología original se refiere a la “investigación”. Se ha


dicho que “la historia es la ciencia del pasado”. Me parece impropio, ya que es
absurda la idea de que el pasado pueda ser objeto de la ciencia. ¿Cómo puede ser
objeto de un conocimiento racional, sin una delimitación previa, una serie de fenómenos
que en común solo tienen no ser nuestros contemporáneos?. 
La obra de una sociedad que modifica según sus necesidades el suelo en que vive es un
hecho “histórico”. El objeto de la historia es especialmente el hombre, mejor dicho los
hombres. La historia quiere aprehender a los hombres. 
¿Es la historia una ciencia o un arte? Hacia 1890, en una atmosfera de positivismo, los
especialistas se indignaban porque el publico daba en los trabajos históricos más
importancia excesiva a la “forma”. 

El tiempo histórico. 

La Historia es la Ciencia de los hombres, pero debemos agregar “en el tiempo”. El


historiador piensa no solo lo “humano”. La atmosfera en que el pensamiento
respira naturalmente es la categoría de la duración. El tiempo de l Historia es irrevertible 

Los límites de lo actual y lo inactual  

Hay sabios que piensan, con razón, que el presente humano es perfectamente
susceptible de conocimiento científico. Analizan por ejemplo, y pretenden comprender la
economía contemporánea con ayuda de observaciones limitadas, en el tiempo, condenar 
la época aunque viven como separada de las que la precedieron por contraste
demasiados marcados. 

Comprender el presente por el pasado. 

El privilegio de auto inteligibilidad reconocido al presente se apoya en una serie de


extraños postulados. Supone en primer lugar que las condiciones humanas han sufrido en
el intervalo de una o dos generaciones un cambio muy rápido y total, como si ninguna
institución un poco antigua hubiera podido escapar a las revoluciones del laboratorio y la
fabrica. Eso es olvidar la fuerza de inercia propia de tantas creaciones sociales. Hemos
aprendido que también el hombre ah cambiado mucho; en su espíritu. Su atmosfera
mental se ha transformado profundamente, su higiene y su alimentación 
Comprender el pasado por el presente. 

La incomprensión del presente nace de la ignorancia del pasado.  Los investigadores


muchas veces pueden obtener un gran provecho si comienzan a leer la historia “al
revés”. Porque el camino natural de toda investigación es el que va de lo mejor conocido
a lo menos mal conocido, a lo más oscuro. En la mayoría de los casos los
periodos más próximos coinciden con las zonas de relativa claridad. 
La ciencia de los hombres en el tiempo necesita unir el estudio de los muertos con el de
los vivos. La vida es demasiado breve y los conocimientos se adquieren lentamente. La
Historia verdadera, universal solo puede hacerse en colaboración.  

El problema de la observación histórica. 

El historiador se halla en la imposibilidad absoluta de comprobar por sí mismo los


hechos que estudia. No podemos hablar de las épocas que nos han precedido sino
recurriendo a los testimonios, el conocimiento del pasado será necesariamente
“indirecto”. 
En el inmenso tejido de los acontecimientos el individuo no percibe jamás sino un
pequeño rincón, entre claramente limitado por sus sentidos y por su facultad de
atención. Los documentos materiales no son los únicos que poseen el privilegio de poder
ser captados de primera mano. 
El Pedernal tallado por el artesano de la Edad de Piedra, un rasgo del lenguaje, un rito
fijado en un libro, son otras tantas realidades que captamos y que explotamos con un
esfuerzo de inteligencia estrictamente personal. Para ello no necesitamos recurrir a
ningún intérprete, a ningún testigo. 
La primera característica del conocimiento de los hechos humanos del pasado y de la
mayor parte de los del presente consiste en un conocimiento por huellas. “Huella”; la
marca que ha dejado un fenómeno y que nuestros sentidos pueden percibir. ¿Qué ocurre
con los observadores de los hechos humanos? Cuando los fenómenos pertenecen al
presente o al pasado inmediato el observador no se encuentra igualmente desarmado
frente a sus huellas. Puede hacer que algunas vuelvan a existir mediante los informes de
los testigos. No tenemos más máquina para remontar el tiempo que nuestro cerebro, con
los materiales que le proporcionan las generaciones pasadas. El conocimiento del pasado
está en constante progreso, se transforma y perfecciona sin cesar. 

Los testimonios 

Las fuentes narrativas; relatos deliberadamente dedicados a la información de los


lectores, nunca han dejado de prestar una preciosa ayuda al investigador. Son las únicas
que ordinariamente proporcionan un encuadre cronológico casi normal y seguido. Trozos
enteros del pasado han sido reconstruidos así; toda la prehistoria, la historia económica
casi toda, la historia de las estructuras sociales. No es que documentos de este tipo estén
exentos de errores o de mentiras, ni faltan falsas bulas, ni dicen verdad todas las cartas
de negocios y todos los informes de embajadores, pero allí, la deformación, suponiendo
que exista, por lo menos no ha sido concebida especialmente para la posteridad. Nos
interesamos por lo general por lo que se nos deja entender sin haber deseado decirlo. En
nuestra inevitable subordinación al pasado, condenados a conocerlo solo por sus rastros. 
el historiador 

Muchas personas y autores de manuales se figuran una imagen equivocada de el trabajo


del historiador; el reúne los documentos, prueba su autenticidad y su veracidad. Pero
nunca un historiador ha procedido así porque los textos  o los documentos arqueológicos,
no hablan sino cuando se sabe interrogarlos. 
La diversidad  de los testimonios históricos es casi infinita. Cada problema histórico se
vale de varios tipos de documentos y testimonios, es necesario que las técnicas eruditas
se distingan según los tipos de testimonios. 
Una de las tareas más difíciles con lo que se enfrenta el historiador es la de reunir los
documentos que cree necesitar. 

la crítica. 

Hace tiempo no se está de acuerdo en aceptar ciegamente todos los testimonios


históricos. Más de un texto se da como perteneciente a una época y a un lugar distinto de
los que realmente les corresponden; no todas las narraciones son verídicas y a su vez las
huellas materiales pueden ser falsificadas. Sin embargo el escepticismo como principio no
es una actitud intelectual más fecunda que la credulidad.  
La crítica basada solo en el sentido común no puede guiarnos lejos. La crítica del
testimonio histórico no hace caso de la creencia, supone la duda. La duda no había sido
considerada hasta entonces sino como una actitud mental puramente negativa. Desde
entonces se estima que, conducida racionalmente puede llegar a ser un instrumento de
conocimiento. 

la persecución de la mentira y el error 

La impostura de un testimonio primero es el engaño acerca del autor y de la fecha: la


falsedad. 
La mayoría de los escritos dados bajo un nombre falso mienten también en su contenido.
Testimonios insospechables en cuanto a su proveniencia no son necesariamente
testimonios verídicos. Pero no basta con darse cuenta del engaño hay que descubrir sus
motivos. 
Se debe tener en cuenta que una mentira como tal es a su manera un testimonio.
EJEMPLO: probar que el célebre diploma de Carlomagno en favor de las iglesias de
Aguizgan no es autentico es ahorrarse un error, pero no adquirir un conocimiento. Pero si,
logramos determinar que el fraude fue compuesto entre los que rodeaban a Barbirroja F.,
y que tuvo por motivo de servir sus grandes sueños imperialistas se abre un amplio
panorama sobre bastas perspectivas históricas. He aquí a la critica que busca detrás de la
impostura al impostor, es decir al hombre. No existe el buen testigo, no hay mas que
bueno o malos testimonios.  
Los objetos más familiares cuentan ordinariamente entre los más difíciles de describir con
precisión; porque la familiaridad lleva consigno casi necesariamente la indiferencia.
Además muchos acontecimientos históricos no han podido ser observados sino en
momentos de violenta conmoción emotiva, en momentos en que el testigo era incapaz de
fijarse suficientemente en aquellos rasgos  a los que el historiador atribuía hoy mayor
importancia. 
Para que un testimonio sea conocido como autentico dl método exige que presente cierta
similitud con los testimonios vecinos. 
el análisis histórico. 

Frente a la frase “el historiador no se propone mas que describir las cosas tal como
fueron”, se presentan dos problemas; el de la imparcialidad histórica y el de la Historia
como tentativa de análisis. 
Existen dos maneras de ser imparcial; la del sabio y la del juez. El sabio registra, el juez
interroga a los testigos sin otra preocupación que conocer los hechos tan cómo fueron. De
ambos lados hay una obligación de conciencia que no se discute. 
En un momento los dos caminos se separan, cuando el sabio ha observado y explicado,
su tarea acaba. Al juez en cambio le falta todavía dictar sentencia.  El juez se creería
imparcial y lo era según el sentido de los jueces, pero no en el de los sabios. Porque no
es posible condenar u observar sin tomar partido. 

juicio de valor 

Durante mucho tiempo el historiador paso a ser una especie de juez encargado de
distribuir elogios o censuras a los héroes muertos. Un juicio de valor solo posee sentido
en relación con un sistema de relaciones morales deliberadamente aceptados, pero allí
donde los ideales comunes difieren profundamente de los nuestros ya no queda más que
un problema. Las posiciones del pasado, juzgados desde hoy, convierten la realidad
humana en una cuadro cuyos colores son solo el blanco y el negro. 
Son las condiciones sociales las que se oponen al mantenimiento de un vocablo uniforme.
En sociedades muy dirigidas como las de la Edad Media, era frecuente que instituciones
idénticas se distancien mucho entre sí. 
El historiador habla exclusivamente con las personas de un país, si se encuentra con
realidades que solo se expresan en una lengua extranjera tiene que traducir. 
Cuando aparecen instituciones, creencias, costumbres de la vida en sociedad, la
transposición a otra lengua hecha a semejanza de una sociedad diferente, se transforma
en una Tarea peligrosa, y que escoger un equivalente es postulan una semejanza.  
Una nomenclatura impuesta al pasado acabara siempre por deformarlo si tiene como fin
la reducción de sus categorías a las muestras. 
El corte más exacto no es forzadamente el que pretende conformarse con la más
pequeña unidad de tiempo, sino el mejor adoptado a la naturaleza de las cosas.

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