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Prólogo Fuenllana

Este documento es el prólogo de Miguel de Fuenllana a su obra musical "Orphénica Lyra" de 1554. Fuenllana explica que invocó la ayuda divina para crear su obra debido a la gran dificultad de la música. Describe brevemente la historia de la música y sus orígenes. Explica que dividió su obra en seis partes con diferentes tipos y niveles de complejidad musical para beneficiar a músicos de diferentes habilidades. Su objetivo final era alabar a Dios a través de la música y promover su apre

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Prólogo Fuenllana

Este documento es el prólogo de Miguel de Fuenllana a su obra musical "Orphénica Lyra" de 1554. Fuenllana explica que invocó la ayuda divina para crear su obra debido a la gran dificultad de la música. Describe brevemente la historia de la música y sus orígenes. Explica que dividió su obra en seis partes con diferentes tipos y niveles de complejidad musical para beneficiar a músicos de diferentes habilidades. Su objetivo final era alabar a Dios a través de la música y promover su apre

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Miguel de Fuenllana

Orphénica Lyra
Valladolid, 1554

Prólogo al lector.
Si entre los antiguos y grandes varones era loable costumbre, prudente lector, que para tratar las
cosas arduas - no confiados en la fuerza de sus entendimientos, ni en lo que por sí mismos
alcanzar podrían - se esforzaban a invocar el auxilio celestial, con cuánta más razón debo yo
hacer lo que ellos hacían, para tratar de tan encumbrada ciencia como es la música. No pidiendo
para esto el socorro venido del monte Parnaso ni de la fuente Pegasea que los que andaban
tentados en la sombra de la muerte pedían, sino levantando los ojos del alma a otro más
encumbrado monte que es la triunfante Jerusalem, donde los cortesanos del Señor moran,
implorando la suma bondad del espíritu vivificador que quiso en lenguas de fuego descender
sobre el apostólico colegio para que mi alma alcanzar pueda una pequeñica centella para explicar
lo que a mi entendimiento tuvo por bien de dar a entender de esta inestimable facultad. A quien no
con menos razón, por la multitud de sus sutilezas, el título de la dialéctica se puede imponer
llamándola arte de las artes y ciencia de las ciencias. Cuya definición (según el divino Isidoro
afirma) es ciencia de armonía que consiste no solamente en el sentido pero también en el canto,
como el glorioso Agustín significó. De la cual me parece según su gran dificultad que todo lo que
de sus excelencias escribieron, es lo menos que de ella se pudiera escribir porque excede las
fuerzas humanas. Y no será necesario para cosa tan notoria, tratar de la estimación en que los
grandes príncipes siempre la tuvieron. Porque considerado que con ella se sirve Dios en el cielo,
quién será tan desconocido que no le deje gozar en la tierra. Los gloriosos santos que de ella más
gustaron, éstos son los que más grandezas dijeron. Y muchos emplearon sus ejercicios en
entender y gozar la suavidad de esta ciencia, y en quererla enseñar a otros como parece por
muchos libros que de ella dejaron escritos. Los beatísimos Agustín y Severino parecen haber
abierto camino para otros, que por no reiterar sus loores, me quiero abrazar con la brevedad, y
traer a la memoria sus inventores parecería inventar otro género de prolijidad. Porque nadie hay
que ignore lo que por tan auténticas escrituras está divulgado. Pero ya que fuese Tubal el primer
inventor, como la sagrada escritura nos cuenta, o Pitágoras como la caterva de los griegos
concede, ni hace mucho a nuestro propósito ni por dejarlo de hacer recibe detrimento. Otros que
por otras causas movidos creen que Lino y Amphion fuesen en su principio, no es cosa importante
negárselo a ellos por dárselo a Apolo. Basta que por ser ejercicio lleno de virtud se tiene por cierto
no haber sin él disciplina perfecta como los sabios antiguos quieren. Una cosa sé decir y que no
se me podrá negar: que el que no fuere amador suyo, por justa sentencia merece que nadie lo sea
de él. Porque cosa con que tanto se sirve Dios, razón es que con ella tengan contento los
hombres, por ser tan calificada que aún la máquina de cielo y tierra no quiso su potentísimo
artífice dejarla sin esta admirable concordancia, como los santos escritores de ella dan cierto
testimonio. Y el real profeta, no careciendo de este conocimiento, nos da a sentir lo que de ella
sintió, persuadiéndonos que las alabanzas que al Señor hubiésemos de dar, con la dulcedumbre
de la vihuela las hubiésemos de ofrecer. La cual, puesta en sus manos, bastaba para expeler los
demonios. Y no sería sujeto a reprensión, pues antes de mí otros lo hicieron; aprovechándome de
las historias del gran músico Orfeo que después sucedió que con la suavidad de su vihuela a los
ministros de Plutón hizo cesar su justicia. A cuya imitación y memoria me pareció convenible cosa
intitular esta obra Orphenica Lyra. No porque se piense que de esta similitud se me pueda pegar
algún polvo de vana jactancia, pero como sea de los primeros inventores y padre por antigüedad
de esta arte, imitándole en el nombre ayude yo a sustentar su inmortal fama. Pues el famoso
poeta Juan de Mena en su coronación no dejó de invocar esta Lyra, sin otros muchos ejemplos
que en la religión cristiana tenemos de que nos sobran autoridades para loarlos y no falta fe para
creerlos. Ni quiso nuestro redentor venir a nacer en el mundo sin que nos manifestase la
dulcedumbre de arriba. Y en las academias de Atenas se tuvo tanta cuenta con la estimación de
esta ciencia, que el que no sabía tañer y cantar, por sublimado que fuese en las letras, era
despreciado sin la música. Temístocles es buen testigo de su vergonzoso desfavor, por cuya
causa el filósofo Sócrates cultivó en la senectud lo que no hizo en la mocedad. Y el poderoso

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Herón, como cuenta el Petrarca, entre los tormentos de la muerte se quejaba diciendo que no le
pesaba tanto morir tan gran príncipe, como de faltar en la tierra tan gran músico. Y aunque los
efectos de esta admirable facultad son muchos, sus diferencias son tres solas, según el divino
Isidoro. La primera es armónica, que de canto de voces consta. La segunda orgánica, que
solamente del soplo consiste. La tercera es rítmica, que del tocamiento de los dedos recibe los
números. Y aunque todas las tres partes musicales estén a la humana naturaleza tan agradables
y bien sonantes, ésta es la que sobre todos tiene el primado, por el toque que con el espíritu vivo
se hace, como es en la vihuela, y por la proporción y conformidad que con la humana voz tiene. Y
por tanto es mayor su perfección, porque es de cuerdas, que en latín se dicen chorde. Y aunque
ella sea dicción griega, si origen latina le quisiésemos dar, muy a proporción le vendría que
naciese de cor, que significa corazón. Porque así como el pulso de aquel miembro tan sutil y
generoso es en el pecho, así el tocamiento de él es en la vihuela, y por ser de tantas
circunstancias y primores adornada, y de tanta dificultad considerada, meditando verás a ella que
fácilmente pudiera quedar sin mí. Porque el fruto de un largo trabajo de toda la vida, no le alcanza
sino a trueque de la salud. No obstante muchas contradicciones que tuve viendo ser tan dificultoso
su fin, y sus secretos tan negados a la humana flaqueza. Porque conocí según la teórica y
práctica ser este instrumento más sujeto a la voluntad del que lo supiere, que otro alguno, por
causa de su armonía y compostura. La cual hace muchos efectos, y en los corazones más
generosos allí hace mayor aposento, como los escritores cuentan. Que si a unos conmueve a
profana alegría, a otros provoca devoto placer. Quien a los hombres de los humanos cuidados
alza y eleva en celestial contemplación. Quien saca del encerrado pecho las piadosas lágrimas
que por el rostro caen. Quién podrá decir lo que por experiencia se suele ver. Que entrañas hay
tan aceradas que su ensalzada suavidad no las convierta en blandura. Tiene tan largo su señorío
que ninguna edad ni dignidad le niega su jurisdicción. Refrena la ira, multiplica la concordia, es
destructora de los vicios, causante de loables costumbres; los cuidados de la tierra, los heroicos
ánimos para cosas fuertes inflama. Hasta el sarracénico Avicena conoció su propiedad diciendo
que mitiga todo dolor. Y la causa, amado lector, que tan penosas fatigas me hizo tomar, y que por
tan inusitadas sendas me forzó a ir, velando las noches y no descansando los días, mayormente
estando yo en esta corporal tiniebla en que el Señor me quiso poner, fue por servir con el mismo
don de su larga mano recibido dándole alabanzas por lo que en mí hizo, y para provocar a otros
que lo mismo quieran hacer, trabajándome a mí por aprovechar a los que en esta facultad se
quieren ejercitar. Porque conforme a la evangélica ley, el que no quiera de su talento ganancia,
por muy cierto debe tener su castigo. Que poco provecho hace en la república el que su tesoro
tiene escondido en el arca. Y movido con esta benigna voluntad y no menor calidad, quise
componer esta obra, y cogiendo de las mejores flores hacer este sabroso panal con que todos
huelguen y muchos cultiven, dividiéndola en seis partes de este modo. En la primera van dúos, y
música de a tres de buenos autores, y fantasías mías a tres al tono de cada una de las
composturas, que es una buena disposición para principiantes, que les sirva como de abc.
En la segunda se ponen motetes a cuatro de excelentes autores, y con cada uno de ellos va
una fantasía mía a cuatro del mismo tono del motete. En la tercera hay motetes a cinco y a
seis, música de mayor dificultad y que pide más el estudio que la pasada. Y con todo esto
cualquiera la podrá bien tañer si de veras la quiere trabajar. Y en la precedente estuviera
aprovechado. Porque todo ello antes que se cifrase en los papeles se experimentó muchas
veces en la vihuela. Y no hay cosa en este libro que primero no se haya puesto y tañido que
cifrado. Porque con esta certidumbre tomé este atrevimiento de poner las dificultades que
aquí se contienen. En la cuarta parte se pone música más doméstica y para desenvoltura
de las manos y son composturas de a tres y a cuatro. En la quinta se hallará música muy
galana también para desenvolver las manos, cuyo concierto se hallará en la tabla de la obra
y adelante se pone más por extenso. En la sexta y última se ponen tres ensaladas: Bomba,
Justa, Iubilate, con alguna música compuesta y fantasías mías para vihuela de cinco
órdenes juntamente con música compuesta y fantasías para vihuela de cuatro órdenes -
que dicen guitarra -, y otras obras de contrapunto y los ocho tonos con algunos avisos y
consonancias y un motete que dan final al libro, según más copiosamente constara por las
tablas de cada libro como ya he dicho. Dispúseme a dar esta orden porque el que quisiere
seguirla pueda ir subiendo por sus grados a lo más difícil de tañer, que es lo que me ha
movido y yo más querría y pretendo. Y si alguno alguna dificultad pusiere creyendo que
paso los límites de la posibilidad, yo le ruego a este tal que el tiempo que perdiere en dudar

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lo ocupe en estudiar. Y de esta manera, dándose de veras al estudio, confíe que conseguirá
el fin deseado.

Fin del Prólogo.

Síguense los avisos y documentos que en este libro se contienen.

Puesto que por muy buenos y excelentes autores se hayan dado avisos de mucha utilidad y
provecho para la música que en este instrumento de la vihuela se ha de tañer, con otras cosas
particulares, que para la inteligencia de éste se requieren, no dejaré yo de decir lo que en esto se
me ofrece, movido principalmente con celo de aprovechar, así mismo por dar aviso de las señales
y particularidades que en este libro se contienen. Y para prueba de mi intención quise tener
cuenta principalmente con tres o cuatro cosas de que pienso tratar, dentro de las cuales se
incluyen todos los avisos que en este libro se ponen. Es, a saber, música compuesta y fantasías
mías, y la manera que se ha de tener para mejor usar del redoble y tañer con limpieza; también se
dirá en su tiempo de los tonos. Viniendo pues a tratar de la música compuesta digo, que en todas
estas obras, así a tres como a cuatro, a cinco y a seis, con todas las demás que en el libro se
contienen (excepto dúos) fue mi intención ponerles letra, porque me parece que la letra es el alma
de cualquier composición, pues aunque cualquier obra compuesta de música sea muy buena,
faltándole la letra parece que carece de verdadero espíritu. Por lo cual, como dicho es, me moví a
ponerla, y a señalar una de las voces que más agradable fuese para poderse cantar, que es la de
la cifra colorada. Pues teniendo cuenta con esta señal y con la que adelante se pongan, el que de
veras lo quisiere trabajar, sin duda podrá gozar de esta excelencia, que es cantar una voz de la
composición que tañere. Y para que con más verdad se pueda hacer esto se ha de tener cuenta
con golpes que se ofrecen de semibreves, o mínimas con puntillo o sin él, sea en el principio del
compás, o en el medio de él. Digo que en todo el valor de la dicha figura o figuras se ha de estar
la voz cantando, por no faltar en la consonancia hasta en tanto que venga otra cifra colorada, con
la cual se ha de mudar. Y esto se entenderá si no hubiere aspiración o pausas de por medio. Así
mismo porque en algunas obras compuestas se pone una voz puntada en canto de órgano - para
que si se erraren, puedan fácilmente tornarse a cobrar el que tañe y el que canta -, se pone una
señal de cifra a trechos, comenzando de una, dos, tres. &c.[y cuatro]. Y donde quiera que esta
señal estuviere se ha de juntar la voz con el instrumento, para proseguir lo que se tañe y canta, y
la señal es ésta: También se ha de tener aviso, que siempre que se ofreciese alguna
figura de mínima, o semínima, todas las que se siguen han de ser del mismo valor, hasta en tanto
que otra sobrevenga. Así mismo hay algunas obras de las compuestas, que en el principio o
último de ellas, alguna parte o pedazo se ha de tañer dos veces; y para que se tenga
conocimiento de esto, se pone al principio y al fin de lo que se tañe, esta señal: * , comenzando
del compás en que ésta se pone, para acabar en el que esta otra semejante. También en las
obras de a cinco y a seis se parte algunas veces la cuerda, y esto por guardar la verdad de la
composición; porque este instrumento, aunque más perfecto que todos, no sufre cosas muy
dificultosas, y por no usar de consonancias peregrinas, quise tomar este medio de partir la cuerda
en esta manera: . Pongamos caso que se ofrece una consonancia, y sea ésta: cuarta en
vacío, tercera en el tercer traste, segunda en el mismo, prima en el segundo. Estas son cuatro
voces, pero pisando una de las dos terceras en el tercer traste como ya es dicho, la que queda en
vacío servirá de mi, o re; y la que se hollare, será sol, o fa, según el tono que se tañere, y en esta
manera será consonancia de cinco voces. Esto mismo se puede hacer en otras consonancias
necesitadas de este remedio, así como cuando se ofrece quinta en el segundo traste, y cuarta y
tercera en vacío; aquí se ha de partir la segunda en el tercer traste, y la una servirá de fa, que es
la que se pisa, y la otra de re, que es octava de la quinta. Y en esta manera se tañen cinco o seis
voces, siempre que semejantes consonancias se ofrecen, y se guarda la verdad de la
composición. Y si alguno tuviere esto por cosa muy dificultosa, téngase por respondido, con que el
uso y verdadero estudio todo lo puede, y la señal que se pone en el traste donde la cuerda se ha
de partir es ésta, juntamente con el ejemplo de lo ya dicho.

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Así mismo se tenga por aviso, que muchas veces se reitera la letra, y para esto se pone la misma
señal que en el canto de órgano se suele poner, y es ésta: ij. También se ha de tener por aviso,
que en cualquier principio de composición o fantasía, que se viere esta letra: F, se entenderá que
la tal obra es fácil, y en la que estuviere ésta: D, hay dificultad. Esto se entenderá en todas las
composiciones y fantasías, que en el libro se ponen, en esta manera: que en las obras de a cuatro
se ponen las señales ya dichas, en las fáciles y dificultosas, y lo mismo en las obras de a cinco y a
seis. Pero se ha de tomar cada cosa en su grado, pues cierto está, que mayor dificultad habrá en
las obras de a cinco y seis que en las de a cuatro. En tal caso conviene que con prudencia cada
uno elija la música que sus manos puedan tañer. No se pone esta señal en dúos, ni en obras de a
tres, pues éstas de por sí son fáciles, y música para principiantes. Y esta causa me movió a
ponerlas al principio de este libro para que por sus grados se vaya dando música en él, según la
habilidad y manos que cada uno tuviere; este orden en el prólogo se ha ya relatado, y adelante se
pondrá más por extenso.
En lo que toca al compás con que estas obras se han de tañer, sólo quiero decir, que cada uno se
debe conformar con la disposición de sus manos, y dificultad de la obra, pues el que las tuviere
con ellas se tiene la licencia para tañer con más libertad y destreza, cualquier obra, aunque tenga
dificultad. Y el que no tuviere tanta soltura de manos debe tañer con compás reposado, en
especial a los principios, hasta tener conocimiento de la obra que tañe por usar de limpieza en lo
que tañere, y guardar la verdad de la composición. Y al fin, así los que tienen manos como los que
carecen de ellas, me parece que en toda obra que tañeren, sea fácil o dificultosa, deben de elegir
el medio; quiero decir, que ni el compás vaya apresurado, ni muy despacio.
Así mismo es aviso, que en alguna composición, y fantasías, se baja la sexta un punto del tono en
que se suele templar. Esto se entiende en octava de la cuarta en vacío, con que se ha de entonar.
Es una buena manera de tañer, teniendo conocimiento de los términos, porque se goza de
algunos puntos en vacío, que es lo mejor que este instrumento tiene. Cuando se ofreciere tañer
las dichas obras o fantasías, ha de darse aviso al principio de ellas.
No pongo glosa todas las veces en las obras compuestas, porque no soy de opinión que con
glosas ni redobles se oscurezca la verdad de la composición, como vemos que algunos -
contentos con sola su opinión - las obras que muy buenos autores han compuesto con excelente
artificio y buen espíritu, puestas en sus manos las componen ellos de nuevo, cercándolas con no
sé qué redobles, ordenados a su voluntad. Digo que si no fuere ofreciéndose cláusula, o en
tiempo que la misma composición diere lugar, no se debe en otra manera defraudar la
composición con las semejantes glosas o redobles y como dicho tengo, por la causa que aquí
digo, yo no la pongo en las obras de este libro, salvo al clausular, o en los lugares que la
composición lo demanda, como en las mismas obras se verá.
También se señala la clave en la voz colorada que se ha de cantar, para que se tenga
conocimiento de la solfa que se ha de decir; no se pone más que en los motetes y obras
extranjeras, pues las fáciles y conocidas poca necesidad tienen de esta señal.

Del orden y fantasías que en este libro se ponen.


Declarado tengo como he podido, las señales y particularidades que se ponen en las obras
compuestas. Viniendo pues a tratar de las fantasías que en este libro se contienen, me será
forzado tornar a relatar algo de paso el orden que en él se contiene, puesto que en el prólogo se
haya dicho. Y es así que este libro se divide en seis partes:
En la primera me pareció poner dúos, y composiciones a tres, y con cada una de ellas una
fantasía mía a tres, del tono que es la composición, teniendo respeto a dos cosas: la una,
que ésta fuese música tan doméstica a principiantes, que la pudiesen tomar en lugar de
a.b.c.; la otra, que al que no le estuviese bien trabajar en las obras compuestas, hallase
fantasías con que satisfacer al oído, y ejercitar mejor las manos. Aunque en esto mi opinión
es, que cualquiera que quisiere aprender la música de veras, siempre se ejercite en
estudiar, y poner obras compuestas, pues de ellas se saca el verdadero fruto. Y si algún

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olor de composición tuviesen las fantasías que en este libro pongo, confieso ser la causa el
haber visto y puesto muchas obras de excelentes autores.
En la segunda se ponen motetes a cuatro, y con cada uno de ellos una fantasía mía, siguiendo
como dicho es el orden del tono de que es el motete que le precede. En las obras que en esta
segunda parte se contienen, hay mayor dificultad; pero el que con diligencia y buen estudio
trabajare en haber aprovechado en la primera parte, fácilmente podrá sujetar a su voluntad las
que se ponen en la segunda. En especial son de mucho provecho para desenvoltura de manos, y
para tañer música de buen aire, las fantasías que se contienen en esta segunda parte.
En la tercera se ponen motetes de a cinco y de a seis voces, música de muy excelente
composición y consonancia; podrán gozar de su grandeza los que fueren grandes en el estudio y
saber, y los que - con curiosidad disponiéndose a adquirir la gran excelencia y perfección de este
instrumento - quisieren coger el fruto de lo más alto de la palma.
En el cuarto libro se ponen obras de contrapunto sobre algunos cantos llanos, con algunas partes
de misas, fantasías muy provechosas para desenvoltura de manos, algunas hay fáciles para
aquellos que las buscan, las cuales se conocerán por la señal arriba ya dicha. También se ponen
Fabordones con otras cobras compuestas.
En la quinta parte se contienen, Strambotes, madrigales, Sonetos en lengua toscana y en la
nuestra, villanescas, y villancicos a tres y a cuatro, música por cierto digna de todo estudio, pues
no sólo aprovecha para el tañer galano y de buen aire, pero aún también para adquirir el
verdadero artificio de la composición, pues cualquier música extranjera trae consigo todo este
provecho. También se ponen algunos romances viejos por no incurrir en desgracia de los que son
amigos de este manjar.
En la sexta y última parte se ponen tres ensaladas, Iusta, Bomba, y Iubilate, con algunas fantasías
y obras compuestas, para vihuela de cinco órdenes, lo mismo para guitarra. No se le puede negar
el loor a estas obras, pues sin duda las dichas ensaladas tienen excelencia en la letra y
singularidad en la composición. Buen testigo será de esto el que trabajare de gustar con libertad
de este potaje. Las fantasías de un instrumento y del otro, creo son de provecho para los
aficionados a ellos - según que la experiencia se lo dirá - si de veras se ejercitaren en el estudio
de ellas. Otras fantasías y obras de contrapunto, con algunos avisos, y tientos para los ocho
tonos, se ponen en esta sexta parte, con las cuales y con un motete mío, compuesto en loor y
alabanza de nuestro Señor, acaba el libro, remitiendo lo demás a las tablas, que de las seis partes
del libro se ponen en su lugar.

De los redobles.
Tratado hemos de las composiciones y fantasías. Cosa razonable será venir a tratar de la tercera
cosa arriba ya dicha, que es lo que toca a los redobles y a tañer con limpieza, lo cual no es
menos necesario que todo lo demás. Viniendo pues al modo de los Redobles digo, que yo no hallo
más que tres maneras, que se suelen tañer en este instrumento de la vihuela. La primera es el
redoble que comúnmente llaman dedillo. La segunda de dos dedos, entiéndese el dedo pulgar y
su compañero. La tercera es con los dos dedos primeros de los cuatro, que son en la mano
derecha. En lo que toca al redoble que llaman dedillo, confieso ser fácil y agradable al oído, pero
no se le niegue imperfección pues una de las excelencias que este instrumento tiene, es el golpe
con que el dedo hiere la cuerda. Y puesto que en esta manera de redoble, el dedo cuando entra
hiere la cuerda con golpe, cuando sale no se puede negar el herir con la uña, y ésta es
imperfección, así por no ser el punto formado, como por no haber golpe entero ni verdadero. Y de
aquí es que los que redoblan con la uña hallarán facilidad en lo que hicieren, pero no perfección. Y
esto que aquí digo no es para condenar ninguna manera de tañer, pues yo tengo por muy bueno
lo que los sabios y avisados en la música ejercitaren, y aprobaren por tal. Sólo quiero decir que
hay bueno y mejor, y con esta intención trataré lo que se sigue. Y es así, que la segunda manera
de redoble que se dijo del dedo pulgar y su compañero, tengo por muy buena, porque
contiene en sí perfección, y ésta por estar las cuerdas mayores más cercanas al dedo pulgar,
debe de usarse en ellas, quiero decir en sexta, quinta, cuarta. Y también porque las cuerdas ya
dichas como sean más gruesas y de mayor cuerpo que las que se siguen, hay necesidad que el
redoble sea más entero, y con mayor fortaleza, puesto que el que con facilidad lo usare, en todas
las cuerdas se podrá aprovechar de él, como sabemos que lo hacen los extranjeros de nuestra

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nación. Viniendo a la tercera manera de redoble, que se hace con los dos dedos primeros
de los cuatro que son en la mano derecha, digo que esta manera de redoblar tiene tal
excelencia que oso decir que en ella sola consiste toda la perfección que en cualquier modo de
redoble puede haber, así en velocidad, como en limpieza, como en ser muy perfecto lo que con él
se tañe; pues como dicho es, tiene gran excelencia el herir la cuerda con golpe, sin que se
entremeta uña ni otra manera de invención, pues en sólo el dedo como en cosa viva consiste el
verdadero espíritu que hiriendo la cuerda se le suele dar. Quiera nuestro Señor que lo que aquí
digo en esta manera de redoble fuese de algún provecho para que algunos mediante verdadero
estudio quisiesen ejercitarlo, pues sin duda la experiencia los enseñará a entender y creer lo dicho
y mucho más. Y para que no parezca contestarle mi deseo - que es de que todos, si fuese posible,
se diesen a esta manera de redoble - con sólo el loor de él, quise poner aquí un solo aviso, para
que si algunos desearen tener alguna noticia de esta manera de redoble, con hacer lo que aquí
digo, tenga algún principio su deseo. Se ha de entender pues, que si dentro de un compás se
ofrece haber ocho corcheas, la primera se ha de tañer con el dedo segundo de los dos, que los
latinos llaman medius, y la segunda con el primero llamado index, y a la tercera ha de acudir el
que primero tañó; y en esta manera tañendo una figura un dedo y la otra el otro, por la orden ya
dicha se pueden tañer las ocho corcheas, y todas las que más quisieren. Pues lo que de este
redoble se ha de entender, es que han de herir los dos dedos por tal orden, que uno vaya en pos
del otro. Y digo que el que de veras lo ejercitare, así en redobles que suben, como en los que
descienden, podrá usarle, gozándose con su trabajo. Y esto oso testificar por el que a mí me
cuesta para haber de alcanzar alguna partecilla de él.

Del tañer con limpieza.


Además de esto digo, que una de las cosas que con gran estudio y cuidado en este instrumento
se debe procurar, es tañer con la mayor limpieza que fuere posible lo que en él se tañere. Y para
que en alguna manera esto se pueda adquirir, no dejaré de decir lo que el tiempo y la experiencia
me han enseñado, y para esto pongo los avisos que se siguen. Se ha de notar pues, que así en
composiciones como en fantasías, algunas veces se ofrecen consonancias de cuatro voces, entre
las que les queda alguna de las cuerdas en vacío; y si la dicha consonancia no es tocada con la
mano derecha con algún aviso o curiosidad, aquella cuerda que quedó en vacío hace disonancia
con las demás que están pisadas en sus puntos o cifras. Y esto no sólo es tañer sucio, pero aún
da gran desabrimiento al oído. Pongamos ejemplo. Ofrécese prima en vacío, segunda en el
segundo traste, tercera en el tercero, quinta en vacío; estas son cuatro voces que hacen perfecta
consonancia, pero queda aquella cuarta en vacío, que viene a ser tocándole séptima de la
segunda, que está en el segundo traste. Claro pues está, que si el que toca la consonancia ya
dicha con la mano derecha, va luego con el dedo pulgar a tocar en la cuarta, hará la disonancia
que he dicho. El remedio que para esto hay es fácil, para cualquiera que lo quisiere usar. Y es:
que siempre que esta consonancia u otra semejante se ofreciere, el dedo pulgar con que
hiere la quinta, al tiempo que da el golpe, se ha de quedar fijado en la cuarta, que dije estar
en vacío, de manera que su sonido no sea ocasión de desabrimiento. Y la misma
consonancia se ofrece tocando segunda en vacío, tercera y cuarta en segundo traste y sexta en
vacío; éstas son cuatro voces, y la quinta que queda en vacío, viene a estar en séptima de la
tercera en segundo traste. Digo que ofreciéndose semejante consonancia se ha de usar del aviso
ya dado: que el dedo pulgar que toca a la sexta, después de dado el golpe, ha de juntarse con la
quinta, de manera que las cuatro voces suenen con distinción, y limpieza, sin que la séptima ya
dicha les impida. Esto se entenderá en consonancias que suelen usar del tal remedio, como son
golpes de semibreves, o mínimas. Pues si son figuras que pasan con disminución, claro se verá
que no es mi intención tratar de las semejantes.
Así mismo se ha de tener por aviso que si se ofreciere esta consonancia, o su semejante (quinta
en segundo traste, cuarta y tercera en vacío, segunda en el tercero), este es golpe de mínima;
síguese dos de tecera, y vacío de segunda, que es otra mínima. En todo este compás no se ha de
quitar el dedo de la quinta, que suena en el segundo traste. Esto mismo se entenderá, sexta en el
segundo traste, cuarta en vacío, tercera en el tercero. La segunda mínima se toca: quinta en el
cuarto traste, no se ha de quitar el dedo de la sexta, ni el de la tercera, hasta venir a dar con el

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compás en la consonancia, que adelante se pone. Esto mismo se tendrá por aviso en los lugares
o semejantes consonancias, siempre que se ofreciere.
También conviene para tañer con limpieza, tener conocimiento de los puntos o trastes, que
son más convenientes a la mano izquierda, de manera que el tocarles en diferentes trastes,
o cuerdas, no sea ocasión de dejar la consonancia antes de tiempo. Ejemplo: Ofrécese quinta
en el tercer traste, tercera en el sexto, segunda en el quinto, prima en el tercero; pongamos caso
que tocándose esta consonancia que es golpe de mínima, el punto de la prima es sol, síguese
otra figura de mínima que es fa - la cual se podría tañer, prima en el primer traste - y en tal caso
cierto está, que la mano izquierda deja la consonancia fuera de tiempo, queriendo tocar la tal
figura en el traste ya dicho, donde se sigue faltar en el sonido de la consonancia, y no tañer con
limpieza ni perfección. Se ha pues de tener por aviso que el fa que dije tocarse en la prima en el
primer traste se ha de tañer en la segunda en el sexto. Y en esta manera no se muda la mano, ni
aparta de los puntos en que está puesta, por todo un compás, hasta que proceda adelante con lo
que se sigue. Querer tratar de todas las consonancias en que se deben de guardar los avisos ya
dados, paréceme seria prolijidad; baste que con lo ya dicho el que sabiamente lo quisiere
entender, podrá considerar lo que en esto dejo de decir.

De los tonos.
Así mismo se cosa útil y muy provechosa, tener en alguna manera noticia de los tonos o términos
que en este instrumento se suelen tañer. Y para que esto se pueda mejor entender, poca
necesidad habrá de decir aquí cómo en la música hay ocho tonos, y cómo fenecen en cuatro
signos, pues esto es notorio ya a todos. Así mismo que el tono sea perfecto, o pluscuamperfecto,
mixto o irregular. Digo que hace muy poco a nuestro propósito, pues ya en los lugares que esto
conviene tratarse, bastantemente está escrito por sabios y muy doctos varones. Sólo quiero decir,
que en este instrumento no hay término acepto ni señalado para ninguno de los ocho tonos, pues
a causa de ser él tan perfecto, por cualquier parte se puede tañer perfectamente cualquiera de
ellos, pues todo va en poner el traste en el punto que quisieren. Verdad sea, que en los términos
hay unos más fáciles que otros. Y los que tienen más dificultad, puédense llamar accidentales, por
sólo el ser difíciles & inusitados, pero no porque en un término haya más perfección que en otro,
pues en este instrumento, como dicho es, en todo lugar se halla perfección, para cualquier cosa
que en él se tañere. Y porque dije arriba que convenía en alguna manera tener noticia de los
tonos, quiero declarar en esto más mi intención, pues no sin causa dije, que en alguna manera se
ha de tener este conocimiento. Porque el que perfectamente y del todo ha de entender cualquiera
de los ocho tonos, y usar de ellos en este instrumento con verdadera libertad y buen espíritu, muy
de veras conviene que aprenda la música si no la sabe; quiero decir, canto de órgano,
contrapunto, y aún entender la composición, pues sin duda faltando este verdadero fundamento,
no podrá tratar con verdad ni perfección, como dicho es, ninguno de los ocho tonos. Pues la
música ciencia es, y tal que su verdadero artificio no sólo consiste en buen sentido, sino en el
verdadero estudio que para entenderla conviene que se tenga. Y el que para esto alegare tener
buen natural, o delicado ingenio, dará la gloria a Dios nuestro Señor que se lo dio, y tenga por
cierto que tiene andada buena parte de la jornada; pero todavía digo que esto solo no basta para
entender el verdadero artificio de esta ciencia, salvo si no fuere empleado este tal ingenio en el
estudio de ella. Y porque entendí que para tener alguna noticia de los tonos los que de esto
carecen, y de las cláusulas que en ellos se contienen, convenía mostrarlo en el instrumento a los
que no lo entienden en el libro, me pareció cosa razonable poner al fin de este libro ocho tientos,
dentro de cada uno de los cuales se incluyen las cláusulas naturales y accidentales que en cada
uno de los ocho tonos ordinariamente se suelen usar. Tuve por provechoso este documento,
porque el que quisiere tañer una obra compuesta, o fantasía del primer tono, o de cualquiera de
los ocho, haciendo principio con un tiento de estos, podrá ir entrando en el tono sin dar
desabrimiento al oído, como vemos que se recibe cuando de un instante se pasa de un tono a
otro. La composición de estos tientos es de consonancias y no más, porque como dicho tengo, mi
intención es que se reconozcan los términos del tono, usando de las cláusulas que en él hay.

Al lector.
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Como los entendimientos y gustos de los hombres, prudente lector, sean tantos y tan diversos, no
debe causar admiración que así lo sean sus juicios. Y porque sé que cumpliéndose en este
nuestro libro la ley que en todos los ha de haber juzgando cada uno lo que en él se pone,
conforme a lo que le dicta su entendimiento, quise responder a todos con las menos palabras que
pudiese, pidiendo principalmente se tenga cuenta con mi intención, mediante la cual, y el deseo
que he tenido de aprovechar a los que virtuosamente se quisieren ejercitar en esta arte, digo que
me movía a escribir lo que supe, y a enseñar lo que aprendí, y al fin comunicar aquello que la
suma bondad de Dios y mi continuo estudio me dio. Y el que cristianamente considerare lo que
aquí digo, no pasando en silencio la grandeza del cuidado y trabajo que de mi parte se habrá
puesto para sacar a luz semejante obra, como yo carezca de ella desde los primeros días de mi
niñez, bien cierto soy que si condenare algo de lo que en el libro se contiene, no reprobará en
cosa alguna mi voluntad, como ésta haya deseado acertar tanto, que en todo satisficiese a la de
todos. Pero si por ventura fuere tan buena mi suerte, que en galardón de mi trabajo, los movidos
con entrañas de caridad hallaren en este libro algo que sea digno de loor, yo ruego a los tales que
por ello den la gloria a nuestro Señor Dios, de cuya mano todo don perfecto es dado. Y si como
dicho es, se hallare lo contrario, de tal manera que sea digno de reprensión, se me podrá atribuir a
mí como hombre mortal y sujeto a miseria. Y porque me conozco por tal, estoy presto para la
enmienda, cuando con justicia se me pidiere; la cual pidiéndoseme, cumpliré en los días que Dios
fuere servido darme de vida, pues mediante tenerla, se imprime y escribe lo que aquí digo.
Renombre en la música o lugar en ella, cristiano lector, yo no pido otro, salvo aquél con que
nuestro Dios y Señor sea más servido, y el que los buenos y sabios en ella me quisieren dar, al
cual sea dada gloria y alabanza para siempre sin fin. Amen.

Transcripción y adaptación: Ana Paula Segurola – Gabriel Schebor


Negritas y cursivas: Gabriel Schebor
Preparado para el curso de Historia de la técnica instrumental 1 – EUM 2010

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