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El Misterio de la Asunción de María

El documento resume el misterio católico de la Asunción de María al cielo en cuerpo y alma. Explica que mientras Cristo ascendió por su propio poder divino, María fue elevada por Dios ya que no era divina. También describe cómo la Virgen María continúa ayudando a los hombres desde el cielo y cómo su Asunción está fundamentada en las Escrituras y ha sido definida como dogma por la Iglesia.

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El Misterio de la Asunción de María

El documento resume el misterio católico de la Asunción de María al cielo en cuerpo y alma. Explica que mientras Cristo ascendió por su propio poder divino, María fue elevada por Dios ya que no era divina. También describe cómo la Virgen María continúa ayudando a los hombres desde el cielo y cómo su Asunción está fundamentada en las Escrituras y ha sido definida como dogma por la Iglesia.

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María elevada al 

Cielo
 

            No es lo mismo Asunción que Ascensión. Así hablamos de la


Asunción de María, mientras que de Cristo decimos que ascendió. ¿Por qué
esta diferencia? Pues sencillamente porque la Virgen no es Dios, sino que
tuvo que ser elevada por Dios: es el misterio de la Asunción de María al cielo.
En cambio, Jesucristo sí subió por su propio poder como verdadero Dios que
es, ante la mirada sorprendida de los Apóstoles[1]. Ahí tienes las palabras
ascenso y ascensor, que tienen la misma raíz que el término ascensión,
indicando elevación o subida. 

            Sabemos que la Virgen María ha sido elevada al cielo, precisamente


para socorrer mejor a la tierra y ayudar a los hombres. Así lo enseña
claramente el Concilio Vaticano II: “Con su Asunción a los cielos, María no
abandonó su misión salvadora, sino que continúa procurándonos con su
múltiple intercesión los dones de la salvación eterna. Con su amor de Madre
cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y viven entre
angustias y peligros hasta que lleguen a la patria feliz. Por eso la Santísima
Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora,
Socorro, Mediadora…”[2].  

            El Catecismo de la Iglesia Católica resume así el misterio de la


Asunción de Nuestra Señora: “La Virgen María, cumplido el curso de su vida
terrena, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo, en donde Ella
participa ya en la gloria de la Resurrección de su Hijo, anticipando la
resurrección de todos los miembros de su Cuerpo”[3].

            El Papa Pío XII definió como dogma de fe esta gran verdad revelada


por Dios: “Para gozo y júbilo de toda la Iglesia… proclamamos, declaramos y
definimos que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, al
terminar el recorrido de su vida en la tierra, fue asunta (elevada) en cuerpo y
alma a la gloria del cielo”[4]. 

            Bellamente lo explica el mismo papa: “Aquella que concibió a Cristo,


que lo dio a luz, que lo alimentó con su leche, que lo tuvo en sus brazos y lo
abrazó con todo el amor de su corazón… no pudo haberse separado de Él
después de esta vida…”[5].
            Se comprende que la Virgen, por haber estado totalmente unida a
Cristo junto a la Cruz, como dice el Evangelio[6], unida estrechamente a la
Pasión de Cristo, esté ahora también unida a su Hijo en la victoria sobre la
muerte. Con toda razón, la Inmaculada no conoció la corrupción del sepulcro.
Realmente María está ahora viva con todo su ser completo.  

            Verdaderamente “convenía que Aquella que había conservado


siempre intacta su virginidad, conservara su cuerpo libre de la corrupción”,
como explica con bella elocuencia el más ilustre transmisor de esta
verdad San Juan Damasceno, ya en el siglo VIII.

            Aunque la letra de la Escritura no hable explícitamente de la


Asunción de la Virgen, pero esta verdad tiene su fundamento último en la
Biblia. Sobre todo, porque la Asunción es la consecuencia lógica y normal de
la plena unión de María a Cristo. Unión física viviendo Jesús 9 meses en el
seno de la Virgen y 30 años con su Madre en la vida oculta de Nazaret. Y
unión espiritual, participando María en la obra redentora de Cristo hasta la
Cruz. Por esto, María ha merecido participar también en el triunfo de Cristo
resucitado.

            Pero veamos ahora algunas referencias en los siguientes pasajes de


la Biblia:

            -Génesis 3, 15: “establezco hostilidades entre ti y la Mujer” La nueva


Eva está totalmente unida al nuevo Adán aplastando la cabeza del mal. Es el
triunfo de la Inmaculada.

            -Salmo 44 (45): La alegría de la corte del Reino que aclama: “ya entra
la Princesa, bellísima” Por eso, “de pie a tu derecha está la Reina” El texto del
salmo se le aplica a María Reina, que entra triunfal en el palacio del cielo y se
sienta a la derecha del divino Rey…

            -Éxodo 25, 10-22 y Salmo 132, 8: “el Arca de la Alianza”. Los santos


padres, los teólogos y los oradores sagrados ven en el Arca de la Alianza,
hecha de material incorruptible y colocada en el templo del Señor, una
imagen del cuerpo purísimo de la Virgen María que no conoció la corrupción
del sepulcro y fue elevada a la gloria del cielo.

            -Cantar de los Cantares 2, 14; 4, 7; 6, 10; 8, 5: “¿quién es ésta que


sube del desierto reclinada sobre su Amado? ¿Quién es ésta que
va  subiendo cual aurora naciente, como el alba, bella como la luna, brillante
como el sol, fuerte, terrible como un ejército formado en batalla?”  “Levántate,
amada mía, preciosa mía, ven a mí, Paloma mía, que anidas en las grietas de
la roca”, “toda hermosa eres, amada mía, y no hay defecto en ti… me has
robado el corazón con una sola mirada de tus ojos… Eres huerto cerrado,
fuente sellada”. Aplicado muchas veces por el Pueblo de Dios en sus cánticos
y poesías a la Inmaculada: “toda hermosa eres, María, y no hay mancha en
ti”.       

            -Apocalipsis 12, 1; 10: “una gran señal, una figura portentosa en el


cielo: una Mujer vestida de Sol, la luna bajo sus pies, coronada con 12
estrellas… Y se oyó un gran voz potente en el cielo: ya llega la victoria, el
poder y el reino de nuestro Dios y el mando de su Mesías” (el Mesías es
Cristo Jesús). Y prosigue el Apocalipsis 12, 17: “irritado el dragón por su
fracaso con la mujer, se fue a hacer la guerra al resto de la descendencia (de
la Mujer), a los que observan los mandamientos de Dios y dan testimonio de
Jesús”. Nosotros somos “el resto de la descendencia de la Mujer”, los hijos de
Dios y de María.  

            En esta lucha contra las fuerzas del mal y en medio de los mayores
dolores, sufrimientos y persecuciones pongamos toda nuestra confianza en
Dios y en María, nuestra Madre. La victoria es de
Jesucristo. Gran  confianza tengo yo en ti, Madre y Señora; mi Esperanza
está en ti, hora tras hora.

            El Cardenal González Martín comentaba así este misterio de la


Asunción: “Toda la vida real de María, la que vivió aquí en la tierra entre
nosotros, ha entrado ya en la consumación del cielo que todos nosotros
esperamos alcanzar por la misericordia de Dios”[7].

            Saquemos por tanto las consecuencias lógicas de esta verdad de la


Asunción. Puesto que la Virgen está toda entera viva en cuerpo y alma, ella
tiene ahora sus ojos vivos y despiertos para mirar a la tierra y volver hacia
nosotros “esos ojos misericordiosos”. Los ojos de María son del color de la
misericordia. Y tiene María sus oídos vivos y abiertos para escucharte cuando
la invocas y la rezas. Y tiene también su Corazón vivo, latiendo ahora mismo
de amor por ti. María tiene corazón y te ama a ti con todo el amor infinito de
su Corazón de Madre de Dios.

            Fíjate que por dos veces habla el evangelio de san Lucas acerca


del Corazón de María. Después de llegar los pastores al pesebre de Belén,
dice el santo Evangelio, “y María conservaba todas estas cosas,
meditándolas en su Corazón”[8]. Y cuando vuelven a Nazaret, como resumen
de su vida oculta, en la que Jesús iba creciendo en sabiduría, estatura y
gracia… y “su Madre conservaba todo esto en su Corazón”[9]. Luego el
Corazón de María es un tesoro donde se guardan para ti los misterios de la
vida de Cristo.

            Es muy interesante leer todo lo que el Concilio Vaticano II enseñó


acerca de la bienaventurada Virgen María, todo el capítulo VIII de la
constitución Lumen Gentium. Habla varias veces del Corazón de María, por
ejemplo:

-“María abrazó la voluntad salvadora de Dios con todo su Corazón”[10];


-“una espada atravesó el Corazón de la Madre…”[11];
-“la Virgen estuvo de pie junto a la Cruz de Jesús, sufrió intensamente con su
Hijo y se unió a su sacrificio con todo su Corazón maternal, llena de
amor…”[12].

            Además, María es modelo y tipo de la madre Iglesia. Por eso, a Ella


podemos aplicar en primer lugar estas bellas palabras del Concilio: “Los
gozos y las esperanzas, las tristezas y angustias de los hombres de
nuestro tiempo, especialmente de los pobres y afligidos, son también gozo y
esperanza, tristeza y angustia de los discípulos de Cristo, y no hay nada
verdaderamente humano que no tenga resonancia en su corazón… Se siente
verdadera e íntimamente solidaria del género humano y de su historia”[13].

            Es decir, todo lo bueno y lo malo que a ti, querido lector, hermano o
hermana, te pasa en tu vida, tiene resonancia en el Corazón de tu Madre. Por
eso, tu conducta y comportamiento, tus obras buenas o malas, y tus penas y
alegrías, le llegan al alma de tu Madre pues no eres indiferente para Ella.

            Y todo a imitación de Jesucristo que “desde su Encarnación se ha


unido con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con
inteligencia de hombre, actuó con voluntad de hombre…y amó con corazón
de hombre”. Literalmente dice el Concilio: “Cristo amó con corazón
humano”[14], “en todo semejante a nosotros, menos en el pecado”[15].

            Al meditar este misterio de la Asunción y entrada de María al cielo


podemos poner esta comparación: si Juan el Bautista saltó de alegría en el
vientre de su madre, como narra san Lucas[16], al presentir la presencia de la
Madre del Señor… cuánto más se llenaron de alegría el Corazón de Jesús y
también el Corazón de San José, al recibir a la Virgen en el cielo. San José
ha sido el hombre más feliz de la tierra por vivir junto a Jesús y María, y lo es
ahora también eternamente en el cielo.   
            Para ser realistas, hay que darse cuenta de lo que supone la
Asunción: la diferencia con otros santos. Por ejemplo, el cuerpo de San
Francisco lo tenemos en Asís, y sólo su alma está viva; su cuerpo no, hasta
que llegue la resurrección final. Ahí tienes también a Santa Gema Galgani,
cuya reliquia de Italia llegó a España y se venera en el Santuario Santa
Gema de Madrid, y cuyo corazón no volverá a latir hasta el fin del mundo. No
sucede lo mismo con el Corazón de María. Éste sí que está ahora vivo,
palpitando. Por eso, evidentemente, no existe ninguna reliquia de la Virgen,
porque está toda entera en el cielo.

            Por eso, la devoción al Corazón Inmaculado de María tiene su


fundamento en esta verdad tan cierta y segura, en este dogma de fe de la
Asunción de María en cuerpo y alma. Recuerda siempre lo que escribió Santa
Lucía de Fátima: “Dios quiere establecer en el mundo la devoción al
Corazón Inmaculado de María”.

            Pero como somos pobres y débiles, necesitamos la ayuda del Señor.


“Sin Mí no podéis hacer nada”, dijo Jesús[17]. Por eso, como predicaba el
valiente mártir San Maximiliano María Kolbe: “quiero amar a Jesús con el
Corazón de María y amar a María con el Corazón de Jesús”. 

            Qué bueno es beber de las fuentes de “la Palabra de Dios que


es viva y eficaz”[18]. Por eso, leamos lo que está escrito acerca de las
palabras que dijo María. Seguro que sabes de memoria las 7 palabras de
Jesús en la Cruz, recogidas por Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Pues
recordemos ahora brevemente las 7 palabras de María, que los evangelios
recogen, dichas por la Virgen que fue siempre muy discreta y prudente. Es lo
que sabemos seguro que dijo María durante su vida hasta su partida o
Asunción.

            1º) “¿Cómo será eso, pues no conozco varón?”[19]. La Virgen


sabe que sucederá, no lo duda; sólo pregunta el modo[20].

            2º) “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu


palabra”[21]. María acepta totalmente la voluntad de Dios. Es el Fiat de
María.

            3º) “Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque ha mirado la


pequeñez de su esclava”[22]. Es el Magníficat de María que pronunció
después de saludar a Isabel[23] y recibir de ésta grandes alabanzas[24].
            4º) “Darás a luz un Hijo y le llamarás Jesús”[25].  Así la Virgen dio a
luz a su Hijo y le puso por nombre Jesús, le llamó Jesús. Es el nombre que la
Virgen lleva más grabado en su Corazón, y que repitió tantas veces con
inmenso cariño, llamándole Jesús.

            5º) “Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te
buscábamos angustiados”[26]. Lógicamente también le decía Hijo, al
hablar con Jesús. Aquí la Virgen manifiesta su dolor ante la pérdida de su
Hijo en el Templo de Jerusalén.

            6º) “No tienen vino”[27]. Es la petición de María a Jesús por todos


nosotros, lo que pide y desea para nosotros: el vino nuevo del amor, el vino
nuevo del evangelio.

            7º) “Haced todo lo que Él os diga”[28]. Es la última palabra de


María, el último consejo de nuestra Madre; es el buen consejo de María para
el mundo entero: “haced lo que os diga Jesús”.

María, experta en la unión y la alianza

            La Virgen María es experta en unir lo divino y lo humano, el cielo y


la tierra. Así el Verbo se hizo carne en su seno virginal. En las entrañas
purísimas de María se han unido la naturaleza divina y la naturaleza humana:
Jesús, Dios y hombre verdadero. En María se han abrazado la divinidad y la
humanidad. Ésta es la dinámica de la Encarnación: Dios hecho hombre. Y
cuántas aplicaciones tiene para toda tu vida cristiana, evitando dos posibles
extremos: ni sólo lo divino, ni sólo lo humano. Así, por ejemplo, en el Corazón
de María están perfectamente unidas la gracia de Dios y la libertad humana.
La Virgen colabora libremente al plan divino de la salvación. El Creador y la
criatura.

            Qué importante es  tener una visión equilibrada y completa de la


realidad, no parcializada ni radicalizada, reduciéndolo todo a uno solo de los
dos extremos. Y así en muchos otros campos: la fe y la razón, la religión y la
ciencia, la teología y la filosofía, la escritura y la tradición, la Biblia y el
Magisterio de la Iglesia, la fe y las obras de caridad, lo espiritual y lo corporal,
el alma y el cuerpo, el espíritu y la norma, la oración y el trabajo... Es propio
del buen espíritu unir dos cosas buenas. Unidad necesaria para no caer, por
ejemplo, ni el idealismo ni en el materialismo.

            En el orden del ser humano hay que valorar al hombre y a la mujer.
Ya ves que en todo este artículo presentamos totalmente unidos a Jesús y
María, a Dios y los santos, a Cristo y la Iglesia, precisamente porque la ha
fundado Cristo y quiere contar con ella. Ya comprendes que lo equivocado es
oponer y enfrentar dos realidades queridas por Dios. En definitiva, se trata de
descubrir las dos dimensiones de tu vida: la vertical y la horizontal, que
forman una cruz, la Cruz de Cristo, con los dos palos vertical y horizontal, que
representan también el amor a Dios y el amor al prójimo.

            Pero en esta armonía entre lo natural y lo sobre-natural, no puede


tener cabida el odio, la mentira, la hipocresía, el engaño, y toda clase
de maldad, es decir, todo lo anti-natural, que, por supuesto, Dios no ha
creado ni ha querido para el hombre, porque le destruye y le corrompe. Por
eso, decían los santos, siempre misericordiosos: “no al pecado, pero sí al
pecador”. Lo que no puede haber pacto es entre el bien y el mal, que viene
del maligno.    

            Esta unión entre el cielo y la tierra, que no con el infierno, la explica la


gente sencilla de la calle con esta expresión tan razonable: “tener los pies en
la tierra, en el suelo, y el corazón en el cielo”.

            Por eso, cuánto bien te hace imitar a María, llamada con razón


Nuestra Señora del Equilibrio, la Virgen de la Paz:

Mira a tu Madre del cielo,


qué buena es y qué bella;
mientras pises este suelo,
sea tu constante anhelo
parecerte siempre a Ella.

            Os dejo un decálogo de 10 consecuencias lógicas de la Asunción de


la Virgen María en cuerpo y alma al cielo, como principal experta en la unión
y la alianza:

1º María Santísima tiene sus ojos vivos para mirarnos y cuidarnos con “ojos
misericordiosos”, como rezamos en la Salve;
2º La Virgen tiene sus oídos abiertos para escuchar nuestras penas y
alegrías, nuestros "gozos y esperanzas, tristezas y angustias"[29];
3º La Asunta al Cielo tiene su boca viva para interceder y rogar por nosotros
ante la Santísima Trinidad;
4º La Virgen de nuestro Amparo tiene su cabeza despierta para pensar en
nosotros, y ampararnos siempre;
5º María, madre de la humanidad, tiene su corazón vivo, latiendo de amor,
para amarnos a todos con amor misericordioso;
6º La siempre Virgen María tiene su lengua viva para aconsejarnos como en
el evangelio, diciéndonos: “Haced lo que Jesús os diga”[30], o como nos
habla en Lourdes, Fátima o Guadalupe;
7º María Auxiliadora tiene sus manos abiertas para ayudarnos con su
perpetuo socorro, y llenarnos de paz, esperanza y alegría;
8º La Madre de Dios tiene sus labios puros para besar a su divino Hijo, al
Corazón de Jesús resucitado, que es nuestro Señor, Salvador y Redentor;
9º La purísima María tiene sus pies firmes y fuertes para aplastar de un solo
golpe a la serpiente del mal;
10º Nuestra madre del cielo, la Reina del universo, tiene sus brazos abiertos
para abrazarnos a todos como a niños, grabados en su alma bendita por los
siglos de los siglos.

María y la Eucaristía

            María te lleva al Corazón de Cristo. María te lleva a la eucaristía.

            Y María te lleva también al prójimo, al amor fraterno, a la caridad: pero


eso lo veremos al final del libro, en la conclusión, como compromiso real y
concreto para nuestra vida.

            Ahora nos fijamos brevemente en la relación profunda entre la Cristo


en la eucaristía y la Virgen bendita. Así lo explicaba con mucha claridad
el Papa Juan Pablo II en su preciosa carta Ecclesia de Eucharistia. María
nos guía al Santísimo Sacramento. Fíjate, amad@ herman@, que en todas
las Misas, la Iglesia tiene presente explícitamente a la Virgen, Madre de Dios.
En efecto, María “estaba junto a la Cruz de Jesús”[31] y está ahora también
presente junto a cada altar de la eucaristía, donde Cristo se ofrece por todos.

            Los hombres y mujeres deseamos una vida plena que nos satisfaga.
Nos aflige ver el dolor del mundo y la situación de los más desfavorecidos.
Muchas veces la humanidad busca la felicidad por falsos caminos que dejan
a la persona insatisfecha y triste…

            La eucaristía sí responde a los deseos más profundos que el ser


humano lleva inscritos en su corazón. La eucaristía te llena de Amor, el amor
de Dios en tu alma que tiene sed de Dios. En la Santa Misa, por el poder del
Espíritu de Cristo Resucitado, el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y
Sangre de nuestro Señor Jesucristo, presente en cada Sagrada Comunión.

            El Corazón de Cristo, recordaba el papa, late vivo en la eucaristía que


da la vida al mundo. La fuerza y el consuelo del Señor están a tu alcance en
la eucaristía, en cada sagrario de una Iglesia. Puedes leer despacio el
capítulo 6 del evangelio de san Juan, que recalca la realidad de este
alimento del Pan de la Vida. También los textos de los evangelios de Mateo,
Marcos y Lucas en el relato de la Última Cena. Y el de san Pablo en su
Carta a los Corintios, que es muy importante[32]. 

            Es muy necesaria para la limpieza de tu alma y para recibir


dignamente al Señor en la Comunión, confesarte bien acercándote al
sacerdote en el Sacramento de la Reconciliación y de la Penitencia.
También para animarte a esta purificación de tu corazón, es experta la Virgen
Purísima que te ayuda y pide por ti a Jesús.

            Si no lo estás haciendo ya, ¿te gustaría ofrecer a tu Madre asistir a


la eucaristía con más fe y alegría cada día, especialmente los domingos,
que es  el Día del Señor? María te acompañe y te prepare el alma para
unirte cada vez más al Corazón de Jesús, resucitado, vivo, sacramentado,
que te espera, te quiere y te ama de verdad.

            El Pueblo de Dios tiene perfectamente unidos el amor a la eucaristía y


el amor mariano. Qué bellamente cantan los cristianos esta fe ante la
Custodia del Señor: “¡Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar y la
Virgen concebida sin pecado original!”.

            Si quieres, estimad@ herman@, le aplico a la Virgen María este breve


poema de amor, como dicho por el Espíritu Santo a su amada y bellísima
esposa: “esposa, preciosa, eres más hermosa y graciosa que las rosas de
Navahermosa”.

            Para tu curiosidad, puedes investigar en internet la belleza del pueblo


de Navahermosa (España), en medio de los Montes de Toledo, así como la
bondad, calidad humana y hospitalidad de los habitantes de este pueblo, que
tienen por patrona y protectora a Santa María del Rosario.

            A propósito de la poesía, te hago una pregunta: ¿Te gustan, quizás,


las rimas del famoso poeta, mi tocayo Gustavo Adolfo Bécquer?  

            Pues bien, yo también te ofrezco unos versos, que dedico a María, la


Reina del cielo y de la tierra:

María, preciosa blancura,


de Dios criatura,
de hermosa figura,
profunda hondura,
y elegante finura;
María, del cielo hechura,
y de la tierra hermosura,
de santa frescura,
y sabia soltura.
Te cantan el arte
y la sabia escritura,
la bella pintura,
la fuerte escultura
y miles de iglesias
de la arquitectura;
la entera cultura.
Nada de blanduras,
ni muchas dulzuras,
la fe de armadura:
pasaste las noches oscuras.
Tú eres, María,
cariño y ternura,
fortaleza segura,
nuestra Madre de luz siempre pura.
En fin, ten piedad de este cura
que tu gloria procura
y amor te asegura. Amén.

            La Virgen es la Reina de cielos y tierra, como afirma Juan en el


Apocalipsis, al contemplar a la “Mujer vestida de sol, la luna bajo sus
pies, coronada con 12 estrellas”[33]. Es la Madre del Rey del Universo, con
toda la fuerza que la Biblia, ya en el Antiguo Testamento, otorgaba a la
“Reina-Madre”. Pero como muy bien dice la doctora de la Iglesia, Santa
Teresa de Lisieux, “María es Reina, sí, pero es más Madre que Reina”. Es
nuestra abogada y defensora.

            Es curioso que a lo largo de toda la Antigua Alianza, la misión de


María haya sido preparada por la misión de algunas mujeres como la reina
Esther, bella historia narrada en el libro hebreo de Esther. Contra toda
expectativa humana, Dios escoge lo que era tenido por impotente y débil,
para mostrar la fidelidad a su promesa. Ahí tienes los interesantes ejemplos
de Ana, la madre de Samuel, Débora, Rut, Noemí, Susana, Judit y, como
hemos dicho, la Reina Ester, además de otras muchas mujeres de la Biblia.
            Presentemos ahora solamente la figura hermosa de Judit, que tiene
muchos parecidos a la Virgen María, que aplastó la cabeza del mal:

            En momentos de gran crisis y peligro, Judit se enfrentó al prepotente


agresor, convirtiéndose en mediadora decisiva de la salvación de Dios. Así
Judit se presentó sin miedo ante el injusto opresor, el general Holofernes, jefe
de un inmenso ejército, compendio de todos los enemigos de Israel. Judit se
introduce en la tienda de Holofernes que está ebrio de poder y soberbia, le
corta la cabeza y retorna victoriosa e intacta:

-Holofernes representa el orgullo altivo y la prepotencia enemiga;


-Judit representa la confianza en Dios, que bendice a los débiles e
indefensos.

            La liberación final no es producto de milagros o acciones maravillosas,


sino que se obtiene a través de la astucia y la audacia de una mujer que
pide a Dios la fuerza y decisión que necesita para salvar a su gente. Todo
acaba en alegría y alabanzas a Dios y a Judit.

            Así la bendicen todos en Israel: “Hija, que te bendiga el Dios Altísimo


entre todas las mujeres de la tierra. Bendito sea el Señor nuestro Dios que
creó el cielo y la tierra y te guió para que golpearas la cabeza del jefe de
nuestros enemigos. Cuantos recuerden esta hazaña de Dios, jamás perderán
la esperanza que tú inspiras… Tú has remediado nuestra ruina, actuando así
rectamente ante Dios”[34].            

            Y todos la felicitaban a una voz diciendo: “tú eres la Gloria de


Jerusalén, tú la alegría de Israel, tú el honor de nuestro pueblo. Tú sola has
hecho todo esto. Has hecho un gran bien a Israel y Dios se ha complacido en
ello. Que el Señor todopoderoso te bendiga por siempre… Gloria al Señor
nuestro Dios que se sirvió de una mujer con la belleza de su rostro para
rechazar al enemigo”[35]. 

            Y así Judit trajo la paz a Israel y alejó todos los temores y miedos.

            Y yo pregunto al acabar este relato: esta profecía de mujer ¿de quién
mejor es figura que de la Inmaculada Virgen María? Dios que la inspiró,
anticipaba así la victoria que nos traería María dándonos a Jesús.

            El libro resalta la belleza de esta mujer imagen de María: “el pueblo
quedó cautivado por su belleza”[36]. Todo esto nos recuerda otras muchas
alabanzas de la Sagrada Escritura: “ya entra la Princesa bellísima, prendado
está el Rey de tu belleza”[37]. Otras traducciones del hebreo dicen:
“esplendorosa, hermosa”. Lo que en castellano sencillo sería “preciosa, linda,
graciosa, bonita, guapísima”. Todo es poco para plasmar la belleza de la
Reina del cielo. Todo artista, pintor y poeta, se queda corto ante esta obra
maravillosa de Dios.

            Así lo indicó el Papa Pablo VI en el Congreso Mariológico


Internacional de 1975: “María es la criatura toda hermosa; es el espejo sin
mancha; es el ideal supremo de perfección que en todo momento han
intentado reproducir los artistas en sus obras; es la mujer vestida de sol, en la
que los rayos purísimos de la belleza humana se encuentran con los
sobrehumanos, pero accesibles, de la belleza sobrenatural. María es la
llena de gracia, rodeada por el Espíritu Santo… Es realmente un gozo para el
mundo, es una obra maestra de Dios, el Autor mismo de la belleza”.

            Vamos a terminar este capítulo de la Asunción de la Virgen con esta


bella y sencilla oración que aprendí de unos buenos amigos de México y que
se reza mucho en Hispanoamérica; vale igual para nosotros y para todo el
mundo.

Dulce Madre, no te alejes,


tu vista de mí no apartes,
ven conmigo a todas partes
y solo nunca me dejes.
Ya que me protejes tanto
como verdadera Madre
haz que me bendiga el Padre,
el Hijo y el Espíritu Santo.

Gustavo Johansson 
sacerdote diocesano 
Director espiritual de Mercabá 

_______

[1] cf. Hechos de los Apóstoles 1, 3-11.

[2] cf. Vaticano II, Lumen Gentium, n. 62.

[3] cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 974.


[4] cf. Denzinger, Enchiridion Symbolorum, n. 3903.

[5] cf. F.I.C, n. 421.

[6] cf. Juan 19, 25.

[7] cf. Card. González Martín, Homilías, 15 agosto 1990.

[8] cf. Lucas 2, 19.

[9] cf. Lucas 2, 51-52.

[10] cf. Vaticano II, Lumen Gentium, n. 56.

[11] cf. Vaticano II, op.cit, n. 57.

[12] cf. Ibid, n. 58.

[13] cf. Vaticano II, Gaudium et Spes, n. 1.

[14] cf. Vaticano II, op.cit, n. 22.

[15] cf. Hebreos 4, 15.

[16] cf. Lucas 1, 41. 44.

[17] cf. Juan 15, 5.

[18] cf. Hebreos 4, 12.

[19] cf. Lucas 1, 34.

[20] Ésta es la traducción literal, exacta: “será”, en futuro. Así lo escribió san


Lucas en griego: pos estai tuto. María sí cree al Ángel, sí cree en el poder de
Dios. Ella no ha dicho ¿cómo va a ser posible eso? sino “cómo será eso”, que
es distinto. María no ha dudado como otros.

La prueba es que Isabel, movida por el Espíritu Santo, la felicita en


cuanto llega, diciéndole “feliz tú que has creído”, o mejor, “dichosa la que
creyó que tendrán cumplimiento las cosas que le han sido dichas de parte del
Señor” (cf. Lucas 1, 45).

[21] cf. Lucas 1, 38.
[22] cf. Lucas 1, 47-55.

[23] cf. Lucas 1, 40.

[24] cf. Lucas 1, 42-45.

[25] cf. Lucas 1, 31.

[26] cf. Lucas 2, 48.

[27] cf. Juan 2,  3.

[28] cf. Juan 2, 5.

[29] cf. Vaticano II, Gaudium et Spes, n. 1.

[30] cf. Juan 2, 5.

[31] cf. Juan 19, 25.

[32] cf. 1 Corintios 11, 23-29.

[33] cf. Apocalipsis 12, 1.

[34] cf. Judit 13, 18-20.

[35] cf. Judit 15, 9-10. 5-6.

[36] cf. Judit 10, 7.

[37] cf. Salmo 44, 12-14.

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