República Bolivariana de Venezuela
Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria
Universidad Nacional Experimental “Simón Rodríguez”
Núcleo la Grita – Estado Táchira
lesiones medulares
y
craneoencefálicas
Participante:
Yennifer Contreras C.I: 27.227.616
Fisioterapia. Tramo III Trayecto II
Junio – 2023
INTRODUCCIÓN
Definimos lesión medular como el resultado de una agresión de la médula espinal que
produce una alteración, de forma temporal o permanente, en las funciones motoras,
sensitivas y/o autónomas de un individuo. A menudo se trata de lesiones con consecuencias
funcionales, psíquicas, sociales y económicas muy importantes, sobre todo en aquellos
casos en que son irreversibles, la incidencia se sitúa cerca de 20 nuevos casos por cada
millón de habitantes/año, siendo la causa más frecuente la traumática, y dentro de ella, los
accidentes de tráfico (sobre todo en menores de 40 años). Otras causas menos frecuentes
incluyen las alteraciones vasculares, degenerativas, las lesiones de origen tumoral, la
iatrogenia y las alteraciones del desarrollo. Cerca del 55% de lesiones medulares ocurren a
nivel cervical. La lesión medular es una afectación en la médula espinal, que forma parte
del Sistema Nervioso Central y constituye la vía principal por la que el cerebro recibe
información del resto del organismo y envía las órdenes que regulan los movimientos. Es
un cordón nervioso que, protegido por la columna vertebral, se extiende desde la base del
cerebro hasta la región lumbar. Los nervios raquídeos aparecen a lo largo de la columna
vertebral y, según la región de la que emergen, se denominan: cervicales, torácicos,
lumbares o sacros. Cuando se produce una lesión medular esta conexión nerviosa se ve
interrumpida o alterada. Los traumatismos de cráneo o craneoencefálicos son las lesiones
físicas producidas sobre el tejido cerebral que alteran de forma temporal o permanente la
función cerebral. El diagnóstico se sospecha por la clínica y se confirma con estudios
radiológicos (sobre todo, TC). El tratamiento inicial consiste en el apoyo respiratorio, la
oxigenación y el control de la presión arterial. A veces, suele ser necesaria la cirugía en
pacientes con lesiones más graves para colocar monitores de seguimiento y tratar la
elevación de la presión intracraneana, descomprimir el cerebro si la presión intracraneana
aumenta o eliminar hematomas intracraneanos. En los primeros días después de la lesión, el
mantenimiento de la perfusión cerebral y la oxigenación adecuada y la prevención de las
complicaciones del sensorio son importantes. Luego, muchos pacientes requieren
rehabilitación.
LESIONES MEDULARES
La lesión medular puede producir parálisis de la movilidad voluntaria y ausencia de toda
sensibilidad por debajo de la zona afectada, falta de control sobre los esfínteres, trastornos
en el campo de la sexualidad y la fertilidad, alteraciones del Sistema Nervioso Vegetativo y
riesgo de sufrir otras complicaciones (úlceras de decúbito, espasticidad, procesos renales,
etc.). Puede ser consecuencia de un traumatismo (accidente laboral, deportivo, fortuito, de
tráfico, etc.), una enfermedad (tumoral, infecciosa, vascular, etc.) o de origen congénito
(espina bífida).
La gravedad y el pronóstico va a depender fundamentalmente del nivel de la lesión y del
grado
El grado lesional distingue las lesiones completas de las incompletas. Una lesión completa
implica que toda la información está interrumpida y no hay sensibilidad ni movilidad por
debajo del nivel de la lesión. En las lesiones incompletas, algunas vías nerviosas han
quedado indemnes o sólo parcialmente dañadas, por lo que pueden transmitir algo de
información. Cuantas más vías queden indemnes o se recuperen, más control del cuerpo por
debajo de la lesión y mejor pronóstico funcional. Si no hay ninguna movilidad hablamos de
tetraplejia o paraplejia, y si hay alguna movilidad, lo definimos como tetraparesia o
paraparesia.
El nivel lesional se refiere a la altura a la que están dañadas las vías nerviosas. A grandes
rasgos dividimos la médula espinal en los segmentos cervical, torácico, lumbar y sacro. Las
alteraciones clínicas aparecen por debajo de la lesión, por lo que cuanto más alto sea el
lugar de la lesión, más partes del cuerpo se verán afectadas. Un daño a nivel de la médula
cervical ocasionará una tetraparesia/tetraplejia. Si afecta a un segmento torácico, los brazos
y parte del tronco quedarán preservados y la lesión se definirá como una
paraparesia/paraplejia.
FISIOPATOLOGÍA
La fisiopatología de la lesión medular es compleja ya que el mecanismo de lesión se
produce en dos fases. El daño primario es aquel que tiene lugar en el momento del
traumatismo y las primeras horas, y se debe fundamentalmente a la acción directa de éste.
La lesión inmediata afecta las células nerviosas, axones y vasos sanguíneos en el mismo
nivel del traumatismo fruto de la contusión y la presión ejercida sobre la médula por el
hueso, los ligamentos y los discos intervertebrales afectados. En esta fase se producen
fenómenos hemorrágicos, isquémicos e inflamatorios que se extienden rápidamente hacia
áreas contiguas. Al mismo tiempo se producen alteraciones a nivel sistémico, por
afectación del sistema nervioso autonómico, caracterizadas por hipotensión y bradicardia
que contribuyen a empeorar el daño medular por hipoperfusión, y que constituyen la fase
secundaria. Tras las primeras horas se inicia un proceso de necrosis que será seguido, al
cabo de las semanas, de una degeneración cística de la médula. Después de esta fase se
desarrolla un tejido cicatricial que se extiende por los tractos axonales causando la
disrupción en la continuidad de las vías de conducción. La extensión tanto del daño tisular
inicial como de la lesión tardía están directamente relacionadas con la severidad del agente
lesivo inicial. El tratamiento médico y quirúrgico que realicemos tendrán como objetivo
minimizar en la medida de lo posible la lesión secundaria, protegiendo al tejido sano que
quedó tras la aparición de la lesión primaria.
CLASIFICACIÓN
El nivel neurológico de la lesión se define como el segmento más caudal con función
motora o sensitiva preservada. Atendiendo al grado de afectación, distinguiremos las
lesiones completas y las lesiones incompletas.
El síndrome medular completo corresponde a la pérdida total de las funciones sensitivas y
motoras a partir del nivel lesional. En la fase aguda, o de shock medular, este cuadro se
caracteriza por parálisis flácida con arreflexia, anestesia y analgesia completa. Las
funciones vesicales e intestinales, así como el reflejo bulbo cavernoso y los reflejos
plantares desaparecen. La duración de esta primera fase es de aproximadamente 48 horas,
siendo imposible predecir su recuperación. Hablaremos de shock neurogénico cuando el
paciente presenta una pérdida del tono simpático manifestando hipotensión y bradicardia.
En la fase tardía persiste la parálisis y la anestesia, pero aparece hiperreflexia, hipertonía y
las funciones intestinales empiezan a funcionar de forma autónoma. El retorno de la
función se hace de caudal a proximal. Los primeros reflejos que aparecen son el bulbo
cavernoso y los plantares. La parálisis pasa a ser espástica cuando aumenta el tono por
debajo del nivel lesional.
Los síndromes medulares incompletos son aquellos en los que se conservan parcialmente
las funciones sensitivas o motoras:
• Síndrome centromedular (Sdr. Schneider): Paraparesia de predominio en extremidades
superiores sin alteración de la sensibilidad sacra. Frecuente en ancianos con estenosis de
canal preexistente.
• Síndrome de hemisección medular (Sdr. BrownSequard): Pérdida motora y propioceptiva
ipsilateral, termoalgésica contralateral y anestesia en cinturón. Buen pronóstico en el 90%
de los casos. Se considera, dentro de los síndromes medulares incompletos, el de mejor
pronóstico para la recuperación de la función motora y esfinteriana.
• Síndrome medular anterior: parálisis bilateral y anestesia termoalgésica con
propiocepción conservada. Al contrario que el tipo anterior, se considera el de peor
pronóstico motor (10-20% de pacientes recuperan la función motora).
• Síndrome de cono medular y cauda equina: disfunción vesical e intestinal con parálisis
flácida deextremidades inferiores. Se preservan reflejos sacros.
SÍNTOMAS DE LAS LESIONES MEDULARES
Las personas suelen sentir dolor en la parte afectada del cuello o de la espalda cuando la
columna está lesionada. El área sobre la lesión puede ser sensible al tacto, sobre todo si hay
una fractura. Los nervios situados en el lugar de la lesión y por debajo de esta funcionan de
forma inadecuada cuando la médula espinal está lesionada, lo que causa pérdida de control
muscular y de sensibilidad. Sin embargo, los niños pueden tener lesiones de la médula
espinal en la que los nervios solo funcionan de forma inadecuada temporalmente y de
forma breve. Pueden tener dolores en forma de relámpagos que atraviesan los brazos o las
piernas.
La cantidad exacta de funcionalidad perdida en los brazos y las piernas y su extensión
dependen de la ubicación de la lesión de la médula espinal. Por ejemplo, si la médula
espinal se lesiona a la altura del cuello, la persona afectada puede perder movilidad y
sensibilidad tanto en los brazos como en las piernas, mientras que una lesión ubicada más
abajo puede provocar una disfunción solo en las piernas. Una persona puede perder el
control de la capacidad de orinar o defecar y perder la funcionalidad sexual, con
independencia de la ubicación de la lesión de la médula espinal. Cuando el nervio se ve
afectado, la pérdida de control muscular o de sensibilidad es temporal o permanente, parcial
o total, dependiendo de la gravedad de la lesión. Una lesión que secciona la médula espinal
o destruye las vías nerviosas en la médula espinal causa parálisis permanente, aunque un
traumatismo cerrado que sacude la médula espinal causa pérdida temporal y puede durar
días, semanas o meses. Algunas veces la hinchazón provoca síntomas que sugieren una
lesión más grave de lo que realmente es, pero los síntomas suelen mejorar a medida que la
hinchazón disminuye.
La pérdida parcial de control muscular da lugar a debilidad muscular. La parálisis suele
corresponder a una pérdida completa. Cuando los músculos están paralizados, a menudo
claudican (se vuelven flácidos), perdiendo su tono. Cuando se examinan los reflejos
musculares con un martillo de reflejos, estos son débiles o inexistentes. Pero cuando se
lesiona la médula espinal, la parálisis puede evolucionar semanas después y producir
espasmos musculares involuntarios prolongados (lo que se denomina parálisis espástica).
En este caso, los reflejos musculares son más fuertes de lo normal.
DIAGNÓSTICO DE LAS LESIONES MEDULARES
Pruebas de diagnóstico por la imagen
Las personas que tienen síntomas de lesión de la columna (como dolor significativo en los
huesos del cuello o de la espalda) y los niños que tienen incluso síntomas leves de posible
daño nervioso o dolores que se extienden hacia los brazos o las piernas, deben ser
evaluados en un servicio de [Link] lesiones en la columna vertebral (que afectan los
huesos) y la médula espinal se diagnostican mediante pruebas de diagnóstico por la imagen.
Radiografías: después de una lesión, suele realizarse una radiografía. Las radiografías
pueden realizarse de inmediato, por lo general, mientras la persona se encuentra todavía en
urgencias. Las radiografías pueden mostrar lesiones vertebrales, pero no las lesiones de la
médula espinal.
Tomografía computarizada (TC): tanto si se realiza o no una radiografía, la TC se realiza
después de una lesión de columna. La TC es la prueba más precisa de las lesiones de la
columna vertebral y puede mostrar la mayoría de las lesiones óseas.
Resonancia magnética nuclear (RMN): la RMN es la mejor prueba para las lesiones de la
médula espinal y los ligamentos de la columna vertebral. Sin embargo, la TC se realiza
generalmente antes de la RMN, ya que se obtiene con más rapidez y la RMN no muestra
lesiones óseas con tanto detalle como lo hace la TC.
Aunque la RMN es la técnica más adecuada para evaluar la médula espinal y los
ligamentos de la columna vertebral, en algunas ocasiones no es posible debido a los
dispositivos implantados, como los marcapasos. En estos casos, se puede realizar una
mielografía por TC. La mielografía por TC es una tomografía computarizada (TC) que se
realiza después de que el médico inyecte un medio de contraste radiopaco en el espacio que
rodea la médula espinal. La mielografía por TC puede mostrar estructuras desplazadas que
impactan sobre la médula espinal.
Tratamiento de las lesiones medulares
Inmovilización
Cirugía para estabilizar la columna en caso necesario
Rehabilitación
Las personas que tienen una lesión de la médula espinal no deben ser movilizadas, excepto
por el personal de urgencias. Los objetivos iniciales son asegurar que las personas puedan
respirar y evitar daños posteriores. Por tanto, el personal de urgencias tiene mucho cuidado
a la hora de inmovilizar el cuello cuando se mueve a una persona con una posible lesión de
médula espinal. Habitualmente, se sujeta a la persona en un tablero rígido y almohadillado
cuidadosamente para evitar sus movimientos. Se usa un collarín rígido para impedir el
movimiento del cuello. Cuando la columna vertebral está gravemente dañada, las vértebras
no se mantienen en su lugar o están rotas, lo que hace que la columna esté inestable. Por
ello, incluso un ligero movimiento causa un desplazamiento de la columna vertebral y
comprime la médula espinal. La compresión de la médula incrementa el riesgo de parálisis
permanente.
La cirugía es necesaria para extirpar sangre y fragmentos de hueso si se han acumulado y
presionan la médula espinal. Si la columna vertebral está inestable, las personas se
inmovilizan hasta que el hueso y los otros tejidos hayan tenido tiempo de sanar. Algunas
veces el cirujano implanta barras de acero para estabilizar la columna e impedir su
movimiento y no causar lesiones adicionales. El mejor momento para realizar la cirugía es
discutible. La cirugía de la médula espinal la llevan a cabo neurocirujanos o cirujanos
ortopédicos.
El tratamiento farmacológico es beneficioso.
Calmantes (analgésicos): si la lesión causa dolor, se administran analgésicos. Durante las
primeras horas y días se suelen utilizar opiáceos. Los analgésicos más suaves, como el
paracetamol (acetaminofeno) o el ibuprofeno, pueden utilizarse posteriormente.
Relajantes musculares: si se produce una parálisis espástica, se usan relajantes musculares
como el baclofeno o la tizanidina.
El buen cuidado de enfermería puede ayudar a prevenir las complicaciones debidas al
reposo en cama, tales como las úlceras por presión, las infecciones del tracto urinario, la
formación de coágulos de sangre en las piernas y la neumonía.
Se están estudiando tratamientos experimentales para estimular el crecimiento de los
nervios espinales. Por ejemplo, se extrae cierto tipo de glóbulos blancos (macrófagos) de la
sangre para inyectarlos, posteriormente, en la espalda de la persona que presenta la lesión
medular. Los macrófagos inyectados ayudan a acelerar la eliminación de productos de
desecho generados por la reacción del cuerpo a la lesión y secretan sustancias que pueden
ayudar a que los nervios se regeneren. Determinados fármacos aún en experimentación se
inyectan en el espacio que rodea la médula espinal (epiduralmente) o se toman por vía oral.
El uso de células madre (células no especializadas a partir del cual se pueden derivar otras
células más especializadas) es otra posibilidad, pero este tratamiento requiere mucho más
estudio. Los investigadores también están estudiando el uso de diversas técnicas quirúrgicas
para aliviar la presión que se acumula en el saco que rodea la médula espinal después de
una lesión.
La rehabilitación multidisciplinar especializada es imprescindible en los casos de lesión
medular. La médula espinal, al igual que el cerebro, muestra capacidad de recuperación y
regeneración, conocido como capacidad plástica. Dicho proceso comienza desde el
momento en el que se produce la lesión y se realiza, por parte de un equipo de diferentes
profesionales, una evaluación exhaustiva de las necesidades, posibilidades de mejora y
posibles complicaciones. Las más frecuentes suelen ser de tipo respiratorio, circulatorio,
intestinales, de vejiga, en la función sexual y reproductiva y la aparición de dolor
neurógeno. A nivel muscular se puede dar espasticidad o aumento patológico del tono
muscular, que impide la movilización normal de las articulaciones; o flacidez o
disminución del tono muscular en el que la musculatura está blanda y no presenta ningún
tipo de resistencia a la movilización. Esto se da en la musculatura que queda por debajo de
la lesión y el grado depende de cómo sea ésta. En este punto, la fisioterapia se centra en
evitar complicaciones de tipo respiratorio y circulatorio y la aparición de zonas de presión y
del manteniendo de la musculatura mediante movilizaciones pasivas y cambios posturales
que se realizan en la cama. Una vez pasada la fase aguda y haya una consolidación de la
lesión, comienza el proceso de rehabilitación, donde se evalúa el alcance real y las
posibilidades de tratamiento.
La fisioterapia, como parte del equipo de rehabilitación, utiliza diferentes técnicas de
intervención:
Tratamiento postural: cuyo objetivo tratar de evitar o reducir al máximo posible las
complicaciones por malas posturas en la cama o en la silla.
Cinesiterapia: realización de movilizaciones que pueden ser pasivas, el fisioterapeuta
realiza el movimiento las articulaciones afectadas; pasivo-asistidas en las que existe
colaboración del paciente en el movimiento; y activas donde el paciente realiza por sí
mismo el movimiento. El objetivo es evitar la aparición de rigideces o deformidades en la
musculatura y articulaciones afectadas y aumentar la fuerza y la resistencia en las que no lo
estén. También se realizan diferentes ejercicios y técnicas en los que se busca una
reeducación o mejora de ciertos aspectos como el equilibrio, el control postural, la
bipedestación, la marcha, las trasferencias y la independencia funcional.
Hidroterapia: la inmersión en el agua produce una relajación y disminución del tono de la
musculatura que, unido a la flotación, hacen posible la realización de ciertos ejercicios que
fuera del agua no lo son. Además, la temperatura del agua juega un papel fundamental.
Nuevas tecnologías: como cintas de marcha con suspensión parcial del peso corporal, en
las que se realiza una reeducación de la marcha, generando la activación de patrones de
marcha a nivel central. En muchos casos sin este tipo de ayudas, la reeducación de la
marcha sería muy complicada o imposible.
A todo esto, se unen las intervenciones del resto de profesionales, imprescindibles en este
ámbito, como el logopeda en caso de lesiones muy elevadas, el terapeuta ocupacional para
la recuperación de la independencia en actividades de la vida diaria, el psicólogo para la
gestión de emociones y la ayuda familiar, etc. Cada profesional debe aportar su experiencia
y saber para que el paciente alcance la máxima funcionalidad y calidad de vida.
LESIONES CRANEOENCEFALICAS
Un traumatismo craneoencefálico es una lesión física producida sobre el tejido cerebral que
altera la función cerebral, temporalmente o permanentemente, dependiendo del tipo de
traumatismo. Este traumatismo, que afecta al cerebro, puede producir una disminución del
nivel de conciencia y puede alterar las habilidades cognitivas, físicas y emocionales de la
persona.
Existen dos tipos de traumatismo craneoencefálico. Por un lado, los traumatismos leves que
pueden producir breves alteraciones del estado mental o de la conciencia. Y por otro lado,
los traumatismos graves, que pueden llegar a generar pérdida del conocimiento, problemas
de razonamiento y comportamiento durante un periodo de tiempo más prolongado.
Pronóstico de la enfermedad
Las personas que padecen un traumatismo craneoencefálico pueden sufrir complicaciones a
corto o a largo plazo, en función de la gravedad y de la localización de la lesión, así como
de la edad y del estado de salud del paciente.
Estas complicaciones pueden afectar a la razón, la vista, el habla, la vista, el equilibrio o las
emociones, entre otras habilidades. Generalmente, la mayoría de los pacientes que sufren
un traumatismo craneoencefálico pierden el conocimiento durante un periodo de tiempo
breve. Posteriormente, los síntomas varían en función del tipo de traumatismo.
Cuando el traumatismo craneoencefálico es leve, se incluyen los siguientes síntomas:
El dolor de cabeza
Vista borrosa
Confusión o amnesia
Cambios de comportamiento
En cambio, los traumatismos craneoencefálicos moderados y graves pueden producir otro
tipo de síntomas como los siguientes:
Náuseas y vómito
Debilidad en los brazos y las piernas
Dificultad de razonamiento
Dificultades para hablar correctamente
Pruebas médicas para un traumatismo craneoencefálico
Para diagnosticar un traumatismo craneoencefálico, generalmente, la prueba médica
principal consiste en un examen neurológico que incluye las siguientes pruebas:
Evaluación del razonamiento
Evaluación de la función motora, es decir, del movimiento
Evaluación de la función sensorial
Evaluación de la coordinación y los reflejos
En algunas ocasiones, también se realizan pruebas complementarias como una tomografía
computarizada o una resonancia magnética que, aunque no diagnostican el traumatismo
craneoencefálico, pueden ayudar a descartar una lesión potencialmente mortal. En la
mayoría de los casos, el traumatismo craneoencefálico tiene su origen en un golpe, un
impacto o un fuerte choque contra la cabeza, generando una lesión penetrante en el cráneo
que interrumpe el funcionamiento habitual del cerebro. Generalmente, estos impactos en el
cráneo se producen a causa de accidentes de tráfico, caídas, lesiones deportivas, atropellos,
agresiones y accidentes laborales o domésticos, entre otras causas.
Aun así, no todos los golpes en la cabeza producen un traumatismo craneoencefálico. Y en
cualquier caso, estos traumatismos pueden ser leves o graves.
Tratamientos para un traumatismo craneoencefálico
El tratamiento para un traumatismo craneoencefálico siempre depende de la gravedad de la
lesión. Cuando se trata de una lesión leve, el tratamiento que requiere el traumatismo
consiste en hacer reposo y tomar algunos medicamentos para aliviar y tratar el dolor de
cabeza. Aun así, el paciente con un traumatismo craneoencefálico leve debe someterse a
controles periódicos para evitar que la lesión empeore. En el caso de los casos moderados o
graves, es fundamental la atención de urgencia para garantizar la estabilidad del paciente y
evitar otras lesiones adicionales. En algunos casos, puede ser necesaria una cirugía para
minimizar el daño en los tejidos cerebrales. La cirugía puede ser necesaria para solucionar
hematomas, reparar fracturas del cráneo o detener el sangrado en el cerebro. Tras sufrir una
lesión cerebral, las personas tendrán que hacer rehabilitación para volver a realizar las
actividades diarias.
Rehabilitación
Cuando persisten las deficiencias neurológicas, se requiere rehabilitación. Es mejor que la
rehabilitación después de una lesión encefálica sea proporcionada a través de un equipo
inter-multidisciplinario que combine la fisioterapia, la terapia ocupacional y cognitiva, la
logoterapia, las actividades que desarrollen las habilidades, y el asesoramiento para
satisfacer las necesidades emocionales y sociales del paciente. Grupos de apoyo para a
lesionados cerebrales pueden proporcionar ayuda a los familiares de estos pacientes.
El 50% de los pacientes cuyo coma excede las 24 h presentan secuelas neurológicas
persistentes graves y suelen requerir un período de rehabilitación prolongado, sobre todo en
aspectos cognitivos y emocionales. Es necesario planificar pronto el servicio de
rehabilitación.
CONCLUSIONES
La médula espinal es el canal que conecta el cerebro con las diferentes partes del cuerpo y
por el que este recibe la información sensorial (tacto, dolor, temperatura, postura) desde la
piel y los diferentes sistemas corporales (circulatorio, respiratorio, musculoesquelético…);
y envía información motora a través de las raíces nerviosas y nervios que salen de ella y
que forman el Sistema Nervioso Periférico (SNP), que también es responsable de controlar
funciones involuntarias del cuerpo (respiración, flujo sanguíneo, digestión) y producir las
respuestas motoras reflejas.
Los síntomas de las lesiones medulares dependerán del nivel en el que se ha producido la
lesión y esta puede darse en la columna cervical, donde se pierde el movimiento y las
sensaciones de las 4 extremidades, a lo que se le llama tetraplejia, y se afectan funciones
básicas como la respiración; en la columna dorsal, donde se suele mantener las funciones
de los brazos y se ve afectada la movilidad y la sensibilidad de las piernas, lo que se
denomina como paraplejia; en la zona lumbar, que son las menos complejas y las que
producen menos complicaciones, se puede caminar con ayudas técnicas y mantienen la
independencia funcional. Estos síntomas también varían dependiendo de si la lesión es
completa, donde se verá afectada la parte motora y la sensitiva por completo por debajo de
la lesión; o parcial, que, dependiendo de las fibras nerviosas dañadas, afectará a la
sensibilidad o al movimiento en mayor o menor medida.