TRABAJO DE LEGÍTIMA DEFENSA FINAL - Tería Del Delito
TRABAJO DE LEGÍTIMA DEFENSA FINAL - Tería Del Delito
FACULTAD DE DERECHO
DE PORRES
UNIDAD DE POSGRADO
LEGÍTIMA DEFENSA
PRESENTADO POR:
DOCENTE
LIMA – PERÚ
2023
1
2
INDICE
INTRODUCCIÓN 3
I Fundamento de la legítima defensa 5
3
INTRODUCCIÓN
El objeto principal del presente trabajo es brindar una base mínima y amplia de los
aspectos más importantes de la legitima defensa y sus variantes, siendo está concebida
dentro del ámbito jurídico, y esto es fundamental, no solo como precepto, norma o
eximente de responsabilidad penal dentro del Código Penal, sino también como
Derecho constitucional, la cual se encuentra amparada en el inciso 23 del artículo 2 de
la Constitución.
Nuestro punto de partida será fijar la atención en la legítima defensa en sí, esto es, cómo
se configura esta causa de justificación y cómo se fundamenta este precepto permisivo
dentro de la teoría del delito, finalmente pasando por la nueva forma de fundamentar
esta causa de justificación por Günther Jakobs; quien a la vez, como se expone líneas
abajo, propone una manera completamente distinta de concebir la teoría del delito, opta
por un sistema cerrado, un sistema que pretende configurarse de manera científica,
evitando que lo influyan matizaciones político-criminales, lo que será para efectos de
este punto, materia de confrontación con nuestra propia forma de entender la dogmática
de la teoría del delito, esto es, considerar el sistema penal efectivamente permeable a la
penetración de consideraciones político-criminales, porque su naturaleza así lo exige si
queremos considerar la variante que implica convivir en sociedad y todas sus constantes
incidencias sociales, "mutaciones” que se presentan en una sociedad dinámica en donde
los riesgos con causalidades complejas forman parte del caso y de las condiciones en las
que se resuelve este.
4
ámbito, también se configura esta causa de justificación.
De igual manera, por ejemplo, brindaremos un acercamiento a diferentes críticas que
pueden llegar a surgir frente a los requisitos de la legítima defensa, esto son: la
racionalidad del medio empleado y la falta de provocación suficiente de quien hace la
defensa, en donde, en principio, ambas se tienen que llegar a configurar; de lo contrario,
se hablaría de una eximente incompleta, y en tanto ello, de una disminución de la pena
(según da cuenta la consecuencia del exceso y de cara a una disminución del tipo de
injusto).
5
I Fundamento de la legítima defensa
En relación con las teorías monistas se señala que estas "(.) pretenden reducir todas las
causas de justificación a un principio único agrega JAKOBS que las causas de
justificación son motivos bien fundados, dado que el contenido de las causas de
justificación completas-paralelamente al contenido de las normas concretas cabe
extraerlo teniendo en cuenta el respectivo estado de la sociedad concreta. Además,
cierto es que las causas de justificación no se agotan a las aludidas en el Código Penal.
La teoría del fin (teoría monista), según explican COBO DEL ROSAL y VIVES
ANTON, "(...) la realización de una acción típica no es antijurídica si representa el
medio justo para alcanzar un fin justo, en atención al concreto ordenamiento jurídico
estatal.
Los mismos autores afirman seguidamente que el principal reproche del que es objeto
esta teoría consiste en que "(…) la generalidad del principio adoptado es tanta que viene
a constituir una regla sin contenido y, en consecuencia, sin apenas utilidad teórica ni
práctica. Lo que constata que esta teoría está formulada con conceptos vagos e
indeterminados, puesto que no se identifica a qué se refiere con el término "justo", la
pregunta indicada sería quién es el sujeto que determina lo que es un fin o un medio
justo.
6
Teoría que, a la vez, es rechazada por gran mayoría de la doctrina puesto que en la
realidad no funciona para todas las causas de justificación salvo en el estado de
necesidad, sin embargo, en el consentimiento (causa de justificación) muchas veces
realmente no se toma en cuenta cuál es el bien jurídico mayor, sino más bien lo que hay
es una ponderación interna del sujeto, lo que se deja a su mero criterio, por ejemplo: una
persona que ha sufrido un accidente y necesita urgentemente una transfusión de sangre,
si esta se niega a recibirlo por motivos de religión, por ejemplo, nadie puede obligarla a
recibir esta transfusión sin su consentimiento. En este ejemplo lo que se estaría
salvaguardando, como es evidente, es la libertad de religión, y se estaría lesionando el
bien jurídico penal vida. Con este ejemplo evidentemente la teoría de la Ponderación de
intereses como fundamento de todas las causas de justificación encuentra su punto de
quiebre.
7
significa que el sujeto que se defiende de una agresión ilegítima no sólo está
protegiendo sus bienes jurídicos sino además está impidiendo se afecte al ordenamiento
jurídico.
I.I Principio de protección
Se debe entender este principio como afirma MIGUEL ÁNGEL IGLESIAS RIO: "Se
reconoce la existencia de un derecho innato, atemporal y universal, enraizado en la
propia naturaleza humana que impulsa al hombre, guiado por un instinto primario de
auto conservación a reaccionar ante una agresión".
El sujeto está proclive a encontrarse con situaciones de peligro generadas por otros
hombres, peligro que puede atentar o pretender vulnerar su integridad y que no tiene por
qué aguantar, y es por nuestra propia naturaleza que ante semejantes amenazas vamos a
reaccionar con determinada conducta, atribuible de cada ser humano que se despliega
por la propia conservación.
Esta inclinación natural hacia la propia conservación que tiene cada ser humano no
puede ser indiferente ante los ojos del ordenamiento jurídico, toda vez que este existe
con la finalidad de plantearle al sujeto una sociedad en donde este se puede desarrollar
integra y adecuadamente, es por esto que el ordenamiento jurídico recoge a la legítima
defensa como Derecho Constitucional en su artículo 2, inciso 23.
Por este principio se entiende que cuando un sujeto es objeto de una agresión ilegítima
por parte de otro, este primero no solo está ejerciendo de un derecho legítimo que le
pertenece como ser humano apuntando a su propia conservación, sino que a la vez está
protegiendo y manteniendo el sistema jurídico, es decir el derecho, en pautas generales.
Se está ejerciendo por lo tanto no solo una defensa que por derecho propio le es
indelegable a cualquier sujeto si este es agredido ilegítimamente; sino se está
protegiendo al mismo tiempo al ordenamiento jurídico en la medida que no permite que
se trasgreda la norma.
8
Así pues, en palabras coloquiales, es el derecho que en sí le brinda al individuo las
armas necesarias para que impida que se rompa el ordenamiento con un
comportamiento que en prima facie atenta contra bienes sociales.
Por otro lado, es importante acotar que el sujeto víctima de una agresión ilegítima ejerce
una función paralela al de los operadores de justicia cuando ellos no están presentes, es
por esto que no es posible ejercer legítima defensa contra un sujeto que obra
antijurídicamente si es que hay órganos policiales presentes, por ejemplo a no ser que el
caso concreto señale otra dirección en la actuación del sujeto y quienes por su propia
competencia pueden ejercer el cumplimiento de un deber que es efectivamente una
causa de atipicidad.
Otro argumento que sería bueno tener presente dentro de este punto es que este
principio de protección al ordenamiento jurídico está vinculado directamente con la
posición preventiva general, más específicamente, con la prevención general positiva en
la medida de que como nos ilustra IGLESIAS RÌOS:
El fundamento histórico en que se basa esta causa de justificación tiene una doble
dimensión: Por una parte, subjetivo fundamental (la protección individual) y, por otra
parte, colectivo, de origen germánico y de defensa del orden jurídico (prevalecimiento
del Derecho). En virtud del primero, que se halla en referencia a la persona, se
comprende que la acción típica será necesaria para impedir o repeler una agresión
antijurídica a un bien jurídico individual; mientras que, con relación al segundo
principio, el cual se corresponde con un fin de prevención general, el ejercicio de la
citada institución pondrá de manifiesto que no se vulnera el ordenamiento jurídico2.
9
Según el profesor JAKOBS, quien defiende las posturas de las teorías pluralistas, la
clasificación de las causas de justificación se puede reducir a tres grupos, entre los
cuales la legítima defensa se encuentra en el Principio de Responsabilidad:
10
b) Necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla. Se excluye para la
valoración de este requisito el criterio de proporcionalidad de medios, considerándose en su
lugar, entre otras circunstancias, la intensidad y peligrosidad de la agresión, la forma de
proceder del agresor y los medios de que se disponga para la defensa.
c) Falta de provocación suficiente de quien hace la defensa;
(…)
Además, el legislador ha optado por no hacer distinción alguna entre el presupuesto, que
es el que habilita a actuar en legítima defensa como ya lo hemos mencionado, y los
requisitos, que son los modos o condiciones de actuación ante esta causa de
justificación, lo que nos permite discrepar con tal concepción debido a que no
consideramos que la agresión ilegítima tenga el mismo tratamiento o lo lleven al mismo
nivel que la racionalidad del medio empleado o la falta de provocación suficiente de
quien hace la defensa.
Una exposición metodológica más ordenada propondría que toda parte objetiva de las
causas de justificación debería presentar dos partes, puesto que si concurre el
presupuesto pero falta alguno de los requisitos, se puede afirmar que se llevó a cabo una
legítima defensa imperfecta, pero si por el contrario no se hizo presente el presupuesto,
que es la agresión ilegítima, no se podría analizar luego los requisitos, toda vez que no
se ha configurado el elemento que permitiría habilitar la legítima defensa. Lo que deja
colegir que, de no presentarse el presupuesto, no se configura de ninguna manera la
legítima defensa; el error en el presupuesto de la causa de justificación amerita un
tratamiento diferenciado.
11
propinando una serie de golpes a quien usurpó su posición en la relación, puesto que
dicha agresión no supone una agresión ilegítima como exige la configuración del
presupuesto de la legitima defensa.
Como punto de precisión, debe mencionarse que las eximentes que libran de
responsabilidad penal, esto es, las causas de justificación, que se encuentran
consignadas dentro del Código Penal en numeras clausus en nada limitan ni agotan su
número ni las clases de causas de justificación; en esta línea y concordando con el
profesor ROXIN (también JAKOBS): "Las causas de justificación son tan numerosas y
proceden de campos del derecho tan diversos que en una exposición de las teorías
generales del Derecho penal es totalmente imposible tratarlas todas.
12
cualquier tipo de bien o aquellos delegados a la esfera personal, sino solo aquellos
protegidos por el ordenamiento y que son penalmente relevantes, esto es, protegidos por
nuestra Constitución.
Es cierto que la legítima defensa también sirve para el prevalecimiento del derecho, es
decir, para la protección de la comunidad, pero esto únicamente se puede hacer
simultáneamente si se protege un bien jurídico individual. Así, no solo podemos
ejercitar legítima defensa ante la agresión de nuestra propia vida, sino a la posible
agresión de nuestro honor, intimidad, propiedad, etc.
Siguiendo con el objetivo de este punto, dentro de nuestra concepción las causas de
justificación tienen elementos tanto objetivos como subjetivos, y la doctrina señala que
no solo se analiza la conducta que se desprende al observar al individuo, sino que
también la disposición interna que tiene este al momento de realizarla.
La agresión no es sólo un obrar activo (comisión) sino que también puede darse por
omisión propia. Ejemplo: el médico que omite prestar auxilio inmediato a un herido a
quien encuentra en una carretera (omisión propia; artículo 127, Código penal), puede ser
obligado a que preste auxilio. También creemos que la agresión puede ser una omisión
impropia. Para poder asumir la existencia de una agresión por omisión impropia es
preciso que el sujeto se encuentre en una posición de garantía. Ejemplo: el sujeto que
intencionalmente omite llamar o detener a su perro que ataca (posición de garante). Por
el contrario, «el tercero que se encontrara en situación de intervenir o incluso pudiera
estar obligado a hacerlo, no incurre en agresión por omisión3.
La agresión debe ser actual, inminente, real, dolosa o culposa -algunos autores sólo
aceptan la agresión dolosa- y basta con que ponga en peligro el bien jurídico. En este
sentido señala el profesor Berdugo4”: “Por agresión se entiende cualquier ataque a
bienes jurídicos o derechos cuyo titular sea una persona (...) la agresión tiene que
suponer un peligro serio e inminente de lesión del bien jurídico de que se trate. No basta
3
Villavicencio T., Tomo II, 1° edición, pag. 538.
4
” Berdugo Gó mez de la Torre, Ignacio y otros.- ap. cit., p. 227
13
con una lejana percepción del peligro por parte de la víctima; el peligro debe ser real,
serio y grave (en el sentido de que pueda. menoscabar el bien jurídico)”. En otras
palabras, la agresión debe ser contraria a derecho. Por ejemplo; habría agresión
ilegítima cuando un sujeto toma el arma y se dispone a disparar sobre otra persona sin
motivo alguno, pero no existiría si la víctima sospecha que el sujeto se ha ido a su casa a
buscar el arma con la cual piensa matarlo.
Al referimos a una agresión ¿legítima se está remarcando su carácter antijurídico, debe
estar prevista por la ley como delito y ser ajena a cualquier causa de justificación.
El requisito de la actualidad y la inminencia impide considerar a la utilización de
medios mecánicos -offendículas5- como actos de defensa, ya que estos tienen un
carácter permanente, no en relación a una agresión actual o inminente. Por ejemplo: el
caso de los cercos eléctricos. Al respecto el profesor Von Liszt 6 señala: “(...) actual, es
decir, inminente, o haber comenzado ya. No es, pues, necesario esperar, por una parte,
el comienzo de la agresión, mientras que, por otra, también puede ser repelida la
agresión comenzada en cuanto continúa (...) no se admite la legítima defensa contra una
agresión que sólo amenaza en lo porvenir. Las medidas de protección contra ataques
futuros, como trampas, armas automáticas, cepos, etc., están permitidas, cuando su
acción no comienza hasta el momento de la agresión, y en cuanto no traspasen los
límites de la defensa necesaria”. Todo esto implica que, frente a una agresión
consumada, es decir acabada no cabe invocar la legítima defensa, se debe tener en
cuenta siempre el criterio de inmediatez. Por ejemplo, no se puede decir que una
persona actúa en legítima defensa de su hermano si a éste lo mataron hace un año.
La agresión debe ser real, de lo contrario habría un error del que se defiende y podría
darse el caso de una legítima defensa putativa. Pero, no se puede exigir al sujeto que
esté seguro plenamente del ataque que va a recibir para luego defenderse, basta con que
se dé una creencia racional.
La agresión puede ser culposa porque, desde el punto de vista de los fundamentos de
protección y mantenimiento del orden jurídico, la defensa ha de ejercerse tanto si la
5
La doctrina denomina como “offendincula” a la utilizació n de medios mecá nicos predispuestos, así tenemos
las cercas eléctricas, los muros que tienen pú as o vidrios en su parte alta, armas diseñ adas para activarse en
ciertas situaciones; la característica de estos mecanismos es su cará cter permanente para agredir. Se puede
decir incluso que esperan el ataque. Vid. Estrada Vélez: “Para que el dañ o ocasionado por los affendicula se
justifique es preciso que haya cierta proporció n entre el peligro que implican los aparatos predispuestos, y el
bien jurídico que se pretende preservar: Por eso como dice BETTIOL que “se observa que debe existir siempre
una relació n de proporció n entre el bien que se trata de tutelar y aquél que del obrar del offendicula puede
resultar eventualmente lesionado. Así, no será lícito predisponer armas de fuego automá tica para garantizar la
seguridad de un gallinero (...7”. La cuestió n, además, debe ser analizada caso por caso, teniendo en cuenta las
particulares circunstancias, (...)”. En: “Manual de Derecho Penal", Editorial Salesina, Medellín, 1972, p. 132.
6
Von Liszt, Franz. - op. cit., p. 334.
14
agresión es dolosa como culposa, dado que, en ambos casos se pone en peligro un bien
jurídico, que es lo fundamental para definir el concepto de agresión 7, Así, Jescheck8:
“Aunque en leguaje ordinario se entienda por agresión un comportamiento doloso y
activo, jurídicamente no se requiere ni lo uno ni lo otro. La “agresión” no necesita
realizarse intencionalmente ni tampoco con dolo eventual, antes bien, basta ya un
comportamiento imprudente, o incluso por completo inculpable y ni siquiera
objetivamente contrario al deber, siempre que aparezca como una amenaza de lesión a
un interés jurídicamente protegido (...)".
El peligro debe provenir de una conducta humana –también entonces queda
comprendido el inimputable (tanto el loco como el menor de edad)-, en caso contrario
surge el estado de necesidad.
La agresión ilegítima puede darse por acción como por omisión impropia -comisión por
omisión-, por ejemplo: cuando el dueño de un perro no detiene el ataque del mismo a
otra persona o en el caso del art. 159° del Código Penal -violación de domicilio- cuando
la persona permanece en el domicilio.
En la agresión ilegítima es necesario que exista un bien jurídico amenazado, cualquier
bien jurídico puede ser defendido; de acuerdo a los términos de la ley se puede defender
a la persona o a sus derechos.
Cabe señalar que la utilización del término “agresión ilegítima” implica la existencia de
agresiones legítimas, como por ejemplo la ejecución de un embargo, el cual ha sido
dispuesto: por el Juez competente; por otro lado, cabe tener presente la excepción el art.
368° respecto de la defensa de la libertad personal.
[Link] Necesidad racional del medio empleado.
A diferencia del punto anterior, aquí se analiza la acción del sujeto que se defiende. La
defensa debe ser necesaria y racional, es necesaria si era la única forma con la cual
evitaría la lesión al bien jurídico; es racional, si la acción del agredido es la menos
dañosa de cuantas estaban a su disposición para rechazar la agresión en la situación
concreta”9. Para examinar este punto se debe tener en cuenta:
7
Bustos Ramírez, Juan. - "Manual de Derecho Penal Españ ol - Parte General”, Editorial
Ariel, Barcelona, 1984, p. 234.
8
Jescheck, Hans-Heinrich. - “Tratado de Derecho Penal — Parte General", 4* edició n,
Editorial COMARES Granada, 1993, p: 303.
9
Bramont Arias, Luis y Bramont-Arias Torres, Luis Alberto. - “Cádigo Penal Anotado", 4* edició n, Editorial
San Marcos, Lima, 2001, p. 185.
15
● La naturaleza del ataque -si el agresor está armado o no-.
La necesidad debe ser racional, dependiendo de las circunstancias del caso. No se debe
buscar una proporción matemática entre el ataque y la respuesta, sino que el medio bajo
las circunstancias que se daban era el más adecuado y eficaz. Como señaló Von Liszt 10:
“(...) la defensa no debe traspasar los límites de la estricta necesidad, La medida de la
defensa necesaria, se encuentra en la violencia del ataque. La conservación de un interés
preponderante no se exige, pues para la legalidad del acto de legítima defensa. Si la
agresión no puede ser repelida de otro modo, el bien jurídico más insignificante puede
ser protegido por medio de la muerte del agresor. La posibilidad de sustituir por otro, el
acto de la defensa, no es exigible. La legalidad del acto de legítima defensa no se
excluye por la posibilidad de huir”. De lo dicho se puede afirmar, que existe legítima
defensa, aunque quien la ejerza se valga de un medio más poderoso que el que posee el
agresor, siempre que la situación lo amerite; debemos observar la proporcionalidad no
referida a los medios que se utilizan, sino a la situación en la que se encuentra el sujeto.
De existir un exceso en la respuesta a la agresión, se castiga el exceso, pero se debe
tener en cuenta el análisis emocional de la persona -en la culpabilidad-.
10
Von Liszt, Franz. - op. cit., pp. 335-336.
16
provocación tiene la suficiente intensidad para ser considerada como una agresión
ilegítima, el presunto agredido se convierte en agresor frente al cual el provocado puede
actuar en legítima defensa (se invierten los papeles de agredido a agresor y de
provocado a víctima)11.
Es así, que cuando el medio por el cual se trate de defender una persona sea innecesario
en el sentido visto por haberse podido emplear otro seguro y menos lesivo, estamos ante
el dominado exceso intensivo (o propio); y es exceso extensivo (o impropio) cuando
faltan los requisitos esenciales: ya no hay, o aún no hay, agresión y por ello no hay
necesidad de defensa.
El “exceso intensivo” supone una atenuación del injusto (no de la culpabilidad, que
depende de las condiciones y circunstancias individuales). En el segundo no hay
atenuación posible del injusto, ni eximente completa ni incompleta, y dependerá del
caso, aplicarle una exclusión (o atenuación) de culpabilidad. El llamado “exceso
extensivo” puede dar origen a la defensa putativa, es decir, a la reacción violenta contra
11
Vid. Gó mez Benítez. - "Teoría Jurídica del Delito — Derecho Penal — Parte General”, Editorial CIVITAS,
Madrid, 1988, pp. 360 - 365. -
12
Berdugo Gó mez de la Torre, Ignacio y otros. - op. cit, p, 229.
17
una agresión imaginada. Es así, que se puede apreciar una legítima defensa inapropiada,
toda vez que no se manifestó los estándares que esta requiere para su configuración.
Al respecto, Muñoz Conde y García Arán13 sostienen que admitir la “legítima defensa
en estos casos, aparte de que pueda ser ya desproporcionada; supone reconocer una
´defensa preventiva´ antes de que se actualice la agresión ilegítima e incluso aunque no
llegue a producirse una verdadera agresión. Pero en algunos casos extremos de amenaza
seria y grave de muerte, sujetos especialmente vulnerables, lugares peligrosos,
despoblados, etc., podría admitirse un sistema de autoprotección que pudiera
excepcionalmente llegar a herir o matar. Para ello, además de la situación de peligro
inminente, habría que exigir una posibilidad de control permanente sobre el sistema y la
clara advertencia de que existe ese sistema, de manera que todo el mundo pueda quedar
bien informado de la peligrosidad de acceder o entrar en el lugar así protegido”
Por ejemplo, en los delitos contra el medio ambiente, el bien jurídico es de carácter
difuso —nos pertenece a todos y a nadie en exclusiva-, por lo que, ante una agresión
sobre éste podríamos reaccionar en legítima defensa. Concretando el ejemplo, podría
darse una situación en la cual “A” esté vertiendo residuos tóxicos en un río
contaminando así la flora y fauna, al ver esto “B” decide intervenir, por lo que le da un
golpe dejándolo inconsciente e impidiendo que siga contaminando. Al despertar “A”
13
MUÑ OZ CONDE, Francisco; GARCÍA ARÁ N, Mercedes (2002). Derecho penal. Parte general. Valencia:
Editorial Tirant lo Blanch, p. 186.
14
Von Liszt, Franz. - op. cit., p. 333.
18
denuncia a “B” por lesiones graves, ¿Podría alegar “B” a su favor que actuó en legítima
defensa? Si examinamos el Código Penal, éste establece como presupuesto para la
legítima defensa la actuación a favor de uno mismo o de terceros, en este caso se
defiende tanto él como a terceros porque el bien jurídico medio ambiente pertenece a
todos. Entre los requisitos objetivos se requiere:
● Una agresión ilegítima, la cual viene constituida por el actuar contaminante de “A”.
● Necesidad racional del medio empleado para impedirla, si “A” no se detuvo frente a la
interpelación de “B”, el darle un golpe para impedir que siga contaminando el medio
ambiente puede ser calificado como racional.
En segundo lugar, podemos preguntaros si el art, 20° núm. 3 incluye la defensa de los
derechos de las personas. A nuestro entender, el bien jurídico-penal se encuentra en
íntima relación con la protección
de los derechos más importantes de las personas como: el derecho a la vida, la
integridad física, la posesión, el patrimonio, etc. Por lo que, a nuestro parecer, se puede
afirmar que la persona puede actuar en legítima defensa de sus derechos o los de
terceros. Por ejemplo, si un empleador, utilizando amenazas, no les da a sus obreros las
condiciones adecuadas de seguridad e higiene para que cumplan con su trabajo y,
además no les da sus remuneraciones (art. 168°)15; los obreros al contemplar la situación
se sienten agredidos y deciden tomar el local de la empresa hasta que el empleador
cumpla con sus obligaciones. Al verse en esta situación el empleador denuncia a los
obreros por delito de usurpación (art. 202” núm.3) 16, La pregunta es si los obreros
15
Artículo 168" del Có digo Penal: “Será reprimida con pena privativa de libertad no
mayor de dos añ os el que obliga a otro, mediante violencia o amenaza, a realizar
cualquiera de las conductas siguientes:
1. Integrar o no un sindicato.
2. Prestar trabajo personal sin la correspondiente retribució n.
3. Trabajar sin las condiciones de seguridad e higiene industriales determinadas por
la autoridad.
La misma pena se aplicará al que incumple las resoluciones consentidas o ejecutoriadas dictadas por la
autoridad competente; y al que disminuye o distorsiona la producció n, simula causales para el cierre del
centro de trabajo o abandona éste para extinguir las relaciones laborales”.
16
Artículo 202° del Có digo Penal: “Será reprimido con pena privativa de libertad no menor de uno ni mayor
de tres añ os:
1. El que, para apropiarse de todo o parte de un inmueble, destruye o altera los
19
podrían alegar legítima defensa a su favor. De acuerdo al código, están actuando en
defensa de su derecho a la libertad de trabajo —es un derecho-; además, sobre los
requerimientos de la legítima defensa:
● Sobre la necesidad racional del medio empleado, debemos entender que los obreros ya
no tenían otra alternativa para hacer valer sus derechos, motivo por el cual decidieron
tomar por la fuerza el local de la empresa.
20
subjetivos que serán desarrollados en este punto.
Por esta razón, nos permitimos decir que todo análisis que tienda a solo valorar los
elementos objetivos o solo los elementos subjetivos sería un análisis parcial,
entrecortado que no asume la valoración global de la legítima defensa.
Siguiendo en la misma línea, parte de la doctrina opta por identificar como componentes
de los elementos subjetivos al conocimiento que es parte de una agresión ilegítima
aunado con la valoración del acto de defensa desplegada. El profesor Hurtado Pozo,
desde una visión naturalística, señala: “(…) debe ser consciente de las circunstancias
materiales en las que se defiende y la intención de defenderse”.
21
Además, proponer a la voluntad como componente independiente de la legítima defensa
sería proponer un análisis exhaustivo y casi imposible de determinar, pues esta muchas
veces hace que uno actúe arrastrado por un sentimiento de cólera, ira de verse en peligro
o sentimientos semejantes. Así: "En un mismo acto puede caber varias intenciones y
también puede una intención ir acompañada por diferentes disposiciones internas, todas
ellas difíciles de probar en juicio. Puede darse entonces, que el que actúa con el fin de
defenderse puede también satisfacer un íntimo deseo de venganza. Estas segundas
intenciones y estas disposiciones internas' son totalmente irrelevantes para la
justificación.
22
agresiones a determinados órganos de una empresa.
Por otro lado el mencionado profesor de la Universidad de Piura precisa que es un punto
polémico considerar el ejercicio de la legitima defensa dentro de los conflictos de las
empresas, esto, en el sentido de que hemos venido desarrollando que la causa de
justificación no podría concebirse, al ya haber sido excluidas las personas jurídicas
como agresoras ilegítimas, toda vez que aun cuando son receptoras de normas jurídico
penales, todavía no existe un amplio reconocimiento de societas delinquere potest. En la
misma
línea GARCIA CAVERO refiere que la doctrina penal les ha negado a las personas
jurídicas la calidad de agresoras y autoriza solamente una defensa necesaria ante los
actos de los órganos que son componentes de estas.
Un punto particular y que sin lugar a dudas tenemos que hacer referencia es al hecho de
que se ha reconocido, fuera del ámbito particular, como posible el ejercer legítima
defensa en el caso de ataques al "derecho de uso de los bienes públicos, para efectos de
dilucidar esta idea, recurriremos al profesor JAKOBS, quien nos refiere que "también el
derecho al uso común sin obstáculos “susceptible de legítima defensa; la defensa contra
quien cierra la carretera o la calle es incluso una acción prototípica de la legítima
defensa.
En el ejemplo anterior, aquel que cierra la carretera, está afectando sin lugar a dudas el
derecho de otras personas de usarla, agrediendo su libertad de actuar (transitar
libremente) y el ordenamiento jurídico deberá estar a su favor si repele la agresión de la
que está siendo objeto, con lo que estamos de acuerdo.
23
Es preciso para finalizar este punto puntualizar que de cara a la realidad moderna
existen y se van formulando nuevas formas de criminalidad, por ejemplo, los nuevos
delitos socioeconómicos, los cuales la mayor parte son perpetrados desde una empresa.
Está surgiendo nuevas formas de criminalidad como los delitos en los negocios
(comprendidos aquellos contra el consumidor), los atentados contra el medio ambiente y
el crimen organizado, colocan a los sistemas y medios tradicionales de derecho penal
frente a dificultades tan grandes que resulta indispensable una nueva manera de abordar
los problemas. En esta línea y en la medida en que estos nuevos delitos se van
incorporando en nuestra sociedad con un incremento cada vez más alto, se ve necesario
prestar atención a lo que "responsabilidad de personas jurídicas", puesto que la realidad
social así lo exige.
En efecto, quienes pueden cometer los tipos de la Parte Especial son siempre y
solamente las personas físicas17. Y quienes pueden realizar “acciones defensivas” son
17
Véase, entre muchos otros y con ulteriores referencias, ROBLES PLANAS, Ricardo, “¿Delitos de personas
jurídicas?”, InDret Penal, 2/2006, pp. 1 y ss.; EL MISMO, “El “hecho propio” de la persona jurídica y el Informe del
24
siempre y solamente las personas físicas. Aun partiendo de modelos de
“autorresponsabilidad” de la persona jurídica no es posible afirmar lo contrario. Como
es sabido, para los partidarios de tales modelos el “injusto” de la persona jurídica sería
su “defecto organizativo” –utilícese la expresión que se quiera–, esto es, consistiría en
posibilitar o no impedir delitos no adoptando las suficientes precauciones que, de
haberse adoptado, hubieran impedido o dificultado su comisión. Ciertamente, si la
persona jurídica fuera capaz de llevar a cabo realmente “hechos propios”, nada obstaría
a que, bajo ciertas circunstancias, tales hechos tuvieran un carácter defensivo. Esto es, al
igual que en el ámbito del injusto se le haría responsable por su “hecho propio”
(“defecto organizativo”), en el ámbito de la exclusión del injusto se le podría eximir por
su “hecho propio justificado”. Sin embargo, sub altiori lumine, ese presunto “injusto
propio” de la persona jurídica no es, en realidad, un “hecho” de la persona jurídica.
Partiendo de que a ella le incumben determinados deberes, solo desde un punto de vista
formal puede afirmarse que los ha cumplido o incumplido. Materialmente, la
determinación de si los cumple o no es imposible realizarla sin imputarle el
comportamiento de personas físicas. Depende por completo de los comportamientos de
las personas físicas que obran para y por ella. Solo en tanto que se le imputen los
comportamientos de personas físicas podrá afirmarse que ella habrá cumplido o
incumplido un deber. Por consiguiente, en la medida en que los “defectos
organizativos” no constituyen hechos propios de las personas jurídicas, sino ajenos que
–a lo sumo– se le imputan fingiendo que son propios, tampoco puede afirmarse que sea
capaz de llevar a cabo un comportamiento típico y justificado “propio” y, por tanto, que
tenga sentido alguno –más allá de lo metafórico– afirmar que una persona jurídica se
pueda defender “ejerciendo” legítima defensa. Si a ello se le une que para la
justificación se exige la presencia del elemento subjetivo (conocimiento de la situación
justificante), hablar de “legítima de defensa de una persona jurídica” es ya más que un
simple exceso de prosopopeya. Quien ejercerá la legítima defensa, esto es, quien llevará
a cabo un comportamiento típico pero justificado será siempre una persona física que lo
Consejo General del Poder Judicial al Anteproyecto de Reforma del Código Penal de 2008”, InDret Penal, 2/2009,
pp. 1 y ss.; EL MISMO, “Pena y persona jurídica. Crítica del art. 31 bis del Código penal”, La Ley, nº 7705 (2011),
pp. 1 y ss.; VAN WEEZEL, Álex, “Contra la responsabilidad penal de las personas jurídicas”, Polít. crim., Vol. 5, Nº
9 (Julio 2010), Art. 3, pp. 114-142; SILVA SÁNCHEZ, Jesús María, Fundamentos del Derecho penal de la empresa,
Montevideo/Buenos Aires: BdeF, 2ª ed., 2016, pp. 381 y ss.; GRACIA MARTÍN, Luis, “Crítica de las modernas
construcciones de una mal llamada responsabilidad penal de las personas jurídicas”, RECPC 18-05 (2016), pp. 1 y ss.
De entre la bibliografía alemana reciente, véase, p. ej., FRISCH, Wolfgang, “Strafbarkeit juristischer Personen und
Zurechnung”, en: ZÖLLER, Mark; HILGER, Hans; KÜPER, Wilfried; ROXIN, Claus, Gesamte
Strafrechtswissenschaft in internationaler Dimension. Festschrift für Jürgen Wolter zum 70. Geburtstag am 7.
September 2013, Berlín: Duncker & Humblot, 2013, pp. 349 y ss.
25
haga a su favor.
Por lo demás, es sabido que para algunos autores que niegan –acertadamente– que la
persona jurídica lleve a cabo “hechos propios”, los aludidos defectos organizativos
conforman una suerte de “injusto objetivo” (estado de cosas antijurídico) que favorece
la comisión de hechos delictivos, de manera que, no constituyendo “un hecho
antijurídico suficiente para soportar una culpabilidad por el hecho que diera lugar a la
imposición de una pena stricto sensu”18, sí sería base suficiente para asociarle la
imposición de otras consecuencias jurídicas. Cabría entonces plantear la posibilidad de
que en la persona jurídica se dieran “estados de cosas defensivos”. Dicho de otra
manera, cabría quizás entender que la persona jurídica se puede hallar organizada de
una manera tal que propicie la repulsión de agresiones ilegítimas, repulsión que
obviamente llevarían a cabo solo las personas físicas mediante la realización de
actuaciones defensivas típicas pero justificadas. Al igual que una persona física puede
organizar su esfera de modo favorable a la defensa de posibles ataques, una persona
jurídica podría erigirse en un contexto especialmente proclive para repeler –a través de
sus miembros– agresiones a sus bienes jurídicos. En realidad, puede admitirse
perfectamente que una persona jurídica fomente la cultura de la defensa de sus propios
intereses entre sus miembros y lo haga organizándose de un modo tal que estos se hallen
siempre en las mejores condiciones para repeler agresiones antijurídicas. Quizás incluso
sea éste el camino por el que haya de discurrir una eventual “segunda generación” de
los llamados “modelos de prevención de delitos”, que entonces incluirían “programas de
defensa frente al delito” en aquellos ámbitos en los que la empresa suele ser la víctima.
En todo caso, debe quedar muy claro que ese “estado de cosas defensivo” solo de nuevo
en un sentido metafórico sería “legítima defensa de la propia persona jurídica”.
18
SILVA SÁNCHEZ, Fundamentos del Derecho penal de la empresa, cit. nota nº 2, p. 359-360
26
ha quedado apuntado, no parece que existan razones para no poder defender el
patrimonio de una persona jurídica como cualquier otro patrimonio. En este sentido, se
trataría de un caso de legítima defensa de terceros. La persona jurídica puede ser un
tercero19. Por tanto, no parece posible negar que tanto un miembro de la empresa como
un órgano de la misma puedan ejercer legítima defensa en favor de ella cuando tenga
lugar una agresión a sus bienes jurídicos 20. Es en este contexto de legítima defensa
ejercida por personas físicas a favor de personas jurídicas en el que la propia persona
jurídica podría fomentar, como “estado de cosas”, uno que fuera lo más estimulante
posible para salvaguardar los propios bienes jurídicos frente a agresiones (internas o
externas).
A tal fin, debe explorarse en primer lugar si la agresión del órgano de la persona
jurídica puede valorarse a la vez como agresión de la persona jurídica. En Derecho civil
esto no aparece como problemático, pero en Derecho penal la ausencia de capacidad de
acción de la persona jurídica conduciría –de nuevo– a negar su carácter de agresora 21.
Del hecho de que se trate de un órgano de la persona jurídica no se deriva que se esté
19
Así, p. ej., PERRON, Walter, en: SCHÖNKE, Adolf; SCHRÖDER, Horst, Strafgesetzbuch, 29ª ed., Múnich: Beck,
2014, § 32, nº mar. 6; RÖNNAU, Thomas; HOHN, Kristian, Strafgesetzbuch Leipziger Kommentar, 12ª ed., Berlín:
De Gruyter, 2006, § 32, nº marg. 78.
20
SPÄTH, Rechtfertigungsgründe im Wirtschaftsstrafrecht, cit. nota nº 1, p. 63.
21
Doctrina dominante: ROXIN, Claus, Strafrecht Allgemeiner Teil. t. I, 4ª ed., Múnich: Beck, 2006, § 15, nº marg. 7;
RÖNNAU/HOHN, LK-StGB, cit. nota n° 4, § 32, nº marg. 99; PERRON, en: SCHÖNKE/SCHRÖDER,
Strafgesetzbuch, cit. nota nº 4, § 32, nº marg. 3; ERB, Volker, Münchener Kommentar zum Strafgesetzbuch, 2ª ed.,
Múnich: Beck, 2011, § 32, nº marg. 58; ENGLÄNDER, Armin, en: MATT, Holger; RENZIKOWSKI, Joachim
(Eds.), Strafgesetzbuch Kommentar, Múnich: Beck, 2013, § 32, nº marg. 9; KINDHÄUSER, Urs, Nomos-
Kommentar. Strafgesetzbuch, Tomo 1, 4ª ed., Baden-Baden: Nomos, 2013, § 32, nº marg. 31.
27
ante la agresión de una persona jurídica. Agresor es solo el órgano de la persona
jurídica.
En primer lugar, cabe recordar que la reacción del agredido debe ser una reacción de
defensa “para impedir o repeler la agresión” (art. 20.4 CP). Ello excluye del ámbito de
las actuaciones defensivas a todas aquellas que no son idóneas (ex ante) para impedir o
repeler las agresiones en sí mismas.
La intervención sobre bienes de terceros puede estar justificada, en todo caso, por
estado de necesidad23. De ser así resultaría claro que no sería posible dirigirse en
legítima defensa contra los bienes de la persona jurídica como forma de repulsión del
ataque, por muy necesario e idóneo que ello fuera. Tales bienes de la persona jurídica
serían ajenos al conflicto.
22
Esto es lo que parece sugerir PERRON (en: SCHÖNKE/SCHRÖDER, StGB, cit. nota nº 4, § 32, nº marg. 3): “sin
embargo, aquí pueden lesionarse también bienes de la corporación (…) puesto que a ésta se le deben poder imputar
los ataques antijurídicos de sus órganos”).
23
Así, p. ej., JAKOBS, AT, cit. nota nº 9, 12/28.
28
Una toma de postura al respecto pasa por identificar analíticamente tres situaciones
abstractas en las que un tercero (aquí: la persona jurídica) aparece en la escena de una
situación de legítima defensa: en primer lugar, cuando el tercero está unido a la fuente
de la agresión (casos de escudos humanos); en segundo lugar, cuando las cosas del
tercero son usadas por el agresor como medios para el ataque; en tercer lugar, cuando
las cosas del tercero simplemente son usadas por el defensor para repelar la agresión.
En el primer caso, está clara la ajenidad al conflicto: se usa por parte del agresor a un
tercero en contra de su voluntad como “escudo” para protegerse de una eventual defensa
por parte del agredido. No puede regir la legítima defensa contra el tercero, sino solo
estado de necesidad (agresivo). La solución podría presentarse de otro modo –en el
segundo caso– cuando tales bienes de la persona jurídica ya no fueran tan ajenos al
conflicto, esto es, cuando se utilizan de algún modo bienes de la persona jurídica por
parte del órgano para llevar a cabo la agresión. La pregunta es entonces: ¿cabe lesionar
bienes de la persona jurídica en legítima defensa cuando el agresor los utiliza como
medio para la agresión? En la doctrina alemana, Volker Erb sostiene que dado que la
persona jurídica ha puesto a disposición del agresor sus bienes jurídicos para que actúe
en su interés, estaría justificado en legítima defensa el menoscabo de tales bienes.
Está ampliamente reconocido que los objetos utilizados por el agresor, aun habiendo
sido cedidos voluntariamente por un tercero, únicamente pueden ser objeto de
intervención en legítima defensa si ello se ha hecho con conocimiento del tercero de su
aplicación para la agresión (y entonces hay participación del tercero en la agresión).
Contentarse con el dato de que el tercero haya cedido voluntariamente el objeto al
agresor supone aniquilar el principio según el cual la defensa solo puede recaer sobre
los bienes del agresor: desde un punto de vista pragmático, la mayoría de los objetos son
cedidos de forma consentida por su titular. Más bien, aquí, de nuevo, solo pueden regir
las reglas del estado de necesidad, que en este caso podría considerarse defensivo. Ej.:
A ataca a B con el valioso jarrón de C. B se defiende golpeando el brazo de A, lo que
provoca que el jarrón de C caiga y se rompa. En el tercer caso, las cosas del tercero
(aquí: de la persona jurídica) son usadas por el agredido para repeler la agresión del
órgano, si bien tales cosas no son medio de la agresión. La aplicación de las reglas
generales conduce con mayor motivo a negar que la legítima defensa recaiga sobre las
29
cosas del tercero y a permitir únicamente su sacrificio solidario en estado de necesidad
agresivo.
Aquí se observa un radical distanciamiento del tercero respecto de la agresión, que
simplemente está-ahí-presente en el momento de la defensa. Ej.: para repeler la agresión
física de A, B usa un jarrón de C.
Esta última consideración nos aproxima al punto decisivo: ¿puede afirmarse en algún
caso y en algún sentido la corresponsabilidad de la persona jurídica por la agresión? Si
se sostiene que solo es posible afectar los bienes jurídicos del agresor y la persona
jurídica no es nunca agresora, no puede lógicamente predicarse la corresponsabilidad
suficiente de ésta por la agresión. Solo en un sentido impreciso (no técnico y por tanto
ajeno al instituto de la legítima defensa) puede admitirse la existencia de esa
corresponsabilidad por parte de la persona jurídica. Ahora bien, no cabe excluir
situaciones en las que sí quepa hallar verdaderos responsables junto al agresor sobre los
que sí cabría que recayera la acción defensiva: los titulares de la empresa. En efecto,
ningún problema se platearía para el caso en que el agresor es el titular de la empresa y
la defensa recae sobre esta en tanto instrumento del ataque. P. ej., el empresario
individual va a lanzar al mercado un producto tóxico y para evitarlo se revelan datos
secretos. Lo mismo cabe predicar de los casos en los que los socios acuerdan llevar a
cabo prácticas delictivas. Sin embargo, el problema seguirá planteándose allí donde los
titulares de la empresa son ajenos a la actividad delictiva y, sin embargo, tienen un
interés digno de protección penal que no puede ser lesionado apelando a la agresión
antijurídica que lleva a cabo, por ejemplo, su órgano de administración. En tales
supuestos, de nuevo, solo será posible acudir al estado de necesidad.
Con todo, cabría aún plantear una cierta responsabilidad de la persona jurídica en
términos generales por el dato de constituir un “estado de cosas antijurídico” favorable a
que sus miembros cometan hechos delictivos que constituyen agresiones ilegítimas. Así,
el agredido podría apelar a que la persona jurídica ha constituido un entorno o contexto
organizativo que ha posibilitado o que no ha impedido el surgimiento de agresiones
ilegítimas de sus miembros y, de ese modo, alegar un fundamento para acudir a sus
bienes jurídicos para repeler la agresión. Esta consideración nos sitúa de nuevo en el
supuesto número dos o en el tercero. Si, por un lado, se ha afirmado que no es suficiente
con un consentimiento general en el uso del potencial de la persona jurídica, tampoco
30
puede bastar ese consentimiento por muy desorganizada que pueda estar la persona
jurídica para ejercer legítima defensa contra ella. Aun menos ello será posible cuando la
persona jurídica es simplemente utilizada por el agredido para defenderse. Aquí la
existencia de una adecuada o incorrecta organización no le otorga al agredido un
derecho de legítima defensa contra ella. En ambos casos, hay que remitirse al estado de
necesidad.
IV JURISPRUDENCIA
Fundamento sexto:
En ese sentido, este Colegiado Supremo no cuestiona la materialidad de los hechos, es
decir, que la acusada incrustó un cuchillo de cocina en el pecho del agraviado poniendo
en riesgo su vida, pues ello se acreditó no solo con la propia aceptación de cargos de la
imputada, sino también con prueba objetiva, ya que obra el Certificado Médico Legal
número 028442-VM (foja 42) que dio cuenta de las lesiones traumáticas en el tórax de
la víctima, que comprometieron su corazón y pulmones. Más aún si el médico David
Huanca Huamán ratificó (foja 223) su examen médico y señaló que la lesión pudo
haberle causado la muerte de no ser atendido oportunamente (como así hizo) porque
existió daño a órganos vitales.
Fundamento séptimo:
Sin embargo, la principal discrepancia que ocupa el análisis del presente caso se centra
en la causal de justificación brindada por la acusada sobre haber llevado a cabo la
acción típica, pues señaló que lo hizo en ejercicio de su legítima defensa al verse en
31
riesgo inminente. Argumento que también es la esencia de su recurso de nulidad y que a
continuación se analizará.
Fundamento décimo:
De este modo, tomando en cuenta los elementos configurativos para la determinación
de la legitima defensa, se debe destacar que ambas partes involucradas en el presente
caso (acusada y agraviado) coincidieron en señalar que la víctima fue quien inicialmente
y de manera irracional atacó a la procesada bajo la influencia de drogas y alcohol, y
como consecuencia de una discusión, por lo que sí existió una agresión ilegítima
contra la acusada que, más allá de la diferencia en cuantificación entre lo señalado por
esta y lo objetivamente referido en el certificado médico legal que se le practicó (foja
34), requieren de un análisis que trascienda lo superficial, pues no debe olvidarse que,
conforme a la inspección técnica policial (foja 31), la habitación donde sucedieron los
hechos tiene veinte metros cuadrados (en los que se distribuían cocina, cuarto y sala);
además, en el lugar también se encontraba el hijo menor de la agraviada (con el que se
originó la discusión entre las partes), quien objetivamente también pudo resultar
agredido directa o indirectamente, todo lo cual incidió en la conducta de la agraviada
para repeler tanto la agresión como la inminente amenaza que conllevaba la conducta
del imputado.
32
Fundamento décimo segundo:
No se debe olvidar que, según el numeral 3 del artículo 20 del Código Penal y conforme
lo señala el profesor Hurtado Pozo:
Actúa en legítima defensa quien obra en defensa de bienes jurídicos propios o de
terceros […]. En su aspecto objetivo, esta descripción comprende una situación de
peligro creada por la agresión ilegítima y la acción destinada a neutralizarla. El
aspecto subjetivo consiste en la voluntad de defenderse, o de defender a terceros, con la
que ha de actuar quien ejerce la defensa. Esta voluntad está prevista de modo implícito
en la expresión “obrar en defensa de”. La situación de peligro (estado de necesidad en
sentido amplio) supone, por un lado, una agresión ilícita, actual o inminente y, por otro
lado, un bien jurídico preponderante que deba ser protegido.
Fundamento Decimoprimero.
33
Al haberse invocado como agravio un acto de legítima defensa, pues la procesada alega
que solo repelió el ataque del agraviado, deberían concurrir los presupuestos
establecidos en el numeral 3 del artículo 20 del Código Penal, esto es:
1. Agresión ilegítima.
2. Necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla.
3. La falta de la provocación suficiente de quien hace la defensa.
Agresión ilegítima.
Al respecto, cabe estimar que tal como lo indicó la Sala Superior en atención a las
distintas versiones sobre los hechos ya detallados, en el presente caso no se puede
determinar con certeza qué parte inició la discusión. Por consiguiente, no es posible
acreditar la plena concurrencia de este presupuesto.
34
Como ya se indicó no es posible determinar si el agraviado o la procesada generó la
disputa entre ambos y su desenlace lesivo para el agraviado. Por consiguiente, no es
posible dar por realizado este tercer presupuesto de la legítima defensa.
Llegó a su cuarto a las 20:40 horas, en compañía de su menor hijo, Angelo Caleb, y
encontró a su conviviente Joel Jhonny Malpartida Palma, quien estaba sentado sobre la
cama viendo televisión, ese momento le reclamó por qué llegaba a esa hora, a lo que
respondió que fue a recoger a su menor hijo a la casa de su mamá. En ese momento, el
agraviado se levantó de la cama furioso y volvió a preguntarle con las siguientes frases:
35
“¿Con quién has estado?”, “¿con quién habrás estado, ¿quién sabe?”, y sin motivo
alguno, con las dos manos, el sujeto del cuello. Al momento que intentó defenderse, se
acerca su mejor hijo y le dijo: “Papá, papá, deja a mi mamá”, y en vez de calmarse, el
agraviado, con la mano izquierda, le dio un empujón con fuerza al menor, que cayó
cerca de la cama y se puso a llorar. Ante estos hechos cogió el cuchillo que se
encontraba cerca, con el cual trató de asustarlo y que dejara de seguir golpeándola, pero
en el momento que trató de quitarle el cuchillo se lo introdujo en el pecho, en el lado
izquierdo de su conviviente, y al ver que manaba sangre de inmediato pidió apoyo a un
mototaxi y lo condujo al hospital de Huaycán […].
Fundamento noveno:
36
De lo expuesto, este Supremo Colegiado concluye válidamente que el comportamiento
típico de la procesada Elizabeth Melissa Gonzales Encarnación se adecúa a los
requisitos que exige dicha causa de justificación (legítima defensa) para eximirla de la
responsabilidad penal, no en el sentido estricto o matemático que señala la norma penal,
sino sobre la base de las circunstancias desarrolladas por la procesada frente a la
agresión de su conviviente, que era frecuente y continuo, en defensa de su vida que
estaba en peligro y de su menor hijo de seis años que fue arrojado por la víctima, y
debido a que vivimos en una sociedad de violencia familiar y social generados por
distintas causas. Por tanto, se justifica la respuesta o actuación que puede realizar
cualquier ciudadano en caso de ser agredido de manera ilícita (estrangulamiento); por lo
cual tuvo la necesidad racional de emplear un arma blanca (cuchillo), puesto que se
atentaba contra su propia vida; más aún, no existió provocación de parte de la acusada
que ha efectuado la defensa, razón por lo que su conducta se encuentra justificada y
debe absolvérsele de la imputación fiscal.
37
V. LEGÍTIMA DEFENSA DE ANIMALES
Hace poco tiempo la figura de legítima defensa ha tenido mayor visibilidad, esto es
respecto a que, corresponde determinar si la agresión antijurídica podría dirigirse contra
un animal, en tanto se considere a este sujeto de derecho subjetivo.
En primer lugar, debe verse si corresponde hablar de una situación defensiva ya que de
manera previa debe existir una “agresión”, esto significa que haya una amenaza de un
bien jurídico a partir de una acción humana, pero aquí surge la discusión ya que los
bienes jurídicos se le atribuyen a los individuos y los bienes colectivos no son
susceptibles de ser protegidos por legítima defensa.
Estando a lo señalado, solo se podría actuar en legítima defensa de los animales si éstos
fueran si estos fueran sujetos de derecho, así fuera en un sentido mínimo. Es importante
tener en cuenta los elementos de la legítima defensa que son: i) la actualidad; ii) la antijuricidad;
y, iii) acción defensiva.
Es importante señalar que una de las ideas respecto a los límites de ejercer legítima
defensa a favor de los animales, es la facultad que se pueda tener para evitar el daño,
esto es, la posibilidad de evitar una “legítima defensa”, pero esto iría en contra de la
teoría dualista, la cual señala que mediante la legítima defensa no solo se tutelan los
bienes jurídicos del accionante, sino que además se protege el ordenamiento jurídico.
38
VI. DIFERENCIAS LEGITIMA DEFENSA Y ESTADO DE NECESIDAD
SEMEJANZAS:
DIFERENCIAS:
acción.
39
VIII. CONCLUSIONES
se tiene que respecto a las causas de justificación existen dos posturas, las mismas que
son la teoría monista y teoría pluralista, la primera teoría defendida por Jakobs, presenta
un serio problema dado que utiliza conceptos vagos e imprecisos, puesto que al referirse
al término “fin justo”, deja al libre albedrio del juzgador determinar lo que es un fin o
medio justo.
Asimismo, se ha revisado que la doctrina también aborda dos principios respecto a los
de defensa del orden jurídico, el primer principio responde a la existencia natural que
vulnerar su integridad, mientras que el segundo principio explica que el sujeto no solo
está ejerciendo su derecho legítimo a salvaguardar su integridad sino que también está
El sistema penal peruano -Código Penal vigente- en el artículo 20, numeral 3, señala
que el sujeto está exento de responsabilidad penal cuando “obra en defensa de bienes
la defensa.
40
Teniendo en cuenta lo establecido por nuestro ordenamiento jurídico, es importante
señalar las modificaciones que han surgido en torno al literal b) del numeral 3), artículo
20, puesto que hasta antes de su modificación (literal modificado por el artículo 1 de la
del medio empleado para impedirla o repelerla”, esta modificación se justifica ya que
agresión; además de la forma de proceder del agresor y los medios que tenga el sujeto
para defenderse, siendo así debe valorarse las circunstancias de cada caso, ya que no
resultaría excesivo si el sujeto que porta un arma lo usa para salvaguardar su integridad
ya que viene siendo agredido por tres sujetos que portan armas blancas, ya que si bien el
caso se puede concluir que la utilización del arma de fuego no fue excesivo.
refiere que en este caso se protegen bienes jurídicos supraindividuales, sin embargo,
responsabilidad penal de una persona jurídica por lo que no resulta lógico abordar la
correctamente su responsabilidad penal, por otro lado, ROXIN, señala que la persona
derecho al patrimonio.
41
V BIBLIOGRAFÍA
⮚ Alcócer Povis E., (2021), Introducción al derecho penal parte general, primera
⮚ Salazar Sánchez N., (2019), Comentarios al Código Penal peruano, Segunda ed.,
⮚ Villavicencio Terreros F., (2006), Derecho Penal Parte General, primera edición,
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