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TRABAJO DE LEGÍTIMA DEFENSA FINAL - Tería Del Delito

Este documento presenta un trabajo académico sobre la legítima defensa desde una perspectiva jurídica. Expone los fundamentos de la legítima defensa, analiza sus elementos objetivos y subjetivos según el Código Penal, y explora si puede aplicarse a personas jurídicas. También revisa jurisprudencia relevante y diferencia la legítima defensa del estado de necesidad. El trabajo concluye que la legítima defensa se fundamenta en los principios de protección individual y defensa del orden jurídico.

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TRABAJO DE LEGÍTIMA DEFENSA FINAL - Tería Del Delito

Este documento presenta un trabajo académico sobre la legítima defensa desde una perspectiva jurídica. Expone los fundamentos de la legítima defensa, analiza sus elementos objetivos y subjetivos según el Código Penal, y explora si puede aplicarse a personas jurídicas. También revisa jurisprudencia relevante y diferencia la legítima defensa del estado de necesidad. El trabajo concluye que la legítima defensa se fundamenta en los principios de protección individual y defensa del orden jurídico.

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UNIVERSIDAD SAN MARTÍN

FACULTAD DE DERECHO
DE PORRES
UNIDAD DE POSGRADO

LEGÍTIMA DEFENSA

PRESENTADO POR:

COLLAZOS DELGADO ALEXANDRA


FRANCO VIVANCO YUME ALESKA
MEJIA ALVAREZ JAIR ERNESTO

DOCENTE

Dr. FERNANDO EDUARDO CORCINO BARRUETA

LIMA – PERÚ

2023

1
2
INDICE
INTRODUCCIÓN 3
I Fundamento de la legítima defensa 5

I.I Principio de protección 7

[Link] Principio de defensa del orden jurídico 7

[Link] EL PLANTEAMIENTO DE JAKOBS 9


II LA LEGÍTIMA DEFENSA EN EL CÓDIGO PENAL 9

II.I ELEMENTOS OBJETIVOS DE LA LEGÍTIMA DEFENSA 11

II.I.I Agresión legítima: 12

[Link] Necesidad racional del medio empleado. 14

[Link] Falta de provocación suficiente: 15

[Link] Elementos subjetivos de la legítima defensa 19


III LA LEGÍTIMA DEFENSA DE PERSONA JURÍDICA 21

III.I ¿Cabe que una persona jurídica obre al amparo de la causa de


justificación de la legítima defensa? 23

[Link] La legítima defensa por parte de una persona física a favor de


una persona jurídica. 25

[Link] ¿Legítima defensa contra la persona jurídica? 26

[Link] ¿Podría, no obstante, imputarse a la persona jurídica la agresión


del órgano precisamente en virtud del hecho de que éste actúa
como órgano de aquélla? 26
IV JURISPRUDENCIA 29

IV.I Recurso de Nulidad N° 1740-2019, Lima Este 30

[Link] Recurso de Nulidad 667-2021, Lima 32

[Link] Recurso de Nulidad 910-2018, Lima Este 33


V DIFERENCIAS LEGÍTIMA DEFENSA Y ESTADO DE NECESIDAD
37
VI CONCLUSIONES 38
VII BIBLIOGRAFÍA 40

3
INTRODUCCIÓN

El objeto principal del presente trabajo es brindar una base mínima y amplia de los
aspectos más importantes de la legitima defensa y sus variantes, siendo está concebida
dentro del ámbito jurídico, y esto es fundamental, no solo como precepto, norma o
eximente de responsabilidad penal dentro del Código Penal, sino también como
Derecho constitucional, la cual se encuentra amparada en el inciso 23 del artículo 2 de
la Constitución.

Siendo la legítima defensa un derecho legítimo de toda persona, es importante conocer


cómo se manifiesta, cuál es su configuración, qué consecuencias trae sus excesos, cuál
es su ubicación en la "teoría del delito", teoría del delito que dentro de su estructura
comprenderá los aspectos más esenciales que debe reunir un comportamiento humano
para ser calificado como delito.

Nuestro punto de partida será fijar la atención en la legítima defensa en sí, esto es, cómo
se configura esta causa de justificación y cómo se fundamenta este precepto permisivo
dentro de la teoría del delito, finalmente pasando por la nueva forma de fundamentar
esta causa de justificación por Günther Jakobs; quien a la vez, como se expone líneas
abajo, propone una manera completamente distinta de concebir la teoría del delito, opta
por un sistema cerrado, un sistema que pretende configurarse de manera científica,
evitando que lo influyan matizaciones político-criminales, lo que será para efectos de
este punto, materia de confrontación con nuestra propia forma de entender la dogmática
de la teoría del delito, esto es, considerar el sistema penal efectivamente permeable a la
penetración de consideraciones político-criminales, porque su naturaleza así lo exige si
queremos considerar la variante que implica convivir en sociedad y todas sus constantes
incidencias sociales, "mutaciones” que se presentan en una sociedad dinámica en donde
los riesgos con causalidades complejas forman parte del caso y de las condiciones en las
que se resuelve este.

Analizaremos a la vez la legítima defensa no solo como actuación de la persona natural


y cómo esta puede ejercerla en salvaguarda de sus propios intereses o de terceros, sino
que abordaremos temas referidos al Derecho penal económico y analizaremos si, en ese

4
ámbito, también se configura esta causa de justificación.
De igual manera, por ejemplo, brindaremos un acercamiento a diferentes críticas que
pueden llegar a surgir frente a los requisitos de la legítima defensa, esto son: la
racionalidad del medio empleado y la falta de provocación suficiente de quien hace la
defensa, en donde, en principio, ambas se tienen que llegar a configurar; de lo contrario,
se hablaría de una eximente incompleta, y en tanto ello, de una disminución de la pena
(según da cuenta la consecuencia del exceso y de cara a una disminución del tipo de
injusto).

5
I Fundamento de la legítima defensa

En línea de lo ya expuesto, para entrar en materia de la legítima defensa como tal y


explicar el fundamento de las causas de justificación en general pues como ya veremos
hay distintas posiciones que defienden las unas un único fundamento para ellas -en su
conjunto- (teoría monista), y otras que postulan que para cada causa de justificación hay
un fundamento propio (teorías pluralistas), pasemos a exponerlas:

En relación con las teorías monistas se señala que estas "(.) pretenden reducir todas las
causas de justificación a un principio único agrega JAKOBS que las causas de
justificación son motivos bien fundados, dado que el contenido de las causas de
justificación completas-paralelamente al contenido de las normas concretas cabe
extraerlo teniendo en cuenta el respectivo estado de la sociedad concreta. Además,
cierto es que las causas de justificación no se agotan a las aludidas en el Código Penal.

La teoría del fin (teoría monista), según explican COBO DEL ROSAL y VIVES
ANTON, "(...) la realización de una acción típica no es antijurídica si representa el
medio justo para alcanzar un fin justo, en atención al concreto ordenamiento jurídico
estatal.

Los mismos autores afirman seguidamente que el principal reproche del que es objeto
esta teoría consiste en que "(…) la generalidad del principio adoptado es tanta que viene
a constituir una regla sin contenido y, en consecuencia, sin apenas utilidad teórica ni
práctica. Lo que constata que esta teoría está formulada con conceptos vagos e
indeterminados, puesto que no se identifica a qué se refiere con el término "justo", la
pregunta indicada sería quién es el sujeto que determina lo que es un fin o un medio
justo.

Otra de las teorías que se enmarcan dentro de la postura monista es la de ponderación de


intereses; ZUGALDIA ESPINAR refiere:

"En la ponderación, sirven de parámetros de valor de los intereses en juego, el grado de


necesidad de emprender una conducta lesiva de bienes jurídicos ajenos para la salvaguarda de
otro bien jurídico o interés mayor (..)".

6
Teoría que, a la vez, es rechazada por gran mayoría de la doctrina puesto que en la
realidad no funciona para todas las causas de justificación salvo en el estado de
necesidad, sin embargo, en el consentimiento (causa de justificación) muchas veces
realmente no se toma en cuenta cuál es el bien jurídico mayor, sino más bien lo que hay
es una ponderación interna del sujeto, lo que se deja a su mero criterio, por ejemplo: una
persona que ha sufrido un accidente y necesita urgentemente una transfusión de sangre,
si esta se niega a recibirlo por motivos de religión, por ejemplo, nadie puede obligarla a
recibir esta transfusión sin su consentimiento. En este ejemplo lo que se estaría
salvaguardando, como es evidente, es la libertad de religión, y se estaría lesionando el
bien jurídico penal vida. Con este ejemplo evidentemente la teoría de la Ponderación de
intereses como fundamento de todas las causas de justificación encuentra su punto de
quiebre.

Lo mismo sucede en la legítima defensa, no siempre el bien protegido ante la defensa es


mayor al que se intenta vulnerar, puesto que es lícita toda defensa que resulte necesaria
y el bien jurídico objetivamente mayor puede resultar dañado en el marco de esta
defensa. Por ejemplo: la violación.

Respecto a lo que nos interesa, el fundamento de la legitima defensa, la doctrina nos


refiere que este responde a dos principios: el principio de protección, y el principio de
defensa del orden jurídico.

El fundamento de la legítima defensa estriba en la idea que el derecho no está en la


situación de soportar (o ceder ante) lo injusto. Dos son las bases de esta idea
fundamental: principio de protección individual o de autodefensa y principio de
mantenimiento del orden jurídico (prevalecimiento del derecho, defensa del derecho) 1.
El primero es el aspecto individual de protección de los propios bienes jurídicos. En este
caso, la relación valorativa entre el bien jurídico protegido y el lesionado es irrelevante.
Sólo importa la defensa contra la agresión antijurídica. De esto se desprende que al que
es atacado antijurídicamente no se le exige que eluda la confrontación en determinados
casos. Por otro lado, el segundo, el aspecto supraindividual (jurídico-social) de la
legítima defensa está dirigida a la afirmación del derecho, defensa de terceros y a la
restricción de la legítima defensa cuando no está orientada a afirmar el derecho. Esto
1
Cerezo Mir, 2003, I, p.207

7
significa que el sujeto que se defiende de una agresión ilegítima no sólo está
protegiendo sus bienes jurídicos sino además está impidiendo se afecte al ordenamiento
jurídico.
I.I Principio de protección

Se debe entender este principio como afirma MIGUEL ÁNGEL IGLESIAS RIO: "Se
reconoce la existencia de un derecho innato, atemporal y universal, enraizado en la
propia naturaleza humana que impulsa al hombre, guiado por un instinto primario de
auto conservación a reaccionar ante una agresión".

El sujeto está proclive a encontrarse con situaciones de peligro generadas por otros
hombres, peligro que puede atentar o pretender vulnerar su integridad y que no tiene por
qué aguantar, y es por nuestra propia naturaleza que ante semejantes amenazas vamos a
reaccionar con determinada conducta, atribuible de cada ser humano que se despliega
por la propia conservación.

Esta inclinación natural hacia la propia conservación que tiene cada ser humano no
puede ser indiferente ante los ojos del ordenamiento jurídico, toda vez que este existe
con la finalidad de plantearle al sujeto una sociedad en donde este se puede desarrollar
integra y adecuadamente, es por esto que el ordenamiento jurídico recoge a la legítima
defensa como Derecho Constitucional en su artículo 2, inciso 23.

[Link] de defensa del orden jurídico

Por este principio se entiende que cuando un sujeto es objeto de una agresión ilegítima
por parte de otro, este primero no solo está ejerciendo de un derecho legítimo que le
pertenece como ser humano apuntando a su propia conservación, sino que a la vez está
protegiendo y manteniendo el sistema jurídico, es decir el derecho, en pautas generales.

Se está ejerciendo por lo tanto no solo una defensa que por derecho propio le es
indelegable a cualquier sujeto si este es agredido ilegítimamente; sino se está
protegiendo al mismo tiempo al ordenamiento jurídico en la medida que no permite que
se trasgreda la norma.

8
Así pues, en palabras coloquiales, es el derecho que en sí le brinda al individuo las
armas necesarias para que impida que se rompa el ordenamiento con un
comportamiento que en prima facie atenta contra bienes sociales.

Por otro lado, es importante acotar que el sujeto víctima de una agresión ilegítima ejerce
una función paralela al de los operadores de justicia cuando ellos no están presentes, es
por esto que no es posible ejercer legítima defensa contra un sujeto que obra
antijurídicamente si es que hay órganos policiales presentes, por ejemplo a no ser que el
caso concreto señale otra dirección en la actuación del sujeto y quienes por su propia
competencia pueden ejercer el cumplimiento de un deber que es efectivamente una
causa de atipicidad.

Otro argumento que sería bueno tener presente dentro de este punto es que este
principio de protección al ordenamiento jurídico está vinculado directamente con la
posición preventiva general, más específicamente, con la prevención general positiva en
la medida de que como nos ilustra IGLESIAS RÌOS:

"(...) esta Causa de Justificación opera funcionalmente de vehículo para el fortalecimiento de


la conciencia jurídica de la comunidad a participar activamente a favor del derecho, y para
afianzar la estabilidad del ordenamiento jurídico frente al injusto en los casos en que los
órganos policiales no estén presentes".

El fundamento histórico en que se basa esta causa de justificación tiene una doble
dimensión: Por una parte, subjetivo fundamental (la protección individual) y, por otra
parte, colectivo, de origen germánico y de defensa del orden jurídico (prevalecimiento
del Derecho). En virtud del primero, que se halla en referencia a la persona, se
comprende que la acción típica será necesaria para impedir o repeler una agresión
antijurídica a un bien jurídico individual; mientras que, con relación al segundo
principio, el cual se corresponde con un fin de prevención general, el ejercicio de la
citada institución pondrá de manifiesto que no se vulnera el ordenamiento jurídico2.

[Link] EL PLANTEAMIENTO DE JAKOBS


2
Cfr. CARO Corra, “Legítima defensa”, p. 679. También, Luzón PEÑA, Curso de Derecho Penal.
Parte General, p. 58.

9
Según el profesor JAKOBS, quien defiende las posturas de las teorías pluralistas, la
clasificación de las causas de justificación se puede reducir a tres grupos, entre los
cuales la legítima defensa se encuentra en el Principio de Responsabilidad:

El fundamento de la justificación cabe denominarlo principio de responsabilidad, o a


veces de modo atenuado principio del ocasionamiento por parte de la víctima de la
intervención. El motivo bien fundado para comportamiento justificado reside en que la
víctima de la intervención tiene que responder por las consecuencias de su
comportamiento de organización. Constituyen ejemplos la legítima defensa.

Una observación válida al planteamiento del profesor JAKOBS es que no da una


explicación respecto de cuál es el origen o el fundamento de la legítima defensa, como
por ejemplo lo hace el principio de protección, se limita a describir lo que
evidentemente le sucederá al sujeto que emprendió la agresión antijurídica, que es el
tener que soportar la reacción legítima de quien hace la defensa.

II LA LEGÍTIMA DEFENSA EN EL CÓDIGO PENAL

Como ya hemos visto reiteradamente, la legítima defensa representa una causa de


justificación en nuestro ordenamiento jurídico, un precepto que libra de responsabilidad
penal a quien la ejerce y que, acogiéndonos al sector dominante en la doctrina española,
afirmamos que toda causa de justificación consta de una parte objetiva y de otra
subjetiva; esta parte objetiva a la vez contiene dos elementos: el presupuesto, que
constituiría la situación habilitante que permite ejercer la legítima defensa, y los
requisitos, que constituirían los modos o condiciones de actuación y que determinarán el
ejercido mismo de la defensa.

Ahora bien, situándonos en la realidad nacional, el Código Penal establece:

"Artículo 20.- Está exento de responsabilidad penal:


3. El que obra en defensa de bienes jurídicos propios o de terceros; siempre que concurran las
circunstancias siguientes:
a) Agresión Ilegitima.

10
b) Necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla. Se excluye para la
valoración de este requisito el criterio de proporcionalidad de medios, considerándose en su
lugar, entre otras circunstancias, la intensidad y peligrosidad de la agresión, la forma de
proceder del agresor y los medios de que se disponga para la defensa.
c) Falta de provocación suficiente de quien hace la defensa;
(…)

En principio el texto peruano no discrimina la ubicación sistemática, de cara a una


teoría del delito de la legítima defensa, al colocar, bajo la frase (…) “exento de
responsabilidad penal” causas de justificación, de atipicidad, de inimputabilidad, lo que
por cierto genera confusión en su respectivo tratamiento y particular aplicación.

Además, el legislador ha optado por no hacer distinción alguna entre el presupuesto, que
es el que habilita a actuar en legítima defensa como ya lo hemos mencionado, y los
requisitos, que son los modos o condiciones de actuación ante esta causa de
justificación, lo que nos permite discrepar con tal concepción debido a que no
consideramos que la agresión ilegítima tenga el mismo tratamiento o lo lleven al mismo
nivel que la racionalidad del medio empleado o la falta de provocación suficiente de
quien hace la defensa.

Una exposición metodológica más ordenada propondría que toda parte objetiva de las
causas de justificación debería presentar dos partes, puesto que si concurre el
presupuesto pero falta alguno de los requisitos, se puede afirmar que se llevó a cabo una
legítima defensa imperfecta, pero si por el contrario no se hizo presente el presupuesto,
que es la agresión ilegítima, no se podría analizar luego los requisitos, toda vez que no
se ha configurado el elemento que permitiría habilitar la legítima defensa. Lo que deja
colegir que, de no presentarse el presupuesto, no se configura de ninguna manera la
legítima defensa; el error en el presupuesto de la causa de justificación amerita un
tratamiento diferenciado.

En cuanto a la ausencia del presupuesto si, por ejemplo, un muchacho encuentra a su


enamorada besándose con otro; es evidentemente que se presenta una agresión, que
jurídicamente no es valorable para aplicar esta causa de justificación en tanto, este no
puede alegar legítima defensa por la agresión de la que está siendo objeto si reacciona

11
propinando una serie de golpes a quien usurpó su posición en la relación, puesto que
dicha agresión no supone una agresión ilegítima como exige la configuración del
presupuesto de la legitima defensa.

En esa línea si consideramos la agresión ilegitima como requisito de configuración de la


legítima defensa, poniéndola en el mismo nivel que la racionalidad del medio empleado
y la falta de provocación suficiente, cualquier sujeto, víctima de la intervención, podría
alegar que el hecho de que no concurra agresión ilegitima también lo habilita a actuar en
legítima defensa, es decir puede alegar este sujeto que fue simplemente una agresión
cualquiera que no es penalmente relevante (que por ejemplo no vaya a atentar contra la
vida), pero que sí concurriera cualquier otro requisito con lo que el sujeto no tardaría en
alegar una legítima defensa imperfecta.

Como punto de precisión, debe mencionarse que las eximentes que libran de
responsabilidad penal, esto es, las causas de justificación, que se encuentran
consignadas dentro del Código Penal en numeras clausus en nada limitan ni agotan su
número ni las clases de causas de justificación; en esta línea y concordando con el
profesor ROXIN (también JAKOBS): "Las causas de justificación son tan numerosas y
proceden de campos del derecho tan diversos que en una exposición de las teorías
generales del Derecho penal es totalmente imposible tratarlas todas.

[Link] OBJETIVOS DE LA LEGÍTIMA DEFENSA

Se ha mencionado reiteradamente que la legítima defensa está llamada a ser ejecutada


cuando se ven en peligro o existe inminencia de ser vulnerados algunos de los bienes
jurídicos propios, o de terceros. Antes de comenzar viendo los elementos objetivos de la
legítima defensa, es un punto clave conocer qué bienes jurídicos serían objeto jurídico
de amparo por la legítima defensa, es decir, cuáles son defendibles alegando esta causa
de justificación. En principio son legítimamente defendibles todos los bienes jurídicos
individuales, esto es, la vida, salud, libertad, propiedad, honor, derecho sobre la morada,
etc. Efectivamente, son los bienes jurídicos que serán protegidos si es que se ven
atentados frente a una pronta vulneración próxima a desencadenarse; no es entonces,

12
cualquier tipo de bien o aquellos delegados a la esfera personal, sino solo aquellos
protegidos por el ordenamiento y que son penalmente relevantes, esto es, protegidos por
nuestra Constitución.

Es cierto que la legítima defensa también sirve para el prevalecimiento del derecho, es
decir, para la protección de la comunidad, pero esto únicamente se puede hacer
simultáneamente si se protege un bien jurídico individual. Así, no solo podemos
ejercitar legítima defensa ante la agresión de nuestra propia vida, sino a la posible
agresión de nuestro honor, intimidad, propiedad, etc.

Siguiendo con el objetivo de este punto, dentro de nuestra concepción las causas de
justificación tienen elementos tanto objetivos como subjetivos, y la doctrina señala que
no solo se analiza la conducta que se desprende al observar al individuo, sino que
también la disposición interna que tiene este al momento de realizarla.

II.I.I Agresión legítima:

La agresión no es sólo un obrar activo (comisión) sino que también puede darse por
omisión propia. Ejemplo: el médico que omite prestar auxilio inmediato a un herido a
quien encuentra en una carretera (omisión propia; artículo 127, Código penal), puede ser
obligado a que preste auxilio. También creemos que la agresión puede ser una omisión
impropia. Para poder asumir la existencia de una agresión por omisión impropia es
preciso que el sujeto se encuentre en una posición de garantía. Ejemplo: el sujeto que
intencionalmente omite llamar o detener a su perro que ataca (posición de garante). Por
el contrario, «el tercero que se encontrara en situación de intervenir o incluso pudiera
estar obligado a hacerlo, no incurre en agresión por omisión3.

La agresión debe ser actual, inminente, real, dolosa o culposa -algunos autores sólo
aceptan la agresión dolosa- y basta con que ponga en peligro el bien jurídico. En este
sentido señala el profesor Berdugo4”: “Por agresión se entiende cualquier ataque a
bienes jurídicos o derechos cuyo titular sea una persona (...) la agresión tiene que
suponer un peligro serio e inminente de lesión del bien jurídico de que se trate. No basta

3
Villavicencio T., Tomo II, 1° edición, pag. 538.
4
” Berdugo Gó mez de la Torre, Ignacio y otros.- ap. cit., p. 227

13
con una lejana percepción del peligro por parte de la víctima; el peligro debe ser real,
serio y grave (en el sentido de que pueda. menoscabar el bien jurídico)”. En otras
palabras, la agresión debe ser contraria a derecho. Por ejemplo; habría agresión
ilegítima cuando un sujeto toma el arma y se dispone a disparar sobre otra persona sin
motivo alguno, pero no existiría si la víctima sospecha que el sujeto se ha ido a su casa a
buscar el arma con la cual piensa matarlo.
Al referimos a una agresión ¿legítima se está remarcando su carácter antijurídico, debe
estar prevista por la ley como delito y ser ajena a cualquier causa de justificación.
El requisito de la actualidad y la inminencia impide considerar a la utilización de
medios mecánicos -offendículas5- como actos de defensa, ya que estos tienen un
carácter permanente, no en relación a una agresión actual o inminente. Por ejemplo: el
caso de los cercos eléctricos. Al respecto el profesor Von Liszt 6 señala: “(...) actual, es
decir, inminente, o haber comenzado ya. No es, pues, necesario esperar, por una parte,
el comienzo de la agresión, mientras que, por otra, también puede ser repelida la
agresión comenzada en cuanto continúa (...) no se admite la legítima defensa contra una
agresión que sólo amenaza en lo porvenir. Las medidas de protección contra ataques
futuros, como trampas, armas automáticas, cepos, etc., están permitidas, cuando su
acción no comienza hasta el momento de la agresión, y en cuanto no traspasen los
límites de la defensa necesaria”. Todo esto implica que, frente a una agresión
consumada, es decir acabada no cabe invocar la legítima defensa, se debe tener en
cuenta siempre el criterio de inmediatez. Por ejemplo, no se puede decir que una
persona actúa en legítima defensa de su hermano si a éste lo mataron hace un año.
La agresión debe ser real, de lo contrario habría un error del que se defiende y podría
darse el caso de una legítima defensa putativa. Pero, no se puede exigir al sujeto que
esté seguro plenamente del ataque que va a recibir para luego defenderse, basta con que
se dé una creencia racional.
La agresión puede ser culposa porque, desde el punto de vista de los fundamentos de
protección y mantenimiento del orden jurídico, la defensa ha de ejercerse tanto si la
5
La doctrina denomina como “offendincula” a la utilizació n de medios mecá nicos predispuestos, así tenemos
las cercas eléctricas, los muros que tienen pú as o vidrios en su parte alta, armas diseñ adas para activarse en
ciertas situaciones; la característica de estos mecanismos es su cará cter permanente para agredir. Se puede
decir incluso que esperan el ataque. Vid. Estrada Vélez: “Para que el dañ o ocasionado por los affendicula se
justifique es preciso que haya cierta proporció n entre el peligro que implican los aparatos predispuestos, y el
bien jurídico que se pretende preservar: Por eso como dice BETTIOL que “se observa que debe existir siempre
una relació n de proporció n entre el bien que se trata de tutelar y aquél que del obrar del offendicula puede
resultar eventualmente lesionado. Así, no será lícito predisponer armas de fuego automá tica para garantizar la
seguridad de un gallinero (...7”. La cuestió n, además, debe ser analizada caso por caso, teniendo en cuenta las
particulares circunstancias, (...)”. En: “Manual de Derecho Penal", Editorial Salesina, Medellín, 1972, p. 132.
6
Von Liszt, Franz. - op. cit., p. 334.

14
agresión es dolosa como culposa, dado que, en ambos casos se pone en peligro un bien
jurídico, que es lo fundamental para definir el concepto de agresión 7, Así, Jescheck8:
“Aunque en leguaje ordinario se entienda por agresión un comportamiento doloso y
activo, jurídicamente no se requiere ni lo uno ni lo otro. La “agresión” no necesita
realizarse intencionalmente ni tampoco con dolo eventual, antes bien, basta ya un
comportamiento imprudente, o incluso por completo inculpable y ni siquiera
objetivamente contrario al deber, siempre que aparezca como una amenaza de lesión a
un interés jurídicamente protegido (...)".
El peligro debe provenir de una conducta humana –también entonces queda
comprendido el inimputable (tanto el loco como el menor de edad)-, en caso contrario
surge el estado de necesidad.
La agresión ilegítima puede darse por acción como por omisión impropia -comisión por
omisión-, por ejemplo: cuando el dueño de un perro no detiene el ataque del mismo a
otra persona o en el caso del art. 159° del Código Penal -violación de domicilio- cuando
la persona permanece en el domicilio.
En la agresión ilegítima es necesario que exista un bien jurídico amenazado, cualquier
bien jurídico puede ser defendido; de acuerdo a los términos de la ley se puede defender
a la persona o a sus derechos.
Cabe señalar que la utilización del término “agresión ilegítima” implica la existencia de
agresiones legítimas, como por ejemplo la ejecución de un embargo, el cual ha sido
dispuesto: por el Juez competente; por otro lado, cabe tener presente la excepción el art.
368° respecto de la defensa de la libertad personal.
[Link] Necesidad racional del medio empleado.

A diferencia del punto anterior, aquí se analiza la acción del sujeto que se defiende. La
defensa debe ser necesaria y racional, es necesaria si era la única forma con la cual
evitaría la lesión al bien jurídico; es racional, si la acción del agredido es la menos
dañosa de cuantas estaban a su disposición para rechazar la agresión en la situación
concreta”9. Para examinar este punto se debe tener en cuenta:

7
Bustos Ramírez, Juan. - "Manual de Derecho Penal Españ ol - Parte General”, Editorial
Ariel, Barcelona, 1984, p. 234.
8
Jescheck, Hans-Heinrich. - “Tratado de Derecho Penal — Parte General", 4* edició n,
Editorial COMARES Granada, 1993, p: 303.

9
Bramont Arias, Luis y Bramont-Arias Torres, Luis Alberto. - “Cádigo Penal Anotado", 4* edició n, Editorial
San Marcos, Lima, 2001, p. 185.

15
● La naturaleza del ataque -si el agresor está armado o no-.

● La naturaleza del bien jurídico atacado.

● Posibilidades de salvación del bien atacado.

La necesidad debe ser racional, dependiendo de las circunstancias del caso. No se debe
buscar una proporción matemática entre el ataque y la respuesta, sino que el medio bajo
las circunstancias que se daban era el más adecuado y eficaz. Como señaló Von Liszt 10:
“(...) la defensa no debe traspasar los límites de la estricta necesidad, La medida de la
defensa necesaria, se encuentra en la violencia del ataque. La conservación de un interés
preponderante no se exige, pues para la legalidad del acto de legítima defensa. Si la
agresión no puede ser repelida de otro modo, el bien jurídico más insignificante puede
ser protegido por medio de la muerte del agresor. La posibilidad de sustituir por otro, el
acto de la defensa, no es exigible. La legalidad del acto de legítima defensa no se
excluye por la posibilidad de huir”. De lo dicho se puede afirmar, que existe legítima
defensa, aunque quien la ejerza se valga de un medio más poderoso que el que posee el
agresor, siempre que la situación lo amerite; debemos observar la proporcionalidad no
referida a los medios que se utilizan, sino a la situación en la que se encuentra el sujeto.
De existir un exceso en la respuesta a la agresión, se castiga el exceso, pero se debe
tener en cuenta el análisis emocional de la persona -en la culpabilidad-.

[Link] Falta de provocación suficiente:

El agredido no debe provocar la agresión. Se debe tener en cuenta la naturaleza de la


provocación, por ejemplo: si una persona sabiendo que físicamente es superior a su
enemigo lo provoca con el fin de que lo ataque para así poder lastimarlo con sus puños;
pero, luego de la provocación, el individuo no reacciona defendiéndose con los puños,
sino que, saca un arma de fuego. En nuestro concepto, se puede tratar como una
legítima defensa a pesar de que en un principio existió provocación, pues se ha
producido una desproporcionalidad sustancial en la respuesta. De existir la provocación
ésta debe ser adecuada, no se aceptan las provocaciones insignificantes. El límite de la
provocación suficiente está en el concepto de la agresión ilegítima, es decir, si la

10
Von Liszt, Franz. - op. cit., pp. 335-336.

16
provocación tiene la suficiente intensidad para ser considerada como una agresión
ilegítima, el presunto agredido se convierte en agresor frente al cual el provocado puede
actuar en legítima defensa (se invierten los papeles de agredido a agresor y de
provocado a víctima)11.

Respecto al aspecto subjetivo de la legítima defensa: el sujeto debe dirigir su actuación


a la protección de un bien jurídico propio o de tercero. Como señala el profesor
Berdugo12: “Parece que al legislador no le basta con que la persona defienda bienes
jurídicos, sino que exige que el móvil de su acción resida precisamente en esa
protección. Pero es suficiente con que el sujeto perciba la agresión y actúe en
consecuencia”. Es decir, se le exige que su conducta venga motivada por la apreciación
de la presencia del presupuesto de la causa de justificación y no por otros motivos
(conoce la situación y en consecuencia actúa).

En esta situación, se excluye para la valoración de este requisito el criterio de


proporcionalidad de medios, considerándose en su lugar, entre otras circunstancias, la
intensidad y peligrosidad de la agresión, la forma de proceder del agresor y los medios
de que se disponga para la defensa.

Es así, que cuando el medio por el cual se trate de defender una persona sea innecesario
en el sentido visto por haberse podido emplear otro seguro y menos lesivo, estamos ante
el dominado exceso intensivo (o propio); y es exceso extensivo (o impropio) cuando
faltan los requisitos esenciales: ya no hay, o aún no hay, agresión y por ello no hay
necesidad de defensa.

El “exceso intensivo” supone una atenuación del injusto (no de la culpabilidad, que
depende de las condiciones y circunstancias individuales). En el segundo no hay
atenuación posible del injusto, ni eximente completa ni incompleta, y dependerá del
caso, aplicarle una exclusión (o atenuación) de culpabilidad. El llamado “exceso
extensivo” puede dar origen a la defensa putativa, es decir, a la reacción violenta contra

11
Vid. Gó mez Benítez. - "Teoría Jurídica del Delito — Derecho Penal — Parte General”, Editorial CIVITAS,
Madrid, 1988, pp. 360 - 365. -
12
Berdugo Gó mez de la Torre, Ignacio y otros. - op. cit, p, 229.

17
una agresión imaginada. Es así, que se puede apreciar una legítima defensa inapropiada,
toda vez que no se manifestó los estándares que esta requiere para su configuración.

Al respecto, Muñoz Conde y García Arán13 sostienen que admitir la “legítima defensa
en estos casos, aparte de que pueda ser ya desproporcionada; supone reconocer una
´defensa preventiva´ antes de que se actualice la agresión ilegítima e incluso aunque no
llegue a producirse una verdadera agresión. Pero en algunos casos extremos de amenaza
seria y grave de muerte, sujetos especialmente vulnerables, lugares peligrosos,
despoblados, etc., podría admitirse un sistema de autoprotección que pudiera
excepcionalmente llegar a herir o matar. Para ello, además de la situación de peligro
inminente, habría que exigir una posibilidad de control permanente sobre el sistema y la
clara advertencia de que existe ese sistema, de manera que todo el mundo pueda quedar
bien informado de la peligrosidad de acceder o entrar en el lugar así protegido”

Al respecto, debemos hacer unos comentarios. En primer lugar, se habla de la defensa


de bienes jurídicos propios o de terceros, resulta obvio que se refiere a los bienes
jurídicos individuales, pero cabría preguntamos si incluye a los bienes jurídicos
colectivos. Dado que, el artículo en cuestión no hace ninguna restricción podremos
entender que sí. Apoyando nuestra posición, el profesor Von Liszt14 dijo en su
momento: “La agresión tiene que ir dirigida contra. una situación existente. La ley no
hace ninguna diferencia entre los bienes jurídicos atacados. Es injusto querer limitar la
legítima defensa a los ataques contra la persona y la propiedad; también debe admitirse
para la protección de todos los demás bienes jurídicos, ya pertenezcan a los particulares,
ya a la colectividad, pero no contra la simple violación de un contrato. Es muy dudoso
el derecho de legítima defensa contra las acciones desleales”.

Por ejemplo, en los delitos contra el medio ambiente, el bien jurídico es de carácter
difuso —nos pertenece a todos y a nadie en exclusiva-, por lo que, ante una agresión
sobre éste podríamos reaccionar en legítima defensa. Concretando el ejemplo, podría
darse una situación en la cual “A” esté vertiendo residuos tóxicos en un río
contaminando así la flora y fauna, al ver esto “B” decide intervenir, por lo que le da un
golpe dejándolo inconsciente e impidiendo que siga contaminando. Al despertar “A”
13
MUÑ OZ CONDE, Francisco; GARCÍA ARÁ N, Mercedes (2002). Derecho penal. Parte general. Valencia:
Editorial Tirant lo Blanch, p. 186.
14
Von Liszt, Franz. - op. cit., p. 333.

18
denuncia a “B” por lesiones graves, ¿Podría alegar “B” a su favor que actuó en legítima
defensa? Si examinamos el Código Penal, éste establece como presupuesto para la
legítima defensa la actuación a favor de uno mismo o de terceros, en este caso se
defiende tanto él como a terceros porque el bien jurídico medio ambiente pertenece a
todos. Entre los requisitos objetivos se requiere:

● Una agresión ilegítima, la cual viene constituida por el actuar contaminante de “A”.

● Necesidad racional del medio empleado para impedirla, si “A” no se detuvo frente a la

interpelación de “B”, el darle un golpe para impedir que siga contaminando el medio
ambiente puede ser calificado como racional.

● Falta de provocación, obviamente en el caso no existe provocación porque “B” en

ningún momento insto a “A” a que lo agreda a él o al medio ambiente.

En segundo lugar, podemos preguntaros si el art, 20° núm. 3 incluye la defensa de los
derechos de las personas. A nuestro entender, el bien jurídico-penal se encuentra en
íntima relación con la protección
de los derechos más importantes de las personas como: el derecho a la vida, la
integridad física, la posesión, el patrimonio, etc. Por lo que, a nuestro parecer, se puede
afirmar que la persona puede actuar en legítima defensa de sus derechos o los de
terceros. Por ejemplo, si un empleador, utilizando amenazas, no les da a sus obreros las
condiciones adecuadas de seguridad e higiene para que cumplan con su trabajo y,
además no les da sus remuneraciones (art. 168°)15; los obreros al contemplar la situación
se sienten agredidos y deciden tomar el local de la empresa hasta que el empleador
cumpla con sus obligaciones. Al verse en esta situación el empleador denuncia a los
obreros por delito de usurpación (art. 202” núm.3) 16, La pregunta es si los obreros
15
Artículo 168" del Có digo Penal: “Será reprimida con pena privativa de libertad no
mayor de dos añ os el que obliga a otro, mediante violencia o amenaza, a realizar
cualquiera de las conductas siguientes:
1. Integrar o no un sindicato.
2. Prestar trabajo personal sin la correspondiente retribució n.
3. Trabajar sin las condiciones de seguridad e higiene industriales determinadas por
la autoridad.
La misma pena se aplicará al que incumple las resoluciones consentidas o ejecutoriadas dictadas por la
autoridad competente; y al que disminuye o distorsiona la producció n, simula causales para el cierre del
centro de trabajo o abandona éste para extinguir las relaciones laborales”.
16
Artículo 202° del Có digo Penal: “Será reprimido con pena privativa de libertad no menor de uno ni mayor
de tres añ os:
1. El que, para apropiarse de todo o parte de un inmueble, destruye o altera los

19
podrían alegar legítima defensa a su favor. De acuerdo al código, están actuando en
defensa de su derecho a la libertad de trabajo —es un derecho-; además, sobre los
requerimientos de la legítima defensa:

● Han sufrido una agresión ilegítima la cual consiste en trabajar en situaciones no

adecuadas y no haberles remunerado su trabajo.

● Sobre la necesidad racional del medio empleado, debemos entender que los obreros ya

no tenían otra alternativa para hacer valer sus derechos, motivo por el cual decidieron
tomar por la fuerza el local de la empresa.

● En ningún momento han provocado la agresión, es el empleador que ha decidido violar

los derechos de trabajo de los obreros.

Entendemos que, en ambos supuestos, al menos teóricamente y con un gran sector de la


doctrina en contra, podría configurarse la legítima defensa, Por razones de índole
histórica entendemos que la legítima defensa no se proyectó a supuestos como
expuestos, pero, no debemos dejar de tener en cuenta que la evolución de la sociedad no
obliga a extender un poco los supuestos que abarca el tipo penal — interpretación
extensiva-. No debemos dejar de mencionar que la protección de derechos dentro de la
legítima defensa ha sido tomada en ciertos ordenamientos jurídicos como el español.
Existe también la figura denominada legítima defensa putativa, la que surge cuando el
sujeto se equivoca en la existencia del aspecto objetivo de la legítima defensa, debiendo
recurrirse a la institución del error de prohibición para su solución.

[Link] Elementos subjetivos de la legítima defensa

Ya analizados los elementos objetivos de este tipo permisivo, concordaremos con la


doctrina al afirmar que las causas de justificación no solo contienen elementos fácticos
que pueden desprenderse de la realidad sino también están compuestas por elementos

linderos del mismo.


2. El que, por violencia, amenaza, engañ o o abuso de confianza, despoja a otro, total
o parcialmente, de la posesió n o tenencia de un inmueble o del ejercicio de un
derecho real.
3. El que, con violencia o amenaza, turba la posesió n de un inmueble”.

20
subjetivos que serán desarrollados en este punto.

Al tomar en cuenta en el análisis de toda causa de justificación a los elementos


subjetivos estamos haciendo referencia a la valoración fáctica respecto a si los sucesos
en los que se desplegó la legítima defensa fueron en defensa de bienes jurídicos o, por el
contrario, para atentar contra estos. Por tanto, no se pretende incursionar en la mente del
sujeto (psiquis) para conocer cuáles fueron las circunstancias que lo llevaron a
comportarse de dicha manera, sino de desvalorar su conducta, el resultado típico y la
secuencia material con ocasión de la defensa propia o de tercero.

Por esta razón, nos permitimos decir que todo análisis que tienda a solo valorar los
elementos objetivos o solo los elementos subjetivos sería un análisis parcial,
entrecortado que no asume la valoración global de la legítima defensa.

Siguiendo en la misma línea, parte de la doctrina opta por identificar como componentes
de los elementos subjetivos al conocimiento que es parte de una agresión ilegítima
aunado con la valoración del acto de defensa desplegada. El profesor Hurtado Pozo,
desde una visión naturalística, señala: “(…) debe ser consciente de las circunstancias
materiales en las que se defiende y la intención de defenderse”.

Esta perspectiva que el conocimiento radicará en la víctima de la agresión ilegítima


cuente con elementos cognitivos, esto es, que cuente con elementos del suceso fáctico
(propios de su entorno) que le permitan reconocer que se encuentra ante una agresión
que está por desencadenarse o se está cometiendo contra alguno de sus bienes jurídicos,
y por otro lado que cuente con la voluntad de realizar actos de defensa.
Así, MIR PUIG, desde una visión valorativa, refiere: "No es preciso, además, que guíe
al sujeto el ánimo de defensa. Puede obrar por motivos distintos como el de venganza u
odio; así optaremos por admitir como único componente subjetivo de la legítima,
defensa solo el conocimiento de la agresión ilegítima, ya que consideramos pues que la
voluntad es algo que ya está implícito en el conocimiento, es algo innato del ser
humano; es así que, con tan solo el conocimiento de que nos encontramos frente a un
mal o peligro real, actual e inminente contra alguno de nuestros bienes jurídicos, vamos
a reaccionar.

21
Además, proponer a la voluntad como componente independiente de la legítima defensa
sería proponer un análisis exhaustivo y casi imposible de determinar, pues esta muchas
veces hace que uno actúe arrastrado por un sentimiento de cólera, ira de verse en peligro
o sentimientos semejantes. Así: "En un mismo acto puede caber varias intenciones y
también puede una intención ir acompañada por diferentes disposiciones internas, todas
ellas difíciles de probar en juicio. Puede darse entonces, que el que actúa con el fin de
defenderse puede también satisfacer un íntimo deseo de venganza. Estas segundas
intenciones y estas disposiciones internas' son totalmente irrelevantes para la
justificación.

Como señala ZAFARONI, la voluntad en este aspecto sería un elemento irrelevante en


la justificación y altamente difícil de probar, pues en el caso del perro que cita, ¿cómo
podemos evidenciar que la persona que mata al perro porque se encontró, digamos
fortuitamente en peligro, lo hace porque es un sádico que le encanta ver morir a
animales; eso solo tendría explicación si nos adentramos en la mente de la persona, cosa
imposible de hacer y por lo tanto muy difícil, si no imposible de probar.

III LA LEGÍTIMA DEFENSA DE PERSONA JURÍDICA

El Derecho penal económico es el conjunto de normas penales que sancionan las


conductas que atentan gravemente contra bienes jurídicos supraindividuales importantes
para el funcionamiento del sistema económico y para el libre desarrollo individual
dentro de dicho sistema".

Respecto a cómo se puede configurar una causa de justificación en la esfera penal


económica; para este punto, el profesor GARCÍA CAVERO señala: "la posición
extendida de que el Derecho penal económico protege bienes jurídicos
supraindividuales, ha dado pie a un sector de la doctrina penal para negar la relevancia
de la legitima defensa en este sector, pues se trata de una estructura de descargo de la
imputación que opera solamente contra ataques a bienes jurídicos individuales”; en esta
línea, el mencionado profesor es de la idea que se reconoce que existen delitos
económicos en donde se puede alegar legítima defensa siempre y cuando recaigan las

22
agresiones a determinados órganos de una empresa.

Por otro lado el mencionado profesor de la Universidad de Piura precisa que es un punto
polémico considerar el ejercicio de la legitima defensa dentro de los conflictos de las
empresas, esto, en el sentido de que hemos venido desarrollando que la causa de
justificación no podría concebirse, al ya haber sido excluidas las personas jurídicas
como agresoras ilegítimas, toda vez que aun cuando son receptoras de normas jurídico
penales, todavía no existe un amplio reconocimiento de societas delinquere potest. En la
misma
línea GARCIA CAVERO refiere que la doctrina penal les ha negado a las personas
jurídicas la calidad de agresoras y autoriza solamente una defensa necesaria ante los
actos de los órganos que son componentes de estas.

El tema se torna diferente cuando hacemos referencia a que la persona jurídica es la


agraviada en el caso concreto, pues bien, concordando con ROXIN diremos que se
puede alegar legítima defensa a favor de personas jurídicas de derecho privado o de
derecho público pues no se ve ninguna razón por la que la defensa frente a una agresión
de hurto al patrimonio de una sociedad anónima debiera tratarse desde el punto de vista
de la legítima defensa de modo distinto que frente a la agresión a la propiedad de un
particular. De ello se desprende que también hay un derecho de legítima defensa del
ciudadano individual frente a agresiones antijurídicas a los intereses vitales del Estado.

Un punto particular y que sin lugar a dudas tenemos que hacer referencia es al hecho de
que se ha reconocido, fuera del ámbito particular, como posible el ejercer legítima
defensa en el caso de ataques al "derecho de uso de los bienes públicos, para efectos de
dilucidar esta idea, recurriremos al profesor JAKOBS, quien nos refiere que "también el
derecho al uso común sin obstáculos “susceptible de legítima defensa; la defensa contra
quien cierra la carretera o la calle es incluso una acción prototípica de la legítima
defensa.

En el ejemplo anterior, aquel que cierra la carretera, está afectando sin lugar a dudas el
derecho de otras personas de usarla, agrediendo su libertad de actuar (transitar
libremente) y el ordenamiento jurídico deberá estar a su favor si repele la agresión de la
que está siendo objeto, con lo que estamos de acuerdo.

23
Es preciso para finalizar este punto puntualizar que de cara a la realidad moderna
existen y se van formulando nuevas formas de criminalidad, por ejemplo, los nuevos
delitos socioeconómicos, los cuales la mayor parte son perpetrados desde una empresa.
Está surgiendo nuevas formas de criminalidad como los delitos en los negocios
(comprendidos aquellos contra el consumidor), los atentados contra el medio ambiente y
el crimen organizado, colocan a los sistemas y medios tradicionales de derecho penal
frente a dificultades tan grandes que resulta indispensable una nueva manera de abordar
los problemas. En esta línea y en la medida en que estos nuevos delitos se van
incorporando en nuestra sociedad con un incremento cada vez más alto, se ve necesario
prestar atención a lo que "responsabilidad de personas jurídicas", puesto que la realidad
social así lo exige.

III.I ¿Cabe que una persona jurídica obre al amparo de la causa

de justificación de la legítima defensa?

De entrada, cabe plantearse si es posible conceder la causa de justificación de la


legítima defensa a una persona jurídica. Nada impide sostener que pueda existir una
agresión ilegítima contra los bienes jurídicos de una persona jurídica, sea por parte de
sus propios miembros, sea por parte de terceros ajenos a aquella. Estos bienes serían tan
susceptibles de ataque –y, por tanto, de defensa– como cualquier otro bien jurídico de
una persona física. La cuestión se centra, más bien, en determinar si ante una agresión
ilegítima a sus bienes la persona jurídica misma puede “actuar” en legítima defensa.

La justificación lo es siempre de una conducta típica; por consiguiente, presupuesto de


la aplicación de la legítima defensa es que la persona jurídica realice una conducta
penalmente típica. Esto choca frontalmente con la imposibilidad de afirmar que la
persona jurídica lleve a cabo conductas típicas. Por lo mismo, resulta inadecuado
sostener que la persona jurídica pueda “actuar” en defensa de sus bienes jurídicos.

En efecto, quienes pueden cometer los tipos de la Parte Especial son siempre y
solamente las personas físicas17. Y quienes pueden realizar “acciones defensivas” son
17
Véase, entre muchos otros y con ulteriores referencias, ROBLES PLANAS, Ricardo, “¿Delitos de personas
jurídicas?”, InDret Penal, 2/2006, pp. 1 y ss.; EL MISMO, “El “hecho propio” de la persona jurídica y el Informe del

24
siempre y solamente las personas físicas. Aun partiendo de modelos de
“autorresponsabilidad” de la persona jurídica no es posible afirmar lo contrario. Como
es sabido, para los partidarios de tales modelos el “injusto” de la persona jurídica sería
su “defecto organizativo” –utilícese la expresión que se quiera–, esto es, consistiría en
posibilitar o no impedir delitos no adoptando las suficientes precauciones que, de
haberse adoptado, hubieran impedido o dificultado su comisión. Ciertamente, si la
persona jurídica fuera capaz de llevar a cabo realmente “hechos propios”, nada obstaría
a que, bajo ciertas circunstancias, tales hechos tuvieran un carácter defensivo. Esto es, al
igual que en el ámbito del injusto se le haría responsable por su “hecho propio”
(“defecto organizativo”), en el ámbito de la exclusión del injusto se le podría eximir por
su “hecho propio justificado”. Sin embargo, sub altiori lumine, ese presunto “injusto
propio” de la persona jurídica no es, en realidad, un “hecho” de la persona jurídica.
Partiendo de que a ella le incumben determinados deberes, solo desde un punto de vista
formal puede afirmarse que los ha cumplido o incumplido. Materialmente, la
determinación de si los cumple o no es imposible realizarla sin imputarle el
comportamiento de personas físicas. Depende por completo de los comportamientos de
las personas físicas que obran para y por ella. Solo en tanto que se le imputen los
comportamientos de personas físicas podrá afirmarse que ella habrá cumplido o
incumplido un deber. Por consiguiente, en la medida en que los “defectos
organizativos” no constituyen hechos propios de las personas jurídicas, sino ajenos que
–a lo sumo– se le imputan fingiendo que son propios, tampoco puede afirmarse que sea
capaz de llevar a cabo un comportamiento típico y justificado “propio” y, por tanto, que
tenga sentido alguno –más allá de lo metafórico– afirmar que una persona jurídica se
pueda defender “ejerciendo” legítima defensa. Si a ello se le une que para la
justificación se exige la presencia del elemento subjetivo (conocimiento de la situación
justificante), hablar de “legítima de defensa de una persona jurídica” es ya más que un
simple exceso de prosopopeya. Quien ejercerá la legítima defensa, esto es, quien llevará
a cabo un comportamiento típico pero justificado será siempre una persona física que lo

Consejo General del Poder Judicial al Anteproyecto de Reforma del Código Penal de 2008”, InDret Penal, 2/2009,
pp. 1 y ss.; EL MISMO, “Pena y persona jurídica. Crítica del art. 31 bis del Código penal”, La Ley, nº 7705 (2011),
pp. 1 y ss.; VAN WEEZEL, Álex, “Contra la responsabilidad penal de las personas jurídicas”, Polít. crim., Vol. 5, Nº
9 (Julio 2010), Art. 3, pp. 114-142; SILVA SÁNCHEZ, Jesús María, Fundamentos del Derecho penal de la empresa,
Montevideo/Buenos Aires: BdeF, 2ª ed., 2016, pp. 381 y ss.; GRACIA MARTÍN, Luis, “Crítica de las modernas
construcciones de una mal llamada responsabilidad penal de las personas jurídicas”, RECPC 18-05 (2016), pp. 1 y ss.
De entre la bibliografía alemana reciente, véase, p. ej., FRISCH, Wolfgang, “Strafbarkeit juristischer Personen und
Zurechnung”, en: ZÖLLER, Mark; HILGER, Hans; KÜPER, Wilfried; ROXIN, Claus, Gesamte
Strafrechtswissenschaft in internationaler Dimension. Festschrift für Jürgen Wolter zum 70. Geburtstag am 7.
September 2013, Berlín: Duncker & Humblot, 2013, pp. 349 y ss.

25
haga a su favor.

Por lo demás, es sabido que para algunos autores que niegan –acertadamente– que la
persona jurídica lleve a cabo “hechos propios”, los aludidos defectos organizativos
conforman una suerte de “injusto objetivo” (estado de cosas antijurídico) que favorece
la comisión de hechos delictivos, de manera que, no constituyendo “un hecho
antijurídico suficiente para soportar una culpabilidad por el hecho que diera lugar a la
imposición de una pena stricto sensu”18, sí sería base suficiente para asociarle la
imposición de otras consecuencias jurídicas. Cabría entonces plantear la posibilidad de
que en la persona jurídica se dieran “estados de cosas defensivos”. Dicho de otra
manera, cabría quizás entender que la persona jurídica se puede hallar organizada de
una manera tal que propicie la repulsión de agresiones ilegítimas, repulsión que
obviamente llevarían a cabo solo las personas físicas mediante la realización de
actuaciones defensivas típicas pero justificadas. Al igual que una persona física puede
organizar su esfera de modo favorable a la defensa de posibles ataques, una persona
jurídica podría erigirse en un contexto especialmente proclive para repeler –a través de
sus miembros– agresiones a sus bienes jurídicos. En realidad, puede admitirse
perfectamente que una persona jurídica fomente la cultura de la defensa de sus propios
intereses entre sus miembros y lo haga organizándose de un modo tal que estos se hallen
siempre en las mejores condiciones para repeler agresiones antijurídicas. Quizás incluso
sea éste el camino por el que haya de discurrir una eventual “segunda generación” de
los llamados “modelos de prevención de delitos”, que entonces incluirían “programas de
defensa frente al delito” en aquellos ámbitos en los que la empresa suele ser la víctima.
En todo caso, debe quedar muy claro que ese “estado de cosas defensivo” solo de nuevo
en un sentido metafórico sería “legítima defensa de la propia persona jurídica”.

[Link] La legítima defensa por parte de una persona física a favor de

una persona jurídica.

¿Puede el órgano de una empresa actuar en legítima defensa de la propia persona


jurídica? Por ejemplo, si el administrador de una sociedad se dispone a desfalcar dinero,
¿puede el otro administrador ejercer legítima defensa en favor de la sociedad? Como ya

18
SILVA SÁNCHEZ, Fundamentos del Derecho penal de la empresa, cit. nota nº 2, p. 359-360

26
ha quedado apuntado, no parece que existan razones para no poder defender el
patrimonio de una persona jurídica como cualquier otro patrimonio. En este sentido, se
trataría de un caso de legítima defensa de terceros. La persona jurídica puede ser un
tercero19. Por tanto, no parece posible negar que tanto un miembro de la empresa como
un órgano de la misma puedan ejercer legítima defensa en favor de ella cuando tenga
lugar una agresión a sus bienes jurídicos 20. Es en este contexto de legítima defensa
ejercida por personas físicas a favor de personas jurídicas en el que la propia persona
jurídica podría fomentar, como “estado de cosas”, uno que fuera lo más estimulante
posible para salvaguardar los propios bienes jurídicos frente a agresiones (internas o
externas).

[Link] ¿Legítima defensa contra la persona jurídica?

A la inversa cabe plantear también la pregunta por la legítima defensa cuando la


agresión procede de un órgano o representante de la persona jurídica. En tal caso se
trataría de analizar si es posible ejercer legítima defensa contra la propia persona
jurídica que aparecería como “agresora” frente a terceros y, por tanto, de justificar una
intervención no solo en los intereses de la persona física que actúa por ella, sino en los
propios intereses de esta. No parece que haya objeción de principio en admitir la
legítima defensa para repeler la agresión del órgano cuando esta defensa recae
exclusivamente en los bienes jurídicos del órgano como persona física. Más difícil
resulta admitir que la defensa recaiga en perjuicio de los intereses de la persona jurídica.

A tal fin, debe explorarse en primer lugar si la agresión del órgano de la persona
jurídica puede valorarse a la vez como agresión de la persona jurídica. En Derecho civil
esto no aparece como problemático, pero en Derecho penal la ausencia de capacidad de
acción de la persona jurídica conduciría –de nuevo– a negar su carácter de agresora 21.
Del hecho de que se trate de un órgano de la persona jurídica no se deriva que se esté
19
Así, p. ej., PERRON, Walter, en: SCHÖNKE, Adolf; SCHRÖDER, Horst, Strafgesetzbuch, 29ª ed., Múnich: Beck,
2014, § 32, nº mar. 6; RÖNNAU, Thomas; HOHN, Kristian, Strafgesetzbuch Leipziger Kommentar, 12ª ed., Berlín:
De Gruyter, 2006, § 32, nº marg. 78.
20
SPÄTH, Rechtfertigungsgründe im Wirtschaftsstrafrecht, cit. nota nº 1, p. 63.
21
Doctrina dominante: ROXIN, Claus, Strafrecht Allgemeiner Teil. t. I, 4ª ed., Múnich: Beck, 2006, § 15, nº marg. 7;
RÖNNAU/HOHN, LK-StGB, cit. nota n° 4, § 32, nº marg. 99; PERRON, en: SCHÖNKE/SCHRÖDER,
Strafgesetzbuch, cit. nota nº 4, § 32, nº marg. 3; ERB, Volker, Münchener Kommentar zum Strafgesetzbuch, 2ª ed.,
Múnich: Beck, 2011, § 32, nº marg. 58; ENGLÄNDER, Armin, en: MATT, Holger; RENZIKOWSKI, Joachim
(Eds.), Strafgesetzbuch Kommentar, Múnich: Beck, 2013, § 32, nº marg. 9; KINDHÄUSER, Urs, Nomos-
Kommentar. Strafgesetzbuch, Tomo 1, 4ª ed., Baden-Baden: Nomos, 2013, § 32, nº marg. 31.

27
ante la agresión de una persona jurídica. Agresor es solo el órgano de la persona
jurídica.

[Link] ¿Podría, no obstante, imputarse a la persona jurídica la

agresión del órgano precisamente en virtud del hecho de que éste

actúa como órgano de aquélla22?

La empresa no es ni tan siquiera partícipe de la agresión; más bien la antijuricidad de la


acción del órgano se dirige también contra la propia persona jurídica, que es mera
receptora pasiva de los actos de sus órganos.

Negado el carácter de agresora a la persona jurídica, la cuestión se centra en si puede


fundamentarse de algún otro modo la posibilidad de acudir a sus bienes jurídicos para
repeler la agresión que lleva a cabo su órgano. Esta es en realidad una cuestión que
afecta a los requisitos que debe presentar la acción de “defensa” del agredido.

En primer lugar, cabe recordar que la reacción del agredido debe ser una reacción de
defensa “para impedir o repeler la agresión” (art. 20.4 CP). Ello excluye del ámbito de
las actuaciones defensivas a todas aquellas que no son idóneas (ex ante) para impedir o
repeler las agresiones en sí mismas.

En segundo lugar, está ampliamente reconocido en términos generales el principio


según el cual la defensa se debe limitar a intervenir sobre los bienes jurídicos del
agresor.

La intervención sobre bienes de terceros puede estar justificada, en todo caso, por
estado de necesidad23. De ser así resultaría claro que no sería posible dirigirse en
legítima defensa contra los bienes de la persona jurídica como forma de repulsión del
ataque, por muy necesario e idóneo que ello fuera. Tales bienes de la persona jurídica
serían ajenos al conflicto.

22
Esto es lo que parece sugerir PERRON (en: SCHÖNKE/SCHRÖDER, StGB, cit. nota nº 4, § 32, nº marg. 3): “sin
embargo, aquí pueden lesionarse también bienes de la corporación (…) puesto que a ésta se le deben poder imputar
los ataques antijurídicos de sus órganos”).
23
Así, p. ej., JAKOBS, AT, cit. nota nº 9, 12/28.

28
Una toma de postura al respecto pasa por identificar analíticamente tres situaciones
abstractas en las que un tercero (aquí: la persona jurídica) aparece en la escena de una
situación de legítima defensa: en primer lugar, cuando el tercero está unido a la fuente
de la agresión (casos de escudos humanos); en segundo lugar, cuando las cosas del
tercero son usadas por el agresor como medios para el ataque; en tercer lugar, cuando
las cosas del tercero simplemente son usadas por el defensor para repelar la agresión.

En el primer caso, está clara la ajenidad al conflicto: se usa por parte del agresor a un
tercero en contra de su voluntad como “escudo” para protegerse de una eventual defensa
por parte del agredido. No puede regir la legítima defensa contra el tercero, sino solo
estado de necesidad (agresivo). La solución podría presentarse de otro modo –en el
segundo caso– cuando tales bienes de la persona jurídica ya no fueran tan ajenos al
conflicto, esto es, cuando se utilizan de algún modo bienes de la persona jurídica por
parte del órgano para llevar a cabo la agresión. La pregunta es entonces: ¿cabe lesionar
bienes de la persona jurídica en legítima defensa cuando el agresor los utiliza como
medio para la agresión? En la doctrina alemana, Volker Erb sostiene que dado que la
persona jurídica ha puesto a disposición del agresor sus bienes jurídicos para que actúe
en su interés, estaría justificado en legítima defensa el menoscabo de tales bienes.

Está ampliamente reconocido que los objetos utilizados por el agresor, aun habiendo
sido cedidos voluntariamente por un tercero, únicamente pueden ser objeto de
intervención en legítima defensa si ello se ha hecho con conocimiento del tercero de su
aplicación para la agresión (y entonces hay participación del tercero en la agresión).
Contentarse con el dato de que el tercero haya cedido voluntariamente el objeto al
agresor supone aniquilar el principio según el cual la defensa solo puede recaer sobre
los bienes del agresor: desde un punto de vista pragmático, la mayoría de los objetos son
cedidos de forma consentida por su titular. Más bien, aquí, de nuevo, solo pueden regir
las reglas del estado de necesidad, que en este caso podría considerarse defensivo. Ej.:
A ataca a B con el valioso jarrón de C. B se defiende golpeando el brazo de A, lo que
provoca que el jarrón de C caiga y se rompa. En el tercer caso, las cosas del tercero
(aquí: de la persona jurídica) son usadas por el agredido para repeler la agresión del
órgano, si bien tales cosas no son medio de la agresión. La aplicación de las reglas
generales conduce con mayor motivo a negar que la legítima defensa recaiga sobre las

29
cosas del tercero y a permitir únicamente su sacrificio solidario en estado de necesidad
agresivo.
Aquí se observa un radical distanciamiento del tercero respecto de la agresión, que
simplemente está-ahí-presente en el momento de la defensa. Ej.: para repeler la agresión
física de A, B usa un jarrón de C.

Esta última consideración nos aproxima al punto decisivo: ¿puede afirmarse en algún
caso y en algún sentido la corresponsabilidad de la persona jurídica por la agresión? Si
se sostiene que solo es posible afectar los bienes jurídicos del agresor y la persona
jurídica no es nunca agresora, no puede lógicamente predicarse la corresponsabilidad
suficiente de ésta por la agresión. Solo en un sentido impreciso (no técnico y por tanto
ajeno al instituto de la legítima defensa) puede admitirse la existencia de esa
corresponsabilidad por parte de la persona jurídica. Ahora bien, no cabe excluir
situaciones en las que sí quepa hallar verdaderos responsables junto al agresor sobre los
que sí cabría que recayera la acción defensiva: los titulares de la empresa. En efecto,
ningún problema se platearía para el caso en que el agresor es el titular de la empresa y
la defensa recae sobre esta en tanto instrumento del ataque. P. ej., el empresario
individual va a lanzar al mercado un producto tóxico y para evitarlo se revelan datos
secretos. Lo mismo cabe predicar de los casos en los que los socios acuerdan llevar a
cabo prácticas delictivas. Sin embargo, el problema seguirá planteándose allí donde los
titulares de la empresa son ajenos a la actividad delictiva y, sin embargo, tienen un
interés digno de protección penal que no puede ser lesionado apelando a la agresión
antijurídica que lleva a cabo, por ejemplo, su órgano de administración. En tales
supuestos, de nuevo, solo será posible acudir al estado de necesidad.

Con todo, cabría aún plantear una cierta responsabilidad de la persona jurídica en
términos generales por el dato de constituir un “estado de cosas antijurídico” favorable a
que sus miembros cometan hechos delictivos que constituyen agresiones ilegítimas. Así,
el agredido podría apelar a que la persona jurídica ha constituido un entorno o contexto
organizativo que ha posibilitado o que no ha impedido el surgimiento de agresiones
ilegítimas de sus miembros y, de ese modo, alegar un fundamento para acudir a sus
bienes jurídicos para repeler la agresión. Esta consideración nos sitúa de nuevo en el
supuesto número dos o en el tercero. Si, por un lado, se ha afirmado que no es suficiente
con un consentimiento general en el uso del potencial de la persona jurídica, tampoco

30
puede bastar ese consentimiento por muy desorganizada que pueda estar la persona
jurídica para ejercer legítima defensa contra ella. Aun menos ello será posible cuando la
persona jurídica es simplemente utilizada por el agredido para defenderse. Aquí la
existencia de una adecuada o incorrecta organización no le otorga al agredido un
derecho de legítima defensa contra ella. En ambos casos, hay que remitirse al estado de
necesidad.

IV JURISPRUDENCIA

IV.I Recurso de Nulidad N° 1740-2019, Lima Este

Sumilla: La Sala Superior analizó superficialmente la secuencia de hechos, sin


considerar que el propio agraviado reconoció haber agredido a la acusada por
encontrarse bajo los efectos del alcohol y las drogas; por el contrario, el proceder de la
acusada no evidenció una conducta que pueda ser subsumida, en su aspecto de
antijuridicidad, al delito materia de imputación, por lo que debe ser absuelta, al
acreditarse la legitima defensa con la que obró.

Fundamento sexto:
En ese sentido, este Colegiado Supremo no cuestiona la materialidad de los hechos, es
decir, que la acusada incrustó un cuchillo de cocina en el pecho del agraviado poniendo
en riesgo su vida, pues ello se acreditó no solo con la propia aceptación de cargos de la
imputada, sino también con prueba objetiva, ya que obra el Certificado Médico Legal
número 028442-VM (foja 42) que dio cuenta de las lesiones traumáticas en el tórax de
la víctima, que comprometieron su corazón y pulmones. Más aún si el médico David
Huanca Huamán ratificó (foja 223) su examen médico y señaló que la lesión pudo
haberle causado la muerte de no ser atendido oportunamente (como así hizo) porque
existió daño a órganos vitales.

Fundamento séptimo:
Sin embargo, la principal discrepancia que ocupa el análisis del presente caso se centra
en la causal de justificación brindada por la acusada sobre haber llevado a cabo la
acción típica, pues señaló que lo hizo en ejercicio de su legítima defensa al verse en

31
riesgo inminente. Argumento que también es la esencia de su recurso de nulidad y que a
continuación se analizará.

Fundamento décimo:
De este modo, tomando en cuenta los elementos configurativos para la determinación
de la legitima defensa, se debe destacar que ambas partes involucradas en el presente
caso (acusada y agraviado) coincidieron en señalar que la víctima fue quien inicialmente
y de manera irracional atacó a la procesada bajo la influencia de drogas y alcohol, y
como consecuencia de una discusión, por lo que sí existió una agresión ilegítima
contra la acusada que, más allá de la diferencia en cuantificación entre lo señalado por
esta y lo objetivamente referido en el certificado médico legal que se le practicó (foja
34), requieren de un análisis que trascienda lo superficial, pues no debe olvidarse que,
conforme a la inspección técnica policial (foja 31), la habitación donde sucedieron los
hechos tiene veinte metros cuadrados (en los que se distribuían cocina, cuarto y sala);
además, en el lugar también se encontraba el hijo menor de la agraviada (con el que se
originó la discusión entre las partes), quien objetivamente también pudo resultar
agredido directa o indirectamente, todo lo cual incidió en la conducta de la agraviada
para repeler tanto la agresión como la inminente amenaza que conllevaba la conducta
del imputado.

Fundamento décimo primero:


En tal sentido, tomando en cuenta la especial situación de alerta en que se encontraba la
acusada, no se le podía exigir (como antaño) el empleo proporcional del medio para
repeler la agresión o amenaza de que era objeto, sino que debe observarse la necesidad
racional del medio empleado para impedir o repelerla que en el caso de autos se ve
objetivamente corroborada, pues pese al empleo de un arma blanca y las consecuencias
a la salud del agraviado, que hasta pusieron en riesgo su vida, no se puede afirmar que
la intención de la recurrente fuera privarlo de la vida, dado que, inmediatamente
después de cometidos los hechos, acudió ante personal de Serenazgo para pedir apoyo y
socorrer a la víctima, quien finalmente pudo ser auxiliada. De este modo, tal conducta
consciente dista de la que regularmente podría ser subsumida a la de una persona con un
real dolo homicida. Además, de nuevo debe tomarse en cuenta que en el lugar de los
hechos se encontraba el menor hijo de la encausada, víctima potencial circunstancial de
las agresiones del acusado.

32
Fundamento décimo segundo:
No se debe olvidar que, según el numeral 3 del artículo 20 del Código Penal y conforme
lo señala el profesor Hurtado Pozo:
Actúa en legítima defensa quien obra en defensa de bienes jurídicos propios o de
terceros […]. En su aspecto objetivo, esta descripción comprende una situación de
peligro creada por la agresión ilegítima y la acción destinada a neutralizarla. El
aspecto subjetivo consiste en la voluntad de defenderse, o de defender a terceros, con la
que ha de actuar quien ejerce la defensa. Esta voluntad está prevista de modo implícito
en la expresión “obrar en defensa de”. La situación de peligro (estado de necesidad en
sentido amplio) supone, por un lado, una agresión ilícita, actual o inminente y, por otro
lado, un bien jurídico preponderante que deba ser protegido.

Criterios dogmáticos que se verifican en el presente caso en la conducta de la acusada.

Fundamento décimo tercero:


Por último, también se corrobora la existencia de la falta de provocación suficiente de
quien ejerce la defensa, por cuanto la recriminación que ella efectuó al agraviado por no
dejar ver televisión a su menor hijo, en lo absoluto justificaría la agresión que
desencadenó y puso en peligro a la agraviada y al menor. Por el contrario, dicha
reacción irracional solo podría explicarse por el comprobado y admitido estado etílico y
de drogadicción en el que se encontraba el agraviado.

[Link] Recurso de Nulidad 667-2021, Lima

Sumilla: Si de la prueba actuada y valorada se acredita que la procesada usando un


arma punzocortante –que la puso en ventaja sobre la víctima– le profirió lesiones que
pudieron acabar con su vida, cabe condenarla como autora de la tentativa del delito de
homicidio simple.

Fundamento Decimoprimero.

33
Al haberse invocado como agravio un acto de legítima defensa, pues la procesada alega
que solo repelió el ataque del agraviado, deberían concurrir los presupuestos
establecidos en el numeral 3 del artículo 20 del Código Penal, esto es:

1. Agresión ilegítima.
2. Necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla.
3. La falta de la provocación suficiente de quien hace la defensa.

Agresión ilegítima.
Al respecto, cabe estimar que tal como lo indicó la Sala Superior en atención a las
distintas versiones sobre los hechos ya detallados, en el presente caso no se puede
determinar con certeza qué parte inició la discusión. Por consiguiente, no es posible
acreditar la plena concurrencia de este presupuesto.

Necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla.


Según ha establecido esta Suprema Corte dicho presupuesto: Exige la valoración de las
circunstancias, sin que esta implique un análisis de proporcionalidad entre la agresión y
el medio empleado para la defensa. El análisis debe girar en torno a la racionalidad de la
medida empleada. La evaluación de la necesidad racional se debe realizar desde una
doble perspectiva que no se limite al medio, sino también a la misma defensa. Al
respecto, conforme con el relato de la agraviada, ella se encontraba descansando en un
dormitorio de la vivienda cuando repentinamente el procesado la despertó y le propinó
golpes, por lo que ella se dirigió a la cocina y cogió un cuchillo. Sin embargo, debe
considerarse que ella también indicó que en la vivienda se encontraba su madre
Esmeralda Laffosse Grijalva y su padrastro Carlos Antonio Paredes, extremos
ratificados por aquellos testigos. Así, cabe asumir que la procesada pudo solicitar ayuda
o evadir la situación de enfrentamiento con el agraviado luego de la primera agresión
que según su versión ocurrió e incluso pudo salir de la vivienda; no obstante, prefirió
dirigirse a la cocina para coger un cuchillo con el cual luego agredió al agraviado. Así,
el presupuesto analizado tampoco se verifica.

Falta de provocación suficiente de quien hace la defensa. 

34
Como ya se indicó no es posible determinar si el agraviado o la procesada generó la
disputa entre ambos y su desenlace lesivo para el agraviado. Por consiguiente, no es
posible dar por realizado este tercer presupuesto de la legítima defensa.

[Link] Recurso de Nulidad 910-2018, Lima Este

Sumilla: LEGÍTIMA DEFENSA.


La legítima defensa como causa de justificación se funda, desde un plano individual, en
la defensa que realiza la persona en respuesta racional frente a una agresión injusta; y,
desde el punto de vista supraindividual, en la defensa del orden jurídico y del derecho
en general, conculcados por la agresión antijurídica. Asimismo, debe entenderse no en
sentido estricto o matemático que señala la norma penal, sino sobre la base de las
circunstancias desarrolladas por el sujeto activo (procesada) frente a la agresión
ilegítima del sujeto pasivo (agraviado-conviviente) que era frecuente y continuo, en
defensa de su vida que estaba en peligro y de su menor hijo de seis años.

Fundamento 8.1. Primer presupuesto: agresión ilegítima. 


Se trata de un comportamiento dirigido a lesionar o poner en peligro un bien legalmente
protegido, donde el adjetivo ilegítimo es utilizado en el texto legal para calificar a la
agresión de ilícito e injusto, contrario al orden jurídico. De tal forma que la agresión
debe ser inminente, actual o presente. En autos, la procesada Elizabeth Melissa
Gonzales Encarnación, en el curso del proceso, aceptó haber propinado una puñalada en
el tórax al agraviado Joel Jhonny Malpartida Palma, quien fue su conviviente –lo cual le
ocasionó la muerte–, cuando el agraviado, sin motivo alguno y por sus celos enfermizos,
luego de haber llegado a su domicilio, le comenzó a inferir palabras soeces e intentar
ahorcarla con las manos en la habitación donde hacían vida común. Al respecto, la
procesada, a nivel policial (folio treinta y uno), en presencia del representante del
Ministerio Público, señaló que:

Llegó a su cuarto a las 20:40 horas, en compañía de su menor hijo, Angelo Caleb, y
encontró a su conviviente Joel Jhonny Malpartida Palma, quien estaba sentado sobre la
cama viendo televisión, ese momento le reclamó por qué llegaba a esa hora, a lo que
respondió que fue a recoger a su menor hijo a la casa de su mamá. En ese momento, el
agraviado se levantó de la cama furioso y volvió a preguntarle con las siguientes frases:

35
“¿Con quién has estado?”, “¿con quién habrás estado, ¿quién sabe?”, y sin motivo
alguno, con las dos manos, el sujeto del cuello. Al momento que intentó defenderse, se
acerca su mejor hijo y le dijo: “Papá, papá, deja a mi mamá”, y en vez de calmarse, el
agraviado, con la mano izquierda, le dio un empujón con fuerza al menor, que cayó
cerca de la cama y se puso a llorar. Ante estos hechos cogió el cuchillo que se
encontraba cerca, con el cual trató de asustarlo y que dejara de seguir golpeándola, pero
en el momento que trató de quitarle el cuchillo se lo introdujo en el pecho, en el lado
izquierdo de su conviviente, y al ver que manaba sangre de inmediato pidió apoyo a un
mototaxi y lo condujo al hospital de Huaycán […].

En su declaración instructiva (folio ciento ochenta y ocho), ratificó su versión y sostuvo


que:

Cuando llegó a la habitación, encontró sentado en la cama a su conviviente quien veía


televisión y le reclamó por qué llegaba a esa hora. Ella le respondió que recién salía de
trabajar y había ido a recoger a su hijo. Ante ello, el agraviado siguió interrogándola:
“¿Dónde has estado; ¿con quién has estado?”, se levantó, la sujetó del pecho, la puso
contra la pared y la comenzó a ahorcar. Su hijo intentó defenderla y este lo empuja, por
lo que la acusada coge el cuchillo para asustarlo; sin embargo, se produce un forcejeo y
se lo incrusta en el pecho; luego de ello lo lleva al hospital.

En el juicio oral (folio trescientos trece), refrendó su versión brindada en el curso de la


investigación.

Lo antes descrito se encuentra debidamente corroborado con el Certificado Médico


Legal N.° 021591-L-D (folio cuarenta y siete), practicado a la procesada Melissa
Elizabeth Gonzales Encarnación, donde los peritos suscriptores certificaron que la
revisada presenta equimosis con impresiones digitales en región cervical, lados derecho
e izquierdo, ocasionado por digitopresión, que produce un día de atención facultativa
por tres de incapacidad médico legal. Lo que significa que la procesada reaccionó
instintivamente, ante la agresión de su conviviente-víctima, quien la estaba ahorcando
delante de su hijo menor de seis años.

Fundamento noveno:

36
De lo expuesto, este Supremo Colegiado concluye válidamente que el comportamiento
típico de la procesada Elizabeth Melissa Gonzales Encarnación se adecúa a los
requisitos que exige dicha causa de justificación (legítima defensa) para eximirla de la
responsabilidad penal, no en el sentido estricto o matemático que señala la norma penal,
sino sobre la base de las circunstancias desarrolladas por la procesada frente a la
agresión de su conviviente, que era frecuente y continuo, en defensa de su vida que
estaba en peligro y de su menor hijo de seis años que fue arrojado por la víctima, y
debido a que vivimos en una sociedad de violencia familiar y social generados por
distintas causas. Por tanto, se justifica la respuesta o actuación que puede realizar
cualquier ciudadano en caso de ser agredido de manera ilícita (estrangulamiento); por lo
cual tuvo la necesidad racional de emplear un arma blanca (cuchillo), puesto que se
atentaba contra su propia vida; más aún, no existió provocación de parte de la acusada
que ha efectuado la defensa, razón por lo que su conducta se encuentra justificada y
debe absolvérsele de la imputación fiscal.

37
V. LEGÍTIMA DEFENSA DE ANIMALES

Hace poco tiempo la figura de legítima defensa ha tenido mayor visibilidad, esto es
respecto a que, corresponde determinar si la agresión antijurídica podría dirigirse contra
un animal, en tanto se considere a este sujeto de derecho subjetivo.

En primer lugar, debe verse si corresponde hablar de una situación defensiva ya que de
manera previa debe existir una “agresión”, esto significa que haya una amenaza de un
bien jurídico a partir de una acción humana, pero aquí surge la discusión ya que los
bienes jurídicos se le atribuyen a los individuos y los bienes colectivos no son
susceptibles de ser protegidos por legítima defensa.

Estando a lo señalado, solo se podría actuar en legítima defensa de los animales si éstos
fueran si estos fueran sujetos de derecho, así fuera en un sentido mínimo. Es importante
tener en cuenta los elementos de la legítima defensa que son: i) la actualidad; ii) la antijuricidad;
y, iii) acción defensiva.

Es importante señalar que una de las ideas respecto a los límites de ejercer legítima
defensa a favor de los animales, es la facultad que se pueda tener para evitar el daño,
esto es, la posibilidad de evitar una “legítima defensa”, pero esto iría en contra de la
teoría dualista, la cual señala que mediante la legítima defensa no solo se tutelan los
bienes jurídicos del accionante, sino que además se protege el ordenamiento jurídico.

También, es importante señalar lo que respecta a la desproporción extrema, ya que no es


proporcional matar a una persona para salvar a un pollo (animal) que se utiliza como
alimento en un negocio, esto no debería prohibirse en relación a la ponderación de
bienes jurídicos ni por consideración hacía el agresor o por un deber de solidaridad
mínima, sino que debería atenderse al bien común.

38
VI. DIFERENCIAS LEGITIMA DEFENSA Y ESTADO DE NECESIDAD

SEMEJANZAS:

● Ambas están informadas por el interés preponderante.

● Ambas son causas de justificación (estado de necesidad – defensa legítima, ejercicio

de un derecho, oficio o cargo, cumplimiento de la ley o de un deber)

● Ambas obedecen al ejercicio de un derecho.

● La legítima defensa es un estado de necesidad. Esta se generó; aquella, especie.

DIFERENCIAS:

● La legítima defensa es una reacción, mientras que el estado de necesidad es una

acción.

● En la legítima defensa no hay necesidad de indemnización en el estado de necesidad

puede haber tal.

● En la legítima defensa hay choque de un interés ilegítimo (por ejemplo, matar) y un

interés legítimo (por ejemplo, vida). En el estado de necesidad hay choque de


intereses legítimos (vida y propiedad, por ejemplo, en el hurto famélico, o sea, robar
algo de comer para no morir de hambre, siempre y cuando ya no pueda trabajar).

39
VIII. CONCLUSIONES

Habiendo abordado en el presente trabajo de investigación el tema de legítima defensa,

se tiene que respecto a las causas de justificación existen dos posturas, las mismas que

son la teoría monista y teoría pluralista, la primera teoría defendida por Jakobs, presenta

un serio problema dado que utiliza conceptos vagos e imprecisos, puesto que al referirse

al término “fin justo”, deja al libre albedrio del juzgador determinar lo que es un fin o

medio justo.

Asimismo, se ha revisado que la doctrina también aborda dos principios respecto a los

fundamentos de la legítima defensa, los cuales son el principio de protección y principio

de defensa del orden jurídico, el primer principio responde a la existencia natural que

tiene el hombre a reaccionar frente a situaciones de peligro que pueden atentar o

vulnerar su integridad, mientras que el segundo principio explica que el sujeto no solo

está ejerciendo su derecho legítimo a salvaguardar su integridad sino que también está

protegiendo el sistema jurídico.

El sistema penal peruano -Código Penal vigente- en el artículo 20, numeral 3, señala

que el sujeto está exento de responsabilidad penal cuando “obra en defensa de bienes

jurídicos propios o de terceros, siempre que concurran las circunstancias siguientes: a)

Agresión ilegítima; b) Necesidad racional del medio empleado para impedirla o

repelerla. Se excluye para la valoración de este requisito el criterio de

proporcionalidad de medios, considerándose en su lugar, entre otras circunstancias, la

intensidad y peligrosidad de la agresión, la forma de proceder del agresor y los medios

de que se disponga para la defensa y c) Falta de provocación suficiente de quien hace

la defensa.

40
Teniendo en cuenta lo establecido por nuestro ordenamiento jurídico, es importante

señalar las modificaciones que han surgido en torno al literal b) del numeral 3), artículo

20, puesto que hasta antes de su modificación (literal modificado por el artículo 1 de la

Ley N° 27936, publicada el 12 de febrero de 2003), señalaba: “b) Necesidad racional

del medio empleado para impedirla o repelerla”, esta modificación se justifica ya que

no resulta indispensable que exista una proporcionalidad entre la agresión y el medio

empleado para repelerla, sino que se debe valorar la intensidad y peligrosidad de la

agresión; además de la forma de proceder del agresor y los medios que tenga el sujeto

para defenderse, siendo así debe valorarse las circunstancias de cada caso, ya que no

resultaría excesivo si el sujeto que porta un arma lo usa para salvaguardar su integridad

ya que viene siendo agredido por tres sujetos que portan armas blancas, ya que si bien el

medio empleado no es proporcional, haciendo una valoración de las circunstancias del

caso se puede concluir que la utilización del arma de fuego no fue excesivo.

Respecto a la legítima defensa de personas jurídicas, el profesor GARCÍA CAVERO,

refiere que en este caso se protegen bienes jurídicos supraindividuales, sin embargo,

nuestra normativa solo faculta la legitima defensa propia (individual) o de un tercero, es

importante señalar que existe un vacío normativo en cuanto a la legítima defensa de

persona jurídica, ya que no se ha desarrollado de forma amplia el reconocimiento de la

responsabilidad penal de una persona jurídica por lo que no resulta lógico abordar la

legitima defensa de una persona jurídica si es todavía no se ha establecido

correctamente su responsabilidad penal, por otro lado, ROXIN, señala que la persona

jurídica podría ejercitar su derecho a la legitima defensa en tanto se vea vulnerado su

derecho al patrimonio.

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V BIBLIOGRAFÍA

⮚ Alcócer Povis E., (2021), Introducción al derecho penal parte general, primera

edición, Lima-Perú, Jurista Editores.

⮚ Bramont-Arias Torres L., (2002), Manual de Derecho Penal Parte General,

Segunda ed., Lima – Perú, Editorial y Distribuidora de Libros S.A.

⮚ Salazar Sánchez N., (2019), Comentarios al Código Penal peruano, Segunda ed.,

Lima – Perú, Gaceta Jurídica S.A.

⮚ Villavicencio Terreros F., (2006), Derecho Penal Parte General, primera edición,

Lima – Perú, Grijley E.I.R.L.

⮚ MUÑOZ CONDE, Francisco; GARCÍA ARÁN, Mercedes (2002). Derecho

penal. Parte general.

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