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Análisis del fallo B. D. vs. Citibank N.A.

Este documento resume un caso judicial relacionado con el uso de una tarjeta de crédito. Un cliente demandó a dos bancos alegando que se le cobró indebidamente una compra de US$19.95 que no realizó. El tribunal de primera instancia falló parcialmente a favor del demandante y condenó a los bancos a pagar daños y perjuicios. Tanto el demandante como los demandados apelaron. El tribunal de alzada confirmó la sentencia, encontrando responsables a los bancos por no responder adecuadamente al reclamo del

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Nicole Romero
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Análisis del fallo B. D. vs. Citibank N.A.

Este documento resume un caso judicial relacionado con el uso de una tarjeta de crédito. Un cliente demandó a dos bancos alegando que se le cobró indebidamente una compra de US$19.95 que no realizó. El tribunal de primera instancia falló parcialmente a favor del demandante y condenó a los bancos a pagar daños y perjuicios. Tanto el demandante como los demandados apelaron. El tribunal de alzada confirmó la sentencia, encontrando responsables a los bancos por no responder adecuadamente al reclamo del

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ANÁLISIS DE CASOS JURISPRUDENCIALES

Sistema de Tarjeta de Crédito

Derecho Empresarial

GRUPO:
COMISIÓN:

Fallo “B., M. D. CONTRA CITIBANK N.A. Y OTRO SOBRE ORDINARIO”

1. NOMBRE DEL FALLO O CARÁTULA: B., M. D. CONTRA CITIBANK N.A. Y OTRO


SOBRE ORDINARIO.
2. FECHA: 29 DE OCTUBRE DE 2019
3. TRIBUNAL QUE FALLÓ – MIEMBROS: CÁMARA NACIONAL DE APELACIONES EN
LO COMERCIAL, SALA F, CIUDAD DE BUENOS AIRES
4. HECHOS: El señor M. D. B. demanda a Citibank N.A., a Banco Santander Rio S.A.
y a Mastercard S.A. en procura del reconocimiento de cierta operación de compra
mediante tarjeta de crédito como inexistente, con los daños y perjuicios que le produjo
y las costas del proceso.
El actor arguye que, mediante un ofrecimiento que le efectuó el banco Citibank N.A. a
través de la Universidad del Salvador, obtuvo la tarjeta de crédito "Mastercard" respecto
de la cual First Data Cono Sur resulta ser la licenciataria. También expone que el uso de
la misma fue mínimo y que consta en los informes acompañados por la actora. En la
liquidación correspondiente a fecha 11/02/2016 se encuentra como única operación
una compra por US $19.95 con saldo de $0, debiendo afrontar el pago de la deuda en
dólares no habiendo realizado ninguna compra en el periodo indicado en el resumen.
El Señor M. D. B. se imponía realizar el reclamo previsto en el art. 26 de la ley 25.065
mediante un correo electrónico a la dirección “fraudes@[Link]”, adjuntando el
“formulario A” y desconociendo la transacción que se le atribuía, conjuntamente con
una fotografía de la tarjeta destruida cuya realización fue también encomendada
telefónicamente A raíz de esto último, el actor endilga incumplimiento de la normativa
de LTC por parte del banco y, tras insistencia por debidos mecanismos (pedido de
informes, llamadas, correos y hasta una mediación que ha fracasado) no logro solución
ante una total indiferencia por ambos bancos y donde ambos bancos reclaman el pago
de la deuda que había desconocido y también un estudio jurídico, motivo por el cual fue

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ingresado en el Veraz, figurando como Deudor Categoría 5 (Irrecuperable) en el registro
del Banco Central de la República Argentina (BCRA).
El Señor M. D. B., promueve formal demanda con la liquidación de los siguientes rubros:
(i) pesos un mil novecientos treinta ($1.930) en concepto de gastos; (ii) pesos quinientos
mil ($500.000) por pérdida de chance; (iii) pesos trescientos mil ($ 300.000)
correspondiente al daño moral que dijo padecer y, (iv) el 25% del monto total de la
condena por daño punitivo, ofreciendo prueba pericial contable, pericial informática y
testimonial.
La representación de Santander Rio S.A. contestó la demanda solicitando su rechazo,
con costas, Aseveró en punto a la deuda que se compone de dos consumos (U$S 19,95
de fecha 06/01/2016 y U$S 24,95 de fecha 09/02/2016) reconociendo en relación a la
primera que si bien fue impugnada en tiempo y forma, no fue eliminada correctamente
de la liquidación; y en cuanto al segundo consumo, que como nunca fue impugnado ni
desconocido por el actor, generó parte de la deuda que se le reclama, la cual resulta
genuina por no haber sido temporáneamente cuestionada. Sostuvo que, de haber
eliminado el cargo de U$S 19,95 objetado por el accionante, igualmente hubiera estado
informado en Veraz, ya que el consumo generado con posterioridad de U$S 24,95 nunca
fue impugnado ni cancelado; y en orden a ello, el resultado hubiera sido el mismo.
Citibank N.A., por su parte, se presentó negando pormenorizadamente cada uno de los
hechos vertidos por el actor, explicando que el Banco Santander Rio adquirió parte del
fondo de comercio de la sucursal Citibank establecida en Argentina, donde entre los
pasivos y activos del fondo se encuentra el reclamo tratado en el expediente, a raíz de
la cual citibank adhiere en su totalidad a la contestación de Santander Rio.
5. FALLO 1RA INSTANCIA: el juez de primera instancia hizo lugar parcialmente a la
demanda y en consecuencia condenó a Citibank N.A. y a Banco Santander Río S.A. al
pago de pesos doscientos cincuenta mil ($ 250.000), suma comprensiva de la reparación
por daño moral ($ 200.000) y daño punitivo ($ 50.000). Ello, con más los intereses que
mandó calcular desde la fecha en que fue desconocido el cargo por el demandante,
mediante la aplicación de la tasa que percibe el Banco de la Nación Argentina en sus
operaciones de descuento cada treinta días -tasa activa-. Por otro lado desestimó el
resarcimiento por pérdida de chance. Para así decidir sostuvo que: a) El cargo no
observado respondía a una operación con el mismo agente que aquél que motivara la
observación del pretensor; b) no existía ninguna operación por ningún concepto en la
tarjeta del demandante lo que demostró que no era utilizada;c) se comprobó que el
19/2/16 el actor remitió el formulario de denuncia y constancia de la tarjeta destruida,
perdiendo virtualidad la obligación de observancia del posterior resumen emitido el
8/3/16; d) habiendo sido observado el cargo originario, el banco nunca dio respuesta al
reclamo de su cliente y admitió haber errado al no eliminarlo de la liquidación. Asimismo
ordenó a las accionadas llevar adelante las diligencias necesarias para modificar la
situación del actor ante la central de deudores del B.C.R.A. y demás empresas
recopiladoras de datos crediticios. Las costas fueron impuestas a las defendidas en su
calidad de vencidas.

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AMBAS PARTES (ACTOR Y DEMANDADO) APELAN LA SOLUCIÓN
6. RECURSO DEL ACTOR: Reprocha el fallo de primera instancia por el rechazo del
rubro de pérdida de chance y el importe reconocido del daño moral como del daño
punitivo. Respecto del primer ítem arguye que sólo estuvo obligado a probar que tal
pérdida de posibilidades u oportunidades, es consecuencia directa del hecho o
comportamiento atribuido a quien se lo reclama y no así el negocio particular del cual
fue privado ya que, de adentrarnos en este último caso, estaríamos frente al lucro
cesante y no a una pérdida de chance; respecto del segundo ítem argumenta que no
tiene su extensión un efecto disuasivo para la entidad financiera.
7. RECURSO DE LOS DEMANDADOS: Los reproches proferidos contra el fallo
transitan, en sustancia, por los siguientes carriles: (i) haberse rechazado su postura
frente a la realidad de lo acontecido; (ii) la procedencia de los rubros daño moral y daño
punitivo; (iii) se los haya condenado a llevar adelante las diligencias necesarias para
modificar la situación del pretensor ante la central de deudores del B.C.R.A. y demás
empresas recopiladoras de datos crediticios; y (iv) se hayan fijado las costas a su cargo.
Comienzan su embate contra el pronunciamiento al argüir que los cuatro argumentos
vertidos por el primer sentenciante rechazando su postura resultan contrarios a
derecho. Luego de transcribir los argumentos del fallo que consideran erróneos, refieren
que la deuda que se le reclama al actor se compone de dos consumos (U$S 19,95 del
06/01/2016 y U$S 24,95 del 09/02/2016).
Respecto de la primera reconocieron su improcedencia, ya que si bien fue impugnada
en tiempo y forma, la misma no fue eliminada correctamente en la liquidación; sin
embargo, el segundo consumo nunca fue cuestionado ni desconocido generando parte
de la deuda, la cual resulta genuina.
Por ello aseguran que, de haber eliminado la primera, igualmente hubiera estado
informado en Veraz, ya que la deuda devengada con posterioridad nunca fue impugnada
ni cancelada.
Asimismo, atacan la procedencia de los rubros reconocidos por ausencia de prueba
(daño moral y punitivo); cuestionan que se los mande a eliminar una información que
resulta verídica y en relación a entidades respecto de las cuales el banco no remite
información; y finalmente respecto a la imposición de costas a su cargo.
8. FALLO SEGUNDA INSTANCIA: Votos coincidentes.
8.1 VOTO DRA. TEVEZ: Califica de inconducentes los recursos de los demandados,
por ende los rechaza, en base a los siguientes fundamentos:
i) La tarjeta de crédito no reflejó consumos, ello, con excepción de los dos objeto
de la controversia, lo cual comprueba los dichos del accionante en cuanto a que la misma
no era por él utilizada (resultado prueba pericial).
ii) Ante la aparición del consumo de U$S 19,95 (único imputado en el resumen de
la tarjeta referida a la liquidación) procedió a su impugnación y destrucción del

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"plástico" -conforme directivas que le cursara el banco- de lo cual se sigue el no
consentimiento y aceptación por parte del consumidor con la liquidación practicada.
3) Las entidades financieras sostuvieron que el Sr. M. D. B., estaba en conocimiento
de que existiría una liquidación posterior -donde se incluyó el segundo consumo por U$S
24,95 que se dijo que no fue impugnado- y que, al no haberla cuestionado, su proceder
resultó legítimo. Dicha circunstancia, es en la cual se vislumbra el actuar negligente por
parte de la entidad bancaria y por consiguiente generadora de su responsabilidad. Es
que, ante la impugnación por parte del usuario del único débito existente en la
liquidación del 06/01/16, frente a la aparición de uno nuevo del 09/02/16, generado por
el mismo establecimiento dentro del mismo período liquidado (con cierre el 10/02/16),
debió como mínimo poner al accionante en conocimiento de la existencia de dicho
consumo, pero nada hizo.
Y es precisamente esa omisión la que destruye el argumento de la falta de impugnación
del segundo consumo como elemento eximente de su responsabilidad, ya que su actuar
o más bien, su actitud desaprensiva ante los reiterados y numerosos reclamos por parte
del actor, imposibilitan la aplicación dogmática de la previsión contenida en la ley 25.065
(respecto a que no fue impugnado la otra deuda y por ende es ejecutable) como
pretenden las accionadas, coadyuvado por el hecho de que no han incorporado prueba
alguna que sustente su posición; actuaron en desmedro del art. 4, ley 24.240 LDC. Cabe
recordar que dicha actividad probatoria no supone ningún derecho del adversario, sino
un imperativo del propio interés de cada parte, ya que es una circunstancia de riesgo
que consiste en que quien no acredita los hechos que invoca como fundamento de su
derecho, pierde el pleito.
4) De la declaración testimonial del Sr. Martinez, dependiente de Citibank,
preguntado sobre si diálogo mediante e-mail con el Actor contestó que no, de la pericial
informática surge que se mantuvo comunicación y que el Sr. Martinez “lo mantendrá al
tanto” y que “cursará el reclamo” cuestión que no fue realizada.
Respecto del análisis del recurso del Actor:
i) PÉRDIDA DE CHANCE: La pérdida de posibilidades, constitutiva de una chance, se
indemniza en razón de las mayores o menores probabilidades frustradas del
damnificado de obtener una ganancia o evitar una pérdida. Para ello, es menester que
la víctima se encuentre en una situación fáctica o jurídica idónea para aspirar a la
obtención de esas ventajas al momento del evento dañoso (conf. esta Sala, mi voto,
"Miranda Néstor José c/ Club Del Personal Del Banco Central De La República Argentina
s/ ordinario”, del 13.05.10) (definición pérdida de chance).
Para tratar de revertir la decisión de primera instancia remite a la declaración
testimonial de P. L. V, compañera de trabajo del actor, que preguntada en relación a la
imposibilidad de aquél de realizar los trámites para la obtención de un crédito
hipotecario, refirió que como se encontraba en veraz no podía iniciar el trámite, aunque
ante lo solicitado de que aclarara la entidad bancaria donde el actor había pretendido
obtener el crédito sólo dio cuenta de haberle suministrado al actor "el dato del Banco

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Nación" sin saber su resultado. Este fue el único elemento probatorio y por no ser
completamente contundente fue desestimado este rubro de la apelación y confirmó lo
decidido en primera instancia.
ii) DAÑO MORAL: cuando el daño moral tiene origen contractual, debe ser
apreciado con criterio estricto, desde que generalmente en ese ámbito de interacción
humana sólo se afectan intereses pecuniarios. En este sentido, corresponde a quien
reclama la indemnización la prueba de su existencia, es decir, la acreditación de las
circunstancias fácticas susceptibles de llevar al ánimo del juzgador la certidumbre de
que la actitud del incumplidor provocó un efectivo menoscabo de su patrimonio moral.
Ello pues, de su mismo concepto se desprende que el mero incumplimiento contractual
no basta para admitir su procedencia en los términos de la norma citada.
Desde las antedichas perspectivas conceptuales, es perceptible en la especie que el
incumplimiento contractual del banco bien pudo aparejar en el accionante sinsabor,
ansiedad y molestias, que de algún modo trascendieron la normal adversidad que en la
vida cotidiana se verifica frente a contingencias ordinarias. Resultan ostensibles además
los trastornos que la actitud indiferente del banco pudo ocasionar en el actor.
A lo anterior cabe agregar que la exigencia de certeza del daño debe ser adaptada al
supuesto del daño moral posible en el sector del derecho del consumidor -relación
invocada por el actor en su demanda y no que fuera controvertida- dado que no se trata
de un daño que pueda ser probado en base a pautas objetivas y materialmente
verificables de acuerdo a las circunstancias del caso.
Los autores han sostenido que "se puede sufrir un daño moral (afectación de los
sentimientos) por causas contempladas en la LDC específicamente, omisión de
información; trato indigno, etc. y en segundo lugar, estas causas sólo pueden constituir
una afectación de los sentimientos, es decir, daño moral autónomo del derecho
económico” (Ghersi, Carlos).
En definitiva, es indudable que las contingencias toleradas excedieron el concepto de
mera molestia o incomodidad, máxime cuando B. fue informado erróneamente en la
base de datos del B.C.R.A. como deudor irrecuperable.
De acuerdo a ello juzgó probado el daño moral que padece el accionante y adecuado el
monto concedido para resarcir.
iii) DAÑO PUNITIVO: Desde dicha perspectiva conceptual, corresponde atender el
reclamo del actor en cuanto procuró la imposición de una multa por daño punitivo. De
los antecedentes colectados en la causa puede inferirse, con suficiente grado de
certidumbre, la configuración de este daño con arreglo al marco de aprehensión de los
arts. 8 bis y 52 bis de la LDC. Ello así, aún juzgada la cuestión con el criterio restrictivo
que debe primar en la materia. Este específico daño requiere la existencia de una
manifiesta o grosera inconducta por parte del proveedor en el trato comercial con el
consumidor.

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Claro que es tarea del juzgador discernir con prudencia en qué circunstancias de modo,
tiempo y lugar se verifica tal conducta antifuncional en la relación de consumo.
Tras estas consideraciones conceptuales juzgó que fue acertada la imposición a las
demandadas de la multa civil frente a la conducta que asumió en relación al consumidor
quien: a) durante meses intentó obtener una respuesta referida a su denuncia de fraude,
sin resultado; b) fue erróneamente informado al B.C.R.A. como moroso "irrecuperable",
replicándose dicha información a través de las empresas que la recolectan de dicho
organismo; c) se mantiene informado en dicha situación ya que las accionadas se
establecieron en una posición de indiferencia pese a haber reconocido que la
información suministrada se encontraba erróneamente conformada.
8.2 RESOLUCIÓN: Rechaza las apelaciones, confirma la sentencia e impone costas
a las entidades financieras.
9. CUESTIONES PRESENTADAS: Definiciones y Ley aplicable (arts. 2 y 3 LTC);
Contrato de emisión de tarjeta de crédito (arts. 11 y 12 LTC); Resumen (arts. 22 a 25
LTC); Cuestionamiento o impugnación de la liquidación o resumen por parte del titular
(arts. 26 a 30 LTC); Sistema de denuncias (art. 51 LTC); Buena fe (art. 961 CCCN);
Contratos por adhesión (arts. 984 a 989 CCCN); Interpretación de los contratos (arts.
1062, 1063, 1064, 1065 CCCN); Contratos de consumo (arts. 1092 a 1095 CCCN); Objeto,
proveedor y relación de consumo (arts. 1,2 y 3 LDC); Interpretación más favorable al
consumidor (art. 37 2do párrafo LDC); Deber de información (art. 4, LDC).

ACTIVIDADES: Fallo “B., M. D. CONTRA CITIBANK N.A. Y OTRO SOBRE ORDINARIO”

1) Teniendo en cuenta la LTC, identifique a las partes del fallo dentro de las
definiciones legales establecidas.
2) ¿Frente a qué relación del sistema de tarjeta de crédito se está? ¿Cuáles son las
obligaciones principales que se desprenden de esta relación?
3) El banco le solicitó al accionante que rompiera su tarjeta de crédito y que le envíe
una foto por correo de la misma, ¿qué previsión de la normativa de tarjeta de crédito
ha infringido el banco?
4) En base a los conocimientos obtenidos, ¿comparte o disiente respecto de la
decisión adoptada por la segunda instancia? Fundamente.

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Fallo “AMERICAN EXPRESS S.A. VS. ECHEVERRI”

1. NOMBRE DEL FALLO O CARÁTULA: “American Express S.A. vs. Echeverri Correa,
Rosa Inés s/ ordinario”
2. FECHA: Junio de 2019.
3. TRIBUNAL QUE FALLÓ – MIEMBROS: Sala IV de Apelaciones en lo Civil y
Comercial. Dr. José Gerardo Ruiz; Dra. María Isabel Romero Lorenzo
4. HECHOS: La Sra. Echeverri había celebrado un contrato de Tarjeta de Crédito con
la institución financiera “American Express S.A.”. A través del mismo, ella sería la titular
de la tarjeta de crédito, extendiendo una adicional a su hija, Natalia Zapata. Llegado el
mes de Junio de 2008, la titular abona el total de la deuda con la entidad y decida
extinguir el contrato.
Años después de fenecido el contrato, la Sra. Echeverri recibe una Carta Documento con
un saldo deudor de $105.000 por gastos que ni ella ni su hija realizó.
La entidad entabla demanda en contra de la titular de la tarjeta. El juicio fue llevado a
cabo por ante el Juzgado de 1° instancia en lo Civil y Comercial 1° nominación, el cual
condenó a la demandada al pago de dicha suma con más intereses. El fallo fue recurrido
y resuelto por la Cámara IV en lo Civil y comercial, haciendo lugar a lo pedido por la
demandada, revocando la sentencia de primera instancia.
5. CUESTIONES PRESENTADAS: 1. Definiciones y Ley aplicable (arts. 2 y 3 LTC);
Contrato de emisión de tarjeta de crédito (arts. 11 y 12 LTC); Resumen (arts. 22 a 25
LTC); Cuestionamiento o impugnación de la liquidación o resumen por parte del titular
(arts. 26 a 30 LTC); Relaciones entre emisor y proveedor (arts. 32, 33 y 37 LTC); Sanciones
(art. 48 LTC); Buena fe (art. 961 CCCN); Contratos por adhesión (arts. 984 a 989 CCCN);
Interpretación de los contratos (arts. 1062, 1063, 1064, 1065 CCCN); Extinción de los
contratos (arts. 1077, 1078 y 1079 CCCN); Contratos de consumo (arts. 1092 a 1095
CCCN); Objeto, proveedor y relación de consumo (arts. 1,2 y 3 LDC); Interpretación más
favorable al consumidor (art. 37 2do párrafo LDC).
6. PRIMERA INSTANCIA: En el fallo de primera instancia, las cuestiones más
importantes fueron:
a) Que la demanda se hizo lugar, condenando a la Sra. Echeverri al pago, dentro de
los diez días hábiles de practicarse la liquidación, de $105.032,13 por capital, con más
los intereses que pudieran corresponder.
b) La demandada dijo que quien tenía el papel de control y supervisión del sistema
era la entidad, por lo que al extinguir el contrato principal debía inhabilitar no sólo la
tarjeta del titular sino también las adicionales. Punto sobre el cuál el juzgado omitió
pronunciarse.

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c) Que dicho control y supervisión no fue llevado a cabo, lo que consta del informe
pericial. Del mismo se desprende que el emisor no dio aviso a los comercios adheridos
de la extinción.
d) Que la demandada aduce que ni ella ni su hija contrajeron tal deuda. Que la
demandante desistió de llevar adelante una prueba caligráfica para constatar la firma
utilizada durante las compras.
e) Que a través del informe pericial contable se desprendió que la entidad emitió
internamente los resúmenes correspondientes a los meses entre enero de 2009 y marzo
del 2010 pero los mismos nunca fueron enviados.
f) Que una cláusula del contrato decía que, si se notifica la decisión de extinguir el
contrato, el uso de la tarjeta, por parte del titular, dejaría sin efecto tal extinción. A
través de la misma se trató de justificar la deuda sin embargo la demandada adujo que
tal cláusula sólo alcanza al titular de la tarjeta; que fue interpretada de forma extensiva
por el a quo; que no corresponde tal interpretación pues se trata de un contrato de
adhesión y está amparada por la LDC, que establece que siempre habrá de estarse a la
interpretación más favorable.
g) Que el a quo les dio fuerza de instrumento público a los cupones emitidos por
los comercios, estableciendo una presunción de autenticidad de los mismos. La
demandada adujo que se trataba de algo incongruente esperar la llegada de los
resúmenes cuando el vínculo se encontraba extinto.
h) Que el emisor incumplió con su deber de enviar mensualmente un resumen con
las operaciones detalladas. Además, que estando en mejor condición de probar los
mismos aportándolos a juicio no lo hizo.
i) Que la entidad emisora en más de 14 resúmenes, desde el 15 de enero de 2009
hasta el 16 de marzo de 2010, no cobró importes por reactivación, dejó exceder los
límites hasta en un 1000%, no cobró intereses moratorios ni punitorios y permitió que
existan más de 14 resúmenes sin pagar.
7. SEGUNDA INSTANCIA: Durante el juicio llevado por ante la Cámara IV de
Apelaciones en lo civil y comercial, los puntos importantes fueron:
a) Que se encuadró al contrato de tarjeta de crédito como un contrato de consumo,
alcanzado por la ley 24.240 y los arts. 963 concordantes y subsiguientes del Código Civil
y Comercial.
b) Que, si se pretende el cobro de consumos realizados por la tarjeta, el proveedor
debe acreditar su existencia y que los mismos fueron realizados por el titular o
adherente, por lo que sería razonable que el emisor hubiese acompañado los mismos
como también producir la prueba caligráfica o pericial respectiva. Asimismo, debe
acreditarse el envío y la recepción de estos.

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c) Que es correlativa de la obligación de pagar del usuario el envío de los resúmenes
por parte del emisor.
d) Que existe un deber de cooperación entre emisor y titular, en lo respectivo a que
el segundo debe requerir el resumen cuando no lo recibe (art. 25 LTC) pero que tal deber
no existe ni era esperable en el presente caso donde se dio de baja a la tarjeta principal.
e) Que, en los resúmenes correspondientes a los meses entre febrero 2009 y marzo
2010, se observaba la leyenda “cuenta cancelada”, no se realizó ningún pago y se
sobrepasaron los límites máximos.
f) Que la única prueba que se pidió fue la informativa, a través de la cual se solicitó
que los comercios adheridos acrediten que los consumos fueron realizados por el titular
o el adherente, sin tener en cuenta que no se encuentran habilitados para dar fe de la
identidad de quien suscribe.
g) Que la actitud del Juez de grado puso en una situación de indefensión a la
demandada pues, la remisión de los cupones por parte de los comercios adheridos
acreditaron la operación, cuando lo importante no era acreditar la misma sino la
persona quien la realizó.
h) Que se concluyó que la omisión del demandante consistente en no acompañar
los documentos que acrediten las operaciones realizadas por la adherente como la falta
de producción de prueba idónea para determinar el saldo deudor conllevan a que la
demanda debió ser rechazada.

i) Que se declaró procedente al recurso.

ACTIVIDADES: Fallo “AMERICAN EXPRESS S.A. VS. ECHEVERRI”


1) Breve descripción de los hechos. Identificación de las partes intervinientes,
conforme LTC.
2) ¿Frente a qué relaciones del sistema de tarjeta de crédito se está? ¿Cuáles son
las obligaciones principales que se desprenden de esta relación?
3) ¿Es posible la aplicación subsidiaria de otra legislación? En caso de serlo, ¿Qué
ley es aplicable?
4) ¿Qué obligaciones incumplió la parte actora con respecto a la demandada? ¿Y
con respecto a los proveedores? ¿Podría la entidad financiera ser sancionada?
Fundamente con la LTC
5) Luego del análisis del sistema de tarjeta de crédito, identifique sus fines.

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Fallo “ARANGUIZ, Silva Juana de las Mercedes c/ VISA ARGENTINA S.A. y otro s/
DAÑOS Y PERJUICIOS”

SENTENCIA DEFINITIVA NRO. 187/18


En la ciudad de Río Grande, Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico
Sur, a los 06 días del mes de diciembre de 2018, reunidos los señores jueces y la actuaria
de la Sala Civil, Comercial y del Trabajo de la Cámara de Apelaciones provincial con
asiento en esta ciudad, para entender en el recurso de apelación interpuesto en los
autos Nº 19462/14 provenientes del Juzgado de Primera Instancia en lo Civil y Comercial
nº 2 Distrito Judicial Sur, en los autos caratulados: “ARANGUIZ, Silva Juana de las
Mercedes c/ VISA ARGENTINA S.A. y otro s/ DAÑOS Y PERJUICIOS”, en trámite por ante
este Tribunal de Alzada bajo el nº 8742/18, se certifica que se llegó al Acuerdo resultante
de la siguiente deliberación y debate (art. 47.2 del CPCC):
1.- El juez Ernesto Adrián LÖFFLER dijo:
I.- Llegan a estudio las presentes actuaciones, pretendiendo la revisión de la sentencia
de grado obrante a fojas 385/394, que hizo lugar parcialmente a la demanda interpuesta
por la actora contra la firma HSBC Banck Argentina S.A. y Visa Argentina condenando
solidariamente a ambas a abonar a la accionante la suma de $ 60.298,50 con más sus
intereses calculados desde el día 17/09/2013 y hasta la fecha de su efectivo pago,
promediando la máxima tasa activa y la mínima pasiva que utiliza el Banco provincia de
Tierra del Fuego, conforme lo previsto en el precedente “Escobar” del cimero tribunal
local. Asimismo, el a quo ordenó a la demandada HSBC Bank Argentina S.A. a habilitar la
tarjeta de crédito nº 49204300004259865 de titularidad de la señora Juana de las
Mercedes Aranguiz Silva y a su vez la obligó a que rectifique las sumas consignadas en
los resúmenes de cuenta que fueron objeto de impugnación. A su vez, el a quo ordenó
al HSBC Bank Argentina S.A. a que arbitre las medidas necesarias para excluir a la señora
Juana de las Mercedes Aranguiz Silva del registro de deudores morosos de las diversas
entidades crediticias. El a quo impuso las costas a las demandadas vencidas y difirió la
regulación de los honorarios profesionales hasta el momento procesal oportuno.
Las presentes actuaciones radican en un reclamo por daños y perjuicios en virtud de que
la actora se vio afectada en su patrimonio en atención a que se consignó en el resumen
de su tarjeta de crédito Visa una deuda por consumo en dólares que la actora nunca
había efectuado y una deuda que ascendían a la suma de $5.365,33. A raíz de ello, la
accionante solicita se declare inexistente tal deuda como así cualquier otro monto que
se adicione a esa suma, que se ordene a las demandadas a rectificar los resúmenes de
las tarjetas de créditos y la comunicación que se pudiera efectuar al Banco Central.
Reclamó daño moral, daño punitivo, y gastos efectuados, todo ello por la suma de
$68.188. Por su parte y en síntesis, HSBC Bank Argentina S.A., se desligó de la
responsabilidad endilgada por la actora, aduciendo que la administradora de la tarjeta

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de crédito es Visa Argentina S.A. quien determina los saldos a pagar por el usuario de la
tarjeta de crédito, mientras que la accionada Visa Argentina adujo que no existe ningún
tipo de relación contractual con la actora ni con ningún usuario de las tarjetas de crédito,
sino que es el Banco emisor de la tarjeta quien firma los contratos con los clientes, por
lo tanto, entendió que la responsabilidad era del banco demandado.
Luego de que el a quo entendiera que la accionante realizó todos los reclamos e
impugnaciones previas extrajudiciales conforme a derecho en legal tiempo y forma y
que ninguna de las demandadas negara la negligencia achacada, interpretó que el
sistema de tarjeta de crédito es un sistema complejo donde intervienen una pluralidad
de sujetos de los cuales se originan diversos tipos de relación y, dentro de esas
relaciones y, a los fines de obtener la tarjeta de crédito, la actora firmó contrato con el
banco, siendo HSBC Bank Argentina el emisor de la tarjeta de crédito y Visa Argentina
S.A. la calidad de entidad administradora, por ende, entendió, que ambas eran
solidariamente responsables. Por ende, el a quo hizo lugar a la demandada por la suma
de $ 60.298,50 por los rubros daño moral ($ 10.000), daño punitivo ($ 50.000) y gastos
causados ($ 298,50).
II.- Contra el resolutorio del colega de grado acuden las demandadas HSBC Bank
Argentina S.A. y Visa Argentina S.A. expresando agravios según los argumentos que
vierten a fojas 398/401vta y 403/408vta respectivamente de estos actuados a cuyos
expresos fundamentos me remito en honor a la brevedad (conforme artículo 16 LOPJ).
En síntesis, HSBC Bank Argentina S.A. hilvana su queja en los siguientes términos:
Hace referencia a los dichos narrados por la actora en su libelo inicial donde da cuenta
de que todos los reclamos previos fueron efectuados contra Visa Argentina S. A. y no así
contra el banco demandado.
En este sentido, afirma que esos reclamos fueron rechazados por Visa Argentina S.A.
Hace referencia a la renuencia que tuvo la codemandada Visa Argentina S.A. de ofrecer
la prueba solicitada por el banco lo que demuestra su conducta disvaliosa en relación a
los reclamos efectuados por la actora.
De esta manera se queja de que el banco demandado debe cubrir solidariamente el
rubro daño moral cuando todo lo actuado previamente a estas actuaciones lo fue por la
firma Visa Argentina S.A.
Se queja de la exagerada suma otorgada por el a quo en cuanto a daño punitivo y que
esa suma debe ser también asumida solidariamente en cabeza del banco por los mismos
motivos antes apuntados. Cita jurisprudencia.
II.1.- Visa Argentina S.A., por su parte, hilvana su queja de la siguiente manera:
Señala que su parte es quien administra el sistema de tarjeta de crédito solamente y no
es quien emite la tarjeta de crédito.
Subraya que las imputaciones del actor estuvieron dirigidas al banco demandado -
rectificar resúmenes, declarar inexistente la deuda, habilitar tarjeta y el envío de

11
información comercial al banco central-. Aduce que Visa Argentina S.A. no presta dinero
y como tal no cobra por dicha financiación ni informa crediticiamente y por ello no pudo
ser responsabilizada.

Afirma que los consumos no fueron objetados en tiempo y forma por la actora,
conforme artículo 26 ley 25065 que debe dirigirse al banco emisor y no así a la
administradora de la tarjeta de crédito. Cita jurisprudencia. Expresa que abona su
postura lo expresado por el a quo en cuanto que “la codemandada HSBC Bank Argentina
S.A. no dio cumplimiento con lo dispuesto por los artículos 27 al 29 de la ley de tarjeta
de crédito”.
Expresa que de la sentencia surge que la deuda seguía vigente en los registros del HSBC
Bank Argentina S.A., siendo la firma Visa Argentina total ajena a ello.
Señala que el actor debió probar que la marca Visa pertenecía a su mandante para
tornar procedente el artículo 40 de la ley 24240, es decir, probar que Visa Argentina S.A.
había puesto su marca en el servicio.
Se agravia del rubro daño moral otorgado por el sentenciante, pues entiende que resulta
desmedido en atención que HSBC Bank lo informó como riesgo medio sin indicar la causa
de la misma y no siendo informada como morosa o con un alto grado de insolvencia.
Vuelve a reiterar que esa información no la emite Visa Argentina y, por ende, no reúnen
la concurrencia de las condiciones para que el daño sea resarcido, entre ellas, el nexo
de causalidad entre el obrar antijurídico y el daño ocasionado.
Se agravia de la procedencia del daño punitivo en cabeza de Visa Argentina, cuando el
obrar ilícito surge en cabeza del banco demandado como bien surge de la sentencia de
grado. Afirma que el daño punitivo es una multa de carácter penal y no puede ser
aplicada solidariamente. Cita jurisprudencia.
Afirma que no se encuentra reunidos en autos un requisito fundamental para que
proceda el daño punitivo, esto es, que la falta cometida sea grave o dolosa. Cita
jurisprudencia. Señala que no existió intención de obtener mayor rédito o bien un
enriquecimiento indebido.
III.- Corrido oportunamente los respectivos traslados de ley, sin que nadie contestara los
mismos, pasan los autos a resolver a esta Alzada.
IV.- Adelanto, en orden a la cuestión traída a conocimiento de esta instancia revisora,
que rechazaré ambos recursos de apelación esgrimidos por las accionadas con los
alcances que infra refiero.
Recordemos pues, que en la labor de resolver la cuestión controvertida, la competencia
de esta Sala se vincula con decidir si los agravios esgrimidos por el apelante tienen
entidad para derrumbar los argumentos que motivan el dictado del decisorio que luce
por fojas 385/394.

12
V.- Corresponde ahora avocarme al tratamiento de los agravios oportunamente
introducidos por los quejosos.
V.I.- Abordaré ambos recursos de apelación en forma conjunta con el fin de obtener una
sentencia más clara. En primer lugar advierto que ambas partes no niegan la negligencia
que motivó el inicio de las presentes actuaciones, es decir, la inclusión, por error, de un
consumo en dólares que la actora nunca había efectuado y que ascendía en pesos
argentinos a la suma de $ $5365,33. Por otro lado, el banco demandado no negó la
relación contractual que tuviera con la actora y la firma Visa Argentina S.A. admitió ser
la administradora de la tarjeta de crédito. Por lo tanto, ha quedado firme y consentido
la relación tripartita entre la actora como usuaria de la tarjeta de crédito Visa, el banco
HSBC como emisor de la misma y la firma Visa Argentina S.A. como administradora de
esa tarjeta de crédito y, por sobre todas las cosas, por el hecho de que esta parte no
pudo justificar cómo un consumo en dólares que la actora nunca había realizado surgió
en el resumen de cuenta emitido por el Banco quien, actúa conforme lo indica la
administradora. Tampoco la firma Visa Argentina S.A. acreditó o bien argumentó -como
administradora del sistema- que esa información o esos créditos nunca le fueron
enviados al banco demandado para su cobro y que fuera éste quien por motu propio
agregó tal consumo en el resumen de tarjeta. En este sentido se ha dicho que: “En la
prestación del servicio de tarjeta de crédito intervienen tanto el banco emisor como la
entidad administradora del sistema, no sólo en cuanto lo publicitan y ofrecen al usuario,
sino en tanto participan concretamente en su funcionamiento conforme a las
modalidades del caso, con lo que obtienen una ventaja o utilidad. El banco emisor
persigue —es obvio— una finalidad comercial, dispone para ello de una organización
humana y técnica idónea congruente con los compromisos asumidos, y por lo tanto
reviste un carácter significativo la obligación de atender con diligencia la situación de
cada cliente en particular, pues de ello depende la calidad total del servicio (art. 42, CN,
y ley 24240). Por su lado, el predominante papel de supervisión y control del
funcionamiento del sistema de tarjeta de crédito que desempeña la entidad
administradora, impide situarla como un mero espectador ajeno a los hechos como los
ventilados en este expediente. Por el contrario, debe ella obrar con la diligencia de un
buen hombre de negocios (utilizo la expresión del art. 59, Ley de Sociedades) y autorizar
-o no impedir – el uso regular y legítimo de la tarjeta. Así lo exige en la especie el art.
902, CCiv., puesto que se trata de la prestación de un servicio en forma profesional (art.
2, ley 24240). Son, pues, la emisora de la tarjeta de crédito y la administradora del
sistema quienes por esto mismo deben asumir el riesgo empresario ínsito en tal
actividad, y responder conjuntamente ante el destinatario de ese mismo servicio,
cuando éste es deficientemente brindado (arts. 512, 902 y concs., CCiv; art. 8, ley 24240;
art. 3, ley 25065; esta sala, “Jaraguionis, Nefi v. Banco de Boston SA”, 21/5/1998;
“Buschiazzo, Juan A. v. Banco Bansud SA”, 14/2/2003). Es precisamente esto lo que aquí
ocurrió, y así fue reconocido por ambas demandadas, según quedó expuesto en el punto
anterior de este mismo apartado. En este marco, la responsabilidad solidaria del Banco
de Galicia y Buenos Aires SA y de Visa Argentina SA por los daños provocados a los
actores viene impuesta, y halla sustento en el ámbito de aplicación del art. 40, párr. 2,

13
ley 24240 (a la que reenvía el art. 3, ley 25065), que en casos como el presente establece
un régimen de solidaridad respecto del usuario (esta sala, en el caso “Buschiazzo” recién
cit.; también en “Cichero, Horacio v. Visa Argentina SA”, 9/10/2007; C. Nac. Com., sala
A, “Miller, Jorge v. Visa Argentina SA”, 12/12/03; sala E, “Churrascaría Spettus S. A.
American Express SA”, 5/3/2008)” 1. También se ha dicho: “La entidad emisora y el
banco adherido conforman en su actuar conjunto una conducta social típica cuyo efecto
será producir, frente al usuario contratante (y también frente al comerciante adherido),
consecuencias jurídicas de orden contractual. De allí entonces es que se genera (en los
sistemas abiertos) entre la entidad emisora y el usuario una relación contractual fáctica
que se apoya además en la relación emergente de contratos particulares y en la finalidad
económica común de ambas instituciones frente al usuario y que justifican el
apartamiento del principio de relatividad de los contratos del art. 1199 del Cód. Civil
(conf. Roberto A. Muguillo, "Régimen de Tarjetas de Crédito", pág. 30, Astrea, Bs. As.,
2003). De modo que no pueden desconocer la responsabilidad que les compete en este
complejo negocio jurídico (Sala C, voto del Dr. Monti, in re: "Jaraguionis Nefi c. Banco de
Boston y otros" , del 21.5.1998; publicado en LL 1998-F, 168)” 2.
Lo hasta aquí expuesto resulta suficiente para concluir que el banco demandado reviste
la condición de idoneidad o habilidad requerida por la ley para discutir el objeto sobre
el que trata el litigio más aún cuando fue el quien suscribió el contrato comercial con la
actora, emitió la tarjeta y resúmenes y procedió al cobro de los consumos que nunca
efectuara la accionante. Sin embargo, todo ello tuvo su razón de ser por la mala
administración efectuada por la firma Visa Argentina S.A. que consignó un consumo
erróneo para que el banco procediera al cobro.
En relación al agravio efectuado por Visa Argentina S.A. en cuanto a que la actora,
conforme artículo 26 de la ley 25065, debió enviar el reclamo al banco emisor, no tendrá
acogida favorable porque conforme lo expuesto en el artículo 40 de la ley 24240 -
ratificado por la jurisprudencia antes transcripta-, debió informar al reclamante las vías
de impugnación pertinente o en su defecto poner en expreso conocimiento al banco
demandado del reclamo efectuado para que éste articule los mecanismos necesarios
para brindarle la mayor información posible al cliente. A su vez de las constancias de
autos y como así lo expusiera el sentenciante, surge que el reclamo por la actora fue
efectuado en tiempo y forma y, en todo caso, como se expusiera, la codemandada Visa
debió informar el proceder adecuado al reclamante o redireccionar el reclamo al banco
demandado. En virtud de que nada ello hizo, el agravio será rechazado. En cuanto a la
queja en relación a que la actora debió demostrar que la firma Visa Argentina pertenecía
efectivamente a quien había sido demandada, tal defensa debió ser interpuesta en la
instancia de grado, cuestión que no hizo la codemandada y por tal motivo el agravio será
rechazado. El art. 279.2 dispone en su parte pertinente: “El Tribunal no podrá decidir
sobre puntos no propuestos al Tribunal de primera instancia…”.
Por otro lado no hay que perder de vista que el artículo 37 de la ley 24240 prohíbe
invertir la carga de la prueba en cabeza del consumidor y usuario como así lo pretendería
el la codemandada Visa.

14
Confirmada la solidaridad que le incumben a ambas demandadas, paso ahora resolver
los rubros otorgados por el a quo que fueran objeto de apelación. En primer lugar me
abocaré al daño moral otorgado por el sentenciante en la suma de $ 10.000. Considero
que el incordio generado a la actora por las negligencias efectuadas por las demandadas
resulta suficiente para determinar que el daño moral ocasionado resulta procedente. “El
daño moral es una consecuencia de los dolores y angustias experimentados por la
víctima cuya recomposición está a cargo de quien lo produjera o por quien debe cubrir
los riesgos...” 4.
Según las distintas acepciones que le confieren a la palabra “angustia” la Real Academia
Española, podemos señalar algunas en aras de dilucidar el rubro daño moral. “Aflicción,
congoja, ansiedad”, “Aprieto, situación apretada”, “Dolor, sufrimiento”, son algunas
definiciones que se brindan. Por lo tanto, no caben dudas de que la consignación como
deudora de la actora cuando ello era falso, le causó a ésta “aflicción, congoja, dolor o
sufrimiento”. Debiendo la actora impugnar los resúmenes de tarjeta de crédito, envío
de cartas documentos, de procurarse asistencia letrada, de acopio de documental, de la
iniciación de demanda, de asistencia al Tribunal, gastos de traslado, etcétera. Por otro
lado, todo ello le consumió su valioso e intrínsico tiempo ocasionándole “ansiedad,
aprietos y situaciones embarazosas” que no hubieran existido de haber actuado las
demandadas como un buen hombre de negocios. En nada incide el hecho de que se haya
informado como riesgo medio o bien que la actora no resultaba morosa, como intenta
hacerlo valer la accionada Visa, pues, como ya se ha dicho, el daño a la moral resulta
incuestionable en cabeza de la accionante.
En relación al daño punitivo en primer lugar disiento con el agravio de la accionada Visa
Argentina en cuanto ésta es una multa penal y, por ende, no puede ostentar el carácter
de solidaria. Es el propio artículo 52bis de la ley 24240 quien específicamente lo define
como una multa civil y el carácter solidario que ella ostenta. Entiendo que para que
proceda este tipo de multa en primer lugar se debe analizar el caso concreto, pues será
la actitud gravosa o dolosa del proveedor lo que torne procedente el daño punitivo. Para
el caso en estudio no caben dudas que la falta cometida por las demandadas al consignar
un consumo existente en cabeza de la actora sin articular los mecanismos necesarios
para modificarlo pese a los reclamos efectuados por la accionante, tornan procedente
la multa civil reclamada, pues la esencia de esta multa también radica en evitar en lo
sucesivo tal proceder negligente por parte de quien se encuentra obligado a actuar
conforme a derecho.
Es que, merced a este tipo de conducta desarrollada por la institución bancaria
demandada y la codemandada Visa Argentina S.A., se llega al trato indigno de la
persona, que no tiene otra posibilidad de más que sufrir, bien una pérdida económica
y/o un trato que agrede su condición de consumidor, todo lo cual se ve reiteradamente
en la provisión de servicios como el a que ahora nos concierne. En virtud de lo expuesto,
se deberá confirmar el daño punitivo decretado en la instancia de grado.

15
Como colofón de lo aquí expuesto, se deberán rechazar sendos recursos de apelación
introducidos por las accionadas y en consecuencia confirmar la sentencia de grado en lo
que fuera materia de agravios.

VI.- Como siempre sostengo en mis pronunciamientos, resueltas entonces las presentes
actuaciones, quiero advertir que he abordado aquellas cuestiones que resultan
necesarias para poder llegar a la decisión que en definitiva se propicia, es decir aquellos
puntos de cuya determinación depende directamente el sentido y alcance del
resolutorio. Es así que en sus decisiones el sentenciante se encuentra obligado a
articular opinión sobre los tópicos acercados por los litigantes, que en aras de resolver
el entuerto traído a su conocimiento, resulten idóneos para dirimirlo o dicho en palabras
sencillas sean CUESTIONES ESENCIALES.
En punto a ello se ha resuelto que “Hay omisión de cuestión esencial cuando la Cámara
–o el tribunal colegiado de instancia única- incurre en una verdadera inadvertencia de
la propuesta de la parte, pero no cuando la falta de tratamiento expreso de la temática
aparece naturalmente desplazada por la atención brindada a otra que lógicamente
supone no haber olvidado la problemática. Para arribar a esta solución se busca por un
lado evitar el excesivo formalismo, y por otro, seguir la tesis de que las nulidades –y mas
aun cuando se trata de sentencias- deben acogerse con criterio restrictivo, partiendo de
la idea que –en principio- debe estarse por la conservación del acto procesal y no por su
decaimiento (Fundamento del voto del doctor Hitters, por la mayoría)”.
VII.- Por lo precedentemente expuesto, ello en tanto mi voto encuentre favorable
acogida entre los distinguidos colegas que integran esta prestigiosa instancia de
revisión, se deberán rechazar los recursos de apelación esgrimidos por las accionadas y,
en consecuencia, confirmar la sentencia de grado que fuera materia de agravios. Las
costas en esta instancia se imponen por el orden causado atento a que no existió
oposición (conf. art. 78.2 CPCC). Difiero la regulación de honorarios de los profesionales
que intervinieron en esta Alzada hasta que el momento en que haga lo propio el colega
de grado.
De este modo expreso mi voto.
2º.- La juez Josefa Haydé Martín, dijo:
Adherimos a la solución propuesta por el doctor Löffler votando en los mismos términos.

3º.- El juez Francisco Justo de la Torre dijo:


I.- Adhiero al voto que lidera el acuerdo con excepción a las consideraciones que formula
para fundar el daño punitivo.
Como he sostenido en otras oportunidades el art. 52 bis de la ley de defensa del
consumidor específicamente prescribe, “Al proveedor que no cumpla sus obligaciones
legales o contractuales con el consumidor, a instancia del damnificado, el juez podrá
aplicar una multa civil a favor del consumidor, la que se graduará en función de la

16
gravedad del hecho y demás circunstancias del caso, independientemente de otras
indemnizaciones que correspondan. Cuando más de un proveedor sea responsable del
incumplimiento responderán todos solidariamente ante el consumidor, sin perjuicio de
las acciones de regreso que les correspondan. La multa civil que se imponga no podrá
superar el máximo de la sanción de multa prevista en el artículo 47, inciso b) de esta
ley”.
De la literalidad de la norma se advierte que no se exige culpa o dolo a los fines de su
determinación y que, además, constituye una facultad del juez para castigar el obrar de
uno de los sujetos de la relación de consumo de acuerdo a la gravedad del hecho. Basta
sólo la configuración del hecho objetivo dañoso al que incumple “… sus obligaciones
legales o contractuales con el consumidor…” y desvinculado de todo factor subjetivo de
atribución.
Tal intelección es la que guarda, a mi juicio, debida correspondencia con la
responsabilidad objetiva que consagra el art. 40 del régimen particular y singular de
defensa del consumidor de fuerte sesgo protectorio.
En el punto resulta entonces plenamente aplicable la consolidada doctrina de la Corte
Suprema con arreglo a la cual, cuando una norma es clara y no exige mayor esfuerzo
interpretativo, no cabe sino su directa aplicación8 y que es adecuado, en principio, dar
a las palabras de la ley el significado que tienen en el lenguaje común9 o bien el sentido
más obvio al entendimiento común10.
En este orden, recalco que, no cabe admitir una interpretación de las disposiciones
legales o reglamentarias que equivalga a la prescindencia de su texto, si no media debate
y declaración de inconstitucionalidad o ilegalidad 11, pues la exégesis de la norma debe
practicarse sin violencia de su letra y de su espíritu 12.

Con la puntualización que antecede, dejo expuesta mi adhesión.


En virtud del Acuerdo que antecede el Tribunal, por mayoría
SENTENCIA:
Iº.- RECHAZAR los recursos de apelación esgrimidos por las accionadas y, en
consecuencia, confirmar la sentencia de grado que fuera materia de agravios.
IIº.- IMPONER las costas en esta Alzada por el orden causado atento a que no existió
oposición (conf. art. 78.2 CPCC).
IIIº.- DIFERIR la regulación de honorarios de los letrados intervinientes en esta Alzada
hasta tanto el colega de grado haga lo propio.
IVº.- MANDAR se copie, registre, notifique y, oportunamente, remitan las actuaciones
al juzgado de origen.
Fdo. Jueces de Cámara: Ernesto Adrián LÖFFLER, Josefa Haydé MARTIN y Francisco Justo
de la TORRE.

17
Ante mi: Marcela Cianferoni – secretaria de Cámara.
Reg. Tº VI del libro de Sentencias Definitivas, Fº 1189/1196, año 2018.

ACTIVIDADES: Fallo “ARANGUIZ, Silva Juana de las Mercedes c/ VISA ARGENTINA S.A.
y otro s/ DAÑOS Y PERJUICIOS”

1) Nombre a las partes del presente fallo y el carácter que ostentan dentro del sistema
de tarjeta de crédito
2) ¿Pueden deducirse los hechos aunque sea un fallo de segunda instancia? De ser así,
descríbalos
3) ¿Cuál es la cuestión esencial manifestada por las demandadas que da lugar a la
segunda instancia?
4) Enumere las obligaciones que derivan del fallo respecto al consumidor, emisora y
administradora en el sistema de tarjeta de crédito tanto en la relación consumeril como
en el sistema de T.C.
5) Explique sin transcripciones textuales las resoluciones de primera y segunda instancia.

18
Fallo: "AGUIRRE, DIEGO MARTÍN vs. BANCO SANTANDER RÍO S.A. POR SUMARÍSIMO
O VERBAL

______________Y VISTOS: Estos autos caratulados "AGUIRRE, DIEGO MARTÍN vs.


BANCO SANTANDER RÍO S.A. POR SUMARÍSIMO O VERBAL" - Expediente Nº 494749/14
del Juzgado de 1ª Instancia en lo Civil y Comercial 11ª Nominación (EXP - 494749/14 de
Sala II) y, _________________C O N S I D E R A N D O: __________________________
La doctora Verónica Gómez Naar dijo: _______________________________
I.- Que contra la sentencia definitiva dictada a fojas 138/145 - que rechaza la demanda
por anulación de resumen de tarjeta de crédito, restitución de sumas de dinero y daño
punitivo entablada por el señor Diego Martín Aguirre en contra de Banco Santander Río
S.A. -, se alza la parte actora mediante recurso de apelación interpuesto a fojas 146. __
El apelante funda su recurso a fojas 151/157. Se agravia por la valoración y conclusión a
la cual se arriba en la sentencia, pues entiende que no se otorgó el verdadero valor
probatorio a las notas de intimación presentadas al Banco demandado en tres
oportunidades, las cuales no fueron respondidas hasta la fecha. Destaca que esas notas
hicieron nacer para el Banco el deber de responder que, a su vez, integra el deber de
informar, el cual ha sido groseramente vulnerado. Alega que en ellas se impugnó la
totalidad del resumen por ser consecuencia de la maniobra abusiva que cometió la
entidad bancaria, refiriéndose a la cláusula del contrato que dejó sin efecto las
financiaciones acordadas y rescindió el contrato de tarjeta de crédito con más los
restantes servicios contratados. Sostiene que mediante la tercera nota de impugnación
presentada se contestó la carta documento remitida por el Banco negando adeudar la
suma de $162.967,58 que se intimaba a abonar en el plazo de 48 horas, suma a la cual
se llega como consecuencia de dejar sin efecto todos los contratos y obtener un número
total de lo adeudado y que su parte desconoce. Resalta que la demandada no indicó
cómo se compone esa suma de dinero y que además sabía que no tenía posibilidad de
pago. Como segundo agravio, aduce que lesiona sus derechos la conclusión de la Jueza
de grado de que existió falta de impugnación del resumen. Refiere que solamente ha
valorado dos notas impugnativas y no la tercera, en donde impugnó por abusiva la
conducta del Banco, asimilando la situación a la de no haber presentado nunca las
impugnaciones, lo cual entiende que no corresponde a una valoración judicial adecuada,
y que el mismo Banco reconoció que su parte inició un proceso de impugnación del
resumen Nº 121842. Manifiesta que el precedente que se cita en la sentencia, el cual
sostiene una presunción iuris tantum a favor de la entidad emisora, carece de validez
atento al transcurso del tiempo. Afirma que su parte en ningún momento desconoció
los consumos realizados con tarjeta de crédito sino el resumen de cuenta y la facultad
de dar por rescindida la vinculación contractual, sin derecho o abusando de él, con la
finalidad de obtener un certificado de deuda o saldo deudor el cual nunca acompañó en
autos. En tercer lugar, afirma que en el fallo se incurre en una omisión grave al no
valorarse el reconocimiento que hace la demandada en su contestación de demanda,
de ser real atraso de 16 días en el pago del resumen de cuenta de la tarjeta del mes de

19
marzo de 2014, pero que abona solamente el mínimo, cuando ya existía un
incumplimiento de los meses anteriores. Indica que por haber pagado el monto mínimo
de ese resumen en particular se debían aplicar los artículos 26 a 30 de la ley 25.065, y
que la falta de aplicación de estas disposiciones es grave porque el artículo 28 trata las
consecuencias de la impugnación mientras dure su procedimiento. Señala que el Banco
violó el artículo citado - que transcribe - porque dio de baja la tarjeta de crédito y los
demás contratos a pesar de haberse pagado el monto mínimo; y agrega que es un error
tomar este proceso como uno ordinario, donde las partes son iguales, pues el proceso
de consumo es diferente, con principios y presunciones propios, de orden público,
basados en el artículo 42 de la Constitución Nacional. Por último, se queja del punto V
de la sentencia en cuanto concluye que el incumplimiento sólo es del actor,
interpretándose erróneamente que la acción se funda en el incumplimiento del Banco
y, siguiendo a la señora Fiscal, atribuye el incumplimiento sólo a su parte. Indica que la
a quo repite todo lo expuesto por el Banco al contestar, como una suerte de prontuario
de pago, que no interesa en autos, sino sólo el resumen del mes de mayo y la abusividad
de la cláusula 13 del convenio que, ante la mora, el Banco puede dejar sin efecto todos
los contratos con la mora sólo de uno de ellos. Concluye diciendo que están presentes
los requisitos para la procedencia de los daños punitivos y restitución de las sumas
cobradas en exceso.
Corrido traslado a la parte demandada, contesta ésta el memorial de agravios mediante
el escrito presentado a fojas 163/165, donde solicita que se rechace el recurso por los
argumentos que expone, a los cuales cabe remitirse por razones de brevedad. A fojas
176/177, emite dictamen el señor Fiscal de Cámara donde se expide por el rechazo del
recurso. A fojas 178 se llaman los autos para dictar sentencia mediante providencia
consentida por las partes.
II.- Que en forma preliminar, es dable recordar que el contrato o sistema de tarjeta de
crédito es el negocio jurídico formal, complejo y plurilateral que está integrado por, al
menos, tres conjuntos de contratos individuales que es establecen entre emisor-
usuario, emisor-proveedor y usuario proveedor. Cada uno de tales conjuntos debe
funcionar en armonía, es decir en forma coordenada. A tal fin, en breve síntesis, los
usuarios deben cumplir con la obligación esencial de pagar los resúmenes que remita la
entidad emisora; ésta debe cumplir con su obligación de pagar a los proveedores y éstos
deben cumplir respecto de la obligación de aceptar que los usuarios utilicen la tarjeta,
como un modo subrogado de cumplimiento de la obligación de pagar el precio del bien
o del servicio (v. Wayar, Ernesto C., “Tarjeta de crédito y defensa del usuario”, págs. 20
y ss., Astrea, 2ª edición, Bs. As., 2004; art. 1º LTC).
A su vez, el haz de derechos y obligaciones que surge del contrato individual entre el
emisor y el usuario se encuentra en este caso alcanzado por las normas que tutelan y
protegen a este último. Destacada doctrina enseña que el “derecho de la consumición"
o derecho de relaciones entre profesionales y no-profesionales es a la vez distinto del
derecho civil y del derecho comercial, pues se halla animado por una finalidad propia: la
protección de una masa de individuos no-productores. Es oportuno mencionar que el

20
surgimiento de una legislación protectora de los consumidores ha sido uno de los
fenómenos jurídicos más salientes de los años `70; y si bien el retraimiento de la libertad
contractual ha sido una constante en la evolución del derecho, su significado no fue
siempre el mismo pues hasta 1970 se trataba de dirigismo económico; a partir de allí, la
protección del consumidor, preponderantemente. (conf. Carbonnier, Jean, “Droit Civil -
Les Obligations”, págs. 36/7, Presses Universitaires de France-Themis, Vendôme, France,
1990).
En nuestro país, la sanción de la ley 24.240, el posterior reconocimiento constitucional
de los derechos de los consumidores (art. 42 C.N. y 31 Const. Prov.) y su central
regulación en el nuevo Código Civil y Comercial significaron un hito trascendental en pos
de la protección integral de la persona, pues dieron origen a un amplio marco legal
protectorio que, partiendo de la base de la posición de vulnerabilidad estructural del
consumidor en el mercado, procura neutralizar dicha debilidad y restablecer la igualdad
real dentro de las relaciones jurídicas entre proveedores y consumidores. Surge de una
derivación del principio de protección a la parte contractual más débil sobre la base del
reconocimiento de la existencia de un contratante inexperto frente a uno profesional,
pero que, ciertamente, no agota en este aspecto contractual todas las posibles
situaciones que merecen amparo dado que la protección legal engloba también actos
jurídicos unilaterales y hechos jurídicos.
Es preciso acotar que, como también lo ha sido puesto de relieve, la debilidad
contractual no es siempre una situación estanca; la dinámica de un contrato puede
ocasionar que quien se presenta como débil en su inicio deje de serlo durante su
ejecución o viceversa, pero el derecho no puede sino partir de presunciones que luego
el juzgador deberá corroborar. “La legislación tuitiva debe existir, la prudencia de los
jueces al aplicarla, también (…) El derecho debe ser justo, este mandato comprende
todo el sistema jurídico; el estatuto del consumidor y el derecho civil participan del
mismo objetivo”. (Crovi, L. D., “El contrato de consumo: influencia de su actual
regulación”, en Rev. de Der. Priv. y Com., tº 2009-1, “Consumidores”, Rubinzal -Culzoni,
Santa Fe, 2009, págs. 431 y ss.). En esa misma línea de pensamiento, conviene recordar
que la idea de justicia, en función de la dignidad de la persona humana y de la igualdad
jurídica, implica la de reciprocidad, entendiendo por esto que un sujeto al obrar respecto
de otros debe hacerlo sólo sobre la base de que reconozca como legítima, en las mismas
circunstancias, una conducta igual de los otros respecto de él. Por ende, incluso en el
marco de las relaciones de consumo subyace la idea de justicia como valor que informa
todo el sistema jurídico, y que exige - en el plano de la conducta de las partes - el mismo
deber recíproco de actuar con lealtad y buena fe con que deben actuar las partes tanto
en el iter de formación del contrato, como en su celebración y cumplimiento.
En este caso, la cuestión central que plantea el apelante radica en la valoración de las
notas presentadas por su parte respeto del resumen Nº 121842 de la tarjeta de crédito
Santander Río Visa de la cual era titular, así como en la consideración de la totalidad de
la relación mantenida con la entidad bancaria emisora cuando, en su opinión, debe
analizarse exclusivamente el período comprendido en el mencionado resumen, cuya

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anulación pretende. Sobre la base de los argumentos que al respecto introduce en su
escrito de memoria, busca revertir el fallo de grado de modo tal que se acoja la demanda
deducida por su parte en lo que se refiere a las pretensiones de anulación del resumen
de cuenta citado y al pago de una suma de dinero en concepto de daño punitivo, que
estima en $ 200.000,00 (pesos doscientos mil).
Con respecto a la tercera pretensión, consistente en la devolución de los importes
percibidos por el banco en concepto de seguro por fallecimiento del titular, su
desestimación en la decisión en crisis no ha sido objeto de crítica por el apelante. Dicho
esto, es menester puntualizar que la obligación principal que asume el titular de una
tarjeta de crédito es la de pagar el monto que se consigna en los resúmenes que
periódicamente le remite el emisor. Sin su cumplimiento el sistema no puede funcionar.
Desde la perspectiva del emisor, la obligación a su cargo de mantener el funcionamiento
del sistema tiene su causa-fin objetiva, abstracta e idéntica en todos los casos, en la
obligación del titular de pagar dichos resúmenes. Por ello, se ha reprochado al legislador
de la Ley de Tarjeta de Crédito, la omisión de incluir entre las finalidades del sistema
enumeradas en su artículo 1º, la del ente emisor consistente en obtener el pago de sus
servicios y el recupero de los créditos que otorga. Esta finalidad es esencial para el
sistema, pues sin ella no existiría. (conf. CNCom, Sala A, 11/8/89, LL, 1991-A-235; id., id.,
14/8/95, LL, 1997-A-364, Wayar, Ernesto C., op. cit., p. 208.).
Asimismo, la jurisprudencia se ha encargado de destacar el deber de cooperación como
elemento implícito en el sistema de compra de bienes y servicios mediante el uso de
tarjetas de créditos, en tanto hace al regular funcionamiento de la operatoria (CNCom,
Sala C, “Diners Club c. Quadrelli, Héctor”, 20/10/2006, La Ley online AR/JUR/7870/2006;
id., “Finvercom S.A. c. Chaves Miguel Oscar, 13/8/99; entre otros.). Como contracara de
esta obligación, surge el derecho del emisor de exigir el pago de los saldos que resultan
de dichos resúmenes y de establecer los procedimientos que debe observar el usuario;
pues al ente emisor, o en su caso al ente administrador, le cabe el rol de organizador del
sistema, al situarse en el vértice de las relaciones con los usuarios y los proveedores. A
él le corresponde, por un lado recibir los pagos de los usuarios y, por el otro, efectuar
los pagos a los proveedores. Resulta lógico, entonces, que le corresponda el derecho de
establecer los procedimientos a los que unos y otros deberán ajustarse para que el
sistema funcione correctamente. En ese marco se inscribe, por ejemplo, el derecho a
exigir que siempre los proveedores requieran autorización para aceptar una
determinada operación (art. 37, inc. d), y a suspender o inhabilitar la tarjeta del titular
que no haya cumplido con la obligación de pagar el resumen. En efecto, el ente emisor
tiene derecho a suspender el uso de la tarjeta en caso de que el usuario no cumpla con
su obligación de pagar el monto consignado en el resumen, e incluso el de resolver o
dejar si efecto el contrato ante el incumplimiento de dicha obligación principal. En tales
casos, la normativa exige que se incluya en el contrato la mención de las causas en que
se puede fundar ese derecho (art. 6º, inc. ñ). (conf. Wayar, op cit, págs. 213 y ss.).
Ahora bien, de las constancias de autos surge que el resumen cuestionado por el actor,
cuya anulación pretende, comprende el período que va del el 7 de marzo de 2014 al 10

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de abril de 2014 y consigna el detalle de las operaciones y consumos realizados por el
titular durante el período, la indicación de la fecha de vencimiento (el 24 de abril de
2014) y del monto mínimo a pagar al emisor ($ 76.340,00). Asimismo, se observa que
cumple con el resto de los contenidos exigidos en el artículo 23 de la ley Nº 25.065. Entre
ellos resulta oportuno destacar que el vencimiento del resumen anterior se produjo el
18 de marzo de 2014 con un monto de $ 67.623,27, que el usuario realizó un pago con
posterioridad al día del vencimiento por la suma de $ 11.960,00 (el 4/04/14).
De acuerdo a lo relatado por el actor, aquel pago fue realizado con una mora de 16 días
y por el pago mínimo indicado por la entidad financiera demandada (v. fs. 6, 7, 10, 11).
De la actividad desplegada por el Banco emisor, también se tiene que el 13 de mayo de
2014 envió al usuario una carta documento informando el saldo deudor de $162.967,58,
el cierre de la cuenta corriente Nº 362.067/4 junto con la intimación de realizar su
efectivo pago (fs. 5).
Hasta aquí, el comportamiento de la demandada concuerda con la relación contractual
pactada para operar en la Cuenta Única (v. documentación reservada fs. 1 y ss.),
específicamente se encuentra detallado en las cláusulas del “Contrato de Adhesión al
Sistema de Tarjeta de Créditos para Paquetes” lo relacionado al resumen de cuenta, la
validez de los pagos, el importe a pagar, los pagos efectuados fuera de término, el pago
mínimo, la mora en el pago y las causales de resolución (ver cláusula 4ª, 7ª, 10ª, 11ª,
12ª, 13ª y 19ª fs. 21/25 documentación reservada).
Por otra parte, el titular puede cuestionar la liquidación dentro de los treinta días de
recibido el resumen, detallando claramente el error atribuido y aportando todo dato
que sirva para esclarecerlo por nota simple girada al emisor (art. 26, Ley 25.065). Al
respecto, el actor envió tres notas: 1) el 7 de mayo de 2014 por la que impugna en forma
genérica los rubros que componen el resumen Nº 121842, la sustracción de la totalidad
de sus haberes mensuales y pide informe sobre la conformación del resumen; 2) el 14
de mayo de 2014, reiteración en mismos términos de la anterior; 3) el 27 de mayo de
2014 reitera los términos de las precedentes, niega el saldo adeudado en la carta
documento enviada por el Banco de forma genérica e intima la devolución de sumas de
dinero por medio del seguro sobre saldo deudor en caso de fallecimiento del titular (v.
fs. 3/4, 6 y 7). Si bien el usuario tiene la carga de revisar diligentemente cada uno de los
conceptos de las cuentas mensuales y observarlas si no coincidieran con sus propios
cálculos de compras y egresos. (cf. Lorenzetti, Ricardo L. “Tratado de los contratos”,
Rubinzal Culzoni, 2006, T. III, pág. 458), también se debe tener en cuenta que la actitud
impugnatoria genérica o de desconocimiento de los consumos liquidados no conforma
el ejercicio válido de la impugnación que reconoce la ley al usuario y constituye un abuso
de derecho, pues es dable pensar que si no ha mediado denuncia de robo o extravío o
fraude, el usuario es quien ha hecho uso efectivo de la tarjeta para la obtención de los
bienes y servicios que se le liquidan, no pudiendo efectuar un reclamo o impugnación
genérico, sin fundamento alguno. Es más, no solamente omite en las tres notas
presentadas indicar cuál operación, consumo o cálculo resulta incorrecto o inexacto,

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sino que reconoce haber efectuado todos los consumos y operaciones consignados en
el resumen.
En esas circunstancias, se advierte que la ponderación efectuada en la instancia de grado
anterior resulta válida y adecuada a las normas que regulan el instituto. Sabido es que
la impugnación debe constar por escrito y llevar la firma del impugnante, consignar
concreta y precisamente cuál es el error u omisión que se imputa al resumen. En este
caso, si bien, en principio, es necesario que el impugnante aporte la prueba documental
en la que se sustenta, si la obtención de esa prueba no es posible o requiere un trámite
costoso o dilatado, de todos modos el ente emisor debe considerar la impugnación y dar
la respuesta que estime pertinente, siempre que por la importancia de los efectos que
produce esa impugnación sea verosímil y fundada en hechos concretos. Pero si la
impugnación del resumen se encuentra basada en consideraciones generales, sin
mención específica de los errores que se le atribuyen al contenido del resumen, no
puede ser admitida como tal (v. Wayar, ob. cit., pág. 266).
En este caso, resulta manifiesto que el usuario de la tarjeta ha omitido especificar el o
los errores atribuidos al resumen y aportar algún dato que sirva para esclarecerlo, no
solamente en las mentadas notas dirigidas al emisor sino que tampoco lo hace en su
escrito inicial del presente proceso. Por ello, pretender la anulación de un documento
que consigna las operaciones y consumos efectivamente realizados por el titular de la
tarjeta, por motivos fútiles, indeterminados y meramente aparentes, carece de toda
apoyatura jurídica. Vulnera además de manera fragante la buena fe que es exigida a los
contratantes.
Véase que además de los consumos detallados del titular como del adicional de la tarjeta
de crédito, no sólo se enumera el cargo de seguro de vida sobre saldo deudor, sino
también los intereses de financiación, los intereses punitorios por el monto del pago
mínimo anterior y el IVA. Nótese que no son detalles que aleatoriamente dependen de
la voluntad del banco emisor para realizar un resumen de cuenta, sino que deben
cumplir con los requisitos que se encuentran expresamente advertidos en el artículo 23
de la Ley de Tarjeta de Crédito en carácter obligatorio. Eso para dar adecuada noticia al
usuario de todo aquello que debe considerar al momento de utilizar el servicio ([Link].
réditos, fecha desde la cual se computan, fecha de pago, etc.) y, en su caso, objetar
aquello que apareciera desajustado con lo reglado por la ley o hubiera sido indebida o
incorrectamente liquidado en el resumen. (Chomer, Héctor Osvaldo. “Ley de Tarjetas de
Crédito 25.065”, p. 95, La Ley, Bs. As., 2009).
Por consiguiente, carece de todo sustento la pretensión inserta en la demanda
consistente en obtener la anulación judicial de un resumen de cuenta que consigna
consumos efectivamente realizados y reconocidos por el titular de una tarjeta de
crédito, sin otro fundamento que genéricas objeciones sobre el deber de informar del
ente emisor o la falta de respuesta a notas presentadas que no contienen los elementos
mínimos para conformar una impugnación destinada a la rectificación del resumen. Ha
resaltado la jurisprudencia que para el funcionamiento eficiente del contrato de tarjeta
de crédito - hoy tan masivamente difundido - son necesarias la buena fe y la cooperación

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de las partes, deber este último que comprende, del lado del titular usuario, el pago en
tiempo de sus obligaciones y el ejercicio oportuno de sus derechos (CNCom., sala C, La
Ley online AR/DOC/2377/2008). La buena fe es concebida hoy como un principio de
moralización y transparencia de la actividad económica y negocial, al cual el nuevo
Código Civil y Comercial no solamente les atribuye el carácter de ser criterio directo, y
no subsidiario y residual, de interpretación de las normas legales en el artículo 2º
(Alterini, Jorge Horacio, “Código Civil y Comercial Comentado”, La Ley, Buenos Aires,
2015, tº I, p. 22), sino que consagra parte de ellos en un lugar central y significativo como
es su título preliminar, reconociéndoles un alcance general e informativo de todo el
ordenamiento jurídico, así como parámetro que ilumina la interpretación de la conducta
humana en todos los ámbitos del derecho. La jurisprudencia de nuestro más alto
Tribunal de la Nación anticipó ya la generalidad de este principio - carácter que se
manifiesta hoy a través de su regulación en el artículo 9º del CCCN - cuando, al
interpretar el artículo 1198 del reemplazado Código, subrayaba: “Este principio cardinal
de la buena fe informa y fundamenta todo nuestro ordenamiento jurídico, tanto público
como privado, al enraizarlo en las más sólidas tradiciones éticas y sociales de nuestra
cultura” (CSJN, 17/04/2007, Fallos 330:1649).
Su trascendencia es tal que algún autor ha llegado a entender que si el derecho tuviera
que resumirse en una sola norma, tal precepto debería imponer a las personas
comportarse de buena fe (Alterini, op. cit., tº I, p. 60). En el presente conflicto, el
mentado principio deviene determinante respecto de las conductas exigibles a las partes
y, en particular, arroja luz sobre el comportamiento contradictorio y evasivo del usuario
al momento de objetar el resumen de cuenta y requerir, sin sustento legal, la anulación
de la deuda emergente de los consumos realizados por su parte con la tarjeta de crédito
emitida por la entidad bancaria demandada.
Por lo demás los argumentos sobre la interpelación de pago a sabiendas de la
imposibilidad de pago del usuario obligado devienen también inatendibles pues, como
dije, el emisor tiene derecho a exigir el pago de los resúmenes y el usuario la obligación
de pagarlos, y de acuerdo a los deberes de cooperación y buena fe, debe el usuario hacer
un uso responsable del crédito que se le concede en este tipo de contratación, en la cual
ha asumido la principal obligación de pagar los gastos y consumos que realice, usando
la tarjeta de manera acorde con la finalidad del instrumento y asumiendo plena
responsabilidad por su uso.
Por último, con respecto al agravio referido al incumplimiento contractual del apelante,
tampoco alcanza a rebatir los fundamentos del fallo en crisis. Indudablemente, es la
relación contractual habida entre las partes la que debe ser examinada en orden a
resolver la cuestión traída a juicio por el demandante. El resumen de operaciones y
consumos cuya anulación ha sido peticionada en estos estrados constituye meramente
un documento que consigna la liquidación del monto que resulta de las operaciones y
cargos del período mensual respectivo, que no puede ser analizado de manera separada
o desligada del contrato cuya obligación instrumenta. Por su parte, en cuanto a la
cláusula 13 del contrato que objeta por entender que no corresponde dejar sin efecto

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todos los servicios contratados por la mora en el pago de solo uno de ellos, a saber, el
de tarjeta de crédito, se observa que tanto en el contrato firmado por el apelante cuanto
en los resúmenes remitidos por el Banco, y tal como el mismo actor manifiesta, éste se
halla informado de que es usuario de una cuenta única, por lo que el planteo en
referencia deviene inadmisible.
En efecto, un claro exponente de los llamados “paquetes” se presenta en el caso de la
llamada “cuenta única”, que junto con la emisión de una tarjeta de crédito, se ofrecen e
incluyen variados servicios financieros coordinados (caja de ahorro, cuenta corriente
bancaria, seguros, etc.) (Chomer, ob. cit., pág 220). La norma (art. 55 de la LTC) se refiere
a los casos de “paquetes con varios servicios financieros y bancarios”. La ley introduce
en el derecho argentino el término “paquete”, traído del lenguaje del marketing, y que
significa que dos o más productos o servicios son ofrecidos conectados unos con otros,
de modo que no pueden desatarse. No se le reconoce al usuario de posibilidad de
aceptar unos y no otros, o de “desatar el paquete”, ya que la oferta se refiere a la
totalidad y no a uno sólo de los elementos que la integran. (Lorenzetti, ob cit., pág. 470).
A mayor abundamiento, tampoco se ha especificado cual sería la causa de la abusividad
de la cláusula puesto que cumple con lo requerido por el artículo 6º de la Ley de Tarjeta
de Crédito. La disposición citada exige que se señalen en el contrato de emisión las
causas por las cuales el emisor puede hacer cesar la eficacia de éste en forma temporal
o definitiva. La cesación de los efectos del contrato por la declaración de voluntad del
emisor no es libre, debe ser causada, como sería en este caso el incumplimiento por
mora en el pago del resumen (v. Picasso, Sebastián y Vázquez Ferreira, Roberto. “Ley de
Defensa del Consumidor Comentada y Anotada” 1ª ed, Buenos Aires, La Ley, 2009, Tomo
II, pág. 361).
En suma, tampoco se haya encuadrada en alguno de los supuestos contemplados en el
artículo 14 para que sea declarada nula, puesto que la causa de rescisión expresada por
el emisor ha sido expresamente establecida e informada al momento de suscripción del
contrato de emisión de tarjeta de crédito. En virtud de los fundamentos expuestos,
propongo rechazar el recurso de apelación articulado y confirmar la sentencia apelada
en lo que fue materia de agravios.
III.- Que con relación a las costas, corresponde su imposición al apelante vencido por
aplicación del principio general objetivo plasmado en la ley ritual (art. 67 CPCC).
IV.- Que al margen de lo analizado, se advierten subrayados, marcas y trazos con
resaltador hechas en los escritos principales que conforman el expediente,
particularmente en la sentencia dictada a fojas 138/145, lo que implica una falta grave
de seriedad y respeto hacia el Tribunal que no puede ser pasada por alto, además de
contrariar la ética profesional y expresas disposiciones de la Ley de Ejercicio de las
Profesiones de Abogado y Procurador (art. 70 inciso “c” Ley 5412); por lo que se impone
hacer un llamado a la reflexión a los letrados que intervienen en la tramitación del
proceso para que, en lo sucesivo, se abstengan de realizar marcas o anotaciones en las

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piezas del expediente (conf. CJSalta, Tomo 196:1057/1062; CApelCCSalta, Sala IV, t.
XXVIII, fº 269, 05/05/06).
La doctora Hebe Alicia Samsón dijo: Por compartir sus fundamentos, me adhiero al voto
que antecede.
LA SALA SEGUNDA DE LA CÁMARA DE APELACIONES EN LO CIVIL Y COMERCIAL, I.-
RECHAZA el recurso de apelación interpuesto por la parte actora a fojas 146 y, en su
mérito, CONFIRMA la sentencia dictada a fojas 138/145 el 22 de septiembre de 2017, en
lo que fue materia de agravios. II.- IMPONE las costas del recurso a la actora apelante.
III.- LLAMA a la reflexión a los letrados intervinientes para que en adelante, se abstengan
de hacer notas, marcas o subrayados en las piezas del expediente. IV.- ORDENA que se
registre, notifique y baje.-

ACTIVIDADES: "AGUIRRE, DIEGO MARTÍN vs. BANCO SANTANDER RÍO S.A. POR SUMARÍSIMO
O VERBAL"

1) ¿Qué derechos, cargas y obligaciones se mencionan expresamente respecto de las partes


intervinientes en el Sistema de Tarjeta de Crédito?

2) ¿Qué requisitos para efectuar una impugnación válida se extraen del fallo?

3) Tras el análisis de las constancias de autos, la documentación y los hechos ocurridos, el


tribunal refiere advierte la configuración de una conducta abusiva, ¿Cometida por qué parte?
(¿Actora o demandada?)

4) ¿Qué causa para cesar “dar de baja el paquete contratado” se verifica en el caso? ¿En qué
supuesto la causa de rescisión hubiese resultado nula?

5) ¿Cómo debió actuar o qué debió invocar el actor para obtener un decisorio que acogiera su
pretensión?

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