El Multilingüismo Y El Plurilingüismo en México. Perspectivas Educativas de Inclusión
El Multilingüismo Y El Plurilingüismo en México. Perspectivas Educativas de Inclusión
EN MÉXICO. PERSPECTIVAS
EDUCATIVAS DE INCLUSIÓN
INTRODUCCIÓN
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1. DIVERSIDAD LINGÜÍSTICA EN EL MÉXICO ACTUAL
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catálogo establece la existencia de 11 familias de lenguas indígenas, 68 grupos
lingüísticos y 364 variantes lingüísticas en el territorio nacional. Dicho censo
expone, entre otra información, datos que resultan significativos, por ejemplo,
por un lado, indica el número de hablantes de lenguas indígenas (6.913.362),
y por otro, recupera el número de personas que respondieron considerarse
indígenas (15,7 millones), de las cuales hay quienes dicen hablar alguna lengua
indígena (6,6 millones) y otras que no lo hacen (9,1). Así, el multilingüismo
en el país es un tema que ha llamado mucho la atención, entre otras razones,
por la gran variedad las lenguas indígenas habladas.
Maya 759,000
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Lengua Número de hablantes
Ixil 77
Oluteco 63
Lacandón 44
Cochimi 34
Ayapaneco 4
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2. P OLÍTICA LINGÜÍSTICA NACIONAL. DEL PAPEL A LA
PRÁCTICA
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esta proliferación de medidas legislativas que prohíben la discriminación de
los pueblos indígenas, el propio autor reconoce cómo de manera cotidiana se
denigran sus prácticas, incluyendo el uso de sus lenguas maternas. Asimismo,
señala que las políticas de las que surgen dichas leyes “se sustentan en una
ideología que diferencia mestizos e indios como categorías opuestas” y añade
que “la población indígena ha interiorizado estos valores y considera que es
mejor romper con su pasado, que representa pobreza e ignorancia” (Canuto
Castillo, 2013, p. 33). No está de más recordar que en el marco de la construc-
ción del Estado mexicano se requirió la configuración de la mexicanidad, en
base al mestizo, como lo señala Palou (2014, p. 14) “El significante maestro
que contiene y actualiza todos los sentidos de esta nueva empresa educativa y
cultural es el de mestizo”. Este afán de homogeneizar a la población a través
del mestizaje implica, por una parte, establecer modelos, tanto en lo social
como en lo cultural, imponiendo representaciones y prácticas de un grupo
étnico en demérito de las de otro. Por otra parte, el mismo autor se refiere a la
especie de doctrina escrita por José Vasconcelos (1925) en La raza cósmica, en
la que el mestizaje es considerado un eje de salvación para la raza, y menciona
“si bien esa utopía autoritaria devino discurso y política pública, el origen
mismo de la idea de mestizaje representaba una aporía insoluble: incorporar
al indígena a la nueva realidad productiva; convertirlo en ciudadano implicaba
modernizarlo […]”(Palou, 2014, p. 15). En ese sentido, lo que expone Urías
Horcasitas (2007) en su detallada investigación sobre el racismo en México
nos permite considerar que la búsqueda de ciudadanos perfectos en su cons-
titución física, moral y hereditaria, para conformar un hombre nuevo ha
acarreado graves estigmas contra la población indígena en México y con ello,
con todo lo que se relacione con sus culturas, incluyendo sus lenguas. Estas
ideas que estuvieron cargadas abiertamente de políticas eugenistas, si bien
iniciaron durante el Porfiriato, como explica la autora mencionada, tomaron
su mayor impulso después de la Revolución. Durante ese periodo se pretendía
cumplir con un proyecto de modernización y urbanización que conllevara
una homogeneización racial en toda la población. En ello, la eugenesia, muy
popularizada en el sector médico mexicano durante los años veinte, se reflejó
tanto a través del amplio desarrollo de estudios de tipo sanitario, difundidos y
aplicados, como en el establecimiento de políticas públicas para sectores bien
identificados, así como también con la reproducción de innumerables prejuicios
sobre la inferioridad, y superioridad, de determinados grupos étnicos. Esto
último permitió promover la transformación de aquellos grupos étnicos que se
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consideraban inferiores en lo físico, lo intelectual y lo moral, o bien alentando
la unión de mestizos con población de raza blanca por considerarla superior.
Tras décadas de adoctrinamiento implícito y explícito, concreto y simbólico,
estigmatizando de inferioridad a los indígenas en México, en lo referente a
la salud, la moral, lo cívico, lo social y lo cultural, se puede entender que
la opresión de la que han sido objeto dichos pueblos ha dado lugar, por un
lado, a movimientos reivindicadores de su dignidad, pero, por otro lado, a la
interiorización de un valor de inferioridad que sobre ellos pesa. Al considerar
la importancia de este tipo de precedentes que, de alguna manera, perduran
aún en muchos mexicanos, podemos reflexionar sobre la distancia que existe
entre la formulación y la puesta en práctica de las políticas que reconocen la
diversidad lingüística y cultural de México.
Si bien hay quienes por desconocimiento o por voluntad han decidido usar de
manera intercambiable los conceptos de multilingüismo y el de plurilingüismo,
nos parece pertinente empezar dejando claro las diferencias que los definen.
Primeramente, señalaremos que el Consejo de Europa (2002), a través del
Marco Común Europeo de Referencia para las lenguas, establece una distin-
ción entre el plurilingüismo y el multilingüismo, a este último lo define como
“[…] el conocimiento de varias lenguas o la coexistencia de distintas lenguas
en una sociedad determinada”, lo cual, señala, se puede lograr a través de
la diversificación de las lenguas que se enseñan en una institución o en un
sistema educativo determinado. La principal intención del multilingüismo
sería el aprendizaje de más de una lengua y con ello eventualmente reducir la
dominación del inglés en el panorama de la comunicación internacional.
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guarda estas lenguas y culturas en compartimentos mentales estricta-
mente separados, sino que desarrolla una competencia comunicativa a la
que contribuyen todos los conocimientos y las experiencias lingüísticas
y en la que las lenguas se relacionan entre sí e interactúan (Consejo de
Europa, 2002, pp. 4-6).
Visto de esa manera, el plurilingüismo tendría como meta lograr una comunica-
ción eficaz, dejando de lado el nivel de lenguas que el usuario pone en relación,
e incluyendo recurrir a estrategias paraverbales para lograr comunicar. En ese
sentido, Tremblay (2007) especifica que, para un individuo, ser plurilingüe o
multilingüe significa lo mismo, pero no para una sociedad. En una sociedad
plurilingüe los individuos que la componen hablan (con diferentes niveles de
competencia) varias lenguas. En cambio, en una sociedad multilingüe esto no
ocurre forzosamente, e incluso eso puede referir la coexistencia de diversos
monolingüismos en una sociedad. De ahí que se insista, por ejemplo, en que
Europa sin duda es multilingüe, pero que será verdaderamente Europa cuando
sea plurilingüe.
1 Traducción propia.
79
4. MULTILINGÜISMO Y PLURILINGÜISMO EN USO
80
hacia otras regiones del país o bien hacia el extranjero, así como la mezcla que
se produce entre esos sistemas lingüísticos que por sus características de vida
son frecuentemente frágiles.
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plurilingüismo conlleva competencias pluriculturales, lo cual permite consi-
derarlas de manera consciente en la enseñanza de las lenguas, y no solo las
extranjeras, sino las del entorno, las de cada estudiante, las de la lengua de
escolarización, así como todos los valores destinados a asegurar la formación
del alumno como individuo y como ciudadano, tal y como lo señalan Cavalli et
al. (2009). Por otro lado, las competencias plurilingües y pluriculturales deben
de considerarse más como un cambio de perspectiva que solamente como una
metodología para la enseñanza de las lenguas. Sin ese cambio de perspectiva
las competencias relacionadas con dichos fenómenos tienen un desarrollo muy
superficial y poco significativo.
Cabe señalar que en el contexto mexicano, donde la presión sobre las comu-
nidades indígenas orilla a sus pobladores a migrar a contextos en los que se
encontrarán sometidos en cuanto a su lengua y cultura al grupo dominante,
sus necesidades de supervivencia los hacen aprender la lengua de la mayoría
para integrarse a algún medio laboral, sea este formal o informal. En algunos
casos, cuando dichos grupos ya no regresan a sus comunidades de origen se
podría encontrar que sus competencias pluriculturales reproduzcan con mayor
facilidad los valores y actitudes de los sistemas que representan dominación o
mayor prestigio social. En el caso de los migrantes no hispanohablantes que
provienen de otros países, también se encuentran en una situación de interac-
ción con una lengua y una cultura propias del lugar a donde llegan, lugar en el
que tienen que crear condiciones de supervivencia siendo una de las primeras
desarrollar competencias plurilingües y pluriculturales, como es el caso, por
ejemplo, de los migrantes de Haití o de Rusia afincados recientemente en la
norteña ciudad fronteriza de Tijuana. Evidentemente, no es obligatorio que
los grupos migrantes abandonen su lengua y cultura de origen. Sin embargo,
si por un lado reconocemos que, si hay mayores competencias plurilingües
y pluriculturales, mayor será la integración de dichos grupos en su contexto
anfitrión, por otro, también reconocemos que cuando un sistema lingüístico
ha sido fragilizado puede ser aún más vulnerable cuando migra lejos de su
comunidad de origen.
En todo caso, es muy poco probable que los contextos anfitriones en situación
de asimetría, con una categoría de grupo dominante, sean quienes desarrollen
competencias plurilingües y pluriculturales respecto a las lenguas y culturas
indígenas. Aunado a lo anterior, cuando un sistema educativo, como lo es el
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mexicano, tiene una política lingüística que incluye de manera obligatoria solo
la enseñanza del inglés, no es de sorprenderse que ocurra un debilitamiento de
las lenguas de los pueblos originarios. Sin embargo, aquí es preciso subrayar,
que desde una perspectiva no gubernamental, así como en el ámbito académico
y de investigación especializada en la lengua, se observa un gran interés por el
estudio y la inclusión de las lenguas y culturas de dichos pueblos originarios
de México. Un factor que ha redituado en avances considerables ha sido el de
hacer más obvio el factor indisociable entre lengua y cultura. Con ello, el des-
cubrimiento, difusión y valorización de las culturas originarias han reforzado
el interés por las lenguas y otras manifestaciones culturales logrando poco a
poco una reflexión sobre estereotipos y estigmas que subyacen en la convi-
vencia entre las diferentes comunidades. Al respecto, podríamos considerar
que la identidad no puede ser fija, sino que se encuentra constantemente en
construcción, conformada por diferentes componentes. Desde esa perspec-
tiva la identidad individual es a la vez una y plural, como lo señalan Cavalli
et al. (2009). En ese sentido, la consciencia de una competencia plurilingüe y
pluricultural nos obliga a gestionar los recursos que poseemos y adquirimos,
relacionados con esas competencias. Es decir, que adherimos a ciertos usos,
lingüísticos y culturales, hasta el punto en que los necesitamos sin poner for-
zosamente en riesgo cierta unidad identitaria. Un ejemplo de ello podría ser
la manera como la competencia plurilingüe y pluricultural de un mexicano se
activa ante productos de entretenimiento (cine, televisión, música, productos
de plataformas web, etc.) realizados en otras lenguas, principalmente, en
inglés. Por otra parte, el plurilingüismo en México tiene una fuerte relación
con la lengua y la cultura (incluyendo muchas de sus variantes) de los Estados
Unidos. Ello se debe no solo a la proximidad geográfica, sino al cada vez más
creciente fenómeno de migración y a la dependencia que existe desde tiempo
ya con su industria tanto tecnológica y científica, como la del entretenimiento,
como ya se mencionó. Igualmente, la presencia de la actualidad política,
económica y cultural de dicho país forma parte de la cotidianeidad mexicana
con variación en la intensidad según la época y los temas. En ese sentido,
puede haber acontecimientos de nuestra sociedad que, para ser comprendidos,
requieren integrar elementos lingüísticos y culturales venidos de esa nación.
Y si bien ese fenómeno no transforma la lengua en su sistema, sí puede dar
lugar, en ciertos ámbitos, a un fenómeno de aculturización. Cabe precisar que
dicho concepto es definido, según la comisión formada por Redfield, Linton
y Hertskovits (1936), como “aquellos fenómenos que resultan cuando grupos
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de individuos de culturas diferentes entran en contacto, continuo y de primera
mano, con cambios subsecuentes en los patrones culturales originales de uno
o de ambos grupos” (1936, pp. 149-152). En otro sentido, cabría comentar
en el que probablemente el pluriculturalismo puede tener lugar sin que haya
cambio de lengua, como sucede también en México en la actualidad, cuando
a través de productos de entretenimiento se transmiten diferentes usos cultu-
rales (lingüísticos o no) propios de otras comunidades hispanohablantes. En
dichos casos la lengua es la misma, con algunas variaciones, pero dan cuenta
de una cultura diferente. Por otra parte, la variante dominante del español
puede integrar, quizá más en la comprensión que en la producción, elementos
de otras variantes del español que se encuentran en convivencia en diferentes
ámbitos. Dicho fenómeno, si bien no es propiamente plurilingüismo, sí ha
permitido realizar productos audiovisuales que incluyen diferentes variantes
lingüísticas y culturales panhispánicas para que sean consumidas por públicos
internacionales. Un ejemplo de la activación de esa competencia panhispánica
es la que atestiguábamos los lectores mexicanos hace muchos años, cuando
llegaban a nuestras manos traducciones de obras extranjeras hechas con la
variante del español peninsular.
84
5. DIVERSIDAD CULTURAL Y DIVERSIDAD LINGÜÍSTICA EN
EL ESPACIO EDUCATIVO: IDENTIDAD E INCLUSIÓN
85
sitio2 Gabriela Badillo, responsable del proyecto, quien puntualiza la finalidad
del mismo “[…] ayudar a resignificar la palabra indígena y eliminar la discri-
minación, así como enaltecer el orgullo de ser parte de estas comunidades,
fortalecer el respeto y uso de las lenguas y la cultura”. Dicho trabajo tiene
una propuesta educativa que va dirigida no solamente a las escuelas de las
comunidades indígenas, sino también a aquellas de contextos urbanos mestizos.
Lo anterior constituye una iniciativa en la que, además de buscar disminuir
la discriminación, su misión es “[…] que sea una herramienta para conservar
la riqueza que representan todos estos universos, riquezas de nuestro país. Es
tiempo de respetar, incluir, fomentar, creer y sentir orgullo de lo que somos”,
como la misma responsable menciona.
Entre esos ejemplos tan contrastantes, se encuentran muchos otros, de entre los
cuales hablaremos de la educación intercultural por tratarse de una propuesta
que, con aciertos o fallas, ha representado el esfuerzo de instancias guberna-
mentales del país para enfrentar el multilingüismo en México. Su actualidad
y la permanencia que ha logrado, así como el interés que ha suscitado entre
grupos de especialistas, quizá justamente por gozar del apoyo de las autoridades
educativas, nos hacen pensar que es pertinente darle seguimiento a su desarrollo.
2 [Link]
86
que hace Vergara Fregoso (2010). Además de suscribir las características que
se le atribuyeron ya a este concepto, menciona que la incursión del término
era reciente para los ámbitos político y pedagógico y agrega que con mucha
frecuencia se asocia con grupos étnicos en contextos marginales. Además, le
atribuye a la interculturalidad el valor de espacio de encuentro en el que se
aprende, pues considera que en él se construye cultura con la alteridad tanto
del otro como de uno mismo, y sobre este impacto señala que esta invitación a
entrar en el proceso de diálogo intercultural es como “ […] método para aprender
a relativizar las tradiciones consolidadas como propias dentro de cada cultura
y, ante todo, para poner en tensión su conservación y transformación, para
posibilitar el conocimiento de la cultura propia y de otras culturas” (Vergara
Fregoso, 2010, p. 147). Respecto a la educación intercultural, específicamente,
la misma autora señala cómo la interculturalidad “implica el reconocimiento
de nuestra identidad; ese elemental descentramiento para comprender y apre-
ciar al otro, para percibirlo como sujeto que nos impacta desde su relación
con la historia, el mundo y la verdad” (Vergara Fregoso, 2010, p. 147). En ese
sentido, la autora retoma a Besalú (2002) para señalar justamente, que “una
educación intercultural es una educación para y en la diversidad cultural y no
una educación para los culturalmente diferentes”, con lo que se implicaría “[…]
no solo una valoración de las diferencias, sino también desde el reconocimiento
de lo que tenemos en común” (Vergara Fregoso, 2010, p. 147). Asimismo, la
especialista señala que la educación intercultural bilingüe sustituye en 1990
a la educación bilingüe bicultural. Esta se instauró en 1978 representando
un cambio frente a modelos anteriores que promovían la castellanización en
el medio indígena al grado de prohibir el uso de las lenguas originarias entre
dichas comunidades. Sin embargo, más adelante en su trabajo, la misma Vergara
Fregoso (2010) menciona la postura específica de la Secretaría de Educación
Pública en México con relación a las lenguas de uso en contextos de educación
intercultural, refiriendo que esta modalidad de educación es “aquella que
favorezca la adquisición, fortalecimiento, desarrollo y consolidación tanto de
la lengua indígena como del español, y elimine la imposición de una lengua
sobre otra” (SEP, 2001, p. 12).
87
formulan un panorama intercultural como ideal para la diversidad nacional,
es decir, para la multiculturalidad y entonces el multilingüismo. Sin embargo,
parecería que la asimetría, las representaciones, la falta de una razón justi-
ficada conjuntamente por los implicados ante la educación intercultural, no
le permiten un desarrollo libre, consolidado que se oriente a la expansión en
cuanto a manifestaciones de inclusión. Como hemos visto, los fenómenos de
multilingüismo y plurilingüismo son parte de situaciones culturales. En ese
sentido, nos parece importante incluir la perspectiva que Puren ha construido a
lo largo de su prolífica obra que ha dedicado, entre otros temas, al tratamiento
de la cultura en situaciones de la enseñanza-aprendizaje de lenguas-culturas3.
Cabe señalar que, si bien ha tenido a las lenguas-culturas extranjeras como
enfoque principal de su trabajo, sus planteamientos sobre el multiculturalismo
inherente a toda aquella situación en la que se encuentran dos o más culturas
en medio educativo, son válidos para nuestros propósitos. Aquí reformulamos
a Puren (2008), quien es claro al señalar con cierto tono crítico, el dominio
que ha representado la perspectiva intercultural en el ámbito de la Didáctica
de las Lenguas-Culturas (DLC) en los últimos decenios. Al mismo tiempo,
resalta que “de tanto ampliar el campo de uso del término interculturalidad,
su coherencia y pertinencia se han degradado y han hecho de ella una noción
comodín que ya no tiene la agudeza que debe conservar un verdadero concepto
en tanto que instrumento de análisis”4 (Puren, 2019, p. 215). Para enfocar dicha
situación desde un punto que considera la complejidad de los factores, el autor
presenta un modelo de la competencia cultural en cuanto a la DLC (2008), en
el cual considera que “[…]no solo es pertinente para concebir actualmente una
aproximación compleja de la problemática cultural en esta disciplina, sino que
también es validado, total o parcialmente, desde otras perspectivas” (Puren,
2011, p. 9). Esta propuesta, a la cual el autor aplica 4 tipos de validación dife-
rentes (empírico, sociológico, filosófico y cognitivo, los cuales no abordaremos
aquí), se representa en el cuadro siguiente:
4 Traducción propia.
88
Situación de uso (social) de referencia (1) Situación de aprendizaje (escolar) de referencia
5. capacidad (por ej. componente co-cultu- actuar con proyectos perspectiva orientada
de un español) de ral: las concepciones a la acción social
trabajar en lengua no (2000-?)
materna con españo-
les, con hispanófonos
y con alófonos
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De su modelo, solo tomamos lo referente a lo intercultural por ser el tema
que nos incumbe, al respecto recuperamos las siguientes palabras que señalan
lo que probablemente sería uno de los aspectos que se deben de revisar en el
enfoque intercultural:
90
componente de la
competencia cultural
es indispensable...
pero también...
y es muy útil...
Las propuestas resultantes de estos trabajos de Puren (2016) han sido aquí
mencionados sin el detalle y la contextualización que merecerían. Sirva de
justificación señalar que el objetivo aquí es solo ilustrar rápidamente cómo
desde ciertas áreas existen preocupaciones cuyas respuestas pueden también
ser utilizadas en situaciones como las de México, donde se está en busca de
responder, desde la educación, al multilingüismo y plurilingüismo.
91
programas que incluyen el aprendizaje de lenguas extranjeras, siendo muchos
de esos espacios instituciones bilingües, solo podemos constatar que la escuela
tiene un enorme potencial para que se desarrollen la competencias multilingües
y plurilingües, multiculturales y pluriculturales. Es nuestra responsabilidad
que esa potencialidad se concretice. Estos tiempos exigen de manera urgente
no contemplar la armonía en base a un achatamiento de la diversidad del que
alguien saldría mutilado. La homogeneidad resultará de valorizar por igual todas
las expresiones de diversidad cultural y lingüística. En este sentido, referente
a la identidad, a la diversidad, al Otro, cabe recuperar algunas palabras que
Paul Ricœur (1996) menciona en su tercera intención filosófica explicada en
el prólogo de Sí mismo como otro:
CONCLUSIONES
92
que se verifican estas manifestaciones desde tiempos lejanos, antes de que el
fenómeno de la globalización fuera llamado así. En este país, en el que actual-
mente son cada vez más frecuentes, por ejemplo, los programas interculturales
con las comunidades de pueblos originarios, así como programas de movilidad
estudiantil, dentro y fuera del país, es en el ámbito de la educación donde hay
que seguir formando estrategias de inclusión de la diversidad, de colaboración
co-cultural entre grupos de minorías y de mayorías considerando al Otro como
Uno mismo. Lo anterior sería darle una oportunidad al multilingüismo de
vivir sanamente y, aunque esto siga representando en la actualidad ser un gran
reto, las herramientas ya están en construcción. Finalmente, cerraremos esta
aproximación abriendo temas que nos permitan reflexionar sobre lo que puede
significar vivir en una sociedad multilingüe y multicultural donde la diversidad
se valora desde una perspectiva de modelos de dominación cimentados a lo
largo de la historia de un país, y cuando una sociedad establece patrones que, a
la manera de un corsé que asfixia a los que entran y a los que no, los margina.
Lo que podemos imaginar, y de alguna manera constatar, es que bajo esas
condiciones, los esfuerzos para que la diversidad cultural y lingüística se valore,
promueva y se integre en una sinergia social, pueden ser monumentales y aun
así los resultados escasos, muy parciales o de corta vida. Del mismo modo, las
perspectivas con las que se considera el factor cultural y el lingüístico, y que
han determinado las metodologías en los modelos educativos que implican
públicos diversos, no deberán sustituirse entre sí, sino incluirse en la medida
de las necesidades, beneficiando de las ventajas que poseen cada una. En una
perspectiva didáctica también debe haber una diversidad incluyente.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
93
Catálogo de las lenguas Indígenas Nacionales: Variantes Lingüísticas de México
con sus autodenominaciones y referencias geoestadísticas (2008). Instituto
Nacional de Lenguas Indígenas. Recuperado de [Link]
pdf/CLIN_completo.pdf
94
Ruiz, S. (2005). ¿Aculturización o Transculturización? [Curso impartido]. Universidad
de Puerto Rico, Mayagüez. Recuperado de [Link]
[Link]
95