Hematoma Epidural
Hematoma Epidural
Hematoma epidural
CIE-9 432
DiseasesDB 4353
MedlinePlus 001412
eMedicine emerg/2898
MeSH D006407
Sinónimos
Hemorragia extradural
Aviso médico
Un hematoma epidural es una acumulación de sangre que ocurre entre la duramadre que
es la capa que rodea al sistema nervioso central y el cráneo.1 Debido a que la duramadre
también recubre a la médula espinal, un sangrado epidural puede también presentarse en la
columna. En la mayoría de los casos se deben a traumas físicos y produce un aumento en la
presión intracraneal e incluso puede verse reflejado en desviación de la línea media de las
estructuras cerebrales, y puede llegar a ser mortal, por lo tanto, un hematoma epidural es
una emergencia médica.2 En la imagen por tomografía suele observarse una imagen
biconvexa, a diferencia del hematoma subdural que muestra una imagen concava en su cara
interna.
Etiología[editar]
Aproximadamente entre 15 y 20% de los pacientes con hematomas epidurales mueren
como consecuencia del trauma.3 En la mayoría de los casos, la hemorragia proviene de una
ruptura de la arteria meníngea media que discurre por fuera de la duramadre. Tiende a tener
una elevada asociación con fracturas del hueso temporal.
Hemorragia subaracnoidea
De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda
Hemorragia subaracnoidea
TAC mostrando una hemorragia subaracnoidea (zona blanca en la
parte central de la imagen).
CIE-10 I60
CIE-9 430
MedlinePlus 000701
Aviso médico
Afecta de 6 a 10 personas cada 100.000 por año. Según estudios retrospectivos, entre todos
los pacientes que concurren al servicio de emergencias con cefalea, la hemorragia
subaracnoidea es la causante en el 1% de los casos. Si se consideran solo los pacientes con
la peor cefalea de sus vidas y un examen físico normal, este porcentaje asciende al 12%.
Esta proporción vuelve a incrementarse si se toman en cuenta los pacientes con un examen
físico anormal, llegando al 25%.
Es una patología grave, con una mortalidad aproximada del 20 al 40% de los pacientes
internados, más un 8 a 15% de mortalidad en los primeros minutos u horas, en la etapa
prehospitalaria. Puede ser traumática o no traumática.
Índice
[ocultar]
1 Causas
2 Patogénesis y Factores de Riesgo
3 Fisiopatología del Sangrado Inicial
4 Cuadro Clínico
5 Diagnóstico
6 Complicaciones
7 Manejo del paciente
8 Tratamiento
9 Manejo de las Complicaciones
10 Pronóstico
11 Manejo de Aneurismas Asintomáticos
12 Screening
13 Véase también
14 Referencias
Causas[editar]
La causa más frecuente es la ruptura espontánea de aneurismas intracraneales. Representa
del 70 al 90% de los casos. Los aneurismas suelen ser asintomáticos antes del sangrado. Se
distribuyen en las grandes arterias, la mayoría en la circulación anterior (80-90%), más
comúnmente en la unión de la arteria carótida interna con la arteria comunicante posterior,
en la arteria comunicante anterior y en la trifurcación de la arteria cerebral media. El 10-
20% restante se ubican en la circulación posterior, con frecuencia en la bifurcación de la
arteria basilar. En un 10-20% de los casos se encuentran múltiples aneurismas. Otras más
infrecuentes incluyen:
La PIC elevada puede en instantes aproximarse o igualar a la presión arterial media con la
consiguiente caída de la presión de perfusión cerebral (PPC) hasta valores en teoría
cercanos a cero.
Esta caída extrema de la PPC equivale a una "detención circulatoria cerebral", la cual puede
deparar efectos deletéreos sobre el encéfalo (secundarios a la isquemia global), pero puede
a la vez facilitar la detención del sangrado (debido a la anulación de la presión
transaneurismática). Ésta, seguida de una respuesta de tipo Cushing, con hipertensión
arterial y de la puesta en funcionamiento de los mecanismos compensadores de la PIC
elevada, puede restablecer la hemodinamia cerebral, mecanismo por el cual el paciente
puede sobrevivir al sangrado inicial.
Los pacientes que padecen una hemorragia subaracnoidea pueden morir en los minutos que
siguen al primer episodio de sangrado, o bien al resangrado. Las causas más frecuentes de
muerte corresponden a la respiración atáxica, paro respiratorio y fibrilación ventricular.
Cuadro Clínico[editar]
Los signos y síntomas suelen aparecer en forma súbita en un individuo que por lo general
no presentaba alteraciones neurológicas previas. El inicio frecuentemente está precedido
por una actividad física intensa, si bien se observó que en una serie de 500 pacientes con
hemorragia subaracnoidea, en un 34% de los casos se desarrolló durante actividades no
estresantes, y un 12% se produjo durante el sueño. Los signos y síntomas más frecuentes se
enumeran en la tabla 1.
Manifestación Porcentaje
(%)
Cefalea 74-80
Náuseas y vómitos 70-80
Alteraciones de la conciencia 60-70
Pérdida transitoria de la
50
conciencia
Rigidez de nuca 40-50
La cefalea, que es el síntoma más frecuente, se describe como de inicio brusco, intensa e
inusual. Puede también ser referida como nucalgia y fotofobia. Frecuentemente se
acompaña de náuseas y vómitos. Pero no siempre es característica, dado que puede tener
cualquier localización, puede ser localizada o generalizada, puede ser leve y resolver
espontáneamente, o puede aliviarse con analgésicos no narcóticos. Según la Sociedad
Internacional de Cefalea un primer episodio de cefalea grave o inusual no puede ser
clasificado como migraña o cefalea tensional, dado que los criterios diagnósticos requieren
varios episodios con características específicas (más de nueve episodios para la cefalea
tensional y más de cuatro para la migraña sin aura). Frente a la primera o peor cefalea, así
como a una cefalea inusual en un paciente con un patrón establecido de dolor, debe
sospecharse hemorragia subaracnoidea hasta que se demuestre lo contrario. Los pacientes
también pueden referir vértigo, paresia o parálisis, parestesias, diplopía, defectos en el
campo visual, convulsiones y otros síntomas de foco neurológico. Aproximadamente en la
mitad de los casos existe una pérdida transitoria de la conciencia al inicio del cuadro.
Alrededor de la mitad de los pacientes presenta alguna alteración del sensorio, que puede
variar desde la obnubilación hasta el coma. Pueden presentarse asimismo con rigidez de
nuca, hipertensión o hipotensión arterial, taquicardia, fiebre, parálisis de los pares
craneanos, nistagmo, hemorragia subhialoidea evidenciable en el fondo de ojo así como
edema de papila. Casi el 50% de los pacientes que desarrollan una hemorragia
subaracnoidea presentan síntomas premonitorios días, semanas o meses antes del sangrado
mayor. Dichos síntomas pueden ser de dos tipos:
a)secundarios a una pérdida menor de sangre del aneurisma. Se presenta como cefalea
brusca e intensa, a veces acompañada por vómitos y náuseas, en un paciente lúcido, sin
signos de foco neurológico ni meníngeo y con tomografía computada (TC) de cerebro
normal. Solo se diagnostica si existe la correcta sospecha diagnóstica y se realiza una
punción lumbar.
Para la clasificación del cuadro clínico al ingreso se han descrito la escala de Hunt y Hess
(Tabla 2) y la escala de la Federación Mundial de Neurocirujanos (Tabla 3).
Diagnóstico[editar]
Se establece sobre la base de un cuadro clínico compatible más la demostración de la
presencia de sangre en el espacio subaracnoideo. Como fue expuesto con anterioridad, debe
suponerse que toda cefalea de comienzo brusco e inusual es una hemorragia subaracnoidea
hasta que se demuestre lo contrario. El estudio de elección es la TC de cerebro, con una
sensibilidad del 95% en las primeras 24 horas, disminuyendo paulatinamente en los días
subsiguientes a medida que la sangre se torna isodensa con el parénquima cerebral. Así a
los tres días es del 80%, a los cinco días 70%, a la semana 50% y a las dos semanas del
30%. Es válido tener en cuenta que la hiperdensidad espontánea de la sangre en la TC
depende de la concentración de hemoglobina por lo que en caso de existir anemia con una
concentración de hemoglobina por debajo de 10 g/dl la misma será isodensa con el
parénquima cerebral. Cabe destacar la importancia de la técnica en la realización de la TC,
recomendándose cortes finos (3 mm entre cortes) a nivel de la base del cráneo ya que cortes
más gruesos (10 mm) ocultan pequeñas colecciones. Por otro lado la habilidad en la
correcta identificación de hemorragia en la TC varía ampliamente entre médicos
emergentólogos, neurólogos y radiólogos generales. Los médicos menos experimentados,
indudablemente, pueden pasar por alto anormalidades sutiles. Teniendo en cuenta la
distribución y la cantidad de sangre evidenciable en la TC de cerebro se puede clasificar a
la hemorragia subaracnoidea según la escala de Fisher (Tabla 4).
Grado
Sin sangre detectable.
I
Disposición difusa de la sangre en el
Grado espacio subaracnoideo sin coágulos
II localizados con una capa vertical
menor a 1 mm.
Coágulos localizados en el espacio
Grado
subaracnoideo o una capa vertical de
III
sangre mayor o igual a 1 mm.
Grado Sangre intraparenquimatosa o
IV intraventricular.
La punción lumbar debe ser realizada en todos aquellos pacientes cuya presentación clínica
sugiera hemorragia subaracnoidea y cuya TC sea negativa, dudosa o técnicamente
inadecuada. Frecuentemente se cometen errores en la interpretación de los hallazgos del
LCR, dada la dificultad en diferenciar la verdadera presencia de sangre en el espacio
subaracnoideo de una punción lumbar traumática, circunstancia que ocurre en un 20% de
los casos. Ni la impresión del operador ni la técnica de los tres tubos, en la cual se busca la
disminución del recuento eritrocitario, son confiables para tal fin. El hallazgo de eritrocitos
crenados tampoco tiene valor. Luego de la hemorragia aneurismática los glóbulos rojos se
diseminan rápidamente por el espacio subaracnoideo donde persisten por días o semanas,
siendo lisados en forma gradual. La hemoglobina liberada se metaboliza a pigmentos
moleculares oxihemoglobina (de color rosado) y bilirrubina (amarilla) resultando en
xantocromía. La oxihemoglobina se puede detectar a las pocas horas pero la formación de
bilirrubina, que es proceso enzimático, requiere aproximadamente de doce horas. Esta
última es más confiable en el diagnóstico pero su hallazgo en el LCR depende del tiempo
transcurrido entre el inicio del cuadro y la realización de la punción lumbar (por lo que se
recomienda que este no sea menor a 12 horas). El LCR debe ser centrifugado y examinado
en forma rápida para evitar que los glóbulos rojos originados en la punción traumática se
lisen y generen xantocromía. La mayoría de los autores aceptan que la presencia de
xantocromía es el criterio diagnóstico primario en los casos de hemorragia subaracnoidea
con TC normal. Otros sostienen que la simple presencia de eritrocitos, aún en ausencia de
xantocromía es más certera. Estas opiniones divergentes tienen su origen en los distintos
métodos de detección de la xantocromía (espectrofotometría versus visión directa, la cual
tiene una sensibilidad del 50%). Se han utilizado también anticuerpos monoclonales para la
detección de productos de degradación de la fibrina, para detectar en forma cualitativa la
presencia de sangre, lo cual parecería más exacto que la detección de xantocromía. El
segundo aspecto a tener en cuenta en el diagnóstico de la hemorragia subaracnoidea es la
localización del sitio de sangrado, para lo cual el estudio de elección es la angiografía con
sustracción digital de los cuatro vasos del cuello. Esta mostrará un aneurisma en el 70-80%
de los casos. Si está fuera normal se sospechará:
Complicaciones[editar]
Pueden ser neurológicas o extraneurológicas.
I)Neurológicas:
a) Resangrado:
Tiene una mortalidad del 50 al 80% a los tres meses y el riesgo es mayor en las primeras 24
horas. Es más frecuente en las mujeres, en pacientes con mal grado neurológico, pacientes
en malas condiciones clínicas y con tensión arterial sistólica mayor a 170 mmHg. Se
postula que la causa sería la lisis del coágulo perianeurismático. Clínicamente se manifiesta
por aumento brusco de la cefalea, disminución del nivel de conciencia, nuevo déficit
neurológico, convulsiones, coma, respiración atáxica o fibrilación ventricular. Su
diagnóstico se realiza sobre la base de los hallazgos tomográficos.
b) Vasoespasmo:
c) Hidrocefalia:
Posee una frecuencia del 8 al 34%. Puede ser de causa obstructiva, la cual se produce en
una fase temprana y se diagnostica mediante la evidencia de un aumento del tamaño de los
ventrículos laterales y del tercer ventrículo; o bien de tipo comunicante en la cual existe una
alteración en la reabsorción del LCR. Esta última puede ser temprana o tardía y en la TC
existirá agrandamiento de los cuatro ventrículos.
d) Hipertensión endocraneana:
Se produce en el 25% de los casos, en la mayoría de los pacientes con mal grado
neurológico. Es debida a hidrocefalia, hemorragias intraparenquimatosas o edema cerebral.
e) Convulsiones:
II)Extraneurológicas
a) Cardiovasculares:
d) Infecciosas:
Son frecuentes las infecciones urinarias, respiratorias y la sepsis. Debe recordarse que la
fiebre asociada con una hemorragia subaracnoidea puede ser de causa no infecciosa.
Tratamiento[editar]
El objetivo final del tratamiento es la exclusión del saco aneurismático de la circulación
cerebral conservando la arteria que le dio origen. La cirugía ha sido el pilar del tratamiento
de los aneurismas intracraneanos, sin embargo las técnicas endovasculares están tomando
cada vez más importancia. El manejo quirúrgico de los aneurismas cerebrales es un
procedimiento efectivo y seguro con el desarrollo de técnicas de microcirugía en manos de
cirujanos experimentados. El tratamiento de elección de la mayoría de los aneurismas
consiste en la colocación de un clip alrededor del cuello del aneurisma. El tratamiento
endovascular consiste en la colocación de coils metálicos en la luz del aneurisma, de esta
forma se favorece la formación de un trombo local obliterando la luz del aneurisma.
Comparando ambas técnicas, en un estudio prospectivo randomizado de 109 pacientes con
hemorragia subaracnoidea aguda (menor a 72 horas) debida a la ruptura de un aneurisma
intracraneano se halló que resultados significativamente mejores ocurrieron luego del
tratamiento quirúrgico en pacientes con aneurismas de la arteria cerebral anterior, pero en
los casos de aneurismas en la circulación posterior los resultados fueron mejores luego del
tratamiento endovascular.
Pronóstico[editar]
Artículo principal: Escala de Hunt y Hess
Otro factor que influye fuertemente en el pronóstico es la edad. En una serie grande de
casos se observó que en los pacientes mayores de 70 años la mortalidad era 3 veces
superior que en los pacientes de entre 30 y 39 años. La localización del aneurisma
responsable de la hemorragia subaracnoidea no tiene influencia en la evolución cognitiva.
La medición de la isoenzima BB de creatinfosfokinasa (CK) en LCR puede ayudar a
predecir la evolución neurológica. En un estudio las altas concentraciones de CK-BB se
asociaron a altos grados según la escala de Hunt-Hess (Tabla 2) , baja puntuación en la
escala de coma de Glasgow o GCS (por sus siglas en inglés Glasgow Coma Scale)y peor
evolución. Todos los pacientes con una evolución temprana favorable tenían una
concentración de CK-BB menor a 40 U/l. Sin embargo una limitación de este estudio es el
pequeño tamaño de la muestra (n = 30).
En otras series también se hallaron bajas tasas de ruptura para aneurismas menores a 10
mm de diámetro. Sin embargo, en algunas series el tamaño crítico de ruptura hallado fue
menor. Recomendaciones: la suma de estos datos avala la conducta expectante frente a
aneurismas saculares menores a 10 mm de diámetro. Esto también ha sido validado por un
análisis costo-efectividad que halló que el tratamiento de aneurismas asintomáticos
menores a 10 mm de diámetro en pacientes sin antecedentes de hemorragia subaracnoidea
empeoraba la evolución clínica. De todas formas, cada caso debe ser examinado en forma
individual, considerando otros factores como las comorbilidades, la edad del paciente y la
localización del aneurisma. Los aneurismas remanentes o coexistentes de cualquier tamaño
en pacientes con hemorragia subaracnoidea debida a otro aneurisma tratado garantiza la
consideración de tratamiento en todos los casos. Así mismo debe considerarse seriamente el
tratamiento de aquellos aneurismas asintomáticos con un tamaño mayor o igual a 10 mm de
diámetro.
[Link]
Traumatismo craneoencefálico
De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda
Traumatismo craneoencefálico
TAC mostrando contusiones cerebrales, hemorragia intracraneal entre
los hemisferios, hematoma subdural y fracturas craneales1
CIE-10 S06
DiseasesDB 5671
MedlinePlus 000028
MeSH D001930
Aviso médico
También puede definirse como la lesión directa de las estructuras craneales, encefálicas o
meníngeas que se presentan como consecuencia de un agente mecánico externo y puede
originar un deterioro funcional del contenido craneal.6
Índice
[ocultar]
1 Concepto
2 Clasificación
o 2.1 Leve
o 2.2 Moderado
o 2.3 Grave
2.3.1 Medidas de prevención en el TCE.
3 Epidemiología
4 Etiología
5 Patogenia
o 5.1 Daño primario
5.1.1 Clasificación del daño primario
o 5.2 Daño secundario
5.2.1 Mecanismos moleculares de daño
o 5.3 Alteraciones del flujo sanguíneo cerebral
5.3.1 Alteraciones de la Presión intracraneal
6 Anatomía patológica
o 6.1 Fracturas de cráneo
o 6.2 Hematomas
o 6.3 Contusiones
7 Cuadro clínico
8 Diagnóstico
o 8.1 Usos de la Neuroimagen
o 8.2 Estudios de laboratorio y gabinete
9 Tratamiento
o 9.1 Primeros auxilios
o 9.2 Tratamiento prehospitalario
9.2.1 Oxigenación y manejo de la presión arterial
9.2.2 Hiperventilación
o 9.3 Tratamiento hospitalario
9.3.1 Neurocirugía
9.3.2 Monitorización de la presión intracraneal
9.3.3 Manejo de la presión de perfusión cerebral
9.3.4 Tratamientos para disminuir la presión intracraneal
9.3.5 Terapéutica nutricional
o 9.4 Criterios de alta hospitalaria
10 Pronóstico
o 10.1 Infecciones
o 10.2 Síndrome de segundo impacto
o 10.3 Signos de maltrato infantil
o 10.4 Convulsiones
o 10.5 Trastornos auditivos y del equilibrio
11 Profilaxis
12 Véase también
13 Bibliografía
14 Referencias
15 Enlaces externos
Concepto[editar]
El TCE puede definirse como cualquier lesión física o deterioro funcional de contenido
craneal secundario a un intercambio brusco de energía mecánica.3 Esta definición incluye a
todas aquellas causas externas que pudiesen causar conmoción, contusión, hemorragia o
laceración del cerebro, cerebelo y tallo encefálico hasta el nivel vertebral de T1.4 La
alteración de la función cerebral se define como uno de los siguientes signos clínicos:2
Clasificación[editar]
Tipos de TCE5 10
Grado de severidad % Casos
Leve 72
Moderado 16
Grave 12
En el TCE leve (ECG 14-15) los pacientes han experimentado una pérdida de la conciencia
menor a treinta minutos y las quejas que se presentan incluyen dolor de cabeza, confusión y
amnesia. Existe una recuperación neurológica completa a pesar de que algunos de estos
pacientes tienen dificultades de concentración o memoria pasajeras.15
Moderado[editar]
Grave[editar]
En el TCE grave o severo (ECG 3-8) el paciente tiene un estado comatoso, no puede abrir
sus ojos, seguir órdenes y sufre de lesiones neurológicas significativas. Por lo general tiene
una neuroimagen anormal, es decir, a la tomografía computarizada (TAC/TC) se observa
fractura del cráneo o hemorragia intracraneal. Estos pacientes requieren ingreso a la unidad
de cuidados intensivos (UCI) y la toma de medidas urgentes para el control de la vía aérea,
ventilación mecánica, evaluación o intervención neuroquirúrgica y monitorización de la
presión intracraneal (PIC). La recuperación es prolongada y generalmente incompleta. Un
porcentaje significativo de pacientes con TCE grave no sobrevive más de un año.7 5
Una lesión en la cabeza durante el período de recuperación puede resultar en síndrome del
segundo impacto que se observa sobre todo en niños y adolescentes. Se ha asociado
significativamente con resultados clínicos peores.8 16
Es necesario considerar los siguientes consejos para evitar sufrir un lesión cerebral.
Epidemiología[editar]
A nivel mundial, el TCE es la causa principal del amplio número de años de vida
potencialmente perdidos. En países tanto desarrollados como en vías de desarrollo los
vehículos a motor son la primera causa de TCE en personas jóvenes particularmente. Las
caídas son la principal causa de TCE en personas mayores a 65 años.7 En Estados Unidos,
cada año se estima que 1.6 millones de personas sufren un TCE de los que
aproximadamente 800,000 reciben tratamiento ambulatorio y 270,000 requieren
hospitalización. Cada año se registran 52,000 muertes y 80,000 personas con discapacidad
neurológica secundaria a esta causa. En España, la incidencia anual de TCE es de
aproximadamente 200/100,000 habs. de los que el 70% presenta una buena recuperación, el
9% fallece antes de llegar al hospital, el 6% lo hace durante su estancia hospitalaria y el
15% restante queda discapacitado de alguna forma (moderada, grave o vegetativa).5
Un estudio argentino realizado en la ciudad de Buenos Aires reportó una tasa de incidencia
de 322 / 100,000 habitantes de los cuales 93% fueron TCE leves 4% TCE moderados y 3%
graves. El promedio de edad de las mujeres fue mayor que la de los hombres con 49 contra
38 años. La población menor a 40 años presentó en comparación a los mayores de 40 años
un riesgo relativo (RR) 1,97 veces mayor (en otras palabras, son casi dos veces más
propensos) de sufrir cualquier tipo de TCE y 1.84 RR de sufrir atropellamientos. Así
mismo, los menores de 40 años son más propensos a presentar accidentes por vehículos de
motor con un RR de 2,53 y TCE por agresión física con un RR de 2.11. También arrojó
datos de que un hombre tiene un RR de 16.76% más probabilidad de sufrir un accidente
que una mujer independientemente de la edad, no obstante, las mujeres tienen un RR de
3.15 de presentar caídas de su propia altura.17
Traumatismos asociados más frecuentes3 Aunque la incidencia varía con las diferentes
Lesión Incidencia áreas geográficas se estima que alrededor de 200
Ortopédicos 45% personas sufren TCE por cada 100,000
Torácicos 30% habitantes. La incidencia predomina en hombres
(en relación 3:2 contra mujeres) debido a los
Abdominales 12%
diferentes roles y conducta social de uno y otro
Faciales 28% sexo. El grupo de edad más predispuesto al
Genitourinarios 1.5% trastorno se sitúa entre 15 y los 30 años, razón
Vertebromedulares 3% por la cual genera enormes pérdidas en años
potenciales de vida. Se estima que por cada 250-300 TCE leves hay 15-20 moderados y 10-
15 graves lo que conlleva altos costes económicos y sociales.18
Más del 50% de los TCE presentan traumatismos asociados en otra región corporal. A estos
pacientes se les conoce como pacientes politraumatizados. Por su evolución clínica debe
tenerse presente que el 5% de los traumatismos puede presentar una lesión raquimedular
cervical (un daño en la médula espinal).3 Solo tolima
Etiología[editar]
En los países sin guerra, la mayoría de TCE son causados por accidentes de vehículos de
motor con el 78% de los casos de TCE severo de los cuales 53% fueron accidentes por
automóvil, 22% accidentes de motocicleta y 3% atropellados.19 Otras causas importantes
son los accidentes laborales, con 19% de los casos donde 2.5% es un accidente in itinere.19
Las lesiones en eventos deportivos constituyen un 1.8% de los casos y las agresiones
representan 2%,19 pero se considera que menos del 10% de las agresiones son por arma de
fuego.20 8 21
Patogenia[editar]
El rebote del cerebro dentro del cráneo puede explicar el fenómeno de golpe-contragolpe.
El TCE es causado por fuerzas externas a la cabeza que pueden clasificarse como fuerzas
de contacto y de inercia. Las fuerzas de contacto suelen causar lesiones focales como
fracturas de cráneo, contusiones y hematomas como el epidurales o subdurales. Cuando la
inercia actúa sobre la cabeza causa aceleración por traslación o rotación con o sin una
fuerza de contacto. Este es el caso de los «latigazos» que se producen cuando se frena
bruscamente un vehículo. Dado que el cerebro no está rígidamente unido al cráneo, el
movimiento de traslación por inercia del cerebro en la cavidad craneal puede causar
contusiones, hematomas intracerebrales y hematomas subdurales, por impacto de la masa
encefálica con las estructuras craneales. La inercia por rotación o angular suele tener un
efecto más importante y puede causar daño axonal difuso. Un TCE grave puede ser
resultado solamente de fuerzas de aceleración/desaceleración sin daño alguno en el cuero
cabelludo.3 14
La fisiopatología del TCE se divide en dos fases. En la primera fase, el daño inicial ocurre
como resultado directo del evento traumático. La segunda fase se da por múltiples procesos
neuropatológicos que pueden seguir de días a semanas después del traumatismo inicial.
Uno de los objetivos del tratamiento neurocrítico es intervenir de manera oportuna para
evitar el daño secundario.8 14
Daño primario[editar]
Existen dos tipos de daño primario: el traumatismo craneal cerrado (TCC) y el traumatismo
craneal penetrante (TCP). En el TCC el impacto directo del cerebro contra el cráneo y el
corte de las estructuras neurovasculares por las fuerzas de rotación o de rebote dan como
resultado el daño en el cuerpo celular y los axones. Los accidentes de tráfico son colisiones
a alta velocidad muy rápida y son particularmente perjudiciales debido a que las estructuras
neuronales, que residen en un compartimento lleno de líquido, se mueven durante la parada
repentina del cuerpo en movimiento chocando contra la bóveda craneal. Las estructuras se
golpean tanto en el plano directo como en el opuesto del movimiento contra la lámina ósea
interna. Esta es la base del patrón de lesión por golpe-contragolpe donde se ve una lesión
contusional o en el cerebro profundo que el lugar del impacto del cráneo y 180 grados
opuesto al lugar del impacto. Si hay fuerzas de rotación, las estructuras se tuercen y pueden
ocurrir desgarre. Esta es la causa de la lesión axonal difusa y se ve comúnmente en TAC o
MRI como hemorragias después del TCE8
Tomografía computarizada de un traumatismo craneal penetrante causado por un
destornillador
Cada vez hay más acuerdo en torno a otra clase de lesiones llamadas TCE explosivo
(TCEe). El agente más común asociado con TCEe son artefactos explosivos. El TCEe
puede ser considerado como un subtipo del TCC. Muchos combatientes que están
expuestos a explosiones sufren TCEe y no suelen tener una lesión penetrante en el cerebro.
Sus heridas son consecuencia de fuerzas explosivas que se transmiten en el parénquima
cerebral sin ruptura de la bóveda craneal. Se cree que el mecanismo de daño se asocia con
una onda de presión concusiva.8
Las lesiones causadas por un TCE pueden ser clasificadas como focales o difusas. Las
lesiones focales se producen en el lugar del impacto y los déficits neurológicos son
atribuibles a estas áreas. Las áreas más propensas a recibir lesiones de este tipo son las
lesiones orbitofrontales y en la región anterior del lóbulo temporal ya que se encuentran
sobre la superficie rugosa en la base del cráneo. Debido a la tendencia de que un trauma en
la cabeza se produzca en una dirección antero-posterior, el cerebro se mueve de manera
similar y se lesiona a medida que se desliza sobre la base del cráneo. El ejemplo más
representativo lo constituye la contusión cerebral que consiste en un área de laceración del
parénquima asociada a hemorragia subpial y edema mixto (vasogénico y citotóxico). Puede
evolucionar hacia la resolución espontánea, la formación de un hematoma secundario a la
atrición de vasos en el foco de contusión o el aumento progresivo de su volumen. Las áreas
contundidas producen déficit neurológico por destrucción tisular, compresión del tejido
cerebral vecino e isquemia.8 5
El swelling difuso puede presentarse tardía o precozmente asociado a otros tipos de lesiones
focales (contusiones) y difusas (LAD) o como entidad única. Durante el desarrollo del daño
secundario es posible encontrarlo con hipertensión intracraneal y otras lesiones anatómicas
como la isquemia.5
Daño secundario[editar]
Esta fase de la lesión comienza rápidamente después de la fase primaria y puede continuar
durante un período prolongado. La lesión cerebral secundaria es la principal causa de
muerte hospitalaria tras un TCE; la mayoría son causadas por la inflamación del cerebro,
con un aumento de la presión intracraneal (PIC) y la consiguiente disminución de la
perfusión cerebral que conduce a isquemia. Involucra disfunción y muerte de las neuronas y
la glía y de estructuras de soporte. Se cree que la carga más importante de la lesión
neurológica después de un TCE tiene que ver con esta lesión secundaria. Una amplia gama
de mecanismos están implicados en la lesión secundaria e incluyen hipoxia, isquemia,
radicales libres, los aminoácidos excitatorios, desequilibrio de iones (como el calcio), la
desregulación de temperatura y la inflamación. Esta respuesta cerebral también puede
determinar cambios patológicos sistémicos como distrés respiratorio, diabetes insípida,
síndrome de pérdida cerebral de sal o pirexia central. Horas después del TCE, el líquido
que se acumula en el cerebro causa edema cerebral, aumenta la PIC y reduce el umbral de
la presión arterial sistémica de la isquemia cerebral. Muchos intentos de desarrollar
estrategias terapéuticas se han centrado en los procesos de lesión secundaria pero a pesar de
los esfuerzos de investigación, el tratamiento clínico actual se limita principalmente a las
medidas de apoyo con especial énfasis en el mantenimiento de la presión de perfusión y
oxigenación de los tejidos (en especial el encéfalo), minimizar la hipertensión intracraneal
y el tratamiento del edema cerebral. Varios agentes farmacológicos contra los radicales
libres, antagonistas del N-metil-D-aspartato y los bloqueadores de los canales de calcio han
sido investigados en un intento de evitar la lesión secundaria asociada con una lesión
cerebral traumática pero ninguno ha demostrado ser eficaz.7 8 5
El TCE causa un aumento del potasio intracelular alterando el potencial de membrana y una
alteración de los mecanismos reguladores de la Na+/K+ATPasa predisponiendo a la célula
a despolarizar. El potasio también aumenta el consumo de oxígeno por los astrocitos lo que
priva a las neuronas de dicho gas. El TCE grave causa una reducción del Mg++ extracelular
lo que se refleja en glicólisis anormal, la respiración celular alterada, la fosforilación
oxidativa disminuida (lo que aumenta la generación de EROs) y la biosíntesis de ADN,
ARN y proteínas.14
Alteraciones del flujo sanguíneo cerebral. La baja en el FSC propicia un circulo vicioso que
propicia un aumento en la PIC y disminución del FSC. Haz clic para ver las notas.
El cerebro no puede almacenar sustratos y tiene una demanda alta de oxígeno por lo tanto
requiere un aporte circulatorio continuo. Esta condición se deteriora en más del 50% de los
pacientes dentro de las primeras 24 horas y suele mantenerse por 5 días. El flujo sanguíneo
cerebral (FSC) en condiciones normales se satisface con el 15% del gasto cardíaco.24 El
FSC es relativamente constante a pesar del cambio en la presión arterial media (PAM). Es
necesario que la presión de perfusión cerebral (PPC, equivalente a PAM-PIC) se mantenga
por cercana de 60 mmHg. Si es menor, existirá isquemia y si es mayor, aumentará el
volumen sanguíneo intracraneal.25 5
Curva representativa de la variación de la PIC en función del volumen añadido al cráneo.
Donde: ΔV es la adición del volumen, C es el punto crítico (los mecanismos reguladores se
pierden), Pc es la presión crítica P0 es la presión normal
Fisiológicamente, el SNC tiene una capacidad para amortiguar los cambios en la PIC
(rango normal = 10mmHg ± 5mmHg) entre los que se incluyen la obliteración de las
cisternas y ventrículos mediante la evacuación de líquido cefalorraquídeo (LCR) y la
expulsión de hasta un 7% del volumen sanguíneo intracraneal fuera del lecho venoso
cerebral.26 27 Cuando la capacidad de regulación se agota, el paciente experimenta un
aumento exponencial de su PIC (ver gráfico), lo cual ocurrirá de forma progresiva o de
forma periódica. En este último caso habrá ascensos de 40-80 mmHg con una duración de 5
a 20 minutos. El aumento de la PIC reducirá la PPC por lo que inevitablemente se
incrementará la isquemia cerebral preexistente y al no ser esta homogénea (por la
compartamentalización de las meninges) la mayor magnitud de presión se localizará en las
áreas donde exista una masa postraumática que se irá disipando mediante el desplazamiento
del tejido cerebral llegando al enclavamiento.5
Anatomía patológica[editar]
Las lesiones más comunes secundarias a un TCE, incluyen lesiones intracraneales,
craneales y extracraneales. Por parte de las lesiones intracraneales son constantes los
hematomas, contusiones y lesiones cerebrales difusas. Las lesiones craneales incluyen
fracturas, comunicaciones anormales y desplazamientos del cráneo. Por parte de las
extracraneales se encuentran las lesiones al cuero cabelludo.14 Una lesión de varios
centímetros cúbicos de parénquima cerebral puede ser clínicamente silente (p. ej. en el
lóbulo frontal), gravemente discapacitante (como en la médula espinal) o mortal (por
ejemplo, en el tronco encefálico).13
Fracturas de cráneo[editar]
Radiografía de una fractura lineal de cráneo (señalada con una flecha)
A pesar de que el cráneo es una estructura ósea sólida con una gran resistencia es común
que resulte fracturado si el impacto ejerce una presión excesiva sobre él,3 ya sea por una
fuerza elevada o por un área pequeña de contacto. Las fracturas de cráneo resultan de un
impacto en la cabeza que por lo general es lo suficientemente grave como para provocar al
menos una breve pérdida de conciencia.14 Las fracturas de cráneo lineales son grietas sin
desplazamiento de estructuras óseas a través del cráneo. Si el trauma es muy intenso puede
causar un hueco o diastasis entre los bordes de la fractura. Una fractura en la cual el hueso
se desplaza al interior de la cavidad craneal una distancia mayor que el grosor del hueso se
llama fractura craneal desplazada.13 La fractura craneal desplazada con fragmentos de
cráneo empujados hacia la bóveda craneal es más común en un traumatismo
craneoencefálico causado por un objeto con una superficie de contacto pequeña como un
martillo. El tipo más común de fractura de cráneo es una fractura lineal sobre las
convexidades laterales del cráneo.14 12
Un trauma ocular contuso en la frente o el occipucio puede causar fracturas en la base del
cráneo. Tales fracturas de base de cráneo son más comunes en la base craneal anterior y a
menudo afectan a la lámina cribosa. Esto altera los nervios olfatorios y puede causar la
pérdida del sentido del olfato. Las fracturas de base craneal posterior pueden extenderse a
través de la porción petrosa del hueso temporal y el conducto auditivo interno lo que daña
el nervios acústicos o el nervio facial conduciendo a la pérdida de audición sensorio-neural
o parálisis facial.14
El significado clínico de las fracturas de cráneo está en relación con el daño asociado en el
tejido subyacente, los vasos o nervios craneales más que a la propia fractura. Las fracturas
de cráneo lineales que involucran la porción escamosa del hueso temporal pueden romper
la arteria meníngea media desencadenando un hematoma epidural. Las fracturas con
hundimiento del cráneo se asocian con contusiones del tejido cerebral subyacente. Si el
cuero cabelludo que recubre el fragmento de cráneo con hundimiento está lacerado, el
fragmento de hueso deprimido es propenso a ser contaminado con bacterias de la piel lo
que puede conducir a la formación de abscesos cerebrales o encefalitis.28 Las fracturas de la
base del cráneo a menudo están asociados con la ruptura de la duramadre subyacente lo que
resulta en fístulas con la fosa nasal, senos paranasales u oído. Esto que constituye una vía
más de entrada de microorganismos y fugas de líquido cefalorraquídeo por la nariz o el
oído.14 Las fístulas son un conducto para la contaminación bacteriana del espacio
intracraneal de la nariz, senos paranasales, o en el conducto auditivo externo.28
Hematomas[editar]
Los hematomas epidurales son los que se localizan entre la lámina interna craneal y la
duramadre. Como se ha mencionado están asociados con fracturas de cráneo y ruptura de la
arteria meníngea media o sus ramas. Son más comunes en las regiones parietales y
temporales y son raros en las regiones frontales y occipitales. Se encuentran entre el 8% y
10% en pacientes con TCE grave. En la TAC, se ven como lesiones hiperdensas y
biconvexas y debido a que no existe un espacio entre la duramadre y el hueso no suelen
propagarse a menos que superen la adherencia de la duramadre. Estos hematomas son raros
en infantes debido a que el cráneo es deformable lo que les confiere una protección.
Además son raros en adultos mayores de 60 años debido a la adherencia débil de la
duramadre al cráneo.14
Contusiones[editar]
Las contusiones se encuentran en 20% al 25% de los pacientes con TCE grave. Son
lesiones heterogéneas compuestas de zonas de hemorragia puntiforme, edema y necrosis
que aparecen en las imágenes de TC como áreas de hiperdensidad puntiforme
(hemorragias), con hipodensidad circundante (edema), suelen estar localizadas en la cara
inferior del lóbulo frontal y la cara anterior del lóbulo temporal por su relación con el ala
mayor del esfenoides. También se pueden encontrar en la superficie de impacto y en la
superficie contraria a este, el llamado efecto golpe-contragolpe. Cuando estas evolucionan
se parecen más a los hematomas intracerebrales y su ubicación depende el posible efecto de
masa.
Cuadro clínico[editar]
Los síntomas dependen del tipo de TCE (difuso o focal) y la parte del cerebro que está
afectada.29 La pérdida del conocimiento tiende a durar más en las personas con lesiones en
el lado izquierdo del cerebro que para aquellos con lesiones en el derecho.30 Los síntomas
también dependen de la gravedad de la lesión. Con un traumatismo cerebral leve el paciente
puede permanecer consciente o puede perder el conocimiento durante unos segundos o
minutos.31 Otros síntomas del TCE leve incluyen dolor de cabeza, vómitos, náuseas, falta
de coordinación motora, mareos, dificultad para el equilibrio,,32 visión borrosa, ojos
cansados, acúfenos, mal sabor en la boca, fatiga, letargo y los cambios en los patrones de
sueño.31 Los síntomas cognitivos y emocionales incluyen cambios de comportamiento o
estado de ánimo, confusión y problemas de memoria, concentración, atención, o
razonamiento.31 Los síntomas del TCE leve también se encuentran en el TCE moderado y
grave.31
Una persona con un TCE moderado o grave puede tener un dolor de cabeza que no
desaparece, vómitos repetidos, náuseas, convulsiones, incapacidad para despertar,
dilatación de una o ambas pupilas, dificultad para hablar, afasia (dificultad para encontrar
palabras), disartria (debilidad muscular que causa trastornos del habla), debilidad o
entumecimiento en las extremidades, pérdida de coordinación, confusión, inquietud o
agitación.31 Los síntomas comunes a largo plazo de un TCE moderado a grave son los
cambios en la conducta social apropiada, las deficiencias en el juicio social y los cambios
cognitivos, sobre todo problemas de atención sostenida, velocidad de procesamiento, y el
funcionamiento ejecutivo.33 34 35 36 37 La alexitimia (una deficiencia en la identificación,
comprensión, transformación y las emociones que expresa) se produce en el 60.9% de las
personas con TCE.38 Los déficits cognitivos y sociales tienen consecuencias a largo plazo
para la vida cotidiana de las personas con TCE de moderada a grave pero se puede mejorar
con la rehabilitación apropiada.37 39 40 41 42
Cuando la presión intracraneal se eleva demasiado puede ser mortal. Los signos de aumento
de la PIC incluyen disminución del nivel de conciencia, parálisis o debilidad en un lado del
cuerpo, y pupilas dilatadas, que no se contraen en respuesta a la luz o son lentas para
hacerlo.43 La tríada de Cushing es el conjunto de una frecuencia cardíaca lenta
(bradicardia), con presión arterial alta y la depresión respiratoria es una manifestación
clásica de hipertensión intracraneal.44 La anisocoria, el tamaño desigual de las pupilas, es
otro signo de grave TCE.7 La postura anormal es una posición característica de las
extremidades causada por una lesión difusa grave o PIC alta y es un signo de mal
pronóstico.43
Diagnóstico[editar]
Escala de coma de Glasgow (ECG/GCS)7 8 5
Apertura Ocular Pts Respuesta Motora Pts Respuesta Verbal Pts
Espontánea 4 Obedece órdenes 6 Orientada 5
A la orden 3 Retira al dolor 5 Lenguaje confuso 4
Al dolor 2 Flexiona al dolor 4 Palabras inapropiadas 3
No los abre 1 Flexión anormal al dolor 3 Sonidos incomprensibles 2
Extensión al dolor 2 Ninguna 1
Ninguna 1
El diagnóstico del TCE es clínico y se basa en gran medida en la historia obtenida del
paciente y de cualquier testigo.16 Todos los pacientes que solicitan atención médica con un
TCE deben ser evaluados dentro de los primeros 15 minutos de llegada al nivel de atención6
Obtener una historia fidedigna es a menudo difícil debido a la amnesia postraumática y
persistente alteración del estado mental o intoxicación, un factor de comorbilidad frecuente
en pacientes con TCE leve. Los diagnósticos con presentaciones similares incluyen
convulsiones, síncope, intoxicaciones, la ansiedad y otros trastornos psiquiátricos. Existen
varios criterios clínicos orientados al diagnóstico de TCE. La concusión o TCE leve se
define como la pérdida de la conciencia menor a 30 minutos o amnesia menor a 24 horas, o
cualquier periodo de estado mental alterado, ECG=13-15 y neuroimagen normal. Una ECG
menor se define como TCE moderado (9-12) o grave (3-8).16
un traumatismo peligroso.
Usos de la Neuroimagen[editar]
La evaluación radiológica inicial es la misma que para cualquier paciente con trauma:
radiografía (Rx) de tórax, de pelvis y de columna cervical.12 El estudio de neuroimagen de
elección en el TCE es TAC de cabeza sin contraste. A pesar de que el 15% de los pacientes
con TBI tendrá una lesión aguda detectada por TAC sin contraste, sólo el 1% de estas
anomalías requieren intervención neuroquirúrgica.45 46 Aunque la resonancia magnética
(MRI) es un 30% más sensible que la TAC para la detección de anomalías traumáticas
después de un TCE, no hay evidencia que identifica mejor a los pacientes que requieren
intervención neuroquirúrgica.47
El TCE con manifestaciones o condiciones asociadas con un mal pronóstico por riesgo de
complicaciones intracraneales se conoce como TCE de alto riesgo, es de vital importancia
identificar los factores asociados con esta condición (véase la tabla).9 La baja tasa de
lesiones clínicamente importantes después de un TCE leve ha impulsado la generación de
algoritmos para evitar el uso innecesario de recursos.7 9 6
Estudios de laboratorio y gabinete[editar]
Tratamiento[editar]
Sin contar los primeros auxilios, el tratamiento que recibe un paciente con TCE se ha
estudiado en tres niveles, el tratamiento prehospitalario, el tratamiento intrahospitalario y el
tratamiento regenerativo.7
Primeros auxilios[editar]
Llanto persistente
No quiere comer (anorexia (no confundir con la enfermedad del mismo nombre))
Abultamiento de la fontanela anterior (también conocida como mollera) en bebes.
Vómito repetido
Una vez que se ha revisado que la persona tiene una vía aérea accesible (sin objetos que la
obstruyan), está respirando y el corazón late debe tratársele como si tuviese una lesión en la
columna50 y debe inmovilizarse. En caso de vómito debe evitarse la broncoaspiración, para
esto gire la cabeza y el cuerpo para prevenir el ahogamiento con vómito.50 No se
recomienda la administración de analgésicos sin ser indicados por un médico ya que
pueden enmascarar signos graves de un traumatismo49 y algunos analgésicos (AINEs)
pueden aumentar el tiempo de coagulación, retrasar la cicatrización y con esto aumentar el
sangrado. No se recomienda mover al paciente del lugar del traumatismo, a menos que esté
en peligro su vida (por ejemplo, dentro de un coche en llamas), esto aplica especialmente
en niños, donde no se recomienda moverle si este se ha caído y presenta síntomas.50 Evite
remover cualquier casco que tenga el paciente o sacudirlo.
En cualquier paciente con TCE que tenga heridas, no las lave si estas son profundas,
presentan un sangrado fuerte o tienen objetos incrustados, mismos que no deben retirarse.50
Tratamiento prehospitalario[editar]
La identificación precoz de lesión cerebral traumática severa en la escena del accidente, con
una evaluación adecuada, tratamiento y destino del transporte puede reducir el riesgo de
una lesión secundaria. Los lineamientos para el tratamiento prehospitalario del TCE están
basados en la evidencia y varían entre naciones. El tiempo de traslado al hospital es
importante ya que se han identificado dos factores que predisponen el pronóstico del
paciente con TCE: la atención que reciba y el tiempo que tarde en recibirla. El pronóstico
de los pacientes mejora significativamente si estos son transportados a centros de atención
hospitalaria que requieran de forma que se pueda minimizar el daño secundario.52 7
Hiperventilación[editar]
Tratamiento hospitalario[editar]
La observación del paciente debe realizarse y anotarse cada media hora hasta que se
alcance un puntaje de 15 en la escala de coma de Glasgow.6 Una vez que se alcance, deberá
registrarse como mínimo cada hora.6
En todos los pacientes debe asumirse que el estómago se encuentra lleno. Es importante la
colocación de una sonda nasogástrica para poder vaciarlo y evitar complicaciones. Debe
recordarse que está contraindicado el uso de esta sonda cuando hay lesiones en el macizo
facial y fractura de la base del cráneo ya que esta puede entrar en la bóveda craneana. En
esta situación se utiliza la sonda orogástrica.12
Neurocirugía[editar]
Los pacientes con TCE deben ser examinados con TAC en busca de masas anormales como
hematomas que puedan ser drenados. Si es posible, los hematomas del parénquima (en las
regiones frontal y temporal) deben removerse con fines profilácticos cuando exista
hipertensión intracraneal (HIC) persistente. Se ha estimado que sólo una tercera parte de los
pacientes con TCE grave requieren craneotomía. Los hematomas subdurales agudos
evacuados 4h después de la lesión tienen una mortalidad de 90%, si se evacuan antes de
este tiempo la tasa de mortalidad baja a 30%,59 y si se evacua dentro de las dos horas de la
lesión existe una disminución de la mortalidad del 70%.60 7
La presión de perfusión cerebral (PPC) se define como la diferencia entre la presión arterial
media y la presión intracraneal. Si la presión de perfusión cerebral se mantiene por encima
de 70 mmHg, la mortalidad puede reducirse de forma significativa en pacientes con TCE.7
Si la HIC es persistente, puede usarse manitol. Este agente es efectivo para reducir la PIC
en pacientes con TCE. La dosis efectiva de este medicamento es de 0.25 a 1 g/kg vía
intravenosa. Los bolos intermitentes suelen ser más efectivos que una infusión continua,
debe vigilarse que la osmolaridad sérica no supere los 320 mmol/L. Si la PIC baja de 20
mmHg estas terapias pueden ser retiradas con cuidado.6
En caso de que la HIC no se resuelva con métodos médicos o quirúrgicos se puede
considerar el utilizar la administración masiva de barbitúricos en pacientes
hemodinámicamente estables dependiendo de la relación costo/beneficio. La
administración profiláctica de barbitúricos no muestra beneficio alguno y puede ser
peligroso.65 La dosis de este tratamiento es 10 mg/kg durante 30 min o 5 g/kg/h por 3 horas
y dosis de mantenimiento de 1 mg/kg/h.65 6 6
Terapéutica nutricional[editar]
Los pacientes con TCE deben superar los insultos crentrales y sistémicos. Los insultos
sistémicos incluyen un estado de hipermetabolismo, hipercatabolismo, respuesta de fase
aguda, inmunodepresión, hipoglucemia/hiperglucemia, aumento en las citocinas23 y
hormonas.
Pronóstico[editar]
La localización anatómica de la lesión y la capacidad limitada del encéfalo para la
reparación funcional son los principales determinantes de las consecuencias el
traumatismo.13 Más del 85% de los pacientes con calificaciones de Glasgow inferiores a 5
fallece en las primeras 24 h. No obstante, varios pacientes con calificaciones ligeramente
más elevadas y con mal pronóstico inicial sobreviven. Esto indica que está justificado
ofrecer el tratamiento intensivo en la mayoría de los pacientes. El TCE tiene mejores
desenlaces en personas menores de 20 años, especialmente los niños (la recuperación
satisfactoria de TCE grave en niños es del 55% contra 21% en adultos). Los signos de mal
pronóstico en esta enfermedad son la edad avanzada, la hipertensión intracraneal, la
hipoxia, la hipotensión temprana y los signos de herniación cerebral.11 La presión
intracraneal es de pronóstico si se examina el tiempo que estuvo con valores superiores a 20
mmHg.7
La respuesta fisiopatológica del cerebro al traumatismo varía con la edad, con una marcada
vulnerabilidad y una respuesta desfavorable a los insultos en el cerebro del anciano
comparado con el cerebro del adulto joven.67 Por parte de la respuesta pupilar y los
movimientos oculares, la falta de reactividad de la pupila a la luz o la presencia de
anisocoria se asocian con mal pronóstico. Los pacientes con una pupila arreactiva tienen un
54% más de probabilidades de morir y los que tienen ambas pupilas arreactivas, un 90%67
Se han reportado estudios acerca de pacientes que presentan movimientos sacádicos,
movimientos oculomotores afectados, perdida de los reflejos tectales y alteraciones
neuropsicológicas a un año después del TCE.16 68 69
Infecciones[editar]
Las infecciones tras la lesión craneal, ya sean extracraneales y craneales, por ejemplo
infección en heridas, abscesos subgaleales y osteomielitis; o intracraneales, como
meningitis, se asocian con incrementos marcados en mortalidad. La fuente de
microorganismos usualmente es la microbiota de la piel, como Staphylococcus aureus.3 La
meningitis en el TCE puede ser postraumática o postoperatoria, o tras la colocación de
catéteres y otras derivaciones intracraneales. La causa más común de meningitis tras un
TCC es una infección por Streptococcus pneumoniae y en un TCP por bacilos gram-
negativos y Staphylococcus.3 28
En casos graves, puede desarrollar coma rápidamente después de una segunda lesión, a
menudo en cuestión de minutos. Los mecanismos exactos por los cuales se produce el
síndrome del segundo no se conocen, pero se postula que la lesión adicional conduce a una
exacerbación de la autorregulación ya deteriorada cerebral, edema cerebral difuso, y la
hipertensión intracraneal. Afortunadamente, el síndrome del segundo impacto es poco
común en su forma más severa. Cuando esto ocurre presenta hasta el 50% de mortalidad.8 16
El síndrome del niño sacudido es una tríada de síntomas: hematoma subdural, hemorragia
retiniana, y el edema cerebral. En consonancia con conocimiento médico actual, se infiere
el abuso infantil por sacudidas intencionales. En la mayoría de los casos no hay signos
visibles de trauma externo.70 71
Otro síndrome igual de importante es el síndrome del niño golpeado. Este término se aplica
en general a los niños que presentan lesiones repetidas y graves en la piel, el aparato
esquelético o el sistema nervioso. Incluye a niños con fracturas múltiples producidas en
distinas fechas, traumatismo craneoencefálico y traumatismo visceral grave, con indicios de
un castigo repetido. Los casos tienen una mortalidad elevada pero tienen una baja
incidencia.72
Convulsiones[editar]
Aunque hay pruebas suficientes para apoyar una relación causal entre el TCE moderado o
grave y el desarrollo de las convulsiones no provocadas, la evidencia es limitada para una
asociación entre convulsiones y TCE leve.73 La probabilidad de desarrollar convulsiones
después de un TCE de cualquier gravedad es 3.6 veces mayor. Con un TCE moderado la
probabilidad es 2.9 veces mayor. Después de un TCE grave, la probabilidad aumenta 17
veces.16 74 75
Si ocurren dentro de los primeros 7 días tras la lesión, las convulsiones postraumáticas se
designan como precoces, y tardías si ocurren después de una semana. Se ha visto que el
tratamiento con fenitoina iniciado con una carga directa intravenosa tan pronto como se ha
sufrido la lesión puede evitar las crisis postraumáticas precoces.76
El oído es el órgano sensorial que con más frecuencia se daña en estos casos, especialmente
a causa de las fracturas de cráneo. Si bien lo primordial es mantener con vida al paciente,
las secuelas vestíbulo cocleares que permanecen una vez pasado el tratamiento intensivo
inicial, deben ser diagnosticadas y rehabilitadas pues dejan una incapacidad que afecta
considerablemente la calidad de vida de estos pacientes.77
Profilaxis[editar]
El uso de equipo deportivo puede proteger a los atletas y reducir el daño en un TCE.
Dado que la principal causa de lesión cerebral traumática son los accidentes de vehículos,
la prevención o la mejora de sus consecuencias pueden reducir la incidencia y la gravedad
de la lesión cerebral traumática. En los accidentes, el daño puede reducirse por el uso del
cinturón de seguridad, asientos de seguridad para niños, cascos de motocicleta, el uso de
barras antivuelco y bolsas de aire. Los programas de educación existentes para reducir el
número de accidentes. Además, los cambios en las políticas públicas y leyes de seguridad
se pueden realizar, los cuales incluyen los límites de velocidad, cinturón de seguridad y las
leyes del casco, y las prácticas de ingeniería de carreteras.42
Los cambios en la práctica de deportes también han sido discutidos. Un aumento en el uso
de cascos puede haber reducido la incidencia del TCE en los jugadores. Las caídas pueden
evitarse mediante la instalación de barras de apoyo en los baños y pasamanos en las
escaleras, la eliminación de los objetos que puedan casuar tropiezos, como alfombras, o la
instalación de rejas en las ventanas y puertas de seguridad en la parte superior e inferior de
las escaleras cerca de los niños de corta edad. Los parques con superficies de absorción de
golpes. como mantillo o arena también pueden prevenir lesiones en la cabeza.78 La
prevención del abuso infantil es otra táctica, existen programas para prevenir el síndrome
del bebé sacudido, realizando programas educativos que informen a los adultos sobre el
peligro potencial de sacudir a los niños.70 Otra medida es la seguridad de las armas, que
incluye el mantenimiento de armas de fuego descargadas y bajo llave,79 42
Véase también[editar]
Traumatismo
Concusión (medicina)
Electroencefalografía
Trauma Raquimedular
Daño cerebral adquirido
Contusión cerebral
Escala Glasgow
Rehabilitación neuropsicológica
Epilepsia
Bibliografía[editar]
F. Murillo; A. Catalán; M. A. Muñoz (2002). «Capítulo 50:Traumatismo
craneoencefálico» (e-book). En Luis M. Torres. Tratado de cuidados críticos y
emergencias. 2. España: ARÁN. p. 1595. ISBN 84-95913-04-6. Obra completa:ISBN 84-
95913-02-X. Consultado el 4-febrero-2012.
Graham, D.I.; Adams, J.H.; Gennarelli, T.A. (1993). escrito en Baltimore. Cooper,
P.R.. ed (en inglés). Head Injury. Williams and Wilkins. pp. 91-113.. ISBN 6840559.
Bradley: Neurology in Clinical Practice (en inglés), 5th ed.; Capítulo 54B -
Trauma of the Nervous System Copyright © 2008 Butterworth-Heinemann, An
Imprint of Elsevier ISBN 978-0-7506-7525-3
Arlinghaus KA, Shoaib AM, Price TRP (2005). escrito en Washington D. C.. Silver
JM, McAllister TW, Yudofsky SC.. ed (en inglés). Textbook Of Traumatic Brain
Injury. American Psychiatric Association.. pp. 63–65. ISBN 1-58562-105-6.
Referencias[editar]
Para más información, verificar la validez y las fuentes del artículo se anexa la
siguiente lista de referencias
Todas las ligas externas, PMID, DOI e ISBN han sido revisadas el 26 de
diciembre de 2011
1. Definición
2. Lesión cerebral
3. Epidemiología
4. Síntomas
5. Diagnóstico
6. Complicaciones del TEC
7. Tratamiento
8. Indicaciones en el momento del alta
9. Pronóstico
10. Referencias
Definición
Ilustración 1 TRAUMATISMO ENCÉFALO-CRANEANO
Se define al Traumatismo Craneoencefálico (TEC) como cualquier lesión física, o deterioro funcional del
contenido craneal, secundario a un intercambio brusco de energía mecánica. En el trauma craneal hay
repercusión neurológica con disminución de la conciencia, síntomas focales neurológicos y amnesia
postraumática.
Consciente de su impacto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció baremos para la
clasificación de los TEC de acuerdo con su gravedad (escala de Glasgow o ECG):
Lesión cerebral
Ilustración 2 ACCIDENTES VEHICULARES COMO CAUSA MÁS FRECUENTE DE TEC
La lesión cerebral más frecuente es por traumatismo craneoencefálico, producido por accidentes de tráfico,
laborales, caídas o agresiones. Más del 80% de los afectados de lesión cerebral se debe a accidentes de
tráfico de jóvenes entre 15 y 30 años.
Hablamos de lesión cerebral cuando hay un problema importante que afecta a la cabeza: a la caja craneal y al
cerebro.
2.1.- CAUSAS
Las causas más frecuentes son:
Accidentes de tráfico: alrededor del 75%.
Caídas: alrededor del 20%.
Lesiones deportivas: alrededor del 5%.
Cuando hay un impacto mecánico sobre las estructuras del encéfalo, se provoca una lesión del tejido nervioso
mediante dos mecanismos estrechamente relacionados:
2.2.- LESIÓN PRIMARIA
Responsable de todas las lesiones nerviosas y vasculares que aparecen nada más ocurrir la agresión
mecánica.
El impacto puede ser de dos tipos:
Estáticos: por ejemplo una pedrada. La importancia viene dada por la masa y la velocidad del objeto que
colisiona. Este tipo de impacto es responsable de fracturas de cráneo y hematomas extra y subdurales.
Dinámico: por ejemplo, un accidente de tráfico. Es el modelo de impacto más frecuente y grave. Este tipo de
impacto es el que suele provocar degeneración de los axones (cilindroeje de la célula nerviosa) responsable
del coma postraumático, las contusiones, laceraciones y hematomas intracraneales.
En el modelo dinámico tenemos:
Energía absorbida por el cuero cabelludo y el cráneo: sufre deformación y/o fracturas.
El impacto origina dos efectos mecánicos sobre el cerebro:
Movimiento de traslación: se desplaza la masa encefálica y otras estructuras del cráneo y hay cambios en la
Presión Intracraneal (PIC).
Movimiento de rotación: el cerebro se retarda con relación al cráneo.
2.3.- LESIÓN SECUNDARIA
Son las lesiones cerebrales provocadas por las agresiones que aparecen en los minutos, horas e incluso en
los primeros días después del traumatismo.
Estas agresiones pueden ser de:
Origen sistémico
Bajada de la tensión arterial (hipotensión). Es la causa más frecuente y de mayor repercusión en el pronóstico
de TCE. Aunque sea por breve periodo de tiempo, afecta negativamente al resultado, pasando la mortalidad
del 27% al 50%.
Oxigenación deficiente de la sangre (hipoxemia). Es una complicación frecuente que se asocia a un aumento
de la mortalidad, sobre todo cuando se asocia con bajada de la tensión arterial.
Cantidad excesiva de anhídrido carbónico en sangre (hipercapnia).
Anemia.
Aumento de la temperatura corporal (hipertermia)
Disminución del sodio en sangre.
Aumento o disminución de la glucosa en la sangre.
Etc.
Origen intracraneal
Aumento de la tensión dentro del cráneo (hipertensión intracraneal). la hipertensión endocraneal es la
complicación más frecuente y la que más afecta de forma adversa el pronóstico del TCE.
Convulsiones.
Edema cerebral (inflamación o acumulación excesiva de líquido)
Acumulación de sangre (Hiperemia).
Hematoma cerebral tardío.
Disección de la arteria carótida.
El aumento de presión puede comprimir las arterias cerebrales produciendo una disminución del aporte
sanguíneo (isquemia cerebral). La isquemia, bien por aumento de la presión intracraneal como por descenso
de la presión arterial, se considera la lesión secundaria de origen intracraneal más grave.
Epidemiología
El TEC es una causa frecuente de mortalidad y morbilidad en nuestro medio. Los accidentes de tránsito
contribuyen a elevar las cifras de incidencia de esta enfermedad. En el Perú, en la última década han ocurrido
700 000 accidentes de tránsito, que han ocasionado 31 0000 muertes y en los últimos cuatro años 117 000
personas quedaron discapacitadas de por vida. La atención sanitaria de estas víctimas cuesta alrededor de
150 millones de dólares anuales, cifra que representa el 0,17 % del Producto Bruto Interno (PBI), según
cálculos oficiales.
Aunque en principio no respeta grupo alguno de edad o sexo, sí tiene mayor incidencia en diferentes grupos:
Varones: tres veces más frecuente que en mujeres.
Edad: mayor frecuencia entre los 15 y los 29 años.
Atropellos y caídas, más frecuentes en los niños y en los mayores de 65 años.
Los accidentes de moto se centran fundamentalmente en los jóvenes menores de 25 años.
Síntomas
La escala de Glasgow (nivel de conciencia) nos marca el grado de gravedad o severidad del TEC:
Leve
En el TEC leve o concusión (ECG 13-15) los pacientes han experimentado una pérdida de la conciencia
menor a treinta minutos y las quejas que se presentan incluyen dolor de cabeza, confusión y amnesia. Existe
una recuperación neurológica completa a pesar de que algunos de estos pacientes tienen dificultades de
concentración o memoria pasajeras.
Moderado
En el TEC moderado (ECG 9-13) el paciente se encuentra letárgico o estuporoso. Clínicamente, los pacientes
con TCE moderado requieren hospitalización y pueden necesitar una intervención neuroquirúrgica además
están asociados con una mayor probabilidad de hallazgos anormales en las técnicas de neuroimagen. Estos
pacientes también pueden desarrollar un síndrome pos conmoción. El síndrome pos conmoción se refiere a
un estado de inestabilidad nerviosa después de un TCE leve o moderado. Las características principales son
fatiga, mareo, cefalea y dificultad para la concentración.
Grave
En el TEC grave o severo (ECG 3-8) el paciente tiene un estado comatoso, no puede abrir sus ojos, seguir
órdenes y sufre de lesiones neurológicas significativas. Por lo general tiene una neuroimagen anormal, es
decir, a la tomografía computarizada (TAC/TC) se observa fractura del cráneo o hemorragia intracraneal.
Estos pacientes requieren ingreso a la unidad de cuidados intensivos (UCI) y la toma de medidas urgentes
para el control de la vía aérea, ventilación mecánica, evaluación o intervención neuroquirúrgica y
monitorización de la presión intracraneal (PIC). La recuperación es prolongada y generalmente incompleta. Un
porcentaje significativo de pacientes con TCE grave no sobrevive más de un año.
Diagnóstico
El pronóstico y tratamiento del TEC dependen de la extensión y del tipo patológico de lesión encefálica. La
exploración clínica debe delimitar la causa, el tipo, la localización y la extensión de la lesión.
Es prioritario en el TCE asegurar una adecuada ventilación, oxigenación y estado circulatorio.
Es pertinente considerar que una lesión cerebral no es causa de hipotensión.
En ocasiones, lesiones como una laceración del cuero cabelludo puede ocasionar un shock hemorrágico,
sobre todo en niños pequeños.
Hasta que se demuestre lo contrario, ante un TEC siempre consideraremos que existe lesión cervical, y por lo
tanto el manejo del enfermo comprenderá la inmovilización de la columna cervical y maniobras que prevengan
daño a este nivel.
Hay que tener en cuenta que el organismo responde con hipertensión y bradicardia ante un aumento de la
presión intracraneal. Por tanto la combinación de hipertensión arterial progresiva, bradipnea y bradicardia es
sugestiva de aumento súbito de presión intracraneal, que puede requerir intervención quirúrgica urgente.
Es prioritaria la detección precoz de la hipertensión intracraneal (HIC) y su tratamiento adecuado, sobre el
diagnóstico exacto de las diferentes lesiones intracraneales, que se abordará una vez superado los problemas
que amenazan la vida del paciente.
Anamnesis
Lo primero es asegurarse de que ha existido TEC y que la violencia del mismo justifica la clínica del enfermo y
la realización de otros estudios.
Se ha de registrar siempre:
Interrogar a los testigos sobre el tipo de golpe, la hora, que permitirá conocer la evolución del enfermo,
"cómo", estado del enfermo inmediatamente tras el golpe.
Si existió/existe inconsciencia: Desde cuándo, duración.
La presencia o no de crisis convulsivas.
El estado actual del enfermo. Se comparará con el inmediato tras el TCE y servirá de orientación para
evidenciar empeoramientos. Para ello se utilizará la Escala de Coma de Glasgow.
La ingestión o no de alcohol, drogas, etc.
Los antecedentes neurológicos del enfermo.
Ingestión de alcohol:
Aguda: aspectos legales, alteración del nivel de conciencia.
Crónica: Atención a cuadros de privación si el paciente ingresa. Mayor frecuencia de hematomas subdurales,
que, dada la retracción cortical de estos enfermos, más el mal estado general que suelen presentar, pueden
pasar desapercibidos, por lo que en caso de duda se realizará una TAC.
Exploración inicial
Se valorarán:
La presencia de heridas en scalp.
Constantes vitales.
Presencia de hematomas peri orbitarios/retro auriculares.
Estado de consciencia (para ello se utilizará la GCS). Se anotará con ella la hora de toma de datos.
Exploración neurológica completa: pares craneales, con especial atención a las pupilas (tamaño, forma,
reactividad, simetría); extremidades (fuerza, tono y reflejos osteotendinosos).
Exploración general: descartar otras causas de alteración del nivel de consciencia: metabólicas,
hemodinámicas, ingestión de drogas o alcohol.
Independientemente de otras valoraciones, un individuo padece una lesión craneoencefálica grave si presenta
cualquiera de los siguientes signos:
Anisocoria.
Déficit motor lateralizado.
Lesión abierta de cráneo.
Déficit neurológico.
Fractura deprimida de la bóveda craneal.
Hay que insistir que este examen neurológico debe realizarse con cierta periodicidad, lo que nos permitirá
detectar la aparición de un deterioro.
Pruebas complementarias
Radiografía simple de cráneo:
Su limitación para detectar lesiones intracraneales hace que tenga escaso valor en el manejo de los pacientes
con TCE.
Es de utilidad en la identificación de lesiones penetrantes, fracturas con hundimiento, y en la localización de
objetos metálicos o de cristal. No se deben ordenar su realización rutinariamente en pacientes con TCE
menores.
Algunos clínicos recomiendan la realización de radiografía simple de cráneo en los niños dada la mayor
detección de fracturas de cráneo, en especial en los casos de fracturas con hundimiento y compuestos.
TAC de cráneo:
La TAC de cráneo es la técnica de elección en el diagnóstico de las lesiones asociadas a los TCE. Es de gran
utilidad para la identificación de las lesiones que precisan atención quirúrgica inmediata y ofrece información
pronóstica en muchas lesiones.
Los pacientes con TEC de bajo riesgo no precisan estudio con TAC. Los pacientes de riesgo moderado y de
riesgo elevado precisan estudio con TAC, de modo más precoz cuanto mayor sea el riesgo. Los pacientes
atendidos inicialmente en un centro hospitalario que no disponga de TAC pueden precisar el traslado a un
centro que disponga de esta técnica.
Tratamiento
Ilustración 4 UNIDAD DE CUIDADOS INTENSIVOS
Las bases conceptuales del manejo del TEC asientan sobre varios asertos que resumimos en rapidez de
tratamiento, evitar daños secundarios y hospital adecuado. Es necesario recordar que los TEC que llegan
vivos al hospital, transcurridos 30 minutos tras el impacto, generalmente no portan lesiones primarias
incompatibles con la vida.
Los objetivos del tratamiento inicial del TEC se concretan en conseguir:
– Ventilación y estabilidad hemodinámica,
– Diagnóstico y cirugía inmediata de lesiones ocupantes de espacio,
– Descartar y tratar las lesiones asociadas que amenazan la vida.
Vía aérea
La presencia de un TEC grave o una situación de coma definida como una puntuación en la escala de
Glasgow de 8 puntos o menor es indicación de establecimiento de una vía aérea definitiva.
Es menos agresivo intubar y retirar precozmente el tubo endotraqueal si no es necesario en algunos
pacientes, que someter a un TEC grave a los riesgos de elevación de la PIC, hipoxemia, etc. por no intubarle.
En el caso de que sea necesario intubar al paciente, recordar la máxima de que "todo TEC presenta, hasta
que se demuestre lo contrario, una lesión cervical", por lo que hay que mantener en todo momento la
alineación e inmovilización cervical.
Ventilación
Se debe administrar oxígeno a alto flujo a todo paciente con TCE, y garantizar una adecuada ventilación para
mantener la PaO2 por encima de 70 mmHg.
Ante la presencia de signos de HIC se recomienda ventilación asistida con hiperventilación para mantener la
PaO2 próxima a 28 mmHg.
Es importante tener adaptado el enfermo al respirador, por lo cual será necesario la sedo relajación, para
evitar la tos y lucha, que incrementarían la PIC.
Considerar las características específicas de dichas drogas en el TCE. Se deben evitar sedantes de acción
prolongada, ya que no permiten evaluaciones frecuentes y existe riesgo de sobre sedación.
Circulación
No se debe considerar inicialmente al TEC causa de hipotensión arterial. Por tanto, ante un poli traumatizado
con TEC con signos de shock hay que proceder a una reposición de volumen que mantenga la tensión arterial
sistólica por encima de 90 mmHg.
Una vez restaurada la volemia debemos reducir los fluidos a ritmo de mantenimiento de las necesidades
basales.
Existen suficientes evidencias que demuestran la relación entre valores más bajos de presión arterial media
(PAM) en las primeras horas del TEC y mayor tasa de mortalidad, peores resultados funcionales, y mayor
incidencia de complicaciones sistémicas. Pensamos que la PAM debe situarse al menos en cifras superiores a
80 mmHg. Es motivo de controversia la composición ideal de la fluido terapia para reanimación del TEC,
excepto que deben evitarse las soluciones hipotónicas como la dextrosa al 5% y los aportes elevados de
glucosa.
Pronóstico
Un elevado porcentaje de afectados de TEC grave no llegará nunca a recuperarse en un grado que le permita
tener autonomía pero, en algunos casos, puede llegar a conseguirse una situación suficientemente
satisfactoria.
El traumatismo craneal grave conlleva empeoramiento del pronóstico en cualquier grupo de edad y
especialmente en el anciano.
En cuanto a la mortalidad, en los centros hospitalarios de alto nivel se sitúa entre el 20 y el 30%, también con
diferencias con respecto a la edad: el mayor porcentaje de fallecidos se da entre los menores de 10 años y los
mayores de 65, siendo el Traumatismo Craneoencefálico la primera causa absoluta de muerte en los menores
de 45 años.
Referencias
1. Ostabal Artigas MI, Sanz Sebastián C. Epidemiología, complicaciones y secuelas en el TCE. Rev Esp
Neurol 1995; 10: 20-25.
2. Murillo Cabezas F, Muñoz Sánchez MA, Domínguez Roldán JM, Santamaría Mifsut JL. Traumatismo
craneoencefálico. Med Intensiva 1996; 20: 79- 87.
3. Marruecos Sant L, Pérez Márquez M, Betbesé AJ, Rialp G, Molet J, Net A. Traumatismo craneoencefálico
del adulto: aspectos clínicos y radiológicos. Med Clin (Barc) 1996; 107: 405- 409.
4. Curso de atención inicial al Traumatizado. Grupo de trabajo en Trauma de SEMES Andalucía 1998.
5. Montero Pérez FJ, Roig García JJ, Jiménez Murillo L, Donnay Brisa G. Traumatismo craneoencefálico. En:
Protocolos de actuación en Medicina de Urgencias. Mosby/Doyma Libros: 173182.
6. Kakarieka A, Braakman R, Schakel EH. Clasificación del traumatismo craneoencefálico en función de la
tomografía computarizada: su valor pronóstico. Neurología 1995; 10: 159-161.
7. Dappert B, Kaniecki RG. Urgencias neurológicas en Medicina Interna. En:
Manual de Terapéutica médica. 8ª edición. Masson-Little, Brown 1993: 596.
8. Ley Urzaiz L, Parajón Día A, Vaquero Crespo J. Traumatismos craneoenfálicos. En: Guías de actuación en
urgencias. McGraw Hill Interamericana 1998: 408- 412.
Basado en:
Traumatismo craneoencefálico
[Link]
Autores: Morales Acedo, MJ; Mora García,
Num. Registro: 226118
ISSN: 0214-8986
Revista: Medicina General Datos Fuente: 2000, 0 (20): 38-45, 8 REF
TRAUMATISMOS CRANEOENCEFÁLICOS
A) Fracturas de cráneo
· Los golpes en el cráneo producen fracturas cuando se supera la tolerancia elástica del
hueso.
· Las dos terceras partes de las fracturas del cráneo causan lesiones intracraneales
significativas , y la presencia de una fractura de cráneo aumenta de forma importante
la posibilidad de que se produzca un hematoma subdural o epidural.
· las fracturas lineales constituyen el 80% de todas las fracturas de cráneo y son las
que con mayor frecuencia se asocian a hematoma subdural o epidural. La fracturas
lineales se suelen extender desde la zona de impacto hacia la base del cráneo.
· Las fracturas de los huesos de la base del cráneo se suelen acompañar de signos de
hemotímpano (presencia de sangre por detrás de la membrana del tímpano) equimosis
tardía sobre la apofísis mastoides (signo de Battle) o equimosis periorbitaria (signo del
mapache).
· Mediante una radiografía convencional las fracturas basilares pueden pasar por alto
se pueden sospechar este tipo de fracturas por los signos antes comentados.
· Los pares craneales que pueden quedar afectados por las fracturas craneales
basilares son el olfatorio, el óptico, el motor ocular común, el patético, la primera y
segunda ramas del trigénimo , el facial y el auditivo.
C) Conmoción.
· En los casos graves se puede producir una convulsión breve, o pueden producirse
signos autónomos como palidez facial, bradicardia, sensación de desmayo e
hipotensión leve, aunque la mayoría de los pacientes permanecen neurológicamente
normales.
D) Contusiones.
· Los signos clínicos producidos por las contusiones varían en relación a la localización
y el tamaño, con mayor frecuencia se observa una hemiparesia o una desviación de la
mirada de forma similar a un ictus de la arteria cerebral media.
1. TRAUMATISMO LEVE.
· Estos pacientes han presentado una conmoción o han quedado aturdidos y tuvieron
un breve periodo amnésico en relación a los acontecimientos que rodearon al momento
del impacto.
· Los niños y adultos jóvenes tienen una tendencia mas acusada a presentar
somnolencia, vómitos e irritabilidad, incluso después de varias horas de presentar el
traumatismo.
· Los pacientes que presentan un traumatismo craneal leve permanecen por lo menos
24 horas de observación.
· Los síndromes de gravedad intermedia suelen ser precedidos de una pérdida leve de
conciencia y muchos de ellos se asocian con fracturas de cráneo.
· Los síndromes clínicos mas frecuentes son: Cefalea, mareos, inestabilidad, fotofobia y
los vómitos que pueden las secuelas de un traumatismo leve; además puede
presentar:
3. TRAUMATISMO GRAVE.
· Son pacientes que presentan estupor o coma desde un principio y precisan atención
neurológica inmediata y, con frecuencia aplicación de medidas de reanimación.
· No debe pasar por alto las posibles lesiones cervicales que puede presentar y se debe
inmovilizar la columna cervical durante la valoración inicial.
HEMATOMA EPIDURAL
· El desgarramiento de la arteria meníngea media o vena homónimal que suelen ser
consecuencia de una fractura es la causa mas común de hemorragia, pero también
puede haber un desgarro en el seno de la duramadre.
· Los hematomas epidurales evolucionan con mayor rapidez y, por tanto pueden tener
unas características mas traicioneras que los hematomas subdurales.
· Presentan un cuadro de somnolencia que evoluciona hacia el coma, aumento del
tamaño pupilar y hemiplejia. Este cuadro es similar al hematoma subdural pero ocurre
con mayor rapidez
HEMATOMA SUBDURAL
· La sangre suele provenir de una vena o un vaso de la corteza rota, o con menor
frecuencia de un aneurisma.
HEMATOMA INTRACRANEAL
La contusiones cerebrales son la causa mas frecuente
SIGNOS Y SÍNTOMAS:
· Cefalea intensa
· Nauseas y vómitos
· Distensión vesical
· Fiebre alta
· Puede mostrar signos y síntomas de hipertensión intracraneal: cambio del patrón
respiratorio, hipertensión sistólica y bradicardia
VALORACIÓN
· Administración de oxigeno
· Venoclisis y analíticas
· Las embolia pulmonar es una amenaza para los pacientes que permanecen en la
cama. Se precisará de medidas profilácticas.
· Si la lesión es L1 A L3: parálisis de casi todos los músculos de pies y pelvis, zona de
pérdida de sensibilidad parte inferior de abdomen y piernas.
SIGNOS Y SÍNTOMAS:
· Hipotensión
· Bradicardia
· Insuficiencia respiratoria.
· Pedir al paciente que flexione los brazos, abrir y cerrar los dedos etc.
· Valorar la propiocepción, con los ojos cerrados y que indique si el dedo se acerca a la
cabeza o se aleja.
· Revisión del diámetro pupilar y respuesta a la luz, si sufre lesión de medula cervical
buscar miosis en una o ambas pupilas.
.....OTROS ESTUDIOS.....
· Tomografía computerizada
· Mielografía
PRIORIDAD INICIAL
· Controlar aparato respiratorio, FR, TA y Ta que pueden haber estado afectadas por
perdida del control simpático a causa de la lesión medular.
· Monitorización cardiaca