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Muerte y Vejez: Impacto Psicológico en Ancianos

Este documento describe el concepto de muerte y sus características en personas mayores. Explica que la muerte es un hecho natural e inevitable para todos, pero que para las personas mayores es más cercana debido a que muchos de sus seres queridos ya han fallecido. También analiza los cambios psicológicos que ocurren durante el envejecimiento como consecuencia de factores como la jubilación, dependencia y soledad. Finalmente, destaca la importancia de mantener un equilibrio entre el estado físico, psíquico y el entorno social de las personas

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Muerte y Vejez: Impacto Psicológico en Ancianos

Este documento describe el concepto de muerte y sus características en personas mayores. Explica que la muerte es un hecho natural e inevitable para todos, pero que para las personas mayores es más cercana debido a que muchos de sus seres queridos ya han fallecido. También analiza los cambios psicológicos que ocurren durante el envejecimiento como consecuencia de factores como la jubilación, dependencia y soledad. Finalmente, destaca la importancia de mantener un equilibrio entre el estado físico, psíquico y el entorno social de las personas

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Master. Intervención en calidad de vida de Personas Mayores. Lucía Santamaría Vallejo.

LA MUERTE EN EL
ANCIANO
Lucía Santamaría Vallejo

Correo electrónico: [email protected]

Tutora: Mª Carmen Sainz Hernandez

Master en Calidad de vida de Personas Mayores.

2006 – 2008

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Master. Intervención en calidad de vida de Personas Mayores. Lucía Santamaría Vallejo.

3) FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA.

CONCEPTO DE MUERTE

La vejez está considerada como la etapa del ciclo vital que empieza alrededor de
los 65 años y que finaliza con la muerte.

La muerte, nuestra muerte, nos espera. Todos -tanto las personas que lean este
trabajo como yo- vamos a morir. Se trata de un hecho natural, de una certeza irrefutable,
que debería acompañarnos desde la infancia. ―La hermana muerte‖ como decia San
Francisco de Asis.

Se considera que no se puede hablar de vejez sin hacer referencia al hecho,


inevitable, de la muerte. De hecho, es bien sabido que la muerte nos incumbe a todos.
Para los ancianos la muerte es una realidad cercana, ya que muchos de sus compañeros
de vida (amigos, familiares, pareja) ya han muerto o están afectados por enfermedades
incurables y da lugar a que sea un tema más próximo y tangible que en generaciones
anteriores. Diferentes aspectos como el miedo, la angustia y la influencia de factores
culturales tendrán su implicación en la gestación de este concepto en los ancianos y que
serán tratados posteriormente.

La muerte contiene una enorme cantidad de incógnitas, pero es un hecho


inevitable, natural a la condición humana, como lo es el rechazo que despierta, con la
consiguiente angustia y temor.
El hombre, sabe que morirá, y tiene conciencia de este hecho, aunque no lo haya
experimentado en él mismo.
Desde la antigüedad, el hombre se ha esforzado por asumir la muerte. Ya viejos poemas
hacen referencia a ella, lo que nos demuestra que ya en aquellos tiempos el hombre se
resiste a aceptar que va a desaparecer, y necesita creer, creer que pervivirá en su alma.
La ciencia define la muerte como el cese absoluto y definitivo de todas las funciones
biológicas, que incluye la interrupción total e irreversible de las funciones circulatoria y
respiratoria y el cese, también irreversible, de todas las funciones cerebrales. Para la
psicología, la muerte constituye una de las fuentes de angustia más significativas e
importantes. El cambio, y el envejecimiento (―Nunca seré tan joven como hoy‖ dicen
algunas personas) son unas constantes en nuestro tiempo.

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¿Cuál es el significado de la muerte? Difícil saberlo, aunque a lo largo de este trabajo se


intentará ir respondiendo.

En función del concepto del que dotemos a la vida, adquirirá la muerte un


significado especial. Puede entonces ser entendida como el principio de una nueva
existencia, despojada del cuerpo que la aprisiona o como el final de una etapa
detrás de la cual no hay nada, o al menos nada conocido.
Estos conceptos de muerte son tan sólo una muestra de los posibles planteamientos que,
de manera amplia y difusa, el hombre adopta ante la muerte. Pero hay asimismo que
tener en cuenta que estos conceptos van a adquirir matices diferentes al ser asimilados
por cada individuo concreto.

Desde una perspectiva psicológica, la muerte se considera como un proceso y no


como un acto puntual (Kastenbaum y Costa, 1977). En este proceso, la muerte se puede
contemplar a partir de tres aspectos: el biológico, el psicológico y el social. Aunque en
realidad, la muerte en sí misma, es un concepto general cuyo significado varía en
función de si se analiza desde un punto de vista fisiológico, social, médico, psicológico,
antropológico o económico entre otros aspectos. En este sentido, la muerte puede ser
realidad, percepción, situación, acto, final, principio e incógnita (Blanco-Picabia, 1993).

Centrándonos en la muerte psicológica, añadiremos que ésta va paralela a la


muerte física y social. El enfermo terminal se va muriendo poco a poco y va diciendo
adiós al amor, a las ilusiones y a las esperanzas. Por otro lado, aumentan los miedos al
más allá, al sufrimiento de los últimos días, a que pasará con sus familiares, al
olvido. Pero también es importante resaltar, que este proceso de morir, lo experimentan
los familiares y/o cuidadores que están día a día con el enfermo al final de su vida. La
muerte psicológica también penetrará en la esfera del familiar que a través del duelo
tendrá que aceptar que todos nos morimos un poco en la pérdida del ser querido. En este
sentido, cuidar al cuidador es una labor importante y necesaria ya que puede facilitar el
buen morir del enfermo al final de la vida (Colell y Limonero, 2003).

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CARACTERÍSTICAS DEL ANCIANO.

Gloria Pérez Serrano (2004) en su libro Calidad de vida en personas mayores,


nos indica que España es uno de los países más longevos del mundo, y nos revela las
razones que explican el interés por el tema de la vejez: demográficas (la proporción de
personas mayores alcanza niveles superiores a los de cualquier época), económicas
(cada vez existen menos trabajadores productivos en la economía y mayor proporción
de población pasiva ¿será capaz la economía futura de generar recursos suficientes para
mantener a la masa de pasivos?), políticas (los políticos saben que deben prestar
atención a los ancianos, pues componen una parte creciente de votantes) y de opinión
pública (es un tema frecuente en los medios de comunicación y en las conversaciones
familiares).
Mª Victoria Pérez Guzmán (2004) escribe, en ese mismo libro, que es esencial
no percibir la vejez como una etapa de deterioro, porque lo importante va a ser la forma
en que cada persona vaya adaptándose hacia la obtención del mayor grado de bienestar
posible. Esta idea es importante ya que con la esperanza de vida actual, la vejez pasa a
ser la etapa más larga de nuestra vida.
Sara de Miguel Badesa (2004) nos muestra que ―las personas son tan ancianas
como se sienten‖. Los ancianos tienen inquietudes y necesitan seguir adquiriendo
conocimientos. La vejez puede ser un largo proceso de vida susceptible de mejora, ya
que se pueden potenciar actitudes de relación interpersonal, además de trabajar el
autocuidado y prepararles para desenvolverse con la mayor autonomía posible.
Envejecer y ser viejo no es hoy lo que era en las sociedades pasadas:
anteriormente las distintas generaciones convivían y se relacionaban estrechamente,
formando un hogar. Hoy, es poco frecuente que vivan juntas todas las generaciones. Los
ancianos viven en sus mundos propios y apartados. Es importante opinar aquí que los
jóvenes pueden obtener un gran enriquecimiento si intentan comprender a las personas
mayores y ver algo la experiencia acumulada de nuestros ancianos debido a los golpes
del destino. Por desgracia, la mayoría de los jóvenes no reconocen el mundo en el que
han crecido las personas que hoy son ancianas. De esto quizás es culpable la sociedad,
ya que la vejez y el envejecimiento no son apreciados.

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Ser viejo, depende en muchas ocasiones de la sociedad en la que estamos


inmersos, ya que es esta la que tiene la última palabra y juzga si una persona es o no es
anciana.

CAMBIOS EN LA VIDA DEL ANCIANO.

El envejecimiento es un cambio progresivo inevitable. Es cierto que el declive y


deterioro del cuerpo y de los sentidos disminuye poco a poco nuestra libertad de acción,
mientras que los órganos internos nos dan toques de atención con sus averías. Pero
también es verdad que las connotaciones negativas y los prejuicios sociales que hoy
se sitúan en torno a la vejez no ayudan a adaptarnos a este cambio esperado y
progresivo que, como bien sabemos, se produce en todas las personas de forma natural.
No obstante, cada día más personas mayores convierten el paso de los años en una
experiencia de participación, de sabiduría y de satisfacción.

No olvidemos que lo que de verdad nos perturba no son los cambios


relacionados con la edad, sino el significado que le damos al paso de los años. Y como
decía Luis Rojas Marcos en una conferencia: ―La vida es cambio. El cambio es vida."

Como bien se ha dicho en la introducción, vamos a centrarnos prioritariamente


en los CAMBIOS PSICOLÓGICOS del envejecimiento, ya que, creemos que de esta
forma podremos entender mejor el concepto al que nos intentamos acercar, la
concepción de ―muerte‖ y todos los procesos que esta noción genera.
Marina Fernández Escribano subraya que en la psicología del envejecimiento
influyen factores como la jubilación, la dependencia de los hijos, la soledad… Y ante
tantos cambios es muy importante que haya un equilibrio entre estado físico, psíquico y
el entorno social.

A medida que se envejece se produce el deterioro de la inteligencia y


disminuye la capacidad de atención. Este decrecimiento de la inteligencia puede ser
en gran medida prevenido si se le proporciona al anciano un ambiente estimulante que
le apoye para mantener sus aptitudes intelectuales. Aunque, cuando nos situamos cerca
de la muerte el decrecimiento intelectual es inevitable y se debe a causas orgánicas más
que psicosociales.

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También se ve disminuida la memoria, esto puede estar relacionado con la


creciente falta de interés por la realidad inmediata, ya que parecen recordar con mayor
claridad sus aventuras de la infancia. Esto también puede ser debido a que las personas
establecemos mecanismos de defensa para olvidar experiencias desagradables y es por
eso que el anciano recuerde mejor la experiencia del primer día de trabajo que los
últimos días, previos a la jubilación. Al igual que sucede con la inteligencia, la pérdida
de memoria puede evitarse, o al menos retrasarse, a través de mecanismos preventivos,
como la utilización de reglas mnemotécnicas, prolongando el aprendizaje, utilizando
materiales interesantes para él…

Se producen, además, cambios en la personalidad, aunque se ha observado que


los ancianos que se mantienen activos, con responsabilidades y plena aptitud funcional,
apenas muestran cambios en la personalidad. Es importante que el cuidador trabaje
estos aspectos con los ancianos.

Normalmente se producen crisis de identidad y el anciano debe modificar la


concepción de sí mismo. Al igual que sucede en cualquier etapa de la vida, cuando no
existe acuerdo entre la percepción de uno mismo y la de los demás o lo que se espera de
la vida, el sujeto no estará satisfecho y se sentirá frustrado.

El cuerpo se transforma al envejecer y su imagen corporal también debe variar.


La actitud que suele provocar más problemas viene dada por la negación de la realidad.
Los cuidadores debemos explicarles que existe un tipo de belleza propio de cada edad y
que en ella cada persona puede encontrar su propia aceptación y la de los demás.

Peligra el equilibrio psicológico. El envejecimiento es equilibrado cuando el


anciano diversifica sus fuentes de autoestima: familia, trabajo, aficiones, deportes,
amigos… Y si se pierde una de ellas (por ejemplo, el trabajo) la pérdida será equilibrada
o compensada por los otros intereses. Para que no le produzca tanta frustración esta
pérdida, debemos intentar que basen su autoestima en las diversas fuentes. Debemos
prepararlos para que acepten la ayuda externa como algo normal, sin dar importancia a
las limitaciones orgánicas y, en cambio, fomentando la motivación, interés y deseo de
vivir.

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Para adaptarse saludablemente a los cambios relacionados con el


envejecimiento hay que:

 Adaptarse poco a poco a una perspectiva diferente del tiempo.


 Aceptar la inalterabilidad de la vida ya vivida.
 Reconciliarse con los conflictos que no se resolvieron y con errores que no
se rectificaron.
 Mantener relaciones estimulantes con otros mayores y pequeños:
participar en la vida de los seres queridos.
 Adoptar un estilo de vida razonablemente independiente y activo.
 Conocerse a uno mismo.
 Tener esperanza y optimismo, entusiasmo y flexibilidad.

ACTITUDES ANTE LA MUERTE.

Para poder comprender mejor este apartado comenzaremos describiendo el


concepto de ―actitud‖. La actitud es uno de los conceptos más relevantes en psicología
social. No es un concepto aislado, sino que se haya en estrecha relación con otros
conceptos psicológicos como: motivación, percepción, personalidad y conducta.

Allport (1935), lo define de la siguiente forma: "Estado de disposición nerviosa y


mental, organizada mediante la experiencia, que ejerce un influjo dinámico o directivo
sobre las respuestas que un indivíduo da a todos los objetos y situaciones con que ella
está relacionada"

Una actitud tiene los siguientes componentes:

 Cognitivo: ideas y creencias sobre el objeto de la actitud.


 Afectivo: emociones que produce el objeto de la actitud.
 Conductual: acción respecto al objeto de la actitud.
Aunque se afirma que la medida de las actitudes carece de
valor predictivo sobre la conducta, porque las actitudes
sólo son uno de los factores que determinan la conducta.

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Los tres componentes pueden o no estar relacionados, pues a veces hay contradicciones
entre ellos; por ejemplo, las actitudes ante la muerte con frecuencia son contradictorias,
pues la muerte en sí encierra una contradicción.

Estos tres componentes, permiten a su vez diferenciarlas de las creencias (que serían el
aspecto cognitivo de la actitud) y de las opiniones (que serían la manifestación verbal de
las actitudes).

Las funciones de las actitudes son tanto a nivel individual como social:

 Comprensión: de la realidad y/o de los otros, confiriendo


una sensación de orden y predictibilidad en la vida.
 Satisfacción de necesidades personales: pueden ser útiles
para alcanzar metas personales.
 Defensa del yo: de amenazas o conflictos percibidos.
 Expresión de valores: que permiten el establecimiento o
solidificación de la identidad personal.

Queremos saber las actitudes que tienen las personas ante la muerte, ¿Quiénes
son los ancianos? ¿Cómo experimentan las personas su propia vejez? ¿a raíz de qué
hecho empezamos a pensar en la muerte? ¿Cuáles son nuestros miedos? ¿Cómo
debemos acompañar a estas vidas en el proceso de mayor limitación? ¿Qué requisitos
requiere este acompañamiento? ¿Qué hacer? ¿Cómo hacer?

Muchas personas se sienten aterradas cuando descubren por primera vez que son
consideradas viejas.
“Si, si, todos quieren llegar a viejo, pero nadie quiere ser viejo” dice un anciano.

El envejecimiento, por sí mismo, estipula y fija un pronóstico de vida limitado


ya que se asocia con el declive, la decadencia, la pérdida… Algunas actitudes ante la
muerte están asociadas a la edad, aunque lo que prevalece es la percepción individual, y
es ahí, a nivel individual, donde debemos actuar, proporcionando una atención
individualizada, personalizada y de calidad. . Se entiende que la vejez no es una etapa
de pérdida, sino de cambios.

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Los mayores, necesitan que se valore esta etapa de la vida y debemos tratarles con
humanidad.

Las actitudes ante la muerte son un producto de la educación, que varía en


función del contexto cultural. Están estrechamente relacionadas con la visión personal
del mundo y con la posición que uno considera que ocupa en el mundo. Esto a su vez
tiene que ver con el control percibido de la realidad, en concreto de las leyes naturales
(visión de control o de sometimiento), pues una sensación de control sobre éstas (es más
acusado en los países desarrollados) lleva a tener menos conciencia del poder de la
naturaleza sobre la vida y por lo tanto de la muerte. También tienen que ver con las
experiencias relacionadas con la muerte, con la esperanza de vida y con las creencias
sobre lo que es un ser humano.

La muerte genera todo tipo de actitudes y emociones siendo el miedo y la


ansiedad las respuestas más comunes.
Para Limonero (1997), la ansiedad ante la muerte se puede entender como una
reacción emocional producida por la percepción de señales de peligro o amenaza a la
propia existencia. La ansiedad podría aparecer ante la presencia de una enfermedad
grave, la muerte de un ser querido, la noticia de un fallecimiento o por estímulos
situacionales que por asociación con los anteriores han condicionado estímulos internos
del sujeto tales como pensamientos o imágenes relacionadas con la muerte propia o la
de un ser querido.

Para Dobler (1974), la ansiedad sería un estado emocional negativo que carece
de objetivo específico. Sería como tener miedo a algo, sin saber que es ese algo,
mientras que el miedo sería lo que experimentamos cuando podemos localizar y
describir la fuente de nuestras preocupaciones. Es decir, la ansiedad ante la muerte sería
el miedo a dejar de existir, mientras que el miedo a la muerte podría ser miedo al
proceso de morir, en el sentido de cómo será la agonía, si se podrá controlar el dolor,
etc. (Limonero 1994).

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Otra de las mayores preocupaciones entre la gente moribunda es permanecer


solo. Las personas que mueren en hospitales experimentan sentimientos de soledad
aunque no están solos, el contacto de enfermeras a moribundos es frecuente y puede
llevar a una relación de confianza que ayudara a reducir la soledad y el aislamiento.

La medición de las actitudes es muy compleja y los autores suelen distinguir


varias formas de medirlas dependiendo de lo que se quiera inferir. Así pues, la
evaluación se puede hacer mediante: a) autoinformes, acerca de las creencias,
conductas, valores…; b) la observación sistemática de conductas en situaciones
naturales; c) la reacción del individuo o la interpretación de estímulos parcialmente
estructurados; d) el rendimiento en tareas objetivas, y c) reacciones fisiológicas ante el
objetivo o su representación.

Como ya se ha ido explicado, la actitud frente a la muerte depende de múltiples


factores: la personalidad de la persona, su estilo de vida, el contexto sociocultural, las
relaciones humanas que se han tenido y las que se mantienen con la familia y los
amigos, el dolor padecido…
Conviene ayudar a aceptar la realidad, la situación, la edad que se tiene, con sus
limitaciones (sólo así podrán prosperar y llevar a plenitud sus potencialidades).
Para que pueda darse el desarrollo personal el ser humano tiene que dejar tras de sí lo
que ha muerto y continuar su camino hacia delante, aunque sabemos que esto es muy
difícil y que constantemente anhelan sus años de juventud y a las personas que
quedaron por el camino.

Al reflexionar sobre las actitudes concretas e individuales que cada persona


adopta ante la muerte, hemos de reparar necesariamente en algunos de los aspectos que
las determinan.
En primer lugar, la imposibilidad de hablar de una actitud objetiva ante la muerte, a
ninguna edad, ni en ningún momento, ya que, como subrayó Freud (1918) la muerte
propia es inimaginable y, por ello, en lo inconsciente, todos estamos convencidos de
nuestra inmortalidad.
En segundo lugar, la influencia que ejercen las circunstancias personales y el contexto,
determinando las situaciones en las que el sujeto se encuentra y que influyen sobre sus

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particulares actitudes ante la muerte. Circunstancias de las que destacan, por su


importancia, fundamentalmente dos:
a) según el sujeto se plantee la muerte propia o la de otra persona (y aún en este caso
variará si se trata de una persona querida o no) y
b) según el sujeto se encuentre en una situación en la que se enfrenta directamente con
la muerte (cuando hay un peligro inminente) o en una situación en la que se piensa
acerca de la posibilidad de la muerte en general y remotamente.

En tercer lugar, los planteamientos y expectativas que cada uno mantenga con respecto
a la muere y que van a determinar sus actitudes ante la misma.

Vamos a analizar ahora algunas variables que determinan las actitudes del anciano
ante su propia muerte.

Hemos de tener presente que decir ―ancianos‖ incluye en ese término una gran
variabilidad en aspectos tales como la edad, el nivel socioeconómico o cultural, su
personalidad, su estado emocional, nivel de apoyo social, etc. De forma que resulta
inadecuado hacer generalizaciones sin tomar en consideración las matizaciones que a
las mismas confieren la individualidad de cada sujeto y las influencias que cada una de
esas variables pudieran ejercer sobre sus actitudes. Por ello se hace conveniente
analizar, aunque también someramente y de forma asilada, algunas de las variables que
han demostrado ejercer una mayor influencia sobre las actitudes de la población anciana
hacia la muerte.

La Edad
La edad parece representar uno de los factores más importantes de la actitud
hacia la propia muerte.
En los intervalos de edad comprendidos entre 65 y 95 años la respuesta
predominante es la aceptación de la muerte como algo inevitable.
En el intervalo de edad de 85 a 95 años aumenta sensiblemente el porcentaje de
aceptación; parece que la inminente proximidad a la muerte puede conllevar un mayor
grado de aceptación.
Hay autores que admiten que el grupo de edad puede también determinar la
percepción que se tiene del tema objeto de estudio, basándose en que el concepto que se

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tiene de la muerte se modifica y configura a lo largo del desarrollo evolutivo del hombre
y por lo tanto, después de todo un ciclo en el cual se han ido asimilando criterios,
experiencias y sentimientos, es en la vejez cuando parece que se llega a aceptar el
evento antedicho como un proceso natural, como algo inevitable. Esta línea de
pensamiento sostiene que al cabo del tiempo, y en comparación con otros grupos de
edad, la mayoría de los ancianos suelen poseer una orientación activa hacia la muerte y
no están de acuerdo con la idea de que se deba ignorar y no hacer planes en relación con
ella (testamento, funerales, etc.).

El Estado Civil
A diferencia de lo que ocurre con otros períodos evolutivos, el estado civil
parece determinar las actitudes que los ancianos mantienen hacia la muerte. Así, se ha
constatado que los ancianos casados muestran una mayor ansiedad ante la muerte que
los viudos o los solteros (Wagner y Lorion, 1984). Quizás esto pueda ser así por la
mayor preocupación por la situación tanto económica como emocional en la que pueda
quedar el cónyuge una vez que el sujeto haya fallecido.

La Religiosidad
Quienes encuentran que a mayor nivel de religiosidad existe una menor ansiedad
ante la muerte (Jeffers, Nichols y Eisdofer, 1961; Wolff, 1970) consideran que esto es
debido al apoyo emocional y a que las creencias ayudan a afrontar el miedo. A estos
efectos benéficos de la religión habría que añadir el mayor apoyo que reciben aquellos
ancianos que pertenecen a una comunidad ya sea religiosa o no.

La Institucionalización
Generalmente, la mayor parte de los estudios realizados sobre la influencia del
tipo de respuesta (instituciones o familiar) concluyen que quienes viven en
asilos/residencias manifiestan menor temor a la muerte y actitudes más positivas ante la
misma. Pero a partir de los 85 – 95 años estas diferencias se minimizan y aparece un
mayor grado de aceptación ante la muerte independientemente de que los ancianos estén
institucionalizados o residan con familiares (Rubio Herrera, 1981).

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Sobre las actitudes del anciano frente a la muerte de los demás

¿Cómo asume el anciano la muerte de las personas queridas?


En este sentido, de manera genérica, se acepta que es la muerte del cónyuge la que
despierta mayor ansiedad en el anciano. Esta muerte representa para el anciano no sólo
la pérdida emocional y afectiva ligada a la desaparición de una persona a la que puede
haber estado profundamente unido durante un largo período de tiempo, sino que
también representa para unos la ruptura sólo con el rol de esposo o esposa, y para otros
la pérdida de su ya único rol en la vida con lo que constituía la única forma de identidad
social que le restaba al individuo. De ahí la aparición de cuadros de depresión y
ansiedad, de desorientación y de falta de sentido y de propósito de vida, que a partir de
ese momento expresan con frecuencia los ancianos. Cuadros, por lo general, que, en
estas edades, son más desoladores y prolongados que en otras edades.

A pesar del fuerte impacto que la muerte de seres queridos puede ejercer en la
población anciana, distintas investigaciones han empezado a poner de manifiesto que,
en ocasiones, son desproporcionadamente mayores las expectativas y preconcepciones
que la población, e incluso los profesionales de la salud, mantienen sobre las extremas
reacciones tanto fisiológicas como psicológicas esperables en los ancianos en esta
situación, que las que real y objetivamente se producen (Wortman y Silver, 1989). Se
pone de manifiesto además que, a pesar del impacto que estas muertes ejercen sobre la
salud y el equilibrio del anciano, especialmente en las primeras semanas, el anciano es
también capaz de desarrollar estrategias de afrontamiento que le permiten superar este
estado, sobre todo cuando se le presta la ayuda precisa Dicho de otra manera, una vez
que el anciano tiene que afrontar la pérdida de un ser querido, lo hace con muchas más
eficacia de lo que él mismo habría esperado, debido a que pone en marcha y utiliza
recursos, tanto internos como externos, de los que no tenía conocimiento o a los que no
valoraba como útiles con anterioridad.

Connotaciones especiales adquiere la muerte cuando los ancianos se encuentran


en una institución – residencias, casa de asistencias, etc. – ya que en ellas no sólo
permanecen durante un largo período de tiempo sino que, además generalmente, se
encuentran muy mermadas sus relaciones con el exterior. Por ello, la muerte de otro
residente significa para el anciano la ruptura de una parte importante de sus escasas
relaciones cotidianas. Thomas (1991) refiere que los ancianos institucionalizados

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reaccionan ante la muerte de sus compañeros de manera bastante uniforme, es una


curiosa mezcla de pena, tristeza, de cólera (sobre todo si el moribundo ha sufrido), de
alivio (si la agonía fue ruidosa, si el que murió estuvo perturbando durante mucho
tiempo el funcionamiento asistencial del establecimiento) e, incluso de satisfacción
fatalista (―al menos sigo estando vivo‖). En cualquier caso, una vez más, también las
actitudes del anciano ante la muerte de un compañero residente van a depender del
grado y del tipo de relación que mantuvieron con él, de la personalidad del fallecido y
de las circunstancias de su muerte. Este tema lo vamos a trabajar más a fondo con las
entrevistas que se van a llevar a cabo en la segunda parte del trabajo.

Las actitudes de los ancianos ante su propia muerte


Como es lógico, muchas son las posibles actitudes que podemos encontrar y que
de hecho ponen de manifiesto los diferentes trabajos que se han realizado. Por ejemplo:

- Actitud de indiferencia: ―era normal que un día sucediera…‖, ―a todos


nos toca‖, ―yo ya soy demasiado viejo (a)‖, etc.
- Actitud de temor: quizá no tan ligada a la muerte como a todo aquello
que la precede (temor al dolor, al sufrimiento inútil, etc.)
- Actitud de descanso: experimentando sobre todo por personas que han
sufrido mucho en su vida o que padecen una enfermedad crónica.
- Actitud de serenidad: el anciano tiene conciencia de haber vivido una
existencia plena, de haber sido útil a los demás.

CREENCIAS, VIVENCIAS Y OPINIONES ANTE LA MUERTE.

A lo largo de la vida, las personas luchamos contra el deterioro, esto se acentúa


más a medida que avanzamos en las etapas de la vida y es, entonces, cuando los
pensamientos sobre la muerte son más habituales.

Tal y como nos señala Collel Brunet (2005), en la actualidad, el contacto con la
muerte nada tiene que ver con la vivencia de hace unas décadas. La mayoría de los
niños no han visto una persona enferma o grave pudiendo llegar a la edad adulta sin
haber experimentado y vivido una pérdida. Es más, se les aparta del dolor, la
enfermedad y la muerte llevándolos a otros hogares para que no ―sufran‖ por la pérdida
del familiar. Es probablemente por ello, que en estos momentos, la mayoría de los

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fallecimientos se producen en hospitales o en instituciones sociosanitarias dando lugar


al desplazamiento institucional de la muerte.
Por otro lado, los cambios experimentados en la estructura familiar (disminución
de la natalidad, incorporación de la mujer al mundo laboral y la nuclearización de la
familia), junto al aumento de la expectativa de vida, generando un incremento del
número de personas ancianas, ha originado que en las grandes ciudades de los países
desarrollados, alrededor del 80% de las muertes se den fuera del hogar, en instituciones
públicas o privadas (Thomas, 1991).

Pero, ¿cuáles son las verdaderas preocupaciones de nuestros ancianos? ¿Cuáles son los
síntomas que más aparecen? En un estudio multicéntrico realizado con 252 pacientes, se
demostró que no todos los síntomas que percibe el anciano son considerados por éste,
como causa de preocupación (Bayés et al. 1997). (Ver Tabla 1.1).

SÍNTOMAS PERCIBIDOS CON SÍNTOMAS QUE MÁS PREOCUPAN


MAYOR FRECUENCIA
DEBILIDAD 86% DEBILIDAD 50 %
PÉRDIDA DE PESO 72% ANOREXIA 45 %
ADORMECIMIENTO DIURNO 68% PARÁLISIS 44 %
TRISTEZA 65% DOLOR 38 %
ANOREXIA 65% PÉRDIDA DE PESO 32 %
DIFICULTADES RESPIRATORIAS 30 %

Aquí podemos observar que no todos los síntomas que padece un enfermo le producen
el mismo grado de preocupación.

APRENDER A MORIR

Cuando se es anciano, se hace patente la conciencia de que la muerte está más


cerca. La concepción de la vida y la muerte adquiere un nuevo sentido. Este sentido está
condicionado por factores como creencias religiosas, cultura, factores educacionales, las
propias experiencias y el estado físico.

La muerte forma parte de la vida; la vida no sería lo que es si no estuviese


destinada a ese final. Saberlo y contar con ello es importante. Ya entre los 5 y 7 años los
niños comienzan a entender que la muerte es irreversible y universal, y comienza a
temer la muerte de sus seres queridos.

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Los ancianos dependientes no temerán la muerte ni el deterioro si están rodeados


y cuidados por personas que no temen envejecer ni morir y viceversa.
En la actualidad abundan estudios biológicos, psicológicos, sociológicos,
médicos… sobre la muerte, con atención a casos concretos, a los modos y formas en las
que se hace frente al hecho de que los seres humanos mueren, siendo distinto en cada
comunidad y en cada clase social, poniendo de manifiesto que la muerte humana no
sólo es un fenómeno natural, sino que también lo es social.

¿Cómo se enfrenta el ser humano hacia el conocimiento del significado de la


muerte?

La primera fase es aquella en la que se produce un choque debido a que la


persona es consiente de su fragilidad, y la obsesión le invade.
Posteriormente se niega el hecho y se busca un remedio.
Sufrimos una reacción de ira, al darnos cuenta de que no existe un remedio para
nuestro mal.
Cuando avanzamos en el tiempo, sentimos apatía en incluso depresión, ya que
sentimos una desconfianza que nos acompaña día tras día. La muerte está ahí y no
podemos esquivarla cuando nos sobreviene. Esto lo sabemos todos.
La quinta fase consiste en la lucha por prolongar esta existencia.
Acabamos por aceptar el hecho, nos resignamos y la aceptamos.
Finalmente la comunicación con los demás se corta y se produce la concentración en
uno mismo.

¿Cómo es el camino del anciano hacia la muerte?


La aproximación a la muerte se desarrolla en cinco etapas, las cuales debe
comprender el cuidador para intervenir y apoyar al anciano en su justa medida.
Al principio se produce un estado de negación y aislamiento, el anciano se centra en su
propia existencia, y surge el mecanismo de defensa que ante la evidencia nos hace
pensar ―no, no puede ser‖. Esta negación se da en la mayor parte de los pacientes y es
más angustiosa y duradera cuando la noticia es comunicada bruscamente y por una
persona no preparada específicamente para ello.

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Master. Intervención en calidad de vida de Personas Mayores. Lucía Santamaría Vallejo.

La segunda fase se caracteriza por un sentimiento de enfado e ira. Quien ha


disfrutado de su vida se revela contra el hecho de morir. ¿Por qué yo? se pregunta el
anciano. Nada le parece bien, nada le reconforta. Esta fase es muy difícil de afrontar por
la familia y el personal. El anciano tiene continuos motivos de queja hacia quienes le
rodean, especialmente hacia los más cercanos. La actitud más terapéutica por parte de
los seres cercanos sería la tolerancia.

En el tercer momento aparece cierta tendencia a un pacto o negociación,


pedimos tiempo a cambio de una buena conducta, el anciano tiende a pensar que todavía
no le toca a él. Esta fase sólo dura breves períodos de tiempo. Es un intento de posponer
los hechos. La mayoría de los pactos se hacen con Dios y se guardan en secreto.

Tras estas reflexiones se produce un cierto estado depresivo, ante la


imposibilidad de desempeñar tareas que anteriormente eran habituales, ante la sensación
de inutilidad, los dolores…
Las personas cercanas (familiares, amigos, cuidadores…)no deben estimular al anciano
a ver el lado alegre de las cosas, pues eso significa que no
ha de pensar en su muerte inminente. Es preferible permitirle expresar su dolor.

En la quinta y última etapa surge la aceptación, implica haber superado las fases
previas, bien por el apoyo religioso o a través de la satisfacción que produce ver
cumplidos los objetivos vitales. A esta etapa se llega débil y cansado. Los ancianos se
preparan para morir, piensan que la vida ya sólo es pasado y sólo queda asumir la
muerte.

El individuo tiene derecho a tener la información que los demás tienen sobre su
propio cuerpo. Además se ha observado que el paciente afronta mejor la realidad que la
mentira. La verdad no se debe ocultar, pero el cariño, el afecto y la atención con que se
comunica la verdad pueden suponer un alivio dentro de las circunstancias que el
anciano está atravesando.
En el libro ―Descubrir la psicología‖ La muerte, se lee una frase: ―el anciano se va
acostumbrando a perder a los seres queridos, así como sus facultades, las ilusiones y
las expectativas; de alguna manera, se muere un poco todos los días cuando se llega a
la etapa de la vejez”. Nosotros nos situamos en una posición contraria a esta opinión, y

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Master. Intervención en calidad de vida de Personas Mayores. Lucía Santamaría Vallejo.

se pretende conseguir que esto no suceda. Las creencias sobre ello deben ir cambiando,
para que los adultos, futuros ancianos, contemplen una vejez más positiva que van a
alcanzar en un futuro próximo.

El anciano sabe que puede morir de diversas maneras, y siente más o menos
temor dependiendo del tipo de muerte al que se puede llegar a enfrentar en un futuro.
Las formas de morir podemos agruparlas en cuatro grandes apartados.
- La más natural sería el fallecimiento por vejez. Es la forma de morir más
deseada y la que mejor aceptan las personas que rodean al anciano.
- El fallecimiento tras un breve periodo de hospitalización por enfermedades
agudas como lesión cerebral, infarto… El enfermo dispone de tiempo suficiente
para hacerse a la idea del proceso.
- El mayor grupo lo forman las enfermedades crónicas, de larga duración, como
cáncer y en general enfermedades diagnosticadas con bastante antelación. Al
enfermo le provocan intervenciones quirúrgicas, dolor y sufrimiento. El
cuidador debe tener en cuenta que las vivencias de estas enfermedades son
distintas para cada individuo, es trascendental el contenido afectivo que
proporcionan las personas que rodean al enfermo a la hora de aceptar el proceso
que conduce a la muerte.
- En el último grupo se incluyen las muertes por accidentes o enfermedades
mortales repentinas. Aquí no suele existir una vivencia psicológica.

En general se vislumbra en los grupos el esbozo de una tipología de muerte:


1) muerte repentina: asunción difícil para el familiar del fallecido;
2) muerte progresiva o lenta.
Normalmente, en los grupos siempre se elige la primera como opción de muerte,
principalmente por dos cuestiones:
a) no causar incomodidades a los demás;
b) evitar el sufrimiento de una larga agonía.
Hay gente preocupada en no ocasionar gastos, ni dificultades a los hijos cuando muera
uno de ellos, además para la gente mayor sin recursos una enfermedad lenta da lugar a
una situación complicada, por la escasez de medios para mantener con vida al paciente.
Sin embargo, ante la muerte repentina hay dos posturas: una que considera que este tipo
de muerte es más difícil de aceptar que la muerte progresiva, por lo inesperado del

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Master. Intervención en calidad de vida de Personas Mayores. Lucía Santamaría Vallejo.

evento (y el ―schock‖ que puede ocasionar) y otra, que da connotaciones positivas a este
tipo de muerte, contrastándolo con la muerte que culmina un proceso de sufrimiento
(una enfermedad).

Existe una coincidencia en casi todos los grupos humanos, independientemente


de sus culturas, en cuál es la forma de morir idónea: en la cama, en su domicilio, y con
otros miembros de la familia; esta percepción también se da en los aquellos ancianos
que pasan sus últimos días en una residencia, aunque en los grupos religiosos prevalece
la idea de que Dios es el supremo hacedor y Él es el que decide dónde y cómo morir.

EDUCAR PARA LA MUERTE.

Los ancianos en la sociedad actual tienen unas necesidades. Necesidades de


conocer la verdadera problemática de la sociedad. La necesidad de adquirir una cultura
superior a la que tenían. La necesidad de informarse, la necesidad de hacer actividades y
llenar su tiempo. Se considera que mediante el apoyo del cuidador cuyo papel es, entre
otros mucho, el de proponer alternativas, podrían solucionarse algunos de estos
problemas, de esta forma, al ampliar su cultura, se llevarían a cabo actividades que
fomentarían un mejor envejecimiento. Se darían nuevos alicientes a los ancianos
proporcionando nuevas alternativas que solucionarían los problemas que conlleva la
jubilación. Los mayores transmiten la cultura, las costumbres y los valores más
significativos, por tanto, tenemos que trabajar en ello para que no se pierda nada de esto.
Todas las etapas de la vida presentan posibilidades y limitaciones, que conviene
aprovechar.

En los resultados de un estudio sociológico realizado en México, titulado ―El


anciano ante la muerte‖, cuya metodología se basa en grupos de discusión, los
interlocutores de clase media-alta consideran que falta educación para afrontar la
muerte, y según ellos esta educación debería enseñar lo ―natural‖ de este evento. Los
interlocutores de clase media-baja también creen que se precisa una mayor preparación
para la muerte, pero se delega esa función en Dios, no en la educación. De las creencias
religiosas hablaremos más adelante, por tanto ahora nos centramos en el tema que titula
este apartado. En dicho estudio, en todos los grupos de discusión la muerte se identifica

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Master. Intervención en calidad de vida de Personas Mayores. Lucía Santamaría Vallejo.

con el dolor y con la separación física, aunque prevalece la idea de que el tiempo, la
acumulación de experiencias lacerantes y la fe y la creencia en la religión mitigan el
dolor.
En general, la mayoría de los programas de educación sobre la muerte van
encaminados a cambiar los sentimientos negativos hacia la muerte en lugar de las
cogniciones o la conducta.

Como buen profesional que se pretende ser, debemos empezar por saber
distinguir quién necesita intervención y quién no, envejecer no constituye por sí solo un
motivo de intervención.
Debemos tener en cuenta que los profesionales no están capacitados ni autorizados para
sustituir a los mayores en sus sentimientos hacia las personas que se han ido y echan de
menos. Sin embargo si pueden hacerles compañía, y en ocasiones una compañía de
calidad. Hoy hablamos mucho de la CALIDAD, pero poco de la CALIDEZ, que es lo
que más agradecemos en el trato recibido. Las sonrisas, el buen humor, las caricias...
hacen "llevadero" cualquier momento difícil.
un primer paso es trabajar la muerte, o los sentimientos relacionados con la misma
(miedo, ansiedad, negación, racionalización…),

Dado que esta etapa se trata de una situación de sufrimiento emocional, se debe
poner especial énfasis en las intervenciones de apoyo al anciano y la familia,
fundamentalmente al cuidador principal.
Vamos a establecer aquí una serie de sugerencias a llevar a cabo por el cuidador:
1. Mantener la comunicación con el anciano, aún en el caso en que
existan datos de pérdida de conciencia. Debemos dar mensajes cortos,
fácilmente comprensibles, e interesándose por su bienestar.
2. Usar el contacto físico y estimular a los familiares para que lo hagan.
3. Escuchar a la familia y aceptar los momentos de tensión emocional.
4. Interesarse por las posibles necesidades espirituales del enfermo y
familia.
5. Garantizar la respuesta inmediata del equipo en caso de necesidad.
6. Respetar y apoyar las creencias religiosas.
7. Dar consejos prácticos y concretos sobre los trámites a realizar
(Papeles, funeraria, llamadas si lo demandan).

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Master. Intervención en calidad de vida de Personas Mayores. Lucía Santamaría Vallejo.

El porcentaje de personas mayores de 85 años va a ser el que predomine en la


sociedad, y se debe trabajar desde ya, para que esta población de ancianos tenga una
gran calidad de vida. Es muy importante la formación de profesionales en este campo
ya que actualmente no hay tantos como se necesitan.

Los cuidadores que acompañan a los ancianos en la última parte de su vida – el


cuidado de ancianos es siempre un camino hacia la muerte – sólo podrán cumplir esta
tarea con utilidad para el afectado si han reflexionado sobre su propia muerte.
La persona que trabaje con personas mayores, debe convertirse en un buen
profesional, competente, capacitado y dedicado.

¿Qué elementos son los que debe poseer un profesional que se relacione con los
ancianos?

Es necesario que se comprometa en la cooperación y la solidaridad, que propicie


las relaciones con los ancianos, y que, a su vez, posea iniciativa. El cuidador debe crear
un clima propicio a la cordialidad, es necesario que sepa diferenciar lo sustancial de lo
insustancial, reconozca las potencialidades de los ancianos y que les alabe y anime.
Debemos aprender a buscar soluciones a los diversos problemas que pueden surgir, e
intentar apoyar no sólo a los ancianos sino también a sus familias, para que pasen la
situación lo mejor posible y traten a sus mayores como se merecen. ―Cuídate para
cuidar mejor‖ tenemos que decir.
Debemos comprendernos nosotros mismos para entender al otro adelantarse a
las perspectivas, Tenemos que contar con la capacidad de ponernos en el lugar del otro.
Debemos saber que conocer y comprender son procesos que jamás concluyen. Además
es muy importante que el cuidador esté dispuesto a involucrarse y a aprender aspectos
nuevos cada día.

―Es una de las profesiones que más derroche de humanidad precisa y de la que
más humanidad se aprende‖ nos dice Carmen Sainz Hernández en el libro ―Atención a
las personas mayores. Intervención práctica.‖ de Sarrate Capdevila (2006). P. 210. En
el cuidado de la persona mayor ―aprendemos a anticipar la etapa por la que tenemos
que pasar‖.

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Master. Intervención en calidad de vida de Personas Mayores. Lucía Santamaría Vallejo.

Para realizar una conversación en profundidad, el entrevistador debe conocer


esta técnica e intentar estimular al entrevistado provocando que exprese sus
sentimientos y pensamientos de una forma libre, poco formal. Debemos caracterizarnos
por la empatía con el sujeto para conseguir emerger a la superficie actitudes que el
entrevistado sería incapaz de expresar si se le preguntase de una forma directa. Tal
como nos dice Gloria Pérez Serrano en su libro ―Investigación cualitativa. Retos e
Interrogantes. II. Técnicas y análisis de datos.‖ P. 43. Debemos ayudarnos de gestos
positivos (asentir con la cabeza, sonreír u otras expresiones no verbales de aprobación,
amistad y sinceridad). La entrevista debe hacerse en privado y el entrevistador no debe
aceptar como respuestas un sí o un no, sino que debe interesarse de algo más allá,
intentando realizar una exploración interior.

Es lógico que los educadores nos encontremos, por parte de los ancianos, con
una falta de motivación, (teoría del declive) y con un desentendimiento progresivo de
las demandas de la sociedad (teoría de la desvinculación). Debemos, por tanto, estar
atentos para fomentar un ascenso y una vinculación que son perfectamente posibles. Es
importante que nos formemos para el aprendizaje, tener respeto, conocimiento,
creatividad, afecto, que nos formemos para enseñar al anciano a saber pensar de una
manera positiva. La educación puede contribuir a la formación de una vejez feliz, a una
reflexión que nos lleve a una vida plena.

Debemos educar para la muerte, y se dice debemos porque es más bien un deber,
aunque intentando no crear personas angustiadas ante la idea de su propia muerte.
Debemos tener en cuenta nuestra evolución, nacemos, vivimos y morimos, Debemos
asumir la muerte y sentirla como una compañera que nos acompaña en el camino de la
vida, ahí está, pero no debemos temerla. La muerte es un proceso normal de nuestra
vida y así deberíamos verla todos, ancianos, adultos y jóvenes.

¿Por qué normalmente interpretamos la palabra ―cuidado‖ como una necesidad


física? ¿Por qué las familias no solicitan cuidados cuando la necesidad es más bien
existencial? Las familias piensan que es normal que los ancianos se encuentren
deprimidos y no buscan apoyos para evitar esta situación. La labor se encuentra en no
sólo cuidar a los ancianos ó a nosotros mismos, sino también procurar que las familias
se conviertan en cuidadoras, amigas, y partícipes en el camino de la vida de la persona
mayor. Si en alguna de las entrevistas observamos esa sensación de tristeza, de estado

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Master. Intervención en calidad de vida de Personas Mayores. Lucía Santamaría Vallejo.

depresivo, de angustia ante la muerte, es necesario que intentemos ponernos en


contacto con la familia para buscar posibles soluciones y buscar cómplices en el
cuidado y apoyo que el anciano pueda necesitar en ese momento.

Uno de los temas que deben ser mencionados aquí y que debe conocer el
cuidador, dado que los ancianos pueden demandar información, es la percepción que la
persona tiene del testamento.
El testamento es conceptuado como un documento necesario, que se debe hacer cuando
se tenga cierta madurez emocional y de pareja, y cuando se esté sano (no esperar hasta
que la muerte esté próxima o se tenga una enfermedad terminal). Lo imprescindible de
hacer el testamento se basa en la idea de proteger a los hijos, en el sentido de que ellos
puedan recibir los bienes materiales que los padres acopiaron durante su vida.
El testamento sería una forma de organizar las herencias sin gasto de energías y
conflictos (la ausencia de testamento puede ocasionar problemas y disputas entre los
hermanos).

En el estudio realizado en México y que ya ha sido mencionado con anterioridad, se han


recopilado algunas ideas interesantes de las personas que han participado en los grupos
de discusión sobre el testamento:
“…Yo creo que hay una edad para el testamento, no queremos decir que edad, si no es
cuando el matrimonio perfectamente esté bien conjugado y en equilibrio emocional.
Pero sí ya con una madurez de pareja ¿verdad?, para saber lo que se puede hacer, qué
es lo que sería más conveniente para proteger a los hijos. Ésa es la idea principal de mi
parte…”
“…Se debe tratar de arreglar el testamento en vida para evitar que haya problemas…”
“…Al morir tienen que tener la propiedad de lo que uno ha hecho con mucho esfuerzo y
no dejárselo al gobierno…”

LA REPERCUSIÓN ANTE LA MUERTE.

La pérdida de un ser querido es uno de los acontecimientos más estresantes de la


vida. La pérdida es seguida de un período de luto y de aflicción por la persona fallecida.
El proceso de duelo puede durar un breve período o no terminar nunca. Si bien es cierto

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Master. Intervención en calidad de vida de Personas Mayores. Lucía Santamaría Vallejo.

que el ser humano nunca llega a percibir la muerte como algo normal, es precisamente
la muerte del anciano la que se tolera y acepta como un hecho más natural,
generalmente por parte de los demás.

Las reacciones al citado proceso de duelo se presentan en cuatro niveles.

Reacciones Físicas. El duelo es acompañado por una amplia gama de reacciones físicas
que pueden llevar al insomnio, la falta de apetito o el comer en exceso, las molestias
estomacales, diarrea, fatiga, dolores de cabeza, insuficiencia respiratoria, sudoración
excesiva y mareos.

Reacciones Emocionales. Estas incluyen la depresión, abatimiento, llanto, conmoción e


incredulidad, enojo, ansiedad, irritabilidad, preocupación y pensamientos del fallecido,
sentimientos de desamparo, dificultad para concentrarse, olvidos, apatía, indecisión y
aislamiento o sentimientos de soledad.

Reacciones Intelectuales. Estas incluyen los esfuerzos por explicar y aceptar las causas
de la muerte de la persona y en ocasiones de racionalizar o tratar de comprender las
razones de la muerte. La gente desea saber qué fue lo que sucedió y porqué pasó. Una
reacción intelectual común al duelo es la idealización, es decir, el intento por purificar la
memoria del fallecido disminuyendo mentalmente sus características negativas.

Reacciones Sociológicas. Las reacciones sociológicas al duelo incluyen los esfuerzos


de la familia y los amigos para unirse y compartir la experiencia y ofrecerse apoyo y
comprensión. La reacción sociológica también incluye los esfuerzos por reorganizar la
vida después de la pérdida: los reajustes financieros, la reorientación de los roles
familiares y comunitarios, el regreso al trabajo, la reanudación de actividades sociales y
comunitarias.

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Master. Intervención en calidad de vida de Personas Mayores. Lucía Santamaría Vallejo.

Vamos a centrarnos ahora en los niveles de repercusión de las personas según


los tipos de muerte:
Niveles de Repercusión
No- Repercusión Repercusión Repercusión Repercusión
Tipos de repercusión leve moderada elevada
Muerte severa
Esperada - 4 15 1 -
No esperada - 4 13 9 1

Fuente: IRFA y Encuesta realizada en la Habana Alexander Fuentes Smith en 1999.

En la tabla superior se puede evidenciar como en aquellos casos donde la muerte


es esperada por la familia, el grado de repercusión de la misma suele ser
fundamentalmente moderada o leve. Tal vez porque cuando éstas suceden la familia ya
ha encontrado otras redes de apoyo psicológico que ponen en marcha nuevos
mecanismos de ajuste ante la situación de perdida.

Cuando la muerte aparece de forma no esperada, la repercusión suele ser


moderada o elevada, generalmente. Esto evidencia nuestra pobre respuesta de
adaptación y asimilación ante un fenómeno para el cual nunca estamos realmente
preparados: la muerte.

La muerte que ocurre en el pico de la vida, en la franja que va de los 30 a los 55


años, es a nivel familiar, quizás la más generadora de desequilibrios. En ese momento la
familia queda con un vacío compuesto por tareas vitales que asumían el padre o la
madre, muy difíciles de remplazar. Los ancianos sufren mucho ante la muerte de un
hijo, ya que generalmente no afrontan el futuro con ilusión, y sienten que ya han hecho
todo lo que tenían que hacer. Este mazazo nunca lo llegan a superar, aunque los
ancianos más religiosos sienten un gran apoyo en su fe.

La muerte de un joven (en este caso, la de un nieto) representa un absurdo que


además de cortar una vida llena de proyectos y de futuro, genera culpa de los padres por
los roces vividos a raíz de la adolescencia y de los abuelos por no haber pasado el
tiempo necesario a su lado (cuando los jóvenes llegan a la adolescencia y la dejan atrás
suelen pasar menos tiempo con sus abuelos, salvo que convivan en la misma casa).

La muerte de un niño es vista como la tragedia mayor.

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Master. Intervención en calidad de vida de Personas Mayores. Lucía Santamaría Vallejo.

Repercusión
No Leve Moderada Elevada Severa
Edad repercusión
-15 años - - 1 5 1
16-30 - - 1 3 -
31-45 - - 10 1 -
46-60 - 3 5 - -
61 y más - 5 11 1 -

Fuente: IRFA y Encuesta realizada en la Habana Alexander Fuentes Smith en 1999.

En esta tabla se ha podido apreciar la ―Relación entre edad del fallecido y la


repercusión familiar‖, pudiéndose observar, como se explicó al principio de este
apartado, como la repercusión es más leve cuando los fallecidos son más mayores.

En la tabla inferior se observa la ―Relación entre tipos de muerte y estilos de


afrontamiento‖

Tipos de muerte.
Esperada No esperada
Estilos de afrontamiento
Asimilación y Aceptación 19 5
No-asimilación ni 1 22
aceptación

Fuente: Encuesta realizada en la Habana Alexander Fuentes Smith en 1999.

Para hallar esta tabla se realizó un estudio comparativo entre los tipos de muerte
y los estilos de afrontamiento más utilizados por la familia. En los casos de muertes
esperadas los estilos de afrontamientos indicaron una tendencia a la asimilación y la
aceptación de la muerte. En aquellas familias donde la muerte no era esperada, la
respuesta fue de no- asimilación y aceptación de la misma.

Cada familia reacciona ante la muerte de forma única y particular e inciden en su


respuesta factores que muchas veces son totalmente independientes de la condición
física del enfermo como son:

- La estructura del sistema familiar.

- La percepción familiar del curso de una enfermedad o de la muerte.

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Master. Intervención en calidad de vida de Personas Mayores. Lucía Santamaría Vallejo.

En dependencia de cómo se manifiesten estos factores, es decir la comunicación


familiar, su flexibilidad o rigidez internas, y el rol que el familiar ocupa en la familia,
se hallaran, entonces mejores estilos de afrontamiento para la muerte.

Estilos de afrontamiento
Asimilación No asimilación
Edad
-15 años - 7
16-30 - 4
31-45 2 9
46-60 5 3
61 y más 17 -

Fuente: Encuesta realizada en la Habana Alexander Fuentes Smith en 1999.

―Relación entre edad del fallecido y estilos de afrontamiento‖

Es de suponer que en las primeras décadas de la vida la muerte tenga un impacto mayor
y sea aun más difícil su asimilación por la familia, mientras que en etapas posteriores de
la vida, la muerte parece tener un mejor grado de asimilación y aceptación por sus
miembros, sin embargo la mayor parte de las personas viven hoy hasta la séptima u
octava década. Aceptar la muerte entonces equivale a una tarea para el anciano. La
muerte en la vejez es vista como un fin natural.

En la siguiente tabla pueden observarse la ―Relación entre niveles de repercusión y


estilos de afrontamiento‖

Estilos de afrontamiento
Asimilación No- asimilación
Nivel de repercusión
No -repercusión - 7
Repercusión leve 6 2
Repercusión moderada 17 11
Repercusión elevada 1 9
Repercusión severa - 1

Fuente: IRFA y Encuesta realizada en la Habana Alexander Fuentes Smith en 1999.

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Master. Intervención en calidad de vida de Personas Mayores. Lucía Santamaría Vallejo.

Las conclusiones, por tanto, de este estudio fueron las siguientes:


1. Se determinó un predominio de la repercusión familiar de leve a
moderada con afectación en todas las áreas estudiadas y con un sentido
predominantemente negativo.
2. Se observó que hay una repercusión leve y moderada en los casos de
muertes esperadas y una repercusión de moderada a elevada en los casos de
muerte no esperada.
3. La repercusión leve y moderada va aumentando según la edad del
fallecido, mientras que la elevada va en aumento a medida que disminuye
esta variable.
4. En el caso de las muertes esperadas, hay una mejor asimilación de
éstas por la familia, que en los casos de muertes no esperadas, donde no son
asimiladas prácticamente en su totalidad por los familiares.
5. Se determinó que la familia tiene una mejor asimilación y aceptación
de la muerte cuando ésta ocurre en etapas más avanzadas de la vida que
cuando aparece en las edades tempranas donde la muerte es inaceptada o no
asimilada en gran parte de las veces.
6. Que hay una mejor asimilación del fenómeno de la muerte que tiene
una repercusión moderada, que en aquellos casos donde ésta suele ser es
elevada, donde no hay asimilación de la misma por parte de los miembros de
la familia.

DIFERENTES CULTURAS ANTE LA MUERTE

Las muertes ocurren dentro de un orden social, los pensamientos, intereses,


actividades, proyectos, planes y esperanzas de los otros están más o menos vinculados a
la persona que muere y al hecho de su muerte.
A lo largo de su historia, la humanidad ha manifestado una constante y universal
preocupación con respecto a la muerte, si bien, desde la época de la Revolución
Industrial y el comienzo del proceso de la muerte en hospitales, se ha desarrollado una
creciente desnaturalización en la comprensión y el abordaje de estos temas. Como ya se
ha dicho, cada persona adopta actitudes diferentes ante la muerte, pero estas

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Master. Intervención en calidad de vida de Personas Mayores. Lucía Santamaría Vallejo.

manifestaciones se ven afectadas por la sociedad en la que cada persona se halla


inmersa.

Un artículo publicado en el año 2006, en la Red Internet por Marta Morales


demuestra que las personas de diferentes culturas tienen creencias y actitudes distintas
hacia la muerte. Dicho artículo se basa en un estudio realizado en Estados Unidos que
ha puesto de manifiesto las diferentes percepciones y preocupaciones que cada uno de
los grupos culturales que conforman el país tienen con respecto a los últimos momentos
de la vida, previos a la muerte. El estudio, del que informa en un comunicado
la Universidad de Michigan, investigó las preferencias raciales y étnicas, así como
las de ambos sexos, en lo que respecta al tramo final de la vida.

La investigación concluye que existe discriminación cultural en lo que se refiere a la


atención en esos momentos, debida principalmente a la falta de recursos para adaptarse
a las diferentes expectativas. Los resultados de esta investigación han sido
publicados en el último número del Journal of the American Geriatrics Society.

Setenta y tres participantes formaron parte de este análisis social. Entre ellos había
árabes musulmanes, árabes cristianos, hispanos, ciudadanos de color y ciudadanos
blancos. Con edades comprendidas entre los 50 y los 83 años, los participantes
respondieron a un cuestionario acerca de información demográfica y temas relacionados
con el final de la vida. El análisis estuvo dirigido por Sonia Duffy, de la University of
Michigan Medical School.
De dicho cuestionario se desprende que las distintas etnias y las personas pertenecientes
a diversas culturas tienen ideas marcadamente diferentes acerca de cómo deben ser
cuidados y atendidos hacia el final de sus vidas.
Los árabes no están a favor de la prolongación artificial de la vida, de la estancia en los
sanatorios en sus últimos años, ni de que a los pacientes se les informe de su estado, si
es irremediable.

Las mujeres negras e hispanas, por su parte, están a favor de que se prolongue la vida
todo lo posible, con medios artificiales. A este respecto, los hombres de ambos grupos
raciales, por el contrario, se oponen a la prolongación de la vida.

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Master. Intervención en calidad de vida de Personas Mayores. Lucía Santamaría Vallejo.

Los norteamericanos, tanto negros como blancos, generalmente no esperan que sus
familias los cuiden o carguen con ellos en la vejez o en la enfermedad, y son más
proclives a pasar esa época de sus vidas en sanatorios o residencias para la tercera edad.
Los árabes, por el contrario, ansían que sus familias se hagan cargo de ellos y les
supone un gran stress el pensar que tengan que vivir sus últimos días y morir en una
residencia.

Para los hispanos, resulta muy importante el hecho de morir con dignidad y no tener
que depender de sus familiares en caso de senilidad o de enfermedad grave. Por lo tanto,
no se resisten tanto como los árabes a la idea de pasar sus últimos momentos con
personal especializado en cuidar ancianos. Este grupo parecía más proclive que los otros
a querer controlar el momento de su muerte.

Los investigadores señalan por tanto la importancia de tener en cuenta la


diversidad creciente del país, así como el envejecimiento general de la población, de
manera que se pueda ayudar de una forma más apropiada a cada uno de los pacientes,
según su cultura y su sensibilidad (que no sólo es una cuestión cultural, sino también de
género).

Además de estos condicionantes culturales hay una diferencia sustancial en la


forma de afrontar la muerte entre el hombre y la mujer. En el caso del varón aparecen de
manera muy frecuente los relatos en los cuales la adicción al alcohol se muestra como
una estrategia de afrontamiento de la muerte (y los conflictos en general).

Pero no sólo influyen la raza, el género, el país donde residen, sino que, en
muchas personas, la religión que profesan es especialmente importante para entender
las diferencias de creencias entre unas personas y otras.

Son muchas las disciplinas que se dedican al estudio de la religión, la psicología


es tan sólo una de ellas. Se ha buscado mucho una definición propia de lo que
entendemos por religión en esta investigación, a la que hemos definido como "aquellas
creencias y experiencias (místicas) individuales y sociales sobre las realidades
espirituales (sagradas) que suelen expresarse de múltiples maneras a través de las
diferentes edades del desarrollo humano y de la historia de la humanidad"(Muriá, 1995).

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Master. Intervención en calidad de vida de Personas Mayores. Lucía Santamaría Vallejo.

Freud (1932-1936 Vol.XXIp.149) nos dice que "la religión es un poder inmenso que
dispone de las emociones más potentes de los seres humanos". Si tiene tal fuerza es por
lo que se propone brindar a los hombres, y menciona que la religión cumple tres
funciones principales:

1. La primera, satisfacer la curiosidad natural del hombre de saber, ya que le


informa sobre el origen y la génesis del Universo.
2. La segunda, calmar la angustia que el hombre siente ante las crueldades de la
vida y el destino inevitable de la muerte. Lo consuela en la desdicha y le asegura
un buen final.
3. La tercera, difundir reglas y consejos de cómo comportarse en la vida, con la
finalidad de obrar con justicia.

El mayor poder de la religión, dice Freud, radica en su segunda función, que es la de


satisfacer la necesidad de protección y calmar la angustia y el miedo que se siente ante
la muerte. Todas las religiones que hasta ahora conocemos dan una respuesta al gran
enigma de la muerte.

Hay una gran dificultad a la hora de operativizar la "religión" por varios


motivos; tales como:
· La cantidad de religiones diferentes que existen.
· La cantidad de "grupos religiosos" diferentes que pertenecen incluso a
una misma religión.
· Pero, sobre todo, por las diferencias entre "religión meramente
formalista" o de pertenencia y "religión traducida en forma de vida y en
práctica".

En la actualidad, se sigue entendiendo como un proceso distinto influenciado


por la cultura en la que cada persona se encuentra sumergida.

Como se puede apreciar en nuestra sociedad, el punto de vista sobre nuestro


destino después de la muerte es diferente según las distintas religiones y podemos
dividirlos en dos principales:

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Master. Intervención en calidad de vida de Personas Mayores. Lucía Santamaría Vallejo.

En primer lugar el que postula que cuando fallecemos nuestro alma o espíritu
abandona nuestro cuerpo y regresa al lado del dios o los dioses que lo han creado para
ser juzgado por sus hechos en la pasada vida, premiándolo o castigándolo según hayan
sido éstos.

En segundo puesto, la corriente espiritual que asegura que nuestro alma es una parte
del dios que nos creó a todos, dentro de un vehículo físico temporal, que se ve inmersa
en un ciclo de vida-muerte-reencarnación con el propósito de ir perfeccionándose con
cada etapa hasta conseguir alcanzar el estado de iluminación que le permita regresar a
ese Ser que le creó y del cual forma parte.

Del primer parecer son religiones como el Cristianismo y el Mahometismo; y del


segundo, otras como el Budismo y el Hinduismo. Vamos a comentar algunas de ellas
con el fin de esclarecer la idea.

Catolicismo

Para los católicos, la muerte forma parte de la vida; no es una ruptura


especialmente importante. Se fían de Jesús que dio su vida por ellos para tener vida
eterna. Creen que Jesús resucitó y también resucitarán con Él.

Creen que tienen un alma inmortal creada por Dios que no muere con la muerte sino que
pervive en una vida eterna.

La muerte se identifica con el dolor y con la separación física, aunque prevalece


la idea de que el tiempo, la acumulación de experiencias lacerantes y la fe y la creencia
en la religión mitigan el dolor.

El factor religioso es muy determinante de cara a analizar la muerte; todo lo


referente a la vida y a la muerte lo decide Dios. Esto tiene que ver, por un lado, con la
visión católica de la concepción de la muerte como una redención de los pecados, como
una puerta a la salvación eterna (nos vamos directamente al cielo o al purgatorio para
redimir los pecados), y por otro con la construcción cultural de la vida como un ―valle
de lágrimas‖; incluso, con base en estos argumentos, se atenúa o justifica la separación
física de la familia (que conlleva la muerte) —ya que en el ―supuesto paraíso‖ se
volverán a reunir todos los miembros de la familia—.

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Master. Intervención en calidad de vida de Personas Mayores. Lucía Santamaría Vallejo.

“…Porque para mí es Cristo y el morir es ganancia, ¿por qué el morir es ganancia?


Porque Dios nos tiene una vida mejor, mejor que aquí, porque dice que allá no habrá
más sufrimiento, ni más llanto, ni más dolor… claro, que aquí se viene la separación de
la familia pero si nosotros tenemos esa creencia de que todos vamos a estar allí, la
familia de uno se separa por un tiempo, nada más…” dice una persona católica.

Musulmanes

Los musulmanes, igual que judíos y cristianos, creen que, después de la muerte,
serán juzgados según sus obras. Sus buenas o malas acciones les llevarán al cielo o al
infierno. Creen que la vida presente es solo una preparación para el próximo reino de
existencia.

Budismo

El budismo contempla a la muerte como una transición que consta de cuatro


principales transiciones:
La primera es la de la vida.
La segunda, comienza cuando el individuo se encuentra con las condiciones que
propiciarán su muerte y termina cuando todos los factores constitutivos físicos y
mentales de la persona se colapsan.
La tercera comienza en el instante mismo en que la mente se separa del cuerpo.
La cuarta y última transición es la del renacimiento.
La tradición budista sostiene que la muerte es una realidad que debemos contemplar
para poder vivir nuestra vida con integridad.

Hinduismo

La muerte consiste en la unión del alma individual con el alma Universal, por lo
que se cree que en la muerte se pasa no a otra vida como la que conocemos en la Tierra,
sino a otra forma de existencia, que es esencialmente espiritual y aún desconocida, una
forma distinta de existencia basada en la unión con el "Absoluto" o Principio Supremo.
A su vez la enseñanza hindú habla sobre la muerte, ésta se considera cuando el alma
abandona el cuerpo para poder reencarnarse en otro ser viviente dependiendo de su

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Master. Intervención en calidad de vida de Personas Mayores. Lucía Santamaría Vallejo.

karma. Tal como el alma en el propio cuerpo pasa continuamente, de la niñez a la


juventud y luego a la vejez, de modo similar el alma pasa a otro cuerpo cuando
sobreviene la muerte.

Por todo lo anterior deducimos que en el ser humano siempre ha existido una
necesidad psicológica por pensar que no todo se acaba con la muerte, que hay algo más
allá después de la vida. Observamos que hay una gran diversidad de creencias al
respecto, éstas no sólo varían según la religión, pues, como ya se ha comentado,
dependen principalmente de la edad, (nivel de desarrollo) y de la cultura a la que se
pertenece y al mismo tiempo de las diferencias individuales, es decir, de la imaginación
de cada individuo. A un mayor nivel de desarrollo no sólo aumenta la diversidad de
creencias, sino también su complejidad, abstracción y la necesidad de cuestionar
algunas de ellas.

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Master. Intervención en calidad de vida de Personas Mayores. Lucía Santamaría Vallejo.

ANEXO I.
CARTA DE UN ANCIANO.

Este es el testimonio de Malcolm Cowley, destacado escritor estadounidense quien, a


sus 80 años, decidió hacer algunas reflexiones sobre los cambios que se han presentado
en él.

Es cierto que se ha escrito sobre la vejez, pero pocas veces desde el punto de vista de
un anciano.

No basta con tener amplios conocimientos literarios y basarse en estadísticas y


reportes médicos; hace falta saber qué es lo que se siente al convertirse en una persona
de edad avanzada.

El cumpleaños número 80 es un buen momento para pensar en el futuro no en el


pasado. Las expectativas de la vida se reducen y la entrada a ese nuevo ámbito de la
existencia constituye una experiencia nueva que debe ser aprovechada al máximo.

El nuevo actagenario se siente más fuerte que nunca cuando está sentado en una
confortable silla, medita sueña, recuerda. No quiere que los demás lo interrumpan, le
parece que la vejez es no más un “traje” del que los otros se apropian; la verdad, la
esencia del ser no tiene edad. En un momento se levantará para caminar por el bosque,
llevan una escopeta, o una caña de pescar si es en primavera.

Entonces, sus huesos crujen al ponerse de pie, se encorva para mantener el equilibrio, y
se da cuenta de que no hará nada o solamente un mensaje; “estas viejo”.

En su nuevo papel, el anciano encontrará la tensión de nuevas experiencias, por las


que recibe nuevas compensaciones (no muy ampliamente conocidas) y posiblemente
obtendrá nuevas virtudes, entre las que sobresale la heroica o solamente la obstinada
negativa de rendirse frente al tiempo.

La sociedad ha envejecido a los ojos de los demás y lentamente llega a compartir su


juicio.

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Master. Intervención en calidad de vida de Personas Mayores. Lucía Santamaría Vallejo.

Mi cabello esta más encanecido, debió haber sido en 1974 cuando un joven se levantó y
me ofreció el asiento de autobús de la avenida Madison. Ese mensaje amable y también
desolador.

¿A caso no puedo estar de pie? Pensé, al tiempo que le daba las gracias y rechazaba el
asiento. Pero lo mismo sucedió en dos ocasiones durante el año siguiente, y la segunda
vez agradecido el ofrecimiento, aunque con la sensación de disminuir ante mí mismo.

Pero hay también placeres del cuerpo, o de la mente que disfruta una gran cantidad de
personas mayores.

Estos placeres incluyen cosas que la gente joven encuentra difícil de apreciar. Uno de
ellos es simplemente sentarse quieto como una serpiente sobre una piedra bajo el sol,
con un delicioso sentimiento de indolencia, difícil de conseguir en la juventud. Una
hoja se agita, una nube se mueve en el horizonte. En tales momentos, al anciano,
completamente relajado, se convierte en parte de la naturaleza, una parte viviente con
sangre corriendo por sus venas.

Para algunos, envejecer es una razón para darse por vencido, abandonar toda
esperanza y continuar únicamente existiendo en la tediosa espera del cercano final.

No tengo derecho de culpar a aquellos que se rinden, ya que no me es posible ponerme


en su lugar. Frecuentemente, ellos se ven impedidos por razones de peso, físicas y
morales. No sufren solamente a causa de varias dolencias, sino también por el dolor de
sentir que no tiene nada más por hacer dentro de la comunidad, sus familiares y
vecinos no les piden consejos, ni los escuchan cuando hablan, ni los solicitan si se
requiere ayuda. Yo comprendo sus problemas, pero los hombres y mujeres que envidio
son aquellos que aceptan la vejez como una serie de retos.

Para esta clase de personas, cada una nueva adolescencia es un enemigo al cual se
debe engañar con astucia, es un obstáculos a vencer como fuerza de voluntad.
Disfrutan cada pequeña victoria sobre sí mismos y a veces obtienen un éxito mayor.

Poeta o ama de casa, hombre de negocios o maestros, cada persona de edad avanzada
necesita un proyecto de trabajo si quiere mantenerse viva.

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Master. Intervención en calidad de vida de Personas Mayores. Lucía Santamaría Vallejo.

No obstante los ancianos constituyen la gran fuente de labor no utilizada dentro de la


sociedad que los considera únicamente como consumidores no como productores.

No quiero expresar quejas de la suerte de las personas mayores. Como grupo,


formamos una memoria de desventajas, pero algunos somos mucho más afortunados
que otros. Aunque vamos en el mismo barco, con boletos hacia el mismo destino, no
disfrutamos del mismo "confort" durante el viaje.

Envejecer con dignidad y coraje no es una tarea fácil, no hace falta leer para aprender
que al llegar a los 80 años los horizontes comienzan a estrecharse.

Muchos de los viejos amigos han desaparecido y es difícil encontrar nuevos. Entretener
a los visitantes o ir de visita llega a ser problemático. Poco a poco las personas de
edad avanzada se encierren en si mismas, poco a poco se mantiene ocupados
únicamente por lo que pasa en su imaginación.

Para ellos, este aislamiento en una ocupación apropiada en periodo de vida. Es todavía
su obligación compartir efectos y contribuir con el mundo tanto como sea posible pero
también tiene la tarea de encontrar y reunir las piezas de su personalidad.

Aquellos que han llevado una vida rica en acontecimientos, son recompensados con
gratos recuerdos. Los que han amado tienen mayores posibilidades de ser amados.

La vejez es una búsqueda fascinante por sí misma, y poseer nuestra propia identidad de
la misma manera que el artista posee su obra.

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