Cambio climático: conservar los
bosques tropicales es vital para la
estabilidad del clima y la seguridad
alimentaria | Yvette Sierra Praeli
noviembre 18, 2022
Este artículo fue tomado de la página web Desinformemonos del 14Nov2022
por Yvette Sierra Praeli
Periodista de investigación
Mongabay Latam, Perú
Cuando se piensa en los bosques y su relación con el cambio
climático, lo primero que se toma en cuenta es su función para
absorber o eliminar carbono, pero cada vez se suman nuevos
estudios científicos que ponen sobre la mesa más argumentos que
abonan a la urgencia de conservar estos ecosistemas. Una reciente
investigación, por ejemplo, muestra cómo los bosques tropicales
además de ser vitales para lograr el equilibrio del clima, también son
un eslabón importante para los ciclos de lluvia y, por lo tanto, para
la agricultura.
El estudio No solo carbono, capturando todos los beneficios de los
bosques para estabilizar el clima desde la escala local a la global (Not
just carbon, capturing all the benefits of forests for stabilizing the
climate from local to global scales), publicado en octubre de 2022 por
World Resources Institute (WRI) y Climate Focus concluye que,
además del carbono, se debe tomar en cuenta otras funciones que
tienen los bosques tropicales que contribuyen a mantener el equilibrio
climático.
Los científicos Frances Seymour, Michael Wolosin y Erin Gray,
autores de la investigación, analizan cuatro formas de interacción
entre los bosques tropicales y la atmósfera que aportarían al
enfriamiento global hasta 50 % más de lo que ofrece solo el ciclo
del carbono.
Deforestación en la Amazonía colombiana. Foto: James Bargent.
¿Por qué importan los bosques?
«Durante mucho tiempo se ha reconocido ampliamente que los
bosques tienen muchos valores y beneficios además del carbono,
como los productos forestales no maderables o la regulación de las
aguas superficiales; pero nuestro enfoque está particularmente en las
interacciones con la atmósfera y, por lo tanto, los impactos en la
estabilidad climática», señala Frances Seymour, coautora del
estudio, investigadora principal del Programa de Bosques de WRI y
una de las principales autoridades mundiales en desarrollo sostenible.
Seymor destaca el aporte de los bosques tropicales al enfriamiento
global y asegura que la conclusión principal de su estudio es que
«los bosques tropicales son mucho más importantes de lo que
pensábamos para el enfriamiento global».
Una de las cuatro interacciones entre los bosques y la atmósfera que
se abordan en el estudio es el efecto albedo, es decir, la cantidad de
luz solar que se refleja en la atmósfera desde una superficie en
particular. De acuerdo con este efecto, las superficies de colores
claros devuelven una gran parte de la energía del sol a la atmósfera y
pueden tener un efecto refrescante; mientras que las oscuras
absorben los rayos del sol y mantienen el calor.
El dosel de árboles de color verde oscuro generalmente absorbe más energía que una zona
cubierta de nieva. Foto: Diego Pérez / SPDA.
En el caso de los bosques tropicales, el dosel de árboles de color
verde oscuro generalmente absorbe más energía que, por ejemplo,
una zona cubierta de nieve, de tal forma que el aire se calienta a
medida que las hojas liberan ese calor. Ante esto, la pregunta es:
¿por qué el efecto albedo en los bosques tropicales puede contribuir al
enfriamiento del planeta si lo que origina es más calor? La respuesta
se encuentra cuando se analizan otras funciones del bosque como la
evapotranspiración, la rugosidad de la superficie de los árboles y los
aerosoles que liberan estos ecosistemas.
La evapotranspiración —se explica en el estudio— se refiere a la
liberación de humedad en el aire que generan los árboles a través de
sus hojas y que produce un efecto refrescante, «como aire
acondicionado natural, enfriando la superficie de la Tierra y el aire
cercano a esta superficie».
La deforestación en una zona de bosque puede ocasionar sequía a varios kilómetros de
distancia. Foto: Ricardo Tiddi.
En cuanto a la rugosidad o irregularidad del dosel de un bosque, la
investigación precisa que esta función afecta la velocidad del viento
y la turbulencia, de tal forma que ayuda a alejar el calor y la humedad
de la superficie de la Tierra, proporcionando un efecto refrescante.
Por último, los aerosoles, es decir, esas partículas diminutas
liberadas por los bosques —como el polen o compuestos químicos
que le dan a los árboles su aroma característico— interactúan con la
atmósfera de formas complejas al punto que pueden cambiar las
concentraciones de ozono y nitrato y afectar el color de las nubes.
«La comprensión de que estos procesos están ocurriendo y que son
importantes no es nueva. De hecho, el efecto del albedo en la
reflectividad de los bosques se mencionó en el primer informe del
IPCC [Panel Intergubernamental del Cambio Climático] antes de que
se mencionara el efecto del carbono de los bosques, pero nuestra
capacidad para reducir la incertidumbre en torno a cada uno de estos
efectos ha mejorado lo suficiente como para poder sumarlos, y
también ha mejorado la capacidad para compararlos con el efecto del
carbono», explica Michael Wolosin, coautor del estudio, experto en
políticas sobre la reducción de emisiones de la deforestación global y
director general de la Hoja de Ruta para las Soluciones Climáticas
Naturales de Conservación Internacional (CI).
“La estimación del 50% es esencialmente un enfriamiento ‘bonificado’
por encima de cualquier cantidad de emisiones de CO2 que hayan
sido evitadas por la deforestación. Entonces, para cualquier cantidad
de enfriamiento que se obtenga por evitar las emisiones de CO2 en
los bosques, se agregaría otro 50% de enfriamiento adicional como
resultado de las otras funciones de los bosques más allá del ciclo del
carbono”, explica Wolosin.
Deforestación en el Resguardo Indígena Nukak en Guaviare, en Colombia.
Foto: ©FCDS.
Wolosin da un ejemplo: “Si conseguimos 2.8 Gt/año (gigatoneladas
por año) de emisiones de CO2 evitadas por deforestación tropical,
obtendríamos otro 50 % extra de bonificación por efectos no
relacionados con el CO2 equivalente al enfriamiento de otros 1.4 Gt
CO2 de emisiones evitadas”.
El experto de Conservación internacional considera que es momento
de llevar este tema a la mesa de negociaciones sobre el cambio
climático y el calentamiento global que actualmente se discute en
la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático
2022 (COP 27), que se realiza en Sharm El Sheikh, Egipto.
“Estaremos allí y hablaremos sobre este informe. Creo que es una
oportunidad ahora que el mundo se centra en el clima y en sus
impactos. Esperamos llamar realmente la atención sobre los servicios
que los bosques brindan a las personas”.
El impacto en la agricultura
El estudio también aborda los efectos de la deforestación en los
patrones de la lluvia y en la temperatura de una determinada
localidad. Por ejemplo, las grandes extensiones de bosques, como la
Amazonía, reciclan la humedad de la atmósfera para luego
transformarla en lluvia que los árboles liberan a través de la
evapotranspiración. Sin embargo –explica el documento– cuando
ocurre deforestación a gran escala este ciclo se interrumpe,
incrementando las sequías incluso a cientos de kilómetros de distancia
del lugar en donde se ha perdido el bosque.
Las variaciones en las lluvias y la temperatura afectan los cultivos. Foto:
Christian Ugarte
“Los investigadores estiman que los bosques de Brasil proporcionan
entre el 13 % y el 32 % de la precipitación anual en Bolivia, Paraguay,
Uruguay y Argentina. Por tanto, la deforestación en Brasil puede ser
uno de los principales contribuyentes a la sequía en los otros países”,
se indica en la investigación.
Seymour señala que si se continúa destruyendo la selva amazónica, el
riesgo de interrupción de las lluvias será mayor, no solo dentro de la
región, sino en las áreas distantes a ella. Además, la experta señala
que se debe tener en cuenta cómo ésto afectará a la agricultura.
La investigadora menciona que uno de los cambios que ocurren en las
precipitaciones, como consecuencia de la deforestación, es el
acortamiento de la temporada de lluvias. “Una de las grandes razones
por las que Brasil, por ejemplo, ha sido una potencia agrícola es que
tiene una temporada de lluvias larga, lo que ha permitido una doble
cosecha por año. Sin embargo, si se acorta esa temporada de lluvias
ya no habrá doble cultivo y eso tendría un gran impacto en el sector
agrícola”.
La deforestación tiene otros efectos en el clima. En la investigación
se advierte que los efectos más preocupantes se encuentran en los
trópicos, «donde las altas temperaturas hacen que cualquier
calentamiento adicional sea especialmente riesgoso”. Así, el
documento precisa —basándose en estudios previos— que cuando
los bosques tropicales se convierten en tierras de cultivo, las
temperaturas máximas durante el día pueden aumentar en más de 7
grados centígrados. “Estos aumentos están afectando la productividad
de los cultivos y exponiendo a las personas a una mayor morbilidad y
mortalidad debido al estrés por calor”, se precisa en el documento.
El cambio en l temporada de lluvias afectan los cultivos. Foto: Programa
Mundial de Alimentos / Carlos Alonzo.
Seymour menciona un estudio que mostró cómo el incremento de la
temperatura afectó los cultivos de soya en Brasil. “Lo que se detectó
fue un efecto de la temperatura hasta a 50 kilómetros de distancia,
entonces, con el aumento de la deforestación, las temperaturas
extremas aumentan y afectan el rendimiento de los cultivos, así
que definitivamente es una amenaza para la agricultura en la región”,
agrega.
Estos cambios no solo provocan cambios en el medio ambiente,
también en la seguridad alimentaria y en la salud de las personas,
advierte la experta de WRI. “Cuando se trata de la salud humana o los
cultivos, son los extremos los que son importantes. La pérdida de los
cultivos o la imposibilidad de trabajar bajo el sol por el calor extremo
son algunas de las implicaciones para las personas que presentamos
en nuestro informe”.
Los trabajadores rurales en los trópicos son algunas de las
personas más pobres y vulnerables en el planeta —agrega
Seymour— y ellos estarán directa e inmediatamente afectados por los
aumentos de temperatura, debido a la pérdida de bosques. “Estamos
exacerbando sistemáticamente las desigualdades existentes. No es
justo. Para tener una política climática más justa, debemos tener en
cuenta estos impactos”, precisa.
Michael Wolosin menciona que se puede suponer que habrá impactos
incluso en áreas tropicales secas, porque en esos lugares ya hace
mucho calor, por tanto, si se da una ligero aumento en las
temperaturas, los riesgos a sobrepasar los límites de calor son
mayores. “Podemos decir que las comunidades alrededor de la
deforestación en los trópicos van a enfrentar estos impactos, pero se
necesita más investigación para estimar la magnitud de los efectos y
comprender cómo afectará a los diferentes cultivos en todo el mundo”.
Los investigadores esperan que estos temas se incluyan en las negociaciones
que se realizan en la COP27. Foto: Futuro 360.
Por eso, Wolosin considera que se debe incluir a la agricultura en la
conversación sobre la protección de los bosques. “Creo que la idea es
que esto podría cambiar la política de la conversación sobre el uso
óptimo de la tierra, y en lugar de pensar en agricultura versus
bosques debemos hablar de agricultura y bosques, porque la
agricultura depende de mantener la cubierta forestal”.
Para Seymour, además, es injusto si no se toman en cuenta todas las
funciones de los bosques en la política climática global. “Estamos
recompensando a los países por su acción climática basados solo en
la contabilidad del carbono, pero los países tropicales se quedan
cortos porque subestimamos sistemáticamente el valor de su
esfuerzos para proteger los bosques. En realidad deberíamos pagar
más por proteger los bosques tropicales”.