LA CUCARACHA COMELONA
A una cocina sucia y descuidada con restos de dulces y hasta de
carne asada, un día llegó muy burlona una cucaracha comelona.
Y con paso veloz saboreó un plato de arroz. Por la estufa se
apresura y salta al bote de basura.
¡Qué banquete delicioso! ¡Por aquí hay un chicloso!
En la cocina sigue buscando y hasta la mesa llega volando.
¡Y se encuentra un piloncillo y un sabroso jamoncillo!
La cucaracha tanto comió, que una indigestión le dio.
Pero un té de manzanilla se receta la muy pilla. Y a la cocina
regresa por un helado de fresa.
¿QUÉ LE PASO A MARÍA?
Un día María amaneció de mal humor, le dolía la cabeza, no quería comer,
no quería jugar y tampoco quería ir a la escuela.
Entonces, como María no quería comer, empezó a adelgazar.
Los papás de María pensaron que estaba enferma, porque María estaba de
mal humor, no quería comer, no quería ir a la escuela y no quería jugar.
Entonces los papás de María la llevaron con el doctor y el doctor dijo que
María tenía lombrices.
El doctor explicó que a veces tenemos lombrices porque no nos lavamos las
manos antes de comer.
Para que a María se le quitaran las lombrices, el médico le dio unas
medicinas.
María se tomó las medicinas y después de una semana María ya se sentía
mejor.
El médico se alegró mucho de que María ya no tuviera lombrices y le dijo
que ya estaba curada.
También le dijo que se tenía que lavar las manos muy bien antes de comer.
María ya se había curado.
RICITOS DE ORO Y LOS TRES OSOS
Había una vez tres osos que vivían en el bosque: papá oso, mamá osa y el
pequeño osito.
Un día Ricitos de Oro se perdió en el bosque y descubrió la casa donde
vivían los tres osos. Cuando los osos no estaban, Ricitos de Oro entró a la
casa.
Ricitos de Oro probó la sopa del plato grande. —¡Ay! —gritó—. Esta sopa
está muy caliente.
Ricitos de Oro probó la sopa del plato mediano. —¡Brrr! Esta sopa está
helada.
Ricitos de Oro probó la sopa del plato pequeño. —¡Mmm! Esta sopa está
deliciosa y se la comió toda. Después de comer, Ricitos de Oro quiso dormir
un poco.
Se acostó en la cama grande y dijo: — ¡Está durísima!
Entonces se acostó en la cama mediana y dijo: —¡Está muy blanda!
Por último, se acostó en la cama pequeña. Era tan cómoda
Los osos regresaron a su casa. Papá oso dijo: —¡Alguien ha probado mi
sopa!
Mamá osa dijo: —¡Alguien ha probado mi sopa también!
El osito dijo: —¡Alguien se ha comido toda mi sopa!
Los tres osos, tristes y hambrientos, decidieron irse a la cama.
Papá oso dijo: —¡Alguien ha dormido en mi cama!
Mamá osa dijo: —¡Alguien ha dormido en mi cama también!
El osito gritó: —¡Alguien está durmiendo en mi cama!
Ricitos de Oro despertó. Al ver a los osos saltó de la cama y salió corriendo
sin parar.
UN HUEVO SALTARIN
Una vez una gallina encontró un huevo grandote en su nido. De pronto, el
huevo desapareció.
Al poco tiempo, una pata le dijo a la gallina: —Encontré un huevo grandote
en mi nido y no sé de quién es.
Otro día, llegó una pava diciendo: —¿Quién habrá puesto un huevo
grandote en mi nido? Nadie sabía de dónde había llegado aquel huevo que
saltaba de nido en nido.
Pasó el tiempo, y una mañana nacieron los pollitos en el nido de la gallina.
Los patitos nacieron en el nido de la pata.
Los pavitos nacieron en el nido de la pava.
Y del travieso huevo saltarín... ¡Nació un avestruz!
NO OIGO, NO OIGO, SOY DE PALO.
Luisito era un niño muy enojón. Por todo se enojaba.
Pero cuando más se enojaba era cuando le pedían hacer mandados, dar
recados o cuidar a sus hermanitos.
Cuando le hablaban, Luisito se tapaba las orejas y decía:—No oigo, no oigo:
soy de palo. Y con eso se hacía el tonto.
Luisito se enojaba tanto que pensaba: —Ojalá que ya nadie me hablara.
Y un día, Luisito amaneció con mucha fiebre. Le dolían mucho los oídos y no
podía oír lo que decían los demás. Prendió el televisor para ver a los
artistas, pero no pudo oír nada. Entonces se preocupó mucho.
Vino el doctor a verlo y le recetó gotas y pastillas. Luisito duró ocho días sin
oír nada.
Luisito estaba muy triste porque estaba enfermo.
No podía salir a jugar y no podía oír a los demás.
A los ocho días Luisito se alivió. Luisito estaba muy contento.
Y desde ese día, nunca volvió a decir: —No oigo, no oigo: soy de palo.
EL PASTORCITO MENTIROSO
Había una vez un pastor muy bromista y mentiroso. Todos los días, cuando
regresaba a su casa, después de haber llevado a pastar a su rebaño, entraba
corriendo en el pueblo gritando:
- ¡Viene el lobo! ¡Viene el lobo!
Al oír los gritos, todos los habitantes se metían en sus casas muertos de
miedo. Y allí encerrados se quedaban hasta que oían de nuevo al pastor:
- ¡Ja, ja, ja! ¡No es verdad! ¡Sólo era una broma! ¡Tontos!
Y todos los días los habitantes del pueblo miraban malhumorados al pastor
que siempre se alejaba riéndose. Todos los días… Hasta que… ¿Sabes qué
pasó? Un día, como tantos otros, el pastor volvió corriendo al pueblo.
Gritaba tanto o más que en otras ocasiones:
- ¡Viene el lobo! ¡Viene el lobo!
Pero esta vez corría más deprisa de lo normal y gritaba también más fuerte
de lo normal… Sin embargo, los vecinos del pueblo no le hicieron ni caso,
hartos ya de que el pastor les hubiera engañado tantas veces…
Y ¿Sabes cómo terminó todo? ¡Claro! Esta vez sí que fue verdad que venía
el lobo. Y como nadie del pueblo le hizo caso, el pastor se quedó sin ovejas,
pues el lobo se las comió todas
LA LUNA, MI RECUERDO Y YO
Cuando yo era niña,
la luna aparecía
Yo le hacía una seña,
Entonces me sonreía
Ella me veía reír
Y corria a mi lado.
Yo la veía sonreír
y corría a su lado.
Jugábamos juntas…
Como me sentía feliz
al ver a la luna
mis pasos seguir.
Entonces pensaba:
la luna me quiere
y acompaña
cada vez que se mueve
Hoy, feliz me siento,
por seguir recordando
que, cuando yo era niña
¡La acompañaba jugando¡
LOS TRES CABRITOS Y EL OGRO TRAGON
Había una vez tres cabritos que vivían en un verde pastizal
Un día el pastizal comenzó a secarse y los cabritos tuvieron que irse al otro
lado del río.
Pero debajo del puente vivía Mazodientes, un ogro tragón. Así que los
cabritos hicieron un plan para poder cruzar.
Primero fue el cabrito chico. Al verlo, el ogro gritó: —¡Qué rica cena voy a
tener! ¡Te voy a comer! Y el cabrito contestó: —No te apures, soy tan chico
que no alcanzo ni para taparte una muela. Espera a mi hermano, que es
más grande que yo.
El ogro esperó al siguiente cabrito y cuando lo vio gritó: —¡Uy, qué rica
cena voy a tener! ¡Te voy a comer! —No pierdas tu tiempo —dijo el cabrito
mediano—. Atrás viene mi hermano, que es más gordo, sabroso y jugoso
que yo.
El ogro decidió esperar. Cuando vio al mayor de los cabritos, sus ojos
brillaron y gritó:—¡Pero qué banquete me voy a dar!
—Si me quieres comer, deja tu mazo y sube a pelear —contestó el cabrito.
Mazodientes dejó su mazo y subió al puente.
Entonces el cabrito corrió y le dio un golpe tan fuerte que Mazodientes
cayóal río y se lo llevó la corriente.
—¡Eso les pasa a los avorazados! —le gritó el cabrito grande.