Del saber y del amor
del inconsciente
Of the knowledge and love of the unconscious
Silvia Kargodorian
Psicoanalista. Buenos Aires Argentina
[email protected]
DOI: https://doi.org/10.15366/bp2023.32.009
Bajo Palabra. II Época. Nº32. Pgs: 171-184
Recibido: 18/11/2021
Aprobado: 20/06/2022
Resumen Abstract
Para Jacques Lacan (1901-1981) el For Jacques Lacan (1901-1981) the
inconsciente opera, como el lengua- unconscious operates, like language, by
je, mediante metáforas o metonimias. means of metaphors or metonymies.
Esto quiere decir que un significante (la This means that a signifier (the word de-
palabra que designa a una persona, un signating a person, an object, a relation,
objeto, una relación, un síntoma, etc.) a symptom, etc.) is replaced by ano-
se sustituye por otro con el cual guarda ther with which it bears some kind of
algún tipo de relación (por ejemplo, de relation (for example, of resemblance).
semejanza). Desde una perspectiva psi- From a psychoanalytic perspective, con-
coanalítica, se abordan contribuciones y tributions and debates from philosophy,
debates desde la filosofía, la clínica psi- the psychoanalytic clinic, the legibility
coanalítica, la legibilidad de un discurso of a discourse as a social link founded
como un vínculo social fundado en la on intersubjectivity and finally the em-
intersubjetividad y por último el énfasis phasis on the political question, central
en la cuestión política punto central de point of reflection of our research, are
reflexión de nuestra investigación. approached
Palabras clave: Jacques Lacan; Psicoa- Keywords: Jacques Lacan; Psychoanaly-
nálisis; Inconsciente; Amor, Filosofia. sis; Unconscious; Love, Philosophy.
172 —
Introducción
Jamás ha sido tan imprevisible nuestro futuro,
jamás hemos dependido tanto de las fuerzas políticas,
fuerzas que padecen pura insania y en las que no
puede confiarse si se atiene uno al sentido común y
al propio interés.
(Hannah Arendt, “Los orígenes del totalitarismo”)
A Francis Ponge a principios de los años 50 le encargan un libro sobre François
Malherbe (1555-1628), un poeta clásico y en este libro encontramos el término
“réson”, esto que llamo Ponge “surrealismo” de la razón. Más tarde aparece en la
obra de Lacan en “Función y campo de la palabra” en 1966, aquí en una nota que
agrega al final de un escrito en el apartado llamado “las resonancias de la interpreta-
ción y el tiempo del sujeto en la teoría psicoanalítica” y luego nuevamente lo utiliza
en “Hablo a las paredes”… Lacan usa el término “réson” y evoca un poema:
«Entre el hombre y la mujer, hay amor. Entre el hombre y el amor, hay un mundo.
Entre el hombre y el mundo, hay un muro». Antoine Tunal.
¿Y qué tiene que ver esto con el interrogante que nos convoca hoy? …¿Hay un
inconsciente político?.
Lacan entonces, intenta tomar y atrapar ese espacio, un sitio, donde interpreta-
ción y síntoma se encuentran; y por ende uno puede incidir en el otro. Así es como
toma réson, de Francis Ponge.
“Réson” es un neologismo que condensa una zona entre cuerpo y discurso. Ré-
son es un “entre”, “resonancia y razón”. Abre un espacio, un sitio entre cuerpo y
discurso, entre palabra y goce. El goce del cuerpo hace punto contra el inconscien-
te. Jacques Lacan plantea el discurso como algo estructural, fundado en la estruc-
tura del lenguaje.
En tanto, decir que el inconsciente está estructurado como un lenguaje supone
que tiene una estructura, que no es un flujo indiscernible, que tiene al igual que el
lenguaje, elementos que forman un sistema, que son ubicables y donde es posible
distinguir el significante y el significado. La palabra es por su lado, diacrónica e
individual, marcada siempre por el diálogo, es la palabra dirigida al Otro (Miller,
2012).
— 173
Ernesto Laclau, observa que para que el lenguaje se constituya en un sistema
de significación a partir de las diferencias, es menester establecer un límite, un
heterogéneo radical que deviene en otra diferencia. Encontramos de esta manera,
que el cierre de lo social no es posible y que no hay universo de representación. Las
demandas son significación de una necesidad y además implican demandas de reco-
nocimiento, de identidad y de inscripción en la comunidad. Ya sabemos que como
las demandas siempre se dirigen al Otro (el campo del lenguaje) y al otro semejante
siempre suponen la dimensión relacional, “el entre” (Merlin, 2015).
El discurso es un aparato que no tiene nada de impuesto, como se diría de cierta
perspectiva, nada de abstracto respecto a ninguna realidad. Por el contrario, nos
animamos a decir que es lo que funciona como realidad (...).La realidad no es una
totalidad. Se produce una fractura constitutiva de la realidad. ¿Qué sucede con los
actores de esa realidad?.
En el Seminario XVII, “El reverso del psicoanálisis”; Lacan plantea lo que él
llama legibilidad de un discurso, lo que encontramos allí es el significante amo.
En la teoría de los cuatro discursos, presentada en “Radiofonía”, es donde Lacan
empieza a utilizar el concepto de “discurso”, como un vínculo social fundado en la
intersubjetividad y además para hacer hincapié en la naturaleza transindividual del
lenguaje, el habla siempre implica otro tema.
Por otro lado aparece la cuestión política, a la de la dominación; es decir, al
discurso del Otro como discurso del amo. Este discurso es concebido en orden a la
dialéctica hegeliana del amo y el esclavo: el amo pone al esclavo a trabajar, se apode-
ra del exceso de goce y al mismo tiempo mantiene en el esclavo la esperanza de una
supresión posible de la separación. Esta centralidad de lo político en el psicoanálisis
vuelve a mostrarse en el significante fálico, así como en la tríada fundamental: Sim-
bólico, Real e Imaginario (Clero, 2003).
Jacques Lacan en 1957 había indicado esta captación de lo político en el orden
del intercambio y del significante fálico: “En todos los casos, incluso en las socie-
dades matriarcales, el poder político es androcéntrico.” El “contexto político” o
“el orden del poder” es referido al “orden del significante, donde el cetro y el falo
se confunden” (Lacan, 1994 p.194). Encontramos en este texto, a Lacan que evo-
caba “anomalías muy extrañas en los intercambios, modificaciones, excepciones,
paradojas, que aparecen en las leyes del intercambio en el plano de las estructuras
elementales del parentesco” (Assoun, 2004 p.25).
Supimos que Lacan pensó en la década de 1960, poco antes de estallar los aconte-
cimientos de Mayo del 68’, los rasgos del discurso del amo cuya necesidad estructural
se fue extendiendo en las décadas siguientes, este discurso se tornó particularmente
vil, pues el dominio muy comprometido; ya a causa de un utilitarismo que venía
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triunfando desde hacía casi dos siglos, pero codiciado no obstante con similar ahínco,
pasó a ser el objetivo de una lamentable demagogia; el amo, en efecto, no pretendía en
absoluto asumir el dominio sino sólo ocupar el lugar de amo, fingiendo hacer de este
modo, tras escuchar a los dominados, aquello que estos esperan de él (Clero, 2003).
En la verdadera dialéctica del discurso del amo vemos que se sitúa en el plano de
la identificación. El tirano y el esclavo comparten una misma ordenación subjetiva:
los apetitos son primeros con respecto a la razón. El tirano es el que es sometido al
despotismo de sus propios deseos, gobierna injustamente. La esclavitud comienza
entonces tomando una parcela, a veces todo el terreno del pathos y la obediencia
que organiza políticamente la polis, y puede ser dilucidada.
Partiendo que hallamos distintos fenómenos sociales o síntomas contemporá-
neos que nos servirán para ver las manifestaciones del sujeto. ¿Cómo? : Interpretar
al sujeto de lo colectivo. Jacques Lacan tomó de Freud una cita que aplica a estas
cuestiones “La psicología individual es simultáneamente psicología social” (Freud,
1921) estableciendo de esta manera un lugar de paridad entre el sujeto de lo indivi-
dual y el sujeto de lo colectivo y continuará con esta línea en un escrito de Mayo del
1967 titulado “Lituratierra” donde aparece: “El síntoma instituye el orden en que se
revela nuestra práctica, lo que implica que todo lo que se articula de este orden sea
posible de interpretación” (Lacan, 2012 p. 16).
Podemos conjeturar que Lacan refería a la política de la cura, y nos cabe aplicar
también a los hechos sociales que hoy nos atraviesan, a la lectura de los síntomas
que aquejan a nuestro mundo. ¿Qué hay de ese amo en su discurso? ¿Qué escucha-
mos de él? ¿Cuál es la interpretación que hacemos? Si el psicoanálisis tiene relación
con la reivindicación de los derechos de los sujetos, se pude observar que ser escu-
chado es reconocido por el otro como un bien. En otros ámbitos, lo causal de ello
es que se privilegia la escucha pero borrando toda interpretación “entre” lo que se
dice, y lo que se quiera oír/escuchar.
Félix Rueda (2021) nos trae que la intencionalidad de que se diga bien, como
una voluntad que se hable de manera amable. Se produce como una pretensión de
borrar el mal del discurso, que el goce desaparezca del campo del Otro, como dice:
(Villanueva, 2021 p.1) “modificar el lenguaje nunca erradicará la maldad”.
Encontramos además al discurso capitalista, que se acerca al discurso del amo, y
este “quinto discurso” que se pronuncia sin un legado histórico ni herencia simbólica.
Destacamos a Jorge Alemán, donde refiere que este discurso elimina la distancia en-
tre el sujeto y la verdad, el saber y la producción, lo que él llama una metamorfosis en
red, que no solo opera por coerción y disciplinamiento institucional entre otros, sino
que busca instaurar una nueva subjetividad dócil y apegada a su ilimitado deseo de
perdurar. Entonces, produce una trama simbólica invisible que funciona de ese modo
— 175
naturalizando las ideas dominantes y escondiendo su acto de imposición. El poder
neoliberal se disimula como consenso, disfraza su ideología como “fin de la ideología”
y necesita de la aceptación cómplice por parte de los sujetos (Alemán, 2019).
El inconsciente es la política
El inconsciente es la política porque es lo que liga y opone a los hombres, bajo la
forma de la aceptación y del rechazo. La política supone el intercambio que concierne
a una relación. El inconsciente es la política, y podemos inferir; y la política es a la esté-
tica. La estética es la rama de la filosofía que se dedica a estudiar la belleza. Los filósofos
no han construido el material de su ciencia sobre la reflexión, primero han tomado a la
percepción. Entonces podríamos pensar en la percepción del síntoma (Dufour,2007).
Esta cuestión de la percepción nos hace conocer algo sumamente importante,
es saber que, dondequiera, para sostener tal o cual figura del Otro se requirieron
textos, relatos, representaciones, dogmas, gramáticas, saberes –es decir, una cultu-
ra–, que permitieron sostener esas figuras del Otro a través de las cuales el sujeto
podía ser sometido, es decir, producido como tal; para gobernar sus modos, modos
evidentemente diferentes aquí y allá, de trabajar, de hablar, de creer, de pensar,
de habitar, de comer, de cantar, de contar, de amar, de morir. Hallamos lo que
llamamos educación nunca es más que lo que ha sido institucionalmente instalado
respecto al tipo de sumisión que ha de inducirse para producir sujetos. Entonces,
esta forma, esta figura del Otro, se sostiene, se construye, esencialmente, en y por el
arte: relato, representación, iconografía, imagen, etc. Nos anoticiamos que el sujeto
es el sujeto del Otro, lo cual tomamos una relación directa con esto: el deseo es el
deseo del Otro (Dufour, 2007).
Intentamos bucear que lo inconsciente psíquico nunca está en soledad, nunca
se cierra sobre sí mismo sino que es inmediatamente función del Otro, es decir,
función del discurso que lo identifica: “Lo inconsciente es una relación o algo que
se produce dentro de una relación”(Clero, 2003 p.128).
Por otro lado, cuando hablamos de política, la única política es la política del
síntoma. La percepción de ese síntoma. El síntoma pues, es lo que hace lazo. Para
Lacan el síntoma es sinónimo de falta por eso hace de intercambio. El síntoma
está estructurado del lenguaje con lo cual podemos conjeturar que el inconsciente
es político en la estructura del síntoma. Aparece entonces el reconocimiento de lo
inconsciente como factor determinante del hacer y sentir de los sujetos. Se produce
entonces un tratamiento del deseo, que dará como apertura a la alteridad y su orga-
nización; condiciona la gestión política de la intersubjetividad y perfila lo que será
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la asignación de roles en la polis. La noción de síntoma ha sido introducida mucho
antes que Freud por Marx, como signo de lo que no anda en lo real.
Lacan decía que si somos capaces de operar sobre el síntoma es porque el sín-
toma entonces, es el efecto de lo simbólico en lo real. En el discurso político, el
psicoanálisis permite la discusión de goce. Tomando este punto, son todos los
acontecimientos del discurso, como la historia, los hechos sociales y políticos. La
historia nos permite entrever un orden causal que no ubica los acontecimientos
como avances y retrocesos en virtud de algún ideal. En este sitio hallamos a nivel de
los goces, en que el psicoanálisis ciñe que el sujeto no revela progresos y que estos
ideales no garantizan su destino.
El inconsciente es la política, en el cual Lacan instituye el inconsciente freudiano
por el término “parlêtre” en su abordaje del lenguaje. Las palabras son el cuerpo
a partir de la inscripción sobre el cuerpo, a partir del acontecimiento del cuerpo.
Vemos, que el cuerpo del ser hablante se viene a oponer siempre al cuerpo del su-
jeto. Habla, ratifica el discurso, critica, da testimonio, y por medio de él favorece
la apertura al lazo social que viene a inscribirse sobre el cuerpo. El sujeto tiende así
a hacerse propietario de su propia potencia -vale decir de su inconsciente, de su
deseo- y a hacerse causa eficiente de sus ideas y de las acciones de su cuerpo.
Encontramos en una lectura de Spinoza que sostiene “cuanto más apto es un
cuerpo, que los demás para obrar o para padecer muchas cosas a la vez, tanto más
apta es su alma que las demás para percibir muchas cosas a la vez; y que cuanto más
dependen las acciones de un cuerpo de ese solo cuerpo, y cuanto menos cooperan
otros cuerpos con él en la acción, tanto más apta es su alma para entender distinta-
mente” (Spinoza, 2004 p.129).
Para Artaud y Marx parecería que la vida era inseparable del síntoma. Hallamos
en el prólogo de los “Hijos de la noche” un trabajo del filósofo Santiago López
Petit, en donde dice “Queda Marx. Un Marx leído vía Artaud, capaz de tomar
como punto de partida un agobio existencial que parece neutralizarse sin provocar
efectos públicos, aunque el sufrimiento persista. El malestar que produce la vida es
heredero del potencial radical-crítico del proletariado y esta llamado como aquel en
su momento a experimentar su fuerza. Haciendo del dolor, la base de operaciones
para atacar la realidad” (López Petit, 2015 p.12).Podemos entonces inferir que si el
síntoma es mensaje, desobediencia a veces, puede ser pensado como testimonio de
resistencia, o incluso de revuelta y no siempre de patología.
¿Por qué Lacan decía al final “se trata de que el psicoanálisis sea una práctica sin
valor”? (Lacan, 1975 s/p). En razón a ello, la política del inconsciente no se puede
evaluar, está repleta de contingencias y resón. La verdad de la política, la política
de la verdad.
— 177
El psicoanálisis dice que la verdad del síntoma es la hermana menor del goce,
no solo es pólvora para la unidad con sus eventuales dioses y sus reglas, sino que
es peligro para la filosofía, y para el propio psicoanálisis, cuando se junta con su
hermano el sinthome que hace del fracaso su éxito. ¿Qué es subjetivar una expresión
política?, sino atravesarlo por el inconsciente, la lengua. Una expresión política
actúa como pulsión de muerte para un sujeto. Pensamos entonces, no abandonar el
psicoanálisis al individualismo neoliberal.
Nos encontramos con la definición de Hannah Arendt en relación a la masa y el
pueblo con la política y define una acción política como la palabra en lo público,
la cual convierte a la praxis política en significativa. La política es revelación en el
mundo, aparición que consiste en hacerse visible en lo público, cuya condición es la
palabra. El mundo humano, realidad de palabras delimitada por el espacio común,
tiene lugar en el “entre” en lo que sucede a la política. Espacio que es realización
del lenguaje, a la vez individual y colectiva en tanto necesita del otro. Observamos
como Arendt recupera en lo colectivo la dimensión subjetiva de la política, pues es
en la acción, en el hablar y en el escuchar, donde se juega la política. Por lo tanto
ésta acción, acto de libertad propio de la condición humana, queda ubicado como
un comienzo, no tanto de algo sino de alguien. Pensamiento político y acción plu-
ral entonces siempre remiten a distinción, nunca a mera alteridad ni uniformidad
propia de la masa. Podemos observar que la masa no constituye un lazo social
discursivo, no es una formación política sino que podemos delimitarla como para-
digma de un modelo moral (Merlin, 2015).
Psicoanálisis y Filosofía
Y en cuanto al peligro que corre en “ese decir” la verdad de la filosofía, podemos
ver que la filosofía se consuma, para el existente, en la sociedad. Habiendo sido al
principio tan sólo idea (del mismo modo que lo inconsciente y el psicoanálisis),
la filosofía sólo se consuma realmente al instituir a la sociedad como verdadera y
justa, tal como lo anhela desde el comienzo de la historia. La sociedad se caracte-
riza por el hecho de que en ella cada uno puede, con toda su finitud radical y los
riesgos de violencia consiguientes, advenir a su unicidad de individuo e incluso a
su autonomía de yo. Esta sociedad deja todo su lugar al capitalismo, aunque, es
verdad, imponiéndole los límites políticos que corresponden. Sólo por su gracia
propia, no al sujeto individual sino al sujeto social -aquel que se inscribe en los
diversos discursos fundamentales-, instituye la filosofía de una sociedad semejante
(Juranvielle, 2000).
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Yves Charles Zarka dirá en relación al uso del pensamiento de Jacques Lacan
en el campo de la filosofía política que se trataría de un uso saludable, por cuanto
es preciso que la filosofía política aborde también las cuestiones relativas a la natu-
raleza del deseo, a las razones de los conflictos y a la relatividad de las soluciones.
En este punto el autor pudo observar que en las corrientes contemporáneas en el
campo de la filosofía política han ignorado casi a Lacan y, de manera más general,
los aportes del psicoanálisis. Ahora bien, retomar a la cuestión del deseo, de la pro-
hibición, del goce, del sacrificio, etc., no es en verdad otra cosa que retomar al tipo
de reflexión política propio de Platón, Maquiavelo o Hobbes. Es importante que
“la filosofía política se despierte, de lo contrario; terminará siendo una disciplina
normativa sin carnalidad alguna” (Zarka, 2004 p.12).
Lo inseparable
De esta manera es que el síntoma debiera ser político, cuando circula y hace lazo
con otro, intercambio de faltas y/o saberes, y cuando esto no acontece, mortifica
al sujeto, satisfacción y beneficio al servicio del sufrimiento, engrosando el trauma,
marca originaria, surco imborrable, pero en vez de dejarlo que éste se ahonde y
profundice , trabajo que muy bien sabe hacer el fantasma, más bien habría que
“saber hacer con el síntoma”, savoire y faire, recuperación de goce, para que el
síntoma haga lazo, política de intercambio vía el decir, por medio de la demanda de
un sujeto en un análisis, su aventura, su devenir amén de la sorpresa de un nuevo
acontecer.
Pero el terreno de la política es también de los ideales, estos se constituyen,
caen y se reeditan variando de múltiples formas. Se da que el político opera en un
campo donde es preciso que su propio goce no lo esclavice en demasía a las viejas
formas, ni lo precipite ligeramente a las nuevas. Según (Freud, 1984) el ideal es un
operador simbólico particular y colectivizante que constituye el yo ideal y la masa.
Si por un lado el ideal permite la constitución del yo, por otro produce su caída en
el efecto de masa. Entonces observamos que tal como lo plantea Freud, el jefe y la
masa se fundan en el ideal por un mecanismo del yo y una operación en el objeto,
la identificación.
Debiéramos diferenciar el concepto de política como “shock de la realidad” que
habrá de consolidar el movimiento nacionalsocialista (nazi) en Alemania, articula-
ción dada por Hannah Arendt, a cómo el psicoanálisis piensa al síntoma como lazo
político, que justamente está en las antípodas de la “realidad”, sino más bien habita
en la subjetividad del Uno por Uno, su diversidad que hace a su riqueza.
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La política como ideología es una dimensión humana de trabajo y producción
y entonces, Hannah Arendt piensa que la identidad se confunde con la uniformi-
dad, la mimetización de las masas donde la creatividad del Uno como diversidad,
muy bien se pudo leer; como un acoso punitivo durante el gobierno totalitario de
Hitler y de cualquier demagogo que muy bien supo emularlo en la actualidad, en
la cosmética del enemigo.
Lacan destaca fuertemente este punto a propósito de las víctimas del nazismo
y de los campos de concentración, nombrar nuevas categorías de víctimas forma
parte de los poderes de la biopolítica del estado. Esto remarca que el cuerpo su-
friente no solo es transindividual, sino que también está más allá de la dimensión
psicológica. Pues dice que no alcanza de subrayar que toda víctima participa de su
desgracia, puede permanecer además ajena a ella (Laurent, 2015).
La política según Thomas Hobbes nace de hacer la guerra de los unos contra
los otros justamente por no aceptar y alojar las diferencias, es el odio sin sentido,
imponiéndose lo inhumano en la política justamente por no tolerar la diversidad,
la diferencia de goces, aconteciendo el dominio del superior sobre el inferior, sien-
do el nazismo el nuevo Paradigma del Mal en cuanto llevar a cabo al extremo esa
política de discriminación, matanza y dominio. Entonces, Hannah Arendt muy
bien definirá que “sólo hay libertad en el particular del entre de la política”. En él
entre cómo relación de los unos con los otros y en esa definición nos basamos para
definir al síntoma como político pues promueve al lazo debido a la falta tanto del
uno como del otro, enriqueciéndose de ésta manera el vínculo, el amor y el discurso
compartido entre los seres humanos (Rubin, 2012).
El deseo del Psicoanalista
Vamos a comenzar con un interrogante: ¿Para qué sirve un psicoanálisis, para
qué sirve un psicoanalista? Pregunta no tan fácil de responder, pero para hacerlo po-
dríamos apropiarnos de las palabras de Gershom Sholem en una carta que le envía a
Walter Benjamín donde refiere, dado que hace tiempo que no sabe de él entonces,
dice “parece que los hilos de nuestras atribulaciones epistolares se han escurrido
para ir a caer bajo el imperio de algún demonio del silencio”. Observamos de esta
manera que el silencio da lugar al demonio interior, sus propias articulaciones y
repeticiones obsesivas como el único escenario a la falta de las respuestas de ese otro,
su interlocutor epistolar. Lo mismo podemos decir de un sujeto que si no hace pa-
sar sus rumiaciones, obsesiones y repeticiones imaginarias y ponerlas al decir frente
a ese Otro, su inconsciente puesto fuera llamado psicoanalista, también queda to-
180 —
mado de un silencio ensordecedor comandado por sus demonios que construyen la
escena de su goce y que se satisface y alimenta de él.
Encontramos en el escritor John Berger que nos aporta su idea de huella, surco y
lo saca del concepto de pérdida y sufrimiento dándole otro destino, el de ganancia
para el arte y la creación en una vida más plena. Va a referir: “las huellas no son sólo
lo que queda cuando algo ha desaparecido, sino que también pueden ser las marcas
de un proyecto, de algo que va a revelarse”. Y es justamente en esa orientación que
hacemos del síntoma un camino creativo junto a las huellas inaugurales, más las
aportadas de eso llamado Vida, siguiendo la “intuición” del inconsciente como pri-
mera advertencia abductiva hasta que la propia y única verdad se manifieste como
corroboración de esa primera intuición, que si la oímos habrá de ser la vía regia al
saber del inconsciente.
Entonces, apostamos al deseo del psicoanalista pues hace de causa de su propia
falta, y cuando lo ofrece junto a su generosidad interpretativa apostamos a que el
inconsciente de su analizante junto a su síntoma haga lazo, para que finalmente se
dé a conocer, advenga y que finalmente emerja con ese acto estableciéndose una
comunidad de analizantes que bien estaría en las antípodas de los fenómenos de
grupo, sostenidos por una política de líderes demagógicos y totalitarios al servicio
de sus propios intereses. Entonces, un inconsciente trabajado, develado, advertido
ya; jamás se dejará embaucar por discursos falaces, imaginarios y arteros.
Pudimos observar que siendo así el inconsciente, signo de intercambio en el
amor de transferencia, podemos conjeturar que es político como signo de relación,
de riquezas a compartir, de ganancias en el saber en la conducción de la cura por
ambas partes, analizante y analista, y sin esa política como lazo y descubrimiento,
no habría camino que nos lleve a develar y dar a conocer los enigmas tan bien prote-
gidos del inconsciente, estatuto que hace de síntoma y de trauma en toda neurosis.
Encontramos en Judith Miller cuando nos ofrece sus tan sentidas palabras al
decir que “todo analista tiene dos destinos, o es generoso o es un infatuado”, en-
tendiéndose por infatuado según Lacan, aquel que “cree en su ágalma”. La misma
definición podemos aplicarla a todo sujeto que esté dispuesto a analizarse, o es ge-
neroso entregando su padecer a que el analista sepa hacer con él, o es un infatuado
dado que piensa que todo ya lo sabe y que no tiene nada que poner al decir porque
no hay nada que corregir de su “perfecta infatuación” (Rubin, 2012).
Advertidos que para que haya lazo, vínculo y diálogo, es preciso que la política
de los gobernantes esté basada en el concepto de libertad. Hannah Arendt duda de
que sirva actualmente la política dado que el saldo que nos ha dejado el nazismo
con su política demagógica y totalitaria conduciendo a las masas “a lo Peor” enton-
ces, ella piensa que ese horror no ha finalizado y que la amenaza sigue vigente aún
— 181
por acontecer donde todo líder no democrático brega por imponer sus prejuicios,
su narcisismo y su ganancia política y económica a título personal y no en beneficio
de su nación.
Para concluir, contraponemos a esa forma maliciosa de política el saber del in-
consciente develado, advertido, que no deja de ser político, pues promueva a una
comunidad de analizantes, y que cada cual con su trauma como falla, sin saturacio-
nes infatuadas, sepa hacer con él, lazo mediante y a ello nominamos en las palabras
de Lacan: el inconsciente advertido debe saber hacer con su síntoma particular,
creativo, lo que él nomina: “la única política es la política del síntoma”, máxima
expresión del saber y del amor del inconsciente.
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Zarka, Yves Charles. (2004). “Jacques Lacan, Psicoanálisis y Política”. Editorial
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DOI: https://doi.org/10.15366/bp2023.32.009
Bajo Palabra. II Época. Nº32. Pgs: 171-184
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