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Genealogía del ciberalismo en Silicon Valley

Este documento discute el surgimiento de una nueva forma de gobierno político llamada "ciberalismo" asociada con la hegemonía de Silicon Valley. Analiza sus orígenes en la contracultura californiana del siglo pasado y su actual predominio económico. Argumenta que hay una discontinuidad entre el ciberalismo y el neoliberalismo, y diferencia el ciberalismo de nociones como el tecnoliberalismo y la gobernabilidad algorítmica. El objetivo es establecer un marco teórico crítico que ilumine las

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Genealogía del ciberalismo en Silicon Valley

Este documento discute el surgimiento de una nueva forma de gobierno político llamada "ciberalismo" asociada con la hegemonía de Silicon Valley. Analiza sus orígenes en la contracultura californiana del siglo pasado y su actual predominio económico. Argumenta que hay una discontinuidad entre el ciberalismo y el neoliberalismo, y diferencia el ciberalismo de nociones como el tecnoliberalismo y la gobernabilidad algorítmica. El objetivo es establecer un marco teórico crítico que ilumine las

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El nacimiento del “ciberalismo”.

Una genealogía crítica de la


gubernamentalidad de Silicon Valley
The birth of “cyberalism”. A critique
genealogy of Silicon Valley governmentality

Jesús Ayala-Colqui
Universidad Científica del Sur. Lima, Perú
yayalac@[Link]
Universidad Tecnológica del Perú. Lima, Perú
C24512@[Link]
ORCID: 0000-0002-9059-540

DOI: [Link]
Bajo Palabra. II Época. Nº32. Pgs: 221-254
Recibido: 18/11/2021
Aprobado: 20/06/2022
Abstract Resumen

This paper discusses the emergence of El presente trabajo discute la emer-


a new political governmentality, “cybe- gencia de una nueva gubernamentalidad
ralism” or, in other words, “cyberlibera- política, “el ciberalismo” o, en otros tér-
lism”, associated with the hegemony of minos, “el ciberliberalismo”, asociada a
practices that fetishize and idealize tech- la hegemonía de prácticas que fetichizan
nological development and, at the same e idealizan el desarrollo tecnológico y, al
time, develop new ways of domination mismo tiempo, desarrollan nuevas ma-
and desiring subjection of the subjects. neras de dominación y sujeción deseante
For this, we will study its origin both in de los sujetos. Para esto, estudiaremos
its social practices and in its explicit dis- su origen tanto en sus prácticas sociales
courses, from the Californian counter- como en sus discursos explícitos, desde
culture of the last century to the current la contracultura californiana del siglo
economic hegemony of Silicon Valley. pasado hasta la actual pregnancia econó-
Later, we will argue why there is a dis- mica de Silicon Valley. Posteriormente,
continuity between cyberal governmen- argumentaremos por qué existe una dis-
tality and neoliberal governmentality, as continuidad entre la gubernamentalidad
well as a difference between that concept ciberal y la gubernamentalidad neolibe-
and the notions of technoliberalism and ral, así como una diferencia entre aquel
algorithmic governmentality. Thus, a concepto y las nociones de tecnolibera-
theoretical framework will emerge, in a lismo y gubernamentalidad algorítmica.
kind of critical genealogy of value, that Así emergerá un marco teórico, en una
sheds light on contemporary technologi- suerte de genealogía crítica del valor, que
cal dynamics (related to artificial intelli- eche luces sobre las dinámicas tecnoló-
gence, algorithms, big data, etc.) where gicas contemporáneas (relacionadas a la
the political issue of algorithmic control inteligencia artificial, los algoritmos, los
of subjectivities is connects with the eco- big data, etc.) donde la cuestión política
nomic issue of valorization of capitalist del control algorítmico de las subjetivi-
value. dades se conecta con la cuestión econó-
mica de valorización del valor capitalista.

Keywords: cyber-liberalism, cyberalism, Palabras clave: ciber-liberalismo, cibe-


gig economy, platform capitalism, informa- ralismo, gig economy, capitalismo de plata-
tional capitalism. formas, capitalismo informacional.

222 —
Introducción

De pronto forma parte del vocabulario común hablar de actualizar, innovar,


resetear, ser flexibles, devenir disruptivos. Que el hardware y el software, que la
versión 2.0, que lo último. Si hay algún problema en la sociedad este no tardará en
solucionarse merced a la innovación y el progreso tecnológico. El asombro acrítico
y la astenia complaciente se suceden rutinariamente entre la luminosidad artificial
de los aparatejos y la aparición de nuevos tipos y modelos.
Hoy en día se estima que, del total de la población mundial, el 67.1% es usuario
único de un teléfono móvil, el 63.1% tiene un ordenador –sea fijo o portátil–, el
62.5% se conecta a Internet y el 58,4% utiliza redes sociales 1. El promedio de uso
diario de Internet se cifra, además, en casi 7 horas diarias 2. Tales números en el
futuro inmediato, por supuesto, tenderán a aumentar. Como muchos teóricos han
argüido, esta digitalización de las relaciones sociales –donde debemos recordar que
digital viene de dígito y que esto no es sino una referencia a la forma, generalmente
binaria, de codificar la data en los aparatos electrónicos– ha puesto a la “informa-
ción” en el centro de las actividades económicas. Así se habla, verbigracia, de una
“cultura de la red” en el que prolifera el “trabajo libre” de los usuarios de la sociedad
de la información 3; de “capitalismo informacional” en el que la noción de clase se
expande para no solo involucrar a los trabajadores salariados, sino también a los
generadores de contenido en internet 4; de “capitalismo de plataformas” donde ha
advenido un nuevo tipo de empresa, la plataforma, que media en diversos procesos
económicos y que constituye como negocio la extracción de datos 5; de “capitalismo
de la vigilancia” donde se instala una arquitectura digital de modificación de la con-
ducta a partir de la experiencia humana en tanto materia prima 6. Incluso, algunos
señalan que, en estas coordenadas virtuales, la burguesía ha sido reemplazada por

1
 Hootsuite, “The Global State of Digital 2022”, (2022), consultado en [Link]
digital-trends (31/07/2022).
2
 Ibid.
3
 Ver Terranova, T., Network Culture. Politics For the Information Age, London, Pluto Press, 2004.
4
 Ver Fuchs, C., “Labor in Informational Capitalism and on the Internet”, en The Information Society, n° 26 (3),
(2010), pp. 179-196. [Link]
5
 Ver Srnicek, N., Platform Capitalism, London, Polity Press, 2016.
6
 Ver Zuboff, S., The Age of Surveillance Capitalism: The Fight for a Human Future at the New Frontier of Power,
New York, Public Affairs.

— 223
–o, en todo caso, se ha metamorfoseado en– una “netocracia” 7 o una “clase vecto-
rialista” 8 que controla la información producida por los trabajadores 9.
¿Cómo explicar estos fenómenos en los que la producción digital de información
es masiva, ininterrumpida, ubicua? ¿Son meros añadidos que se configuran dentro
del despliegue de una pretendida razón neoliberal? ¿La digitalización del mundo
es tan solo una anécdota del neoliberalismo? ¿No hay, en todo caso, nada nuevo
después de este “ismo”? ¿Hay una posteridad luego de este “neo”? Incluso, dada la
variedad de discursos que versan sobre él, el neoliberalismo es ya una muletilla, un
recurso fácil, una fórmula por defecto que, en lugar de movilizar el pensamiento
crítico, lo detiene, lo debita, lo espanta: un modelo que, en sus redundancias y tau-
tologías, nos impide pensar. Foucault bien decía, a propósito de la emergencia del
“control social” que retornaremos más adelante:

Creo que existe una cierta pereza teórica, política, o si así lo prefieren, una cierta pereza
moral, que es la peor, cuando se dice que siempre es igual, que el orden de hoy es igual que
el orden de ayer y que la mejor manera de desautorizar el orden de hoy, o de denunciarlo,
es demostrando que este orden actual es semejante al precedente. Sin embargo, creo que es
muy importante para nuestra vida, para nuestra existencia y para nuestra individualidad –en
función de lo queramos hacer–, saber en qué aspectos este orden que vemos instalarse actual-
mente es realmente un orden nuevo. 10

¿De qué manera, entonces, pensar la novedad de los regímenes de gobierno con-
temporáneos?
A fin de introducirnos en este debate y reflexionar sobre la particularidad de las
actuales apuestas políticas recuperamos la noción de “gubernamentalidad” (gouver-
nementalité) de Michel Foucault. El autor francés contextualiza este término como
un tipo de poder que se ejerce sobre la población 11 y que tiene sus orígenes en el
poder pastoral, esto es, en una genealogía de prácticas hebreas y cristianas donde
el dominio sobre los sujetos adopta la forma de un guía-pastor que no aborda un
territorio, sino una multiplicidad de individuos, que tiene como finalidad la “salva-

7
 Ver Bard, A. y Soderqvist, J., Netocracy: The New Power Elite and Life After Capitalism. Reuters, 2002
8
 Ver Wark, M., Capital Is Dead. Is This Something Worse? London, Verso, 2021.
9
 Para un antecedente de estas teorizaciones, cfr. Kroker, A. y Weinstein, M., Data Trash: The Theory of the Virtual
Class, Montreal, New World Perspectives, 1994.
10
 Foucault, M., “Nuevo orden interior y control social”, En Saber y verdad, trad. de Julia Varela y Fernando Álva-
rez-Uría, Madrid, La Piqueta, 1991, p. 163. La intervención de Foucault, a partir del minuto 35, puede verse
en los archivos de la Université de Vincennes (actualmente Université Paris 8): [Link]
[Link]/[Link]?recordID=111
11
 Ver Foucault, M., Seguridad, territorio, población. Curso en el Collège de France (1977-1978), trad. de Horacio
Pons, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2006.

224 —
ción” de su rebaño de hombres y que, finalmente, obra sobre todos y cada uno de
los sujetos individualizándolos 12. Así es como se consigue gobernar a los sujetos, sin
necesidad de pasar por la grilla del Estado, “de manera continua y permanente” 13.
El Estado moderno, que no es sino una pericia de la gubernamentalidad, acogerá
empero este tipo de poder, de suerte que el liberalismo y el neoliberalismo se confi-
guran como maneras particulares de un gobierno que conduce, también de manera
individualizada e ininterrumpida, la conducta de los sujetos 14. De la mano de Fou-
cault plantearemos la hipótesis siguiente: a partir de la propuesta de los ingenieros,
tecnólogos y empresarios de Silicon Valley, los “pastores” contemporáneos de la
técnica, ha emergido una nueva forma de gubernamentalidad que puede denominarse
“ciberalismo” o “ciber-liberalismo” 15: un poder sobre todos y cada uno de los sujetos
que plantea una vía tecnológica de salvación del sí mismo mediante una estricta
obediencia de conectividad digital permanente. Para demostrar esto, nuestro análi-
sis desarrollará una especie de “genealogía crítica del valor”, a saber: un enfoque don-
de no solo se enfaticen las variaciones de los dispositivos de poder sobre los sujetos,
sino también donde se esclarezca la funcionalidad de estas formas de dominación
en los procesos de acumulación capitalistas. En tal sentido, el artículo se dividirá en
dos apartados. En una primera parte estudiaremos de qué manera emerge una nue-
va forma de gobierno propugnada por los utopistas tecnológicos de Silicon Valley
y, en una segunda parte, argumentaremos por qué el “ciberalismo” se distingue del
neoliberalismo, “el tecnoliberalismo” y “la gubernamentalidad algorítmica”. Añadi-
remos finalmente una conclusión donde retomaremos lo avanzado para pensar las
condiciones actuales del trabajo y el consumo bajo el régimen “ciberal”, tanto como
posibles vías de emancipación política.

La emergencia del ciberalismo: de la contracultura californiana al dominio del


modelo Silicon Valley a partir de la crisis industrial del capitalismo

En la década de los 90, en plena emergencia de las puntocom, Barbrook y Ca-


meron se percataron del nacimiento de una discursividad asociada al ascenso de las
12
 Ver Foucault, M. “ «Sei to Kenryoku» («Sexualité et pouvoir»)”, En Dits et écrits III, Paris, Gallimard, 1994,
pp. 552-570.
13
 Foucault, M., “ «Omnes et singulatim» : Towards a Criticism of Political Reason» («Omnes et singulatim» : vers
une critique de la raison politique), En Dits et écrits IV, Paris, Gallimard, 1994, p. 136, traducción nuestra.
14
 Ver Foucault, M., Nacimiento de la biopolítica. Curso en el Collège de France (1978-1979), trad. de Horacio Pons,
Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2007.
15
 Retomamos el término de Ayala-Colqui, J., “La apuesta política de Silicon Valley: ¿Tecnoliberalismo o ciber-li-
beralismo?”, Latin American Journal of Humanities and Educational Divergences, vol. 1 (1), (2022), pp. 1-15.

— 225
tecnologías de la información. La llamaron “la ideología californiana”. Una alianza
de “escritores, hackers, capitalistas y artistas” definía entonces una “ortodoxia hete-
rogénea” para la era informática:

Esta nueva fe ha emergido de una extraña fusión de la bohemia cultural de San Francis-
co con las industrias de la alta tecnología de Silicon Valley. Promovida en revistas, libros,
programas de TV, sitios web, grupos de noticias y conferencias de Internet, la Ideología
Californiana combina promiscuamente el espíritu despreocupado de los hippies y el afán
emprendedor de los yuppies. Esta amalgama de opuestos ha sido lograda a través de una
profunda fe en la potencia emancipatoria de las nuevas tecnologías de la información. En
la utopía digital, todos pueden ser modernos y ricos. No sorprende, pues, que esta visión
optimista del futuro haya sido acogida con entusiasmo por los nerds informáticos, estudian-
tes holgazanes, capitalistas innovadores, activistas sociales, académicos de moda, burócratas
futuristas y políticos oportunistas de todo Estados Unidos 16.

El pilar conceptual básico de tal movida no fue sino la libertad individual, la que,
empero, contrasta paradójicamente con otro aserto promovido por ella, a saber: el
determinismo tecnológico que, por el contrario, plantea la inevitabilidad de los
avances técnicos allende la voluntad de los individuos. Así “refleja, simultáneamen-
te, la disciplina de la economía de mercado y la libertad de la artesanía hippie” 17.
Por este motivo, Borsook, que fue primero una entusiasta de este nuevo credo y que
posteriormente se distanció de él, denomina a este movimiento “tecnolibertarismo”
(technolibertarianism) en tanto combinación de “darwinismo social” y “anarcoca-
pitalismo” 18.
Influencias culturales de esta corriente se encuentran en producciones litera-
rias de diversa calidad tanto como textos de factura académica 19: desde los libelos
individualistas de Ayn Rand hasta las novelas de ciencia ficción de William Gib-
son y Bruce Sterling, pasando por las especulaciones y elucubraciones de Marshall
McLuhan y las teorías de la información de Claude E. Shannon y la cibernética de
Norbert Wiener 20.

16
 Barbrook, R. y Cameron, A., “The Californian Ideology”, en Science as Culture, n° 6 (1), (1996), pp. 44-45,
traducción nuestra.
17
 Ibid, p. 50, traducción nuestra.
18
 Borsook, P., Cyberselfish: A Critical Romp through the Terribly Libertarian Culture of High Tech, New York, Public
Affairs, 2001, p. 3, traducción nuestra.
19
 Ver Barbrook, R. y Cameron, A, op. cit y Gere, C. Digital Culture. Expanded Second Edition, London, Reaktion
Books, 2008.
20
 La noción de “información”, así como el desarrollo de máquinas computacionales (es decir, instrumentos
de cálculo y desencriptación que, poco a poco, adquirieron mayor complejidad y autonomía), se aunaron
para la producción de tecnología propiamente digital. Cabe recordar que la noción contemporánea de

226 —
En la génesis y despliegue de este movimiento se aprecia una inversión teó-
rico-práctica: se pasó del militantismo hippie de los 60, que planteaba una
crítica a las normas establecidas, a un libertarismo techie pro-capitalista a partir
de los 70. Para esto cumplió un rol pivotante la revista The Whole Earth Ca-
talog dirigida por Stewart Brand y publicada entre 1968 y 1972, puesto que
ahí se promovían las ideas de la naciente cibernética, tanto como las del libre
mercado, a partir de una especulación en torno a los beneficios sociales de los
ordenadores personales:

Brand abogó por el potencial de las computadoras. Esto condujo no solo a las condi-
ciones que permitieron la PC, sino que también presentó un contexto en el que se podía
imaginar su desarrollo futuro, como un dispositivo contracultural e incluso revoluciona-
rio 21.

Mas la revista fundacional de la nueva postura política no fue sino Wired que,
entre 1993 a 1998, dio forma al utopismo digital a partir del surgimiento de Inter-
net (que no debemos olvidar surge como subproducto de investigaciones militares
norteamericanas 22) permitiendo así, finalmente, la mutación de la contracultura en
“cibercultura”:

La comunidad contracultural, representada en persona por Brand, Barlow y, hasta cierto


punto, Kelly (y, en las páginas de Wired, representada gráficamente por el diseño y dispo-
sición neo-60 de la revista), trabajó para legitimar las fuerzas emergentes de la tecnología y

información tiene tres aspectos, de acuerdo a la propuesta matemática de Shannon de 1948, “La informa-
ción se define por la relación de la señal con el ruido; la información es una medida estadística de la incer-
tidumbre o entropía de un sistema; la información implica una relación no lineal y no determinista entre
los niveles microscópico y macroscópico de un sistema físico”, Terranova, T., Network Culture. Politics For
the Information Age, op. cit., p. 9, traducción nuestra. Por otro lado, la elaboración de máquinas de cóm-
puto obtuvo un fuerte impulso debido a los fines militares de la Segunda Guerra Mundial donde resultan
icónicos, por ejemplo, los iniciales nombres de Turing y von Neumann: “La Segunda Guerra Mundial
fue el catalizador no solo para la invención de la computadora electrónica digital binaria moderna, sino
también para el desarrollo de una serie de discursos notables e influyentes, que incluyen Cibernética,
Teoría de la Información, Teoría General de Sistemas, Biología Molecular, Inteligencia Artificial”, Gere,
C. Digital Culture. Expanded Second Edition, op. cit, p. 51, traducción nuestra. Huelga decir, además, que
la pregnancia transversal de la noción de información no solo afecta a la tecnología, sino también a otras
disciplinas como la biología y la medicina. De ahí que se haya hablado, no desde una genealogía crítica del
valor, sino desde una arqueología del saber, del advenimiento de una “episteme” centrada en la informa-
ción. Ver Rodríguez, P., Las palabras en las cosas. Saber, poder y subjetivación entre algoritmos y biomoléculas,
Buenos Aires, Cactus, 2019.
21
 Gere, C. op. cit., p. 131, traducción nuestra.
22
 Ver Jacobsen, A., The Pentagon’s Brain: An Uncensored History of DARPA, America’s Top-Secret Military Research
Agency, New York, Little Brown, 2015 y Leslie, S., The Cold War and American Science: The Military-Indus-
trial-Academic Complex at MIT and Stanford, New York, Columbia University Press, 1993.

— 227
el Nuevo a política de la Nueva Derecha como signos del advenimiento de una revolución
contracultural 23.

Huelga decir que, paralelo al ascenso de esta imaginería tecnocéntrica, se da,


en los años 60, una “revolución consumista” en Estados Unidos, la cual operó
“cambios en los mundos de la publicidad, la moda y los negocios en general” 24.
Con ello, el concepto de lo moderno (hip) se expanda desde la naciente industria
tecnológica hacia la totalidad de las mercancías capitalistas. Así, la nueva cultura
digital permeó, sobre todo, a los empresarios de las nuevas tecnologías y dio for-
ma al entorno naciente de Silicon Valley 25.
En la actualidad, estos discursos y sus prácticas políticas concomitantes no
solo pertenecen a un subconjunto de la población ni son posesión exclusiva de
algunos devotos de las máquinas. Como argumentaremos más adelante, estas
posiciones están esparcidas por todo el globo, de manera casi imperceptible y sin
embargo implacable, dada la pregnancia actual del modelo de Silicon Valley y
el capitalismo informacional y de plataformas en el que nos encontramos ahora
inmersos.
Ahora bien, así como Foucault hizo un análisis del neoliberalismo no tanto
atendiendo a la ejecución de los programas mismos, sino a partir de una pesquisa
crítica en torno a sus distintas escuelas –ordoliberal, austríaca, americana– 26, nos
corresponde hacer una genealogía de las invenciones gubernamentales que traen
los emisores y los emisarios, los “teóricos” del ciberalismo, a fin de detectar los
respectivos dispositivos de saber-poder-subjetivación. Por razones que daremos en
la segunda sección, convendremos en llamar a esta “gubernamentalidad” –modo
de gobierno que, por medio de discursos y prácticas, conducen la conducta de los
sujetos– “ciberliberalismo” o, alternativamente, “ciberalismo” 27, en claro contraste
con términos como “tecnoliberalismo” o “gubernamentalidad algorítmica”.
No obstante, antes de analizar la singularidad de los dispositivos ciberliberales
en algunas de las publicaciones de Louis Rossetto, Timothy C. May, Ray Kur-
zweil y Nicholas Negroponte –autores todos vinculados de una u otra manera al

23
 Turner, F., From Counterculture to Cyberculture. Stewart Brand, the Whole Earth Network, and the Rise of Digital
Utopianism, Chicago, The University of Chicago Press, 2006, p. 223, tradución nuestra.
24
 Frank, T., The Conquest of Cool. Business Culture, Counterculture, and the Rise of Hip Consumerism, Chicago,
Chicago University Press, 1998, p. 230, traducción nuestra.
25
 Ver Turner, F., From Counterculture to Cyberculture. Stewart Brand, the Whole Earth Network, and the Rise of
Digital Utopianism, op. cit.
26
 Ver Foucault, M., Nacimiento de la biopolítica. Curso en el Collège de France (1978-1979), op. cit.
27
 Ver Ayala-Colqui, J., “La apuesta política de Silicon Valley: ¿Tecnoliberalismo o ciber-liberalismo?”, op. cit.

228 —
ambiente cibercultural de California de esa época y que ulteriormente serán, si
no todos al menos los más conocidos como Negroponte y Kurzweil, los gurús in-
discutibles de Silicon Valley y de las universidades-empresa tecnologizantes (que,
respectivamente, marcan la pauta en los desarrollos empresariales y académicos
en todo el globo)–, partiremos de los informes sobre la crisis de la gobernabilidad
de las democracias occidentales liberales en la década del 70.
Como se sabe, el modelo fordista, en la posguerra, introduce la “cadena de
montaje” en el modo de producción capitalista. Esto significa, en breve, la homo-
genización y serialización de las mercancías materiales, lo cual equivale, a la vez, a
la alienación reglamentada y trivializada del obrero 28. El correlato político de este
esquema económico fue, al menos en las sociedades occidentales, el Estado de
Bienestar que, bajo el temor de la posible influencia de la URSS en la clase obrera,
constituyó una “clase media” permitiendo devenir al obrero un consumidor de
sus propias mercancías. Sin embargo, este modelo se agotó en la década del 70
dada la sobrecapacidad productiva que alcanzaron las industrias 29, así como por
la competencia de países emergentes como Japón que promoverán la adopción
del “posfordismo”, esto es, la tercerización de servicios, la elaboración limitada
de productos diferenciados y la “fábrica mínima” que reducía los costos de pro-
ducción 30.
Aquí es donde debería revisarse el informe “sobre la informatización de la socie-
dad” que describe la crisis de las democracias occidentales en el 70 y que plantea, a
su vez, una vía de escape:

La informatización creciente de la sociedad se sitúa en el centro de la crisis. Puede agra-


varla o, al contrario, contribuir a resolverla. Dependiendo de la política en la que ella se
inserte, aportará lo mejor o lo peor; en sus efectos, no hay ni automatismo ni fatalidad.
Dependerán de la forma en que evolucionen las relaciones entre el Estado y la sociedad en
los años venideros. 31

Nos gustaría, a este respecto, enunciar una primera tesis general: frente a la crisis
de la gubernamentalidad liberal, y del modelo fordista industrial, en la década del 70
se ensayará tres vías políticas para reflotar el gobierno del capital: el neoliberalismo fi-
nanciero, el libertarismo fascistoide que de a pocos mutará en liberfascismo y, en fin, el

28
 Ver Coriat, B., El taller y el cronómetro. Ensayo sobre el taylorismo, el fordismo y la producción en masa, Buenos
Aires, Siglo XXI, 1982.
29
 Ver Brenner, R., La economía de la turbulencia global, Madrid, Akal, 2009.
30
 Ver Coriat, B., Pensar al revés. Trabajo y organización en la empresa japonesa, México, Siglo XXI, 1992.
31
 Nora, S. y Minc, A., L’informatisation de la societé, París, 1978, citado en Mattelart, A. y Vitalis, A., De Orwell
al cibercontrol, Barcelona, Gedisa, 2015, p. 107.

— 229
ciberalismo tecnologizante. 32 Neoliberalismo 33, liberfascismo 34 y ciberalismo 35 son,
empero, modos alternativos de afirmación de la sustancia del liberalismo, a saber: la
propiedad de la libertad individual abstracta como fundamento irreductible y nor-
ma excluyente de la sociedad. Por supuesto que tal axioma es falaz, toda vez que un
individuo no existe más que por y en una comunidad. Sin embargo, aparece como
evidencia en nuestras sociedades por el solo hecho de que todos los actos posibles
se encuentran determinados de antemano por el trabajo abstracto 36 y la forma de la
mercancía expresada en el valor de cambio 37. Solo en una sociedad modelada por el
modo de producción capitalista, donde se oponen trabajadores poseedores de fuer-
za de trabajo y burgueses poseedores de medios de producción, tiene sentido que
exista un contrato entre dos “individuos” que intercambian mercancías. Para esto,
el trabajo es abstraído de su singularidad concreta y es valorado únicamente según
el valor abstracto que produzca, mientras que las mercancías son solapadas en su va-
lor de uso para ser medidas, cuantitativamente, según el simple valor de cambio 38.
El capital no es otra cosa, pues, que la relación social que reproduce materialmente
estas categorías teniendo como objetivo la redundancia de sí, esto es, la valorización
del valor 39. Es esta metafísica individualista, este atomismo reduccionista, condicio-

32
 Coincidimos así, aunque parcialmente por supuesto, con el diagnóstico de Foucault en 1978. En esta época
señalaba que había dos maneras de resolver el problema de la crisis del “Estado-Providencia”: “en el curso de
los próximos años se van a presentar dos posibilidades: la fascista, “stricto sensu” aunque no creo que sea esta
la que nos amenace sino la segunda. […] La solución que es más sofisticada, se presenta a primera vista como
una especie de “desinversión”, como si el Estado se desinteresase de un cierto número de cosas, de problemas y
de pequeños detalles hacia los cuales había hasta ahora considerado necesario dedicar una atención particular”,
Foucault, M., “Nuevo orden interior y control social”, En Saber y verdad, trad. de Julia Varela y Fernando
Álvarez-Uría, Madrid, La Piqueta, 1991, pp. 164-165. A esta caracterización, que Foucault lanza de manera
oral y casi improvisada, habría que añadirle el neoliberalismo como tercera opción, por un lado, y reformular la
segunda opción de la “desinversión” no en tanto una retirada de un poder omnipresente sino una remodulación
del mismo por las vías informáticas (eso que precisamente llamamos ciberalismo), por otro lado. Esta apuesta
será explicitada líneas abajo en el cuerpo del artículo.
33
 Ver Foucault, M., Nacimiento de la biopolítica. Curso en el Collège de France (1978-1979), op. cit. y Laval, C.
y Dardot, P., La nueva razón del mundo. Ensayo sobre la sociedad neoliberal, trad. de Alfonso Diez, Barcelona,
Gedisa, 2013.
34
 Sobre el concepto de “liberfascismo”, véase Ayala-Colqui, J. “El nacimiento del “liberfascismo” y los distintos
modos de gestión de la pandemia en América Latina”, Prometeica-Revista de Filosofía y Ciencias, vol. 24 (2),
(2022), pp. 182-199. [Link]
35
 Ver Ayala-Colqui, J., “La apuesta política de Silicon Valley: ¿Tecnoliberalismo o ciber-liberalismo?”, op. cit.
36
 Postone, M., Tiempo, trabajo y dominación social. Una interpretación de la teoría crítica de Marx, Madrid, Marcial
Pons, 2006.
37
 Ver Sohn-Rethel, A., Intellectual and Manual Labour. A Critique of Epistemology. London: The Macmillan Press,
1978.
38
 Ver Ayala-Colqui, J., “Subjetividad y subjetivación en Marx: una lectura confrontativa a partir de Heidegger y
Foucault”, Tópicos (México), vol. 61, pp. 109-144. [Link]
39
 Cfr. Marx, K., El Capital. Libro I. Tomo I, trad. de Vicente Romano García, Madrid, Akal, 2000.

230 —
nado por el capital, es el que determina, de cabo a rabo, las elucubraciones teóricas
y las especulaciones sesgadas de todos liberalismos posibles de Smith a Rosetto
pasand por Hayek, von Mises, Friedman, Becker, Rothbard, Hoppe, etc.
No es un secreto que después de la crisis del 70 la gubernamentalidad hegemóni-
ca fue la neoliberal 40. Las otras formas de gobierno, sin embargo, no se extinguieron
sin más: se desarrollaron en paralelo, algunas veces en simbiosis con el neolibera-
lismo, otras con oposición a él. Después de la crisis del 2008, el neoliberalismo ha
mostrado aporías mucho más insolubles que antes, y sobre todo ya no le resulta
funcional a la burguesía global; de ahí que hayan cobrado fuerza, como guberna-
mentalidades alternativas del capital, de un lado, el liberfascismo de la mano de la
alt-right 41 y, de otro lado, el ciberalismo impulsado por la élite geek 42.
Pues bien, ¿qué propone específicamente el “ciberalismo”, si existe un objeto así?
Rossetto publica en 1971, junto a Star Lehr, un pequeño, conceptualmente en-
deble y limitado, pero, a fin de cuentas, sugerente artículo en The New York Times
intitulado “The New fight Credo— Libertarianism”. El fundador de Wired declara
en este texto que “el liberalismo, el conservadurismo y el radicalismo izquierdista”
son “filosofías en bancarrota” 43. Es decir, la discursividad de la naciente gubernamen-
talidad parte del reconocimiento de su diferencia radical respecto al (neo)liberalismo.
La preocupación central de su propuesta es, entonces, la cuestión de la “libertad del
individuo” (freedom of the individual), la que, a juicio de los autores, no es contem-
plada por las anteriores configuraciones políticas: “El nacimiento de la Nueva Dere-
cha ocurre cuando los libertarios finalmente aceptaron el hecho de que habían sido
engañados por los liberales, utilizados y engañados por otros radicales y vendidos
por los conservadores”. En tal sentido, esta nueva derecha propone que se debe li-
mitar la coerción (coercion) y el poder (power) de los gobiernos sobre los individuos.
Solo con el libre mercado la tecnología se desarrollará en un ambiente propicio y solo con
ella los empresarios podrán crear riqueza: “El motor de desarrollo de la Revolución
Digital no fue la planificación estatal […]. Fueron los libres mercados de capital y
los fondos de riesgo los que canalizaron los ahorros a miles y miles de empresas, per-
mitiéndoles comenzar y prosperar” 44. Ulteriormente, como se sabe, este “libertaris-
40
 Ver Laval, C. y Dardot, P., La nueva razón del mundo. Ensayo sobre la sociedad neoliberal, op. cit.
41
 Cfr. Ayala-Colqui, J. “El nacimiento del “liberfascismo” y los distintos modos de gestión de la pandemia en
América Latina”, op. cit y Hawley, G., The Alt-Right. What Everyone Needs to Know, Oxford, Oxford University
Press, 2018.
42
 Cfr. Ayala-Colqui, J., “La apuesta política de Silicon Valley: ¿Tecnoliberalismo o ciber-liberalismo?”, op. cit.
43
 Lehr, S. & Rossetto, L., “The New fight Credo— Libertarianism”. The New York Times, 1971, disponible en
[Link] (31/07/2022).
44
 Rossetto, L., “Response to the “Californian Ideology””, (1998), disponible en [Link]
[Link] (31/07/2022).

— 231
mo” recibirá una revisión más voluminosa, no necesariamente menos cuestionable
teóricamente, en el libro de For a New Liberty: The Libertarian Manifesto (1973) de
Murray Rothbard, en el ámbito económico, y en el texto Anarchy, State and Utopia
(1974) de Robert Nozick, en el ámbito filosófico. Con todo, el libertarismo no es
otra cosa que una actualización presuntamente rebelde y moderna de las políticas
burguesas de defensa de la propiedad privada y del capitalismo. De ahí que en ella
se fragüe lo que se ha denominado “anarcocapitalismo”, esto es, la propuesta de un
gobierno donde el libre mercado del capital se desarrolla sin Estado o, como en la
versión de Nozick, con un “Estado mínimo”.
En 1992, imbuido en esta retórica capitalista eufemísticamente autodenomi-
nada libertaria, Timothy C. May explicita la conjunción entre tecnología y ca-
pitalismo; vínculo solidario que deambulaba en las columnas de Wired y Whole
Earth Review. Así postula, en “The Crypto Anarchist Manifesto”, que la tecnolo-
gía, en especial, la criptografía, permitirá que las transacciones económicas pue-
dan realizarse en un “mayor nivel”, con total anonimato y sin intermediarios 45.
Nuevamente, la tecnología aparece, para el ciberalismo, como la manera óptima de
llevar a cabo el proyecto de la individualización fundante de la sociedad donde las
coerciones estatales sean finalmente reemplazadas, en su totalidad, por el libre mer-
cado privado. Esta idea, de una moneda digital, tendrá múltiples avatares hasta
culminar en el bitcoin que, a partir de la tecnología blockchain, realiza el sueño de
un intercambio sin terceros 46.
Ray Kurzweil, formado en el MIT (Massachusetts Institute of Technology), pu-
blica en 1990 The Age of Intelligente Machines. De entrada, comparte el vocabulario
“disruptivo” de sus predecesores: la tecnología y, más precisamente, las “máquinas
inteligentes” supondrán un cambio radical para la sociedad entera. Dado que estas
nuevas máquinas ya no extenderán solo nuestras “capacidades físicas”, sino, ante
todo, nuestras “capacidades mentales”, operarán desplazamientos inusitados en el
mundo:

Promete [It promise] transformar la producción, educación, medicina, ayuda para los
discapacitados, investigación, adquisición y distribución del conocimiento, comunicación,
creación de riqueza, conducción del gobierno [the conduct of government] y también la gue-
rra 47.

45
 Ver May, T. “The crypto anarchist manifesto”, High Noon on the Electronic Frontier: Conceptual Issues in Cybers-
pace, (1992), disponible en [Link] (31/07/2022).
46
 Ver Brunton, F., Digital Cash. The Unknown History of the Anarchists, Utopians, and Technologists Who Created
Cryptocurrency. Princeton University Press, 2020.
47
 Kurzweil, R., The Age of Intelligent Machines, Cambridge, MIT Press, 1990, p. 8, traducción nuestra.

232 —
Esta promesa tecnológica está aderezada por dos posturas complementarias en
el también dueño de patentes tecnológicas: el determinismo y el solucionismo tecno-
lógico. Por un lado, con claras resonancias de darwinismo social, considera que el
desarrollo de la tecnología tiene un ritmo vertiginoso de crecimiento inexorable 48,
tal como evolucionara una especie: “esto no puede ser detenido” 49; por otro lado,
asume que todos los problemas de la realidad se solucionan con más y mejor tec-
nología 50: “existe el potencial para comenzar a resolver los problemas con los que
la raza humana [sic] ha luchado durante siglos” 51. Entramos, por ende, en una
“sociedad post-industrial” 52 donde la nueva mercancía (commodity) es la “inteligen-
cia artificial” (IA): la información, que “tiene valor y puede ser intercambiada” 53.
Todo esto ha sido posible por la industria de la computadora (computer industry) y
la adopción cardinal de la noción de información (information). La información,
como nos lo recuerda Terranova, va a ser uno de los conceptos estructurantes no
solo de las tecnologías contemporáneas, sino también del resto de las ciencias, a
partir de la interpretación matemática de Shannon y Wiener a mitad del s. XX.
Información no es sinónimo, sin más, de comunicación: es, antes bien, la reducción
de todo significado, oposición argumentativa, juego de fuerzas retóricas, a un pro-
blema técnico de envío de una señal de un punto a otro punto por medio de un canal
donde la multiplicidad de lo real se reduce a un juego determinista de probabilidades
que excluyen lo improbable:

Lo que implica la comunicación de información, entonces, no es tanto una relación entre


lo “real” y su “copia” (o su representación), sino la reducción de un proceso a un conjunto
de probabilidades […], la reducción de una situación a un conjunto de estados y alternativas
más o menos probables, limitados por la interacción entre un canal y un código 54.

Como se puede entrever en la prosa de Kurzweil, lo que hace el ciberalismo es


extraer las consecuencias políticas de la noción de información: una reducción de las
relaciones sociales a señales controlables por medio de la digitalización que no sig-
nifica sino convertir todo elemento vital y significativo en dígitos computables.

48
 Ver Borsook, P., Cyberselfish: A Critical Romp through the Terribly Libertarian Culture of High Tech, op. cit.
49
 Kurzweil, R., The Age of Intelligent Machines, op. cit., p. 9, traducción nuestra.
50
 Ver Morozov, E., La locura del solucionismo tecnológico, trad. por Nancy Viviana, Buenos Aires, Katz, 2106.
51
 Kurzweil, R., The Age of Intelligent Machines, Cambridge, ob. cit, p. 8, traducción nuestra.
52
 Otros apologetas de la sociedad post-industrial, claramente alienados al libre mercado capitalista, son Alain
Touraine, Daniel Bell y Alvin Toffler. Cfr. Mattelart, A., Historia de la sociedad de la información, trad. de Gilles
Multigner, México, Paidós, 2018.
53
 Kurzweil, R., The Age of Intelligent Machines, Cambridge, ob. cit, p. 13, traducción nuestra.
54
 Terranova, T., Network Culture, Politics for the Information Age, op. cit., p. 24, traducción nuestra.

— 233
Estar permanentemente conectado, con un uso interminable de gadgets, significa
entonces colocar como acto sin término la continua traducción de lo real a datos
discretos manipulables matemática y técnicamente. Tal transducción informacional
incesante y conminadora, sugerimos, no es otra cosa que el nombre del “control”.
Si Foucault distinguía entre “dispositivo disciplinario” y “dispositivo de seguridad”
–en el sentido de que el primero encierra, vigila y corrige a los sujetos a fin de obte-
ner individuos dóciles y útiles, mientras el segundo regula lo fortuito de los aconte-
cimientos sociales a fin de señalar lo óptimo y aceptable en las poblaciones 55–, en-
tonces es menester establecer una nueva diferencia, de la mano de Deleuze, y hablar
de “dispositivo digital (informacional)” o, si se quiere, de “dispositivo de control”: “los
encierros [de la disciplina] son moldes o moldeados diferentes, mientras que los
controles constituyen una modulación, como una suerte de molde autodeformante
que cambia constantemente y a cada instante, como un tamiz cuya malla varía en
cada punto” 56.
El ciberalismo aparece, por tanto, como un movimiento político-social que, a par-
tir de la posibilidad técnica de la información en las tecnologías digitales, instaura
un “dispositivo de control”, a saber: un dispositivo que modula lo real convirtiendo
todo suceso en información, expresada matemáticamente por medio de dígitos discre-
tos, a fin de reducir toda incertidumbre y ruido a probabilidades predecibles y mane-
jables. Mientras el dispositivo disciplinario encierra y vigila a los sujetos, mientras
el dispositivo de seguridad regula lo imprevisible, el dispositivo de control, sin
necesidad de constreñir lo fuera de norma y sin necesidad de recurrir a una regu-
lación de la media, modula lo real en el sentido de reducirlo a data discreta pre-
visible, manipulable, en una palabra, singularmente programable 57. En resumen,
la información contenida en las computadoras y en general en cualquiera aparato
digital y electrónico señala el advenimiento de una era del control ciberal. Como
bien reconoce Kurzweil:

Las computadoras juegan hoy un papel indispensable en la aplicación legítima de la


ley; no hay razón por la que no sean igualmente útiles para imponer cualquier forma de
control. 58

55
 Ver Foucault, M., Seguridad, territorio, población. Curso en el Collège de France (1977-1978), op. cit.
56
 Deleuze, G., “Post-scriptum sobre las sociedades de control”, Polis. Revista Latinoamericana, n° 13, (2006), p. 2.
57
 Otrora se habló de un “dispositivo algorítmico” en tanto forma de poder que, a diferencia de la disciplina y la
seguridad, se caracteriza por la “predicción y orientación de las conductas”, Ayala-Colqui, J., “Viropolitics and
capitalistic governmentality: On the management of the early 21st century pandemic”, Desde el Sur, vol. 12 (2),
(2020), p. 384, traducción nuestra. Sin embargo, es más preciso hablar de control, pues, como veremos, “lo
algorítmico” no es más que un caso del control, toda vez que ya la misma información es controlista y controladora.
58
 Kurzweil, R., The Age of Intelligent Machines, Cambridge, ob. cit, p. 446, traducción nuestra.

234 —
El texto del posterior trabajador de Google no escamita en soltar predicciones
de tecnologías futuras: teléfonos inteligentes, conductores cibernéticos, tarjetas de
crédito invisibles, etc. Aquí se redunda, de acuerdo a la imposición de los “disposi-
tivos de control”, en la propuesta de la invasión totalitaria de la tecnología cibernética
en la vida:

nuestros autos, relojes, camas, sillas, paredes, pisos, escritorios, libros, ropa, teléfonos,
hogares, electrodomésticos y virtualmente todo lo demás con lo que entremos en contacto
será inteligente, monitoreando y atendiendo nuestras necesidades y deseos 59.

Bajo la égida del control, dado que toda actividad se encuentra modulada inexo-
rablemente, resulta natural que el trabajo forme un continuo con la totalidad de la
vida: “Es de esperar que se disuelvan las divisiones entre el trabajo, por un lado, y el
aprendizaje, la recreación y las relaciones sociales, por el otro” 60. De tal modo que el
control ciberal no es tan solo una suerte de performance autorreferencial del poder, sino
una estrategia política de continua subsunción económica de los sujetos a los circuitos de
valorización del capital.
Por lo demás, cabe señalar que el autor también especula y ayuda a modelar el
imaginario del “transhumanismo”, esto es, una corriente de pensamiento que pos-
tula la necesidad del mejoramiento humano (human enhancement) por medio de
distintas tecnologías (ciencias cognitivas, bioingeniería, etc.) con su texto Fantastic
Voyage: Live Long Enough to Live Forever coescrito con Terry Grossman 2004 61. Ya
en 1989 FM 2030, cuyo nombre real es Fereidoun M. Esfandiary, publicó un texto
de título sugerente: Are You a Transhuman? 62, recuperando la noción transhumanis-
ta postulada por Natasha Vita-More, nacida con el nombre de Nancie Clark, en el
“Transhumanist Manifesto” 63. Tomará la batuta Max More, nacido como Max T.
O’Connor, quien desarrollará las ideas transhumanistas bajo el nombre de “extro-
pianismo” (extropianism) 64 haciendo alusión al principio contrario de la entropía: la
“extropía”. Si bien, el tranhumanismo dista de ser un movimiento homogéneo, no
59
 Ibid., p. 416, traducción nuestra.
60
 Ibid., p. 428, traducción nuestra.
61
 Ver Kurzweil, R., y Grossman, T., Fantastic Voyage. Live Long Enough to Live Forever, New York, Rodale Books,
2004.
62
 Ver F.M. 2030, Are You a Transhuman?: Monitoring and Stimulating Your Personal Rate of Growth in a Rapidly
Changing World, New York, Warner Books, 1989.
63
 Ver Vita-More, N., “Transhuman Manifesto”, 1983, disponible en ttp://[Link]/transhuman-
[Link]. (31/7/2022).
64
 Ver More, M., “Technological Self-Transformation: Expanding Personal Extropy”, en Extropy, n° 10 (4/2),
(1993), pp. 15-24.

— 235
cabe duda que la versión libertarista, capitalista, y más precisamente ciberalista, es
la dominante y más conocida, la cual se ejemplifica en la obra de F.M. 2030, More
y, por supuesto, Kurzweil 65. De este modo, los ciberales no solo proponen resolver los
problemas sociales por medio de más tecnología, sino también mejorarse a sí mismos,
física, mental, biológicamente, por medio de la misma.
Nicholas Negroponte publica en 1995 Being Digital. Para empezar, el texto
confunde la desiderata tecnofetichista con una enunciación, a la vez, normativa
y predictiva de la realidad. Como el autor precedente, Negroponte profetiza que
la información y lo digital coparán cada espacio de la vida humana en un proceso
“irrevocable e imparable” 66. Es la llegada de una “cultura radicalmente nueva” 67 que
modifica la economía industrial y material en una “economía de la información” 68.
Y, la información, desde la perspectiva ciberal, es en el fondo el acontecer tácito y
silencioso de un control omnisciente y tenaz.
A este respecto, el fundador del MediaLab del MIT nos permite especificar esta
irrupción del control a partir de un nuevo término: la personalización (personaliza-
tion):

En la era posterior a la información, a menudo tenemos una audiencia del tamaño de


uno. Todo se hace por encargo y la información es extremadamente personalizada. Una su-
posición ampliamente sostenida es que la individualización es la extrapolación de la difusión
restringida. 69

Además de conectar el presupuesto libertario anarcocapitalista de la primacía


abstracta del individuo, la customatización concretiza la singularidad del po-
der en tanto control. En efecto, mientras el dispositivo disciplinario encierra y
castiga a aquellos sujetos que se salen de la norma y el dispositivo de seguridad
regula a aquellos que se salen de la media estadística 70, la originalidad del dispo-
sitivo de control estriba, a nuestro juicio, en introducir, en tiempo real y siempre
optimizable, un moldeamiento iterativo de la particularidad de cada sujeto en
virtud de la informatización permanente y creciente de la sociedad. Para decirlo
65
 Para Barbrook y Cameron los transhumanistas extropianos son parte de la ideología californiana de Silicon Va-
lley, ver Barbrook, R. y Cameron, A, op. cit. Una mixtura explícita entre capitalismo y cibercultura puede verse
también en Rothschild, Michael L. Bionomics: The Inevitability of Capitalism, New York: H. Holt, 1990, texto
discutido en Borsook, P., op. cit., y en otro columnista de Wired, Kelly, K., Out of Control: The New Biology of
Machines, Social Systems, & the Economic World, New York, Basic Books, 1994.
66
 Negroponte, N., Being Digital, New York, Vintage Books, 1995, p. 4, traducción nuestra.
67
 Ibid., p. 7, traducción nuestra.
68
 Ibid., p. 11, traducción nuestra.
69
 Ibid., p. 164, traducción nuestra.
70
 Ver Foucault, M., Seguridad, territorio, población. Curso en el Collège de France (1977-1978), op. cit.

236 —
paradójicamente, se trata, a la vez, de una multiplicación infinitesimal y una
exageración denegatoria de la norma: una “norma” a medida de cada singulari-
dad subjetiva. Una norma que desbanca la norma. Una norma debajo de la nor-
ma. Es decir, no se propone a todos los sujetos una única y misma acción, sino
una customatización controlada de sus acciones que coincide con la supuesta
libertad del mismo. Esto ha sido posible solo por mor de la reducción de toda
potencia singular subjetiva a patrones informacionales predecibles: eso mismo
que se introdujo con la invención matemática de la noción de información con
Shannon y Wiener. Negroponte explicita el dispositivo de control de múlti-
ples maneras: “La respuesta está en crear computadoras para filtrar, ordenar,
priorizar y administrar multimedia a nuestro nombre: computadoras que lean
periódicos y miren la televisión por nosotros, y actúen como editores cuando se
lo solicitemos” 71; “El televisor de hoy le permite controlar el brillo, el volumen
y el canal. El del mañana te permitirá variar el sexo, la violencia y la inclinación
política.” (1995, p. 49).
Siguiendo nuevamente a Deleuze 72, quien esclareció el significado del con-
trol, debemos retener que el control, que personaliza la conducción de cada
sujeto, opera bajo la “modulación”. ¿Qué significa modular? Negroponte, como
buen tecnólogo, lo evoca con precisión: modular es transformar (a) información.
Un módem es una “una palabra fabricada a partir de modulador-demodulador; el
proceso de convertir bits en formas de onda y viceversa” 73. Por tanto, el control,
en tanto informatización de los sujetos, no consiste sino en la modulación de ellos,
esto es, en convertir sus experiencias concretas en data discreta, a fin de predecir y
controlar sus actos. Por ello, como bien admite el tecnólogo norteamericano, el
ciberalismo no es una posición técnica sobre la información y las máquinas, sino una
posición política-económica sobre la gestión política de los sujetos: “La computación
[computing] no se trata más de las computadoras: se trata de la vida misma” 74.
Con estas nociones básicas, el también columnista de la revista Wired, puede
exhibir varias prácticas esenciales de “la gubernamentalidad ciberal” a partir de
una serie de profecías tecnológicas: la flexibilización de las relaciones sociales y
laborales 75, la conexión digital permanente por medio de una tecnología ergonó-

71
 Ibid., p. 20, traducción nuestra.
72
 Deleuze, G., “Post-scriptum sobre las sociedades de control”, op. cit.
73
 Negroponte, N., Being Digital, ob cit, p. 22, traducción nuestra.
74
 Ibid., p. 6, traducción nuestra.
75
 “La adaptación a los cambios y necesidades del capital merced a la digitalización se enuncia así: “El mundo
digital es mucho más resistente [resilient] que el dominio analógico en el sentido de que las señales pueden
transportar todo tipo de información adicional sobre sí mismas”, Ibid. 46, traducción nuestra.

— 237
mica e interactiva 76, la valorización de la información 77; el internet de las cosas 78;
la ludificación (o gamificación) de la explotación laboral 79.
En suma, la propuesta ciberal de Negroponte de “vida digital” (digital life) no
debe interpretarse como una curiosidad que predice los beneficios futuros de la
tecnología, sino como una propuesta política que busca una dependencia y una
inmersión continua de los sujetos en los dispositivos electrónicos, de suerte que
pueda darse un régimen político donde cada acto de los sujetos sea convertido
en información (bits) resultando así una predicción y la programación milimé-
trica, exhaustiva e ininterrumpida de sus conductas para los fines propios del
capitalismo. Este es, pues, el régimen implícito en la totalidad, si no la mayoría,
de dispositivos tecnológicos que abundan la integridad de nuestra vida y que
fueron forjados por los teóricos ciberales que, ulteriormente, serán la divisa fun-
damental de los “emprendimientos” e “innovaciones” de todos los Silicon Valley.
¿Pero todo esto consiste efectivamente en una gubernamentalidad dispar con la
neoliberal?

¿Por qué el ciberalismo es una “nueva” gubernamentalidad?

Sabemos que el neoliberalismo está relacionado con una desregularización de


la economía, con una privatización generalizada de los bienes y servicios, con un
predominio de las finanzas sobre las industrias, etc. 80 Se pensaría incluso que el
neoliberalismo actualiza, renueva, reedita el liberalismo. Contra la idea de las ac-
tualizaciones propondremos una segunda tesis, conceptualmente previa a la primera
expresada líneas arriba: existen diversos modos simultáneos de expresión del espectro
político del capital. Así como hay distintas modalidades, no necesariamente exclu-
yentes, en las que la configuración económica del capital se realiza a fin de expresar
la sustancia económica de la valorización del valor: taylorismo, fordismo, toyotismo,

76
 “Los multimedia se volverá más como un libro, algo con lo que puedes acurrucarte en la cama y tener una
conversación o que te cuenten una historia.”, Ibid., p. 71, traducción nuestra.
77
 “El valor [valuation] de un bit está determinado en gran parte por su capacidad de ser utilizado una y otra vez”,
Ibid., p. 77, traducción nuestra.
78
 “En el próximo milenio, descubriremos que estamos hablando tanto o más con las máquinas que con los huma-
nos. Lo que parece preocupar más a las personas es su propia timidez acerca de hablar con objetos inanimados.”,
Ibid., pp. 145-156; traducción nuestra.
79
 “Las opciones intermedias entre el trabajo y el juego se ampliarán dramáticamente. La línea nítida entre las
aficiones y las obligaciones se difuminará en virtud de un denominador común: el ser digital”, Ibid., pp. 220-
221, traducción nuestra.
80
 Ver Harvey, D., A Brief History of Neoliberalism, Oxford, Oxford University Press, 2005.

238 —
plataformas, etc. 81, existen diferentes modalidades, superpuestas y coexistentes, en
las que el correlato político-social del capital, la abstracción de la individualidad aso-
cial, se puede afirmar, a saber: liberalismo, neoliberalismo, liberfascismo, ciberalismo.
La innovación del neoliberalismo estriba en que introduce tres elementos para
afirmar la libertad abstracta: la práctica de un mercado que regula al Estado, la nor-
matividad de la competencia y la figura subjetiva del empresario de sí 82. Por su par-
te, la particularidad del liberfascismo reside en que, al lado de un mercado que ha
de desembarazarse del Estado, introduce la normatividad de la segregación violenta
del otro no liberfascista y la figura del defensor-de-sí 83. En ambas se trata de un po-
der que guía a los sujetos ejerciendo un gobierno permanente sobre sus conductas.
¿De qué manera el ciberalismo es, pues, una gubernamentalidad irreductible-
mente inédita?
Antes de responder esta pregunta, quisiéramos hacer una salvedad, dado que
consideramos oportuno ampliar y complejizar el concepto de gubernamentalidad
de Foucault. Nos gustaría ir más allá del filósofo francés para pensar lo impensado
por él: la relación entre capital e investimentos deseantes del poder 84. En efecto, el
gobierno sobre la conducta de los sujetos, más aún en la modernidad, está íntima-
mente relacionado con móviles económicos 85. Igualmente, el mantenimiento de

81
 Dado que el filósofo de Tréveris, como buen spinozista, utilizó ya “modo” para referir a las expresiones históricas
de la sustancia de la productividad humana en tanto Werktätigkeit (y no en tanto Arbeit): modo de producción
asiático, modo de producción feudal, modo de producción capitalista; utilizaremos “modalidades” para hablar,
si seguimos con la analogía spinozista, a los atributos coyunturales del modo de producción capitalista: moda-
lidad industrial fordista, modalidad de plataformas, etc.
82
 Ver Foucault, M., Nacimiento de la biopolítica. Curso en el Collège de France (1978-1979), op. cit. y Laval, C.
y Dardot, P., La nueva razón del mundo. Ensayo sobre la sociedad neoliberal, trad. de Alfonso Diez, Barcelona,
Gedisa, 2013. En los párrafos que siguen, las caracterizaciones del neoliberalismo, se entiende, remiten a estos
autores.
83
 Ver Ayala-Colqui, J., “El nacimiento del “liberfascismo” y los distintos modos de gestión de la pandemia en
América Latina”, op. cit. En los párrafos que siguen, las caracterizaciones del liberfacismo, se entiende, remiten
a este autor.
84
 Como se conoce, esto sí está presente en Félix Guattari y, solo a partir de este, también en Gilles Deleuze.
Ver Ayala-Colqui, J., “Félix Guattari y el problema de la organización política: Transversalidad, polivocidad y
diagramatismo entre micropolítica y macropolítica”, Hybris, (13), (2022). Nuestro enfoque no será, empero,
ortodoxamente deleuzo-guattariano en las líneas siguientes. Por otro lado, para Foucault el deseo es un elemento
que emerge tan solo a partir del cristianismo. Ver Lorenzini, D., “La emergencia del deseo. Anotaciones hacia
una historia política de la voluntad”, en Ayala-Colqui, J., Lugo, M. y Soto, L. (comps.), Poder y subjetivación
en Michel Foucault, Lima, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2020, pp. 285-312. Aquí hay que
distinguir, sin embargo, entre deseo como modalidad histórica de confesión y reconocimiento de sí y entre
inconsciente o, si se quiere, afectos de las colectividades sociales.
85
 Foucault no niega esto y, sin embargo, le da un menor énfasis a los móviles económicos dentro de sus análisis
del poder. Por ejemplo, reconoce, en passant, que el poder sobre el cuerpo (la anatomopolítica) se vincula a la
emergencia de la economía industrial, ver Foucault, M., Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión, trad. de
Aurelio Garzón del Camino, México, Siglo XXI, 2008 y que el poder sobre la vida (la biopolítica) es una cues-
tión esencial del capitalismo, ver Foucault, M. “Le naissance de la médecine sociale”, En Dits et écrits III, Paris,

— 239
ciertas relaciones de poder, sean de tipo pastoral o no, tienen que dar razón de la
cuestión de la “servidumbre voluntaria” 86, es decir, del hecho de que los mismos
sujetos deseen ser dominados:

Los individuos sólo se comportan como las estructuras los determinan a comportarse;
pero ellos sólo adoptan también dicho comportamiento por haber deseado comportarse
así. Estas dos proposiciones se conectan por la mediación de los afectos: es por haber sido
afectados en y por las estructuras que los individuos han deseado comportarse como se
comportan. 87

En tal sentido, estamos obligados –para dar cuenta de manera conjunta y ya


no de manera unilateral de la realidad de la valorización del valor, la interrelación
entre saber y poder y la operatividad del deseo– a reformular nuestro vocabulario
y redefinir algunos términos. Así propondremos que la genealogía crítica del valor,
nuestro método lógico-histórico de análisis, realiza una indagación relacional de
múltiples ámbitos integrados que son separados conceptualmente: a) las modali-
dades económicas de producción del valor y b) las modalidades políticas de gobierno en
tanto b.1) dispositivos discursivo-prácticos de elaboración material de los sujetos y b.2)
equipamientos semióticos de sujeción deseante de los sujetos. Puede mantenerse, si se
quiere, el término “gubernamentalidad” para referir a las modalidades políticas de
gobierno incluyendo ahora tanto dispositivos sobre los cuerpos como equipamien-
tos sobre el inconsciente 88, los cuales buscan ejercer un poder sobre todos y cada
uno de los sujetos de manera ininterrumpida.
Pues bien, ¿cómo aterrizar estas dimensiones en el ciberalismo? ¿En qué sentido
el ciberalismo es una gubernamentalidad y, más aún, una nueva forma de gobierno
que involucra un dominio sobre la exterioridad material y la interioridad afectiva
de los sujetos?
En primer lugar, el ciberalismo implica una dinámica de valorización de valor
donde el mercado no es simplemente aquello que regula al Estado (como el neoli-

Gallimard, 1994, pp. 207-228. Es menester, por tanto, indagar esta zona poca iluminada, desde la perspectiva
foucaultiana, sobre las conexiones entre economía y política.
86
 Ver Deleuze, G. y Guattari, F., El Anti-Edipo. Capitalismo y esquizofrenia, trad. de Francisco Monge, Barcelona,
Paidós, 1980.
87
 Lordon, F., La sociedad de los afectos. Por un estructuralismo de las pasiones, trad. de Antonio Oviedo, Buenos
Aires, Adriana Hidalgo, 2018, p. 15.
88
 Sobre la afinidad entre el dispositivo (de factura foucaultiana) y el equipamiento (de factura guattariana), véase
Ayala-Colqui, J., “Dispositivos y equipamientos (no agenciamientos): la normalización y la codificación del
capital según Foucault y Guattari”, en Famer, C. y Barbosa, V. (comp.), Nos rastros de Foucault: diálogos con-
temporáneos, 2022.

240 —
beralismo) 89 o aquello que debe ser sobrepuesto a él (como el liberfascismo) 90, sino
aquello que debe realizarse y optimizarse por medio de las tecnologías informacionales.
Así, no se trata ni de vigilar al Estado ni de suprimirlo, sino de subsumirlo en una
dinámica tecnológica de mejoramiento de las relaciones entre individualidades abs-
tractas.
En segundo lugar, la práctica y el discurso del ciberalismo no es el de la com-
petencia (como el neoliberalismo), ni el de la segregación (como el liberfascis-
mo), sino el del solucionismo y determinismo tecnológico, a saber: que el progreso
tecnológico es inevitable y que todo problema social se puede solucionar por
medio de la tecnología. Con ello, se delinea una inundación digital totalitaria de
la vida.
En tercer lugar, la elaboración material de los sujetos estriba en una modulación
personalizada que traduce la potencia de actuar de las colectividades en información
binaria manipulable, predecible y programable. De este modo, las dinámicas del tra-
bajo y las dinámicas del consumo se efectúan bajo una modulación inagotable que
permite una mayor explotación laboral prediciendo funciones biológicas y una cus-
tomizada experiencia de consumo orientando las decisiones subjetivas: no sorpren-
de, pues, que haya habido un problema político como el de Cambridge Analytica
donde literalmente por medio de una modulación algorítmica se previó la conducta
de las personas y, consecuentemente, se manejó su decisión electoral 91. Por consi-
guiente, mientras el neoliberalismo elabora sujetos materialmente precarios 92 so-
metiéndoles a una norma a la que hay que adaptarse 93 por medio de la lógica de las
finanzas 94 y el imperativo del endeudamiento 95 y el liberfascismo produce sujetos
físicamente y laboralmente discriminados, el ciberalismo construye sujetos infor-
macionalmente controlados en un continuum indiscernible de vida-trabajo-consu-
mo donde no hay adaptación del sujeto a una norma extrínseca y estable, sino una

89
 Ver Foucault, M., Nacimiento de la biopolítica. Curso en el Collège de France (1978-1979), op. cit. y Laval, C. y
Dardot, P., La nueva razón del mundo. Ensayo sobre la sociedad neoliberal, op. cit.
90
 Ver Ayala-Colqui, “El nacimiento del “liberfascismo” y los distintos modos de gestión de la pandemia en Amé-
rica Latina”, op. cit.
91
 Ver Kaiser, B., La dictadura de los datos, trad. de Carlos Ramos Malavé, Madrid, Harper Collins Ibérica, 2019
y Wylie, C., Mindf*ck. Cambridge Analytica. La trama para desestabilizar el mundo, trad. de Ana Herrera, Bar-
celona, Roca Editorial, 2020.
92
 Ver Standing, G., The Precariat: The New Dangerous Class, London, Bloomsbury, 2016.
93
 Ver Stiegler, B., « Il faut s›adapter ». Sur un nouvel impératif politique. Paris, Gallimard, 2019.
94
 Ver Marazzi, C., Capital y lenguaje: hacia el gobierno de las finanzas, trad. de Emilio Sadier, Buenos Aires, Tinta
Limón, 2014.
95
 Ver Lazzarato, M., La fábrica del hombre endeudado. Ensayo sobre la condición neoliberal, trad. de Horacio Pons,
Buenos Aires, Amorrortu, 2013.

— 241
construcción sincrónica y programable de múltiples customizaciones. El régimen de po-
der propio del ciberalismo es, por lo tanto, el dispositivo de control informacional.
Finalmente, mientras el neoliberalismo trabaja con la fantasía del “empresario
de sí”: todos podemos devenir ricos si invertimos lo suficiente en nuestro capital
humano; y el liberfascismo opera con la fantasía de un ataque a los estatutos onto-
lológico-axiológicos del sí: es menester incubar la figura del “defensor de sí” por me-
dio de una violencia segregacional contra los otros; el ciberalismo introduce la figura
fantasmática del “mejorador de sí”: todos debemos mejorarnos protésica y biológicamente
merced a los inexorables avances tecnológicos.
Es a través del mercado optimizado tecnológicamente, del determinismo y el
solucionismo tecnológico, de la modulación programable de los sujetos y de la su-
jeción deseante del mejorador de sí, que el ciberalismo permea la manera cómo se
viven las subjetividades contemporáneas y cómo se edifican las relaciones políticas
actuales ofreciendo una forma de gobierno continua sobre todos y cada uno de los
sujetos. Aquí es donde puede retomarse la noción foucaultiana de “control social” 96
que luego Deleuze nombrará, en la década del 90, como “sociedades de control” 97.
Para Foucault, ya en 1978, luego de la crisis del Estado de Bienestar existe un paso
del “orden disciplinario” hacia un “orden de control social” que se declina en la
presencia simultánea de “zonas vulnerables” de control total y “zonas de tolerancia”
de control aligerado. Para que sea posible efectuar no un poder disciplinario, sino
un control flexible “a distancia” es menester que exista lo que el filósofo de Poitiers
llama, de un modo asaz iluminador, “un sistema de información general”:

Es necesario un sistema de información que no tenga fundamentalmente como objetivo


la vigilancia de cada individuo, sino, más bien, la posibilidad de intervenir en cualquier
momento justamente allí donde no haya creación o constitución de un peligro, allí donde
aparezca algo absolutamente intolerable para el poder 98.

Para ello se requiere un “consenso” que “pasa, evidentemente, por toda esta serie
de controles, coerciones e incitaciones que se realizan a través de los mass media” 99.
Solo así el ejercicio del poder sobre los sujetos, por medio de canales informaciona-
les, puede perpetuarse y autocontrolarse. Sin embargo, Foucault también añade que
esta nueva forma de poder no es un “poder omnipresente, puntilloso y costoso” 100.

96
 Ver Foucault, M., “Nuevo orden interior y control social”, op. cit.
97
 Ver Deleuze, G., “Post-scriptum sobre las sociedades de control”, op. cit.
98
 Foucault, M., “Nuevo orden interior y control social”, op. cit., pp. 165-166.
99
 Ibid., pp. 166.
100
 Ibid., pp. 165.

242 —
Resulta ostensible que cuando el filósofo lanza estas ideas, de una forma sintética
y muy acotada, no tenía noticia en su época de los cambios tecnológicos, compu-
tacionales, cibernéticos y algorítmicos que, poco a poco, se volverán hegemónicos
hasta delinear una continua conexión digital de los sujetos. Pues bien, el diagnósti-
co de Foucault es preciso en todo lo que señala a condición de señalar que este con-
trol no es tan solo una forma de “aparente repliegue del poder” 101, sino que, merced
a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, es un recrudecimiento
del poder que, si bien deja la dominancia de una vigilancia física acotada 102, instala
otra forma de gobierno virtualmente incesante.
Casi dos décadas más tarde, Deleuze precisamente añadía a los mass media de
Foucault la importancia de “las máquinas informáticas y los ordenadores” 103, que
con un “lenguaje digital”, anuncian la aparición del control eclipsando, aunque no
anulando, la disciplina y, por extensión, la seguridad. Con esto no se trata de aban-
donar un poder omnipresente, sino de intensificarlo cibernéticamente: “El control
se ejerce a corto plazo y mediante una rotación rápida, aunque también de forma
continua e ilimitada” 104.
Por consiguiente, eso que Foucault y Deleuze vislumbran bajo la forma de (la so-
ciedad de) control no es sino la emergencia de una nueva modalidad política. Bajo
el amparo de tales análisis hemos creído conveniente ampliar sus respectivos focos
de reflexión y delinear los rasgos fundamentales de este movimiento político-social:
lo hemos llamado, no sin establecer algunos cambios en el vocabulario y una am-
pliación del enfoque, gubernamentalidad ciberal.
¿Por qué, en fin, no usar los conceptos de “tecnoliberalismo” o “gubernamentali-
dad algorítmica” para remitir al objeto que intenta mentar el ciberalismo?
El vocablo “tecnoliberalismo” (techno-liberalism), propuesto por Malaby y Fish,
y posteriormente por Sadin, es equívoco por tres motivos. Primero, remite tan solo
a un discurso ideológico, y en el peor de los casos a una Weltanschauung, y no a
una gubernamentalidad 105, de suerte que no cubre la cuestión del gobierno ininte-
rrumpido de las conductas, ni mucho menos el aspecto deseante aquí propuesto:
“El tecnoliberalismo designa un tipo específico de discurso digital, a saber: cómo la
101
 Ibid., pp. 166.
102
 Las nuevas tecnologías, empero, no anulan ni la disciplina ni la vigilancia. Ver Wajcman, G., El ojo absoluto,
trad. de Irene Agoff, Buenos Aires, Manantial, 2011 y Mattelart, A. y Vitalis, A., De Orwell al cibercontrol,
op. cit.
103
 Deleuze, G., “Post-scriptum sobre las sociedades de control”, ob. cit., p. 3.
104
 Ibid., p. 4.
105
 “Nos engañaríamos si viéramos dentro del uso de Internet fenómenos de gubernamentalidad en el sentido
foucaultiano”, Sadin, É., La silicolonización del mundo. La irresistible expansión del liberalismo digital, trad. de
Margarita Martínez, Buenos Aires, Cactus, 2018, p. 131.

— 243
élite demócrata dialoga sobre tecnología en un intento de mitigar las tensiones del
liberalismo” 106; “El espíritu de Silicon Valley lleva dentro de sí una visión de mundo
que estima que la técnica ha alcanzado de aquí en más tal grado de sofisticación que
su naturaleza, de algún modo, ha transmutado” 107. Segundo, es tematizado como
una prolongación del neoliberalismo, o del liberalismo, y no como un aconteci-
miento que desafía los senderos establecidos de la razón neoliberal: el tecnolibera-
lismo “marca tanto sus similitudes con el pensamiento neoliberal como su énfasis
en concebir sistemas complejos a través de la manipulación de la tecnología” 108;
se trata del “triunfo de una forma extrema del liberalismo: el tecnoliberalismo” 109.
Tercero, el prefijo “tecno” es excesivamente genérico, puesto que el capitalismo re-
quiere siempre de técnicas y toda conducción de conductas remite invariablemente
a técnicas de gobierno; de ahí que el prefijo “ciber” tenga la ventaja de enfatizar la
idea de “control” en estas nuevas técnicas de gobierno, la cual precisamente se tuvo
en ciernes con la acuñación del vocablo “cibernética” realizada por Norbert Wiener
en la mitad del siglo XX 110. Habría que añadir también que, estos autores, no tie-
nen una referencia explícita a los conceptos de modulación controlante y sujeción
deseante.
Por otro lado, está el término “gubernamentalidad algorítmica” acuñado por
Rouvroy y Berns. De entrada, los autores señalan la diferencia fundamental entre la
estadística y los big data algorítmicos: el primero remite a una “norma”, a una me-
dia, a un promedio; el segundo, a una personalización “a-normativa” 111. Es con esta
última que la “gubernamentalidad algorítmica” trabaja recolectando datos de los
sujetos, estableciendo correlaciones a-normativas entre ellos y, en fin, anticipando
los comportamientos individuales:

En consecuencia, por gubernamentalidad algorítmica designamos, de una manera global,


un cierto tipo de racionalidad (a)normativa o (a)política que reposa sobre la recolección, la
agregación y el análisis automatizado de datos en cantidad masiva a fin de modelizar, antici-
par y afectar, de antemano, los comportamientos posibles 112.

106
 Fish, A., Technoliberalism and the End of Participatory Culture in the United States. Palgrave Macmillan, 2017,
p. 108, traducción nuestra.
107
 Sadin, É., La silicolonización del mundo. La irresistible expansión del liberalismo digital, ob. cit., p. 99.
108
 Malaby, T., Making Virtual Worlds: Linden Lab and Second Life, Ithaca, Cornell University Press, 2009, p. 16,
traducción nuestra.
109
 Sadin, É., La silicolonización del mundo. La irresistible expansión del liberalismo digital, ob. cit., p. 39.
110
 Ver Wiener, N., Cybernetics. Or Control and Communication in the Animal and the Machine. Reissue of the 1961
second edition, Cambridge, The MIT Press, 2019.
111
 Rouvroy, A. y Berns, T., “Gouvernementalité algorithmique et perspectives d’émancipation. Le disparate com-
me condition d’individuation par la relation ?”, Réseaux, n°177, (2013), p. 166, traducción nuestra.
112
 Ibid., p. 173., traducción nuestra.

244 —
Para ello, esta forma de gobierno despliega un “perfilaje” (profilage) de los suje-
tos, a saber: la constitución de un doble informacional a partir del cual establecer las
recolectas y las estimaciones predictivas. Esto conlleva, finalmente, a que el sujeto
desaparezca, dado que las decisiones se operan allende la voluntad subjetiva: “la
gubernamentalidad algorítmica no produce ninguna subjetivación, sortea y evita
a los sujetos humanos reflexivos” 113. Por lo tanto, gobierna sobre “relaciones” 114 en
tanto condiciones de individuación de los sujetos.
Aunque el enfoque de Rouvroy y Berns –y el de Costa y Rodríguez que añaden
a este perfilaje algorítmico un poder sobre la información biológica de los sujetos
también a partir de un diálogo con Foucault y Deleuze 115– resulta sugerente y, en
muchos puntos, bastante acertado, nos gustaría tomar una distancia por las siguientes
cuatro razones. Primero, la gubernamentalidad algorítmica solo atañe a un dispositivo
de poder sobre los sujetos, pero no a una figura político-económica global que involu-
cra nuevos modos de acumulación del capital ni nuevas fantasías que reemplazan a
las neoliberales. La gubernamentalidad algorítmica consiste en la descripción de una
modalidad de poder a partir del uso de una tecnología determinada, esto es, los algo-
ritmos. La gubernamentalidad ciberal, por el contrario, es un concepto mucho más
amplio, anclado históricamente, que tematiza la intersección de discursos, prácticas,
dispositivos y deseos que modelan un nuevo régimen político-económico. Segun-
do, la gubernamentalidad ciberal rastrea la emergencia de la noción de información
como punto de anclaje de discursos sobre el solucionismo tecnológico y las prácticas
de control sobre los sujetos. A este respecto, los algoritmos y el datamining, fenóme-
nos subrayados por los autores señalados, son solo casos posibles de la tecnología de
la información. La gubernamentalidad algorítmica incurre, por consiguiente, en el
error de ver solo control en los algoritmos predictivos, cuando ya el advenimiento de
una sociedad de la información es la emergencia del control. Así la gubernamentalidad
ciberal, y la arremetida de su noción de información, es la condición de posibilidad
de los algoritmos y, por tanto, de “la gubernamentalidad algorítmica”. Tercero, el uso
del término gubernamentalidad en Rouvroy y Berns es impreciso, toda vez que las
formas de gobierno designan interrelaciones complejas de discursos, poderes y subje-
tivaciones que van más allá del funcionamiento de un simple dispositivo. Hablar de
gubernamentalidad algorítmica es tan absurdo como hablar de gubernamentalidad

113
 Ibid., traducción nuestra.
114
 Ibid., p. 184, traducción nuestra.
115
 Ver Costa, F., “Biopolítica informacional. Apuntes sobre el gobierno de los públicos en las sociedades de
control”. En AAVV, Estudios de Biopolítica, pp. 138-153. Santa Cruz, Universidad Nacional de la Patagonia
Austral, 2012 y Rodríguez, P., Las palabras en las cosas. Saber, poder y subjetivación entre algoritmos y biomolé-
culas, op. cit.

— 245
disciplinaria o gubernamentalidad de seguridad, términos que Foucault nunca utili-
zaría. Es más, el francés nunca se refiere al ejercicio de un dispositivo de poder como
gubernamentalidad. Por el contrario, para él gubernamentalidades son el liberalismo
o el neoliberalismo, es decir, fenómenos globales que involucran dispositivos pero
que no se reducen a esto. Por ende, más preciso sería hablar de “dispositivo algorít-
mico” en el caso Rouvroy y Berns. Con todo, aún esta denominación es unilateral,
puesto que la información misma, antes de todo datamining y big data, implica ya la
reducción de lo real a elementos predecibles y manipulables. De manera tal que si se
conserva el concepto de “gubernamentalidad algorítmica” rectificando su imprecisión
en la reformulación “dispositivo algorítmico” (haciendo abstracción, de momento, de
la cuestión de que sus notas teóricas sean las adecuadas), habría que decir que aquel
no es sino un caso posible del dispositivo de control-informacional: antes de los algoritmos
predictivos y el machine learning hay control modulador. Cuarto, discrepamos del
enfoque de los mencionados cuando señalan que las nuevas tecnologías contribuyen a
una elisión de los sujetos. Muy por el contrario, consideramos que la gubernamenta-
lidad ciberal produce sujetos: un sujeto digitalmente controlado que incuba el deseo de
mejorarse a sí por medio de extensiones corporales o modificaciones tecno-genéticas.
De igual manera, es aquí donde la noción de ciberalismo incorpora la cuestión de la
sujeción deseante: que las personas se conecten a cada momento y den libremente sus
datos no sucede simplemente fuera de una supuesta “conciencia representacional”
que anule la subjetividad como creen los investigadores citados, sino dentro de me-
canismos precisos de deseo y de mejoramiento de sí 116. En tal sentido, solo a nivel de
los dispositivos, se podría decir que hay una cierta afinidad entre nuestra propuesta y
la de Rouvroy y Berns: lo que ellos llaman “gubernamentalidad algorítmica”, nosotros
lo denominamos, con mayor amplitud histórica, “dispositivos de control”; pero, a ni-
vel de la gubernamentalidad, nuestro concepto apunta a una dimensión distinta que
a la mera dinámica del funcionamiento del poder por mor de una sola tecnología, así
como presupone notas teóricas diferentes, máxime contrapuestas.

A modo de conclusión: explotación económica bajo el ciberalismo y posibilidades


tecnológicas de emancipación

Como reflexión final nos gustaría indicar la presencia de la gubernamentalidad


ciberal en la cotidianeidad de nuestras acciones, especialmente en el trabajo y el
consumo. El control, que trae el ciberalismo, es actualizable y permanente. De ma-

116
 Ver Neff, G. y Nafus, D., Self-tracking, Cambridge, MIT Press, 2015

246 —
nera tal que, en la inundación digital de la vida, ya no hay estancos separados entre
distintas acciones, labores y funciones, sino un continuo de conexión permanente
bajo un control igual de incesante. Es en esta ilimitación informacional donde
acaece la fuerza del gobierno ciberal.
Por lo general, cuando se habla de las nuevas tecnologías y la política se enfatiza
el lado del consumo: se modela los datos del usuario para predecir sus compor-
tamientos y ofrecer un servicio personalizado, siempre actualizable, como sucede
en Meta (Facebook) y en Alphabet (Google). Se descuida, por ende, el aspecto del
trabajo. Queremos señalar, entonces, que también en el trabajo, y no solo en el
supuesto ocio y entretenimiento que nos brindan las plataformas, existe un control
y una predicción de las conductas: en Amazon los trabajadores son monitoreados
incesantemente para intervenir sobre el nivel de productividad y en Uber no solo se
manipulan a los consumidores, sino ante todo a los trabajadores 117. Asimismo, la
gubernamentalidad ciberal, por medio de sus dispositivos algorítmicos, reproduce
sin cesar las desigualdades sociales 118. De este modo, no solo se trabaja precaria-
mente, sea con el uso necesario de la tecnología (acrecentado por la pandemia de
la Covid-19), sino bajo la tecnología, donde aún el consumo y la libre profusión
de datos, junto al trabajo de la información por medio las máquinas 119, constituye
también un trabajo digital explotado 120.
Ahora, así como Guattari hablaba en su momento de “sociedad posmediática”
para realizar una crítica a los mass media no como una eliminación tecnófoba sino
como una apropiación creativa de los mismos 121, tendríamos que hablar, como
medio de emancipación, de una “sociedad pos-ciberal” que no rechace la tecnología
digital, sino que la convierta en plataforma de construcción de un nuevo común.
Para esto es necesario recusar la pregnancia de la acumulación del valor, tanto como
destituir los dispositivos de poder y, sobre todo, las configuraciones deseantes que

117
 Ver Couldry, N. y Mejias, U., The Costs of Connection. How Data Is Colonizing Human Life and Appropriating It
for Capitalism, London, De Gruyter, 2019, Gray, M. L., & Suri, S., Ghost work: How to stop Silicon Valley from
building a new global underclass, New York, Houghton Mifflin Harcourt, 2019 y Rosenblat, A., Uberland. How
Algorithms Are Rewriting the Rules of Work, California, University of California Press, 2019.
118
 Ver Eubanks, V., La automatización de la desigualdad. Herramientas de tecnología avanzada para supervisar y
castigar a los pobres, trad. de. Gemma Deza, Madrid, Capitán Swing, 2021.
119
 Ver Pasquinelli, M., “Capitalismo macchinico e plusvalore di rete Note sull’economia politica della macchina
di Turing”, En Pasquinellim, M. (a cura di), Gli algoritmi del capitale. Accelerazionismo, macchine della conos-
cenza e autonomia del comune, 2014, pp. 81-102.
120
 Ver Terranova, T., Network Culture. Politics For the Information Age, op. cit., Fuchs, C., “Labor in Informational
Capitalism and on the Internet”, op. cit. y Fumagalli, A., Lucarelli, S., Musolino, E. y Rocchi, G., “Digital
Labour in the Platform Economy: The Case of Facebook”, Sustainability, 10, (2018), pp. 1-16.
121
 Ver Guattari, F., Las tres ecologías, trad. de José Vásquez Pérez y Umbelina Larraceleta, Valencia, Pre-textos,
1990.

— 247
pesan, invisibles y discretos, sobre nuestros actos. Como decía Deleuze en el mo-
mento en que configuraba su ontología: “La lucha práctica no pasa por lo negativo,
sino por la diferencia y su poder de afirmar” 122 (Deleuze, 2002, p. 314). En tal
sentido, bajo el ciberalismo, nuestras armas están hechas también de esas pequeñas
diferencias que podamos construir entre y a partir de bits y bytes.

122
 Deleuze, G., Diferencia y repetición, trad. de María Silvia Delpy y Hugo Beccacece, Buenos Aires, Amorrortu,
2002, p. 314.

248 —
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