Título original: Seth on the Moon
Serie Zodiac Academy
2021, Caroline Peckham & Susanne Valenti
Traducción: Anny K.; Blog Mundo de Letras
Enero 2023
Ver. 1.0
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idioma original, te sugiero que lo hagas, de esa manera apoyas el trabajo de la autora.
Biiiip, biiiip. Puto biiiip.
¿Quién tocaba esa bocina a las malditas cuatro de la mañana?
Di vuelta en la cama con un gruñido de cabreo; mis hermanos y hermanas moviéndose a mi lado
con gruñidos y quejido de molestia. Alguien golpeó el suelo con un gañido cuando rodé sobre mi
espalda; resoplé, metiendo mi cabeza grande y esponjosa bajo la almohada. Esa noche todos mis
hermanos habían querido dormir conmigo, por lo que había codos y caderas en abundancia.
La pata de Athena presionaba mi cara y la aparté con la mía mientras el fuerte pitido
continuaba.
La luz se encendió de repente y mi madre apareció en la puerta como un espectro emergiendo
de las sombras.
—Seth Capella, levántate en este instante y dime ¿por qué Caleb Altair está fuera de nuestra
casa tocando la bocina en medio de la noche? —preguntó furiosa.
Inmediatamente cambié de nuevo a mi forma Fae, tomé un pantalón de chándal azul pálido y
me lo puse ¿Caleb? ¿Por qué estaba aquí?
—No sé, mamá —dije entre un bostezo.
—¡Bueno, averígualo! —ordenó.
Tomé mi atlas de la mesita de noche mientras los cuerpos esponjosos de mis hermanos rodaban
y se acomodaban, ocupando el espacio que había dejado en el centro de ellos. La lengua de Grayson
colgaba fuera de su boca, cerca del ano de Nick y el resultado de eso no se veía bien.
Revisé mis mensajes, pero no había nada de mis amigos, aparte de un mensaje de buenas noches
de Darcy en respuesta al mío.
Esta noche se estaba quedando con su familia y Gabriel, así que sabía que ella estaba bien.
Bueno, no bien, bien. El corazón de la chica había sido arrancado, pisoteado, puesto en una
licuadora, tragado por un Griffin y vuelto a cagar. Últimamente todo apestaba y me sentía
jodidamente impotente ante todo. En espacial cuando se trataba de ella. Yo había sido la causa de su
dolor durante tanto tiempo que ahora sólo quería aliviarlo y verla sonreír de nuevo, sin embargo, no
podía ver cómo eso iba a pasar.
Tomé una camiseta y me agaché junto a mi madre que gruñía. Bajé corriendo la gran escalera,
atravesé la gris y peluda alfombra del vestíbulo y abrí la enorme puerta de roble. Salí al porche
cuando los faros de Caleb me iluminaron, su auto deportivo negro brillando a la luz de la luna.
El aire templado me rodeó y mi corazón latió con más fuerza mientras bajaba corriendo los
escalones del porche y llegaba al sendero de ladrillo de la entrada hasta la ventanilla de su auto. Lo
bajó, sonriendo como un imbécil y arqueé una ceja mientras miraba esa boca tan ardiente sobre la
que no se me permitía tener pensamientos sucios, aunque lo hacía, regularmente.
—¿Y despertaste a toda mi familia en medio de la noche porqueee…? —pregunté con
curiosidad.
—Entra —insistió y mi ceja arqueada se levantó aún más.
—¿Qué pasa? ¿Ocurre algo? —pregunté, una burbuja de preocupación creció en mí.
—Nop, pero si no entras, llegaremos tarde —dijo y luego subió la ventanilla para terminar
nuestra conversación.
Estaba oscuro dentro, por lo que no pude ver su rostro cuando presioné mi dedo medio contra el
cristal. Luego hice una voltereta sobre su capó para llegar al otro lado; una pequeña voltereta hacia
atrás con mi magia de aire. Aterricé al lado de la puerta del copiloto que se abrió como un ala.
Me dejé caer en el asiento y la puerta se cerró con suavidad. Había una bolsa de bocadillos en el
espacio para los pies que agarré de inmediato, saqué algunas papitas fritas y las metí en mi boca.
Caleb salió en reversa del camino de entrada a alta velocidad, usando sus sentidos de vampiro
para conducir como un loco y girar el auto hacia la carretera. Se alejó de mi casa, dándole a mi
madre la paz que tanto necesitaba. Grité mientras corría hacia la oscuridad, el camino flanqueado
por un espeso bosque.
—¿Entonces a qué se debe? —pregunté, mirándolo mientras él no podía mirarme, noté la fuerza
de su mandíbula y la forma en que se chupó el labio por un segundos antes de hablar. Se me
vinieron ideas prohibidas, así que volvía a mirar hacia la carretera y me moví en mi asiento. «No te
atrevas a tener una erección por tu mejor amigo».
—Bueno, ¿recuerdas cómo te conseguí ese boleto para visitar la luna? —dijo, lanzándome una
sonrisa y me quedé boquiabierto cuando me di cuenta de qué día era.
—No, Cal. Dije que iría el próximo año, cuando se termine este espectáculo de mierda. No
puedo dejarlos ahora mismo.
—Es sólo por unos días —dijo Cal con un gruñido—. Y no puedes poner tu vida en pausa sólo
porque el mundo está en peligro. A la mierda el mundo. Mereces divertirte un poco.
—¿Desde cuándo merezco divertirme un poco? —me resistí—. He sido un real gilipollas
durante un año completo. No, dos años. Y no puedo decir que realmente esté planeando abandonar
esa tendencia.
—Sí, bueno, eres bueno con tu círculo íntimo —dijo con una sonrisa.
—Supongo que es verdad —dije pensativo y me dio un puñetazo en el hombro juguetonamente.
—Irás. Es mi regalo y te digo que lo usarás.
«Mmm, mandón Cal. Joder, sí, por favor».
—Está bien —cedí, porque por las estrellas, era la luna ¡La luna! Ni Mercurio ni Venus, ni el
viejo y aburrido Neptuno. Esta era la verdadera luna de mierda de la que estábamos hablando. La
cosa brillante y resplandeciente que me dio mi magia—. Oh, mis estrellas, me voy a la luna ¡Cal,
me voy a la luna!
Me lancé sobre él, forcejeó en su asiento mientras luchaba por mantener el control del auto.
Lamí su rostro y mi mano se deslizó sobre su pecho mientras me preparaba y él trataba de
apartarme. Sabía como un hombre real, su barba áspera contra mi lengua; a mi polla le gustaba
demasiado.
Me dejé caer en mi asiento antes de sobreexcitarme, pero para ser justos, estaba bastante seguro
de que en parte y de todos modos podía culpar a la luna de mi erección. Puse la bolsa de papas fritas
entre mis piernas como la cortina perfecta para ocultar mi erección y sonreí de oreja a oreja. «Voy a
ser el primer hombre lobo en la luna. Posiblemente regresaré con poderes lunares».
—Tenemos que estar allí antes del amanecer. Supuse que el viaje sería más divertido que el
polvo de estrellas —dijo Cal, metiendo su mano en la bolsa de papas fritas entre mis muslos y me
retorcí torpemente en mi asiento con un ruido estrangulado mientras trataba de evitar que golpeara
mi dura polla. Cal me lanzó una mirada mientras levantaba mi trasero del asiento y pretendía estar
buscando algo en el compartimiento de la puerta.
—¿Estas bien, colega? —preguntó.
—Sí, perfectamente.
Se metió un puñado de papas fritas en la boca y yo me acomodé en mi asiento, empujando las
papas más hacia mis rodillas.
—Hice una lista de reproducción para el viaje —dijo Cal con entusiasmo, golpeando su Atlas en
el soporte del tablero y The Killing Moon de Echo and The Bunnymen comenzó, haciendo que mi
corazón se acelerase con entusiasmo.
—Eres el mejor, colega. Voy a conseguirte una piscina de sangre para tu próximo cumpleaños.
—Sabes que eso es ilegal —resopló.
—No, si nadie muere para suministrarlo —dije con insistencia. Definitivamente ya lo había
investigado y habría Faes haciendo fila para ofrecer sangre cuando supieran que el Heredero
Celestial la bebería.
Gruño con la parte baja de su garganta y le lancé una mirada.
—Alguien tiene hambre.
—Nah —rehuyó.
—Lo estas. Vamos, bebe.
Le ofrecí mi muñeca poniéndola debajo de su nariz y su garganta se movió cuando sintió la
cercanía de mi sangre.
—Es sangre de primera calidad. Zámpate, amigo.
Resistió un momento más, entonces sus colmillos emergieron y los clavó en mi muñeca, sus
ojos se entornaron mientras los mantenía en el camino y se alimentaba de mí al mismo tiempo. Su
boca contra mi piel era como un fósforo encendiendo en mi carne. Mi respiración se hizo irregular y
no podía apartar la mirada del lugar donde él se alimentaba. Se sentía tan bien. Me pregunté si tenía
que chupar con más fuerza para mantener a raya mi sangre porque en ese momento estaba corriendo
hacia mi polla como un tren a toda velocidad.
El auto se desvió con violencia y Caleb liberó sus colmillos y giró las ruedas para evitar chocar,
haciendo que mi pulso latiera salvajemente. Ambos nos reímos con nerviosismo cuando aparté mi
mano, pasando mi pulgar sobre la marca de la mordedura para sanarla.
Condujimos durante un par de horas y Cal al fin tomó un camino largo y sinuoso que conducía a
la propiedad del Sr. Nakatuki. Había estado aquí un par de veces antes, cuando lo aceché y le rogué
que me llevara a la luna. La primera vez, la respuesta fue un contundente no. La segunda vez, tan
sólo dejó que la seguridad se ocupara de mí y mi nombre apareció en la prensa. Por fortuna, mi
equipo de relaciones públicas había tergiversado esa historia maravillosamente para que pareciera
que estaba enamorado de la luna, que sólo quería ir allí en nombre de todos los hombres lobos en
Solaria para agradecerle sus regalos. Sí, el equipo era un maldito hacedor de milagros. Una vez me
atraparon saliendo de la habitación de un hotel de una cantante famosa, con el trasero al aire y
cubierto de brillo después de hacer que se corriera con tanta fuerza que cambió a su forma de
Pegaso. Por fortuna, mi polla había estado fuera de ella en ese momento, no estaba en Order
jodiendo, aunque yo era un chico de intentarlo todo de una vez. De todos modos, su novio era su co-
artista que hubiera querido mis pelotas debido a las fotos que salpicarían todos los periódicos de mi
publicación follándome a su chica, pero el equipo de relaciones públicas había tergiversado toda la
historia para que pareciera que la había escuchado ahogarse en la habitación de al lado, que salté
para salvar su vida mientras salía de mi formulario de Order y que luego bajé por las escaleras de
incendios para buscar ayuda. Su novio me envió todos sus álbumes firmados por los dos como
agradecimiento. Fue tan sucio, amigo.
Caleb detuvo el auto frente a una enorme casa de madera con un largo porche y grandes
ventanas de vidrio que me dieron vibras de Crepúsculo. Podría haberme comido a Edward Cullen
en el desayuno; literal y sexualmente. Podría tenerlo como quisiera, a Jacob también. La forma en la
que los mortales representaban a los vampiros y hombres lobos era bastante divertida. Cal y yo
habíamos visto juntos las películas mientras nos orinábamos de la risa y representábamos escenas
entre Edward y Jacob. Incluso visitamos el reino de los mortales y les hicimos una broma a un par
de chicas mortales que pensaron que las íbamos a crepuscular. No era estrictamente legal, pero sí
estricta y jodidamente hilarante. En especial cuando lancé el hechizo de luz en la cara de Cal para
que pareciera que estaba brillando.
—Te empaqué una bolsa.
Cal se acercó al asiento trasero, lo tomó y lo dejó caer sobre mi regazo. Un gemido perruno me
abandonó cuando lo miré, apretando la bolsa contra mi estómago.
—Ojalá pudieras venir tú también.
—No. —Sacudió su cabeza—. La falta de gravedad jodería mi velocidad de vampiro, no creo
que me interese. Eso sí, haz muchas fotos.
—Lo haré. Y videos. —Sonreí, mi mirada se fijó en la suya por una eternidad, mientras dudaba
en irme. A la mierda. Me incliné y lo abracé fuerte—. Gracias, hombre —le dije al oído y sus dedos
se cerraron en puños en la parte de atrás de mi camisa por un momento, sosteniéndome allí mientras
mi corazón retumbaba contra su pecho y su espalda golpeaba con fuerza contra la mía. Olía como
mi perdición y de verdad esperaba ser lo bastante inteligente como para no arruinar algún día
nuestra amistad.
—Te recogeré el lunes.
Me dejó ir y le di una sonrisa de soslayo mientras salía del llamativo auto y corría por el porche,
despidiéndome con la mano antes de llamar a la puerta.
Cal se dio la vuelta, se alejó por la carretera y la puerta se abrió frente a mí. Un anciano con una
larga barba gris me frunció el ceño. Su ropa era larga, holgada con estampados de colores. Levantó
una severa ceja mientras me observaba.
—Así que al fin conseguiste un boleto —dijo con un tono de molestia.
—Sí, señor —dije con alegría—. Perdón por el eh… el acecho y el intento de allanamiento. Y
cuando tomé a su gato como rehén… y el daño que le hice al marco de su puerta cuando traté de
sujetarlo, logrando que esos cuatro guardias de seguridad me sacaran. Ah, y la abolladura que dejé
en su coche cuando le di un puñetazo. Y las amenazas de muerte…
—Sí, no recordemos todo eso, ¿de acuerdo? —interrumpió con brusquedad, haciéndose a un
lado—. Entra. Llegas tarde, los demás ya están esperando para irse.
Me lancé dentro y él caminó detrás de mí, dirigiéndome a través de una puerta al final del
pasillo. Maldije por lo bajo cuando entré en una habitación temática de la luna, con piso y paredes
grises, fotos de la luna por todo el lugar, iluminación baja y un video de las estrellas
reproduciéndose en el techo sobre nosotros. Los otros nueve ganadores del boleto estaban de pie al
final de la sala, charlando entre sí, vestidos con trajes grises brillantes.
Todos me miraron, quedándose en silencio cuando se dieron cuenta de quién acababa de
unírseles. A veces, ser famoso era emocionante, otras veces apestaba. Como en esa ocasión. Odiaba
que me miraran así, como si fuera un extraterrestre que acaba de salir del trasero del señor
Nakatuki.
—Tendrás que ponerte esto. —El señor Nakatuki me entregó un mono gris metálico mientras
comenzaba a ponerse el suyo—. Como acabo de explicar a los demás, el forro tiene un rastreador en
caso de que se pierdan y el traje está imbuido de hechizos de mi propia creación para mantenerlos a
salvo en la atmósfera de allá arriba. Como elemental de aire, puedes usar tu propia magia para
suministrarte oxígeno, o puedes usar los cascos hechizados, Una vez que lleguemos a la base
lunar…
—Ooh, base lunar —susurré y él se aclaró la garganta mientras me subía el cierre del traje hasta
el cuello. Me veía tan bien.
—Sí, la base lunar —reiteró—. Tendrá acceso a todos los cascos que necesites, sin embargo,
como eres un hombre lobo, de todos modos tus reservas mágicas posiblemente permanecerán llenas
durante todo el viaje, por lo que los cascos son opcionales. —Dio un paso más cerca de mí y
sostuvo un Atlas debajo de mi nariz que produjo de las estrellas a saber dónde—. Necesito que
firmes esta responsiva.
Lo recibí, ojeando el texto.
—Bla, bla, bla. Si muero no es responsable, bla, bla, bla.
Garabateé mi firma en la parte inferior y se la devolví con una sonrisa. Él no la devolvió. Oh
bueno, lo convertiría en mi buen viejo amigo para cuando terminara el viaje. Nadie podía resistirse
cuando encendía el encanto y para el tipo era el día de suerte.
—Morir no debería ser su única preocupación, señor Capella —dijo con seriedad—. No he
testeado los efectos que la luna podría tener en un hombre lobo. Tu magia podría volverse tan
abrumadora que dañaría la conexión de tu cuerpo con las manos, o podría causar un trauma en tus
dedos cuando uses tu magia o…
—Sin riesgos ¡Vamos! —Me lancé a través de la habitación hacia mis nuevos amigos, les di
una palmada en los hombros y todos se volvieron tímidos conmigo. Ni siquiera uno de ellos me
miró a los ojos. «Puff, ¿en serio? Bien, no necesito amigos lunares. La luna será mi amiga y el señor
Nakatuki».
Pasó junto a nosotros hacia lo que primero pensé era una puerta negra brillante ubicada al final
de la habitación, pero luego me di cuenta de que era un arremolinado espacio oscuro de nada.
—¿Qué es eso? —pregunté rebotando sobre las puntas de mis pues.
—Un portal de polvo de estrellas —anunció con una sonrisa de superioridad—. Ha sido creado
con el permiso de los Consejeros y regulado con polvos de luna. Como habrán leído en el
documento que recibieron por correo…
Aparté la mirada de él sospechando ligeramente que cuando me miró, supuso que no había leído
ese documento. Sólo miré las fotos y abofetearía a mis hermanos con las revistas cuando les
restregara que fui a la luna y ellos no.
—… sabrán que no pueden revelar ninguna tecnología mágica vista en este viaje. El
incumplimiento de esta regla dará lugar a un proceso judicial. Mantener esta tecnología en secreto
asegura que la luna no será invadida por compañías que buscan hacer una fuente de ingreso con
nuestro amado cuerpo celeste. Debemos proteger este lugar tan sagrado y tratarlo con el máximo
respeto ¿Lo entienden?
Todos asentimos y la chica rubia frente a mí me miró por encima del hombro, agitando las
pestañas antes de alejarse de nuevo. Sin embargo, no tenía ojos para ella, tenía una cita con la luna y
probablemente se moría por conocerme.
—En fila india —agregó Nakatuki y me abrí paso hasta el frente del grupo, ladrando con
entusiasmo. Me miró malhumorado, pero no me detuvo cuando me acerqué al portal de polvo de
estrellas.
«Mierda, me voy a la luna».
Nakatuki me hizo una seña para que avanzara y levanté la barbilla, caminando hacia el portal
con confianza y las estrellas me absorbieron. Caí a través de ellos y mi cabeza dio vueltas cuando el
aire pareció diluirse y sentí que estaba volando a mil millas por hora. No era como el polvo de
estrellas normal, era increíble, como si estuviera siendo catapultado directamente a las estrellas.
De repente fui expulsado y mis pies descendieron lentamente sobre un suelo gris calcáreo suave
debajo de mí. Lo miré con la boca abierta. La luna, estaba en la luna. La magia creció dentro de mí
con tanta fuerza que me hizo jadear por un aire que no existía. «Oh, mierda».
Llevé la mano a mis labios, ajustándome a la extraña sensación de ingravidez mientras lanzaba
una burbuja de aire alrededor de mi boca y nariz, inhalando profundamente.
Miré a través de la oscura superficie, hacia un enorme edificio con cúpula blanca que debía ser
la base lunar que Nakatuki había mencionado. Parecía un invernadero, excepto que tenía ventanas
transparentes que daban una vista a un interior deslumbrante.
Las estrellas titilaban arriba y la tierra resplandecía a lo lejos, solo una pequeña bola azul y
verde, todo mi mundo había quedado atrás.
Eché la cabeza hacia atrás y aullé, saltando hacia adelante y riéndome de la forma en que podía
saltar tan alto y flotar hasta el suelo.
—¡Señor Capella, necesito orientarlo antes de que se vaya! —La voz del Sr. Nakatuki viajó por
detrás de mí, pero seguí dando volteretas, demasiado emocionado mientras corría por la hermosa
superficie. Si desde lejos ella era una pequeña y bonita provocación, de cerca era una roca sucia y
puta.
—¡Señor Capella! —Nakatuki rugió mientras saltaba sobre una pequeña colina, flotando fuera
de la vista más allá y despidiéndose vagamente de él. No necesitaba una orientación. La luna y yo
teníamos una afinidad, un entendimiento. La forma en que llenaba mi cuerpo con magia era todo lo
que necesitaba saber acerca de cuánto amaba tenerme aquí. Yo era su perra, su pequeño lobo venido
de la tierra para presentar sus respetos. Y la compensaría bien.
Me puse de rodillas, besando las rocas, puliéndola. Hice ángeles de nieve en la tierra, pinté I
heart Cal [1] en el polvo y luego rodé por el suelo, necesitando sentirla toda sobre mí. ¿De verdad,
qué podría pasar si me quitaba el traje?
Empecé a desvestirme, quitándome las botas hasta que estuve desnudo y de pie con las manos
en las caderas mientras miraba el paisaje oscuro y ondulado de mi amante lunar.
Mi polla estaba dura y cuando mis ojos se clavaron en un pequeño cráter a medio metro de
distancia, una sonrisa hambrienta tiró de mis labios. Llegar desde tan lejos y no hacerle pasar un
buen rato a la luna.
Pronto tuve mi polla metida en lo profundo del agujero, embistiéndola mientras clavaba mis
manos en la tierra y le mostraba a la sexy perra lo que se había estado perdiendo toda su vida. La
domé, coronándola bien y ella amó cada segundo.
—¡Señor Capella! —Nakatuki de repente chilló como una mujer, justo cuando acabé con un
largo gemido. Levanté la cabeza mientras jadeaba, encontrándolo con la boca abierta y a su espalda
todo el grupo de ganadores de boletos con sus trajes y cascos. La conmoción total estaba escrita en
todos sus rostros y algunos de ellos miraron hacia otro lado con las mejillas rojas y los ojos muy
abiertos.
—¡Has profanado a la luna! —Nakatuki se lamentó, luciendo débil cuando me levanté cubierto
de polvo lunar que podía saborear en los labios.
—¡Ella lo quería! —Le devolví el lamento y trató de alejar a los demás, mientras intentaba
cubrir algunos ojos cuando un par permanecieron en el lugar.
—Has profanado a este ser sagrado. —Medio sollozó Nakatuki.
—A ella le gustó —insistí. No era un maldito violador de la luna. Podía sentirla clamando mi
nombre, atrayéndome.
La magia en mis venas y el poder del suelo bajo mis pies hacía que mi cabeza zumbara. Me
sentí puramente animal. Un simple lobo hambriento en medio del desierto. Me di la vuelta con un
aullido, rebotando por el suelo mientras escapaba y me reí como un loco.
—Ella me ama y yo la amo, ¡no puedes mantenernos separados, Nakatuki! —vociferé con otra
risa maníaca y sus sollozos me siguieron en la oscuridad, donde solo estábamos la luna y yo, cuya
risita estaba casi seguro de poder escuchar. Eso, o bombeaba demasiado oxígeno a mi cerebro.
Me tuve que preguntar si Cal sabía que me había organizado una cita con la luna todo este
tiempo. Siempre hizo todo lo posible por mí. E iba a asegurarme de tener más que unas cuantas
historias para llevar a casa solo para él. En el fondo, yo sabía por qué me gustaba tanto este lugar,
incluso más allá a deberse de que era un hombre lobo y que la adoraba todas las noches; fue porque
Cal había sido quien me compró la luna y de alguna manera, a cambio, encontraría una forma de
comprarle el mundo entero.
Notas
[1] Dibujo simplificado de la palabra “I love you” que se hace colocando un corazón en lugar de
la palabra “love”. >>