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Terror en el pueblo maldito

Un grupo de cinco amigos decidió explorar una antigua mansión abandonada en un pequeño pueblo, atraídos por las historias de misterio que la rodeaban. Al adentrarse en la mansión descubrieron pasadizos secretos que los llevaron a una cámara subterránea, donde se encontraron con una figura encapuchada que los atrapó. La figura malvada los posesionó con fuerzas oscuras, transformándolos en siervos del mal que sembraron el terror en el pueblo.

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Terror en el pueblo maldito

Un grupo de cinco amigos decidió explorar una antigua mansión abandonada en un pequeño pueblo, atraídos por las historias de misterio que la rodeaban. Al adentrarse en la mansión descubrieron pasadizos secretos que los llevaron a una cámara subterránea, donde se encontraron con una figura encapuchada que los atrapó. La figura malvada los posesionó con fuerzas oscuras, transformándolos en siervos del mal que sembraron el terror en el pueblo.

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El pueblo

Subgénero: Terror

Había una vez un pequeño pueblo enclavado en las profundidades del bosque. La vida allí parecía
tranquila y apacible, pero todos los habitantes sabían que existía una historia macabra que
acechaba entre las sombras. Se decía que en las noches más oscuras, cuando la luna se ocultaba y
el viento aullaba, una presencia malévola se manifestaba.

La leyenda contaba la historia de una antigua mansión abandonada al final del camino del pueblo.
Durante años, los lugareños se habían encargado de evitar ese lugar, temerosos de las historias que
corrían de boca en boca. Pero un grupo de jóvenes, en su afán de probar su valentía, decidió
adentrarse en la mansión y desvelar el misterio que la envolvía.

Era una noche sin luna cuando los cinco amigos, Santiago, Valentina, Marcos, Sofía y Andrés,
llegaron a la entrada de la mansión. Las puertas crujieron al abrirse, y un escalofrío recorrió sus
cuerpos mientras se adentraban en la oscuridad. El aire se volvió más denso y opresivo, y cada
paso resonaba en el silencio de la noche.

Las habitaciones estaban cubiertas de polvo y telarañas, muebles destrozados y retratos que
parecían seguirlos con la mirada. A medida que avanzaban, extraños sonidos les llegaban desde las
sombras, susurros ininteligibles y risas malévolas. La tensión crecía en el grupo, pero ninguno
estaba dispuesto a dar marcha atrás.

En el sótano, descubrieron una puerta secreta que los conducía a un pasaje subterráneo. Siguiendo
la única vía posible, llegaron a una sala lúgubre y empapada de sangre. Un altar oscuro se alzaba
en el centro, rodeado de símbolos siniestros. En ese momento, se dieron cuenta de que no estaban
solos.

Una figura alta y enlutada emergió de las sombras. Su rostro estaba oculto bajo una capucha, pero
su presencia emanaba un aura de maldad pura. La figura avanzó lentamente hacia ellos, y el terror
invadió sus corazones. Intentaron huir, pero la puerta detrás de ellos se cerró con un estruendo,
atrapándolos en aquella sala infernal.

La figura pronunció palabras en una lengua desconocida y una ráfaga de viento helado los rodeó.
Uno a uno, los jóvenes fueron poseídos por una fuerza maligna, sus ojos se volvieron negros como
el abismo y sus cuerpos retorcidos se convirtieron en marionetas del mal. Ahora, la presencia
malévola había encontrado nuevos siervos para sembrar el caos en el pueblo.

Desde aquel día, los habitantes del pueblo vivieron atormentados por la oscuridad. Los jóvenes
poseídos sembraron el terror en cada rincón, llevando consigo la maldición de la mansión. Nadie
se atrevía a adentrarse en aquel lugar prohibido, pero las sombras acechaban en la noche,
recordándoles que el mal siempre encuentra un camino para manifestarse.

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