LA VIDA DE OSCAR LEWIS*
KAL W AGGENHEIM* *
a este foro consiste en una reseña del libro La vida,
M lacontribución
'I
cual escribí para la revista norteamericana Tbe New Leader:
Cito la reseña:
En un libro sobre la pobreza en los Estados Unidos titulado T he
Other Americe, el autor Michael Harrington dice lo siguiente: "Los
pobres necesitan de un novelista. " un Dickens de Norteamérica pam
describir el olor y textura de sus vidas".
El libro La vida es casi como una respuesta a este reto. En su obra,
el antropólogo Osear Lewis ha combinado testimonios grabados en
cinta magnetofónica, con observaciones de él y sus ayudantes, y ha
arreglado todo este material en lo que él llama "coherents lite stories".
El resultado ha sido un documento monumental de medio millón de
palabras sobre la vida de una familia puertorriqueña sumergida en la
subcultura de la pobreza. Es un documento descrito por el Dr. Lewis
como un "nuevo tipo de realismo social". De hecho, La vida llega muy
cerca de ser novela, sin abandonar la disciplina científica de la an-
tropología.
Algunas partes de La vida, traducidas del español vulgar de la
familia Ríos, sus amigos y vecinos, igualan la mejor literatura con-
temporánea, recorriendo desde relatos patéticos de miseria, brutalidad
y la baratura de la vida, hasta pasajes que rivalizan las explosiones
más eróticas y salvajes de Henry Miller, y es muy raro que un lector
encuentre una figura tan inolvidable y gigantesca como Fernanda, la
madre de la familia Ríos ...
Pero además de sus cualidades literarias, y además de su exposi-
ción fiel de cómo viven "los de abajo", La vida también significa
mucho para quien observe la relación entre Puerto Rico y los Estados
* Ponencia presentada en un Foro en torno al libro La Vida de Osear Lewis que
se celebró el día 8 de febrero de 1967 bajo los auspicios de la Sección de Ciencias Mora-
les y Políticas del Ateneo Puertorriqueño.
** Periodista y ex Director de la revista San Juan Reoieio.
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Unidos. Una relación que comenzó en el año 1898 como un caso de
rapto puro y simple, y ahora ha ido legitimizándose debido a un go-
bierno pragmático, 10 cual, cree que no hay alternativa factible.
Aunque los Estados Unidos están gradualmente soltando las rien-
das del control político, su impacto en áreas culturales y económicas
es tan abrumador que el antropólogo puertorriqueño Eduardo Seda-
Bonilla escribió 10 siguiente en un artículo reciente. Cito: "Gerentes
}' empresarios norteamericanos ocupan los puestos más altos de poder
en la sociedad; con puertorriqueños en el papel de 'supporting charact-
ers' en el medio ... y la mayoría están en los puestos bajos, vendiendo
su labor en el mercado de sueldos bajos". Mezclada dentro de esta
mayoría está la gente de La vida, ciudadanos de la subcultura de la
pobreza, gente que no participa de las instituciones de la sociedad ni
recibe una porción adecuada de sus beneficios.
La presencia de los Estados Unidos no es la causa de la cultura
de la pobreza en Puerto Rico. La cultura de la pobreza existe en muchos
otros países que son completamente independientes. En México, por
ejemplo, como el Dr. Lewis ha señalado en libros como Los hij.";iJ de
Sánchez. Pero es posible que esta dolorosa situación de pobreza, en
cierto sentido, está más agudizada en Puerto Rico, donde los pobres
no están solamente aislados de sus compatriotas más privilegiados sino
también aislados -y mucho más aislados- de la estructura corporativa
norteamericana, la estructura que maneja la economía de la Isla, y
también determina los valores básicos que se deben poseer para lograr
éxito en la vida.
Si es verdad, como calcula el doctor Lewis, que un 25 por ciento
<le los 40 millones ó 50 millones de pobres en los Estados Unidos
pertenecen a la cultura de la pobreza, el dilema de Puerto Rico es aún
más urgente por que su ingreso anual per capita es solamente la mitad
del Estado más pobre de la Unión. Sin embargo, automóviles, comida
y otras cosas.esenciales tienen precios más altos que el nivel que pre-
valece en la ciudad de Nueva York.
"El Otro Puerto Rico", y me refiero a los pobres que no se ven
'en la vitrina, forma una parte considerable de la población. En 1960,
Un 80 por ciento de las familias de la Isla ganó menos de 3' mil dó-
lares al año; y un 42 por ciento ganó menos de mil dólares al año.
En 1953, el 45 por ciento más pobre de las familias ganó un 18 por
ciento del ingreso total de todas las familias. Y diez años después, ese
45 por ciento más pobre se empobreció -en términos relativos-e- ya
que sólo ganó 16 por ciento del ingreso total.
Puerto Rico es como un capilar del cuerpo gigante de la economía
norteamericana. La presencia de tanta pobreza, generación tras gene·
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ración, en .el medio de una época de mucho progreso económico, indica
que el cuerpo en si padece de una enfermedad seria. Mientras la eco-
nomia de los Estados Unidos permite comodidades maravillosas para
la clase media en los Estados Unidos, y en Puerto Rico también aunque
en una escala menor, el libro La vida ofrece documentación innegable
de que no ha tenido éxito en cambiar los patronos de vida de los muy
pobres. Siendo dos veces más pobre que el Estado más pobre de los
Estados Unidos, Puerto Rico tiene un camino "jalda arriba" que es
muy largo. Pero al fin del camino se encontrará con la triste realidad
que en los Estados Unidos, un 25 por ciento del pueblo vive dentro
de la pobreza, carece de vivienda, medicina, comida y oportunidad
adecuada. Esta es una realidad a la cual Puerto Rico tiene el privilegio
de aspirar -una realidad que cambiará solamente si se efectúan me-
joramientos importantes en la estructura económica y social de los
Estados Unidos.
El distinguido economista Gunnar Myrdal ha formulado una teo-
ría que sostiene que cualquier asociación entre socios de fuerzas. des-
iguales resultará que los ricos se pondrán más ricos, y los' pobres serán
más pobres. Si esta teoría es válida, Puerto Rico, después de haberse
desvestido del título de La Casa de los Pobres en el Caribe -y después
de mucho progreso económico-e- quizás está destinado a ser "La Casa
de los Pobres de los Estados Unidos".
Al examinar el futuro de la cultura de la pobreza, el doctor
Lewis dice que en el caso de los Estados Unidos, donde los pobres es-
tán en la minoría, es posible que una solución de trabajo social sea
factible. Pero, dice que esto no es posible en los países subdesarrolla-
dos, en donde debido a la magnitud del problema, los psiquiatras
apenas pueden satisfacer las necesidades de su propia clase media.
Debido a esto, Lewis dice que en los países pobres, es posible que los
líderes busquen soluciones más revolucionarias ... soluciones que cam-
bien la estructura básica de la sociedad.
No cabe duda que Puerto Rico es un país pobre, 10 que sugiere
una solución revolucionaria según el análisis del doctor Lewis, Pero
debido a su status político semicolonial bajo los Estados Unidos, una
solución revolucionaria es improbable. Hasta en la República Do-
minicana, un país supuestamente independiente, no ha sido posible
llevar a cabo una revolución -ni económica ni militar- en los últi-
mos años sin intervención del exterior.
Debido a esta realidad, .cualquier paso que se tome en Puerto
Rico probablemente seguirá el patrón norteamericano de "subir poco
a poco el nivel de vida de los pobres hasta incorporarles en la clase
media" .
LA VIDA DE oseAR LEWIS 263
Quizás el ejemplo más acerbo de este proceso lento y doloroso se
encuentra en La vida, en el caso de Cruz, la hija menor de Fernanda,
quien está lisiada de una pierna. Cruz vivía en La Esmeralda, el nombre
ficticio de un arrabal a la orilla del mar en la capital de San Juan; un
arrabal "elegante" comparado con algunos otros de la ciudad; un arra-
bal donde el ingreso anual per capita es de $240; un Casbah del Ca-
ribe, y que es una comunidad casi hermética de pequeños propietarios,
estibadores, choferes de taxi, obreros de construcción, prostitutas, ven-
dedores de drogas, pillos -la gama entera de la sociedad de clase baja,
gente honesta y deshonesta unida por su situación económica. Cruz
explica un aspecto del círculo vicioso de la vida en el arrabal. Cito:
"Cada 15 días, los jueves, antes de que venga la trabajadora social, yo
puedo limpiar mi casa de arriba p' abajo pa que no haiga nada en el
piso para los ratones, pero cuando la casa está limpia, estamos en más
peligro de que los ratones nos muerdan".
Cuando Cruz acepta mudarse de La Esmeralda a un caserío pú-
blico, se muestra insegura. Dice: "De los sitios tranquilos líbreme
Dios; que de los malos me libro yo" .
. Y, después de mudarse, dice: "Esta casa es tan grande ... Tengo
tantas tablillas y tan pocos platos ,que tengo que poner un plato aquí
y otro allá para que las tablillas no se vean tan vacías. En La Esme-
ralda, nunca necesitaba tantas cosas como necesito aquí".
Pero, como un contrapunto trágico a la aspiración creciente que
tiene Cruz de poseer "cosas", las dos fuentes básicas de su ingreso han
desaparecido. En el arrabal, ella subsistía por medio de la prostitu-
ción yla venta de billetes de lotería. La gente decía: "déjarne comprar
de la Coja Cruz, porque las cojas me traen suerte". Pero ahora, ella
dice qué la gente del caserío la miran y se ríen. Y ahora Cruz quiere
operarse para -como dice ella- "enderezarme".
Es posible que con una operación Cruz se pueda enderezar física-
mente, pero a menos que sea una excepción rara, la naturaleza tenaz
de sus valores básicos la mantendrá sumergida en la subcultura de la
pobreza. El doctor Lewis observa en su libró que un niño -en la
edad de 6 ó 7 años- ya tendrá arraigados esos valores.
Aunque la solución para eliminar la pobreza y crear una autén-
tica Gran Sociedad sea evasiva, La vida representa una contribución
enorme hacia la definición del reto. Es el primero de una serie de tomos
basados en los estudios del doctor Lewis de cien familias puertorri-
queñas, en los cuales él intenta otorgar una voz a las gentes que 'ar~';
veces se oyen. En el libro La vida, sus voces angustiadas nos llegan
con fuerza y claridad.