Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Fátima
HORA SANTA POR LOS ENFERMOS 06/02/2020
GUIA: Queridos hermanos, dispongámonos para la adoración y aquietamos el espíritu, dejando de lado todo asunto
mundano. Busquemos despejar la mente y el corazón de las cosas que nos distraen. Venimos a hacer adoración ante
Jesús Sacramentado, el Dios de la Eucaristía, el Dios del sagrario, el Dios de la vida y de la Vida en abundancia, ante
quien los ángeles se postran en adoración y permanecen en éxtasis de adoración y ante quien los santos no cesan de
cantar himnos de adoración y de alabanza. Nos unimos gozosos a los coros de los ángeles y santos del cielo, pidiendo a
María Santísima que nos asista en esta hora de adoración, para que no solo no nos distraigamos, sino que nuestra
humilde adoración sea llevada por nuestros ángeles custodios a su Corazón Inmaculado, y desde allí al Sagrado Corazón
Eucarístico de Jesús.
Breve silencio interior y exterior, y luego entonamos el canto de entrada.
Canto de entrada: “Oh buen Jesús, yo creo firmemente…”.
GUIA: Hoy Señor, estamos presentes ante Ti, para adorarte y alabarte en esta Hostia Santa que te hace presente entre
nosotros y nos llena de tu amor infinito.
Silencio para meditar.
GUIA: Señor, aquí estamos en tu presencia, adorándote y alabándote, ayúdanos para que podamos siempre estar junto
a Ti, aumenta en nosotros la fe y danos la perseverancia para no perdernos por el camino del mal, sino que, crezca en
cada uno de nosotros la fe. Y seamos mensajeros de esperanza y de paz.
† Sacerdote / Ministro:
Padre nuestro… Ave María… Gloria al Padre…
En los cielos y en la tierra, sea para siempre alabado.
Todos: Mi Jesús sacramentado
GUIA: Señor, te pedimos que nunca perdamos la esperanza, que día a día se acreciente y podamos estar dándote gracias
por todas las bendiciones que nos das y en especial por haberte quedado en el Santísimo Sacramento.
† Sacerdote / Ministro:
Padre nuestro… Ave María… Gloria al Padre…
En los cielos y en la tierra, sea para siempre alabado.
Todos: Mi Jesús sacramentado.
GUIA: Señor, te amamos, te bendecimos y por eso estamos hoy aquí. Danos tu gracia para que nunca perdamos el valor
de amar, que seamos capaces de ayudarnos unos a otros y de vivir siempre en el amor.
† Sacerdote / Ministro:
Padre nuestro… Ave María… Gloria al Padre…
En los cielos y en la tierra, sea para siempre alabado.
Todos: Mi Jesús sacramentado.
Canto: Mi alma alaba al Señor
ADORACION,( mantener fondo musical en toda la adoración)
Ministro:
Señor Jesús: Nos presentamos ante ti sabiendo que nos llamas y que nos amas tal como somos. «Tú tienes palabras de
vida eterna y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Hijo de Dios» (Jn. 6,69). Tu presencia en la Eucaristía ha
comenzado con el sacrificio de la última cena y continúa como comunión y donación de todo lo que eres.
Silencio para meditar (2-4’)
Ministro:
Aumenta nuestra FE. Por medio de ti y en el Espíritu Santo que nos comunicas, queremos llegar al Padre para decirle
nuestro SÍ unido al tuyo. Contigo ya podemos decir: Padre nuestro. Siguiéndote a ti, «camino, verdad y vida», queremos
penetrar en el aparente «silencio» y «ausencia» de Dios, rasgando la nube del Tabor para escuchar la voz del Padre que
nos dice: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia: Escuchadlo» (Mt. 17,5). Con esta FE, hecha de
escucha contemplativa, sabremos iluminar nuestras situaciones personales, así como los diversos sectores de la vida
familiar y nuestro ministerio para entregarnos con mayor fervor al servicio del hermano más necesitado
Silencio para meditar (2-4’)
Ministro:
Tú eres nuestra ESPERANZA, Nuestra paz, nuestro mediador, hermano y amigo, enseñanos a ser tus discípulos, educa
nuestro corazón y nuestros manos, para que seamos compasivos, solidarios, solícitos servidores de la vida y apoyo en la
fragilidad. Nuestro corazón se llena de gozo y de esperanza al saber que vives «siempre intercediendo por nosotros»
(Heb. 7,25). En especial por los enfermos y más necesitados. Nuestra esperanza se traduce en confianza, gozo de Pascua
y camino apresurado contigo hacia el Padre. Queremos sentir como tú y valorar las cosas como las valoras tú. Porque tú
eres el centro, el principio y el fin de todo.
Apoyados en esta ESPERANZA, queremos infundir en el mundo esta escala de valores evangélicos por la que Dios y sus
dones salvíficos ocupan el primer lugar en el corazón y en las actitudes de la vida concreta de todos los que nos
postramos ante Ti en adoración.
Silencio para meditar (2-4’)
Ministro:
Queremos AMAR COMO TÚ, Que das la vida y te comunicas con todo lo que eres. Quisiéramos decir como San Pablo:
«Mi vida es Cristo» (Flp. 1,21). Nuestra vida no tiene sentido sin ti. Queremos aprender a «estar con quien sabemos nos
ama», porque «con tan buen amigo presente todo se puede sufrir». En ti aprenderemos a unirnos a la voluntad del
Padre, porque en la oración «el amor es el que habla». Entrando en tu intimidad, queremos adoptar determinaciones y
actitudes básicas, decisiones duraderas, opciones fundamentales según nuestra propia vocación cristiana.
Silencio para meditar(2-4’)
† Sacerdote / Ministro:
CREYENDO, ESPERANDO Y AMANDO, TE ADORAMOS Con una actitud sencilla de presencia, silencio y espera, que
quiere ser también reparación, Por eso ponemos nuestra debilidad en tu presencia, nuestras miserias, nuestros pecados,
nuestra arrogancia, nuestro orgullo, como respuesta a tus palabras: «Quedaos aquí y velad conmigo» (Mt. 26,38). Tú
superas la pobreza de nuestros pensamientos, sentimientos y palabras; por eso queremos aprender a adorar admirando
el misterio, amándolo tal como es, y callando con un silencio de amigo y con una presencia de donación. El Espíritu
Santo que has infundido en nuestros corazones nos ayuda a sincerarnos ante ti, con actitud agradecida y en el gesto filial
de quien ya se contenta con solo tu presencia, tu amor y tu palabra, En nuestras noches físicas y morales, si tú estás
presente, y nos amas, y nos hablas, ya nos basta, aunque muchas veces no sentiremos la consolación.
Silencio para meditar (2-4’)
† Sacerdote / Ministro:
Aprendiendo este más allá de la ADORACIÓN, Estaremos en tu intimidad o «misterio». Entonces nuestra oración se
convertirá en respeto hacia el «misterio» de cada hermano y de cada acontecimiento para insertarnos en nuestro
ambiente familiar y social y construir la historia con este silencio activo y fecundo que nace de la contemplación. Gracias
a ti, nuestra capacidad de silencio y de adoración se convertirá en capacidad de AMAR y de SERVIR.
Nos has dado a tu Madre como nuestra para que nos enseñe a meditar y adorar en el corazón. Ella, recibiendo la Palabra
y poniéndola en práctica, se hizo la más perfecta Madre. Ayúdanos a ser tu Iglesia misionera, que sabe meditar
adorando y amando tu Palabra, para transformarla en vida y comunicarla a todos los hermanos. Amén.
Silencio para meditar (2-4’)
Canto: MARÍA VEN
MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO/ XXVIII JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO/ 11 /02/ 2020«Venid a mí todos
los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28)
Queridos hermanos y hermanas:
1. Las palabras que pronuncia Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28)
indican el camino misterioso de la gracia que se revela a los sencillos y que ofrece alivio a quienes están cansados y
fatigados. Estas palabras expresan la solidaridad del Hijo del hombre, Jesucristo, ante una humanidad afligida y que
sufre. ¡Cuántas personas padecen en el cuerpo y en el espíritu! Jesús dice a todos que acudan a Él, «venid a mí», y les
promete alivio y consuelo. «Cuando Jesús dice esto, tiene ante sus ojos a las personas que encuentra todos los días por
los caminos de Galilea: mucha gente sencilla, pobres, enfermos, pecadores, marginados... del peso de la ley del sistema
social opresivo... Esta gente lo ha seguido siempre para escuchar su palabra, ¡una palabra que daba esperanza!»
(Ángelus, 6 julio 2014).
En la XXVIII Jornada Mundial del Enfermo, Jesús dirige una invitación a los enfermos y a los oprimidos, a los pobres que
saben que dependen completamente de Dios y que, heridos por el peso de la prueba, necesitan ser curados. Jesucristo,
a quien siente angustia por su propia situación de fragilidad, dolor y debilidad, no impone leyes, sino que ofrece su
misericordia, es decir, su persona salvadora. Jesús mira la humanidad herida. Tiene ojos que ven, que se dan cuenta,
porque miran profundamente, no corren indiferentes, sino que se detienen y abrazan a todo el hombre, a cada hombre
en su condición de salud, sin descartar a nadie, e invita a cada uno a entrar en su vida para experimentar la ternura.
2. ¿Por qué Jesucristo nutre estos sentimientos? Porque él mismo se hizo débil, vivió la experiencia humana del
sufrimiento y recibió a su vez consuelo del Padre. Efectivamente, sólo quien vive en primera persona esta experiencia
sabrá ser consuelo para otros. Las formas graves de sufrimiento son varias: enfermedades incurables y crónicas,
patologías psíquicas, las que necesitan rehabilitación o cuidados paliativos, las diversas discapacidades, las
enfermedades de la infancia y de la vejez… En estas circunstancias, a veces se percibe una carencia de humanidad y, por
eso, resulta necesario personalizar el modo de acercarse al enfermo, añadiendo al curar el cuidar, para una recuperación
humana integral. Durante la enfermedad, la persona siente que está comprometida no sólo su integridad física, sino
también sus dimensiones relacionales, intelectiva, afectiva y espiritual; por eso, además de los tratamientos espera
recibir apoyo, solicitud, atención… en definitiva, amor. Por otra parte, junto al enfermo hay una familia que sufre, y a su
vez pide consuelo y cercanía.
3. Queridos hermanos y hermanas enfermos: A causa de la enfermedad, estáis de modo particular entre quienes,
“cansados y agobiados”, atraen la mirada y el corazón de Jesús. De ahí viene la luz para vuestros momentos de
oscuridad, la esperanza para vuestro desconsuelo. Jesús os invita a acudir a Él: «Venid». En Él, efectivamente,
encontraréis la fuerza para afrontar las inquietudes y las preguntas que surgen en vosotros, en esta “noche” del cuerpo
y del espíritu. Sí, Cristo no nos ha dado recetas, sino que con su pasión, muerte y resurrección nos libera de la opresión
del mal.
En esta condición, ciertamente, necesitáis un lugar para restableceros. La Iglesia desea ser cada vez más —y lo mejor
que pueda— la “posada” del Buen Samaritano que es Cristo (cf. Lc 10,34), es decir, la casa en la que podéis encontrar su
gracia, que se expresa en la familiaridad, en la acogida y en el consuelo. En esta casa, podréis encontrar personas que,
curadas por la misericordia de Dios en su fragilidad, sabrán ayudaros a llevar la cruz haciendo de las propias heridas
claraboyas a través de las cuales se pueda mirar el horizonte más allá de la enfermedad, y recibir luz y aire puro para
vuestra vida.
En esta tarea de procurar alivio a los hermanos enfermos se sitúa el servicio de los agentes sanitarios, médicos,
enfermeros, personal sanitario y administrativo, auxiliares y voluntarios que actúan con competencia haciendo sentir la
presencia de Cristo, que ofrece consuelo y se hace cargo de la persona enferma curando sus heridas. Sin embargo, ellos
son también hombres y mujeres con sus fragilidades y sus enfermedades. Para ellos valen especialmente estas palabras:
«Una vez recibido el alivio y el consuelo de Cristo, estamos llamados a su vez a convertirnos en descanso y consuelo para
los hermanos, con actitud mansa y humilde, a imitación del Maestro» (Ángelus, 6 julio2014).
4. Queridos agentes sanitarios: Cada intervención de diagnóstico, preventiva, terapéutica, de investigación, cada
tratamiento o rehabilitación se dirige a la persona enferma, donde el sustantivo “persona” siempre está antes del
adjetivo “enferma”. Por lo tanto, que vuestra acción tenga constantemente presente la dignidad y la vida de la persona,
sin ceder a actos que lleven a la eutanasia, al suicidio asistido o a poner fin a la vida, ni siquiera cuando el estado de la
enfermedad sea irreversible.
En la experiencia del límite y del posible fracaso de la ciencia médica frente a casos clínicos cada vez más problemáticos
y a diagnósticos infaustos, estáis llamados a abriros a la dimensión trascendente, que puede daros el sentido pleno de
vuestra profesión. Recordemos que la vida es sagrada y pertenece a Dios, por lo tanto, es inviolable y no se puede
disponer de ella (cf. Instr. Donum vitae, 5; Carta enc. Evangelium vitae, 29-53). La vida debe ser acogida, tutelada,
respetada y servida desde que surge hasta que termina: lo requieren simultáneamente tanto la razón como la fe en
Dios, autor de la vida. En ciertos casos, la objeción de conciencia es para vosotros una elección necesaria para ser
coherentes con este “sí” a la vida y a la persona. En cualquier caso, vuestra profesionalidad, animada por la caridad
cristiana, será el mejor servicio al verdadero derecho humano, el derecho a la vida. Aunque a veces no podáis curar al
enfermo, sí que podéis siempre cuidar de él con gestos y procedimientos que le den alivio y consuelo.
Lamentablemente, en algunos contextos de guerra y de conflicto violento, el personal sanitario y los centros que se
ocupan de dar acogida y asistencia a los enfermos están en el punto de mira. En algunas zonas, el poder político también
pretende manipular la asistencia médica a su favor, limitando la justa autonomía de la profesión sanitaria. En realidad,
atacar a aquellos que se dedican al servicio de los miembros del cuerpo social que sufren no beneficia a nadie.
5. En esta XXVIII Jornada Mundial del Enfermo, pienso en los numerosos hermanos y hermanas que, en todo el mundo,
no tienen la posibilidad de acceder a los tratamientos, porque viven en la pobreza. Me dirijo, por lo tanto, a las
instituciones sanitarias y a los Gobiernos de todos los países del mundo, a fin de que no desatiendan la justicia social,
considerando solamente el aspecto económico. Deseo que, aunando los principios de solidaridad y subsidiariedad, se
coopere para que todos tengan acceso a los cuidados adecuados para la salvaguardia y la recuperación de la salud.
Agradezco de corazón a los voluntarios que se ponen al servicio de los enfermos, que suplen en muchos casos carencias
estructurales y reflejan, con gestos de ternura y de cercanía, la imagen de Cristo Buen Samaritano.
Encomiendo a la Virgen María, Salud de los enfermos, a todas las personas que están llevando el peso de la enfermedad,
así como a sus familias y a los agentes sanitarios. A todos, con afecto, les aseguro mi cercanía en la oración y les imparto
de corazón la Bendición Apostólica. /Vaticano, 3 de enero de 2020/ Memoria del Santísimo Nombre de Jesús/Francisco
Silencio para meditar(4´)
Canto: tan cerca de mi
LETANIAS
Guía: Por los hambrientos de paz y de justicia.
R/ ¡Danos el pan de cada día!
Guía: Por los que no tienen voz y son marginados.
R/ ¡Danos el pan de cada día!
Guía: Por los que se fatigan de buscar trabajo digno y no lo encuentran.
R/ ¡Danos el pan de cada día!
Guía: Por los profetas y misioneros que defienden al débil.
R/ ¡Danos el pan de cada día!
Guía: Por los que sueñan y trabajan por alcanzar un mundo mejor para todos.
R/ ¡Danos el pan de cada día!
Guía: Por los que son solidarios con el dolor de los pobres y enfermos.
R/ ¡Danos el pan de cada día!
Guía: Por los calumniados y perseguidos por hablar la verdad.
R/ ¡Danos el pan de cada día!
Guía: Por todos los misioneros que en cada continente anuncian tu Palabra.
R/ ¡Danos el pan de cada día!
Guía: Por todos nosotros aquí reunidos.
R/ ¡Danos el pan de cada día!
Guía: Padre que nos das tu Palabra y tu Eucaristía.
R/ ¡Danos el pan de cada día!
Guía: Por no integrar al enfermo a la comunidad.
R/ ¡Perdónanos Señor!
Guía: Por nuestro egoísmo y falta de caridad.
R/ ¡Perdónanos Señor!
Guía: Por los que violentan a la sociedad con sus leyes inhumanas.
R/ ¡Perdónanos Señor!
Guía: Por los que viven de la corrupción y de la mentira.
R/ ¡Perdónanos Señor!
Guía: Por los que venden su conciencia y promueven la injusticia y la impunidad.
R/ ¡Perdónanos Señor!
Guía: Por los cristianos tibios y mediocres que no toman en serio tu mensaje.
R/ ¡Perdónanos Señor!
Guía: Por los que no se comprometen en nada y se vuelven cómplices del egoísmo.
R/ ¡Perdónanos Señor!
Guía: Por los incrédulos que han perdido la esperanza.
R/ ¡Perdónanos Señor!
Canto:
Peticiones
Para la Iglesia, que ella pueda continuar proclamando el Evangelio de Cristo con alegría a todas las personas; roguemos
al Señor ...
℟: Señor, escucha nuestra oración.
Para los líderes mundiales, para que puedan encontrar formas de poner fin a la guerra y la violencia, y promover la paz y
el desarrollo para todas las naciones; roguemos al Señor.
℟: Señor, escucha nuestra oración.
Para aquellos que sufren la injusticia, que puedan recibir la gracia necesaria para perseverar en Cristo y que
respondamos con valentía a sus necesidades; roguemos al Señor.
℟: Señor, escucha nuestra oración.
Por un aumento en las vocaciones al sacerdocio en la Diócesis; roguemos al Señor.
℟: Señor, escucha nuestra oración.
Para aquellos que sufren de todas las enfermedades, del cuerpo, mente y espíritu, para que puedan ser fortalecidos en
la curación a medida que se acercan más a Jesucristo; roguemos al Señor.
℟: Señor, escucha nuestra oración.
Que los jóvenes, especialmente en nuestra parroquia, sigan el ejemplo de María y respondan a la llamada del Señor para
comunicar la alegría del Evangelio en especial a las periferias; roguemos al Señor.
℟: Señor, escucha nuestra oración.
Que las parroquias sin sacerdote en nuestra Diócesis puedan ser bendecidas con abundantes vocaciones al sacerdocio;
roguemos al Señor.
℟: Señor, escucha nuestra oración.
Que todos los que sufren de soledad y la pérdida de sus seres queridos puedan encontrar verdadera comunidad
y amistad en Jesucristo, encarnada por nuestra Iglesia local; roguemos al Señor.
℟: Señor, escucha nuestra oración.
Que los jóvenes de nuestras comunidades puedan responder generosamente al llamado a servir a la Iglesia en el
ministerio, especialmente en el sacerdocio y la vida religiosa; roguemos al Señor.
℟: Señor, escucha nuestra oración.
Del Beato John Henry Newman:
Dios me ha creado para hacerle un servicio definido. Él me ha encomendado un trabajo que no ha encomendado a otro.
Tengo mi misión. Puede que nunca lo sepa en esta vida, pero me lo dirán en la próxima. Soy un eslabón en una cadena,
un vínculo de conexión entre personas. Él no me ha creado para nada. Haré el bien Haré su trabajo. Seré un ángel de
paz, un predicador de la verdad en mi propio lugar, sin pretenderlo si lo hago, sino guardar sus mandamientos.
Por lo tanto, confiaré en Él, sea lo que sea, nunca puedo ser desechado. Si estoy en la enfermedad, mi enfermedad
puede servirle, en la perplejidad, mi perplejidad puede servirlo. Si estoy en pena, mi pena puede servirle. Él no hace
nada en vano. Él sabe de qué se trata. Él puede quitarme a mis amigos. Puede echarme entre extraños. Puede hacerme
sentir desolado, hundir mis espíritus, ocultarme el futuro. Aun así, Él sabe de qué se trata.
Recemos la Oración de Santa Teresa del Niño Jesús por los sacerdotes:
O Jesús, oro por tus fieles y fervientes sacerdotes; por tus sacerdotes infieles y tibios; para sus sacerdotes que trabajan
en casa o en el extranjero en campos misioneros distantes; por tus tentados sacerdotes; por tus sacerdotes solitarios y
desolados; por tus jóvenes sacerdotes; por tus sacerdotes moribundos; por las almas de tus sacerdotes en el purgatorio.
Pero, sobre todo, te recomiendo a los sacerdotes más queridos: el sacerdote que me bautizó; los sacerdotes que me han
absuelto de mis pecados; los sacerdotes en cuyas misas he asistido y que me han dado tu cuerpo y tu sangre en la santa
comunión; los sacerdotes que me han enseñado y enseñado; Todos los sacerdotes a quienes estoy en deuda de otra
manera. O Jesús, mantenlos a todos cerca de tu corazón, y los bendiga abundantemente en el tiempo y en la eternidad.
Amén.
Cierre de Hora Santa por el Sacerdote