2.
5 LAS ENFERMEDADES Y VACUNAS QUE LAS PREVIENE
HEPATITIS A (VACUNA HepA)
La hepatitis A es una inflamación del hígado debida a la infección por el virus de la
hepatitis A (VHA). Este virus se propaga principalmente cuando una persona no
infectada (y no vacunada) ingiere agua o alimentos contaminados por heces de una
persona infectada. La infección está muy asociada al consumo de agua y alimentos
insalubres, el saneamiento deficiente, la mala higiene personal y el sexo bucoanal.
A diferencia de las hepatitis B y C, la hepatitis A no causa hepatopatía crónica y rara
vez es mortal, pero puede ocasionar síntomas debilitantes y hepatitis fulminante
(insuficiencia hepática aguda) que, a menudo, es mortal. La OMS estima que, en
2016, esta enfermedad A provocó en todo el mundo aproximadamente 7134
defunciones, una cifra que representa el 0,5% de la mortalidad por hepatitis víricas.
La hepatitis A se presenta esporádicamente y en epidemias de ámbito mundial y
tiende a reaparecer periódicamente. Las epidemias asociadas a agua o alimentos
contaminados pueden aparecer de forma explosiva, como ocurrió con la epidemia
registrada en Shanghái en 1988, que afectó a unas 300 000 personas (1). También se
pueden prolongar considerablemente y persistir durante meses en la población a
través de la transmisión de persona a persona. Los virus causantes subsisten en el
medio y pueden resistir a los métodos habitualmente utilizados para inactivar o
controlar las bacterias patógenas en la producción de alimentos (OMS, 2021)
Transmisión
El virus de la hepatitis A se transmite principalmente por la vía fecal-oral, es decir,
cuando una persona no infectada ingiere agua o alimentos contaminados por heces de
una persona infectada. En las familias, esto puede ocurrir a través de la suciedad de
las manos de la persona encargada de cocinar. La transmisión hídrica no es frecuente,
pero cuando ocurre suele estar relacionada con la contaminación por aguas residuales
o el abastecimiento de agua insuficientemente tratada.
El virus también puede transmitirse por contacto físico estrecho con una persona
infectada —por ejemplo, mediante el sexo buco anal—, pero no se propaga por
contactos ocasionales.
Síntomas
El periodo de incubación de la hepatitis A suele ser de unos 14 a 28 días.
Los síntomas tienen carácter de moderado o grave y comprenden fiebre, malestar,
pérdida de apetito, diarrea, náuseas, molestias abdominales, coloración oscura de la
orina e ictericia (coloración amarillenta de la piel y los ojos). Los infectados no siempre
presentan todos esos síntomas.
Los adultos presentan signos y síntomas con mayor frecuencia que los niños. De
hecho, la gravedad y la mortalidad de la enfermedad aumentan con la edad. Los
menores de seis años infectados no suelen experimentar síntomas apreciables, y solo
el 10% muestran ictericia. A veces la hepatitis A puede recidivar; ello significa que una
persona que se acaba de recuperar puede caer enferma de nuevo con otro episodio
agudo, aunque por lo general se recupera.
Diagnóstico
Los casos de hepatitis A son clínicamente indistinguibles de otros tipos de hepatitis
víricas agudas. El diagnóstico se establece mediante la detección en la sangre de
anticuerpos IgM dirigidos específicamente contra el VHA. Otra prueba utilizada es la
reacción en cadena de la polimerasa con retro transcriptasa (RCP-RT), que detecta el
ARN del virus de la hepatitis A, aunque normalmente se realiza solo en laboratorios
especializados.
Tratamiento
No hay ningún tratamiento específico para la hepatitis A. Los síntomas pueden remitir
lentamente, a lo largo de varias semanas o meses. Es importante evitar medicamentos
innecesarios; por ejemplo, no se deben administrar antieméticos ni paracetamol.
La hospitalización es innecesaria en ausencia de insuficiencia hepática aguda. El
tratamiento persigue el bienestar y el equilibrio nutricional del paciente, incluida la
rehidratación tras los vómitos y diarreas.
Prevención
La mejora del saneamiento, la inocuidad de los alimentos y la vacunación son las
medidas más eficaces para combatir la hepatitis A.
La propagación de la hepatitis A puede reducirse mediante:
un abastecimiento adecuado de agua potable;
la eliminación correcta de las aguas residuales de la comunidad, y
las prácticas de higiene personal, como lavarse regularmente las manos antes
de comer y después de ir al baño.
Hay varias vacunas inyectables inactivadas contra la hepatitis A disponibles a nivel
internacional. Todas ellas son similares en cuanto a la protección que confieren y a
sus efectos colaterales. No hay ninguna vacuna aprobada para emplearse en niños
menores de 1 año.
VACUNA HepA
Las vacunas contra la hepatitis A (HepA) se preparan con virus de hepatitis A derivados
de cultivos celulares e inactivados con formol. Hay 2 vacunas contra la hepatitis A
(Havrix and Vaqta); ambas están disponibles en formulaciones pediátricas y para
adultos.
La vacuna contra HepA también está indicada cuando se presenta cualquiera de los
siguientes factores:
Deseo de protección contra la hepatitis A en personas no vacunadas
previamente
Viaje o trabajo en zonas endémicas
Exposición ocupacional (p. ej., en el trabajo con primates infectados con el
virus de hepatitis A [VHA] o en un laboratorio de investigación del HAV)
Relaciones sexuales entre hombres
Uso de drogas ilícitas (inyectadas o no), como la metanfetamina
Falta de vivienda
Infección por HIV en todas las personas ≥ 1 año de edad
Enfermedad hepática crónica (p. ej., personas con hepatitis B, hepatitis C,
cirrosis, hígado graso, enfermedad hepática relacionada con el alcohol,
hepatitis autoinmunitaria, o niveles de alanina aminotransferasa [AST] mayores
que el doble del límite superior normal)
Contacto personal estrecho previsto (p. ej., miembros de la familia o cuidadores
habituales) con un niño adoptado, durante los primeros 60 días de la llegada
del niño a los Estados Unidos desde una zona endémica
Adultos sanos ≤ 40 años que recientemente han estado expuestos al virus de
la hepatitis A y adultos > 40 años si no se puede obtener inmunoglobulina
contra la hepatitis A
Mujeres embarazadas que se identifican como con riesgo de infección por HAV
durante el embarazo (p. ej., las mujeres que viajan al extranjero, que usan
drogas ilícitas [inyectables o no], que tienen riesgo de exposición ocupacional,
que anticipan un contacto personal cercano con un individuo adoptado del
exterior, o que no tienen hogar) o que tienen altas probabilidades de tener un
resultado grave como resultado de la infección por HAV (p. ej., mujeres que
tienen enfermedad hepática crónica o infección por HIV) (Savoy, 2022)
Durante los brotes de hepatitis A, las personas ≥ 1 año que están en riesgo de
infección por HAV deben ser vacunadas.
La vacuna combinada HepA y HepB puede utilizarse en personas ≥ 18 años que
tienen indicaciones para las vacunas contra hepatitis A o B, y que no fueron
vacunados previamente con uno de los componentes de la vacuna.
HEPATITIS B (VACUNA HepB)
La hepatitis B es una infección hepática potencialmente mortal causada por el virus de
la hepatitis B (VHB). Representa un importante problema de salud a escala mundial.
Se puede cronificar y conlleva un alto riesgo de muerte por cirrosis y cáncer de hígado.
Existe una vacuna segura y eficaz que confiere una protección del 98% al 100% contra
la enfermedad. Prevenir la infección por el virus de la hepatitis B permite evitar las
complicaciones que pueden derivarse de la enfermedad, como la cronificación y el
cáncer hepático.
Las regiones de la OMS que soportan más carga de infección crónica por el VHB son
la del Pacífico Occidental y la de África, donde afecta a 116 y 81 millones de personas,
respectivamente. Le siguen la Región del Mediterráneo Oriental de la OMS, con 60
millones de personas infectadas, la Región de Asia Sudoriental, con 18 millones, la
Región de Europa con 14 millones y la Región de las Américas, con 5 millones.
Transmisión
En las zonas de alta endemicidad, la transmisión se produce más frecuentemente de
la madre al niño durante el parto (transmisión perinatal) o de modo horizontal (por
exposición a sangre infectada), en particular de niños infectados a niños sanos durante
los primeros cinco años de vida. La cronificación es común en los lactantes infectados
a través de su madre y en los menores de 5 años.
La transmisión se puede producir también a través de pinchazos, tatuajes,
perforaciones y exposición a sangre o líquidos corporales infectados como la saliva, el
semen y el flujo vaginal y menstrual. El virus también puede transmitirse al reutilizar
agujas, jeringuillas u objetos cortantes contaminados en establecimientos de salud, en
el entorno comunitario o al consumir drogas inyectables. La transmisión sexual es más
frecuente en personas no vacunadas que tienen varias parejas sexuales.
La infección en la edad adulta se cronifica en menos del 5% de los casos, mientras
que en los lactantes y los niños pequeños ocurre en el 95%. Por ello, se debe
fortalecer y privilegiar la vacunación de lactantes y de niños.
El virus de la hepatitis B puede sobrevivir fuera del cuerpo durante al menos 7 días.
Durante este periodo puede infectar si penetra en el organismo de una persona no
vacunada. El periodo medio de incubación oscila entre 30 y 180 días. El virus, que es
detectable entre 30 y 60 días después de la infección, puede persistir y dar lugar a una
hepatitis B crónica, sobre todo si el contagio se ha producido durante la etapa de
lactancia o la infancia.
Síntomas
La mayoría de las personas no tienen síntomas inmediatamente después de
infectarse. Sin embargo, algunas presentan un cuadro agudo con síntomas que duran
varias semanas, como coloración amarillenta de la piel y los ojos (ictericia), orina
oscura, cansancio extremo, náuseas, vómitos y dolor abdominal. La hepatitis aguda
puede dar lugar a una insuficiencia hepática aguda, que es potencialmente mortal.
Entre las complicaciones a largo plazo que puede causar la infección por el VHB, un
pequeño grupo de personas padecen enfermedades hepáticas en estado avanzado,
como la cirrosis y los carcinomas hepatocelulares, que dan lugar a una importante
carga de morbimortalidad.
Diagnóstico
Las manifestaciones clínicas no permiten diferenciar la hepatitis B de otras hepatitis
víricas, por lo que es primordial confirmar el diagnóstico mediante pruebas analíticas.
Existen algunos análisis de sangre para diagnosticar la enfermedad y hacer un
seguimiento de los pacientes con hepatitis B. Esos análisis se pueden utilizar para
distinguir las infecciones agudas de las crónicas. La OMS recomienda analizar todas
las donaciones de sangre para detectar este virus, garantizar la inocuidad de la sangre
y evitar la transmisión accidental.
En 2019, 30,4 millones de personas (el 10,5% de la población total que se estima que
tenía hepatitis B) sabían que tenían esta infección, y 6,6 millones (el 22%) de las
personas diagnosticadas estaban en tratamiento. Según las últimas estimaciones de la
OMS, la proporción de menores de cinco años con infección crónica por el VHB
descendió a algo menos del 1% en 2019. Antes de que se introdujera la vacuna contra
esta infección (en el periodo entre la década de 1980 y principios de la de 2000), esta
proporción era del 5%.
En los lugares donde la población general tiene una seroprevalencia elevada de
anticuerpos anti-VHB (que se define como una seroprevalencia del antígeno superficial
del virus de la hepatitis B del 2% o superior, o bien del 5% o superior), la OMS
recomienda ofrecer a todos los adultos la posibilidad de someterse a pruebas de
detección del HBsAg y servicios de prevención, atención y tratamiento.
Tratamiento
No hay ningún tratamiento específico contra la hepatitis B aguda. Por tanto, la atención
persigue el bienestar y el equilibrio nutricional del paciente, incluida la rehidratación
tras los vómitos y diarreas. Lo más importante es evitar medicamentos innecesarios,
por ejemplo, no deben administrarse antieméticos ni paracetamol.
La infección crónica por el virus de la hepatitis B se puede tratar con medicamentos,
como antivíricos orales. El tratamiento puede retrasar la progresión de la cirrosis,
reducir la incidencia de cáncer de hígado y mejorar la supervivencia a largo plazo.
Según las estimaciones de la OMS, en 2021 solo entre el 12% y el 25% de infectados
crónicos necesitaban tratamiento, dependiendo del contexto y de los criterios de
selección de pacientes.
La OMS recomienda administrar tenofovir o entecavir por vía oral como fármacos más
potentes para reducir la presencia del VHB; cuando se inicia el tratamiento contra la
enfermedad, se debe mantener durante toda la vida.
En los lugares de ingresos bajos, la mayoría de los pacientes de cáncer de hígado
fallecen a los pocos meses del diagnóstico. En los países de ingresos altos, se puede
prolongar la vida de los pacientes que acudan a un hospital en la fase más temprana
de la enfermedad unos cuantos meses o años mediante intervenciones quirúrgicas y
quimioterapia. Y a los pacientes con cirrosis o cáncer de hígado se les puede hacer un
trasplante, con resultados variables.
Prevención
La OMS recomienda la vacunación de todos los lactantes contra la hepatitis B lo antes
posible tras el parto, de ser posible durante las primeras 24 horas de vida, y completar
la pauta vacunal con una segunda o tercera dosis separadas por al menos cuatro
semanas. Esta protección dura por lo menos 20 años y, probablemente, toda la vida.
La OMS no recomienda administrar dosis de refuerzo a quienes hayan recibido las tres
dosis.
Además de vacunar a los menores de un año, la OMS recomienda el tratamiento
profiláctico con antivíricos para prevenir la transmisión del virus de la hepatitis B de la
madre al niño. También se puede reducir el riesgo de contagio mediante medidas de
seguridad de la sangre y los hemoderivados y prácticas sexuales más seguras, como
limitar el número de parejas sexuales y utilizar métodos profilácticos de barrera
(preservativos).
Vacuna (HepB)
La vacuna contra la hepatitis B (HepB) se produce usando tecnología de ADN
recombinante. Un plásmido que contiene el gen para el antígeno de superficie de la
hepatitis B (HBsAg) se inserta en la levadura común, que entonces produce HBsAg. El
HBsAg se obtiene y se purifica. Esta vacuna no puede causar infección por el virus de
hepatitis B porque durante el proceso no se producen DNA viral potencialmente
infeccioso ni partículas virales completas.
Varias vacunas están disponibles. Dos vacunas de antígeno único, Engerix-B y
Recombivax HB, están conjugadas con aluminio. Una formulación más nueva, HepB-
CpG, utiliza el adyuvante inmunoestimulante, oligodesoxinucleótido de citidina-fosfato-
guanosina (CpG-ODN). Existe una formulación que combina las vacunas contra la
hepatitis A y la hepatitis B (Twinrix).
ROTAVIRUS
El rotavirus es un virus que causa gastroenteritis. Síntomas incluyen diarrea severa,
vómitos, fiebre y deshidratación. Casi todos los niños en Estados Unidos
probablemente se infecten de rotavirus antes de cumplir los cinco años.
Las infecciones ocurren casi siempre en invierno o en primavera. Es muy fácil que los
niños con este virus se lo contagien a otros menores y a veces a los adultos. Una vez
que un niño adquiere el virus toma unos dos días para que se enferme. Los vómitos y
la diarrea pueden durar entre tres y ocho días.
No hay medicinas para tratarlo. Para prevenir la deshidratación, dele muchos líquidos
a su niño. Su proveedor de salud puede recetarle líquidos de rehidratación oral.
Algunos niños necesitan ir a un hospital para recibir líquidos por vía intravenosa. Dos
vacunas están disponibles contra infecciones por rotavirus Diagnóstico
El diagnóstico puede hacerse mediante la detección rápida del antígeno del rotavirus
en una muestra de heces. Las cepas pueden ser caracterizadas aún más mediante
análisis inmunoenzimático o reacción en cadena de la polimerasa con transcriptasa
inversa, pero este análisis no se hace comúnmente.
transmisión
Esto puede suceder si usted pon tus manos sucias que están contaminadas con caca
en tu boca tocar objetos o superficies contaminados y luego llevarse los dedos a la
boca comer alimentos contaminados
Las personas que están infectadas con rotavirus eliminan el virus en sus heces (caca).
Así es como el virus llega al medio ambiente y puede infectar a otras personas. Las
personas son las que más eliminan el rotavirus y tienen más probabilidades de infectar
a otros, tanto cuando tienen síntomas como durante los primeros tres días después de
recuperarse. Las personas con rotavirus también pueden infectar a otros antes de que
presenten síntomas.
El rotavirus se propaga fácilmente entre los bebés y los niños pequeños. Pueden
transmitir el rotavirus a los miembros de la familia y otras personas con las que tienen
contacto cercano. Los niños tienen más probabilidades de contraer rotavirus en el
invierno y la primavera (de enero a junio).
La buena higiene, como el lavado de manos y la limpieza, son importantes, pero no
son suficientes para controlar la propagación de la enfermedad. La vacunación contra
el rotavirus es la mejor manera de proteger a su hijo de la enfermedad por rotavirus.
síntomas
Los síntomas aparecen aproximadamente 2 días después de que la persona se
exponga al virus. Los vómitos y la diarrea líquida pueden durar entre 3 y 8 días. Otros
posibles síntomas son pérdida de apetito y deshidratación (pérdida de líquidos
corporales), lo que puede ser especialmente peligroso para los bebés y los niños
pequeños.
Los síntomas de deshidratación incluyen:
orinar menos,
boca y garganta secas,
sentirse mareado al estar de pie,
llorar sin lágrimas o con pocas lágrimas, y
somnolencia o irritación inhabitual.
Diagnóstico
El diagnóstico puede hacerse mediante la detección rápida del antígeno del rotavirus
en una muestra de heces. Las cepas pueden ser caracterizadas aún más mediante
análisis inmunoenzimático o reacción en cadena de la polimerasa con transcriptasa
inversa, pero este análisis no se hace comúnmente.
Tratamiento
En las personas con el sistema inmunitario sano, la enfermedad por rotavirus se
resuelve espontáneamente y solo dura unos cuantos días. El tratamiento es
inespecífico, y consiste principalmente en la terapia de rehidratación oral para prevenir
la deshidratación.
Las dos vacunas contra el rotavirus que fueron aprobadas en los Estados Unidos para
usarse en los bebés fueron probadas en ensayos clínicos de gran tamaño y mostraron
ser seguras y eficaces. Durante aproximadamente el primer año de vida del niño la
vacuna contra el rotavirus proporcionó entre un 85 y un 98 % de protección contra la
enfermedad grave y la hospitalización por rotavirus, y entre un 74 y un 87 % de
protección contra enfermedades por rotavirus de cualquier intensidad. Los CDC
recomiendan la vacunación de rutina en los bebés, con cualquiera de las dos vacunas
disponibles:
VACUNA (RV)
La vacuna RotaTeq (RV5), aprobada en el 2006, se administra en 3 dosis a los 2, 4 y 6
meses de edad.
La vacuna Rotarix (RV1), aprobada en el 2008, se administra en 2 dosis a los 2 y 4
meses de edad.
Estas vacunas son diferentes por la forma en que se preparan y el número de dosis,
pero ambas se administran por vía oral. Para obtener más información, consulte:
Prevención de la gastroenteritis por rotavirus en los bebés y los niños:
Recomendaciones del Comité Asesor sobre Prácticas de Vacunación (ACIP, por sus
siglas en inglés)
Recomendaciones del Comité Asesor sobre Prácticas de Vacunación (ACIP) acerca
de las vacunas contra el rotavirus (en inglés)
DIFTERIA (VACUNA DTaP*)
TETANOS (VACUNAS DTaP*)
ENFERMEDAD NEUMOCOCICA (VACUNA PCV)
POLIOMILITIS (VACUNA IPV)
INFLUENZA
PAPERAS (VACUNA MMR*)
VARICELA
NEUMOCOCO
POLIOMELITIS (VACUNA IPV)
SARAMPION (VACUNA MMR**)
RUBLEOLA (VACUNA MMR**)
2.6 CONTROL DE CRECIMIENTO Y DESARROLLO (CRED)