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FICHA LOS RÍOS PROFUNDOS 4° Ay B

La novela narra el proceso de maduración de Ernesto, un muchacho de 14 años que debe enfrentar las injusticias del mundo adulto y elegir entre los valores de la liberación del pueblo andino o la seguridad económica ofrecida por la élite. La obra describe su estancia en un internado religioso abusivo y cómo va tomando conciencia de los conflictos entre las culturas indígena y criolla en el Perú a través de personajes como El Viejo y sus compañeros de estudios.
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FICHA LOS RÍOS PROFUNDOS 4° Ay B

La novela narra el proceso de maduración de Ernesto, un muchacho de 14 años que debe enfrentar las injusticias del mundo adulto y elegir entre los valores de la liberación del pueblo andino o la seguridad económica ofrecida por la élite. La obra describe su estancia en un internado religioso abusivo y cómo va tomando conciencia de los conflictos entre las culturas indígena y criolla en el Perú a través de personajes como El Viejo y sus compañeros de estudios.
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Leemos y analizamos la novela 4°

SEC
Los ríos profundos. .

JOSÉ MARÍA ARGUEDAS

1. DATOS BIOGRÁFICOS:
José María Argüedas es el representante del
Indigenismo de la Sierra sur del Perú. En su niñez
vivió bajo el influjo de la cultura quechua ya que
su padre viajaba mucho y tenía una madrastra que
lo marginaba dentro del hogar; es por eso que
decidió criarse en la cocina y permanecer al lado de los empleados de la casa de quienes
asimiló sus costumbres y sus raíces quechuas.

En Argüedas vemos el conflicto entre dos culturas: la del mestizo y la del indígena que se
verá reflejada dentro de toda su producción literaria.

 Nació en Andahuaylas. Su padre, profesional en ejercicio, viajó mucho por las


serranías de Apurímac, Cusco y Ayacucho.
 En 1931 estudio en la Universidad San Marcos e integró el grupo de Escritores en
Palabra.
 Se dedicó a la docencia y a la investigación de la cultura andina. Aprendió el
quechua y fue traductor de mitos, poemas y relatos andinos. Fue poeta en quechua
y narrador en español.
 Sufrió prisión al ser acusado de subvertir el orden público por protestar contra la
visita del italiano Camaretta, enviado de Mussolini a la Universidad San Marcos.
Trabajo en el estudio de Antropología Social y Folcklore.
 Fue profesor de Quechua y Etnología en San Marcos.
 Dirigió la Casa de la Cultura entre 1963 y 1964.
 En 1959 recibió el Premio Nacional de Novela por Los ríos profundos y en 1961 por
El sexto.
 Desempeño la investigación y la cátedra en las Universidades de San
Marcos y la Agraria de la Molina.
Sabias que Argüedas
se debatía entre ser
indio y ser mestizo.

Se suicidó en 1969. En una nota biográfica él escribió lo siguiente: “Desde los 4 años de edad
hasta los 13 viví atendido por indias e indios y mestizos, más por indios. En mis viajes, mi
padre fue una especie de vagabundo a causa del fracaso de su segundo matrimonio; conocí
íntimamente, a indios, mestizos y a las gentes principales. De nadie recibí más afecto y
compasión, en los días tristes, que de los indios.”.

2. PRODUCCIÓN LITERARIA:

José María Argüedas destaca por su narrativa andina y sus ensayos sobre folklore, etnología,
antropología y cultura indigenista. Ello le mereció importantes premios y es objeto de numerosos
estudios literarios y sociológicos.

NOVELAS CUENTOS

 Yawar Fiesta (1941)  Agua (1935)


 Diamantes y Pedernales ( 1945)  Runa Rupay (1939)
 Los ríos profundos (1958)  La Agonía de Rasu Ñiti (1962)
 El Sexto (1961)  Amor mundo y todos los cuentos
 Todas las sangres (1967)
 El zorro de arriba y el zorro de abajo
(1971, inconclusa)
 Los ríos profundos:
Argumento
Obra cumbre que expone el problema de la doble identidad de Argüedas.
Ernesto es el protagonista. Su padre es un incansable viajero que va de pueblo en
pueblo dejando a su hijo en un internado de Abancay, donde Ernesto conocerá a
personajes de distintas razas y de clases sociales
opuestas. Antes de entrar al internado él y su padre llegan al Cuzco, donde conocen al
Viejo, un hombre déspota que trata de manera cruel a sus colonos. Su padre le enseña a
Ernesto numerosos palacios y restos arqueológicos con los que el protagonista se
identifica.
Ya en el colegio conoce a Lleras, un interno abusivo que agrede a sus compañeros y
a Antero que va a representar el carácter indómito del pueblo andino. Chauca (Peluca) está
abrumado siempre por un complejo de culpa. Valle es individualista, sabe quechua, pero no
lo habla. Aparece, entonces la opa Marcelina. Esta mujer demente constituye un símbolo
sexual. Algunos internos quieren tener relaciones con ella pero un sentimiento de culpa los
atosiga en ese infierno de violencia que es el internado.
Por su parte, Ernesto no deja de tener contacto con la música de la naturaleza, con
los ríos y los cantos de los pájaros; pero también se siente desarraigado. Antero trae un
trompo (llamado Zumbayllu) que instaura un universo de luz y armonía en el internado.
Se produce la rebelión de las chicheras, encabezada por Doña Felipa, una especie
de símbolo maternal para Ernesto quien se solidariza con dicha rebelión. Es azotado por el
Padre Director, quien mantiene la relación de la Iglesia con el feudalismo tradicional.
Aparece una peste que comienza a matar a los colonos. Ernesto cree en un proyecto social,
que simbólicamente se expresa en que el río Pachachaca regresaría. Al final, Ernesto sale
del internado, confiado en que los colonos derrotarán a la peste.

Resumen
La novela narra el proceso de maduración de Ernesto, un muchacho de 14 años quien debe
enfrentar a las injusticias del mundo adulto del que empieza a formar parte y en el que debe
elegir un camino. El relato empieza en el Cusco, ciudad a la que arriban Ernesto y su padre,
Gabriel, un abogado itinerante, en busca de un pariente rico denominado El Viejo, con el
propósito de solicitarle trabajo y amparo. Pero no tienen éxito. Entonces reemprenden sus
andanzas a lo largo de muchas ciudades y pueblos del sur peruano. En Abancay, Ernesto es
matriculado como interno en un colegio religioso mientras su padre continúa sus viajes en busca
de trabajo. Ernesto tendrá entonces que convivir con los alumnos del internado que son un
microcosmos de la sociedad peruana y donde priman normas crueles y violentas. Más adelante,
ya fuera de los límites del colegio, el amotinamiento de un grupo de chicheras exigiendo el
reparto de la sal, y la entrada en masa de los colonos o campesinos indios a la ciudad que venían
a pedir una misa para las víctimas de la epidemia de tifus, originará en Ernesto una profunda
toma de conciencia: elegirá los valores de la liberación en vez de la seguridad económica. Con
ello culmina una fase de su proceso de aprendizaje. La novela finaliza cuando Ernesto abandona
Abancay y se dirige a una hacienda de propiedad de «El Viejo», situada en el valle del Apurímac,
donde esperará el retorno de su padre.82
Tema
El tema principal es el conflicto existencial en el que se debate un adolescente, de elegir el
mundo andino en el que ha nacido y pasado su infancia o el mundo criollo u occidental al cual las
necesidades de la vida le empujan. Él optará por identificarse con el mundo andino. Otros temas
que se presentan en la novela son la violencia racial, social y sexual, el sistema opresivo de la
educación y el vínculo del hombre andino con la naturaleza.
Personaje principal
Ernesto, el protagonista-narrador, es un muchacho de 14 años que vive escindido entre dos
mundos, el de los hacendados explotadores y el de los indios maltratados. Ello le permite un
proceso de aprendizaje acelerado y una manera de ver el mundo con una mayor perspectiva. Irá
interpretando una realidad a la que se ve enfrentado y su proceso de aprendizaje tendrá que ver
con la elección ética de ubicarse del lado del poderoso o del desposeído. Para combatir la
imposibilidad de pertenecer enteramente a cualquiera de estos dos mundos, decide soportar su
condición a través de la ensoñación y la comunicación con la naturaleza. A menudo, se identificará
más con los indios.

Personajes secundarios
El Viejo, de nombre don Manuel Jesús, es el tío de Ernesto. Terrateniente poderoso, dueño de
cuatro haciendas en el valle del Apurímac, prepotente y avaro, representa el mundo hostil, ese
sistema socioeconómico explotador al que por primera vez se ve enfrentado Ernesto. Tiene un
servidor indio o pongo muy servicial, quien, por oposición, representa a las víctimas de dicho
sistema. El Viejo aparece al principio de la novela, alojado en una casona del Cuzco; al final de la
novela vuelve a ser mencionado, pues a una de sus haciendas es enviado Ernesto tras la irrupción
de la peste en Abancay.
Los alumnos del colegio. En el colegio religioso de Abancay existían dos tipos de alumnos: los
externos y los internos. Ernesto es uno de estos últimos; en dicho ambiente entra en contacto
con adolescentes y jóvenes que repiten los mismos esquemas de los poderosos y que cometen las
mismas injusticias sociales. En la obra se mencionan a los siguientes alumnos:
-Añuco, interno, era hijo de un hacendado caído en la ruina. A los nueve años había sido
recogido por los padres del Colegio, poco antes de que falleciera su padre. Amigo y
cómplice de Lleras en continuas mataperradas tanto dentro como fuera del colegio, su
rabia era una manera de expresar su tristeza. Al final, luego de la huida de Lleras, se
amista con sus compañeros, y los padres lo trasladan al Cuzco, para que siguiera la
carrera religiosa.
-Lleras, interno, era huérfano como Añuco, y a la vez el más altanero y abusivo de todos
los alumnos, aprovechando la ventaja que le daba tener más edad y fuerza que el resto.
Muy flojo en los estudios, sin embargo, esa carencia lo compensaba con su habilidad en los
deportes, siendo infaltable su presencia en el equipo del colegio, a la cabeza del cual
destacaba en las competencias locales de fútbol y atletismo. Amigo y protector de Añuco,
formaban ambos una dupla temible, no solo en el colegio sino en todo el pueblo. Su poder
radicaba en infundir el miedo y el dolor a los más chicos o desvalidos. Al final, arremete
físicamente a uno de los religiosos, por lo que es castigado severamente. Logra sin
embargo huir del colegio, para luego abandonar la ciudad, junto con una mestiza del barrio
de Huanupata. No se supo más de él. Los rumores decían que había fallecido en su huida y
que su cuerpo había sido arrojado al río.
-Ántero Samanez, externo, apodado el Markask’a o el «marcado», por sus lunares en el
rostro, era un chico de cabellos rubios muy encendidos, por lo que también le apodaron el
«Candela». Era hijo de un hacendado del valle del Apurímac. Aparte de su aspecto físico,
no destacaba en nada. Al principio se hizo amigo de Ernesto, cuando llevó al colegio un
juguete nuevo, el zumbayllu o trompo, al cual, conforme a la mentalidad andina, atribuía
propiedades mágicas. Ambos, Ántero y Ernesto, son opuestos a Lleras y Añuco, y por lo
tanto, a la violencia. Sin embargo, conforme avanza la novela, las diferencias entre ellos
se tornan evidentes y esto origina un alejamiento. En el motín de las chicheras Ernesto
participa al lado de estas, y Ántero da su respaldo a los hacendados. Pero lo que lleva a la
ruptura total es cuando Ántero se hace amigo de Gerardo, costeño e hijo del comandante
de la Guardia Civil destacado en Abancay.
-El Peluca, interno, un joven de 20 años, muy corpulento, aunque cobarde y de mirada
lacrimosa. Le dieron ese apodo porque era hijo de un peluquero. Se destacaba por su
obsesión enfermiza hacia una mujer demente, la opa Marcelina, a quien asaltaba en los
excusados y la obligaba a tener relaciones sexuales. Esta conducta anómala era motivo de
las burlas soeces de sus compañeros, quienes sin embargo no lo enfrentaban pues temían
su fuerza física. Al fallecer Marcelina, enloqueció, profiriendo aullidos, y sus familiares
tuvieron que sacarlo del colegio atado de pies y manos.
-Palacitos, apodado también como el «indio Palacios», era el interno menor y humilde, y el
único proveniente de una comunidad indígena. Al principio le costó mucho adaptarse; leía
penosamente y no entendía bien el castellano. Todo ello motivó que fuera maltratado
física y psicológicamente por el Lleras y otros alumnos mayores, al punto que suplicaba
con lágrimas a su padre (que iba a visitarle cada mes) a que lo trasladara a una escuela
fiscal. Sin embargo, con el paso del tiempo fue amoldándose; los alumnos mayores dejaron
de molestarle, se hizo amigo de Ernesto y empezó a rendir en los estudios, al extremo de
recibir una felicitación de parte de uno de los profesores. Su padre, feliz, le alentó a que
siguiera progresando para que llegara a ser ingeniero.
-Chauca, rubicundo y delgado, es otro de los que tenían una obsesión enfermiza por la opa
Marcelina, aunque, a diferencia del Peluca, siente remordimientos y trata de domeñar sus
deseos. Una vez le descubren azotándose.
-Rondinel o el Flaco, alumno que se hacía notar por su extrema delgadez. Reta a una pelea
a Ernesto pero enseguida se amistan.
-Valle, alumno de quinto año, muy lector y elegante. En los días de fiesta y en las salidas
lucía una vistosa corbata atada de manera original, que bautiza con el nombre de k’ompo.
En su conversación se esforzaba en hacer citas literarias y otros ejercicios pedantescos.
En la calle andaba siempre rodeado de señoritas y presumía de sus conquistas amorosas.
Se jactaba incluso de haber seducido a la esposa del médico de Abancay.
-Romero, aindiado, alto y delgado, el atleta del grupo, campeón imbatible en salto y otras
disciplinas deportivas. También era hábil tocador del rondín (armónica) y cantor
de huaynos. Defiende a los más débiles de los abusos del Lleras y el Añuco.
-Ismodes, apodado el Chipro, natural de Andahuaylas, hijo de mestizo. Su apodo en
quechua significa el «picado por la viruela», por las marcas inconfundibles de dicha
enfermedad que tenía en el rostro. Se pelea constantemente con Valle.
-Simeón, llamado el Pampachirino, por ser oriundo del pueblo de Pampachiri.
-Gerardo, hijo del comandante de la guardia civil destacado en Abancay. Es costeño,
natural de Piura. Se hace amigo de Ántero y lo matriculan en el colegio. Destaca por su
habilidad en los deportes, y por su facilidad natural en ganarse amigos y conquistar a las
chicas. Le acompaña su hermano Pablo.
Los Padres del Colegio. Son los religiosos que dirigen la institución educativa:
-Augusto Linares, o simplemente el Padre Linares, director del Colegio, ya anciano, de
cabellos blancos, que tenía fama de santidad en todo Abancay.
-El padre Cárpena, alto y fornido, aficionado a los deportes.
-El hermano Miguel, afroperuano, era oriundo de Mala, en la costa central peruana. Los
alumnos irrespetuosos le llaman despectivamente «negro».
La opa Marcelina, una joven mujer con discapacidad mental, blanca, baja y gorda, que había sido
recogida por uno de los Padres y colocada como ayudante en la cocina. Opa es un vocablo quechua
que designa a lo que ahora denominamos una persona con capacidades diferentes. Marcelina se
convierte en una especie de símbolo del pecado, pues los internos mayores suelen buscarla por las
noches para forzarla a tener relaciones sexuales. Fallece víctima de la epidemia de tifo.
Doña Felipa, es cabecilla de las chicheras que se amotinan reclamando el reparto de la sal al
pueblo. Es una mujer robusta, de voluminosos senos y anchas caderas, con el rostro picado
de viruela. Ernesto la admira por su coraje, fuerza y sentido de justicia. Luego del motín, Felipa
huye llevándose consigo un fusil y logra burlar la persecución de las fuerzas del orden. Gracias a
ella, Ernesto comprueba que la reivindicación social es posible.
Salvinia, chica de 12 años, delgada, de piel morena y de ojos rasgados y negros. Es la enamorada
de Ántero. Vivía en la avenida Condebamba, una alameda o amplia calle abanquina sembrada
de moreras. Ernesto nota que sus ojos son del color del zumbayllu (trompo mágico) al momento de
girar.
Alcira, amiga de Salvinia, de su misma edad. Vivía camino de la Plaza de Armas a la planta
eléctrica. Cuando Ernesto la ve por primera vez, le encuentra un gran parecido con Clorinda, una
jovencita del pueblo de Saisa, de quien en su niñez se había enamorado y de la que nunca más
volvió a saber.

Los Viajes

Mi padre no pudo encontrar nunca dónde fijar su residencia; fue un abogado


de provincias, inestable y errante. Con él conocí más de doscientos pueblos. Temía a
los valles cálidos y sólo pasaba por ellos como viajero; se quedaba a vivir algún tiempo
en los pueblos de clima templado: Pampas, Huaytará, Coracora, pequeño, sin bosques,
con grandes piedras lúcidas y peces menudos. El arrayán, los lambras, el sauce, el
eucalipto, el capulí, la tara, son árboles de madera limpia, cuyas ramas y hojas se
recortan libremente. El hombre los contempla desde lejos; y quien busca sombra se
acerca a ellos y reposa bajo un árbol que canta solo, con una voz profunda, en que los
cielos, el agua y la tierra se confunden.
Las grandes piedras detienen el agua de estos ríos pequeños; y forman los remansos, las cascadas,
los remolinos, los vados. Los puentes de madera o los puentes colgantes y las oroyas, se apoyan en ellas. En
el sol, brillan. Es difícil escalarlas porque casi siempre son compactas y pulidas. Pro desde esas piedras se
ve cómo se remonta el río, cómo aparece en los recodos, cómo en sus aguas se refleja la montaña. Los
hombres nadan para alcanzar las grandes piedras, cortando el río llegan a ellas y duermen allí. Porque de
ningún otro sitio se oye mejor el sonido del agua. En los ríos anchos y grandes no todos llegan hasta las
piedras. Sólo los nadadores, los audaces, los héroes; los demás, los humildes y los niños se quedan; miran
desde la orilla, cómo los fuertes nadan en la corriente, donde el río es hondo, cómo llegan hasta las piedras
solitarias, cómo las escalan, con cuánto trabajo, y luego se yerguen para contemplar la quebrada, para
aspirar la luz del río, el poder con que marcha y se interna en las regiones desconocidas.

Pero mi padre decidía irse de un pueblo a otro, cuando las montañas, los caminos, los campos de
juego, el lugar donde duermen los pájaros, cuando los detalles del pueblo empezaban a formar parte de la
memoria.

A mi padre le gustaba oír huaynos; no sabía cantar, bailaba mal, pero recordaba a qué pueblo, a qué
comunidad, a qué valle pertenecía tal o cual canto. A los pocos días de haber llegado a un pueblo averiguaba
quién era el mejor arpista, el mejor tocador de charango, de violín y de guitarra. Los llamaba, y pasaban en
la casa toda una noche. En esos pueblos sólo los indios tocan arpa y violín. Las casas que alquilaba mi padre
eran las más baratas de los barrios centrales. El piso era de tierra y las paredes de adobe desnudo o
enlucido en barro. Una lámpara de kerosene nos alumbraba. Las habitaciones eran grandes; los músicos
tocaban en una esquina. Los arpistas indios tocan con los ojos cerrados. La voz del arpa parecía brotar de
la oscuridad que hay dentro de la caja; y el charango formaba un torbellino que grababa en la memoria la
letra y la música de los cantos.

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