Consagración a Dios Padre: Oraciones y Reflexiones
Consagración a Dios Padre: Oraciones y Reflexiones
¡Mi hora ha llegado! Es necesario que sea conocido, amado y glorificado por
los hombres, para que, después de haberlos creado, yo pueda ser su Padre,
después su Salvador y finalmente el objeto de sus delicias eternas.
PRIMER MISTERIO
Se contempla el triunfo del Padre en el Jardín del Edén, cuando después del pecado de Adán y Eva,
promete la venida del Salvador.
– Entonces el Padre Dios dijo a la serpiente:”Por haber hecho esto, maldita seas entre todas las
bestias y entre todos los animales del campo. Sobre tu vientre caminarás y polvo comerás todos los
días de tu vida” – (Génesis 3, 14-15)
SEGUNDO MISTERIO
Se contempla el triunfo del Padre en el momento en que MARIA dice: “FIAT” durante la
Anunciación.
– El Ángel le dijo: “No temas María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en
tu seno y vas a dar a luz un Hijo, a quién pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado
Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su Padre; reinará sobre la casa de Jacob
por los siglos y su Reino no tendrá fin” – (San Lucas 1, 30-33)
UN AVE MARIA… DIEZ PADRE NUESTROS… GLORIA AL PADRE
DÍA 2
MENSAJE DE DIOS PADRE
Escogí este día para iniciar mi obra entre los hombres porque es la fiesta de la Sangre Preciosa de
mi hijo Jesús. Tengo la intención de bañar con esta sangre la obra que estoy iniciando, para que dé
grandes frutos para la humanidad entera". Que mi Vicario Pío XI comprenda que estos días son días
de salvación y de bendición. Que no se deje escapar la oportunidad de llamar la atención de los
hijos hacia el Padre, que viene para darles el bien en esta vida y para prepararles la felicidad eterna.
He aquí el verdadero objeto de mi venida:
1)- Vengo para eliminar el temor excesivo que mis criaturas tienen de mí, y para hacerles
comprender que mi alegría está en ser conocido y amado por mis hijos, es decir, por toda la
humanidad presente y futura.
2) - Vengo para traerles la esperanza a los hombres y a las naciones. ¡Cuántos la han perdido desde
hace mucho tiempo! Esta esperanza les hará vivir en paz y con seguridad, trabajando para la
salvación.
3)- Vengo para hacerme conocer así como soy. Para que la confianza de los hombres aumente
contemporáneamente con el amor hacia mí, el Padre, que tiene una sola preocupación: velar sobre
todos los hombres, y amarlos como hijos.
El pintor se deleita contemplando el cuadro que pintó; ¡Así mismo yo me complazco, me alegro,
viniendo en medio de los hombres, obra maestra de mi creación! El tiempo apremia. Quiero que el
hombre sepa lo más pronto posible que lo amo y que siento la más grande felicidad estando con él,
como un Padre con sus hijos.
REFLEXIÓN
LA ENCARNACIÓN es el acto de Amor y dolor más sobrehumano que el Padre lleva a cabo con la
colaboración del Espíritu Santo y el consentimiento del Hijo. Por fortuna, el estilo de enseñanza que
emplea Jesús, recordando que su enseñanza fundamental es que Dios es Padre, nos permite percibir
los latidos del Corazón del Padre celestial, comparándolos con los que experimentaría cualquier
padre en la tierra: es suficiente, para todos, la parábola del hijo pródigo. ¿Qué cosa siente un padre
cuando ve a su hijo recién nacido? Revienta de felicidad y lo abraza junto a su pecho,
experimentando sensaciones que nunca logrará describir. El Padre celestial, al ver a Su Unigénito
revestido de humanidad, no puede sino vibrar de infinita ternura. La alegría de la paternidad del
hombre, que le fue arrebatada por el primer hombre, le es devuelta en plenitud por Jesús, cuyo
espíritu lo llama Padre desde el primer gemido. El nacimiento de Jesús desata una gran fiesta en el
cielo: los Ángeles que llenan de luces y cantos la Noche santa no son sino un pequeñísimo eco de la
alegría que hay en el Corazón del Padre.
¿Qué siente un padre cuando su hijo único es llamado a las armas, en caso de guerra, y enviado al
frente? ¿Cuál sería el sufrimiento de este padre si supiera que ese hijo suyo, inevitablemente, será
muerto en combate? Nada es oscuro al Padre. Él, mirando extasiado a Su pequeño entre los brazos
de la Madre, ya tiene ante sí la visión de este Hijo suyo rechazado, ultrajado y crucificado. Y
entonces inicia la gran pasión del Padre, a la cual se unirá la de María, que comenzará en el
momento en que, durante la presentación en el templo, el viejo Simeón le revele la verdadera
misión de aquel Niño. Con la Navidad comienza el profundo sufrimiento de Dios, que se atenuará
cuando Jesús resucitado vuelva a su seno; y terminará sólo cuando todos los hombres, porque ahora
en cada hombre está Jesús, haya realizado con plenitud su propio camino de vuelta como hijo a Él.
El sufrimiento del Padre. Es el sufrimiento que le acarreamos al no aceptar el regalo del Hijo,
porque no aceptamos su Voluntad, porque no sabemos darle acogida, como hizo María, en un “Sí”
total y continuo. “Consuelen el Corazón del Padre afligido” fue lo que se les pidió a los tres
pastorcillos de Fátima. Esa misma invitación se nos hace a nosotros. Hay que acoger la misma con
amplitud, tal y como ellos la hicieron, “aceptando días tras día lo que el Padre nos quiera mandar”.
Será nuestra Navidad cotidiana, una continúa explosión de alegría que emanará de nosotros, porque
el Espíritu de Vida nos inundará y nos hará fecundos. Como María. En Ella, como Ella, seremos
manantiales de agua viva, para que en todos se realice la Navidad; para que nazca un mundo nuevo;
para que el Padre sea “todo en todos” y los Ángeles puedan cantar con nosotros, los hermanos de la
tierra, el himno de Gloria al Padre para que, “como en el cielo”, su Triunfo de Amor llegué también
“a la tierra”.
MEDITACIÓN
Meditemos en el amor de este Padre y esta Madre que juntos nos entregaron su bien más precioso...
SU AMOR.
“Padre nuesro ...Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo..(Mt 6,10)
DIA 3
MENSAJE DE DIOS PADRE
Yo soy el Eterno y cuando vivía sólo ya había pensado en usar toda mi potencia para crear seres a
mi imagen y semejanza. Pero se necesitaba primero la creación material para que estos seres
pudieran encontrar su apoyo: entonces fue la creación del mundo. Lo llenaba con todo lo que yo
sabia que era necesario para los hombres: el aire, el sol y la lluvia, y muchas otras cosas que yo
sabía que eran necesarias para sus vidas.
¡Al final, la creación del hombre! Me complací de mi obra. El hombre comete pecados, pero es
entonces cuando, justamente, se manifiesta mi bondad infinita. Para vivir entre los hombres creé y
escogí, en el Antiguo Testamento, a los profetas, a quienes comuniqué mis deseos, mis penas y mis
alegrías, para que los transmitieran a todos. Más crecía el mal y más mi bondad me apremiaba a
comunicarme con las almas justas para que transmitieran mis órdenes a los que causaban
desórdenes. Y así, a veces, tuve que usar la severidad para reprenderlos, no para castigarlos - porque
eso habría hecho sólo mal - para alejarlos del vicio y dirigirlos hacia el Padre y Creador, a quien,
ingratamente, habían olvidado y desconocido. Más tarde el mal sumergió tanto el corazón de los
hombres que me vi obligado a enviar plagas al mundo para que el hombre se purificara por medio
del sufrimiento, la destrucción de sus bienes y hasta la pérdida de la vida: fue el diluvio, la
destrucción de Sodoma y de Gomorra, las guerras del hombre contra el hombre, etc. Siempre he
querido quedarme en este mundo entre los hombres. Y así, durante el diluvio estaba cerca de Noé, el
único justo de ese entonces. También durante las otras plagas encontré siempre un justo con el cual
morar y, a través de él, viví en medio de los hombres de aquel tiempo, y así fue siempre. El mundo
a menudo ha sido purificado de su corrupción por mi infinita bondad hacia la humanidad. Y
entonces continuaba a escoger algunas almas en las cuales me complacía para que, por medio de
ellas, pudiera deleitarme con mis criaturas, los hombres.
REFLEXION
Entre las páginas más terribles que la Escritura nos presenta como ejemplo de la justicia castigadora
de Dios, la destrucción de Sodoma y Gomorra con la tremenda lluvia de fuego. Pero ¿este caso es
para hablar de “justicia castigadora”? En realidad, si sabemos leerlo con el corazón limpio, estas
páginas encierran el verdadero rostro de la Misericordia, toda la ternura vigilante y cuidadosa del
Padre del cielo que “baja” entre sus hijos depravados en el intento de salvarlos. El mal en Sodoma
existía y era grande. Aquello que la escritura nos presenta es un caso excepcional de depravación
colectiva que envuelve a toda una ciudad, “jóvenes y viejos”.Los hombres de Sodoma están en una
profunda niebla de espíritu y están muy lejos de reconocer el propio pecado. El “clamor” que fuerza
a Dios a intervenir y desafortunadamente un clamor contra Sodoma, es un grito de condena lanzado
por el “acusador”... Satanás sabe que tiene derecho a destruir las presas que incautamente – pero
libremente- se han dejado enredar por él. El Padre no puede no tomar en cuenta esta acusación que
sabe que es verdadera y decide bajar en medio de sus hijos para intentar un rescate extremo.
LA ACCIÓN DE DIOS “Así que voy a bajar personalmente, a ver si lo que han hecho responde en
todo al clamor que ha llegado hasta mí, y si no, he de saberlo.” (Gen 18, 21) Su intervención
quiere ser misericordiosa porque Él es Padre de misericordia, pero para poder realizar Su proyecto
de salvación después de la confrontación con estos hijos ahogados en el mal, el Padre tiene
necesidad de alguno que en la tierra, le de un gancho jurídico, haciéndose intermediario e
intercediendo por todos. No puede buscar tal aliado entre los sodomitas, hasta ahora sordos y ciegos
a cada reclamo del espíritu, y entonces encuentra a Abrahán,- el único justo sobre la tierra con el
cual puede iniciar un diálogo- y le deja ver la situación, comunicándole a la vez toda Su compasión
por aquellos hijos depravados. Abrahán percibe los latidos del corazón del Padre y se siente
inclinado a intervenir. Mientras los dos ángeles en vestidos humanos van hacia Sodoma para
ejecutar la sentencia, inicia el diálogo entre Dios y Abrahán, una obra maestra del Espíritu Santo
que quiere hacer entender cuál es el verdadero rostro de Dios:Un Padre que no se complace en la
muerte del pecador, sino que quiere que se convierta y viva;Un Padre que nos ama más allá de
nuestra falta de amor;Un Padre que nos ama aunque no tengamos más Su Espíritu y hayamos
deformado en nosotros Su imagen divina; Padre que no quiere dejar ahogar al hombre en el pantano
de su pecado, sino que quiere soltarlo en el océano de su Misericordia “que es más potente que el
mal y que el pecado” (Dives in Mis. VIII, 15)
“Partieron de allí aquellos individuos camino de Sodoma, en tanto que Abrahán le abordó y le dijo:
“¿Así que vas a borrar al justo con el malvado? Tal vez haya cincuenta justos en la ciudad. ¿Vas a
borrarlos sin perdonar a aquel lugar por los cincuenta justos que hubiere dentro? Tú no puedes
hacer tal cosa....” Repicó Yahvé: “Si encuentro en la ciudad de Sodoma a cincuenta justos
perdonaré a todo el lugar por amor de aquellos” (Gen 18, 22-26) Abrahán ha tentado el terreno, ha
visto que su Señor está dispuesto a una negociación, y retoma el diálogo con un nuevo cometido:
“Replicó Abrahán: “ ¡Mira que soy atrevido de interpelar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza!
Supón que los cincuenta justos fallen por cinco. ¿Destruirías por los cinco a toda la ciudad?”
Replicó: “No la destruiré, si encuentro allí a cuarenta y cinco.” (Gen. 18, 27-29) Abrahán se
alegra: su Señor es más conciliador de lo que esperaba; pero él no ha entendido que es su Señor
mismo el que le sugiere no interrumpir las negociaciones, porque es precisamente Él quien ha
suscitado el deseo de salvar Sodoma. Abrahán inicia el último ataque: “Insistió. “Vaya, no se enfade
mi Señor, que ya sólo hablaré esta vez: ¿Y si se encuentran allí diez?” Replicó: “Tampoco los
destruiría, en atención a los diez.” (Gen 18, 30-32). Regateando la misericordia, Abrahán no osa
descender debajo de diez justos. Él no ha conocido profundamente el Corazón de su Señor y ha
puesto un límite a Su acción salvífica. Es difícil para nosotros los hombres identificarse en Dios que
es Amor puro: es más fácil hacerse un Dios a nuestra imagen y semejanza. Es un hecho que
Abrahán trunca el diálogo con su Señor que – ya no solicitado por la creatura- no puede hacer surgir
in extremis la Misericorida: “Partió Yahvé así que hubo acabado de conversar con Abrahán, y éste
se volvió a su lugar.” (Gen. 18,33) No había diez justos, Abrahán deja de interceder ante su Señor y
“se fue”. Se aleja la Misericordia que el hombre no ha sabido invocar, avanza la Justicia que el
hombre ha merecido con su pecado: “Entonces Yahvé hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y
fuego” (Gen 19, 24)
MEDITACIÓN
Meditemos en la actuación de Abrahán...¿Cuantas veces hemos actuado igual que él, poniendo
limites a la misericordia, incapaces de ver la bondad y el amor de Dios por cada uno de nosotros,
pensando que Dios tiene asuntos más importantes de los que ocuparse?..
"Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer...Dios vio
que todo cuanto había hecho era muy bueno..."(Gn 1, 27-31)
DIA 4
MENSAJE DE DIOS PADRE
Le prometí al mundo el Mesías. ¡Qué no he hecho para preparar su venida, mostrándome en las
figuras que lo representaban hasta mil y mil años antes de su venida!
Porque, ¿Quién es este Mesías? ¿De dónde viene? ¿Qué hará en la tierra? ¿Quién viene a
representar?
El Mesías es Dios. -
¿Quién es Dios? Dios es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
¿De dónde viene, o mejor dicho, quién le ordenó venir en medio de los hombres? Yo,su Padre, Dios.
¿A quién representará en la tierra? A su Padre, Dios.
¿Qué hará en la tierra? Hará conocer y amar al Padre, Dios.
¿No dijo?:"¿No sabéis que es necesario que me ocupe de las cosas del Padre mío?"( S. Lucas, c. 2
v. 49). "He venido sólo para hacer la voluntad del Padre mío" "Todo lo que pediréis al Padre mío
en mi nombre os lo concederé" "Le rezaréis así: Padre nuestro que estás en los Cielos..." y más
adelante, dado que vino para glorificar el Padre y hacerlo conocer a los hombres, dijo: "Quién me
ve, ve a mi Padre" "Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí" "Nadie viene al Padre sino es por
medio de mí" (S. Jn14, 6). "Quien quiera esté conmigo está también con el Padre mío", etc., etc. Oh
hombres, concluid que por toda la eternidad he tenido solo un deseo, hacerme conocer y amar por
los hombres, deseando incesantemente estar con ellos.
REFLEXION
Hay que leer la Biblia con espíritu nuevo, partiendo de un principio básico: Dios es Amor. Este
Libro lo ha escrito Él, y encierra el misterio de Su Amor, ¡contra todas las apariencias!.
En la “justicia” de Dios, se encuentra en su lugar, la llave de Su ternura y de Su misericordia que
más allá del mal, involucra también a Lot, el sobrino de Abrahán, en el intento extremo de salvar
aquel mundo depravado. Es interesante subrayar que tanto Abrahán (Gen 18, 2ss) como Lot, para
que pueda surgir la acción de Dios, deben superar su propia prueba de un amor vivido en su forma
más elemental: la hospitalidad.“Los dos ángeles llegaron a Sodoma por la tarde. Lot estaba
sentado a la puerta de Sodoma. Al verlos, Lot se levantó a su encuentro y, postrándose rostro en
tierra, dijo. “Os ruego, señores que vengáis a la casa de este servidor vuestro.(Gen. 19 1-3) Sólo
con el amor se puede entrar en comunión con el Amor. Si el corazón del hombre no se abre al Amor
que llama, naufraga todo el proyecto de salvación de Dios. Lot ha superado la primera prueba de
Amor insistiendo en hospedar a los dos viajeros y defendiéndolos de la furia de los sodomitas.
Permite así al Amor tomarlo de la mano a él, a su mujer y a sus hijas y hacerlos salir de la ciudad.
Es casi una “violencia” de Amor que Dios usa para salvar a quien ha permanecido fiel a Él. “Al
rayar el alba, los ángeles apremiaron a Lot diciendo: “Levántate, toma a tu mujer y a tus dos hijas
que se encuentran aquí, no vayas a ser barrido por culpa de la ciudad.....” “ ¡Escápate, por vida
tuya! No mires atrás ni te pares en toda la redonda. Escapa al monte, no vayas a ser barrido.”. Lot
les dijo:” “No, por favor, Señor mío. Ya que este servidor tuyo te ha caído en gracia (pues me has
hecho el gran favor de dejarme con vida), date cuenta que no puedo escaparme al monte sin riesgo
de que me alcance el daño y la muerte.... Aquí cerca hay una ciudad –es una población
insignificante– donde podré refugiarme. Deja que me quede en ella, ya que es tan pequeña, y así
estaré a salvo". Le respondió: “Bien, te concedo también eso de no arrasar la ciudad que has
dicho...Listo, escápate allá, porque no puedo hacer nada hasta que no llegues allí.” Por eso se
llamó aquella ciudad Soar. El sol asomaba sobre el horizonte cuando Lot entraba en Soar.
Entonces Yahvé hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego de parte de Yahvé.” (Gen 19,
15 – 24) Lot, pidiendo refugiarse en Soar, desea sólo su propia seguridad. El Señor, sin embargo
queda contento de tener el apelamiento jurídico para salvar a todos los habitantes de Soar: la
Misericordia del Padre está lista para salvar lo insalvable aunque sea in extremis, con tal de que
alguno le de la posibilidad de entrar en acción. Debemos reflexionar sobre esta continua y total
disponibilidad de Dios a cualquier petición que se le presente de un hijo Suyo; sobre esta voluntad
del Amor de Dios que busca siempre un motivo para absolvernos.
MEDITACIÓN
Debemos meditar sobre las palabras: “Listo, escápate allá, porque no puedo hacer nada hasta que no
estés allí”. ¿Por qué no logramos leer, en estos extraños diálogos, la voluntad que Dios tiene de
salvar al hombre?
"En tu justicia tú querrás defenderme, inclina a mí tu oído y sálvame." (Sal 71,2)
DIA 5
MENSAJE DE DIOS PADRE
¿Por qué le ordené a Moisés que construyera el tabernáculo y el Arca de la Alianza si no es porque
tenía el deseo ardiente de venir a vivir, como un Padre, un hermano, un amigo de confianza, con
mis criaturas, los hombres? Y a pesar de esto me olvidaron, me ofendieron con culpas
innumerables. Sin embargo, para que se recordaran de Dios, su Padre, y del único deseo que tiene
de salvarlos, le di mis mandamientos a Moisés para que teniéndolos y cumpliéndolos se recordaran
del Padre infinitamente bueno, todo absorto en la salvación de ellos, salvación presente y eterna.
Todo esto cayó otra vez en el olvido y los hombres se hundieron en el error y en el temor,
considerando que cansaba mucho el cumplir con los mandamientos, así como los había transmitido
a Moisés. Hicieron otras leyes, que iban de acuerdo con sus vicios, para poder cumplirlas más
fácilmente. Poco a poco, con el temor exagerado que tenían de mí, me olvidaron aún más y me
llenaron de ultrajes. Y sin embargo, mi amor por estos hombres, mis hijos, ni siquiera se ha
detenido. Cuando constaté bien que ni los patriarcas, ni los profetas habían podido hacer que los
hombres me conocieran y me amaran, decidí venir yo mismo. Pero, ¿cómo hacer para encontrarme
en medio de los hombres? No había otro medio que el de ir yo mismo en la segunda persona de mi
divinidad.¿Me reconocerán los hombres? ¿Me escucharán? Para mi nada del futuro estaba
escondido; a estas dos preguntas respondí yo mismo:"Ignorarán mi presencia aún estando cerca de
mí. En mi Hijo me maltratarán, a pesar de todo el bien que les hará. En mi hijo me calumniarán, me
crucificarán para hacerme morir". ¿Me detendré por esto? No, mi amor por mis hijos, los hombres,
es demasiado grande. No me detuve allí: reconoceréis bien que os he amado más que a mi Hijo
predilecto, por así decir, o para decirlo todavía mejor, más que a mi mismo.Lo que os digo es
totalmente verdadero, que si hubiese bastado una de mis criaturas para expiar los pecados de los
otros hombres, por medio de una vida y una muerte semejante a la de mi Hijo, hubiera titubeado.
¿Por qué? Porque habría traicionado mi amor haciendo sufrir a una criatura que amo, en vez de
sufrir yo mismo en mi Hijo. No he querido nunca hacer sufrir a mis hijos.
Este es, en breve, la historia de mi amor hasta mi venida, por medio de mi Hijo, en medio de los
hombres. La mayor parte de los hombres conoce todos estos hechos, pero ignora lo esencial: es
decir, ¡que fue el amor el que condujo todo!
REFLEXION
“Recorred las calles de Jerusalén, mirad bien enteraos; buscad por sus plazas, a ver si topáis con
alguno que practique la justicia, que busque la verdad, y yo la perdonaría dice el Señor.” (Jer 5, 1)
Jeremías vive la dramática historia de su patria, predicando, retando, prediciendo la ruina,
advirtiendo en vano a los reyes incapaces, acusado de derrotismo por los militares, perseguido,
encarcelado. Fue enviado “para extirpar y arrasar, para destruir y derrocar” (Jer 1, 10) Debe siempre
luchar contra los suyos, contra los reyes, los sacerdotes, los falsos profetas, todo el pueblo; se
vuelve “objeto discutido y debatido por todo el país” (Jer 15, 10) debiendo predecir sobre todo
desventuras. Viene enviado por Dios en uno de los momentos de mayor degradación espiritual de
Israel, como resultado de cuanto él denuncia en el capítulo 5: al mal esencial que es la
contaminación de idolatría del culto de Yahvé, Jeremías evidencia el ateísmo práctico y la
indocilidad (Jer 3, 12-13); la lujuria más desenfrenada (Jer 3, 7,8); la opresión social (Ger 5, 26.29);
la depravación de la clase baja y de la clase dirigente (Jer 4, 4-5); de los sacerdotes y de los profetas
(Jer 5, 31). Todo está sintetizado en el versículo 30, capítulo 5: “Algo espantoso y horrendo se ha
dado en la tierra”. Sin embargo, es através de Jeremías – justamente en este capítulo 5 en el que
son resumidos los “espantosos y horribles” crímenes de la nación – que el Padre da la brecha más
amplia de su Misericordia de todo el Antiguo Testamento: “Recorred las calles de Jerusalén… si
encuentran un hombre, uno sólo que practique la justicia, que busque la verdad, y yo la perdonaría
dice el Señor”. Si volviera hoy, Jeremías encontraría una situación moral mucho peor respecto a
aquella de su tiempo y ampliada a escala mundial, y su predicación tendría un tono más encendido,
si fuera posible. Pero a la par de la malicia del hombre avanza la Potencia de la Misericordia del
Padre: “mientras más se obstinen en ofenderme, más Yo me obstinaré en perdonarlos… si
encuentro entre ustedes un hombre, uno solo que actúe justamente y que busque mantenerse fiel,
¡yo perdonaré a esta humanidad ingrata!.”
¿Existe hoy sobre la tierra este justo? Sí, es JESÚS. Es Jesús que se ha hecho “hijo del hombre”,
que compendia a todos los hombres y que en cada hombre continúa la redención. . Son millones y
millones de hombres en los cuales Jesús – el único Justo – quiere vivir, amar, y sufrir continuando
la redención.
MEDITACIÓN
Respondamos a esta petición que el Padre hace a Jeremías, con la alegría en el corazón de saber que
tenemos un Padre que quiere perdonar más de lo que nosotros queremos ser perdonados...
“… Si encuentro entre ustedes un hombre, uno solo que actúe justamente y que busque mantenerse
fiel, ¡yo perdonaré a esta humanidad ingrata!” (Jer 30,5)
DIA 6
MENSAJE DE DIOS PADRE
Sí, es el amor, es esto lo que quiero hacerles notar. Ahora este amor está olvidado. Quiero
recordárselos para que aprendan a conocerme así como soy. Para que no estéis atemorizados como
esclavos, con un Padre que os ama hasta este punto.
Mirad, en esta historia estamos sólo al primer día del primer siglo, y quisiera conducirla hasta
nuestros días: hasta el siglo XX.
¡Oh, cómo los hombres han olvidado mi amor de Padre! ¡Y sin embargo os amo muy tiernamente!
En mi Hijo, es decir en la persona de mi Hijo hecho hombre, ¡qué no he hecho todavía! La
divinidad en esta humanidad se veló, quedó pequeña, pobre y humillada. Conduje con mi Hijo una
vida de sacrificios y de trabajo. ¡Recibí sus oraciones para que el hombre tuviera un camino trazado
y caminara siempre seguro en la justicia, para que llegase hasta mí!
¡Cierto, puedo muy bien comprender la debilidad de mis hijos! Por esto le pedí a mi Hijo que les
donara los medios para levantarse después de las caídas. Estos medios los ayudarán a purificarse de
los pecados, para que sean todavía los hijos de mi amor. Principalmente son los siete sacramentos y
sobre todo el gran medio para salvarse que es el Crucifijo, que es la Sangre de mi Hijo, que en cada
instante se derrama sobre vosotros, siempre y cuando lo queráis, ya sea con el sacramento de la
penitencia, ya sea con el santo sacrificio de la Misa.
Mis queridos hijos, desde hace veinte siglos os colmo de estos bienes con gracias especiales y ¡el
resultado es mísero!
REFLEXION
¿Qué es la Justicia de Dios? En un sentido estrictamente jurídico es “La virtud moral de darle a cada
quién lo que se merece y de respetar el dereho de los demás”. Al respecto, Palazzi dice: “A veces, la
idea de justicia se liga a la idea de castigo”. Por el contrario, en su sentido bíblico, la justicia de
Dios es sobre todo fidelidad al pacto, que Él manifiesta: al escuchar la oración (Sal. 116, 1-9); al
garantizar el derecho y la justicia (Jer. 9, 23-24); al asegurar el perdón (Sal. 51, 14) y para la
salvación (Sal. 85, 8-11. Así que, la justicia de Dios se identifica con su voluntad o acción para la
salvación. La justicia de Dios es sustancialmente su voluntad de otorgar la salvación por medio de
la obra de Jesucristo y por la cual justifica al hombre, esto es, le otorga la justicia (Rom. 1, 17; 3,
21-26; Fil. 3,9). “Con tal de ganar a Cristo y estar unido a él, no con mi propia justicia que
procede de la ley, sino con aquella que nace de la fe en Cristo, esto es, la que viene de Dios y se
funda en la fe. (Fil. 3, 9). Hay que combatir la idea de un Dios que está siempre, a nuestra mínima
señal,listo para castigar a quien nos resulta antipático o a quien nos ha hecho mal. Administrar
justicia es el poder máximo. En la antigüedad esto era competencia específica de reyes. Dios Padre
es la máxima autoridad y a Él se le reconoce y atribuye con amplitud dicha facultad. Pero el Padre
no pretende ser el juez de sus hijos: ¿qué padre quisiera tener que juzgar y condenar a sus propios
hijos? Y es por esto que delega esta función en el Hijo, para que Él sea quien ejerza este poder con
sus hijos. El Hijo dice siempre que “sí” al Padre y acepta este encargo: pero le pesa tanto como al
Padre. Por lo tanto, viene a la tierra con este divino poder, que a la vez de espléndido es terrible, con
el cual puede absolver o condenar. Pero nunca lo usa, sino para absolver: Maestro, esta mujer fue
sorprendida en flagrante adulterio…”Aquel que se encuentre libre de pecado, que arroje la
primera piedra contra ella. (Jn. 8,7) En forma más evidente, Jesús crucificado usará este poder de
absolución y condena, cuando responde a las últimas provocaciones (“Si eres el Cristo, el rey de
Israel, ¡prueba a bajarte de la cruz! cfr Mc.15,32), con todo el poder de su Amor: Padre,
perdónalos, porque no saben lo que hacen. (Lc. 23, 34)
¿Quien nos juzga? El Padre delega el poder de juzgar al Hijo; pero el Hijo no lo usa para
condenarnos, sino para absolvernos. Más bien, toma nuestra defensa de continuo, aunque ahora lo
hace desde el cielo: “Tenemos abogado ante el Padre” (1Jn. 2, 1). Pero entonces, si Jesús que tiene
el poder juzgarnos, nos absuelve y justifica, ¿quién nos acusa y quién nos condena? “El gran
dragón, la antigua serpiente, aquel que llamamos el diablo y Satanás, es quien seduce a toda la
tierra.”( Ap 12,9).Él es el gran Acusador: “Ahora se ha completado la salvación, la fuerza y el
reino de nuestro Dios, porque ha caído el Acusador de nuestros hermanos, aquel que los acusaba
ante Dios de día y de noche.“ (Ap. 12, 10).Cada acción que cometemos es sometida a juicio ante el
tribunal de Dios, en el cual Satanás funge como parte acusadora, Jesús será nuestro abogado
defensor y el Padre serán quien dicte sentencia. Pero ya dijimos que el Padre no desea juzgarnos y
condenarnos y que por esto delega en el Hijo el poder para juzgarnos, que usa dicho poder sólo para
justificarnos y absolvernos. ¿Entonces quién nos condena? Somos nosotros mismos, quienes nos
juzgamos y condenamos recíprocamente. Para entendernos mejor; Jesús, que hace siempre aquello
que ve hacer al Padre (Jn. 5, 19), nos transmite el poder de juzgar a nosotros: su Amor hacia no es
inferior al que nos tiene el Padre y no pretende juzgar y condenar a aquellos que ha amado hasta el
punto de ofrecer su vida por nuestra causa.Jesús nos ama con un Amor total, ofreciéndose ante
nosotros en toda su plenitud y dándonos todo lo que tiene: su Sangre y su Carne (Lc. 22, 19-20 ); su
Madre (Jn. 19, 20); su Padre (Mt. 6, 9); su Espíritu (Gal. 4, 6); su capacidad para hacer milagros(Jn.
14, 12). No excluye de los dones que nos ha obsequiado, el poder para juzgar; pero es un poder que
duele y, por tal motivo, nos dice cómo tenemos que usarlo: absolviendo, como hizo Él, de lo
contrario nos advierte: Porque de la misma manera que ustedes juzguen, así serán juzgados, y con
la misma vara que midan, serán medidos. (Mt. 7,2). Jesús recomienda ampliamente que no nos
juzguemos, tan es así que, en la oración al Padre, nos hace decir que si no nos perdonamos,
entonces Él no nos podrá perdonar.
MEDITACION
Reflexionemos seriamente este punto... porque de él depende la vida eterna...
"Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen." (Lc 23-34)
DIA 7
MENSAJE DE DIOS PADRE
Cuántas criaturas mías, que se han vuelto hijas de mi amor por medio de mi Hijo, se han lanzado
muy rápidamente en el abismo eterno! En verdad, no han conocido mi infinita bondad, ¡Yo os amo
mucho!.Por lo menos vosotros, que sabéis que he venido personalmente para hablaros, para haceros
conocer mi amor, por piedad de vosotros mismos no os lancéis en el precipicio. ¡Yo soy vuestro
Padre! ¿Es posible que después de haberme llamado Padre y de haberme demostrado vuestro amor,
encontréis en mi un corazón tan duro y tan insensible que os deje perecer? ¡No, no, no lo creáis! ¡Yo
soy el mejor de los padres! ¡conozco las debilidades de mis criaturas! ¡venid, venid a mí con
confianza y amor! Y yo os perdonaré después de vuestro arrepentimiento. ¡Aunque vuestros
pecados fueran repugnantes como el fango, vuestra confianza y vuestro amor me los harían olvidar,
y así no seréis juzgados! Yo soy justo, es verdad, pero ¡el amor paga todo!. Escuchad, hijos míos,
hagamos una suposición para que tengáis la seguridad de mi amor. Para mi vuestros pecados son
como el hierro y vuestros actos de amor como el oro. ¡Aunque me entregarais mil kilos de hierro no
sería tanto cuanto si me donarais diez kilos de oro! Esto significa que con un poco de amor se
rescatan enormes iniquidades. Este es un pequeñísimo aspecto de mi juicio sobre mis hijos, los
hombres, todos sin excepción. Por lo tanto hay que llegar hasta mí. ¡Yo estoy tan cerca de vosotros!
Entonces, es necesario amarme y glorificarme para que no seáis juzgados, o por lo menos para que
seáis juzgados con amor infinitamente misericordioso.¡No lo dudéis! Si mi corazón no fuera así
¡habría ya exterminado el mundo cada vez que se hubiese cometido el pecado! Mientras que,
vosotros, sois testigos, en cada instante se manifiesta mi protección, mediante gracias y beneficios.
Podéis concluir que existe un Padre sobre todos los padres, que os ama y que no cesará nunca de
amaros, siempre y cuando lo queráis.
REFLEXIÓN
El juicio es la gran trampa que el infierno nos tiende continuamente, poniendo una barrera de no
amor entre nosotros y nuestros hermanos:agregando juicios a juicios, cada uno termina quedando
aislado en un féretro: es la soledad, es la desesperación, es el infierno aquí en la tierra. El juicio
mata al Amor, bloquea la Misericordia y da vía libre a la “justicia” que Satanás continuamente pide.
Y esto válido para cada uno de los hombres y para toda la humanidad. Por lo tanto, el juicio es el
medio del que se vale Satanás para comprometer a todos y a todo. Si nosotros caemos en su juego,
nos veremos implicados en su remolino infernal y haremos vano el Amor del Padre. Finalmente
resulta claro el gran plan de la bestia: sabe que le queda poco tiempo y quiere culpar a la mayor
cantidad posible de personas en esta derrota. Es por esto que utiliza todos los medios a su alcance,
incluyendo a los medios de comunicación masiva, difundiendo únicamente una realidad de
violencia, corrupción y muerte: la mayoría aceptan esto, se vuelven partícipes y se ven arrastrados
al gran proceso de la muerte, marcados “en la mano y en la frente”. Y esto lo hemos entendido y
reconocido todos. Satanás, con estas continuas violencias morales, pretende exasperar a aquellos
pocos que no aceptan sus propuestas, llevándolos a gritar: ¡“Basta, Señor! Visto que no podemos
detener esta avalancha de muerte, ¡te suplicamos que intervengas tú con tu Justicia!” Y esto sería el
fin. Es necesario que nos volvamos más astutos, la forma de hacerlo es estando ciertos que el Padre,
en su Misericordia, es más fuerte que la “justicia” de Satanás. Eliminemos las polémicas estériles,
dejemos de señalar con el dedo para acusar a tal o cual persona de todos los males. Este es el juego
del infierno que no quiere que nos aferremos a la única fuente verdadera de la salvación: la
Misericordia del Padre. Nos hallamos en una espiral de odio que sólo puede ser rota por el Amor del
Padre y el Papa, profeta de la Misericordia en quien resuena la misericordia de todos los profetas,
nos ha enseñado el camino: “el derecho y la obligación de apelar a la Misericordia… Esto es... A
aquel Amor que es más potente que la muerte, el pecado y que cualquier otro mal. Hay que apelar al
Amor que eleva al hombre de los abismos en que ha caído y que lo libera de los peligros más
graves” (Sobre la Divina Misericordia, 15 )
MEDITACION
Reflexionemos un momento … ¿cuántas veces hemos culpado de las situaciones que vivimos a los
demás, en lugar de perdonar la afrenta y pedirle al Padre con confianza su providencia que todo lo
resuelve?....
"Por lo demas, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de
aquellos que han sido llamados según su designio." (Rm 8-28)
DIA 8
MENSAJE DE DIOS PADRE
Vengo en medio de vosotros por dos caminos: ¡La Cruz y la Eucaristía!
La Cruz es el camino que baja en medio de mis hijos, porque es por medio de ella que os hice
redimir por mi Hijo. Y para vosotros, la Cruz es el camino que sube hacia mi Hijo, y desde mi Hijo
hacia mí. Sin ella nunca podríais llegar, porque el hombre, con el pecado, ha atraído sobre sí mismo
el castigo de la separación de Dios.
En la Eucaristía yo vivo en medio de vosotros como un Padre en su familia. Quise que mi Hijo
instituyese la Eucaristía para hacer de cada tabernáculo un depósito de mis gracias, de mis riquezas
y de mi amor, para darlos a los hombres, mis hijos.
Es siempre por estos dos caminos que hago descender mi omnipotencia y mi infinita misericordia....
Ahora que he demostrado que mi Hijo Jesús me representa entre los hombres, y que por medio de él
vivo constantemente en medio de ellos, quiero demostraros también que vengo entre vosotros por
medio de mi Espíritu Santo.
La obra de esta tercera persona de mi divinidad se cumple sin ruido, y a menudo el hombre no se da
cuenta. Pero para mi es un medio muy idóneo para vivir, no sólo en el tabernáculo sino también en
el alma de todos los que están en estado de gracia, para establecer mi trono y vivir siempre como un
verdadero Padre que ama, protege y sostiene a su hijo. Nadie puede comprender la alegría que
siento cuando estoy a solas con un alma. Nadie ha comprendido todavía los deseos infinitos de mi
corazón de Dios Padre de ser conocido, amado y glorificado por todos los hombres, justos y
pecadores. Por lo tanto, son estos tres homenajes que deseo recibir de parte del hombre, para que yo
sea siempre misericordioso y bueno, aun con los grandes pecadores.
REFLEXION
¿QUÉ ES LA IRA DE DIOS? Según el diccionario, la ira es: “el movimiento desordenado del
ánimo, donde nos sentimos violentamente excitados en contra de alguien”. Por lo tanto, no se trata
de algo bueno. Por otra parte, teniendo en cuenta que la ira, junto con la soberbia, la avaricia, la
lujuria, la gula, la envidia y la pereza, es un pecado capital, es difícil poder hablar bien de un
fenómeno como este. Por lo tanto, el decir que la ira sea uno de los mayores atributos de Dios,
equivaldría a decir que el propio Dios sufre algún “movimiento desordenado del ánimo, donde se
siente violentamente excitado en contra de alguien”. Y esto, francamente, nos suena a blasfemia,
considerando que Dios es perfección infinita y que la ira, además de ser un vicio, se encuentran
entre los vicios capitales. Ahora veamos cómo es que se entiende el concepto de “ira de Dios” en el
Viejo Testamento. “La ira de Dios es la reacción de Dios santo a todo aquello que atenta contra su
majestad o perfección moral”. (Dic Teológico SEI) Por lo tanto, la ira divina se considera en
general el castigo por los pecados cometidos, no es una explosión de mal humor o una
manifestación de un Dios arbitrario celoso o caprichoso, sino de un Dios justo.Otras veces se
describe en la Escritura como la esencia misteriosa de la ira del Dios que se desahoga en los justos
como en el libro de Job...¿Cómo justificar esta terrible concepción de Dios y de su “ira”? El
hombre, después de pecar, pierde la visión de Dios Padre y Maestro (Jn. 2, 19-20) y siente nacer en
sí el miedo (Jn. 3,10). Este sentimiento nuevo, que no es de Dios, sino que ha sido inspirado por
Satanás, deformará cada vez más la imagen del rostro paterno de Dios, sustituyéndola por la de un
patrón “irascible” y vengador. El hombre, creado a “imagen y semejanza de Dios” (Jn. 1,26), con el
pecado se volvió violento y conforme va redescubriendo el concepto de Dios, se hace de Él una idea
a “su imagen y semejanza” (si el hombre es terrible en su ira, seguro que Dios lo será aún más, visto
que su fuerza es enormemente superior).Esta concepción errada de Dios es patrimonio de todas las
religiones antiguas. El panteón griego lo resume muy bien en su Olimpo, en el cual dioses y diosas
juegan con la suerte de los hombres conforme al capricho de su humor, que no son sino una
extensión de los humores del hombre caído de su estado de nobleza y pureza originarios. Será
necesaria la Encarnación para que el hombre pueda finalmente redescubrir el rostro verdadero de
Dios en el Hijo de Dios que se hizo hijo del hombre. A la “ira” de Dios en el Viejo Testamento, se
contrapone en el Nuevo Testamento el Amor del Padre, que “no se venga” de las ofensas recibidas,
sino que las dispensa con su Misericordia que es “más potente que el pecado” (DM); que no castiga
al pecador, sino que “expían las culpas” pagando por todos. Por vez primera se manifiesta el
verdadero rostro de Dios: Padre Nuestro… (Mt. 6,9).
Pero la vieja concepción del Dios que se enfurece, que se venga, que casi nos provoca al mal es
muy difícil de erradicar: de esto hay prueba en varias expresiones litúrgicas. En la Santa Misa está
en uso la siguiente fórmula introductoria a la recitación del Padre Nuestro, “Obedientes al mandato
del Salvador y conforme a sus enseñanzas, nos atrevemos a decir: Padre nuestro….” Que, para ser
sinceros, es como decir: “Señor Dios, con poca convicción, poquísima espontaneidad y con
tantísimo miedo, nosotros nos atrevemos a llamarte Padre. Pero no te enfurezcas con nosotros: sólo
lo hacemos, porque nos lo ordenó tu Hijo, nuestro Salvador…” ¿Qué experimenta este Padre ante
estas expresiones de sus pequeños?
MEDITACION
Reflexionemos un momento... ¿Realmente siento a Dios como mi padre, o por el contrario siento un
cierto temor cuando me dirijo a Él?...¿ En la oración siento a un Padre cercano al que confiar mis
preocupaciones o veo a un Dios lejano que observa mi vida desde lo alto participando solo en los
acontecimientos importantes del mundo mostrándose indiferente ante los pequeños detalles
cotidianos?
"«Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro..." (Mt 6,9)
DÍA 9
MENSAJE DE DIOS PADRE
¡Qué no he hecho por mi pueblo, desde Adán hasta José, padre adoptivo de Jesús, y desde José
hasta hoy día, para que el hombre me diese un culto especial, que me es debido, como Padre,
Creador y Salvador! Sin embargo, ¡este culto especial, que he deseado tanto, no me ha sido
todavía dado!
En el Éxodo podéis leer que hay que ensalzar a Dios con un culto especial. Sobre todo los salmos de
David contienen esta enseñanza. En los mandamientos que yo mismo di a Moisés puse en primer
lugar "Adorarás y amarás perfectamente a un solo Dios".
Bien, amar y ensalzar a una persona son dos cosas que van juntas. Dado que os he colmado de
muchos bienes, ¡tengo, por lo tanto, que ser alabado por vosotros en modo particular!
Dándoos la vida ¡he querido crearos a mi imagen y semejanza! Por lo tanto, ¡vuestro corazón es
sensible como el mío, y el mío como el vuestro!
¿Qué no haríais si uno de vuestros vecinos os hiciera un pequeño favor para complaceros? El
hombre más insensible conservaría para esa persona un agradecimiento inolvidable. Cualquier
hombre buscaría también lo que mayor placer le haría a esa persona, para recompensarla por el
servicio recibido. Bien, yo, yo seré mucho más agradecido con vosotros, asegurando la vida eterna,
si vosotros me hacéis el pequeño favor de glorificarme como os lo pido.
Reconozco que me alabáis en mi Hijo, y que existen algunos que saben elevar todo hacia mí por
medio de mi Hijo, ¡pero son pocos! ¡Sin embargo no penséis que glorificando a mi Hijo no me
glorificáis! ¡Claro que si, me glorificáis porque yo vivo en mi Hijo! Por lo tanto, ¡todo lo que es
gloria para él lo es también para mí!
REFLEXION
La diferencia que existe entre un padre terrenal y el Padre celestial es que éste último es
infinitamente más padre que todos los padres del universo juntos, porque Él es la fuente de toda
paternidad. El amor de todos los padres de la tierra resulta apenas un destello del Amor del Padre
celestial, que es Padre, sólo Padre y que se conmueve y deshace de ternura cuando se escucha
llamar “¡Padre!”. En este sentido, conviene hacer una reflexión: Jesús llama a su Padre “Abbá” ,
término que indica una mayor intimidad, sólo una vez y resultó ser durante la agonía en el huerto de
Getsemaní (Mc. 14,36), que es el momento de máxima unión con el Padre en su aventura terrenal.
Por lo tanto, en el momento de máximo sufrimiento lo considera más que nunca Padre y no un Juez
inflexible y vengador que descarga en Él su ira. Tras las ascensión de Jesús, “Dios mandó en
nuestros corazones al Espíritu Santo de su Hijo, que grita: “¡Abbá, Padre!” (Gal. 14, 36). El Espíritu
eleva este grito continuamente, porque nuestro espíritu quiere glorificar al Padre a cada instante, a
cada respiro y en cada latido de nuestro corazón. Y nosotros deberíamos repetir a cada instante
“Padre, Padre, Padre mío…”, o mejor aún, “¡Abbá!”, que es el testimonio de nuestra intimidad filial
con Él. . La Iglesia Católica heredó mucho del mundo hebreo y no ha logrado eliminar las antiguas
creencias; a pesar de que Jesús hizo lo posible y hasta lo imposible para hacernos entender que el
Padre es Amor. Lo anterior pone de manifiesto, que todavía no ha logrado penetrar en nuestros
corazones el Espíritu que grita Abbá. Pero David, Jeremías y Job no recibieron las enseñanzas y
testimonios de amor de Jesús y por lo tanto tienen ciertos atenuantes. ¿En qué forma podemos
nosotros justificar nuestra obtusidad respecto del Amor del Padre hacia nosotros, quien nos ha
amado tanto al punto de sacrificar por nosotros, en la cruz, a su Hijo unigénito?
MEDITACION
Es el momento de reflexionar la relación que cada uno ha tenido con su Padre terrenal, es decir
biológico, porque de esta relación deriva en gran medida la visión que tenemos de Dios como
Padre... Si hemos tenido un padre autoritario es dificil ver a un Dios Padre paciente y comprensivo
con el que entablar una relación donde confiarle tus intimidades sin sentir temor ante su
respuesta....y este es solo un ejemplo de como nuestra visión puede quedar distorsionada ante
nuestra experiencia personal...
"El Señor es ternura y compasión, paciente y lleno de amor.
El Señor es bondad para con todos, sus ternuras están en todas sus obras."(Sal 145,8-9)
DIA 10
MENSAJE DE DIOS PADRE
Pero yo quisiera ver al hombre glorificar a su Padre y Creador con un culto especial. Mientras
más me glorificáis más glorificáis a mi Hijo, dado que, por mi voluntad, el se hizo Verbo
encarnado y vino en medio de vosotros para haceros conocer a aquél que lo mandó.
Cuando me conozcais, amaréis, a mí y a mi Hijo predilecto, más de lo que amáis ahora. Mirad
cuantas criaturas mías, que se han vuelto mis hijos por medio del misterio de la redención, no están
en el prado que he establecido para todos los hombres, mediante mi Hijo. Mirad cuántos otros, y
vosotros lo sabéis, ignoran la existencia de estos prados, y cuántas criaturas, que han salido de mis
manos, y de las cuales yo conozco la existencia mientras que vosotros la ignoráis. ¡No conocen ni
siquiera la mano que las ha creado!
¡Oh, como quisiera hacerles saber que Padre Omnipotente soy para vosotros y como lo sería
también para ellos con mis gracias! Quisiera hacerles transcurrir una vida más dulce con mi ley.
Quisiera que fuerais a donde ellos en mi nombre y que les hablarais de mí. Sí, decidles que tienen
un Padre que, después de haberlos creado, quiere darles los tesoros que posee. Sobre todo decid que
pienso en ellos, que los amo y quiero darles la felicidad eterna. ¡Ah! Os lo prometo: los hombres se
convertirán más rápidamente.
REFLEXION
JESÚS CORRE A LOS VEDEDORES DEL TEMPLO “Aprendan de mí, que soy manso y humilde
de corazón” (Mt. 11,29), exhorta Jesús. A Felipe, que le manifiesta el temor latente del Padre
pidiéndole: “Señor, muéstranos al Padre y nos basta” (Jn. 14, 8), responde con una expresión que
debería quitarnos todos los falsos temores de Dios: “Felipe, quien me hubiera visto a mí, ha visto al
Padre. ¿Cómo me dices que te enseñe al Padre? ¿Acaso no crees que yo estoy en el Padre y que el
Padre está en mí?” (Jn. 9-10). Si el Padre está en el Hijo y el Hijo es manso y humilde de corazón,
entonces podemos inferir que también el Padre es manso y humilde de corazón. Tantas páginas del
Viejo Testamento nos lo presentan implacable en su justicia; y, también en el Nuevo Testamento,
¿acaso Jesús no nos deja ver una potente manifestación de su “ira” al correr con azotes a los
mercaderes del templo? Pasemos a examinar dicho fragmento, que es de todos conocido, incluso de
aquellas personas que nunca han leído los Evangelios, porque este mismo pasaje es citado por
aquellos que pretenden justificar su propia violencia:
“(Jesús) y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas
sentados delante de sus mesas. Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con
sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los
vendedores de palomas: “Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de
comercio”. Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me
consumirá. Entonces los judíos le preguntaron: “¿Qué signo nos das para obrar así?” Jesús les
respondió: “Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar”. Los judíos le dijeron:
“Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en
tres días?” Pero él se refería al templo de su cuerpo. Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos
recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había
pronunciado. (Jn. 2, 14-22).Recordar siempre, que Dios no puede enfurecerse, porque su Paz es
infinita. Ni siquiera pudo enfurecerse cuando se encarnó, porque aunque estaba revestido de carne
mortal, su naturaleza divina siempre conservó el dominio absoluto de sí mismo sobre toda facultad
y pasión humana. Pero ¿acaso lo que Jesús hizo en el Templo fue “pura finta”? No, Jesús hizo todo
en serio, ciertamente estaba “indignado” (indignación: “movimiento del alma por el cual se huye
con desprecio de una cosa o persona”, lo cual es bien diferente de “tener rabia” e “ira”).
La “potencia” emanada por Jesús en el templo fue demasiado grande y todavía está en el aire, nadie
tiene el coraje para agredirlo directamente. Además, ante la increíble destrucción que encuentran a
su paso, surge en los hebreos una duda: quizás Jesús es el Mesías tan largamente esperado. La
pregunta que le hacen a Jesús tiene tintes casi de respeto: ¿Qué señal nos muestras para hacer estas
cosas?. Se escucha la palabra de Jesús que alza la voz y dice en tono solemne: Destruyan este
templo y en tres días lo volveré a levantar (Jn. 2, 19). Esta respuesta desconcertó a todos, tanto
amigos como enemigos. Es humanamente absurda, ilógica y los presentes se los hicieron notar de
inmediato: Esta templo tardó cuarenta y seis años en ser construido y ¿tú lo harás resurgir en tres
días? (Jn. 2, 20) La desilusión fue general. La tensión cayó. “No es el Mesías, dijeron sus
enemigos”Pero Él hablaba del templo de su cuerpo. Cuando resucitó de entre los muertos, sus
discípulos recordaron lo que había dicho y creyeron en aquellas palabras pronunciadas por Jesús.
(Jn. 2, 21-22). Jesús, se manifestó como el Profeta que estaba dando el mensaje más poderoso de la
historia.
El profeta es aquel que habla en nombre de Dios, movido para tal acción por el Espíritu de Yahveh.
Siempre que Yahveh quería hacer penetrar en las mentes y en los corazones algunas verdades
particularmente importantes, hacía que el profeta realizará, en estado de éxtasis, algunos gestos
clamorosos que hacían evidente en forma plástica su predicación y que, por lo tanto, movían a la
reflexión. Estos gestos se denominan “acciones simbólicas” ….Jeremías, por órdenes de Dios,
adquirió un jarro de terracota y la rompió ante los ancianos y sacerdotes del pueblo, diciendo que
así será destruida Jerusalén (Jer. 19, 10). Ajías de Silo desgarró su manto capa como prueba de la
inminente división del reino (I Reino, 11, 29). En el episodio del Templo, Jesús se manifiesta en
toda su potencia de Hombre-Dios, dando un mensaje profético que va más allá de Israel y que
divide en dos la historia del espíritu del hombre: el templo de piedra debe ser sustituido por el
templo de la carne, ¡porque DIOS VIVE EN EL HOMBRE! Para enunciar esta verdad
revolucionaria, que se relaciona con los hombres de todas las religiones y de todos los tiempo, Jesús
usa con amplitud el estilo profético del Antiguo Testamento, sirviéndose del gesto profético y del
oráculo. El gesto profético es la demolición de todo el mercado, que simboliza la futura destrucción
del templo de Jerusalén y del propio cuerpo; el oráculo son las poca palabras que emplea para ello:
“Destruyan este templo y en tres días lo haré resurgir”. Jesús se encuentra en el Templo que para
los hebreos era el único lugar de la divinidad y en esta ocasión se manifiesta más que nunca
Maestro y Profeta. Él debe hacerle entender a todos, aquello que había dicho antes a la samaritana:
“Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre…
Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en
espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que
lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.” (Jn. 4, 21-24) Dios no habita en una estructura
material, sino en el hombre. Este mensaje para los hebreos es difícil de aceptar: es el fin de pueblo
hebraico como pueblo único de Dios; es el fracaso de sus proyectos de salvación nacional; es tener
que admitir que todos los hombres (incluso si son samaritanos o romanos), tienen la misma
dignidad espiritual. Jesús es Hijo de Dios y es Hijo del Hombre. En el templo explota con toda su
Potencia profética, como en la Última Cena y como en el Calvario se habría de manifestar en toda
su dignidad sacerdotal y real.
MEDITACIÓN
Reflexionemos acerca de ello... ¿Somos como los hebreos reduciendo a Dios a un lugar, es decir
relegándolo a un culto centrado en las formas externas y superficiales o por el contrario somos
capaces de profundizar en la enseñanza del evangelio poniéndolo por obra y viendo a Jesús en cada
persona y por lo tanto actuando coherentemente?
Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les de el Espíritu de sabiduría y
revelación para que lo conozcan mejor...(Ef 1:17)
DIA 11
MENSAJE DE DIOS PADRE
Creedme, si hubierais comenzado desde la Iglesia primitiva a glorificarme con un culto
especial, después de veinte siglos habrían quedado pocos hombres viviendo en la idolatría, en
el paganismo y en tantas falsas y malas sectas, ¡en las cuales el hombre corre con los ojos
cerrados para lanzarse en el abismo del fuego eterno! ¡mirad cuánto trabajo queda por hacer!
¡Mi hora ha llegado! Es necesario que sea conocido, amado y glorificado por los hombres, para que,
después de haberlos creado, yo pueda ser su Padre, después su Salvador y finalmente el objeto de
sus delicias eternas.
Hasta aquí os he hablado de cosas que ya sabéis, y he querido recordarlas para que estéis más
convencidos todavía de que soy un Padre buenísimo y no un Padre terrible como vosotros creéis, es
más, que soy el Padre de todos los hombres actualmente vivientes, y que todavía los crearé hasta el
fin del mundo.
Sabed que quiero ser conocido, amado y sobre todo glorificado. Que todos reconozcan mi bondad
infinita para todos y sobre todo para los pecadores, los enfermos, los moribundos y todos los que
sufren. Que sepan que no tengo otro deseo que el de amarlos, donarles mis gracias, perdonarlos
cuando se arrepienten, y sobre todo no juzgarlos con mi justicia sino con mi misericordia, para que
todos se salven y sean incluidos en el número de los elegidos.
Para concluir esta exposición os hago una promesa cuyo efecto será eterno: Llamadme con el
nombre de Padre, con confianza y amor, y recibiréis todo de parte de este Padre con amor y
misericordia.
Que mi hijo, tu padre espiritual, se ocupe de mi gloria y transcriba, frase tras frase, lo que te he
hecho escribir, y también lo que te haré escribir todavía, sin añadir nada, para que los hombres
encuentren fácil y placentera la lectura de lo que quiero que sepan.
REFLEXIÓN
Un niño, al escuchar decir en el catecismo que el Padre, para salvar a los hombres, mandó a su hijo
a morir en la cruz, se expresó en la siguiente forma: “¡Qué cómodo! ¡Eh!”. A primera vista, no
parece sino una ocurrencia, pero el dicho es muy amargo. Para un niño, la imagen paterna es, y
deber ser, la de una persona que lo cuida y lo salva; no aquella de alguien que lo manda a morir. Es
natural que nazca en él un sentido de desconfianza hacia este Dios que sacrifica a su hijo, en vez de
ser él quien muera por el hijo, como sería la lógica humana y natural. Ese niño está en cada uno de
nosotros y desde siempre ha tenido la imagen de Dios Padre como la de un juez inflexible, que no
coincide con lo que nos muestran los Evangelios.
¿Qué es el Getsemaní? Es el gran campo de batalla, el gran combate que Jesús debe sostener como
“hijo del hombre” para rescatar a todos los hombres. Jesús hombre, con toda su humanidad
perfectísima y, por ende, infinitamente sensible, debe enfrentarse al gran adversario que se llama
“muerte”, “mal”, “pecado”. Es la hora de las “tinieblas”. A Jesús se le desapareció la potencia del
milagro, aquella energía sobrenatural que le hacía dominar todas las realidades circunstantes, que
expulsaba a los demonios, que aquietaba los mares en la tormenta y que resucitaba a los muertos.
Con este poder él iba al encuentro del mal y lo desbarataba “los curaba a todos” dice el Evangelio.
Ahora todo el mal del mundo se abate sobre la humanidad y él le pide ayuda a sus íntimos, porque
su “alma está triste hasta la muerte” y comienza a experimentar “tristeza y angustia”. Pero sus
amigos duermen, el “enemigo” los adormeció, porque no rezaron y por eso se dice que su “carne es
débil”. Jesús se queda sólo con el Padre e inicia la oración más afligida que nunca antes había
elevado a Dios: “Padre, si es posible, que esta copa se aleje de mí…” En este encuentro existencial
entre el “yo” de Jesús hombre y “Dios”, la victoria final es de Dios, porque Jesús subordina su
voluntad a la del Padre: “…pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.” (Mt. 26, 39).
Es la gran victoria, el rescate del “no” de Adán, que Jesús hombre consigue en un baño de sangre.
Jesús se aferra al Padre, buscando en Él el alivio que no logró encontrar en los hermanos aturdidos
por el sueño. Y el Padre responde inmediatamente al reclamo del Hijo, mandándole un Ángel. El
Ángel del cáliz El Ángel del alivio, el Ángel de la copa. ¿Qué cosa hay en aquella copa? En aquella
está toda la Potencia de Vida del Padre que se comunica al Hijo, así como al Hijo, pocas horas
antes, se había comunicado a los apóstoles. Jesús ha vuelto a ser el Maestro de siempre, incluso es
ahora más poderoso que antes, porque en él está a partir de ese momento la plenitud del Padre
Omnipotente. Para convencernos de esto, veamos qué cosa es la que ocurre al momento del
encuentro con los guardias y con la multitud que venía a detenerlo: ¿A quién buscan?”. Le
respondieron: “A Jesús, el nazareno”. Y Jesús les dijo: “¡ yo soy!”. (Jn. 18, 6). “¡YO SOY!” es el
nombre del Padre, que así se presenta a sí mismo en el Viejo Testamento: “Moisés contestó a Dios:
“Si voy a los hijos de Israel y les digo que el Dios de sus padres me envía a ellos, si me preguntan:
“¿Cuál es su nombre?, yo ¿qué les voy a responder?” Dios dijo a Moisés: “¡Yo soy el que soy!”
Después agregó: “Así dirás al pueblo de Israel: YO-SOY me ha enviado a ustedes.” (Ex. 3, 13-14)
Por lo tanto, al decir “Yo soy”, Jesús se llama a sí mismo con el nombre del Padre. O, mejor aún, el
Padre declara su presencia en el Hijo y se testimonia, además que con su propio nombre, también
con la POTENCIA que es la característica específica de Dios Padre: Y apenas dijo: “¡SOY YO!”,
ellos retrocedieron y cayeron en tierra. (Jn. 18, 4-6).
MEDITACION
Reflexionemos en esta frase que Dios Padre nos dice... “Llamadme con el nombre de Padre, con
confianza y amor, y recibiréis todo de parte de este Padre con amor y misericordia.”...
¿podremos ser capaces de desarrollar una relación de confianza y amor con este Padre ?
Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio. (Sal 61,9)
DÍA 12
MENSAJE DE DIOS PADRE
Cada día, poco a poco, te hablaré de mis deseos en relación con los hombres, de mis alegrías,
de mis penas y, sobre todo, mostraré a los hombres mis infinitas bondades y la ternura de mi
amor piadoso.También quisiera que tus superioras te permitieran usar tus momentos de libertad
para estar conmigo, y que tú puedas, por media hora al día, consolarme y amarme, y así obtener que
los corazones de los hombres, mis hijos, se dispongan a trabajar bien para extender este culto, del
cual os he revelado ahora la forma, para que lleguéis a tener una gran confianza en este Padre que
quiere ser amado por sus hijos.Para que ésta obra que quisiera hacer con los hombres pueda
extenderse en todas las naciones lo más pronto posible, sin que los que serán encargados de
difundirla cometan la mínima imprudencia, te pido que transcurras tus días en gran recogimiento.
Te sentirás feliz de hablar poco con las criaturas y, en tu corazón, en secreto hablarás conmigo y me
escucharás, aún cuando estarás en medio de los demás. Por otra parte, esto es lo que quiero que
hagas: cuando a veces te hable de ti personalmente, tú escribirás mis confidencias en un pequeño
diario especial. Pero aquí pretendo hablar de los hombres: yo vivo con los hombres en una
intimidad mayor que la de una madre con sus hijos.
Desde la creación del hombre no he cesado nunca, ni un instante, de vivir junto a él; como Creador
y Padre del hombre siento la necesidad de amarlo. No es que yo necesite de él, pero mi amor de
Padre y Creador me hace sentir esta necesidad de amar al hombre. Por lo tanto yo vivo cerca del
hombre, lo sigo por todas partes, lo ayudo en todo, proveo a todo.Yo veo sus necesidades, sus
trabajos, todos sus deseos, y mi felicidad más grande es la de socorrerlo y salvarlo. Los hombres
creen que yo soy un Dios terrible, y que precipito a toda la humanidad en el infierno. ¡Qué sorpresa
cuando, al final de los tiempos, verán muchas almas, que creían perdidas, gozar de la eterna
felicidad en medio de los elegidos!
Quisiera que todas mis criaturas se convenzan de que hay un Padre que vela por ellas y que quiere
hacerles pregustar, aún aquí abajo, la felicidad eterna.
REFLEXIÓN
El Padre, en Jesús, lleva el peso de la Pasión Vimos a Jesús abatido en tierra, presa de la “tristeza y
la angustia” (Mt. 26, 37) y el “miedo” (Lc. 14, 33). ¿Cómo pudo un hombre reducido a este estado
retomar inmediatamente el control de la situación y tener una fuerza espiritual tal como para hacer
caer en tierra a “la gran multitud que venía con espadas y palos” (Mt. 26, 47); él, que apenas hacia
algunos minutos se encontrada desplomado en el suelo? ¿Cómo pudo haber aguantado la
flagelación, el trayecto al Calvario y la crucifixión? ¿Cómo pudo resistir toda la pasión teniendo
siempre bajo control hombres y hechos, como en el caso de Verónica, de las mujeres pías y del buen
ladrón? Es el Padre que, en el Hijo, lleva el peso de la Pasión y la domina paso a paso, hasta que
Jesús nos lanza su grito de victoria: “¡Todo se ha cumplido!” (Jn. 19, 30). Apenas el Hijo pronunció
estas palabras, el Padre se retiró lentamente de aquel cuerpo martirizado que sólo Él pudo haber
mantenido con vida hasta ese momento. Jesús advierte este alejarse del Padre y vuelve, por un
instante, a aquel desconcierto que sufrió en Getsemaní: “A eso de las tres, Jesús gritó con fuerza:
Elí, Elí, lamá sabactani, que quiere decir: “¡Dios mío! ¡Dios mío!, ¿Por qué me has
abandonado?”… “dio un fuerte grito y expiró”. (Mt. 27, 46-50) Jesús combatió su batalla y la
ganó, pero no lo hizo solo, en él también luchó y venció el Padre con toda la Potencia de Su
Espíritu. El cuerpo de Jesús, instrumento de la victoria, pende ahora de la cruz. Permanecerá sin
vida algunas horas, el tiempo necesario para convencer a los hombres que realmente estaba
muerto; )luego, cuando los hombres se habían resignado a la derrota, el Padre hizo explotar toda su
Potencia de Vida y de victoria, por medio de la RESURRECCIÓN. Es la hora del Padre y todos
debemos inclinarnos en esta hora. El Padre está cansado de esperar, de vernos sufrir, de vernos
maltratados por Satanás, porque él mismo se ve mortificado en sus hijos. El Padre ha dicho “basta”
y, en el Hijo, viene a nosotros con potencia.
MEDITACION
El Padre siempre ha estado ahí....¿cuantas veces recordando la pasión de Jesús hemos levantado la
mirada y el corazón al Padre y hemos agradecido su presencia y su dolor padecido por todos
nosotros?
Dad gracias al Señor, porque El es bueno;
porque es eterna su misericordia. (Sal 118,29)
DÍA 13
MENSAJE DE DIOS PADRE
Una madre no olvida nunca la pequeña criatura que dio a luz. ¿No es aún más hermoso que,
de parte mía, me recuerde de todas la criaturas que he puesto en el mundo?Ahora, si la madre
ama a este pequeño ser que yo le he donado, yo lo amo más que ella porque yo lo he creado.
Aunque una madre amase menos a su niño por algún defecto que tiene, yo, al contrario, lo amaré
todavía más. Ella podría llegar hasta a olvidarlo, o a pensar en él raramente, sobre todo cuando lo
han quitado a su vigilancia, pero yo no lo olvidaré nunca. Yo lo amaré siempre, y aún si no se
recuerda más de mi su Padre y Creador, yo me acordaré de él y lo amaré todavía.
Antes os dije que quisiera daros, aún aquí abajo, la felicidad eterna, pero vosotros no habéis
comprendido todavía esta palabra, y he aquí el significado: Si me amáis y si me llamáis con
confianza, con el dulce nombre de Padre, comenzáis ya desde aquí abajo con el amor y la confianza
que harán vuestra felicidad en la eternidad, que cantaréis en el Cielo en compañía de los elegidos.
¿No es esta una anticipación de la felicidad de los Cielos que durará eternamente?
Por lo tanto deseo que el hombre recuerde a menudo que yo estoy allí donde está él. Que no podría
vivir si yo no estuviese con él, viviente como él. A pesar de su incredulidad yo no dejo nunca de
estar junto a él.
¡Ah! cómo deseo ver realizado el plan que quiero comunicaros y que es este: hasta hoy el hombre
no ha pensado para nada en hacerle a Dios, su Padre, este favor que estoy por decir: Quisiera ver
establecerse una gran confianza entre el hombre y su padre de los Cielos, ver al mismo tiempo, un
verdadero espíritu de familiaridad y de delicadeza para que no se abuse de mi gran bondad.
REFLEXION
El milagro de la resurrección del cuerpo de Jesús continúa en nosotros. Siempre que hacemos la
Comunión entramos en comunión con el cuerpo de Cristo resucitado y, por lo tanto, absorbemos la
potencia vital de la Resurrección: “¡oh, Sacro banquete, en el que se nos alimenta de Cristo, el alma
está llena de Gracia y a nosotros se nos da la prenda de la futura Gloria!” (de la Liturgia). La
Comunión no sólo es una fuente de vida para el espíritu, sino también para el cuerpo. Recordemos
lo que a menudo escribía en sus recetas el Santo Moscati, médico primario de la Universidad de
Nápoles: “¡Cura de la Eucaristía!” El Padre nos quiere “resurgidos” desde ahora. Nos encontramos
ahora bajo el yugo del sufrimiento, pero si nos uniformamos a la Voluntad de Dios como hizo Jesús,
entonces tal yugo se volverá ligero y jubiloso, porque el Padre en nosotros lo habrá de cargar. Pero
es necesario que creamos en su Amor y que nos abandonemos a Él, aunque parezca que está alejado
de nosotros. El Padre nunca está alejado de sus hijos; creer que nos deja solos en el sufrimiento o
que todo se trata de un cruel castigo es la gran trampa en que quiere hacernos caer el “enemigo”
que, tras habernos inducido al pecado, no nos deja volver a los brazos de nuestro Papá, quien de
inmediato nos regeneraría en su Amor que es “más potente que el pecado, más potente que el mal y
más potente que la muerte”. (Dives in Misericordia). Es Pascua. Es época de resurrección. A todos
os deseamos que el niño que habita en cada uno se convenza que Dios es verdaderamente su Papá.
Un Papá en el cual podemos confiar, porque no nos dejará nunca solos en la prueba, sino que la
vivirá y la sufrirá en nosotros para transformarla en resurrección.
MEDITACION
Que consuelo comienza a nacer en cada uno cuando tomamos conciencia de quien es
verdaderamente nuestro Padre....este sentimiento se llama Esperanza.
Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y
no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.( Jer 29:11)
DÍA 14
MENSAJE DE DIOS PADRE
Conozco vuestras necesidades, vuestros deseos y todo lo que está en vosotros. Pero cómo
estaría agradecido y sería feliz si os viera venir a mí para hacerme las confidencias de vuestras
necesidades, como un hijo totalmente confiado en su padre. ¿Si me lo pidieseis, cómo podría
rechazar cualquier cosa, por mínima o máxima importancia que fuere? ¿Aunque si no me veis
ni me sentís muy cerca de vosotros en los acontecimientos que suceden en vosotros y en
vuestro alrededor? ¡Un día, como será meritorio para vosotros el haber creído en mí sin
haberme visto! Aún ahora que estoy aquí, en persona, en medio de todos vosotros, que os hablo
repitiendo incesantemente, en todas las formas, que os amo y que quiero ser conocido, amado y
glorificado con un culto especial, vosotros no me veis, excepto una sola persona, ¡aquella a la cual
he dado este mensaje! ¡una sola en toda la humanidad! Y sin embargo heme aquí que os hablo, y en
la que veo y a la cual hablo; os veo a todos y os hablo a todos y a cada uno de vosotros, ¡y os amo
como si me vierais!
Por lo tanto, deseo que los hombres me conozcan y que sientan que estoy cerca de ellos. Oh
hombres, recordad que quisiera ser la esperanza de la humanidad. ¿No lo soy ya? Si no fuera la
esperanza del hombre, el hombre estaría perdido. ¡pero es necesario que yo sea conocido como tal
para que la paz, la confianza y el amor entren en el corazón de los hombres y lo pongan en relación
con su Padre del Cielo y de la tierra!
REFLEXION
Una de las primeras cosas que se le enseñan a los niños es a decir “gracias” cuando se le da alguna
cosa. “Dar las gracias” es la base de la convivencia humana, es la manera más simple y eficaz de
tener y acrecentar el Amor. Si cuando hacemos algo por un amigo, éste no nos hiciera siquiera una
llamada o nos enviara una nota de agradecimiento, entonces advertiríamos que algo dentro de
nosotros se ha enfriado en relación con ese amigo y nos sale espontáneo el lamento: “¡Ni siquiera
nos dio las gracias!”. De modo que no lo ayudaríamos la siguiente vez que necesitara de nuestra
ayuda o, en su caso, lo haríamos a desgano, porque nos sentiríamos traicionados en nuestro Amor.
El hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios, y lo que sentimos en nuestro corazón es el eco
de lo que vibra en manera infinitamente más amplia en el Corazón del Padre. En las relaciones con
Él, debemos tener la misma “educación” que usamos para con nuestros prójimos y Jesús nos lo
enseña en el Evangelio: “Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pesaba a través de Samaria y
Galilea. Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a
distancia y empezaron a gritarle:“¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!”. Al verlos, Jesús
les dijo: “Vayan a presentarse a los sacerdotes”. Y en el camino quedaron purificados. Uno de
ellos, al comprobar que estaba curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta y se arrojó a los
pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano. Jesús le dijo entonces:
“¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿Ninguno volvió a dar
gracias a Dios, sino este extranjero?”. Y agregó: “Levántate y vete, tu fe te ha salvado”. (Lc. 17,
11-19) Las “gracias” del samaritano hicieron manar para él, del Corazón de Jesús, una “gracia”
nueva: la cura y, por lo tanto, la resurrección del espíritu, después de haber obtenido la del cuerpo.
Si nosotros aprendiéramos a “dar las gracias” por lo dones que en forma constante recibimos,
entonces sobre nosotros llovería “Gracia sobre Gracia” y viviríamos en la alegría de una continúa
resurrección. Nunca decimos: “Padre, gracias por los innumerables dones que me haces de
continuo. Alguien podría objetar: “Pero, ¿cuáles dones si toda la vida es de un sufrimiento
constante?” ¿Quién de entre nosotros le da gracias a Dios porque vemos con nuestros ojos, porque
caminamos con nuestras piernas, porque dormimos, porque comemos sin problemas, porque
tenemos una casa, porque no tenemos un tumor, porque no tenemos un hijo drogadicto, porque no
tiene a alguien desahuciado, porque no está teniendo una crisis económica? ¿Quién le agradece a
Dios por el regalo del sol, de la lluvia, de la nieve, del viento, de un alba luminosa? ¿Quién le
agradece por la sonrisa de un niño o por el canto de un pájaro? Casi nadie. Somos niños caprichosos
que sólo ven lo que no tienen. Tenemos la idea de que nos merecemos todo. Sólo nos acordamos de
Dios cuando tenemos necesidad de Él, entonces acudimos a Él y le decimos: “Tú me puedes ayudar,
porque eres omnipotente y, por lo tanto, debes ayudarme. Si eres mi padre, debes darme lo que te
pido”. Si no atendiera mis reclamos, entonces corto mi relación con Él, no lo vuelvo a saludar y le
doy la espalda por resentimiento. ¿Cuántas persona han dejado de rezar y de ir a la iglesia porque
no obtuvieron de Dios lo que pedían? Debemos convertirnos: nuestra fe nos debe llevar a dar, no a
pedir, sino a dar. Si creemos verdaderamente en Dios, entonces no debemos creer solamente en su
omnipotencia (“creo en Dios Padre Omnipotente”), sino también en su paternidad. Por lo tanto,
debemos creer en su Amor, aunque no logremos entender todos los “por qués” de la vida. Debemos
hacer como María, que creía en el Amor del Padre y, cuando no comprendía, de todas formas acogía
igualmente con docilidad la realidad de los hechos, “meditándolas en su corazón” (Lc. 3, 50-51). Si
damos siempre gracias por estos “dones”, del Corazón del Padre brotará un soplo de Amor cada vez
más grande que se verterá en nuestro espíritu y lo hará crecer, colmándonos de alegría y paz.
MEDITACION
Empleemos al menos 5 minutos cada día en dar las gracias a Dios por todo lo bueno que hemos
recibido ese día... Eduquemos nuestro corazón en el agradecimiento a Dios.
No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones
a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones
y sus pensamientos en Cristo Jesús.(Fil 4:6-7)
DIA 15
MENSAJE DE DIOS PADRE
¡No penséis que yo sea ese terrible viejo que los hombres representan en sus imágenes y en sus
libros! No, no, yo no soy ni más joven ni más viejo que mi Hijo y que mi Santo Espíritu. Por lo
tanto quisiera que todos, desde el niño hasta el anciano, me llamen con el nombre familiar de
Padre y de amigo, pues yo estoy siempre con vosotros, y me hago semejante a vosotros para
haceros semejantes a mí. ¡Cuán grande sería mi alegría al ver que los hombres enseñan a sus
niños a llamarme a menudo con el nombre de Padre, como soy realmente! ¡Cómo desearía
infundir en esas jóvenes almas una confianza y un amor todo filial por mí! ¿Yo he hecho todo
por vosotros; no haríais esto por mí?
Quisiera establecerme en cada familia con mi dominio para que todos puedan decir con seguridad:
"tenemos un Padre que es infinitamente bueno, inmensamente rico y muy misericordioso. El piensa
en nosotros y esta cerca de nosotros, nos mira, nos sostiene y nos dará todo lo que nos falta, si se lo
pedimos. Todas las riquezas son nuestras, nosotros tendremos todo lo que necesitamos".
Precisamente estoy allí para que me pidáis lo que os es necesario: "Pedid y recibiréis". Con mi
paternal bondad os daré todo, como verdaderamente hago, siempre que todos sepan considerarme
como un verdadero Padre viviente en medio de mis hijos.
Deseo también que cada familia exponga a la vista de todos la imagen que más tarde haré conocer a
mi "hijita". Deseo que cada familia se ponga bajo mi protección, muy especial, para que puedan
glorificarme más fácilmente. Allí, cada día, la familia me hará conocer sus necesidades, sus
trabajos, sus penas, sus sufrimientos, sus deseos y también sus alegrías, porque un Padre tiene que
saber todo lo que se refiere a sus hijos. Seguramente yo lo sé dado que estoy allí, pero me gusta
mucho la simplicidad. Yo sé doblegarme a vuestras condiciones. Me vuelvo pequeño con los
pequeños, me vuelvo adulto con los hombres adultos, con los ancianos me vuelvo semejante a ellos,
para que todos comprendan lo que quiero decirles de su santificación y de mi gloria.
¿La prueba de lo que os digo no la tenéis ya en mi Hijo que se hizo pequeño y débil como vosotros?
¿No la tenéis también ahora, viéndome aquí que os hablo? ¿Y, para que podáis entender lo que
quiero deciros, no he escogido, para hablaros, a una pobre criatura como vosotros? ¿Y ahora, no me
hago semejante a vosotros?
REFLEXION
JOB: “Este hombre era íntegro y recto, temeroso de Dios y alejado del mal. Le habían nacido siete
hijos y tres hijas, y poseía una hacienda de siete mil ovejas, y tres mil camellos, quinientas yuntas
de bueyes y quinientas asnas, además de una servidumbre muy numerosa. Este hombre era el más
rico entre todos los Orientales”. (Jb 1, 1-4) Pero un día... ...Le robaron todo su ganado; los fieles
servidores y los guardianes fueron asesinados a punta de espada. Fue la ruina económica. Pero
“Job no pecó nunca con sus labios”: “El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, ¡bendito sea el
nombre del Señor!” ...Job fue atacado por una “plaga maligna, de los pies a la cabeza. Job tomó
entonces un pedazo de teja para rascarse, y permaneció sentado en medio de la ceniza.” La esposa
lo insultó por aquella resignación y fidelidad a Dios, a quien continuaba bendiciendo por todo
aquello que le había mandado. “¡Hablaste como una necia!”- le respondió Job – “si Dios nos da y
aceptamos el bien, ¿por qué no tendríamos que aceptar también el mal?”. Job “no pecó con sus
labios”: “El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, ¡bendito sea el nombre del Señor!” ...Dulcis in
fondo, Job fue acusado por sus queridos amigos, de estulticia, pecado y orgullo. Es el fondo de su
abismo de dolor: “Pero ahora se ríe de mí hasta la gente más joven que yo., a cuyos padres yo no
consideraba dignos de juntarlos con los perros de mis rebaños. ¡Y ahora, ellos me hacen burla con
sus cantos, soy objeto de sus bromas! Abominan y se alejan de mí no les importa escupirme en la
cara.” (Jb 30, 1...).Job padece la pérdida de sus bienes materiales, hijos, salud, honor: en él recaen
todo tipo de “desgracias”. Estas son las pruebas que la vida nos pone y por las que debemos pasar
tarde o temprano: hay que considerar que nuestro único y verdadero patrimonio, es aquello que nos
puede hacer crecer en la fe y en el amor a Dios. Esas pruebas nos liberan de nuestras ataduras
mundanas, si las sabemos valorar, entenderemos que son regalos preciosos.Si damos siempre
gracias por estos “dones”, del Corazón del Padre brotará un soplo de Amor cada vez más grande
que se verterá en nuestro espíritu y lo hará crecer, colmándonos de alegría y paz. Nos es lícito pedir
aquello que nos parece justo, pero tenemos que estar siempre listos para dar gracias, incluso si el
Padre no nos concede aquello que deseamos, con la certeza de que nos otorgará siempre una
“gracia” infinitamente más preciosa: en una relación más profunda con Él.
MEDITACION
Pidamos la gracia a Dios de ver su bondad en las dificultades para que como Job alabemos al señor
en todo momento y merezcamos recibir los dones que el Padre nos tiene reservados...
Hijo mío, no desprecies la disciplina del Señor,
ni te ofendas por sus reprensiones.
Porque el Señor disciplina a los que ama,
como corrige un padre a su hijo querido.(Prov 3:11-12)
No tengan miedo, mi rebaño pequeño, porque es la buena voluntad del Padre darles el reino.... (Lc
12:32)
DIA 16
MENSAJE DE DIOS PADRE
Mirad, he puesto mi corona a mis pies y el mundo sobre mi corazón. He dejado mi gloria en el
cielo y vine aquí dándome todo para todos, pobre con los pobres y rico con los ricos. Quiero
proteger a la juventud como un tierno Padre. ¡hay tanto mal en el mundo! Estas pobres almas
inexpertas se dejan seducir por las lisonjas del vicio que, poco a poco, las conducen a la ruina
total. Oh, vosotros que necesitáis especialmente a alguien que os cuide en la vida para que
podáis evitar el mal, ¡venid a mí! ¡Yo soy el Padre que os ama más de lo que ninguna otra
criatura podrá nunca amaros! Refugiaos cerca, cerca de mi, confiadme vuestros pensamientos
y deseos. Yo os amaré tiernamente. Os daré gracias para el presente y bendeciré vuestro
porvenir. Podéis estar seguros de que no os olvido, ni después de quince, veinticinco o treinta
años, ni desde que os he creado. ¡venid! Veo que necesitáis mucho un Padre dulce e
infinitamente bueno como yo. Sin extenderme en
muchas cosas que sería oportuno decir aquí, pero que podré decir más tarde, quiero ahora hablar en
modo particular a las almas de los que me han escogido, sacerdotes y religiosos: para vosotros, hijos
queridos de mi amor, ¡tengo grandes proyectos!
REFLEXION
El único objeto de nuestra vida es conocer, amar y servir a Dios aquí en la tierra, para gozarlo en la
eternidad. Es aquí en la tierra que nos ganamos el cielo; es aquí en la tierra que tenemos que
demostrarle a Dios que realmente lo amamos sobre todas las cosas. En el lenguaje bíblico, nuestra
relación con Dios se define como “esponsales”. Cuando dos jóvenes se unen en matrimonio, se
dicen el uno al otro: “Te prometo serte fiel en las buenas y en las malas”. Las “malas” en realidad
no lo son, visto que sirven para reforzar el vínculo afectivo: el amor que sólo está hecho de dulzura,
tarde o temprano se agota. Un papá o una mamá se encuentran verdaderamente unidos, cuando
están en la cabecera de la cama de un hijo gravemente enfermo, porque entonces el Amor se hace
más fuerte y se templa en el sufrimiento. Nosotros esto no lo queremos entender. Continuamos
viviendo en una dimensión mundana en la que sólo cuenta el bienestar material: tener dinero, casa,
autos, personas que nos alaben… Pero esas cosas no elevan nuestro espíritu, más bien lo hunden.
Nuestro objetivo único debe ser penetrar cada vez más en el Corazón del Padre y, para hacer esto,
tenemos que aprender a decir: “Gracias, Padre”. Pero para decirlo, tenemos que convencernos que
el Padre nos ama, nos ama verdaderamente. No nos ha creado para hacernos sufrir y no se goza en
el sufrimiento que no ha provocado Él, sino que es producto de nuestras desobediencias. Él, en el
Hijo, nos enseñó qué cosa tenemos que hacer para liberarnos de este mal que nosotros nos estamos
procurando: hay que “tragarlo”, mediante la aceptación y ofrecerlo al Padre en un “sí” total. Y el
Padre nos dará la Paz. Si luego crecemos en el Amor hasta decir “Padre, gracias”, en nosotros se
realizará la resurrección y nos volveremos una explosión de júbilo. Esta es la vía para crecer en el
espíritu. De lo contrario, nuestra fe será mantenida en un continuo lamento, en una perenne busca
de “favores” que no bastarán nunca, porque habiéndose otorgado uno, después pediremos otro y
otro…y entonces nuestra relación con Dios se asemejará al modo de vivir de los mendigos, que
siempre extienden la mano pidiendo una limosna. Pero nuestra realidad es bien diversa al ser
nosotros hijos de Dios, nosotros formamos parte de la estirpe real. El sufrimiento es un regalo que
se nos hace, para que podamos rescatar a nuestra humanidad decaída y cubrirnos de grandeza. Si no
aceptamos el don del Padre y no le damos nuestras “gracias” sinceras, entonces apagamos nuestra
relación con Dios y el desarrollo de nuestro espíritu. Nuestro corazón se endurecerá y ya no estará
en comunión con el Corazón del Padre.
Un papá que lleva a su hijo con el dentista, no goza cuando el pequeño comienza a llorar, porque el
doctor lo inyecta y le saca fuera algún dientito careado. Si este niño, saliendo del consultorio del
dentista, le dijera a su papá: “¡Eres malo! Me llevaste con el dentista para que me hiciera mal, tú no
me quieres…” ¿Qué creen que sentiría el padre? Nosotros somos como este niño que no ha
entendido el amor y el dolor del Padre. El Padre lo que desea es cuidarnos, curarnos bien,
liberarnos, dejarnos crecer, pero encuentra en nosotros una actitud grosera y rebelde. Si en vez de
darle las gracias, los acusamos porque nos manda males o porque no nos los quita, ¿qué puede
hacer Él? Respetando nuestra libertad, se retira y nos deja en nuestra miseria, nos deja con nuestros
dientes careados, los cuales se volverán fuente de infecciones cada vez más graves. Por el contrario,
si aquel niño, regresando a casa, le dice a su papá: “Papi, el dentista me lastimó mucho, pero tú me
quieres y me llevaste porque era necesario, ¡gracias, papá!”, ¿qué podría experimentar el padre de
este pequeño? Lo más seguro es que una ternura infinita, lo apretará junto a su pecho, complacido
porque su gesto fue comprendido adecuadamente. Si nosotros, en cualquier circunstancia, le
decimos a nuestro Papá celestial: “Te agradezco, Padre, por lo que me mandas cada día, incluso si
me lástima, porque evidentemente esto es lo que hace crecer mi espíritu: ¡gracias!”, ¿qué crees que
hará Él? Nos abrazará e inundará nuestro corazón de alegría, el signo de la Resurrección que vendrá
después de la muerte que todo sufrimiento encierra. Viviremos la alegría de la santidad.
MEDITACION
Poco hay que añadir...reflexionemos acerca de nuestra actitud en las pruebas y nuestra postura en el
sufrimiento...
Y no sólo en esto, sino también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento
produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter,
esperanza.(Rm 5:3-4)
Y después de que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo, Dios mismo, el Dios de toda gracia que
los llamó a su gloria eterna en Cristo, los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables.... (1
Pedro 5:10)
DIA 17
MENSAJE DE DIOS PADRE
"Acabo de abrir una fuente de agua viva que no se secará nunca, desde hoy hasta el final de
los tiempos. Vengo a vosotros, criaturas mías, para abriros mi pecho paternal, apasionado de
amor por vosotros, hijos míos. Quiero que seáis testigos de mi amor infinito y misericordioso.
No me basta el haberos mostrado mi amor, quiero abriros, además, mi corazón, del cuál
brotará una fuente refrigerante en donde los hombres podrán apagar la sed. Entonces
saborearán alegrías que no habían conocido hasta ahora por el peso inmenso del temor
exagerado que tenían de mí, su tierno Padre. Desde que prometí a los hombres un salvador
hice manar esta fuente *. La hice pasar a través del corazón de mi Hijo para que llegara a vosotros.
Pero mi inmenso amor por vosotros me incita a hacer más todavía, abriendo mi pecho, del cual
manará esta agua de salvación para mis hijos, a los cuales permito sacar libremente toda la que les
sea necesaria para el tiempo y para la eternidad. Si queréis probar la potencia de esta fuente de
que os hablo, aprended primero a conocerme mejor y a amarme hasta el punto que yo deseo; es
decir, no sólo como Padre sino también como vuestro amigo y vuestro confidente.
¿Por qué sorprenderse de lo que digo? ¿No os he creado a mi imagen? Os he hecho a mi imagen
para que no encontréis nada de extraño cuando habléis y familiaricéis con vuestro Padre, vuestro
creador y vuestro Dios, dado que os habéis vuelto los hijos de mi amor paterno y divino, por medio
de mi misericordiosa bondad.
REFLEXION
¿Qué es la santidad? El hombre nuevo que el espíritu del Padre crea en nosotros, cuando hemos
aceptado el “regalo” de la pasión y de la muerte: “si uno no muere y renace de lo alto, entonces no
podrá ver el reino de Dios” (Jn. 3, 4) Este proceso de muerte y resurrección es fruto de un trabajo
cotidiano. Cada día el Padre nos da “pan de cada día”, que no es sólo la Eucaristía, sino también el
sufrimiento. Ya de por sí el sufrimiento es una realidad de muerte, porque “mortifica” nuestra
personalidad. Pero, si lo aceptamos, el Padre lo transforma en un regalo de Vida, regenerando una
parte de nosotros. Gracias al mismo, cada día una parte de nuestra realidad humana muere, pero
surge otra divinizada. Días tras día, “gracia tras gracia”, el Padre rompe nuestra estructura ruinosa y
construye en nosotros, “gracia tras gracia”, su templo inmortal. Eso es la santidad. Cada día se nace,
cada día se muere, cada día se resurge. Nuestra vida está dispuesta al ritmo trinitario del rosario que
es la encarnación, muerte y resurrección. Como por Jesús, como por María y como por Job.¿Como
acaba la historia de Job? “Dios duplicó todo lo que Job tenía. El llegó a poseer catorce mil ovejas,
seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas. Tuvo además siete hijos y tres hijas… Después
de esto, Job vivió todavía ciento cuarenta años, y vio a sus hijos y a los hijos de sus hijos, hasta la
cuarta generación.” (Jb. 42, 10) Pero, sobre todo, Job se volvió un gran amigo de Dios. Cuando el
Señor habla de él a aquellos que lo habían condenado, dice: “Vayan a ver a mi siervo Job… mi
servidor Job intercederá por ustedes, para que yo, en atención a él, no castigue su estulticia.” (Jb
42, 8)
Job puede ahora interceder por sus hermanos hablando con Dios “cara a cara”, porque el viejo Job
está muerto, pero nació uno nuevo que vive en la plenitud del Amor. En él vive el Padre.
MEDITACION
Roguémosle a María el don de la gratitud, de ver en todo un don del Padre, incluso en nuestros
yerros. Roguémosle a María que haga de nosotros personas agradecidas. Roguémosle a María que
no otorgue el don de la oración interior, para que nuestro espíritu aprenda a repetir, a cada latido de
nuestro corazón, “¡Gracias, Padre!” Y el Padre vendrá a nosotros y entonces también nosotros
podremos interceder por nuestros pobres hermanos desesperados y, en la sonrisa, seremos para ellos
testimonios creíbles de la resurrección. Sólo tienen necesidad de esto, para aprender a decir también
ellos: “¡Gracias, Padre!” y poder resurgir.
¡Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho
nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tengamos una esperanza viva....
(1 Pedro 1:3)
DÍA 18
MENSAJE DE DIOS PADRE
Mi Hijo Jesús está en mí y yo estoy en El, en nuestro mutuo amor que es el Espíritu Santo que
nos tiene unidos con este vínculo de caridad que hace que nosotros seamos UNO. El, mi Hijo,
es la alberca de esta fuente que está siempre llena de agua de salvación, ¡hasta el punto de
desbordarse! para que los hombres puedan sacarla de su corazón. ¡pero es necesario estar
seguros de esta fuente que mi Hijo os abre para que vosotros podáis convenceros de que es
refrigerante y placentera! Entonces, venid a mí por medio de mi Hijo y, cuando esteis cerca de
mí, confiadme vuestros deseos. Os mostraré esta fuente haciéndome conocer tal como soy.
Cuando me conozcais se apagará vuestra sed, os recobraréis, vuestros males se curarán y
vuestros temores desaparecerán; vuestra alegría será grande y vuestro amor encontrará una
seguridad que no había encontrado nunca hasta ahora.
¿Pero cómo - me diréis - podemos venir a ti? ¡Ah! venid por la vía de la confianza, llamadme Padre
vuestro, amadme en espíritu y verdad y esto será suficiente para que esta agua, refrigerante y
potentísima, apague vuestra sed. Pero si verdaderamente queréis que esa agua os dé todo lo que os
falta para conocerme y amarme, y si os sentís fríos e indiferentes, llamadme sólo con el dulce
nombre de Padre y yo vendré a vosotros. Mi fuente os donará el amor, la confianza y todo lo que os
falta para ser siempre amados por vuestro Padre y creador.
REFLEXION
RESURRECCIÓN
De la muerte a la Vida, de la desolación al consuelo, de la desesperación a la esperanza, del miedo
a la certeza, de la impotencia total a la posesión del todo, de la soledad a la compañía, de la
tristeza a la felicidad, de todas las formas de muerte: del cuerpo, del espíritu, de la razón, a la
aceptación de todo tipo de VIDA.
La muerte y la resurrección de Jesús son nuestra propia muerte que debe ser transformada en
resurrección. Jesús vino a la tierra, tomó nuestra humanidad, se hizo hijo del hombre y continúa
viviendo en todos los hombres, porque Él es fiel a Su Amor. Está escondido, aplastado por otro
espíritu que es el espíritu de muerte que parece haber tomado posesión del mundo; pero Él está ahí,
en cada uno de nosotros, listo para hacer que estalle la resurrección en el momento que lo
deseemos. Sacudámonos: el miedo nos consume hasta las más íntimas fibras y nos impide combatir
la batalla de Dios, que al fin de cuentas es la batalla del hombre, nuestra batalla, la que nos
permitirá volver a llamarnos hombres. Resurjamos con Jesús que es el Salvador, pidámosle que
venga a salvarnos para que podamos resurgir con Él: esta es nuestra Pascua. Volvamos a respirar en
los infinitos espacios del Amor que tiene tantos matices, volvamos a hacer que los niños canten,
volvamos a descubrir el milagro que nos mantiene vivos cada instante, volvamos a ser hombres. La
terrible batalla ha comenzado: los Ángeles se encarnan y los demonios se encarnan, chocan a cada
momento en todos los rincones de la tierra y los Ángeles de Luz vencerán porque Jesús ha
resucitado, ha vencido a la muerte. Miguel ha vencido a Lucifer, Jesús a través del hombre vencerá
a satanás. El tiempo está contado. “Visto que le queda poco tiempo”, dice el Apocalipsis (Ap
12,12), satanás trata de devastar la tierra antes de dejarla; pero el Padre, con un soplo de su Amor,
hará que sea más espléndida que antes.
MEDITACIÓN
Tú hombre, ¿con quién estarás en aquel momento? ¿Con la furia satánica del infierno o con los
elegidos de Dios? Escoge: también esta Pascua llega a tí, no te persigue, te talonea para empujarte a
la resurrección; decide, te queda poco tiempo. No digas “mañana” podrías ya no tener un mañana,
luego todo será muerte y desolación. Surge del sepulcro y vive, combate la batalla de Dios que es el
Dios de la Vida y no te acerques a la muerte por cobardía; todavía estás a tiempo, el Padre nos ha
concedido todavía un poco, poco, poco de tiempo. Valor, vayamos hacia Él, pongamos en Su
Corazón infinitamente misericordioso, al lado de la muerte del Hijo, la muerte que nos hemos
procurado y Él la transformará en Vida eterna. El Padre está “en la puerta” de nuestro corazón y
“toca” para entrar y regalarnos la Resurrección. Vayamos hacia Él, participemos en Su potente
acción de Vida aceptando todo lo que nos manda y agradeciéndole. Y pronto será Resurrección.
En efecto, si hemos estado unidos con él en su muerte, sin duda también estaremos unidos con él en
su resurrección. Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro
cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado.
(Rom 6:5-6)
DIA 19
MENSAJE DE DIOS PADRE
Dado que deseo sobre todo hacerme conocer por todos vosotros para que podáis gozar de mi
bondad y de mi ternura, también aquí abajo, volveos apóstoles entre los que no me conocen,
que no me conocen todavía, y ¡yo bendeciré vuestras fatigas y vuestros esfuerzos preparando
para vosotros una gran gloria cerca de mí, en la eternidad! Yo soy el océano de la caridad,
hijos míos, y aquí está otra prueba del amor paterno que tengo por todos vosotros, sin
excepción alguna, cualquiera que sea vuestra edad, vuestro estado social, vuestro país. No
excluyo ni siquiera las sociedades diversas, las sectas, los fieles, los infieles, los creyentes, los
indiferentes, encierro en este amor a todas las criaturas razonables cuyo conjunto forma la
humanidad. Aquí está la prueba: yo soy el océano de la caridad. Os he hecho conocer la fuente
que mana de mi pecho para apagar vuestra sed y ahora, para que probéis cuanto soy bueno
con todos, estoy aquí para mostraros el océano de mi caridad universal, para que vosotros os
lancéis con los ojos cerrados; por qué? Porque zambulléndose en este océano las almas, que se
habían vuelto gotas amargas con el vicio y los pecados, pierdan el exceso de amargura en este
baño de caridad. Saldrán mejores, felices por haber aprendido a ser buenas, y llenas de
caridad. Si vosotros mismos, por ignorancia o por debilidad, volvéis a caer en el estado de gota
amarga, yo todavía soy un océano de caridad listo para recibir esta gota amarga y cambiarla
en caridad, en bondad, y para hacer de vosotros unos santos como lo soy yo, yo vuestro Padre.
¿Hijos míos, aquí abajo queréis pasar la vida en paz y alegría? Venid a lanzaros en este océano
inmenso y quedaos allí para siempre, aún utilizando vuestra vida con el trabajo, esa misma vida que
será santificada por la caridad.
REFLEXION
¿Qué es la Iglesia? Cuando oímos hablar de «Iglesia» en general pensamos en el Papa, en los
Cardenales, en los Obispos, en la jerarquía y en las asambleas conciliares, en las grandes masas de
fieles que se reúnen en Plaza San Pedro. Y esperamos que esta «gran» Iglesia, así como la
imaginamos, se mueva siguiendo las instrucciones que ha dado el Papa y que mueva los cielos con
la monumentalidad de su «grandeza». Ninguno de nosotros piensa que la exhortación del Papa
pueda estar dirigida a nosotros, precisamente esos «pequeños» hombres comunes y corrientes…
Porque ¿sabes qué es la Iglesia? En el Catecismo de San Pio X, que es una obra maestra de síntesis
y de claridad, leemos: “La Iglesia es la sociedad de los verdaderos cristianos, es decir, de los
bautizados que profesan la fe y la doctrina de Jesucristo, que participan en sus Sacramentos y que
obedecen a los Pastores establecidos por Él”. Por lo tanto si tú, tienes los antes mencionados
requisitos, tú eres la Iglesia.
“Además os digo en verdad, que si dos de vosotros os poneis de acuerdo sobre cualquier cosa que
pidáis aquí en la tierra, os será concedido por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están
dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. (Mt 18,19– 20)
¿Qué significa esto? Que si dos de nosotros, unidos a Jesús y en su nombre, nos ponemos de
acuerdo para pedir “cualquier cosa”, el Padre nos la concederá. No hay límite para lo que se pide,
no hay otras condiciones más que la de que al menos dos estemos reunidos en el nombre de Jesús.
¿Se dan cuenta de cuál es el poder de gracia del que podemos gozar? Si estamos unidos, al menos
dos de nosotros en nombre de Jesús, somos más fuertes que el pecado, que cualquier tipo de
pecado; que la muerte, que cualquier tipo de muerte; que el mal, que cualquier tipo de mal que
pueda brotar de entre todos los billones de nuestros hermanos rebeldes ¿Por qué? Porque Jesús está
“entre nosotros”, reza con nosotros y TODO concede el Padre al Hijo que nunca le ha negado
NADA. No es necesario ser santos o cardenales o científicos para pedirle algo. Es suficiente estar
en la gracia de Dios y por lo tanto unidos a Jesús y a su Iglesia. Y el Padre vendrá en el Hijo y traerá
la Paz al mundo y con ella la justicia, es decir, la eliminación del mal, del pecado, de la muerte. Sin
“catástrofes” de ningún tipo, a excepción de aquellas interiores y personales, que son justas, santas
y saludables. Y también inevitables.
MEDITACIÓN
Que importante es la oración, que importante es esa relación que nace del diálogo con Dios …
¿cómo podemos creer en la bondad de Dios si no lo conocemos?... ¿cómo podremos pedir con fé y
confianza lo que necesitamos si no tenemos una relacion con el Dador de todo?.... La oración es un
diálogo confiado con nuestro Padre... si queremos realmente alcanzar las promesas que el Padre nos
concede iniciemos esa conversación filial de cada día para que nuestra vida se convierta en un
anhelo constante de ese encuentro definitivo con aquel amigo, Padre, con el que hemos compartido
nuestra dia a dia.
Y si sabemos que Dios oye todas nuestras oraciones, podemos estar seguros de que ya tenemos lo
que le hemos pedido.(1 Jn 5:15)
DIA 20
MENSAJE DE DIOS PADRE
En cuanto a mis hijos que no están en la verdad quiero, con mayor razón, cubrirlos con mis
predilecciones paternas, para que abran los ojos a la luz que en este tiempo resplandece más
sensiblemente que nunca.
¡Es el tiempo de las gracias, previsto y esperado por toda la eternidad! Yo estoy aquí para hablaros,
vengo como el más tierno y amable de los padres. Me rebajo, me olvido de mí mismo para elevaros
hasta mí y asegurar a vosotros la salvación. Todos vosotros que vivís hoy y también vosotros que
estáis en la nada, pero que viviréis de siglo en siglo hasta el fin del mundo, pensad que no vivís
solos sino que un Padre, por encima de todos los padres, vive entre vosotros, y hasta vive en
vosotros, que piensa en vosotros y que os ofrece la posibilidad de participar a las incomprensibles
prerrogativas de su amor. Acercaos a la fuente que siempre manará de mi pecho paterno. Saboread
la dulzura de esta saludable agua y, cuando probeis toda su deliciosa potencia, vuestras almas
podrán satisfacer todas vuestras necesidades, venid a zambulliros en el océano de mi caridad, para
no vivir más que en mí y morir en vosotros mismos, para vivir eternamente en mí.
REFLEXION
Hay una parábola que se refiere muy de cerca a cada uno de nosotros y por lo tanto a toda la
humanidad, releámosla juntos para descubrir el proyecto que Dios tiene sobre los hombres de estos
tiempos: “Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos le dijo al padre: “Padre, dame la parte de
la hacienda que me corresponde.” Y él repartió entre ellos sus bienes no muchos días después,
juntándolo todo el hijo menor, partió lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes
viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino una gran hambruna en aquel país, y
comenzó a pasar dificultades. Entonces fue y se acercó a uno de los ciudadanos de aquel país, y él
lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Y deseaba llenarse el estómago de las algarrobas que
comían los cerdos, pero nadie se los daba. Entonces, volviendo en sí, dijo: “¡Cuántos de los
trabajadores de mi padre tienen pan de sobra, pero yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré
a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no soy digno de ser llamado
hijo tuyo; hazme como uno de tus trabajadores.” Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún
estaba lejos, su padre lo vio, y fue movido a misericordia; y corrió, y se echó sobre su cuello, y le
besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti, y ya no soy digno de ser
llamado tu hijo. “Pero el padre dijo a sus siervos: “Pronto; traigan la mejor ropa y vístanlo;
pónganle un anillo en su mano y sandalias en los pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y
comamos y hagamos fiesta porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido
y ha sido hallado.” Y comenzaron a regocijarse.” (Lc 15,11– 24)
Tratemos de penetrar en el significado de esta parábola examinando cada una de las frases de la
narración:
1° – El hijo sale libremente de la casa paterna, rechazando el amor y la guía del padre para seguir
los falsos resplandores de la independencia y del placer, con las consecuencias de un colapso
material y espiritual.
2° – El padre habrá seguramente tratado de detenerlo, pero al final deja libre al hijo para que siga lo
que ha elegido.
3° – La gran carestía con la consiguiente hambre y las consiguientes humillaciones, hace que caigan
las incrustaciones con las que el joven había dejado que se cubriera su alma, de manera que ésta
puede volver a emitir sus resplandores. Él “vuelve en sí” vuelve a descubrir la Luz estupenda que
está dentro de él.
4° – Los sufrimientos físicos y morales, el abandono de los falsos amigos, las muchas humillaciones
llevan al joven a la desesperación y a constatar que, aparte del padre, nadie lo ama de verdad; de
ello surge la nostalgia de la casa paterna.
5° – Comienza el camino de regreso a casa, es decir al corazón del Padre.
“Aquel hijo – dice Juan Pablo II en su encíclica (Dives in misericordia) – es en algún modo el
hombre de nuestros tiempos”; y por lo tanto también es el hombre de hoy, toda la humanidad de
hoy. Entonces nos resulta fácil comprender cuál será el camino que el Padre nos hará recorrer para
que regresemos a casa: las “grandes carestías” de todo tipo se perfilan en el horizonte que cada vez
está más cerca; algunas ya empezaron, aunque no nos demos cuenta.
La parábola de hijo pródigo nos ilumina para entender el Corazón del Padre – siempre abierto al
perdón y fiel a Su Amor – y para comprender el corazón del hombre, tan frágil y fácil para dejarse
deslumbrar por falsas luces. Meditémosla juntos y quizás lograremos responder a los “por qués”
fundamentales de nuestra fe: “¿Por qué Dios permite el mal?”
Hagamos una sola consideración concerniente al tema que estamos tratando, es decir, la
regeneración del hombre nuevo: ¿de los dos hijos quién es el “bueno”?
Con una lógica rigurosa, es aquel que se quedó en la casa: “Sirvió al padre por tantos años”;
“jamás dejó de cumplir una orden suya”; no lo obligó a darle su parte de los bienes para
“devorarlos con prostitutas”; no hirió su corazón de padre alejándose de él para ir hacia una
segura ruina; no deshonró a la familia con tantos escándalos, incluso el último: ponerse como
guardián de puercos, considerados bestias inmundas…
Ante la ley moral más elemental y la ley judía no hay sombra de una duda: el “puro”, el “justo” es
aquel que se quedó en casa; el otro es toda una estratificación de impureza.
Y sin embargo sentimos dentro de nosotros que no es así. En lo profundo está el eco de la alegría
del padre y de la actitud del hermano “justo” que nos perturba como una desarmonía chirriante.
¿Qué es lo que no satisface?
El primero es el hijo de la ley y de la justicia, el segundo es el hijo del pecado y de la Misericordia.
El primero es formalmente “puro” y tiene la convicción de serlo porque no ha faltado nunca a la
ley; pero este convencimiento ha hecho madurar en él un orgullo sin medida que – con la cobertura
de la justicia – lo autoriza a lanzarse contra el hermano que ha errado, contra el padre que lo ha
acogido, contra los siervos que participaron en la fiesta. Contra todos y contra todo.
Es un hijo de la ley, de una ley que mató en él el Amor y que hizo crecer y estallar en él un “yo”
gigantesco que no deja espacio ni para el padre ni para el hermano. Porque en este yo violento no
hay espacio para el Amor, si no es para aquel amor estéril y árido hacia sí mismo.
El hermano más pequeño faltó a la ley en casi todos sus preceptos; se dejó llevar por un torbellino
de pasiones que lo arrastró totalmente; en una sola palabra, PECÓ, golpeando a fondo la propia
dignidad, el propio espíritu, el propio cuerpo y la propia familia.
Pero este “pecado” hizo saltar todo el mecanismo de muerte: “Per peccatum, mors” dice San
Pablo, es decir, “por causa del pecado ha venido la muerte.” Por “muerte” tenemos que entender
la muerte del espíritu, con todas sus consecuencias: todo tipo de sufrimiento material y espiritual
desde el dolor físico hasta la desesperación.
El joven rebelde está espiritualmente “muerto”: “este hermano tuyo estaba muerto”, dirá el padre,
pero por los muchos sufrimientos derivados de su pecado, brotó la muerte de su “yo”. Llagado y
encorvado por el sufrimiento – fruto del pecado – él siente en su intimidad una profunda necesidad
de Amor verdadero y “siente” que sólo el padre se lo puede dar. Regresa a la casa, sostenido
todavía en vida por esta esperanza, que al momento del encuentro se vuelve certidumbre.
Y es así que el hijo, muerto en el espíritu por el pecado, recibe del padre una vida nueva,
espléndida. Ahora, entre padre e hijo hay una relación de Amor profundo y no de temor y de
respeto formal.
MEDITACION
Podemos responder al interrogativo de siempre: ¿por qué Dios permitió el pecado?
Para que el hombre, en el abismo del pecado, pudiera conocer el infinito Amor misericordioso del
Padre.
El pecado hoy es grande y, a causa de eso el sufrimiento está alcanzando vértices alucinantes.
Por lo tanto, la nueva humanidad nacerá pronto, porque los hombres – macerados por el
sufrimiento- reconocerán en Dios al propio Padre y lo invocará. El vendrá y será una gran
fiesta.
Porque he aquí que yo creo nuevos cielos y nueva tierra; el pasado ya no será recordado, no más
vendrá al pensamiento. Mas os gozaréis y os alegraréis siempre de aquello que estoy por crear y
convertiré a Jerusalén en una alegría, y a su pueblo en gozo. Me regocijaré por Jerusalén y gozaré
por mi pueblo. "no se oirá más en ella voz de lloro ni gritos angustiados... Antes de que me
invoquen, yo responderé, antes de que acaben de hablar, yo los habré ya escuchado... Dice el
Señor”. (Is 65,17–25)
DIA 21
MENSAJE DE DIOS PADRE
Yo estoy entre vosotros. Felices los que creen en esta verdad y aprovechan de este tiempo, del
cual las Escrituras han hablado así: "Habrá un tiempo en el cual Dios tiene que ser
glorificado y amado por los hombres, así como él desea".
Las Escrituras ponen después la pregunta: ¿Por qué? y ellas mismas responden: " ¡Porque solo él es
digno de honor, de amor y de alabanza para siempre!” Yo mismo le di a Moisés, como el primero de
los diez mandamientos, esta orden para que la comunicara a los hombres: " ¡Amad y adorad a
Dios!” Los hombres que son ya cristianos podrían decirme: "Nosotros te amamos desde cuando
vinimos al mundo o desde nuestra conversión, porque decimos a menudo en la oración dominical: "
¡Padre nuestro que estás en los cielos!” Si, hijos míos, es verdad, vosotros me amáis y me alabáis
cuando recitáis la primera invocación del Padre, pero continuad las otras solicitudes y veréis:
"¡Santificado sea tu nombre!” ¿Mi nombre es santificado? Continuad: "¡Venga tu reino!" ¿Mi reino
ha venido? ¡Es verdad que vosotros alabáis con todo el fervor la majestad de mi hijo Jesús, y en él
me alabáis a mí! ¿Pero, negaríais a vuestro Padre la grande gloria de proclamarlo "Rey", o por lo
menos, hacerme reinar para que todos los hombres puedan conocerme y amarme?
Deseo que celebréis esta fiesta de la majestad de mi Hijo en reparación de los insultos que él recibió
cuando estaba ante Pilatos, y de parte de los soldados que flagelaban su santa e inocente humanidad.
No quiero que suspendáis esta fiesta, por el contrario, quiero que la celebréis con entusiasmo y
fervor; pero para que todos puedan conocer verdaderamente a este rey es necesario que conozcan
también su reino. Ahora, para llegar a este doble conocimiento en modo perfecto es necesario
conocer además al Padre de este Rey, al creador de este Reino.
Es verdad, hijos míos, la Iglesia - esta sociedad que he hecho fundar por mi Hijo - completará su
obra haciendo alabar a su autor: vuestro Padre y creador.
REFLEXION
“PADRE, LÍBRAOS DEL MAL” El primer mal del que tenemos que ser liberados es del gran
engaño en que nos ha hecho caer Satanás, conforme al cual no vemos en Dios al Padre, sino al jefe.
El temor de Dios (Gn 3, 10) es el sentimiento nuevo que nace en el corazón del hombre como
primera y dramática consecuencia del pecado. Dicho temor nos bloquea la confianza en Él, quien es
el único que puede salvarnos y nos hace sentirnos presa de un “jefe”, que nos aprieta cada vez más
entre sus garras. El segundo mal es el miedo de los hermanos, a quienes el propio Satanás nos
presenta como “malvados” y, por lo tanto, como enemigos peligrosos de quienes debemos
defendernos. En realidad, nosotros somos “malvados” sólo etimológicamente, esto es, somos
prisioneros de Satanás que primero nos esclaviza y luego hace manifiesto este acto, poniéndonos a
unos contra otros. Esta es nuestra situación: primero, el enemigo nos separa del Padre por medio del
pecado y, para impedirnos regresar a Él, nos inspira “miedo” en nuestra relación; luego nos obliga a
golpearnos unos a otros, haciéndonos creer que el otro es la causa de nuestros males, por lo cual
debemos atacarlo para liberarnos del mal que nos tortura. Esta es la dinámica que desde siempre
hace arremeter al blanco contra el negro, a la esposa contra el marido, al subalterno contra el
superior, al norte contra el sur... todo el mundo está convencido de tener la razón, todo el mundo
está en busca de una liberación que, en aquel momento, sólo encuentra en la demolición del otro.
Así que, al sufrimiento de no creer más en la sonrisa del Padre, se agrega el de no ver a los demás
como nuestros hermanos, sino como enemigos que nos odian. Es la muerte del Amor, la soledad y
la desesperación. Es el infierno anticipado. Para salir de esta trampa infernal, se necesitan anteponer
una serie de premisas a las cuales debemos dar crédito sin lugar a dudas. La primera de ellas es que
Dios es Padre, solamente Padre y, por lo tanto, sólo Amor. De lo anterior, podemos comprender que
sólo su Amor puede liberarnos del máximo mal que es el no Amor. En forma congruente con el
pensamiento anterior, tenemos que reencauzar a su verdadera dimensión nuestra relación con Él. La
segunda premisa es que nuestros hermanos “cautivos” no pueden liberarse por sí mismos y que el
Padre permite que arremetan en contra de nosotros para que nosotros los liberemos con nuestro
perdón. Así, también recuperaremos nuestra relación con los hermanos.
MEDITACIÓN
Por lo tanto el triunfo del Padre está en regresar a tomar posesión de Sus criaturas. Esto tiene que
hacernos reflexionar acerca de la importancia de nuestra voluntad; si Le decimos “no” a Dios no Le
permitimos que venga y nos quedamos solos con nosotros mismos. Es la obscuridad, la
desesperación y la muerte.
Si le decimos “sí” y Lo hacemos venir, la Luz resplandece en las tinieblas de nuestro espíritu, y
nosotros nos volvemos “gloria viviente de Dios”. Como Jesús, como María.
“Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu
mente.Éste es el primer y mayor mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo
como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la ley y los profetas.” –(Mt22:37-40)
DIA 22
MENSAJE DE DIOS PADRE
Hijos míos, ¿quizás que no es verdad que, si supierais que tenéis un Padre que piensa en
vosotros y que os ama con un amor infinito, os esforzaríais, por reciprocidad, en ser más fieles
a vuestros deberes cristianos y también de ciudadanos, para ser justos y para rendir justicia a
Dios y a los hombres?
¿No es verdad que si conocierais a este Padre que ama a todos sin distinciones y que, sin
distinciones, os llama a todos con el hermoso nombre de hijos, me amaríais como hijos afectuosos,
y el amor que me daríais no se volvería, con mi impulso, un amor activo que se extendería al resto
de la humanidad que no conoce todavía esta sociedad de cristianos, y menos todavía a quién los ha
creado y que es su Padre?
Si alguien fuera para hablarles a todas estas almas abandonadas en sus supersticiones, o a tantas
otras que llaman a Dios porque saben que existo sin saber que estoy cerca de ellos, si dijera a ellos
que su creador es también su Padre que piensa en ellos y que se ocupa de ellos, que los rodea con un
afecto íntimo en medio de tantos sufrimientos y descorazonamientos, obtendría la conversión, aun
de los más obstinados, y estas conversiones serían más numerosas y también más sólidas, es decir
más perseverantes. Algunos, examinando la obra de amor que estoy haciendo en medio de los
hombres encontrarán algo que criticar, y dirán así: - Pero los misioneros, desde que llegaron a esos
países lejanos, no le hablan a los infieles de otra cosa que de Dios, de su bondad, de su misericordia;
qué podrían decir más de Dios si hablan siempre de él? Los misioneros han hablado y hablan
todavía de Dios según como me conocen ellos mismos, pero os aseguro que no me conocéis como
soy, por esto vengo para proclamarme Padre de todos y el más tierno de los padres, y para corregir
el amor que me dais y que está falseado por el temor. Vengo para volverme semejante a mis
criaturas, para corregir la idea de que tenéis de un Dios terriblemente justo, pues veo a todos los
hombres transcurrir su vida sin confiarse en su único Padre, que quisiera hacerles conocer su único
deseo, que es el de facilitarles el pasaje de la vida terrena para darles después el cielo, la completa
vida divina. Esta es una prueba de que las almas no me conocen más de lo que me conocéis, sin
sobrepasar la medida de la idea que tenéis de mí. Pero ahora que os doy esta luz, quedaos en la luz y
llevad la luz a todos, y será un medio potente para obtener conversiones y también para cerrar, en lo
posible, la puerta del infierno, pues yo renuevo aquí mi promesa, que no podrá nunca faltar, y que
es esta:"TODOS LOS QUE ME LLAMARAN CON EL NOMBRE DE PADRE, AUNQUE
FUERA UNA SOLA VEZ, NO PERECERÁN SINO QUE ESTARÁN SEGUROS DE SU VIDA
ETERNA EN COMPAÑÍA DE LOS ELEGIDOS".Y a los que trabajarán por mi gloria, a vosotros
que aquí os empeñaréis a hacerme conocer, amar y glorificar, a vosotros os aseguro que vuestra
recompensa será grande, pues contaré todo, aún el mínimo esfuerzo que haréis, y os devolveré todo
centuplicado en la eternidad.Ya lo he dicho, es necesario completar el culto en la Santa Iglesia,
glorificando en modo particular al autor de esta sociedad, a aquel que vino a fundarla, a aquel que
es el alma, Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Mientras que las tres Personas no
serán glorificadas con un culto particularmente especial en la Iglesia y en la humanidad entera, algo
le faltará a esta sociedad. Ya he hecho sentir esta falta a algunas almas, pero la mayor parte de ellas,
demasiado tímidas, no han respondido a mi llamada. Otras han tenido el valor de hablar a quién
corresponde, pero ante sus fracasos no han insistido.
REFLEXION
La primera cosa que tenemos que hacer es reconstruir dentro de nosotros la imagen paterna de Dios
que Satanás ha deformado, al sustituir la figura del Padre tiernísimo con la del juez inflexible y
vengativo. Para hacer esto tenemos que convertirnos, esto es, no debemos dejarnos orientar hacia la
parte externa, sino al interior, a esa parte profunda de nosotros mismos en la cual vive el Padre.
Tenemos que reconstruir en nosotros la huella trinitaria. El hombre trinitario: el alma es el Padre, el
cuerpo es el Hijo y el Espíritu es la realidad que procede de la armonía entre cuerpo y alma. Justo
como en la Trinidad, a imagen y semejanza de la cual el hombre fue creado. Tenemos que
reinstaurar dentro de nosotros la armonía trinitaria, poniendo al cuerpo en total sujeción del alma
por medio de la penitencia, el ayuno, la oración. Esta es la primera etapa: la purificación, la cual nos
libera de la atracción hacia las falsas luces externas y nos permite intuir la fascinante Luz que brilla
en lo más profundo de nosotros, pero que ha sido sepultada por nuestros muchos egoísmos. Así es
como se comienza a respirar un aire nuevo, a vivir esos momentos de paz que sólo el Padre es capaz
de otorgar. Cuando nuestro cuerpo ya se encuentra en armoniosa sumisión respecto del alma, ésta
deja entrever su propia Luz y la sonrisa del Padre nos penetra haciendo nacer en nosotros un nuevo
espíritu. A la angustia, a la rabia violenta, a la desesperación le suceden la serenidad, la paz y la
alegría. Nuestro espíritu se expresa con la sonrisa que es la más genuina expresión de Dios. Esta es
la segunda fase, la iluminativa, que nos prepara para el gran encuentro con el Padre en la vía
unitiva. Esta es la última meta y la más dura y laboriosa, la cual sólo se logra conseguir
comprometiéndonos en una adhesión total a la Voluntad del Padre. Es el camino de Abraham,
nuestro padre y modelo a seguir en la fe, siguió en un continuo “sí” a todas las peticiones del Padre.
Es el ascenso a la gran Montaña que todos tenemos que llevar a cabo renegando de nuestro propio
“yo”: el Isaac tan amado que cada uno de nosotros lleva por dentro. Es la santidad.
MEDITACION
Decir :“ ¡Padre que se cumpla Tu Voluntad, no la mía,!” no es fácil porque decir “sí” a Dios,
significa decir “no” al propio yo, negarnos a nosotros mismos, morir a nosotros mismos. Pero ésta
es la santidad, éste es el secreto de la santidad: a cada “sí”, nuestro yo se empequeñece, dentro de
nosotros se hace más espacio, la potencia de la Luz de Dios nos penetra aún más y nos volvemos
menos materiales y más espirituales.
Cuando nos convirtamos en un “sí” definitivo, nuestro yo morirá y entonces cada uno de nosotros
podrá decir con San Pablo: “No soy yo quien vive, es Cristo que vive en mí.” Seremos finalmente
libres.
Jesús se dirigió entonces a los judíos que habían creído en él, y les dijo: —Si se mantienen fieles a
mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.
(Jn 8:31-32)
DIA 23
MENSAJE DE DIOS PADRE
Ahora llegó mi hora. Yo mismo vengo para hacer conocer a los hombres, mis hijos, lo que
hasta hoy no habían entendido completamente. Yo mismo vengo para traer el fuego ardiente
de la ley del amor para que, con este medio, se pueda fundir y destruir la enorme capa de
hielo que rodea la humanidad.
Oh, querida humanidad, oh hombres que sois mis hijos, liberaos, dejad las ataduras con las cuales el
demonio os ha encadenado hasta hoy, ¡con el miedo de un Padre que no es otra cosa que amor!
Venid, acercaos, tenéis todo el derecho de acercaros a vuestro Padre, dilatad vuestros corazones,
rogad a mi Hijo para que os haga conocer siempre más mis bondades con vosotros. Oh, vosotros
que sois prisioneros de las supersticiones y de las leyes diabólicas, liberaos de esta tiránica
esclavitud y venid a la verdad de las verdades. Reconoced a aquel que os ha creado y que es vuestro
Padre. No pretendáis usar vuestros derechos adorando y rindiendo homenajes a los que os han
obligado a conducir hasta aquí una vida inútil, venid a mí, os espero a todos porque todos vosotros
sois mis hijos. Y vosotros que estáis en la verdadera luz, decidles ¡cómo es dulce vivir en la verdad!
Decid a esos cristianos, a esas queridas criaturas mías, mis hijos, cómo es dulce pensar que hay un
Padre que ve todo, que sabe todo, que provee para todo, que es infinitamente bueno, que sabe
perdonar fácilmente, que castiga de mala gana y lentamente. En fin, decidles que no quiero
abandonarlos en las desgracias de la vida, solos y sin méritos, que vengan a mí: yo los ayudaré,
aligeraré sus fardos, endulzaré sus vidas tan duras y los embriagaré con mi amor paterno, para que
sean felices en el tiempo y en la eternidad. Y vosotros, hijos míos, que habiendo perdido la fe vivis
en las tinieblas, levantad los ojos y veréis los rayos luminosos que vienen para iluminaros. Yo soy el
sol que ilumina, que enciende y que calienta, mirad y reconoceréis que soy vuestro Creador, vuestro
Padre y vuestro solo y único Dios. Porque os amo vengo para hacerme amar y para que seáis todos
salvados. Me dirijo a todos los hombres del mundo entero haciendo resonar esta llamada de mi
paterno amor; este amor infinito, que quiero que conozcáis, es una realidad permanente. Amad,
amad, amad siempre, pero dejad amar también a este Padre para que desde hoy yo pueda mostrarme
a todos como el Padre más apasionado de amor por vosotros. Y vosotros, mis hijos predilectos,
sacerdotes y religiosos, os exhorto a hacer conocer este amor paterno que nutro por los hombres y
por vosotros en particular. Estáis obligados a trabajar para que mi voluntad se realice en los
hombres y en vosotros. Bien, esta voluntad es que yo sea conocido, glorificado y amado. ¡No dejéis
inactivo por tanto tiempo mi amor, porque estoy sediento por el deseo de ser amado!
REFLEXION
La santidad, es, la plenitud de la vida divina en nosotros, no es una elección excepcional para unos
pocos voluntariosos, sino que se trata de la meta obligada a la cual tenemos que aspirar todos:
“Sean perfectos, como perfecto es vuestro Padre que habita en los cielos” (Mt 5.48) Dicha
“perfección” sólo puede ser alcanzada uniformándonos en plenitud, hasta lograr la negación total de
nuestro propio “yo” en favor de la Voluntad del Padre. Esto es lo que realizó Jesús en Getsemaní, al
precio de la muerte de su “yo”, la cual le costó sudor de sangre: “¡Abbá!, o sea, ¡Padre!, para ti
todo es posible, aparta de mí esta copa. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú”.
(Mc 14.36) El Getsemaní, esto es, el impacto decisivo de nuestro “yo” con Dios, es el paso obligado
para todos quienes cruzan el camino de la santidad. Una vez superada esta última barrera,
finalmente se termina por liberarse y cambia nuestra relación con Dios: nos volvemos Sus
“amigos”, entrando en la dimensión de la Misericordia que es el Amor puro y gratuito que
trasciende todos nuestros criterios de “justicia”. Con este “sí” existencial, con el cual nos rendimos
totalmente a la acción purificante del Padre, superamos la “barrera del sonido” de las limitaciones
humanas y entramos en la vivificante dinámica trinitaria. Podemos “mirar a Dios cara a cara” (1
Cor 13.12) y con Él conducir los destinos del mundo. Ya que nosotros no le habremos negado nada
de nuestra humanidad, Él no nos negará nada de Su Divinidad, a la cual “nada es imposible” (Mc
14.36) y nos concederá todo aquello que nosotros Le pidamos. Mejor aún, todo aquello que Su
Espíritu Santo pida en nosotros.
MEDITACION
Cada uno de nosotros podemos hacer de nuestra vida algo excepcional y vivificante si permitimos a
Dios desarrollar en nosotros el plan que el ideó desde la eternidad... Cuando Dios nos llama a la
santidad nos llama a la unión completa con EL... Y eso significa empezar a gozar el cielo en la
tierra, una vida sin temor, una vida en libertad sabiendo quien eres y a donde vas, una vida en
plenitud que nos llevará a proclamar la alegría del evangelio....
Ustedes lo aman a pesar de no haberlo visto; y aunque no lo ven ahora, creen en él y se alegran
con un gozo indescriptible y glorioso, pues están obteniendo la meta de su fe, que es su salvación.
(1 Pedro 1:8-9)
DIA 24
MENSAJE DE DIOS PADRE
Entre todos los siglos este es el siglo privilegiado, ¡no dejéis pasar este privilegio por el temor
de que os fuera quitado! Las almas necesitan ciertos toques divinos y el tiempo apremia; no
tengáis temor de nada, yo soy vuestro Padre; os ayudaré en vuestros esfuerzos y trabajos. Os
sostendré siempre y os haré saborear, ya aquí abajo, la paz y la alegría del alma, haciendo que
produzcan frutos vuestro ministerio y a vuestras obras realizadas con celo; don inestimable
porque el alma que está en paz y en alegría pregusta ya el cielo, esperando la recompensa
eterna. A mi Vicario, el Sumo Pontífice, mi representante en la tierra, ya le he transmitido un
atractivo mensaje particular para el apostolado de las misiones en los países lejanos, y sobre todo,
un celo grandísimo para hacer mundial la devoción al Sagrado Corazón de mi hijo Jesús. Ahora le
confío la obra que el mismo Jesús vino a cumplir en la tierra; glorificarme, haciéndome conocer
como soy, así como estoy diciéndole a todos los hombres, mis hijos y mis criaturas. Si los hombres
supieran penetrar en el corazón de Jesús y ver todos sus deseos y su gloria verían que su deseo más
ardiente es el de glorificar al Padre, a aquel que lo envió, y sobre todo no dejarle una gloria
disminuida, como se ha hecho hasta hoy, sino una gloria total, que el hombre puede y tiene que
darme como Padre y Creador, y aún más, ¡como autor de su redención! Yo pido lo que él puede
darme: su confianza, su amor y su agradecimiento. No es porque yo necesite de mi criatura o que
por sus adoraciones yo quiera ser conocido, glorificado y amado; es sólo para salvarla y hacerla
partícipe de mi gloria que yo me rebajo hasta ella. Y también porque mi bondad y mi amor se dan
cuenta de que los seres que saqué de la nada y adopté como verdaderos hijos están cayendo
numerosos en la infelicidad eterna con los demonios, faltando de este modo a la finalidad de su
creación, ¡y perdiendo el tiempo y la eternidad!
REFLEXION
Hoy la santidad está al alcance de la mano ¿Es difícil volverse santo? No es fácil morir a nosotros
mismos. Pero, si nos entregamos a María, todo se vuelve más ágil y ligero. Por esta razón, la Madre
de Dios también es nuestra Madre, Ella es quien nos debe regenerar en la Nueva Vida de la Gracia y
está presente entre nosotros como nunca antes lo había estado en la historia. Son los últimos
tiempos, los tiempos de la última batalla, tiempos de emergencia: tiempos de infinita GRACIA. Si
así lo queremos, hoy podemos recorrer en pocas líneas un camino espiritual que en otros tiempos
implicaba una vida de penitencia y desierto. Esta debe ser hoy día nuestra meta, urgente más que
nunca: la SANTIDAD, hoy es más fácil lograrlo, porque este es el tiempo de la apertura total del
Cielo que derrama toda su Luz sobre la tierra:
“A aquel que tenga sed, le daré gratuitamente agua de la fuente de la vida. Quien sea victorioso
heredará estos bienes; yo seré su Dios y él será mi hijo” (Ap 21.6) En esta nueva dimensión de
santidad, esto es, de total intimidad con Dios, ya no existe más una relación cuantitativa entre bien y
mal, porque una gota de Misericordia divina pesa más que un mar de miseria humana. Es en esta
dimensión en la que debemos entrar, lo más rápido que sea posible. La salvación del mundo no
puede venir sólo de la penitencia, porque ésta no lograría nunca devolver el balance respecto de la
enorme cantidad de mal que crece todos los días en forma geométrica. Este vino nuevo será donado
por el Padre y será el milagro de la última hora, pero nosotros debemos pedírselo a Él en nombre de
Jesús y María, en nombre de los mártires y los santos, en nombre de los innumerables niños
mártires inocentes de estos tiempos. Podemos pedirlo incluso en nombre de cada uno de nosotros, a
quienes el Padre ama con infinita ternura y a quienes, en la Gracia, se volvió su hijo. Podemos y
debemos decirle “¡Ven, Papá!”.
MEDITACIÓN
Obeservemos el mundo, la humanidad y por un momento reflexionemos sobre las circunstancias
que nos rodean … y ahora invoquemos la gracia de Dios para hacer de este mundo un lugar mejor,
para que viéndonos a nosotros nuestros hermanos deseen conocer a Dios.
Sean ustedes santos, porque yo, el Señor, soy santo, y los he distinguido entre las demás naciones,
para que sean míos.(Lev 20:26)
DIA 25
MENSAJE DE DIOS PADRE
Si algo deseo, sobre todo en el momento actual, es simplemente un mayor fervor de parte de
los justos, una gran facilidad en la conversión de los pecadores, una conversión sincera y
perseverante, el regreso de los hijos pródigos a la casa paterna, en particular el regreso de los
judíos y de todos los otros, que son también mis criaturas y mis hijos, como los cismáticos, los
heréticos, los masones, los Pobres infieles, los sacrílegos y las diversas sectas secretas; que todo
el mundo sepa que hay un Dios y un Creador, que lo quieran o no. Este Dios, que hablará
repetidamente a su ignorancia, es desconocido; no saben que yo soy el Padre de ellos.
Creedme, vosotros que escucháis leyendo estas palabras: si todos los hombres que están lejos de
nuestra Iglesia Católica oyeran hablar de este Padre que los ama, que es su Creador y su Dios, de
este Padre que desea darles la vida eterna, gran parte de los hombres, aun los más obstinados,
vendrían a este Padre del que les habeis hablado. Si no podéis ir directamente a hablar con ellos,
buscad los medios: hay miles maneras directas é indirectas, ponedlas en acto con un verdadero
espíritu de discípulos y con gran fervor; os prometo que vuestros esfuerzos serán, por una gracia,
pronto coronados con grandes éxitos. Volveos apóstoles de mi bondad paterna, y por el celo que yo
daré a todos vosotros seréis fuertes y potentes con las almas. Estaré siempre junto a vosotros y en
vosotros: si son dos los que hablan yo estaré entre los dos; si sois más numerosos yo estaré en
medio de vosotros; así diréis lo que yo os inspiraré y daré a vuestros oyentes las disposiciones
deseadas; de este modo los hombres serán conquistados por el amor y salvados para toda la
eternidad. En cuanto a los medios para glorificarme como yo deseo no os pido otra cosa que una
gran confianza. No creáis que me espero de vosotros austeridad y mortificaciones, que deseo
haceros caminar descalzos o que tengáis que postrar el rostro en el polvo, o que deseo que os
cubráis de cenizas, etc... ¡No, no! ¡quiero y me agrada que tengáis conmigo una actitud de hijos, con
la simplicidad y la confianza en mí! Con vosotros me volveré todo para todos como el Padre más
tierno y amoroso. Familiarizaré con todos vosotros, donándome a todos, volviéndome pequeño para
hacer que seáis grandes en la eternidad.La mayor parte de los incrédulos, de los impíos y de las
diversas comunidades, se quedan en su maldad y en su incredulidad porque creen que yo les pido lo
imposible; creen que tienen que someterse a mis órdenes como los esclavos bajo un patrón tirano,
que se queda envuelto en su potencia y se queda, en su orgullo, distante de sus súbditos, para
obligarlos al respeto y a la devoción. ¡No, no, hijos míos! Yo sé volverme pequeño mil veces más
de lo que vosotros suponéis. Sin embargo, lo que yo exijo es el cumplimiento fiel de los
mandamientos que he dado a mi Iglesia, para que seáis criaturas razonables y no seáis semejantes a
los animales con vuestra indisciplina y vuestras malas tendencias, y para que al final podáis
conservar este tesoro que es vuestra alma ¡que os he donado con la plena belleza divina con la que
os he revestido! Después haced - como yo deseo - lo que ya os he indicado para glorificarme con un
culto especial. Que esto os haga comprender mi voluntad de daros mucho y de haceros participar
ampliamente a mi potencia y a mi gloria, únicamente para que seáis felices y para salvaros, para
manifestar a vosotros mi único deseo de amaros y de ser, en cambio, amado por vosotros.
REFLEXION
Nosotros somos más grandes que Abraham gracias al Bautismo. Y si luego, nos dejamos envolver
totalmente por la gracia, consagrándonos totalmente a María y al Padre, entonces nuestro potencial
de intercesión será infinito: no cometamos el error de mirar sólo a los angostos límites de nuestra
humanidad contaminada, sino a la infinita potencia de la Gracia que se nos otorga. Nuestro Padre es
infinito en el Amor, mientras que nosotros somos pequeños, pequeños. Nosotros, tras una cierta
cantidad de ceros, nos empantanamos en las comas, los cálculos, las proporciones. Él pone un ocho
acostado (el símbolo del infinito = ∞) y todo se resuelve: ante la infinitud, todos los números de este
mundo pierden significado. Satanás nos mantiene encerrados en una jaula y continúa
aterrorizándonos, porque se mueve en nuestra poca fe y en nuestra debilidad. Temblamos de miedo
ante él, porque sentimos toda nuestra impotencia y la consecuente imposibilidad para liberarnos
exclusivamente con nuestras propias fuerzas. Pero si invocáramos el nombre del Padre, entonces
seríamos salvos, porque Él intervendría inmediatamente, haciendo pedazos nuestras cadenas, con tal
que dijéramos “Papá”. Esto es lo que el Padre nos dice en el Mensaje que le dictó a la Madre
Eugenia Elisabetta Ravasio, el cual es reconocido oficialmente por la Iglesia, tras diez años de
indagatorias atentas y profundas: “Todos aquellos que se dirijan a mí con el nombre de Padre,
aunque fuese tan sólo una vez, no perecerán, sino que asegurarán la vida eterna en compañía de los
elegidos”. (Tomado de El Padre les habla a Sus hijos) Sólo el Padre, interviniendo con Su
Misericordia, podrá salvarnos. Satanás lo sabe y por eso no quiere que descubramos esta infinita
fuente de Amor y continúa aterrándonos con la imagen de la “justicia” que pende sobre nosotros. El
Padre está llegando cargado de Amor y de Luz, pero el infierno continúa extendiendo una cortina de
niebla que desfigura dentro de nosotros la imagen del Padre y que no nos deja decir: “¡Ven,
Papá!”.
MEDITACION
Hoy más que nunca nos resulta muy dificil comprender el amor de Dios. Estamos viviendo en un
momento donde la humanidad está tan centrada en sí misma y en sus propios deseos que no se para
a contemplar si eso está en armonía con la voluntad de Dios...y es importante parase y reflexionar
sobre ello porque si actuamos sin considerar los deseos de Dios nos estaremos alejando de la
felicidad que Dios ha dispuesto para cada uno de nosotros en este mundo...
El mundo se acaba con sus malos deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para
siempre.(1 Jn 2:17)
DIA 26
MENSAJE DE DIOS PADRE
Si me amaréis con un amor filial y confiado tendréis también un respeto lleno de amor y de
sumisión para mi Iglesia y para mis representantes. No un respeto como el que tenéis ahora y que os
mantiene lejos de mi porque tenéis miedo de mí; este falso respeto que tenéis ahora es una injusticia
que le hacéis a la Justicia, es una herida a la parte más sensible de mi corazón, es un olvido, un
desprecio a mi amor paterno por vosotros.
Lo que, de mi pueblo de Israel, más me ha afligido, y que todavía me aflige de toda la actual
humanidad, es este respeto por mí mal concebido. El enemigo de los hombres se ha servido
efectivamente de esto para hacerlos caer en la idolatría y en los cismas. Para alejaros de la verdad,
de mi Iglesia y de mí se servirá todavía de esto y lo usará siempre contra vosotros. Ah, no os dejéis
arrastrar más por el enemigo, creed en la verdad que se está revelando a vosotros, y caminad en la
luz de la verdad. También vosotros que no conocéis otra religión que esa con la cuál habéis nacido,
una religión no verdadera, abrid los ojos: aquí está vuestro Padre, aquél que os ha creado y que
quiere salvaros. Vengo hasta vosotros para traeros la verdad, y con ella la salvación. Veo que me
ignoráis y que no sabéis que de vosotros, deseo sólo que me conozcáis como Padre y creador, y
también como salvador. Es por ignorancia que no podéis amarme; sabed, por tanto, que no estoy tan
lejos como creéis.
¿Cómo podría dejaros solos después de haberos creado y adoptado con mi amor? Os sigo por todas
partes, os protejo en todo para que todo sea una constatación de mi gran liberalidad hacia vosotros,
a pesar de que habéis olvidado a menudo mi infinita bondad, olvidos que os hacen decir: "Es la
naturaleza la que nos da todo, la que nos hace vivir y nos hace morir". ¡este es el tiempo de gracia y
de luz! ¡por tanto, reconoced que yo soy el único verdadero Dios! Para poder daros la verdadera
felicidad en esta vida y en la otra quiero que hagáis lo que os propongo en esta luz. El tiempo es
propicio, no dejéis huir al amor que se ofrece a vuestro corazón en modo tan tangible.
REFLEXION
Debemos ser profetas de la Misericordia “Cuanto más la conciencia humana se aleje de Dios, y con
ello del misterio de la Misericordia, tanto más la Iglesia tiene derecho de apelar a la Misericordia
de Dios con fuertes gritos”. (Juan Pablo II, Dives in Misericordia, VIII 15) Hoy sentimos que el
peso del infierno se vuelve cada vez más asfixiante, pero no le pedimos al Padre que nos libere de
este yugo. Queremos ser liberados del mismo por el mal, olvidándonos con esto que sólo Él puede y
quiere liberarnos del mal. ¿Por qué no Lo llamamos? ¿Por qué no le decimos de todo corazón:
“Papá, nos liberarías del mal?” Si lo llamamos, Él vendrá y el mal escapará, porque no puede
coexistir con su Amor. Abraham, nuestro gran padre en la fe, debe ser nuestro modelo a seguir y
debemos meditar sobre su caso, para comprender a fondo el Corazón de Dios que desciende a la
tierra no tanto “para ver si en Sodoma y Gomorra los hombres han hecho tanto mal, como dicen los
clamores que han llegado hasta el cielo” (Gn 18.21), porque de hecho ¡ya sabía como estaban las
cosas!, sino para buscar en su amigo Abraham un aliado que lo ayudara a echar a andar el
mecanismo de la Misericordia, que perdona; en vez de aquel esquema de “justicia”, que castiga.
Sabemos cómo terminaron las cosas: Abraham, que intuyó el deseo de Dios, pidió la salvación de
50 justos y gradualmente bajó la cantidad hasta 10 y Dios le dijo siempre “sí” a sus peticiones.
Abraham se detuvo en 10 justos, los cuales no hubo, de modo que Sodoma y Gomorra fueron
destruidas. Si Abraham hubiera continuado “pujando” por el precio, hasta decir “Señor, ¡Salva esas
ciudades por amor a mí!”, entonces el Padre habría continuado diciéndole que “sí”, porque Él dice
siempre “sí” al Amor. Sodoma y Gomorra no fueron salvadas por la confianza imperfecta de
Abraham y no por la falta de disponibilidad del Padre, que tiene siempre listo el corazón para el
perdón, cuya máxima expresión es la Misericordia. Lo que tenemos que hacer hoy día es dejarnos
envolver totalmente por el Amor del Padre y volvernos sus testigos, sus profetas de Amor para
todos nuestros hermanos desesperados, quienes sólo podrán ser liberados por la Misericordia.
Misericordia: “Miseris cor dare”, otorgar el propio corazón a los miserables, esto es, a los hijos
pobres y a los hermanos “cautivos”.
MEDITACIÓN
En este punto debemos parar y abrir el corazón para que el Padre nos envuelva y podamos
realmente ser testigos de su amor y su misericordia...No podemos dar a conocer lo que no
conocemos...cada día debemos dirigirnos a este Padre que está atento a cada una de nuestras
palabras y empezar a tener una relación filial con ÉL... Pasemos al menos 5 min al día hablando con
Dios Padre sobre nuestras pequeñas cosas, nuestros miedos, preocupaciones y también nustras
alegrías aquello que nos ha hecho feliz... solamente así este Padre anhelante podrá empezar a
intervenir en nustra vida y transformarla...¡Que alegría saber que El desea este encuentro más que
nosotros...que alegría saber que el se encarga de todas nuestras cosas si así se lo pedimos...que
alegría saber que no estamos solos... que alegría saber que este DIOS-PADRE nos quiere ver
felices!
Estén siempre alegres, oren sin cesar, den gracias a Dios en toda situación, porque esta es su
voluntad para ustedes en Cristo Jesús. (1 Ts 5:16-18)
DIA 27
MENSAJE DE DIOS PADRE
A todos os pido escuchar la Santa Misa según la liturgia: ¡esto me agrada mucho! Después,
con el tiempo, os enseñaré otras pequeñas oraciones, ¡pero no quiero sobrecargaros! Lo
esencial será glorificarme como he dicho, estableciendo una fiesta en mi honor y sirviéndome
con la simplicidad de los verdaderos hijos de vuestro Dios, Padre, creador y salvador del
género humano. He aquí otro testimonio de mi amor paterno por los
hombres: hijos míos, no os hablaré de toda la grandeza de mi amor infinito porque basta abrir los
libros santos, mirar el Crucifijo, el Tabernáculo y el Santísimo Sacramento para que podáis
comprender ¡hasta que punto os he amado! Sin embargo, para haceros
conocer hasta que punto necesitáis satisfacer mi voluntad en vosotros, y para que yo sea más
conocido y más amado ya, quiero, antes de terminar estas pocas palabras, que no son otra cosa que
la base de mi obra de amor entre los hombres, indicaros algunas de las ¡innumerables pruebas de mi
amor por vosotros! Mientras que el hombre no se encuentre en la verdad, no podrá probar ni
siquiera la verdadera libertad: creéis que estáis en la alegría, en la paz, vosotros, mis hijos, que
estáis afuera de la verdadera ley para cuya obediencia os he creado, pero en el fondo de vuestro
corazón sentís que ¡en vosotros no hay ni la verdadera paz, ni la verdadera alegría, y que no estáis
en la verdadera libertad de quién os ha creado y que es vuestro Dios, vuestro Padre!
Pero a vosotros que estáis en la ley, o mejor dicho, que habéis prometido seguir esta ley que os he
dado para asegurar vuestra salvación, habéis sido conducidos hacia el mal por el vicio. Os habéis
alejado con vuestra conducta malvada. ¿Creéis que sois felices? No. Sentís que vuestro corazón no
está tranquilo. ¿Quizás pensáis que buscando el placer y las otras alegrías humanas vuestro corazón
se sentirá al final satisfecho? No. Dejad que os diga ¡que no os encontraréis nunca en la verdadera
libertad, ni en la verdadera felicidad mientras que no me reconozcáis como Padre, y mientras que no
os sometáis a mi yugo, para ser verdaderos hijos de Dios, vuestro Padre! ¿Por qué? Porque os he
creado con un solo fin que es el de conocerme, amarme y servirme, ¡así como el niño simple y
confiado sirve a su Padre!
REFLEXION
¿Recuerdan el episodio de Moisés que “lucha” con Dios después que el pueblo, habiéndose
fabricado un becerro de oro, “se había dado a la diversión”? (Éx 32.6). Leamos juntos nuevamente
ese fragmento: “Entonces el Señor le dijo a Moisés en el cerro: «Vuelve y baja, porque tu pueblo,
que tu sacaste de Egipto, ha pecado.Bien pronto se han apartado del camino que yo les había
indicado. Se han hecho un ternero de metal fundido y se han postrado ante él. Le han ofrecido
sacrificios y han dicho: Israel, aquí están tus dioses que te han sacado de Egipto.» El Señor le dijo
también: «Ya veo que ese pueblo es un pueblo rebelde. Ahora, pues, deja que estalle mi furor contra
ellos. Voy a exterminarlos, mientras que de ti yo haré nacer un gran pueblo.» Moisés suplicó al
Señor, su Dios, con estas palabras: «¡Oh, Señor!, ¿cómo podrías enojarte con tu pueblo, después
de todos los prodigios que hiciste para sacarlo de Egipto? ¿O quieres que los egipcios digan: «El
Señor los ha sacado con mala intención, para matarlos en los cerros y suprimirlos de la tierra»?
Aplaca tu ira y renuncia a castigar a tu pueblo. Acuérdate de tus servidores Abraham, Isaac y
Jacob, y de las promesas que les hiciste. Pues juraste por tu propio Nombre: «Multiplicaré tu
descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu raza la tierra que te prometí, para que sea de
ellos para siempre.» Así, pues, el Señor renunció a destruir a su pueblo, como lo había anunciado.”
(Éx 32.7-14) Así como aconteció en los tiempos de Sodoma y Gomorra, también en esta ocasión el
Señor Dios tuvo que intervenir para detener un abuso intolerable, del que dependía la suerte de todo
el género humano. Tal y como en su momento hizo con Abraham, pasó lo mismo con Moisés, su
“amigo” en la tierra, y le presenta la situación con el dramatismo del caso, manifestándole su
propósito de realizar un exterminio purificador. En realidad el Señor está poniendo a prueba a
Moisés, dejándole plena responsabilidad de la situación (“Tu pueblo, el que Tú hiciste salir...”) y
garantizándole, en todo caso, honor y gloria (“Por el contrario, de ti haré una gran nación”). Moisés
entiende el juego y se la devuelve al Señor (“Tu pueblo, el que Tú hiciste salir...”) y usa la
autoridad que le fue otorgada para interceder por el pueblo, invocando al Señor, a su
responsabilidad y a las promesas hechas a los antiguos padres. Eso era los que el Padre estaba
esperando y, habiendo encontrado finalmente en el corazón de Moisés el eco de Su propio Corazón,
“abandonó el propósito de dañar a Su pueblo”. En verdad que Dios no se había hecho ningún
“propósito” de exterminio. Esta intervención de “justicia” había sido hecha por el gran “acusador
de nuestros hermanos, por aquel que los acusaba día y noche ante nuestro Dios” (Ap 12.10) . Por
eso la expresión “abandonó el proyecto de dañar a su pueblo” se debe entender en esta forma:
“Dios, gracias a Moisés, pudo absolver a su pueblo de las legítimas peticiones del acusador que
había llevado a juicio al pueblo”. Si hemos recibido el don de la fe, si nos hemos entregado a
nosotros mismos al Padre, por medio de María, en un acto de total inmolación, si tenemos la gracia
de creer lo que el Padre nos escribe en su espléndida carta, que es la Sagrada Escritura, entonces
tenemos la obligación de interceder por nuestros hermanos, tal y como Abraham (quizás con un
poco de más confianza...), como Moisés.
MEDITACIÓN
Esa es realmente la gran llamada, inerceder por nuestros hermanos, ninguna oración es desoida en
el cielo y menos si va dirigida a favor de un hermano...¿sabemos por qué?...Porque es el mayor
acto de amor que podemos hacer por los demás y en ese momento entramos en comunión con el
Dios que es Amor....Oremos sin cesar por los demás y ayudemos a cambiar sus vidas así como han
cambiado las nuestras...
Y si sabemos que Dios oye todas nuestras oraciones, podemos estar seguros de que ya tenemos lo
que le hemos pedido. (1 Jn 5:15)
DIA 28
MENSAJE DE DIOS PADRE
Un tiempo, en el Antiguo Testamento, los hombres se comportaban como animales, no
conservaban ninguna señal que indicara en ellos su dignidad de hijos de Dios, su Padre. Y así,
para hacerles saber que quería elevarlos a la gran dignidad de hijos de Dios tuve que
demostrar una severidad a veces espantosa. Más tarde, cuando vi que algunos eran bastante
razonables y que podían entender finalmente que había que establecer algunas diferencias
entre ellos y los animales, comencé entonces a colmarlos de beneficios y a concederles la
victoria sobre los que todavía no reconocían y conservaban la dignidad de ellos. Y como el
número de ellos aumentaba les mandé a mi Hijo, adornado con todas las perfecciones divinas,
dado que era el Hijo de un Dios perfecto. Fue él el que les trazó el camino de la perfección, por
él os he adoptado, con mi amor infinito, como verdaderos hijos, y después no os he llamado
más con el simple nombre de criaturas sino con el nombre de "hijos".Os he revestido con el
verdadero espíritu de la nueva ley, que os distingue, no sólo de los animales como a los hombres de
la antigua ley, sino que os eleva por encima de aquellos hombres del Antiguo Testamento. A todos
os he elevado a la dignidad de hijos de Dios, sí, vosotros sois mis hijos y tenéis que decirme que
soy vuestro Padre; pero tened confianza en mí como hijos porque sin esta confianza no obtendréis
nunca la verdadera libertad. Os digo todo esto para que reconozcáis que he venido para esta obra de
amor, para ayudaros potentemente a sacudir la tiránica servidumbre que aprisiona vuestra alma y
para haceros saborear la verdadera libertad, de la cuál proviene la verdadera felicidad, que en
comparación con ella todas las alegrías de la tierra no son nada. Elevaos todos hacia esta dignidad
de hijos de Dios y respetad vuestra grandeza, y yo seré más que nunca vuestro Padre, el más amable
y el más misericordioso. He venido para traer la paz con esta obra de amor, si alguien me glorifica y
se confía en mí, haré descender sobre él un rayo de paz en todas sus adversidades, en todas sus
turbaciones, en sus sufrimientos y en sus aflicciones, de cualquier tipo, sobre todo si me invoca y
me ama como su Padre. Si las familias me glorifican y me aman como su Padre, yo les daré mi paz
y con ella mi providencia. Si los trabajadores, los industriales y los diversos otros artesanos me
invocan y me glorifican, yo daré mi paz, me mostraré como Padre amorosísimo y con mi potencia
aseguraré la salvación eterna de las almas. Si toda la humanidad me invoca y me glorifica haré
descender sobre ella el espíritu de paz, como un rocío bienhechor. Si todas las naciones, como tales,
me invocan y me glorifican, no tendrán más nunca discordias ni guerras, porque yo soy el Dios de
la paz y allá en donde yo estoy no habrá guerra.
REFLEXION
¿Continuaremos creyendo que Dios está alejado de nosotros y que gobierna el mundo al estilo del
viejo Júpiter que, como dueño irascible y violento, daba órdenes y lanzaba rayos cuando los
hombres no obedecían en forma inmediata sus órdenes? Por el contrario, de los ejemplos que hemos
citado, salta a la vista una realidad bien distinta: Dios es una Padre infinitamente delicado, que
busca salvar por todos los medios a sus hijos de las consecuencias producto de sus grandes culpas.
Pero para hacer entrar en el campo de juego a su Misericordia tiene necesidad de alguien que, en la
tierra, haga resonar los latidos de su Corazón de Padre e interceda por los hermanos “cautivos”. Si
esto era en el Viejo Testamento, tanto más resultará ahora, después de la venida del Hijo, que se nos
manifestó en la plenitud del Corazón del Padre, aunque nosotros todavía no lo hemos alcanzado a
comprender. El Padre está de nuestro lado.....Pobre Jesús, ¡qué mal ha sido recibido tu mensaje!
¡Pobre Padre nuestro, que sacrificaste a tu único Hijo para volver a abrazar a todos tus hijos y para
escucharte llamar “Papá” por todos ellos! ¡Qué mal hemos acogido el Amor que nos vinieron a dar,
un Amor que pone totalmente al servicio de los hijos para hacerlos crecer en el Amor! “Este es mi
Cuerpo, esto es mi sangre, la sangre de la Alianza, que es derramada por muchos, para el perdón de
sus pecados.” (Mt 26.26) “Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra
quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo.” (Mt 16.19)
“Así todo lo que pidan al Padre en mi nombre, él se lo concederá.” (Jn 15.16) “Asimismo yo les
digo: si en la tierra dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir alguna cosa, mi Padre Celestial
se lo concederá.” (Mt 18.19) Por todo cuanto hemos manifestado, sin dejar de mencionar que en las
Escrituras existen muchísimos otros ejemplos similares, se deduce con extrema claridad que DIOS
OBEDECE AL HOMBRE, si este Le pide por Amor cualquier cosa que sea en beneficio de
nosotros. Porque Él es nuestro Papá y si le pedimos cosas buenas, entonces estará feliz de
otorgárnoslas; más bien, es su propio Espíritu, actuando en nosotros, quien se las pide (Rm 8.26)
Es la hora de la Misericordia.. En la biografía del Santo cura d’Ars se lee que un día el demonio
se le apareció y, en tono muy rabioso, le gritó: “¡Ya me has arrancado 70,000 almas!”. Era el fruto
de una vida pasada en el confesionario, en oración continua y vivida a base de papas cocidas sin
sazonar.En la biografía de la madre Faustina de Kowalska se lee que, mientras estaba bordando, le
pidió a Jesús: “¿Me harías un regalo? ¿Podrías salvar a todos los que mueran hoy?”. Ante las
objeciones de Jesús, que le hacía notar que lo que pedía era una cosa muy grande, la madre objetó:
“¿Por qué? ¿Acaso hay un límite a tu potencia de Amor?”. Y Jesús dijo su “sí”. Dijo “sí” a su propio
Espíritu que le rogaba hacer dicho acto, actuando en la pequeña Faustina. Intentemos hacer una
comparación “racional”: ¿existe una proporción entre las 70,000 almas salvadas por el párroco
d’Ars, con una vida de extrema penitencia y las aproximadamente 300,000 almas que Faustina
salvó con un breve diálogo? Esta es la diferencia que pasa entre la espiritualidad de la penitencia y
la de la Misericordia.
MEDITACION
Consideremos que ambas espiritualidades salvan almas, Dios se vale de todos nuestros actos e
intenciones santas para intervenir y rescatar a sus hijos...El gran deseo del Padre como el de
cualquier padre en la tierra es reunir a todos sus hijos sentados a la mesa en un encuentro sin fin.
Pidamosle al Padre cada día que salve todas las almas del mundo para reunirnos todos algún día con
EL.
Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la
gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos.(Hb 4:16)
DÍA 29
MENSAJE DE DIOS PADRE
¿Queréis obtener la victoria sobre vuestro enemigo? Invocadme y triunfaréis victoriosamente
sobre el mismo.
En fin, vosotros sabéis que con mi potencia todo lo puedo. Bien, esta potencia se la ofrezco a todos
para que os sirva en el tiempo y en la eternidad. Me mostraré siempre como Padre vuestro, siempre
que vosotros os mostréis como hijos míos. ¿Qué deseo con esta obra de amor? Encontrar corazones
que puedan entenderme. Yo soy la santidad, de la cual poseo la perfección y la plenitud, y os dono
esta santidad - de la cual soy el autor - a través de mi Espíritu Santo, y la instauro en vuestras almas
con los méritos de mi Hijo. Es por mi Hijo y por el Espíritu Santo que yo vengo hacia vosotros y en
vosotros, y en vosotros busco mi reposo. Para algunas almas estas palabras: "Vengo en vosotros",
les parecerán un misterio, pero ¡no hay ningún misterio! porque después de que le ordené a mi Hijo
de instituir la santa Eucaristía ¡me propuse venir entre vosotros cada vez que recibís la santa Hostia!
Claro que nada me impedía venir también hacia vosotros antes de la Eucaristía ¡porque nada me es
imposible! pero recibir este sacramento es una acción fácil de entender y que os explica ¡cómo es
que yo vengo en vosotros! Cuando estoy en vosotros os doy con mayor comodidad lo que poseo,
siempre y cuando me lo pidáis. Con este sacramento os unís conmigo íntimamente, y es en esta
intimidad que la efusión de mi amor riega en vuestras almas la santidad que poseo. Os inundo con
mi amor, y entonces no tenéis que hacer otra cosa que pedirme las virtudes y la perfección que
necesitáis, y podéis estar seguros de que, en esos momentos de reposo de Dios en el corazón de su
criatura, nada os será negado.
REFLEXION
Hoy vivimos en tiempos de pecado extremo. Ya comentamos en la apertura que, incluso aunque
hubiera muchas personas dedicadas a la penitencia, no bastarían para bloquear la potencia del mal
que se propaga. La respuesta de Dios a la difusión del mal es la manifestación extrema de Su Amor.
La “venganza” del Padre es la Misericordia, la cual se manifestará precisamente en el período de
mayor oscuridad espiritual...Todos conocen la estupenda jaculatoria dictada por Jesús a la madre
capuchina Maria Consolata Betrone: “Jesús, María, los amo. Salven almas”. A esta jaculatoria se
liga la promesa que, siempre que fuera recitada, se habrá de salvar un alma. Parecía una promesa
insuperable en su munificencia, si se piensa en los “treinta días de indulgencia” que en general se le
concedían a la Iglesia para jaculatorias del género. Hoy, por medio de una santa y humilde mística
alemana, la promesa de Jesús fue “actualizada” por el Espíritu en la medida de los tiempos en que
estamos viviendo: Jesús invitó a Justine Koltz a que pidiera siempre por la salvación no de una, sino
de miles de almas en cada respiración1 : “Jesús, María, ¡los amo! Salven las almas de los
Sacerdotes, salven almas. ¡Les rogamos suplicantes, que nos concedan repetir este acto de
amor miles de veces a cada respiración, en cada latido!”
“Debemos perdonar al mundo” En uno de los escritos de la Sierva de Dios, Luisa Piccarreta,
“Luisa la Santa”, la pequeña profeta de la máxima espiritualidad que es el “FIAT” de la Voluntad
del Padre, se lee un episodio interesante y particularmente en línea con el argumento que estamos
tratando. Un día Jesús le hizo ver el mal que había en el mundo y el panorama negativo que
provocaría; Luisa comienza unas “vencidas” con Jesús, al estilo aquel que sostuvo Abraham por
Sodoma y Gomorra, y Jesús cedió a sus peticiones. En otro momento, la escena se repitió, pero esta
vez fue una lucha mayor; Luisa volvió a la carga y venció también en dicho encuentro. En un tercer
encuentro, Jesús le hizo ver nuevamente el mal, pero en una medida tan grande que la pequeña
Luisa no pudo volver a insistir y abandonó la lucha. Jesús se retiró comentando: “Viste que tan
perverso es el mundo: tú misma lo dijiste…” Luisa se quedó como si fuera de “palo” y no logró
quedarse tranquila, porque “en vez de obtener el perdón para el mundo”, se quedó con la impresión
de que aquella había sido una ocasión para que Jesús se indignara en contra de éste.
MEDITACIÓN
Mis hermanos, ¿cuándo comprenderemos que el Padre nos ama mucho más, de cuanto nos podemos
imaginar, y que quiere nuestra aportación para disolver el mal con la Potencia de su Amor?
¿Cuándo nos convenceremos de que tiene necesidad de nosotros, de nuestra mediación, para poder
hacer entrar en juego a la Misericordia que es más fuerte que el mal, que todos los males; que es
más fuerte que el pecado, que todos los pecados; que es más fuerte que la muerte, que todo género
de muerte?
El Señor su Dios es compasivo y misericordioso. Si ustedes se vuelven a él, jamás los abandonará.
(2 Cr 30:9b)
DIA 30
MENSAJE DE DIOS PADRE
¿Desde el momento en que habéis comprendido cuál es el lugar de mi reposo, no quisierais
dármelo? Soy vuestro Padre y vuestro Dios, ¿osaréis negarme esto? Ah, no me hagáis sufrir
con vuestra crueldad con un Padre que os pide sólo esta gracia para él. Antes de terminar este
mensaje quiero expresar un deseo a un cierto número de almas consagradas a mi servicio.
Estas almas sois vosotros, sacerdotes, religiosos y religiosas. Estáis a mi servicio, ya sea en la
contemplación, ya sea en las obras de caridad y de apostolado. De parte mía es un privilegio de
mi bondad, de parte vuestra es la fidelidad a la vocación con vuestra buena voluntad. He aquí mi
deseo: vosotros que comprendéis más fácilmente lo que me espero de la humanidad, rezadme para
que yo pueda hacer la obra de mi amor en todas las almas. ¡vosotros conocéis todas las dificultades
que hay que vencer para conquistar las almas! Bien, he aquí el medio eficaz con el cual ganar para
mí con facilidad una gran multitud de almas: precisamente este medio es el hacerme conocer, amar
y glorificar por los hombres. Antes que nada deseo que seáis vosotros los primeros en comenzar.
¡Qué alegría para mi entrar antes que todo en las casas de los sacerdotes, los religiosos y las
religiosas! ¡Qué alegría encontrarme, como Padre, entre los hijos de mi amor! ¡Con vosotros, mis
íntimos, conversaré como amigos! ¡seré para vosotros el más discreto de los confidentes! ¡Seré
vuestro todo, que os bastará para todo! Seré sobre todo el Padre que acoge vuestros deseos,
colmándoos con su amor, con sus beneficios, con su ternura universal. ¡No me neguéis esta dicha
que quiero gozar entre vosotros! Os la devolveré cien veces más y, porque vosotros me glorificáis,
¡también os honraré preparándoos una gran gloria en mi reino!
REFLEXION
Ya hemos mostrado el camino. La primera etapa es lograr nuestra santidad en una total e
incondicional adhesión a la voluntad del Padre: está es la única cosa que podemos y debemos hacer.
No omitimos mencionar nuevamente, que este tiempo resulta particularmente propicio para ello. La
segunda es “luchar” con Dios por la salvación de los hermanos. Pero si no queremos empeñarnos en
esta última tarea obligatoria y urgente, porque quizá continuemos creyendo que esas no son cosas
para nosotros, entonces juguemos nuestra última carta: la de la inocencia de los niños. Con este
último objetivo, citamos un episodio de la biografía de la madre Eugenia Elisabetta Ravasio, el cual
publicamos hace más o menos 13 años: “Padre, por esta inocencia, te rogamos: ¡sálvanos!” En el
buque de vapor que va de Tangeri a Marsella, comienzan a resonar de repente las sirenas de alarma
y el megáfono da la orden de subir todos al puente. El estallido de una caldera ha producido una vía
de agua a causa de la cual el agua había comenzado a entrar en el barco y éste comenzó lentamente
a inclinarse. A bordo también se encontraba la Madre Eugenia, que subió al puente e intentó
inútilmente de calmar a la multitud de pasajeros que se abalanzaban sobre los botes salvavidas. Una
madre que sostenía en los brazos a su hijo, demudada por el terror, se pegó junto a ella, porque la
veía tan serena en aquel caos. La Madre Eugenia le sonrió y le pidió que le acercara al niño. La
mujer obedeció como un robot, subyugada por la profunda calma que inspira esta joven madre, que
tomó al pequeño, lo alzó al cielo y, con su espléndida voz, entonó el siguiente canto: “Yo creo en ti,
Señor. Yo creo en ti...”. La madre del niño se unió al canto, luego se unió otra persona, luego otra y
otra. El canto se hacía cada vez más seguro y en breve el puente del buque se volvió un gran palco
desde el que se elevó al Padre el coro más espléndido que los ángeles hayan nunca escuchado.
Todos juntos cantaron: pasajeros, oficiales, marinos; parecía estar a un siglo aquel terror que habían
experimentado todos hacia apenas unos pocos instantes. “Padre, por este niño, por esta inocencia,
¡sálvanos!” Es la oración que la Madre Eugenia dirige al Padre por todos, en nombre de todos. Es la
inocencia hecha oración en un himno de fe que surcó los cielos. Lentísimamente el buque retomó la
línea de flotación logró mantenerse a flote hasta llegar al puerto de Marsella. Todos los integrantes
de la tripulación-muchos con los pies desnudos- guiados por la Madre Eugenia, se dirigieron al
santuario de nuestra Señora de la Guardia, para agradecerle el favor recibido.
MEDITACION
La oración confiada...que sencillo y a la vez qué dificil nos resulta confiar. Es muy dificil confiar en
quien no conocemos, requiere mucho tiempo conocer a alguien y muchas pruebas donde nos
demuentre su fidelidad y su amor, sin embargo, debemos tomar conciencia de que Dios nuestro
Padre nos es un desconocido, ha estado con nosotros desde la eternidad, nos ha querido el primero y
habita en nosotros, solamente debemos correr hacia El y decirle ...¡Papá cuánto te he echado de
menos!
Por la mañana hazme saber de tu gran amor,
porque en ti he puesto mi confianza.
Señálame el camino que debo seguir,
porque a ti elevo mi alma.
(Sal 143:8)
DIA 31
MENSAJE DE DIOS PADRE
A vosotros, hijos míos, confío ésta obra y su futuro tan importante. Hablad, insistid, haced saber
lo que diré para que yo sea conocido, amado y glorificado por todas mis criaturas, y así habréis
hecho lo que me espero de vosotros, es decir, mi voluntad, y habréis realizado mis deseos, que
desde hace tiempo conservo en el silencio. Todo lo que haréis por mi gloria yo lo redoblaré para
vuestra salvación y vuestra santificación. En fin, será en el cielo, y sólo en el cielo, que veréis la
gran recompensa que os daré en modo particular, y también a todos los que trabajarán para esto. He
creado al hombre para mí y es muy justo que yo sea TODO para el hombre. El hombre no saboreará
las verdaderas alegrías estando afuera de su Padre y creador, porque su corazón está hecho solo para
mí. Por mi parte, mi amor por mis criaturas es tan grande que no siento otra alegría que la de estar
entre los hombres. Mi gloria en el cielo es infinitamente grande, pero es todavía más grande cuando
me encuentro entre mis hijos: los hombres de todo el mundo. Criaturas mías, vuestro cielo está en el
Paraíso con mis elegidos, porque es allá arriba, en el cielo, que me contemplaréis en una visión
perenne, y gozaréis de una gloria eterna. ¡Mi cielo está en la tierra con todos vosotros, oh hombres!
Si, es en la tierra y en vuestras almas que busco mi felicidad y mi alegría. Podéis darme esta alegría,
y es para vosotros también un deber hacia vuestro creador y Padre, que de vosotros lo espera y lo
desea. La alegría de estar entre vosotros no es menor de la que probaba cuando estaba con mi hijo
Jesús durante su vida mortal. Era yo quién enviaba a mi Hijo. Fue concebido por mi Espíritu Santo,
que también soy yo, en pocas palabras, era siempre YO.
REFLEXION
La Madre Eugenia es una profetisa en el más amplios de los sentidos, además se puede decir que es
una de las más grandes de todos los tiempos, visto que le manifiesta a los hombres el mensaje más
espléndido de Dios: el Padre del cielo tiene para sus hijos sólo planes de alegría y vida, basta que lo
llamemos “PADRE” y Él nos revestirá de Luz. Esto es lo que dice la Madre Eugenia a cada uno de
nosotros con la “palabra” del Mensaje “El Padre le habla a sus Hijos”. El niño que ella eleva al cielo
es el “gesto” con el cual el Mensaje se perfecciona y está dirigido en forma específica a la Iglesia.
La barca de Pedro está en peligro, pareciera que se está hundiendo: si, por intercesión de María, la
Iglesia ofreciera al cielo la inocencia de los niños, entonces el Corazón del Padre se abriría y
emanaría la potencia del milagro, la cual, a su vez, haría emanar la potencia del milagro que
transforma todo en Amor. Desde hace más de cien años, María nos está indicando el camino a
seguir, apareciéndose siempre a niños (La Salette, Pontmain, Lourdes, Fátima, Bearing, Banneux,
etc.), a quienes les pide que “se ofrezcan” al Padre (Fátima), para que se establezca en el mundo una
era de paz. Ojalá que la Iglesia acepte finalmente la invitación de María. Ojalá que la Iglesia preste
oídos al Mensaje de salvación que, por medio de la Madre Eugenia, el Padre nos ha regalado en esta
época de oscuridad. La salvación se dará, en buena medida, por la inocencia de los niños que,
ofrecidos al Padre, harán brotar de su Corazón dulcísimo el mar de su Misericordia. El triunfo del
Corazón Inmaculado de María es la CONVERSIÓN de todos sus hijos, es su regreso a la casa del
Padre después de su muerte y de su renacimiento espiritual “En verdad, en verdad os digo: Si no se
nace de nuevo no se puede ver el reino de Dios.” (Gv 3,3). “La Gloria de Dios es el hombre vivo”,
y es por esto que Él “no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva”. Por otro lado,
la Madre en Fátima ha unido dos conceptos “paz en el mundo” y “conversión de los pecadores”:
“¿Quieren ofrecerse a Dios, – les preguntó a los tres pastorcillos – dispuestos a soportar los dolores
que Él les querrá mandar, como una acción reparadora de los pecados que lo ofenden y de súplica
por la conversión de los pecadores?” – “Digan cada día el Rosario para obtener la paz en el mundo
y el final de la guerra” (Fátima, 13 mayo de 1917). Esto es lo que María nos repite a cada uno de
nosotros, y espera una respuesta inmediata y concreta. Y nosotros debemos decir nuestro “Sí” sin
medios términos, como hicieron Lucía, Francisco y Jacinta; todas las demás palabras que no estén
ligadas a nuestra adhesión sin condiciones a la Voluntad del Padre son cosas tanto inútiles como
dañinas.
MEDITACION
Si sabemos que el hombre no saboreará las verdaderas alegrías estando afuera de su Padre y
creador, porque su corazón está hecho solo para EL. Y sabemos que podemos empezar a vivir el
cielo aquí en la tierra si obramos según su voluntad.... ¿Por qué nos cuesta decir ese sí
incondicional, de donde nace ese temor?
Yo les he dicho estas cosas para que en mi hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero
¡anímense!Yo he vencido al mundo (Jn 16:33)
DIA 32
MENSAJE DE DIOS PADRE
Amando a vosotros, mis criaturas, como a mi Hijo que soy yo, digo como a él: sois mis hijos
predilectos, en los cuales me complazco; es por esto que gozo con vuestra compañía y que
deseo quedarme con vosotros. Mi presencia entre vosotros es como el sol sobre el mundo
terrestre. Si estáis bien dispuestos a recibirme vendré muy cerca de vosotros, entraré en
vosotros y os iluminaré con mi amor infinito. En cuanto a vosotros, almas en pecado o que
ignoran la verdad religiosa, no podré entrar en vosotros, pero de todos modos estaré cerca, porque
no dejo nunca de llamaros, de invitaros a desear los bienes que os traigo para que veáis la luz y os
curéis del pecado. A veces os miro con compasión porque os encontráis en una infeliz condición. A
veces os miro con amor para que os sintáis dispuestos a ceder a los encantos de la gracia. A veces
paso días, también años, cerca de algunas almas para asegurarles la felicidad eterna. No saben que
yo estoy allí, que las espero, que las llamo a cada instante durante el día. Sin embargo, tampoco me
canso y siento igualmente alegría estando junto a vosotros, siempre con la esperanza de que un día
regresaréis a vuestro Padre y que me haréis un acto de amor, por lo menos antes de morir. He aquí,
por ejemplo, un alma que está muriendo de repente: ésta alma ha sido siempre para mí como el hijo
pródigo. Yo la colmaba de bienes, ella andaba despilfarrando todos estos bienes, todos los dones
gratuitos, de su Padre tan amable, y además me ofendía gravemente. Yo la esperaba, la seguía por
todas partes, le hacía nuevos favores como la salud y los bienes que hacia producir de sus trabajos,
tanto así que tenía hasta lo que era superfluo. A veces mi providencia le daba todavía otros bienes
nuevos. Por lo tanto, se encontraba en la abundancia pero no veía otra cosa que el triste resplandor
de sus vicios, y toda su vida fue un conjunto de errores, por el pecado mortal habitual. Pero mi amor
no se cansó nunca. Persistía a seguirla, la amaba y, sobre todo, a pesar de los rechazos que me
oponía, estaba contento de vivir pacientemente cerca de ella, con la esperanza de que, quizás, un día
habría escuchado mi amor y habría regresado a mí, su Padre y salvador.
REFLEXION
Esta es la hora de nuestro Getsemaní, de nuestra agonía, de la muerte de nuestro yo. Dejemos de
lloriquear y de buscar a alguien que beba nuestro cáliz. Hagámonos conscientes de nuestra dignidad
de hijos de Dios, de co-redentores que deben “completar en su propio cuerpo lo que falta de la
pasión de Jesús” y aprendamos a decir siempre sí a la Voluntad del Padre. Mientras más pronto
bebamos nuestro cáliz, más pronto vendrá para nosotros la Resurrección.
Ahora ha venido la salvación, el poder y el reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo,
porque el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche,
ha sido arrojado. Pero ellos lo vencieron por medio de la Sangre del Cordero y gracias al
testimonio de ellos, de su martirio, porque despreciaron sus vidas, llegando hasta sufrir la muerte”.
(Ap 12, 10–11) Quienes son los “vencedores” de los que habla el ángel del Apocalipsis: Son
aquellos que se consagran a Dios en la Eucaristía (La Sangre del Cordero), aceptando la voluntad
del Padre y que en la inmolación total ofrecen continuamente la vida por sus hermanos
“prisioneros”. Son prácticamente aquellos que, siguiendo la huella de los tres pastorcillos de
Fátima, aceptan la invitación de María y se ofrecen al Padre en manera total “dispuestos a aceptar
todo lo que Él querrá enviarles, para obtener la paz del mundo y para la conversión de los
pecadores” (Fatima, 13 maggio 1917). Son los Apóstoles de los últimos tiempos vistos por Montfort
“¿Pero quiénes serán estos siervos, esclavos e hijos de María? Serán los ministros del Señor
quienes, como un fuego que quema, encenderán la llama del Amor divino en todos lados (cfr. Sal
104,4; Eb 1,7). Serán “como flechas puntiagudas en la mano de la potente” María para traspasar a
Sus enemigos (cfr. Sal 127,4). Serán los hijos de Levi, bien purificados por el fuego de la gran
tribulación y en íntima unión con Dios, que llevarán el oro del amor en sus corazones, el incienso de
la oración en sus espíritus y la mirra de la mortificación en su cuerpo. Estarán en todos lados el
delicioso perfume de Jesucristo para los pobres y los humildes, mientras que al mismo tiempo serán
el olor de muerte para los “grandes”, para los ricos y para los arrogantes. Serán las nubes que
truenan y revolotean en el aire (cfr Is 60,8) con cada mínimo aliento del Espíritu Santo; éstas,
separándose de todo y sin preocuparse de nada, harán descender sobre el mundo la Palabra de Dios,
la Palabra de Vida Eterna. Arrojarán contra ellos al diablo y a sus secuaces y traspasarán con la
espada de doble filo de la Palabra de Dios a todos aquellos a los que el Altísimo indicará para
despertarlos a la vida o para condenarlos a muerte. Serán los verdaderos apóstoles de los últimos
tiempos: a ellos el Señor de los ejércitos les concederá palabras y potencia para realizar maravillas y
para reconducir a los despojos de sus enemigos. Dormirán sin oro ni plata, es más, sin
preocupación, entre los otros sacerdotes, eclesiásticos y clérigos; sin embargo con el único deseo de
obrar para la gloria de Dios y para la salvación de las almas; tendrán las alas de plata de la paloma
para volar a cualquier lugar a donde los llame el Espíritu Santo. La huella que dejarán será sólo el
oro de la caridad y el cumplimiento de toda la ley (cfr Rm 13,10).
Sabemos que serán los verdaderos discípulos de Jesucristo: imitarán Su pobreza, la humildad, el
desprecio por el mundo y la caridad; enseñarán el camino estrecho de Dios y el temor de la verdad,
según el Santo Evangelio y según la sabiduría del mundo; nada les preocupará cuando se
encuentren frente a los potentes, no sentirán temor, no los escucharán, sin importar si son
influyentes. En su boca estará la espada de doble filo de la Palabra de Dios (cfr Ef 6,17; ), sobre sus
espaldas el estandarte ensangrentado de la Cruz, el Crucifijo en su mano derecha y el Rosario en la
izquierda, los "Nombres sagrados de María y de Jesús en sus corazones, la modestia y la
mortificación de Jesucristo en su comportamiento. María es Aquella que, por orden del Altísimo,
los formará, con la finalidad de que extiendan Su imperio sobre el de los impíos, de los idólatras, de
los mahometanos. ¿Pero cuándo y cómo sucederá todo esto? Sólo Dios lo sabe. Por lo que se refiere
a nosotros, debemos sólo contener nuestras lenguas, orar, suspirar y esperar: “He tenido confianza
en el Señor” (Sl 40, 2). Estos son los “vencedores” que prepararán el camino hacia la nueva
Jerusalén que desciende del cielo.
MEDITACION
Desterremos de nosotros ese “Yo” que nos exclaviza y pongámos a las órdenes de María para que
nos forme en el amor y podamos batallar en ese ejército triunfante alcanzando la meta para la que
hemos sido creados... Padre renueva tu creación en Mi.
DIA 33
MENSAJE DE DIOS PADRE
Yo soy la luz de las luces: allá en donde esa penetrará habrá vida, pan y felicidad. Esta luz
iluminará al peregrino, al escéptico, al ignorante y os iluminará a todos, oh hombres que vivís
en este mundo lleno de tinieblas y de vicios; ¡si no tuvierais mi luz caeríais en el abismo de la
muerte eterna! En fin, esta luz iluminará las calles que conducen a la verdadera Iglesia
católica, a sus pobres hijos que todavía son victimas de las supersticiones. Me mostraré como Padre
de los que más sufren en la tierra, los pobres leprosos.
Me mostraré como el Padre de todos aquellos hombres que están abandonados, excluidos de
cualquier sociedad humana. Me mostraré como Padre de los afligidos, Padre de los enfermos, sobre
todo de los agonizantes. Me mostraré como el Padre de todas las familias, de los huérfanos, de las
viudas, de los prisioneros, de los obreros y de la juventud. Me mostraré como Padre en todas las
necesidades. En fin, me mostraré como el Padre de los reyes y de sus naciones. ¡Y todos sentiréis
mis bondades, todos vosotros sentiréis mi protección y todos vosotros veréis mi potencia!
"¡Mi paterna y divina bendición para todos, Amén!
¡Particularmente para mi hijo y representante, Amén!
¡Particularmente para mi hijo el Obispo, Amén!
¡Particularmente para mi hijo tu padre espiritual, Amén!
¡Particularmente para mis hijas, tus madres, Amén!
¡Para toda la congregación de mi amor, Amén!
¡Para toda la Iglesia y para todo el clero, Amén!
¡Bendición muy especial para la Iglesia del Purgatorio, Amén!
¡Amén!".
REFLEXION
Amadísimos hermanos, meditemos y vivamos lo que nuestro Padre aquí en la tierra nos ha dicho,
“sin replegarnos en nosotros mismos, por ninguna razón”, sino elevando al Cielo “potentes
clamores”. Si no saben qué “gritar”, les sugerimos que recen esta oración que nos han dado
precisamente para estos tiempos:
“Padre, la tierra Te necesita,
el hombre, cada uno de los hombres Te necesita;
el aire, pesado y contaminado, Te necesita.
Te ruego, Padre,
vuelve a caminar por los caminos del mundo;
vuelve a vivir en medio de Tus hijos;
vuelve a gobernar las naciones;
vuelve y trae la paz y con ella la justicia;
vuelve para hacer brillar el fuego del amor,
para que – redimidos por el dolor –
podamos convertirnos en nuevas creaturas. AMÉN
MEDITACION
” Queridos amigos, digamos nuestro “Sí” sin condiciones al Padre “aceptando todo lo que nos
quiera mandar para obtener la paz en el mundo y la conversión de los pecadores”, es decir, de todos
nuestros «cautivos»; digamos todos los días esta oración, con el corazón y con convicción; y luego
quedémonos en la felicidad, serenos y pacientes. Sentiremos explotar, en nuestro espíritu, un
continuo “RESURREXIT!”: el primero será la marca de nuestra resurrección personal; todos los
demás serán eco del mismo grito de victoria que resonará en el corazón de nuestros hermanos ya no
más «cautivos».... Y toda nuestra vida será un canto de victoria: Resurrexit! Alleluja, alleluja,
alleluja!