Jeremías
Jeremías Capítulo 3
Programa No. 0878
Jeremías Capítulo 3
Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro viaje por este libro de Jeremías y llegamos, al capítulo
3. Y usted recordará que en nuestro programa anterior, cuando estudiábamos el capítulo 2, dijimos
que allí comenzaba un mensaje que abarca todo el capítulo 2 y llega hasta el versículo 5 del capítulo
3. Así es que, hoy tenemos que concluir este mensaje y comenzar con uno nuevo que el profeta
menciona aquí. Los capítulos 2 al 6 presentan mensajes que fueron dados durante los primeros cinco
años del ministerio de Jeremías, y eso fue antes de que se hallara el Libro de la ley; pero fue durante
el tiempo cuando el rey Josías, un hombre joven como Jeremías, estaba buscando al Señor y estaba
haciendo ciertas reformas en su nación. Como ya hemos visto, una de las cosas principales que él
estaba haciendo, fue la de limpiar al país de la idolatría. En realidad, esa nación había entregado
completamente a la idolatría y había abandonado al Dios viviente. Y usted puede ver que los esfuerzos
de este rey y del joven profeta, tuvieron un resultado tremendo sobre la nación.
El pueblo se había inclinado hacia la idolatría por una razón muy clara, y esa razón se debía a
que era algo muy fácil, así como también muy popular. Sin embargo, era algo que rebajaba las
normas en Israel, y había llevado a ese pueblo a un nivel moral muy bajo. El versículo 1 del capítulo 3,
dice lo siguiente:
1
Dicen: Si alguno dejare a su mujer, y yéndose ésta de él se juntare a otro hombre, ¿volverá a
ella más? ¿No será tal tierra del todo amancillada? Tú, pues, has fornicado con muchos
amigos; mas ¡vuélvete a mí! dice Jehová. (Jer. 3:1)
Como usted puede apreciar, ellos habían caído a un nivel muy bajo. En esa tierra había una
inmoralidad extrema. El pueblo se había entregado completamente a la inmoralidad, y el profeta lo
menciona aquí en el próximo versículo, en el versículo 2, donde dice:
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Alza tus ojos a las alturas, y ve en qué lugar no te hayas prostituido. Junto a los caminos te
sentabas para ellos como árabe en el desierto, y con tus fornicaciones y con tu maldad has
contaminado la tierra. (Jer. 3:2)
Cuando hablamos de idolatría, no estamos simplemente hablando acerca de hacer una imagen
pequeña. Cualquier cosa a la cual el hombre se entrega, es idolatría. Por tanto, la codicia es idolatría
debido a que una persona desea tener algo y dedica su tiempo y su energía para lograrlo. Hay muchas
personas en el día de hoy, que se dedican al pecado y la energía del pecado, especialmente en estos
últimos días. Esto es algo realmente tremendo, pero amigo oyente, en el momento en que el hombre
se vuelve o da sus espaldas al Dios viviente, él se vuelve a algo, y se vuelve a algo que él ha hecho por
sí mismo. Esto será su dios y llegará a ser su ídolo.
El Dr. Morgan ha aclarado esto de forma muy buena, y queremos compartirla con usted, amigo
oyente, escuche usted lo que dice el Dr. Morgan: “Cuando un hombre hace un dios según las normas
o modelo de su propio ser, él hace un dios como él mismo; es una ampliación o extensión de su propia
imperfección. Más aún, el dios que el hombre hace para sí mismo, demandará de él aquello que está
de acuerdo con su propia naturaleza. Los hombres son fieles a aquellos dioses que no les piden nada
que no esté en armonía con los deseos de sus propios corazones. Cuando Dios llama al hombre, es el
llamado de un Dios santo; de un Dios de pureza; de un Dios de amor. Y Él demanda que el hombre se
eleve a la altura de Él. Él no puede acomodarse a la depravación de la naturaleza de ellos. Él no
consiente a las cosas del deseo dentro de ellos, que son de impureza y de maldad. Él llama a los
hombres hacia arriba, hacia grandes alturas muy elevadas; hasta cuando lleguen a la cima de la
perfecta conformidad con Su santidad. El llamado de Dios a la humanidad es siempre primero puro y
pacífico; primero santo y luego feliz; primero justo y luego regocijante”. Hasta aquí la declaración del
Dr. Morgan. Amigo oyente, creemos que esta es una declaración tremenda.
Ahora, Dios está diciendo aquí a esta gente, al concluir este capítulo segundo de Jeremías, que
esta es una generación que se ha entregado completamente a la idolatría; y como resultado, había
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una crasa inmoralidad. Y como dijo él, ellos habían ido a los lugares altos. A menos que uno esté
familiarizado con lo que eran esos lugares altos en aquel día, uno no puede concebir cuán crasamente
inmorales eran ellos. Esos lugares altos no eran otra cosa que un bosquecillo de árboles y un altar allí.
Y allí se llevaba a cabo toda clase de orgías sexuales. La embriaguez y el abuso del licor eran
sobresalientes en ese lugar. Y como resultado de eso, la nación se había hundido a un nivel muy bajo.
Y nuevamente la analogía es evidente, ¿no le parece? Nosotros mismos hemos abandonado al Dios
vivo y verdadero, y bien podemos ver la condición moral en la que se encuentran nuestras naciones;
¡cuánto desacato a la ley, cuánta deshonestidad por todas partes, cuánta corrupción en la forma de
hablar de la gente! Uno puede escuchar a niños de pocos años, expresarse con un lenguaje por demás
soez. Algunos adultos se avergonzarían de usarlo ellos mismos. Sin embargo, hay niños que lo utilizan
con mucha facilidad. Esa es la condición triste y lamentable en el día de hoy; y esa era la condición en
aquella tierra. Y Dios dice en el versículo 3:
3
Por esta causa las aguas han sido detenidas, y faltó la lluvia tardía; y has tenido frente de
ramera, y no quisiste tener vergüenza. (Jer. 3:3)
Tenemos dos cosas aquí: Dios dice: “Ya he comenzado a juzgarte”, y “Estoy reteniendo las
lluvias”. Esa tierra es muy seca, la mayor necesidad para esa tierra en el presente, es el agua. Ellos no
necesitan el petróleo. Alguien ha dicho: “¡Qué lástima que Israel no pudo encontrar petróleo en el
desierto!” Bueno, en lugar de encontrar petróleo, amigo oyente, encontraron agua y eso es mucho
más valioso que cualquier petróleo. A ellos les hace mucha falta el agua. Dios comenzó con retener
el agua a esta gente. Y creemos que cuando ellos estén bajo la bendición de Dios, van a tener toda el
agua que necesiten. Dios dijo que Él la supliría.
Y creemos que Dios nos juzga como pueblo, como nación hoy, a causa de las muchas cosas que
han sucedido. Uno puede apreciar las calamidades nacionales en diferentes partes que han tenido
lugar en los meses o en los años pasados. Pero eso no nos despierta. Eso no nos lleva hacia Dios.
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Y es realmente lamentable que no sea así, que no nos lleve hacia Dios. Llegamos ahora al
segundo mensaje del profeta Jeremías y éste comienza en el versículo 6. Y, de paso digamos, es un
mensaje en el cual Dios reprocha al pueblo por haberse apartado de Él durante el reino de Josías. Y
Josías era un buen rey. En el resto de este capítulo, la palabra “rebelde” o “rebeldía” se menciona
unas 9 veces, y Jeremías le da mucho énfasis a esto aquí en este mensaje que él presenta. La rebeldía
que se menciona aquí indica que esta nación estaba deslizándose hacia atrás. En el libro de Oseas
vemos que se dice: Porque como novilla indómita se apartó Israel (Oseas 4:16a).
Si usted ha tenido oportunidad de trabajar en el campo y tratar de hacer que las novillas
subieran a los camiones para ser transportadas de un lugar a otro, sabrá lo que es tratar con estos
animales. Cuando ellas se rebelan y no quieren subir al camión para ser transportadas, endurecen sus
patas de tal manera que es prácticamente imposible hacerlas andar, y lo único que hacen es deslizarse
hacia abajo ya que no quieren avanzar. Eso es estar en rebeldía. Eso es lo que indica la Biblia aquí.
Quiere decir el negarse a seguir el camino de Dios. Es negarse a escucharle a Él. Y luego, nosotros
terminamos haciendo lo mismo que hacen estos animales, y en lugar de avanzar, retrocedemos. Y
cuando usted y yo, amigo oyente, nos negamos a hacer lo que Dios quiere que nosotros hagamos, nos
estamos rebelando contra Él. Y entonces, comenzamos a retroceder. Uno se aleja cada vez más de
Dios. Y aquí en el versículo 6. de este capítulo 3 de Jeremías, leemos:
6
Me dijo Jehová en días del rey Josías: ¿Has visto lo que ha hecho la rebelde Israel? Ella se va
sobre todo monte alto y debajo de todo árbol frondoso, y allí fornica. (Jer. 3:6)
Dios le está diciendo a esta nación aquí, que tiene que aprender la lección de Israel. Israel había
ido a la cautividad y Dios les está diciendo que se den cuenta de lo que ellos habían hecho. Ellos
habían hecho exactamente lo que ustedes están haciendo; Israel estaba en rebeldía. “Yo traté de
hacerlos regresar a Mí, pero ellos no quisieron hacer caso, no quisieron hacer eso. Y como resultado,
ahora están en cautividad. Bueno, que eso les sirva de lección a ustedes”.
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En el versículo 1 de este capítulo, Dios estaba diciendo: ¡vuélvete a mí! dice Jehová. Dios está
diciendo: “Aun cuando te habías prostituido; tú me perteneces a Mí”. Y Dios les dice: “Regresa y Yo te
recibiré”. Y esa es la razón por la cual el hijo pródigo, o cualquier hija pródiga, o cualquier familia
pródiga, o cualquier Iglesia pródiga, o cualquier nación pródiga, puede regresar a Dios. Él no los va a
castigar si ellos regresan. Amigo oyente, Él los recibirá. Cuando el hijo pródigo regresó a su hogar, no
recibió golpes ni bofetadas. Eso le sucedió allá en la provincia apartada a donde había ido. Pero, en
casa recibió besos. Él casi se había muerto de hambre en ese lugar apartado, donde se había
marchado, pero en casa, su padre preparó un banquete para él cuando regresó. Aquí dice que eso
debería ser una lección para nosotros. Israel se había entregado a la idolatría; y por eso fueron
enviados a la cautividad. Y leemos ahora en el versículo 7:
7
Y dije: Después de hacer todo esto, se volverá a mí; pero no se volvió, y lo vio su hermana la
rebelde Judá. (Jer. 3:7)
Dios dice: “Yo le he dado a ella la oportunidad de que se vuelva a Mí. Yo la hubiera recibido, pero
ella no quiso regresar”, – y lo vio su hermana la rebelde Judá. El pecado de Judá es compuesto.
Creemos que su cautividad fue mucho peor que la de las diez tribus del norte. Y creemos que la razón
se muestra por sí misma. Las diez tribus del norte fueron llevadas cautivas a Asiria, pero, amigo
oyente, Judá tenía eso como un ejemplo, sin embargo no prestó ninguna atención.
Esa es la tragedia de muchos países, países donde se tiene la Biblia, y donde la gente habla
mucho en cuanto a ella, y no sabemos qué es lo que quieren probar porque esta gente se levanta y
dice: “Vivimos en una tierra donde tenemos una línea abierta y uno puede leer la Biblia”. Bueno,
gracias a Dios por eso. Pero, ¿quién va a estar leyendo? ¿Quién la va a leer? ¿Cuántas personas la
están leyendo? ¿Qué diferencia hay si uno tiene esa libertad y no la aprovecha? Judá no regresó a
Dios, aun cuando tuvo el ejemplo de lo que pasó con las diez tribus del norte. Usted y yo tenemos la
Palabra de Dios hoy, amigo oyente; Dios juzgará a su país más severamente que a aquellos países que
no tienen la Biblia. Y, ¿sabe por qué? Porque las autoridades de esos países no permiten tener la
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Biblia, pero usted y yo en el día de hoy, la tenemos. Y podemos leerla; Dios, entonces, nos va a juzgar
más severamente. Ahora, en el versículo 9, de este capítulo 3 de Jeremías, leemos:
9
Y sucedió que por juzgar ella cosa liviana su fornicación, la tierra fue contaminada, y
adulteró con la piedra y con el leño. (Jer. 3:9)
Es decir que ellos hicieron ídolos de esas cosas. Luego, en el versículo 10, agrega:
10
Con todo esto, su hermana la rebelde Judá no se volvió a mí de todo corazón, sino
fingidamente, dice Jehová. (Jer. 3:10)
Ese avivamiento que tuvo lugar bajo el rey Josías, fue en realidad un avivamiento. No hay
ninguna duda en cuanto a eso. Muchas personas se volvieron a Dios. Pero era tan popular que en
realidad no fue otra cosa sino algo superficial. Fue un regreso a Dios, superficial, en cuanto a la nación
se refiere.
Creemos que en el día de hoy, existe un renovado interés en la Palabra de Dios y creemos
también que más cantidad de gente está siendo salva en el presente que en cualquier otra época, por
lo menos durante nuestro ministerio. Pero tengamos cuidado. No es un avivamiento. Es algo
superficial. Y no se engañe, amigo oyente hoy, por las multitudes en algunos lugares, y por las
cantidades que se supone aceptan a Cristo. Simplemente divida eso por dos, y luego reste eso de lo
que le queda, y probablemente tendrá la cantidad de aquello que realmente se puede considerar
como convertidos. Estamos viendo hoy, un gran movimiento superficial, así como también un
movimiento genuino. Ahora, notemos lo que dice aquí el versículo 11, de este capítulo 3, de Jeremías:
11
Y me dijo Jehová: Ha resultado justa la rebelde Israel en comparación con la desleal Judá.
(Jer. 3:11)
Es decir, que Dios deja esto bien en claro. Él dice que el pecado de Judá es peor que el de Israel.
En el norte ellos no tuvieron la oportunidad. Ellos no tenían el templo, ellos no tenían la Palabra de
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Dios. Y amigo oyente, no dudamos que nuestro juicio va a ser mucho más grande. Y luego, en el
versículo 12, leemos:
12
Ve y clama estas palabras hacia el norte, y di: Vuélvete, oh rebelde Israel, dice Jehová; no
haré caer mi ira sobre ti, porque misericordioso soy yo, dice Jehová, no guardaré para
siempre el enojo. (Jer. 3:12)
Dios está diciendo: “Yo te haré regresar a tu tierra si te vuelves a Mí”. Y aquí Él está demostrando
la gracia que tiene para con nosotros. ¡Cuán maravilloso es Dios, amigo oyente! Y Él dice: “Reconoce,
pues, tu maldad”. Y el gran problema del día de hoy es sencillamente el siguiente: una falta de
confesión de pecado. Es necesario, amigo oyente, que confesemos nuestra iniquidad. Usted dice ser
creyente. ¿Qué quiere decir con eso? “Ah, yo he confiado en Cristo”. Confiado en Él, ¿para qué?
“Bueno, he confiado en Él como mi Salvador. Él ha hecho tanto por mí”. Muy bien, nos gusta mucho
escuchar eso. Pero, ¿le salvo Él del pecado? Recuerde, amigo oyente, Él murió en la cruz para salvarle
del pecado, no para darle a usted una nueva personalidad o hacerlo un millonario. Él murió para
salvarnos de nuestro pecado. Él fue entregado por nuestras ofensas. Nosotros éramos muy ofensivos
a Dios, digamos de paso. ¿Ha sido salvo usted, amigo oyente? Eso es lo importante hoy. Y Jeremías
nos habla de una manera muy directa, y podemos notar lo que dice aquí en el versículo 14 ahora:
14
Convertíos, hijos rebeldes, dice Jehová, porque yo soy vuestro esposo; y os tomaré uno de
cada ciudad, y dos de cada familia, y os introduciré en Sion; (Jer. 3:14)
¡Ah, cuán lleno de gracia! ¡Cuán benévolo era Dios con ellos! Y luego, en el versículo 15, leemos:
15
y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con ciencia y con inteligencia. (Jer.
3:15)
Amigo oyente, si usted tiene un Pastor que enseña bien la Biblia, usted tiene que ir donde él está
ahora mismo, y abrazarle y protegerle, porque esos Pastores son algo muy valioso en el día de hoy. Y
hay muy pocos de ellos en el presente. Luego, en el versículo 16, leemos:
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16
Y acontecerá que cuando os multipliquéis y crezcáis en la tierra, en esos días, dice Jehová,
no se dirá más: Arca del pacto de Jehová; ni vendrá al pensamiento, ni se acordarán de ella,
ni la echarán de menos, ni se hará otra. (Jer. 3:16)
Uno puede encontrar a través de todo el Libro de Jeremías, estos rayos de luz. ¿Se ha
encontrado usted alguna vez en un día de lluvia, nublado, y luego de pronto sale el sol y usted puede
ver el arco iris? Pues, bien, a través de todas las profecías de Jeremías, él destaca estas cosas, y aquí
tenemos una de ellas. Y acontecerá – y esto alcanza hasta el milenio. Continuemos leyendo los
versículos 17 y 18:
17
En aquel tiempo llamarán a Jerusalén: Trono de Jehová, y todas las naciones vendrán a ella
en el nombre de Jehová en Jerusalén; ni andarán más tras la dureza de su malvado corazón.
18
En aquellos tiempos irán de la casa de Judá a la casa de Israel, y vendrán juntamente de la
tierra del norte a la tierra que hice heredar a vuestros padres. (Jer. 3:17-18)
Dios ha colocado aquí una gloriosa profecía en cuanto al futuro. Es como una pequeña joya.
Luego, al final del versículo 19, dice:
19b
Me llamaréis: Padre mío, (Jer. 3:19b)
Pero, ahora, ningún israelita en forma individual, jamás llamó a Dios “Padre”. Él era el Padre de
la nación, y Él llamó a la nación de Israel “Mi hijo”. Pero Él nunca llamó a David, Su hijo; lo llamó: David,
mi siervo. El nunca llamó a Moisés, Su Hijo; lo llamó: Mi siervo Moisés. Esto ocurre solamente en este
día de gracia en el cual vivimos. ¡Cuán maravilloso es esto, amigo oyente! ¡Cuán grande es el privilegio
que tenemos hoy! Mas a todos los que le recibieron, (es decir, a los que recibieron al Señor Jesucristo)
a los que creen en su nombre, – aquellos que recibieron a Cristo – les dio potestad de ser hechos hijos
de Dios; (Juan 1:12) aquellos que no hacen otra cosa sino confiar en Su nombre.
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Amigo oyente, ¿es Él su Salvador hoy? ¿Le ha salvado a usted del pecado? Si ha hecho esto,
usted entonces no solamente es un pecador salvado, sino que es un hijo de Dios, y ¡cuán maravilloso
es ser eso! Nuevamente Él dice en la primera parte del versículo 22:
22a
Convertíos, hijos rebeldes, y sanaré vuestras rebeliones. (Jer. 3:22a)
Dios les está diciendo que si ellos regresan a Él, entonces Él los sanará. Y en el versículo 23,
encontramos algo que también es mencionado en el Salmo 121. Por ejemplo aquí dice:
23
Ciertamente vanidad son los collados, y el bullicio sobre los montes; (Jer. 3:23a)
Y el Salmo 121, versículo 1, dice: Alzaré mis ojos a los montes. Esos eran los lugares altos. Y David
dice: “Ah, no, nunca se encuentra allí. Yo alzo mis ojos al Señor, la salvación viene de Él”. Eso es lo
que nos está diciendo aquí. Y luego, en el versículo 25, de este capítulo 3 de Jeremías, leemos:
25
Yacemos en nuestra confusión, y nuestra afrenta nos cubre; porque pecamos contra Jehová
nuestro Dios, nosotros y nuestros padres, desde nuestra juventud y hasta este día, y no hemos
escuchado la voz de Jehová nuestro Dios. (Jer. 3:25)
Ellos no confesaron su pecado; sin embargo, Jeremías lo confesó por ellos y por sí mismo. Amigo
oyente, no nos haría mucho daño el tener un poquito de esto, de confesar nuestras culpas, de confesar
nuestros pecados hoy, en lugar de estar diciendo: “¡Ah, yo tengo un don especial!” – o “¡Ah, yo soy un
súper santo!” O decir: “¡Dios me ha bendecido de una manera maravillosa!” Bueno, gracias a Dios si
Él le ha bendecido a usted de una manera maravillosa. Pero, ¿no le parece a usted, amigo oyente, que
usted no puede alcanzar la gloria de Dios por sus propios méritos? ¿Se ha acercado usted a Él y le ha
dicho que no puede alcanzar eso? Amigo oyente, necesitamos humillarnos un poco más delante de
Dios hoy, porque quizá Él se está preparando para hacer con nosotros como hizo con Israel. Y aquí
vamos a detenernos por hoy. Continuaremos, Dios mediante, en nuestro próximo programa. Hasta
entonces, pues, es nuestra oración, ¡que Dios le bendiga abundantemente!
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