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Unidad 3

Este documento resume el estado actual de la orientación en Europa y América Latina. En Europa, la orientación se enfoca en facilitar la movilidad de estudiantes y trabajadores a través del Centro Europeo para el Desarrollo de la Formación Profesional. Los sistemas de orientación varían entre países pero comparten un enfoque en las destrezas transferibles. En América Latina, la orientación busca responder a los desafíos de la internacionalización de la economía y el ajuste estructural mediante el fortalecimiento de las capacidades productivas.

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Unidad 3

Este documento resume el estado actual de la orientación en Europa y América Latina. En Europa, la orientación se enfoca en facilitar la movilidad de estudiantes y trabajadores a través del Centro Europeo para el Desarrollo de la Formación Profesional. Los sistemas de orientación varían entre países pero comparten un enfoque en las destrezas transferibles. En América Latina, la orientación busca responder a los desafíos de la internacionalización de la economía y el ajuste estructural mediante el fortalecimiento de las capacidades productivas.

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Unidad Temática 3 - El estado actual de la Orientación 

 El contexto europeo.
 Misiones y funciones del Centro Europeo para la Formación Profesional
(CEDEFOP).
 Contexto europeo en relación a la Orientación: Características de los
sistemas educativos y su articulación con la Orientación. Ejemplos de
diferentes países. Destrezas personales transferibles.
 El contexto latinoamericano de la Orientación: Características de los
sistemas educativos y realidades sociales. Ejemplos: México –
Argentina.

MIRTA GAVILAN: CAP 3 La transformación de La Orientacion Vocacional. Hacia


un nuevo paradigma.

- CONTEXTO EUROPEO

Europa tiene una fuerte tradición elitista en el ingreso universitario y una gran
aceptación con respecto a los estudios de orientación técnica por su posibilidad de
inserción en el mundo laboral. Pero a pesar de ello, en la actualidad el índice de
ingreso a la educación superior ha disminuido, y ha aumentado la demanda de otras
áreas educativas, en relación con la problemática de la reconversión laboral. Europa
ha tenido amplia cobertura en centros de orientación vocacional ocupacional dentro de
los sistemas formales de la educación y de los centros de ubicación y empleo. Es en
esos países donde se han gestado las organizaciones y asociaciones profesionales de
orientadores con el objetivo de fijar políticas, articular experiencias, proponer líneas de
investigación, realizar intercambio científico y bibliográfico, etc.
La orientación profesional recibe cada vez más atención en el contexto de la
instauración del Mercado Común Europeo. Uno de los objetivos de tal mercado único
es facilitar la movilidad de estudiantes, practicantes y trabajadores. Por lo tanto, éste
dio origen a la creación del Centro Europeo para el Desarrollo de la Formación
Profesional (CEDEFOP). Este organismo actúa como dinamizador y/o articulador de
todos los programas comunitarios de orientación profesional en marcha, a los que
brinda apoyo institucional y/o económico. Debido a los diferentes perfiles que tienen
los servicios de orientación y la formación de los profesionales, las autoridades de la
CEDEFOP encargaron a Watts la confección de los perfiles profesionales de los
consejeros de orientación de la Comunidad Europea. Como resultado de la
investigación se estableció que los profesionales y servicios se podían distinguir en
relación con tres puntos de vista: ubicación (sistema formal educativo; organismos
independientes gubernamentales y no; sistema de empleo), enfoque (orientación
pedagógica; profesional; personal y social) y financiamiento (administración central;
organismos regionales; organismos locales; seguros de empleo; instituciones
privadas). Los programas de especialización en orientación requieren diferentes áreas
de conocimientos tales como orientación, psicología (del desarrollo, diferencial, del
comportamiento del trabajo, social, de toma de decisiones), sociología, economía,
derecho y estadísticas. Por su parte, los valores cubiertos son: conocimiento de uno
mismo (de las necesidades, motivaciones, prejuicios); respeto por las diferencias; fe
en las posibilidades de mejora individual; profesionalidad; interés en relación con los
cambios socio-económico y frente a ideas y prácticas nuevas; compromiso con el
aprendizaje continuo y el perfeccionamiento profesional.
A partir de 2008, la crisis económica europea incrementó el riesgo social
especialmente en los jóvenes. Por eso se intenta reforzar la calidad del sistema de
educación y de formación profesional a los efectos de darles más posibilidades de
empleabilidad.

CASO SUIZA: está constituida por 23 estados que se agrupan en cantones, que
forman 3 áreas lingüísticas. Los estados tienen sistemas educativos diferentes,
aunque con similitudes. Los alumnos están alrededor de uno o dos años en el jardín;
entre cuatro y seis años en la escuela primaria; y terminan la secundaria a los 15 años.
Es ahí cuando comienza el proceso sistemático de orientación vocacional de un año
de duración. En ese proceso interviene un equipo interdisciplinario y se realizan
estudios completos con la intervención de numerosas variables tales como pruebas
pedagógicas, notas del año escolar y técnicas de exploración psicopedagógicas (test
de inteligencia, lenguaje, lógica, aptitudes y personalidad). Se realiza una media entre
las pruebas pedagógicas, las notas y las opiniones de maestros. De acuerdo con el
ranking resultante, los mayores puntajes pueden concurrir al modulo científico, cursan
clases en los liceos y luego entran en la universidad. Los puntajes más bajos van al
modulo técnico, cursan clases en escuelas técnicas y pueden finalizar los estudios en
institutos de especialización y/o universidades politécnicas, los cuales tienen muy buen
nivel de formación y son aceptadas por la comunidad y las empresas. Es decir que a la
corta edad de 15 años se debe decidir el futuro educativo de cada alumno. Por fuera
del sistema educativo, existen servicios de orientación profesional con dependencia
estatal que son gratuitos y abiertos a la comunidad, tanto para personas en el principio
de su formación como para los que necesitan una reorientación a lo largo de su vida.

CASO REINO UNIDO (Gran Bretaña) : su sistema profesional es probablemente el


más difícil de describir por la particular organización de las dependencias educativas
locales por municipio y distrito, característica que crea una gran diversidad de
formaciones curriculares. Fue en este país que empezaron a pensar que resultaba
necesario preparar a los jóvenes tanto para la vida activa como para el desempleo y
las incertidumbres que conlleva el futuro. Esto suponía asignar más importancia al
“cómo” y a la manera de aprender que a los propios conocimientos. Se argumentaba
que el conocimiento específico pronto pierde actualidad y el contexto en el que se
aplica cambia rápidamente. Las habilidades más valoradas en la vida industrial,
comercial y profesional son destrezas intelectuales y profesionales transferibles. Éstas
incluyen las habilidades para analizar asuntos complejos, identificar el núcleo de un
problema y el medio para resolverlo, hacer uso efectivo de la información, trabajar con
otros de modo cooperativo, y sobre todo comunicarse claramente. La importancia de la
educación superior no tendría que ser juzgada en términos de su contenido o por el
conocimiento que transmite sino por las destrezas que los estudiantes adquieren.
Tales destrezas no son compartimientos estancos sino que se transfieren a diferentes
quehaceres y actividades. Gran Bretaña es quizás el país donde más se ha
desarrollado la formación académica.
Los servicios de orientación vocacional tienen una gran tradición, pues actúan como
contenedores de las problematicas individuales, personales y familiares que trae
aparejado estudiar en lugares generalmente apartados de núcleo familiar. En este país
se cuenta con: servicios para la elección de carreras (dirigidos a sujetos de 14 a 18
años y dependen de las autoridades locales de educación); educación para las
carreras (dentro de las escuelas); servicios de consulta en orientación profesional
(dirigidos a sujetos de 18 a 21 años); agencias de colocación (para personas en edad
laboral); y servicios de orientación educativa para adultos.

CASO ESPAÑA: se deben tener en cuenta los objetivos de la Ley Orgánica de


Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE), aprobada en 1990. De esa
norma sobresale como rasgo distintivo el hecho de que la enseñanza es obligatoria y
gratuita hasta los 16 años, edad mínima legal para la incorporación al trabajo. El
sistema educativo, por su parte se divide en dos áreas: las enseñanzas de régimen
general (educación infantil, primaria, secundaria obligatoria, bachillerato y formación
profesional de grado medio, formación profesional de grado superior, y universitaria) y
las enseñanzas de régimen especial (enseñanzas artísticas tales como música, danza,
artes plásticas y diseño, y artes dramáticas; enseñanza de idiomas y técnicos
deportivos). Pero si bien hay una importante variedad de actividades y servicios de
orientación, Álvarez González afirma que se olvida que tales programas necesitan,
para su desarrollo, de los servicios sociales, de empleo, sanitarios, de formación,
rehabilitación, etc. que la LOGSE no tiene en cuenta. En cuanto a la acción tutorial, los
profesores-tutores no se han implicado todavía lo suficiente, quizás debido a que no
han recibido la información/formación apropiada, a que no se tiene la infraestructura
adecuada, o porque posiblemente no esté aun definido el modelo tutorial del centro. La
orientación española puede agruparse en tres subsistemas:
 Ámbito de la educación primaria y secundaria (orientación de las dificultades de
aprendizaje, y en menor medida orientación profesional y familiar)
 Ámbito de las universidades (orientación profesional: inserción laboral, gestión
de prácticas y bolsa de empleo; y en menor medida orientación académica y de
aprendizaje)
 Ámbito socio-laboral y de formación para el empleo (orientación profesional:
inserción y reinserción laboral; y en menor medida orientación para la gestión
de la carrera)

- CONTEXTO LATINOAMERICANO
En función de la cambiante realidad económica como consecuencia de la
internacionalización de la economía, el ajuste estructural y la mayor incumbencia del
sector privado, la orientación vocacional ocupacional debe responder a desafíos
urgentes. Siempre se le otorga a la educación un papel significativo en el proceso de
desarrollo, pues el fortalecimiento de las capacidades productivas de las personas se
ha vuelto algo crucial. Entre 1975 y 1983 la crisis produce un incremento de los índices
de repitencia y fracaso escolar. Son carencias materiales, culturales y educativas las
que afectan sobre todo a los sectores pobres, rurales y marginados urbanos. La crisis
genera un deterioro de la calidad de la educación, y a su vez la reducción del salario
docente provoca el abandono de la profesión de los más capacitados, ausentismo y
desmoralización. La educación superior en América Latina, tradicionalmente elitista,
sufrió grandes transformaciones desde los años 70, sobre todo a partir de la
masificación. A partir del 2000, la tendencia general fue un aumento en el gasto
público con especial referencia a educación. Sin embargo, países como Brasil,
Argentina y México, que aumentaron sus recursos, se encuentran por debajo de los
resultados esperados en cuanto a la calidad educativa.
Los pedagogos modernos opinan que la escuela se entiende como agente que difunde
contenidos obsoletos frente al dinamismo de los medios de comunicación y sus
valores consumistas provenientes del mundo desarrollado. Las nuevas condiciones
implican la necesidad de nuevas intervenciones, nuevas concepciones sobre las
capacidades y habilidades que se necesitan para trabajar. Se trata de un proceso que
requiere adaptabilidad y ajuste de calificación por parte no solo de los trabajadores
sino también de las empresas. La nueva modalidad de empleo genera una nueva
manera de entender la carrera desde el punto de vista objetivo: el empleo estable,
asalariado y con funciones profesionales delimitadas, está siendo reemplazado por
formas más flexibles que no garantizan seguridad laboral a largo plazo. Esto trae
aparejada la idea de que un aprendizaje de por vida necesita una orientación de por
vida, un asesoramiento que permitiría capacitar a las personas para las nuevas
necesidades, facultándolas para lograr un equilibrio entre la vida, el aprendizaje y el
trabajo. La orientación para la carrera debe entenderse como un proceso permanente:
se debe considerar el concepto personal y otorgar a la persona una identidad social
significativa que le permita desempeñarse productivamente dentro de la comunidad y
por lo tanto ser auto-suficiente, exitoso, preparado para lidiar con situaciones
cambiantes, estable y sano.
Podemos sintetizar en cuatro factores aquello que debe ser abordado si se quiere
mejorar la acción de la orientación. En primer lugar, sus situaciones socioculturales tan
disimiles hacen que se elaboren estrategias de orientación en permanente
contradicción. Es decir, en la esfera política Latinoamérica no es una unidad compacta
con los mismos intereses, y la búsqueda debería apuntar a un criterio unificado sin
perder la diversidad y diferencias. La orientación debe considerarse como prioridad
institucional en todos los niveles de educación, y por eso debe ser abordada como
política pública. Otro factor es entonces la esfera institucional, representada por la
escuela como sitio donde se desarrolla la práctica orientadora. Ésta, actualmente,
conserva y reproduce las contradicciones y desigualdades que quiere eliminar, de
modo que es urgente diseñar acciones tendientes a mejorar su funcionamiento.
Además, no se cuenta con una adecuada formación en orientación, siendo en general
una función llevada a cabo por psicólogos.
La esfera fundacional tiene que ver con que las teorías que sustentan la práctica son
importadas de otros países y culturas, pero afortunadamente ya se han estado
desarrollando iniciativas que van consolidando una praxis más adecuada a nuestra
idiosincrasia. Un aporte que podemos rescatar es de Lessire y González, quienes
definen a la orientación como una actividad cuyo fin es apoyar al individuo a analizar
sus necesidades y diagnosticar sus posibilidades para construir su proyecto de vida,
acompañándolo con la intención de garantizar su adecuación al contexto histórico y
cultural en el que le toca desenvolverse. Otra consideración importante se relaciona
con otros ámbitos de desempeño: la orientación ha evolucionado desde lo laboral
hacia lo escolar y ahora hacia la acción social y comunitaria, ampliando la
responsabilidad de la función orientadora a otros actores. Las cuestiones relacionadas
hoy con la orientación son más amplias que simplemente el desarrollo de una carrera
en el sentido tradicional de progreso en la propia profesión, y esto se debe a que en el
contexto actual la actividad laboral alcanza su significado para el individuo solo en
relación a sus otras actividades y roles.
Por último, en relación a los destinatarios de la orientación, nos encontramos en
Latinoamérica con un conjunto diverso cuyas necesidades deben ser tomadas en
cuenta. La orientación no trata solo lo relacionado con el rendimiento estudiantil y la
adaptación social sino que también debe incluir aspectos tales como la inclusión
social, el fortalecimiento de la democracia, la promoción de los [Link], la cultura de la
paz, el impulso económico con igualdad de oportunidades.

CASO MÉXICO: presenta una gran fractura sociocultural que separa dos grandes
grupos sociales, realidad que denota desigualdad social y por ende educativa. Los
factores constitutivos de la pobreza (desnutrición, problemas de salud, ambiente
familiar poco propicio para el aprendizaje) han incidido en el analfabetismo que posee
México. No obstante estas dificultades, es uno de los países con mayor número de
opciones para el joven que egresa de la escuela. La diversidad sociocultural y
económica da lugar a una gran demanda de estudios post secundarios diversificados.
En relación a la orientación, en 1952 el sistema educativo nacional estableció el
Servicio de Orientación Educativa Vocacional en escuelas secundarias, cuyo objetivo
era ayudar a los estudiantes en problemas de estudios, personales y sociales. Este
servicio sobrevivió en algunas escuelas pero en otras desapareció totalmente. Hasta
comienzos de los 90 la información vocacional impartida por los maestros del ciclo
básico, sin formación ni especialización, era llevada adelante como una tarea colateral.
Tras la reforma educativa, se mejoraron las condiciones tanto para docentes como
para alumnos, pero los orientadores están desbordados por la cantidad de tareas que
deben absorber si quieren dar respuesta a las problemáticas psicosociales presentes
en grandes poblaciones escolares a fin de disminuir la deserción escolar.

CASO ARGENTINA: si bien su sistema educativo responde a lineamientos


nacionales, en la práctica está descentralizado, puesto que la implementación
depende de cada provincia. Hasta 2006 no habían existido reales políticas de
orientación, solo ciertas aproximaciones y experiencias desde diferentes unidades
académicas libradas al interés o voluntad de quienes, con distintas formaciones y
aportes disciplinarios, trataban de dar respuestas a las demandas de la población
escolar. Era en el nivel polimodal donde se incluía la temática de la orientación, un
ciclo organizado en dos niveles: formación general (para profundizar la escolaridad
básica y servir de fundamento a los estudios superiores y al trabajo) y formación
orientada (dirigida a determinadas áreas de conocimiento y del quehacer productivo,
que no operaban como especializaciones para puestos de trabajo sino como
impulsoras del desarrollo de capacidades que les permitían a los sujetos actuar en
amplios campos de la vida laboral). Pero los objetivos se fueron desvirtuando a través
de orientaciones muy dirigidas y fuera del contexto interdisciplinario, de la tecnología y
del campo laboral actual.
A partir de 2006 el sistema educativo argentino se rige por la Ley Nacional de
Educación 26.206/06, que establece los siguientes niveles en su estructura: educación
inicial, primaria, secundaria y superior (universitaria y no universitaria). Asimismo se
establecen ocho modalidades: educación técnico-profesional, artística, especial,
permanente de jóvenes y adultos, rural, intercultural bilingüe, en contextos de privación
de libertad, y hospitalaria/domiciliaria. Buenos Aires sancionó en 2007 la Ley de
Educación Provincial 13.688 siguiendo los lineamientos de la nacional. El nivel
secundario adquiere una duración de 6 años y constituye una unidad pedagógica y
organizativa comprendida por una formación de carácter común y otra orientada que
responde a diferentes áreas de conocimiento, del mundo social y del trabajo. El
conjunto común de saberes y campos de conocimiento asegura que, en cualquier
orientación o modalidad, los contenidos considerados imprescindibles o relevantes
sean enseñados en todas las escuelas. En 2014 se empieza a relacionar la orientación
con la educación y el trabajo, tratando de promover la construcción de proyectos de
vida y considerando a las instituciones educativas como escenario privilegiado para el
desarrollo de proyectos relacionados con el mundo del trabajo. Pero esto se quedaba
en cuestiones teóricas y no brindaba estrategias metodológicas para llevarlas a cabo.
Para sintetizar, en el Congreso Iberoamericano de Orientación (2003) las primeras
aproximaciones indican que no hay políticas sistemáticas de orientación vocacional; no
hay recursos disponibles para esta área profesional, siendo la capacitación profesional
algo personal; en la mayoría de las escuelas no existe el cargo de orientador; la
mayoría de las actividades de OV que se realizan corresponden a las tareas
tradicionales de la orientación y generalmente se concretan en el último periodo de la
escuela media. Además, no hay una verdadera articulación con los otros campos
(salud, trabajo, políticas sociales).
Como conclusión, el comun denominador en el contexto latinoamericano es la
ausencia de politicas sistemáticas de orientación, y si bien estan incluidas en los
fundamentos de las politicas educativas, no se brindan recursos económicos para la
designación de personal experto ni se capacita al existente, además de haber una
verdadera articulación con los otros campos y limitarse a una orientación solo dentro
del sistema educativo formal.

GONZALEZ JULIO. La Orientacion en America Latina. Consideraciones


generales acerca de los criterios de Coherencia, Cooperacion y Calidad.

La orientación en America Latina, como campo de formación profesional y en


comparación con Europa y EE UU, es una actividad de reciente aceptación en los
medios académicos. La m,isma se ha caracterizado por una constante evolución en su
afán de adaptarse a los nuevos cambios y transformaciones sociales, politicas y
económicas que se suceden en el continente latinoamericano.
Tal como lo expresa Gonzalez en America Latina se pueden reconocer, en estos
momentos, por lo menos cuatro grupos de factores o elementos que deberían ser
abordados si se quiere mejorar la acción de La Orientacion.

Esfera política:  América Latina no es una unidad compacta con los mismos
intereses, y existen bloques de países que presentan una configuración sociopolítica
diferente. Es necesario avanzar con un criterio unificado pero manteniendo nuestra
diversidad y diferencias.

Esfera institucional:  la representa la escuela, como sitio desde donde se desarrolla


la práctica orientadora. Mora ha enfatizado que la escuela actual en vez de liberar y
transformar;  domina, conserva y  Reproduce Las contradicciones y las desigualdades
que desea eliminar. por consiguiente, es prioritario diseñar acciones tendientes a
mejorar el funcionamiento de la escuela como institución formadora de la Juventud.

Esfera fundacional: las teorías que sustentan nuestra práctica profesional están
fundamentadas en modelos importados de otros países y culturas, pero ya
afortunadamente, se han estado desarrollando iniciativas que van consolidando una
praxis más adecuada a nuestra idiosincrasia y menos dependiente a los patrones
eurocentristas de la orientación.

Esfera relacionada con los destinatarios de la orientación: América Latina no es


un conjunto uniforme, Por consiguiente urge tomar en cuenta las necesidades de los
diversos conglomerados Al momento de elaborar los planes de acción de la función
orientadora.

Dimensión política pública

A pesar de que una de las debilidades de la orientación como actividad profesional es


la ausencia de políticas públicas eficaces que hagan más efectiva la implementación
de servicios destinados a la mayoría de la población, es justo reconocer que se están
haciendo esfuerzos para mejorar esta deficiencia.
 en la mesa técnica realizada en el marco del día latinoamericano de Los profesionales
de la orientación, en Venezuela,2008, Se acordaron las siguientes propuestas:

1 La orientación, debe ser considerada como un sistema y concebida como un


proceso continuo, Planificado, integral, intertras disciplinario  e integrado que permita
ofrecer a los ciudadanos, a lo largo de toda su vida y desde el sistema educativo, la
posibilidad de Desarrollo personal social, de prevención y el manejo adecuado de
conflictos y situaciones de riesgo de forma democrática, participativa y Autónoma para
el bienestar social.

2  la orientación debe ser considerada como prioridad institucional en todos y cada uno
de los niveles y/o subsistemas de educación, Y por consiguiente debe ser abordada
como política pública del estado.

Dimensión contextual (formación del orientador y escenarios de acción)

En la mayoría de los países de América Latina no existe una carrera de grado o


licenciatura en orientación, salvo contadas excepciones como Venezuela y Costa Rica.
En la generalidad de los países Esta función es llevada a cabo por psicólogos.
 una de las variables que se está considerando lo constituye el criterio de flexibilidad,
enfocado hacia el cambio en la forma como se transmite, instituye, organiza y
administra el conocimiento, fomentando la autonomía con el autoaprendizaje, la
creatividad, la autorregulación, y la libertad de acción en tiempo, lugar y forma.
La segunda propuesta tiene que ver con  entender que la orientación debe ser
concebida desde una perspectiva educativa,  preferiblemente desde los enfoques de
Educación para la carrera y el enfoque histórico cultural del desarrollo humano 
(autodeterminación)  Más que desde los enfoques psicológicos (conductistas,
factoristas y centrados en la personalidad).

Dimensión organizacional (provisión del servicio)

Siempre se ha manejadoLa idea de que la orientación se realiza en la escuela como


institución educativa, o desde una institución de enseñanza superior o de educación
media. en este sentido se ha establecido que en cada institución educativa primaria y
secundaria debe existir un orientador, o departamento, que se encargue de coordinar,
con los docentes y los padres, todo lo relativo con la función orientadora.  esto que al
parecer resultaría ideal, no se ha podido establecer en forma definitiva. en el caso de
las instituciones de educación superior, casi todas las universidades cuentan con un
servicio de atención estudiantil, donde se les brinda servicios de orientación
vocacional. en el presente, también se prevé diseñar algún mecanismo que permite
incluir la comunidad dentro de la función orientadora.

Dimensión metodológica (práctica de la orientación)

En estos momentos existe en América Latina, todo un movimiento por reformar lo


relacionado con la práctica de la misma. En este sentido se han elevado voces que
manifiestan la necesidad de repensar y redefinir la teoría y práctica de la Orientación.
Una de ellas es Vilera (2004), quien desde Venezuela, establece que ese repensar la
orientación equivale a revisarla desde una perspectiva transdisciplinaria y plantea
además la búsqueda de nuevas teorías, modelos o enfoques que permitan el abordaje
de los nuevos panoramas culturales que son tan cambiantes en la actualidad. Por otro
lado sugiere que la Orientación no trata solamente lo relacionado con el rendimiento
estudiantil y la adaptación social, sino que también debe incluir otros aspectos tales
como “…inclusión social, fortalecimiento de la democracia y el estado de derecho,
promoción de los derechos humanos, la restitución de la vida pública con deberes y
derechos, la cultura de la paz, el impulso económico con igualdad de oportunidades, la
participación ciudadana activa en procesos culturales locales, regionales y nacionales”
(p. 3). También desde Venezuela, Vera (2003) sugiere la necesidad de que para
mejorar la práctica de orientación se debería ir pensando en la posibilidad de
desarrollar una pedagogía formal para la formación de los orientadores más adecuada
a nuestras características e idiosincrasia.
Otra reflexión importante relacionada con la práctica de la Orientación proviene de
Argentina, en el planteamiento de Rascovan (2004) cuando sugiere “deconstruir uno
de los conceptos más fuertes que instituyeron los discursos y las prácticas de la
orientación vocacional desde una perspectiva clínica….Este concepto es el de
Identidad Vocacional” (p.3). También desde este país, Gelvan (2006) nos recuerda
que aquel discurso donde le decíamos a los jóvenes que: serás lo que has resuelto
ser, ya parece no tener vigencia, porque las elecciones de vida, hoy en día, están
condicionadas “a las posibilidades que cada uno tiene en su propia familia, clase social
y patrones de cultura…” (p. 45)
Desde México, López (2004) plantea la necesidad de abandonar el modelo
desarrollista el cual sólo pretende convertir a la Orientación “…en un instrumento al
servicio del aparato productivo.” (p.3), para que de esta forma los individuos estén a
disposición del desarrollo económico que decidan los gobernantes de turno en el país
respectivo.
Desde Chile, Olivera (2004) enfatiza la idea de que los cambios no pueden darse sólo
con cambio de actitudes y el diseño de nuevos roles técnicos. La Orientación requiere
generar personas con “conciencia crítica, autoreflexivas, emancipadoras, centradas en
la acción cotidiana” (p.2).
Finalmente, desde Uruguay, Hansen (2006), nos aporta la idea de que la Orientación
Educativa sobrepasó la concepción de la adaptación a la vida escolar y puntualiza en
la idea que más que ayudar a tomar decisiones, la orientación debería basarse en
cómo elaborar una construcción continua de opciones de trabajo y de vida.

C. Conclusiones
La principal conclusión que se puede formular en este tópico de la Orientación en
América Latina se relaciona con el hecho de que en atención a los criterios de
Coherencia, Cooperación y Calidad, se están haciendo esfuerzos combinados y
sostenidos para lograr que se cumplan con los criterios formulados.
En cuanto a la coherencia puede afirmarse que existen propuestas serias en cuanto al
establecimiento de un sistema de orientación que se inicie desde el preescolar y que a
través de un proceso de acompañamiento se puede llegar hasta la educación superior,
incluso, tratando de atender a la población estudiantil en la consecución de su primer
empleo. De la misma manera se está tratando de desarrollar y fortalecer una
estructura teórica fundacional que establezca, articule y aplique los principios teóricos
básicos para que la orientación tenga un mejor sentido de pertinencia con la realidad
latinoamericana.
En cuanto a la cooperación también se están haciendo denodados esfuerzos para
establecer y fortalecer una concepción de cooperación inter-transdisciplinaria entre las
disciplinas afines a la Orientación, lo cual permitiría la consideración del sujeto de la
orientación desde una forma integral; y también se están haciendo esfuerzos en la
búsqueda de la cooperación entre los actores fundamentales en la función
orientadora, tales como la escuela, los padres, los docentes, los pares y la comunidad,
ampliando la responsabilidad de la función orientadora a otros actores, además del
profesional de la orientación propiamente dicho. Para quien, dicho sea de paso, deben
reformularse planes de formación más acordes con los tiempos actuales.
En relación a los criterios de calidad de la orientación, se están realizando iniciativas
tendientes a formular los criterios básicos de calidad que deben existir entre los
profesionales de esta disciplina. En este punto, tomando en cuenta el mundo
globalizado en el cual se vive, en los actuales momentos se están reconsiderando las
competencias profesionales sugeridas por la Asociación Internacional para la
Orientación Educativa y Vocacional y tratando de ampliarlas para que den cobertura a
aspectos esenciales, que por asuntos culturales no son considerados en la forma
debida.
GUICHARD,J (2006). Marcos teóricos para las nuevas tareas en orientación y
guía sobre carreras.

Las intervenciones para el desarrollo personal y de carrera guía, orientación o


educación, tienen como objetivo ayudar al individuo a encontrar su respuesta personal
a esta cuestión.
Cuatro representaciones colectivas desempeñan un rol fundamental sobre la
formación en que la problemática del desarrollo personal y de carrera se desarrolla en
las sociedades industriales contemporáneas: un modelo individualista de sociedad, la
concepción del individuo como ser autónomo y responsable de lo que hace consigo
mismo, la importancia de una carrera de autorrealización, y la incertidumbre en cuanto
al futuro.
Nosotros concebimos al individuo como a un sujeto autónomo que es responsable de
sus elecciones. consideramos que él puede ser asistido en este proceso, pero no
creemos más que este consejo puede adquirir la cualidad de directiva, tal como fue
descrita por parson en 1909.  nos sentimos inseguros en cuanto a los que nos depara
el futuro. más del 50% del empleo creado en Europa es precario. Por lo tanto, las
intervenciones para el desarrollo personal y de carrera están dirigidas al individuo que
pertenece a la sociedad individualista actual, vive concentrado en el curso de su
carrera, pero que se siente inseguro frente al futuro.
En nuestra sociedad, para un gran número de individuos su profesión tiene un rol
central en  sus vidas.  Pero, no obstante, esta no constituye su única actividad o rol. 
para otros individuos la situación es diferente y las actividades extra profesionales son
centrales.  No obstante, en todos los casos, las actividades laborales encuentran su
significado solo en relación a las otras actividades y roles. En algunos casos, los
individuos valoran más lo que hacen en su trabajo;  en otros, sucede lo contrario. por
consiguiente, no es posible limitar la tarea orientadora a la elección de una carrera.
 La pregunta científica que a mi juicio nos permite mejor describir las cuestiones
sociales en el desarrollo personal y de la carrera que existe hoy es:  Cuáles son los
factores y procesos involucrados a la autoconstrucción a lo largo de toda la vida?.
 El término autoconstrucción es más adecuado porque el término desarrollo connota la
idea de desplegar algo que ya está allí, ensobrado, cuando las condiciones sean
favorables. por el contrario, construcción, con nota la idea de una evolución que
depende de los contextos y eventos que surjan.
 a fines de describir los factores y procesos de autoconstrucción el autor considera
necesario articular tres proposiciones amplias que pueden ser calificadas como
sociológica, cognitiva y dinámica:

Proposición sociológica: La autoconstrucción se produce en contextos sociales


particulares. Cada sociedad ofrece categorías sociales en las que cada individuo
puede reconocerse a sí mismo y a los demás.

 Proposición cognitiva: los individuos construyen estructuras cognitivas que le permiten


organizar su concepción de los demás y construirse a sí mismo. estas estructuras
pueden denominarse estructuras de identidad (cognitivas).  las estructuras cognitivas
son un conjunto  de atributos, que poseen valores por defecto. los valores por defecto
de los atributos de las estructuras de identidad son los estereotipos sociales. por
ejemplo: un valor por defecto masculino, dado el atributo género para la estructura de
identidad de ingeniero.

 Proposición dinámica: la conducta humana no puede reducirse a una simple


reproducción de comportamientos internalizados (modelos) aprendidos en
experiencias previas.
JENSCHKE, B (2004). Orientación para la Carrera. Desafíos para el nuevo siglo
bajo una perspectiva internacional

La conferencia estuvo dedicada a cuestiones claves sobre los desafíos reales en todas
las sociedades, independientemente de sus niveles de desarrollo, y a cómo la
comunidad internacional de orientación maneja estos desafíos. trata la importancia de
la orientación en una sociedad cambiante.

 Cambios globales y la importancia preponderante de la orientación

Frente a los enormes cambios y a las consecuencias de la globalización a principios


del nuevo milenio, y sus impactos en la vida social y humana, surge una necesidad
urgente de repensar la orientación y el asesoramiento.
Las consecuencias de estos cambios globales, no son solo cambios en las
calificaciones requeridas, sino también, al mismo tiempo, un crecimiento de la
incertidumbre y la dislocación de la gente que llama a la asistencia a través de la
orientación y el asesoramiento personalizado.
 La transición de la escuela al trabajar determina las posibilidades con las que cuenta
una persona para escapar de la pobreza y abrir perspectivas positivas de vida futuro.
por lo tanto, la lucha contra el desempleo juvenil es un objetivo público principal y la
orientación para la carrera es el mejor medio para apoyarlo.  (transición escuela
trabajo)

Un aprendizaje de por vida necesita una orientación de por vida

Dentro de este contexto, una de las tendencias económicas y sociales más


importantes es la creciente inclinación hacia una sociedad basada en el conocimiento,
Qué trae consigo la necesidad de crear educación y formación dentro de un sistema
de aprendizaje permanente, para ofrecer a Cada ciudadano facilidades de aprendizaje
que le permitan adaptarse a lo último en materia de conocimiento y capacidades.
 La orientación y el asesoramiento adoptan un rol crucial al capacitar a las personas
para las nuevas necesidades de aprendizaje, facultándolas para lograr un equilibrio
entre la vida, el aprendizaje y el trabajo.
El manejo y la adaptación a los cambios que sobrevengan será también uno de los
principales objetivos de la orientación. En este sentido, la UNESCO también considera
la orientación como un proceso continuo que acompaña un viaje de aprendizaje que
dura toda la vida, con muchos caminos, umbrales, barreras y posibilidades.

Una nueva manera de entender el desarrollo de la carrera

La nueva modalidad de empleo genera una nueva manera de entender la carrera


desde el punto de vista objetivo. El empleo estable, asalariado y con funciones
profesionales perfectamente delimitadas, está siendo reemplazado por formas más
flexibles que no garantizan una seguridad laboral a largo plazo.
La carrera debe entenderse como una estrecha conexión entre la vida y el trabajo, y la
planificación de la carrera está vinculada con la planificación de la vida o mejor dicho,
su administración.
El desarrollo de la carrera debe combinarse con la planificación total de la vida. La
orientación y el asesoramiento deben apoyar el desarrollo de las capacidades de
planificación de la vida, que preparan a las personas para lidiar con situaciones de
vida permanentemente cambiantes a nivel social e individual. En la elección de la
carrera o del trabajo, se debe considerar el concepto personal y otorgar a la persona
una identidad social significativa, que le permita desempeñarse productivamente
dentro de la comunidad y, por tanto, convertirse en un ser autosuficiente, satisfecho,
estable en el plano personal.
 el desarrollo de la carrera debe entenderse ahora como un proceso de aprendizaje
experimental que evoluciona a lo largo de nuestras vidas y combina,  según Watts, 
tres áreas principales:

 Una conciencia de sí mismo prepara y ayuda a los individuos a desarrollar


valores personales, seguridades, potenciales y aspiraciones que llevan al
desarrollo propio para construir el significado personal de una vida valorada y
satisfactoria, Y posibilite un equilibrio entre el trabajo y los otros roles de la
vida.
  una conciencia de las oportunidades que permite Identificar y analizar las
oportunidades disponibles de empleo, educación y formación, evaluarlas de
acuerdo a los objetivos personales de vida y a las posibilidades de acceso a las
mismas.
  el aprendizaje de transición y decisión construye la capacidad del individuo de
transferir sus conocimientos para poder lidiar con situaciones de vidas
[Link] desarrollo de la carrera es el proceso de manejo del
aprendizaje y del trabajo en el transcurso de la vida.

 Los objetivos de la AIOEP Para mejores servicios de orientación alrededor del mundo

La AIOEP Adoptó la declaración sobre orientación educativa y profesional para


establecer claramente cuáles aspectos de los servicios de orientación y asesoramiento
son esenciales para alcanzar las necesidades de Desarrollo personal, social y
económico; además de alentar un desarrollo sustentable y Pacífico de una sociedad
basada en el conocimiento. Este es el reconocimiento de la asociación sobre la
importancia de la calidad, en el cual demuestra su rol crucial y liderazgo internacional
en la comunidad de orientación internacional:

 Cada persona, sin distinción de género, educación, raza, religión o estatus


ocupacional, debería tener acceso fácil y gratuito a una orientación educativa y
profesional, para poder Identificar y desarrollar sus capacidades y habilidades
individuales, que le permite encontrar una educación adecuada, formación
profesional y empleo, para adaptarse a situaciones individuales y sociales
cambiantes Y para participar plenamente en la vida social y económica de su
comunidad.
  asistencias a grupos especiales, es decir, personas con discapacidades y
desventajas sociales, deben recibir un asesoramiento para la carrera que
emplee métodos apropiados y considere sus necesidades particulares y
requerimientos de comunicación.
  Los profesionales que brindan los servicios de orientación vocacional y
educativa deben satisfacer normas de calidad reconocidas en cuanto a la
formación de los consejeros y al desempeño de sus funciones.
  los servicios que se proporcionan deben garantizar imparcialidad y
confidencialidad y deberían actuar solamente con la participación voluntaria y
activa de sus clientes.
  todo aquel Que necesite y desee orientación educativa y profesional debería
tener acceso a ella, basada en sus necesidades y circunstancias y
proporcionada por un orientador profesional reconocido y competente, cuya
profesión esté fundada en el respeto por la dignidad humana y por los
diferentes modos de vida entre las comunidades.

Todos los orientadores educativos y profesionales deberían tener competencias


específicas y participar continuamente en programas de desarrollo profesional para
mejorar sus habilidades y mantener sus conocimientos profesionales actualizados.

CEDEFOP (2010) Modernizacion de la formación profesional: cuarto informe de


investigación sobre formación profesional en europa

El informe se basa en las aportaciones de distintos investigadores, integrando las y


completandolas con investigaciones adicionales, para así documentar, debatir y
analizar el contexto socioeconómico y el proceso de reforma de la formación
profesional.
 A través de los informes se demuestra la importancia de la formación profesional para
sostener el desarrollo económico, fomentar el envejecimiento activo, adecuar la oferta
de competencias, estimular la capacidad de innovación empresarial, promover el
crecimiento y la productividad, combatir la exclusión social y aumentar la cohesión
social.

MONTSERRAT ISASA, CARBAJAL ARREGUI MIGUEL. ABORDAJE PREVENTIVO


DE LA ORIENTACION EDUCATIVA Y VOCACIONAL EN URUGUAY.
Resumen

El presente trabajo tiene como finalidad destacar el papel de la orientación educativa


y vocacional en la prevención de la salud. Para comenzar, se contextualiza la
orientación educativa y vocacional en América Latina, localizando brevemente su
recorrido en el Uruguay. En base a esta información y datos sobre los adolescentes
uruguayos se justifica la necesidad de espacios grupales de orientación que se
desarrollen en las entidades de salud pública y privada, en el marco del Sistema
Nacional Integrado de Salud.
La pandemia del COVID-19 llegó a América Latina en los primeros meses de 2020.
Los dispositivos de orientación educativa originalmente diseñados para el trabajo
presencial migraron hacia las plataformas digitales que habilitan un trabajo remoto. En
la región coexisten diversos enfoques teóricos y propuestas metodológicas, a pesar
de dicha diversidad, los países comparten una realidad preocupante: el acceso a la
orientación y educación remotas ha sido desigual.
Una de las medidas generadas por la emergencia sanitaria para evitar los contagios
ha sido suspender la asistencia a clase de niños, adolescentes y jóvenes. Los intentos
de las instituciones educativas por acercar virtualmente a los alumnos para que
continúen sus procesos de aprendizaje han tenido resultados heterogéneos. Los
efectos de la desigualdad socioeconómica también se han manifestado en un acceso
desigual a esos espacios de aprendizaje y orientación remoto, que tuvieron una mayor
presencia entre los alumnos de capas medias o altas de la sociedad.
El presente trabajo fue elaborado en un tiempo en el que ni siquiera era posible
anticipar una coyuntura como la que se vive en el primer semestre de 2020. En el
mismo se trabaja sobre la orientación en la región, se reflexiona sobre la necesidad de
una universalización de los espacios de orientación y se plantea una estrategia
posible para ampliar su cobertura en Uruguay, debido a las características del sistema
de salud de dicho país. Si hay algo que se confirma en la presente coyuntura es que
uno de los principales desafíos de la región es la generación de un conjunto variado
de dispositivos que, en forma articulada, colaboren para una universalización de la
orientación.
La Orientación en América Latina y Uruguay

En América Latina, la orientación educativa se ha ampliado y complejizado, por ese


motivo se requiere de una constante actualización (Carbajal, 2018; Gavilán, 2016). La
relevancia de su campo profesional se puede observar en países como Argentina,
Brasil,
Colombia, Costa Rica y Venezuela, algunos de ellos han incorporado a la orientación
en sus Constituciones Nacionales y Leyes Orgánicas (González Bello, 2007).
La cantidad de orientadores profesionales se incrementó en la últimas décadas y
éstos trabajan en organizaciones estatales, no gubernamentales o en el ámbito
privado (González Bello & Ledezma, 2009). Los orientadores provienen de la
educación, psicología, sociología y trabajo social, entre otras disciplinas (González
Bello, 2014). Julio R. González Bello (2014) señala dificultades y logros en el terreno
de la orientación. Un logro es que los orientadores han incorporado a su agenda,
temáticas como derechos humanos, justicia social y democracia. Además se observa
un avance en la construcción de enfoques teóricos latinoamericanos, que se nutren
de la investigación. Dentro de las dificultades González Bello (2014) señala la
diversidad de enfoques prácticos aplicados y la variedad de terminología utilizada en
relación a la orientación, lo que da cuenta de la necesidad de aunar conceptos e
integrarlos en el marco de la producción académica que se genera (González Bello,
2007).
En Uruguay el recorrido de la orientación se encuentra ligado a desarrollos en los
campos de la psicología y la educación. Las propuestas que se generaron para el
trabajo con adolescentes y jóvenes provinieron de esos contextos.
El primer antecedente a nivel de la formación de los orientadores, se encuentra en los
años 60 en la licenciatura de Psicología de la Universidad de la República. Luego,
ésta fue intervenida y cerrada por la dictadura militar. La formación se retomó a nivel
privado y, en la década del 80, se abrieron nuevamente los espacios públicos para la
formación. Actualmente, dicha formación se realiza en el marco de las licenciaturas en
Psicología en la Universidad Católica y en la Universidad de la República, mediante
cursos que son de carácter optativo. En 2016, se conformó la Red de Orientadores del
Uruguay (ROU) que fue englobando el conjunto de espacios estatales y privadas
donde se establecen dispositivos de orientación educativa y laboral para adolescentes
y adultos.
En el país no hay políticas públicas que integren a la orientación educativa y
vocacional, dentro de su agenda. A nivel de la educación pública (primaria, secundaria
y enseñanza técnica) las acciones tienen una cobertura insuficiente y en la educación
privada son muy heterogéneas (varían el marco teórico, la metodología y los énfasis)
(Carbajal, 2014). En espacios comunitarios, financiados por el Estado, se desarrollan
programas de formación socioeducativa y sociolaboral de adolescentes, jóvenes y
adultos que han abandonado el sistema educativo. Hay programas coordinados por el
Programa de Apoyo al Aprendizaje (PROGRESA - UdelaR), que incluyen espacios
grupales de orientación para adolescentes y jóvenes privados de libertad; espacios
de información educativa y formación de tutores para acompañar el tránsito educativo
de los alumnos. Además, hace aproximadamente 10 años se desarrolla el Programa
Uruguay Estudia (PUE-MEC) que facilita información sobre opciones de estudio en el
país y establece una serie de dispositivos para la culminación de los estudios de
jóvenes y adultos. Asimismo, se organiza anualmente una feria itinerante (Expo
Educa) en Montevideo y algunas ciudades del interior, donde se presenta la oferta
educativa nacional a nivel público y privado. La misma es organizada por varios
organismos del Estado.
Mirta Gavilán (2017) propone que la orientación educativa y vocacional se conciba
como un proceso unificador en el transcurso de la vida. Para la autora, la prevención
es entendida como la capacidad de anticipación mediante diversas estrategias para
afrontar situaciones de daño y poder tener la habilidad, conocimientos y valores que
permitan evitar o reducir dicho perjuicio. En este sentido, M. Carbajal (2016, 2018)
plantea que los objetivos de la orientación a nivel preventivo se vinculan con la
promoción de las capacidades de aprender y elegir, con el foco puesto en la
autonomía de los individuos. Asimismo, plantea que los espacios de la orientación
deben ser universales y abarcar todas las etapas vitales, desde la infancia a la vejez.
Martha Rodríguez Villamil (2001) fue pionera en el país al señalar que la orientación
vocacional se debe apoyar en la salud y la educación, aunque las políticas de
apertura de espacios de orientación sólo se enfocaron en el campo de la educación.
Asimismo, la autora destaca la necesidad de acciones vinculadas con la orientación
vocacional, que debe ser para ella considerada como un tema de salud mental. Las
políticas sociales deben tener como eje rector el sector salud, y este debe coordinar
intersectorialmente salud, educación y trabajo (Rodríguez Villamil, 2001). En la misma
línea, Gavilán (2017) sostiene que la orientación podría ampliar su inserción en la
sociedad a través de la salud, la educación, el trabajo, las políticas sociales, entre
otras. Señala que la persona que opta por un proyecto educativo, laboral o recreativo,
al elegir siente confianza, seguridad e independencia, y de esta forma se aleja de
conductas dependientes, depresiones o aislamientos psicosociales. El hecho de
poder elegir un ámbito educativo y/o laboral permite “ensayar otras elecciones, de
amigos, parejas, participación comunitaria, etc.” (Gavilán, 2017: 164).

Los adolescentes uruguayos: educación y participación en el sistema de salud


A continuación se presenta la situación de los adolescentes uruguayos, en aspectos
vinculados con la educación y salud que pueden ser considerados importantes para
pensar acerca de la pertinencia de propuestas de orientación que se encuentren
ancladas en el sistema de salud.
Según los datos del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEEd, 2017), el
egreso a nivel de educación primaria es casi del 100 %. A medida que los alumnos
avanzan en el tránsito educativo se identifican dificultades. A los 13 años, el 29 % de
los adolescentes cursa con rezago educativo o abandonó el sistema educativo. La
situación educativa de los adolescentes de 17 años se divide casi en tercios: el 34 %
cursa el nivel esperado, el 39 % está rezagado, el 27 % no estudia. Entre los jóvenes
de 19 años, menos de la tercera parte culmina la educación obligatoria. A los 24 años,
un 60 % de la población no ha finalizado la educación obligatoria, que en el país es de
dos años de educación inicial, seis años de educación primaria y seis años de
secundaria.
En Uruguay se dispone, desde 2005, de una cobertura de salud financiada por el
Fondo Nacional de Salud (MSP, 2017a), que llega al 98 % de la población y es
implementada por prestadores de salud públicos y privados (MSP, 2014). Según
datos de la última encuesta nacional disponible en el país sobre adolescencia y
juventud (INJU, 2015), el 85,4 % de los adolescentes y jóvenes uruguayos de 12 a 29
años realizó por lo menos una consulta médica en el año anterior a la encuesta. Se
señala además que los jóvenes no suelen concurrir a centros de salud por prevención
sino sólo en caso de enfermedad y que la consulta anual además de un derecho es
obligatoria. En el terreno de la salud mental, Uruguay presenta las cifras más altas de
suicidio juvenil en Latinoamérica. En la Encuesta Nacional de Adolescencia y
Juventud (INJU, 2015) se plantea que 14,9 % de los adolescentes y jóvenes
consultaron por lo menos una vez a un profesional de salud mental en el año anterior
al estudio. Al ser consultados en relación a si se sintieron tristes o desesperados
durante dos semanas seguidas o más, al punto de dejar de hacer sus actividades
habituales, uno de cada diez jóvenes (9,7 %) respondió afirmativamente (INJU, 2015).
Mirtha Belamandia, Mariella Bazzano y Yeni Hortoneda (2007), señalan que “el
Ministerio de Salud Pública, como rector de políticas sanitarias, debe brindar el marco
normativo para la promoción de la salud, la prevención de riesgos específicos y la
atención de calidad en el sector público y privado de la salud” (p.39). Asimismo,
enfatizan la importancia de actuar con los adolescentes desde un enfoque de salud
integral, priorizando la promoción y prevención de salud, para mejorar la calidad de
vida presente y futura (Belamandia et al., 2007). Dentro de estas medidas, se incluyen
la generación de servicios de atención, prevención y promoción de salud mental,
creación de espacios de orientación para adolescentes y jóvenes, y fomentar el
acercamiento cotidiano de los mismos a los centros de salud (Comisión de Juventud -
Consejo Nacional de Políticas Sociales, s/f).
Como se ha planteado, en 2005 se comienza a implementar el Sistema Nacional
Integrado de Salud (SNIS), con el objetivo principal de “universalizar el acceso a la
salud, dar justicia en el mismo, equidad en el gasto y el financiamiento de ésta,
brindar calidad asistencial, y devolver la sustentabilidad al sistema” (Tomasina &
León, 2008: 115). En 2011, el Ministerio de Salud Pública (MSP) define tres modos de
intervención en salud mental y define cuatro poblaciones objetivo: niños,
adolescentes, jóvenes y adultos. La franja etaria para los adolescentes es de 10 a 19
años. En líneas generales, y a modo de resumen, se puede decir que el modo 1 está
dedicado a la prevención de la salud en aquellas personas que tienen un estado de
salud, pero presentan un riesgo potencial. En el modo 2 se hacen los abordajes
psicoterapéuticos, individual, grupal o de pareja. El modo 3 está destinado a casos
específicos de individuos que presentan patologías crónicas (MSP, s/f; MSP, 2011).
Para pensar sobre la apertura de espacios de orientación con adolescentes se
presentará el modo de intervención 1, cuya modalidad de implementación es gratuita
para los usuarios y donde se trabaja en grupo, con un cupo máximo de 15 integrantes
y hasta 12 sesiones anuales por usuario. Dentro de ese marco está prevista la
existencia de un grupo destinado a los adolescentes, denominado “espacio de
intercambio” (MSP, 2011). Es en ese ámbito donde se puede implementar un espacio
de orentación vocacional en cada prestador de salud.
Diana Beatriz Aisenson (2002) y Ángela López Bonelli (2004), coinciden al afirmar que
el grupo de pares es un espacio ideal para que los adolescentes reflexionen
críticamente sobre sí mismos y puedan trabajar sobre la oferta educativa y el mundo
del trabajo. Si se emplea la modalidad de taller se motiva a los integrantes a participar
activamente y el proceso
“permite la identificación con los otros y hace más fácil el compartir, el sentirse
cómodo, logrando un ambiente protegido que favorece el cambio” (Solochiello,
Rodríguez Correa & Isasa, 2016: 68). Aldo Mosca y Carina Santiviago (s/f, p. 32)
definen al taller como el “lugar para la participación, el aprendizaje, el
autoaprendizaje, la autonomía, a través del interjuego de los participantes”. Estos
espacios pueden ser pensados como promotores de salud porque el malestar
subjetivo provocado por la desorientación se puede vincular con problemáticas
psicosociales prevalentes entre los adolescentes de este tiempo (Fernández, 2017).
El grupo permite la confrontación y discusión de ideas entre pares, promoviendo una
reflexión sobre las acciones a emprender para delinear los posibles proyectos de vida.
Al pensar en un espacio de orientación se tiene presente que si bien los usuarios
directos del servicio son los adolescentes, es importante incluir un encuentro grupal
con sus padres o referentes para trabajar sobre el acompañamiento de la elección.
La adolescencia es un tiempo de transición y crisis vital. Es necesario contar con la
mayor cantidad de propuestas que contengan y acompañen a los individuos cuando
deben tomar decisiones vocacionales. De acuerdo a los datos presentados sobre el
abandono de los estudios en adolescentes, se pudo identificar que la mayoría de los
adolescentes se aleja del sistema educativo al promediar la enseñanza media,
quedando al margen las acciones de orientación que se desarrollan en ámbitos
educativos.
Conclusiones

No se puede ignorar la escasa cobertura de los dispositivos de orientación para los


adolescentes uruguayos y el impacto que esa situación tiene en los tránsitos
educativos. Desde los espacios de salud, se pueden multiplicar los dispositivos
grupales para trabajar con modalidad de taller en el marco del Sistema Nacional
Integrado de Salud. A partir de 2011, se generó un espacio grupal con una modalidad
preventiva y que tiene una cobertura casi universal entre los adolescentes incluyendo
a los individuos que abandonaron los estudios. Esta situación puede ser pensada
como una oportunidad para multiplicar las acciones orientadoras llegando a una
cobertura mayor que la actual, que se entiende como necesaria.
En la actualidad, se trabaja en orientación vocacional en los ámbitos educativos y solo
uno de los prestadores privados de salud ofrece espacios de orientación vocacional.
Esa modalidad se debería generalizar, ofreciendo espacios donde se promueva una
reflexión crítica en los adolescentes, acompañando durante un tramo la gradual
construcción de sus proyectos de vida. Se destaca entonces la necesidad de ampliar
la cobertura de los espacios de orientación para los adolescentes y jóvenes del país,
aprovechando la oportunidad que se genera a partir de la implementación del SNIS.
Esos espacios de orientación pueden ser pensados además como un nexo que
promueva un mayor acercamiento de los adolescentes a otros espacios de atención
primaria de salud.

SHERLY, L , BORJA, C. (2020), Sistemas educativos y Orientacion


escolar. Desafios en tiempos de pandemia y pospandemia.

Resumen

Los sistemas educativos mundiales se han visto abocados a nuevos desafíos por la
pandemia generada por el COVID-19, los cuales han obligado a replantear los
sistemas políticos y económicos en los que se encuentra inmersa la educación, para
dar respuesta a las necesidades y desafíos que el mundo globalizado y las nuevas
tecnologías exigen en la situación epidemiológica. En este sentido, deben abrirse
camino modernos y efectivos sistemas educativos que puedan respondan a las
actuales y futuras tendencias en el ámbito escolar, a la par de los desafíos que esta
situación genera para los orientadores escolares.

Introducción
La educación es reconocida desde el marco de los principios universales como un
derecho humano fundamental, habilitador y un bien público en el que el Estado ostenta
la titularidad y que, en un mundo global, debería desarrollarse de la misma manera y
con las mismas oportunidades para todos. Sin embargo, la realidad es que la
educación gratuita y de calidad no es un derecho para muchos, ya que en la
actualidad se ha convertido en un servicio reservado para aquellos que tengan la
capacidad económica para adquirirlo, generando una gran brecha de inequidad social,
que se profundiza en tiempos de coronavirus.
A través de la comparación de los sistemas educativos en países desarrollados y
subdesarrollados, se evidencia que la escuela y su quehacer están directamente
relacionados con el sistema sociopolítico dentro del cual aquella esté situada, y que es
precisamente esta estrecha relación la que hace que un país pueda avanzar hacia el
desarrollo y la calidad de vida a través de la educación de sus ciudadanos o, por el
contrario, se desplome hasta lo más bajo de la escala social por cuenta de la
ignorancia y la corrupción, dependiendo de las políticas que se desarrollen en el
Estado y el sustento ético con que se lleven a cabo.
En este momento histórico, nos encontramos inmersos en una pandemia generada por
el coronavirus, que ha hecho absolutamente visible la desigualdad social de la que
formamos parte. Si bien esta siempre ha existido, el virus ha sido la lupa que permite
ver claramente la injusticia e inequidad social en la que nos encontramos los países
llamados “en vía de desarrollo” y aquellos que ni siquiera han encontrado la “vía”,
especialmente en lo que se refiere a derechos básicos y fundamentales como lo son
salud, educación, trabajo y vivienda.

Contextualización

Los agentes de los sistemas educativos en la actualidad, especialmente en América


Latina, requieren de una urgente transformación para responder a las actuales
exigencias del mundo globalizado en el que se encuentran inmersos. De acuerdo con
Gloria Vidal (2017), es posible hacer transformaciones en América Latina, pero deben
hacerse de forma sistémica; es decir, se requiere incluir a todos las partes o actores
de los sistemas educativos. Por ejemplo, se hace necesario ampliar los presupuestos
de educación y asegurarse de que se manejen de forma íntegra y transparente,
garantizando que los recursos lleguen a los reales beneficiarios, invirtiéndose en
estructuras físicas y modernización tecnológica de la escuela, en la valorización del
maestro, formándolo y actualizándolo en su quehacer, además de pagarle salarios
dignos y justos, modernizando los planes de estudio, mejorando la calidad de los
aprendizajes, garantizando los recursos para que los estudiantes tengan los elementos
indispensables que posibiliten la permanencia en la escuela, etc., y la cobertura y
calidad de la educación en toda la población que requiera el acceso al establecimiento
educativo.
De acuerdo con Teresa Lleixá y sus colaboradores (2018), una de las más importantes
tendencias de los sistemas educativos es la necesidad de atender poblaciones
vulnerables, superando las brechas de inequidad social.
Según Andrés Espejo (2017), existe una desigualdad en América Latina que tiene
origen en la desigualdad social y se relaciona con la raza, con la etnia, con el territorio
en que se vive, con el sexo, con el ingreso, y, en este momento, con la situación que
genera el coronavirus, con el hambre. Estas variables afectan el nivel educativo. La
diferente distribución de ingresos se reproduce en los sistemas educativos. La niñez y
la juventud enfrentan brechas en la educación. Una que se ha hecho más visible en
estos tiempos es la brecha digital, profundizando la inequidad social, especialmente en
la zona rural y condicionando el futuro laboral de dichos grupos etarios. El acceso a la
educación superior es restringido y desigual, lo que significa un desaprovechamiento
de las capacidades de las personas en pro del desarrollo sostenible, y una afectación
en la calidad y sentido de vida de los individuos.
Además, independientemente del virus, esta meta tiende a convertirse en una utopía,
ya que la educación en la mayoría de las agendas políticas de los países en vías de
desarrollo deviene tema meramente demagógico, utilizado para adquirir votos en
elecciones y una vez que toman posesión del cargo se olvidan la razón por la que
fueron elegidos por el pueblo: desarrollar políticas que garanticen los derechos
humanos.
Otras promesas que profieren los candidatos en campaña se ubican en la línea de
los indicadores de la OCDE (2017): inversiones en mejores estructuras para los
colegios, mejoramiento en la alimentación escolar, dignificación del maestro,
equipamiento de tecnología de punta en las instituciones para lograr competencia en
conocimiento en pruebas internacionales como el Programa para la Evaluación
Internacional de Alumnos (PISA). En cuanto a metodologías, prometen que se
apuntará al desarrollo del pensamiento crítico que les permita a los estudiantes
emanciparse para transformar la realidad en forma positiva (Freire, 1972: 51), sin
embargo, dichas promesas no llegan a realizarse por las siguientes dos razones:
Por un lado, los sistemas educativos, en la mayoría de los países, están sustentados
en un modelo neoliberal y en este la educación de calidad deja de ser un derecho para
convertirse en un servicio reservado para quienes tienen capacidad económica para
adquirirlo (Miñana Blasco & Rodríguez, 2002). Por el otro, no es conveniente que el
pueblo se eduque, porque de hacerlo, al tener conocimiento, comprendería y seria
consciente de la situación de opresión en la que se encuentra inmerso y de la
explotación a la que ha sido sometido por muchos años, lo que lo conduciría a
rebelarse (Turner Morales & Cassigoli Salamón, 2005).
Por otra parte, en lo que se refiere a educación, de acuerdo con Ángel Astorgano
(2011), estamos inmersos en escuelas del siglo XIX, con maestros del siglo XX, que
no están preparados para enseñar a estudiantes del siglo XXI. A continuación, se
amplía el tema de las escuelas en el pasado.

Escuelas del siglo XIX

a pesar de haber pasado siglos, aún nos rige la cosmovisión de dicha época en la que
se pensaba la escuela como una “sociedad en pequeño” (Durkheim, 1975:60), la cual
tenía como objetivo reproducir y dar permanencia al sistema, y para ello priorizaba la
homogenización como valor fundamental, que favorecía al sistema capital a través de
la formación de mano de obra barata y sumisa, para esto se inspiraban en las teorías
económicas de Taylor (1969), cuyo propósito principal era que los conocimientos
poseídos por trabajadores, incluso por capataces, pasaran a ser monopolio del
empresario o sus más estrechos colaboradores (citado por Fernández, 1985:69).
Por los años 60, el pedagogo Paulo Freire (1974) aparece en escena proponiendo una
pedagogía de la libertad, que permitiera que los estudiantes cuestionaran el mundo
que los rodeaba, generando, en términos de Habermas (2002), un interés cognitivo
emancipador. No obstante, hasta el momento, por falta de capacidad económica y
conocimiento, el pensamiento que más se evidencia es el técnico, enmarcado en la
actividad, que favorece al empresario a costa del trabajo y el tiempo mal remunerado
del obrero, quien se encuentra inmerso, muchas veces sin saberlo, en un sistema
opresor, que no le permite soñar ni tener una vida libre.
El concepto de libertad, de acuerdo con José Mujica es gastar la mayor cantidad de
tiempo de nuestra vida en aquello que nos gusta hacer: “Es miserable gastar la vida
para perder la libertad”. Hoy en día, también la libertad se ha convertido en un bien de
consumo que se canjea por un poco de dinero, ya que la mayor parte del tiempo la
vida se gasta desarrollando labores que no generan satisfacción personal a cambio de
un subingreso, y esto no se produce por voluntad propia, sino debido al sistema
explotador que asfixia y del que las personas no tienen la suficiente fuerza, recursos,
ni herramientas para emanciparse (Freire, 1972: 51).

Maestros del siglo XX

Siguiendo con el tema, los maestros se encuentran en el conflicto que genera la


brecha generacional con demandas polarizadas. Por un lado, forman parte de la
escuela tradicional, rígida y autoritaria, que exige en forma contradictoria que se
desarrolle en el estudiante pensamiento crítico que está basado en la autonomía, la
libertad, pero principalmente en la duda y el cuestionamiento, cosa que el sistema
autoritario prohíbe; en otras palabras, se le exige al maestro que enseñe libertad en la
jaula (Borja & Osorio, 2019).

En palabras de Hannah Arendt:


la actividad educativa, desarrollada en las escuelas, por su propia
naturaleza no puede renunciar a la autoridad ni a la tradición, y aun
así debe desarrollarse en un mundo que ya no se estructura gracias
a la autoridad, ni se mantiene unido gracias a la tradición (en Aguilar,
2007).

De otro modo, el carácter homogeneizador de la escuela, impuesto para responder a


intereses sociales y políticos, en contraposición al carácter heterogéneo real de la
escuela, hace que el maestro, aun en contra de su voluntad, tenga que pasar por alto
las necesidades de cada estudiante y vulnerar el legítimo derecho de la diversidad,
contradiciendo drásticamente la evidente y legitima pluralidad, además de la
educación comprensiva, crítica y teleológica que exigen las nuevas generaciones.
El maestro es consciente de que la escuela requiere de reformas significativas para
responder a las necesidades de las nuevas generaciones, sin embargo, se encuentra
limitado por los sistemas de poder en los que se encuentra inmerso.
En la mayoría de los países europeos que han abordado reformas educativas a
mediados del siglo XX, el debate sobre el tratamiento de la diversidad constituye aún
un lugar común, particularmente entre docentes (Unceta, 2009). Se exige al maestro
ser un miembro activo en las escuelas del futuro sin garantizarle los recursos
necesarios para ello.

Estudiantes del siglo XXI

Actualmente y de forma globalizada parece que han menguado significativamente los


intereses cognitivos que mencionaba Habermas (2002), ya que ha surgido una nueva
generación, los nini -ni estudian, ni trabajan-. Según el Banco Mundial (2016), uno de
cada cinco jóvenes de 15 a 24 años en América Latina está fuera de la escuela y no
está trabajando.
Así, Rafael de Hoyos, Halsey Rogers y Miguel Székely (2016) revelan que 20 millones
de jóvenes de América Latina son ninis, es decir, ni estudian, ni tienen empleo (CEPAL
aclara que no se debe confundir a los ninis con mujeres que no acceden a la
educación por encontrarse realizando actividades domésticas o de cuidado no
remuneradas).
Si bien un mínimo porcentaje de esta población puede ser producto de la idiotización
mediática, en la cual es muy difícil encontrar pensamiento técnico, práctico y mucho
menos emancipador, ya que es una generación que destaca por su alta interacción
con las nuevas tecnologías y su alto deseo de estar “conectados”, la mayoría, lo único
que desea es tener acceso a redes sociales, que se les dé comida, que se cubra toda
necesidad y capricho que tengan, además, que no se les moleste ni se les exija, esto
incluye que no se les delegue ninguna responsabilidad. En términos de Fernando
Navarro (2017), se trata de “la idiotización de la sociedad como estrategia de
dominación”.
También existe la categoría de los jóvenes millennials que, aunque asisten a la
escuela, lo hacen de forma automática, ya que han perdido el sentido de la misma,
algunos, debido a que esta no responde a sus necesidades específicas y actuales.
Una de las causas significativas por la que los estudiantes le pierden sentido a la
institución escolar (Borja, 2017) tiene que ver con que se encuentran inmersos en las
nuevas tecnologías y una escuela descontextualizada les exige permanecer en la
Edad Media, desperdiciando las posibilidades didácticas que estas les generan
(Domínguez Alfonso, s/f).
Por otra parte, se encuentran los “ninis obligados”, que entran en esta categoría no
por voluntad propia, sino que forman parte de poblaciones vulnerables, que se ven
forzados a abandonar la escuela por cuestiones de injusticia social.
De lo expuesto anteriormente se desprende que el sistema de educación de hoy y las
nuevas generaciones exigen la sincronización entre escuela, maestro y estudiantes,
una articulación que dé respuesta a los nuevos desafíos educativos, con el propósito
de contribuir al crecimiento humano de sus educandos y favorecer sus múltiples
potencialidades, alejándose de esta manera del sinsentido que genera la escuela
tradicional, que prioriza aspectos como la evaluación cuantitativa, los contenidos
descontextualizados de la vida y la producción de obreros útiles al sistema.

Prospectiva crítica del “desarrollo” aplicada a sistemas educativos


El abordaje del concepto de desarrollo en los sistemas educativos requiere mencionar
las principales diferencias que se evidencian en los diferentes agentes educativos. La
primera, comparando los países en vía de desarrollo con los países europeos, se
evidencia en que en estos últimos el maestro es tratado con mayor dignidad, lo que se
visibiliza inicialmente en salarios justos, permanente actualización pedagógica, un
parámetro de 20 estudiantes por salón, garantizando así una educación personalizada
(CNN, 2017), en contraposición con muchos países en vía de desarrollo en los que los
maestros atienden una población de 40 a 50 estudiantes, en directa relación con un
mayor detrimento de su salud mental. Además, no cuentan con formación permanente,
ni con los recursos necesarios para desarrollar su labor y son los profesionales peor
pagos.
En segundo lugar, en países desarrollados las instituciones cuentan con medios
tecnológicos que permiten responder de forma activa y actualizada a requerimientos
del mundo globalizado en que vivimos, facilitando un mayor acceso a la información,
además de a la comprensión de esta, gracias al proceso de andamiaje (Vigotsky,
2007) que desarrollan los maestros.
Otro factor determinante, que genera ventajas en lo que se refiere a sistemas de
educación para países desarrollados con respecto a los países en vías de desarrollo,
es que en los primeros se tienen en cuenta intereses, habilidades, la vocación de los
estudiantes, etc., y se destinan recursos para potencializarlos. Esto contribuye
altamente a favorecer la calidad de vida de los educandos, posibilitándoles elegir
carreras que disfruten y les permitan desarrollar su máximo potencial, facilitando de
esta manera el acceso a la educación superior (Reinhold, 2008). Esta situación es
factible debido a que sus modelos pedagógicos y filosóficos no están basados en un
modelo neoliberal sino en un modelo de desarrollo humano.
Por esto, es indispensable cuestionar si en realidad es válido que los países entren en
el discurso del llamado “desarrollo” que se viene abordando en los últimos años en lo
relativo a sistemas de educación, dentro de un contexto eurocéntrico y capitalista, en
el que el mismo término de “subdesarrollados” (o, como se ha modificado con el
tiempo para que suene menos despectivo, “países en vías de desarrollo”) es
discriminatorio y ofensivo.
Proponemos que, más que hablar de desarrollo se hable de crecimiento humano y se
reconozca, como plantea Santiago Espinoza (2018), que, si en la actualidad algunos
países se encuentran con atraso tecnológico y económico, ello no está relacionado
(como creen algunos), con cuestiones de inferioridad racial, intelectual o biológica,
sino con un antecedente de dominación, explotación e injusticia por parte de otros
países que tradicionalmente se han considerado superiores o “desarrollados”.

Desafíos de los sistemas educativos en época de coronavirus

En 2015, la filósofa norteamericana Martha Nussbaum pronunció un discurso en la


Universidad de Antioquia (Colombia) al recibir el doctorado honoris causa; en él aludió
así a los gobiernos del mundo y sus políticas de educación enfocadas únicamente en
la rentabilidad.
Esta reflexión todavía continua vigente, reflejando la realidad de los sistemas
educativos en la actualidad. El mundo, en su gran mayoría, se encuentra bajo un
sistema neoliberal, en el que el dinero vale más que la propia humanidad, y esta
cosmovisión es la que se reproducía intrínsecamente dentro de las escuelas,
programando a las nuevas generaciones dentro del marco de la filosofía capitalista,
que, en tiempos de pandemia, está colapsando.
En ese momento histórico, la humanidad compartió dos cosas: una pandemia causada
por un microorganismo mortal, que afectó a todo el mundo, en especial la educación
pública presencial en colegios, y la fragilidad propia del ser humano. La
humanidadexperimentó, lo que siguiendo el título de la novela de Milan Kundera,
podemos denominar “la insoportable levedad del ser”.
El coronavirus apareció de un momento a otro para sacar a la humanidad de la
negación y abstracción en que se encontraba, e hizo que esta se volcara hacía dentro
en busca de respuestas a preguntas que muy probablemente no la tienen, y, sin
embargo, ha dado respuestas a preguntas que tal vez no se habían hecho. Ha
mostrado que, a diferencia de lo que las personas creían, el dinero no es el mayor
valor y se empezó a entender las palabras de Arthur Schopenhauer en su regla 32
(2009):
9/10 partes de nuestra felicidad se basan exclusivamente en la salud,
con ella todo se convierte en una fuente de placer, sin ella ningún
bien externo, de la clase que sea, puede disfrutarse, hasta los
restantes bienes subjetivos; cualidades del espíritu, del ánimo y del
temperamento, se abaten y decaen en gran medida con el estado
enfermizo (Schopenhauer, 2009:344).

Otro aspecto relacionado con este tema se vincula con el “trabajo desde casa”, labor
pedagógica implementada desde la educación virtual, aún bajo la resistencia de
algunos maestros que piensan que abrir el camino a la virtualidad representaría menos
cupo de trabajos en la docencia, desconociendo que no se trata únicamente de
publicar programas o guías en una plataforma, sino que implica un acompañamiento
humanizante del maestro. Para ello se requiere que las sesiones de atención virtual
tengan una cantidad limitada de estudiantes y no se extiendan por dos horas, para
garantizar un apoyo pedagógico eficaz y oportuno. Los profesores asumieron un rol
mucho más dinamizador, con innovadores conocimientos llevados de la mano
mediante nuevas tecnologías, plataformas, aplicaciones y metodologías.
Esta crisis también permitió observar de forma más clara las bondades de la
digitalidad, entre estas, mayor aprovechamiento del tiempo, disminución de costos
para la educación debido al descenso de gastos generados en el mantenimiento de la
planta física, favoreciendo de esta manera un aumento de la accesibilidad. Además, la
educación virtual facilita que las personas con dificultades de atención puedan estar
más concentradas al disminuir varios estímulos distractores; a los aprendientes en
general les permite estudiar al ritmo de su propio reloj biológico, potencializando
significativamente el aprendizaje.
La pandemia trajo consigo la tan requerida transformación escolar, obligó a los
maestros (sin importar su edad) y a los estudiantes a actualizarse y sumergirse en el
manejo de nuevas tecnologías, a repensarse y transformar, de una vez por todas, la
escuela, mostrándole su falta de sincronía con la época actual. La situación ha
obligado de un día para otro a los sistemas educativos a reconvertirse, haciendo que
los maestros, voluntaria o involuntariamente, tengan que abrazar las nuevas
tecnologías para mantener contacto con los estudiantes y, a pesar de la distancia,
continuar compartiendo saberes; obligó, quizás, a los maestros a comunicarse en el
lenguaje de los estudiantes, quienes supuestamente se caracterizan por ser nativos
digitales, estimulando los docentes a hacer gala de varias estrategias creativas para
acercar a los estudiantes a sus aprendizajes. El virus impulsó a la escuela a entrar de
lleno en la educación digital, virtual y, tal vez, del futuro.
Las nuevas tecnologías han favorecido el aprendizaje, dinamizando nuevas didácticas
entre maestros y estudiantes; han posibilitado el aprendizaje colaborativo entre
estudiantes a través de las redes, a pesar de la distancia, permitiendo mantener la
comunicación entre pares., libertad, manejar sus tiempos a la velocidad de sus propios
intereses y motivaciones.
Pese a esto, el virus, que no tiene favoritismos, ha mostrado la cruel injusticia e
inequidad social en la que se vive en la actualidad, pero, al mismo tiempo, anima a la
emancipación y consciencia, para que quizás nunca más se repita esta situación de la
misma forma. Así, padres, madres y cuidadores se vieron obligados a atender de
tiempo completo a sus hijos y comprendieron todo el esfuerzo que le exige a un
maestro atender y enseñar a más de 35 estudiantes simultáneamente en el aula, y, de
alguna forma, desarrollaron mayor empatía y respeto hacia el maestro y su quehacer.
Con el tiempo, la gran mayoría de las instituciones educativas aprendieron que para
que el sistema educativo avance en medio de la pandemia era necesario realizar una
flexibilización del currículo, un cambio de metodologías y evaluación, priorizando
dentro del aula aprendizajes no académicos sino significativos para la vida, una vida
que ha sido modificada por este distanciamiento y encierro.
¿Qué decir del cuestionado sistema de evaluación escolar, cimentado en la
competencia, la rivalidad, las calificaciones cuantitativas y las notas numéricas? Se ha
visto obligado a transformar los procedimientos evaluativos, las pruebas y
evaluaciones en línea (por ejemplo, el ICFES, con su prueba Saber), en concordancia
con los requerimientos actuales, frente al sistema institucional de evaluación SIE
(decreto 1290 de 2009), visibilizando que lo que se requiere es una evaluación
formativa, que valore sustancialmente aprendizajes académicos y aprendizajes para la
vida.
Como consecuencia de estos cambios, el rol del docente frente a la evaluación deja
de ser el de cuantificar aprendizajes basados en información, para empezar a
cualificar todas aquellas capacidades y habilidades que, en medio de la crisis, los
estudiantes han desarrollado, alejándose de la postura de inspección y vigilancia de
estándares exigidos por la escuela tradicional en lo que refiere a asistencia y
presentación personal (uniforme, cabello, accesorios, colores o maquillaje, por
mencionar solo algunos aspectos), acompañando el proceso de desarrollo humano,
reconociendo y respetando la individualidad, ya que cobran relevancia las cosas
vitales, para, de esta manera, comprender que quien gana el año en medio del
aislamiento es el que sobrevive, con buena salud mental, y esto supera cualquier
rúbrica de evaluación.
Igualmente, el rol del orientador escolar (Borja, Brunal & Osorio, 2018; Borja, 2019b)
ha tomado gran relevancia, ya que es quien se ve abocado a atender las necesidades
de salud mental, de atención de los riesgos biopsicosociales que genera el
distanciamiento social en la comunidad educativa, exigiendo una mayor contratación
de profesionales para este trabajo, debido a la alta demanda de atención de la
población escolar, más aun, teniendo en cuenta que el aislamiento ha aumentado los
trastornos psíquicos como ansiedad, depresión, soledad, desesperanza, tristeza, etc.,
además del aumento en cifras de maltrato intrafamiliar, abuso sexual e ideación
suicida (como han registrado entidades como la Fiscalía, la Policía, DANE, Salud).
Esto hace que la forma de intervención del orientador escolar se replantee, a través de
la comprensión de que el acompañamiento que exige la comunidad educativa (Borja y
otros, 2020) no puede limitarse a la atención de un solo profesional, sino que es
necesario que se establezcan equipos de trabajo interdisciplinarios que cuenten con el
apoyo de las diversas instituciones estatales que garantizan los derechos básicos de
los estudiantes y los restablecen a aquellos a los que se les han vulnerado. Los
siguientes dos títulos amplían estas inquietudes del orientador escolar frente a la
pandemia o una posible pospandemia.

Rol del orientador en la pandemia: Orientando a distancia, más cerca de las


familias

Recordando que el aislamiento es preventivo, no deshumanizante, y el distanciamiento


es físico, no emocional, social o afectivo, es decir que no ha de implicar ausencia del
contacto humano ni de conexión virtual prudente y cercana con el entorno, las redes
deben seguir funcionando como un tejido social, comunitario y solidario, que posibilite,
en medio de esta crisis social, económica y educativa -entre otros aspectos-, múltiples
posibilidades de sobrellevar la pandemia de forma digna.
Se puede considerar que la situación de pandemia ha permitido a las personas
interiorizar un aprendizaje valioso, al reconocer que necesitamos estar interactuando,
socializando y compartiendo en muchos y nuevos espacios, aunque estos no sean
físicos. En este caso la escuela, como organización social y comunidad académica, se
ha visto avocada a continuar los procesos relacionales desde la conectividad, Internet,
la digitalidad y la virtualidad, por medio de dispositivos electrónicos y redes que se han
convertido en el sitio de encuentro, facilitando que los hogares pasaran a ser una
extensión física de la escuela, llevando a educadores, docentes, orientadores, familias
y estudiantes a pensar en innovar con las metodologías y pedagogías
correspondientes (algunas de ellas no tan nuevas están teniendo su oportunidad de
ser redescubiertas y aprovechadas hoy en día).
En este tiempo ha surgido la necesidad de garantizar la educación, continuando con
las clases y el estudio como un servicio/derecho universal de la población infantil y
juvenil, esta vez desde el hogar y las viviendas, con doble co-responsabilidad, ya que
padres, madres, cuidadores, acudientes y familias han tenido que asumir
responsabilidades las 24 horas, teniendo en cuenta que no solamente deben seguir
con el acompañamiento -que ya realizaban- a sus hijos en casa, sino además
dirigirlas, supervisarlas, incluso evaluarlas en sus hogares, alternándolas con las
múltiples tareas de la casa y del mundo laboral a las cuales también deben responder.
Esto ha generado una sobrecarga en las familias, que siguen en el ojo del huracán.
Muchas de las cotidianidades que se tenían por ciertas han cambiado radicalmente y
no hay forma de saber por cuánto tiempo, ni cuál sea su desenlace a futuro inmediato
o lejano. Claramente hoy estamos todos (orientadores, docentes, estudiantes, familias,
personal médico, administrativo, funcionarios, sector gubernamental y demás
trabajadores de otros sectores) viviendo y experimentando sentimientos,
pensamientos, actitudes y comportamientos en común, que afectan no solo a
Colombia, sino a todo el planeta.
A pesar de lo anteriormente mencionado, en medio de las duras circunstancias, aún se
vislumbra la oportunidad de pensarse en una nueva escuela, con nuevas pedagogías,
nuevas estrategias y metodologías educativas, que responda a los actuales desafíos y
que, independientemente del tiempo que la pandemia exija, genere nuevas
oportunidades, ya que, a mayor tiempo de aislamiento, mayor posibilidad de
transformación y renovación de la educación. Y de la mano de esta renovación se
encuentra la orientación escolar que, al concebirse como servicio y derecho en medio
de las circunstancias, buscará ser garante de los derechos de los educandos y, al
mismo tiempo, se preocupará por el cuidado de la salud mental de la comunidad
educativa.
Se debe reconocer y tener en cuenta, en medio de la crisis y la emergencia, las
emociones, actitudes, sentimientos, pensamientos y comportamientos de la
comunidad educativa (claustrofobia relacionada con la movilidad restringida,
aburrimiento, dificultad para concentrarse, síntomas de depresión, ansiedad, estrés,
soledad, pesimismo, diversos miedos -a infectarse, a ser separado de los seres
queridos, a enfermar y morir-, intranquilidad, irritabilidad, agresividad, desesperanza,
inquietud, desasosiego, trastornos del sueño, del apetito, preocupación por no poder
cumplir con las responsabilidades financieras, incertidumbre respecto al presente y al
futuro cercano que se mantienen persistentes durante más de dos semanas y, en
consecuencia, se somatizan en el cuerpo).
En estas circunstancias, el verdadero reto consiste en generar estrategias sin
conectividad. En estos casos se busca realizar acompañamiento mediante programas
de TV o radio, culturales, deportivos, recreativos, con contenidos de baile, aeróbicos,
yoga, rutinas de ejercicio, pesas, canto, música (que recopilen los temas preferidos,
por ejemplo), pintura, manualidades, reparaciones caseras; disfrutar un libro; buscar
nuevos pasatiempos en los periodos de ocio, a través de dispositivos electrónicos
(consolas de videojuegos, karaoke, tabletas y celulares, series y películas por cable o
canales nacionales); juegos individuales y grupales tradicionales digitalizados o juegos
físicos que pueden compartirse en familia, fortaleciendo lazos afectivos (parqués,
bingo, ajedrez, dominó, cartas, monopolio, juegos de armar, rompecabezas de muchas
piezas, adivinanzas, competencias de preguntas y respuestas con límite de tiempo).
Otra estrategia importante para fortalecer la salud mental en la comunidad educativa
es socializar técnicas de relajación, aprendiendo a observar/observarse en silencio, lo
que favorece la consciencia plena y permite centrarse en el aquí y en el ahora
disfrutando del estado de presencia, y previene el desarrollo de trastornos como
estrés, depresión o angustia (que en estas circunstancias han proliferado
Todas estas técnicas y otras posibilitan la reprogramación neuronal, estimulando la
eficacia mental y la autogestión emocional, permitiendo hacer frente a diversos retos,
al fortalecer el sentido de vida a través de múltiples actividades. Los orientadores
escolares contribuyen a la salud mental -y física- de los estudiantes, facilitando la
prevención del suicidio, del consumo de sustancias, de la desconexión digital (antes
deserción escolar), que pueden desarrollarse bajo las circunstancias presentes.
Asimismo, permiten sobrellevar la angustia y el dolor, especialmente en hogares con
alto riesgo de vulnerabilidad por la tendencia a conflictos, convivencia violenta y
relaciones maltratadoras.
Conjuntamente, el orientador escolar realiza acompañamiento personalizado (Borja y
otros, 2020) mediante medios telefónicos y utilizando diversos canales virtuales que
posibiliten el contacto (consensuado), tutorías, asesorías y apoyo, con seguimiento
emocional, para toda la comunidad educativa (incluso docentes, directivos y otros
orientadores), promoviendo el acercamiento emocional y afectivo. Esto genera un
genuino soporte anímico.
Entre otras prácticas cruciales del orientador, está la de compilar y socializar líneas de
atención, directorios de instituciones de apoyo y garantes de derechos, a las que la
comunidad puede acudir en caso de requerir asistencia. Además, esta cuenta con
ayuda inmediata, brindada por Orientación, para garantizar que las familias y
estudiantes cuenten con apoyo psicosocial, información confiable y aclaratoria que les
permita comprender, interpretar y anticiparse al entorno inminente que puede surgir a
futuro, respondan de manera más oportuna y eficaz, generando de paso pensamientos
y análisis interpersonales e intrapersonales de las mismas situaciones. Todo ello
facilita el diseño de nuevas estrategias para organizar las rutinas de la vida diaria, para
la toma de decisiones y el emprendimiento de acciones.
Este apoyo del orientador tiene el propósito de que la población atendida pueda
anticipar los cambios o suspensión de las actividades planeadas y elaborar propuestas
alternativas para mantener el distanciamiento y aislamiento sin bloquearse,
protegiendo el pensamiento creativo, fortaleciendo las capacidades de afrontamiento y
aceptación, ya que más allá de que no se comprenda o que no guste la situación por
la que se está pasando, es una oportunidad para robustecer la tolerancia a la
frustración y la resiliencia, haciéndose más fuerte frente a la adversidad.
La situación actual genera un doble aislamiento y múltiple riesgo por
distanciamiento social, sumado a las dificultades económicas, laborales, la baja
interacción comunitaria, religiosa y médica, donde incluimos la restricción en atención
por salud mental, psicológica y psiquiátrica, Por consiguiente, el no contar con
recursos de salud mental obstaculiza recibir atención y acompañamiento preventivo
oportuno, lo que a su vez profundiza el padecimiento mental, generando riesgo de
desequilibrios. Por esta razón, desde el área de Orientación se hace indispensable
reforzar programas de prevención del suicidio basados en comunicación de forma
remota -por ejemplo, telepsicología-, intervenciones breves en crisis, mediante
contacto telefónico, envío de mensajes y comunicados escritos. Se trata de estrategias
que han demostrado reducir las tasas de suicidio en medio de la soledad y el
aislamiento espacial, situación que puede asimilarse a los riesgos a los que está
expuesta hoy la comunidad educativa, incluidos los orientadores escolares.
De ahí que una infancia no acompañada, a lo que se puede agregar la
ausencia de padre y/o madre biológicos, y de relaciones o vínculos cercanos con
quienes mantener una comunicación activa (afectiva y amorosa), debilita la posibilidad
de un afrontamiento emocional asertivo de las circunstancias. Además, si hay adultos
mayores de 65 años que sean proveedores del sustento y cuidado, se suma la
limitación de recursos personales para su entretenimiento, la baja o nula capacidad de
manejo de dispositivos electrónicos, herramientas digitales y acceso a la tecnología, lo
que pone en desventaja a los estudiantes y se ve reflejado en el proceso educativo.
Otro aspecto a observar frente al ejercicio de la orientación escolar es la relación
orientador- padres/cuidadores. Podría suponerse que, con la actual situación, la
atención del servicio de orientación escolar habría disminuido o no sería tan efectiva,
sin embargo, irónicamente, el distanciamiento obligó a los padres a acercarse a la
escuela en una mayor medida, lo que pone en evidencia que la tan frecuente queja de
que los padres no asistían a la escuela porque no les interesaba el proceso de
aprendizaje de sus hijos era una falacia. En este momento, maestros y orientadores se
han visto desafiados a abrir diversos canales de comunicación remota, eliminando la
barrera del requisito obligatorio de la asistencia física; la comunicación entre padres y
escuela aumentó significativamente, viéndose reflejada en un mayor acompañamiento
escolar hacía los hijos en la mayoría de la población.
Por otra parte, no ha disminuido el alcance frente a las situaciones de atención
biopsicosocial como violencias, consumo de SPA, desmotivación escolar, entre otras;
tan solo han cambiado las formas de contacto, que han favorecido una mayor
comunicación. Entre las múltiples estrategias virtuales que ha implementado el
orientador se encuentran blogs con instrucciones, canales virtuales de atención con
horarios establecidos, que, además de facilitar las consultas cotidianas sobre temas
biopsicosociales y conductas de riesgo, posibilitan la atención oportuna en crisis.

El orientador en la pospandemia o nueva normalidad [prospectiva]

Partiendo de las actuales investigaciones, se ha evidenciado que el rol del orientador


escolar es importante en los sistemas educativos, pero que ha alcanzado mayor
relevancia en tiempos de pandemia, especialmente en lo que se refiere al apoyo en
salud mental. Hoy, más que nunca, se hace prioritario que el parámetro de
orientadores escolares sea respetado (250 estudiantes por orientador) y se lleve a
cabo una mayor contratación de orientadores escolares, ya que las actuales
demandas de atención de riesgos biopsicosociales han aumentado y exigen mayor
tiempo y apoyo dedicado a salud mental. Es fundamental que las políticas públicas y
los presupuestos nacionales se dirijan a la construcción de centros de atención integral
e inmediata a estudiantes (CAIIES).
De esta manera, cada profesional estaría dando la atención pertinente a su formación
disciplinaria, posibilitando que sus funciones dentro de la escuela sean: desarrollar
valoración biopsicosocial y remisión a los CAIIES, además de apoyar en la escuela lo
referente a flexibilización curricular, ajustes pedagógicos para dificultades de
aprendizaje y procesos convivenciales adecuados articulados con los procesos
académicos, desde un sentido humano, formativo y preventivo, teniendo en cuenta el
desarrollo evolutivo y los atenuantes de los estudiantes.
Por otra parte, es necesario el aprovechamiento de las nuevas realidades que
surgieron a partir de la pandemia, entre estas, la actualización de los medios
institucionales de atención virtual, que deben ser fortalecidos a través de canales de
teleatención (videoatención) profesional, en los casos en que sea posible la aplicación
de esta metodología (esta modalidad se ofrecerá en los casos donde no sea
obligatoria la consulta personal).
También se hace necesario el desarrollo de programas de atención y cuidado al
cuidador, ya que los orientadores en el ámbito laboral se ven expuestos a toda clase
de riesgos laborales. En este sentido, se ven más afectados por el riesgo psicosocial,
asociado con el estrés agudo, la depresión y ansiedad, y alteraciones mayores.
Además, agentes estresores como el acoso, hostigamiento, intimidación, violencia
laboral -y sexual-, inseguridad laboral y personal, mobbing (acoso, hostigamiento,
acorralamiento en grupo), atención y consulta individual a una población que excede el
parámetro de atención de cantidad de personas por profesional generan, todos los
días sobrecarga laboral y desborde emocional. Son riesgos que van afectando
habitualmente la integridad del funcionamiento eficiente y armónico de los docentes
orientadores escolares en su quehacer cotidiano (Borja, 2019a). A consecuencia de la
realidad descripta, se produce el desgaste profesional, que da lugar al síndrome de
burnout, que es una forma de estrés crónico que afecta el estilo de vida personal,
familiar, social y profesional de estos asesores escolares.
Frente al retorno a la escuela y la nueva normalidad, es indispensable mantener los
avances y aprendizajes adquiridos en este tiempo, y continuar construyendo sobre lo
construido, en especial en lo que respecta a la actualización en metodologías,
estrategias y evaluación tecnohumanizante generadas en esta nueva escuela, además
de mantener como hábitos permanentes las medidas de bioseguridad y fortalecer el
currículo a través de aprendizajes de autosostenimiento, formación emocional,
pensamiento crítico-creativoinnovador, inclusión de más espacios artísticos que
posibiliten la catarsis emocional y el registro de memorias (pedagogías de la
visualidad).
Asimismo, es preciso sostener y acompañar un armónico proceso de transición al
regreso de la escuela, teniendo en cuenta que los estudiantes se verán afectados
emocionalmente por los sentimientos de incertidumbre y caos que genera en ellos la
pandemia, afectando su desarrollo, salud mental, aprendizaje, colateralmente con
estrés postraumático y otras afectaciones psicomotoras. Para disipar dichas
afectaciones, se requiere favorecer desde Orientación un anclaje de seguridad
emocional a través del fortalecimiento de la esperanza de que, al volver a la escuela,
toda la comunidad educativa reflorecerá y una vez superadas estas circunstancias
habrá un reencuentro al que todos se unirán en su versión mejorada.
Bajo este supuesto, es recomendable que el orientador desarrolle conversatorios
(dialogo de saberes) con toda la comunidad escolar para evaluar y tomar decisiones
sobre la mejor manera de continuar el proceso de aprendizaje con los estudiantes y el
bienestar en cada contexto escolar; teniendo en cuenta los beneficios de la instrucción
en el aula, apoyada por el aprendizaje virtual.
Las experiencias adquiridas en tiempos de pandemia deben impulsar la construcción
de políticas públicas en línea con una profunda transformación de la escuela pública,
que reduzcan las brechas digitales en favor de la disminución de la inequidad e
injusticia social, además de realizar una fuerte promoción en salud mental
(fortaleciendo habilidades socioemocionales) y fomentar competencias y capacidades
ciudadanas -críticas y activas-, potenciando el cuidado y autocuidado, el crecimiento
de la promoción de derechos y prevención de situaciones de vulneración en menores y
jóvenes, que les permitan comprender y enfrentarse a estas situaciones desde lo
personal y colectivo con capacidades para transformar de forma positiva los contextos
en los que se encuentran inmersos, mejorando significativamente sus realidades.
A lo anterior debe agregarse la humanización de los procesos educativos (el complejo
mundo de los sentimientos, actitudes, valores y las circunstancias sociales de la
comunidad educativa en general), la contextualización del proceso educativo (educar
para la vida en comunidad confrontando la realidad existente con la realidad
estudiada), junto con la transformación de la realidad social (que circunscribe a la
docencia y la escuela, como una aventura inagotable, dinámica, apasionante y
emancipadora).
Conclusiones

El actual mundo globalizado exige a los sistemas educativos que vayan de la mano
con las nuevas tecnologías. Especialmente en América Latina, los primeros requieren
de una urgente transformación para responder a las actuales exigencias globalizantes
de liberar presupuestos que los actualicen en lo que se refiere a nuevas tecnologías
educativas y atención prioritaria a los derechos básicos.
Es posible hacer transformaciones en América Latina de forma sistémica, es decir, se
requiere reunir los integrantes de estos sistemas educativos, que, en el ámbito
académico, cobran valor, al transformar la enseñanza y aprendizaje, tanto en la forma
como en el fondo, tomando como base recomendaciones de expertos dirigidas hacia
la población estudiantil vulnerable – por motivos étnicos, rurales, las negritudes, los
desplazados-.
Se requieren acciones contundentes que permitan accesibilidad real de estas
poblaciones vulnerables a la educación. Lamentablemente, esto continúa siendo una
utopía que constantemente les pesa y lastima por la falta de esperanza que las
condena, a ellas y a las futuras generaciones, a permanecer atrapadas en la triste
realidad de la inequidad social. Si bien las nuevas tecnologías pueden llevar a los
sistemas educativos a un mayor desarrollo, mientras no se cierre la brecha de
desigualdad social propiciada por la corrupción de los Estados, se profundizará la
diferenciación de los sistemas educativos; mientras unos estudiantes estarán en línea
con las exigencias del mundo, la mayoría de la población quedará relegada, ampliando
la pobreza y el subdesarrollo.
Desde una prospectiva, se hace necesario cuestionar el concepto de desarrollo en el
que se encuentra inmersa la educación, en procura de un sistema equitativo, justo y
sobre todo humano. Por lo tanto, el orientador escolar es clave en la atención integral
de la comunidad educativa, y debe considerarse la contratación de profesionales en
este campo, teniendo en cuenta que la pandemia ha incrementado las enfermedades
relacionadas con la salud mental, los riesgos biopsicosociales y las violencias, y
ampliado la necesidad de que la labor del orientador escolar esté respaldada por
entidades garantes de derechos.
Los currículos pueden ahora centrarse en una pedagogía del amor, la ternura, la
colectividad, que son formas potenciadoras del sentido de vida, junto con la resiliencia,
la autoeficacia cognitiva, la autogestión de emociones; en línea con el fortalecimiento
de la salud mental, la alteridad, la inteligencia socioemocional y espiritual, los hábitos
saludables, el cuidado del ambiente, el uso de las artes como medio catártico,
liberador, además de como estrategia de autosostenibilidad. A futuro, teniendo en
cuenta los efectos sobre la salud mental que tendrá la pandemia, será necesario
incrementar programas que fortalezcan la formación socioemocional, estimulando la
autogestión y la eficacia emocional, la inteligencia emocional y la inteligencia espiritual.
El coronavirus ha generado una crisis que nos coloca en un punto crucial en el que,
dependiendo de las decisiones y acciones que tomemos en la actualidad, saldremos
vencedores, con nuevos aprendizajes, transformados en una sociedad más
consciente, humana e inteligente, o seguiremos condenados a una catástrofe mundial.
En lo que atañe al ámbito educativo, es posible salir adelante combinando o
proponiendo opciones innovadoras, siempre y cuando se examinen factores de riesgo
de contagio asociados con la reapertura de las escuelas, discusión por el momento
inacabada.

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