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El Increíble Kamil

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Effiilffiltiltlililililt
 

EL BARCO DE VAPOR

Andreo Ferrori
Dirccción editorial Lidia Mazzalomo
Dircción litera¡ia: Lar¡ra I¡'ibiker
Lditora asisenter Ziomara De llonis Orquera

Dircccrón de Arter Silvia Lanteri


tl inc reíble Ksmil
Edición gráfica: Natalia Fernández
Preirnprsiónr Antonio Lmkctt
Iefe de Producción: Ángtl Sar,chez
Corrección: Pa¡ricia Moto Rouco
llusrracioncs: Viviana Brass

o Andrea Fcrrari, 2009


o Edicioncs SM, 2O10
Av. B<'lgrano 552
CIü)ZAAS Ciudad de Bucnos Aircs

Itnmera eikión: m¡rzo de Z0t0

fsBN ei8-987-57,]-l 72-5


l{echo el dqñsito quc establcce la lcy I 1.723
lmprcso cn la Argcntina 1 Pinteci in .Argentina

  fcrrari, Arrdrca

ih,J,o,a fu'rcnda
No está permitida la reprclucción
I Ei inc¡cible K¡¡ni / Ardrca Fcrrari : @rdinado¡lr l,eura
I tocai o parcial de stc libro, ni su I tjibikcr, di¡igidopor Lidia Mrzzalomo ¡ il¡stredoPot
i rrrtamiento informático, ni la trms-   Vivr¡na Brass. - 1'ed. - B ús Air6:SM.2OtO.
I misión de ningunaformaoporcua[- I lX p., il. r laxt)- o. - (El B¡¡co de Vapor. Narmiar 19)
quier ot¡o medio. ya w elct¡ólico,
mecá¡rio, ¡rcr íotcopia' por regis-
I saNszt-osz-sz;-rz:.-s
rro u otror métodm, sin el ¡rcrmiso I l,Litcr¡rur"hf"ntilylurenllArgeatüra.l.Lcibiker Laura.
I c'ord. IL Mazz¡lomo, Lidi¡. IIl Bras, Viviena, ilus.
pre'io y pr ew¡ito de los riulars I lv.]iolo.
,Jcl copytght I cDD A86t.928 2

EM
 

1, El secreto

P*d. haber mil razones distintas para guardar un


secreto, pero si Carlos nunca reveló el suyo fuepor la más
elemental cle todas: sabía que nadie iba a creerle. No es
que no se haya sentido rcntado de hacerlo, al contrario.
Muchas veces esfuvo a punro de hablar sobre la verda-
dera naturaleza de su amigo Kamil, pero siempre logró
detenerse a tiempo. Estaba convencido de que si lo hacía
todos pensarían que era un idiota o, peor aún, que se de-
faba llwar por su desbordante imaginación infantil.
Se conocieron en una época difrcil para é1. Tenía en-
tonces diez años, unos anteojos demasiado grandes para
su cara, y una mata de pelo rojo que le hizo ganar el de-
apodo deZanahoria. Y muchos miedos. Em-
-primente
pezando por el fuego, aunque también estaban los sapos,
las víboras y el dentista. Pero por encima de todas las
cosas del mundq Carlos le tenía miedo al Loco Manfre-
di. Más que miedo: panico.
 

,i
rl
¡
1""*"t
i""ii
li.
i.'
Después recordaría corno la peor época de su vida
la qrre pasó escapando de Manfredi y de la certeza de
que iba a hacer puré cada hueso de su pequeño cuerpo'
Desde su punto de vista, no había salida posible. Con i+

su escasa estatura, sus grandes anteoios y sus enormes


miedos, Carlos se sentía una persona bastante insigni-
ficante. Pero de pronto todo carnbió. No la alnrra ni
los lentes, por sup¡.lesto. Lo que carnbió fr¡e el terror
Ílue sentia, y fue gracias a que conoció a Kamil. Claro
que no era posible explicar una cosa así. Si alguien le
hubiera contado Io que Kamil era caPaz de hacer, él ,*i
mismo no 1o habría creíclo. Pero 1o vio con sus propios tli'
'
ojos. Y estaba seguro de que, con lentes y todo, sus ojos "sryrffiI%w.
no tro engañaban. , ¡ . ;liJ"'
-.." l i. .:-,
' .-" . ]"r,,',;
"n-
Es mcior cmpezar por el principio. Carlos era el me-
nor de tres herr¡ranc¡s. Extremadarnente menor: había
entre ellos un abisrno de años y de estilo. El mayor era
Alfonso. Alto, corpulento, risueño y astuto. [Jn as del
fútbol. Ya desde pequeño Alfonso se destacó en los Ce-
portes" I-a l'amilia entera solía ir a alentarlo cuando te-
nía un particlo irnportarrte. Incluso el padre, que siempre
estaba ocupado. Ntrnca lo veían rnás feliz gue en esas
oporrunidades, sentado en la ribuna y festeiando a los
',#
gr:itos cada gol de Alfonso.
lfl y'
tseién era dos años menor que é1. La única rru,rjer. "La
it¡$
luz de los rijos de la madre", decían todos. También ella
h,&
6 i{$
ir,
 

cra alta, aurlque rrruy flaca. Pero, i;obre todo, Belén era siete rneses de embarazo. Cuando la madre lo vio, tan
brillar¡te. Siernpre la mejor c{e la clase, la abanderada, rninúsculo, dijo que Carios no le senraba del todo bien y
la que se llevaba ias felicitaciones de Los maestros. Cada decidió decirle Cariiros.
vez que empezab;r un nuevo curso, había profesores que Belén le llevaba diez años y Alfonso doce, una erer-
le preguntaban a Carlos si tenía algún parentesco con niclad. Con semejanre diferencia c{e cdad, más que un
ella. La recordaban. aunque hubieran pasado muchos hermano se convirtió para ellos en Lrna mascota. "una
años. A él le gustaba responder en voz bien alta que sí, rrrascota lectora", solía decir llelén cuando lc¡ veía ence-
qr-re Belén era slr hertnana, y dejar que lo admiraran un rrado en su habitación durante horas leyendo apasiona-
poco por eso. Se sentía orgulloso de elia. damenre sus historietas.
De m<¡do que sus padres habían cenido esos dos hifos La distancia entre ellos no se achicaba nunca: eso lo
tan especiales y hrego llegó é1. que no sc destacaba en ponía nervioso. Es que Carlos renía la impresión de cre-
nacla. cer rnás despacio qr.-le el común de los mortales. Sin duda
(}Lé pedazo de inúr"il --sol"ía mt¡rrnurar Aiibnso no se parecía en nada a sus herrnanos, que habían salido
- al padre, altos v morenos. Él creía haber absorbido roda
tnientras le pasaba ia mano por el peio. Lo hacía cariirc'r-
samente, eso sr.. la carga de su madre,bajay colorada. Por eso en su in-
fancia recibió muchos apodos. El que más duró fue el
Iln realida.d, sus padres pensaban tener solo dos hi- que inventó un día Belén.
jos. Alfonso y llelén crecieron y
-en palabras de la ma- -Mírenlo -difo mienrras él trepaba con trabajo a
dre- "la producción esraba cerracla". Entotrces apareció un taburete alto de la cocina-. Parece Pulgarcito.
étr. "LIna sorpresa", oyó clecir algunas veces. Todo parecía A Carlos nunca le gustó que io llamaran con ese
indicar no estaba en sus planes y ios desconcertó.
-que
nombre de cuento. Le parecia un personaje rriste y des-
Ni siquiera tenían r.rn buen nornbre a mano. Fue una graciado al que nadie quería. Los que le gusraban eran
broma de Alfonso 1o que lo definió: dijo que si a él le ha- los superhéroes de las historietas que leía, esos seres va-
bían puesro un nombre con "A" y a Belén uno cotrl "8", lientes e indesructibles que viven espectaculares aven-
no había otra alrernativa que ponerle at tercero uno con tllras. Superman, Flash, Batman, el Hombre Araña: esos
"C". El alfaL'eto es cl aLfabeto. De modo que se <lecidie- eran sus héroes. Pero a nadie se le hubiera ocurrido po-
ron por Carlos. Pero nació premafuro, cle-.pués de solo nerle el nombre de uno de ellos.

8
 

De modo que fue Pulgarcito, Carlitos y Zanahoria' Si


2. Cara a cürct, con Manfredi
le hubieran preguntado, no habría elegido ninguno de
esos apodos. Pero hay tantas cosas que uno no elige' El
nombre, el país donde nace, el color del pelo'
Lo que Carlos habría vuelto a elegir una y mil veces
era conocer a Kamil. Ese fue el gran salto en su vida'

T\
¿I--le clónde viene el miedo? ¿Por qué algunos rienen
tanto y otros tan poco? tMuchas veces Carlos se hizo esa
pregunta sin re.sporrdenla. En sus recuerdos, los
primeros rniedos estaban atad<¡s a la oscuridad. Él iru-
biera querido que por las noches quedara una luz encen-
dida, pero su paclre -. eue siempre fue una persona muy
seria y muy práctica-- consideraba que era un gasto de
energía ridícuio. Entonces, rnientras inrentalra concil iar
el sueño, ernpezaba a fi¡arse en las manchas de los mo-
saicos dei suelo que, con el suave resplandor que entra-
ba por la ventana, para éL se asemejaban a bichos. Lincs
bichos grandes y feos. Si entrecerraba los oios los bichos
se moví¿rn yi por supuesro, eso le impedía dorrnir. Pero
Belén se levantabapafa i¡ al baíio y "accidental-
a. veces
mente" dejaba la hu;del pasillo encenc{icla.
--Buenas iroches, Pulgarcito después,
-susurraba
camino a su habrtación, v ól poclía dormir en paz.
 

Otro temor corlstante en su vida fue el de rom¡rer co- La idea, de todas formas, le generaba bastantes cludas
sas. Suceclía que era bastante distraí<io y torpe. l,as cos:rs
porque siempre les tuvo un poco de miedo a las arañas y
de solo pensar que io picaba una le daban escalofríos.
se le rompían con más frecuencia que aLa rnuyoúa de la
Pero 1o que pasó al final, lo que lo transformó, fue
gente. fln sus oídos siernpre resonaban hs aC."'ertencias
bastante distinto cle su fantasía. Y antes de eso iba a tener
clc su madre, que le gricaba todo el tiempo. "Curdado
gue atravesar la peor época de su rnied.¡: cuando IVIan-
quc tc vas a caer, Carlitos". "Atencióll con esas ta'Las,
fredi posó sus ojos en é1.
Carlitos, son frágiles'. "Cjo con el coclo, Carlitos, hay
una botell¡'.
Nunca iba a dejar de arrepentirse de su primera reac-
Pero al final sucedía lo que todo el mundo esperaba.
ción frente a quien sería su enemigo. Fue una mañana.
Tropiezo, golpe, ruido a quebrado. Enronces, si su pa-
en el patio de la escueia. Carlos estaba mirando dis-
dre estaba presenre, llegaba el grito que 1o dejaba rem-
traídamente hacia ia nada, algo que hacía bastante a
blanclo.
menudo, cuanclo oyo un estrépito a su lado. Al Loco
posible que no puedas poner un poco ,Jc aten-
-¡Será llanfredi, un chico alto y desagradable de séptimo gra-
ción
do, se le habían caídc, rodos los lápices. l,o de "Loco" era
Etr esa época a \€ces fanraseal.'a que pasaba alg<l que
un sobrerrombre qr-re no se sabía quién ie había puesto,
le quitaba totalmcnte el miedo. Por ejempkr, que lo pica-
pero le calzabaa la perfección: era fámoso por su mal ca-
ba un extraño insecto v eso lo conl'ertía en un ser pode-
rácter, sus reacciones violentas y su tendencia a golpear a
roso e inranciblc, como le sucede al Flombre Araña. Le
cuaiquiera que estuviese a cofta distancia de sus puños.
alcanzaba con cerrar los ojos para enfocar ia imagen: su
En ese momento puso cara de fastidio, miró hacia todos
cuerpo se volvía increíblcrnente ágil y fiexiblc, sus rna-
lados y finalmente clar,ó sus ojos en Carlos.
nos eran suaves como seda pero fuertes como hierro, y

Al principio la-díjo.
sus pies se adherían a cualquicr superficic. Salía al bai- -Lerantaios
palabra lo desconcertó. Thmbién éi
cón y observaba con atención el panorama. Con Lrn par
miró hacia todos lados, pensando que le habiaba a otra
de saltos ba¡aba los ocho pisos y llegaba a lir calle, jusro
persona. Pero no. JVlanfredi se le acercó un paso e in-
para echarse encina de un ladró¡r o para salvar a una
sistió.
anciana distraída de un camión que avanzaba a toda
"e- --Levantalos.
locidad.

13
t2
 

Carlos c¡uedóun instanre inmóvii siu saber c1ué ha- hacían al salir dei colegio para parecer rnayores. Ni si-
cer. Después muchas \,'eces se dijo que si en ese momento quiera terminaban el cigarrillo: les gusraba que los vieran
se lrubiera. ido corriendo quizi las cc'sas quedaban así furnando, pero en el fbndo les daba asco. Para Carlos fue
y Manfredi no -volvía a molestarlo. Nunca 1o iba a sa- una tortura; la celcanía del fuego siempre lo puso ner-
ber. Pero io que hizo fue agacharse y juntarle los lápices. vioso. Por eso, cua¡rdo le dio la cajita de fósfbros, la mano
Cuando se los enrregó, Manfredi apenas insinuó un mo- Le empezó a tembiar.¡ le siguió temblando ¡nienr.ras in-
vimiento con la cabeza:ni siquiera le dio las gracias. Él cent¿ba encender uno y acercárselo. No logró hacerlo,
se dio vuelta y caminó hacia su aula. No se imaginaba porquc temblaba tanro que el6sfortr se apagaba antes de
que estaban empez.ando una larga ,v dificii relación. que pudiera ofrecérscio a ivlanfiedi. Al final, viendo su
: cara aterror i'zada, ellos estallaron en carcaja das.
En los meses qtre siguieron, Manfredi no dejíl de aco- le tiene miedo al fuego ¡Qré idiota
sarlo. Casi'nunca est¿ba solc: solían acampañario dos -¡Zutahoria
Peor todarría era cuanclo le sacaban la comida. Solían
adolescentes corpulentos de su curso clue hacían más di- aparecerse en el pario en el mornento en que acababa de
fícil cualqtiier intento de rebelión. Aunque la lrrclad es darlc el primer boca,lo a su sáncirvich. Los tres 1o rodea-
que Carlos estaba demasiado asustado para rebelarse. Al ban y Nlanfredi decía:
principio no hizo más que obedecer. A veces Manfredi
--Dáme1o.
se le acercaba a la salida y depositaba en sus braz<¡s la Solo una palabra. y él se io daba. Per<., no se io decía
mochila. a nadie: ni se le cruzaba por la cabeza la idea de denun-
--Lievala --decía. ciarlo o contárselo a sus padres' hubiera sido clemasiado
Carlos tenía que acompañarlo iunto a sus dos horro- \argonzoso. Lo que quería era que nadie se enterara de
rosos amigos --o más bien atrás, ya que caminaba a u¡r lo qrre escaba pasando. Ilubo un día, sin ernbargo, en
par de metros de distarrcia'de ellos- durante cinco o qu€ se No supo si fue porque ya estaba demasia-
diez minuros, hasta que Nlanfredi se daba vueka, tclma- dct cansado cle hacerle caso o porque el ob¡eto dispurado
ba la mochila y is decía: cra Lrn chocolatt-. y él renía debiliclad por el chocolate en
--Podés tr te, Zanahor ía.
c:ualquiera de sus forrnas.
Pero a veces tenía otras ideas. L.ln día quiso que ie en- Recién estaba abriendo el papel que 1o enr.'rñía cuan-
cendiera un cigarrillo. Fumar: era una de ias cosas qlle clo ovó sli \¡oz.

t+
15
 

T,anahoria. t:aro, flaco y morenc, con unos ojos negros que miraban
-Dámelo.
Empezó a alejarse velozmente. con la esperanza de demasiado fijo. ,i\hora los esraba desconcertando a to-
qtle no lo siguieran. Se equivocaba: 1o acqrrral¿ron entrc dos. Nlanfredi lo observó con el ceño fruncido e hizo un
los tres y Manfredi extendió su mano. chasquido con los dedos.
diic.
-Andace acá. Esto no es con vos.
de
-l)ámelo,¡c
Le dio la espalda v estaba intentando abrirse paso en- Pero si había algo claro era que Kamil no peqsaba irse.
tre sus amiqos cuando le llovieron los golpes. En el mi- --Déjenlo en paz --diio mirándolos a los n-es, per<>
nuro siguiente estaba en el suelo, con La nariz s:rngran<lo sobre todo a llanfredi-. Esco se acabó.
y sin el chocolate. Fue su irltimo inrenro de rebelión. --¿Qré? --n¡lanfredi se rió--. Salí de acá, idiora.
A esa altu¡a de las cosas" muchos de sus compañeros Dio enconces un paso en dirección a Karnil, proba-
sc habían dado cucnta de 1o que pasaba, pero nadie que- bl.emente con el propírsito de amedrentarlo. Perct él l<¡
ría metei:se con Manfredi y se manrenían en silencio. sorprendió con un derechazo qrre impactó en medio de
I)os ciías más tarcle. sin embargo, las cosas cambiaron. su cara y lo tiró hacia atrás. De innrediaro sus dos ami-
Esta vez estaba dándole el prirner morCisco a Llna gos avanzaron dispuestos a aniquilarlo. Le cayeron pu-
manzana cuando Manfredi sf pr-lso a su [ado. óetazos qrre Kamil conresró con golpes y patadas. Por
flromentos lograban tirarlo, pero era como si tuviera un
-Dárrela.
No le importó. La r,'erdad es que estaba desarroliando resorte se levantaba al instante y seguía pegando. Carlos
una cierta astucia: adernás de la rnanzana tenía en sr¡ veía asombrado que los goipes no parecían prodrrcir nin-
bolsillo un paqucte de galleritas cle chocolare; de modo gún efecto en é1. como si fuesen apenas un sopftr de brisa.
qr-re esperatra que se [a qrritaran para poder seguir ade- Al parecer los ocros compartían su <iesconcierto, porque
laute con su plan v comer lo qué de verdaci le inrcresaba. prcnto dieron un paso arrás con el ceño fruncido.
Pero cuando cstaba cxtenciiend.o la rnano para dár'seia se Pero entonces Manfredi se acercó v consiguió innro-
oyó una r,'o2.. vilizarl,:¡ en el suelo. Lo tornó del cuello con lrna mano:
*-No se la cles. ¡rarecía estar a punto de matarlo por asfixia. Y en ese
Levantó la vista ¡' vio ,.r l(amil perado lunto a é1. filomelrto Kamil logró levanrar una rodilla y le encajó
Aunque eran compañeros, hastir cse lnorncllr() nt.tnca rrna fuerte patada exacramente en la enrrepierna. .l\{an-
habían tenido Llna con€rsaciírn. llm iul chico un poco fredi saltó aullando de clolor.

16 t/
 

Llegó entonces un maestro a separarlos y la pelea ter- 3. El té del dactor Wasim


minó.bespués de que se llevaran a los otros, Kamil se
acercó n Clrlos y le sonrió. Tenía varios moretones y
le
salía un poco de sangre <iel labio, Pero se veía contento y
tranquiú, como si en vez de baber soportado una feroz
palizaacabara de salir dei cine'
que no te van a molestar más -diio rnien-
-Creo
úas se sacudía el Polvo cie la roPa'
podés estar así'/ ¿No te duele tc'do? Va-
-Pero ¿cómo
nlos a p.di, qr. i1¿-.' a un médico -decidió Carlos T-'r
rnienffas io tironeaba del brazo-' Tienen que curarte' -Ul docror Daniel Wasim oyó hablar por primera
Kamil desprendió cie su mano sin deiar cle sonreír'
se vez del chico pakistaní nrienrras tomaba un ré en la ca-
estoy bien. Nr: rnt: duele nada' fetería de la universidad. Acabatra de llevarse la taza a
-No, nc
Puede ser... los labios cuando, en una mesa a su izquierda, N{arga
-Pero
--Sí puede ser. dejó caer la frase y sus palabras coincidieron dc una ex-
I)urante unos segundos se miraron en silencio' traña manera con el ardor que él sinrió en la lengua. Ei
algo taro con vos --insistió Carlos-' Algo té estaba demasiado caliente.
-H"y
que no es normal- --Es un chico que camina sobre brasas encenclidas.
Kamil movió la cabeza de una manera ambigua'
todo' -¿Y cómo lo soporta? -pregunró una mujer senra-
corTro si lo estuviera admitiendo, aunque no del \\'asim no conocía.
cla frente a ella, a quien
--¿i[enés... poderes? --Eso es io que nadie sabe. Es muy extraño
¿5i .'Pero lo crrgas'
Pero no Io digas- -r\larga
abrió rnucho los ofos---: camina sobre krs carbones y se ríe.
-5u5u¡ró*-.
-Algcl asintió" Recién estaba empezando a vislum-
Carlos El doctor \\'asim no era del estilo de persona que se
brar el secreto. cntromete en conversaciones ajenas, pero no pudo evitar
girar un poco Ia cabeza y otrserr,arlas. Qería oír el resto.
l'robablemente su mirada dijo más de lo qr"re él hubiera
,1.'scado, porque lvlarga i¡ buscí> con los ojos y sonrió.

18 t9
 

es así. Pero yo he visco Bente que hace eso. Y


--¿Qré pasa. doctor, no 1o cree? -No
exiscen explicaciclnes ciend.ficas. Para hacer las brasas se
sopló en su taza para ocultar la
-¿Círnro? -\\¡asim trsan maderas que han ardido mucho tieurpo y que son
turbación que le pr:oducía haber siclo sorplcndido escu- malas conductoras del cakx. También la ceniza sirve de
chando-. No. solo me dio cr.rriosidad. aislante. Y los que 1o hacen se mojan los pies: de esa ma-
Ella giró leyemente el cuerpo, incorporándc'lo a ia. rr'era, al tomar contacto con la brasa caliente, el agua se
conversación. cvapora y esa barrera de vapor Frorege la planta. Además,
--Bueno, la historia es así: hav un chico que da u.n cl contacto entre ei pie y cada brasa muy rápido y:..
extraño espectáculo en la z.rna de Avelianeda. Fbrma El médico se detuvo. Su explicación había vuelro
se
un camino de brasas encendidas y cuando la gente se derriasiado presuntuosa. Ahora los ojos de Marga lo mi-
junta camina tranquilarnente por arriba. Sin zapacos. r¿rban divertidos.
Una y otra vez. Por supuesto, fodos le dan dinerc. Es urr ---Sí, todo eso suena rnuy bien. científico. Pero
fénómeno. Dicen qlre es de Pakistán. Corno ustecl, ¿.no? si usted lo viera cambiaría de idea. El chico es algo fuera
soy mitad pakistaní y mitad argentino. Aunque tlc 1o común. No parece tener más de doce años. Es ca-
-Yo
descle hace unt¡s años vivo ia mayor parte del tiempo
¡raz de tocar el carbón ardiente con las manos, de tirarlo
en...
), arraparlo en el aire. Y no se moja los pies, doctor. Por
ya sé. rnolnentos se huele en el aire a carne chamuscada. Pero
-...Lonclrr-s,
-qré horrible -tnurnruró la amiga de N'[arga, a t'l sigue riendo. Se llama Milo. O al menos le dicen así.
quien no le inreresaba para nada la biografía del mécii- parece un nombre pakistaní -obserró
co-, carninar sobre brasas, nre da dolor de solo per-rsarlo. -No
W:r;im.
El doctor \\iasirn no diio nada. No conocía mucho a ,Vlarsa se encogió de hombros.
Marga __una técnica del labor¿torio donde estaba tra- - Es el qLle usa. Si se queda más tiempo en el país
bajando- y no qrrería cuestionar su historia. Pero otra t¡rrizá se 1o cnrce mientras se levantaba--. Y
r.'ez ella leyó la incredulidad en sus oios. -agregó
('n cse c;.r.sc'r, le aconsejo que se deter-rga: es toda una ex-
--No lo cree. 1x'ricnci:r.
no es eso. médico sonrió-. Pero me voy en dos
-Nr,
--Tanta ciencia 1o r,alvió rnuy escéptico, doctor:.
-Seguro
-el
,lrrs. .lc modo que no será fácil.
Wasim negó con la cabeza, molesto.
21
20
 

haber una novia que 1o reclama en Londrcs


4, El poder de los ojos
-Debeella se reía abiertamente-, cada vez se queda
--ahora
menos Pof aqul.
solo una casa vacía. Y trabajo: ya sabe, tengo
-No,
una investigación en curso y debo llera¡ los datos que
recogí. Pero en dos o tres meses vuelvo.
--Lo estaremos esperando.
Marga dio media vuelta y se fue con su arniga. \\'asim
volvió a soplar su té, aunque ya estaba tibio. Tomó un
trago mientras pensaba en la historia que acababa de T\
lJespués
escuchar. No creía que fuese cierta. Aunque había evi- del enfrentamienro con el grupo de lvlan-
I'n:r{i, Carios decidió que no iba a separarse de Karnil en
tado decirlo, 1o más probable para él no era siquiera la
,,'l colcgio; sabía que dcbían esrar esperando la oporru-
explicación científica, sino que el chico utilizase algún
riitlad para vengarse, o sea, para hacerlo puré apenas lo
engaño para obtener ditrero. De todas formas, había
('rlcontraran solo. Per<t lc¡ gue cn principio ernpezó cla-
algo que le molestaba en todo eso. Qizá que fuera de
rirr]lcnte como conr,eniencia terminó convirtiéndose en
su país. No le gustaba que se expusiera así, ni qlle ellga-
;riso distinto: Karnil v é1se hicieron amigos. En verdad,
ñara a la gente.
Irast:r cse momento casi no le había presrado atención.
Dejó ia mitad del té y se levantó. La lengua aún le
l'.r'rr bastante nuevo en la escuela y no hablaba mrich<1.
ardía. En su memoria, esa sensación iba a quedar para 'lir.los clecían que sus padres eran extranjeros v
siempre ligada a La historia del chico pakistaní. Cada diferen-
t('s, .unrquc Carlos no tcnía claro cuál er? e-{actamente
\/ez que en el futuro oyera hablar de él --y serían mu-
l:¡ rlif crencia. liolo había visto fugazmenre a su macL-e un
chas vcces, aunque toclavía rro podía imaginario- a su
,lirr ,"'n c}re lo .,.inieron a buscar en auto v ella bajó para
boca iba a volver el recuerdo del ardor.
lr:rt crlc señas. Le había parecido una mujer hermosa, cJe
rr'7. n'ruy oscura v ojos grandes, que lle'"'aba un largo ves-
tirftr rr¡lorido y la cabeza tapada con una tela que a su
rrr;rrrr:i lc hubiese qustadc¡ para hacer cortinas.

22 23
 

Pero rrun"ca hablaban de ellos. En realidad, se noaba --¿Y qué puedo hacer?
que a Kamil no le gustaba mucho que le lricieran pre- --Conrolarlo.
guntas, por lo que Carlos limitó ias suyas al mínimo es fácil decirlo, sos inclestructible.
-Para v'os
pcsible. Sabía que era algo mayor que el resto dei curso Negó con la cabeza.
contó clue había pasado un tier:Ipo aprendiendo cas- sé usar lo que tengo.
-le -Solo pero yo no telt-
tellano al llegar al país-- ,v que tenía amigos de su edad -Claro -di¡o Carios en<;iándose-,
fuera del colegio cc',n los c¡re solía quedarse en la caile so nada rnás que esto: un cuerPo ridículo.
por las tardes. No sabía i¡ié hacia exactarnente en esas muchas cosas que nc) \,es c<tntcstó son-
-'fenés
tardes, pero había visto marcas )/ cortes en sll cuerPo y r.icndo-. Sos rápido y astuto. lvlucho más que ellos,
un dia no pudo resistlrse y ie pregunró a qué se debían. (,arlos.
Karnil se encogió cle h.:n-nbros. No le decia Zanahoría ni Pulgarcito ni Cariitos. Le
--Me gusta probarme, ver si existe un lírnite. O tnos- ,lccía siempre Carlos. Eso le gustaba.
trarle a mis amigos: a veces no creen 1o que pueclo hacer.
te iastinla? Lo de la velocidad era cierto: siempre fue muy rápido,
-¿Nada
N{irá. ¡r,'ro reciérr en ese momento empezó a darle importarr-
-Nc¡.
Se acercó hasta la carteiera de la clase y sacó uno de r ir. l"uc un día en que Kamil lo desafió a Llna carrera
los alfileres que sostenían un papel. Después se lo clavó l¡rrrta cl otro lado del parque. Carlos estaba seguro de
profundamente en la nariz. Carios se estremeció. (.luc no se había deiadc.' ganar, Porque era algo que él ia-
hagas esol r¡ris lrubiera hecho. Hasta entonces ie ganaba erl todot
--iNt¡
Se rió. r'r r l;rs pulseadas, en quién-emboca-más-veces-en-el-aro

--¿Por qué? No pasa nada, ües, nada --sc lo sacó ien- 1, lr:r;ta en el juego de atrapar el pulgar del contrario.
tamente. Flabia una gr¡¡i¡¿ cle sangre_-. A vcces queda It'ro csc día Carlos ie sacó más de cuerPc) en la ca-
una marca, pero nacla más. i{o te asustes. il (.'ril.
Ese fue el día en que hablaron del miedo. Kamil de- fule ganaste
-diir; tirándose al piso cuanc{o llegó
cía que a Carlos el rniedo se le'u'eía. .r l;l lllctil.
te riota en el cuerpo. Es por eso qlle te toman de St fo veía realmetrte cansac{o. Eta extra.ño. En esos
-Se
blanco: transpirás miedo. ,lrrr.;, (lat'los había pensado más de una vcz ert el asunto.

24 25
 

'i: ti

ltrr m<>mentos estaba convencido de que Kamil tenía


poderes y en otros le parecía imposibie. Lo había visto
Irlccr cosas increíbles, sí, pero ahora se quedaba atrás en
r¡na estúpida carrera.
es posible que te gane? Ten-
-¿Cómo -pregunró-.
rlrías que ser súper rápi.do. Como Flash.
--No, io mío no es la velocidad, sino la resistencia.
Stiy duro: aguanto cualquier cosa. Puede pasarme un ca-
mión por encima y no sienco nada. Si se me derrumba
trn edificio encima salgo caminanclo muy tranquilo.
una roca.
-Como
Asintió sonriendo.
--Pero ¿de verdad nada te lastima? ¿Nada de nada?
--¿Qerés probar? Pegame. Tirame un ladrilto. O
cortame un cortaplumas de su bolsillo y se lo
-sacó
cxtendió-. Con esto.
Carlos no 1o agarró.
--No, mejor no.
varnos dei cortaplumas una hoja fi-
-Sí, -desplegó
losa y le ofreció el brazo-. Hacelo.
A Carlos le tembló un poco la rnano mientras aplica-
ba suavemenre la hoja sobre la piel de Kamil dibuiándo-
tre una línea.
fuerte.
-N{ás
Apretó y cortó. Karnil sonreía.l,a hoja avanzl y apa-
reció un hil<l de sangre. Carlos se detuvo horrorizado.
-_Ay, perdoname.

2.7
 

sabía su nombre y 1o liarnaba sin razón aparente. Aun- A partir de entonces se abocó a 1¿ tarea con una perse-
que enseguida supo que no iba a alcanzario, \\'asim no vr:rancia quc pronto se convirtió en obsesión. Si \ñ/asim
abandonó la persecución hasta nlinutos lrlás tar- s.' había destacado en su profesión era precisamente por
de, cuando caló en la cuenta de que no sabía dónde se l:r forma clisciplinada y estricta con que encaraba él tra-
estaba metiendo. Se detuvo sin aire y miró a su alrede- baio. Excesivamente estricta, a juicio de algunos de sus
dor. N1ilo había desapareciclo. ,,rlaboradores. De ese mismo modo se puso a buscar
Cuando consiguió v'oh'er al punto de partida, las bra- Ir¡cla inforrnación posibtre en torno al chico que camina-
sas aún ardían. Wasim se agachó ¡unto a ellas y estiró la ba sobre brasas.
mano paÍa totnar una. Apenas la rozó el calor lo hizo Sus motivos seguían siendo confusos para é1 mismo.
maldecir. lrstaba esa extraña sensación de responsabilidad, pero
*-Cuidado---un vieic¡ a su lado io miró intrigado- trrrrrhién habíaalgo Wasirn había empezado a creer
¿Qé irace? Eso quema. ,¡rrc Milo pc:dia ser en verdad un caso ulteresante, un
cl chico rro se quemó. ( rso qlle qt',,i2á significara para éi un salto en su carrera
-.Pero
no es él'
--¿Milo? No, claro que no. Pero usted ,. rcntífica, Por eso revisó varias publicaciones en brnca
Terría un iarro con agua en las Ílarlos v la tiró sobre ..lt' un artículo que había leído tiempo atrás: el recuerdo
las brasas que despidieron un intenso v¿Por. No había ('r'a vago, aunque tenía la sensación de que había algo,
truco, pensó \\¡asim, ningún truco. r rrur mención, que lo podía ayudar. Pero no apareció. Es-

--¿Sabe dóncie vit'e? t ¡ ilrio c'ntonces a la secretaria de su equipo de investiga-


qué quiere sal'terl<-'?
-No. ¿Paraverlo, , rrin cn Londres, pidiénclole que lo buscara.
--Necesiro lrl siguiente paso fue invitar a Marga a tomar un cafr
El viejo sc encogió de hombros y entró t'n una de
l)iu;r rrmntener una charla. Cuando ella vio que la espe-
ias casas. Wasim se quedri tln rato más en la zona por r,rlr.r con un cuaderno abierto y lapicera en mano frun-
si Nlilo volvía, pero no sucedió. Ese tiempo le sirvió, r io sl 6¡'fl6.
sin embargo, para tomar trna decisión: iba a declicarse '-¿Qré, doctor, r'o,v a dar examen?
a buscarlo. No sabía si era una decisió¡r razonable o no, ---No, solo quiero tomar unas notas. Unas notas bien
pero en ese momento ie pareció que no podía tomar r( )r)ruclas rnientras uno investiga permiten luego llegar a
otra. I I r l )( )rf anteri Conclusiones.
I

36
37
 

I'rrscando una avenida, decidió derener el auto y bajarse


maternas. l)espués de gr:aduarse como rnédico se habí¿'
trasiadado a l,oudres Para su cspecialización y va hacía ¡r:rrr averiguar cómo volver a la capital. Se acercó a un
r r l rcl-r¿rcho que vendía periódicos y le pidió indicaciones.
seis aíros que estaba ahí. Y ahora, desde quc sc había str
llr:r un chico nruy flaco con aire disrraído, que rnienrias
mado a Llna invcsrigaciírn genética que se llevaba a caho
It' cxplicaba la forma de retomar su camino no dejaba
en varicls paises simultáneamellte' vivia un tielnpo ert
rh' rnirar de reojo hacia la esquina, donde se veía a un
cada ladct. Pero se sentía Lln Pc'co aieuo en cualquiera de
los rres países. IJn biciro raro. [rupo de gente reunida.
-¿C¿yé pasa ahí?
-_le preguntó finalmenre Wasim.
La incómoda scnsación que lo unía a Milo seguía --Recién estaba el chico ese, el que no siente el fuego.
presente el día c4 qtle le cancela¡on Lrna reunión 1' sc ¿LIno que camina sobre brasas?
encontrí> con Llna imprevista tarde iibre' Tenía a su
--Sí --ei muchacho lo miró, esra vez directamcn-
. Iis algo irrcreíble.
ilisposición e[ auto de Lila, la prima que 1o albergaba
\\'asirn a,¡anz6 rápidarnente hacia la pequeña mulri
<iurante sus estadías c¡r Buenos Aires' )¡ decidió ir hasta
trrrl, tlue en esc *oÁ.rro en'rpezaba di.p"rrrrse. l)u-
Avellanecia: tal vez la suerte quisiera cltle se toP:rra con "
Milo. -Ibmó la decisión en un impulso, pero a medi- r.rn(ü Llnos segundos alcanzó a vislurnbrar ei rostro de
rrrr moreno clue reía iunto ;r otro adolescente. Tenía
c{a que avanzaba se sentía cada vez más seguro de estar
{[r('scr ese. Pero entonces la gente que avanzaba se in-
haciendo 1o correcto. Ese chico, pensaba el médico' r-re-
It'r¡r¡1.5q¡ y Cejó de r.erlo. Aceleró el rirmo mientras pedía
cesitaba que algr.rien le mostrara la necesidad de aban-
donar urr iuego que lo ponía en peligro. y él sería esa l)('r'r)l is() y, ya impaciente, terminó por al-rirse paso a los
, ,,.lir.,os. Fue inútil: cuando llegó al lugar el chico ya no
persona. Era su dcber como rnédico y como pakistaní,
, ,,tr[ra. Qizás era uno que se iba, unos metros rnás allá.
.se clijo para con\¡ertcerse. I-o que no hubiese confesado
'''rrr s;lber bien por qué, el doctor Wasim llamó:
ran fácilmente era que la cüriosidad Por ver a esc extra-
ño personaie pesaba tanto, o quizá más, que la sensa- ¡N{ilo
ción de deber.
l:l chico se dicl vuelta y durante un breve instantc sus
nur.;rtllrs se cruzaron. Tenía unos ojos nrlry negros. Percr
aunque hizo un recorrido basrante amplio, que
incluyó los aLrededores del hospiral, no vio señales de ' ilr()nces se echó a correr. Prr¡'bablcmentc tuvo miedo.
é1. Para peor, sc perc{itr. Después cie dar infinitas vuc:ltas lh u\(') rnás tarde el médico. miedo de ese extraño que

3+ 35
 

func$<'r-o lz"¡cw¿d¿t

Marga sonrió. --No, yo no creo qlre haya nirda de exagerado --dijo


hablamos de esto, pero el doctor es escéptico \{rrr:tín.
-Ya -se
¡:uso el abrigc y saluclír--. i)iscuipen, estoy apurada.
Wasim giró hacia Martín. Irn Ios días que siguieron a esa con\€rsaciíln, Wasim
rr, r lt.rgró sacarsc a N{ilo de la cabcza. Por alguna exrraña
--Sí. me interesa... ¿qué más sabe del asunto?
rr¿-<in. sentía ir tras éi y rescatarlo.
--Es un chicn muy raro que camina sobre brasas...
Y a veces también se corta. T.ttgo un herrnano qire es ¿Rescatarlo de qué? --se preguntó una mañana
enfermero en el hospital de Avefianeda,v me contó qtte ll t'ntc al espejo mienrras se afeitaba-. ¿l)e sí mismo? Y
fue una vez para que le curaran las heridas. rrr siquiera sé si es real.
[as hrasas lo queman?' l'cro ia idea ahí, rondándolo obsesivamente.
-¿Entonces ( )rriz.¡s era que como médico le resulraba perturbador
le dejan marcas, pero no se queja.
-Aparentemente
'Tampoco de los cortes. llt'rrsru-cl1 que el chico se producía constantemenie heri-
,l,r',.¡rrc lo rnutilaban. Pero rambién cxistía iaposibilidad
-¿Cortes? rlt'rlrrr hubiera algo algo real cn lo que contaban.
--Se pasa cuchiilos y agujas por los braz,os. A r,'eces
también por la lengua o una c¡reia. Hasta se ofrece para ,\lto ,1r-rc podría convertirse en un gran descubrimien-
que le peguen. tu. 5r¡rr,rclió la cabeza. No, eso no tenía mucho sentido.
Wasirn fnrnció el ceño. I'r,¡lnblernente todo se resumía simplemente a que era
qué hace eso? ¡r,r k rst.rní, corno é1. Iin un país donde su origen resultaba
-fara llamar la atención, para conseguir dinero... t,n r t xtitico, ese sirnple hecho lo hacía senrirse unido al
-Para rr h rlt'sct'nte desconocido y le provocaba una extraíla sen-
No sé. En la zona le dicen "superchico" o "faquir".
,,t( r()tr ,.lc res¡ronsabilidad, cofno si, al estar ambos tan
--¿Usted lo vio alguna ve.z?
no Martín-, me lo contó mi her- L ¡. rl,.' cas;1, fu\/iera la obligación de cuidar de é1.
''
-Yo -reconoció
rriano. ¿Por qué? ¿No lo cree? \lrrchas veces \f,/asirn no sabía cómo definirse y eso
--No sé se encogió de hombros--. Resul- h, rrrroulodaba. ilijo de padre pakistaní y madre ar-
-Wasim ll ntrl;r, lir rna,vcir parte de su vida había transcurrido
ta muy raro. illc pregurlto si es realmenre así. A veces
cuando una historia pasa de boca en lroca se tiende a , n lrr r rrr<Jad de Islamabad, aunque siemprc hubo lar-
exagerar.. ri,r,, r'st,r,lí.rs en Buenos Aires para calmar las nostalgias
"

37 33
 

Pero Carlos no se engañaba: sabía que no se ha-


.5, Corriendo ffas una sombra
bía convertido en un gran luchador, ni much<¡ menos'
Aprovechar su velocidad lo volvió un Poco rnás hábil
y más seguro de sí misrno, Pero nada más. Si las
uada más- Ias cosas
se ponían feas, su principal recurso era huir. Hubo una
época, sin embargo, en que solía imaginar que se con-
v€rtía en un superhéroe. Se l'eía a sí mismo con un traje
rojo: Superniño, el chico capaz de alcanzar la velocidad
cle ia luz y atravesa.r las paredes. Tirado en stl calna an-
tes de dormir, ceniaba los oios y se imaginaba iunto a TT
Varios nrescs desprrés cle tcner la prirnera couvc'rsación
Kamil, los dos volando con las capas al viento. Lin dúo
,,,rbrc N'{ikr, el docttx \r\hsim r,'t¡iviír a oír'su uombrt mien-
indestrucdble, dispuesto a salvar el mundo"
t r.rrs tonraha nota dclrcsultado de los cxpcrilnentos que aca-
Le gustaba entregarse a esos sueños. Sabía que en su
l,,rl,u .1e rt:aiizrr. ¡\ su. lado, Marea charlaba con .Nlartín, cl
casa decían que era demasiado fantasioso" que tenía la
()t11) tócrico del laboratot'io, ilicirtlas sc PreParaban pata
cabezailena de superhér.oes y paradas, Pero Pocas veces ,,,rlrr. lir;¡ una csccna habitual,los dos habían ct-ecido r:ll ia
se sentía tan feliz como cuando deiaba volar su imagina-
z, rrr¿ dc ;\r'cllaneda y tcuían muchos conoc'idos eu común'
ción. No se lo contaba a nadie, así como tarnpoco conta-
\\'asim liabitual¡ncntc se aislaba de csc tipo dc con-
ba lo de Kamil. Eran sus secretos'
r t'r'sucit-xlcs. Lo fastidiaban, era un ruido que lc qr-ritaba
t ,nccntlaciiin ¿ su tarea. Pcro csta vcz llegó a sus oíd<ls el
I rr rl I tlc utta f¡asc quc lc hizo levantar la cabeza'

...Io-t pies qtremados, perc ai parecer no lc importa,


I s r'l ¡r-risrn<¡ chico.
lrt' ','ol.,,ió hacia ellos con interés.
,( rién?
L.rn chico extraíro pareció cohibido-.
-N{artín
\,r crco que a usted le interese.
.)t
 

PeroKamil aún sonreía. l(amille tiraba gobes y Carlos tenía que esquivarlos. f.e
No pasa nada aplicó un pañuelo en la iba bastante bien, aunque a veces le daba y gritaba de do-
-¿Ves?
herida-. Nada.
-se
k>r. Urra de esas veces sc tiró sobre el césped, deprimiclo.
Era asombroso. Soy un fracaso.
serás una especie de robot, como Terminator?
---No, lo estabas haciendo muv bien.
-¿No
Qgizá vengas del futuro... trates de engañarme la vista-, no
Carlos había visto la película pocos días antes y lo -No
sirvo para
-desvió
había impresionado mucho" es cierto. Mirame exasperado-. Eso
Kamil sacudió La cabeza. -No -parecía
cs io que tenés que aprender: a mirar.
no. Es algo distinto. A,[ás como...
-Un robot...
Superman, el hombre de acero. -(}ré gran poder --se burló Carlos--, con los ojos
hs mato a todos.
-Como
Sonrió. los convencés de que te creés alguien. Vos
así.
-No,
\icmpre bajás los ojos: eso a todo el rnundo le parecés
-A.lgo por
Era la primera vez que hablaban tan abiertamente de r¡n ¡niedoso.
su capacidad y Carlos se animó a hacerle la pregunta [.]so no le gusró. Aceptó el consejo y empezó a enfren-
que le rondaba por la cabeza. trrr a los demás con la mirada. Al principio no io mane-
inmortal? i;rlra mrry bien y más de Lrna vez tuvo que huir cuando
-¿Sos
Se puso serio. ,r l¡:,rrno le gritó irritado:

-No 1o sé
-susurró-.
Y no es algo fácil de com- - (¡é me mirás, imbécil.
probar. I'cro de a poco fue aprendiendo a usar stis ojos con
-No -admitió CarLos-. l\{eior no trates de hacerlo. , icrta habilidad. llabía que encontrar Lrn equilibrio: no
:,( tr;ltaba de ser un mirón ni de desafiar a todo el mun-
Por insistencia de Kamil ernpezó a esfcrzarse en sacar .kr. sino de sostener la mirada cuando hacía falta. Sos-
v-entaia de su r,'elocidad. Le había hablado de u.n boxeador tcncrla .--on firmeza y decisión. Y se dio cuenta de que
muy pequeño que ganaba las peleas simplemente porque s, r'r,írl. '"[ambién servía ser rápido, moverse como haría
se movía tan rápido que nadie c<nseguía pegarle. Eso te- rrnrr :rraíla. slrave v alavez inalcanzable.
nía que hacer é1. Practicaron vari.as \eces en el parque;

28 29
 
  . .

Marga sonrió. A Wasim le pareció ver un deio burlón l\,[area se encosió de hombros.
en sus oios. -No tengo idca.
qué está esPerando descubrir? --Vámos, Marga, usted ticne muchos contactos en
-¿Y sé exactamente' Pero sé qr're tengo que investi- r,'\il z-ona... ¿,O no quicrc arrudarme'1
-No
gar esta historia. Cuénteme cómo y dónde vio al chico Ulia lo miró a los ojos.
- -No sé. Cuénteme prirnero para qué 1o quicve. ¿Iisrá
^ primeravez.
por
solo 1o vi una vez' Fue en Avellaneda' t sPc¡¿¡619 desenmascararJo, probar que es un fraude?
--E,l realiclad --No, sé que rio es un fraude. Creo que pueCc haber
hace aproximadamente seis meses' Había un grupo de
g.rrr* i.,rrrida y me acerqué a ver qué pasaba' El chico ,rh;ri itnportanre en é1, algo diferente.
lrt"b" caminando sobre las brasas' Me pareció algo ex- Y si descubre qr;e tienc una capacidad sobrenatu-
traordinario. r,rl. (quc va a hacer? ,'Publicarkr? burlona--.
-sonrió
qué tan extraordinario? Mucha gente en el cl ADN del supcr-
( rie rc hacerse famt¡so descifrando
, lr
-¿.Por r ltitrr?
munclo lo hace.
*_No en este país. Pero además, yo vi hacerio en te- \\'rsim sact¡dió la cabeza. Sc sentía algo molesto.
Ievisión: pasan corriendo. cuidando que el contacto sea Stry ¡t't científico, llo creo er-r ¡roderes sobrenatu-
mínimo.-ÉI, en cambio, va lentamente, vuelve, se ríe"' Y r ,rlt s. llspcro eltcontrar una explicacií>n a io quc succdc.

l l'ro h' aseguro que iro quiero perjudicarlo.


en un lnomento levanró un pie y vi en la planta" '
Irsrá bien --suspiró Marga-*-. \,'ov a trarar de cn-
-¿Qé? No es que no se llueme' Pero no dice pa- ( ( )n[tiil' aigírn dato. Pero tiene quc prometernte que si lo
-Heridas. | il\ U('n[ra Io va a cuidar. Qre no io va trataf colno ¿l
iabra. Se ríe. Es como si... no fuese humano' No me en-
tienda mal, no quiero decir que sea extraterrestre' Pero , l',t lro ,:le laboratorio.
'"
uno tiene la impresión de estar frente a un muñeco al l)rolnetido.
que le han dado vida.
algírn signo de enfermedad en é1? ¿Alguna ll 'r'os días dcspués Marga le dijo que no había conse-
-¿Hay r',r I r( l( ) rrúrn ningún clato, aunque no perdía las esperanzas
deformidad?
, lr t rc a lgr-rna de las personas a las que había consulra-
el chico derrocha salud' lr
-Nada. ,l, , h' t rufcra noveclades. Wasim decidió seguir adelante
-Dígame, ¿cómo Puedo encontrarlo?

3B l9
 

y fue a ver al doctor Diaz en el hospital dc Avellaneda' --Nada. Ni un suspiro, Después lc pusimos la vacu_
Había conseguido su rteimbre pu'r itltermedio del her- na antitetánica y no se inmutó. La liistorieta era mucho
rnás interesante para éI
mano de Nlartín. --Díaz se incorporó*_, Ilueno,
No fue lácii: estaba o<:upado y renía poca paciencia creo que cso es todo.
para cl rcctrerdo. 'Aceptí-r a regaíradientes recorrer su li- --;\lgo más: debe haber un registro. LTna dirección,
bro cle .:onsultas, soio por:que \h'asirn insistió en que se t¡n teléfono.
trataba dealgo muy irnportance' Sí, recont¡ció finahnen- -No en mi poder, pero pueden pr obar con la adminis_
te, había arendido en el hospital a un chico cc'tn heridas rración ._el médico volviti a nrirar su rruaderno__". Aqui
en los pies. También tenía tajos en los brazos y un corte cstá la fecha de la consulta y el nombre. Kamil Sjrki.
profunclo en una orc,a. Wasim frunció el ceño.
tenía esas heridas? se lla.maba l\{ilo?
-fl,eexplicó por Eré -¿No
Mienrras El médico 1o rniró sin inrerés.
-No esraba muy dispuesto a explicar nada' rectler- ---Acá dijo esto.
io curábamos seguia le1'g¡¿. una historieta' Solo
do que diio que se lastimaba a menudt¡ en la calle.
I-levó más de una hora hasra que en la adrninistración
--¿Vitlo solo?
--No estaban los ¡radres, si es 1o que Pregunta.Fia- <licron con la ficha. Decía que Kamil Sirki rcnía doce
bía otro chico con éi, algo maYor. Creo que fue quierr rríios y que no presentaba antecedentes rnédicos de im_
lc, traio, él parecía estar ahí Lr)ntra su voluntad' No le lxrrrancia. Pero había una dirección. Mientras Ia anota_
importaba nada. l'1, \fuhsim sintió que ahora sí esraba sobre la pista. Tenía
--Usted sabía que caminaba sobre brasas. ¿O no? c¡-re se¡ e1 mismo chico: quiz-ás usaba un sobrenombre.
Díazladella cabeza, como dud¿ndo. Selió dei hospital exulranre y se merió en su auro. Solo le
--Creo que alguien nreucionó algo así. Le adverti- .
¡rrcdaba' tres días antes de voh,er a i-ondres y te'ía ante
mos al chico que tettía que cuidarse y deiar cle proclu- t:l una enorme lista de tareas por hacei. Sin embargo,
cirse esas heridas. Pero aunque Ciio que lo h¿rría, era .ler-idió ir en busca de Kamil ese mismo día. No quería
evidente que no le interesaba c'n absoiuto lo que nosotros ¡rosrergarlo más.
c-rpináramos. Buscó el rnapa en ia guantera ),se dedicó a esrucliar_
_.¿Se qucjó mientras lo curaban? kr concienzudamente. Minutos más tarde estacionaba

40
 

ccrca de ahí. Recc'trrió con ansiedad la calle hasta el final


(>. Lafarsa
en busca del nirmero 17, ,v entonces el alma se le fue al
piso: no existía. La numeración pasaba del 19 al 11. De-
cidió tocar el timbre en ambos. quizás habían cometicio
un error al escribir la dir-ccción. Pero no, no conocían a
ningún Kamil.'Iarnpoco a fi{iLo.
En la siguiente hora, Wasim recorrió ei barrio pre-
guntando aquí y allá. No obtuvo ningún resultado: o
Kamil era allí un desconocido o todos eran muy buenos
actores.
Volvió a[ auto rumiando su desilusión. Evidentemen-
H"¡o r¡n día en el quc Carios llego a convenctrse
..lc que los poderes de Kamil eran una gran mentira.
te, había dado una dirección falsa. Qrería evitar que lo Fue
tltrranre r-'r partido de fútbol. Se enfrentabar con los del
encontraran. ¿Por qué? El doctor Wasim sintió que otra rurno tarde v su amigo había sido elegido para inregrar
vez Milo lo miraba v se escapaba hacia lrn lugar adonde
c| ccluipo. Ét,.n.r*bio, esperaba.r,.iborr.o de suplen-
é1 no podía llegar.
tcs. En un rnomento, un chico del equipo contrario que
Esa noche soñó con é1. El chico tenía las manos erl
ll..v:rba unos botines mlly vistosos ie encaió urra feioz
llamas v lo observaba.
l',rrada a Kamil cuando esraba en poder de la pelota. Fue
r,ur cvide¡rre que la tribuna rugió con un grito coleci_
r,r. Algc que sonó como "Uhhhh': y entonces él cavó
,rlsuclo.
Clerlos no podía creer en io que,¿cía: Kamil se aga_
rr':rb¿r Ia pierna y gritaba de dolor. Gritaba der.sp.i"_
ilrrrncute. O sea que 1o había engañal{r_,. Los ojos se le
llt'¡urron de lágrimas: el superhéroe capaz de soportar
(ln(' s'l le <ierrurnbara un edificio encima ahora grita_
l'.r por urui sirnple patada. Se sintió escafado, crédulo.

43
 

--.Sí
idiota. Vio cómo lo alrudaban a levantarse y lo arrastra-
--sonrió Carios micnrras su coraz.ón. quc había
. rnigr;rcio hacia algú.n lugar remoto, ,l.olvía a *s¡r. cuer-
ban hasta donde estaba é1. Por su pierna corría un hikl [ro--, estuviste muy bien.
de sangre. Cuando terminó el partido, el pr,r{isor v,:lvió }unto
- \by a traerte un poco de hielo -di¡o el profesor. ,r <:llos y se ofreció a acompañar a I(amil rr, .".". Él ,.
Ninguno de los dos habló en los siguicntes minutos. r rctlti: "
Kamil no deiaba de lameutarse y presiotrar la pierna he- --Estoy mejor, rrre puedo ir con éi.
rida. Carlos hubiera querido huir de ahí: estuvo a Punto Apoyat{o sobre el hombro de Carlos, rengueó todo el
de levantarse y salir corriendo, pero Por alguna raz.6n ( iurlino hasta la salida y tarnbién hasta que lleqaron
a la
no lograba despegarse asiento. Entonces volvió el t'sr¡uina. Cuando doblaron rniró hacra todos lados: no
profesor, le limpió la herida a Kamii y le aplicó una al- lr.rbía nadie conocido a la vista.
mohadilla helada en ia pierna. Se ofreció a liamar a sus -L,isto -dijo riendo, y empezí a caminar normal-
padres, pero él contesró que no era nece.sario: ya se sentía nrcnte-. Ya puedo ser yo.
un poco meior. no re dolió nada?
En su cabeza, Carlos le diio muchas cosas: farsanre, -¿Entonces
---Por supuesto.
mentiroso, hipócrira. Pero sus labios estaban cerrados l\4ir:ó el rel.oj.
mientras veía cómo la gente se alejaba de ellos y tls tardísinlo, tcngo que inne.
voivían a concentrarse e¡lel partido. Kamil apoyó [a al- Y saliii corriendo, corno si nada hubiese sucedido.
mohaclilla en el banco y le sonrió. ( .rrlos se quedó ahí parado, terriblcmenre arrepenrido
--¿Qré tal estuvo? -susurró. ,lt' lrul;cr dudado de é1^ Kamil era fuerte. Indestructible.
Carlos lo rniró azorado. 'ir'scritía como si fuera el rrrej,:r amlgo de Superman y
--¿¿c\é?? r r.r r.nl sentimiento fabuloso. Ya nada malo le podía pa-
--I4i actuación. ¿Estuvo bien? ',, rr : t-'statta a salv,o.
Recién entonces se dio cuer¡ta: había estado fingiendo
todo el tiempo. Abriíl la boca, Pero no emitió ¡ralabra. l:rrc en esa época cuando empezó a creer que Ka-
Kamil se le acercó, para que nadie más lo oyera' l cra cle <¡tlo mundo. Realtnente de ot¡o mundo; que
--Tengo que parecer notmal, ¿entendés? Si no, todos 'ru
lr.rl'r¡ vcnido a la Tierra, que Superrnan, tras ia
se darían cuenta.

A' 45
++
 

-
destrucción de su planeta. O quizá con alguna rnisiíln
.1tre les había quedado mal. Ansió no rener que verlo
secreta. No es que pensara eso todo el tielnpo: por rno-
nunca con su verdadera apariencia: era Lm chico bastan-
mentos esta teoría a él mismo le sonaba ridícula. Pero
tc irnpresionable.
por las noches, en la oscuridad de su habitación, Carlos Su teoría sobre su presencia aquí ---elaborada tras
no veía otra elplicación posible. rnur-'has horas dedicadas a darle vueltas a ese asun-
EI extraño aspecto de su rnadre había reforzado esta to --- era que habían vcnido a explcrar la'Iierra, tal vez
impresión en ól; r-on su traje largo y sofisricaclo, le ha- (rnfeando terreno para un futuro descrnbarc,; masivo.
bía parecido especie de princesa. la enviada cle una Aleunas veces lanzaba una indirecta, buscandc¡ que Ka-
lejana galaxia. También estaba el acenro. Si bien Kamil r r ¡i I confirma.ra sus suposiciones.

había aprendido castellano rápidamente. se notaba aigo ---¿Está bien Ia. Tierra, nr-r? --pree;unró un día.
raro. Sobre todo cuando trataba de hablar rápido, había
un matiz en su voz que le sonaba extraño: quizá seírales -¿Qué?
-- La'I ierra, digo. Es cicrto que hay glrerras y está erse
de un idioma que no era humarro. ,rsrnrn del calentamicnto global. igual no está mal
perc-,
Pero lo que más le había impactado era su lengua"
l)lll.;.i \'1\rlr.
Fue un día en que se reían a carcajadas cuanclo la rrio: la Iiarnil sonrió.
lengua no tenía punta. Se quedó mirándola esttrpefacto 5í. supongo que sí.
y Kamil se dio cuenta. No sabía si no captaba sus alusiones, o si prcfería ha-
--Fue un accidente cuando era chico -di¡o quirán- r t'r'sc el desentendido para no darie infbrmacrón secrera.
dole importancia-, me mordí la lengua. lin una oportunidad intentó ir directo irl punto:
Por supuesto que no se creyó semejance cosa: sin ducla -¿Cuál es tu misión?
todos ios de su estilo eran así. Carlos estaba seguro de I(¡mil 1o miró sin entender.
qrre si algún día tcnia la oportunidad de examinar las -¿Qé?
bocas de sus padres y su trennano menor. serían iguales.
-Tu misión, tu obieti'n'<t.
TaI vez originalmente ellos tenian otra forma: algo ho-
,'Hn ia vida, decís? No sé si ren.qo. Qizá lo sepa
rrible que hubiera espantado a la gente aquí, como dos ( t|lilldo sea mavor.
cabezas o piel de lagarto, y habían lograclo adaptarse a l:s<, ¡ pareció basranre coherentcr aún era jolen para
la forma de los seres humanos, a excepción de la lengua, sn planeta le hubiesen dado una misiíln coltcre t¿I.
Ir r,'

46 47
 

Pero lo que terminó de confirmar sus intuii.iones fue .'lcrnasiadas historieras o a su mamá fruncienclo el ceíro
una de las escasas visitas que hizo a su casa una tarde, I'reocupada. Y, sin ernbargo, é11o había visto.
al salir del colegio. La primera, en verclad. No había [.a prueba definitiva llegó algún tiempo después,
nadie y tomaron ia merienda err cl comedor. A Carlos ('n Lur día bastante dramático. Y fuc, iiteralmente. una
le pareció que era una casa córnoda, peÍo con muy po-
¡rrtrcba de fuego.
cos objeros. Terrían todo lo necesario, sí, pero lla¡naba la
atención que no habiaadornos en las paredes ni fotos en
las repisas. Sobre todo le sorprenclió ille en ia irabitación
de Kamil casi no hubiera juguetes. Él notó Ia exnaíteza
en su mirada. ,:
viajamos a menuclo, no puedo llevar rnu-
-Como
chas cosas --dijo.
Por su¡ruesto, pensó, si uno se mueve por la galaxia
no puede andar transportancio ia pelota, Ia bicicleta o
el auto a control remoto. Ese día, mientras jugaban a las
cartas, lanz6 una píegunta directa:
hace tu papá?
-¿C¿gé
--Es representante --contestó Kamil distraídamen-
te" y tiró un as de c-orazorles que le hizo ganar el partido
y desvió compJ.etamente la c,onversac'ión. Pero a Carios
ya codo le ccrraba, el padre era el enviado de su planeta
en la Tierra. El embajador que preparaba el terreno para
el desembarco.
Desde ese momento tampoco volvió a dudar sobre
los poderes de Kamil, si bien no 1o comentó con nadie.
Sabía que no le creerían. Se lo irnaginaba perfectamente
a Alfonsc, diciéndole que se haba vueho ioco por leer

.+8
4L)
 

7. A traptís de las llantas b;rstante lcjano y apartado: prrüablemenre eso les hizo
llcnsar que era un buen momento par" atraparlo. Lo si-
rlrrieron hasta allí, aunque él no se dio cuenta hasta rnu-
, lro Cespués. '[uvier<¡n tiempo para prepararse porqué se
,lcmoró bastante. primero luchando con la llave del can-
.l;rtJo y hrego ordenando las cosas. Cuando finalmente
¡lr.r :r salir se topó en la puerta con uno de los amigos de
l\4unFredi.
- jle tenemos Llna sorpresa, Zarnhofia.
Ta l.o que vio io hizo retroceder. Eran cinco (Manfre-
-Ul sabía qlrc no sc h¡.bían olvi<laci.,r. por sripue:sro, ,li había rechltado más genrc para su vengar:za) y todos
qr¡err¿r creer otra cosa y eir muchos morncrltos sc con_ tt'rríln en sus rrLanos unos palos encendidos a modo de
dc
'c:.cía que ccrc;'ría dc Kamil era suficientc par:r
la .rrrtor-chas. Carlos supo que habían recordado su horror
proregerlo. pcro en el fi¡ndo sospechrrba que Aliintrec{i ,rl lircgo y estaban dispue.stos a usarlo. Se habían coloca-
1-
los snyos scguí:rn buscalici,l la fixrna de ha,:erlo puré. ,l, r ,.rn dos filas, una a cada lado de la puerta.
Encontraron la clportuni.iad d.urante ia iornada ,Je pasillo del infierno --gritó Manfredi-. Va-
¡81
clcportes. Era ¿leo quri se iracía d<ls o rres veces por airo: rr¡,rs, Zanahoria, que atraves*rlo. ü hace juego con
todo ci colegio se rreslacl¿rba ;r Lrn campo depor rir,o clon- I u ,. l¡Lrcza.
c{e c.mperían clr difbrenres iliscipüi-ras. Despüés había I'robablernente, cuatquier otro hubiera intentado pa-
quc qr.reclarse para avuclar a desarnr:ir ), ordenar todt¡s ',.u ¡1¡¡ aLri curriendo. Y si hubiera hecho eso quizá nada
los ciernentos usac{os. lr.¡lrrr¡ ocurrido. Pero él no era cuaiquiera: el fuego le
Ese c{ía a Carios e r:ocír ocuparse dc ias peJoras y la ,1,r1',i ¡ríinico. Se quedó inmírvil, are¡ror:izado.
recl de volcl'. Otr,-is dos ciricos k: a"yr-rdaron a trasJ.adar
;Vanros, Zanahor iat, ¡Movete I
todo. pero ltrego.e fucrc,n a cunrplir con otr¿rs tareas. El lir r rpczaron a eolpea"r el cotrertizo para obligarlo a sa-
pr:ir:s,rl le había daclo :r él l:rs llave:r; ilei cr¡bcrrizo ,_lontle lr r . lirr ese ffromenro, él decidió rratar de cerrar la puer.
sc gilli jal-'ar-: ir¡:; ni:i¡i;ri¿le¡; tr¿.q encllflllrrlc qi rc clrj:rr-a Lr ¡rr¡¡¿ protegerse. Pero no alcarní a hacerlo, porque
ti,,'1,', tit'ii r',:'r{eiil't,"i. cir r:¡_i ir.¡frrioi-. Lsiliba iir r,i1} s(tcii)Í \l.rrrftedr la detuvr¡ del otro lado y presionó. Empezó

51
 

rgrral que c:n las pelícuias cle superhéroes, surgió una fi-
un tbrcejeo en el. qrre Carlos sabía que no tenia ningu-
na posibilidad de ganar. Y entonces se dcsató la rage- [Llra de llarnas: Kamil. Tiró a un lado algo
(tlie en cse momento a Carlos le una capa, aun-
dia: alguno de ellos (nunca -supo cuál, qoizis el propio ^oareció
r¡uc después supo que era una ioalla, y le sonriír.
Manfredi) no controló el movimiento de su antorcha
--Carlos, no hay tiempo --dijo en un rc¡no ran cal-
1' el fuego pasó a la puerta d.el cobertizo. Fue evidente
rilo que 1o sobresaltó más que si grirara-.1tnemos que
que se asustaron, porque enseguida intentaron apagarlo
usando una tela que tenían a rnano. Pero resultó peor:1o
sllir.
avivaron. Prontc'' la casilla entera empezó a arder. Carlos --Sí. claro -respondió éi, pero siguió inmóvil.
retrocedió un poco rnás. Kamii miró a su alrededor. Tomó una gran lona de
un cstante v la usó para cubrir su cLlerpo junto con el
-¡Zanaharia,
idiota
salí
-le gritaron. ,f ..'(-l¿nlos. l,e había rodead.o los hombros con su braz,oy de
-¡Salí, ,''l forru lo condujo hacia las llamas. En verdad, Carlos
Por supuesto, tenía que hacerlo. Y 1o habría hecho
si hubiera podido. Solo que estaba paralizado: íncapaz r)tcntó frenarse antes de aüavesarlas, pero su amigo c'ra
de rnover un dedo. Su cerebro trataba de dar la orden, nirrcho nrás fue-rte y lo obhgó acruzat el fuego.
pero su$ piernas no responclían. Eran como postes de Nunca tuvo trluy claro lo que siguió: quizá, después
hormigón fijos al suelo. El fuego avanz.ó desde el frente ,lt todo, se desmayó. Percibió que la gente los rodeaba,
, rc hubo rnuchos gritos y sirenas, que aparecieron per-
del cobertizo hacia los cosmdos y 1o fue arrinconando ¡r

en el fbndo. Si ya antes era difícil huir, ahora le parecía


,,, )nr¡:j con extinguidores
de incendios y después un mé-
,1r, ., que L¡s r-evisó y los lleró hasta la enfermería.
imposible las llamas habían tomado la puerta y renía
que arra\esarlas para salir. Sabía que no podía hacerlo. lll tenía alsunas quemaduras en lr¡s brazos y su pelo
El humo se apncleró del ltrgar. Se sintió mareado y pensó ,'lr.r ¿r c'hamuscaclo. Se quejír un poco mientr¿rs le aplica-
que se desma¡'¿¡i¿. fuizás eri el fonclo lo deseaba: así, al l',ur unas.,rndas raras y frías y más rodavía cuando le
menos, ¡ro seria consciente de lo que le esperaba. llu\ir'rolt una inyección. Alguicn le dijo gue no se preo-
Pero entonces tuvo lugar un momento mágico. Cuan- , ul) rr:1, qrre toclo iba a ir bien. Entonc--es volvió los ojos
do en el futuro lo recordara, siempre lo embargaría una l',,, i;r i(amil. Ei estaba imitando sus quejidos" pero cLlan-
r l¡ ¡ sus mirac{as se cruzaron le guiñó un oio. Recién en-
fuerte sensación..le irrealidad, como si toclo hubiese sido
r, )r)( cs, Carlos supo quc realmen[e todo iba a estar bien.
parte de un sueño. Prirnero se overon gritos v luego,
52 5-3
 

¿Qré orra pmeba ¡;odía fahade? Desde ese monrcnro B. La hora de los hóroes
nunca más tuvo dudas. I(aniil era un ser incre,íble y lo ha_
bia sah'ado de una muerre horrible entre l¿s llamas. Nada
de lo <.¡re le dijeran podía convencerlo cle que no era así.
Con un amigo 6L ya nc¡ ¡enía por quí: ren¡:r miedo.
Rec<¡srado en la camilla en ia que lo puso el médi-
co, pensó que a parrir de entonces solo quería vivir para
ayudario a cumplir sus misiones. Deseaba se, su ásis-
tente, una especie de Robin o quizás algrrien como el
mayordorno Alfrecl, que pudiera prcpararle los rrajes y T¡
las na.¿es. l,a iclea lo hizo sonreír ,E l episodio convirtió a Kamil en ei héroe de la es-
--Es el efccto de lrs mcdicamenros que de- r'ucla. No un superhéroe, sino un héroe secas. Él ,. o.n-
cían-. Debe estar soñando. -ovó ¡rri de explicarle a todo el mundo que se había protegido
(1)n unas toallas húmedas al entrar y con unas lonas al
s;rlir, y por eso las quemaduras habían sido menores.
l,rr cxplicación pareció satisfactoria, sobre todo pc'trque
turnpoco las heridas de Carlos eran graves: el fuego que
lr¿rbían atravesado no había sido, al parecer, tan denso
,,,rno pensaba.
A é1, sin embargo, las quemaduras le molestaban y
.hrrante los primeros días se quejó bastante. Kamil le pre-
¡irrntó qué era exactamente lo que sentía. Carlos le habló
,1..'l dolor, de la incomodidad, del ardor. Después oyo que
x ¡x'tía algunas de sus explicaciones cuando lo interroga-
l',rn y lo hizo bastante bien.
;\irnque solo estuvieron unas horas en cl hospitai,
h r., ¡¡¡¡¡s¡ir"ron a tomarse el resto de la semana en sus

4 55
 

casas para reponerse. Cuando volvieron a la escuela el lira muv baio y se veía a la disrancia cprc esraba tcrrible-
lunes srguíente, Ias cosas habían cambiado y mucho. Lo nlente avergonzad,o por l.o quc venía a h¿rccr. Prirnero
principal era que Manfredi y sus amigos habían sido ex- ,rhsen'ó un rato a Kamil, pero al parccer no sc atreviii
pulsados. Al oírlo, Carlos no pudo evirar que una gran ,. on él y
irret'irió acercarse a C¿rrlos.
sonrisa le ocupara ia cara. Al fin, su archienemigo había
--I{ay un chit-o qLre me ¡nolesra casi crr un
sido derrotado. No más acoso, no más terror. Pensó que 5[ rsurr()..
-dijo
era como si le anunciaran a Superman que Lex Luthor
se había jubilado o a Barman que el Guasón se había -¿Qeé?
Su primera reacción [ue r¡n tanto hostii. Estaba ocu-
tirado por un precipicio. Era, por fin,la libertad.
¡.edc' v no c=ntendía de qué diablos le esraba hablando
l\{ientras se de.dicaba a disfrutar de esa sensación per- t'se chico. Percr dc pronro se dio cuenta de que estaba al
cibió el otro cambio que había experimenrado su situa- lrtrrr.lc de ias lágrimas.
ción: se habían vuelto famosos en toda la escuela. y si
bien su fama era solo accidental. Kamil era sin duda un -Me em¡,uia roclo el rierlpcr -siguió nrurmllran-
, kr -, rne insulfa, me pisa. Es mucho más grarrc{e que ,}/().
gran héroe. Una y otra vezla directora y los maestros I'icncrr que hacer alg,o.
hablaron de la valentía que había demostrado al arrave- lkrr supuest<-¡ cl "fiencn" se refería a Kanlil y a é1.
sar el fuego para rescatarlo. ( orllc) si fueran Batrnun y Robin. les pcdían ayuda c<_rn-
Carlos notó que a Ifumil no le gusraba ranro el paoel Ir:r lr-¡s malos. Carios se sinrió crxrmovido: el chico le re-
de héroe. Si bien estaba dispuesto a reperir la hisroria a , orr{;rb? bastarrte a sí nri.smo ttn tiempo atr-ás.
quien se l<l picliera, rnrenraba siempre reducir la impor- 'l'rrvo que insisrir Lrn pi)co par,r quc Kamil aceprara
tancia de sus actos. "No lo pensé mucho", decía. "Era lo n ( n llusca dc.l abtrsador, pero cirando llegaron al aula
únic¡-r que pcdía hacer" o 'iQé hubieras hecho en mi
r L' r. L¡¿,rr-to grado fue evidcnre que se sentía incírrnodo. Es
lugar?". Fero eso no hizo que se redujera su fama- Al
' lu( rr rl asllsrar a un chico ql¡t: nr-) le liegaba a los hom-
contrario: pronto se convirtió en un referente para todo I'rr r,, l ro pa.recíii dernasiado digno.
el mundo. Y Carlos con é1.
I-iacelc vc's pidió--, yn ine quedo a un lad.¡ y
1, , rrr irofijo.
-le
Tuvo clara conciencia del lugar que ocr-rpaban el día
St' fr-n'o quc hacer cargo cleJ asunir¡: no tenía salida.
en que un chico de cuarto grado se acer.có a hablarle.
\r ,rr rz..i irasta cionde estaba el chico, qrle cn ese mcnnento

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57
 

se reía abiertamenre con dos arnigos, \, le clavó los ojos v poderoso. Por supuesto, nada indicaba que pudiera ha-
mientras porría cara de malo. '
('r'se fuerte o poderoso, pero a veces uno se deja. llevar

-1.Qé? -preguntr5. ¡xrr los sueños.


No parecía demasia.lo asustado, en verdacl. pero en_
tonces vio a Kamil v la sonrisa se lc congeió.
- -¿(trté piisal) --insistió.
Carlos se acercó hasra su oído.
llegás a aprovecharre
-Si
ñeros más chicos re va
Llna r,,ez nrás de tus corripa_
a ir rnuv mal una pausa
-lizo
para darles dramatismo a sus palabras-, una sola ,u.ez
mírs. .Te quedó ciaro?
El chico asintió sin decir palabra y se fueron. Aunque
Kamil seguía nlostrándose un poco incómodo, Carlos
estaba orgulloso del papel que habían desempeñado. por
algo se empezaba. I)e prorrto se habían convertido en un
dúo que luchaba por la jr-rsticia y eso lo hacía sentir exul-
tante.
En los días siguienrcs tuvieron otro encargo: ayudar
a un ctrico qlre se había subido a un árbol y no podía
bajar. Claro que rampoco fue una gran hazaí.n,p"ro i.
permititi fantasear con lo c1ue, ründría: cada día nuevos
pedidos de auxilio, Karnil y Carlos al rescare de los más
débiies. Personas en peligro que gritaban sus nombres.
c,:speciales para ilamadas de r.escate, quizá señales
luminosas como adverrencia... Anies c{e dormir solía
imaginarse paso a paso las misiones a ias que serían con-
vocados. N{isiones en las que él era cada,uez más fuerte

.sB 59
 

9. Las dudas del doctor Wasim sin embargo, lo habían visto una o dos veces y le dieron
nuevas indicaciones +le apuntó cn su grucso cr¡aderno.
En esos días hubo momentos en qlre Wasim
,¡tre estaba a punto de alcanz¿rrlo: se topó con persbnas
,¡rrc lo conocían. le contaron nuevas anécdotas v hasta
¡rnrmetieron transmitirle sus mensajes. Perc-' el final de
,;rc'la jornada era pr¡ro desencanto. I-a noche ie rraía la
,lcsagradable sensación de que todo er¿r una gran rnenti-
r:¡, cille Karnil no cra rnás que el producto cle la fantasia
r\Llejando de Jado l',rpular, quizás un chico algo difere¡rte al clue habían
las tareas que tenía pendientes, . onvertido en rnito. Eso significaría que él estaba
Wasim dedicó a buscar a Kamil los tres días que le que_ ,licndo el tiempo, persiguiendo a un fantasma. En esos
daban antes departir hacia Londres. Martín le organizó nromentos, el médico se preocupatra: sr¡ actitud, le pare-
un encuentro con su herrnano, el enfermero, que, si bien I ri¡, no era muy propia c{e un científico. ¿Ibdo este asunto
no agregó información irrrportante a su investigación,le rro lo estaría trastornando? Sin ernbargo, cada maírana
señaló varios punros donde el chico haYtasido visto. El r , rlr'ía a '/estirse y a salir en su busca, seguro de que ese
médico trazó esas ubicaciones en el mapa _v agregó el lu- ,lr,r si lograría encontrarlo.
gar donde él io había enconrrado. Luego unió rodos los Lo qile quedó al final Ce los u:es días fue un mapa
puntos: quedó así dibujada una zona basrante amplia, ('n cl que todas las calles del recorridt¡ propuesto habían
que pensaba recorrer concienzudamente. ',',lo tachadas. La tarea esraba cumpliCa, pero de Kanril
Tenía la esperanza de realizando su ac_ r,, r lr¿rbía vistt-¡ ni la somtora.
tuación sobre ias brasas. Pero no se lirnitó a eso: al mis_
mo tiempo que caminaba por las calles en busca de l:l lracaso le clio mal sabor a la particla. Mienrras
alguna aglomeración de gente que pudiera indicar su el aeropuertr¡. Wasim seguía cstudiandr¡ el
,',1,,'r"rtb:r en
presencia, se detenía en tiendas o frente a los rcndedores un[):r. perrsando que quizá debió habcr exrendiclo un
caliejeros y preguntaba si conocían al chico. La respues_
l,,tr el área de búsqrreda. -thi vez lo haría en el
ta fue negativa en la mayor parte de los casos. Algunos,
¡'r'rinro r.,iaje. Dorrniró con dificultad en el vuelo. y al
60 61
 

bajar en Madrid. donde el avión hacía escala,


estaba ma_ t'e¡rtral de la invesrigación sobre los rasgos dominantes
reado v un poco confuso. LIn cafti cargaclo
le permirió cn...
recuperar algo de lucidez, pero aírn no se senría
del t<ldo Entró de lleno en el rema de su mabaio y que
bien cuando en la fila para r.olrer a abordar el
avión se su elocuencia borrara de la memoria de su colega sus
encontró con Michael Reed, un colega inglés. La
con_ ¡rrirneras palabras. Había estado a punto de cometer un
versación giró en torno a presentaciones en el último crror fatal.
congreso al quc habían asistido y Ree,C se interesó
por
los avances en su investigación ,otr. .r.,,rr"ciones
genéti_ Más tarde, cuando el avión ya había levantado vuelo
cas presentes en cierros grupos de población.
lr¡mbo a Londres, \Vasim tomó una determinación: se
eraluando una nr,re\za hrpótesis _-empezó ,rlvidaría de Kamil. Tenía la extraña sensación de que
Wasirn, dispuesto a hablarle de Kamil.
;rt ubaba de despertarse de un prolongado letargo y ahora
Pensó que no estaría mal compartir c.on
otro ciend_ Lrs días dedicados a la búsqueda le parecían una vergon-
fico sus reorías y discutir i", poribl", derivaciones z,r,*a pérdida de tiempo. Tenía que volver a concentrarse
clel
hailazgo. Pero en el insrante qr. se disponía r'n su tarea )¡ sacárselo para siempre de la cabeza.
a expo-
ne¡ la idea, ruvo una especie de",iluminación. (lon ese propósito se senró al día siguiente en su ofici-
O más bien
habrí¿r que decir un oscurccimjento,
va que vio su fu_ n.r .lc Londres y depositó en su escritorio el voluminoso
ruro negro: imaginó con absoir_rra clariclad la cara de
su l)ir(llrete con los últimos resultados obtenidos en su in-
.**" cuando le explicase que llevaba días tras los pasos vt'srieación. A trabajar, se dijo. En ese momento se acercó
9..t" . i* qlre supuesrarnenre carninaba snbr. biasar, l,r sccretaria para informarle que había encontrado el ar-
la inc¡eduiiclad en sus ojos, la sorna ccn la que rrt rrkr le pedido por correo y le extendió una
le contaría a orros ciencíficos qüe el promisorio ( ol)r:r. Wasim agradeció cortésmente, pero apenas ella se
doctor
\Vasim esraba torcicndo el rumbo d. u.r, estuclios ,r h'iír lo guardó en un cajón sin echarle siquiera una mira-
por
unas clranras habladurías pcrpulares. ,1,r. l:l resto del día fue provechoso: logró concentrarse en
-¿Enronces? --Reed lo rrriraba ct)n un le,,e descon_ ','l trabaio y avanzan en el análisis de los
cierto" Itrr la tarde, antes de abandonar la oficina, chequeó
que aún r's prematuro para discurirlo __son_ l,u ('orreo electrónico. Estaba borrando publicidades y
-Creo
rió-. En realidad, esroy profundizandc¡ en el aspecto ||rtl)s ¿lsuntos sin interés cuando un mensaie saltó ante

L-2
63
 

sus oios. Era de Marga, y en el asunto decía ..Creo que 1O. El gran día
lo enconrré". La mano de Wasim quedó congelada en el
aire. Sabía que, si 1o abría, el influjo de la hisroria de Ka-
mil volvería a invadirlo. No podía permitírselo. Dudó
unos segundos y al fin apretó el botón de ,.eliminar".
Después apagíla computa.{ora y caminó hacia la salida.
Se dijo que hahía hecho lo correcto, pero la verdad es
que aún dudaba.

L".r.rd"dera rnisión, la que realmenre mostró hasta


rkrnde eran capaces de llega¡ se presentó ante sus ojos un
Iucvcs. Era un día de perros: toda la noche había llovido
;¡ lraldazos y soplaba un vienrcr feroz, que había hecho
vttlar árboles y techos. En el colegio no había casi nad.ie.
Solo los qrre vivían Íluy cerca habían desafiado la tc,r-
nrort¿r y, ante la ausencia casi totai de maestros, se habían
¡nsudo la mañana mirando por la ventana la calle inun-
,l;rtla, por la que pasaban flotando velozmenre ramas y
lrrlsas de basura.
Al salia Kamil y Carlos se quedaron un par.de minu-
i( )s cn la puert4 preparándose para enfrentar el vendaval.
lilr'cntonces c,¡ando se ovó un ruido ensordecedor, como
rr lrrrbieran tirado una bornba. Desde la avenida llegaron
¡ilitos y todo el mundo corrió hacia allá. Ellos también:
n( ) sabían bien por qué, tal vez simplemente siguieron a
l,¡ nr:rsa. Entonces lo vieron: un enorme árboi se había

64 65
 

quebrado y la parre más gruesa había caído sobre el recho


de un auto, abollándolo de una forma irnpresionante. En
-;No -insistií;*-. ;\Jéjens,: de csc ruro: \,am()s a
.':ipcrar a los bombc:rcs. Es peligros().
ese momento la conductora había clavado los fi.enos v el Cr-irnplicron con la v se unieron :rl resto de la
que venía decrás la había embestido, por lo qrre el auto esta- rt(..rltc. Casi enscguida llegó una ambulanci¿i. pero
los
ba destrozado por todas partes. Pero lo peor no era eso, sino rnilrtrtr.rs pasabari v los bomlreros no apar.ecían.
La in_
que adentro aún estaban atrapados ia rnujer y un bebé. t¡rrictud enrpezó a crccer v con eila lcls murmulkls entre
La gente ya se había juntado alrededor. El conduc- l,r rnulrirud.
tor del segundo auto habia ba¡ado y estaba intenrando - ¡l-larne de vuelra --griró para haccrsc
infructuosamente abrir la puerta de la mujer, que había ( lr r Lrol- encim¿r dcl vicnto-. ¿O van a dejar lnorir a es¿r
quedado trabadajror los destrozos. Otros se acercaron tr)illcr?
a ayudar, pero en ese momento la parte del árbol que -'-lltrbo accirle'res e' rod¿r ra ciLrdad
aún estaba en pie crujió con el viento, como si anunciara , rost; -expricó'er-
cl polic.ía barrigírrr,*. -lbdas las doracioncs cerca_
que se disponía a dar el golpe definitivo. Ilubo gritos y u,r:; r.'stítn ocupadas en algún iirdo, pero apenas
pued:rn
mucha gente se apartó. ',.¡rr ¡ t,enir.
Ellos se quedaron. Por la ventanilla vieron que el hamil rro de¡ó pasar nl¿ís de t_rcs milrutos a¡rrcs dc rn_
bebé parecía estar bien: amarrado a una sillita ubicada \l\llf.
en el asiento [rasero, lloraba pero no se veía herido. La - I ia."-c¡ue sacarlos ¿rhora -di¡o_. l,:r mtrier necesi_
madre, en cambio, estaba inconsciente. O muerta, pensó r,r;¡lr'ución. )b sol'mtry flaco; puedc; metermc...
Carlos, aunque prefirió no decirlo en voz alta. Probaron si cstl'rs ahí y el rcsro dcl árbor sc cae, tc nmta _-cil.si
la puerta trasera, pero el seguro estaba puesto. Entonces ir rro cl policía-. \ir r;cría rcs¡rolrsablc.
Kamil obse¡vó que las r,'entanillas delanteras esraban I..rimil no scl cch¿) afrá-c.
rotas: por ahí metió la mano, intentando alcanzar el se- -,,Prefiere scr responsabie dc l:r mucrfc cle la muier'i
guro. Lo estaba haciendo cuando un grito los detuvo. \[ir;r. llcrrc...
-¡Salgan
de ahí, ya l:r c.se'ror1ler1to i'ter'in. cl l'edic. q'e l-rabía r.eni-
Se dieron vuelta vieron a un policía alto y barrigón ,l, ' r'n lár ambulancia.
que les hacía señas. lll chrco rienc razón, jefb. Los bornber<;s pucc{cn
tratando de... t,rr.lru'muciro. Y aclemás, c:; cierro que para sacar a la
-Estamos
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mujer en estas condiciones hace falm alguien flaquito hacia atrás: de esa manera sería más fácil. Pero primero
que pueda meterse por atrás y ctesabrocharle el cintu- Karnii se tuvo que escurrir como pudo hasta adelante y
rón. Ninguno de nosotros puede hacerlo. N{írenos. dcsabrocharle el cinturón. Hasta ahí las cosas iban bien,
Nadie supo si se refería a él mismo o al policía, pero solo que entonces se oyó un crujido y el resto del árbol
lo cierto es que todos tenían un volumen considerable. sc inclinó un poco más. La gente soltó un alarido, mu-
el corpulento enfermero que venia con chos retrocedieron y el policía se puso a gritar órdenes
-Sí -agregó
é1-, déjelo probar al plbe. confusas, toalmente fi¡era de sí. Es probable que en ese
metió un curioso-, déielo. rnomento estuviera consiclerando la posibilidad de ser
-Eso -se
Viendo que todo el mundo se Ie ponía en contra, el culpable no solo de la muerte de la mujer sino también
policía no tu'v'o otr¿r alternativa que ceder. De inrnedia- dc la de Kamil. A Carlos le dio un poco de pena. Hubie-
to se acercaron al auto junro con el médico v pusieron ra querido decirle que no se preocupara, que su amigo
manos a la obra. La parte dei bebé fue fácil: Kamil 1o- cra capaz de soportar tranquilamente que se le cayera
gró mecer la mano y sacar el seguro, después abrieron la rrrr árbol encima y mil árboles también. Pero no podía,
puerta trasera y el rnédico lo desató en Lu1 instante. Vio claro.
que estaba en perfecto estado v, tlas una breve inspec- Lo que siguió fue inesperado. Mientras el médico y
ción, se lo pasó a Carlos, que estaba a su lado-'fendría l(amil forcejeaban para mover el asiento y sacar a la mu-
unos nuev-e o diez meses, lloraba coino endemoniado y jcr por atrás, dos hombres que aparecieron con un mon-
se retorcía en sus brazos. No tenía experiencia con bebés tón de herramientas batallaron unos pocos minutos con
y solo tenerlo encima lo puso muy nervioso, de modo la puerca delantera y lograron arrancarla. Así todo fue
que se lo alcanzó enseguida al enferr:iero, que lo llevó ¡lás ftcil pudieron secar a la madre rápidamente y lle-
hasta la ambulancia. v:rrla hasta la ambulancia. Lo que no se entendía era por
En tanto, el médico trat.abade evaluar la situación de qué Kamil no Carlos recién se dio cuenta cuando
la rnadre a trarés de la ventanilla rota. rrrlvió a meter Iacabezadentro del auto: de tanto inten-
--F{ay que sacarla va -d.ictar¡rinó--. Está viva, pero tlr mover el asiento, el pie se le había quedado trabado y
tiene una herida bastante fba. no lograba liberarlo.
La cuestión era cómo hacerlo. Alguien entre la nrulti- El árb,rl crujió una vez más con el viento.
tud sugirió r'olcar el respaldo del asiento y correrlo todo ya, pibe el poiicía.
-¡Salí -aulló
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i(amil seguía sacudiendo violcntart'rente el asiento


r¡ al mismo tietnpo su pie, hasta que logró cicstrabarlo y
a apiaudirlo v él sonrió. Pero en-
'aiió. i-.r gentc ernpezó
lonce:i CarLos se djo cuel]ta de aigo mu\', muv raro: tenía
el ¡-rie torcido. Como si sc io hubieran sacado -v vuelto a
poner de lorma equivocada. Y encima sc había cortado
,",,, brar,, los vidrios rotos: le corri¿r sallgre hasta el
,,r;clo v parecí:i uo darse ctlenta.
I labía que l-racer aigo. C)arlos ftr-rnció el 1' le
nriri'¡ el pie, para dai'le a entendcr que la cllestión se icía
,.lcmasiado extraña, -v al par':cer él captó 1a idea, Porqlle
t'n esc instante se aqarró la piema ,v empezó a gritar de
''kilor.
\'linuros después lc habían aplicacio'.tn calmante y
r',rlaban en arnbulancia rtunbo al hospitai. Carlos se
r( crco a su oído.
--f,a actuación estuvo perfecta -susurró v Kamil
.,o¡lrió.
Había sido una misión irtpresionante. Carios estaba
( ouvencido dc quc ni a Superman ie hubiera salido tan

l¡irrrr,

7l
 

1 1, Los superltéroes no hizo más que imaginar todas las avenruras que vivi-
rian en adelante, cadz vez más espectaculares. Sin em-
no tienen pa,dres bargo, cuando Kamil finalmente volvió tenía un yeso en
cl pie y una actirud muy diferente de la que él espe.raba.
eso? pregunró Carios señalando
-¿Necesitás
ón sorpresa el yeso. -le
creen los nrédicos --susunó-. Yo prefiero no
-Eso
contradecirlos, por las dudas. Tuve que fingir bastante y
no fue fácil.

-¿Alguien dio'cuenta?
se
que no, pero tuve muchas dudas sobre cuán-
-Espero
L^ f^ ^de
Kamii creció nrás de lo que alguna r.ez clo hacer que sufría
-sonrió---.
Me habría venido bien
podrían haber imaginado. lis c¡rc un hombr-e clue estaba c¡ue estuvieras ahí y me avisaras qué hacer. Creo que me
entre la multitud filrnó t<;do el especráculo del rescare ,'¡trejé de más aigunas veces y olvidé quejame en otras.
y luego se lo pasó a un de A eso se su- Lo que en verdad lo wrprendió frre 1o que dijo después.
maron un par de diarios que publicarr¡n la historia con un riempo tenBo que estar muy ranquilo:
-Durante
[odos sus detalles.'Iotal qr-re durante una semana la ciu- nada de misiones de rescate. Ni persecuciones, rri peleas,
dad no habló más que cle ellos. Tardó en enrenderlo. El proble.rna, en realidad, erar:r
Los médicos explicaron el asunro del pie c{e csra ma- strs padres, a quienes no les gustaba nada su posición de
nera: al forcejear con el asiento, Kanril se había fisurado Iri'roe. Les había renido que prometer que ya no se iba a
y descolocado el tobillc, pero e-r:an t¿ies sri irerviosismo y n)cter en líos ni salir en defensa de nadie. Carios lo miró
su ansiedad por ayudar que no p*rcibió el dolor ha.sra lxrquiabierro. Duranre un ri€npo pensó que era el col-
más tarde. Eso agranclír su fzrnra: se trataba <ie un chi- rrr.r del egoísmo: ¿cómo era posible que quisieran evitar
co tan valiente, decían, qrie cieió de la.do su propio dolor i¡rrc l(amil ayudara a la gente en dificultades, que usara
para avudar a la mujer. trrs poderes para el bien'/
Como Kamii tardír una ser-nana en volver a la escueia. I)ero, pensándolo rnejor, entendió que no era tan iló-
Carlos recibió las feliciraciones por los clos. Fln ese riempo ¡ii.,,. Es que ser padre de un superhéroe, se dijo, no debía

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ser nada fácil. por algo, ninguno tenía


padres: los de Su_ En una de ellas se había escapado un gorila gi¡;arrte,
perman se rnurieron en Kripton, Baffnan solo
contaba rtnir cspecie de King Kong que csraba destrozando la r:iu-
con Aifred, y el Hombre Araña, con la tía.
Ni siquiera ri¿rci. I{acia el final los arrapaba a ellos clos v empezaba
Robin tenía padres.
ir apretar para matarlos, pc-ro Superkam iograba hiccrlc
Y en verdad su propia familia tampoco salraba
de ebril las rnanos y quedaban libres. Desptrés lo encade-
contento ante su rol en el asunto. pr.imero lo
habían nabau.
con sorpresa. y aunque luego lo felicitaron
11ado por Karn *-dccía Carlos---, rstrrvimos
haber
aDer colahc,rado
colabc,rado en el rescate, la madre le dijo -Demonios,
que, si rnll\¡cerca dc la muerte.
se llegaba a presenrar orra vez algo así,
pr.f"ri" ql'r. ,. Así creía c¡ie debían hablar los superhéroes. En su
hiciese a un lado y dejase 1", .orri peligrosas
en manos llistorieta también solían decir "rnaidición", y cada r,ez
de los adriltos. Belén pareció ser la más
e"rrañada. (lue golpeaban a un malo gritaban "¡toma, tomal" y él
disrinro, pulgarcito _le diio.
-Estás l;rnz-aba rr:uchos "¡ohl" y ";auch ".
rne digas rnás pulgarcito _lepidió
-No
ya soy grande.
élese día_, I-as hisrorietas le sin'ieron para enrretenerse en este
¡rcríodo ,le espera. Finalmente, un día Kamil apareció
-Bueno -sonrió brevemente_. ¿Carlitos está bien? ,.in ei veso. Y aunque dijo que aún tenía que cuidarse
-fulejor Carlos. l)()rque los padres lo estaban controlar¡do mucho, él
-¿Solo Carlos? -_alz6las cejas_. Cc¡mo prefieras. \upo que estaban listos otra vez pa::a la acción.
Ilerc' no esperaba lo que iba a venir. Cuando el mal se
.losSiguió
fueron
luego un tiempo muy ffanquiio. Aunque
Irizo presente en la realiciad. le pareció mucho peor que
a buscar .., -á, de una oportunidad, solo
intervinieron para separar a un par de , ¡r las hisrorietas.
chicos que se
peleaban en el patio del colegio. órrlo. sabía,
sin em_
bargo, que eso era apenas un descanso, Llna
interrup_
ción hasta que las cosas se calmaran. En esa
épo." ,.
le dio por dibujar historietas en las que
ellos eran los
protagonistas. "Las aventuras de Superkam,,fue
el tí_
tulo que eligió.

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12. IVoticias para el docrcr Wasinn


cstaba nuevamente ella. El asunto de su mensaje decía:
"Esto le tiene que interesa¡". Dudó unos segundos y lo
rlbrió. T¡as los saludos de rigor venía lo sustancial.
"Sé que ya no está invescigando el caso de Kamil
-decíaMarga-, pero estoy se€tura de que al menos por
simple curiosidad Ie va a gustar enterarse de esto: nues-
tro extraño amigo se hizo famoso. Y muy famoso".
Wasirn leÉ con avidez ei resto del mensaje. Era un
relato bastante detatrlado de lo que habían dado a cono-
cer algunos medios sobre el
En 1o, ,Jos meses que siguierorl a sLl rcgreso a Lon- rescate de una
dres, el doctor Wasim se concenrró a fondo en su crabajo nrujer atrapada en un auto tras la caída de un árbol, El
y l"gró avances que 1o dejaron muv sati.;fecho. Ar_rnque ¡lotagonisra estelar era Lrn adolescent-e llamado Kamil,
qtre había impresionado a todo el mundo por su osadía.
a menudo Ka¡nil seguía cruzárrdose en slrs perrsamien_
tos (y'de vez- en cuando ini,'aciía sus sueños), consiguió Al final se mencionaba que el chico había sufrido la fi-
sLrrA en su tobillo y la había tolerado sin quejarse hasta
apartarlo sin mucho esfuerzo: había romado la decisión
rlcspués de salir del coche destrozado.
de no permitir que ese rema lo desviara de sus obietivos
')Esto lo irace cambiar de opinión?
y estaba decidido a cumplirla.
?ara evitarse problernas le envió un e-mail a tr{arga, Marga--. Si es así, entonce$ puede estar -pregunaba
contento por-
c¡ue ahora tengo confirmada sr¡ dirección. En caso de
pidiéndole que va no se rnolesrara en buscar al chico
fa- .¡ue aún quiera verlo, me ofrezco a acompañarlo en su
kistaní, dado que había decidido abandonar la investi_
gación del caso. Fue un mensaje cortés pero bre,u,e, que Próximo viaje".
recibií.r Llna respuesta igualrnenre escuera y --le parec,ió
Mientras leía, Whsim sinrió crecer su ansiedaC. Su
obsesión con Kamil había estado agaz,apada en aLgu-
intuir- algo decepcionada. I'durante mucho rienipo, ra parte de su cuerpo y ahora resurgía con rnás frterza
nada rná.s.
(lue nunca. Dedicó las siguientes horas a rastrear por
Pero cuando solo fálrairan quince días para viajar.
otra \¡ez a Argenti'a, abrió el c.rreo eleccró'ico v ahí lntcrnet todo 1o que se había publicado sobre el rescare
¡, descubrió corl oesar que no era mucho. Pero después
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-
ZWtliug
-('^autfu '
enconrró que alguien había subido un pequeño vider-¡:
',r¡ '.:orreo electrónico v saitatrdc; cn su silla cada vez que
aunque era c{e baja calidad y las imágenes esraban un
t,i sistema emitía el pitido que indicaba el ingreso de un
poco bc-,rrosas, el médico lo observó una y otra .,rez, de-
nuevo mensaje. Pcrcl no hubo nada inreresante.
teniéndolo ¿ cada rrlomerlro para analizar ios detalles,
en parricular el insrarrre en que Kamil salía del auto la
y Volvió tarde a sLl casa y cornió los escasos restos que
gente lo aplaudía. La sangre le chcrreab a y eraevidente
t'ncontró en la heladera. Igual no tenía mucha hambre.
que su robiilo ya estaba nrai, pero el chico rardaba unos
1.,¡ había invaclido un malesrar que no terminaba de ex-
segundos en reaccionar y entonces parecía exagerar las
muestras de dolor. I'iicarse. Quizás era que esre rluevo giro en cl caso de
l(amil lo apartaba otra \/ez de sr¡ invesrigación e impri-
Sacó el cuaderno que había iniciado en Buen<¡s Aires
rníri en su r,ic-la una do..;is de incerridumbre. ¿\ \\¡asim la
había esrado a pr¡nro de tirar a ia ba-.ura ai llegar a
-¡'
Londlcs-- y agrego unas ráoidas i-loras para no oluido,
rrrccrrirJumbre lo irriraba: sn cerebro funcionaba n-reior
r rrando la:, cosas cstaban bicn pianeadas y organizirdas.
sus obsen'aciones. Recién entonces recordó c'l artículo
l)c'ro tal r,'ez, pcnsó rni.entras toilaba el riitirno traso de
que le había pedido a J.a secrcra¡ia: renía que estar en
rr:, l-;o erA c:se el motir,'o clc'su inqrrietud, sino exactarnen-
algún cajón. Los revolvió fn:nótica.rnente hasta ,¡r" dio
t(' rli contrario. Ahora ie rnolestaba haber: ignorado el
con éi, mezclado con papeles más ¡ecienres, y io leyó
con mucho cietenimiento. Ahí estaba el párr.afb q.r. r._ ¡r'inrer mensaje de Marga.¡ decidido abandonar la bús-
.
¡rrcda. sabía si era por Kamil o por él mismo, pero sc
corilaba, ei que hacía alusión a ffes pec,_rliares chicos de
'i\ ntía rnal, vagamente culpable. En su interior seguían
la ciudad de Lahore, en pakistán lr,lo era más que una
mención, pcro podía ponerlo l,t lc¿indose dos sensaciones: el deseo de descubrir algo
el carnino correcto. , icntificamenre importanre, algo que significara un sal-
Entre la lista de ¿urores del artículo figrrraba un co_
r(, cn su vida, v una preocupación real por.el chico. No
nocido, Asif Khari, un ::¡.ntigurr cornpañero de uni.¡ersi_
dad. Le escribró en ese nrisnro instarrt", coi:tándc¡le todo '.rbÍa cuál pesaba más.
Itecostado en el sillón, le dio vuel¡as al asr.rnto ¡n su
1o qtre.sabía de Kamii y pidiénciole cleta.flcs
cle su inves- ,.rbr-'z,a hasta quc se quecló dorrnido. Volvió a soñar con
tigación que pudieran ayudarlo.
, 1. lista vez Kamil corría con rodo el cuerpo envuclto en
Aunquesa.bía queel médrcono iba a re;ponder.Je inme-
ll.rr¡las. \\'asim lo miraba desde una esquina v aunque
diato, se pasó el lesto dcl día controlandolnsistent rnent"
1,, irrrent;rba, no lograba moverse para ayudarlo.

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Se despertó agitado y con la earganta seca. De cami- 13. El salto


no hacia la cocina se denrvo frente a la computadora
y revisó el correo eiectrónico. Nada. Tomó un'tzaso de
agua y volvió a revisarlo. Nada. Siguió así, apretando el
botón de "acrualizat" cadados o rres minutos hasta que
se quedó nuevamente dormido con la cabeza apoyada
sobre el escritorio.

p,
l-or mucho que lo intentó. Carlos nunca logró re-
corCar la cara clel chico que fue a buscarlos aquel ca-
tasrrófico día. Se acordaba en cambio deque acababan
de salir del colegio y de que Kamil estaba comiendo un
chocolate. Retuvo ese detalle porque cuando empezaron
a correr se le ca1ó y no paró a rec.ogerlo.
favor --había gritado el chico-. ilienen que
-¡Por
a,vudarnos
No sabían si lo habían visto alguna vez ni por qué los
buscaba a cllos, pero no hubo dempo de preguntar. A
todas luces el chico estaba aterrorizado.
--Tranquilo Kamil-. ¿Qé te pasa?
-dijo
una nena que estápor caer al l'acío.
-t{ay ¡Por favor,
\engan
Ernpezaron a caminar con él mienrras le hacían pre-
guntas.
está?
-¿Dónde

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unateÍÍaza, acá cerca __-Al fin llegan


-En
tado le
que -el chico estaba tan agi-
costaba hablar*. Tiene cinco afios... .uts10so.
-dijo X4anfredi sonrienclo---. esraba
--¿Y estaba sola? ,\l mismo tieinpo golpcalra el palo conrra su mano. A
--No, pero no la estábamos mirandi¡: ella se acercó al ( ,rrlos sc le ernpez.ó a cerrar el estóm:rgo por el susto. Se
tanque de agua y trepó. ". cuando quisimos seguirla la es_ r oivió hacia f(amil y vio que se estaba sacando el cintu-
calerira se rornpió... Ahora esrá pararJa ahí... _irizo un rrirr, lo cual le resulró sumamenfe desconcerrante. ¿Para
silencio v pareció a punto de llorar--. podía Í¡]erer desr,'estirse en ese momento? Solo des-
¡Es rni hermana ¡r r['
,

-No re preocupes
-dijo Kamil_., seguro que lle_ ¡rrrús entendió que pensaba usarlo como arma. En ese
$amos a tiempo. nromento se iriclinó hacia él y susurró.
Corrieron ios riltimos cien meftos y llegaron al lugar
agitados. Ei edificir¡ estaba al fo'do de una calle sin sali-
-Cuando 1'o los araque corré, bajá por la escalera y
('\l)crame en la calle.
da. No era muy alto: apenas dos pisos. Carlos quiso negarse, pero Kamil le lanzó una mi-
---\'engan el chico, y los guió hasra una esca_ rr<lu tan furibunda que no pudo. Y sin dejar pasar un
-dijo
lera exrerna que iba direcro ala terr:aza-.
¡Rápiclo t..'¿.trndo se lanzó sobre los tres, repartiendo golpes con
Carlos subió primero. seguido de l(arnil. En un pri_ l.r hcbilla de su cinturón. El resto Carlos lo oyó mien-
mer vistazo no vieron a nadie. Ftabía ropa tendid" q.r. rr ils corría: gritos, los palos que golpeaban y alguien que
se agícaba con el viento y en el suelo unos zaparos ,rrrlló: "¡Se escapa ", en obvia referencia a el. Pero al pa-
peque_
ños abandonados. rr,'tcr Kamil los tenía entretenidos porque ninguno 1o
*el chico señaió el ranque de agua__, ¡r,amos , rtrrió. O quizás era que nunca fue para ellos el verda-
-Ailá
^ lorrieron aunque seguían sin ver a nadje. De pronro ,lt'r',r enernigo.
Carlos se dio vuelta para hablarie ai chico y notó qu€ ya lisa fue la idea que le empezó a dar vueltas mientras
no estaba. Algo no andaLra bien. ('\(:rpaba: que estaba presenciando una guerra entre dos
-Kamil --dijo frenándolo con urra mano, pero an_
tes de que puciiera teririinar la frase las cosas cambiaron
¡'rtlcres. De pronto Manfredi le parecía una especie de
l,cx Luthor, que siempre vuelve a buscar a Superman
abruptamente. f)e algiin lado surgieron rres figuras y a
lx)r'(¡re están destinados a enfrentarse. Qrizás él había
estos sí los de inmediaro: Manfredi y sus , ,¡rrlo involuntariamente en medio de una gran batalla
amigos. Los cres cenían palos en las manos. t'ntrr: el Bien v el Mal.

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No es que se quedara sentado pensando en esto: bajó


tan rápido corno pudo y esperó en Ia calle, como ie había rrnt, de sus párpados. Después miró a Carlos con esa mi-
dicho Karnii. No supo cuánto tiempo pasó porque esrat,a rada que los ante los chicos cuando quieren
demasiado alterado para calcuiarlo, pero casi se le para el ,rcultar kr que les preocupa.
corazíncuando lo vio de pie en el borde cle la terraza. Los -Qredate acá
-.dtlo-, yo voy a llamar una ambu-
otros lo habían rodeado y éi, como si fuera lo más normal lanr:ia y vengo.
del mundo, se dio vueka, miró hacia abajo durante unos Carlos asintió, pero no pudo decir una palpbra. Es
segundos y se tíró. Por r¡n instante Carlos ruvo la espe- ..1,-re estaba horrorizado. Acababa de llegar a una conclu-

tanzacle que saliera volando. Pero no, cayó con,r, ,uido si<in terrible allí había algo que estaba absorbiendo los
horrible. can horrible que si no huhicra estado se¡;uro de ¡roderes de Kanril. Algo que acruaba como la kriptonita
nada podía pasarle se irabr-ía desrnayado. ¡irrra Superman: era Ia única expiicación posible. Qizá
Se acercó corriendo hasta é1. Estaba drado boca al.',aio tc lo había puesto Manfredi, que estaba segu-
-ahora
y no se movía. Oyó gritos desde Ia teraza, v al levantar r'o -- era la encarnación del Mal. Ernpezó a revisarle la
la cabeza vio que Manfredi y sus anrigos observaban la | ( )pa, pero ncl encontró nada fuera dc lo corriente.

escena. Parecían asustados: tal vez creyeron que había --iienés que decirme dónde está la kriptonita --le
muerto y que los iban a culpar a ellos. Dos segundos .;r.lsurró al oído-. No la etlcuentro.
después ya no esraban. Enronces Carlos se agachó junro Pcro Kamil estaba demasiado débil para hablar. Si-
a Kamil y le hablé en susurros. qtriír revisándolo: ral vez no era un objeto, tal vez era algo
está, se fueron, podés levanrarte. nrírs sutil. como una pintura que le habían tirado. Buscó
-Ya
Pero no se movió. r;rstros en sus nlanos y en su cara. pero no había n¿da.
dejar de fingir ---insisrió--, nadie re rre. ,,\' si era un gas? Entonces tenía que estar saliendo de ai-
-Podés una rápida mirada a su alrededor detectó
Seguía sin contestar. Entnnces le rnovió un poco la rr ura par.te.
cabeza y se dio cuenta de que habn sangr"e. Eso no le r rriu caja de zapatos cerrada que le pareció sospu:hosa. Sc
gustó. En ese rnornento una rnujcr que había visto todo' ,rt crcó cuidadosamente y la abrió con un pie: solo renía
descleotra casa llegó corriendo y .se agachó junro a elL:s. l'.rl:'cles. Siguió buscando. llebía ernpezado a mirar en ei
Qrizás era méclica, porque parecía manejarse con mu_ t.rcho de basura cuando llego la ambulancia.
cha soltura: le rocí-' el cuello 1, le abrió cuidadosamenre r\ partir de ese mornento todo succdió muy rápido.
l{,rl:uon dos holnbres con equipos, lo auscnltaron v lo
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tocilr()n por rodos lados. Cuando cl médico io movió,


Carlos vio que había más sanp;re de la que había inragi_ Se dio cuenta de que estaba llorando. En realidad no
n:r<io. Dcspurés explicaron cosas qlle no cntenclió. tlrrzá había motivos, porque él sabía qrre Kamil no se podía
porquc eran difícilcs o quizá porque a esa alrura estaba rnorir. Pero igual, no lograba dejar de llorar.
tan que habia de¡adc, dc enrendcr c¿rsi toclo, in-
'crvi.¡so
cluso lo que le pregunrabarr. F,n un ffromcnr.o, el médico
lo agarró de ambos brazos y lo miró fijo.
fuc
-¿Q,é exacramente lo que pasó?
-Cayó de ahí arritra la rcrraza--. pero no
re¡-rdría quc haberle;pasaclo-señaló
nada: q;
muy Fuertc.
El médico io obsen'íl con el ceño fruncido. Sesuro
quc pensaba que cra un idirrra.
-¿Y los padres? póndc esrán?
Carlos se encogiír de hombros.
- -Son cxrranjeros -dijo, como si cso tuviera algo
que ver.
El hc''mbre suspiró y aparenremenre decidió que no
_
lc iba a resulrar dc ninguna urilidad, porque se puso a
revisar la ropa de Kamil v encontró una librera cc,n telé_
fonos. Pocr., después partían fracia una clínica. r\ Carlos
le gustó que lo dcjaran subir con eilcs en la ambulancia.
se acornodó ju'to a la camilla en la que estaba acostad'
Kamil y siguió hablándole en susurros mienrras le po_
nían una máscara de oxígeno.
--No re preocupes --le di¡o-, re prornero que voy a
encontrar Io que te está quitando los poderes. No te vov
a abandonar.

¡J (;
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L4. Los chicos de La/tore "Sr las cosas son como imagirro estanlos ante una
cn()rrne casualidac{ Khan--: creo qlre has en-
-decía
contraclo a un miembro del grupo que licvo dos años es-
tr,rdiando'. En realiclad eran trc:s ios grupos vinculhclos
por lazos fámiliares que habían sido objeto del esnrdio
eir la ciudad de Lahore. La primera. conclusión ("uua
conclusión pasmosa", decía)era que al menos tres chrcos
.le esa familia nunca en sus vidas habíau experimenta-
do el clolor. Y quizá tampoco otros miembros que va no
vir'ían, a quienes s.: recordaba como fuert.-s y resisteutes:
Ctr"rdo Daniel \\hsim se desperró y enderezó la ca- gcntc que hasta el día de su rnuerte no se había queiado
beza un inrenso dolor en el cuello le arrancó un quejido. de nada. Pero, por distintos motivos, habían fallecido
Caminó hacia el dormitorio, furioso consigo mismo por c-lemasiado jór'enes.
haberse quedado dormido en esa esrúpida posición, y se El entusiasmo de Khan con su hallazgo era eviclente:
dejó caer sobre la cama. Aún era temprano: tenía al menos sc abrían enormes posibilidades para la investigación
dos horas más. Pero diez minutos después supo ql-le ya rio clcl dolor y de nuevos medicamentos para corrrbatir-
iba a poder conci liar el sue ño y se ler.anró. En la coiirr" p.r.o lo, decía. Contrariarnente a los pocos casos descriptos
fruera sacó u'a rrtanzana
a calentar agua para el ré y de la cn la lite¡atura médica, en los que la insensibilidad al
que mordisqueó mientras caminaba hacia la sala. Vol.vió dolor solía estar acornpaínda de diversas afecciones,
a chequear su con€o electronico (omo problemas cardíacos o un retraso en el desarro-
;,, al fin, ahí esraba: entre
inútiles publicidades de rnedicinas v aparacos elecrrónicos, lkr, Khan contaba que estos chicos eran perfectamentc
brillaba la respuesta de str amigo Asif Khan. W-asim <Jejó la saludables. "Por tu descripción, crt:o que Karnil podría
manzana a un lado y abrió el mensaje. Era largo -._observó csrar relacionado de alguna forma con esta familia:
en un prirner \¡israZo-, Asif se había tomado un consicle_ 'tr¡dos los detalles mencionados coinciden. Si pudieras
rable trabajo responderLe. X4ienrras empezaba a leer, estudiarlo junto con sus padres y hermanos, en caso
en la cocina el agua hin'ió r¡ la iar.ra se apagó autornáti- ..lc que i<¡s tuviera, podríamos incorporarlos a nuestros
camentg pero él yahabíaperdido todo in erés en el té. resultados".

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flasta el momento sokr habían hecho una escuer¿l :;ta familia a partir de las noticias de utr chico qtrc había
rnención del caso eir el artículo leído por Wasim. percr irlo v¿rrias r.,eces al hospital a que le cLlraran todo tipo
ahor¡r, afirnraba Khan, su equipo de investigacitin I rcridas, pcro no nrln ifestabet n in g u na molcst i a.'firu-r¡ro-
había
:rvanzado mucho y falraba muy poco para que ptrbli- r o rrceptaba adi'ertencias ni cotrseios. Era tamosrt pcirquc
caran ios resultad<¡s. "puecio adelantarte ..rr-,_ solía camir-lar por el techo dc los trenes clr nlovilttietltc¡,
"lgi,,-ro,
clusiones ---clecí¿r--_. Lo fundamental es q.,. logrn,rr.r, rlt: Ios que luego saltaba para impresionar a stts amigos.
idenrificar el gen quc controla el dolor. dciwÁ,..,y, Itabía en su actitud demasiado exhibicionismo. Nadic
"l
rnutación produjo en esras peÍsonas la pérdida c{c la fun_ Ptrdo fren¿rrlo..Cuando las n<iticias uos llevaron hast:l st-t
ción del canal de sodio y por eso la inca¡-raciciad para r.,rsa llevaba dos meses ínticrt(), atr<tpellado por Llll trcl")
cxperirnenrar el dolor". .' rr:indo se cayó dcl techo dc otro que circulaba por ttna
Para que eso sucediera, exi:licaba, [a persona clebía r ía paralela. Se llamaba Raficl Nagi.
heredar c-l's copias delge'defécruoso, tanro de la madrer Khan había clelado a continuacií>n ltrr espacio en
corno dcl padr.e. Eso, segírn conrprobaron, habí¿ sucedido
bl:rnco, como parzr pcrnritir quc \ÁIasim digiricra esa no-
e'n varios casos del
¿grllpo esrudiado, parre de una ccxnuni_ r ir:ia. l)espr-iés aer:egaba una írltima fi'asc: "Espero qtlc ¿r
.lad en la que no cra cxtraño casarse con algírn micmbnr
i(:rrnil no le pase lcr misnto".
t{el rnismo grupo famrliar: r-rn primo, por cjernulo.
Ul méclico ley<i la c¿rrta cornpleta dos \¡eces. Lueeo lla-
"Como sabrá¡;, no pcrcibir dolor es algo e*uemacla_
nri, a l¿r agencia dc viaies y pregurltó si podía adclantar la
lncntc pcli*roso. Ei dolor es Lril arriso de que algo no li'cira de su p2rrtid¿ hacia la Argcntina. Era evidcnte c'lLle
:urda bien: al rx.' recilrir ese ¿rviso, no sc b,_r..n .y.rd. o n,r iba a hacer nineírn qran descubrimiento cicntífico: el
ttelnp(). A menudo, incluso, la persona sc daíra a sí rnis_
cr¡tripo de Khan ya lo había hecho. Per<l qr.rizás al mcnos
nr¿r \,':l qLle su clrerpo no le picic límites. Ese es
el caso 1',xlría llegar a tiempo para avudar a Kamil.
dc los más ¡rcqucíros, hirv que ,,.igilarlos constantementc
porquc a cada momento se provocan quenraduras y he_
ridas dc rrd. ripo. Sc sicnte' fuer¡es ..r",rclo .,., .u"ii.lr,J
son rnLrv fi.ágiled'.
Khan sc había guar.clado par:r el final la parre rlc ia
.
liistoria c}rc lr-lcuo:; le gustaba. .,Nosotros llcgamos hastrr

9o
91
 

15. En busca de la kriptonita 'l¡rnbién para eiaborar un plan. Ilabía decidido que iba
.r encontrar el lugar donde 1o tenían y luego, en algún
rnomento en que n<¡ hubiese nadie en la habitación, re-
visaria tod<l bien hasta dar con lo que fuera que estaba
anulando sus poderes. Entonces sacaría esa sustancia
tlc la habieación y Kamil podría crlrarse. Pero el asunro
rcsultó más difícil cie lo esperado, porque cada vez que
.rtrar,'esaba la puerra que decía "Emergencias" alguien lo
tlctenía y lo mandaba otra vez. ala sala. Al final decidió
('sperar hasta qtre fuera de noche: seguramente habría
^
É\penas la ambulancia ilego a la clínica, Kamil fue rrlenos gente )/ las cosas se tranquilízarían. Debió que-
conducido a toda l'elocidacl al secror de Emergencias. A .larse dormido, porque cle pronto abrió los ojos y vio
Carlos le dijeron que se quedara un raro en la sala de f'rcnte a él a la madre de Karnil. Urros pasos más allá
espera, que ya le avisarian cuanc{o pudiera l,erlo. pero t-staba ei padre, habland<l con un niédico.
después rcdo ei mr-rndopareció olvidarse de é1. En derer- --preguntó la mujer.
-;Carlos?
minado monrento, una enferrnera a la que detu,u,o para Notó que esta vez estaba vestida de forma más común,
pedirle noricias le sugirió que se fuera a su casa y voi- con pantalones, carnisa clara y un pañuelo de colorcs so-
viera aldía siguienre. É1se linritó a negar cc¡n la ,ábrr.^, lrrr: los hombros. Era efecti'"'amente muy hermosa. Tenía
ofbndido. ¿Córno iba a abandonar a i, ,,r,igo en ma- lebios gruesos, pintados de un rosa pálido. Carlos pensó
nos de genre que no renía la más mínima idca de lo que tlrrc si los abría 1o suficiente quizápodría ver si le fáltaba
escaba pasarrdo? Se iba a qrredar ahí todo 1" q.,. fuese ll punta de la lengua. Pero no parecía que eso fuese a
necesari<¡. rnenos en la sala de espera habtaun bidón rrrccdcr. Ella lo miraba con cxtrañeza.
con agua fría y él renía galleti.cas en la mochila: podía - Carlos?
-¿Sos
--Sí. -insistió.
resistir bastante.
No supo ex¿rctamente cuánro tiempo pasó porque no --Soy la marná de Kamil -dijo en 1rn casrellano diFr-
tenía reloj, pero fue suÍiciente para rornar cinco vasos cil--. Ahora. nosotros nos vamos a ocupar de é1. Tenés que
cle agua. comerse rodas las galletitas y aburrirse mucho. rr a casa: tus padres seguramente estarán preocupados.

9Z 93
 

El rcchazri su sugcrcncia con un gesto.


cstá'/ -Sí --diio--, claro.
-,'Ctlnrcl Después aceptó que io llevaran a su casa. Sabía quc tenía
- -No estir mllv bicir. ,N{uchas heridas. llav clue eslreral-. ,1ue volr,'cr cuando ellos no estuvieralr y ocuparse de Kamil.
---jltn¡4o quc vcrlo --dii.r --. Es importante.
l:l cra el íurico que podía salrarlo,Je sus enemigr>s.
--No es posiblc ,-sonriír la mujer-,. [Lrv iro. N'ti
r-n¿lricftr tc puedc llcv¿r ¿l tu casa: cs tardc.
En el camint¡ de regreso descubrió que la clínica csta-
Carlos pensír en mcncionarle sus sospechas sobrc cl ba muy cerca de su casa, algo que se le había pasado por
ilsLurto de [a kriptonita. ¡rcro no se lc ocru.rí¿r cómo cn- .rlto cuando fueron en la ambulancia por lo nenioso que,
r'¿u';rrll. Ill[a no sabía quc él sabía. v se.qurarncntc no ib¿
csraba. Eso le pr-rmitió ir al otro día para saber cómo se-
a qlrercr revelarlc ninsúÍ¡ clato importante. Noró qlrc sc-
riuía. Y todas las tardes de atrí en adelante. Sin embargo,
qrlía nr ir¿ir-ldolo. Parccí¿l trisre.
rr,r lograba meterse en la habitación a ia que habíari tr¿rsl¿r-
--J,b-\ estirb¿rs ahí'i --lc prcgunró. ,lrrdo Ifumil. Autrqlre tres o cuatro veci:s había av¿urzado
-_ Sí. llrstante por el pasillo, alguien siernpre lo dctenía antcs
¡or qué saltoi Er¿r ran ,rlto. ..
¿)' d., llegar a su obietivo. Iis que un chico solo llamaba de-
-- Iis tpc lo irabían ucorr¿rl¿rc{o ,-lc erplicó ,-. ;\clc rnasiadc'' l¿r atención et-r lugar. Dc todas formas. notí¡
nris, no tcnc{ría que habcrlc pas:tdo r¡ada. si no fucr.r ..¡-re lo trataban bien: aparentemente les hacía gtacia que
Ptlr.. -
l'uera tan insistente. No Io retaban, solamente lc clecían
Sc dctLr\'o, inscguro :;oirre qtré dccir. L;t muclre dc t¡-re todavía no podía .zerlo, que tenía que esperar h:rsta
i(anril lo rniraba ct>n cl ccño fr-uncido. Kamil cstuviera mejor. Finah¡cnte, un día en que no
--¿.Orirno rracla ? L,r'a rr c¿¡si siere meffr,.s. Irabía nadic a la vista logró liegar hasta su pucrta, pc.ro cn
l)rirlcnr (;arlos pens<i qr-rc rluería m¿urtcr.lcr Lrs aparicu. ,'l rromento en que iba a entrar oló una voz a su espalda.
cias fi'ente e cl. Pcro c{csptrés sc [c octrrrió otra posibilidad: '--¿Adónde vas?
¿.r' si rcirln'rcrrte cikr:; lur ctxrcrían los ¡roderes de Kalnil., Era una de las eufermeras que va lo había echado en
l\l¿is .itin: ,'r' r;i Kanril t1o eril cn vcrdacl hiio cic cllos? "()tra oPOI'tuniclad.
,,g¡,
corno Supcrman, había prenlido a sus padrcs cr-r su pi,rnct,r r.erlo un momentito clt sllsttrros.
v cstos cran ulros que [c lubían asignado en la'fierra? l)rc- -Qrería -dijo
cara que puso la mttir:l paleció que lc dal'ta
Por la
flrió no:lgrcsar nada qr,re pudiera nrererlo cn pr-oblcrnas. pcna. Suspiró v miró su reloi.

94 9.5
 

í.?I4-..; jin
;i;;.;,i1:
'-iÍ+;?:iir
-Buent>, te voy a dejar erltrar solo unos rninutos. Sus r*i'#$i
¡¡;.;;...; l
padres l-Io esfátr rin este motnentcr v creo que él dt¡crme, r-¡trt;].;''
pero podés vcrlo. P;tra quc re quedes Lur poco más rran-
qtriic-r. Va a scr sol,r un nlomento. ¿entcnclido?
Carlos asinriír y' cntró. Esraba un poco asustado y el
a.specto de Kanril no ayudó para rranquilizarlo en a[-¡-
soluto. N4ás bien al conrrario: tenía la cabeza vendada v
unos tubos se introducian cn su brazo derecho. Como .*¡
((,
{rstrlra tapaclo l-ro se veía cl resto dei cucrpo, pero le pare-
ciíl que lo tcnían prácricanrenrc inmoviliz.ado. No abrió
kls .>jos cuarido sc ii, acercó
*-Hoia, Kan'ril --susu rró.-. Sor.' Carbs.
No hr.rbo respllesra. La entérrnera 1o niiraba tiesde la
puefta.
-Estír doriniCo, ¿viste? Ahora varnos.
Pero él no se movió.
--Qrisie:ra quedarrne unol; mir-rutc¡s acá sentado
- dijo señalando la siila- -. Un nronrcnro, nada más,
por si se despier:ra.
L:r rnr-rjer se mordió el labio.I)udaba.
tinalmcnte-, )¡o rerrso quc ir a bus-
-Buetro -dijo
c¿lr una bolsa de suero. No rardo rnás de cinco minutos.
Y cuando vuelva. rc vas. ¿Esrá bien?
_-Sí.
l\penas cerró la pucrta se ievanró ;v rniró para todos
lados: tenía quc enconrrar lo quc 1o estaba debiiitando.
C)bscr vó que cn una re¡risa, junto bore ila de ,rgua

L)6
 

mineral, había un papel plateado, del tipo de los de los l rubos unidos a su brazo. NTo sc veía nacla bien. por ul¡
chocolates. Estaba doblado en varias partes. No se veía n)omenro se planteó una.horrible posibilidad:
¿y si las
especialmente raro, pero decidió guardárselo en el bolsi- (()sas no eran como pensaba?
¿y si en realidad Kamil no
llo. Después se acercó a la cama. t criía- poderes?
Qrizás hubiera"orra explicación, algó que
estoy buscando la kriptonita, o como se lla- ,c lc había escapado porque era demasiado chicc
oá.*"_
-Kamil,
me lo que te pusieron. ¿tr4e entendés? siado tonro. Qrizá su amigo era igual de hunrano
que
Hizo un sonido vago' algo como "mmmm", pero qr:i t'ualquiera. En ese caso, pensó entonces con un sobresal_
zilvblabadormido. Carlos siguió revisando muebles y t(), estaba ran mal como aparentaba. A punto de morir-
caiones, pero nada llamó su atencióu. Se había agachado Pero no, rlo era posible. Carlos pateó una lata que es_
_
para balo la cama cuando se abrió la puerta' r;rba en medio de la calle, enojado consigo misrno por
haciendo? --preguntó la enfermera' permitirse pensar .ro. Él lo había visro hacer cosas fa_
-¿Qémeestás
cayó algo y eü ese momento vio una hulosas. Increíbles. Kamil tenía poderes reales y se iba a
--Se -dijo,
moneda---. Esto --se la mosuír mientras se levantaba' ( urar.
¿Acaso alguna vez se muere un superhéroe? No,
Después la guardó en un bolsillo. csa es justamenre la gracia del asunro: los superhéroes
no
--Bueno, ahora tenés qtte irte. ptrcden norirse. Kamii se renía que salvar. Se lo repitió
Le susuiró una despedida a Kamil, ciue nt) contes- cluranre todo el camino. Se tenía que salr.ar.
tó nada. Después le agradeció a la enfermera y caminó
despacio hasta la salida. Se sentía decepcionado: tanto
esfuerzo para etttrar en la habitación y había sido com-
pletamente inútil. Mientras baiaba las escaleras del
hospital sacó la moneda y la observó: era de otro país,
-fenía una media luna
aunque no podía rejcottocer cuál'
y una estrella. Voivió a guardarla en el boisiilo y duran-
te un tiempo la olvidó pcr completo.

No podía sacarse de ia cabeza la imagen de Kamil,


cubierto de vendaies, con manchas moradas en la cara

98
 

L6. La decepción ,¡trc quiero hablarles sobre una invesrigación que


puede
;ryudarlos a enrender el comportamienro d".., hi¡o':
Marga ie respondió que lo iba a intenrar, pero luego
sisuieron varios días de silencio. Cuando Wasim.esá_
lra a punto de llamarla, llegó su decepcionanre respues_
tu. "Después de llamar muchas veces sin que rr"die
:rrc'diera, hoy finalmenre una mujer le'anró el teléfono
-.
-le contaba Me dijo que era una vecina de los Sirki
-.
1, .1ue solo escaba ahí regandc,las piantas. pero me
antici_
¡rri que no iba a encontrarlos en su casa en los próximos
tlias, va que están rodo el tiempo en el hospit"l. Al p"r=_
I)nni.l Wasirn estaba de mal humor. l)urante va- t'cr. Kamil ruvo un accidenre (se cayo de una gran aliura)
rios días había acosado tele6nicamente a su agente de
y su estado es delicado, no saben si va a sobrevivir.. Lo
viajes para lograr que le adelantara la fecha del billete,
lr¡rlrento mucho'.
pero la respuesta era siempre la misma: no había lugar,
Whsim dejó de llamar a la agencia de viajes. ya no
aunque podía volver a intentarlo al clía siguience. En
rrrrponaba. Al final, las cosas parecían ser como había
esos días también contestó.la carta dc Marga con un lar-
go mensaie en el que intentaba explicar los motivos de ¡r*,iosticad. Kahn: había llegado demasiado tarde para
t<xlo. Para la investigación y para salvar a Kam[ Áun_
sus recientes cambios de opinión sobre Kamil. Eligió sus
palabras con muclto cuidaclo. Después de su comunica-
,
¡rrc muchas veces se diio que no era su responsabilidad,
( ¡c no tenía senrido
ción con Khan se había vuelto crecientemente irritable lr culparse por lo que le había pasado
,r rrn chico que ni siquiera conocía, la idea.rt"b".r,
y ansioso, y no quería que se trasluciera en la carta. Ne- ,u
. ,rl''cza y no se iba. Una voz que no podía acallar
cesiraba toda la ayuda que ella pudiera darle. le,jecía
rlrrc si Kamil llegaba a rnorir sería por su culpa.
'Ahora estoy com/encido de la irnportancia del caso
y me interesa más que nunca conocer al chico -escri-
bió-. Si fuera posible, me gtrtaria que usted contactara
a sus padres y les anticipara que quiero reunirme con
ellos apenas rrle encuentre en Buenos Aires. Explíqueles

100 101
r
 

L7. El misterio de la moneda itecién enronces Carlos sc rranquilizó de vcrdad.


l,a
voz cler l(anril sonaba perfectamentc screna
y relajada,
lira obvio ,1ue el peligro había pasado.
--¿Estás bien. entonccs?
--N'luy bien -sonaba incluso alegre_. Aunque di_
( ( u qlle me tengo que cuidar.
imagino
:r)ti'os sabemos cómo -Carlos se rió, contento__. pero no_
son erl rrerdad las cosas.
--Claro --contestó--. I'a nos \.¡eremo.s.
LJnos minutos después de corr¿rr vio la verdad
clara
E**.,"-.nte cinco días después de su visita a la ha- Ircrrre a sus ojoi;: ¡él lo había salvado No habia
cftrda
bitación de Kamil, Carlos recibió la llamada de su ma- 1',rsible: había empezado a mejoiar justo después clc sr_r
dre. Al principio su tono inseguro y pausado lo asustó: vi:;it¿t. I.a kripronira. o lo gue fuesc esir susf¿lncia,
tcnía
pensó que le iba a dar maias noticias. Pero después se dio (¡uc cs[:u'cn esa pequeña rnoneda
bajo su cilma. Segur¿r_
cuenta de que era simplemente su forrna de hablar en nr('nre la renía Karnil en la ropa v al desr.,esrirlo
había
castellano. Despacio, muy despacio. r,,{ado, man¡enicndo su poder dr-structor aun
baitl i¡
fuiste tantas veces a la clínica, te quería avi- ( ;'¡ r.1. Y entonces lo asaltó
otr.o pensamiento alarma'te:
-Como
sar , r kirrde había ido a parar la moneda?
-dijo.
_¿Qé? Irt¡e a su habitación y buscó en ei armario
el panta_
Kamil está mejor. Se recuperó mucho en los l,,rr que renía puesto ese día: no estaba.
-Qe
últimos cuatro días. La semana próxima lo vamos a lle- l.rvldo. Corrió, preocupado, a recuperarlo. Ei
erizá lo habían
pantalón
var a casa, csr:¡[;a colgado en la soga del pario, secándose.
Revisó los
verdaC? l,t¡lsillos, pero no había nada. En ese momenro
pasó sr-r
__De verdad. rrr,r,.lre y lo vio.
bueno. ¿Puedo hablar con él? -¿.Qé estás haciendo?
-Qé
Pareció dudar, pero al fin accedió. -:Ibnía algunas cosas en los bolsillos de esre panra_
ie pasó el teléfono. h rrr. ¡.I-,as
un momento
-dijo, v
visre?
-Solo
102
 

No sé --corltesrír distraídaffIente-'-. Si no estárl al


lii argumento ela así: r¡ientras luchaban en lo alto
-
lado del lavarropas se habrán caído.
,lc un rascacielos, el rnalvado Manfro lograba intro-
tlrrcir cntre ia ropa del htlroe una moneda con la única
Carlos se ci.:dicó :r revisar con mucho cuidado ei la-
,iustancia en toclo el universo que podía hacer declinar
vadero. Est¿ba realmetrte ttert'ioso. Su ni¿idre había to-
cad<.r la tnotreda, la había sacado del bolsillo y dejado cn 'rrs poderes: la k¿rlanlita. Luego lo empuiaba al vacío. In-
(;u)az de 'u'olar, Superkarn caía en picada desde el piso
algirn lado... ¿,r'si alrora la mc¡neda la enférrnaba a elia v
(x hcnia y siete, pero afrrrtr:nadamente su capa se enre-
,jc-spués a toda su fhniiiia? Para peor uo a¡',arecía en niu-
,lub.r. con un másril v quedaba colgando a csc¿lsos merros
gun¿l partc. ¿\' si ia había agarrrido algttno de sus hernla-
,1.'l trelo. Al lin, se Cesplomaba en la calle y no había
nos? Poco ¿r poco, sin erribargo, se fuc tranquilizando.
l,rrrna de hacerlo reaccionar. Ttasladado a un hospital,
El efecto con Kamil habia sidc instantáilec''. Y tcniend<r
,lirr a día iba perdienci.o su fuerza. Los mejorcs médicos
cn cLrcnta que etr esos días no había pasado llada etl st-t
,1..'l nruncio eran convocados, pero no podían ayudarlo.
casa. no parecía posible gue Pasara después. Debía ser
colno en ,:l caso dc Supermalt, sn qu(: la kriptouita s,rltr
,\ ¡ncdrda que la noticia se difundía, crecía la desespe-
t,rt'iírir: ¿Qré sería de la Tierra sin Superkam? ¿Qrién
b af'ecta a éi v no a ios lcrráquec;s.
t ,nrlratiria el Mai? Pero su cornpañero, el joven Karl. lo-
Ulra vcz- que logró sacars¡ : esa pre()cllPacitltr dc enci-
había clerrota- r.1r',rl'n que le permitieran revisar la habitación y encon-
lna se sirrtió verdaderantcnte colltent<l:
tlulrir. sagazrnente oculta en el cinturón de Superkam,
do. É1, Carlos,le había ganado al Mal. Se tnoria de san,rs
l.r ¡naldira rnoneda. Corría con ella a una increíble ve*
dc contárseio a alg''ricn. Ese fue uno cie los tr¡orncntos en
l.u i,{rrd --más rápido cltre la luz_.- y cuando llegaba al
clue cstLr\() a pLutto cle hablar sobre Kamil: necesit:rba
quc orros supieran dc la fabulosa a\/elltura que acababa
, lt'sic'rto
I baio mil toneladas de arena.
t's ic't ttl la enterraba baio arena. Ins-
t,ur(íneamente, Superkam se recuperaba por compieto
de protagonizar. Liegó incluso a ir eu busca de tselélr
r l,rs dos jr.rntos iban en busca del malvado Nlanfro. Lo
¡rara dccírsclo, pero se frenó ett la puerta de su habita- ( n( ()rltrabAn robando un banco, porque pensaba qL¡e ya
ción. No iba a cle,:rle; ni ella ni nadie. Le tomarían el
rr,r.lr,: podía detenerlo. "¡Este es el fin de tus fechorías ",
pcl<i el rest,-l dc su vida. Rrdía imaginárselos: 'Carlitos
tiene Cemasiada imaginación'. iban a decir' No qucría
l,' qriraban (esa era una palabra que solía aparecer en
l.r', lri:;torietas y le encantaba). Entonces lo ataban con
tener esa discusión. Volvió a su cuarto, cetró la puerta v
deciciió dibr-riar una historieta de Superkarr.
un urble merálico y Superkam lo rev'oleaba por ei aire.

104 105
I
 

"¡Hasta nunca ", lo despedía Karl mientras el maivado


volaba hacia la escratósfera. I B. EI encuentro
lJna vez definido el argumento, dibujó la histor'ieta
con cuidado y la pintó. Qredó
Le hubiera gustado mostrarla, pero pensó que por el
momento era mejor guardarla en Lln sitio seguro. Algún
día se la daría a Kamil.

C,r",rdo 1, mujer abrió la puerta fue evidente que


rr, r lo csperaba. Lo observó de arriba abajo, sorprendida.
-¿.Si?
-Soy Wasim. Le escribí hace unos días...
til médico se detuvo y pens6 que no tenía sentido
lr;¡lrlar cn cascellano. Siguieron unas palabras en urdu
l' rcc ién enronces Farah era el nombre de la mu-
-ese
l('r se hizo a un lado y lo invitó a pasar.
Le pido discuipas. ahora me acuerdo de que había-
r,¡.rs ct¡mbinado trna cita, pero estuve tan ocupada qLle
l, lrrrhía borrado por completo de mi cabeza.
'
[,o invitó a acomodarse en la sala mienrras ella iba a
l,r t,,cina en busca de unas bebidas. Sentado en el sue-
lo t'sr;rba su hijo menor, Alí, jugando con un camión
,lt' ¡rlÍstico. No debía tener más de cuatro años, pensó
\\',rsirn. Fll camión hacía un giro por la alfombra, iucgo
,,rrl'í.r a r-rna pila de libros acomodados a modo de rampa

I ()tr
r
 

('uatro o cinco meses: contj.nuamente y


y desde allí el clrico lo arrojaba con fuerza para que cho-
rro lloraba. Se mordía la lengua y los iabios, sangraba,
cara contra la pared. La tercera \'ez que 1o hizo, el ca- :;icmpre renía hematomas... Antes de cumplir los tres
mítin se desvió v dio contra el pie de \fuhsim' Él sonrió.
airos se quebró una pierna y recién lo descubrimbs al
Chocamos diio, y dio vuelta el camión-.
-¡Opsl - otro día. En Pakisrán solian decir que en nuesrra fami-
Aquí va.
lia todos los chicos salían muy fuertes y valientes. Un
El chico sonrió arnpliamente. Algo en su boca llarnó
,rrgullo estúpido. Lo llevamos a distintos médicos, pero
la atención del médico, que dio ullos Pasos y se agachó
rringuno supo exactariiente qué lo afecraba. Hasta que
para estar a su altura.
usted me escrfuió no había¡nos terminado de entender-
--Seguro que no podés abrir la boca tan grande kr. Y rodavía ahora... es exrraño. LIno los mira y parecen
comoyo. Ahhhhhh...
lricos tan sanos...
..
Alí lo imitó riendo.
La mujer sacrrdjó la cabeza y se quedó en silencio.
---Ahhhhh.
--¿Tienen ustedes algún parentesco con la familia
ganasce
-iMe
Wasim sonrió mientras observaba las heridas en la
Nrgi. de Lahore?
boca y la lengua del chico. En ese monlerlto eutraba Fa- -Somos primos segundos.
rah con una bandeia en sus manos. -¿Y sabía que Ratiq...?
lr,lla asintió anres de que terminara la frase.
-- ¿Está viendo sus lastimad'.rras ? - Sí. Perc i(arnil no lo sabe rodavía Iavoz-.
Ei médico se puso de pie lentamente. -baió
r\unque no se conocían mucho, pensamos que lo va a
llarnaron la atención' Son tnuchas.
-NIe ahora está aprendiendo a no dañerse. Clon rf lctar: era casi de su misrna edad. Decidimos esperar
--Recién rur [x]co para decírselo.IJay mucho que habiar rodavía,
Kamil f'ue peor: cuando era bebé se rnordió tan fuerte
que sc.or,ó lo purlta de la lengua. l,('rr) con él riada es sencillo. Nlilo siempre fue un chicr¡
rrrrrv difÍcil.
ustedcs. .. ¿.sabían?
-Enronces, ¿Milo?
Wasim totnó un vaso de té helado que ie ofrecía Fa- '_-Es un sobrenornbre. Se lo puso su hermano
rah v vr¡I."'iíl a senrarse.
I r( ) --. Alí es rnás dócii, en cambio é1...
y no. Siempre hubo algo raro en é1, pero nadie
-Sí
nos diio qué era. Lo empezamos a nolar cuando teuía
-¿Nluy rebeldc?

109
108
 

rrrra pi€rna, v aún tenía marcas cle las contusiones recibi-


--No solo eso. Se sintió toda la vida tan fuerte, tan... ,.las en la cara. Y, sin embargo, pensó Wasim, su cu,rrpo
superior. Como si fuera invencible. Aunque siempre ie v s,,
r'staba .-'rguidc era vivaz, alcrta. Ulu ie-
pedimos que sc cuidara, nunca nos hizo caso. Y última- t'rrperación notable.
"*presiírn
mente fue peor. Nos mentía: decia que estaba estudiando este es el doctor \fotasirn --1o presentó Fa-
pero se iba con los amigos a hacer... no sé qué. Después -Kamii,
'tlh.
aparecíacon heridas: ni siquiera rnc deia-ba tocarlo. Tam-
--¿Doctor? --Kami[ frunció el ceño--. No nec:esiro
bién se le ocurrió hacerse el héroe, rescatal gente... nrás doctores.
que caminaba sobre brasas?
-¿Sabía
que eso fue algo que vio hacer a un pritno cn
-Es c{ístinro... Él quicre cxplicartc..
-CreoCuando nos enteramos se lo prohrbirnos, pero -=1h sé --hizo un gesro de irnpaciencia-. flre ncr
Pakistán. tcr)go que rirarme de una [erraza. Qre tengo que ser
quizá siguió haciéndolo, no sé... r¡r¿is cuidadoso. A{e 1o dijeron mil veces.
una vez a un hospital.
-Y fuesupe, sí. fuIe dijo que 1o habia llevaclo un ami- -No --diio ü'asirn--. Lo que yo \€ngo a explicarte
--Lo (s por qué te tiraste. Por qué te parece que sos cliferente
go, que a él no le importaba. Es difícil de entertder, pero ,lcl resto de las personas. Mucho más fuerte.
realmeute siemprc pensó que tockrs exagerábamos \¡ quc -_.So,,- ¡nás fi¡erte.
nada podía dañarlo demasiado. -No. I-o siento, Kamil, pero no es cierr<_r. Sé que es
es exactamente al revés: todo puede dafiarlo por-
-Y
que no io percibe. Eso io pone en peligro. Va a tener que
,¡si r-onio te senrís, pero es r¡na idea falsa. Una idea bella
v cornpletamenre falsa. La verdad es que sos muy frágil.
cuidarlos mucho. A los dos.
Ella asintió y tomó un trago de su té. Liubo aún dos visiras nrá.s a la casa de los Sirki has-
--Y ahora me entero de que todo es¡c es culpa nues- i,r (¡re acordaron que roda la familia se haría una scric
tra: está en los genes que recibieron. Qrizá no tendría- rlt csrudios para conocer exactamente su estaCo. Hrl csos
mos oaue haber teniclo hiios. \'r)('r-rentros, \Áiasim les explicó todo lo que sabía io
poclían saberlo. Fls aleo realmente ercepcionai. aprender
-y
esos días- sobre ia condición cltre
-No
Y, de todas formas, 1o importante ahora es saber cómo"..
,
¡rrc ¡nrcic en
t,s .1 [¿c¡¿br. No sicmpre Kamil pareciapr€star arención.
I

En ese momento se o,vó un ruido en ei pa:;illo y entró .\ r'cccs se sentaba junro a la ventana y miraba hacia la
Kalnil. Caminaba con muk:tas, arrasfrando ligeramente
tll
110
 

calle, como si esruviera morralmente aburrido de lo que Después le abrió la puerta v se dcspidieron. Anres de
se hablaba. Insistía en qlle quería saliq aunque sus pa- subirse al a,;to, Wasirn miró otra vez hacia ia casa y vio
dre-. se lo habían prohibido. a Karnil en ia ven¡ana. Era desencanto io que mostraban
qué'irinieron a la Argentina? preguntó sus ojos, pensó. LIn tlemendo desencanto.
-¿Por
ese día Wasim a F-arah.
-le
lhnbién él estaba Lin poco rrisre. Sabía que había he-
--Mi marido es representante de uria empresa y sue- cho lo que tenía que hacer, pero al misrno tiempo sentía
len rnoverlo de un lugar a otro. Pensé que quizá sería que le había quitado al chico algo valioso. Algo irrecu-
bueno para aquí, cambiar de ámbito, pero perable.
no deja de ser é1, esté donde esté.
En la rildma visita el médico lo notó distinto. Supo
que le habían contado 1o de Rafiq y, aunque segírn su
madre no pareció mostrarse muy apenado, algo en él
había cambiado. Ya no tenía ese briilo desafiante en la
mirada. Era aigo casi imperceptibie, pensó Wasim, pero
esraba ahí: una cierta tristeza.
Acordaron iniciar los estr¡dic,s recién la semana si-
guiente, para rleiar que festejara tranquilo su cumplea-
ños. Farah le contó que solo harían una celebración
famiijar, a la que se surnarían dos o tres amigos de Ka-
mil. Ei había puesto como condición que no se hablara
del tema en ia fiesta. No quería que nineuno de sus ami-
gos 1o supiera. Especialrnentc Carlos, había dicho.
es Carlos? Wasim, ya en la
-¿Qién -preguntó
Puerta.
---Es un chico tlel colegio, un poco rnenor que é1. Muv
tierno --Farah sonrió--. Estrrvo enorrnemente preocu-
paclo todo este tiempo. Creo orue lo aclmira dernasiado.

113
r
 

q&.Lh't¿ Q
-Ú,r rn ttPG

1"9. La d,espedida f'abuloso al que la gente iba en busca de avr-rda. ya no


cra héroe. Pero algo lrabía cambiado eri el medio v
Carlos sentía que tampoco había vlreko a ser cl qr'r*.r,
rn¡es" Por lo pronro. ya nadie le decía Zanaho¡ia.

' Algo más de un m.e$ después clel accidenre, r.ecibió un


liamado de Kamil para invitarlo a su cumpleaños. La iclea
Io hizo saltar de emocién: esta vez, pe-nsí¡ tendrían opor_
trrnid;rci de conversar a folldo sobre todo lo que había
pa_
s:rdo. Pe.ro no rcsukd'así en absoiurc¡: había i,',r.h"
g.rt"
lmil no volvio csc lño al c,rlcgio. l,¿r macstra cx- r n la casa" entre la familia, los vecinos y algunos
o*igo,
plicii qLre vrr estab¿ mttc}io mt:ior. irero todar'ía necr:sita- .lci barrio, y no pudo estar ní url mornento a solas .or, é1.
be tiernpcr pala reF(.)nctsc \' lairaba poco par;1 cl firr cle I)e entrada, r'erlo con r¡ruletas le produjo una desa_
clrrso, de modc, quc sc qtteLl.lrla c¡t c¡s¿l. Aunqttc l-li,l <.ii.-¡ rr;,dable i'rpresión. ¿,Cuái era el senrido de ller,arla.s si
much<>s detalles dcl accidetrte, cso no rmiriclici cluc toclo vr¡ había recuperadc sus poderes? Se lo pregr.rnró en voz
cl mundo l-rablara inc:itrs:rblcrnentc dcl ter¡.a etr los pa- lxria cuando se acercaron a la rnesa para comer la mrta.
sillos. Sc r;abíarr algtur;rs cucstiones bírsicas: qr-rc ltts cul- , ¿Por qué tenés eso?
pables crarr ltanfrcdi v sus anrigos. qr-tc Kamil había Karnil se encogió de hombros.
caíc1o dcsde Llna ten'¡1221 \¡ rllre había cstadr¡ rrl borcle dc *-Viste cómo son elios
--di¡o, v enseguida se discra-
l¿r ¡nucrtc. Pero c(il¡lo o por qué h¿rbía c;rído cra arl.eo ttris- l( ) (()r1 otra cosa. Carlos no entendió a quiénes se refe_
tcrioso Lr¿rra tr:dos. Si sc k¡ prcqllniirl]atr .lirccr¿mentc, n,r ('xactalrlente con "ellos", pero no hubo oportuniclad
Clarlos dccía qtre él estaba lc)os v rt<'¡ hal>ía visro io qttc rk' ¡rr'ciir aclaraciones. Se Ias ingenió, sin emtargo, par.r
succdiri. Por supnesto algulro-s pt-tsitrot't cara de t-Io L'recr- r r;r'srniriric su propia de la hisroria, adenlás del
lc. ¡rcro el ¿rirc dc tr;rqcc{ia c¡Ltc rucicrba tr,c{o cl asrtlrto lcl 'lrl'rt¡ (lue su rnadre le había 'ersión
com¡rrario conlo regal: ¡lar;r
salvo dc scr cuest.ic'tn;"t.i.,1. l(,¡rril. le había llevado l¡r. hisrorieta de S'perk"-. Err._
Ilr¿r ra;:o para el tsirtr sin K¿rnril. l{ilr<; r'nl;rJ.l. Pi'ou- l,,r .'rrrolladay andacon cir:s cintas, una rcrja y otra azul,
16 f¡c cyicientc .1trc h,ilría qucciaclc-, ,il..,idirdo ese iiú,.-r ( oi¡ r( ) ir )s cc,lores de sus
capas en los dibr-rjos.

1t I
I i-t
It5
r
 

está todo dijo en voz baia cuando se la


-Acá
dio-.
-le
Mirala a solas. -Estamos
haciendo el equipaje y me susraría dejar
te algunas cosas. ¿Poclés pasar: por casa?
--Sí -- susurró--. \by más rarde.
Lrrego vinieron las vacaciones y clurante un largo
tiempo no tuvo noticias cte Karnil. Se fue unos días aa la La casa, obsenó apenas puso un pie adentro, era un
playa con su familia,leyó decenas de historietas y, tirado caos. Caias con obietos por todos lados, muebles en me-
boca arriba en la arena, irnaginó nuevos desafios Para sus
rlio del paso y gente que enrraba y salía llevándose cosas.
héroes; misiones que lcls obligaban a sutnergirse en el mar
l(amil lo condujo a su habiración y le entregó un pa-
rugiente, donde habitaban seres oscuros y peligrosos'
,¡rrctc de libros que había preparado para él y un juego
Al volver a casa, esmba deseoso de empezar otra
tlc cartas que alguna vez habían usado juntos. Luego se
vez l¿rs clases absolutamente inusual en él- por-
-algo ,r, cl'có a la puerta, se asornó para ver si alguien venía, v
que pensaba que se eucontrar'ía con Kamii y, quión sabe,
lrr cnfornó.
tal vez vivirían nuevas aventuras. Pero anres de cpte su-
--Y quiero darte esto mientras se sacaba una
cediera recihió oro llamad<r y fue corno si le v'olcaran un -di¡o
,,r,J,:rla que había estado oculta bajo su camisa. Tenía
vaso de agua helada sobre sus burbuleantes exPectaiiYas'
,,,I¡larrdo un anillo plateado.
-Nos
vamos
-le cliio Kamil. '¿fué
-¿Adónde? - -Es un anillo muy especial. fb va a ayudar.
otro país. Le avisaron a mi papá.
-A
Lo prirnero que pensó Carlos fue que les habían asig' ¿ no te va a quifar poder?
NIo --sonrió-. Mis poderes están inractos. ¿Qre-
nado una nueva niisión, quizás aigo importante que no
It':, P<.'$aIme?
permitía demora alguna. Un nuevo combate conma el 'No, no hace falta.
lv1al. ( )lrlos hubiera querido preguntarle en qué o círno
cuándo vuel',en?
-¿Y
_-No l,r ilrl e avudar el anillo, pero no pudo porquc cn (:sc
sé, no creo qut: '¿olvamos.
rrnrr¡ento entró la rnadre de Karnil seguida por cl.rs
Iiubo un siiencio. Carlos pensó que debía decir algo,
p€ro no lograba encontrar nada oportuno: su cerebro pa-
lr,
'¡¡¡lrrcs que ' /enían a llevarse el escritorio. Salicron tlc
l.r lrrrlritación para no molestarlos y entonces aplrcc'ici cl
recla haberse vaciado. Kamil siguió.
l);t(1ft, que les pidió avuda con unas cajas. El rcsto rlcl
16
I t7
 

tiempo 1o pasaron llevando cosas cle un lado a otro v va


no estu\¡ieron más solos'
Cuando se ftle llevaba la cadena en su pecho' llabia
entendido tnuy bien dos cosas: que se trataba de utt se-
creto y que iba a protegerlo. Se prornetió no sacársei'a
nunca más. En la puerta se miraron incóinodos: ningu-
no de los sabía cómo despedirse. Ai fin fue Kamil ei clue
se adelantó y le dio un abrazo url Poco torpe'
tocio lo qr:e diio.
-suerte -fue vos'
-:Iambién Para
Cuanclo la puerta se cerró a su espalda, sit-rrió mttchas
ganas de llorar pero logró contellerse. Clamirló unos Pa-
sos por la calle, se dio vuelta Y rniró hacia la casa' Kamil
estaba en la ventaira. Levalrtó la mano l' lo salr-rdó Por
última vez.

En los meses que sigilieron Carlos irnagirró rnuchas


veces el regreso. I)e noche en su cama se decía que sin
duda Karnil estaba adquiri.:ndo nuevas habilidades: el
crecirniento teuía que l-racerlo más fuerte y poderoso'
Algunas cte esas noches, cuandtt srr imaginación cstaba
más desatada, inveuraba historias: eil una cle cllas Kamil
había aprendido a volar,v 1o sorprendía entrando pol su
ventana. Eutonces se sentaba lunto a él en su cama v le
decía que trecesitaba su ayuda para Ltna peligrosa aven-
tura. Algo grandioso, qtre los haría céiebres en ¡odo r:i
mundo. A r,'eces hasta se 'teía a sí ¡nismo r''tll;ttrdo junto

118
,,:ll,*
 

a Kamil, aplaudidos por una multitud: Superkam y el ,rrriba sombra fugaz:. trna rnancha que se agitaba
loven Karl. -una
\'Irtre las cstrcllas--. levantal-ra una m¿lno disrraídarnen-
El anillo, estaba absolutamente seguro. ya lo había ((', conlo si saiudara. Liicgo se quedal>a un rato disfru-
ayudado a salir de varios problemas. Era una tranquili- tlrr.lo cie la brisa y esperando vcr algo ílnico, auirqnc
dad tenerlo con él se sentía protegido por Lina misteriosa
fierza superior. ';rtría que en verdad nada iba a pasar.
A menudo planeaba lo que haría cuando viera otra
vez aKamil. Lo primero, pensaba. sería ciarle las gracias.
Por haberle dado ese anillo protector y por salvarlo de
muchas cosas. De Manfredi, del fuego, de tantos peli-
gros. Y también cle ser para siempre Pulgarcito. Llegó
a imaginar perfectamente todos los detalles, cada gesto
que harían y cada palabra que dirían en esa conversa-
ción. Perc, minca más lo vio.

Pasado un tiempo considerable, en que


-un.tiempo
Carlos se r,'olvió más alto y menos miedoso-, la duda
se abrió camino en su cabeza. Ya no le parecía posible
que las cosas hubieran sucedido exactamente como él
las recordaba. Qre Kamil pudiera atravesar el fuego y
clavarse cuchillos mientras reía, que ningún golpe le
arrancara lágrimas, que esa pequeáa moneda hubiera
podido ponerlo al borde de la muerte. Qizá su memo-
ria lo traicionaba. O quizá su fantasía 1o había llevado
demasiado lejos.
I
sin embargo, algunas noches salía al balcón y mi-
raba el cielo. Cuando le parecía ver un movimiento allá

lZO
 

Aclaración

A fines del oño 2006, un grupo de investigadores britónicos


onunció gue hobía logrodo identificar el gen que controlo.lo
percepción del dolor. El descubrimiento tuvo lugor luego de
que los científicos oyeron hablor de un chico de lo ciudpd po-
kistaníde Lahore que caminobo sobre brosos ardientesy jomós
hobía sentido dolor. AI estudior o su fomilio, encontroron que
otros de sus integrontes comportían la mismo condición.
Esta novelo estó inspiradu en eso historio. Sin emborgo, todos
los nombres y los situociones oquí descriptos son por completo
ficticios.

r2J
 

Indice

1,EI sereta..... 5
2. Caru a cara con Manfredl t1
3. El té del doctorWasim 19
4. El poder'de lcts ojos............ 23
J: Corriendo tras una sombra............ 31
6. Lafarsa--. 43
7. A traaés de las lla¡nas 50
8.
().
Las dudas del
t0.
u. Los superhéroes no tienen padres
t2. Noticias para el doctor Wasim............ ............. z6
t.l. 8t
t4.
Il. En busca de la kriptonita........ 92
| ('. La decepción ........ iln
17. EI rnisterio de la moneda t0]
I ti. El encuenffo ......... tuz
l, .r. La iiespedida il4

t25
I
 

t--
I
I

I
I

I
I

I I

Cuonda Los Invencibles llegoron o lo final del compeonoto


de fútbol de Villa Luppí hicieron hístoria. Pero eso na fue lo
único hazoña que comportió el grupo de omigos; los chícos
tonbién tuvieron que enfrentorse ol temible monstruo de lo
luquno. Asi, se convirtieron en leyendo.

Horacio Convertini nació en i96i, en Buenos Aires. Es


prriodista y escritor. Por sus textos literarios recibió pre mios
nacionales e internacionales. Lo leyenda de Los lnvencibles
r:s la primera obra que publica para el público infantil.

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