Introducción
La Entomología Forense es una ciencia auxiliar de la investigación criminal que
ayuda a esclarecer un crimen. Cuando un cadáver lleva días de haber fallecido y
empieza el estado de descomposición es cuando la Entomología Forense a través
del estudio de los insectos llega a aportar valiosa información que permite a los
investigadores establecer la data de la muerte.
En un homicidio, los primeros testigos que llegan al lugar de los hechos son los
insectos, saben que paso y como paso. A través de su estudio se puede determinar
la hora de la muerte de los cadáveres encontrados en determinadas situaciones. La
identificación precisa de los insectos puede aportar pistas importantes para
esclarecer el intervalo Post-Mortem, si el cadáver fue trasladado de lugar, si se
puede utilizar para vincular a un sospechoso en la escena del crimen.
Se requiere entonces conocer las herramientas de la Entomología Forense para
establecer la fecha o data de la muerte de una persona, así como todo lo
relacionado con las circunstancias que rodearon el suceso.
OBJETIVOS
OBJETIVO GENERAL
Diferenciar la entomofauna que aparece según el tiempo de muerte del cadáver.
OBJETIVOS ESPECÍFICOS
Relacionar el tiempo de aparición de los diferentes tipos de entomofauna con la fase
de descomposición en la que se encuentra el cadáver, mediante la toma y el análisis
de muestras. Observar que tipo de entomofauna aparece en relación con las fases
de descomposición. Describir cuales son las especies de entomofauna que.
Relacionar la temperatura con la aparición de entomofauna cadavérica. Establecer
la especie que interviene en mayor porcentaje en la descomposición del cadáver.
JUSTIFICACIÓN
Esta investigación será relevante ya que es importante en un crimen conocer la
forma, causa, hora de la muerte para determinar cuándo ocurrió el deceso. La
entomología nos ayudará a esclarecer incógnitas para la resolución de muertes
violentas.
La Entomología Forense como ciencia auxiliar dará apoyo a otros medios y técnicas
forenses, por lo que es pertinente darla a conocer para que se convierta en una
herramienta importante en la investigación criminal.
Es necesario hacer nuestra investigación, para tener mayor conocimiento sobre esta
Ciencia, este estudio nos ayudará a obtener los resultados que nos llevará al
esclarecimiento de la verdad sobre un homicidio.
Sabemos que habrá personas beneficiadas con nuestra investigación ya que podrán
tomar los contenidos necesarios para implementarlos en su respectivo estudio y
desarrollo de sus investigaciones, así como entregar un resultado veraz facilitando
un dictamen judicial acertado y esclarecimiento de la verdad.
¿QUÉ ES LA ENTOMOLOGÍA FORENSE?
La Entomología Forense, también llamada Entomología Médico-legal, es el campo
del saber donde la ciencia de los artrópodos es aplicada como herramienta en las
investigaciones de la escena del crimen y otros casos forenses, cuando el cadáver
es hallado bajo condiciones extraordinarias, resultando insuficientes los métodos de
la Patología Clásica. Es así que la Entomología Forense representa una ayuda
invalorable en casos de cuerpos muy descompuestos, como ocurre en las muertes
por homicidio, muerte repentina como la anafilaxis por picadura de abeja o
accidentes de tránsito, donde los restos humanos son colonizados por insectos.
Los insectos son con frecuencia los primeros en llegar a la escena del crimen, y
además llegan con una predecible frecuencia; por otro lado, el cadáver viene a
constituir un recurso trófico, el cual induce una sucesión de colonizaciones con
diferente fauna cadavérica, debido al rol que desempeña cada uno y por su llegada
de acuerdo a la etapa de descomposición. Este proceso es dependiente casi en su
totalidad de un gran número de variables como son: la temperatura, la humedad
relativa, el tipo de vegetación, el P.D. del suelo, la temporada estacional y las
circunstancias de la muerte, por lo que en los últimos años el objetivo fundamental
de la Entomología Forense se ha enfocado hacia el estudio del comportamiento de
estas oleadas necrófagas con respecto a tales factores, y dirigido principalmente
hacia la determinación del Intervalo Post-Mortem.
¿QUIÉN ES EL ENTOMÓLOGO FORENSE?
El entomólogo forense participa en la identificación de los artrópodos y en el análisis
de la data entomológica, en la interpretación de esta y así, contribuye con la
determinación del tiempo o Intervalo Post-Mortem, y lugar de la muerte. Con tal
finalidad, debe seguir dos enfoques principales: el primero, consiste en la
observación del desarrollo de los insectos de acuerdo a la temperatura
(generalmente el de las moscas); y el segundo, está representado por el
reconocimiento de la sucesión predecible de artrópodos que facilitan la
descomposición de la materia orgánica, incluyendo los cuerpos humanos o
cadáveres de animales.
MARCO TEÓRICO
Una problemática frecuente dentro de la investigación pericial, es establecer
criterios de temporalidad cuando se encuentra un cadáver humano en procesos de
degradación. Las interpretaciones médica y criminalística emplean un índice
denominado cronotanatodiagnóstico, que se basa en los fenómenos de
transformación cadavérica, pero no considera en toda su magnitud la utilidad de los
indicios biológicos como artrópodos y otros animales en asociación con el propio
cuerpo, atribuyéndose únicamente un valor anecdótico y en el mejor de los casos al
relacionarlos, se hace de manera general con base en información bibliográfica
ajena a las condiciones ecológicas y geográficas de la zona, además carece de
especialización y conocimiento en la identificación taxonómica.
Sin embargo, existen otros criterios de interpretación que involucran por un lado
factores inherentes al propio cadáver, al sitio de depósito, a las circunstancias de
muerte, factores biológicos y climáticos, junto con los fenómenos de transformación
cadavérica que influyen para establecer la probable fecha de la muerte. Por tal
motivo, la interpretación correcta a los indicios biológicos es fundamental para
establecer con mayor precisión un índice criminalístico que estima el tiempo
transcurrido desde que ocurre la muerte el momento del hallazgo, denominado
Intervalo Postmortem (IPM) el cual involucra todos los factores que rodean el
fenómeno de la degradación cadavérica incluyendo los indicios entomológicos.
En la Ciudad de México, aún cuando se registra un número fluctuante de decesos
en donde se observa la asociación de insectos con un cadáver humano, a los
artrópodos no se les ha considerado como indicios biológicos asociados como parte
de un fenómeno ecológico de sucesión y de transformación de materia orgánica.
Contrario a esta situación, la evolución de la Entomología Forense en otros países,
es tal que el estudio de los insectos se emplea como una herramienta criminalística
que auxilia en la resolución de casos que van desde homicidios altamente
engañosos, hasta infracciones por la mala prestación de un servicio.
Ante esta problemática, la CGSP de la PGJDF ha creado y conformado el
Laboratorio de Entomología Forense, para auxiliar técnica y científicamente durante
una investigación ministerial o judicial, cuando se vincule la presencia de artrópodos
durante el proceso de investigación, pero que al mismo tiempo ha planificado y
desarrollado estudios experimentales con insectos asociados a la degradación
cadavérica, con el fin de dar soporte a las conclusiones periciales que emite. Dicho
Laboratorio tiene como objetivo practicar diversas investigaciones biológicas de
identificación taxonómica y manejo de especies de insectos que se asocian a la
degradación cadavérica, con el fin de conocer sus ciclos de vida y la distribución en
la Ciudad de México, para que a partir de esa información se sustenten los análisis
de los mismos cuando sea necesario estimar el IPM, índice que, en la actualidad, se
torna un medio de prueba pericial que integra las variables climáticas, edáficas, de
flora y los fenómenos de transformación cadavérica, que se presentan en el cuerpo
a partir de la muerte.
Entomología Forense.
La Entomología Forense se define como una ínter disciplina, en donde el estudio de
los insectos y otros artrópodos interactúa con el sistema judicial (Hall, 2001). En ella
se hace uso de estos organismos como indicios biológicos para solucionar
diferentes planteamientos ministeriales y judiciales, ya que proporcionan información
durante una investigación ministerial (Varatharajan y Sen 2000). Al Considerar las
circunstancias y la forma como se asocien estos animales o sus partes, durante una
disputa ya sea civil o penal, ésta especialidad forense se ha dividido en tres rubros:
Entomología Urbana, Entomología de Productos Almacenados y Entomología
Médico-legal ó Médico-criminal (Hall, 2001; Anderson y Servenka, 2002), en este
sentido, es una herramienta que auxilia a la procuración de justicia, al interpretar
bajo una visión integral la biología, ecología y taxonomía de los insectos,
relacionándolos con las circunstancias del hecho que se investiga. Uno de los
objetivos medulares de su aplicación, es la posibilidad de relacionar los fenómenos
de transformación de cadáveres, con los patrones de colonización y las variables
ambientales, entre otros datos, para estimar el IPM.
Aunque se trata de una disciplina forense con casi dos siglos de aplicación, se le
considera reciente, ya que su evolución ha sido lenta y su desarrollo ha dependido
de la dedicación de un número de científicos relativamente bajo, en comparación
con otras especialidades biológicas. Actualmente, la Entomología Forense ha
ganado más reconocimiento, sobre todo en el ámbito internacional y son muchos los
retos planteados para el futuro, siendo uno de los más importantes la combinación
de los resultados obtenidos en las investigaciones académicas con el trabajo en
casos reales (Gómez et al., 2007).
Antecedentes En uno de los primeros registros, que al parecer es el primer
compendio de medicina legal, al menos desde el punto de vista del derecho, es la
compilación de Si-Yuan-Lu, texto típicamente medico legal que data de mediados
del Siglo XIII, que puede traducirse como “Compilación de la Reparación de las
Injusticias”, su autor, Song Ts’eu, del que no se puede especificar concretamente si
se trataba de un médico o un juez (Corbella, 1994), durante la investigación de un
homicidio en un poblado de campesinos, a todos los habitantes hombres se les
ordenó exponer sus herramientas de trabajo, resultando que sólo en una de ellas se
posaron las moscas, al confrontar esta evidencia con el propietario de la misma,
esté confesó el delito. Este hecho, se ha descrito como la primera observación del
comportamiento de los insectos y su asociación con lo que en la actualidad
conocemos como aplicaciones de la Entomología Forense, según McKnight en Hall
(2001). Pero no es hasta mediados del Siglo XIX, cuando en Francia, en 1855
Bergeret investiga el homicidio de un infante, se plantea el primer caso 6 criminal en
donde se emplea la sucesión de insectos como una herramienta forense (Hall,
2001).
En 1894 J. P. Mégnin, a quien se le considera el padre de la Entomología Forense,
en su obra, “La Fauna de los Cadáveres”, establece el modelo de “Las escuadras de
trabajadores de la muerte”, reconoce que existe un orden cronológico de ocho
oleadas de insectos que se relacionan directamente con el proceso de degradación
de un cuerpo hasta su desaparición (Castillo, 2002). En 1895, en Canadá, Wyatt
Johnston y Geoffrey Villanueve, además de practicar colectas en diferentes
exhumaciones, plantean la necesidad de adecuar los trabajos de Mégnin a cada
localidad debido a las características de la fauna del lugar; en Estados Unidos de
Norteamérica, Murray Galt Motter publica “Underground zoology and legal medicine”
como resultado de observaciones efectuadas durante las exhumaciones de 159
cadáveres (Benecke, 2001).
Entre 1899 y 1900, el médico forense Eduard Ritter von Niezabitowski, hace
experimentos con fetos de gato, zorro, rata, topo y vaca, que le permiten realizar
una importante contribución al establecer que “los cadáveres humanos comparten la
misma fauna con cadáveres de animales” (Benecke, 2001). Posteriormente, durante
la primera mitad del Siglo XX, se encuentran trabajos entomológicos en general,
relacionados con especies carroñeras o degradadoras de materia orgánica, pero no
enfocados directamente a la Entomología Forense, aunque se realizan
esporádicamente investigaciones relacionadas con la atención a casos judiciales
(Benecke, 2001; Castillo, 2002; Gómes y Von Zuben, 2006). Investigadores como
Bornemissza (1957) en Australia, Leclerq (1948, 1975) en Europa y Payne (1965)
en Norteamérica, reactivan el interés por la Entomología Forense a partir de la
comunicación de estudios de los efectos de la sucesión de artrópodos durante la
degradación de animales, así como de aplicaciones de ésta en casos reales.
Establecen que la relación y asociación de insectos con los cadáveres dependen de
las características del sitio de depósito y las circunstancias de la muerte, así mismo
categorizan a algunos como indicadores en la llamada “Data de Muerte”.
En 1986, Smith, presenta el libro “A manual of forensic entomology”, el cual sirve de
base para el desarrollo actual de la disciplina como tal, a partir de una descripción
detallada de la aplicación de la entomología en las ciencias forenses.
Posteriormente aparecen trabajos que bajo la misma visión integral, establecen la
interdisciplinariedad del quehacer de la Entomología Forense y la utilidad de los
insectos como indicadores forenses, tal es el caso de "Forensic Entomology: The
Utility of Arthropods in Legal Investigations" de Byrd y Castner (2001); "Entomology
and the Law: Flies as Forensic Indicators" de Greenberg y Kunich (2002) y "Forensic
entomology: The insects and corpses" de Benecke (2004).
Mención aparte, merecen los trabajos de Rodríguez y Bass (1983), quienes
desarrollaron estudios experimentales con cuerpos humanos, en éstos estudios
dichos autores, establecen cuatro fases de descomposición de un cadáver,
denominadas: cromática, enfisematosa, colicuativa y de reducción esquelética, así
mismo, observaron la presencia de insectos pertenecientes a 10 diferentes familias
de dípteros y coleópteros, relacionaron los 7 factores ambientales, la estacionalidad
con el lapso de tiempo que dura cada una de las fases de descomposición
cadavérica y la sucesión de insectos que se presenta en un cadáver.
Cabe destacar que, por obvias razones éticas y legales, el estudio de los insectos
potencialmente importantes para la Entomología Forense se ha practicado en
modelos animales, incluyendo perros, gatos, ardillas zorros, osos, cerdos, focas y
otros pequeños mamíferos (Castillo, 2002; Mavárez-Cardozo et al., 2005).
En Latinoamérica, los estudios relacionados con la Entomología forense son
escasos uno de estos, lo constituye un análisis retrospectivo de la región
neotropical, en donde se plantea la necesidad de investigaciones en esta región con
el fin de conocer mejor el proceso de degradación cadavérica y a los artrópodos
asociados en este tipo de ambientes, ya que “los bosques de América Latina y el
Caribe son los bosques tropicales más importantes del mundo, tanto por su
extensión geográfica como por su riqueza biológica y complejidad ecológica. De los
diez países con los bosques tropicales más extensos, seis se encuentran en el
Neotrópico, estos son: Brasil, Perú, Colombia, Bolivia, México y Venezuela,
abarcando casi la mitad de los bosques de esta categoría” (Mavárez-Cardozo, et al.,
2005), de los países aquí citados, además de Costa Rica y Argentina, donde en
1994 se formó el Laboratorio de Entomología Forense en el Museo Argentino de
Ciencias Naturales, ya cuentan con cierta tradición en el estudio de esta disciplina,
de forma tal que se han generado trabajos en torno a la distribución de las especies
de insectos involucradas en la sucesión en un cadáver, así como ciclos de vida,
descripciones y la utilidad de éstos como indicadores forenses, además de estudios
de análisis toxicológicos a partir de insectos (Baumgartner y Greenberg, 1985;
Calderón-Arguedas et al., 2005; Centeno, 2000; Centeno et al., 2002; Daza y
Yusseff, 2003; Gomes y Von Zuben, 2006; Guarin, 2005; Jirón et al, 1983; Oliva,
2001; Oliveira y Mello, 2004; Wolff et al., 2001.
Entomología Forense en México.
En México, la entomología como disciplina científica se ha desarrollado en distintos
terrenos como en taxonomía y sistemática, que han permitido el conocimiento de la
biodiversidad de este grupo de organismos, tanto en nuestro país como en el
extranjero; También hay avances notorios en áreas en las que se aplican
conocimientos entomológicos relacionados con salud, alimentación y agricultura. Sin
embargo, la Entomología Forense, en cuanto a su aplicación, es relativamente
reciente y cuenta con escasa información, con una evolución lenta, limitada a
esfuerzos individuales y al desarrollo de talleres, cursos y conferencias que en la
mayoría de los casos poco han impactado en el desarrollo de la disciplina.
La Sociedad Mexicana de Entomología se ha constituido como un foro en donde se
han presentado trabajos de investigación que contemplan aspectos básicos de esta
disciplina en México, como la importancia de los insectos para establecer el tiempo
de muerte (De la 8 Barrera-Escamilla, 1999), la sucesión de especies de artrópodos
en modelos animales (Anguiano y Quiroz-Rocha, 2006; Flores et al., 20081 ;
Martínez et al., 2007; Stephano et al., 2006; Valdés et al. 2008), distribución,
descripción y registro de especies necrófagas y necrófilas en localidades específicas
(Flores et al., 20082 ; Molina et al., (2006 y 2008), Quiroz et al., 2008, Vázquez et
al., 2007; Villamil, 2007), ciclos de vida de especies relacionadas con la degradación
cadavérica (González et al., 2006) así como la comunicación de casos de interés
forense (Quintero et al., 2006), aislamiento de ADN humano a partir de larvas de
dípteros (Hernández et al., 2007, Nava et al., 2008 ), así como aspectos de
toxicología ligada a larvas de dípteros (Cortés, 2005). Además, dicha asociación,
convocó al Primer Simposio Internacional de Entomología Forense desarrollado en
el año 2007, coordinado por la Dra. María Teresa Quintero de la Facultad de
Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Nacional Autónoma de México y
el Dr. Humberto Quiroz Martínez de la Facultad de Ciencias Biológicas de la
Universidad Autónoma de Nuevo León, con la participación de expositores
extranjeros (Martha Wolff, Margherita Turchetto, Olguer Calderón y Andrea La
Física) y ponentes nacionales como Humberto Quiroz Martínez, Georgina Quiroz,
Ariadna Rodríguez Castro, Samuel Gutiérrez Rodríguez y Humberto Molina Chávez
(Memorias en revisión).
Existen otras obras, en donde se ha hace una revisión de la disciplina tomando en
consideración las observaciones efectuadas en los denominados “pudrideros
experimentales” descritos por Marín (1978); así mismo el registro de especies de
insectos asociados a cadáveres humanos (González y Labrador, 2003) y otros con
enfoques retrospectivos en el país (Garduño et al., 2007).
En la actualidad la Universidad Autónoma de Nuevo León, la Universidad de
Guadalajara, el Colegio de Postgraduados de la Universidad Autónoma Chapingo, la
Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro Robles y la Universidad Nacional
Autónoma de México cuentan con proyectos de investigación en el campo de la
Entomología Forense y colaboran con instituciones encargadas de la procuración de
justicia.
Existen centros institucionales que emplean las herramientas que aporta la
Entomología Forense en la resolución de casos reales, entre ellos cabe destacar a
la CGSP de la PGJDF, el Servicio Médico Forense de la Ciudad de México, el
Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses y la Procuraduría General de Justicia del
Estado de Coahuila. Además investigadores de diferentes instituciones académicas
han colaborado o colaboran con instituciones de procuración de justicia en la
resolución de casos y en la elaboración de opiniones periciales.
En cuanto a la actividad educativa, aunque no es posible establecer con claridad el
número exacto de cursos o conferencias relacionadas con la disciplina, se han
incluido aspectos de Entomología Forense en cursos de criminalística, criminología
y ciencias forenses en general y sólo uno que ha profundizado en el tema (Taller
Internacional de Entomología Forense efectuado en el año 2008, auspiciado por la
Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro Robles y la Procuraduría General de
Justicia del Estado de Coahuila), con la 9 participación de expertos de Canadá (Gail
Anderson) y de USA (John R. Wallace y Jeffery K Tomberlin).
La PGJDF a través de la CGSP, han desarrollado protocolos que se dirigieron a la
conformación de un Laboratorio de Entomología Forense, que proporcione la
atención a órdenes ministeriales y además, en otro sentido, establezca líneas de
trabajo tendientes a desarrollar el estudio de aspectos entomológicos que
incrementen el conocimiento de la Entomología Forense en la Ciudad de México y
que permita vincular y capacitar a más personal de las áreas periciales que se
encargan del estudio criminalístico de circunstancias donde los artrópodos se
asocian a la degradación de cadáveres, tales como el desarrollo de ciclos de vida
bajo diferentes circunstancias ambientales, la sucesión ecológica que se establece
cuando interactúan los insectos con los restos cadavéricos, así mismo generar
protocolos, en conjunto con otras áreas periciales específicas de la propia
coordinación, orientados a estudios de genética, toxicología y criminalística, entre
otros.
Aplicaciones La Entomología Forense se orienta principalmente a estimar el
intervalo postmortem, sin embargo, si se emplea de manera adecuada el estudio de
los artrópodos, durante una investigación criminalística, es posible determinar el
lugar del fallecimiento, rutas de abandono, detección de drogas o venenos, causas
de muerte, negligencia, tráfico de drogas o bien, auxiliar en la identificación de una
persona a partir de larvas de dípteros (Benecke, 2001; Hall, 2001; Nava et al, 2008;
Varatharajan y Sen, 2000). Para ello el entomólogo forense participa en la
identificación de los insectos y la interpretación de la información biológica de éstos,
generalmente siguiendo dos enfoques: el primero consiste en la observación del
desarrollo de los insectos tomando en cuenta variables ambientales, tales como
temperatura, humedad y fotoperiodo, principalmente; y el segundo está
representado por el reconocimiento de la sucesión predecible de artrópodos que se
asocian a la descomposición de la materia orgánica, ya sea en cuerpos humanos o
de animales.
Un cadáver es un recurso trófico, que de acuerdo con la etapa de descomposición y
circunstancias en torno al mismo, induce una sucesión de colonizaciones con
diferente composición faunística.
Este proceso es dependiente casi en su totalidad de un gran cúmulo de variables
como la temperatura, la humedad relativa, el tipo de vegetación, el pH del suelo, la
temporada del año y las circunstancias de la muerte, por lo que en los últimos años
el objetivo fundamental de la Entomología Forense se ha enfocado hacia el estudio
del comportamiento de estas oleadas necrófagas con respecto a tales factores, y
dirigido principalmente hacia la determinación del IPM.
De manera general los primeros organismos en colonizar un cuerpo después de la
muerte, son insectos y otros grupos de pequeños artrópodos, esto no sucede al
azar, en todo 10 caso es una secuencia predecible. Durante dicha colonización, se
presenta una asociación entre los insectos y los restos animales o humanos, donde
estos últimos se constituyen como una fuente de alimento, refugio o sitio de
oviposición y/o viviposición. Entonces ocurren una serie de cambios drásticos y
rápidos de la fauna que se encarga de descomponerlos, las especies predadoras
que se alimentan de estos y en los restos se presenta una secuencia de
modificaciones, que en el ámbito médico legal se reconocen como “fenómenos
cadavéricos”.
Estos fenómenos, se reconocen como: fenómenos cadavéricos tempranos o
abióticos y fenómenos cadavéricos tardíos o mediatos (Luy y Ramírez, 1997). Los
fenómenos cadavéricos tempranos o abióticos de manera general se suscitan
dentro de las primeras 24 horas a partir de la muerte y en la mayoría de las
ocasiones no implican alteraciones notables en la morfología macroscópica del
cadáver. Estos son consecuencia de cambios de orden físico químico, como la
pérdida de temperatura corporal (algor mortis), pérdida de agua corporal en la
superficie y mucosas expuestas, acumulación de fluidos corporales hacia las áreas
declives (livor mortis), también llamadas livideces, o bien rigidez corporal (rigor
mortis) como consecuencia de contractura muscular que afecta las articulaciones, y
por último, el espasmo (Gisbert y Villanueva, 1994).
Los fenómenos cadavéricos tardíos o mediatos se clasifican a su vez en procesos
destructivos y procesos conservadores del cadáver. Los primeros derivan de la
destrucción de las estructuras celulares (autolisis) de los denominados tejidos
blandos y la acción de bacterias aerobias y anaerobias (putrefacción) hasta llegar a
la reducción esquelética. La putrefacción es un proceso complejo, el cual se divide
en distintos periodos dinámicos, cuya evolución dependerá de las circunstancias
inherentes al cadáver y al ambiente que lo rodea (Bonnet, 1967; Villanueva y
Concheiro, 1994; Castilla, 1994; Luy y Ramírez, 1997; Magaña, 2001). Estas fases
se conocen como:
• Periodo cromático. Está determinado por la acción de bacterias aerobias y
anaerobias facultativas, la mayor parte de ellas residentes en el tracto digestivo. Se
inicia con una mancha verde abdominal localizada en la fosa iliaca derecha
progresando hacia un color negro o café en toda la superficie corporal. De forma
general se presenta a partir de las 24 horas posteriores a la muerte.
• Periodo enfisematoso. Se caracteriza por la formación y acumulación de gases
que transforman la morfología corporal, ello como consecuencia de la acción de
bacterias anaeróbicas. Su duración puede ser de varios días hasta semanas.
• Periodo colicuativo o de licuefacción. Es consecuencia de la desintegración
bacteriana de las estructuras celulares, iniciando por los tejidos más especializados,
(encéfalo, glóbulos oculares, suprarrenales) y terminando con el tejido dérmico y
muscular.
• Periodo de reducción esquelética. Comprende distintos estadios de desintegración
de los residuos de los tejidos blandos y fibrosos, hasta llegar a su pérdida total
considerándose sólo los huesos. En cuanto a los procesos considerados como
conservadores, dependen de las circunstancias individuales y ambientales, lo cual
puede producir conservación por deshidratación de los tejidos blandos dando lugar
a la momificación, o bien a una transformación estructural o saponificación de
tejidos grasos como consecuencia de ambientes húmedos, originando la
denominada adipocira o saponificación. La exposición de un cadáver en sitios con
hielo da lugar a la congelación. Aunque de manera artificial se practica el
embalsamamiento, la conservación transitoria, la conservación con fines docentes y
la refrigeración, cuando estos fenómenos se llegan a presentar, en poco o nada
ayudan a una investigación en donde está involucrada la estimación del intervalo
post mortem, por lo que criminalisticamente se consideran poco útiles para la
estimación de este dato (Castilla, 1994).
OBJETIVOS DE LA ENTOMOLOGÍA FORENSE
Los principales objetivos de la Entomología Forense son:
● Datación de la muerte a través del estudio de la fauna cadavérica.
● Determinación de la época del año en que ha ocurrido la muerte.
● Verificar que un cadáver ha fallecido en el lugar donde ha sido hallado o
ha sido trasladado hasta el mismo.
● Dar fiabilidad y apoyo a otros medios de datación forense.
PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA
Para un investigador criminalista que se enfrenta a un cadáver son tres las
preguntas fundamentales que se le plantean:
● Causa de la muerte y circunstancias en las que se produjo
● Data de la muerte
● Lugar en el que se produjo la muerte
De estas tres cuestiones («Causa«, «Data» y «Lugar«) los artrópodos poco o nada
pueden aportar respecto a la primera; esa labor, establecer la causa de la muerte,
corresponde al forense; sin embargo, tanto en la fijación del momento del
fallecimiento como en la relativa a los posibles desplazamientos del cadáver, los
artrópodos pueden ofrecer respuestas y, en muchos casos definitivas.
La muerte de un ser vivo lleva consigo una serie de cambios y transformaciones
físico – químicas que hacen de este cuerpo sin vida un ecosistema dinámico y único
al que van asociados una serie de organismos necrófagos, necrófilos, omnívoros y
oportunistas que se van sucediendo en el tiempo dependiendo del estado de
descomposición del cadáver. El estudio de esta fauna asociada a los cadáveres
recibe el nombre de entomología forense.
La entomología forense o medico – legal, por lo tanto, es el estudio de los insectos
asociados a un cuerpo muerto para determinar el tiempo transcurrido desde la
muerte.
Este Intervalo Post Mortem puede ser usado para confirmar o refutar la coartada de
un sospechoso y para ayudar en la identificación de víctimas desconocidas
enfocando la investigación dentro de un marco correcto de tiempo. Esta
investigación puede llegar a ser vital en la investigación de un homicidio.
El problema de la determinación del tiempo transcurrido desde la muerte es
complejo y debe ser tratado con mucha cautela, pues existen con frecuencia
muchos factores desconocidos, que hacen difícil llegar a unas conclusiones
definitivas.
En general, el tiempo transcurrido desde la muerte es determinado por análisis de
los restos a través de observación externa, control físico – químico y estimación del
deterioro producido por el paso del tiempo en artefactos como ropa, zapatos, etc.
La observación externa incluye factores como temperatura del cuerpo, livideces
cadavéricas, rigidez, signos de deshidratación, lesiones externas, acción por
animales e invasión de insectos.
El segundo método de datación incluye técnicas como determinación de elementos
químicos y compuestos como nitrógeno, aminoácidos y ácidos grasos.
La tercera técnica viene con la valoración del deterioro de tejidos plásticos, nylon y
materiales semejantes.
Después de la muerte, hay dos grupos de fuerzas postmortem que cambian la
morfología del cuerpo.
El primer grupo incluye aquellos factores que vienen desde fuentes externas como
crecimiento bacteriano, invasión del cuerpo por los insectos y mordeduras de
animales.
El segundo grupo está compuesto por factores que proceden del interior del cuerpo,
como el crecimiento de bacterias intestinales que aceleran la putrefacción y la
destrucción enzimática de los tejidos.
PERIODOS EN LA DESCOMPOSICIÓN DE UN CADÁVER
Los periodos más importantes en la descomposición de un cadáver son cuatro:
1. Periodo cromático:
● En esta fase se instaura la mancha verde en la fosa ilíaca derecha; esto
suele suceder a partir de las 24 horas después del fallecimiento.
● Se empieza a ver el entramado venoso por la transformación de la
hemoglobina.
2. Periodo enfisematoso:
● Aparecen los gases de putrefacción y el cadáver comienza a hincharse.
● Comienza el desprendimiento de la epidermis.
3. Periodo colicuativo:
● Los tejidos se transforman en un magma putrilaginoso y desaparece su
forma habitual.
4. Periodo de reducción esquelética:
● Desaparición de las partes blandas.
Todos estos periodos se encuentran afectados por una serie de factores que
retardan o aceleran esta descomposición; se trata de los siguientes:
1. Circunstancias de la muerte
2. Condiciones del cuerpo anteriores a la muerte
3. Temperatura.
4. Humedad.
5. Tipo de suelo en el que se produce la putrefacción.
6. Insectos.
7. Otros animales
Debido a la gran dificultad para calcular la tasa de descomposición por el
crecimiento bacteriano, existe un gran número de estudios sobre el efecto de los
insectos necrófagos en restos humanos encontrados al descubierto.
En los cadáveres se produce una progresión sucesiva de artrópodos que utilizan los
restos en descomposición como alimento y como extensión de su hábitat. Esta
sucesión de artrópodos es predecible ya que cada estadio de la putrefacción de un
cadáver atrae selectivamente a una especie determinada. Aunque el papel de las
diferentes especies de artrópodos es variable y no todas participan activamente en
la reducción de los restos.
LAS CUADRILLAS DE LA MUERTE DE JEAN PIERRE MEGNIN
Los diferentes grupos de artrópodos fueron definidos por Megnin. Según el autor,
estas escuadras son atraídas de una forma selectiva y con un orden preciso: tan
preciso que una determinada población de insectos sobre el cadáver indica el
tiempo transcurrido desde el fallecimiento. En consecuencia, merced a Megnin
podemos contar con datos objetivos sobre entomología forense, los que nos van a
permitir un diagnóstico certero.
Por otro lado, es necesario saber que ha cambiado completamente el plan de
trabajo original de Megnin, quien con sus cuadrillas y en forma distinta a la actual
abordaba esta problemática. En cada país y dentro del mismo, en cada región,
debido a sus particulares características, existen distintos integrantes de cada una
de las cuadrillas, por lo que el estudio entomológico a emprender en la investigación
criminal debe realizarse sobre los conocimientos previamente adquiridos por la
investigación científica que hoy no se admite que realice persona ajena a la
entomología.
En caso de hallar insectos, se deben colocar en frascos con alcohol, que mata y fija
inmediatamente los mismos, sin alterar sus dimensiones y características. Jean
Pierre Megnin, a partir de 1874 realizó estudios entomológicos en el cadáver.
Agrupó a los insectos que en periodos delimitados contribuían con la destrucción
cadavérica, denominando a cada uno de ellos “Cuadrilla de Obreros de la Muerte”;
estableciendo ocho cuadrillas:
PRIMERA CUADRILLA: Está formada por dípterosmoscas de las especies musca
(doméstica) y curtonerva, en un primer momento, y luego por otras moscas,
Callíphora vomitoria (mosca azul de la carne) y anthomya vicina. Sólo atacan a
cadáveres frescos, y a veces ya en el periodo agónico.
SEGUNDA CUADRILLA: Integrada por moscas lucilia (caesar o mosca verde) y
sarcophaga (carnaria, arvensis y laticrus) que se presentan a partir del momento en
que el olor cadavérico se siente al aire libre, ello es, cuando se instala la
putrefacción en su fase gaseosa.
TERCERA CUADRILLA: Se presenta en el periodo de putrefacción butílica, es decir,
cuando existen grasas acidificadas, tres a seis meses después de la muerte. La
componen coleópteros (dermester, lardiarius, frischii y undulatus) y lepidópteros
(aglossa pinguinalis o polilla de la grasa)
CUARTA CUADRILLA: Corresponde al periodo de putrefacción butírica y gaseosa,
es decir, de grasas y proteínas acidificadas. La componen dípteros y coleópteros
(anthomya vicina, pyophila casei y petasionis, corynetes o necrobia, ruficollis,
coeruleus, rufipes y violaceus)
QUINTA CUADRILLA: Es atraída por la fermentación amoniacal. Se compone de
dípteros de los géneros tyreophora (cynophila, anthropophaga y furcata), lonchea
nigrimana, ophyra (cadaverina y leucustoma), phora aterrima, y también de
coleópteros, de la familia de los sílfidos, de los géneros necróphorus humatur o
necróphorus fossor, silphia (littoralis y obscura), hister cadaverinus y saprinus
rotonmdatus.
SEXTA CUADRILLA: Se encargan de absorber los humores líquidos que dejan las
cuadrillas anteriores, por lo que desecan y pueden llegar a momificar los tejidos
orgánicos aún existentes. Se trata de acarianos, de los géneros serrator (amphibius
y necrophagus), tiroglifinos (entomophagus, faringe, longior, myophagus, siculus,
siro y urophurus), carpoglyphus, caedpophagus o tyrogflyfus echinopus, glyciphagus
(cursos y spinipes), uropoda numularia y trachynotus cadaverinus.
SÉPTIMA CUADRILLA: Se presenta cuando quedan únicamente restos
momificados que no permiten que actúen los fermentativos. Corresponden a
coleópteros (attagenus pellio y anthrenus museorum) y microlepidópteros (aglossa
cuprealis y tineeola biseliella). Se trata de del mismo tipo de los que roen los
vestidos, tapices y pieles.
OCTAVA CUADRILLA: Integrada por dos especies: tenebrio (monitor o gusano de la
harina y obscurus) y ptinus brunneus. Trezza refiere que, en nuestro medio, no se
ha encontrado esta cuadrilla.
Los insectos pueden agruparse en 4 grupos diferentes, según el mismo Megnin:
EL PRIMER GRUPO: Es el de las especies necrófagas, y dura alrededor de tres o
cuatro meses, correspondiendo a la primera y segunda cuadrillas. Son
principalmente dípteros (moscas) y coleópteros (escarabajos) Estos últimos por lo
general aparecen más tarde, cuando la materia orgánica ha comenzado a secarse.
EL SEGUNDO GRUPO: Corresponde a los insectos, cuyo alimento lo constituyen
las especies necrófagas. Su importancia radica en que su acción depredadora
puede modificar la tasa de crecimiento de las especies necrófagas y de esta forma
tornar dificultoso su empleo para establecer el cronotanatodiagnóstico. Dura
también tres o cuatro meses, y corresponde a la tercera cuadrilla.
EL TERCER GRUPO: Está integrado por especies que al mismo tiempo son
necrófagas y depredadoras. Tal es el caso de la moscarda azul de cara blanca. Se
extiende de cuatro a ocho meses y corresponde a la cuarta y quinta cuadrillas. El
cadáver se encuentra convertido en una verdadera papilla negruzca, líquida o
semilíquida, con un olor que recuerda al del queso podrido.
EL CUARTO GRUPO: Por último hacen su aparición los acarianos, que integran la
sexta, séptima y octava cuadrillas, que encuentran en el cadáver una extensión de
su hábitat, y se prolonga por seis y doce meses.
La mayor parte de los autores considera que la fauna cadavérica comienza su tarea
con la musca doméstica o mosca común, la mosca verde o lucilia caesar y la mosca
azul o Callíphora erytrocephala.
Tollas ellas inician el proceso entomológico depositando sus huevos en los orificios
naturales húmedos, ello es, el ángulo del ojo, debajo de los párpado, en la boca y en
los restantes orificios húmedos del cuerpo.
Las diferentes generaciones, según la especie y conforme las condiciones
medioambientales (calor y humedad), pueden ser determinadas
entomológicamente. Es posible establecer cuánto tiempo hace que el cadáver se
encuentra en posición de hallazgo.
Existen dos métodos para determinar el tiempo transcurrido desde la muerte usando
la evidencia de los insectos: El primero utiliza la edad de las larvas y la tasa de
desarrollo; El segundo método utiliza la sucesión de insectos en la descomposición
del cuerpo. Ambos métodos se pueden utilizar por separado o conjuntamente
siempre dependiendo del tipo de restos que se estén estudiando. Por lo general, en
las primeras fases de la descomposición las estimaciones se basan en el estudio del
crecimiento de una o dos especies de insectos, particularmente dípteros, mientras
que en las fases más avanzadas se utiliza la composición y grado de crecimiento de
la comunidad de artrópodos encontrada en el cuerpo y se compara con patrones
conocidos de sucesión de fauna para el hábitat y condiciones más próximas.
Los parámetros médicos son utilizados para determinar el tiempo transcurrido desde
la muerte cuando éste es corto, pero después de las 72 horas la entomología
forense puede llegar a ser más exacta y con frecuencia es el único método para
determinar el intervalo postmortem.
El estudio entomológico es de estricta incumbencia de especialistas que realmente
conozcan y manejen el tema y tengan experiencia en la aplicación del mismo; por
ello, el especialista entomólogo, se debe limitar a la toma de muestras, sea de
larvas, pupas, etc. Que pueda encontrar en el cadáver y realizar la medición de las
mismas para remitirse a efectos de practicar su estudio entomológico
correspondiente.
DESARROLLO
El desarrollo del trabajo se realizó a través del análisis de casos judiciales que han
tenido lugar durante los últimos años, en los que la Entomología Forense ha sido
fundamental para la resolución de los mismos. A partir de este análisis, teniendo en
cuenta las limitaciones y las falencias en el trabajo entomológico, tanto en el lugar
del hecho/hallazgo como en las autopsias, se proponen dos protocolos para la toma
de muestras (Protocolo de Campo y Protocolo de Autopsia), los que se elaboraron
teniendo en cuenta los métodos y técnicas de recolección, conservación y
preservación de muestras entomológicas.
CONCLUSIÓN
La entomología forense se ha convertido en una importante herramienta para la
resolución de casos criminales, permitiendo reconocer el estado de putrefacción de
un cadáver según la etapa de descomposición en la que esté gracias a los insectos
presentes en el cuerpo. Uno de los datos más relevantes que logra obtener es el
IPM, pues proporciona valiosa información relacionada al período de muerte de la
persona, además de exponer diversas situaciones circunstanciales del cuerpo
como, por ejemplo, si hubo inmersión, decapitación, desmembramiento, entre otras.
Existen variables adicionales como la identificación de los tipos de insectos
presentes en el cuerpo, así como la temperatura meteorológica y ambiental de ese
lugar determinado, ya que brindan información acerca del entorno del cadáver y si el
crimen fue cometido en dicho lugar o no.
ANEXOS
LA METAMORFOSIS es el conjunto de transformaciones profundas que sufren las
larvas de muchos grupos animales hasta alcanzar el estado adulto. Puede ser de
dos tipos: sencilla o simple, que no es una verdadera metamorfosis, y complicada o
completa.
NECROFAGOS: Son los que se alimentan directamente de los cadáveres, entre los
que se encuentran los sarcófagos, si se alimentan de la carne y los tejidos, blandos
y los dermatofagos si se alimentan de la piel.
NECRÓFAGOS: son animales que se alimentan de restos de animales muertos y en
descomposición.
NECRÓFILOS: Son los que se alimentan de los necrófagos y que pueden ser
predadores, si capturan y se alimentan de los otros artrópodos presentes en el
medio(mayoritariamente larvas de dípteros) o parásitos, si utilizan a las larvas de los
dípteros para completar su ciclo biológico.
SAPROFAGOS: En general, los que se alimentan de materia orgánica en
descomposición y dentro de este apartado, los que lo hacen de los líquidos y tejidos
putrefactos cadavéricos. No son necrófagos estrictos, entre estos están los
coprófagos, que son los que se alimentan de excrementos (en este caso del
contenido del aparato digestivo de los cerdos humanos o cualquier animal.
OVIPOSITANDO: el acto de depositar los huevecillos
LARVAS: estadio de desarrollo de numerosos animales, como las batracios, los
insectos, crustáceos, situado entre la eclosión del huevo y estadio adulto, con el que
hay diferencias de forma y tipo de vida.
PUPAS: ninfa, y en particular la de los dípteros. Envoltura quitinosa de donde sale el
insecto.
REFERENCIAS
Rodriguez, Manzanera, Criminología Editorial Porrúa México D.F
Magaña, C. 2001. La Entomología Forense y su aplicación en la medicina legal.
Data de la muerte. Publicación Aracnet. 7(28):49-57.
Benecke M. 2001. A brief history of forensic entomology. Forensic Science
International 120: 2-14.
Benecke M. 2004. Forensic entomology: Arthropods and corpses. En: Forensic
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