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Claudio Rodríguez

El autor reflexiona sobre su relación con su propia obra poética y cómo ha evolucionado a lo largo del tiempo. Inicialmente, sus poemas surgían de la contemplación de la realidad de su tierra natal de forma irracional e ignorante. Con el tiempo, fue desarrollando una visión más compleja que integra la objetividad y subjetividad, así como la tensión entre lo cercano y lejano. Su único objetivo es que su poesía sea natural de acuerdo a lo que puede hacer y está viviendo.

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Claudio Rodríguez

El autor reflexiona sobre su relación con su propia obra poética y cómo ha evolucionado a lo largo del tiempo. Inicialmente, sus poemas surgían de la contemplación de la realidad de su tierra natal de forma irracional e ignorante. Con el tiempo, fue desarrollando una visión más compleja que integra la objetividad y subjetividad, así como la tensión entre lo cercano y lejano. Su único objetivo es que su poesía sea natural de acuerdo a lo que puede hacer y está viviendo.

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NUEVA REVISTA Nº 1

¿HACIA DONDE?
Por Claudio Rodríguez

Lo primero que me pregun-


to es hasta qué nivel de fa-
miliaridad, de cercanía, tiene el
autor hacia su propia obra. En
mi caso es lejano. Hace años
pensé en dos peligros: uno el que
asedia al desviar la atención del
lector hacia otras zonas extran-
jeras al territorio de los poemas,
lo que puede influir en su en-
cuentro con ellos; el otro: que se
tenga en cuenta que el poeta, en
mi caso, no puede registrar, en
la declaración de su creación, su
experiencia única, sino a lo su-
mo una serie de abstracciones,
de juicios y prejuicios más o me-
nos próximos a ella. Porque si
la poesía es, entre otras cosas,
una búsqueda, una participa-
ción entre la realidad y su expe-
riencia poética a través del len-
guaje, claro está que cada poe-
ma se configura y se modifica,
a la vez, junto a la presencia de
las cosas, de la vida y de su ex-
presión: la palabra humana que
va excavando un cauce, por de-
cirlo así, que puede llegar hasta
el «oráculo del sueño» o hasta
un intento de creación del ritmo
de las cosas y del de la intimi-
dad más inefable.
Cuando comencé a escribir,
muy tempranamente, mis poe-
mas manaron de la contempla-
ción viva de la realidad de mi
tierra, con la geografía y con el
pulso de la gente castellana, za-
morana. Estos poemas se reali-
zaron con una ausencia de cono-
cimiento, en su posible concre-
ción o articulación. De aquí su
evidente tono irracional. Grave
problema que tan sólo sugiero:
¿la experiencia es concreta? o
bien, ¿mi ignorancia era sabidu-
ría?
No sabía entonces que la con-
templación, que es pensamien-
to, entraña moralidad y que mis
andanzas iban configurando y
modificando al mismo tiempo
mi visión de las cosas y la de mi
propio vivir (historia o leyenda)
hasta hoy. El soñar es sencillo
pero no el contemplar. Después
de este primer peldaño adoles-
cente se impone la forma de la
materia, de su actividad que se
serena o late de manera fulmi-
nante. como un asalto que hav
que conectar, tejer. Lo que el
hombre ignora. Y es necesario
que el volumen oscuro del deve-
nir tenga una situación. Pero
también se trata, sobre todo, de
la aventura. La poesía es aven-
tura, cultura, leyenda, como la
vida misma. Fábula y signo. Y
temple, repito, en vibración co-
mo fondo del misterio. Hasta
llegar a mí último libro El vue~
lo de la celebración siempre exis-
tió en mi poesía —y en toda
poesía— una tensión entre la
objetividad y la subjetividad. Y,
además, ¿podremos alcanzar
tan sólo lo próximo, lo fascinan-
te o lo que, mutilado, arrasado,
condenado está ahí: lo tremen-
do? Este dualismo es, en el fon-
do, una identificación. Se cele-
bra, se canta lo que se abre o lo
que se cierra desde todas las po-
sibilidades vitales: la figura de
las cosas, el poderío de las sen-
saciones que pueden desembo-
car en feracidad y en sequía. Es
como una «animación» que re-
crea, fugitivamente, lo que nos
mejora. La celebración como
posible conocimiento, como ser-
vidumbre, dando a esta palabra
el significado más clarividente:
el destino humano con todos sus
adjetivos y consecuencias. Vol-
viendo a la «mejora», según Fr.
Luis de León. En efecto, se ce-
lebra, se escribe (aunque uno no
sepa de modo consciente), y lo
que estaba marchito se hace jugo.
Esto no es cuestión del arte
pero para mí, sí: al intuir, esen-
cialmente, se apuntala, se acla-
ra, la creación inconcreta hasta
que se celebra, hasta que el
hombre sabe y se mejora: se po-
dría hablar de un estado emo-
cional «mejor», que es indepen-
diente de sus consecuencias en
cierto sentido. Largo sería co-
mentar este tema.
Mi único intento, en fin, es
que mi poesía sea natural (no di-
recta, o realista, o simbólica,
etc.) de acuerdo con lo que pue-
do hacer y con lo que estoy vi-
viendo, ¿Para qué hablar de có-
mo un poema es amo y es servi-
dumbre a la vez de uno? Sigo
creyendo, como el primer día,
en esta ebriedad armoniosa, en
esta aventura, en este peligro ri-
guroso que es fracaso y triunfo.
Lo único verdadero que un poe-
ta puede decir de sus poemas es
que «quien lo probó lo sabe»
Avenida de Mayo–Diagonal–Avenida de Mayo
El obstáculo
El posible Baldi
Convalecencia
Un sueño realizado
Mascarada
Excursión
Bienvenido, Bob
La larga historia
Nueve de Julio
De regreso al sur
Esbjerg, en la costa
La casa en la arena
El álbum
Historia del Caballero de la Rosa y de la Virgen encinta que vino de Liliput
1
2
3
4
5
6
El infierno tan temido
La cara de la desgracia
1
2
3
4
5
Jacob y el otro
1. Cuenta el médico
2. Cuenta el narrador
3. Cuenta el príncipe
Tan triste como ella
Justo el treintaiuno
La novia robada
Matías el telegrafista
El perro tendrá su día
Bichicome
David el platónico
El impostor
Ella
La Araucaria
La mano
La versión de linacero
Los besos
Mañana será otro día
El gato
El árbol
Ida y vuelta
La escopeta
El cerdito
Las tres de la mañana

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