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Evidencias del Espíritu Santo en la vida cristiana

El estudio de la Biblia permite que el Espíritu Santo trabaje en nuestra mente mientras interiorizamos la Palabra de Dios y permitimos que nos enseñe. Aunque el Espíritu Santo entra en nosotros después del bautismo y la imposición de manos, no nos posee ni nos domina en contra de nuestra voluntad. Debemos avivar el Espíritu Santo diariamente a través del estudio de la Biblia, la oración y la meditación para que nos guíe por el camino de Dios.
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Evidencias del Espíritu Santo en la vida cristiana

El estudio de la Biblia permite que el Espíritu Santo trabaje en nuestra mente mientras interiorizamos la Palabra de Dios y permitimos que nos enseñe. Aunque el Espíritu Santo entra en nosotros después del bautismo y la imposición de manos, no nos posee ni nos domina en contra de nuestra voluntad. Debemos avivar el Espíritu Santo diariamente a través del estudio de la Biblia, la oración y la meditación para que nos guíe por el camino de Dios.
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¿Cuáles son algunas evidencias del Espíritu Santo?

¿Cómo sabe usted que tiene el Espíritu Santo? Además de seguir el proceso
bíblico descrito en Hechos 2:38, podemos examinar nuestra vida en busca de la
evidencia.

La Biblia enumera muchas cosas que el Espíritu Santo nos permite hacer. Pablo
escribió que el Espíritu de Dios nos abre el entendimiento espiritual de las cosas
que parecen una locura para aquellos que no tienen discernimiento espiritual (1
Corintios 2:10-14).

A través de la oración y el estudio habitual de la Biblia, el Espíritu nos ayuda a


crecer en el entendimiento del plan de Dios y nuestro papel en él. Escribe las
leyes de Dios en nuestras mentes y en nuestros corazones, ayudándonos a
interiorizar el camino de vida de Dios y a pensar como Él piensa (Hebreos 8:10).
Nos permite transformar o cambiar nuestras mentes (Romanos 12:2).

Jesús dijo que el Espíritu nos proveerá de ayuda y de guía (Juan 14:16; Juan 14:26;
Juan 16:13).

Una de las evidencias más importantes es que “el amor de Dios ha sido
derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”
(Romanos 5:5). El amor de Dios se describe con más detalle en 1 Corintios 13:4-8.
Aunque todos nos quedamos cortos, un cristiano debe ver como este fruto crece
en su vida.

Pablo enumera otros frutos importantes del Espíritu en Gálatas 5:22-23: “Pero el
fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benevolencia, bondad, fidelidad,
mansedumbre, dominio propio. Contra tales cosas no hay ley”. El “fruto del
Espíritu” se refiere a las características que desarrollamos al ejercitar el Espíritu
de Dios en nuestra vida.

Pablo también dijo a los miembros de la Iglesia de Corinto, “ Examinaos a


vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis
a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, [a través del Espíritu Santo
morando en vosotros] a menos que estéis reprobados?” (2 Corintios 13:5).

Los cristianos se deben examinar a sí mismos para ver cuánto crece este fruto del
Espíritu y deben pedirle con frecuencia a Dios que los provea de su Espíritu
misericordioso para ayudarlos a crecer más.

Dios también da diferentes dones espirituales a diferentes personas, pero todos


ellos son dados “para provecho” (1 Corintios 12:7; vea los versículos 4-11). Ninguno
de estos dones es dado para alardear o para gloria personal.

Hoy en día algunas personas piensan erróneamente que lo que se conoce como
“hablar en lenguas” es una prueba de que alguien tiene el Espíritu Santo. Sin
embargo, aún en los tiempos del Nuevo Testamento el don de hablar en otras
lenguas fue dado sólo a algunos, y Pablo advirtió que estaba siendo mal usado en
Corinto (ver 1 Corintios 14 y nuestro artículo “Hablar en lenguas”).

¿Cómo obra el Espíritu Santo?

Hay mucha confusión acerca del Espíritu Santo y lo que hace en la vida de una
persona. Algunos creen que Dios se apodera, posee, y controla al creyente por
medio del Espíritu Santo, permitiéndole hablar en lenguas o llevar a cabo otros
milagros.

El estudio de la Biblia permite que el Espíritu Santo trabaje en nuestras mentes mientras
asimilamos la Palabra de Dios y permitamos que nos instruya.

El estudio de la Biblia permite que el Espíritu Santo trabaje en nuestra mente


mientras interiorizamos la Palabra de Dios y permitimos que nos enseñe.

Aunque el Espíritu Santo entra en nosotros después del bautismo y la imposición


de manos, no nos posee ni nos domina en contra de nuestra voluntad.

En el Antiguo Testamento, el profeta Elías tuvo una crisis de fe. Después de ver
como Dios llevaba a cabo un maravilloso milagro, corrió por su vida debido a las
amenazas de Jezabel (1 Reyes 19:2-3).

Después de llegar a un lugar apartado (versículo 9), Dios le hizo a Elías cuatro
demostraciones de su poder. Hubo un fuerte vendaval que destrozó las rocas de
la montaña, un terremoto, y un incendio, aun así la presencia de Dios no estaba
en ninguno de estos poderosos fenómenos.

Entonces Dios habló con “un silbo apacible y delicado” (1 Reyes 19:11-13). Dios no
siempre, ni tampoco a menudo, trabaja con milagros grandes e impresionantes. A
veces el Espíritu de Dios trabaja silenciosamente con nosotros haciendo que
razonemos con más claridad y veamos las cosas con una nueva perspectiva.

El Espíritu Santo nos da una mayor capacidad para saber cómo podemos aplicar
la sabiduría de Dios en nuestras decisiones diarias.
Un Espíritu de poder

El Espíritu Santo no nos controla directamente, pero sigue siendo un espíritu de


gran poder. “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de
amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7). Nos da la fuerza y el conocimiento
para hacer los cambios necesarios en nuestro interior.

Sólo con la ayuda del Espíritu podemos transformarnos en seres que crecen
continuamente para parecerse más al carácter de Dios. El Espíritu Santo nos
ayuda a convertirnos en nuevos hombres y mujeres.

El Espíritu Santo nos guía por el camino, pero no nos lleva. Nos guía tal como
guió a Jesucristo (Mateo 4:1). También puede dar dirección a nuestra vida como
lo hizo con Cristo (Marcos 1:12). Pero el Espíritu Santo no nos obliga a hacer nada.
Somos individuos con libre albedrío; elegimos y tomamos nuestras propias
decisiones.

Seguir el ejemplo o dirección del Espíritu Santo es muy importante. La Biblia dice
claramente, “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son
hijos de Dios” (Romanos 8:14). El pueblo de Dios debe seguir el ejemplo del
Espíritu Santo. Debemos vivir de acuerdo con el Espíritu —poniendo nuestras
mentes en las cosas del Espíritu (Romanos 8:5).

Esto nos lleva a la pregunta clave: ¿cómo nos guía y nos ayuda el Espíritu Santo?

Cómo ser guiados por el Espíritu Santo

El Espíritu Santo trabaja con nosotros de diferentes maneras, todas ellas


dependiendo hasta qué punto le permitimos que nos guíe. La Biblia revela varias
formas en que el Espíritu Santo trabaja con nuestra mente para ayudarnos.

1. El Espíritu Santo nos abre la mente para entender el camino de Dios.

El apóstol Pablo dijo que el Espíritu Santo nos permite “para que os dé, conforme
a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por
su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que,
arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con
todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de
conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos
de toda la plenitud de Dios” (Efesios 3:16-19).

El Espíritu Santo también nos abre la mente para entender correctamente lo que
se encuentra en la Biblia, “porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo
de Dios” (1 Corintios 2:10).
2. El Espíritu Santo cambia nuestra mente a una mente pura.

El Espíritu Santo nos ayuda a despojarnos del viejo hombre y a “y renovaos en el


espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la
justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:23-24). El Espíritu Santo trabaja para
cambiar nuestra mente para que podamos tener la mente de Cristo. Debemos
trabajar para transformar nuestra mente en lugar de someterla al mundo que nos
rodea (Romanos 12:2).

3. El Espíritu Santo nos enseña.

El Espíritu Santo nos enseña acerca del camino de vida de Dios, trayéndonos a la
mente las palabras de Jesucristo (Juan 14:26). Se describe como “espíritu de
sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de
conocimiento y de temor del Eterno” (Isaías 11:2).

4. El Espíritu Santo nos reconforta y anima.

Uno de las descripciones principales que Jesús utilizó para referirse al Espíritu
Santo fue la palabra Consolador (Juan 14:16; 15:26). Una forma en la que Jesucristo
nos consuela a través del Espíritu Santo es dándonos su paz única. “La paz os
dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro
corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27).

5. El Espíritu Santo nos mantiene en contacto con Dios.

El Espíritu Santo es la evidencia de que Dios vive en nosotros, y que nosotros


vivimos en Dios (1 Juan 3:24). Es a través de Jesucristo que “tenemos entrada por
un mismo Espíritu al Padre” (Efesios 2:18). El Espíritu Santo incluso nos ayuda a
comunicar cosas que no sabemos cómo decirle a Dios (Romanos 8:26).

Avivar el Espíritu Santo

Debemos hacer más que seguir la guía del Espíritu Santo. Debemos avivar el
Espíritu Santo diariamente en nuestra vida (2 Timoteo 1:6).

Hay cuatro maneras primordiales para avivar el Espíritu Santo.

1. El estudio de la Biblia permite que el Espíritu Santo trabaje de una forma


más grande en nuestra mente mientras vamos interiorizando la Palabra de
Dios y permitimos que nos enseñe.
2. La meditación o el pensamiento enfocado en la Biblia también aviva el
Espíritu Santo en nuestra mente, nos ayuda a enfocarnos de una manera
más profunda en las palabras de Dios.
3. La oración, o hablar con Dios, aviva el Espíritu Santo en nuestra vida
mientras hablamos con Dios y buscamos su voluntad.
4. Ocasionalmente, también debemos presentarnos ante Dios en un ayuno,
sin comida para acercarnos a Dios y avivar el Espíritu Santo.

Para más información, lea los artículos de nuestra sección “Oración, ayuno y
meditación: relacionándonos con Dios”.

Entonces, ¿cómo sabe usted que tiene el Espíritu Santo? Dios nos dará el Espíritu
Santo después del arrepentimiento, el bautismo y la imposición de manos. Sin
embargo, nuestra labor no termina una vez que hayamos recibido el Espíritu
Santo. Debemos rendirnos ante el Espíritu Santo. Depende de nosotros si
seguimos la guía del Espíritu Santo y lo avivamos diariamente. Si seguimos el
ejemplo del Espíritu Santo, vamos a caminar de acuerdo con el camino de vida de
Dios (1 Juan 2:6).

El Espíritu Santo nos puede ayudar inmensamente, pero sólo si se lo permitimos.


¿Nos vamos a enfocar en las cosas del Espíritu y vamos a seguir el ejemplo del
Espíritu Santo? ¿Vamos a permitir que el Espíritu Santo nos ayude? Para más
información, lea nuestro artículo “Cristo en nosotros: ¿cómo vive Él en usted?”

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