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Ficha de S. Pedro y S. Pablo

Los apóstoles Pedro y Pablo son recordados por su dedicación a difundir el evangelio de Jesucristo y por dar sus vidas como mártires. A pesar de sus errores pasados, Jesús confió en ellos y los llamó a ser testigos de su vida, perdón y mensaje. Pedro y Pablo dejaron todo para seguir a Jesús y entregarse completamente a la difusión de su enseñanza a través de un amor sin límites.

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Ficha de S. Pedro y S. Pablo

Los apóstoles Pedro y Pablo son recordados por su dedicación a difundir el evangelio de Jesucristo y por dar sus vidas como mártires. A pesar de sus errores pasados, Jesús confió en ellos y los llamó a ser testigos de su vida, perdón y mensaje. Pedro y Pablo dejaron todo para seguir a Jesús y entregarse completamente a la difusión de su enseñanza a través de un amor sin límites.

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I.E.

POLITÉCNICO DEL CALLAO

ACTIVIDAD
II BIMESTRE
“SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO”
RELIGIÓN
LEE DE PRINCIPIO A FIN ANTES DE RESPONDER
LOS APÓSTOLES SAN PEDRO Y SAN PABLO
Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol,
porque perseguí a la iglesia de Dios.
Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes
he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo. 1 Corintios
15:9-10

San Pedro
Simón Pedro (Betsaida, finales del siglo I a. C.-Roma, c. 67),
conocido también como san Pedro, uno de los discípulos más
destacados de Jesús de Nazaret. Por su seguimiento de Jesús, se
constituyó en el apóstol más conocido y citado del Nuevo
Testamento en general y de los cuatro Evangelios canónicos y los
Hechos de los Apóstoles en particular, que lo presentan bajo muy
variados aspectos. También es citado por San Pablo en sus epístolas, incluyendo la Epístola a los gálatas donde lo
refiere como una de las tres columnas de la Iglesia de Jerusalén.
La tradición católica narra que Pedro acabó sus días en Roma, donde fue obispo, y que allí murió martirizado bajo el
mandato de Nerón en el Circo de la colina vaticana o en sus proximidades, sepultado a poca distancia del lugar de su
martirio y que a principios del siglo IV el emperador Constantino I el Grande mandó construir una gran basílica sobre
su sepultura. Se supone que murió crucificado, como Jesús, pero en posición invertida, cabeza abajo.
San Pablo
Pablo de Tarso, originalmente Saulo de Tarso o Saulo Pablo, también llamado san Pablo, nacido entre los años 5 y 10
d. C.,3 en Tarso de Cilicia (actual Turquía centro-meridional), es conocido como el Apóstol de los gentiles, el Apóstol
de las naciones, o simplemente el Apóstol, y constituye una de las personalidades señeras del cristianismo primitivo.
De sus epístolas auténticas surge que Pablo de Tarso reunió en su personalidad sus raíces judías, la gran influencia
que sobre él tuvo la cultura helénica y su reconocida interacción con el Imperio romano.
Pablo no cambió su nombre al abrazar la fe en Jesucristo. Se constituyó en artífice de primer orden en la construcción
y expansión del cristianismo en el Imperio romano, merced a su talento, a su convicción y a su carácter
indiscutiblemente misionero. Tras ser detenido y juzgado, apeló al César en calidad de ciudadano romano y fue
ajusticiado. La tradición cristiana considera que fue muerto martirizado bajo el gobierno de Nerón entre los años 58
y 67 en Roma y que habría sido decapitado. Otra tradición señala que habría sido crucificado.

Los apóstoles Pedro y Pablo están ante nosotros como testigos. No se cansaron
nunca de anunciar, de vivir en misión, en camino, desde la tierra de Jesús
hasta Roma. Aquí dieron testimonio de Él, hasta el final, entregando su vida
como mártires. Si vamos a las raíces de su testimonio, los descubrimos como
testigos de vida, testigos de perdón y testigos de Jesús.
Aun cuando sus vidas no fueron cristalinas y lineales, ambos eran de ánimo
muy religioso: Pedro, discípulo de la primera hora (cf. Jn 1,41), Pablo incluso
«defensor muy celoso de las tradiciones de los antepasados» (Ga 1,14).
Pero cometieron grandes equivocaciones: Pedro llegó a negar al Señor, Pablo
persiguió a la Iglesia de Dios. Ambos fueron puestos al descubierto por las preguntas de Jesús: «Simón, hijo de Juan,
¿me amas?» (Jn 21,15); «Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?» (Hch 9,4). Pedro se entristeció por las preguntas de
Jesús, Pablo quedó ciego por sus palabras. Jesús los llamó por su nombre y cambió sus vidas. Y después de todos
estos sucesos confió en ellos, en dos pecadores arrepentidos. Podríamos preguntarnos: ¿Por qué el Señor no nos dio
como testigos a dos personas irreprochables, con un pasado limpio y una vida inmaculada? ¿Por qué Pedro, si estaba
en cambio Juan? ¿Por qué Pablo y no Bernabé?

Hermanos y hermanas, ante estos testigos, preguntémonos: “¿Renuevo mi


encuentro con Jesús todos los días?”. Es posible que seamos personas que
tienen curiosidad por Jesús, que nos interesemos por las cosas de la Iglesia o por
las noticias religiosas; que abramos páginas de internet y periódicos, y hablemos
de cuestiones sagradas. Pero de esta forma, nos quedamos sólo al nivel de lo
que la gente dice, de las encuestas, del pasado, de las estadísticas. A Jesús esto
le interesa poco. Él no quiere “reporteros” del espíritu, mucho menos cristianos
de fachada o de estadística. Él busca testigos, que le digan cada día: “Señor, tú
eres mi vida”.
Encontrando a Jesús, experimentando su perdón, los apóstoles fueron testigos de una nueva vida. No
pensaron más en sí mismos, sino que se entregaron completamente. No se quedaron satisfechos con
medias tintas, sino que se decidieron por la única medida posible para aquellos que siguen a Jesús: la de un amor sin
límites. Se «derramaron en libación» (2 Tm 4,6). Pidamos la gracia de no ser cristianos tibios, que viven a medias, que
dejan enfriar el amor. Encontremos nuestras raíces en la relación diaria con Jesús y en la fuerza de su perdón. Jesús
nos pregunta también a nosotros como hizo con Pedro: “¿Quién soy yo para ti?”, “¿Me amas?”. Dejemos que estas
palabras entren en nosotros y enciendan el deseo de no sentirnos nunca satisfechos con lo mínimo, sino de apuntar
al máximo, para ser también nosotros testigos vivos de Jesús.

1. Realiza un organizador visual con toda la información antes presentada, si quieres le puedes agregar más.

2. Escribe una lista de virtudes y valores que tenían San Pedro y San Pablo que se puedan imitar.

3. Crea una oración a Dios, para pedirle que te de los valores que quisieras tener y el fin con que los usarías.

4. Ilustra el tema.

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