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Capym 791-802

El documento describe varios aspectos de la espiritualidad juvenil, incluyendo la amistad, la fiesta, la comunidad, la fidelidad y la donación. Explica que la amistad es un aspecto sagrado que lleva a salir de uno mismo y darse al otro, al igual que Dios. La fiesta es una experiencia comunitaria de gratuidad que manifiesta lo sagrado. La comunidad juvenil da seguridad y sentido de pertenencia. La fidelidad y la donación son valores importantes para los jóvenes que reflejan su espiritual
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El documento describe varios aspectos de la espiritualidad juvenil, incluyendo la amistad, la fiesta, la comunidad, la fidelidad y la donación. Explica que la amistad es un aspecto sagrado que lleva a salir de uno mismo y darse al otro, al igual que Dios. La fiesta es una experiencia comunitaria de gratuidad que manifiesta lo sagrado. La comunidad juvenil da seguridad y sentido de pertenencia. La fidelidad y la donación son valores importantes para los jóvenes que reflejan su espiritual
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2.1.

La amistad
791. La juventud se convierte, a través de la vivencia de la amistad, en un sacramento de lo nuevo que
es vida; sacramento de la nueva relación para la cual el ser humano ha sido creado, don de Dios que
vive en nosotros, pero necesita ser descubierto. Dios se manifiesta en el joven, en la amistad.
Podríamos decir que la amistad es un aspecto de lo sagrado, pues es una actitud que lleva a salir de sí,
dándose al otro. La relación de Dios con la creación, con el ser humano es como amigo, no como un
“dueño”.
792. El joven anhela establecer un vínculo de amistad, de donación y de gratuidad. Una amistad
agradable, porque él no quiere verse cosificado, objeto de satisfacción y consumo; gratuito, porque
quiere ser mucho más que ser “útiles”, viviendo en la dimensión explotadora y cargada de interés: el
interés del poder. Él está llamado a ser amigo, como Dios: fiel, verdadero y generoso. “Te llevo tatuado
en la palma de mi mano” (Is 49, 16), dice el profeta. Más aún: “Mi lugar es muy estrecho; aumenta un
poco para que yo tenga donde vivir” (Is 49, 20). Dios no quiere vivir, solamente, dentro de Él.
793. La juventud está llamada a la alteridad, a la relacionabilidad, a ser amigo y amiga; así como Jesús
que ha planificado la relación de la amistad. Recordemos tres momentos: a) En el momento de la
traición, la palabra que tiene con quien lo entrega es “Amigo, haz lo que tienes que hacer” (Mt 26, 50).
Su relación es verdadera. b) Cuando le anuncian que Lázaro está enfermo, las palabras que salen de su
boca son: “Nuestro amigo Lázaro está dormido. Voy a despertarlo” (Jn 11, 11). Su relación es de
fidelidad. c) Ya en los momentos de despedida, una frase que Él dice es: “Ustedes son mis amigos si
hacen lo que les mando (...). “Yo los llamo a ustedes amigos, porque yo les he comunicado a ustedes
todo lo que he escuchado de mi Padre” (Jn 15, 14-15). Su relación es de amistad.
794. Cuando hablamos de espiritualidad juvenil no se puede usar la personalización y la socialización
por el lado puramente psicológico. Hay algo más rico que debe ser valorado y explotado. En la amistad
del joven es necesario descubrir su carácter sagrado encarnándose en la juventud, esto es, lo divino que
necesita ser descubierto.
2.2. La fiesta
795. Otra dimensión de lo sagrado en el joven, esto es, de su espiritualidad, es el carácter festivo.
Podemos decir que la fiesta “es parte de la inmensa creatividad humana”, es el espacio de la gratuidad.
Pero, la anti-fiesta es el vacío, el sinsentido, la instrumentalización. La fiesta no es individual, es una
experiencia de participación. Afirma Taborda que “la comunidad hace la fiesta” y la “fiesta hace la
comunidad”. Para Gebara, las celebraciones y las fiestas son parte importante de la vida posibilitando
encuentros, vínculos nuevos y el compartir de experiencias de vida. Ellas tienen capacidad generativa,
exigen organización, responsabilidad y expresión colectivas.
796. Las principales características de la fiesta, experiencia humana y por ende juvenil, señaladas por
estudios antropológicos se encuentran en sintonía con el proyecto de Dios. “La fiesta es una
experiencia comunitaria: no se puede hacer fiesta solos; sino junto con los otros, en familia, en la
comunidad religiosa, en la comunidad civil, en el grupo de amigos. La fiesta se repite con una
periodicidad regular: el domingo de cada semana, las fiestas litúrgicas cada año, los aniversarios y
cumpleaños, las celebraciones civiles. Esta, ordinariamente se coloca en una tradición, como en una
corriente de vida que viene de lejos y va lejos, haciendo memoria del pasado y alimentando la
esperanza del futuro. Da un sentido de seguridad e infunde nuevas energías para afrontar la
precariedad, la fatiga y el sufrimiento. La fiesta tiene la nota distintiva de la gratuidad y la generosidad:
Tiene valor por sí misma y no es instrumental en vista de cualquier otro fin, a menos que no se trate de
un evento público y promocional, lo cual no es verdadera fiesta. Nos alegra la vida, la familia, la
comunidad, el trabajo y otros bienes. Se admiran la verdad y lo bello. Se agradece por los dones que
recibimos de Dios y de los demás hombres, especialmente de aquellos de las generaciones pasadas”.
797. Mirando a la juventud, la danza y el ritmo parecen convivir con la fiesta en una inseparabilidad
ontológica. La juventud es la celebración del cuerpo, la explosión del descubrimiento, el ritmo de la
alegría, una señal de la manifestación de Dios Creador. Conforme a los Evangelios, Jesucristo vivenció
su primer “signo” en una fiesta, en Caná, en una fiesta de jóvenes: el matrimonio (Jn 2, 1-12). Al hablar
de lo “festivo” hablamos de música, de danza, de teatro, de liturgia, de arte y, en las parábolas del
Reino. El Reino es comparado a un banquete (Mt 22, 4) o a una fiesta de matrimonio a la cual los
invitados no quisieron ir, encontrando la excusa de la compra del campo y de las yuntas de bueyes (Lc
14, 18-20). Es claro que la vida cristiana es fiesta para todos, no solo para los jóvenes, pero no
podemos negar que, en una fiesta, sin juventud, falta un aspecto importante, porque el joven es por el
comportamiento que tiene y por todo lo que es y hace, una presencia especial. Sabiendo que, en la
juventud, lo sagrado va revestido de fiesta, ¿Cómo no cultivar la espiritualidad juvenil en la liturgia, en
el arte, en la fiesta? Nos atrevemos a afirmar que la fiesta, para el joven es más que fiesta; ella es, en su
belleza, la manifestación de lo sagrado.
2.3. El grupo o Comunidad juvenil
798. ¿En qué sentido la espiritualidad del joven pasa por la vivencia del grupo, más aún de la
comunidad juvenil? ¿Cómo lo sagrado se manifiesta en la búsqueda de lo comunitario? Según Dick, los
universitarios relacionan vivencia de la fe con la participación activa de la vida de alguna comunidad, y
afirman la esperanza y la expectativa de que exista un acompañamiento religioso en el ambiente
universitario. En un contexto que lleva a valorar el individualismo, las juventudes rescatan la
importancia del grupo y de la vivencia comunitaria como lugar de encuentro, de descubrimiento de la
identidad, de la amistad y de crecimiento. Hay varios tipos de grupos, así como diferentes formas de
pertenencia y de participación: los pequeños grupos, las pandillas, los grupos de estudio o de fiesta, de
equipos deportivos, los grupos de amigos de la escuela y de la villa, las comunidades virtuales, etc.
799. Desde el punto de vista psicológico, el grupo da al joven seguridad; en la perspectiva teológica,
podríamos decir que el grupo da al joven el sentido. Es el otro que irrumpe como una dimensión de su
felicidad, es la vuelta a lo sagrado anhelada por la comunidad y por el grupo, por eso, es raro encontrar
un joven o una joven aislados. La vivencia grupal no es una realidad muerta. La importancia del grupo
y de lo comunitario son realidades presentes en la Escritura. Jesús ha trabajado con un grupo, ha
formado una comunidad (Mc 1, 16-20) y deja claro que el Reino, en su perspectiva, es comunitario (Jn
20,19.26).
Siempre es útil tener presente esto cuando se lee la Escritura y, de modo especial, el Antiguo
Testamento. El retorno a lo sagrado, manifestado en el modo de ser comunitario y grupal del joven,
lleva a resaltar esta huella importante para la espiritualidad cultivada por la juventud.
2.4. La fidelidad
800. Al considerar que lo sagrado no es algo solamente externo, sino más bien una realidad presente en
el propio joven, observamos otra característica significativa: el valor de la fidelidad. En un mundo,
donde parece se privilegia la apariencia y la mentira, el joven afirma que quiere la verdad. En su
aprecio a la fidelidad, se fundamenta una de las grandes fuerzas proféticas de la juventud. En el cántico
de Moisés, el guía del Éxodo habla porque Dios ha rechazado su pueblo. Es que ellos “son hijos que no
tienen fidelidad” (Dt 32, 20). Un poco antes, en el mismo Cántico, recitado ante la asamblea de Israel,
Moisés había dicho que iría a proclamar el nombre de Yahvé, que es roca y que es un Dios fiel y sin
injusticia (Dt 32, 3-4). El profeta Isaías, describiendo al Mesías brotando del tronco de Jesé, proclama
que el Mesías que vendrá tiene los riñones apretados por la fidelidad (Is 11,5). El Nuevo Testamento
habla más de treinta veces de la fidelidad; en la carta a los Gálatas, el apóstol enumera, entre los diez
frutos del Espíritu, la fidelidad (Gl 5,22). Fidelidad, para el joven, es seguridad y confianza, es
felicidad, es coherencia. Por eso, el joven defiende la fidelidad. Se trata de un aspecto de la
espiritualidad juvenil que existe y necesita 407 ser más cultivado. Así como la confianza es un pilar de
la resiliencia, fuerza que ayuda en la superación de las dificultades, así también lo es la fidelidad; la
corrupción es un “anti-pilar” de la resiliencia porque la infidelidad es fuente de inseguridad. Según
Suárez Ojeda, en el contexto latinoamericano, la corrupción se ha convertido en el “principal factor
inhibidor de la resiliencia comunitaria”
2.5. La donación
801. La donación, en la vida del joven, la afirmamos con la dimensión teológica del “descubrir”. El
descubrimiento irrumpe en la vida del joven. La donación es gratuita. La vida no es causa y efecto; no
es obligación lógica. El descubrimiento es gracia porque todo es gracia. El descubrimiento es la
irrupción del don. Por eso, todo es motivo de gratitud y de fiesta. El joven vive la experiencia de la
gracia que él es, y de la gracia que él recibe. En el joven, la vuelta a lo sagrado se manifiesta en la
vuelta a la donación.
802. El joven descubre con alegría que para tener verdadera relación con el otro, necesita salir de sí y
darse, y, saliendo de sí está compartiendo la vida. El joven que va descubriendo la riqueza y la felicidad
de la donación, admira, valora, vive la Eucaristía porque, en su interior, se siente llamado a ser, como
Cristo, sacramento de donación. La donación no es una idea. Jesucristo no se ha donado en intenciones
sino en su cuerpo entregado en la cruz. En el joven, lo sagrado se revela en su vivencia de donación.

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