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Marxismo y crisis del siglo XXI

1) Carlos Marx y su concepción materialista de la historia siguen siendo relevantes para comprender la crisis del capitalismo en el siglo XXI. 2) Marx planteó que las relaciones de producción eventualmente entran en contradicción con las fuerzas productivas, abriendo un período de revolución social. 3) La visión dialéctica y crítica de Marx sobre la historia puede usarse como herramienta para forjar una conciencia histórica que impulse la transformación y liberación social.

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Marxismo y crisis del siglo XXI

1) Carlos Marx y su concepción materialista de la historia siguen siendo relevantes para comprender la crisis del capitalismo en el siglo XXI. 2) Marx planteó que las relaciones de producción eventualmente entran en contradicción con las fuerzas productivas, abriendo un período de revolución social. 3) La visión dialéctica y crítica de Marx sobre la historia puede usarse como herramienta para forjar una conciencia histórica que impulse la transformación y liberación social.

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Carlos Marx y la historia crítica

ante el siglo XXI

Camilo Valqui Cachi*

Hoy, en momentos en que el sistema capitalista del siglo XXI,


registra una compleja crisis mundial, decadencia y descomposición
social, que incrementa su barbarie y pone en riesgo de
exterminio a los seres humanos y a la naturaleza, 1 más que nunca
se necesita construir una historia desalienadora que se
corresponda con la dialéctica real de los sujetos históricos, una
historia para desentrañar las claves de todas las formas de explota-

* Doctor en Ciencias Filosóficas, ex Profesor-Investigador de la Universidad Nacional


Autónoma de México (UNAM), Universidad Autónoma del Estado de México ( UAEM) y,
actualmente, la Maestría en Humanidades y del Programa Académico de Filosofía de la
Universidad Autónoma de Guerrero. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores
(SNI). Doctor Honoris Causa por la Universidad Privada Antonio Guillermo Urrelo (Perú).
Estudioso de problemas de América Latina y el Caribe, así como de cuestiones del
marxismo clásico y contemporáneo. Autor y coautor de varios libros, ponente en eventos
nacionales e internacionales, coordinador de la Cátedra Internacional “Carlos Marx” y del
Cuerpo Académico “Problemas Sociales Humanos”.
1
Valqui Cachi, Camilo. “El imperialismo del siglo XXI: naturaleza, crisis, barbarie,
decadencia y alternativa”, en Valqui Cachi, Camilo y Ramón Espinosa Contreras. El
capitalismo del siglo X I. Violencias y alternativas, UPAGU-Martínez Compañón Editores,
Cajamarca, Perú, 2009, pp. 17 y ss.
30 Camilo Valqui Cachi

ción, dominación y colonización, que se ponga al servicio de la


revolución social, de la liberación de los pueblos de Asia, África,
América Latina y el Caribe y, por ende, de los trabajadores del
orbe.
Urge una historia crítica compleja que estudie el movimiento
profundo de la sociedad, cuya dialéctica sea a la vez una herra-
mienta estratégica para forjar la conciencia histórica de sujetos
concretos dispuestos a tomar en sus manos su propia liberación y
escribir su propia historia, en la misma dirección de Carlos Marx,
Federico Engels, Marc Bloch, Pierre Vilar, Fernand Braudel, Jean
Chesneaux, Guillermo Bonfil, Lucien Febvre, Juan Brom y Joseph
Fontana,2 partidarios de cincelar una conciencia histórica crítica,
liberadora y contraria al carácter metafísico de la historia de los
grupos de poder, visión ideológica, lineal y simplista del movi-
miento histórico, la cual es incapaz de comprender la compleja
dialéctica de la realidad como totalidad social, al estar sometida a
la dictadura de los territorios disciplinares, cuyas fronteras frag-
mentan y falsean el verdadero conocimiento y, consecuentemente,
limitan inmensamente las posibilidades de los sujetos históricos de
incidir en la historia, en la transformación de la realidad. 3 Este tipo
de historia acrítica, oficial e institucionalizada, construida por las
academias y los ideólogos sistémicos, está dirigida a bloquear la
conciencia histórica y la praxis revolucionaria.
En el presente siglo, parafraseando a Carlos Marx, “Un fan-
tasma recorre Europa”. Ahora se puede decir que dos fantasmas
recorren el planeta: 1) el espantajo de la crisis capitalista, saturada
de decadencia, descomposición social y barbarie, en la que
subyace la bancarrota del neoliberalismo; 2) de nuevo el fantasma

2
Véase Brom, Juan. Para comprender la historia, Grijalbo, México, pp. 24, 27 y
28, y Florescano, Enrique. “De la memoria del poder a la historia como explicación”,
en Pereyra, Carlos et al. Historia, ¿para qué?, Siglo XXI Editores, México.
3
Zemelman, Hugo. Los horizontes de la razón. Dialéctica y apropiación del

presente, t. I, Anthropos, Barcelona, 2003, pp. 31 y ss.


Carlos Marx y la historia crítica... 31

del comunismo, 22 años después del derrumbe del socialismo


soviético.
En este contexto se aborda el tema “Carlos Marx y la historia
crítica ante el siglo XXI”, con motivo del 193 aniversario de su na-
cimiento. En momentos en que se abre un flujo internacional en la
lucha de clases y las tendencias revolucionarias, toca fin el mito de
eternidad del capitalismo que postula la burguesía transnacional y el
delirante sueño sistémico del fin de la historia.
Sucede lo que observó entonces Tony Andréani durante el
“posdiluvio soviético” fue que: “En algunas salas obscuras se vuelve a
escenificar tímidamente a Marx el maldito, y ya algún público se dirige
allí”;4 se desvanece, como también el triunfalismo imperialista y toca
su fin la truculenta ignorancia en torno a la obra de Carlos Marx, como
lo destacaba John Holloway:

Soy de la generación que llegó al marxismo del 68. Lo menciono porque


ahora cuando hablo y uso las categorías del marxismo, muchas veces tengo
casi la impresión de que estoy hablando en latín, de estoy hablando un
idioma que tal vez se está muriendo. Ya no existe la misma educación en
este idioma que existía hace diez, quince años; ya no hay tanta gente
leyendo El Capital, por ejemplo, que es tan básico para la comprensión del
idioma marxista.5

De la misma manera, Marx vive: fin del capitalismo y del socialismo


real, un libro que nació contra la corriente, durante la santa cruzada
imperialista contra Carlos Marx (1991), en pleno auge de la
contrarrevolución mundial, la abjuración, el desbande en las filas
comunistas y la conversión mercantil al neoliberalismo de
organizaciones y personajes socialistas, así como de las modas
posmodernas de muchos marxistas de cátedra, 20 años después
abreva y se afirma en las revoluciones que vienen.

4
Andréani, Tony. “Porque Marx retorna... o retornará”, en Vegar C. Renán (ed.),
op. cit., pp. 157 y ss.
5
Holloway, John. “El poder de los que no tienen poder”, en Vegar C. Renán
(ed.) (1999), op. cit., pp. 169 y ss.
32 Camilo Valqui Cachi

La terca actualidad de Marx vuelve a la carga en las metrópolis


y en periferias capitalistas; el viejo topo de la revolución sigue en
su faena histórica, sorda e implacable; el marxismo crítico cabalga
de nuevo y el fantasma real del comunismo mina los cimientos
más duros de a la imperialización capitalista. 6
La concepción materialista de la historia, que construyeron
Carlos Marx y Federico Engels, visión compleja, dialéctica, crítica
y revolucionaria, se mantiene vigente; sus tesis centrales son
confirmadas porlas condiciones histórico-concretas del siglo XXI, al
plantear que:

[...] en la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas


relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de
producción, que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus
fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de
producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre
la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que
corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de
producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social,
política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que
determina su ser, sino por el contrario, el ser social es lo que determina su
conciencia. Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas
productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las
relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión
jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han
desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas,
estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre así una época de
revolución social. Al cambiar económicamente, se revoluciona, más o
menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella.
Cuando se estudian esas revoluciones, hay que distinguir siempre entre los
cambios

6
Valqui Cachi, Camilo. “Imperialización y globalización: una crítica marxista”, en
Pensares y Quehaceres, núm. 7 y 8, septiembre 2008-marzo 2009, México, pp. 56-
66.
Carlos Marx y la historia crítica... 33

materiales ocurridos en las condiciones económicas de producción y que


pueden apreciarse con exactitud propia de las ciencias naturales, y las
formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas; en una palabra,
las formas ideológicas en que los hombres adquieren conciencia de este
conflicto y luchan por resolverlo. Y del mismo modo que no podemos
juzgar a un individuo por lo que él piensa de sí, no podemos juzgar
tampoco a estas épocas de revolución por su conciencia, sino que, por el
contrario, hay que explicarse esta conciencia por las contradicciones de la
vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas
sociales y las relaciones de producción. Ninguna formación social
desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que
caben dentro de ella y jamás aparecen nuevas y más altas relaciones de
producción antes de que las condiciones materiales para su existencia
hayan madurado en el seno de la sociedad antigua.
Las relaciones burguesas de producción son la última forma antagónica
del proceso social de producción, no en el sentido de un antagonismo
individual, sino de un antagonismo que proviene de las condiciones
sociales de vida de los individuos.
[...] las fuerzas productivas que se desarrollan en el seno de la sociedad
burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para la
solución de este antagonismo. Con esta formación social se cierra, por
tanto, la prehistoria de la sociedad humana.7

Consecuentemente:

En cada época histórica el modo predominante de producción económica y


de cambio y la organización social que de él se deriva necesariamente
forman la base sobre la cual se levanta y la única que explica la historia
política e intelectual de dicha época; que, por tanto [...], toda la historia de
la humanidad ha sido una historia de lucha de clases, de lucha entre
explotadores y explotados, entre clases dominantes y clases oprimidas; que

7
Marx, Carlos. “Prólogo de la contribución a la crítica de la Economía Política”,
en Marx, C. y Federico Engels. Obras escogidas, Progreso, Moscú, pp. 182-183.
34 Camilo Valqui Cachi

la historia de esas luchas de clases es una serie de evoluciones, que ha


alcanzado en el presente un grado tal de desarrollo en que la clase
explotada y oprimida -el proletariado- no puede emanciparse del yugo de
la clase explotadora y dominante -la burguesía- sin emancipar, al mismo
tiempo y para siempre, a toda la sociedad de toda explotación, opresión,
división en clases y lucha de clases.8
Este modo de considerar las cosas no es algo incondicional. Parte de las
condiciones reales y no las pierde de vista ni por un momento. Sus
condiciones son los hombres, pero no vistos y plasmados a través de la
fantasía, sino en su proceso de desarrollo real y empíricamente registrable,
bajo la acción de determinadas condiciones. Tan pronto como se expone
este proceso activo de vida, la historia deja de ser una colección de hechos
muertos, como lo es para los empiristas, todavía abstractos, o una acción
imaginaria de sujetos, como para los idealistas. Allí donde termina la
especulación, en la vida real, comienza también la ciencia real y positiva, la
exposición de la acción práctica, del proceso práctico de desarrollo de los
hombres. Terminan allí las frases sobre la conciencia y pasa a ocupar su sitio
el saber real.9

De allí que el marxismo y el comunismo -teoría y proyecto-, por su


carácter crítico y revolucionario, son herramientas críticas in-
dispensables para descifrar las claves del movimiento real e ideal de
los seres humanos, las claves históricas para la superación dialéctica
del capitalismo planetario y para alcanzar la emancipación humana.
Teoría y proyecto fueron obra y acción conjunta de Carlos Marx y
Federico Engels, colosal empresa revolucionaria a la que le
consagraron su fecundo trabajo filosófico-científico, sus luchas y sus
propias vidas, con profundo humanismo y una fraternidad que no
tienen parangón en la historia. En este sentido escribía Lenin en el
otoño de 1895:

Marx, Carlos y Federico Engels. Manifiesto del Partido Comunista, Progreso,


8

Moscú, 1976, p. 14.


9
Marx, Carlos y Federico Engels. La ideología alemana, Pueblos Unidos,
Buenos Aires, 1973, p. 27.
Carlos Marx y la historia crítica... 35

[...] El proletariado europeo tiene el derecho a decir que su ciencia fue


creada por dos sabios y luchadores cuyas relaciones mutuas superan a
todas las emocionantes leyendas antiguas sobre la amistad entre los
hombres. Engels siempre, y en general con toda justicia, se posponía a Marx
“Al lado de Marx -escribió en una ocasión a un viejo amigo suyo- me
correspondió el papel de segundo violín” [...] Su cariño por Marx, mientras
éste vivió, y su veneración a la memoria del amigo muerto, fueron infinitos
[.].10 11

Engels, el luchador austero y pensador profundo, ratificando esta


eterna fraternidad revolucionaria y la importancia histórica de Carlos
Marx en la forja de la conciencia proletaria, fundamental para la
revolución comunista, expresó el 14 de marzo de 1883, ante la tumba
de su amigo y camarada:

Marx era, ante todo, un revolucionario. Cooperar, de este o del otro modo,
al derrocamiento de la sociedad capitalista y de las instituciones políticas
creadas por ella, contribuir a la emancipación del proletariado moderno, a
quien él había infundido por primera vez la conciencia de su propia
situación y de sus necesidades, la conciencia de las condiciones de su
emancipación: tal era la verdadera misión de su vida. La lucha era su
elemento. Y luchó con una pasión, una tenacidad y un éxito como pocos: [.].
Por eso, Marx era el hombre más odiado y más calumniado de su tiempo.
Los gobiernos, lo mismo los absolutistas que los republicanos, le
expulsaban. Los burgueses, lo mismo conservadores que los ultra
demócratas, competían a lanzar difamaciones contra él. 11

Del mismo modo, destacando el papel de Federico Engels en la


dialéctica teórico-práctica del socialismo y del proletariado, Lenin
señaló:

10
Lenin, V. I. y Federico Engels, en <[Link]
marxist1/[Link]>.
11
Engels, F. “Discurso ante la tumba de Marx”, en Marx, C. y F. Engels. Obras
escogidas, Progreso, Moscú, p. 451.
36 Camilo Valqui Cachi

Fue el primero en afirmar que el proletariado no sólo constituye una clase


que sufre, sino que precisamente la miserable situación económica en que
se encuentra le impulsa inconteniblemente hacia delante y le obliga a
luchar por su emancipación definitiva. Y el proletariado en lucha se ayudará
a sí mismo. El movimiento político de la clase obrera llevará
ineludiblemente a los trabajadores a la conciencia de que no les queda otra
salida que el socialismo. Por otra parte, el socialismo tan sólo se
transformará en fuerza cuando se convierta en el objetivo de la lucha
política de la clase obrera.12

Por eso, sus nombres vivirán a través de los siglos y, con ellos, su
obra, sintetizada genial e integralmente por Carlos Marx, el crítico más
agudo de la totalidad capitalista, el descubridor de la ley específica por
la que se mueve el sistema de producción capitalista y la sociedad
burguesa mundial, el pensador de la negación radical del capitalismo
trasnacional del siglo XXI y el fundador de la perspectiva de una
comunidad superior de hombres y mujeres libres. Razón más que
suficiente para que en vida haya sido sometido por las clases
opresoras a constantes persecuciones, destierros, calumnias,
mentiras y privaciones, acogiendo su pensamiento con la rabia más
salvaje y el odio más furioso hasta su muerte; tras fracasar en sus
intentos por castrar, caricaturizar, envilecer y mellar el filo
revolucionario de su obra,13 redoblaron sus razzias anticomunistas.
Esto explica el brutal antimarxismo desencadenado por las burguesías
imperiales y subalternas durante y después del derrumbe del
socialismo soviético, el cual les sirvió a las burguesías imperialistas
propietarias de las corporaciones transnacionales, gobiernos y
democracias liberales, así como a los ideólogos sistémicos y a una
legión de intelectuales, aca-

12
Lenin, V. I. y Federico Engels, en <[Link]
marxist1/[Link]>.
13
Lenin, V. I. “El Estado y la revolución”, en Lenin, V. I. Obras escogidas, t. 2,
Progreso, Moscú, 1981, p. 293.
Carlos Marx y la historia crítica... 37

démicos y políticos domesticados acólitos de la filosofía, economía y


política imperialistas, para declararlo difunto por enésima vez.
Tanto en las metrópolis imperiales como en las regiones ex
soviéticas y en las nuevas colonias de Asia, África, América Latina y el
Caribe, la obra y la lucha de Carlos Marx sufrieron los ataques más
burdos e infames de la inquisición capitalista mundial.
Como destaca Néstor Kohan, los oligarcas del gran capital
imperialista

[...] Habían esperado este momento desde un tiempo sin memoria.


Festejaron con entusiasmo desbocado y grosero. ¡Ahora sí!, se codeaban
mutuamente, mientras acariciaban, entre risotadas y exabruptos, sus
tarjetas de crédito y sus acciones bursátiles. Esos años inmediatos fueron
crueles, despiadados, inmorales. Ellos no tuvieron escrúpulos. Ni una pizca
de lástima. Los aprovecharon bien, con una obscenidad y un cinismo sin
límites.14

De este modo, obnubilados por el colapso soviético, buscaron a


ultranza expulsar de la historia real y de la historia crítica, la obra de
Carlos Marx, el marxismo crítico y las revoluciones del siglo XX,
borrados de la memoria de los pueblos y de la conciencia del
proletariado mundial.
Asumiendo esta fiebre antimarxista, las burocracias y las aca-
demias neoliberales de muchas universidades metropolitanas y
provincianas eliminaron la obra de Carlos Marx de los planes y pro-
gramas de estudio, legitimando estas razzias medievales mediante las
reformas académicas neoliberales, hoy en bancarrota total.
Así, en varias facultades de Economía de América Latina y el
Caribe desaparece virtualmente el estudio crítico, análisis e inves-
tigación de El Capital de Carlos Marx, en su reemplazo se impone

14
Kohan, Néstor. “Melena blanca, bigote negro, traje oscuro”, en
<[Link] 8 de marzo de
2004.
38 CaMilo Valqui CaChi

la filosofía y el patrón curricular de mercado, que centralizan el


aprendizaje de la teoría económica, los análisis empíricos a través de
los métodos matemáticos y estadísticos y la elaboración de políticas
económicas gubernamentales bajo la lógica del Consenso de
Washington que abre la educación pública a la inversión del capital,
mercantilizándola e impulsando la alta rentabilidad en esta área.
Con mediocridad aldeana, burocracias universitarias de turno y
académicos de tufo neopositivista excluyen también todo pensamiento
crítico de inspiración marxista; pervierten, diluyen, periferizan o
desparecen el papel de las ciencias sociales y humanidades en el
desarrollo del pensamiento, la cognición y transformación del mundo,
así como en la emancipación de la humanidad. La epistemología del
mercado decreta la muerte de la razón crítica.
De igual manera, el marxismo crítico es desterrado de las áreas de
investigación científica y estudios de posgrado en beneficio de una
línea académica de mercado y, por ende, de la servidumbre de la
filosofía, las ciencias sociales y humanas a la dictadura del capital
trasnacional.
En esta dirección se tiende a naturalizar sus objetos de estudio y
legitimar la supuesta eternidad del sistema capitalista, fomentando un
positivismo ramplón que atiende, privilegia y financia las “ciencias
duras” en contraposición y total desprecio de las llamadas “débiles”
ciencias sociales y humanísticas.
Como en la época de Carlos Marx, “Los espadachines a sueldo
[del capital transnacional [CVC] sustituyeron a la investigación
desinteresada, y la mala conciencia y las ruines intenciones de la
apologética ocuparon el sitial de la investigación científica sin
prejuicios”.15
A la educación humanista le siguió la educación de y para el
mercado; muchas escuelas y universidades del mundo (con honrosas
excepciones) fueron avasalladas e instrumentalizadas por la

15
Marx, Carlos. El Capital, T. I, Siglo XXI Editores, México, 1980, p. 14.
Carlos Marx y la historia crítica... 39

filosofía, la economía y la política del capital imperialista, ante la


ausencia o debilidad de una masa crítica de académicos, estudiantes y
trabajadores, que optaron dócilmente por las políticas educativas
capitalistas.
Las corporaciones transnacionales, sus entidades financieras, los
gobiernos gerentes y las burocracias universitarias, particularmente de
América Latina fomentaron la proliferación de instituciones de
educación privada, como hongos después de la tormenta.
De manera general, amplios sectores académicos de estas
universidades capitalizadas renegaron de sus ideas críticas y de su
compromiso con los explotados y oprimidos, asumieron una lógica
empresarial educativa y traicionaron a sus mártires que les legaron
importantes conquistas intelectuales, políticas, morales y laborales.
Incluso algunas sectas del marxismo académico abjuraron
abiertamente del pensamiento comunista y pugnaron también por la
educación como área de inversión y acumulación de capital.
A nivel mundial se expandieron las llamas del antimarxismo
aldeano con tufo macartista, intensificando la cacería policial de
marxistas y militantes revolucionarios. Triunfalistas, las oligarquías
imperiales y locales desplegaron el truculento mercado de ideas y el
negocio de paradigmas, crecieron las avaricias de los tenderos de las
modas postmarxistas y se vendieron al mejor postor procesos
revolucionarios y causas emancipatorias. Se arriaron las banderas
teóricas y de lucha del comunismo crítico y revolucionario.
Desataron una y otra vez su guerra global contra la obra de Carlos
Marx, el comunismo, el socialismo, la revolución y los movimientos de
orientación marxista, enemigos radicales de sus intereses
imperialistas.
Con mayor fuerza a partir de la década de los noventa, sus ideólo-
gos y escribas, enajenados hasta la médula, decretaron el fin de la
historia, de las clases sociales y la lucha de clases, del comunismo, del
socialismo y la revolución. Con inusitado descaro anunciaron el
comienzo de una nueva era de libertad, de democracia, de desarrollo,
paz e integración y, por lo mismo, legitimaron al capitalismo imperialista
como la única forma natural de existencia compatible
40 CaMilo Valqui CaChi

con la esencia humana. Sacralizaron al capital y proclamaron su


eternidad in sécula seculorum.16
Académicos y publicistas aldeanos y metropolitanos promovieron
el afán de novedades, legitimaron la dictadura del pensamiento único
y la religión de mercado. Bajo la sombra del colapso soviético, se
desataron a nivel planetario escaladas antimarxistas y fascistoides, así
como guerras contrainsurgentes y preventivas contra el pensamiento
marxista, las luchas y los movimientos sociales, antiimperialistas y
revolucionarios del mundo. El diluvio del colapso del socialismo
soviético también alcanzó a las filas del comunismo internacional
acelerando su generalizada descomposición.
Aquí se pusieron a la orden del día las deserciones, traiciones,
abjuraciones y arrepentimientos. Con mayor o menor cinismo, in-
genuidad y pusilanimidad, los partidos comunistas se disolvieron y los
movimientos sociales y revolucionarios de orientación marxista
capitularon ingenua y cínicamente. Los otrora fervientes “militantes”,
“luchadores”, “dirigentes” e “ideólogos” del marxismo y el comunismo
buscaron acomodo en los establos financieros del imperialismo,
carentes de ética y presas de la metamorfosis burguesa.
Algunos teóricos, escritores, intelectuales, políticos, periodistas,
sindicalistas, académicos, editores y artistas mudaron en un santia-
mén su filiación marxista por una profesión de fe ultraliberal. Muchos
de ellos encontraron empleo en el mercado de conciencias, otros se
asumieron postmarxistas, no pocos devinieron sicofantes, mientras
que otros siguen buscando su identidad perdida en la nueva izquierda
variopinta del siglo XXI. En esta línea de conversión burguesa tardía,
un intelectual sistémico planteaba eufórico:

[...] no existe más geopolítica ni imperialismo en el nuevo mundo


poscolonial, de la globalización, del sistema político y de la democracia
global [...] la estrategia clásica de la geopolítica de garantizar acceso
exclusivo a los recursos naturales en la periferia del capitalismo

16
Léase “por los siglos de los siglos”.
Carlos Marx y la historia crítica. .. 41

ya no tiene sentido no sólo por los costos, sino también porque todas las
fronteras ya están definidas.17

En el terreno científico se abandonó como herramienta de análisis la


contradicción universal capital-trabajo, premisa del capitalismo, clave
en la valoración del pensamiento de Marx y fundamental para encarar
y asumir la vigencia de sus tesis esenciales. Este extravío teórico
abrió de par en par las puertas a la metafísica postmarxis- ta, al culto a
la economía y a la democracia liberal, a las reformas burguesas y a
los socialismos aclasistas de las multitudes.
La incapacidad epistémica para la comprensión crítica del fun-
damento universal del capitalismo condujo (y conduce) al eclecticismo,
pragmatismo y escepticismo filosófico, al reformismo, al oportunismo
político y a la asunción del capitalismo como forma natural de
existencia humana. Concepciones y prácticas que tras el derrumbe del
socialismo soviético echaron raíces en algunos procesos
revolucionarios de inspiración marxista, así como en experiencias
como la china, que se reivindica socialista de mercado. Burda
ideología de construir y desarrollar el socialismo con los fundamentos,
estructuras, lógicas y armas del capitalismo.
Este capitalismo socialista, vulgar utopía del Partido Comunista de
China (PCCH), pretende desarrollar la socialización de los medios de
producción, de lo producido, del poder y del conocimiento, asumiendo
la lógica de la plusvalía, la acumulación de capital y la ganancia
capitalista, es decir, conciliar lo irreconciliable: capital-trabajo,
apropiación privada-apropiación colectiva y dominación-emancipación.
Por lo demás, el socialismo de mercado chino es resultado de más
de 31 años de “reformas de mercado” iniciadas por Deng Xiao Ping a
partir de condiciones histórico-concretas, del carácter de clase de la
Revolución china de 1947-1949 y de las premisas

17
Bresser Pereira, L. C. “O mundo menos sombrío. Política e economía
relances internacionais entre os grandes paises”, en Jornal de resenhas, marzo de
2009, núm. 1, Discurso Editorial, Sao Paulo, pp. 6 y 7.
42 Camilo Valqui Cachi

teórico-prácticas asentadas por el maoísmo. Este socialismo de


cuño capitalista, instaurado por la burocracia y la casta del PCCH,
desmanteló las comunas agrícolas y transformó a China en un país
capitalista y en el centro estratégico de las operaciones de las
corporaciones multinacionales estadounidenses, mismas que
disponen hoy de la mano de obra más barata del planeta, ascendente
a 439 millones de personas provenientes de la clase obrera de la
industria, los servicios y otros. Esto explica por qué el PCCH, partido
de capitalistas, mientras por un lado reivindica retóricamente a Carlos
Marx y al socialismo marxista, por el otro y al mismo tiempo maquilla
con nombres, ritos y símbolos “comunistas” el violento proceso de
valorización de capital trasnacional, para impedir ilusamente el
fantasma de una nueva revolución socialista en China, como fruto de
las nuevas contradicciones
sistémicas y de clase, internas y externas.
A pesar de todo, tras más de dos décadas del derrumbe soviético
y de la “muerte” definitiva de Carlos Marx y del marxismo crítico, las
quimeras imperialistas de bienestar humano, desarrollo, democracia,
paz y libertad se evidenciaron como vulgar metafísica y sus
“verdades” sacralizadas devinieron falacias sistémicas. Las
estrategias y proyectos colosales de las burguesías imperialistas
fracasaron estrepitosamente, pues los nuevos paradigmas sistémicos
fueron incapaces de comprender y resolver el drama humano.

Inclusive en el ex campo socialista, donde sus pueblos atontados


por el oropel burgués soñaban con la tierra prometida del capital,
despertaron prematuramente instalados de por vida en el capitalismo,
donde domina el frío cálculo de las ganancias, el individualismo, la
exclusión social, la violencia, el narcotráfico, la prostitución, el
desempleo, la falta de pan, la vivienda, la educación y la salud.
Con estupor descubrieron la tierra prometida de la llamada
globalización, pero atrapados en la jungla de la plusvalía y de la
miseria, y entonces debieron empezar a comprender la trampa liberal
y la necesidad de una nueva revolución socialista, sabiendo que “La
reintegración de la Unión Soviética y ahora de China al
Carlos Marx y la historia crítica... 43

‘negocio usual’ representa apenas la jugada más reciente de la


reintegración de los movimientos que intentaron en un momento dado
transformar el capitalismo en socialismo pero terminaron adaptándose
como partes funcionales del sistema capitalista mundial”.18 Al respecto,
el liberal Joseph E. Stiglitz, escribió:

La globalización [imperialismo ( CVC)] y la introducción de la economía de


mercado [capitalismo (CVC)] no han producido los resultados prometidos en
Rusia y en la mayoría de las demás economías en transición desde el
comunismo hacia el mercado. Occidente aseguró a esos países que el
nuevo sistema económico les brindaría una prosperidad sin precedentes. En
vez de ello, generó pobreza sin precedentes; en muchos aspectos, para el
grueso de la población, la economía se ha revelado incluso peor de lo que
habían predicho sus dirigentes comunistas. 19

En Rusia, por ejemplo, el régimen burgués instaurado después de


más de dos décadas del fin de la Unión Soviética ha profundizado la
pobreza, la exclusión y la tragedia de las masas trabajadoras de ese
país. Ya en 2007 había causado catástrofes sociales irreversibles
como la mortalidad superior en 1.6 veces a la natalidad, lo que ha
significado una reducción de la población en 12 millones de personas
y la esperanza de vida ha disminuido en 10 años, el salario real es dos
veces inferior al de 1990, las pensiones medias 2.5 veces y las becas
estudiantiles 7 veces. Se ha cerrado 70 mil empresas industriales, se
ha perdido la independencia alimentaria y el PIB es dos veces inferior.
Han dejado de cultivarse 35 millones de hectáreas, 50% de los
productos se importa, ha disminuido el consumo calórico en un tercio.
En la Federación Rusa se cometen

18
Chase-Dunn, Christopher y Bruce Podobnik. “Próxima guerra mundial: ciclos
y tendencias del sistema mundial”, en Saxe-Fernández, John, Globaliza- ción: crítica

un paradigma, UNAM/Plaza & Janés, México, 2002, p. 137.


19
Stiglitz, Joseph E. El malestar en la globalización, Taurus, Madrid, 2002, p. 30.
44 Camilo Valqui Cachi

3 millones de delitos al año, existen 4 millones de alcohólicos y 1.5


millones de drogadictos. La correlación de ingreso entre el 10%
más rico y el 10% más pobre es de 41 a 1, uno de cada cuatro
hombres en edad de trabajar está desempleado y el número de niños
de la calle supera los 4 millones.20
Estas catástrofes rusas derivadas del colapso soviético son
agudizadas por las depredaciones naturales, sociales y humanas que
perpetra a diario el capitalismo mundial en correspondencia con su
esencia antihumana y su crisis estructural.
La irracionalidad y el despotismo universal del capital se recrean
en los salvajes patrones de acumulación transnacional y en las
tendencias fascistoides de los gobiernos burgueses y de sus
complejos militares-industriales, en la pobreza extrema, la miseria, las
guerras de recolonización y exclusión social de los parias de la tierra.
A la par, en el sistema se incrementan el parasitismo y la
descomposición imperialista, particularmente estadounidense.

Incluso, para escarnio de teóricos y monaguillos de la “economía


libre de mercado”, la mayor potencia militar y financiera de la tierra,
Estados Unidos, celebra cada año el Día de Gracias, encubriendo sus
más de 36 millones de pobres y despellejando pueblos en el planeta
(Afganistán, Irak, Libia, Palestina), como lo hizo en sus inicios con el
genocidio de 30 millones de indígenas en su propio territorio, y hoy
con mayor virulencia, cuando se exacerban las contradicciones
sistémicas del capital transnacional y sus pugnas interimperialistas.
Las guerras y todas las formas de violencia inherentes al actual
orden burgués producen y reproducen la barbarie cotidiana del capital
imperialista y cada día se tiende al exterminio de la humanidad.

Las contradicciones sistémicas como capital-trabajo, valor de uso-


valor de cambio, producción social-apropiación

20
Véase [Link]. “Resultados de la política social del régimen burgués en
Rusia”, en <[Link] 6 de agosto de 2007.
Carlos Marx y la historia crítica... 45

privada, producción y parasitismo financiero; producción y consumo,


libre competencia y monopolio; desarrollo y subdesarrollo;
recolonización e independencia, expansión económica mundial y
rivalidad ínter e intra imperialistas, acumulación y crisis, producción de
medios de vida y medios de destrucción masiva; dominación y libertad
de la fuerza de trabajo, empleo y exclusión laboral; acumulación de
capital y destrucción ambiental; humanidad y enajenación,
emancipación y esclavización contemporánea no tienen ni tendrán
solución jamás en los marcos del sistema y de la racionalidad
capitalistas. Por lo demás, estas contradicciones sistémicas crean y
recrean las bases objetivas del fin capitalista.
De igual manera, estas contradicciones son fuentes de las crisis
estructurales recurrentes del capitalismo transnacional y de las
guerras burguesas. Y en contra de lo que piensan los ideólogos del
sistema, las guerras que instrumentan las burguesías transnacionales,
aun siendo albañales que palian las crisis sistémicas, son incapaces
de suprimirlas. Las carnicerías bélicas globales y regionales que
perpetra el imperialismo actual tampoco resuelven sus contradicciones
porque le son consustanciales. El belicismo imperialista sólo evidencia
su inhumanidad y poder destructivo, así como su inviabilidad.

El orden capitalista no puede superar sus contradicciones inhe-


rentes. No está al alcance del capital su negación revolucionaria: ésta
será obra de las clases proletarias, movimientos populares,
campesinos, indígenas, ecologistas, feministas, migratorios, estu-
diantiles e insurgencias revolucionarias del planeta.
En este sentido, pese a las profundas transfiguraciones del ca-
pitalismo transnacional que afectan de manera drástica las fuerzas
productivas fragmentándolas y jerarquizándolas, los proletarios del
siglo XXI, como los proletarios clásicos, constituyen la única clase
radical anticapitalista, la única clase potencialmente comunista, porque
su existencia se funda en la negación de la propiedad privada sobre
los medios de producción y es la única clase con posibilidades
ontológicas, epistémicas, sociales y políticas para superar
radicalmente la actual esclavitud asalariada destruyendo
46 Camilo Valqui Cachi

al capitalismo. Es la clase capaz de recobrar la humanidad de la


humanidad socializando los medios de producción, el poder y el
conocimiento y con ello posibilitar la humanización de la propia
humanidad. Sólo esta clase universal posee las condiciones para
ejercer las armas de la crítica y la crítica de las armas. Esta clase,
en esencia, puede abolir todas las condiciones de explotación y
dominación general al destruir la explotación y dominación capi-
talista, todo esto a pesar del aburguesamiento de las burocracias
obreras y del control ideológico que ejerce el capitalismo sobre
amplias masas proletarias varadas aún en sus propios laberintos de
clase, pero a la vez moviéndose en las profundas contradicciones
antisistémicas que genera el intrincado proceso de clase.
En esta perspectiva, la negación del capitalismo del siglo XXI
demanda una doble crítica:

1) Teórica: comprender, asumir y recrear crítica y dialécticamente la


compleja obra de Carlos Marx, incluido su proyecto comunista, en
correspondencia con las experiencias socialistas del siglo XX y las
condiciones histórico-concretas de revolucionarización del
presente siglo, obra generalmente ignorada, deformada,
vulgarizada y simplificada por sus adversarios y también por la
mayoría de sus seguidores en las metrópolis y periferias.
2) Práctica: crítica radical y superación efectiva del orden capitalista
mediante el socialismo y el comunismo marxista.

Esta doble crítica teórico-práctica se funda y realiza dialécti-


camente en la revolución comunista y tiene un alcance estratégico
mundial. Las revoluciones del siglo XXI -tanto en los países capitalistas
como en los países recolonizados de Asia, África y América Latina y el
Caribe, con formaciones socioeconómicas pre o semicapitalistas-
serán ricas en su compleja diversidad revolucionaria pero en esencia
serán universales, proletarias y comunistas. Por eso, Carlos Marx
subrayaba: “[...]el proletariado sólo puede existir en un plano histórico-
universal, lo mismo que el
Carlos Marx y la historia crítica. .. 47

comunismo, su acción, sólo puede llegar a cobrar realidad como


existencia histórico-universal”.21
Por lo mismo, la reconstrucción teórica del marxismo revolu-
cionario y su proyecto comunista no es un ejercicio hermenéutico y
metafísico sobre el pensamiento de los clásicos del marxismo, sino
que en primer término es un trabajo científico de recreación y creación
crítica de la monumental obra de Carlos Marx, Federico Engels, Lenin
y las contribuciones revolucionarias de los teóricos marxistas del siglo
XX, asumiendo los problemas y desafíos que plantea el imperialismo
actual, la experiencia soviética y algunas formaciones
contemporáneas que se reivindican socialistas y, en segundo término,
es un trabajo de formulación de un sólido proyecto revolucionario
orientado a dirigir la compleja revolución del siglo XXI a partir de las
premisas objetivas y las contradicciones sistémicas del orden burgués
y con los sujetos históricos clásicos y contemporáneos existentes a
escala mundial.
Las claves para la superación práctica del actual orden de cosas
no se encuentran en las obras marxistas sino en el propio sistema.
Las armas y sujetos históricos cada vez más complejos, que crea y
recrea el sistema capitalista, son los elementos esenciales de la
disolución capitalista.
Al marxismo revolucionario le toca hoy forjar las conciencias de las
clases, masas y movimientos que harán la revolución socialista,
capacitándolos para descubrir y asumir las posibilidades, tendencias y
alternativas al capital, en las nuevas condiciones que presenta el
capitalismo trasnacional.
Parafraseando a Carlos Marx en las célebres Tesis sobre Feuer-
bach, es en la práctica donde el marxismo actual deberá probar y
demostrar el poderío de su verdad, la validez y viabilidad de su
proyecto comunista.

21
Véase Marx, C. y F. Engels. La ideología alemana, en Marx, C. y F. Engels.
Obras escogidas, Progreso, Moscú, 1974, pp. 34-35.
48 Camilo Valqui Cachi

En el presente siglo todo sigue indicando que mientras el


mundo esté sometido a ley de la plusvalía, la humanidad estará
condenada a la miseria, la barbarie y el peligro cada vez mayor de
exterminio imperialista. Como apunta István Mészáros:

[...] entramos en la fase más peligrosa del imperialismo en toda la historia,


pues lo que está en juego hoy no es el control de una región en particular
del planeta, no importando su tamaño, ni la condición más o menos
favorable, por continuar tolerando las acciones independientes de algunos
adversarios, sino el control de su totalidad por una superpotencia
económica y militar hegemónica, con todos los medios -incluyendo los más
extremadamente autoritarios y violentos medios militares- a su disposición
[...]. La cuestión es que tal racionalidad [.] es al mismo tiempo la forma más
extrema de irracionalidad en la historia, incluyendo la concepción nazista de
dominación del mundo, en lo que se refiere a las condiciones necesarias
para la supervivencia de la humanidad.22

Aunque ya en su tiempo Carlos Marx había constado la esencia y


dialéctica bárbara del capitalismo al escribir en El Capital:

[El capitalismo] destruye, al mismo tiempo, la salud física de los obreros


urbanos y la vida intelectual de los trabajadores rurales. [.] Y todo progreso
de la agricultura capitalista no es sólo un progreso en al arte de esquilmar
al obrero, sino a la vez en el arte de esquilmar el suelo; todo avance en el
acrecentamiento de la fertilidad de éste durante un lapso dado, un avance
en el agotamiento de las fuentes duraderas de esa fertilidad. Este progreso
de destrucción es tanto más rápido cuanto más tome un país [.] a la gran
industria como punto de partida y fundamento de su desarrollo. La
producción capitalista, por consiguiente, no desarrolla la técnica y la
combinación

22
Mészáros, István. Socialismo o barbarie. La alternativa al orden social del
capital, Pasado y Presente XXI/Paradigmas y Utopías, México, 2005, p. 31.
Carlos Marx y la historia crítica... 49

del proceso social de producción sino socavando, al mismo tiempo, los dos
manantiales: la tierra y el trabajador. 23

Consecuentemente, nunca la frase “socialismo o barbarie”, que alguna


vez elocuentemente pronunciara Rosa Luxemburgo, tuvo tanta
urgencia mundial como en nuestros días”.24 Jamás fue más
contundente la disyuntiva entre “barbarie o comunismo” como en el
siglo XXI. Sin embargo, ¿por qué el capitalismo imperialista, pese a ser
una constante y cotidiana barbarie contra la humanidad, ha sido el
gran beneficiario del colapso del socialismo soviético y el usufructuario
único del trabajo proletario y humano hasta llegar a sentirse rerum
natura?25 Aurelio Arteta, al parecer, formula respuesta clave:

[...] el abrumador éxito del capitalismo bien podría ser el síntoma


inequívoco de una naturaleza humana todavía demasiado natural, mientras
que el fracaso del socialismo sería entonces la señal palmaria de que
aquella naturaleza no está aún lo bastante humanizada [.]. 26

Los dueños del planeta nunca comprendieron que el derrumbe del


socialismo en la URSS y Europa oriental fue sólo un acontecimiento
histórico coyuntural, pasajero y resultado del propio capitalismo, cuyas
contradicciones e irracionalidades fueron recreadas en las entrañas de
la sociedad soviética, antagonismos que, en última instancia, explican
el fracaso de la primera experiencia socialista mundial. El fracaso del
modelo soviético como alternativa al capitalismo evidenció la
bancarrota de su fundamento ideológico: el “marxismo-leninismo”
soviético y el desplome de la formación

23
Marx, Karl. El Capital, t. 1, vol. 2, pp. 611-613.
24
Bellamy Foster, John. “‘Imperio’ e imperialismo”, en <[Link]
[Link]>, 9 de diciembre de 2003.
25
Naturaleza de las cosas.
26
Arteta, Aurelio, Marx: valor, forma social y alineación, Ediciones Libertarias,
Madrid, 1993, p. 8.
50 Camilo Valqui Cachi

social que plasmó la sociedad soviética; consecuentemente, esta


variedad de socialismo fue negación teórica y práctica del proyecto
y obra de Carlos Marx.
Sin el análisis de estas cuestiones de fondo sólo se podrán
seguir produciendo lecturas fenoménicas acerca del derrumbe del
socialismo soviético, como las provenientes del campo burgués y
de algunos seudo marxistas.
En este sentido, lo que se identifica por el “derrumbe socialista”,
si bien abarca el breve lapso comprendido entre el derrocamiento de los
regímenes soviéticos en Europa centroriental (1989) y la disolución de la URSS
(1991), no se reduce a este periodo; por el contrario, es una larga coyuntura
histórica inserta en la irracionalidad y en las contradicciones de la totalidad
capitalista mundial, sus causas son múltiples, se remontan a los orígenes de la
URSS y tienen que ver con la inexistencia de premisas materiales, políticas y
culturales para la construcción del socialismo en la Rusia zarista, la agresión
multi-imperialista contra la revolución bolchevique, la guerra civil, el comunismo
de guerra, la instauración de la NEP, la liquidación de los soviets, la perversión
ideológica del pensamiento marxista, la burocratización y liquidación del partido
comunista, la responsabilidad de Stalin y Trotsky, el surgimiento y asalto al
poder proletario por parte de la burocracia soviética, los procesos forzados de
industrialización y socialización de las tierras, la liquidación del
internacionalismo proletario, la carrera armamentista, la instauración del
revisionismo y la conversión de la URSS en potencia mundial con ambiciones y
planes de corte imperialista, la restauración de relaciones capitalistas de
producción tras una fachada supraestructural socialista, el papel antisocialista
de la perestroika de Gorbachov y de la contrarrevolución de mercado
impulsada por las fracciones burocráticas y militares, beneficiarias internas del
colapso soviético.
En todo caso, el fracaso de la experiencia socialista en la Unión Soviética y
los demás países del ex campo socialista no es una manifestación de que el
capitalismo haya logrado un status humano superior, sino todo lo contrario. El
capitalismo es fuerte
Carlos Marx y la historia crítica... 51

en sus posiciones pero es débil en sus movimientos, omnipotente tácticamente


pero impotente estratégicamente.
Entonces, la defunción de Carlos Marx fue interesada y sus funerales
demasiado apresurados; sin embargo, su pensamiento ha renacido de sus
cenizas, la historia en curso ofrece más pruebas que nunca de su desbordante
vitalidad, vigencia y radicalidad mundial.
La sostenida y firme recuperación actual del pensamiento crítico de Carlos
Marx en todos los campos de la ciencia y, particularmente, en las ciencias
sociales y humanas a nivel mundial es inequívoca. Carlos Marx vuelve a
quebrantar la paz burguesa, el triunfalismo imperial y a incendiar la lucha de
clases en todo el planeta. Los poderes imperialistas se cimbran ante el
fantasma real del comunismo y las nuevas revoluciones que minan al sistema
capitalista mundial.
El nombre de Carlos Marx es pensamiento, bandera y acción de los
oprimidos del orbe, como queda patentizado tras una encuesta de la veterana
emisora estatal británica BBC. En julio de 2005, el artífice del comunismo,
Carlos Marx, fue elegido como el mayor filósofo de todos los tiempos, dejando
muy atrás a 20 pensadores participantes como Hume, Smith, Kant, Sócrates,
Aristóteles, Platón, santo Tomás de Aquino, Descartes, Locke, Hegel, Einstein,
Nietzsche, Wittgenstein y Popper, entre otros; reconocimiento que se reitera
todos los años cada vez que se realizan este tipo de encuestas en una época
de tata barbarie, incertidumbre y sombrías perspectivas.
El historiador Eric Hobsbawn, al referirse a éste continúa reconociendo a
Marx; considera que la mayoría de los otros filósofos, desde la antigua Grecia
hasta nuestros días, sólo son estudiados por un número limitado de
intelectuales, son sólo nombres, mientras que en el caso de Marx su influencia
quedó impresa en todo el siglo XX, siendo tan trascendente que siglo y medio
después se sigue leyendo El Manifiesto Comunista como una sorprendente
predicción, hecha en el siglo XIX, de la naturaleza y los efectos de la
globalización en la que vivimos hoy.
En esta misma dirección, para Emir Sader el reconocimiento L de Carlos
Marx sólo reafirma que su obra, sus ideas y su método
52 Camilo Valqui Cachi

-la dialéctica- siguen siendo los instrumentos fundamentales


para la comprensión del mundo contemporáneo aun un siglo y
medio después de haber sido escrita. ¿Por cual visión del mun-
do cambiaron el marxismo aquellos que lo abandonaron? ¿Qué grandes obras
fueron producidas por esos refugios alternativos al “marxismo superado”?
¿Cuáles son las visiones del mundo producidas por esos “superadores” del
marxismo? La lectura de sus obras y su aplicación creadora siguen siendo los
instrumentos esenciales de todos los revolucionarios. Sus palabras resuenan
con más fuerza que nunca en el nuevo siglo: “¡Proletarios de todos los países,
uníos!”27
Pero el marxismo revolucionario no sólo recobra creciente

presencia en el pensamiento mundial, sino también en las luchas de clases,


movimientos sociales e insurgentes planetarios. El retorno de esta arma de la
revolución al corazón de las luchas
sociales y humanas evidencia la bancarrota internacional de las filosofías,
epistemologías y metodologías de mercado defendidas tanto por los
académicos, intelectuales y publicistas del imperio, como por los gobiernos
metropolitanos y locales, incluidos los partidos social-liberales que, tras el
colapso soviético, deificaron el capital e instrumentaron los programas
transnacionales económico-políticos neoliberales, con cinismo y mediocridad
sorprendentes.
En consecuencia, las tareas centrales de los marxistas del siglo XXI son
recuperar el marxismo como unidad de conocimiento y acción, como crítica de
lo existente, proyecto y práctica política.
El marxismo de este siglo sólo tiene sentido en su relación con los
proletarios, la lucha de clases y con el socialismo-comunismo, para lograr la
emancipación material y espiritual del género humano; por ende, los
movimientos sociales por la justicia y la igualdad, contra las guerra de agresión
y el militarismo, las luchas de los

27
Véase <[Link] 23 de julio de 2005; asimismo, véase
Sader, Emir. “¿Por qué Marx?”, en <http: //[Link]>, 7 de agosto de 2005.
Carlos Marx y la historia crítica... 53

emigrantes, los movimientos indígenas, campesinos, ecologistas, feministas y


populares, las resistencias globales en las calles, en los centros de trabajo, en
las esferas políticas contra el imperialismo en los cinco continentes y las
batallas anticapitalistas de los proletarios, las insurgencias guerrilleras, las
luchas de liberación de las masas excluidas y las fuertes tendencias
revolucionarias socialistas son y serán fuentes y premisas de la revolución per-
manente teórica de la obra de Carlos Marx. Su discurso crítico y revolucionario
seguirá guiando los procesos insurgentes y la compleja revolución comunista
del porvenir.
La reconstrucción dialéctica del marxismo crítico y revolucionario y del
proyecto comunista sólo es posible a partir de una clara asunción de la
dialéctica marxismo-comunismo, como alternativas radicales al actual orden
burgués que se sustenta históricamente en la clase de los proletarios del siglo
XXI.
Justamente, las crisis históricas del marxismo y de los proyectos socialistas
están asociadas, por un lado, con las rupturas marxismo-comunismo y, por el
otro, con las rupturas de ambos con el proletariado. De allí que sea absurdo
formular y ejecutar un proyecto comunista aclasista, pues hacerlo significaría
bastardear la revolución anticapitalista.
Obviar la contradicción central entre el capital y el trabajo, esencial y
objetiva, fundamento universal del capitalismo, conduce al reformismo burgués,
a la derrota revolucionaria y a la capitulación contrarrevolucionaria, como lo
demostraron en América Latina la revolución nicaragüense y los procesos
insurgentes de El Salvador y Guatemala.
Cualquier enajenación teórica y política marxista respecto a esta
contradicción real conduce siempre al capitalismo. La contradicción capital-
trabajo además es clave para descubrir y comprender las contradicciones y
crisis del socialismo soviético, descifrar las causas de su derrumbe y asumir
sus impactos. En suma, es nodal para la renovación del la teoría marxista, así
como para prevenir futuras perversiones socialistas.
La asunción de esta compleja contradicción sistémica permi- ^‘4 '■ tirá,
asimismo, comprender que el colapso soviético es, en última lk
54 Camilo Valqui Cachi

instancia, resultado de la recreación de relaciones de producción


capitalistas y del despojo del poder efectivo que sufrió el prole-
tariado soviético.
La derrota del proletariado socialista frente al capital en las condiciones
histórico-concretas existentes en las sociedades soviéticas no prueba el
fracaso de la obra de Carlos Marx ni del comunismo marxista, sino todo lo
contrario: confirma la necesidad y viabilidad de la revolución socialista mundial.
Los comunistas soviéticos después de Lenin fueron incapaces de asumir
estratégicamente la revolución permanente y transformar el socialismo en la
URSS y a nivel internacional. Obraron en contra de lo que planteó Carlos Marx
en su célebre “El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte”:

Las revoluciones burguesas [...] avanzan arrolladoramente de éxito en éxito, sus


efectos dramáticos se atropellan, los hombres y las cosas parecen iluminados por
fuegos de artificio, el éxtasis es el espíritu de cada día, pero estas revoluciones son de
corta vida [.]. En cambio, las revoluciones proletarias [.] se critican constantemente a sí
mismas, se interrumpen continuamente su propia marcha, vuelven sobre lo que
parecía terminado para comenzarlo de nuevo, se burlan concienzuda y cruelmente de
las indecisiones, de los lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos,
parece que sólo derriban a su adversario para que éste saque de la tierra nuevas fuer-
zas y vuelva a levantarse más gigantesco frente a ellas, retroceden constantemente
aterradas ante la vaga enormidad de sus propios fines, hasta que se crea una
situación que no permite volverse atrás y las circunstancias mismas gritan ¡Hic
Rhodus, hic salta! (¡Aquí está la rosa, baila aquí!)”. 28

Consecuentes con esta visión dialéctica de la revolución comunista, es


fundamental deslindar la teoría revolucionaria de Carlos Marx

28
Marx, C. “El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte”, en Marx, C. y Federico

Engels. Obras escogidas, Progreso, Moscú, 1974, t. I, pp. 411-412.


Carlos Marx y la historia crítica... 55

del “marxismo-leninismo” soviético, fundamento y justificador ideológico del


sistema soviético; así como al socialismo marxista del socialismo soviético
permeado por las relaciones de explotación y dominación.
Por lo mismo, el colapso soviético no se corresponde ni con la obra de
Carlos Marx y Federico Engels ni con su proyecto emancipador; por el
contrario, puso de manifiesto la quiebra de la imbricación histórica entre el
marxismo y el comunismo y entre el marxismo y la clase de los proletarios.
La superación radical de la crisis del marxismo actual sólo será posible
desde el marxismo y la revolución socialista (como teoría y praxis). Además, la
caída del socialismo soviético y las crisis de otros modelos socialistas a nivel
internacional no han desaparecido los problemas esenciales del capitalismo ni
las condiciones, premisas y posibilidades de su destrucción, que justamente
descifró y criticó el marxismo revolucionario.
La revolución y el comunismo, como negación radical del capitalismo
mundial, planteados y abordados por Marx y En- gels, están a la orden del día
en el siglo XXI. Con justicia Adolfo Sánchez Vázquez define a la obra de Carlos
Marx y al marxismo revolucionario como:

[...] un proyecto de transformación del mundo realmente existente, a partir de su


crítica y de su interpretación o conocimiento. O sea: una teoría y una práctica en su
unidad indisoluble. [.] En cuanto teoría de vocación científica, el marxismo pone al
descubierto la estructura del capitalismo, así como las posibilidades de su
transformación inscritas en ella y, como tal, tiene que asumir el reto de toda teoría
que aspire a la verdad: el de poner a prueba sus tesis fundamentales contrastándolas
con la realidad y con la práctica. De este reto el marxismo tiene que salir
manteniendo las tesis que resisten esa prueba, revisando las que han de ajustarse al
movimiento real o bien abandonando aquellas que han sido invalidadas por la
realidad.29

29
Sánchez Vázquez, Adolfo. “Por qué ser marxista hoy”, <http: //www.
[Link]>, 17 de septiembre de 2004.
56 Camilo Valqui Cachi

Por eso, valorar dialécticamente la obra de Carlos Marx y Federico


Engels significa asumir la posición y carácter de clase de su postura
epistémica, sustentada en la universalización del trabajo y el capital
prevista por ellos, así como desarrollar sus tesis esenciales en las
condiciones histórico-concretas del siglo XXI. El análisis y una
posición de clase constituyen el núcleo del socialismo marxista
como teoría y práctica de la emancipación de clase y humana en
el presente siglo.
Por ende, no se puede valorar, superar, enriquecer y reconstruir
el marxismo revolucionario en tanto concreto espiritual, dejando
de lado el análisis científico de la realidad capitalista actual -sus
contradicciones, clases sociales, lucha de clases, leyes, tendencias
y crisis-, su objeto de estudio y de transformación mundial.
En esta dirección, la valoración histórica y lógica del marxismo
y de la primera experiencia socialista mundial del siglo XX pasa por
rescatar su carácter de clase, su visión y praxis internacionalista.
El socialismo del siglo XXI, para ser alternativa viable al capita-
lismo planetario, deberá tomar en cuenta, descubrir y actuar con
base en: 1) la complejización del sistema capitalista mundial; 2) la
complejización del sujeto histórico y de las diversas formas de luchas
de clases y movimientos sociales en el capitalismo transnacional,
que integran, junto a los proletarios clásicos, una gama riquísima
de fuerzas insurgentes indígenas, étnicas, religiosas, de género,
ambientales y culturales, entre otras; 3) las mediaciones necesarias
en los procesos de transición socialista derivadas de las condiciones
histórico-concretas de cada país; y 4) las enseñanzas del colapso
del derrumbe del socialismo soviético y los problemas que registran
otros modelos que actualmente se asumen socialistas.
Bajo esta racionalidad, sin asumir la centralidad del proletariado
actual, resultado de la universalización del capital, como cabeza de
la revolución socialista mundial, así como la necesidad estratégica
de la democracia revolucionaria del proletariado en la transición
socialista, el socialismo del siglo XXI no pasará de ser una caricatu-
ra de socialismo, una abstracción volátil y un programa subjetivo;
en suma, una especulación discursiva y un proyecto social-liberal
estimulado y subvencionado por el capitalismo planetario.
Carlos Marx y la historia crítica... 57

Por lo demás, la esencia antihumana del imperialismo capitalista plantea la


necesidad y la posibilidad inaplazable de reemplazarlo radicalmente. Pone, a la
vez, a la orden del día la vigencia del socialismo y la revolución socialista. Este
socialismo como primera fase del comunismo no es un ideal abstracto y
congelado en un mañana ambiguo, sino la alternativa concreta al capitalismo
existente que pone las bases reales de su propia negación, revolucionaria,
dialéctica y mundial.
El comunismo del siglo XXI es un movimiento objetivo, capaz de anular y
superar el orden de cosas burgués que señorea en el planeta. El comunismo es
la superación de la barbarie, la dialéctica real que pone fin al capitalismo
planetario. En este sentido, el comunismo es la negación material e ideal del
capitalismo, última forma de explotación y dominación clasista.
El comunismo es la afirmación de la destrucción universal y concreta del
capitalismo y, por ende, la superación de la barbarie imperialista natural, social
y humana. Es el fin de la prehistoria y la espiral dialéctica que abre nuevas
formas de realización humana.
Como escribe Marx: “El comunismo es la posición de la negación de la
negación y, por tanto, el momento real, necesario de la emancipación y la
recuperación humana. El comunismo es la forma necesaria y el principio
energético del futuro inmediato, aunque no es, en cuanto tal, la meta del
desarrollo humano, la forma de la sociedad humana”. 30 Bajo esta racionalidad,
subraya Samir Amin:

Hoy más que nunca, la humanidad se ve ante dos alternativas: permitir que impere la
lógica con la que se desenvuelve el capitalismo hacia su inevitable suicidio colectivo
o, por el contrario, permitir que nazcan las enormes posibilidades humanas que lleva
dentro de sí el fantasma del comunismo que obsesiona al mundo. 31

30
Marx, Carlos. “Manuscritos económico-filosóficos de 1844”, en Marx, Carlos y
Federico Engels. Obras fundamentales. Marx, escritos de juventud, Fondo de
Cultura Económica, México, 1982, pp. 617 y 626.
31
Amin, Samir. Los fantasmas del capitalismo. Una crítica de las modas
intelectuales contemporáneas, El Áncora Editores, Bogotá, 1999, p. 14.
58 Camilo Valqui Cachi

Por eso, la cuestión esencial en este siglo, como lo planteara


Carlos Marx en el siglo XIX, continúa siendo la destrucción real y
la superación radical del capitalismo mundial como forma de vida,
filosofía, sistema económico, social, político, ideológico, científico,
técnico, ecológico, patriarcal y cultural.
Se trata de erradicar al sistema transnacional burgués y no de
preservarlo y humanizarlo como imaginan los nuevos utópicos,
las pequeñas burguesías humanistas, las izquierdas liberales, los
socialdemócratas y los académicos que viven en sus torres de
marfil. Sueños, proyectos y empresas reaccionarios que no tienen
ninguna viabilidad, porque está probado históricamente que el
capitalismo no sólo es incompatible con la esencia comunista de
los seres humanos sino también con la democracia real.
Sólo una humanidad fraguada en la revolución comunista será capaz de
abolir las clases y la lucha de clases, la propiedad privada y el Estado en tanto
resumen oficial del antagonismo, la dominación y la violencia. Únicamente las
mujeres y los hombres del mundo, críticos y revolucionarios del orbe, serán
capaces de enfrentar y eliminar la miseria material y espiritual, sustentada en
los procesos cotidianos de enajenación, explotación, esclavitud asalariada,
exclusión social, corrupción, pobreza, barbarie, prostitución, racismo,
narcotráfico, terrorismo y las guerras imperialistas.
Sólo los trabajadores y los pueblos del orbe que lleguen a despertar y
comprender que nada de lo humano les es ajeno, serán capaces de fundar una
auténtica comunidad de seres libres, dueños de sus destinos y autores de su
propia historia.
Finalmente, bajo esta perspectiva epistémica y en correspondencia con la
XI Tesis sobre Feuerbach de Carlos Marx: “Los filósofos no han hecho más que
interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es
transformarlo”.32 Comparto con ustedes la crítica marxista de la historia
inmediata de la actual

sociedad burguesa.

32
Marx, C. “Tesis sobre Feuerbach”, en Marx, C. y Federico Engels. Obras
Escogidas, Progreso, Moscú, 1974, p. 11.
Carlos Marx y la historia crítica... 59

El capital del siglo XXI es aún el poder de mando sobre el trabajo, 33 la


potencia económica,34 totalitaria que lo domina todo en la sociedad mundial,
porque justamente toda descansa en el interés privado capitalista, el poder que
funda a los demás poderes, sintetizados y consumados en la explotación y
dominación que supone siempre a los explotados y dominados.35
Ciertamente -como Marx lo descubriera ya en su tiempo-, el dinero ha sido
perfeccionado como la forma objetivada de la relación humana básica dentro
de la sociedad actual. La relación social sobre la cual descansan todas las
relaciones legales y políticas capitalistas, y de la cual estas últimas son meras
expresiones, es la relación de cambio. El imperativo social es que ni la
producción ni el consumo pueden producirse sin la intervención del valor de
cambio.36
La cosificación planetaria de las relaciones sociales perpetrada por el
capital ha conducido a la descarnada deshumanización sistémica, donde
personas y pueblos son las mercancías más miserables, superfluas y
fácilmente desechables y, por lo mismo, sometidos a la violencia sistémica
global de las fracciones del capital imperialista. Brutal realidad sintetizada en la
barbarie mundial capitalista, que contrasta con el ideal burgués color de rosa
que asumen los fundamentalistas y académicos sistémicos al pretender
eternizar y naturalizar el capitalismo.
El siglo XXI patentiza la universalización del capital, identificada
ideológicamente con la fenoménica globalización,37 que, en

33
Ibid., p. 571.
34
Marx, Karl 2007. Elementos fundamentales para la crítica de la economía
política (Grudrisse) 1857-1858, 1, 2007, p. 28.
35
Barandiaran, Alberto. “Sin dominado no hay poder, ése es el problema de
todo poder” (Entrevista al filósofo José Azurmendi), en Berria/Rebelión, 1 de marzo
de 2008.
36
Marx, Karl. Elementos fundamentales para la crítica de la economía política
(Grudrisse) 1857-1858, t. 1, 2007, p. XXIX.
37
Véase Valqui Cachi, Camilo. “El imperialismo y la lucha de clases. Crítica
epistemológica y política de la globalización”, III Conferencia Internacional sobre la

Obra de Carlos Marx y los desafíos del siglo XXI, La Habana, 2006.
60 Camilo Valqui Cachi

esencia, no es sino la fase de imperialización capitalista, complejo


proceso que pone en movimiento la dominación de pueblos y
trabajadores del orbe por parte de los monopolios multi y trasna-
cionales, concentrando, articulando, desplegando y centralizando
bajo mando imperialista, el poder económico, político, científico-
tecnológico, militar, ideológico, mediático, educativo y cultural.
El capital trasnacional ha impuesto a los trabajadores del orbe
la venta de su propia humanidad para poder sobrevivir y sólo los
reconoce como bestias de trabajo reducidas a las necesidades físicas
más elementales.38 La miseria que los destruye, con mayor agresi-
vidad en los países recolonizados situados en Asia, África, América
Latina y el Caribe, prueba que la miseria social brota de la esencia
misma del capital central y periférico.39 Hoy se viven los tiempos
del capitalismo transnacional, expoliador, despótico, depredador,
genocida, cínico, terrorista y decadente. Se vive y se sufre al capi-
talismo imperialista como una verdadera tragedia social.40
Es la época de la imperialización, caracterizada por la profunda
enajenación mercantil de la naturaleza, de la vida, de los seres hu-
manos, de sus actividades y de los productos de ellas derivados.
Son tiempos del imperialismo trasnacional que ha creado violen-
tos escenarios de barbarie donde la humanidad vive al borde del
vacío y del abismo, sumida en una profunda crisis material y moral mundial. La
economía de los países imperiales, particularmente la estadounidense, sufre el
embate de su propio sistema.
Al drama energético se suman hoy la crisis inmobiliaria, crediticia,
financiera,41 monetaria, ambiental y de la economía real, el desempleo agresivo
y el alza de los precios de las materias primas

38
Marx, Carlos. “Manuscritos económico-filosóficos de 1844”, p. 566.
39
Ibid., p. 565.
40
Gandarilla Salgado, José Guadalupe. Globalización, totalidad e historia.
Ensayos de interpretación crítica, Herramienta, Buenos Aires, 2003, pp. 131 y ss.

41
Véase Báez, René. “Estados Unidos desata ‘crack’ financiero global”, en

ALAI/Rebelión, 15 de abril de 2008.


Carlos Marx y la historia crítica. .. 61

alimentarias; con un dólar a la deriva, Estados Unidos vive su peor crisis desde
1929.
El FMI estimaba ya en marzo de 2008 que el coste de la crisis ascendía a
945,000 millones de dólares, mientras los especuladores ganan fortunas.42 En
ese mismo periodo, en Estados Unidos el 10% más rico de la población poseía
el 85% de la riqueza nacional, mientras que el 90% de la población restante,
endeudada, nunca antes había dependido tanto de los ricos.
Esta codicia infinita no sólo agrava la crisis económica sino que la desborda
en todas las direcciones con catástrofes terminales sobre los excluidos
estadounidenses y, por ende, sobre los parias del planeta,43 más allá de la
taumaturgia imperialista de Barack Obama, que a muchos encandila, aunque
sólo sigue fielmente los pasos de Teddy Roosevelt: habla suave, pero lleva un
gran garrote44 que utiliza plenamente contra los pueblos de la tierra como Afga-
nistán, Irak, Libia y Palestina rumbo a las nuevas guerras coloniales contra los
pueblos de África, Irán, América Latina y el Caribe.
La crisis del imperialismo hace más ricos a los ricos y más pobres a los
pobres, pero intensifica también las armas de la revolución socialista.

42
Porcheron, Michel. “Por primera vez en la historia de la economía todos los
indicadores están en rojo”, en Rebelión, 6 de agosto de 2008. Asimismo, sobre la
crisis véase Churo, Efraín. “Si la crisis económica se profundiza creo que la
devaluación del dólar puede aumentar”, en Rebelión, 5 de agosto de 2008.

43
Hudson, Michael. “El modelo financiero ha sido un gran éxito desde el punto
de vista de quienes se hallan en la cúspide de la pirámide”, en
<[Link] 31 de agosto de 2008.
44
Véase Saxe-Fernández, John. “Obama: carisma y sustancia”, La Jornada, 23
de abril de 2009; Almeyra, Guillermo. “Amores caribeños”, La Jornada, 26 de abril de
2009; Cooke, Shamus. “El verdadero plan de Obama en Latinoamérica”, en
<[Link] 23 de abril de 2009; Montoya, Roberto. “Obama y la caja
de los truenos. La postura del presidente de EU ante la tortura”, en
<[Link] 26 de abril de 2009.
62 Camilo Valqui Cachi

La crisis capitalista mundial ha incubado tantas explosiones


destructivas con secuelas de angustia, desencanto y escepticismo
respecto a la modernidad capitalista, que no pocos comparten hoy
la desilusión de Horkheimer, quien expresara en el siglo XX:

[...] todo aquello que servía para la educación superior y el desarrollo del hombre: el
goce de la inteligencia, la vida entre el recuerdo y la perspectiva futura, la satisfacción
de sí mismo y de los demás, [.], pierde su realidad. Ya no existe conciencia moral [.]. La
ley moral, por su desproporción con el ser de aquellos a quienes hoy en día se les
podría presentar, aparece como un simple embuste: se ha suprimido la instancia a la
que se dirige. La moral hubo de desaparecer porque no lograba satisfacer su propio
principio [.].45

Decadencia de la civilización occidental que el mismo autor destaca al decir:


“Los conceptos fundamentales de la civilización occidental se hallan próximos a
su desintegración”,46 y que expresan a la vez en la perspectiva de Carlos Marx
las crecientes tendencias hacia su desintegración sistémica real como obra de
las nuevas revoluciones.
En el presente siglo, el búho de la revolución socialista agita su vuelo en el
ocaso de las esperanzas,47 confirmando además el vaticinio de August Spies,
uno de los mártires de Chicago, al dirigirse a sus verdugos burgueses:

Si creéis que ahorcándonos podréis contener el movimiento obrero, ese movimiento


constante en que se agitan millones de hombres que viven en la miseria, los esclavos
del salario; si esperáis salvaros y lo

45
Hokheimer, Max. Teoría crítica, Seix Barral, Barcelona, p. 85.
46
Citado por Constante, Alberto. “Uniformidad y ubicuidad de la violencia”, en
Jiménez, Marco A. (ed.). Subversión de la violencia, 2007, p. 63.
47
Therborn, Goran. “Vida y tiempos del socialismo: esbozo de un retrato

histórico”, en Vegar C. Renán (ed.) Marx y el siglo X I. Una defensa de al historia y


del socialismo, Antropos, Santafé de Bogotá, pp. 117 y ss.
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creéis, ¡ahorcadnos! [...] Aquí os halláis sobre un volcán y allá y acullá y debajo y al
lado y en todas partes surge la Revolución. Es un fuego subterráneo que todo lo
mina.

Como nunca antes, las barbaries del capitalismo mundial acercan tanto la
revolución y el comunismo a la conciencia de los pueblos y trabajadores del
planeta, que comienzan a asumir y tomar en sus manos su propia historia y su
propio porvenir.

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