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Adulterio: Causal de Divorcio Matrimonial

El documento discute el adulterio como causal de disolución del vínculo matrimonial. Define el adulterio como relaciones sexuales extramatrimoniales que violan el deber de fidelidad entre cónyuges. Explica que el adulterio no solo afecta este deber, sino que también mengua la confianza entre cónyuges y causa daño a la familia. Finalmente, señala que para que el adulterio sea considerado como causal de divorcio, debe probarse fehacientemente a través de medios como partidas de nacimiento u

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Adulterio: Causal de Divorcio Matrimonial

El documento discute el adulterio como causal de disolución del vínculo matrimonial. Define el adulterio como relaciones sexuales extramatrimoniales que violan el deber de fidelidad entre cónyuges. Explica que el adulterio no solo afecta este deber, sino que también mengua la confianza entre cónyuges y causa daño a la familia. Finalmente, señala que para que el adulterio sea considerado como causal de divorcio, debe probarse fehacientemente a través de medios como partidas de nacimiento u

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¡ADIÓS CUPIDO!

: EL ADULTERIO COMO CAUSAL DE DISOLUCIÓN DEL VÍNCULO MATRIMONIAL


JANNER A. LÓPEZ AVENDAÑO

Janner López: "El adulterio se configura por el simple acto sexual fuera del matrimonio, sea
ocasional o permanente, ya que desde el momento en que cualquiera de los cónyuges tiene
relaciones sexuales íntimas con un extraño, aunque fueren ocasionales viola el deber de
fidelidad".

 
I. A modo de introducción
 
Un aspecto primordial del matrimonia es la ayuda mutua o mutuo auxilio que se deben los
cónyuges.
 
El Concilio Vaticano II concluyó que los fines del matrimonio eran, además, de la ayuda mutua
y la procreación, la presencia del amor mutuo entre los esposos. Finalidad que no siempre  fue
considerada, ya que en la antigüedad  los matrimonios  eran concertados  por los padres,
uniéndose los cónyuges sin conocerse, ni tener ningún sentimiento amoroso entre sí.
 
La presencia del amor mutuo que se deben los cónyuges, es la finalidad importante y
gravitante dentro del hogar  matrimonial. Este amor trasciende  las  personas de los  cónyuges 
y se irradia a los hijos y a la familia entera.
 
II. Decaimiento  y disolución del vínculo matrimonial
 
El decaimiento del vínculo matrimonial, denominado también “suspensión de la relación 
conyugal”, puede ser definido como “la separación de cuerpos que existe entre los cónyuges,
sea por decisión de ambos, sea por decisión de uno de ellos, por el hecho de imputarse a
ambos  o, a uno de estos, haber incurrido en una causal contenida en la ley de la materia” [1].
En doctrina  también se le denomina “separación  de cuerpos o separación personal”, lo que
implica  una subsistencia del vínculo, pero con suspensión de los deberes matrimoniales.
 
La disolución del vínculo matrimonial implica que este se extingue, “sea por divorcio  ulterior  o
por una causal  establecida  en el Código Civil,  por lo que  ambos  ex cónyuges  recuperan  la
aptitud nupcial, es decir, pueden  volver  a contraer  matrimonio  aunque respecto a las
familias  extensas de cada  quien  persista el vínculo por afinidad”[2].
 
Asimismo, no está demás señalar que el vínculo conyugal  puede concluir  por las siguientes 
razones:
 

 Por muerte de uno o ambos cónyuges


 Por divorcio  por causal o vincular
 Por divorcio ulterior por la separación  personal o de cuerpos, la cual  se subclasifica en
causal o convencional.
 
Un problema bastante común dentro de nuestra sociedad  es encontrar parejas  que
consideran que se encuentran divorciadas desde el momento en que recepcionan la
notificación de la sentencia  de divorcio, cuando en realidad los efectos del divorcio  surgen,
respecto de los terceros, una vez que dicha sentencia  es inscrita en los registros
correspondientes.
 
Finalmente, creemos necesario precisar que tanto la disolución  como el decaimiento de
vínculo conyugal  buscan conceder  una solución  a los conflictos  matrimoniales  que afectan 
los derechos  de los cónyuges  entre sí y de manera  indirecta a los  demás miembros de la
familia.
 
 
III. Divorcio sanción vs divorcio remedio
 
La doctrina que estudia el derecho de familia  clasifica las disoluciones  o los decaimientos  del 
vínculo matrimonial en dos corrientes:
 
- El divorcio o separación “sanción”. En el cual se imputa a uno o a ambos cónyuges la
responsabilidad  por la cual cabe la separación o el divorcio. Debemos precisar que esta
corriente requiere de probanza, por lo que la pretensión será presentada  ante un juez de
familia  que  evaluará  la prueba de la culpa. 
 
- El divorcio o separación “remedio”. En el cual los cónyuges no alegan hechos imputables a
uno de ellos o a ambos, no obstante alegan que “el vínculo matrimonial esta desquebrajado y
que la vida en común es intolerable, por lo que asumiendo esta vía evitan mayores  conflictos 
matrimoniales y familiares”[3].
 
Por otro parte, el sistema legislativo  peruano ha considerado la existencia de causales  de
inculpación  de un  cónyuge frente a otro, clasificándolas en:
 

a. Subjetivas o culpables, que son aquellas en las que se imputa culpa a uno o ambos
cónyuges.
b. Objetivos, que son aquellas en las que se admite un acuerdo entre los cónyuges
evitando la inculpación o el hecho de la separación fáctica o efectiva que implica un
cese de la convivencia sin indagar sobre las motivaciones de esta situación.

 
Nuestro Código Civil, bajo la influencia de la doctrina francesa, ha adoptado “un sistema mixto 
para obtener la disolución  o el decaimiento del vínculo matrimonial, por ello considera  tanto
causales subjetivas  como objetivas”[4]. Es menester resaltar que en la actualidad, con relación
a las separaciones  convencionales y al divorcio ulterior, los cónyuges pueden optar  por
interponer su demanda  en la vía judicial o en la vía notarial o municipal, conforme a sus
intereses personales, económicos y familiares.
 
IV. El adulterio  como causal de quiebra matrimonial
 
El adulterio se presenta cuando  uno de los  cónyuges  mantiene relaciones sexuales
heterosexuales  con una tercera persona  (ajena a la relación matrimonial), por tanto implica,
entre  otras, el incumplimiento  del deber de fidelidad  que puede ser permanente o temporal,
así como,  un actuar  doloso por parte del adúltero.
 
Por lo expuesto, los requisitos que la ley y la doctrina  del Derecho de familia exigen son:
 

 Un elemento material, que se constituye  cuando se mantienen  relaciones sexuales


extramatrimoniales; y
 La atribución de culpabilidad respecto a cónyuge adúltero.

 
Es menester precisar que el adulterio no solo  afecta el deber de fidelidad  que debe existir 
entre los cónyuges, sino que peor aún, merma la confianza  que el cónyuge  inocente debe
sentir por su pareja, quebrando la relación personalísima  que debe existir  entre ellos,
situación que solo podrá  superarse  si el dañado con el engaño  lo considera  pertinente  y si el
adultero se compromete a retornar  su vida  conyugal, reconstruyendo la confianza y la
relación de pareja y, por ende restituyendo la tranquilidad en su vida familiar.
 
Se cree que el adulterio es propio de la naturaleza humana; sin embargo, dicha afirmación
debe ser desvirtuada  ya que según diversos estudios sociológicos  y psicológicos, se concluye
que si bien el ser humano  no es un  ser perfecto, el adulterio es un acto consciente e
intencional, por tanto  egoísta y personal, que acredita  que el adultero es una persona  que no
piensa  en su pareja ni en su  familia  y que solo considera importante  sus intereses
personales  y, por ende, solo se preocupa por sí mismo, causando un daño irreparable en sus
“seres queridos”[5].
 
Sobre la probanza de la causal  materia  de análisis  debemos precisar que la doctrina y la
jurisprudencia, han ido estableciendo  qué medios  probatorios  serían los más  idóneos  para
tal fin. Sin antes  solo se acreditaba  fehacientemente  la causal  de adulterio  con la partida de
nacimiento de un hijo extramatrimonial  reconocido  por el propio  adúltero, hoy  en día “se
tiene la posibilidad  de ofrecer en la etapa postulatoria  otros medios probatorios  que
acrediten los hechos  alegados, sean estos típicos, atípicos o sucedáneos  de los medios antes
mencionados”[6].
 
Debemos precisar, que no procede alegar la causal de adulterio si el cónyuge perjudicado   con
dichos  actos, provoco, perdonó o consintió  la relación extramatrimonial, ello en cuanto ya no
existiría  un cónyuge inocente  y uno agresor,  debiéndose  precisar  que si el cónyuge que
ofendió incurre nuevamente  en actos adulterinos, el ofendido tendrá expedita su pretensión
respecto a los nuevos hechos.
 
En cuanto al plazo legal para ejercer la pretensión, debemos señalar que “el legislador tuvo a
bien considerar  que la alegación  de la causal  de adulterio  debía  de ejercitarse  dentro de los 
cinco años de producido el acto adulterino o dentro de los seis meses  de conocidos  dichos 
actos,  debiéndose precisar  que el cómputo  queda supeditado si se acredita que se
constituye  el denominado  adulterio  continuado”[7]. La mayoría  de estudiosos  de Derecho
de familia,  considera que el cómputo del plazo debe realizarse considerando una fecha cierta,
así pues, podría considerarse  como fecha cierta  la fecha de expedición de la copia certificada
de la partida de nacimiento del hijo extramatrimonial y, en caso no exista un hijo fuera del
matrimonio,  podría considerarse como fecha cierta la fecha que pudiese construir  una
declaración  asimilada  o un documento que acredite la situación de adulterio.
 
Finalmente debemos precisar que lo antes mencionado no constituye una verdad  absoluta,
pues si bien la fecha de expedición  de la copia certificada  de la partida de nacimiento  del hijo
adulterino constituye  una fecha cierta, también lo es que si existen  otros medios probatorios
a través de los cuales  se pudiere acreditar que el cónyuge ofendido conoció con fecha anterior
la relación extramatrimonial alegada, será el juzgador quien deberá analizar si el cónyuge
demandante se encuentra dentro del plazo de ley para interponer  su pretensión.  Es así que
conforme  a nuestra actual normativa, el  magistrado competente deberá realizar una 
valoración probatoria  en conjunto, utilizando un criterio adecuado que le conduzca  a emitir 
una decisión justa y acorde al Derecho, pues  en estos procesos  se están litigando asuntos  no
patrimoniales que afectan el ámbito personal y familiar del justiciable, por lo que la
trascendencia  de los fallos  judiciales  no solo  afectará  a los intervinientes en el proceso, sino
que también al interés social.
 
V. Requisitos de la pretensión
 
Según Peralta Andia, los requisitos para instaurar el divorcio por esta causal son: “a) Que sea
real y consumado, pues  tiene que haber necesaria cúpula sexual. b) que se consciente y
voluntario, vale decir que medie el elemento  intencional. c) que sea cierto, esto es susceptible
de comprobación. d) que constituya grave ofensa, por ende,  es indispensable  que el ofendido
no lo haya  provocado, consentido, ni perdonado, de ahí que la cohabitación  posterior al
adulterio  implica iniciar  o proseguir  la acción. e) que no se funde en hecho propio”[8].
 
 
VI. La prueba del adulterio
 
Con relación a la prueba del adulterio el profesor Peralta Andia, señala que “existen dos
criterios: a) El de la prueba indirecta, en razón de que el ayuntamiento  carnal suele realizarse 
a escondidas, sin que exista persona que quiera atestiguar  tal hecho, de donde  resulta que su
comisión  debe  establecerse  a través de indicios  o  presunciones; b) El de  la prueba directa,
ya que su probanza será posible a través de los medios probatorios establecidos  en la ley
procesal”[9].
 
Por otro lado el profesor Placido señala que “el objeto de la prueba es acreditar las relaciones
sexuales ilegitimas. Esta causal requiere  la prueba  de las relaciones sexuales 
extramatrimoniales lo cual suele ser difícil. De ahí  que la doctrina   y la jurisprudencia  acepten
la prueba  indiciaria  que resulta  de presunciones graves, precisas y concordantes; como
ocurre por ejemplo: con la partida de nacimiento del hijo extramatrimonial de un cónyuge,
concebido  y nacido durante el matrimonio de este; la prueba del concubinato propio”[10].
 
En consecuencia podemos decir que la dificultad en la prueba del adulterio  constituye uno de
los aspectos principales de esta causal, en la actualidad se admite la prueba de presunciones   
o prueba indiciaria  para acreditar el adulterio.
 
VII. La caducidad  de la pretensión
 
Con respecto al plazo de caducidad, este se produce a los seis meses de conocida la causa  por
el ofendido. El plazo  máximo de cinco años establece el límite temporal  mayor para ejercer la
pretensión, dentro del cual debe tomarse  conocimiento de la causa  por el ofendido.
 
VIII. Conclusiones
 

 El adulterio se configura por el simple acto sexual fuera del matrimonio, sea ocasional
o permanente, ya que desde el momento en que cualquiera de los cónyuges tiene
relaciones sexuales íntimas con un extraño, aunque fueren  ocasionales viola el deber
de fidelidad.

 Para que exista adulterio es necesario  que se quiebre la fidelidad sexual, no siendo
suficiente la “infidelidad moral” que consiste  en relaciones amicales o afectuosidad 
excesiva  con tercero: del sexo opuesto, o el simple enamoramiento del cónyuge con
persona extraña.

 El adulterio se produce por la cohabitación ilegitima  de un hombre  y una mujer,


siendo uno de ellos o ambos casados, esta acción caduca a los seis meses de conocida  
la causa por el ofendido y en  todo caso, a los cinco años de producida dicha causal 
conforme lo establece el artículo 339  del Código  Civil,  concordante con los artículos 
333 inciso 1) y 349 del mismo cuerpo legal.

 
Janner  A.  López  Avendaño. Abogado. Con estudios concluidos de Maestría en Derecho
Constitucional y Derechos Humanos por la Universidad Nacional de Piura. Especialista Judicial
de la Corte Superior de Justicia de Piura.
 

[1] Se hace alusión a las causales  contenidas  en el artículo 333 del Código Civil, como el
adulterio, la violencia física o psicológica, entre otras.
 
[2] Considérese  en este  rubro  a los suegros  y cuñados, por lo que subsiste  el impedimento 
de que  puedan casarse  uno de ellos  con el ex  cónyuge de su pariente directo.
 
[3] Debemos precisar que en nuestra legislación , a través de la Ley N° 27495,   se ha
incorporado  la causal de  disolución o decaimiento  por “separación  de hecho”,  está por su
naturaleza  se ha incluido dentro del sistema  de divorcio  remedio, en virtud  de sus
elementos  constitutivos, más se observa que el propio  legislador  ha considerado la
posibilidad  de que exista  un cónyuge inocente  al cual se le debe proteger, por lo que se
sobreentiende que también  habría  un cónyuge  culpable, situación que ubicaría a esta causal 
en una posición mixta entre ambas corrientes doctrinarias.
 
[4] Las causales se encuentran establecidas en el artículo 333 del Código Civil de 1984.
 
[5] Se consigna entre comillas la frase “seres queridos” en virtud de que el adúltero  al incurrir
en infidelidad  matrimonial olvida el dolor, sufrimiento, frustración  y desconfianza que
causará  a su pareja  y a su familia, con lo que  acredita que no siente amor  por ellos, sino solo
un amor egoísta  hacia sí mismo.
 
[6] Medios  sucedáneos  o sustituidos  de los  medios probatorios, como  son la conducta 
procesal, los indicios, entre otros.
 
[7] El adulterio continuado es aquel que se prolonga  en el tiempo, por lo que  el cónyuge 
adúltero mantiene  una  relación extramatrimonial  continua  y paralela  a su matrimonio,
encontrándose que existe  por un lado un vínculo  conyugal   y por otro una unión  de hecho
impropia. 
 
[8] Peralta Andia, Javier A. (2002). “Derecho de familia en el Código Civil”. Tercera Edición.
IDEMSA. Perú- Lima. p. 258.
 
[9] Ibídem.
 
[10] Placido Vilcachagua (2002). “Manual de Derecho de Familia”. Perú- lima: Gaceta Jurídica.
p. 113.

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