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es-aceptable-si-se-articula-desde-la-libertad/
Philippe Meirieu
Investigador y escritor francés, especialista en ciencias de la educación y de la
pedagogía. Ha sido el inspirador de distintas reformas pedagógicas, y ha dirigido
numerosas investigaciones sobre la diferenciación pedagógica y filosofía de la
educación. Una de sus mayores aportaciones al mundo de la pedagogía actual está
basada en la teoría y la práctica de la “pedagogía diferenciada”.
Durante el año escolar 1993-1994, estuvo impartiendo clases a alumnos con
dificultades y les propuso distintas metodologías de aprendizaje para
motivarlos y desafiarlos. La mayoría de ellos respondieron muy bien y
progresaron en su aprendizaje, pero hubo un grupo de cinco o seis estudiantes
que se mostró absolutamente ajeno a su propuesta.
Decidió enviarles unas cartas personales en las que les transmitía su forma de
pensar y algunos consejos. Aparentemente, estos escritos no generaron
ninguna reacción en sus estudiantes, pero años más tarde, en una estación de
ferrocarril, un empleado ferroviario se le acercó y le preguntó si lo reconocía.
Ante su sorpresa, sacó la carta que su profesor le había escrito, y que le
acompañaba siempre.
¿En qué consiste su pedagogía?
Soy profesor y con mi trabajo he comprendido que la
transmisión de conocimiento es un aspecto antropológico.
El niño no quiere aprender espontáneamente lo que
queremos enseñarle, y cuando esta transmisión de
conocimiento se institucionaliza en una escuela, nos damos
cuenta de que algunos niños están mejor preparados que
otros debido al entorno familiar y cultural del que proceden.
Esta es la razón por la cual la educación solo es aceptable si se
articula bajo el principio de libertad: cada persona puede decidir
aprender y el aprendizaje es real únicamente si se aprende
solo. Por lo tanto, mi pedagogía promueve el principio de la
educación. Es decir, cualquier niño debe aprender y crecer
con libertad. Pero estas dos premisas son problemáticas, ya
que son contradictorias entre sí.
Debemos crear situaciones que sean suficientemente estimulantes y
en las que los estudiantes puedan participar, decidan aprender,
superen sus prejuicios y tengan una visión basada en el
pensamiento crítico que, por otra parte, pueda ser
contrastado en beneficio de un bien común.
¿Cómo se puede transformar el deseo de saber en deseo de aprender?
Los niños quieren saber cuáles son sus orígenes, cómo
satisfacer sus caprichos o cómo desarrollar sus juegos. Pero
eso no significa que quieran aprender, al contrario,
¡preferirían saber sin aprender! Porque aprender lleva
tiempo y requiere esfuerzo. Es por eso que el papel de la
educación es intentar transformar «el niño que cree saber» en un «niño
que busca saber”.
En una persona que tiene dudas, que hace preguntas, que
busca información, que verifica sus hipótesis y acepta la
contradicción para poder entrar en debates. Para esto, es
necesario promover en el aula la investigación, tanto individual
como colectiva. Pero una investigación real, no unos ejercicios
académicos disfrazados de investigación, donde solo existe una
única solución.
La técnica de investigación desarrollada por el filósofo y
pedagogo estadounidense John Dewey, sigue siendo, a mi
parecer, una de las claves de una pedagogía
auténticamente emancipadora, un sistema que pone al
sujeto en el camino correcto del aprendizaje.
¿La democratización del éxito escolar debe ser la prioridad de los
sistemas educativos?
Hay mucho trabajo por hacer para democratizar no solo el
acceso escolar, sino también el éxito. Es un trabajo que
requiere la implementación de lo que denomino como
«pedagogía diferenciada», que debe ser capaz de
identificar las necesidades de todos y cada uno de los niños
de la mejor manera posible.
Debe conjugar el «derecho a ser diferente» y «el derecho a ser
similar». Todos los estudiantes tienen el derecho a ser
tratados por su singularidad, pero también deben sentirse
llamados a compartir el conocimiento. En resumen, la
escuela debe construirse para el aprendizaje y no para que
cierto aprendizaje resulte imposible debido a su propia
organización.
¿Cree que la imposición de determinadas normas a los niños ha tenido
algo que ver en su pérdida de interés?
Hay varios tipos de reglas. Algunas caen bajo la
estandarización y se imponen en nombre de la
identificación de todos ellos bajo un mismo modelo. Pero
hay otras reglas que son normativas, y son necesarias para
llevar a cabo una actividad que hemos emprendido juntos.
Estas son reglas que protegen lo común de intereses o
caprichos particulares, que garantizan la seguridad
psicológica y física de las personas. Pueden explicarse e
incluso, a veces, ajustarse para que sean más efectivas.
La educación debe hacer que los niños descubran y formalicen estas
reglas, que incluso puedan ser discutidas con ellos de forma
regular. Por lo tanto, la cuestión en educación no es estar a
favor o en contra de las restricciones, sino preguntarse,
cuando imaginas unas normas, si permitirán que el niño
crezca y se sienta más libre.
¿Cómo debe ser la relación entre el profesor y el alumno?
El maestro es alguien que ejerce la misión de transmitir
conocimiento y los valores que marca una determinada
sociedad. Debe hacerlo a partir de su presencia, su
comportamiento y siendo coherente con su ejemplo.
Cada estudiante debe estar motivado para aprender y
nunca sentirse despreciado o excluido. Existe una ética
fundacional de nuestra profesión que debe regir todas las
relaciones entre maestros y estudiantes, forjada en base a
una alianza enfocada a fomentar la superación de los estudiantes,
un aspecto que va mucho más allá de poner notas.
Los profesores deben involucrarse y transmitir las cosas
positivas y los aspectos que deben mejorar sus alumnos. Esto es lo
que podemos considerar como una “buena pedagogía», que
debe acompañar al estudiante para que sea capaz de
extraer lo mejor de sí mismo.
Una de sus propuestas en el área pedagógica es trabajar sobre
situaciones-problema. ¿Hay una relación directa entre esta forma de
trabajo y una mayor motivación o la obtención de mejores resultados?
Una situación problemática es aquella en la que existe
precisamente una restricción fructífera. Proponemos unos
proyectos que movilizan al alumno, pero que no pueden
resolverse sin superar un problema técnico, científico o
lingüístico que lo bloquea.
El estudiante tiene que averiguar cómo llegar a la solución,
buscar un método y consultar los recursos que se han
puesto a su disposición. En definitiva, debe encontrar lo
que le hará progresar, mientras que el deber de los
profesores es acompañarlo en este proceso.
¿Las nuevas tecnologías facilitan que los niños se desarrollen y crezcan
de manera correcta?
Muchos profesores inventan usos cooperativos originales con las
herramientas digitales, ya que prefieren tomar su control y
utilizarlas de una manera que se adapte a los objetivos de
la escuela y las necesidades educativas de sus estudiantes,
para resolver problemas específicos y apoyarlos en su
progreso.
Pero, frente a ello, hay intereses económicos y financieros
extremadamente poderosos al servicio de procesos que son
más una cuestión de «capacitación» que de pedagogía. Lo
digital se está desarrollando bajo intereses comerciales, y a
las comunidades y a las personas se les
ofrecen softwares individualizados, que se supone que
deben permitir a cualquier niño aprender a su propio ritmo
y bajo su «perfil de aprendizaje”, si bien estos desarrollos,
a menudo, no cumplen con los objetivos educativos.
¿Cree que las enseñanzas artísticas en la escuela ayudan a centrar la
atención de los alumnos?
El arte y la cultura son, totes dues, una inspiración
absolutamente esencial en la educación escolar. Creo
firmemente en la educación a través del arte en un mundo altamente
consumista y con continuos impactos que invaden la mente
de los niños.
El arte es una experiencia fundamental que permite
plantearse preguntas antropológicas que hemos olvidado
demasiado rápido, pero que habitan en el interior de los
niños.
¿Cuáles deben ser los objetivos de la educación y qué tipo de trabajo
pedagógico debe llevarse a cabo?
Hace unos años, fiel a las convicciones de los pedagogos
que en 1921 fundaron la Liga Internacional para la Nueva
Educación, suscribí el discurso de Freinet y Montessori,
como Neill, Ferrière, Decroly y tantos otros: «Es a través
de la educación que cambiaremos el mundo, construiremos
la democracia, accederemos a la justicia y avanzaremos
hacia la paz”.
Tenemos que apostar por que la educación pueda hacer algo para
ayudarnos y avanzar hacia una mayor democracia. La democracia
auténtica requiere de dos formas de aprendizaje en las que
la escuela puede desempeñar un papel esencial: «pensar
por sí mismo» y «construir a partir de lo común».
El problema de nuestra educación es que, por un lado, debe
enseñar a todos y cada uno a superar sus impulsos
primarios y, por otro, debe permitirnos superar la
yuxtaposición de los puntos de vista individuales.
¿Qué consejo les daría a las personas que quieran dedicarse al mundo
de la docencia?
Nunca debemos olvidar que convertirse en maestro es
invertir en el futuro y que no deberíamos desesperarnos
por lo que está por venir. Nuestro trabajo consiste en
convencer a todos de que es posible construir un futuro
distinto, un horizonte donde se combine la inteligencia y la
libertad, la autorrealización y la solidaridad colectiva.