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Poema "Piedra de Sol" de Octavio Paz

Este poema describe la transformación del yo poético al encontrarse con una presencia femenina misteriosa. La presencia se describe usando múltiples imágenes de la naturaleza como un árbol, una corriente de agua, el sol y la luna. El yo poético la recorre y es absorbido por ella, olvidando su propia identidad. Al final, un instante de encuentro con la presencia se cierra sobre sí mismo y madura dentro del yo poético, ocupándolo y vaciándolo de todo lo demás.
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Poema "Piedra de Sol" de Octavio Paz

Este poema describe la transformación del yo poético al encontrarse con una presencia femenina misteriosa. La presencia se describe usando múltiples imágenes de la naturaleza como un árbol, una corriente de agua, el sol y la luna. El yo poético la recorre y es absorbido por ella, olvidando su propia identidad. Al final, un instante de encuentro con la presencia se cierra sobre sí mismo y madura dentro del yo poético, ocupándolo y vaciándolo de todo lo demás.
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Piedra de sol

[Poema. Texto completo.]

Octavio Paz

La treizième revient… c'est encor la première;


et c'est toujours la seule —ou c'est le seul moment;
car es-tu reine, ô toi, la première ou dernière?
es-tu roi, toi le seul ou le dernier amant?.
-Gérard de Nerval (Arthémis)

Vuelve el decimotercero… sigue siendo el primero;


y siempre es el único, o es el único momento;
¿Eres reina, oh tú, la primera o la última?
¿Eres rey, eres el único o el último amante?.
Traducción.

Un sauce de cristal, un chopo de agua, una presencia como un canto súbito,


un alto surtidor que el viento arquea, como el viento cantando en el incendio,
un árbol bien plantado mas danzante, una mirada que sostiene en vilo
un caminar de río que se curva, al mundo con sus mares y sus montes,
avanza, retrocede, da un rodeo cuerpo de luz filtrado por un ágata,
y llega siempre: piernas de luz, vientre de luz, bahías,
un caminar tranquilo roca solar, cuerpo color de nube,
de estrella o primavera sin premura, color de día rápido que salta,
agua que con los párpados cerrados la hora centellea y tiene cuerpo,
mana toda la noche profecías, el mundo ya es visible por tu cuerpo,
unánime presencia en oleaje, es transparente por tu transparencia,
ola tras ola hasta cubrirlo todo,
verde soberanía sin ocaso voy entre galerías de sonidos,
como el deslumbramiento de las alas fluyo entre las presencias resonantes,
cuando se abren en mitad del cielo, voy por las transparencias como un ciego,
un reflejo me borra, nazco en otro,
un caminar entre las espesuras oh bosque de pilares encantados,
de los días futuros y el aciago bajo los arcos de la luz penetro
fulgor de la desdicha como un ave los corredores de un otoño diáfano,
petrificando el bosque con su canto
y las felicidades inminentes voy por tu cuerpo como por el mundo,
entre las ramas que se desvanecen, tu vientre es una plaza soleada,
horas de luz que pican ya los pájaros, tus pechos dos iglesias donde oficia
presagios que se escapan de la mano, la sangre sus misterios paralelos,
mis miradas te cubren como yedra, rostro desvanecido al recordarlo,
eres una ciudad que el mar asedia, mano que se deshace si la toco,
una muralla que la luz divide cabelleras de arañas en tumulto
en dos mitades de color durazno, sobre sonrisas de hace muchos años,
un paraje de sal, rocas y pájaros
bajo la ley del mediodía absorto, a la salida de mi frente busco,
busco sin encontrar, busco un instante,
vestida del color de mis deseos un rostro de relámpago y tormenta
como mi pensamiento vas desnuda, corriendo entre los árboles nocturnos,
voy por tus ojos como por el agua, rostro de lluvia en un jardín a obscuras,
los tigres beben sueño de esos ojos, agua tenaz que fluye a mi costado,
el colibrí se quema en esas llamas,
voy por tu frente como por la luna, busco sin encontrar, escribo a solas,
como la nube por tu pensamiento, no hay nadie, cae el día, cae el año,
voy por tu vientre como por tus sueños, caigo en el instante, caigo al fondo,
tu falda de maíz ondula y canta, invisible camino sobre espejos
tu falda de cristal, tu falda de agua, que repiten mi imagen destrozada,
tus labios, tus cabellos, tus miradas, piso días, instantes caminados,
toda la noche llueves, todo el día piso los pensamientos de mi sombra,
abres mi pecho con tus dedos de agua, piso mi sombra en busca de un instante,
cierras mis ojos con tu boca de agua,
sobre mis huesos llueves, en mi pecho busco una fecha viva como un pájaro,
hunde raíces de agua un árbol líquido, busco el sol de las cinco de la tarde
templado por los muros de tezontle:
voy por tu talle como por un río, la hora maduraba sus racimos
voy por tu cuerpo como por un bosque, y al abrirse salían las muchachas
como por un sendero en la montaña de su entraña rosada y se esparcían
que en un abismo brusco se termina por los patios de piedra del colegio,
voy por tus pensamientos afilados alta como el otoño caminaba
y a la salida de tu blanca frente envuelta por la luz bajo la arcada
mi sombra despeñada se destroza, y el espacio al ceñirla la vestía
recojo mis fragmentos uno a uno de un piel más dorada y transparente,
y prosigo sin cuerpo, busco a tientas,
tigre color de luz, pardo venado
corredores sin fin de la memoria, por los alrededores de la noche,
puertas abiertas a un salón vacío entrevista muchacha reclinada
donde se pudren todos lo veranos, en los balcones verdes de la lluvia,
las joyas de la sed arden al fondo, adolescente rostro innumerable,
he olvidado tu nombre, Melusina, los sucesivos rostros de la llama,
Laura, Isabel, Perséfona, María, todos los nombres son un solo nombre
tienes todos los rostros y ninguno, todos los rostros son un solo rostro,
eres todas las horas y ninguna, todos los siglos son un solo instante
te pareces al árbol y a la nube, y por todos los siglos de los siglos
eres todos los pájaros y un astro, cierra el paso al futuro un par de ojos,
te pareces al filo de la espada
y a la copa de sangre del verdugo, no hay nada frente a mí, sólo un instante
yedra que avanza, envuelve y desarraiga rescatado esta noche, contra un sueño
al alma y la divide de sí misma, de ayuntadas imágenes soñado,
duramente esculpido contra el sueño,
escritura de fuego sobre el jade, arrancado a la nada de esta noche,
grieta en la roca, reina de serpientes, a pulso levantado letra a letra,
columna de vapor, fuente en la peña, mientras afuera el tiempo se desboca
circo lunar, peñasco de las águilas, y golpea las puertas de mi alma
grano de anís, espina diminuta el mundo con su horario carnicero,
y mortal que da penas inmortales,
pastora de los valles submarinos sólo un instante mientras las ciudades,
y guardiana del valle de los muertos, los nombres, lo sabores, lo vivido,
liana que cuelga del cantil del vértigo, se desmoronan en mi frente ciega,
enredadera, planta venenosa, mientras la pesadumbre de la noche
flor de resurrección, uva de vida, mi pensamiento humilla y mi esqueleto,
señora de la flauta y del relámpago, y mi sangre camina más despacio
terraza del jazmín, sal en la herida, y mis dientes se aflojan y mis ojos
ramo de rosas para el fusilado, se nublan y los días y los años
nieve en agosto, luna del patíbulo, sus horrores vacíos acumulan,
escritura del mar sobre el basalto,
escritura del viento en el desierto, mientras el tiempo cierra su abanico
testamento del sol, granada, espiga, y no hay nada detrás de sus imágenes
el instante se abisma y sobrenada
rostro de llamas, rostro devorado, rodeado de muerte, amenazado
adolescente rostro perseguido por la noche y su lúgubre bostezo,
años fantasmas, días circulares amenazado por la algarabía
que dan al mismo patio, al mismo muro, de la muerte vivaz y enmascarada
arde el instante y son un solo rostro el instante se abisma y se penetra,
los sucesivos rostros de la llama, como un puño se cierra, como un fruto
todos los nombres son un solo nombre que madura hacia dentro de sí mismo
todos los rostros son un solo rostro, y a sí mismo se bebe y se derrama
el instante translúcido se cierra mi pecho y me despueblan y vacían,
y madura hacia dentro, echa raíces, uno a uno me arrancas los recuerdos,
crece dentro de mí, me ocupa todo, he olvidado mi nombre, mis amigos
me expulsa su follaje delirante, gruñen entre los cerdos o se pudren
mis pensamientos sólo son su pájaros, comidos por el sol en un barranco,
su mercurio circula por mis venas,
árbol mental, frutos sabor de tiempo, no hay nada en mí sino una larga herida,
una oquedad que ya nadie recorre,
oh vida por vivir y ya vivida, presente sin ventanas, pensamiento
tiempo que vuelve en una marejada que vuelve, se repite, se refleja
y se retira sin volver el rostro, y se pierde en su misma transparencia,
lo que pasó no fue pero está siendo conciencia traspasada por un ojo
y silenciosamente desemboca que se mira mirarse hasta anegarse
en otro instante que se desvanece: de claridad:
yo vi tu atroz escama,
frente a la tarde de salitre y piedra Melusina, brillar verdosa al alba,
armada de navajas invisibles dormías enroscada entre las sábanas
una roja escritura indescifrable y al despertar gritaste como un pájaro
escribes en mi piel y esas heridas y caíste sin fin, quebrada y blanca,
como un traje de llamas me recubren, nada quedó de ti sino tu grito,
ardo sin consumirme, busco el agua y al cabo de los siglos me descubro
y en tus ojos no hay agua, son de piedra, con tos y mala vista, barajando
y tus pechos, tu vientre, tus caderas viejas fotos:
son de piedra, tu boca sabe a polvo, no hay nadie, no eres nadie,
tu boca sabe a tiempo emponzoñado, un montón de ceniza y una escoba,
tu cuerpo sabe a pozo sin salida, un cuchillo mellado y un plumero,
pasadizo de espejos que repiten un pellejo colgado de unos huesos,
los ojos del sediento, pasadizo un racimo ya seco, un hoyo negro
que vuelve siempre al punto de partida, y en el fondo del hoyo los dos ojos
y tú me llevas ciego de la mano de una niña ahogada hace mil años,
por esas galerías obstinadas
hacia el centro del círculo y te yergues miradas enterradas en un pozo,
como un fulgor que se congela en hacha, miradas que nos ven desde el principio,
como luz que desuella, fascinante mirada niña de la madre vieja
como el cadalso para el condenado, que ve en el hijo grande un padre joven,
flexible como el látigo y esbelta mirada madre de la niña sola
como un arma gemela de la luna, que ve en el padre grande un hijo niño,
tus palabras afiladas cavan miradas que nos miran desde el fondo
de la vida y son trampas de la muerte cuartos, lugares, calles, nombres, cuartos,
¿o es al revés: caer en esos ojos
es volver a la vida verdadera?, Madrid, 1937,
en la Plaza del Ángel las mujeres
¡caer, volver, soñarme y que me sueñen cosían y cantaban con sus hijos,
otros ojos futuros, otra vida, después sonó la alarma y hubo gritos,
otras nubes, morirme de otra muerte! casas arrodilladas en el polvo,
esta noche me basta, y este instante torres hendidas, frentes esculpidas
que no acaba de abrirse y revelarme y el huracán de los motores, fijo:
dónde estuve, quién fui, cómo te llamas, los dos se desnudaron y se amaron
cómo me llamo yo: por defender nuestra porción eterna,
¿hacía planes nuestra ración de tiempo y paraíso,
para el verano? y todos los veranos? tocar nuestra raíz y recobrarnos,
en Christopher Street, hace diez años, recobrar nuestra herencia arrebatada
con Filis que tenía dos hoyuelos por ladrones de vida hace mil siglos,
donde bebían luz los gorriones?, los dos se desnudaron y besaron
¿por la Reforma Carmen me decía porque las desnudeces enlazadas
“no pesa el aire, aquí siempre es octubre”, saltan el tiempo y son invulnerables,
o se lo dijo a otro que he perdido nada las toca, vuelven al principio,
o yo lo invento y nadie me lo ha dicho?, no hay tú ni yo, mañana, ayer ni nombres,
¿caminé por la noche de Oaxaca, verdad de dos en sólo un cuerpo y alma,
inmensa y verdinegra como un árbol, oh ser total…
hablando solo como el viento loco cuartos a la deriva
y al llegar a mi cuarto? ¿siempre un cuarto? entre ciudades que se van a pique,
no me reconocieron los espejos?, cuartos y calles, nombres como heridas,
¿desde el hotel Vernet vimos al alba el cuarto con ventanas a otros cuartos
bailar con los castaños? “ya es muy tarde” con el mismo papel descolorido
decías al peinarte y yo veía donde un hombre en camisa lee el periódico
manchas en la pared, sin decir nada?, o plancha una mujer; el cuarto claro
¿subimos juntos a la torre, vimos que visitan las ramas de un durazno;
caer la tarde desde el arrecife? el otro cuarto: afuera siempre llueve
¿comimos uvas en Bidart?, ¿compramos y hay un patio y tres niños oxidados;
gardenias en Perote?, cuartos que son navíos que se mecen
nombres, sitios, en un golfo de luz; o submarinos:
calles y calles, rostros, plazas, calles, el silencio se esparce en olas verdes,
estaciones, un parque, cuartos solos, todo lo que tocamos fosforece;
manchas en la pared, alguien se peina, mausoleos de lujo, ya roídos
alguien canta a mi lado, alguien se viste, los retratos, raídos los tapetes;
trampas, celdas, cavernas encantadas, se derrumban
pajareras y cuartos numerados, por un instante inmenso y vislumbramos
todos se transfiguran, todos vuelan, nuestra unidad perdida, el desamparo
cada moldura es nube, cada puerta que es ser hombres, la gloria que es ser
da al mar, al campo, al aire, cada mesa hombres
es un festín; cerrados como conchas y compartir el pan, el sol, la muerte,
el tiempo inútilmente los asedia, el olvidado asombro de estar vivos;
no hay tiempo ya, ni muro: ¡espacio, espacio,
abre la mano, coge esta riqueza, amar es combatir, si dos se besan
corta los frutos, come de la vida, el mundo cambia, encarnan los deseos,
tiéndete al pie del árbol, bebe el agua!, el pensamiento encarna, brotan alas
en las espaldas del esclavo, el mundo
todo se transfigura y es sagrado, es real y tangible, el vino es vino,
es el centro del mundo cada cuarto, el pan vuelve a saber, el agua es agua,
es la primera noche, el primer día, amar es combatir, es abrir puertas,
el mundo nace cuando dos se besan, dejar de ser fantasma con un número
gota de luz de entrañas transparentes a perpetua cadena condenado
el cuarto como un fruto se entreabre por un amo sin rostro;
o estalla como un astro taciturno el mundo cambia
y las leyes comidas de ratones, si dos se miran y se reconocen,
las rejas de los bancos y las cárceles, amar es desnudarse de los nombres:
las rejas de papel, las alambradas, “déjame ser tu puta”, son palabras
los timbres y las púas y los pinchos, de Eloísa, mas él cedió a las leyes,
el sermón monocorde de las armas, la tomó por esposa y como premio
el escorpión meloso y con bonete, lo castraron después;
el tigre con chistera, presidente mejor el crimen,
del Club Vegetariano y la Cruz Roja, los amantes suicidas, el incesto
el burro pedagogo, el cocodrilo de los hermanos como dos espejos
metido a redentor, padre de pueblos, enamorados de su semejanza,
el Jefe, el tiburón, el arquitecto mejor comer el pan envenenado,
del porvenir, el cerdo uniformado, el adulterio en lechos de ceniza,
el hijo predilecto de la Iglesia los amores feroces, el delirio,
que se lava la negra dentadura su yedra ponzoñosa, el sodomita
con el agua bendita y toma clases que lleva por clavel en la solapa
de inglés y democracia, las paredes un gargajo, mejor ser lapidado
invisibles, las máscaras podridas en las plazas que dar vuelta a la noria
que dividen al hombre de los hombres, que exprime la substancia de la vida,
l hombre de sí mismo, cambia la eternidad en horas huecas,
los minutos en cárceles, el tiempo abierto para el águila del ojo,
en monedas de cobre y mierda abstracta; pasa la blanca tribu de las nubes,
rompe amarras el cuerpo, zarpa el alma,
mejor la castidad, flor invisible perdemos nuestros nombres y flotamos
que se mece en los tallos del silencio, a la deriva entre el azul y el verde,
el difícil diamante de los santos tiempo total donde no pasa nada
que filtra los deseos, sacia al tiempo, sino su propio transcurrir dichoso,
nupcias de la quietud y el movimiento,
canta la soledad en su corola, no pasa nada, callas, parpadeas
pétalo de cristal en cada hora, (silencio: cruzó un ángel este instante
el mundo se despoja de sus máscaras grande como la vida de cien soles),
y en su centro, vibrante transparencia, ¿no pasa nada, sólo un parpadeo?
lo que llamamos Dios, el ser sin nombre, -y el festín, el destierro, el primer crimen,
se contempla en la nada, el ser sin rostro la quijada del asno, el ruido opaco
emerge de sí mismo, sol de soles, y la mirada incrédula del muerto
plenitud de presencias y de nombres; al caer en el llano ceniciento,
Agamenón y su mugido inmenso
sigo mi desvarío, cuartos, calles, y el repetido grito de Casandra
camino a tientas por los corredores más fuerte que los gritos de las olas,
del tiempo y subo y bajo sus peldaños Sócrates en cadenas” (el sol nace,
y sus paredes palpo y no me muevo, morir es despertar: “Critón, un gallo
vuelvo donde empecé, busco tu rostro, a Esculapio, ya sano de la vida”),
camino por las calles de mí mismo el chacal que diserta entre las ruinas
bajo un sol sin edad, y tú a mi lado de Nínive, la sombra que vio Bruto
caminas como un árbol, como un río antes de la batalla, Moctezuma
caminas y me hablas como un río, en el lecho de espinas de su insomnio,
creces como una espiga entre mis manos, el viaje en la carretera hacia la muerte
lates como una ardilla entre mis manos, -el viaje interminable mas contado
vuelas como mil pájaros, tu risa por Robespierre minuto tras minuto,
me ha cubierto de espumas, tu cabeza
es un astro pequeño entre mis manos, la mandíbula rota entre las manos-,
el mundo reverdece si sonríes Churruca en su barrica como un trono
comiendo una naranja, escarlata, los pasos ya contados
el mundo cambia de Lincoln al salir hacia el teatro,
si dos, vertiginosos y enlazados, el estertor de Trotsky y sus quejidos
caen sobre las yerba: el cielo baja, de jabalí, Madero y su mirada
los árboles ascienden, el espacio que nadie contestó: ¿por qué me matan?,
sólo es luz y silencio, sólo espacio los carajos, los ayes, los silencios
del criminal, el santo, el pobre diablo, un rey fantasma rige sus latidos
cementerio de frases y de anécdotas y tu gesto final, tu dura máscara
que los perros retóricos escarban, labra sobre tu rostro cambiante:
el delirio, el relincho, el ruido obscuro el monumento somos de una vida
que hacemos al morir y ese jadeo ajena y no vivida, apenas nuestra,
que la vida que nace y el sonido
de huesos machacados en la riña -¿la vida, cuándo fue de veras nuestra?,
y la boca de espuma del profeta ¿cuando somos de veras lo que somos?,
y su grito y el grito del verdugo bien mirado no somos, nunca somos
y el grito de la víctima… a solas sino vértigo y vacío,
son llamas muecas en el espejo, horror y vómito,
los ojos y son llamas lo que miran, nunca la vida es nuestra, es de los otros,
llama la oreja y el sonido llama, la vida no es de nadie, ¿todos somos
brasa los labios y tizón la lengua, la vida? pan de sol para los otros,
el tacto y lo que toca, el pensamiento ¿los otros todos que nosotros somos?,
y lo pensado, llama el que lo piensa, soy otro cuando soy, los actos míos
todo se quema, el universo es llama, son más míos si son también de todos,
arde la misma nada que no es nada para que pueda ser he de ser otro,
sino un pensar en llamas, al fin humo: salir de mí, buscarme entre los otros,
no hay verdugo ni víctima… los otros que no son si yo no existo,
¿y el grito los otros que me dan plena existencia,
en la tarde del viernes?, y el silencio no soy, no hay yo, siempre somos nosotros,
que se cubre de signos, el silencio la vida es otra, siempre allá, más lejos,
que dice sin decir, ¿no dice nada?, fuera de ti, de mí, siempre horizonte,
¿no son nada los gritos de los hombres?, vida que nos desvive y enajena,
¿no pasa nada cuando pasa el tiempo? que nos inventa un rostro y lo desgasta,
hambre de ser, oh muerte, pan de todos,
-no pasa nada, sólo un parpadeo
del sol, un movimiento apenas, nada, Eloísa, Perséfona, María,
no hay redención, no vuelve atrás el tiempo, muestra tu rostro al fin para que vea
los muerto están fijos en su muerte mi cara verdadera, la del otro,
y no pueden morirse de otra muerte, mi cara de nosotros siempre todos,
intocables, clavados en su gesto, cara de árbol y de panadero,
desde su soledad, desde su muerte de chofer y de nube y de marino,
sin remedio nos miran sin mirarnos, cara de sol y arroyo y Pedro y Pablo,
su muerte ya es la estatua de su vida, cara de solitario colectivo,
un siempre estar ya nada para siempre, despiértame, ya nazco:
cada minuto es nada para siempre, vida y muerte
pactan en ti, señora de la noche, en el rostro sin nombre, el ser sin rostro,
torre de claridad, reina del alba, indecible presencia de presencias . . .
virgen lunar, madre del agua madre,
cuerpo del mundo, casa de la muerte, quiero seguir, ir más allá, y no puedo:
caigo sin fin desde mi nacimiento, se despeñó el instante en otro y otro,
caigo en mí mismo sin tocar mi fondo, dormí sueños de piedra que no sueña
recógeme en tus ojos, junta el polvo y al cabo de los años como piedras
disperso y reconcilia mis cenizas, oí cantar mi sangre encarcelada,
ata mis huesos divididos, sopla con un rumor de luz el mar cantaba,
sobre mi ser, entiérrame en tu tierra, una a una cedían las murallas,
tu silencio dé paz al pensamiento todas las puertas se desmoronaban
contra sí mismo airado; y el sol entraba a saco por mi frente,
abre la mano, despegaba mis párpados cerrados,
señora de semillas que son días, desprendía mi ser de su envoltura,
el día es inmortal, asciende, crece, me arrancaba de mí, me separaba
acaba de nacer y nunca acaba, de mi bruto dormir siglos de piedra
cada día es nacer, un nacimiento y su magia de espejos revivía
es cada amanecer y yo amanezco, un sauce de cristal, un chopo de agua,
amanecemos todos, amanece un alto surtidor que el viento arquea,
el sol cara de sol, Juan amanece un árbol bien plantado mas danzante,
con su cara de Juan cara de todos, un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
puerta del ser, despiértame, amanece, y llega siempre:
déjame ver el rostro de este día, -Libertad bajo palabra, 1957
déjame ver el rostro de esta noche,
todo se comunica y transfigura,
arco de sangre, puente de latidos,
llévame al otro lado de esta noche,
adonde yo soy tú somos nosotros,
al reino de pronombres enlazados,

puerta del ser: abre tu ser, despierta,


aprende a ser también, labra tu cara,
trabaja tus facciones, ten un rostro
para mirar mi rostro y que te mire,
para mirar la vida hasta la muerte,
rostro de mar, de pan, de roca y fuente,
manantial que disuelve nuestros rostros

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