100% encontró este documento útil (2 votos)
9K vistas348 páginas

Tus Ojos No Mienten (Spanish Ed - Sophie Saint Ros

Novela romántica

Cargado por

romina rachid
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (2 votos)
9K vistas348 páginas

Tus Ojos No Mienten (Spanish Ed - Sophie Saint Ros

Novela romántica

Cargado por

romina rachid
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

 

Tus ojos no mienten

Sophie Saint Rose


 
Índice

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Epílogo

 
 

Capítulo 1
 

Vanna bajó de la pasarela y se apoyó en la pared para quitarse los


zapatos dos números más pequeños que su talla. Ni sabía cómo se los había

metido. Descalza se acercó al perchero y los tiró a un lado mientras su


asistente le bajaba la cremallera para dejar caer el vestido. Con los pechos

desnudos se enderezó elevando los brazos para que le pusieran el vestido de


fin de desfile. El vestido de novia más hermoso que había visto nunca.

Estaba hecho de encaje en corte sirena y era una maravilla. Si algún día se
llegaba a casar le gustaría que su vestido fuera exactamente igual.

Poniéndose los zapatos agarró el bajo para ver donde metía el pie. Gimió

por dentro porque estaba claro que iba a sufrir porque terminaban en punta

y sus dedos iban apelotonados. La diseñadora se acercó y sonrió mientras se


los abrochaban. —Gracias por no quejarte, cielo.

—Bah, los dedos de mis pies son de goma.


—A pesar de hasta donde has llegado, has acudido en mi ayuda para

salvarme del plantón de Cindy. Esto no lo olvidaré.

Sonrió a Nancy. —Yo te debo mucho más.

—Eres un amor —dijo mirándola con ojo crítico—. Perfecta.

Atusarle el cabello. Vamos a potenciar esos maravillosos rizos rojos. Y


acentuar sus ojos verdes con eye liner y rímel. Vamos, vamos. Tenemos tres

minutos.

Se alejó y sonrió divertida a la maquilladora que ya estaba lista con

el pincel en la mano. —Por Dios, no te muevas.

—Tranquila. —Cerró los párpados y ella con profesionalidad

acentuó la línea del ojo.

—Vanna, en posición —dijo el regidor.

Corrió hasta la salida de la pasarela mientras la peluquera la seguía

atusándole los rizos. Se puso tras una de las modelos y cerró los ojos para

que la laca no le entrara en ellos.

Lista. Sonrió mirando al frente y vio entrar a una compañera. Subió

los escalones y estiró la pierna hacia atrás para que la cola se colocara en su

sitio. La asistente casi no tuvo ni que tocarla. Sintió como le sacaban varias

fotos mientras tomaba aire y poniendo las manos en la cintura se inclinó a


un lado elevando la vista hacia el techo. Una postura muy de los cuarenta.

Su compañera entró y las luces se oscurecieron.

—Fuera, fuera —dijo el regidor antes de que se abriera el telón

mostrándola resplandeciente. Cuando empezaron a aplaudir miró al frente

enderezándose y dejando caer una mano caminó por la pasarela con una

sonrisa en el rostro. Llegó al final y se giró de costado sonriendo a los

fotógrafos antes de recorrer la pasarela de nuevo. En ese momento salió

Nancy aplaudiéndola. Mientras el resto de las modelos salían y recorrían la

pasarela ellas se abrazaron y de la mano recorrieron la pasarela juntas. Iban


a volverse cuando vio a una crítica de moda y por la mirada de desprecio

que le echó supo que iba a ponerla verde. Disimulando sonrió saludando a

la gente hasta que llegaron al final. Nancy se inclinó dándole las gracias al

público antes de salir con ella. —Joder… —dijo Nancy—. ¿Has visto la

mirada que nos ha echado esa bruja?

—Tranquila, Vicky va a por mí no por ti —dijo acercándose a la

silla donde tenía sus cosas—. Seguramente me volverá a llamar vieja

decrepita.

—¡Pero si tienes veintisiete! ¡Alguna de las grandes desfilaron hasta

los cuarenta! Es injusto, la ha tomado contigo. —Se acercó y susurró —

¿Qué has hecho?

—No quise salir desnuda en su revista.


La miró como si estuviera loca.

—Mi abuela se pone de muy mala leche si me ve con los pechos al

aire —dijo divertida—. Imagínate lo demás.

—¿Has hundido tu carrera? Ahora entiendo que estuvieras libre.

Apretó los labios. —No fue a propósito, te lo aseguro.

—Si quieres hablo con ella.

—Nunca lo reconocerá, dará mil excusas. Ya la conoces, es una

víbora.

—¡Nancy, querida!

Se volvieron para ver que entraba en el backstage como si fuera la

dueña con sus dos empleados detrás. —Qué maravilla de desfile.

—Gracias por asistir. —Se dieron dos besos.

—Vanna, cielo, casi revientas ese maravilloso vestido. Debes


ponerte a dieta.

Esa frase tensó a Nancy que dijo —Tiene mejor figura que Cindy y
le queda mucho mejor. Agradezco que me haya plantado porque mi niña

tenía un hueco y me ha ayudado. Ha estado espléndida.

—Si tú lo dices… —Miró a su alrededor para fijarse en Jud, una de

las modelos más jóvenes. —¿Y aquella?

—Un diamante en bruto, en cámara da fenomenal.


—Veamos cómo es la sangre nueva, ya estoy aburrida de las de

siempre —dijo con segundas.

Nancy la acompañó por compromiso y ella disimuló volviéndose a

la chica que le habían asignado. —¿Me desabrochas?

—Lo siento, hay que hacer algunas fotos. —Acercaron un vestido


rojo de lentejuelas y gimió al ver los zapatos. —Y después la fiesta.

—Dime que esos no son de Cindy.

—Lo siento, van forrados con la misma tela.

—Mierda —dijo por lo bajo.

Después de tres horas ya no sentía los pies y cuando se sacó fotos

para las redes, la prensa y habló con varios de la televisión, se dijo que ya

estaba bien. Dispuesta a irse se acercó a Nancy y esta que estaba hablando

con un hombre mayor que le daba la espalda le sonrió a modo de

bienvenida. —Querida, ¿ya te vas?

—Tengo que coger un avión en tres horas.

—No sabes cómo te agradezco… Oh, ¿conoces a Howard

Letterman?
Miró al hombre al que conocía de oídas por ser un importante

productor de Hollywood. —Nunca nos han presentado.

Él cogió su mano mirando sus ojos. —Maravillosa, simplemente

maravillosa. Cuando la vi aparecer con esa postura tan de los cincuenta me

dije la quiero para mí.

—¡Howard! —protestó Nancy.

—No me malinterpretes querida, hablo de arte. —La miró a los


ojos. —Hablo de cine. Yo puedo convertirte en una estrella.

—No bromee —dijo sin perder la sonrisa sin creerse una palabra.

—No bromeo. —Se le cortó el aliento porque la miró fijamente a los

ojos como si le interesara de veras. —Sé que llegarás lejos. Tengo olfato
para esto.

—Querida, una estrella de Hollywood.

—No sé interpretar —dijo algo incómoda.

—¿Crees que todos sabían cuando empezaron? —preguntó divertido

—. Si hubieras visto a unos cuantos que se consideran actores cuando

dijeron sus primeras palabras ante una cámara, no te lo pensarías tanto. Y

no me mientas, en esa pasarela has interpretado ser una dama de los


cincuenta. Ese rostro ha enamorado a la industria de la moda durante diez

años, pero yo puedo hacer de ti un mito. Como Rita Hayword y Catherine


Hepburn. —Se llevó la mano al pecho de la impresión. Aquello era un

sueño. —Piénsatelo. —Metió la mano en el bolsillo de la chaqueta y le

tendió una tarjeta. —Aquí tienes un futuro, no dejes pasar la oportunidad.

Es el mejor consejo que te daré jamás.

—Gracias —dijo aún impresionada antes de que le guiñara un ojo

como todo un galán y se alejara a hablar con unos conocidos.

—Dios mío, tenías que haber dicho que sí ya —dijo Nancy—. ¡Si

alguien puede convertirte en una estrella ese es Howard!

—No sé… ¿Actriz?

—Dominas los medios y como él dice interpretas sobre la pasarela.

Decir unas cuantas frases ante una cámara no te va a suponer ningún


esfuerzo. ¿Cuántas veces has mentido a la prensa y sin despeinarte? ¿Y los

anuncios publicitarios que has hecho? Eso es interpretar también.

—Pues tienes razón.

—Tienes que pensar en tu futuro. Y te están ofreciendo un futuro de

oro. Además, Howard es de fiar no como otros que hay en la industria. Si


trabajas él te recompensará con más papeles.

—Tendría que hablar con mi agente.

—Tendrás que cambiar de agente, chica. Una actriz se mueve en


otros ambientes. —Se echó a reír. —Me alegro mucho por ti, te iré a visitar
a Hollywood.

—No corras tanto, veamos lo que ocurre.

—¿Lo que ocurre? Que vas a entrar en el Nirvana, cielo.

¿El Nirvana? Se preguntó entrando en aquella nave vacía en los


estudios Letterman de Los Ángeles. Pues no tenía pinta de Nirvana en

absoluto. Sus zapatillas de deporte no hicieron ruido. —¿Hola? —Caminó


sobre el suelo de cemento hacia unas sillas que había en el centro. —

¿Hola…?

—Llegas temprano —dijo una voz tras ella.

Se volvió de golpe y sonrió a una chica morena con el cabello


cortado por los hombros que se acercaba con una caja de cartón llena de

botellas de agua. Posó la caja en una mesa plegable. —No empieza hasta
dentro de una hora.

—Oh, es que estaba algo nerviosa y… —Miró a su alrededor y se


encogió de hombros antes de mirarla alargando la mano. —Vanna O ‘Dell.

—Te conozco de las revistas. Lily. —Se la estrechó con una sonrisa.

—Bienvenida.
—Gracias. —Abrió su bolso sacando el guión. —¿Es aquí donde
ensayaremos?

—Sí. Una semana de ensayo de guión antes de meterse en faena.

—¿Llevas mucho en este trabajo?

—Cuatro años. —Hizo una mueca colocando las botellas sobre una
mesa. —Quería ser actriz y acabé así.

—Lo siento.

—Años de estudios de interpretación para nada. Bueno, al menos

trabajo en la industria, muchos de mis amigos son camareros.

Y ella prácticamente llegaba allí por enchufe. —Es injusto.

—No doy bien en cámara. Ya me lo podían haber dicho antes, leche.

—Sabes interpretar, lo demás no debería importar.

—Pero importa, como no puedes ser modelo si eres fea. Hay cosas
que hay que asumir. —Miró el guión y vio como le temblaba la mano. —

Madre mía, te va a dar algo.

—Necesito un Valium.

Lily soltó una risita. —No será para tanto. ¡Si has desfilado en
París! —Se acercó y la cogió por los brazos. —Respira.

—Ay, madre… que vomito.


—Respira Vanna —dijo muy seria—. Mírame a los ojos y respira

conmigo.

Lo hizo con ella y lo volvieron a hacer. Lily sonrió. —Muy bien.

¿Qué personaje eres?

—Elizabeth.

—Hostia —dijo asombrada dando un paso atrás—. ¿Eres la prota?


Lo habían mantenido en secreto, pero esto es un bombazo.

Gimió. —¿Demasiado para mi primer papel?

—Vale, relajación. —Paseó de un lado al otro. —Al menos te sabes


el papel.

—Claro.

Le arrebató el guión. —Veamos. —Lo abrió a la mitad. —No sólo lo

compré por la similitud con tu nombre, sino por lo que significa. Significa
pureza, alegría, inocencia y la fuerza de la vida. Esa era la imagen que tenía
de ti con doce años.

Se tocó el cuello y susurró —Yo no te he regalado nada.

Lily la miró sorprendida antes de mirar el guión. —¿Y qué?

—Me has regalado cosas desde hace años y nunca te he dado las

gracias. —Le miró a los ojos. —Siento no haberlo sabido antes.


La chica sonrió. —Yo no esperaba nada, Elizabeth. Sabía que

pensabas que te los regalaba tu padre.

—Ahora le beso suavemente y digo, gracias, son preciosos. Dejo los


regalos sobre la mesilla de noche y me acuesto a su lado acariciándole el

pecho.

—¿Sabes que siempre haces eso?

—¿El qué? —preguntó sonriendo.

—Me acaricias el pecho cuando duermes, ¿lo sabías?

—¿De verdad? Quito la mano sorprendida.

—Y yo te la cojo para ponerla de nuevo sobre mi pecho. No me


molesta, pero me preguntaba si eras consciente de ello.

Ella sonrió. —Pues no me había dado cuenta, lógicamente, pues

estaba dormida. Pero gracias por decírmelo.

—De nada.

—Tú roncas.

Lily se echó a reír. —Preciosa, cómo te gusta decir la última

palabra.

La miró insegura. —¿Qué tal?

—Estás mucho más preparada que muchos de los que vendrán,

tranquila. —Suspiró del alivio. —Algunos ni se habrán leído el guión.


—¿Qué? Pero si han aceptado la película.

—Contratos con la productora. Escuchan superproducción y se les

nubla el juicio. Pero este será un bombazo. ¿Sabes que la autora tiene toda
una saga de distintos personajes? Si triunfáis pueden salir muchas pelis de

esto. Yo me he leído todos sus libros.

—Y yo —dijo nerviosa—. No me esperaba esto y…

—Temiste rechazarlo por si no llegaban más papeles.

—Sí —dijo aliviada.

Lily dejó el guión sobre la mesa al lado de la caja y le tendió una

botella de agua. —Gracias, tengo la boca seca. —La chica la miró de una
manera que la puso aún más nerviosa. —¿Qué?

—¿Sabes quiénes son tus compañeros?

—Pues no, Howard todavía no lo había decidido cuando habló


conmigo. —Dio un paso hacia ella. —¿Tú lo sabes?

Hizo una mueca. —¿Yo? No…

—No mientas. Venga, ¿quiénes son? ¿Son buenos? Por Dios, no me


digas que alguno ha ganado un Óscar.

—Pues entre todos… —Vanna la miró expectante. —Tres o


cuatro… —dijo como si nada.

—Dios mío, voy a hacer un ridículo espantoso.


—Qué va. Ellos también fueron novatos, ya verás como te ayudan.

—¿Eso crees?

—Sí, claro —dijo con la boca pequeña—. ¿Cuánto mides?

—¿Qué?

—Es curiosidad.

—Uno setenta y tres.

—No eres tan alta como aparentas en la pasarela.

—Son los zancos que nos ponen.

—Ah… —Empezó a colocar las botellas de agua como si aquello


fuera lo más interesante del mundo.

—¡Venga, dímelo de una vez!

Suspiró antes de mirarla con sus penetrantes ojos negros. —Tu

coprotagonista es algo exigente, ¿sabes? Se toma muy en serio su trabajo.

—Dios mío, me has dicho lo de la altura porque es bajito, ¿no?


¿Quién es?

Susurró —No, no es bajito. Creía que quizás le molestaría tu altura,


pero no, es perfecta. Sobre eso no se quejará.

—Sobre eso. Así que se quejará de todo lo demás. Por Dios, ¿quién
es?
—ta uman—farfulló mirándola de reojo.

Frunció el ceño antes de chillar llevándose la mano al pecho. —¿Tad


Newman? ¡Dime que no es Tad Newman!

Esta forzó una sonrisa.

—Yo me largo.

Lily la cogió por el brazo. —No te vas a ningún sitio. Yo mataría


por una oportunidad así. Debes luchar por mí, por todas las que no
podremos llegar jamás.

—¿Qué historia me estás contando? —preguntó incrédula.

—Chica, quería motivarte.

Eso la hizo reír y Lily sonrió. —Al menos te has relajado.

—Dios, Tad Newman.

—Es de carne y hueso, ¿sabes?

—Cuando leí por primera vez el libro pensé en él como Alexander.


Me lo imaginé a él.

—Es el destino. Imagina como estará con esos trajes de levita de la


época victoriana. ¿Y tú? Maravillosa, estilo Lo que el viento se llevó. Yo

haría genial el papel de Johanna.

La miró atentamente. —Sí que lo harías, sí. —La cogió por la


barbilla elevando su rostro y lo volvió para mirar su perfil. —¿Quién te ha
dicho que no das en cámara?

—Dos en pruebas distintas.

—Qué tontería. Entiendo de esto y eso es mentira. Te dijeron eso


para quitarte de delante.

La miró ilusionada. —¿Eso crees?

—Es más podría ser una modelo fotográfica estupenda. Tienes un


perfil perfecto y una piel blanca inmaculada. Créeme, los que te dijeron eso

fue por fastidiar.

Frunció el entrecejo. —Uno me había preguntado antes si me

quitaba la camiseta.

Jadeó indignada. —¡Qué cara! ¡Como dice mi abuela que primero se


despeloten ellos!

Soltó una risita. —Tú los has enseñado, los he visto.

—Sí, y mi abuela no me habló en un mes. —Bebió de su botella de


agua. —¿Quién interpreta a Johanna?

—Hope Jones.

Levantó una de sus cejas pelirrojas. —Vaya, es muy guapa, pero…

—No tiene carácter. Y Johanna tiene por veinte.

Soltó una risita. —Me encanta el tándem que hacen Elizabeth y


Johanna.
—Recuerda que lo que hay que explotar es la química que hay entre

Alexander y tú.

—No me pongas nerviosa. —Se llevó la mano al pecho. —Dios,

voy a besarle.

—Te vas a hartar, guapa —dijo divertida.

—¿Crees que alguien se cansaría de besarle? Eso es imposible.

Lily suspiró. —Yo me moriría por besar a Carl Preston.

—¿También está en la película?

—Es nuestro escocés.

Silbó. —Menudo elenco. —Hizo una mueca. —¿La abuela?

—Agárrate, la ganadora de tres Óscar de la academia… —Movió


las manos haciendo un redoble de tambores. —¡Erica Rivers!

Se llevó la mano al pecho. —¡Me estás metiendo una trola! ¡Si está
jubilada!

—Dicen por ahí que le hace un favor al jefazo. Es un papel pequeño


y lo rodarán antes que nada. Pero ella ni vendrá hoy, solo irá al rodaje. Un
par de ensayos y lista. Hará de loca, eso huele a otro Óscar.

—Dios, como la fastidie voy a hacer un ridículo espantoso.

—Si no te echan la primera semana de rodaje ya no te echarán. Así


que respira y a darlo todo. ¿Montas a caballo?
Gimió. —No muy bien.

—Bah, para eso están los dobles.

—Me gustaría hacerlo yo.

—No creo que quedaras muy bien dando botes por Hyde Park.
Asume lo que no sabes hacer y sé sincera porque el tiempo es oro en este

negocio.

—Entendido.

Vanna se llevó la botella a los labios y ella se la quitó. —No bebas

más agua, los baños están a tomar por saco.

—Uff…

Escucharon un portazo y se volvieron para ver al mismísimo Tad


Newman caminando hacia ellas. Miraba el guión que llevaba en una mano
mientras que en la otra llevaba una bolsa de cuero. Dios, estaba realmente
guapo con ese pantalón negro y su jersey de cuello vuelto del mismo color.

Y era más alto de lo que se imaginaba. Debía medir uno noventa. Los
músculos que se marcaban en su jersey mostraban que su preparador le
metía caña y eso lo agradecía medio Estados Unidos pues hacía suspirar a
las féminas cada vez que se quitaba la camiseta. Mucho últimamente por un
anuncio de refrescos. Era para poner la televisión a todas horas.
Él dio la vuelta al guión y frunció el ceño exactamente como haría

Alexander Torrington. Le dio un vuelco al corazón separando los labios sin


darse cuenta. Distraído levantó la vista y volvió a mirar el guión cuando se
detuvo en seco mirándola sorprendido. —No jodas.

No se podía creer que las primeras palabras que le dijera fueran


esas. Lily le dio un codazo. —Espabila.

—¡No puede ser! —gritó él mirándola como si no se lo creyera—.

¿Tú no trabajarás en la película?

No, no le había gustado nada, eso era evidente. Forzó una sonrisa.

—Soy Elizabeth.

Dejó caer la maleta como si no saliera de su asombro antes de tirar


el guión a un lado. —¡Hostia, no!

Miró de reojo a Lily que hizo una mueca como si no tuviera


importancia. —Estrellas, tienen rabietas —dijo por lo bajo—. No entres al
trapo.

—¡Cierra la boca, Lily! —Tad dio un paso hacia ella y la señaló. —


Renuncia al papel.

—No —dijo suavemente roja de la vergüenza.

—¡En mi contrato no pone nada de esto! ¡No tienes ni idea de


interpretación! ¡Eres modelo!
Sonrió. —¿Me conoces?

—¿Me tomas el pelo? ¡Si salías medio desnuda en un cartón de


cereales!

Se enderezó. —Llevaba un top de deporte y unos pantaloncitos


cortos.

—¡Me importa una mierda! No sabes actuar, ¿qué coño haces aquí?

—Me han dado una oportunidad.

—¿De protagonista? —Dio otro paso hacia ella. —¡Vas a arruinar la


película! Mira, me juego mucho con esto, renuncia.

—No.

Él apretó los labios. —Hablaré con producción.

—Ya he firmado el contrato. Me he comprometido con esto y pienso


hacerlo. Si me quieren echar, es cosa de ellos, pero yo no pienso dar un
paso atrás.

—Contigo no la hago, eso lo tengo claro. —Se volvió y cogió la


bolsa saliendo furioso de la nave.

El portazo las sobresaltó y se miraron. —Menudo carácter —dijo

alucinada.

—Oh, pues eso no es nada. Una vez tuve una actriz que se tiraba de

los pelos y lloraba a mares cuando una escena no le salía como el director
quería.

—No fastidies. ¿Quién es? —Se acercó y Lily se lo susurró al oído


—¿No me digas?

—Egos de artistas. Son enormes.

Miró hacia la puerta. —¿Crees que conseguirá algo?

—Va a conseguir una mierda, eso es lo que va a conseguir. Ya ha


firmado, está pillado. —Soltó una risita. —Y lo sabe de sobra. Este
numerito era para intimidarte.

—Pues si él no puede dejar la película, no sé cómo cree que puedo


hacerlo yo.

—Porque puedes.

La miró sorprendida. —Las estrellas tienen cláusulas para que no


dejen tirado un rodaje a la mitad para irse a otra producción donde tengan

un papel mejor o les paguen más. Tú eres novata, si te largas con no


llamarte más…

Dejó caer la mandíbula. —Va a hacer lo que sea para que me largue,
¿no?

—Tú lo has dicho, chica.

 
 

Capítulo 2
 

Los actores fueron llegando poco a poco y ninguno disimulaba la


sorpresa de verla allí, aunque no se pusieron como locos. Simplemente

sonrisas incrédulas y rumores por lo bajo mientras Lily les atendía para que
estuvieran cómodos. Carl se acercó a ella con el guión en la mano. —Va a

ser toda una sorpresa para la prensa.

—Sí, me lo imagino. Aunque ya lo han hecho otras antes, no es para

tanto.

—Claro que no. Yo trabajé con Halle Berry. —Entrecerró los ojos.
—Hace unos cuatro años y es una actriz maravillosa.

Ella forzó una sonrisa. —Sí, es increíble.

Le guiñó un ojo. —Seguro que tú lo haces genial.

Que hubiera dicho eso, en lugar de seguro que lo haces igual de

bien, significaba que no tenía la mínima duda de que sería un desastre.


—Esto no puede ser —susurró Hope Jones que interpretaría a su

mejor amiga—. Va a arruinar la película.

Hizo una mueca porque no le extrañaba que pensaran eso. Si hasta

la actriz que interpretaría a Elizabeth de niña tenía mucha más experiencia

que ella. La observó sentadita en su silla con su madre detrás hablándole al

oído. Gimió, a ella también le gustaría tener a su abuela. ¿Quedaría muy

mal si le decía que fuera? Deja de decir tonterías, Vanna. Eres Elizabeth,
tienen que asumirlo y cuanto antes mejor.

Miró a Hope que la estaba poniendo verde y sonrió ampliamente. —

Johanna, me alegro de que hayas venido —dijo sorprendiéndoles a todos—.


Siento no haber podido atenderte en tus anteriores visitas.

Esta frunció el ceño y todos empezaron a mirar el guión pasando las

hojas. Cuando tuvo la escena delante leyó —No te preocupes, lo entiendo

perfectamente. Así que una escapada romántica, ¿eh?

—¡Johanna! —exclamó la actriz que hacía de su madre.

—Tranquila, mamá —dijo mirando a Vanna—. Elizabeth sabe que

no diré nada.

—Fue una decisión impulsiva, ciertamente —dijo ella—. Pero soy

muy feliz con la decisión.


—Me alegro mucho —dijo Hope—. Has escogido todo un partido.

Incluso mamá estaba empeñada en que me interesara en él.

—Cualquier madre hubiera hecho lo mismo —dijo Marion que

hacía de su institutriz y dama de compañía. La mujer sonrió como dándole

el visto bueno y Vanna suspiró del alivio.

La madre de Johanna sonrió y dijo —Por supuesto que sí, un duque

y tan apuesto. Y esa fortuna que tiene. Toda madre de Inglaterra se pondrá a

llorar al enterarse.

—¿Qué fortuna? —preguntó aparentando estar asombrada.

—¿No lo sabe? —dijo la madre de Johanna—. El duque ha hecho

una fortuna con los ferrocarriles.

—Mamá se ha encargado de investigar a todos los solteros de

Londres —dijo Hope riendo—. Si quieres saber algo, pregúntamelo a mí.

—¿De verdad? No tenía ni idea —dijo mirando a Marion que se

encogió de hombros como si de eso no supiera nada.

Lily pasó a su lado y disimuladamente levantó el pulgar mientras

seguían diciendo sus frases.

Apenas había pasado media hora cuando la puerta se abrió dando

paso a un hombre que no conocía. Miró a Lily interrogante y esta susurró

—Rick Lambert, productor ejecutivo. Es la mano derecha de Howard.


Ese no era el productor ejecutivo que ella había conocido el día de la

firma del contrato y se preguntó qué estaba pasando.

—¿Qué haces aquí, Rick? —preguntó Hope encantada de verle—.

¿Ahora eres nuestro?

—Totalmente, así que portaos bien, niños.

Varios rieron por lo bajo mientras él cogía una silla, le daba la vuelta

y se sentaba en el círculo. Ella que aún estaba de pie no supo qué hacer.

—¿Y dónde está Tad? —preguntó Carl divertido—. Con lo serio

que es en su trabajo me extraña no verle aquí.

Lo dijo en un tonillo que demostraba que entre ellos había celos

profesionales o puede que algo más. —Tad ya ha estado aquí. —Levantó la

vista hacia ella mirándola intensamente lo que provocó que se sonrojara. —

Y se ha largado. Al parecer no está muy contento con nuestra nueva


adquisición.

—Pues no lo hace tan mal —dijo Marion recibiendo un codazo de la


actriz que hacía de la madre de Johanna—. ¿Qué? Es la verdad.

—Me alegra oírlo. Chicos… Puede que nos quedemos sin

protagonista masculino. —Dejaron caer la mandíbula del asombro. —Se

niega a volver si no nos deshacemos de ella.


Iba a decir algo, pero él levantó la mano acallándola. —No te

pedimos que renuncies y yo menos que nadie después de ver tus pruebas de

cámara. Eres Elizabeth eso es inamovible y más aún porque lo dice el jefe,

que es el que paga.

Suspiró del alivio mientras Carl decía —Yo puedo…

—No das el perfil y lo sabes. Eres perfecto para James, pero no para

Alexander. ¿Qué tal va ese acento escocés?

—Tirando.

Sonrió. —Sé que lo harás bien. Respecto a Tad tendréis que ensayar

sin él. Veremos lo que ocurre. Lo solucionaremos antes del rodaje que como
sabéis empieza en diez días. Nos vamos a Londres la semana que viene.

¿Alguna pregunta?

—¿Quién es el director? —preguntó Hope—. ¿O es otro secretillo

como el de nuestra protagonista?

Sonrió de medio lado. —Tom Golderblack.

Se quedaron de piedra, pero ella dio un paso hacia él ilusionada. —

¿De veras? Me encanta lo que hace.

—No te encantará tanto cuando le conozcas —dijo Hope maliciosa

—. Tiene una mala leche que no puede con ella.


—Tom es un perfeccionista —dijo Rick levantándose—. Continuad

con vuestro trabajo. Lily ven conmigo.

Mientras se alejaban se acercó al grupo. —¿Perfeccionista?

Carl rio por lo bajo. —La última vez que trabajé con él hacía veinte

tomas de cada escena. Y porque le dieron un toque desde arriba que sino

todavía estaríamos rodando. —Varios rieron. —Pero lo que me jode es que

no hace más que gritarnos. Menos mal que está en otro trabajo y tenemos

unos días antes de verle la cara.

—Sí, a mí también me pone de los nervios su manera de tratar a los

actores, pero es un genio y es lo que tienen los genios —dijo Marion.

La niña miró a su madre algo asustada, pero esta hizo un gesto sin

darle importancia. Bueno, si ella podía no iba a ser menos. Lo superaría.

Ahora que había empezado no iba a echarse atrás ni para coger impulso.

El penúltimo día de ensayo en Los Ángeles se pasaron allí catorce

horas. —No, creo que deberías darle más fuerza a esa frase —dijo Carl que

les había escuchado a todos atentamente. Varios asintieron.

—Tampoco quiero exagerar —dijo insegura—. ¿Me verán

sobreactuada?
—Solo ocurre eso cuando la voz no corresponde con la expresión de

la cara —dijo Marion—. Si sufres y tu rostro lo expresa, da igual lo alto que

grites que no se verá sobreactuado.

Asintió entendiendo lo que quería decir —Muy bien, lo haré más…

La puerta se abrió y le dio un vuelco al corazón al ver a Tad entrar

con Rick. Y parecían a punto de quemar la nave por la cara que traían.

Hala, ya estaba en la calle porque si estaba allí su Alexander es que ella no

iba a ser su Elizabeth. Varios se levantaron para volverse y Rick dijo —


Podéis iros, ya está bien por hoy.

La mayoría suspiró del alivio. —Menos mal —dijo Marion.

Ella recogió su bolso, pero cuando se puso la correa al hombro Rick


dijo —Vanna tú quédate, tenemos que hablar.

Uff, la frase fatídica. Cada vez que le habían dicho esa frase era para
algo malo. Dejó el bolso sobre su silla y se volvió. Sus ojos coincidieron

con los de Tad. Esos ojos grises le alteraron el corazón y nerviosa se cruzó
de brazos. Disimulando miró a Rick, que esperó hasta que todos salieron de

la nave.

Escuchó que Lily se movía por la mesa del catering, lo que le


indicaba que no quería perderse esa conversación. —¿Y bien? —preguntó

perdiendo la paciencia—. ¿Cuál es el veredicto?


—Te dije que tu papel estaba asegurado y lo está —dijo Rick muy
serio—. El problema lo tiene Tad.

—Sí que lo tiene —dijo mirando al aludido que se enderezó


entrecerrando los ojos—. Ni siquiera me ha dado una oportunidad. Eso es

muy profesional.

—Mira guapa, precisamente porque soy profesional, conozco mi


trabajo y tú no estás preparada para el papel que tienes por delante.

—Pues nuestros compañeros no creen que lo haga tan mal.

Se echó a reír. —¿La oyes? Dile lo que opinan sus queridos


compañeros.

—Tad, no creo que ese sea el camino para solucionar esto.

Vanna palideció. —¿Creen que lo hago mal?

—Alguno de tus compañeros se ha quejado, sí. Dice que les

retrasas, pero eso ya lo teníamos previsto.

—Dios mío… —Tuvo que sentarse.

—¡Cuando Tom te ponga la mano encima será un desastre! —

exclamó Tad—. Entorpecerás el avance de la película.

—Se sabe el papel —dijo Lily—. Y lo hace bien. No sé quién se ha


quejado, pero creo que está exagerando. Si revisarais las imágenes…

—¿Las imágenes? —preguntó sorprendida.


—Hay cámaras que graban los ensayos —dijo Tad divertido por su
ignorancia.

—Ya he revisado las imágenes y por eso sé que si alguien se

esfuerza esa eres tú —dijo Rick—. Estás hambrienta por aprender y te


entregas más que nadie.

—¡Eso no será suficiente!

—¡Tad, ya hemos hablado de esto!

La miró como si la odiara. —Sí, ya lo hemos hablado. Una película


de diez saldrá de seis si hay suerte. Howard va a tirar su dinero.

—Ese es problema suyo. Tú cobrarás lo que acabamos de pactar —


dijo dejándola de piedra. Había renegociado su contrato. Vaya, al parecer

por dinero le importaba poco quedar mal—. Tad cambia de actitud, no te lo


digo más —dijo Rick furioso antes de salir de allí y por su cara no estaba

nada contento.

Se miraron el uno al otro con ganas de soltar cuatro gritos. —Coge


el guión —dijo él fríamente—. Vamos a hacer nuestra parte.

Asombrada vio que se sentaba en la silla. —¡Llevo aquí catorce

horas! ¡Haber llegado antes! —Cogió su bolso y furiosa fue hasta la puerta.

—Es evidente que no te esfuerzas tanto como dicen.


Jadeó asombrada. —¿Que yo no me esfuerzo? El que no te

esfuerzas eres tú que ni has aparecido por aquí. Pero no has desaprovechado
el tiempo, ¿no es cierto? Seguro que lo que te paguen de más por tu pataleta

infantil te vendrá estupendamente para superar las escenas que tengas


conmigo. ¡Una película de diez será un seis! ¡Eres un egocéntrico

sabelotodo! ¡Si tanto te importaba la película deberías haber luchado por


ella en lugar de poner trabas! Pero es evidente que te importa más el dinero
que arrimar el hombro —dijo con desprecio—. Ahora me voy a descansar.

¡Estaré aquí a las siete de la mañana como todos estos días! —Le señaló
con el dedo. —¡Y te advierto una cosa, no soy tu empleada! ¡Yo haré mi

trabajo mejor o peor, pero no tengo por qué darte explicaciones a ti! ¡Así
que baja de tu nube de una puñetera vez y ponte a trabajar!

Tad siseó —Eso pretendo, coge el guión.

—¡Qué te den!

Lily mirándola con los ojos como platos la siguió hasta la puerta. —
Menudos huevos tienes —susurró.

—Madre mía, me tiemblan las piernas —dijo abriendo la puerta.

Lily rio por lo bajo. —La cara ha puesto…

—Por Dios, dime que he hecho bien.


—Lo has hecho genial —dijo emocionada—. Ya era hora que

alguien le bajara los humos. Se cree que porque es el número uno, el


superventas, puede hacer o decir lo que le venga en gana. Oye, has entrado

en guerra, pero eso os dará material para la película. —Se echó a reír. —
Saltaban chispas entre vosotros. Eso sí que era una pareja explosiva.

Se detuvo asombrada. —¿Eso crees?

—Si sabéis llevar eso a la pantalla seréis un bombazo, te lo digo yo.

—La cogió del brazo. —¿Repasamos esta noche?

—Estoy agotada. Ayer no me dejaste dormir con tanto repetir.

—Pues haremos fiesta de pijamas. —Soltó una risita. —Tu abuela

ya nos tendrá la cena preparada. —Gimió de gusto. —¿Habrá hecho pasta?

Rio por lo bajo. —¿No es increíble que teniendo tres restaurantes

buenísimos en el hotel mi abuela me haga la cena?

—Así es más familiar.

Asintió sonriendo y cuando llegaron a su coche el chófer les abrió la


puerta. —Al hotel, Steven.

—¿Un día duro?

—Los he tenido peores. —Se subió al coche y Lily entró tras ella
guiñándole un ojo a su conductor. En cuanto cerró Vanna suspiró apoyando

la cabeza en el respaldo del asiento. —Necesito un baño.


—Uy… Probaremos ese jacuzzi tan enorme que tienes. Con sales…
—Ambas gimieron. —¿Crees que entrará tu abuela?

Se echaron a reír a carcajadas y Steven sonrió desde el asiento


delantero. —¿Y un masaje?

—¿Te estás ofreciendo, Steven? —preguntó Lily maliciosa

dejándola asombrada.

—Tengo unas manos mágicas.

—Pues úsalas para el volante, que es lo único que tocarás esta

noche.

—¡Lily!

—Ah, ¿que quieres que te lo dé?

—No, pero… —Su amiga levantó las cejas. —Vamos que no,
Steven. Tú a conducir.

—Es una pena —dijo apesadumbrado.

—¿Te has ligado a muchas actrices?

—¡Lily!

—A unas cuantas, pero a ninguna tan preciosa como vosotras.

—Está hablando de ti —dijo Lily.

—Tú eres muy guapa. ¿A que sí, Steven?


—Tiene una belleza rebelde que pone mucho a los hombres. ¿A que
ligas mucho?

—Pues sí, desde chiquitita. Mi primer novio lo tuve a los cinco años

en la guardería.

—¿De veras? —preguntó asombrada.

—Me dio mi primer beso. —Soltó una risita. —En la punta de la

nariz. Y nos sacaron una foto.

—Qué bonito.

—¿A que sí?

—¿Y novio de verdad? —preguntó Steven.

—A los doce.

—Madre mía, qué precoz —dijo Vanna divertida.

—¿Y tú?

—A los quince.

—¿Tan tarde?

—Mi abuela era un poco estricta. Además, ya había empezado a


trabajar y no es que tuviera mucho tiempo libre. Stuart me pidió ir al baile
de fin de curso y a eso mi abuela no pudo negarse.

—¿Y lo demás…? —Levantó ambas cejas.


—Primero tú.

—Dieciséis.

—¡Hala!

—Es que me gustaba mucho. Después dejó de gustarme por el


chasco, que fue mayúsculo. Lo que provocó que hasta los diecisiete nada de
nada. Te toca.

—Dieciocho.

—¿Y quién fue?

—Lo conocí en París después de un desfile, era modelo. Era unos


años mayor que yo. Y era tan guapo y besaba tan bien que me lancé. Y no

me llevé chasco.

—Tenía que haber esperado y hacerlo con alguien más mayor, más

experimentado.

—Me pidió salir, ¿sabes? Y me lo pidió durante un tiempo, pero


estaba centrada en mi carrera... —Miró por la ventanilla. —A veces me
pregunto cuántas cosas me he perdido por mi carrera, seguramente muchas.

—Bah, has vivido millones de cosas maravillosas que la gente


normal jamás vería.

—Sí, he sido afortunada. Y todo por mi físico.


—No, mona. No solo por tu físico, que has llegado hasta aquí y algo
en el coco tendrás para haber llegado tan lejos.

La miró asombrada. —¿Sabes que serías una coach buenísima para

subir la autoestima?

Sonrió radiante. —Gracias. Aunque sería una Johanna todavía


mejor.

—Esa… —Lily le dio un codazo indicando con la cabeza al chófer.


Sí, era mejor no hablar de ella ante nadie. —No la soporto. Siempre me está
criticando.

—Seguro que fue ella la que habló con Rick.

—Es que se la ve venir. ¿Crees que lo hace bien?

—Qué va. Me he mordido la lengua en varias de las escenas. No le


da energía y me saca de quicio.

—Sí, yo también he pensado lo mismo, pero con mi experiencia no


es que pueda opinar mucho, claro.

—¿Y de los demás qué opinas?

Estuvieron hablando un rato y cuando el coche se detuvo ante el


hotel se despidieron de Steven. —¿Seguro que no queréis el masaje?

Riendo cerraron la puerta y caminaron hasta el hotel donde el

portero las saludó por su nombre.


—Buenas noches, John —dijeron a la vez. Caminaron hacia el

ascensor riendo y varios hombres las admiraron, pero ellas ni se dieron


cuenta.

Howard hablando con Carl en el hall vio la reacción de los hombres


y frunció el ceño. —¿Ocurre algo?

El productor negó con la cabeza antes de alejarse dejándole con la


palabra en la boca. Howard se puso el teléfono al oído. —Rick, te quiero en
el hotel ya. Nos hemos equivocado.

 
 

Capítulo 3
 

Las tres tumbadas en la cama con los tobillos cruzados mientras


comían helado, se echaron a reír por los golpes que se pegaban los

concursantes en un programa de televisión. Vanna se metió la cuchara


sopera en la boca y frunció el ceño. —¿Han llamado a la puerta?

—Es el gong de la tele. —Lily se levantó de un salto mostrando el


pijama de seda que le había dejado Vanna. —Voy al baño.

—Niña tráeme un vaso de agua —dijo dejando la copa de helado

vacía sobre la mesilla—. Y uno de esos pastelitos que ha traído el director


del hotel en uno de sus fracasados intentos de ligarse a la niña.

Lily se echó a reír mientras ella se ponía como un tomate. —No


quiere ligarme.

—Claro que sí. —Se miró la manicura semipermanente que se había

hecho ese día. —Demasiado oscuras.


—Están perfectas, abuela. Creo que te has pasado con el rojo del

tinte. Ese número es más intenso, pero te han dejado los rizos muy bien. Y

la altura por encima de los hombros es perfecta. He pensado que igual me lo

corto… —La abuela la fulminó con la mirada. —Vale, lo dejamos.

—¡Cortar ese cabello es un delito!

Lily salió del baño con el vaso de agua y se detuvo en seco mirando

hacia él salón. —Sí que llaman.

—Lo sabía. —Se levantó de un salto y corrió hacia el hall sin darse

cuenta de que iba en camisón. —¿Sí? Voy, voy… —Abrió la puerta de la

entrada y parpadeó al ver a Rick ante ella. —Qué sorpresa…

—¿Puedo pasar?

—Sí, sí, claro…

Entró en la suite para ver a su abuela y a Lily en la puerta de la

habitación. Carraspeó al ver a su abuela poniéndose una bata color

melocotón sobre su camisón. —Siento molestar…

—No molestas —dijo Lily sonriendo—. ¿Ocurre algo?

—Debería ser una sorpresa verte aquí, pero no lo es. ¿Podéis


sentaros, por favor?

Ambas se sentaron en el sofá mientras su abuela fruncía él ceño


cruzándose de brazos.
—Sondra, me disculpo por las horas.

—No hay problema, chico. Pero no te eternices que mi niña tiene

que dormir algo que si no mañana tendrá ojeras como un mapache.

Él reprimió una sonrisa antes de mirarlas. Ambas sonreían como

niñas buenas y parpadeó sin poder creérselo. —Joder.

—Chico…

—Lo siento Sondra, es que acabo de ver algo… Algo que debería

haber visto, que para eso me pagan.

—¿Qué acabas de ver? —preguntó Lily mirando a Vanna. Como no


la miraba la cogió por la barbilla para volverle el rostro hacia ella—. No

tiene nada raro. Yo la controlo, jefe.

Rick puso los ojos en blanco antes de dejarse caer en el sofá que

tenían delante. —¿Qué? —preguntó Vanna llevándose las manos a las

mejillas—. ¡Madre mía, me ha salido un grano!

—¡No! ¿Crees que te dejaría comer dulces si hubiera pasado? —

preguntó su abuela indignada—. ¡Tienes la piel inmaculada!

—No, no es eso —dijo Rick.

—Ah, ¿entonces qué es? ¿Se ha cambiado el horario o algo?

—Algo va a cambiar. —Miró a Lily. —Tú habías estudiado

interpretación, ¿no es cierto?


A su amiga se le cortó el aliento, lo que provocó que no dijera

palabra.

—Oh, sí. Me está ayudando muchísimo. —Le dio un codazo para

que hablara, pero nada que no reaccionaba. —¿Verdad que sí, Lily?

Rick sonrió. —Eres actriz.

—Sí —logró susurrar para su alivio.

—¿Y te sabes el papel? Si habéis ensayado…

—Se los sabe todos —dijo la abuela intentando ayudarla.

Rick miró a una y luego a la otra antes de levantarse. —Mañana

empezarás a ensayar el papel de Johanna. Es tu oportunidad, no la cagues.

—Antes de darse cuenta salió de la suite.

La abuela y Vanna gritaron de la alegría abrazándola. —¡Tienes el

papel, tienes el papel! —dijo loca de la alegría.

—¿Estoy soñando?

—¡No! —exclamaron a la vez.

De repente se puso a chillar como una loca saltando sobre el sofá.

—¡Soy Johanna, soy Johanna Sherman!

Sonrió feliz por su amiga y la abuela dijo —Demasiado azúcar.

Se echaron a reír y se abrazaron. Lily se apartó para mirarla. —No

sé si tendré más oportunidades, pero pienso aprovecharla solo para disfrutar


contigo de esta experiencia.

Emocionada sonrió. —Lo mismo digo.

—Mis chicas van a triunfar en Hollywood —dijo la abuela yendo

hasta la nevera—. Y lo vamos a celebrar. —Sacó una botellita pequeña de

champán. —Un sorbito, que tampoco hay que abusar.

Se echaron a reír y corrieron a por los vasos. La abuela sirvió la

misma cantidad en los tres y cogió su vaso elevándolo. —Por el éxito y la

gloria.

—¡Por el éxito y la gloria! —Lo bebieron de un trago.

—Hala, a la cama que tenéis que estar bellas y radiantes para

dejarles a todos con la boca abierta.

—No sé si podré dormir de los nervios —dijo Lily.

—¿No llamas a tu familia para contárselo?

Lily perdió algo la sonrisa. —No tengo familia.

Ambas se quedaron de piedra. —Lily, lo siento mucho —dijo

Vanna.

—Vivía con mi madre, pero murió el año pasado de cáncer de

pecho.

—Dios, lo siento.

—Esto le hubiera encantado. Siempre apostó por mí.


—Seguro que desde donde esté lo está celebrando como nosotras,

cielo —dijo la abuela—. Y eso de que no tienes familia no es cierto. Nos

tienes a nosotras.

—Eres muy amable.

Vanna cogió sus manos. —No, en serio. Seremos tu familia a partir

de ahora, siempre podrás contar con nosotras.

Emocionada la abrazó. —Siento que te conozco desde siempre.

—Yo siento lo mismo.

Miró a su abuela sobre su hombro y esta sonrió. —Siempre he

querido otra nieta.

—Prepárate para las broncas.

Lily sorbió por la nariz sonriendo. —¿Me castigarás?

—Si es necesario sí. —Muy seria dio dos palmadas. —Princesas, a

la cama.

Riendo corrieron hacia la cama y se tumbaron una junto a la otra. La

abuela se acercó a Lily y la besó en la frente. —Buenas noches, cielo.

—Buenas noches, abuela.

Sondra sonrió antes de rodear la cama y besar a Vanna. —Buenas

noches, cielo.

—Buenas noches, que descanses.


La abuela recorrió la suite apagando las luces y entró en la

habitación al otro lado del salón. Vanna y Lily se miraron a los ojos y

sonrieron. —Siempre he querido una abuela —susurró Lily.

—Pues esta vale por dos.

Sonrió. —Sois muy amables. Las personas más buenas que he

conocido.

—Una vez mi abuela me dijo una cosa que se me quedó grabada. Da

lo que recibes. Entregar tu corazón a alguien que no se lo merece solo trae


sufrimiento y lágrimas. Tú nos das mucho más de lo que podamos darte

nosotras. Has sido generosa conmigo, me has ayudado y apoyado a pesar de


que pudiera aprovecharme de tu experiencia para después dejarte de lado.

Nosotras solo correspondemos al cariño que nos has mostrado.

—Si te he acosado cada noche para venir al hotel —dijo algo


avergonzada.

—Y me alegro de que lo hicieras porque he conocido mucho más a


una persona maravillosa. Traes alegría a la vida. —Se miraron a los ojos. —

Siento lo de tu madre. La mía murió cuando yo tenía doce años.

—¿Cómo fue?

—Se suicidó.

Se le cortó el aliento. —Lo siento.


—La encontró mi abuela, ¿sabes? Fue muy duro para todos.

—¿Sabes por qué lo hizo?

—Por celos.

La miró asombrada. —Porque su hija hizo una campaña a nivel

nacional y ella nunca consiguió algo así. —Su amiga se la quedó mirando.
—No lo soportaba. No quería ni verme. Mi abuela intentó disimular su

rechazo, pero me di cuenta. Y leí la nota. Ya tienes la estrella que querías,


ya no me necesitas.

—Qué duro para tu abuela. ¿Ella te obligó a…?

—¡No! Nunca. Fui yo la que quiso presentarse a castings por el


trabajo de mi madre. Quería ser como ella y…

—No supo digerir que la superaras. —Asintió con tristeza. —Y aun

así seguiste en esto.

—Mi abuela habló conmigo y me preguntó qué quería hacer. Tenía


otra campaña a nivel nacional que se rodaba aquí en Los Ángeles y con tal
de salir de casa dije que sí. Pasamos siete días increíbles y me di cuenta de

que el trabajo no tenía nada que ver con lo que había pasado. Que algo en la
mente de mi madre no iba bien y nadie se dio cuenta hasta que fue

demasiado tarde. Lo terrible fue volver a casa. En cuanto pudimos nos


mudamos y no miramos atrás. Desde entonces no he dejado de trabajar.
—Hay que seguir adelante.

—Lo siento sobre todo por mi abuela, que le escribiera aquello ha


sido un peso terrible para ella. Y no tuvo la culpa, sé que no la tuvo.

—Claro que no, solo hay que verla. Te quiere por encima de todo,

jamás haría nada que pudiera perjudicarte.

Sonrió. —Es fantástica, ¿verdad?

—La mejor. —Soltó una risita. —Todavía no me lo creo.

—¿Qué habrá pasado con Hope para que hayan tomado esta

decisión?

—Se darían cuenta de que es una negada.

Sonrió maliciosa. —La cara que va a poner Tad por tener dos

novatas en el grupo.

—Se pondrá de los nervios.

—Estoy deseando ver su reacción al enterarse.

Cuando llegaron al día siguiente a la nave, todos hablaban unos con


otros y Marion preguntó al verlas —¿Es cierto que han echado a Hope?

—¿Cómo os habéis enterado tan rápido? —preguntó Lily alucinada.


—Nos han confirmado la noticia —dijo Carl tan contento—. Uff,

menos mal, es una seta.

—No digas eso —dijo Marion.

—Venga, es la verdad, para sacarle una emoción en pantalla hay que

hacerse el Harakiri. No pegaba nada en el papel de Johanna. Ese personaje


tiene fuerza, garra. Darle un beso a Hope sería como darlo a una pared. —

Sonrió a las chicas. —¿Quién será la afortunada?

—¡Sorpresa! —gritó Lily haciéndoles parpadear—. ¡Soy yo!

—Ay, madre —dijo quien interpretaba a la señora Sherman.

—Oye maja, que soy perfecta para el papel.

—¿Pero tú sabes actuar? —preguntaron varios incrédulos.

—Que poca fe. ¡Qué poca! —Su amiga fue hasta la silla que

ocupaba Hope y se sentó. —¡Vamos al lío!

Divertida se sentó a su lado. —Bien dicho.

—Falta Tad —dijo Carl mirando a su pareja en la película.

Gruñó dejando el bolso en el suelo. El que tanto se preocupaba y era

tan profesional.

La puerta se abrió y todos se volvieron hacia él que era evidente que

no estaba nada contento. —¿Os habéis enterado?

—Sí —contestaron todos a la vez.


—Ahí viene… —dijo Lily por lo bajo.

—¿Pero qué ha pasado?

—Creo que han visto algo que les ha hecho cambiar de opinión.

—Sí, no me parecía que diera el perfil para él papel. ¿Traerán a


Stella? Pega más, ¿no creéis?

—Tiene un proyecto en Dubái —dijo Carl.

—Vaya. —Dejó la bolsa sobre una de las sillas vacías y metió las
manos en los bolsillos del pantalón. Qué masculino. Céntrate Vanna, que te

lo pierdes. —¿Y se sabe quién será su sustituta?

—¡Sorpresa! —gritó Lily sobresaltándole y haciendo que los demás


rieran por lo bajo—. ¡Soy yo! —Sonrió radiante. —Me encanta hacer esto.

—¿Es una broma?

Todos negaron con la cabeza. Vanna reprimió la risa porque parecía

que se había tragado un palo y era evidente que no sabía qué decir porque a
Lily la conocía. —Esto se pone mejor por momentos. —Gruñó abriendo la
bolsa y sacando el guión. Al ver que ninguno lo llevaba frunció el ceño. —

¿Os sabéis el papel?

—Sí —contestaron todos a la vez—. La novata nos ha obligado a


hacerlo con apuntador.
—Que esa era yo, así que estoy más que lista —dijo Lily impaciente
—. ¿Empezamos por el beso, Carl? Eso hay que ensayarlo.

—Seguro que nos sale bien. Además, no está Tom, no nos pasemos
con los ensayos que luego él lo cambia todo.

—Pero sí que tendremos que ensayar todo lo demás. Estoy deseando

atarte a la cama.

Varios rieron por lo bajo y para asombro de Vanna Tad sonrió y


estaba tan guapo cuando sonreía que era para morirse del gusto.

—Creo que deberíais ensayar vosotros —dijo el padre de Johanna


—. Sobre todo Tad.

La niña se levantó. —¿Listo?

Él sonrió. —Cuando quiera, dulce dama.

Laurin soltó una risita antes de apretar los puños y transformar su


rostro para gritar como una descosida. Impresionante. Asombrada miró a

Lily que gruñó por lo bajo. —Esta nos quita el Óscar.

Divertida miró hacia ellos. La escena era muy potente. La


protagonista sufría por la pérdida de su mejor amigo y Tad intentaba

calmarla. Al mirar a su madre y ver sus ojos llenos de lágrimas se emocionó


sin poder evitarlo y Lily mirándola de reojo cogió su mano. Cómo le

hubiera gustado que su madre estuviera tan orgullosa como lo estaba Teresa
de Laurin. Lo hubiera dado todo porque la viera ahora y disfrutara de esos
momentos juntas. Una lágrima cayó por su mejilla y Laurin la señaló. —

¡Has llorado! ¡Qué buena soy!

—¡Laurin! —protestó su madre—. No es bueno vanagloriarse.

—Jo, mamá.

Sonrió sin poder evitarlo y al levantar la vista vio que Tad la

observaba. Incómoda se limpió las lágrimas. —Déjala Teresa, tiene razón,


es muy buena.

—A ver si tú estás a la altura porque sino será un desastre —dijo

Tad haciendo jadear a media plantilla.

—Lo intentaré.

—¡No necesitamos que lo intentes! ¡Necesitamos que lo hagas!

—¡Lo haré!

Él apretó los labios como si eso no fuera posible. —Vamos con la

escena del salón cuando llegas a Londres.

Algo insegura se levantó mientras la miraban expectantes. Había


llegado el momento de enfrentarse a él y la única manera de darle en las
narices era hacer un buen papel para que no pudiera reprocharle nada. —Yo
haré el personaje de la abuela y los demás el suyo para que no perdáis el

hilo de la escena —dijo Lily.


Marion asintió preparándose y se puso a su lado. —Como no
sabemos lo que quiere Tom improvisaremos la situación.

—Bien —Tad la miró a los ojos. —¿Lista?

Asintió tomando aire antes de levantar la barbilla y sonreír. —


Buenas tardes a todos.

Se suponía que en la sala había un montón de personas que se la

quedaron mirando, pero a ella sólo le interesaba su abuela que estaba


sentada en una butaca frente a ella. —Abuela —dijo acercándose hacia Lily
que la miraba con mala cara —. Me alegro de verte. —Se arrodilló delante
de ella e hizo que besaba sus manos.

—Qué sorpresa tan agradable. Elizabeth, estás en Londres…

Ella se levantó. —Recibí tu carta de que ya era hora de que me


presentaras en sociedad, aunque no hubiera terminado el periodo de luto del

todo, y decidí venir sin contestarte siquiera. —Miró a su alrededor antes de


fijar su vista en Tad. —Pero si está aquí el Duque de Stradford —dijo
haciendo una exagerada reverencia—. Esto sí que es un honor.

—Elizabeth… —dijo Lily—, debes estar agotada de tan largo viaje.


Héctor te mostrará tu habitación.

—Ya la conozco, abuela —dijo ella mirando fijamente a Tad—. Esta


es mi casa, ¿no lo recuerdas? Y no estoy cansada. Más bien estoy ansiosa
por estar en Londres. Aunque sí me tomaría un té. —Fue a sentarse.

—Lady Bilford, ¿cuándo hará su presentación? —preguntó una de


las actrices.

Sin dejar de mirar a Tad contestó —Pronto, muy pronto. Estoy

deseando conocer Londres.

Tad dio un paso hacia ella. —¡No, así no!

Apretó los labios. —¿Entonces cómo?

—Debes ser más irónica, estás rabiosa, enfadada conmigo y con tu


abuela.

—Hay más gente en la habitación. ¡Una dama disimula, tengo que

aparentar que todo va bien!

—Sí, niña —dijo Marion —. Pero lo que Tad quiere decir es que
con la mirada debes dejar claro que les odias, aunque tus palabras sean
otras. No has ido a tomar el té. Has ido a dejar claro que a ti no pueden
ignorarte. Debes ser rebelde y dar a entender a la cámara que estás allí para

enfrentarte a ellos. Aunque sonrías dulcemente como se espera de una


dama, tus ojos deben decir otra cosa y en ciertas ocasiones debes decir
alguna frase con ironía. Como la de la habitación. Ya la conozco —dijo
como si estuviera divertida.
Asintió entendiendo lo que quería decir —¿Lo hacemos desde el

principio?

Fue hasta su botella de agua y Lily susurró —Tienes que ser

Elizabeth, deja de pensar en lo que Tad opinará de tu trabajo y métete en la


piel de tu personaje. Eres ella, para todos serás ella. Créetelo. Siente tu
niñez, la pérdida de tu padre y el odio que sientes por ellos. Siente como ese
rencor crece en tu interior.

Respiró hondo antes de volverse y sonreír. Vamos Vanna, eres

Elizabeth Bilford, dale caña. Repitió sus frases con una fina chulería
mientras no dejaba de mirar con rencor a Tad que levantó una ceja cuando
se dirigió a él. Le dio tal vuelco al corazón que perdió el hilo de lo que
estaba diciendo, hasta que se dio cuenta de que le estaba mirando alelada.

—¡Oh, por Dios! —dijo exasperada—. ¿Por qué has hecho eso?

—¿El qué? —preguntó pasmado.

Señaló su ceja. —¡Eso! ¡Me has distraído!

Él suspiró mientras los demás reían por lo bajo. —El chico no tiene
la culpa de ser guapo —dijo Marion.

Se puso como un tomate. —No es por eso, estoy harta de ver a

hombres guapos. Lo ha hecho a propósito para distraerme.

—Uy, uy… Novatos —dijo Carl por lo bajo.


—Déjate de tonterías —dijo Tad cogiéndola por la muñeca para que

le mirara—. Debes estar totalmente concentrada. En el rodaje pasarán mil


cosas a tu alrededor. La gente se moverá, algunos susurrarán y varias
cámaras se acercarán desde distintos puntos. No puedes distraerte, Vanna.
¡Debes decir tu papel, aunque caiga una bomba en medio del set de rodaje!

—Tom se la va a comer viva —dijo alguien en susurros.

Eso demostraba lo verde que estaba y aunque disimulaban todos


pensaban lo mismo. —Vanna tienes que hacer ejercicios de concentración.

—Miró a Tad a los ojos. —Siéntate en el suelo. —Para su sorpresa se sentó


en el suelo tirando de su muñeca hacia abajo. —Siéntate. —Ella lo hizo
ante él y Tad la soltó. —Muy bien, mírame a los ojos.

Leche, eran realmente preciosos. De un gris que podía parecer azul


claro. Y tenían unas motitas azules. Sí, las tenía. Y qué pestañas, ya le

gustaría a su maquilladora que ella las tuviera así. —Soy Alex y tú


Elizabeth —dijo él.

—Ajá… —Bajó la vista hasta sus labios sintiendo un vuelco en el


estómago. Al darse cuenta de lo que hacía, nerviosa miró sus ojos de nuevo.
—Soy Elizabeth.

—Me odias.

—Sí, mucho —dijo a toda prisa—. Te odio terriblemente.


Él gruñó cogiéndola por la barbilla. —¡Me odias! ¡Dilo!

—¡Te odio!

—¡No quieres ni verme, odias mi presencia y que te la imponga con

la excusa de que soy tu tutor! ¡Dilo!

—¡Te odio! —gritó empezando a sentir lo mismo que sentía


Elizabeth.

—No te creo. ¿Te he abandonado?

—¡Sí! ¡Me dejaste con ella cuando perdí lo que más quería!

—¡Repítelo!

—¡Te desentendiste de mí! ¡Te quedaste con el título de mi padre

que es lo único que te importaba!

—¡Te dejé en sus manos! ¡En manos de tu abuela!

—¿Me hiciste un favor?

—¡Sí!

—¡Mientes! ¡No querías la responsabilidad de tenerme y me dejaste

en manos de una mujer que me odiaba!

—Hostia… —dijo alguien, pero ella no se dio ni cuenta mirándole


con rencor. De repente Tad sonrió haciéndola parpadear—. Es un diamante
en bruto.
Varios aplaudieron y eso sí que la desconcentró. Al mirarles vio a
Rick que hizo una mueca asintiendo. —Quiero eso en la pantalla.

Se sonrojó. —Lo intentaré —dijo levantándose a toda prisa.

—Bueno, como sabéis… —Sintió que Tad se ponía de pie a su lado


y le miró de reojo algo nerviosa. ¿A él le había parecido bien? Había
sonreído. —Hope ya no estará entre nosotros. Cosas que pasan, ya conocéis
la industria. Tom afortunadamente ya está en Londres pues ha terminado el

rodaje que tenía entre manos, así que ya estamos en marcha. Cuento con
vosotros, chicos. No hace falta que os diga lo que nos jugamos, la cantidad
de pasta que se juega Howard en esto. No soy el típico productor que sigue
a la gente para echarle en cara lo que cuesta un segundo de más en este

negocio. Ya lo sabéis de sobra. Vamos a dar trabajo a más de dos mil


personas entre técnicos, catering, costureras, publicidad y mil cosas más
que ni podría enumerar. Necesitamos un bombazo y eso está en vuestras
manos. Tenemos la historia, ahora convirtámosla en mito.

Lily suspiró y todos la miraron provocando que enderezara la


espalda. —Entendido jefe.

—En Londres nos encontraremos con la plantilla que falta y podréis

hacer ensayos más serios. Sé que os falta algún personaje importante como
Jack Sterling, Madame Blanchard o la abuela. Allí tendréis tiempo para
poneros al día. Ellos han estado trabajando de manera individual y no dudo
que estén a la altura.

—Son papeles más pequeños —dijo Tad—. No hay problema.

—Bien. Pues a trabajar. —Se sentó en la silla y todos le miraron


interrogantes. —Eh, estoy harto de ver videos y me muero de curiosidad.
Lily a la palestra.

Soltó una risita levantándose y les miró uno por uno dando vueltas
en círculo. —¿Quién quiere retarse conmigo?

—Elizabeth… —dijo Tad—. Veamos vuestra química

Se sentó al lado de Rick y Vanna puso los brazos en jarras. —Pues


vamos al baile de los Sherman. —Miró a Lily. —¿Me concedes el honor?

—Por supuesto, milady.

Empezaron con la escena en la que se conocían las amigas

inseparables barra cómplices de aventuras. Eran almas gemelas y eso tenían


que reflejar. Y lo consiguieron porque de inmediato se vio la complicidad
que había entre ellas. No le fue difícil seguir la escena, la habían ensayado
mil veces y les salió de manera natural. Tad y Rick se miraron. —Entiendo.

—Es cosa de Howard. El viejo sigue teniendo ojo.

Al acabar la escena sus compañeros aplaudieron y las amigas rieron


abrazándose. —Pan comido —dijo Lily.
Viendo como Vanna continuaba con la siguiente escena juntas Tad le
susurró a su amigo —No está preparada. La abrumará.

—Esperemos que a nuestro director le caiga en gracia —respondió


su amigo por lo bajo viendo como interactuaban mientras que Marion decía
sus frases.

—¿No temes quedarte sin protagonista a la mitad de la película?

—Ten fe. Está entregada.

Miró a Rick. —¿Cómo estás tan seguro?

Sonrió malicioso. —Solo tienes que verla.

—¿Sino la amenazarás con apretarle las clavijas en el siguiente


contrato? —preguntó divertido.

—Desgraciadamente a personas de ese nivel no puedes amenazarlas

con eso. Lo sabes bien, ¿no es cierto, amigo? —Tad gruñó mirando a Vanna
que sonreía a la madre de Lily en la ficción. —Ni se te ocurra. —Levantó
una ceja hacia Rick. —Lo tienes totalmente prohibido.

—¿Pero quién te crees que soy? Si le llevo diez años por lo menos.

—Como si eso te hubiera importado mucho en el pasado.

Sonrió divertido mirándola. —Pues tienes razón

—Tad…
—Oye, yo no hago nada. Es ella la que me hace ojitos. Te aseguro
que si alguien está interesada es Vanna.

—Eso me temo, le romperías el corazón y entonces sí que la


película se irá a la mierda. No, ¿me has entendido? Escoge a otra para este

rodaje, pero ella ni hablar. Tendréis que rodar toda la película y después
habrá promoción. Os quiero como la pareja de América.

—De acuerdo.

Se le quedó mirando fijamente. —Hablo en serio.

—He dicho que de acuerdo.

Vanna se volvió mostrando el trasero perfecto que marcaban sus

entallados pantalones vaqueros y gruñó estirando las piernas para cruzar los
tobillos. Rick puso los ojos en blanco. De repente Lily se les puso delante
ilusionadísima. —¿Puedo tirar yo los cuchillos?

Rick la miró atónito. —¡Ni hablar! ¿Estás loca?

—¡Oye, que tengo puntería!

—¿Y que mates a mi protagonista?

—Ella se dejaría. —Todos miraron a Vanna que tenía cara de


pasmo. —¿A que sí, amiga?

—Y una leche.
Se echaron a reír a carcajadas y después de que Rick y Lily
discutieran el tema partiéndoles de la risa, siguieron ensayando otras

escenas. Pero al cabo de un par de horas Vanna no pudo evitar darse cuenta
de que Tad estaba eludiendo todas las escenas que tenían a solas. Igual es
que prefería hacerlas de manera más íntima. Se le aceleró la sangre al
pensarlo mientras le veía ensayar con otro de sus compañeros. Igual
tampoco se ponía a tono rodeado de gente. Estaba claro que ella no tenía

ese problema porque se estaba poniendo mala. Sus pechos lo demostraron


endureciéndose con fuerza y eso con solo mirarle. Ese rodaje iba a ser una
prueba de fuego para su libido. Bah, igual ensayando se le pasaba. Tendrían
que trabajarlo.

 
 

Capítulo 4
 

Pararon para comer el fantástico catering que les habían preparado y


apareció otro ayudante de producción muy simpático que se llamaba Fred.

Era un chico rubito muy risueño y delgado como un junco que adoraba él
cine. Se pasaron hablando un rato mientras se comía una jugosa

hamburguesa y durante ese tiempo Lily no dejaba de mirar de reojo a Rick


que aún estaba allí hablando con Marion. Uy, uy… Aunque no le extrañaba

demasiado, era muy atractivo y tenía clase. Cuando Fred se levantó para
cogerle otro agua ella susurró —¿Y Carl?

—Bah, eso son fantasías de adolescente. Pero él… —La miró a los

ojos. —¿Crees que tengo posibilidades?

—¿Está soltero?

—Sí.

—Pues las tienes —dijo con seguridad.

—¿Tú ligas mucho?


Bufó. —¿Te crees que porque soy modelo los tengo a puñados?

—Pues sí.

—Sí, para qué negarlo.

Lily soltó una risita. —Pero les rechazas.

—Buscan algo que no existe —dijo pensativa—. La fama, la


prensa… No sé, pero no me conocen de nada, no me buscan a mí. ¿Lo

entiendes? Así que les doy puerta.

Vieron que Carl la miraba de reojo. —Ese va a por ti.

—No es mi tipo. —La miró asombrada. —¿Por eso has cambiado de

opinión?

—¡No! —Hizo una mueca. —Le conocía de antes y babeaba por él,

para qué negarlo, pero en estos días se me ha quitado la ilusión. —Miró

hacia Rick. —Quizás es que ya me había dado cuenta de que él sí que me

importa.

—Qué bonito. Si alguien me dice eso sí que le daría una cita. ¿Por

qué no te animas?

La miró con horror.

—Oh, no me digas que eres de esas que esperan a que se la pidan,

porque no tienes pinta.


—Nunca lo he hecho. Y ahora no querrá, soy actriz. Nunca sale con

actrices. Dice que donde tienes la olla no metas la… —Carraspeó. —Ya me

entiendes. —Se acercó aún más. —Al contrario que otros.

—¿Quién? ¿Quién?

—Tad. —La dejó de piedra. —Ese se tira a todas las que puede,

guapa. Tu marido en la ficción te pone mucho los cuernos.

—¿No me digas? —Casi todas sus células se pusieron a chillar de la

alegría.

—En el último rodaje a dos que yo sepa. Y se llevaban bien las tías,

no sé cómo lo hace, pero las camela a todas. —Se metió una patata en la

boca para decir masticando —Y una de maquillaje es su follamiga. —Dejó

caer la mandíbula del asombro. —Está con ella siempre que tienen un

hueco, ya me entiendes. —Bebió de su cola. —Antes tenía una de

peluquería, pero la echaron cuando le quemó el pelo a propósito a su nueva

amante. Tuvo que usar peluca el resto del rodaje y claro, se notaba un poco.

Vanna se echó a reír a carcajadas y todos sonrieron sin poder

evitarlo. —Vanna… —Se volvió sorprendida para encontrarse a Tad tras

ellas con la botella de agua en la mano. La fulminó con la mirada. —Fred


ha tenido que contestar una llamada —dijo tendiéndole la botella mientras

las dos se ponían como tomates.


—Gracias —dijo cogiendo la botella de su mano.

Gruñó alejándose y ambas se miraron antes de dar un mordisco a su

hamburguesa. —¿Nos habrá oído? —preguntó Lily con la boca llena.

La miró como si fuera tonta y su amiga gimió. —No quiero que le

hable mal de mí a Rick, son íntimos.

—¿De veras?

—Oh, sí. Uña y carne. Se conocieron hace años y desde entonces

son como Epi y Blas. Si ha vuelto al rodaje es porque Rick le ha puesto las

pilas, te lo digo yo.

Vio como Tad se sentaba con una ensalada de pollo. Miró su

hamburguesa. Quizás debería cuidarse un poco, ese metabolismo suyo no

iba a durar toda la vida. Al mirar a su alrededor vio que la mayoría tenían

ensaladas. Vaya, creía que eso había quedado atrás con las modelos, pero al
parecer no. Se encogió de hombros y le dio otro mordisco a su

hamburguesa.

—Por lo visto somos las glotonas del grupo —dijo Lily leyéndole el

pensamiento.

—Hay que disfrutar la vida, que son dos días.

—Pues desde que estás aquí y tu abuela hace esas cenas tan ricas, ya

he engordado dos kilos. —Rick volvió la vista hacia ella como un resorte y
Lily se sonrojó porque era evidente que la había oído. —Pero los bajo

enseguida, jefe. Esta es la última hasta después del rodaje.

—Haré que el preparador físico te acompañe a Londres.

Asombrada vio que su amiga asentía. —¿Preparador físico?

—Tienen tres en plantilla para los que se pasan de la raya.

—¿Acaso tú no haces dieta y ejercicio? —preguntó Tad irónico.

—No he hecho dieta en la vida.

La miraron asombradas. —Qué maravilla de genética —dijo

Marion.

—Aunque sí que hago ejercicio. Corro diez kilómetros todas las

mañanas. Aquí los hago en la cinta del gimnasio del hotel.

—Se levanta a las cinco de la mañana todos los días —dijo Lily

aprovechando su última hamburguesa.

—Y tú te quedas en la cama —dijo Rick como si fuera un delito.

Tragó mirándole con los ojos como platos. —Mañana allí a las cinco

para darlo todo, jefe. Ay no, que mañana nos vamos a Londres. —Hizo una

mueca. —Qué pena.

—Más te vale que en Londres te pongas las pilas, porque si no

Mario no se separará de ti hasta que termine la promoción, ¿me has

entendido?
—Ajá… —susurró a su amiga —. Mario es un destructor. Ese acaba

conmigo.

Soltó una risita. —No será para tanto.

—Mejor dejo de comer.

—Ni hablar. Además, los músculos necesitan acción, lo de Mario no

te vendrá mal.

—Yo quiero acción de otro tipo, guapa.

—Pues al ataque. Eso quema muchas calorías. Además, te estaría

haciendo un favor para que ese Mario no te machaque.

—No hables de machacar que me pongo mala —dijo mirándole el

culo descaradamente ahora que se había dado la vuelta.

Rio por lo bajo y sus ojos fueron a parar a Tad que sonrió

demostrando que lo había oído todo. Venga Vanna, un poco de iniciativa.

Aplícate lo que predicas. Se levantó y tiró el envoltorio de la hamburguesa

en una papelera que habían puesto en el centro antes de volverse hacia él.

—Tad…

Masticando la miró. —Me preguntaba cuándo haremos nuestras

escenas.

Masticó tomándose su tiempo y cuando tragó se pasó una servilleta

por los labios con una parsimonia que la puso de los nervios. —En Londres
habrá tiempo, no seas impaciente.

Le dio un vuelco al corazón. ¿Lo había dicho con segundas? Se

miraron a los ojos y nerviosa se pasó la lengua por su labio inferior sin

darse cuenta. Él no perdió detalle del gesto y entrecerró los ojos alterándole

aún más el corazón. —¿En Londres?

—Allí tendremos la atmósfera que necesitamos. —¿Su voz estaba

más ronca? Madre, que le daba un infarto allí mismo. —¿No opinas lo

mismo?

—Sí —dijo a toda prisa—. Sí, claro, allí será perfecto. —Se volvió

para sentarse en su sitio y cogió la botella de agua bebiendo sedienta. ¡Qué


calores! ¿Estaba sudando? Si le provocaba eso con una mirada no se quería

imaginar lo que sentiría con un beso. Porque tendría que besarle y mucho.
¡Este era el mejor trabajo del mundo!

Cuando se subieron al avión vieron que varios del grupo no estaban


allí. Después de sentarse le preguntó a Lily —¿Dónde están los demás?

—Guapa, esos van en jet privado. ¿Te imaginas la que montaría Tad

en el aeropuerto? —Soltó una risita. —No saldría un avión en una semana.


—¿Y por qué va mi nieta en un avión comercial? —preguntó su
abuela asombrada.

—Abuela, vamos en primera —dijo como si no tuviera importancia.

—Eres la protagonista, deben darte tu lugar.

—Prefiero ir con los demás. Igual dentro de un año ya no podemos


hacerlo. —Le guiñó un ojo haciéndola sonreír. —¿Verdad Lily?

—Chica, ¿pues qué quieres que te diga? No me importaría cruzar el


océano en un gran asiento de piel con una azafata ofreciéndome champán y

canapés de caviar.

—Puaj, odio el caviar —dijeron abuela y nieta a la vez antes de


echarse a reír y señalarse—. ¡No puedes hablar hasta que digan tu nombre!

—Abrieron los ojos como platos para replicarse. —Lo he dicho yo primero.

Lily se echó a reír. —Estáis fatal.

Ambas se quedaron en silencio y puso los ojos en blanco. —Vanna y


Sondra. —Sonrieron. —Sois como niñas.

—Y espero seguir así hasta que la casque —dijo Sondra antes de


levantar la mano—. Azafata, ¿aquí se sirven bebidas?

Sonriendo se acercó. —¿Qué desean tomar?

—Champán —dijeron las tres a la vez antes de señalarse y echarse a

reír.
 

A pesar de que iban en primera la abuela llegó agotada a Londres


porque no pudo dormir y preocupadas por ella la subieron a un taxi en

cuanto encontraron uno. Eso sí que la cabreó porque seguro que los que
iban en el avión privado tenían chófer. Pero al parecer era la novata y tenía

que cerrar el pico. El hotel era de lujo en el centro de la ciudad y como


habían pedido les dieron una suite con tres camas para estar juntas todo el

tiempo posible. Tenían unas vistas impresionantes del Big Ben, pero casi ni
se percataron asegurándose de que la abuela estaba cómoda en su

habitación.

—Estoy bien —dijo obviamente agotada—. Es el cambio de

horario. Podéis iros a ver un poco la ciudad si queréis. Además si os


acostáis, esta noche no dormiréis y mañana tenéis que estar listas a las

nueve para reuniros con el director ese.

Lily la miró de reojo. —No, nos quedaremos.

—Por Dios, como no vayáis a quemar la ciudad me voy a enfadar.

No estoy enferma, solo cansada. Dormiré un par de horas y después pediré


algo al servicio de habitaciones. Yo tengo tiempo de sobra para hacer

turismo.
—Pero irás sola —dijo preocupada.

—Seguro que tendréis tiempo libre entre rodajes para que nos
divirtamos. Ahora largo que quiero dormir.

Fue hasta la neverita de su habitación y cogió una botella de agua.

Se la puso en la mesilla con un vaso y su abuela sonrió. —Gracias, cielo.

—Si no te encuentras bien me llamas al móvil. Estaremos por el


centro.

—Vale… Pasadlo bien.

—¿Es una orden?

—Por supuesto.

Salieron de la habitación en silencio y Lily susurró —Estará bien,


pero si quieres nos quedamos para que estés más tranquila, puedo conocer

la ciudad otro día. Nos metemos en nuestra habitación y ni se enterará de


que estamos aquí.

—Si nos quedamos nos dormiremos y se enfadará porque hemos


perdido un día. Y estamos aquí por trabajo, mañana tenemos que estar a

tope. Salimos un rato y volvemos para acostarnos temprano. —Cogió su


bolso del sofá donde lo había dejado. —Vamos, que tengo mil cosas que

enseñarte.

—¿Has venido mucho?


—¿Unas sesenta veces? Por ahí.

La miró sorprendida. —Entonces la conoces muy bien.

Sonrió maliciosa. —Tanto como para quemar la ciudad, como ha

dicho la abuela. ¿Estás lista?

—¿Para divertirme? Siempre.

—Eres una mala influencia —dijo Vanna por lo bajo en el autobús

que les llevaba al set de rodaje donde se realizaría la reunión—. Menuda


resaca.

Lily jadeó indignada. —¡Son amigos tuyos!

Soltó una risita. —Les has caído genial.

—Debes conocer a muchísima gente.

—Son muchos años de un lado a otro y la industria de la moda es un

grupo muy cerrado. Nos relacionamos los unos con los otros estemos donde
estemos. Sabía que estaban aquí porque hay desfiles esta semana.

—¿Y los has rechazado por la película?

Apretó los labios. —Últimamente ya no me llamaban tanto.

—¿Por qué? —preguntó asombrada.


—Cierta editora de moda me ha cogido tirria y los diseñadores no
me quieren en los desfiles para ganar su aprobación.

Jadeó indignada. —¿Y por qué te trata así?

—No quise desnudarme para una de sus publicaciones. Llevaba un


tanga, pero era transparente y pasaba de que se me viera la rajita. Me negué

y este último año lo he pagado. —Hizo una mueca. —Pero ahora tengo esto
y me encanta.

—¿Lo echarás de menos?

—Algunas cosas sí, como los amigos, que tengo algunos muy
buenos. Pero lo de viajar, estar dos días en una ciudad y pasar a la siguiente,

no, no lo voy a echar de menos. Con este trabajo mi abuela puede estar
conmigo y me encanta.

Lily soltó una risita. —La cara que puso cuando nos vio llegar.

¡Estamos castigadas y nos ha hecho caminar por una línea imaginaria! —


Rio con ganas. —Y eso que habíamos hablado con ella ayer por la noche,

que si no hubiéramos avisado…

—Hubiera llamado hasta la guardia real. —Abrió los ojos como


platos. —Tengo que llevarte al cambio de guardia, te encantará.

—¿Cómo te sientes en Londres, Elizabeth?


Sonrió antes de mirar por la ventanilla. —Muy bien ahora que estás
aquí. Esto es muy distinto a América, ¿no crees Johanna?

—Y que lo digas, pero solo estoy aquí para cazar un marido con

título.

—Fíjate, como yo.

—No me conformo con menos de un duque —dijo decidida.

—Tengo el presentimiento de que llegarás a ser duquesa algún día.

—Yo tengo el mismo presentimiento sobre ti, amiga.

Ambas suspiraron y Vanna dijo —¿Te imaginas vivir en esa época y


encontrar a un James? ¿Alguien que te ame por encima de todo?

—Te estás adelantando, amiga. Eso se verá en la segunda película si

es que la hay.

—La habrá, hay que ser positiva.

—Veamos cómo es de verdad ese director que todos temen tanto.

—El físico lo conocemos, ya hemos visto las fotos —dijo maliciosa


—. Y te ha gustado.

—Como si a ti no te gustara. Es guapo, rico y un genio.

Pensativa asintió, pero tuvo la sensación de que no le llamaría la


atención como Tad y eso la preocupó, porque una cosa era tener sexo con
él, que lo estaba deseando y otra muy distinta perder su corazón. Sobre todo
con un hombre como él, que no se tomaba a ninguna en serio.

—¿Qué piensas? —susurró su amiga observándola.

—No dejes que me enamore. —Vio en su mirada que la entendía


perfectamente. —No dejes que me rompa el corazón.

—Pues yo creo que ya lo he perdido —dijo fastidiada—. En estos

últimos días no dejo de pensar en él.

La miró con horror. —¡No fastidies! ¿Se sabe así?

—¿No te has enamorado nunca? —preguntó Lily asombrada.

—¡No!

—¿Y cómo pensabas que se sabía?

—Pues no lo sé, con dependencia emocional o algo así.

—Oh, eso es más adelante, cuando te hacen caso. Al principio, antes


de que caigan, piensas en ellos y te mueres solo por una mirada. Cuando esa

mirada llega, tu cuerpo tiembla y anhelas más. Y luego más y más… Hasta
que se te meten tanto en tu interior que cuando te hacen daño sientes que se
te desgarra el alma.

—Dios mío… ¿Cuántas veces te has enamorado?

—Dos. No, tres si contamos mi estado actual de desesperada por


una mirada.
Se echó a reír. —Eres masoca.

Sonrió. —Dicen que cada amor es distinto y tienen razón. Tengo la


sensación de que con Rick es especial, más intenso. Más… todo —dijo

soñadora.

—Así que la leche será de aúpa.

—¿No crees en el amor para siempre?

Miró al frente pensando en ello. —¿Un amor como el de Elizabeth y

Alex?

—Sí.

—No he visto un amor así nunca fuera de las películas o los libros,

¿y tú?

Lily frunció el ceño. —Pues no. Pero eso no significa que no exista,
es como la gravedad, no se ve, pero está ahí. —La miró de reojo. —Y que
tengas miedo indica que algo hay ya y no es solo deseo. Sino te daría todo
igual.

—Pues genial —susurró apretándose las manos.

—¿Estás deseando verle? ¿Deseando estar con él, hablar con él y


que te coma a besos?

—Cierra el pico.
Ella soltó una risita. —Lo siento amiga, ya has caído. Lo mejor es

que te dejes llevar.

¿Dejarse llevar? Si estaba entrando en pánico, ¿cómo iba a dejarse

llevar? Gimió porque se moría por estar con él, pero sabía que aquello no
tenía futuro. Por Dios, cuando le viera tontear o besar a otra mujer se
volvería loca. Perdió todo el color de la cara. Leche, lo suyo ya no tenía
remedio. ¿Un actor? ¿Tenía que enamorarse de un actor? Con la cantidad de

hombres que había, iba a enamorarse de un hombre que podía simular tener
sexo tranquilamente con otra y encima lo vería en imágenes. ¡Y quedarían
para la posteridad! Uff, se estaba poniendo mala.

Ni se dio cuenta de que el autobús se había detenido ni de que sus


compañeros empezaban a bajar. Lily susurró —¿Estás bien?

—¡Cómo voy a estar bien! ¡Me he enamorado de un hombre que


tiene mala leche, que es un ligón empedernido y que para colmo tiene carta

blanca para darse el lote con todas las actrices del mundo porque está
haciendo su trabajo!

—Bueno, tú también eres actriz.

Entrecerró los ojos. —Es cierto, estaríamos en igualdad de


condiciones.

—Exacto.
—No serían cuernos, cuernos. Pero eso no significa que no me

reventaran las entrañas al verlo.

Su amiga silbó. —Uy, que estás coladita…

—¿Quieres dejar de decir eso? Todavía puedo remediarlo —dijo


convencida.

—Sí, claro —dijo de la que se levantaba sin creerse una palabra —.


Tú inténtalo con fuerza. Vamos, que me muero por hablar con Rick.

—¿No te vas a resistir?

—Ni loca.

Bajaron del autobús para verles ante una nave hablando. Que guapos
estaban los puñeteros. Ignorando como se aceleraba su corazón al mirar su
perfil susurró —Puedo con esto.

—Claro que sí. Ignórale y ya está. A ver cuánto aguantas. Sobre


todo cuando te coma a besos en esas escenas tan tórridas que tenéis.

Jadeó mientras ella se reía acercándose a ellos. —Buenos días,


chicos.

Gruñó siguiéndola y cuando Tad miró hacia ella dijo al sentir que su

corazón se aceleraba —Estás perdida. —Forzó una sonrisa. —Buenos días.

Tad entrecerró los ojos. —Parece que no has dormido. ¿Has estado
de juerga?
—No —dijeron las dos de manera exagerada.

—Mentís fatal —siseó.

—Ha sido el jet lag, nos ha afectado un poquito.

—Eres modelo, tienes el culo pelado de coger aviones. A mí no me

la cuelas.

—¿Has salido con muchas modelos? —preguntó Lily con

recochineo—. Parece que conoces su vida muy bien.

—He salido con un montón de todo.

Hala, eso dejaba claro lo pendón que era. Molesta se puso la correa
al hombro. —Sí, hemos salido, ¿qué pasa?

Rick levantó una ceja. —¿Cómo has dicho?

—Estamos aquí, ¿no? —Entró dejándole con la palabra en la boca y


Lily la siguió con los ojos como platos. —Qué hombre tan pesado —dijo
entre dientes.

—¿Estás loca? ¿Acabas de decir ante el productor ejecutivo que nos


hemos ido de juerga?

—Como si ellos no lo hubieran hecho. Rick tiene un chupetón en el


cuello.

—¿Qué? —Se detuvo en seco apretando los puños con fuerza. —

¿Me ha puesto los cuernos?


Se volvió y miró sus ojos negros. —No tiene nada contigo, es muy
libre de acostarse con quien quiera, como tú.

—¡Y eso pienso hacer!

Puso los ojos en blanco volviéndose para encontrarse a todos los


actores esperando de pie ante una tarima. Frunció el entrecejo al ver a la
actriz que haría de su abuela de pie como los demás, lo que le pareció fatal
porque tenía casi ochenta años. —¿Pero qué coño…? ¿Todos de pie?

Sintió como los chicos se ponían tras ella. —Tom no quiere que

nadie sea un privilegiado y les trata a todos igual —dijo Tad molesto
colocándose a su lado.

—Erica Rivers se ha ganado no ser como los demás.

—Haré que le traigan una silla —dijo Rick. Se acercó a aquella


estrella rutilante y ella le sonrió con dulzura dándole las gracias por lo que
le estaba diciendo.

—¿Quién se creerá ese? —dijo Lily con desprecio.

—El que manda —dijo Tad metiendo las manos en los bolsillos del
pantalón—. Y os aconsejo que sigáis sus instrucciones al pie de la letra si
queréis salir del plató en algún momento.

—¿Has trabajado con él antes? —preguntó sin poder evitarlo.


—Una vez y aparte de ti si dudé en seguir en el proyecto fue por él.
—Apretó los labios. —Es un cabrón de primera. Una de las actrices tuvo un
ataque de ansiedad por la presión que ejercía sobre ella. Para ser vuestra
primera vez vais a pasar una auténtica prueba de fuego. —La miró a los

ojos. —No le cabrees.

—Intentaré hacer lo que me dice —dijo sin sentirse intimidada.

—No te preocupa mucho, ¿verdad?

—Si hubieras sacado fotos en el Ártico durante seis horas con un

psicópata al que no le gustaba ninguna de las fotos, no te asustaría un


director, te lo aseguro.

Sonrió como si estuviera divertido. —¿Las del bikini con el abrigo


de piel, el gorro y las gafas de esquiar? —Se le cortó el aliento porque las
recordara y asintió sin ser capaz de decir palabra. Sonrió divertido. —

Cuando Tom acabe contigo correrás hasta el Ártico y en pelotas, bonita. —


Caminó hasta Rick y saludó a Erica. Esta que se estaba sentando sonrió
encantada antes de darle un abrazo.

—Leche, se acordaba de las fotos —dijo Lily.

Asombrada asintió. —Tienen seis años. Las saqué hace seis años.

—Menuda memoria tiene —dijo con burla—. Uy, uy que aquí va a


haber mucho más de lo que creía.
La agarró por el brazo. —¿Crees que le gustaba de antes?

—Cielo, con el cuerpo y la cara que tienes les gustas a todos. Venga,
vamos a presentarnos a una auténtica estrella —dijo emocionada.

Se acercaron y Erica que estaba hablando con Tad miró hacia ella
deteniéndose en seco y sonrió. —Es como ver a Elizabeth. —Alargó la
mano cogiendo la suya. —Duquesa…

—Abuela.

Esta soltó una risita. —Tengo la sensación de que nos lo vamos a


pasar estupendamente. Menudo elenco. Estoy deseando empezar.

—Me alegra muchísimo conocerla. Mi nombre es Vanna.

—No —dijo sorprendiéndola—. Para mí serás Elizabeth hasta que

la película termine si no te importa. —Miró a Lily. —¿Johanna Sherman?

—Sí —dijo su amiga emocionada—. Es un honor trabajar con usted.

—Bah, soy una vieja momia. El cine ha cambiado mucho desde mis

tiempos. Perdonarme si estoy un poco oxidada.

—Eso es imposible.

—Niña, a estas alturas agradeces hasta acordarte de tu nombre


cuando te levantas.

Ellas rieron y Erica sonrió mirando a los chicos. —Me gustan. —


Apretó la mano de Vanna. —¿Esta es tu primera experiencia en el cine?
—Sí, abuela.

—Pero has hecho anuncios, ¿verdad?

—No es lo mismo.

—Claro que sí. Fingir ante cualquier tipo de cámara es fingir. —


Suspiró. —Es una pena que mi papel no sea muy largo. Me gustaría
compartir más escenas contigo, presiento que seremos un buen tándem. —
Le guiñó un ojo. —Pero seguro que habrá otra ocasión.

Se le cortó el aliento. Si llevaba retirada años, ¿la conocía y quería

seguir? —Me encantaría —dijo abrumada—. Aprendería muchísimo de


usted.

—Tutéame niña, al fin y al cabo eres mi nieta. —Se sentó en su


sitio. —¿Es cierto que viajas con tu abuela?

—Está dispuesta a ser la madre de la artista todo lo que pueda —


dijo divertida.

—Eso está muy bien. Pero antes no lo hacía, ¿no?

—Al principio sí, pero cuando fui lo bastante mayor ya no me


seguía. Tenía que viajar demasiado de un lado a otro y a ella se le hacía
pesado.

—La entiendo, tanto avión me pone de los nervios. Pero ahora

podréis disfrutar de Londres. Me encanta esta ciudad. Tengo casa aquí,


¿sabéis?

—Entonces estará mucho más cómoda que en un hotel.

—Estáis invitados los cinco a cenar esta noche.

—Oh, gracias —dijo Lily encantada.

Carl llegó en ese momento y le guiñó un ojo a Erica que sonrió. —


Tú también estás invitado.

La besó en la mejilla. —Tía no serías capaz de dejarme sin cenar,


¿verdad?

—Bueno, me lo estoy pensando. Ayer llegaste a las tantas.

—¿Tía? —preguntó Vanna sin entender.

—Oh, ¿no lo sabes? Mi Carl es nieto de mi hermana. Me llama tía


porque hace unos años cuando decía que era su tía abuela me ponía de los
nervios. —Sonrió a Carl con cariño. —¿Dónde estuviste anoche, picarón?

—Con una amiga.

Vanna miró a Tad. —¿A él no le dices nada? ¿O a Rick que tiene ese

chupetón en el cuello?

Este se sonrojó llevando la mano allí. —¡Que he dormido mis horas!

—exclamó indignado.

—Menuda decepción para la chica —dijo Carl divertido.


Rick le fulminó con la mirada. —Quedó bastante satisfecha.

—Eso te dijo. —Miró hacia el escenario y apretó los labios. —


¿Nuestro divo no ha aparecido todavía?

—Cielo…

—Lo siento tía, pero es que no le trago.

—No eres el único —dijo Lily viendo las caras de fastidio de la


mitad de la plantilla.

Rick juró por lo bajo. —Este va a darme problemas.

—No sé por qué seguís contando con él —dijo Tad.

—¿Por qué gana Óscar y toda la industria dice que es un genio?

—Seguro que lo dice quien no le conoce.

—Tiene a los críticos en la palma de su mano. Y un contrato de diez


años que hicimos antes de que se volviera idiota. Tenemos las manos
atadas.

—Si Howard todavía le soporta es por algo —dijo Erica—. El jefe

no tiene muy buen carácter cuando se enfada. Y los dos enfadados deben
ser de traca.

—Por eso lo deja en mis manos —dijo Rick empezando a cabrearse


antes de mirar su reloj—. Veinte minutos de retraso, voy a llamarle.
Se volvió con el móvil en la mano y Vanna se cruzó de brazos. —

¿Siempre se hacen este tipo de reuniones?

—Normalmente el director hubiera aparecido en las lecturas de

guión —dijo Tad mirando su móvil.

—Oh, siento no haber estado —dijo Erica—. Pero me fue


imposible.

—Tranquila, no fuiste la única que no estaba presente. —Miró a su


alrededor para ver a varias personas que no conocía. —¿Y qué se hace en
estas reuniones?

—Pues hacernos perder el tiempo, querida —dijo Erica haciendo


que sonriera—. Por mucho que nos diga todo cambiará en plató. Solo

quiere soltar su discurso como el divo que mi chico dice que es.

Carl sonrió antes de mirar a Tad. —Oye, felicidades tío. Eres


trending topic.

Este le miró como si no supiera de lo que hablaba. —¿Qué?

Se echó a reír. —¿No te has visto en las redes? Joder, esto es la


leche. La tía que te tiraste anoche te ha sacado en internet desnudito en la
cama.

Tad se tensó. —¿Qué coño me estás contando? ¡Ayer estuve en el


hotel!
—Ya, claro. —Sacó su móvil y para el asombro de todas se le veía

en la cama durmiendo desnudo de cintura para arriba. Vanna suspiró, qué


mono.

Tad le arrebató el móvil. —Hostia. ¿Hay más?

—No lo sé.

Lily se acercó a él. —Esa es la colcha del hotel donde estamos


hospedados. ¿Tiene esa línea dorada haciendo un cuadrado, ¿ves Vanna?

Estiró el cuello y al ver que tenía razón asintió. —Sí, es cierto.

—¿Te la llevaste al hotel? —preguntó Carl divertido—. Pareces

nuevo, ahora te acosarán allí.

Le fulminó con la mirada. —¡Te digo que no salí del hotel, joder!

¡Alguien ha entrado en mi habitación para sacar las fotos!

—Es que ya no se tiene intimidad —dijo Erica —. Por eso prefiero


estar en mi casa.

—¡Pienso demandarles!

Vanna miró bien la foto y Lily preguntó —¿Seguro que quieres

hacerlo? No se ve nada que no se haya visto en ese anuncio…

—No termines esa frase —dijo entre dientes—. ¡Yo decido cuándo
salgo y cómo! ¡Han invadido mi intimidad, joder!
Pues tenía razón. La verdad es que si alguien hubiera entrado en su

habitación para sacarle unas fotos estando dormida estaría aterrorizada

porque sucediera de nuevo. Era un poco inquietante que alguien se tomara


esas libertades y tenía razón, debía tomar medidas. —¿Quieres que llame a

un abogado que conozco aquí? Es muy bueno. Una vez me llevó un


incumplimiento de contrato y me pagaron el triple.

Entrecerró los ojos. —Ponme con él.

Buscó su número y le tendió el móvil. Lily y Erica se pusieron a

hablar del acoso que sufrían los famosos y le preguntaron si a ella alguna

vez le había ocurrido algo así siendo modelo. —Una vez un chico le
enviaba fotografías desnudo a mi representante porque no tenía mi

dirección. Por detrás de las fotos me decía que me quería y las burradas que
quería hacerme en la cama.

—Dios mío… —dijo Erica—. ¿Y qué hiciste?

—Enviar un abogado a su casa. Tenía catorce años. Su madre le

puso las pilas y jamás volví a saber de él.

Dejaron caer la mandíbula del asombro. —¿Catorce años?

—Decía que era su primer amor. Afortunadamente se le pasó, pero


tengo amigas que han tenido que pedir órdenes de alejamiento. Y no solo

con hombres. A una la perseguía una loca. Una vez se la encontró en su


jardín cortando sus rosas con una tijera de jardinería enorme. Me dijo que
fue algo espeluznante y que cuando se la llevaba la policía gritaba que la

amaba y cosas así. Tuvo que mudarse del estado para que le perdiera la

pista.

—No fastidies.

—Oh, sí. Y su representante no podía decir a nadie donde iba a


estar. Su agenda era secreta para que no fuera a buscarla y diera con ella de

nuevo. Ahora está retirada, pero me comentó que durante dos años esa
pirada le hizo la vida imposible hasta que consiguió que la detuvieran.

—Hay que tener mucho cuidado con los acosadores —dijo Erica—.

Cuando yo era joven decían que eran admiradores, pero muchos rayaban la

locura. Una vez uno sin conocerme de nada me regaló una pulsera de
diamantes. Cuando hice que se la devolvieran se enfadó muchísimo y al

salir de un estreno intentó apuñalarme.

—Oh, es cierto —dijo Vanna—. Recuerdo que se comentó en una


entrevista que le hicieron hace unos años.

—Afortunadamente le metieron en la cárcel y murió allí. No quiero

ni pensar en lo que hubiera pasado si hubiera salido.

—Tía no pienses en ello —dijo Carl.


Preocupada miró a Tad. ¿Y si ese o esa loca le hubiera hecho algo?

Se le puso un nudo en la garganta. Tad la miró exasperado. —Vanna, no

cree que sea yo.

Se acercó y cogió su móvil. —¿Peter? Soy Vanna.

—Hostia, ¿es de verdad?

—Mueve el culo que han entrado en su habitación para sacarle fotos


mientras estaba dormido.

—Pásame con él.

Le entregó el móvil y Tad se lo puso al oído. —¡Quiero demandar a

todos! Sí, a los del hotel también. ¿Cómo entró en mi habitación? —Se pasó
la mano por el cuello. —¿Ir a poner una denuncia? Ahora no puedo, tengo

una reunión y… ¿Investigación? ¿Juicio? Joder. Esto me llevará un tiempo

que no tengo.

Le cogió por el brazo. —¿No decías que les ibas a demandar?

—Sí, pero… —Ella vio en su rostro la impotencia. —Ni hemos

empezado el rodaje. Esto atraerá a toda la prensa. El rodaje se convertirá en

un circo y tenemos muchos exteriores.

—¿Y vas a dejarlo así? —Cogió el móvil de su mano. —Peter, te


llamo ahora. —Colgó y le miró a los ojos. —No deberías dejarlo estar y lo

sabes. ¿Y si mañana hace algo más?


—Tranquila, niña. Que se mude a mi casa. —Erica sonrió. —¿Por

qué no os mudáis todos? Será divertido. Rick también está invitado, por
supuesto.

Lily le suplicó con la mirada.

—No vamos a invadir su casa.

—Tengo treinta habitaciones —dijo divertida—. Hay sitio de sobra.

Tad dijo —Te lo agradezco mucho, Erica. Por supuesto que acepto

tu invitación.

Lily sonrió de oreja a oreja y muerta de ganas por compartir más


tiempo con él susurró —No deberíamos. Mi abuela…

—Estará encantada y se llevará genial con Erica.

—Estoy deseando conocerla.

Rick llegó en ese momento y estaba cabreadísimo. —No está en

Londres.

—¿Qué? —preguntaron asombrados.

—Se ha ido a una de las localizaciones sin avisar. A la casa de


campo donde se inicia la película.

Erica jadeó. —Pero si lo primero que se graba son mis escenas y se

harán en plató.
—Lo siento mucho, Erica. —Apretó los puños. —Al parecer le

importa poco tener a sus actores esperando.

—Bueno… —Erica se levantó. —Entonces yo me voy. —Le guiñó

un ojo. —Dile a tu abuela que estaré encantada de tenerla en mi casa, será


muy bienvenida. Además, me gustaría ensayar contigo. Piénsalo. Nos

vendrá bien estar juntas.

—¿Ves? Te ayudará en el trabajo —dijo Lily ansiosa—. Piensa en

todo lo que aprenderás de la mejor.

Miró de reojo a Tad que parecía pensar en sus cosas. —Te lo

agradezco mucho, Erica. Por supuesto aceptaremos tu invitación.

La mujer sonrió radiante. —Perfecto. Carl os dirá la dirección,

¿verdad cielo?

—Claro, tía —dijo mirando a Vanna como si estuviera muy


interesado, aunque ella no se daba cuenta.

—Rick también te espero.

—Sí, claro que iré a cenar.

—Tráete la maleta. —Ella rio como toda una estrella por la

confusión en su rostro. —Que ellos te lo expliquen.

Lily le cogió del brazo. —Yo te lo explico.


Vanna algo insegura se acercó a Tad. —¿Vas a denunciar? Ahora

nos vamos del hotel.

—Dame el teléfono de ese abogado.

Ella sonrió y lo buscó en su móvil. —Dame tu número.

—¿Para qué? —preguntó desconfiado.

—Para enviártelo por WhatsApp —dijo como si nada.

Gruñó antes de decírselo y ella hizo una llamada. —Ese es el mío.

Guárdame en contactos.

Al ver que ponía en el nombre novata pelirroja jadeó y él sonrió de

medio lado. —No tiene gracia. —Le añadió a su lista de contactos como
sabelotodo.

Él se acercó para ver lo que ponía. —Que poco original, nena.

—Esa soy yo, la poco original. —Le envió el mensaje y casi se

mareó por el olor de su after shave. Elevó la vista hasta sus ojos. —Ya está.
—Entonces frunció el ceño. —¿Usas Salvaje?

—¿Qué?

Le olfateó antes de señalarle. —¡Usas salvaje! ¡Yo publicité ese

after shave!

—Estás equivocada.
Frunció el ceño. —¿Lo estoy? Pues se parece mucho. ¿Cómo se
llama?

—Gentleman.

—Ah… No lo conozco.

—Es canadiense. Lo compré estando allí y me gustó.

La verdad es que le pegaba mucho. Se acercó y le olió de nuevo

haciendo que se inclinara hacia atrás. Sonrió maliciosa. —Es Salvaje,


guapo. Después de anunciarlo no me pude despegar ese olor en una semana.

Me hicieron meterme en una bañera llena de él mientras tres tíos tiraban el

contenido de las botellas sobre mí. ¿Recuerdas el anuncio?

—Qué va —dijo como si estuviera loca.

—¿Seguro? Como te acordabas de lo del Ártico…

La miró con mala leche. —¿Qué insinúas?

—¿Yo? Nada.

Rick se subió al escenario. —Chicos, no hay reunión. A los que les

toque mañana, aquí a las ocho para rodar las primeras escenas. Los

ayudantes de producción os dirán la hora de recogida en los hoteles.


Descansad y Tom ya os indicará de manera individual como quiere

desarrollar vuestro trabajo. Hasta mañana.


Para todos fue evidente que Rick bajaba de la plataforma muy

cabreado. —Como esto siga así no acabaremos el rodaje —dijo Tad por lo
bajo—. Y tengo otra película después, joder.

Le miró asombrada. —¿Cuántas haces al año?

Levantó una de sus cejas morenas. —Si son buenas, las que puedo.

—¿Y esta es buena?

—Tenía buena pinta, pero cada vez se pone peor.

Jadeó indignada. —¿Lo has dicho por mí o por Tom?

Él rio por lo bajo volviéndose.

—Pienso hacer un papel que te emocionará tanto que me pedirás

perdón.

—Estudia, nena —dijo de la que se alejaba—. Te queda mucho por


aprender.

Entrecerró los ojos. —Eso pienso hacer.

Lily le palmeó el hombro. —Pues nada como aprender de la mejor.

 
 

Capítulo 5
 

Sentada con Erica en el salón susurró —Lo hago mal, ¿verdad?

—No, niña. Lo haces muy bien para ser tu primer papel.

—Pero no es suficiente —dijo desmoralizada.

—Para ser protagonista y dejar huella no.

Apretó los labios. —Quiero aprender.

Se echó a reír. —Esto no se aprende, niña. Se siente.

Suspiró levantándose. —Sí, eso me han dicho. Debe salir de dentro.

Debo meterme en Elizabeth, sentir lo que ella sentía.

—¿Y qué problema hay si ya lo sientes?

La miró sin comprender y Erica preguntó sorprendida —¿Acaso no

te estás enamorando de tu galán? ¿Acaso no os replicáis continuamente


como Alex y Elizabeth al principio de la historia?
Gruñó volviéndose y miró por la ventana para ver que los invitados

tomaban café en la terraza. Su abuela hablaba por los codos mientras Lily

intentaba atraer la atención de Rick. Al mirar hacia Tad se le cortó el aliento

porque miraba hacia allí. —Mírale —dijo Erica tras ella—. Está pendiente

de ti. De tu bienestar.

—No, él…

—Mírale. Mira como frunce el ceño porque sabe que hablamos de

él. Se pregunta de qué hablamos y se muere por saberlo. Has entrado en él

como ha entrado en ti. De vosotros depende que averigüéis si puede haber

algo más o no.

—No se toma en serio a ninguna —dijo casi con rabia.

—¿No me digas? Ven, déjame que te enseñe algo. —Se volvió y fue

hasta la chimenea para mostrarle una foto de ella con un hombre que no

conocía.

—¿Quién es?

—Mi marido durante cincuenta años.

La miró sorprendida y esta rio por lo bajo. —Sí, no era actor, no era

famoso, era abogado. Cuando le conocí me tomó por una descerebrada que

daba bien en pantalla y yo le tomé por un play boy de medio pelo. Nos

odiamos a primera vista, pero cuando intentaron apuñalarme Anthony fue el


primero en acudir al hospital y ahí me robó el corazón. —Apretó los labios

acariciando su rostro en la foto. —Y te aseguro que cada día sin estar a su

lado es una auténtica tortura.

—¿Y aun así quieres que me enamore? —preguntó espantada—.

¿De él? ¡Ni hablar! —gritó antes de salir del salón dando un portazo.

Erica suspiró antes de mirar hacia la puerta de la terraza. Vio como

él fruncía aún más el ceño mirando a la parte de arriba de la casa como si la

viera por la ventana. Sonrió maliciosa. —No podrás evitarlo, niña. No

podrás evitar amarle. —Suspiró. —Anthony, lo que te echo de menos. —

Miró hacia arriba. —¿Cuándo vas a reclamarme? —Bufó mirando al frente.

—¿Qué me queda por hacer para que tenga que seguir viviendo? —
Entrecerró los ojos mirando a los chicos. —¿Por qué he decidido hacer esta

película? —Vio como Lily reía mientras Rick intentaba ignorarla, aunque

no lo conseguía. Aquello cada vez se ponía mejor. Sí, igual era por ellos.

Puede que la necesitaran. De hecho Vanna la necesitaba y mucho. Pero la

ayudaría, tenía madera y conseguiría que se abriera. Que se abriera a todo

incluido a ese galán que la espiaba sin que se diera cuenta. Abrió la puerta y

salió a la terraza. —Carl, cielo…

—¿Sí, tía? —preguntó levantándose.

—¿Por qué no te llevas a las chicas a dar una vuelta hasta la cena?

Oh, y llévalas a esa tienda de pastelitos para que elijan algo para el postre,
¿de acuerdo?

—Claro, tía. —Miró a Sondra y alargó la mano. —¿Me acompaña,

bella dama?

Sondra soltó una risita. —Claro que sí, milord. —Se levantó y cogió

su brazo. —¿Está soltero, milord?

—Sí, milady.

—Pues tengo una nieta que es una auténtica joya.

—¿No me diga? Creo que le he echado el ojo. ¿Es pelirroja? Una

dama muy atractiva.

—Tiene locos a todos sus pretendientes.

Tad le fulminó con la mirada haciendo que Erica sonriera por

dentro. Esto iba viento en popa.

Estaba tan cansada que eran los demás quienes llevaban el peso de
la conversación en la cena. —Oh, Elizabeth como muchos días te levantarás

al amanecer, te he puesto en otra habitación para que no despiertes a tu

abuela al dormir al lado. He dejado espacios entre unas y otras para no

escuchar cuando llegáis o cuando os vais.

—Gracias Erica —dijo la abuela—. Eres muy amable.


—No es nada —dijo sin darle importancia—. Os he puesto a Alex y

a Elizabeth en habitaciones comunicadas. —La fulminó con la mirada y

esta sonrió inocente. —Podéis usar el saloncito del medio para ensayar, no

hay problema. Sé que muchas de vuestras escenas necesitan intimidad.

Se puso como un tomate y miró de reojo a Tad que seguía cenando

como si todo le importara un pito. Pues si a él no le importaba a ella

tampoco. —Por cierto, ¿cuándo ensayamos? —preguntó ella.

Él levantó una ceja mirándola. —¿Para qué preguntas si lo que

quieres es irte a la cama cuanto antes y es obvio que después de la cena no

va a ser?

Se sonrojó. —Pues mañana.

—Mañana no trabajáis en plató —dijo Rick como si estuviera

exasperado—. Su majestad se pasará unos días en el norte. Tenemos que

retrasar el inicio del rodaje.

—Entonces mañana, a las siete en punto —dijo muy serio antes de

beber de su copa de vino.

—Genial —dijo como si estuviera encantada.

—Ese hombre no tiene seriedad, Rick —dijo Erica cogiendo su copa

de agua mientras el mayordomo les servía el postre.

—Lo sé.
—No he querido llamar a Howard para no molestarle con este tema,

pero hay que solucionarlo. Sabes que yo tengo unas fechas concretadas que

hay que respetar.

Rick la miró fijamente. —Lo sé. Haré lo posible para que ruedes

cuanto antes tus escenas.

—Sé que lo harás.

Al ver cómo Carl apretaba los labios Vanna se tensó. Allí pasaba
algo que ellas no sabían. Al mirar a Lily vio que no se había enterado de

nada disfrutando de su mousse de chocolate. Exasperada la vio pedir otro

levantando el dedo y el mayordomo sonrió yendo hacia la puerta que daba a

la cocina. Todos la miraron y esta se sonrojó. —¿Qué?

—¡Mañana estará el entrenador aquí a las siete, así que ya estás

madrugando! —exclamó Rick.

Se puso como un tomate, pero cuando le pusieron el mousse delante

cogió la cucharilla como si nada. —Yo lo quemo todo.

—No te fíes, niña —dijo Erica—. Una vez engordé diez kilos sin

darme cuenta y con cuarenta años me costó quitarlos.

—Todavía soy joven. —Miró a Rick maliciosa. —Y hay otras

maneras de quemar calorías. Seguro que las conoces.

—Prepárate para cuando te coja Mario.


—Lo estoy deseando —dijo seductora.

Vanna reprimió la risa cuando él entrecerró los ojos como si aquello

no le gustara un pelo. —Le diré que te meta caña.

—Uff, va a ser maravilloso. Que me la meta, que me la meta. —


Chupó la cucharilla con descaro y Erica se tapó con la servilleta para

ocultar su risita.

—¡Niña! —exclamó Sondra.

Esta se sonrojó. —Perdona abuela, pero es que me provoca. ¿O no

lo ves?

Sondra le fulminó a él con la mirada. —Si te gusta la niña y te


preocupa su bienestar, pídele una cita como hace la gente normal e intenta
razonar con ella.

La miró pasmado. —¡Solo pienso en la película!

—Ya, claro. No recuerdo que en el guión ponga en ningún sitio los

kilos que tiene Johanna.

—¡Es delgada, atlética y ágil!

—Como la niña, no sé por qué te preocupas tanto. —Sondra le miró

fijamente. —Tú eres de los que disimula sus sentimientos, ¿no? —


Chasqueó la lengua. —Hombres.
Asombrado miró a Tad que se encogió de hombros. —Demasiadas
mujeres juntas, amigo. Nunca vas a poder razonar con ellas.

—¿Has llamado a Peter? —preguntó Vanna interesada.

—Joder, mañana tengo que ir a poner la denuncia por la mañana.

—Tenemos que ensayar.

La fulminó con la mirada. —¡Ayer no me fui de juerga, ni me he ido


toda la tarde a comprar pastelitos!

—Tío, no te pases —dijo Carl—. Tiene derecho a divertirse.

—¡Tiene que trabajar que a eso hemos venido aquí! —gritó


levantándose—. ¡Pero qué vas a decir si Lily y tú no os tomáis vuestros

ensayos en serio, no me extraña que tengas esa opinión! —Salió del


comedor dejándoles con la palabra en la boca.

Sondra apretó los labios y la miró a los ojos. Se levantó en el acto.

—Si me disculpáis…

—Sí, niña… Ve a calmar a tu Alex, es puro fuego —dijo Erica

divertida—. En la pantalla va a ser como ver fuegos artificiales. —La


anfitriona se levantó. —Carl, te aconsejo que hagas caso a nuestro

protagonista y te pongas a ensayar.

Lily se sonrojó con fuerza y miró a su pareja en la ficción. —¿Voy a


por una cuerda para atarte a la cama?
Rick la fulminó con la mirada. —Creo que puedes saltarte esa parte.

Vanna subió a la que una doncella dijo que era su habitación y sin
saber qué hacer se apretó las manos mirando la puerta de comunicación.
Tomó aire y abrió la puerta para ver un salón precioso en tonos tierra. Lo

cruzó y cuando llegó a la puerta levantó el puño para llamar, pero entonces
le escuchó hablar —¡No, Howard! ¡Esto es un puto desastre y me has

metido en el proyecto casi a rastras! ¡Me garantizaste que todo iría bien y
nada va bien, joder! La protagonista es una cara bonita sin talento ni

cerebro, el director es un ególatra irresponsable... ¿Y Lily? ¡Lo único que le


importa es acostarse con Rick! —Abrió la boca asombrada. Sería chivato.

—No, Rick hace lo que puede en manejar todo este lío —dijo más calmado
—. ¿Que me relaje? Sabes lo que me juego con esta película. —Vanna

entrecerró los ojos acercándose a la puerta. —Te pedí un bombazo para


callar bocas y me das esto. —Le escuchó suspirar. —Joder, cuando ese

documental salga a la luz me va a hundir y si no tengo un éxito mi carrera


se irá a la mierda.

Separó los labios de la impresión.


—¿Que el escándalo vende? ¡Esto no es un tortazo en la gala de los

Óscar, joder! ¡Estuve en la cárcel por tráfico de drogas! ¡La opinión pública
me va a comer vivo! No, no se puede detener. Mi primo les ha dado la

entrevista y ese cabrón me ha contado que se explaya a gusto. Saldrá para


las navidades. ¡Piensan hacer un documental de dos horas sobre mi vida y

no puedo pararlo! ¡Y encima ahora se cuelan en mi habitación a sacarme


fotos dormido! ¡Cuándo mi vida se fue a la mierda! —dijo asombrado —.
¿La película de Robert? ¿Que se ha roto la muñeca? Joder dámela. Te juro

que no te fallaré.

¡No, no! Asustada se pegó a la puerta. —¿Pretendes que empiece


esta película? ¿Que le dé una oportunidad? Si luego me cambias habrá que

rehacer escenas, Howard. ¡Una semana! ¡Si esto no rueda en una semana
me largo!

Debió colgar porque ya no habló más y le escuchó caminar por la

habitación. Se mordió el labio inferior. Una semana, tenía una semana para
hacerle cambiar de opinión. Se llevó la mano a la frente. ¿Tráfico de

drogas? Dios, iban a hundir su reputación. De ser el soltero de América


sería un apestado con todo el revuelo que últimamente había en la industria

con tantos escándalos. Los niños admiraban a Tad, querían ser como él y
ese documental sobre su vida le convertiría en un paria. Un documental…
Miró hacia su habitación y corrió hacia allí cogiendo su móvil que estaba
cargando en la mesilla. Lo cogió a toda prisa y se lo puso al oído. —Hola

Jim. Sí, hace tiempo que no hablamos. Oye, tú tenías un amigo que hacía
documentales, ¿no es cierto? ¿Puedes darme su número? Tengo un amigo

que estaría interesado en hablar con él. Al parecer tiene un tema que puede
interesarle y busca director. Envíamelo por WhatsApp, ¿quieres? Oh sí,

cuando vuelva a Nueva York te llamo y quedamos para tomar algo —dijo
sin ninguna intención de hacerlo—. Pero solo si dejas a esa rubia. —

Impaciente escuchó su risa. —Oye, tengo que dejarte, el fotógrafo me


reclama. Envíame eso, ¿quieres? Tengo a mi amigo aquí esperando por él.

Un besito.

Colgó y se sentó en la cama esperando el número que no tardó en

llegar. Se llamaba Curtis. Marcó a toda prisa y se lo puso al oído. —


¿Curtis? Soy Vanna, la amiga de Jim. —Sonrió divertida. —Sí, la

supermodelo. Oye, tú haces documentales, ¿no? Que bien. ¿De animales?


Oh, no es lo que busco. Busco a alguien que se relacione con la industria

del cine, que los haga sobre eso. —Sonrió maliciosa. —Bill Fallon… ¿Y es
bueno? Es el dueño de su propia productora. —Le habló de varios

documentales sobre estrellas de cine que él había hecho y que casualmente


había visto porque tenía el canal de cine en casa. —Sí, he visto su trabajo…

¿No tendrás su número para hablarle de un tema que lleva un amigo? ¿Que
tiene página web? Claro, le conoces de oídas. No te menosprecies que
seguro que algún día llegas a su nivel y os convertís en colegas de trabajo.
Si llego a conocerle y hago una fiesta en Nueva York tranquilo que os

invitaré a los dos. No es nada… Has sido muy amable, se nota que Jim tiene
buenos amigos. Oye, tengo que dejarte estoy en Londres y me reclama él
fotógrafo. Chaito.

Colgó a toda prisa y miró la página del susodicho en internet.

Apretó los labios al ver su trabajo. Era especialista en sacar escándalos de


estrellas mientras contaba sus vidas. Al ver la foto de uno de sus

documentales sintió que la furia la recorría porque había destrozado la


carrera de una actriz porque había tenido un aborto con dieciséis años. La

prensa la acosó de tal manera que se intentó suicidar. No recordaba haberla


visto más en ninguna película. Ni se quería imaginar lo que haría con Tad,

le iban a destrozar. Lo del éxito en la película para acallar bocas no serviría


de nada. Pensó en ello un rato y de repente la puerta se abrió mostrando a

Lily metiendo la cabeza. —¿No estás ensayando?

—Creo que es mejor dejarle y que se calme —dijo bloqueando el


móvil discretamente—. Estoy muy cansada. —Se levantó y se descalzó las

zapatillas de deporte antes de empezar a desabrocharse los pantalones


vaqueros. —Me voy a la cama.

—Sí, claro. Yo también estoy hecha polvo. —Le guiñó un ojo. —


Buenas noches.
—Que descanses, Lily.

Su amiga iba a salir cuando se detuvo. —¿Seguro que estás bien?

—Sí, claro —dijo tirando los pantalones sobre la cama.

Lily sonrió. —Pues hasta mañana.

Cuando cerró la puerta se mordió el labio inferior sentándose en la

cama. Puede que fuera su amiga, pero de eso no podía hablar con nadie, ni
siquiera con su abuela. Era algo tan gordo que era mejor ocultárselo a todo

el mundo. Mirando su móvil se preguntó cuánta gente trabajaría con ese


aprovechándose de la vida ajena. Volvió a mirar su página web y al leer su

biografía entrecerró los ojos porque era de Nueva York. De Queens, que era
donde tenía su estudio. Intentó encontrar soluciones, pero pagarle para que

dejara el documental seguramente no serviría de nada. Tarde o temprano


sacaría la información que ya tenía y volvería a la carga. ¿Ofrecerle algo

mejor? ¿Otro chismorreo? Era escoria que se nutría de las desgracias


ajenas, utilizaría lo que pudiera darle para apuñalarla por la espalda y
después hundiría a Tad. No, ese hombre no era de fiar. Miró en sus
contactos a ver quién podía ayudarla y su corazón saltó en su pecho al ver

un nombre. Se puso el teléfono al oído y esperó. —Hola guapo… Cuanto


tiempo.
—Catorce años. Me sorprende que aún tengas mi número —dijo su
abuelo.

—Necesito un favor.

—Me lo imaginaba.

—Ni se te ocurra decírselo a la abuela.

—Si siempre me cuelga cuando intento hablar con ella —dijo


divertido—. ¿Qué pasa, cielo? ¿Te has metido en algún lío?

—No es para mí. Un amigo está en problemas por alguien que tiene
la nariz demasiado larga.

—¿Es importante para ti?

Miró hacia la puerta y sintió que sí, que era realmente importante.
—Sabes que sino no te molestaría.

—Lo sé. Cuéntame de que se trata. No nos oye nadie.

Le contó lo del documental rápidamente.

—¿Qué quieres que haga?

Pensó en ello. —Quiero que le dejes claro que como se le ocurra


sacar algo de Tad Newman va a conocer a su creador —dijo sin sentir

ningún remordimiento.

—¿Hay límites?
—No, abuelo. Mientras seas discreto y no dejes pruebas tienes vía
libre.

—Ni se lo diré a mis chicos. Le daré el mensaje yo mismo y a solas.

—Gracias abuelo. —Se quedaron en silencio y suspiró. —Todavía

te echa de menos, lo sé.

—Después de lo de tu madre no puedo perdonarla por animarte a ser

como ella, niña.

—No querías verme. Eso no te lo perdonará nunca.

—Al verte no dejaba de recordar a tu madre, discutía con ella y

tenía miedo de perder los nervios. No podía evitarlo, cielo. Hice bien en
alejarme.

—Lo entendí, ¿sabes? —preguntó emocionada—. La querías más


que a nada.

—Era mi niña, lo más grande que tenía en la vida y pensar que


pudiera sucederte lo mismo…

—Te echo de menos.

—Recibo tus cartas y las revistas que me envía tu abuela para


echarme en cara que hizo bien al animarte a seguir adelante —dijo tan

emocionado como ella—. Siempre estás preciosa.


Sonrió con tristeza. —Pues prepárate porque voy a hacer una

película.

—¿Qué? —No pudo disimular su sorpresa. —¿Con ese Tad? Oye,

¿no estarás colada por él? ¿Tengo que darle un repaso? Si ese le toca las
pelotas es que tiene mucho que esconder. Puede que eso de las drogas no
sea lo único que oculta.

Sonrió porque no podía dejar de ser protector con ella. —Se ha


reformado y ahora quieren hundirle por un error.

—Odio a ese tipo de gente —dijo entre dientes.

—Quiere destrozar su carrera, abuelo. Y la película será un fracaso


porque se tirarán sobre él. Así que ya ves, también me estás haciendo un

favor a mí.

—Tranquila, que a ese no le va a quedar un dedo vivo como para


señalar la vida de nadie.

—Gracias, abuelo.

—Si vuelves a oír algo de él avísame que es que no habrá entendido


el mensaje. Entonces liquidaré el asunto. —Vanna sintió un nudo en la
garganta porque no tenía ninguna intención de reanudar su relación, lo que
la apenaba enormemente. —No puede ser, cielo. Demasiados rencores,

demasiado dolor. Ya soy viejo para esto.


—No fue culpa de nadie.

—Sé que te hice daño y sé que te hago daño ahora. Perdiste a tu

madre y perdiste a tu abuelo. ¿Qué puedo decirte? Igual con los años me he
vuelto un cobarde, pero no puedo enfrentarme a ella y mucho menos a ti.
Siento lo que te hice, pero llegué a pensar que me iba a volver loco de dolor
sobre todo cuando os fuisteis a ese trabajo como sino hubiera pasado nada.

—No nos lo perdonaste, ¿verdad? —Sollozó sin poder evitarlo.

—Como te dije demasiados rencores, demasiado dolor. Es mejor


dejar las cosas como están.

—Pero estás solo.

—No, cielo. —Carraspeó como si estuviera incómodo. —Me casé.

—¿Qué? —gritó poniéndose en pie—. ¿Cómo que te casaste?


¿Cuándo?

—Hace casi diez años. —Carraspeó de nuevo haciéndola parpadear

pensando que estaba soñando.

Incrédula se llevó la mano a la nuca. —¿Lo sabe la abuela?

—¿Por qué crees que intenté llamarla tantas veces?

—¡Podías haberme llamado a mí! ¡Ni sabía que habíais firmado el

divorcio!

—Está claro que me ha borrado de su vida.


—Te has borrado tú solo al irte.

Él suspiró. —¿Ves cómo es mejor dejar las cosas como están?

—Sí, está claro que es lo mejor pero que te quede claro que te

quiero y que te querré siempre. —Las lágrimas corrieron por sus mejillas.

—Mi niña, yo también te quiero. Adiós, cielo. Cuídate mucho.

Cuando colgó sollozó dejando el teléfono sobre la mesilla. Un

movimiento la sobresaltó y miró hacia la puerta de comunicación para ver a


Tad únicamente vestido con el pantalón del pijama observándola con los
brazos cruzados. —¿Qué haces ahí?

—Te oí gritar y me acerqué a ver qué ocurría. La puerta estaba


abierta.

Mierda. ¿Qué habría escuchado? Intentó recordar la conversación,

pero con lo nerviosa que estaba ni recordaba la mitad. —No sé qué has
oído, pero…

—Está casado. Olvídale y sigue adelante —dijo antes de irse.

Parpadeó sorprendida y cuando comprendió lo que quería decir


jadeó siguiéndole. —¡Jamás estaría con un casado!

—Venga, te he oído. Ni sabías que se había divorciado de su


primera mujer. ¿Qué ocurrió, le diste un ultimátum y como vio que te perdía
le dio puerta a su esposa, pero ya era demasiado tarde? —Sonrió con
desprecio antes de reír sin ganas. —Claro, ¿se sentía solo y te ha llamado
para contarte su triste vida? —Dio un paso hacia ella. —¿O le has llamado
tú desesperada por oír su voz y te has disgustado al escuchar que se había
casado de nuevo?

—No sabes lo que dices.

—Eres patética.

Le dio un tortazo que le volvió la cara y la miró como si la odiara


antes de cogerla por la nuca para acercarla a su rostro. Se le cortó el aliento

mirando sus ojos. —No vuelvas a hacerlo, nena —dijo furioso.

—¿Acostarme con un casado o pegarte?

—Las dos cosas. —Su mirada bajó lentamente hasta sus labios y la

sangre de Vanna fluyó alocadamente por sus venas. —Ya que estás tan
despierta podemos ensayar.

—¿Ensayar el qué? —preguntó casi sin voz dando un paso hacia él


hasta pegar su cuerpo al suyo.

Se la comió con los ojos antes de acercarse a su boca. Cuando sintió


el aliento sobre la suave piel de sus labios, creyó que se le detenía el
corazón mientras él susurraba —Todo. —Rozó su labio superior. —¿Sabes,

nena? Creo que no vamos a tener problemas con la química.


Pasó la lengua por su labio inferior maravillada por su sabor. —Creo
que el problema va a ser otro.

Él la cogió por la cintura elevándola hasta ponerla a su altura. —


¿Cuál?

Le miró a los ojos. —El problema va a ser parar. —Se besaron el


uno al otro de manera casi desesperada y Tad la giró metiendo la rodilla

entre sus piernas para apoyarse en el sofá y tumbarla. Vanna acarició su


espalda separando sus piernas aún más para hacerle espacio. Cuando se
tumbó sobre su cuerpo y sintió su sexo endurecido rozando el suyo, gritó en
su boca antes de separar sus labios de los suyos inclinando su cuello hacia

atrás. Él se lo besó tirando con fuerza de la camiseta hacia arriba rasgándola


para mostrar sus pechos. Sus labios bajaron por su cuello y ella suspiró de
placer hasta que llegó al valle de sus senos. Tad levantó la vista hacia ella y
sus manos acariciaron sus pechos de manera posesiva. —Perfectos, siempre
he pensado que lo eran, ¿sabes?

Separó los labios de la impresión y agachó la cabeza para mirarle a

los ojos. Tad sonrió malicioso elevando su pecho con la mano antes de
pasar la lengua por su pezón. Todo en ella tembló y gimió dejando caer la
cabeza sobre el respaldo del sofá porque ya ni podía pensar. Cuando chupó
y acarició con la lengua su sensible pezón, se arqueó hacia atrás sin ser

consciente de ello. Tad bajó una de sus manos hasta su entrepierna y la


acarició en su sexo por encima de las braguitas. Se mareó de la impresión y
se aferró a su nuca. Él besó su pezón antes de apartarse para mirar su rostro
sin dejar de acariciar su sexo. Asustada por la intensidad de lo que le hacía

sentir clavó las uñas en su piel y Tad metió la mano en sus braguitas para
acariciarla sin impedimentos. El roce de sus dedos en su clítoris la hizo
gritar, pero él la besó ansioso acallándola. Cuando se calmó Tad se apartó y
susurró comiéndosela con los ojos —Te va a oír toda la casa, preciosa. Y
sabes que eso no puede ser.

Vanna sintiendo que le necesitaba susurró —Más. —Él tiró de la

frágil tela de sus braguitas mirándola como si la deseara más que a nada y
cogió su miembro acercándolo a su sexo para acariciarla con él de arriba
abajo. No podía haber nada mejor en la vida y por instinto elevó sus piernas
rodeando sus caderas mientras acercaba su sexo a la entrada de su ser. Entró

en ella de un solo empellón y Vanna gritó sintiéndose completa.

—¿Te va duro, nena? —preguntó deslizándose —Porque a mí sí. —


La llenó de nuevo con contundencia y creyó rozar el paraíso. Sintió como
con cada movimiento cada músculo de su interior se resistía a perderle, lo
que provocaba que el placer cada vez fuera más intenso. Ni le escuchó jurar

por lo bajo, pero sí sintió como su sexo entraba en su ser cada vez con más
ímpetu hasta llevarla a límites que ni conocía. Sintiendo miedo porque la
liberación no llegara, se abrazó a él rogándole que no parara. Tad la besó en
el cuello hasta llegar al lóbulo de su oreja y susurró —¿Vas a correrte,
nena? —Esa pregunta mientras movía sus caderas con un fuerte empellón
llenándola por completo, hizo estallar algo en su vientre que recorrió todo

su cuerpo con una fuerza que la sorprendió haciéndola gritar de placer. Él


no dejó de moverse ampliando su éxtasis y cuando Tad sintió uno de sus
estremecimientos sobre su miembro gritó liberándose en su interior. Cuando
se dejó caer sobre su cuerpo, Vanna se abrazó a él sintiéndose especial

simplemente por estar a su lado.

Sus corazones se fueron calmando y fue muy consciente de cómo se


tensaba como si algo no fuera bien. Vanna no abrió los ojos porque no
quería enfrentarse a lo que vendría ahora y se dio cuenta de todo lo que
necesitaba que la amara. En ese instante se dio cuenta de que a pesar de
cómo se comportaba con ella, en algún momento le había entregado su

corazón y sabía que ahora le diría algo que le haría daño porque no la
amaba. No era importante para él, solo había sido química, un polvo más.

Él se apoyó en las palmas de las manos y se elevó lentamente


mirando su rostro. Vanna se dijo que no podía esconderse más tiempo y
abrió los ojos. Para su sorpresa sonreía y su corazón dio un vuelco de la

emoción.

—No ha ido nada mal para ser el primer ensayo.

Sonrió encantada. —Cuando rodemos nos va a salir de perlas.


—Y que lo digas.

Se apartó haciéndola gemir cuando su miembro salió de su interior y


Tad la cogió en brazos. —¿A dónde me llevas?

—Será mejor que ensayemos en la cama. Tenemos unas cuantas


escenas allí.

—Bien visto.

 
 

Capítulo 6
 

Al amanecer sintió sus caricias en la espalda. Apoyada sobre su


hombro abrazando su torso abrió los ojos.

—Eras mi mito erótico.

Se le cortó el aliento levantando la cabeza como un resorte. —¿Qué

has dicho?

Él sonrió divertido. —Sí que era la colonia que anunciabas. Y los

cereales, la leche… Ni sé las veces que pensé en ti… —Elevó las cejas. —

Ya me entiendes.

Dejó caer la mandíbula del asombro. —Te estás quedando conmigo.

—Nena, desde que te vi en aquellas fotos con el bikini en el Ártico,

con los icebergs tras de ti con el pelo al viento... —Hizo una mueca. —No

sé, te tenía entre ceja y ceja.


—¿Te has acostado conmigo para cumplir un sueño erótico? —

preguntó alucinada.

—Pues…

Jadeó levantándose de la cama.

—Vamos, nena… No me digas que tú nunca has fantaseado

conmigo.

—¡Serás creído!

—Ah, ¿que no? Porque media América sí —dijo acariciándose el

pecho de una manera tan masculina que le alteró la respiración. Él bostezó

y se pasó el brazo tras la cabeza para mirarla bien—. Joder nena… Eres lo

más precioso que he visto nunca.

—¿De veras? —preguntó halagada, pero aun así elevó la barbilla


como si le importara un pito—. Eso no es lo importante.

—Claro, porque nos conocemos tanto que lo importante es todo lo


demás.

—Pues sí.

Rio por lo bajo antes de levantarse y desnudo fue hasta el baño. —

Tengo que ir a poner la denuncia. —Se volvió y Vanna se sonrojó porque la

sorprendiera mirándole el culo que tenía un pequeño arañazo. —Nena, a ver


si te controlas un poco porque eso no sé si podrá taparlo el maquillaje.
Jadeó. —La culpa es tuya que tardas mucho.

—Y yo que creía que estabas encantada. —Abrió la ducha. —

¿Sabes, preciosa? Jamás habían llorado entre mis brazos dándome las

gracias por llevarlas al orgasmo.

Como un tomate siseó —Yo no he hecho eso.

—Ya claro, lo habré soñado.

—¡Eso! ¡Lo has soñado! —Furiosa fue hasta la puerta que daba al

salón.

—Nena, no te distraigas por ahí que cuando vuelva seguimos.

—¡Más quisieras!

—Oye, yo lo decía por ti, así no estarás tan verde.

Jadeó volviendo al baño. —¡Yo no estoy verde! ¡Lo pasaste de

miedo, guapo!

La cogió por la cintura comiéndosela con los ojos. —Por eso quiero

repetir. —Sonrió sin poder evitarlo y dejó que la besara en su labio inferior.

—Y tú también quieres, nena. —La besó suavemente. —Pero será mejor

que esto quede entre nosotros.

Eso fue como un jarro de agua helada y frunció el ceño dando un

paso atrás. —Quieres mantenerlo en secreto.


—Nena, Rick me tirará de las orejas si se entera de que me he liado

con otra actriz.

—¡Serás pendón!

—¡Como si tú no te hubieras acostado con modelos, que lo sé muy

bien!

Se puso como un tomate y elevó un dedo. —¡Con uno!

—¡Ja! —Entró en la ducha. —¡Con tres!

Le miró asombrada. —¡Ni hablar, solo fue con uno! ¿De dónde te

has sacado tres? —Se llevó la mano al pecho. —¿Te has creído lo que se

dice en internet?

—Bueno, conmigo suelen acertar.

—¿Suelen? —preguntó con burla—. Si dicen que cada día estás con

una. Es imposible que… —Él empezó a enjabonarse el cabello sin

replicarla y gruñó. —¿Contigo aciertan?

—Bueno, un par no las conocía siquiera, pero sí, la mayoría sí.

—¡Pendón! —gritó rabiosa antes de volverse.

—No se lo digas a nadie que me echarán la bronca. —Ya en el salón

escuchó —¡Llego sobre las doce! —El portazo hizo suspirar a Tad. —Qué

complicadas son las mujeres.


—Cielo… —dijo sobresaltándole. Se volvió para encontrársela en la

puerta con una cara de cabreo que no podía con ella.

—¿Si, nena?

—Creo que debes ensayar mucho más tu papel.

Él frunció el ceño. —Ya sé mis escenas.

—¡Qué vas a saber! ¡Tú estudia y estudia mucho a ver si así

aprendes un poco de tu personaje, idiota! —gritó antes de salir del baño

cerrando de un portazo.

Sentada en el jardín con Lily ensayaban una de sus escenas juntas

mientras Erica y la abuela las observaban. —A mí me encantaría ser como

tu padre. Una empresaria. Poder formar tus ideas —dijo Vanna aparentando

ilusión.

—¿De verdad? —dijo Lily sorprendida—. ¿No quieres vivir

organizando fiestas y teniendo hijos?

Se horrorizó. —¡Por Dios, no!

Lily se echó a reír de manera encantadora a la vez que parecía

emocionada hasta que se le saltaron las lágrimas y la abrazó. —Menos mal

que te he encontrado.
Riéndose se apartó. —¿Por qué?

—Porque hasta hace un momento creía que era la única que pensaba

así —dijo secándose las lágrimas mirando al suelo—. ¡Ah! Tus zapatillas.

Voy a buscar un paño húmedo.

Sondra sorbiendo por la nariz pegó un codazo a Erica. —Que bien

lo hacen mis niñas.

—Parad —dijo esta muy seria.

Ambas la miraron sorprendidas. —¿Lo hacemos mal?

—Elizabeth, estás dejando que Johanna te quite el protagonismo.

—Es que su personaje es demasiado entusiasta.

—Sí, sabemos que Johanna es como un huracán en el anticuado

Londres. Y que por ser americana y muy rica se le conceden licencias que

la buena sociedad normalmente no pasaría por alto. Pero eres la

protagonista, no puedes dejar que nadie, y digo nadie ni siquiera Alex brille

por encima de ti.

Lily se sonrojó de gusto. —Erica Rivers dice que brillo. Ya puedo

morirme a gusto.

Las cuatro se echaron a reír y en ese momento llegó Carl con cara

de sueño. —¿Ya te has levantado?


Cogió la jarra del café de la mesa auxiliar. —Tía no me eches la

bronca, mi representante me tuvo ayer tres horas al teléfono.

—¿Y eso por qué?

Se volvió bebiendo de su taza y cuando tragó dijo —Al parecer hay


problemas. Y no hablo solo de que nuestro director no haya aparecido.

A Vanna se le cortó el aliento. ¿No estaría hablando del documental


de Tad? —¿Qué problemas?

—Howard está en la ruina. —Se quedaron sin habla. —Oh, sí. Mi

transferencia con el primer pago de la película no ha sido realizada y


supongo que la vuestra tampoco.

—Creía que cobrábamos al final de nuestro trabajo —dijo Vanna


sorprendida—. Eso no es posible, es uno de los productores más

importantes de la industria.

—Pues Colton… Colton es mi representante, me ha dicho que tres


que representa de aquí tampoco han cobrado. ¿No, tía?

—Ese hombre tiene la lengua muy larga. Será un problema

administrativo. Howard siempre paga. —Chasqueó la lengua. —Esto suele


pasar.

—¿De veras? —preguntó la abuela.


—Oh, sí. Se meten en demasiados proyectos a la vez y cuando se
dan cuenta faltan fondos. Fondos que no tardan en llegar con las ventas de

las películas, así que no os preocupéis.

Todos miraron a Lily que se encogió de hombros. —Yo siempre he

cobrado. Pero es que no tenía un sueldo estratosférico como otros, Carl.

Sonrió divertido. —¿Te corroe la envidia?

—Bah, yo estaría aquí gratis.

—Así habla una auténtica actriz —dijo Erica.

Preocupada porque suspendieran el proyecto miró a su abuela que le

hizo un gesto sin darle importancia. No le importaba no cobrar, aunque


sería una faena porque había rechazado campañas para estar allí. Pocas,

pero muy sustanciosas y tenía que pensar en su futuro. Siempre había tenido
claro que la belleza era efímera y tenía que labrarse un futuro. Bueno, eso

no estaba en sus manos, solo tenía que preocuparse de dar lo mejor de sí.

—¿Le has dicho a Colton que cierre el pico?

—Claro que sí, nadie quiere llevarse mal con Howard. Seguro que

no hemos cobrado los más allegados.

—Y así debe ser. Nos ha hecho ganar mucho dinero, si hay que
apoyarle se hará —dijo firmemente.

Rick entró en ese momento y todos le miraron. —¿Qué?


—Este no tiene ni idea —dijo Lily.

—Tío, ¿has cobrado? —preguntó Carl divertido.

—¿Y a ti qué te importa? —preguntó molesto.

—Es que si dejáis de cobrar los curritos ya empezaré a


preocuparme.

Apretó los labios. —Veo que te has enterado.

—Es lo que tiene que el dinero no llegue a mi cuenta que termino


enterándome.

—Se os pagará. Lo que ha pasado es que la financiación se ha

quedado corta.

—¿Y eso por qué? Dudo que los de producción hayan cometido el

error al calcular los gastos.

—De un proyecto que empezó con doscientos millones de dólares


ya hemos pasado a trescientos.

Le miraron asombrados. —Dios mío… —dijo Erica—. ¿Howard


está loco?

—Habéis visto Titanic, supongo. Vamos a superarla con creces —

dijo satisfecho antes de gruñir—. Si el director aparece, claro.

—Teniendo en cuenta que Titanic ganó más de dos mil millones no


es mal negocio. Y eso solo en el cine no hablamos de las ventas de DVD —
dijo Lily asombrándola.

—Después de Titanic hubo películas más caras. —Carl chasqueó la


lengua. —Doscientos ahora no es nada. —Todos le miraron como si fuera

idiota y se echó a reír. —Vale, me callo.

—Bueno, de todas maneras no os preocupéis que todo va bien.


Howard ya ha dado orden de aumentar el presupuesto.

—¿Y sus socios no tienen nada que decir? —preguntó Sondra.

Los chicos se echaron a reír mientras Erica sonreía. —En este


negocio nadie le lleva la contraria a Howard, querida. Es como el Sterling

de nuestra historia, nadie le rechista.

—Es el rey —dijo Lily orgullosa.

—Por cierto, estoy deseando conocer a quien hará de Sterling —dijo


Vanna emocionada—. Es un personaje que me fascina.

—Oh, ¿y Madame Blanchard? —preguntó su abuela—. Lily nos


dijo los nombres, pero no nos sonaban.

—Son actores británicos y normalmente trabajan en televisión —

dijo Rick sacando su móvil que estaba vibrando—. Es Tad.

Frunció el ceño viendo cómo se alejaba para hablar mientras los


demás comentaban los trabajos que conocían de ellos. Vio como el perfil de
Rick se tensaba. —Estás de broma, ¿no?
—Shusss —dijo a los demás para escucharle bien. Todos miraron a

Rick que se pasó la mano por la nuca obviamente preocupado—. Está bien,
hablaré con Howard.

Colgó el teléfono y Vanna apretó los labios. —Deja la película, ¿no?

Se volvió sorprendido con el teléfono en la mano. —No, no era eso.

Ya saben quién sacó las fotos en su habitación. El recepcionista del hotel.


Ya le han detenido y ha confesado. Joder, esto se va a volver un circo

cuando se entere la prensa.

—¿El recepcionista? —preguntó Lily asombrada—. Para que te fíes.

—Erica voy a poner seguridad en la puerta del jardín y de la entrada

principal.

Ella hizo un gesto sin darle importancia. —Mañana habrá otra

noticia. Niñas, vosotras ni una palabra a la prensa y todo irá bien.

Ambas asintieron, aunque ella sabía de sobra que cuanto menos


hablara con la prensa de cosas que no eran de su trabajo mucho mejor.

—Se filtrará que Vanna es la protagonista, es inevitable.

—Tranquilo sé sonreír a una cámara.

Todos rieron y Rick asintió. —¿Y?

—Estoy muy contenta por la oportunidad y espero hacer todo lo que


se espera de mí.
—Perfecto.

Sondra sonrió orgullosa. —Chicos, tendremos unos días los focos

sobre nosotros, así que sed profesionales y a trabajar.

—Eso si llega Tom.

Rick sonrió divertido como si supiera algo que ellos no sabían. —


Tranquilos, mañana estará aquí. Erica y Vanna preparar la escena de la

llegada a Londres. Es lo que se rodará mañana. Os recogerán a las cuatro y


media para maquillaje y peluquería. Lo siento chicas, dormiréis dos horas

menos que los hombres todos los días.

—Muy bien —dijo Erica levantándose—. A rodar.

Estaba tan nerviosa que después de ensayar con Erica durante toda
la mañana, comió y se fue a su habitación para repasar el guión que ya se

sabía de memoria. Tumbada boca abajo dio la vuelta a la hoja.

—Como no tenía joyas para ir a la fiesta, la modista le pidió a un


joyero amigo suyo que me lo prestara para esta noche —dijo al borde de las

lágrimas de la rabia. Esperó unos segundos—. ¿Ahora me suelta de una


vez? Su contacto me revuelve el estómago.

—Nena, es mejor que eso lo ensayemos juntos.


Miró sobre su hombro y se sentó en la cama. —¿Cómo ha ido?

Se acercó a ella y cogió el maltratado guión. —Ha confesado, así


que hay que esperar para ver qué pide la fiscalía. Si hay suerte será algo

rápido y nos olvidaremos del tema.

—¿Has comido?

—Acabo de hacerlo hablando con Rick. —Sonrió divertido. —Al

parecer estás trabajando mucho.

Se sonrojó de gusto porque pensara eso. —Al contrario que tú,


cielo.

Sonrió divertido. —Pues vamos allá. —Tiró el guión a un lado. —


Ponte de pie, nena. —Ella lo hizo con una sonrisa. —Bajas las escaleras

vestida como una princesa para tu primer baile y yo digo saliendo a tu


encuentro. —Ya era hora. No sabes lo que es la punt… —La miró de arriba
abajo. —¿No es un poco exagerado?

Ella se hizo la tonta. —¿El qué? —Se acercó a él.

—Pues… —Le señaló el escote y se lo acarició con descaro. Ella

dio un paso atrás ofendida. —¡Tad, tómatelo en serio! —Él suspiró como si
fuera un esfuerzo enorme. —Excelencia, ¿nos vamos?

Él le miró el supuesto collar que llevaba y frunció el ceño. —¿De


dónde has sacado eso?
—¿Se puede saber a usted qué le importa?

Él se cruzó de brazos y la miró a los ojos. —¿Todavía no te has dado


cuenta de que es más fácil responderme que darme largas?

Se alejó de él altanera. —Me voy al baile.

Antes de dar tres pasos Tad la cogió del brazo volviéndola.

—¿Cómo se atreve? —preguntó indignada.

—Dime de dónde has sacado ese collar —dijo cada vez más
enfadado.

La cogió de ambos brazos pegándola a su cuerpo. —Elizabeth,


contéstame si quieres ir a ese baile —dijo él con voz grave.

—No tiene ningún derecho —contestó con rabia.

—¿Quién te ha dado ese collar?

Ella siseó —¿Por qué me lo ha tenido que regalar nadie?

—Porque si hubiera pertenecido a tu madre o a tu abuela, lo sabría


todo Londres. ¿Quién te lo ha regalado? —preguntó furioso.

—¡No tengo por qué decirle nada! —le gritó en la cara.

—¿Ah, no? —La agarró por el cuello sin hacerle daño y se miraron
a los ojos. — Dime quién te ha dado ese collar o te juro por Dios que no

saldrás de esta casa en lo que te queda de vida. Recuerda que todavía puedo
arrepentirme y volver a ser tu tutor…
Había tanta pasión en esa escena que se excitó. —Es un préstamo —
dijo casi sin aliento.

Sonrió bajando la vista hasta sus pechos. —¿Un préstamo?

Intentó alejarse, pero él la cogió por la cintura. —¿Es usted idiota?

¡Eso he dicho, un préstamo!

—¿Un préstamo por qué? —preguntó sonriendo aún más mientras

las manos bajaban por su cintura.

Uff, aquello iba a ser más duro de lo que pensaba. Al sentir su


miembro contra su pelvis gimió. —Como no tenía joyas para ir a la fiesta,
la modista le pidió a un joyero amigo suyo que me lo prestara para esta
noche.  ¿Ahora me suelta de una vez? Su contacto me revuelve el estómago.

—¿No me digas? —preguntó saltándose el guión.

—Tad…

Besó su cuello. —¿Ahora quieres, nena? Tenemos que ensayar.

La puerta se abrió de golpe y se separaron sorprendidos para ver a


Lily que chilló —¡Adivina!

Ambos la miraron inocentes. —¡Me van a poner extensiones!

—Bueno, tienes el pelo algo corto, así que no me extraña.

Lily con desconfianza miró a uno y después al otro. —¿Qué pasa


aquí?
—Nada —contestaron a la vez.

—¿Os habéis liado?

—No —respondieron de manera exagerada.

—Hala, a Rick que vais. —Y salió corriendo dejándola en shock.

—¡Lily! —gritó Tad antes de mirarla—. ¡Haz algo!

Corrió hacia la puerta para escuchar —¡Tad ya ha metido la polla en


la olla, Rick!

—¡Joder!

Tad cerró los ojos jurando por lo bajo y cuando la miró estaba
bastante enfadado. Leche, estaba furioso. —Eso te pasa por hacer esos
ensayos en horas de trabajo.

—¿Ahora la culpa es mía? Es culpa de la bocazas de tu amiga.

—Está enamorada, necesita un punto de unión con Rick.

Este apareció en la puerta sobresaltándola y les señaló. —

Vosotros…

—Fue él.

—¡Vanna!

Miró a Tad. —Venga, eres un seductor nato. Con todas con las que
has salido y la experiencia que tienes, me ha sido imposible resistirme.
—Eso ya lo sé —dijo Rick mosqueadísimo antes de dirigirse a su

amigo—. ¿Qué te había dicho?

—Tío, es preciosa, no me des la paliza con el tema. Hasta tú lo


hubieras hecho si hubieras podido.

Ella jadeó indignada. —No soy un pedazo de carne, ¿sabes?

—Nena, déjame justificarme —dijo entre dientes.

—Pues lo haces fatal —dijo Lily divertida.

—Chivata, mira en el lío en que has metido a tu amiga.

—Rick no está enfadado con ella. Esto va contigo, así que no

desvíes el tema.

—Eso no lo desvíes —dijo su productor furioso—. ¡Te acabas de


quedar sin el diez por ciento de tu caché!

Le miró asombrado. —¡No puedes hacer eso!

—¡Léete tu contrato! ¡Sigue así y terminarás trabajando para


Howard gratis!

Salió dando un portazo y las dos le miraron asombradas. Tad


carraspeó. —¿En vuestro contrato no pone nada de eso? —Ambas negaron
con la cabeza. —Os aconsejo que lo leáis bien.

Lily salió corriendo de su habitación y de repente Vanna se echó a


reír a carcajadas por lo incómodo que estaba. —Dios mío, eres un pendón
de tal calibre que tienen que amenazarte por contrato.

—Muy graciosa. —Se acercó y la cogió por la cintura pegándola a

él. —Pero ha merecido la pena.

Se le cortó el aliento. —¿De veras? —Acarició sus hombros y


después su nuca. Qué bien se sentía entre sus brazos.

La puerta se abrió de golpe mostrando a Sondra que les miró con los
ojos como platos antes de chillar como si le hubiera tocado la lotería. —¡Mi
niña sale con Tad Newman! —gritó antes de cerrar de golpe.

—¿Qué ha dicho? —preguntó Tad tensándose—. ¿Ha dicho que


estamos saliendo?

—¿Estamos ensayando?

—¡Eso! ¡Que no se confunda!

—Me estás diciendo que esto es trabajo y sexo nada más.

—¿No te había quedado claro?

Uy, que se estaba cabreando. —¡Así que para ti soy un mito erótico
con el que te lo pasas bien entre rodajes!

—Bueno, todavía no hemos empezado a rodar.

Asombrada dio un paso atrás. —¡Ah, que puede que deje de haber
sexo antes de empezar la película siquiera! ¡Esto es el colmo! —Señaló la

puerta. —¡Fuera de mi habitación!


—¿Ahora me echas? ¡Me han quitado el diez por ciento por tu
culpa!

—¡Tendrás morro! ¡Largo!

Él gruñó, pero en lugar de ir hacia la puerta que señalaba fue a la


que iba hacia él saloncito que separaba sus habitaciones. —Nena, duerme la
siesta a ver si se te pasa. Primero le dices a Erica que no quieres enamorarte
de mí y ahora me montas esta escenita como si quisieras un anillo de

compromiso.

Se puso como un tomate. —¿Nos oíste? ¡Estabas en el jardín!

—Hay servicio. Por cincuenta pavos te cuentan lo que quieras.

Jadeó indignada y avergonzada, la verdad. —¡No quiero nada

contigo!

—¿Ni sexo? —Le fulminó con la mirada. —Preciosa, piénsatelo


bien que un rodaje puede ser muy estresante y tú estás muy verde.

—Imbécil.

—Vale. —Levantó las manos en son de paz. —Pues se acaba aquí.

¡Parecía que le daba igual! —¡Pues perfecto! Tampoco eres para


tanto.

—¡Lo mismo digo! —dijo saliendo y dando un portazo.


Mirando esa puerta cerrada reprimió las lágrimas. ¡Había cortado
con él! ¿Es que estaba loca? Vanna céntrate que para ese capullo no eres
nada. ¿No le acabas de oír? ¿No le oíste esa mañana? ¿Pero qué querías,
que cayera rendido a tus pies? Si como te dijo ni os conocéis. Se dejó caer

tumbada en la cama boca arriba. No sabía por qué dejaba que le afectara
tanto. Si era un insensible de primera. ¿A quién se le ocurre decir después
de pasar la noche de sus sueños que su amante siempre había sido un mito
erótico para él? Y seguro que creería que se sentiría halagada cuando lo que

le estaba diciendo en realidad es nena, tengo otra muesca en mi cama y esta


es para ponerle cinco estrellas porque la había deseado muchísimo. Y con lo
que le acababa de decir sobre que era solo sexo se lo acababa de confirmar.
Es que era tonta. Una de primera porque a este se le veía venir a lo lejos.

Seguro que al día siguiente ya estaría ligando con otra. Se sentó en la cama
como un resorte. —Ah, no. ¡Cuando yo no esté puedes hacer lo que quieras,
pero conmigo delante no!

—¿Qué has dicho?

Gritó del susto levantándose y miró hacia Tad que estaba en la


puerta principal. —¿Qué haces ahí?

Frunció el ceño dando un paso dentro de la habitación. —¿Estás


llorando?

—Estaba ensayando, ¿vale? ¿Qué quieres?


—No recuerdo esa frase.

—Porque como te he dicho no te sabes el guión. ¿No sabes llamar?


—Le miró con desconfianza. —¿Por qué has vuelto?

Él carraspeó. —Nena, no te lo tomes a mal. Tenemos que trabajar


juntos y te aseguro que cabreados será una pesadilla.

Jadeó. Aquello era él colmo. —¿Me estás llamando poco


profesional? —Se volvió levantando los brazos. —El que se acuesta con las

actrices. —Se volvió señalándole con el dedo. —¡Mira guapo, llevo


trabajando de un lado a otro del mundo desde los once años! ¡Y nadie,
nadie que haya trabajado conmigo puede decir ni una sola cosa mala de mí!
¡Yo sí que soy profesional! ¡Y si en el guión dice que tengo que besar

mierda de chimpancé y acostarme con ella, lo haré con tal de que el


proyecto salga lo mejor posible!

—¿Me acabas de llamar mierda de chimpancé? —preguntó entre


dientes.

Parpadeó. —¿Te das por aludido? —Sonrió maliciosa. —Cielo,


tienes unos complejos que deberías mirarte. Pero esto sí que te lo digo a
ti… —Dio un paso hacia él amenazante. —Vuelve a poner en duda mi

carrera y mi profesionalidad ante alguien y esta guerra será encarnizada.


Tad enderezó la espalda. —Así que estamos en guerra. Pues
escúchame a mí, nena. —Se acercó a ella de una zancada. —¡Punto uno, me
follaré a quien quiera! ¡Y punto dos, si tengo que decir algo de ti o del papel

que haces en la película lo haré como he hecho siempre! ¡Yo también soy
un profesional y si nos hemos acostado es porque los dos hemos querido!
—le gritó haciéndole perder todo el color de la cara—. ¡Madura, joder! ¡Y
deja de llorar por las esquinas como si hubieras perdido al amor de tu vida!

Su labio inferior tembló y él se tensó aún más. Vanna intentando que

su voz no temblara dijo con ironía —¿Ahora que has sido tan claro puedes
irte para no volver?

—Tus ojos nena… Tus ojos no mienten y eso es lo que no te dejará


triunfar —dijo furioso antes de largarse.

—¡Más quisieras! ¡Entérate bien, llegaré a lo más alto en esta


profesión como lo hice antes! —gritó rabiosa antes de volverse y llevarse
las sienes—. Lo conseguiré como lo conseguí a pesar de ella. Lo conseguiré

a pesar de ti.

 
 

Capítulo 7
 

Agotada por lo poco que había dormido se giró para verse ante el
espejo vestida y peinada como Elizabeth e increíblemente sintió que las

fuerzas se renovaban. El vestido de viaje inspirado en la época victoriana


era una preciosidad y su pelo estaba recogido en un moño que dejaba varios

de sus rizos cayendo sobre su hombro. Jamás había estado tan hermosa.

—Las medidas que tomamos en Los Ángeles no son exactas, pero

he podido arreglarlo —dijo la modista poniéndose tras ella para ver su

reflejo—. Dios, con el corsé tienes una cintura increíble. Y envidiable.

Soltó una risita. —¿Verdad que sí?

—¿Respiras bien?

Rio. —Sí, tranquila.

Esta sonrió dándole el chal que llevaría en la escena. —Pues a por

ellos. Se van a quedar con la boca abierta.


—Gracias, chicas. Sois fantásticas —dijo yendo hacia la puerta que

daba a la calle.

Al intentar salir por la puerta rio porque las voluminosas faldas no

pasaban. Rio cogiéndolas y pasó los faldones como pudo. Al volverse

perdió la risa de golpe al ver a Tad salir del vestuario de los chicos y estaba

guapísimo con ese traje marrón con las botas por debajo de las rodillas.

Él la miró de arriba abajo y silbó. —Veo que Howard no escatimará

en nada. —Frunció el ceño mirando su cintura. —Nena, estás muy apretada.

Pasó ante él sin dirigirle la palabra. —¿No me has oído? Vuelve ahí

y que lo arreglen.

—Cierra el pico. —Se puso el chal sobre los hombros y se subió al

carrito que la esperaba. Tad se sentó a su lado. Le fulminó con la mirada. —

Tienes ahí atrás el tuyo.

—Nos seguirá. —Vio cómo se acomodaba en el asiento para que no

se le clavara el corsé en las caderas y Tad gruñó. —Esto es ridículo.

—Tengo que ir como iba Elizabeth. Te aseguro que me he puesto

cosas mucho más incómodas, así que deja de darme la paliza. —Ambos

miraron al chico que conducía. —¿Ocurre algo? —preguntaron a la vez al

verle tan interesado en su conversación.

Él se sonrojó. —No, claro que no. Les llevo al set de rodaje.


—Eso —dijo Tad antes de mirarla—. Como te desmayes…

—Déjame vivir.

—Poco vas a vivir si te ahogas.

—Y dale. —Se desestabilizó hacia el exterior cuando aquella cosa


se puso a andar y Tad la cogió del brazo. —Nena, el asa del techo.

Le fulminó con la mirada. —La chaquetilla me tira de la sisa. No


puedo levantar el brazo.

—Estupendo.

Entonces ella viendo lo ridículo de la situación sonrió y Tad

también. —¿Preparada, nena?

—Lo estoy deseando.

—Haz lo que te dice Tom y todo irá bien.

Asintió y cuando el carrito se detuvo Tad se bajó a toda prisa para

rodearla y coger su mano para ayudarla a bajar. Sin poder evitarlo le pareció

un gesto precioso. —¿Y Erica? —preguntó él.

—Salió hace un rato de vestuario. —Emocionada cogió su brazo. —

Tenías que verla, está preciosa.

Pasaron por la puerta del set número tres y se detuvo en seco al ver

la actividad que allí había. —No es muy distinto del rodaje de un anuncio,

¿verdad?
De repente varios se volvieron dejando lo que estaban haciendo y se

les quedaron mirando. —¡Aquí están los duques de Stradford! —dijo

alguien antes de aplaudir.

Al ver que su director se acercaba aplaudiendo como los demás con

una sonrisa en los labios se relajó un poco y correspondió a su sonrisa. —

Maravillosa, simplemente maravillosa —dijo Tom llegando hasta ella y

cogiendo su mano libre para besársela como todo un galán de cine—. Es

como verla ante mí.

—Tom déjame que te presente a Vanna O ‘Dell.

—Un auténtico honor —dijo mirándola a los ojos—. Siento no

haber estado antes para recibirte como te mereces.

Se sonrojó. —No te preocupes, tenías trabajo.

—Que bien me comprendes. —Sonrió mirándola con sus ojos


castaños. —Estoy deseando ver cómo trabajas.

—Y yo cómo trabajas tú.

Él sonrió antes de guiñarle un ojo y se volvió para dar dos palmadas

y gritar —¡Muy bien, empezamos!

Como si fuera un general se acercó al set de rodaje gritando a uno y

a otro lo que tenían que hacer y asombrada miró a Tad que observaba a su

director con los ojos entrecerrados. —¿Ocurre algo?


—Nena, no le des muchas confianzas.

—¿Cómo has dicho?

—No sois amigos, recuérdalo.

Le pareció que hablaba muy en serio y asintió caminando con él

hasta Marion que ya estaba preparada ante una puerta que se suponía que

era la de la casa de su abuela. —Oh, estás preciosa.

—Gracias. —Se puso ante los escalones con ella. —Muy bien

señorita Gibson, empieza el juego.

—La primera escena, es emocionante. —Se puso en la equis cinco

centímetros por detrás de ella y se arregló las faldas antes de que ambas

miraran a Tom que de pie al lado de la cámara las observaba.

—Vanna barbilla arriba. —Lo hizo poniéndose seria y metiéndose

en el papel mirando hacia la puerta. —Perfecta, ¿listos? ¡No quiero oír ni

una mosca!

—Toma uno, escena primera —dijo alguien.

—¡Y acción!

Subió los escalones con Marion detrás y antes de poder coger el

tirador la puerta se abrió mostrando al que era su mayordomo. —¿Sí?

—Apártate Héctor empieza a hacer frío —dijo estirada.

La miró mostrando su sorpresa. —Milady, no la esperábamos.


—Pero si me ha invitado mi abuela. Está aquí, ¿verdad? —preguntó

entrando en la casa haciendo girar sus faldas al mirarle.

—La duquesa viuda está celebrando un té.

—Lo sé —dijo dándole el chal—. ¿Están en el salón?

—Sí, milady.

—No hace falta que nos anuncies. —Se volvió yendo hacia las

puertas dobles que daban al salón.

—¡Corten!

Tom se acercó. —Quiero que lo hagas de nuevo exactamente igual,

¿me has entendido?

—Sí.

Él se colocó detrás de la puerta. —¡Poned una cámara aquí! Quiero

coger el giro de sus faldas al hablar con Héctor. ¡Venga, venga! ¡No tengo

todo el día!

Ambas cogieron los chales y bajaron las escaleras de nuevo

poniéndoselos. Miró sobre su hombro mientras Tad la observaba con los

brazos cruzados y él asintió para su alivio.

Pero cuando repitió la escena dieciocho veces ya no estaba tan

aliviada. Cuando gritó como un descosido a uno de los operarios que estaba
mal colocado, miró a Tad preocupada. Rick estaba a su lado muy tenso y

parecía a punto de intervenir.

—¡Eh! Vanna atenta, cielo —dijo desde su puesto—. Vamos allá a

ver si ahora hacéis lo que digo.

—Será gilipollas —dijo por lo bajo.

—Shusss, te va a oír. Tenemos el micro encima.

—Pues alguien debería decírselo a la cara.

Miró al frente mientras escuchaba —¡Acción!

Repitió lo mismo de la misma manera y cuando llegó a las puertas


del salón escuchó —¡Corten! Fantástico Vanna, has estado estupenda.

Sorprendida le miró. —¿De veras?

Él sonrió aplaudiendo lo que la mosqueó muchísimo porque los


demás le siguieron entusiasmados. Ese hombre no estaba bien de la cabeza.

—Podéis iros a comer —dijo el ayudante del director—. Dentro de dos


horas seguiremos con la escena del salón.

Tom se acercó. —¿Qué te parece si comemos juntos? Así nos


conoceremos mejor.

Ni loca. —Oh, es que Rick quiere que coma con él y con Tad por

algo de la producción.
—Otro día entonces —dijo demostrando que tendría que comer con
él sí o sí.

—Estaré encantada. —Sonrió como si le ilusionara muchísimo y él


sonrió aún más.

—Lo has hecho muy bien. Sigue así y tendremos un bombazo.

—Gracias. —Se alejó hasta donde estaban los chicos y susurró —

Cielo, ¿vamos a comer?

—Sí —dijo sin quitar la vista de encima a Tom. Cogió su mano y

tiró de ella mientras Rick les seguía.

—¿Qué te ha dicho? —preguntó Tad.

—Me ha invitado a comer. —Cuando salieron del estudio les miró.


—¿Pasa algo con él? ¿Algo que deba saber?

—No, qué va.

—Rick… deberíamos decírselo, joder.

—Eso nunca se demostró.

Ella que iba hacia el comedor a donde se dirigían todos, se detuvo


en seco. —¿Qué pasa? ¿Se ha propasado con alguien?

—Shusss —chistó Rick—. ¿Estás loca? No, eso no pasó. Lo que


ocurre es que nos cae fatal y Tad tiene la peor opinión de él.

Miró a Tad a los ojos. —¿Eso es cierto? ¿No hizo nada?


Tiró de ella llevándola aparte y susurró —Hace un año una de las
ayudantes de producción desapareció una noche en Los Ángeles. Apareció

violada y degollada tres días después en un contenedor del centro.

—Oh, Dios mío... ¿Y crees que fue él?

—La vieron salir de una sala donde tenía una reunión con él y salía
llorando. —dijo Rick—. ¿A cuántos has visto llorar hoy? Yo he contado a

tres. La policía le interrogó, pero le descartó porque tenía coartada y muy


buena. Estaba viendo unas escenas con Howard.

—Ah, entonces no fue él.

—No me fío de ese tipo —dijo Tad—. Nena, no te acerques a él más


de lo necesario.

—Lo que te pasa es que estás celoso porque ha puesto el ojo en ella.

Fulminó con la mirada a su amigo. —No digas gilipolleces, no es


trigo limpio.

—Yo también veo algo raro en él. Y no me acercaría ni con un palo.

Tad sonrió. —¿Ves?

Rick gruñó. —Como siga así no trabajará mucho tiempo. El


sindicato está al borde del boicot.

—¿Amenazan con huelga? —preguntó ella asombrada.

—Amenazan con el linchamiento.


Rio por lo bajo. —La verdad es que es insoportable.

—Pero tiene un contrato blindado y Howard tiene las manos atadas.

—Vamos, tiene que haber una manera de librarse de él —dijo Tad


con desprecio.

—¿Crees que Howard no lo ha intentado todo? Tiene que darle tres

películas al año y solo él puede renunciar al contrato. Solo se le podría


echar si rechazara un proyecto y debido a su nivel no podemos ponerle a

dirigir una película de tercera, los críticos y la prensa se nos echarían


encima y estoy seguro de que ese mamón nos demandaría.

—Así que sí que podéis echarle si renunciara a la película. A esta,


por ejemplo. —Miró a los chicos y sonrió maliciosa. —Eso está chupado.

—Nena… Ni te acerques a él —siseó.

—Bah, no te preocupes. Sé cuidarme y más si estoy avisada. Vamos

a comer que… —Se detuvo en seco. —¿Y Erica?

—Está en una sala vip donde está muy cómoda acompañada de su

asistente personal —contestó Rick.

—Uy, no la he conocido.

—Tendrás tiempo para conocerla.

 Cuando llegaron a una mesa vio que estaba reservada. —Esta es la


mesa de los protagonistas y productores —dijo Tad.
—Sí, entiendo —dijo mirando hacia la fila—. Y hay que… —En

ese momento llegó un camarero. —Ya veo.

—Nosotros no podemos esperar. Se nos puede requerir en cualquier


momento.

Rick miró el móvil. —Joder, comer que vengo enseguida —dijo

antes de alejarse.

 Se sentó y Tad lo hizo ante ella. —¿Dos filetes con ensalada? —le

preguntó él mientras les servían el agua.

—Perfecto.

Se miraron a los ojos. —¿Te cuidas mucho? —preguntó él.

—Corro por las mañanas, ¿y tú?

—Tengo entrenador personal. —Sonrió. —¿Me imaginas corriendo

por el parque?

Apoyó los codos sobre la mesa. —¿Es duro?

—Más duro es… — Apretó los labios. —Déjalo.

—¿Pasar hambre? ¿Picar piedra?

Él sonrió. —Exacto.

—¿Dónde naciste?

—En Los Ángeles.


—Ah, que lo que dice tu biografía es cierto.

Apoyó los codos sobre la mesa. — Así que te has leído mi biografía.

—Como tú la mía —dijo divertida.

—De Queens.

—El mejor barrio del mundo.

—Serás toda una estrella.

—Desgraciadamente nos mudamos cuando tenía doce años. Mi


abuela se separó.

La miró sorprendido. —Creía que era viuda.

—No. —Su sonrisa se disipó poco a poco. —Tuvimos una pérdida y


no lo superaron.

En ese momento llegó el camarero con la comida. —Gracias.

—De nada —dijo encantado.

Forzó una sonrisa y él asintió entendiendo que no quería hablar de


eso allí. —¿Y tú? —La miró a los ojos apretando los labios y se dio cuenta

de que su vida tampoco se podía contar allí. —Entiendo.

—¿Después qué pasó?

—Trabajo y más trabajo.

—¿Terminaste tus estudios?


—Oh, sí. Mi abuela era muy estricta con eso. Si había un suspenso
se negaba a todo y yo siempre he querido ser modelo. Me encantaba. Veía

cosas fascinantes y me trataban como a una princesa. Eso de niña, claro,


después ves otras cosas que no te gustan tanto.

Él asintió. —¿Y la universidad?

—Historia. Eran materias que podía estudiar en los aeropuertos y en

los descansos.

—¿Te gustaba?

—Sí, sobre todo la historia americana, la azteca y maya. —Sus ojos

brillaron. —Cuando visité por primera vez México me tomé una semana de
vacaciones y visité Chichen Itzá.

—¿Te impresionó?

—Es increíble. Es como la cultura egipcia, parece increíble lo


avanzados que eran para la época en la que vivieron. Por Dios, si en la Edad
Media todo fue un paso atrás.

—Algunos expertos opinan que la llegada del cristianismo provocó

el retroceso en todo. El fanatismo decretó que todo era pecado.

Le miró impresionada. —Yo pienso lo mismo. Solo hasta que la

sociedad se liberó empezó a desarrollarse de nuevo. Si llegó un punto en


que hasta era pecado lavarse en exceso. Incomprensible. —Él se la quedó
mirando y se sonrojó. —Lo siento, me paso de entusiasta con este tema.

—No te disculpes, se nota que te apasiona.

—Es evidente que has leído sobre ello.

—Me gustan los libros de historia o basados en la historia.

—¿Me recomiendas alguno?

—Ahora estoy leyendo Medici de Pierre Larré.

Le miró asombrada. —Lo he leído, lo terminé hace una semana.

Se pasaron hablando del libro toda la comida y ambos rechazaron el


postre. Era increíble todo lo que tenían en común y se sintió tan a gusto con
él que las dos horas se le pasaron volando. —Es extraordinario que leas
tanto con todos los guiones que te tienes que aprender —dijo caminando

hacia el set.

—Entre rodajes tengo mucho tiempo libre.

—¿Y aparte de leer qué haces?

—Tengo una casa en Aruba y pesco.

—Qué suerte. Me encanta el mar.

—Es más tranquilo que Los Ángeles. Lo prefiero.

—Pero sigues siendo americano, ¿no?


—Sí, mi casa oficial por decirlo así está en Los Ángeles. ¿Y tú?

—Manhattan y no tengo más. Con tanto viajar cuando tengo días


libres me quedo en la ciudad y salgo con amigos, estoy con la abuela…

—Nena, si quieres triunfar en esto tienes que mudarte.

—Si dices que será un fiasco —dijo divertida.

—Bueno, puede que tengas posibilidades.

Entraron en el plató donde la puerta ya había desaparecido y había


un salón como sacado de la nada. —Increíble.

—Bienvenida al mundo fantasía. —Miró a su alrededor. —Sorpresa,


sorpresa. Nuestro director no ha llegado.

Vieron a Erica ya sentada en su sillón y por su rostro era evidente

que estaba muy enfadada. Se acercó de inmediato. —¿Cuánto llevas aquí?

—Una hora. Una maldita hora. Jamás me he sentido tan insultada.

Me hace venir por la mañana para hacerme esperar de esta manera.

Tad susurró —Intenta aplacarla, vengo ahora.

Se agachó a su lado. —Seguro que acabamos enseguida, ya verás.


—Estaba algo pálida. —¿Estás bien?

—Ese idiota me está alterando.

Miró a su alrededor. —¿Dónde está tu asistente? —Una chica rubia


las observaba y cuando se dio cuenta de que miraban hacia ella se acercó.
—Está algo pálida.

—Ya ha tomado su medicación. Erica deberíamos irnos.

—¿Y que ese imbécil gane? Ni hablar.

—¿Qué quieres decir?

—No me quiere en el proyecto, nunca me quiso. ¡Es evidente,


ningún director me ha tratado así nunca!

—Pero si solo das prestigio a la película.

—Y le quito protagonismo. Tengo más Óscar que él como director,


querida —dijo con burla.

Pasmada miró a la chica, pero Erica dijo —Milly, tráeme un poco de


agua. Estoy acalorada.

La chica se alejó de inmediato. —Estás enferma, ¿verdad? —

susurró para que no la oyera nadie.

Erica sonrió con tristeza. —Niña, a mi edad es muy raro no tener

algo averiado.

—¿Y se puede arreglar?

—Ya veremos.

Entonces lo entendió. —Después de que hagas la película, ¿no?

—Eres muy lista, pero no se lo digas a…


—Nadie. Tranquila, no lo haré.

Acarició su mejilla y sonrió. —Lo sé. Desde que te conocí supe que

eras de fiar.

En ese momento entró Tom con Rick y parecía enfadado. Ambos lo


estaban. Empezaba la fiesta.

—¡Venga chicos, no tenemos todo el día! —Rio por lo bajo el muy


cabrito. —¿Pero qué digo? ¡Si no sale como quiero nos quedaremos toda la
noche!

Preocupada miró a Erica que apretó los labios como si se estuviera


mordiendo la lengua. Tom se acercó a ellas. —Pero si es Erica Rivers —
dijo de manera exagerada—. Es un gusto conocerla y tenerla entre nosotros.

—Eso es obvio, querido —dijo con una dulce sonrisa en los labios

demostrando que era una actriz de primera—. ¿Has tenido algún percance?

—¿Percance? —preguntó sorprendido.

—Lo digo por cómo se está retrasando la película —dijo como si


estuviera preocupada—. ¿Algún problema que deba saber?

—No, claro que no. Son cosas que pasan. A veces hay que repetir.

—¿Repetir? En mis tiempos se repetía poco. —Suspiró de añoranza.


—Que directores había entonces. Te decían como lo querían una vez y lo
comprendías perfectamente.
—Será que ahora ya no hay actores como los de antes.

Le miró a los ojos. —Lo dudo mucho.

Vanna reprimió la risa porque Tom parecía a punto de explotar y ahí

supo que su orgullo era su punto débil y Erica se lo había herido. Y había
que herírselo de muerte para que esa rata saliera del estudio para no volver
jamás.

—Será mejor que empecemos —dijo él—. Hay mucho que hacer.

—Sí, querido —dijo Erica—. Toda una película porque casi ni


hemos empezado.

Se volvió furioso y al primero que pilló le echó una bronca por un


cable que estaba en el suelo. Sintió a Tad tras ella y se volvió con una ceja

levantada. Él sonrió. —Pues esto le va a sentar de miedo. —Miró a su lado


para mostrar un médico. —Erica ese doctor te tomará la tensión.

—Después de mi escena —dijo como toda una estrella—. Por mí no


se va a retrasar ni una sola toma.

—Pero…

Se acercó a él. —Déjala, se encuentra mejor.

No parecía nada contento y escuchó —¡Vamos Tad, ponte al lado de


la chimenea!
Apretó los labios antes de ir hacia donde tenía su marca y apoyó el
codo en la repisa de la chimenea mientras los actores se colocaban por todo
el salón como si estuvieran tomando el té. Vanna fue hasta las puertas
dobles y rodeó la supuesta pared para colocarse ante ellas con Marion. La

chica de maquillaje vino de inmediato para arreglarle los labios, no tardó ni


un minuto, pero Tom se puso hecho un basilisco gritando que eso ya tenía
que estar terminado. Estaba a punto de llamar a su abuelo para que
solucionara ese tema. Venga Vanna, no puedes pedirle ayuda cada vez que

estés en problemas. Debes solucionarlo tú. Al mirar hacia su director este


sonrió diciendo —Realmente preciosa…

—Gracias. —Soltó una risita como si estuviera encantada y miró a


las puertas. Empezaba el show.

Eran las ocho de la noche cuando terminaron y era evidente que


Erica estaba agotada. Había estado brillante en sus primeras veinte tomas,
pero el cansancio pudo con ella después de haberse levantado a las cuatro
de la mañana. Ese cabrito había hecho las tomas restantes solo para

fastidiarla, pero debió aburrirse y terminó el rodaje.


Media hora después aún peinada y maquillada salió del set de
vestuario dispuesta a ducharse en casa para quitarse todo aquello y que así
Erica no esperara más tiempo. Salió con ella y le sorprendió encontrarse allí
a Carl que la esperaba impaciente. —Tía.

—Estoy bien. ¿Qué haces aquí en lugar de ensayar con nuestra

Johanna? —dijo molesta.

—He estado en las últimas tomas.

—¿Y cómo han quedado?

—Espectaculares —dijo cogiéndola del brazo—. Vamos, que el

coche nos espera.

—¡Vanna! —Se volvió para ver que Tom se acercaba. Volvía a la

carga. —¿Te importa quedarte para hablar de las escenas de mañana?

Se veía venir. Sonrió. —No, claro que no.

—No será mucho tiempo. —Miró tras ella. —A ti no te necesito.

Se volvió para ver a Tad tras ella que estaba muy tenso. —¿Seguro
que no? Es nuestra primera escena juntos y solos.

Tom apretó los labios porque se vería raro que él no estuviera


presente. —Mejor lo dejamos para mañana, estaréis cansados.

—Sí, será lo mejor —dijo Tad cogiendo la mano de Vanna—.


Vamos, nena. Tienes que estar agotada después de levantarte a las cuatro.
Tom miró su mano y ella sonrió a su director. —Entonces hasta
mañana.

—Descansa, en esta escena tienes que estar seductora.

—Lo estaré, pienso darlo todo.

Él sonrió de medio lado. —Perfecto.

Cuando se alejaron él siseó —¿Qué coño estás haciendo?

—Librarnos de nuestro director.

La miró sorprendido. —¿Qué? —Ya en la calle la detuvo ante el


coche de producción mientras Erica y Carl subían. —¿Qué has querido
decir?

Sonrió maliciosa. —¿Crees que con ese carácter no se le va la


mano? ¿Que acepta bien los rechazos?

—¿Estás loca?

—Tranquilo, ya está todo pensado.

—Entra en el coche —dijo entre dientes—. Hablaremos en casa.

—No hay nada de que hablar, ya está decidido. Si daño su orgullo


perderá los papeles y no se contendrá.

—¡El que no voy a contenerme soy yo! ¡Sube al coche!


Exasperada subió, pero porque no quería hacer esperar más a Erica.
Se sentaron ante ellos y su anfitriona sonrió. —¿Pelea de enamorados? Sí,
Alexander… a cualquiera le molestaría que otro hombre pusiera los ojos en

Elizabeth.

—No tiene gracia —dijo entre dientes—. Esta loca quiere


provocarle.

Ambos levantaron una ceja y ella gruñó. —Cielo, era un secreto.

—¡Un secreto del que se enteraría todo el mundo porque quieres


formar un escándalo!

—No, sería todo muy discreto, te lo garantizo.

—Tú no puedes garantizarme una mierda, Vanna.

—¿Pero qué quieres hacer? —preguntó Carl divertido.

—Nada —dijo como una niña buena.

—Nena…

Exasperada le miró. —¿Quieres dejarlo ya?

—¡Quiere que se le vaya la mano! ¡Provocarle hasta que pierda los

nervios!

—Todos sabemos que es de mecha corta —dijo ella como si nada.

Erica sonrió maliciosa. —No es mala idea. De hecho es una idea

estupenda.
Sonrió encantada. —¿Ves? Alguien que me apoya.

—¿Pero estáis locos? ¿Y si se le va demasiado?

—Nosotros estaremos cerca para que eso no pase —dijo Carl


decidido—. Un par de tortazos es todo lo que necesitamos para retorcerle
las pelotas. Le amenazaremos con demandarle si no abandona la película.

Eso será suficiente para que Howard le eche de la productora para siempre
—dijo demostrando que sabía de lo que hablaba, así que Rick se lo había
contado.

—¿Pretendías hacerlo ahora, querida?

—Pues ya hubiera liquidado el asunto, pero Tad ha tenido que


meterse.

Los miró como si estuvieran locos. —¡Y ahora no vas a acercarte a


él ni con un palo!

—Oh, qué protector —dijo Erica—. Tenía entendido que no era

nada tuyo.

Jadeó mirándole. —¿Le has dicho eso?

Gruñó —No, nena… Pero creía que había quedado claro que esto se

había acabado. ¡Tú lo quisiste así!

—Muy bonito —dijo ofendida.


—¡Ah, que no se ha acabado! ¡Pues con más razón me niego a que
hagas estupideces!

—Qué pasión —dijo Erica dándole un codazo a Carl que gruñó —.

Querido no tenías ninguna posibilidad.

—Eso ya lo veo, tía.

Tad le fulminó con la mirada. —¿Qué ha dicho? Tú céntrate en

actrices de segunda que es con lo que te va bien.

Carl sonrió. —Eso pienso hacer.

—¿Soy una actriz de primera?

—¡Nena, céntrate! —De repente la miró como si se le hubiera


ocurrido la idea del siglo. —Que lo haga Lily.

—¡Qué bonito, Tad! ¡Es una amiga!

—¡Y tú eres la protagonista! ¡Vas a quedar de miedo con morados


en la cara! Ella no empieza a rodar hasta más adelante.

—Bah, ya queda poco para la fiesta de los Sherman. Unos días de


nada y estamos rodando.

—¡No, no estaremos rodando porque la protagonista no podrá


ponerse ante una cámara!

—Hijo creo que te estás alterando un poco —dijo Erica a punto de


reírse—. Solo estamos hablando.
—Estáis planeando una encerrona.

—Si se le va la mano no sería una encerrona, sería justicia —dijo


Vanna como si nada.

—¿Y si no te pega qué piensas hacer, acostarte con él?

—No somos nada, cielo. No tiene por qué importarte.

—Sobre mi cadáver —dijo mosqueadísimo—. Hablaré con Howard.


—Le fulminaron con la mirada. —¡Hablaré con él y se lo contaré todo, así

que ya lo estáis olvidando!

—¡Habla con él y tú y yo hemos acabado! ¡Me estarás traicionando


a mí y una O ‘Dell no perdona!

—Nena, no te pongas rebelde.

—¡Tú sabrás lo que haces!

Tad apretó los labios. —No me puedo creer que penséis en serio en
hacer esto.

—No pasará nada si él no cruza los límites, amigo —dijo Carl—. Yo


te apoyo.

—Y yo —dijo Erica.

Sonrió encantada. —Perfecto.

—Muy bien, veremos lo que dice Howard de esto.


—Tú verás lo que haces.

 
 

Capítulo 8
 

Después de ducharse se rodeó el cuerpo con la enorme toalla y se la


ató por encima del pecho antes de mirarse al espejo. Vio por su reflejo a Tad

apoyado en el marco de la puerta. —Déjalo, ¿quieres? Estoy cansada.

—Ya te han traído la bandeja con la cena. Erica ha pensado en eso

para que no tengas que bajar a cenar. Ella va a hacer lo mismo. De hecho ya
estará acostada.

—Genial, pero no tengo hambre.

—Nena, tienes que comer para seguir el ritmo.

—Llevo con horarios de locos desde los doce años, estoy

acostumbrada.

Él apretó los labios viendo como cogía un peine para cepillar sus

húmedos rizos. —A Lily le parece bien.

—¿El qué?
—Hacerlo por ti.

Exasperada se volvió. —¡Se ha fijado en mí!

—Pues que se fije en ella.

—¿No vas a dejarlo?

—¡No!

—Genial, seguro que ahora está mosqueadísima porque no se lo he

contado en cuanto hemos llegado. Pensará que no me fío de ella. —Tiró el


peine sobre el lavabo. —¡Muchas gracias! Anda, corre a contárselo a

Howard. —Por la expresión de su rostro supo que ya lo había hecho. —

¡Serás chivato!

—Nena, tengo que detenerte.

Se le cortó el aliento. —Te ha dicho que muy bien, ¿no? —Juró por

lo bajo volviéndose y ella le siguió. —¿Te lo ha dicho?

—¡Está desesperado por librarse de él! Le parece un plan perfecto,

pero dice que tiene que ser ya antes de que ruede la película.

Sonrió encantada. —Tengo la aprobación del jefe. —Sus ojos

brillaron. —Y me deberá una.

—¿Y para qué quieres que te deba una?

—Nunca se sabe. —Levantó la barbilla. —Este negocio es mucho

más complicado que la moda.


—¡Nena, que se te va la cabeza! —Dio un paso hacia ella. —¿Y si

te hace daño?

—No pasará nada —susurró mirando sus ojos—. Todo irá bien.

—Se lo diré a tu abuela.

—Ya lo sabe. Se lo consulté por teléfono en el descanso para ir al

baño de las cuatro de la tarde.

Dejó caer la mandíbula del asombro. —¿Y le parece bien?

—Dice que es una piedra en el camino y que hay que darle una

buena patada para despejar nuestro futuro. Puede que no nos den tantos
Óscar, pero viviremos mucho más tranquilos. —Sonrió de oreja a oreja. —

¿A que es comprensiva?

—¡Me cago en la leche! ¿Y si te da un mal golpe? Ya lo sé, haré que

me pegue a mí.

—Cielo, no tiene el mismo impacto mediático y lo sabes. Y si


queremos amenazarle con algo tú no vales. Eso sería una riña entre

machitos que no llegará a nada. —Volvió al baño, pero recordó algo y fue

hasta la puerta.

—¿A dónde vas?

—A hablar con Lily.

—¡No estás vestida!


Se giró para mirarle bien. —¡Si llevo una toalla hasta los pies! ¿Pero

a ti qué te pasa?

Él se pasó la mano por la nuca. —Joder… ¡No lo sé! —Fue hasta su

habitación y cerró de un portazo.

Su corazón saltó de la alegría porque era evidente que se preocupaba

por ella. Era evidente eso y que estaba algo celoso. Contenta como unas

castañuelas bajó los escalones y al estirar el cuello hacia el salón vio que

todos estaban allí reunidos incluida Erica, lo que la sorprendió. —¿Pero tú

no deberías estar en la cama?

—Es que este tema es tan interesante que no quiero subir.

—¡A la cama! Abuela acompáñala. —Puso los brazos en jarras

mirando a Lily. —Iba a contártelo yo.

—Ya lo sé —dijo sin darle importancia—. Estábamos hablando de


poner cámaras en una habitación para que haya imágenes.

—No sé dónde me llevará.

—¿Y si organizas una cita con él para hablar de tu trabajo? Es la

excusa perfecta. Luego os vais a un hotel para tomar una copa y seguir

hablando. ¡Y ahí zas! ¡Le rematas! —Soltó una risita. —Me siento como

Johanna planeando con Elizabeth.


Pensó en ello. —Cámaras… No es mala idea. Aparte de los golpes

tendremos una prueba de lo que ha hecho.

—Exacto —dijo Carl—. Y nosotros en la habitación de al lado lo

estaremos viendo todo. Estoy seguro de que no sabe que estáis aquí

hospedados. Coges la habitación del hotel de nuevo y le llevas allí para

hablar de trabajo. Es un plan muy simple.

—Sí que lo es —dijo sentándose en el sofá—. Erica, a la cama.

—Quiero enterarme —dijo sin moverse de su sillón.

—No seas cabezona, estás agotada. —Frunció el ceño dándose

cuenta de algo. —¿Y esa rubita que te acompaña?

—Oh, solo está conmigo de nueve a cinco. —Hizo una mueca. —

Antes tampoco es que la necesitara demasiado, así que convinimos ese

horario. A las cinco casi estaba deseando que se fuera. Es una pesada de

primera.

—Porque te dice lo que no debes hacer. ¡Cómo esta película! —

protestó Carl.

—¡No me fastidies, niño! Me darán otro Óscar por este papel —dijo
levantando la barbilla—. Hago de loca de maravilla.

Vanna no pudo evitar sonreír. —Sí que te lo darán. Nos das mil

vueltas a todas.
—Volviendo al tema… —dijo Lily sacando su móvil—. Voy a

llamar al hotel para pedir dos habitaciones contiguas.

—Yo me voy a la cama —dijo agotada.

—Hasta mañana, cielo.

Ella le lanzó un beso a su abuela antes de alejarse.

—Deberíamos contratar a alguien por si tiene que entrar en la

habitación y arrear a ese para que la suelte.

—¡Tía me ofendes! —dijo Carl.

Sonriendo subió las escaleras. La verdad es que no estaba nada

asustada por ese idiota. Era un poco más alto que ella, pero no era tan fuerte

como Carl o Tad. Tampoco sería para tanto y más con los suyos en la

habitación de al lado. Al llegar ante el dormitorio de Tad se mordió el labio

inferior. Se moría por dormir con él, pero no la dejaría. Suspiró de pena

caminando hacia la suya y cuando la abrió se quedó de piedra al verle en su


cama ya tumbado únicamente con unos bóxer negros. Mejor hacerse la

tonta. —¿Has cenado? —preguntó cerrando la puerta.

—He comido un sándwich. Nena se te enfría la cena.

Se acercó hasta una bandeja que había sobre el tocador y levantó la


tapa para ver una tortilla de champiñones. Cogió el plato y el tenedor yendo
hasta la cama y sentándose con las piernas cruzadas a su lado. —No se ha

enfadado.

—Sí, es tan lianta como tú —dijo poniendo el brazo tras la cabeza.

Sonrió metiéndose el tenedor en la boca. —No discutamos.

La observó comer. —Hoy has estado muy bien.

Le dio un vuelco el corazón. —¿De veras?

—Muy profesional.

—Gracias, tú has estado de cine. Alex te viene como anillo al dedo.

—Por eso me han dado el papel.

Dejó el plato sobre la mesilla y se agachó para besar sus labios antes
de tumbarse pegada a él. Acarició su pecho y bostezó. —Te haría él amor

toda la noche, ¿sabes?

Divertido levantó una ceja. —¿Y mañana irás a trabajar?

—Ese es el problema. Es un rollo tener que elegir.

Él alargó el brazo y apagó la luz. —También me van las mañanas.

—¿Y la mitad de la noche?

—Todavía mejor—dijo abrazándola a él.

Se sintió tan a gusto que suspiró sobre su pecho cerrando los ojos.
Tad al escuchar su respiración pausada supo que se había quedado dormida
y acarició su espalda. Ni se había secado el pelo de lo cansada que estaba.
Apretó los labios por todas las veces que ese mamón le había hecho repetir

escenas que estaban perfectas. Si que tenían que hacer algo, pero no
pensaba dejar que le tocara ni uno solo de sus preciosos cabellos.

Preparada con el camisón que llevaría en su siguiente escena suspiró


porque era un poco transparente. Bueno, había llevado cosas peores. Se

puso la bata que hacía juego y con un café en la mano salió de vestuario
para encontrarse allí a Rick. —Buenos días.

Él sonrió. —Buenos días, estás preciosa.

—Gracias. —Se acercó a él. —¿Qué pasa?

—Ni se te ocurra.

Miró sus ojos. —Has hablado con Tad.

—¿Que si he hablado? Me ha levantado en cuanto te has venido al

estudio.

Hizo una mueca antes de beber. —Y yo que creía que le había


dejado atontado con el sexo mañanero.

—Pues no. Está cabreadísimo y ahora sí que temo otro

enfrentamiento entre esos dos porque ya no puedo calmar a Tad.


—¿Cómo otro enfrentamiento? ¿Has tenido que intervenir antes? En
su otro proyecto juntos.

—Le partió la cara por meterse con su amante.

Se le cortó el aliento. —Por eso se ha fijado en mí, ¿no? Quiere

quitarle a su ligue delante de sus narices. Ha escuchado algo de nuestra


relación y quiere provocarle.

—Exacto.

—Pues con más razón voy a hacerlo. —Pasó a su lado para ir hacia
el cochecito de golf. —Me voy que me estarán esperando.

—Vanna…

—Howard está de acuerdo.

—¡Pues eso es lo que no entiendo!

Se detuvo mirándole fijamente y caminó hacia él. —¿Qué pasa,


Rick? —Él se pasó la mano por la nuca como si estuviera muy nervioso. —

¿Por qué no entiendes que Howard esté de nuestro lado? Quiere librarse de
él tanto como…

—¡Claro que quiere! Pero lo que hizo… —De repente se calló como
si hubiera estado a punto de decir algo que no debía.

—¿Lo que hizo? —Se le cortó el aliento. —Dios mío, Howard

mintió a la policía con lo de la coartada.


—No fue culpa de Howard —susurró mirándola impotente.

—Ah, ¿no?

Él miró a su alrededor y la apartó. —Mira, acabábamos de terminar


la película. Doscientos veinte millones de presupuesto. Howard no se lo

podía creer —dijo atónito—. ¿Cómo su director iba a hacer algo así?

—Tenía que proteger el proyecto.

—¡Sí! Era su chico de oro, ¿quién se podría creer que fuera un

asesino? ¡Si te digo la verdad puede que grite y sea un gilipollas, pero yo
nunca le he visto tocar a nadie! ¡Ni siquiera a Tad cuando le arreó dos

puñetazos!

—Así que no crees que sea él y Howard tampoco lo creía, por eso le
dio la coartada.

—Sí.

—Pero ahora Howard ya no está tan seguro, ¿verdad?

—No, no es eso. Pero te das cuenta de lo que sucedería si esto se


supiera. ¿Que uno de los productores más importantes del país ha

entorpecido una investigación criminal?

Le miró asombrada. —Le está chantajeando.

Él asintió. —Exige cada vez más. Dice que no se puede probar que
él matara a nadie, pero que sí se puede probar que Howard mintió.
—Le hundiría. —Se echó a reír. —Esto es el colmo, no tiene

vergüenza.

—Por eso Howard está de acuerdo con lo que quieres hacer porque
serían pruebas de su conducta y podríamos librarnos de él sin aspavientos.

Un secreto por otro y que se largue con viento fresco. Pero yo no me fío de
que Tom no cante. No es trigo limpio y…

—Pues entonces con más razón voy a hacerlo y hacerlo bien para

que no se le ocurra cantar. Calma tú a Tad.

—¡Te digo que no puedo! Vanna te estoy pidiendo ayuda. ¡Si Tad le

da una paliza ya no podré ocultarlo!

—¡Voy a hacerlo! Es una manera de librarnos de él y Howard será


libre. Ahora con más razón voy a hacerlo. —Entrecerró los ojos. —

Invéntate algo para sacar a Tad de Londres.

—¿Qué?

—¡Algo de otra película, yo qué sé! ¡Una entrevista! Dame una

semana y cuando vuelva todo estará solucionado y ese capullo ya habrá


salido de nuestras vidas. —Se volvió y se subió al carrito. —Al set de

rodaje.

—Sí, señorita O ‘Dell.


Ella le guiñó un ojo antes de que se alejara. Rick muy serio sacó el
teléfono del bolsillo del pantalón y se lo puso al oído. —Sí jefe, ¿la has

oído? Va a hacerlo. No, no se echará atrás. Tenemos que sacar a Tad de


Londres cuanto antes.

Estaban en el descanso para ir al baño cuando vio a Tad hablando


con el móvil y parecía cabreadísimo. Como si nada se acercó a la mesa del

catering y cogió un par de tazas de café sin quitarle ojo. Se acercó por su
espalda y escuchó —¡Eso no puede ser! Mi agenda solo tenía este rodaje.

Revísalo porque… —Se mantuvo en silencio unos segundos y ella sonrió


satisfecha. Al parecer Rick ya había hecho su magia. —¿Que me lo dijiste
hace meses? ¡Y me lo recuerdas ahora! ¿Qué clase de representante eres tú?

No puedo irme del rodaje. —En su perfil vio que lo que le estaban contando
le sorprendía. —¿Que ya estaba programado que me fuera una semana?

Pero si estamos rodando mis escen… —Escuchó de nuevo. —Pues


cancélalo, no me voy de Londres. ¿Una convención de Viviendo al margen

de la ley? ¿En Corea? ¿Desde cuándo hago yo eso? Joder, ¿que ya me han
pagado? ¿Cuándo? Mi asesor… —Juró por lo bajo. —¿Si no me presento

tengo que indemnizar con dos millones de dólares? No me jodas —dijo


entre dientes.
Ella bebió de su café tan tranquilamente pensando que Rick se lo
curraba. Él debió darse cuenta de que estaba a su espalda y se volvió. Le

tendió el café. —Yo no he firmado nada de eso —dijo antes de colgar—.


Nena…

—¿Sí?

—¿Sabes tú algo de esto?

—¿De qué? —preguntó haciéndose la tonta.

Dio un paso hacia ella. —Queréis sacarme de Londres, ¿no?

Asombrada dijo —Cariño, estás un poco paranoico.

Él la miró como si dudara. —¿Eso crees? Sí, puede que tengas

razón. Al parecer estaba preparado desde hace meses. —Miró su móvil y


empezó a teclear. Juró por lo bajo y ella estiró el cuello para ver que sí que

había esa convención y que se anunciaba su presencia con otros miembros


de la serie de películas. —Voy a matar a Paul.

—Te lo pasarás bien. Los que estén ahí te adoran.

—Odio estas cosas.

—Venga, será divertido. —Le dio su café y cogió su móvil para ver
cuál era el programa. —Mira, hasta hay una carrera de coches. —Levantó la
vista hasta él. —No conducirás tú, ¿no? ¿No tenías un doble para esto?

—No, conducía yo.


—¡Ni de coña! —exclamó haciendo que varios la miraran. —Ni se
te ocurra, ¿me oyes? ¿Estás loco?

—Nena, yo no tengo doble.

—Lo que me faltaba por oír. —Le tendió el móvil. —Llama a ese
Paul y dile que se olvide de lo de la carrera.

Él sonrió. —¿Estás preocupada?

—¿No se nota? —preguntó como si fuera idiota—. ¡Llámale!

—Si lo hacen los demás yo también.

—Uy… —Miró a su alrededor y al ver a Rick gritó —¡Eh tú, ven


aquí!

Rick levantó una ceja antes de decirle al ayudante de producción


algo que le hizo alejarse. Se acercó mirándola interrogante. —¿Ocurre

algo?

—Este que va de Fittipaldi. Dile que no puede conducir como un


loco.

—Nena, ¿has visto las películas?

—¡Muy gracioso! —Miró a Rick como si quisiera matarle. —


Díselo.

—No sé de qué me hablas —dijo confundido.


Era un actor de primera. Debería estar ante la cámara. —Aquí mi…
lo que sea tiene un evento en Corea. —Dio la vuelta al móvil. —En tres

días.

Rick frunció el ceño. —Hostia, ¿por qué nadie me ha avisado de


esto?

—Al parecer mi representante sí que lo comunicó antes de que


firmara el contrato. Avisó de este compromiso y tiene el visto bueno de la
productora.

Cogió su móvil. —¿Y cuándo te vas? Porque las tomas…

—Lo sé. Joder, llega en el peor momento. Al parecer tengo el vuelo


mañana.

—Sí, pero eso no es lo que estamos discutiendo —dijo ella


empezando a cabrearse—. ¡Tiene una carrera de coches!

Rick la miró sin entender. —¿Y?

—¿Cómo que y? ¡Dile que no! Vamos, que estoy esperando.

—Tad no corre riesgos excesivos, no es un camicace. Será el


primero en decir que ni hablar si ve algo raro.

—¡No, si la que veo algo raro soy yo! Dile que no —insistió.

—No puedo hacer eso. No tiene nada que ver con la productora.
—Pero tendrá un contrato. —Abrió los ojos como platos. —¡Un

seguro de esos! ¡Algo tendrán que decir!

Reprimió la risa. —Ya están curados de espantos, por eso la prima

es tan alta.

—¡Me acabas de decir que no es un camicace!

—Bueno, ciertas cosas conllevan sus riesgos.

—¡Y se lo permitís!

—Se ve más real y asume el riesgo.

—Pero yo no —dijo entre dientes—. Dile que ni hablar.

Suspiró mirando a su amigo. —Ni hablar.

—Claro que sí, Rick. Te haré caso —dijo con sorna.

—¿Ves?

—Uy, que me estás cabreando…

—Nena, ¿estás preocupada?

Le señaló con el dedo. —Como no vuelvas entero me vas a oír. —Se


volvió haciendo volar el bajo de su bata y ambos parpadearon al escucharla
gritar —¡Cuándo se rueda aquí!

—Es puro fuego, amigo.

Tad sonrió. —¿La vigilarás mientras estoy fuera?


Le dio una palmada en el hombro. —Tranquilo, déjala en mis

manos. —Tad le fulminó con la mirada y Rick se echó a reír. —¿Pero no la


has visto? No le interesa nadie más.

—Más te vale.

 
 

Capítulo 9
 

Desnuda se sentó en su cama y observó mientras hacía la maleta ya


vestido con un pantalón negro y un ligero jersey del mismo color. Se

mordió el labio inferior porque se iba en una hora. Él la miró de reojo. —


Tom ayer estaba más relajado, ¿no crees?

—Que le den a Tom —dijo molesta.

—Es una pena que no hayamos podido terminar la escena de la

habitación. Estás muy sexi con ese camisón.

Se cruzó de brazos y él suspiró. —Nena, tengo que ir.

—Lo sé, pero eso no significa que tengas que hacer el cafre.

—¿En serio vamos a discutir antes de irme?

Bufó dejándose caer en la cama y él se subió tumbándose sobre su


cuerpo. Sonrió sin poder evitarlo. —Así me gusta. —Besó suavemente su

labio inferior. —Nena, no te acerques a Tom, ¿me lo prometes?


—Cielo, lo he pensado bien y no tengo por qué meterme en esto —

dijo como si nada.

Él sonrió más tranquilo. —Bien dicho. Pero si ves algo raro no

quiero que te preocupes, ¿vale? No empieces a idear planes. Te prometo que

pensaré en ello y encontraré una solución.

Acarició con el interior de su muslo su cadera. —¿Y pensarás en

mí?

La miró intensamente. —Joder nena… No dejaré de pensar en ti.

Esas palabras la emocionaron. —¿De veras?

—¿Qué me has hecho? Yo antes no era así.

—Yo tampoco —susurró acariciando su cuello.

Tad la besó de nuevo y entró en su boca como si quisiera unirse a

ella. Vanna disfrutó de él hasta que se separó suspirando. —Tengo que

terminar la maleta.

Asintió y se sentó de nuevo mientras entraba en el baño para recoger

sus cosas. —Nena, no dejes que Lily chupe cámara. Recuerda que tú eres la

protagonista.

—Es buena, ¿verdad?

—Este papel le viene como anillo al dedo. Tienen la misma

personalidad y eso la beneficia. —Salió con el neceser en la mano.


—¿Y yo no me parezco a Elizabeth?

Sonrió. —No sé qué decirte. Tienes carácter, eso es evidente. Y eres

valiente, decidida y algo inconsciente. Pensándolo bien sois clavaditas.

Se echó a reír. —Gracias.

—¿La admiras?

—Sí, ¿tú no?

Hizo una mueca. —Teniendo en cuenta la época en la que vivía

rompía esquemas, de eso no hay duda. Sí, es de admirar.

—Y Alex era un hombre anticipado a su tiempo, ¿no crees? Su

manera de tratarla, de comprenderla…

—¿No piensas que es algo blando con ella?

—La ama, la protege… Y le echa sus buenas broncas.

Tad sonrió. —Como si eso sirviera de algo.

—Lo importante es que están unidos frente a los problemas y se

apoyan en todo.

—La base de un buen matrimonio. —Ya con el equipaje preparado

se acercó a ella y se sentó a su lado. Apartó un mechón de cabello de su

pecho tras el hombro y besó su cuello. —Nena, no me has prometido que

no te acercarás a Tom. —La miró a los ojos. —Prométemelo.


Perdió la sonrisa porque hablaba muy en serio y si se lo prometía y

faltaba a su palabra tenía la sensación de que no se lo perdonaría. Pero es

que no le quedaba otra opción. —Te lo prometo.

Él se tensó mirando sus ojos fijamente antes de asentir y levantarse

cogiendo la maleta para salir de la habitación sin mirar atrás.

Vanna inquieta se sentó sobre sus rodillas. No la había creído. ¡No,

no! Asustada fue hasta la ventana. —Cielo no te enfades. —Vio como salía

de la casa y le daba la maleta al chófer. —Mírame, mírame. —Entró en el

coche sin volverse y Vanna dejó caer los hombros desmoralizada. —No te

ha creído. —Se mordió el labio inferior sintiendo que acababa de cometer

un error monumental, pero ya no había marcha atrás.

Y lo demostró cuando no le cogió el teléfono después de llegar a

Corea y lo que era peor al día siguiente tampoco le contestó a sus tres

llamadas. Apretó los labios mirando el móvil que tenía mil llamadas

perdidas, pero ninguna era suya. Entonces escuchó —Vanna…

Se volvió con una sonrisa en los labios recibiendo a su director. —

Estás maravillosa con ese vestido de presentación. Ahora rodaremos lo que


podamos sin Tad. Lily ya está preparada para hacer la escena en la

habitación. —Sonrió. —Estoy muy contento con tu actuación, ¿sabes?

—Oh, gracias. Es una experiencia única. Aunque ya había hecho

anuncios, esto es muy distinto.

—Pues te mueves bien en este ambiente. Te auguro un futuro


prometedor.

—Gracias, eres muy amable. Sé que me queda mucho por aprender,

pero intento seguir cada consejo que me dan.

—Pues si quieres consejos yo puedo darte unos cuantos. ¿Te apetece

cenar conmigo? ¿Estarás demasiado cansada?

Ahí estaba. No había tardado mucho. —Oh no, claro que no. Estaré

encantada de cenar contigo, seguro que tienes anécdotas increíbles.

Él sonrió aún más. —Unas cuantas. Lo pasaremos bien. Te recojo en

el hotel a las siete, ¿de acuerdo? ¿Estás en el Remington?

—Sí, me hospedo allí. ¿A las siete?

—Perfecto. Bien, pues vamos a trabajar. —Caminaron hasta lo que

era una escalera de madera antigua donde rodaría con Lily que ya estaba

preparada con su vestido de fiesta dispuesta a rodar que subían a su

habitación. —Tom la colocó cogiéndola del brazo y fue muy consciente de

su otra mano en su cintura. —Aquí, perfecta.


—Gracias.

—Un placer. —Se volvió y gritó impaciente —¡Vamos, vamos! ¡Ya

es muy tarde!

Lily la miró de reojo y ella asintió. —¿Lista para la escena?

—Más lista que nunca.

Su amiga sonrió. —Tengo la sensación de que esto será rápido. De

repente tiene mucha prisa.

—Sí, yo tengo la misma sensación —dijo divertida.

Efectivamente en cuanto hicieron dos escenas subiendo las escaleras

Tom dio por finalizado el día. Todos se quedaron de piedra porque eran

apenas las cinco, pero nadie abrió la boca porque para un día que

terminaban antes no iban a protestar.

En el hotel volvió a mirar su móvil. —Perfecto Tad —susurró antes

de meterlo en el bolso.

La puerta de comunicación se abrió y Carl salió silbando al ver el

vestido verde que se había puesto, pues iba pegado a su cuerpo como una

segunda piel. —¿Pides guerra?


—Estoy en guerra, ¿no te habías dado cuenta? —Alborotó sus rizos

y fue hasta el espejo con el labial fijo que se pondría.

—No te ha llamado, ¿eh?

Pegó un labio al otro mirándole a través del espejo. —Está


enfadado.

—¿Seguro? —preguntó divertido—. Pues en las fotos no lo parecía.

Se volvió. —¿Qué fotos?

—¿No las has visto? —preguntó—. Si me las ha enseñado Lily.

Enderezó la espalda porque eso significaba que su amiga había


querido protegerla. Al verla aparecer por la puerta y su mirada de

preocupación se temió lo peor. —¿Qué fotos?

Carl miró hacia Lily que dijo —Enséñaselas, bocazas.

—¡Creí que lo sabía!

—¡Qué fotos!

Su amiga chasqueó la lengua y sacó su móvil del bolsillo trasero del


pantalón acercándose. Mirando la pantalla buscó algo y se lo tendió. La

imagen de Tad con una rubia con el cabello hasta el trasero le puso un nudo
en la garganta. La cogía de la cintura mientras reían entrando en lo que

decía la noticia que era un bar de moda. Al mirar a la mujer supo que le
sonaba. Debía ser modelo y sintió que el alma se le caía a los pies porque
recordó lo que le había dicho de que casi todas con las que salía en internet
habían sido sus amantes. Eso le retorció el corazón porque en ningún

momento dudó de dónde había terminado esa mujer. Viendo su risa sabía
que había acabado en su hotel pasando la noche con él. Eso demostraba que

no sentía nada por ella. Y no pensaba responsabilizarse por mentirle o


porque se hubiera enfadado, si hacía eso es que ella le importaba muy poco,

no la comprendía ni la apoyaba en absoluto. Sentía unas terribles ganas de


llorar y le tendió el teléfono a Lily. —Gracias.

—Igual no…

—Déjalo, ya no es importante. —Se miró al espejo y repasó su


aspecto. Nadie se imaginaría que le acababan de romper el corazón. Eso le

pasaba por enamorarse y enamorarse de quien no debía, además. —Me voy.


¿Ya está todo preparado?

—Las cámaras están listas y grabando. En realidad nosotros solo

tenemos que estar atentos a cuando llegues.

—Muy bien. No entréis hasta que me pegue un par de tortazos.

—¿Crees que conseguirás provocarle? —preguntó su amiga

preocupada.

Sonrió irónica. —¿Dudas de mí?

Lily sonrió. —No, amiga.


Fue hasta la puerta, pero Lily la cogió del brazo. —No sabes lo que
ha pasado con Tad. No te precipites.

—Quien se ha precipitado ha sido él —dijo antes de alejarse hacia

los ascensores.

Lily apretó los labios y entró en la habitación cerrando la puerta.


Miró a Carl con rencor. —¿Qué? Pensaba que lo sabía. ¿Pero qué esperaba?

No se toma a ninguna en serio.

—Oh, a ella sí que la tomará en serio. Llámale.

—Ni de coña.

—Te digo que le llames, lo haría yo, pero no tengo su número.

—¿Qué vas a hacer?

—Llámale y así lo verás.

Carl sonrió malicioso y sacó su teléfono. En apenas unos segundos


se lo tendió. —Ahora verás lo buena actriz que soy.

—¿Carl? —preguntó extrañado —. ¿Qué ocurre?

—¿Tad? —gritó como si estuviera asustada—. ¡Tad! ¿Me oyes?


¡Soy Lily!

—¿Qué pasa?

—¡Es Vanna! ¡La ha matado! ¡La ha matado! —gritó antes de dejar


caer el teléfono.
Carl la miró como si quisiera matarla. —Es carísimo —susurró.

Ella señaló el móvil y exasperado lo cogió. —Joder Tad.

—¡Qué ha pasado! No se…

—Lo hizo, lo hizo y lo ha pagado. Oye, tengo que dejarte que se ha


desmayado. —Colgó el teléfono. —¿Y si llama a Rick?

Rick apareció en la puerta. —Sois unos cabrones.

—Si no le importa le dará igual la bromita —dijo ella acercándose.

—Preciosa eres maquiavélica.

El teléfono de Rick empezó a sonar. —Ni se te ocurra cogerlo —le


advirtió ella. —Carl llama a tu tía para que nadie coja él teléfono en su casa.

—¿Y si llama a Howard? —preguntó Rick—. ¿Y si se filtra a la


prensa?

—El jefe le dirá que no sabe nada y te llamará a ti.

—¿Y qué le voy a decir al jefe?

—Que escuchó una escena que estábamos ensayando por teléfono y


que sacó sus propias conclusiones.

Rick siseó —Como se lo diga a la prensa…

—Es un profesional, no hablará hasta que sepa qué ha pasado. —


Sonrió maliciosa.
—¿Y si llama a Vanna? —preguntó Carl.

Le miró con los ojos como platos. —¿Qué?

—Igual la llama a ella.

—¿Cómo la va a llamar a ella si está muerta?

—Yo llamaría por si acaso.

—Tú eres tonto.

Rick reprimió la risa mientras Carl gruñía. —Pobre del que te


aguante.

—Pues estará encantado. —Miró con picardía a Rick pasando a su


lado y le lanzó un beso haciendo que pusiera los ojos en blanco.

—La que te ha caído encima, chaval. —Carl entró en la habitación.

—Te acompaño en el sentimiento.

—No será para tanto.

Lily soltó una risita sentándose en el sofá. —Atentos, que mi amiga

es muy lista y puede que se adelanten.

El teléfono no dejaba de vibrar en su bolso y aquel pesado que se

creía muy gracioso no dejaba de parlotear mientras ella no perdía la sonrisa


del rostro. Era un egocéntrico de primera, ni una sola vez le había
preguntado nada. Solo hablaba de él y de lo importante que era su trabajo.

La responsabilidad que tenía sobre los hombros y lo poco que le


comprendían. Ah, pero cuando había premios siempre había que decir que
eran de todos a pesar de que era él quien tenía el talento. Estaba harto de

todos esos que decían que si no fuera porque estaba en una buena
productora no conseguiría nada. Que todo su arte se basaba en el dinero y

bla, bla, bla… Se estaba aburriendo mortalmente, pero debía ser buena
actriz porque él no se daba cuenta.

—¿Te gusta el sitio?

—Sí, no lo conocía. La comida es excepcional.

—Yo vengo mucho. Me gusta desconectar.

—Se nota —dijo cogiendo su copa de vino y dándole un sorbo.

Se la quedó mirando. —Eres muy bonita. —Parpadeó sorprendida.


—No solo eres hermosa, algo en tu interior me dice que eres hermosa por

dentro. —Él sonrió. —Mi madre decía que esas eran personas bonitas.

—Eso es muy dulce. ¿Lo decía…?

Él apretó los labios. —Murió hace tres años.

—Lo siento mucho.

—¿Tú tienes padres?


—Tengo a mi abuela. Mi padre era un buscavidas y creyó que podía
vivir de mi madre. Al darse cuenta de que no era así la dejó. Murió unos

años después.

—Vaya, tenemos mucho en común, ¿sabes? Mi padre también dejó


a mi madre cuando yo era un niño.

—¿Le veías?

—No, era actor y siempre estaba fuera.

—¿Le conozco?

Sonrió irónico. —Era un actor de poca monta, un don nadie.

Ese era el tipo de comentarios que le hacían odioso. Para ella nadie

merecía ese comentario.

—Supongo que agradeces que no estuviera en tu vida.

—No sabes cómo. —Se apoyó en el respaldo de su silla. —¿Y tú?

—Teniendo en cuenta lo egoísta que era, no, no le echado de menos.

Con su mano sobre el mantel sintió que el teléfono empezaba a


vibrar de nuevo. A ver si era algo importante… —¿Me disculpas un

segundo que tengo que ir al lavabo? —preguntó cogiendo su bolso.

—Sí, por supuesto.

Cuando le perdió de vista sacó el móvil y frunció el ceño al ver

diecisiete llamadas perdidas de Tad. Ay madre, que este se había


descalabrado en la puñetera carrera. Se puso el teléfono al oído, pero no
daba llamada. Frunció el ceño. Qué raro, si acababa de llamar. Al alejar el

teléfono pensó que igual le estaban operando. ¡Y ella allí con ese imbécil!
¡Y no tenía él número de Rick! Frenética llamó a Lily que se lo cogió
enseguida. —¿Te queda mucho? Tengo sueño.

—¿Qué le ha pasado a Tad? ¿Rick está ahí todavía? ¿Le ha llamado?


¿Qué pasa?

—Oh, no es nada. Le hemos gastado una broma por gilipollas.

Frunció el ceño. —¿Qué?

—Te cree muerta. Muy listo no es si te ha llamado.

—¿Estás loca?

—Es que me dio tanta rabia... No he podido evitarlo, fue superior a


mí.

—¡Te mato!

—Sí, ya, ya… ¿cuántas veces dices que te ha llamado?

—Diecisiete veces.

Su amiga se echó a reír. —La ha llamado diecisiete veces.

—¡No tiene gracia, Lily! —dijo ella mosqueada.

—¿Te ha llamado? —preguntó Rick asombrado al otro lado de la


línea—. Hostia, ¿es que no ha entendido que estás muerta?
—¡Habrá querido comprobarlo! ¡Lo que demuestra que no se fía de
Lily! ¡Y ahora no me coje el teléfono! ¡A ver si se larga de Corea!

—Tranquila, le llamo ahora. ¿Cómo va lo tuyo?

—Muy bien. De momento todo va como la seda.

—Aquí te esperamos.

Colgó el teléfono mordiéndose el labio inferior e intentó llamar a


Tad de nuevo, pero nada, no le cogía él teléfono. Ahora sí que iba a estar

cabreado.

Bufó saliendo del baño y se acercó sonriendo a la mesa. —Oh, has

pedido brandy. Me encanta —dijo sentándose.

—Perfecto para la tarta de chocolate que viene ahí.

Se la pusieron delante. —No debería.

—Claro que sí, preciosa.

Soltó una risita coqueta. —Si lo dice mi director…

La miró como si fuera a comérsela a ella. —Lo digo.

Al parecer se estaba animando. Pero era lógico porque se había

bebido casi toda la botella de vino. Mejor le entretendría o se le insinuaría


allí mismo. Chupó su cuchara lamiendo el chocolate. —¿Por qué director?

—Porque es el que manda, muñeca.


Odiaba que la llamaran muñeca. —Y te gusta mandar, eso es

evidente.

—Panda de inútiles —dijo con desprecio—. Cada día tengo que

luchar contra un montón de gente inútil.

—Eres exigente. ¿Lo serás conmigo?

—Tú eres especial.

Sonrió. —¿De veras?

—Y juntos llegaremos muy lejos, preciosa.

—¿Cómo de lejos?

Él sonrió. —Ambiciosa.

—Sé lo que quiero.

—Me gustan las mujeres así.

—Lo sé. —Bebió de su brandy y en ese momento pasó un camarero.


Se quedó de piedra cuando vio como miraba su trasero. ¡Ese tío era gay!

Ningún hombre miraría a otro de esa manera si no fuera gay. Y ella había
conocido a muchos como para notar la diferencia. ¿A qué venía aquello?
¿Por qué la miraba así si no le gustaba? ¿O era bisexual? Puede que lo
fuera. O puede que solo quisiera apuntarse un tanto ante Tad y dejara a un
lado sus gustos para intentar fastidiarle. Le daba que había mucho más tras

su director de lo que aparentaba. Apoyó los codos sobre la mesa viéndole


beber su brandy de golpe. —¿Quieres que vayamos a mi hotel y hablamos

de mi ambición?

Él sonrió como si le hubiera tocado la lotería. —Lo estoy deseando.


—Dejó trescientos dólares sobre la mesa y se levantó. Vanna cogió su bolso
y se puso en pie teniendo que soportar que pusiera su mano demasiado
cerca de su trasero mientras salían del restaurante. Sí, era bisexual. Pero
afortunadamente para ella no fue más allá porque si le tocaba el culo se iba

a mosquear y no llegarían a su habitación sin que le dijera cuatro cosas.

Llegaron al coche que les esperaba y el chófer abrió la puerta para


que subieran. —A su hotel, rápido.

Al parecer estaba impaciente y lo demostró en cuanto se sentaron


porque pasó la mano por su muslo. Ella quitó su mano. —Primero
hablaremos de mi futuro.

Él rio por lo bajo. —A cada segundo que pasa me pareces más


preciosa.

—Pero menos bonita.

Asintió sonriendo de medio lado. —¿Y eso a quién le importa? A mí

no.

Se le quedó mirando. —Tengo la sensación de que en esa habitación

vas a contarme muchas cosas que pueden interesarme.


—Ni te las imaginas.

—Estoy deseando escucharlas.

Miró al frente para ver su hotel a unos metros, lo que era una suerte

porque estaba deseando acabar con aquello. Miró hacia él algo más
nerviosa y sonrió para disimular. —Ya hemos llegado.

—El momento de la verdad —dijo tranquilamente—. Vamos


preciosa, tenemos que llegar a un acuerdo.

Eso la intrigó aún más y salió del coche. Él la acompañó hasta los
ascensores mientras Vanna sacaba la llave de la habitación de su bolso. Con
la tarjeta en la mano entró con él y dijo —El último piso.

—No podía ser menos para nuestra protagonista —dijo con una fina

ironía que le llamó la atención. Hasta ese momento no había usado ese tono
con ella.

—Yo me lo merezco —dijo con soberbia.

Él rio por lo bajo. —Claro que sí. Y vas a demostrar que mereces
mucho más.

—Me tienes de lo más intrigada.

—No te precipites. —Las puertas se abrieron. —¿Vamos?

—Por supuesto, no soy de las que se echan atrás.


—Perfecto. —La miró de una manera que le puso los pelos de
punta. Como si supiera algo que ella no sabía, pero que se arrepentiría de
saber y eso la preocupó. La preocupó muchísimo.

Caminó hasta su habitación y metió la llave de plástico en la ranura.


Un pitido indicó que estaba abierto y empujó la puerta entrando sin
esperarle. Tom sonriendo entró y cerró tras él. —Bonita suite.

—Howard me trata muy bien. —Se acercó al mueble bar. —¿Una

copa?

—Brandy.

Cogió una copa de balón y echó una buena cantidad acercándosela.

Él bebió y se giró para mirar por el ventanal desde donde se veía el Big
Ben. Como si nada ella se sentó en el sofá y cuando él se volvió levantó una
ceja. —¿No bebes?

Rio. —Si mañana quieres que realice mi trabajo debo parar. O puede
que no me controle. —Cruzó sus preciosas. —¿O quieres que no me

controle?

—Me interesaría verlo.

—Pues hoy no va a ser —dijo seductora. Dio dos palmaditas en el

sofá —. ¿Te sientas?

Él no lo hizo, pero bebió de nuevo. —¿Qué tienes con Tad?


—Oh, solo es un entretenimiento sin importancia.

—¿Sin importancia?

—Sin ninguna importancia. ¿O crees que le tomo en serio?

—No preciosa, es obvio que eres muy lista.

—¿Por qué te interesa Tad?

Tom se sentó en el sillón, lo que indicaba que quería mantener las

distancias. —Digamos que no nos llevamos bien.

—¿Riña de gallitos?

Él sonrió de medio lado. —Algo así. Le quiero fuera de la película y

con la reputación destrozada. —Cruzó las piernas. —Había planeado algo


que le destruiría, pero al parecer no ha salido bien.

Se le cortó el aliento. ¿Él había sido el que había impulsado el


documental? —¿No vas a contármelo?

—No tienes por qué saberlo.

Mierda, si él sabía él secreto de Tad lo que había hecho su abuelo no


serviría de nada porque él se encargaría de filtrarlo tarde o temprano. Antes
de provocarle para echarle de la productora debía averiguar si ese cerdo

tenía algo que ver con el documental. —¿Y qué es lo que tengo que saber?

—Que si me ayudas a destruirle serás mi musa. Te llevaré a lo más


alto.
—¿Y cómo se supone que voy a hacer eso?

—Descubre sus secretos, tiene que ocultar algo.

—¿Acaso no los sabes? Seguro que le has investigado si tanto


interés tienes.

Él bebió de su copa. —Yo no he encontrado nada.

—¿Entonces cómo pensabas destruirle? —Era evidente que no se


fiaba de ella. —Vamos, si voy a meterme en esto tengo derecho a saberlo
todo.

Se la quedó mirando fijamente. —Hace dos meses casi tuvo una


relación con una chica a la que conoció en una discoteca de Los Ángeles.

Se volvieron a encontrar otras tres veces sin resultado, así que intentó
drogarle para sacarle unas fotos en la cama, pero él la pilló cuando le
echaba la droga en la bebida. —A Vanna se le cortó el aliento. —Por
supuesto la chica era menor.

—No cayó en la trampa.

—Me extrañó que no se la llevara a su casa en la primera ocasión.


Era evidente que le atraía, pero algo no debía encajarle. Intentó hacerse

amiga suya para aproximarse, pero cometió el error de la droga por


impacientarse en cobrar y todo se fue a la mierda.
—Menuda joyita, la niña. ¿Qué fue de ella? No me gustaría que esto
nos salpicara más adelante.

—No te preocupes, le he cerrado la boca.

Lo dijo de una manera que le puso los pelos de punta. —¿Y cierras
bocas a menudo?

La miró fijamente. —Cuando es necesario. ¿Algún problema?

Negó con la cabeza. —Claro que no. —Pensó en la ayudante de


producción que habían asesinado y cada vez tenía más claro que había sido

él. —Así que quieres que averigüe sus secretos. Tendría que seguir
acostándome con él.

—¿Y?

Sonrió. —La verdad es que no será un sacrificio.

—Me lo imaginaba. Tiene fama de buen amante.

—¿Y tú? —preguntó con picardía—. ¿Qué dicen tus amantes?


¿Esos hombres quieren repetir?

Él se tensó mirándola fijamente a los ojos antes de sonreír. —Sabía


que eras la persona adecuada para ser mi socia. En cuanto Howard me dijo
quien era la protagonista, pensé que tenías que ser muy lista para que sin
ninguna experiencia te camelaras al viejo y te diera una superproducción.

—Tengo mis recursos. Y soy observadora.


—Justo lo que necesito. —Se levantó dejando la copa sobre la mesa
de centro y se abrochó la chaqueta del traje de diez mil dólares que llevaba.

—Como me traiciones…

—Me cerrarás la boca, lo he entendido perfectamente.

Se agachó y le dio un beso en los labios. —Date prisa, tengo que

cambiar al protagonista.

—Tiene que llegar de Corea.

—Seguro que puedes llamarle y hablar con él con la excusa de que

le echas de menos. No dejes que esa rubia que ha conocido te quite terreno,
querida.

Levantó una de sus cejas. —A mí nadie me quita terreno. Esa no


tiene importancia.

Él sonrió. —Perfecto. —Fue hasta la puerta. —Mañana cuando veas


a esa amiga tuya dile que deje de exagerar tanto su papel, ¿quieres? Porque

como se lo diga yo no será de buen humor. Ya me tiene harto con tanta


risita.

—La advertiré.

—Bien. —Le guiñó un ojo. —Hasta mañana.

—Hasta mañana, socio.


Salió de la suite y ella a toda prisa se quitó los tacones para correr
hasta la puerta y pegar la oreja. Escuchó como se abría la puerta de la

habitación contigua y miró hacia allí poniendo el dedo sobre la boca para
que no hablaran. Corrió hasta la otra habitación y suavemente abrió la
puerta para ver que su director caminaba hacia los ascensores
tranquilamente. Cuando entró en uno de ellos suspiró del alivio cerrando y

mirando a sus amigos que era obvio que estaban pasmados. —¿Es gay? —
preguntaron a la vez.

—¿Os habéis quedado con eso? ¡Es el asesino!

—Eh, eh… —dijo Rick dando un paso hacia ella—. No ha dicho


eso.

Lily le miró como si fuera idiota. —¡Cierra bocas cuando es


necesario! ¡Claro que lo es! Ese es un psicópata que se ha quitado del
medio a quien le estorbaba y estoy segura de que esa chica de producción

no ha sido la única.

—Yo pienso lo mismo —dijo Vanna preocupada—. Y ahora va a

por Tad.

—Joder… —dijo Carl alucinando—. ¿Habláis en serio?

—A Tad quiere destruirle no matarle —dijo Rick.


—Porque eso le reportará más satisfacción. Quiere verle humillado,

hundido. Si le matara se quedaría sin la diversión. Pero no ha encontrado


nada y Tad no ha caído en sus trampas, así que me necesita.

—¿Trampas?

—Venga, ¿crees que lo de esa menor es lo único que ha hecho?


Seguro que hay más que no sabemos. —Eso le hizo pensar en el
documental. Tenía que hablar con su abuelo cuanto antes. Pero en privado.
Por si acaso era mejor que sus amigos no supieran nada. Debía proteger su

pasado.

—Será cabrón —dijo Rick antes de volverse—. Voy a llevar esta


cinta a la policía.

—¡Ni hablar!

La miró asombrado. —¿Pero estás loca? ¡Ese tío está chiflado! ¡Es
lo que necesitamos para deshacernos de él!

—¡No tenemos nada, Rick! Una conversación no significa que haya


hecho nada. Alegará que ha mentido para impresionarme.

—¡Ha reconocido un delito!

—¿Qué delito? ¿Dónde está esa menor? Puede decir que es mentira
y ya está. Ni sabemos cómo se llama.
—Vanna tiene razón —dijo Carl—. No tenemos nada contra él. Es

más, si Vanna le siguiera el juego él no arriesgaría nada porque sería ella la


que se expondría si se descubriera que Tad ha sido perjudicado por su
causa. Tom siempre puede decir que él no sabía nada. Será ella la que se
exponga, estoy seguro. Este cerdo nunca da la cara.

—¿Y luego se deshace de sus cómplices? —preguntó Rick

incrédulo. Se llevó las manos a la cabeza—. Joder, decirme que esto no está
pasando. ¡Que mi director no es un psicópata chiflado!

—¿Has llamado a Tad? —preguntó preocupada

La miró dejando caer los brazos. —No me coge el teléfono.

—Mierda. —Pensó en ello. —En cuanto puedas le dirás que lo de

mi muerte fue una broma de Lily por lo de la rubia. Se cabreará muchísimo.

Si te pregunta le dices que Tom y yo salimos a cenar y no pasó nada. Que


aunque le rechacé no se lo tomó a mal y eso que le provoqué. No le diremos

nada de lo que ha pasado en esa habitación, ¿me habéis entendido?

—¿Qué?

—¿No os dais cuenta de que si se lo decimos, lo de partirle la cara


será de risa comparado con lo que le hará? Intenta destruirle, Tad se pondrá

como loco. Diremos que ya que no ha picado lo dejaremos como está.


Lily asintió. —Sí, es lo mejor. Además si ese chiflado nota que Tad

le mira aún peor que habitualmente, se mosqueará y pensará que Vanna se

ha ido de la lengua.

Carl asintió. —Sí, tienes razón.

—¿Y qué vamos a hacer?

—Aparentar que tengo una relación con Tad.

—¿Con el cabreo que tendrá? Nos va a poner verdes. Y a ti también

por no cogerle el teléfono.

—¿Él se cabreará? —preguntó mosqueada—. ¿Y la rubia qué?

—Joder, no es lo mismo.

—No, es mucho peor —dijo Lily mientras Vanna se volvía para


mirar la ciudad—. Tenéis que ayudar a que a Tad se le pase el cabreo.

Echarme la culpa a mí, que actué por el disgusto de mi amiga o lo que sea,

pero cuando vuelva al rodaje tienen que aparentar que son amantes como
antes.

Rick miró a Carl. —¿Alguna idea?

—Yo que tú llamaba al hotel porque que no coja él teléfono me

mosquea mucho. Ese ya está en un avión de vuelta.

Rick fulminó a Lily con la mirada. —¡La que has liado!


—¿Ahora tengo la culpa de que Tom haya perdido un tornillo? —Él
gruñó alejándose con el teléfono en la mano y Lily se acercó a su amiga que

seguía mirando por la ventana. —Si no quieres no tienes por qué meterte en

esto. No es responsabilidad tuya lo que Tom quiere hacerle a Tad. Si se lo


decimos estaría advertido.

—¿Y que Tom siga haciendo de las suyas? —susurró negando con

la cabeza—. Además, si libramos a Howard de Tom, ¿no crees que estaría


en deuda con nosotras?

Los ojos de Lily brillaron. —Sí…

La cogió del brazo y entraron en su habitación. —Escúchame, aquí

hay más de lo que nos han dicho.

—Explícate.

—¿Crees que Howard con los abogados que tiene, iba a hacer un

contrato blindado a alguien?

Se le cortó el aliento. —Crees que le tenía pillado por las pelotas,


por eso le dio la coartada de la chica.

—Exacto. Él ni de broma se metería en algo así a no ser que

ocultara algo que no quisiera que nadie supiera y Tom lo hubiera


descubierto.

—Por eso no puede echarle.


—Y por eso estaba de acuerdo en que le tendiéramos la trampa.

—Para tener con que presionarle y que dejara la productora sin

escándalos.

—Eso mismo. Howard no solo tiene que ocultar lo de la coartada. Y

por eso no quiso ayudar a Tad con… —Se detuvo en seco por lo que iba a
decir.

—¿Con lo de…?

¡Mierda, casi le había dicho lo del documental! ¡Vanna piensa antes

de hablar! A ver cómo salía de esta. —Nada, tonterías que se me han


pasado por la cabeza. Como que Tad no quería hacer esta película y Howard

le obligó.

Lily entrecerró los ojos. —El jefe sabe cuáles son los planes de ese

psicópata.

—Y tiene las manos atadas. Eso de que Tom le quiere fuera de la


película me lo ha soltado a mí, pero en realidad fue él quien le pidió como

protagonista. —La verdad es que cuanto más ahondaba en el tema más


plausible le parecía.

—¿Crees que el del hotel que le sacó las fotos tiene algo que ver con

Tom?

La miró pasmada. —Pero si solo eran unas fotos medio desnudo.


—Pero eso puede que Tom no lo supiera. Con la fama de

conquistador que tiene Tad igual pensaban que estaría acompañado. Igual
pensaban que estaba con una del equipo. O contigo.

—Nadie sabía entonces que nos atraíamos.

—¿No? ¿Y Rick? Es el mejor amigo de Tad.

—¿Qué quieres decir?

—Mira, si algo tengo claro en este negocio es que Rick mataría por

Howard. Es como el padre que nunca tuvo. Le adora. Haría lo que fuera por
él. Incluso decir los secretos de su mejor amigo.

Se quedó sin aliento. Howard sabía que había estado en la cárcel.

Aunque Tom le había dicho que no tenía pruebas contra Tad puede que el
jefe presionado se lo hubiera contado y que ese cerdo se guardara ese as en

la manga. Tenía que averiguar cuanto antes si el tipo que dirigía el

documental estaba relacionado con Tom aunque realmente lo dudaba


mucho porque sino no la necesitaría a ella. Pero era un cabo suelto que no

podía dejar al azar, debía asegurarse. —Tengo que ir a Nueva York.

—¿Ahora? —preguntó pasmada—. ¿Para qué? Howard está en Los

Ángeles.

Mierda. Se llevó la mano al cuello intentando pensar una excusa. —

No estará en Los Ángeles. La gala del Met es pasado mañana. Estará allí, lo
sé.

—Quieres hablar con él fuera de su ambiente.

—Exacto. Le voy a pillar desprevenido. Ayúdame a buscar una

excusa para largarme.

—Di que tienes médico. Un especialista y que no lo recordaste hasta

ahora. Un ginecólogo. Rick no dirá nada a eso.

—Bien.

Fueron hasta la habitación donde estaban los chicos. Rick colgó


frustrado. —Van a enviar a alguien al aeropuerto para detenerle.

Suspiró del alivio. —¿A qué hora sale el vuelo?

—Tienen dos horas.

—Llama al aeropuerto y que le busquen en la zona vip —dijo Lily.

—¡Ya lo va a hacer el director del hotel, me llamará en cuanto sepa

algo!

—Oye, ¿por qué me gritas? —preguntó asombrada. Los tres la


miraron—. ¡Vale, culpa mía! Pero se lo merecía.

—Pobre del que caiga en tus manos —dijo Rick entre dientes.

Sonrió mirándole de una manera que le dejó pasmado. —Venga, si

lo estás deseando.
—Desde que eres actriz se te está soltando mucho la lengua.

—Porque temía por mi trabajo —dijo como si fuera tonto.

—¡Pues todavía puedes perderlo!

—Ah, no. Ahora he demostrado que tengo talento —dijo elevando

la barbilla.

—Te estrangularía.

—A mí no me va ese rollo, pero si quieres probamos.

Carl se echó a reír por la cara de Rick. —Amigo estás perdido.

—Más quisiera.

Lily chasqueó la lengua antes de mirar a Vanna. —¿Te duele la

tripa?

La miró sin comprender hasta que se dio cuenta y se llevó la mano

al vientre. —Oh, son problemas de esos que tenemos las chicas. Ya me


entiendes. —Abrió los ojos como platos. —¡Tenía una cita pasado mañana

con el ginecólogo!

Rick la miró pasmado. —¿Tienes que irte?

—Llevo esperando esta cita dos meses.

—Joder con el médico —dijo Carl —. Menuda lista de espera.


—Y he tenido suerte que me ha colado. —Fue hasta la habitación.
—¡Lily necesito un vuelo a Nueva York!

Rick la siguió. —¡No puedes irte ahora!

—Mira, la salud es lo primero. Y si tuvieras las hemorragias que

tengo yo no lo dudarías.

Este se sonrojó. —Bueno, si es tan importante… —Dio un paso


hacia ella. —¿Es grave?

Eso demostraba que era un buen tipo y sonrió. —Es molesto, pero

no, no es grave.

Lily entró con el teléfono al oído. —Tienes vuelo en dos horas.

—Cógeme una plaza.

Rick gruñó. —¿Y qué hacemos con Tom? ¿No verá raro que te
largues?

—Dile que me ha llamado Howard por un problema con mi

contrato, que faltaba algo por firmar y que debíamos reunirnos con los

abogados. Y retén a Tad en Corea.

—Joder, todo esto se está liando un montón.

—Y más que se va a liar —dijo por lo bajo.

—¿Qué?
Cogió su bolso asegurándose de que tenía el pasaporte y se lo puso

en bandolera lista para largarse. Tenía ropa de sobra en Nueva York. —Le
pillaremos. Hará algo que le descubrirá y le pillaremos.

—¿Estás segura de que podrás volver con Tad? ¿Y sino quiere

después de lo de la rubia y la bromita?

Le miró levantando una ceja. —¿Crees que tendré problemas para

conquistarle de nuevo? —preguntó alterándose.

—No, claro que no.

—Me saldrá una úlcera fingiendo que le perdono.

—Ah, ¿pero vas a fingir?

—¡Pues sí! —Le señaló con el dedo. —Y después pienso hacerle un

corte de manga por gilipollas —dijo con cara de sádica—. ¡Y me quedo

corta! —Pasó ante él y le gritó a Lily —¡Pásame el billete por mail!

—Ya está.

—Cuida de mi abuela. Volveré pasado mañana después de la cita.

—Bien. Suerte.

Salió de la habitación a toda prisa y corrió hasta el ascensor porque


casi no le quedaba tiempo. Iban a alucinar con su modelito, pero era lo que

había. Al pensar en Tad apretó los labios. Era increíble que después de
haberla traicionado, aún quisiera salvarle el trasero. Pero algo en su interior
le decía que era lo correcto y pensaba dejarse llevar. Después ya le partiría
la cara por mamón. Sintiéndose mejor entró en el ascensor y pulsó el bajo.

—Vamos allá.

 
 

Capítulo 10
 

Abrió la puerta del bar y se acostumbró a la oscuridad para ver a


uno de los amigos de su abuelo sentado a la mesa que estaba justo al lado

de la puerta que llevaba al local de apuestas. Caminó hasta él y este se


levantó asombrado. —Pero niña, ¿qué haces aquí?

Le besó en la mejilla. —¿Cómo estás, Raul?

—Pues bien. —La miró de arriba abajo y ella hizo una mueca

porque había ido directamente desde el aeropuerto.

—¿Vas a una boda o algo?

Rio por lo bajo. —Algo así. ¿Está el abuelo?

—Atrás le tienes controlando el negocio. Sabes que a esta hora está

a tope.

—¿Puedes decirle que salga? No quiero que me vean.

—Sí, claro. Ahora te lo traigo.


Se mordió el labio inferior mientras entraba en el local clandestino.

Afortunadamente no había nadie en el bar que hacía de tapadera y se alejó

del escaparate para que no la viera nadie. Aunque las apuestas eran legales,

allí se movía mucha pasta sin que lo supiera nadie. Partidas de póker

clandestinas, apuestas deportivas… Su abuelo regentaba él negocio desde


que se lo dejó su padre. Por eso tenía a los chicos para que si alguien no

pagaba a tiempo supieran que Cornelius O ‘Dell no se olvidaba. Y ella no lo

veía mal, las deudas se pagaban.

La puerta no tardó en abrirse y su abuelo salió como una tromba

mirándola asombrado. Se emocionó porque estaba mucho mayor que la

última vez que le había visto. Se miraron a los ojos. —Has perdido pelo.

—Y tú estás más alta. —Se abrazaron con fuerza y su abuelo la besó


en la mejilla. —Niña, ¿estás loca? ¿Qué haces aquí?

—Tenía que hablar contigo cuanto antes.

—Ven a mi despacho.

Le siguió a otra puerta y entró con él mientras discretamente uno de

sus hombres se sentaba ante la barra. Él cerró la puerta. —¿Lo has hecho?

—preguntó yendo al grano.

—Claro que sí, esa misma noche.

—¿Y te dijo algo? ¿Viste algo del documental?


—Cielo, tranquila. Te dije que me ocuparía y así es.

—Temo que haya más implicados —dijo sentándose ante el

escritorio mientras él lo hacía al otro lado.

Él apretó los labios. —Como estabas metida en esto he husmeado

un poco. —Abrió un cajón dejando una caja sobre la mesa.

Ella la abrió ansiosa y vio un disco duro. —¿Qué es?

—El documental y todo lo que tenía en sus ordenadores antes de

que le quemáramos el chiringuito y que le dejáramos claro que debía dejar

el tema si quería seguir respirando. Deberías verlo para ver lo que ese tipo

iba a hacer. Iba a dejar hecho un guiñapo al pobre muchacho.

—Me lo imaginaba.

—Pero eso no es todo. El documental lo financiaba una productora

de postín.

Se temió lo peor. —¿Producciones Letterman?

—Exacto. —Apoyó los codos sobre la mesa. —Esto no me gusta,

cielo. Te relacionas con gente que no son de fiar. Casi te prefería de modelo.

—Abuelo, tengo que avanzar. No seré joven siempre.

Él asintió. —¿Entonces te gusta tu nueva profesión?

—Me encanta. —Cogió el disco duro. —¿Algo más?

Suspiró. —Mucha mierda, pero no tiene que ver con tu chico.


—No es mi chico.

—Claro que sí, sino no me hubieras llamado.

Apretó los labios antes de mirar sus ojos. —Estás perdiendo olfato.

—Bah, lo arreglaréis. —Cruzó los dedos sobre su amplia barriga

reclinándose hacia atrás. —Y siempre has tenido ojo para calar a la gente.

Es buen hombre.

—Le has investigado.

—Pero de verdad, no me he quedado con lo que dice la prensa. —

Abrió otro cajón y tiró un expediente ante ella. —Forjado a sí mismo. Tiré

de lo que decía el documental y rasqué, pero bien, no como ese que solo

destacaba lo que le interesaba para hacerle daño.

Asombrada cogió el expediente y lo abrió. Al ver su ficha policial se

quedó helada porque era un crío cuando empezó a delinquir con su

hermano. Eran gemelos. Sus padres estaban en la cárcel y habían pasado

por muchas instituciones. Esa información la asustó. —Abuelo…

—Tranquila, quien me lo ha conseguido sabe mantener la boca

cerrada. Es de confianza por el precio adecuado.

Levantó una hoja y se llevó la mano libre al cuello. —Dios mío…

—Supongo que has llegado a la muerte de su hermano en Filadelfia.

Sí, en un ajuste de cuentas le arrancaron los ojos para dejarle ciego, pero se
pasaron y murió.

—Tenía catorce años —dijo sin aliento.

—Es lo que tiene relacionarse con mala gente. Con escoria. Tu

chico se vengó, ¿sabes? Mató al que lo hizo que le sacaba unos cuantos

años. Y acabó en el hospital después de liquidar el asunto. Bazo y costillas


destrozados. A punto estuvo de reunirse con su hermano. De ahí a Los

Ángeles. Había que desaparecer para que sus amigos no le dieran su

merecido y es una ciudad grande. Con diecisiete vivía en una nave del

puerto con otros chavales, empezó a trabajar descargando camiones y

consiguió alquilarse un apartamento con un amigo, pero acabó en la trena

porque en uno de los camiones había coca y él tenía el saco en la mano. Le

cayeron cinco años y cuando salió empezó a trabajar con su amigo en los

estudios de cine. —Al volver la hoja y ver a Rick se quedó de piedra. —En

los de Letterman, donde empezaron trabajando de chicos para todo.

—Dios mío… —Negó con la cabeza. —No sabía nada de esto. —

Miró la foto de Rick. —Este ahora es la mano derecha de Letterman.

—Eso es lo raro, cielo. El jefazo no debe ser mala gente. Si miras

detrás verás que tiene una fundación, que es generoso, duro con los de su

trabajo, pero justo y paga bien.

—¿Y por qué le ha hecho esto a Tad?


—Eso es lo que no sé. Las transferencias salen de su empresa. Algo

muy extraño cuando es su chico de oro.

Le miró sorprendida. —De su empresa… Eso no significa que

Howard sepa que ha pagado a ese tío.

Su abuelo suspiró. —Cielo, si no me cuentas lo que ocurre no puedo

ayudarte.

Se mordió el labio inferior antes de mirar la foto policial de Tad.


Cerró el expediente y lo puso sobre la mesa al lado del disco duro. —Es

mejor que empiece desde el principio.

—Sí, cuéntamelo todo.

Intentó ser lo más precisa posible con lo que había sucedido y no


omitió nada ni siquiera su relación con Tad. Su abuelo era un hombre de

mundo y no se sorprendió. Cuando terminó, Cornelius frunció el ceño.

—Lo de esa chica…

—Lo sé.

—Es evidente que en esa productora pasa algo y es algo muy

peligroso. Debes hablar con Tad. Él es la clave, cielo.

—¿Crees que sabe algo?

—Estoy seguro de que sí. Es amigo de Rick, ¿crees que no sabía que

tú trabajabas en la película desde el principio? Quiere aparentar que Rick no


le cuenta ciertas cosas por algún motivo. —Vanna dejó caer la mandíbula

del asombro porque ni había pensado en eso. —Howard sabe su pasado,

¿por qué si se lo oculta a todo el mundo? Si Howard lo sabe es porque hay

algo detrás que desconocemos. Además, no estaba cabreado con Howard

cuando hablaba con él por teléfono, ¿no?

—No, se quejaba por la película, pero no le echaba en cara lo del

documental. Simplemente decía que su vida se iría a la mierda, que su

primo le había dado la entrevista a ese tipo y que se había explayado a

gusto. —Se le cortó el aliento mientras su abuelo se adelantaba. —Su


primo…

—¿Qué primo?

—¿Tenía primos? —Abrió de nuevo el expediente.

—Niña, no tiene familia. De hecho si acabó en instituciones fue


porque no tenía. Además, cuando le detuvieron estaba en Los Ángeles y

había nacido en Filadelfia.

—Igual mantenían contacto, igual…

—No lo creo. Rompió con todo.

Cogió el disco duro. —Tengo que ver el documental.

Su abuelo se levantó dejándole sitio ante el ordenador. —Iré a ver


cómo está todo.
—Gracias abuelo. —Impaciente metió el USB en el portátil y
sorprendida movió el ratón porque era evidente que su abuelo no tenía

problemas con la informática. Pinchó en abrir archivos y entró en la


memoria externa para acceder al documental. Había un montón de videos,

pero lo localizó enseguida porque ponía Newman en uno de ellos. Pinchó


sobre él y enseguida salieron retazos de videos que aún no se habían

editado. Eran cortes unos pegados tras otros. En el reproductor de video vio
pantallitas con varias imágenes y al minuto que correspondían. La mayoría
eran imágenes de Tad en su trabajo o saliendo de algún sitio, pero al bajar

se quedó de piedra al ver a Rick. Pinchó encima y Rick en la pantalla le


miró furioso. —No hay comentarios, cabrón de mierda. Lárgate de mi vista

si no quieres que te parta la cara.

Sonrió porque ese era un amigo. Siguió pasando las imágenes y vio
a un hombre que no conocía. Pinchó encima. Este sonreía a la cámara y era

muy parecido a Rick, de hecho, podría ser su doble. Eso la mosqueó


muchísimo. —Oh, sí. Cuando le vi en su primera película, ahí fue cuando le

reconocí. Hacía años que no le veía, pero es igualito que su padre. ¿A que
me parezco a él?

—Y es cierto que acabó en la cárcel por tráfico de drogas, ¿no?

Este asintió. —Sí. Le enchironaron cinco años, pero cumplió tres. Y


le podían haber caído más, pero todavía no tenía dieciocho años. —Rio por
lo bajo. —Era un pieza de cuidado.

Era evidente que todo estaba guionizado. Ese tipo no sabía nada de
su vida hasta que ese le contó lo que tenía que decir a la cámara. —Hijo de

puta. —Como no quería pasar nada por alto vio todos los cortes del
documental que eran casi cuatro horas y al ver la ficha policial de Tad tuvo

claro que eso había sido orquestado desde dentro. Desde la productora. Se
levantó cogiéndolo todo. Ya era hora de que hablara con Howard.

Salió del ascensor con un vestido entallado en blanco y negro


caminando sobre unos tacones de quince centímetros. Parecía una auténtica

estrella de cine y con paso firme fue hasta el despacho de Howard. Su


secretaria se levantó. —Disculpe…

No le hizo ni caso y fue hasta la puerta abriéndola sin darle la


oportunidad a que la detuviera. Howard con el teléfono en la mano miró

hacia ella y cuando cerró de un portazo elevó las dos cejas. La vio cerrar
con llave y Howard dijo al teléfono —Si me disculpas, tengo una reunión

urgente. Te llamo en cuanto termine. —Colgó el teléfono. —Menuda


sorpresa. ¿No tendrías que estar rodando?
Caminó hasta la mesa y tiró el expediente de Tad encima de un

montón de papeles. Varias hojas salieron del expediente mostrando su foto


policial y Howard apretó los labios. —No deberías saber esto.

—¿Y por qué cuando tú has pagado a alguien para hacer un


documental sobre eso?

La miró asombrado. —¿Pero qué dices, niña? ¿De dónde has sacado

ese disparate?

—El documental lo pagas tú.

—¡Eso es mentira! ¡Si ni sabía quién lo hacía hasta que Tad me lo

dijo!

—Tengo pruebas.

La miró fijamente. —¿Qué tipo de pruebas?

—Pagos bancarios desde la productora.  Más de trescientos mil


dólares. —Estaba pasmado. —¡Di algo, Howard!

—Es que ni sé qué decir.

Paseó ante el escritorio mirándole fijamente —¿Qué está pasando,


jefe?

—¡No lo sé!

—No me pienso mover de aquí hasta que me lo cuentes todo y como


no seas sincero hablaré sobre eso y los cheques con un periodista que me
espera abajo.

—¿A ti qué te importa?

—¿Que me importa? ¡No me preguntaste eso cuando iba a tenderle

la trampa a Tom! ¿Qué pasa, te convenía?

La fulminó con la mirada y ella sonrió. —Ya veo que sí. ¿Por qué

quieres deshacerte de Tad?

—No quiero, no estoy loco.

—¡Mientes!

—¡Te digo que no sabía nada de esto! ¡Me enteré del documental
por Rick! ¡Esa sanguijuela intentó interrogarle sobre Tad y me puso al
tanto!

—Has dicho que te puso al tanto. ¿Y quién le puso al tanto a Tad?

—Rick le llamó en cuanto fue abordado por esa escoria. Pero esa

misma semana también recibió una llamada de ese tipo diciendo que tenía
declaraciones de un primo suyo.

—Su primo, si realmente era su primo, no tenía por qué saber nada.
¡Si vieras las imágenes se nota que está guionizado! ¡No tenían contacto

desde mucho tiempo antes!

—Es todo lo que sé de esta mierda.


—Oí a Tad hablar contigo sobre el documental y no parecía que le
dieras importancia. ¿El escándalo vende? Pues como no me digas la verdad

te juro que va a haber un escándalo de primera empezando por Tom y tu


mentira al cubrirle en una investigación criminal.

—No sabes dónde te estás metiendo —dijo muy tenso.

—¿No? ¿Qué tiene Tom contra ti? Habla de una vez antes de que
me cabree más.

—¿Qué te importa a ti todo esto?

—Me importa Tad —dijo fríamente.

—A él no le importas nada.

—Lo sé —dijo sorprendiéndole—. Pero eso no significa que no me


importe. Supongo que Rick te ha puesto al tanto de las pretensiones de

Tom. No pienso quedarme de brazos cruzados, va a caer y si tengo que


llevarte por delante no voy a cortarme, así que dime que tiene contra ti y

puede que te ayude si me convence tu explicación.

Howard se levantó y se sirvió un whisky. —¿Quieres uno?

—¿A las diez de la mañana? —Se sentó en la silla y cruzó las

piernas. —Abrevia Howard, tengo que coger un avión.

Se volvió con el whisky en la mano y se lo bebió de golpe. Tragó

dejando el vaso en el escritorio y se sentó de nuevo. —Hace diez años más


o menos asistí a una escuela de cine de aquí, de Los Ángeles. Allí me
presentaron un corto increíble y quise conocer al director.

—Tom.

—Cuando le conocí me fascinó su manera de entender la vida. Me

contó sus proyectos y tenía un entusiasmo… Quise darle una oportunidad.


Yo en aquella época estaba pasando una crisis en mi matrimonio y en una

fiesta en la que había otras personas del medio, tuve un affaire con otra
mujer en la caseta de la piscina. Y nunca más volvió a pasar, te lo juro.

Quiero a mi mujer, pero me había dejado y… Bueno, da igual. El hecho es


que después de sacar su primera película no quedé muy satisfecho con su
trabajo. Aunque era brillante y ganó muchos premios empecé a ver en él

cosas que ya no me gustaban tanto. Había recibido quejas de su trato a los


empleados y una de las chicas de vestuario quería denunciarle porque le
había pegado un tortazo porque uno de los trajes se había roto en el rodaje.

Le pedí que viniera a mi despacho y le dije que no continuaría con esta


productora, entonces sacó su peor cara y me llamó de todo, pero se fue y
creí que me había librado de él. Al día siguiente recibí el video. Lo había
grabado con el móvil en la fiesta y se veía claramente que tenía una relación

con otra mujer.

—Entiendo.
—La quiero y si tengo que soportarle lo haré porque mi esposa es lo
mejor que tengo en la vida. La amo y cada vez que recuerdo esa noche me

digo que soy un estúpido.

—Te había dejado.

—Y si se enterara de esto me dejaría otra vez. ¿Sabes por qué?

Porque si tanto la amaba no comprendería como me acosté con otra mujer.

—Y le cubriste en lo de la investigación criminal.

—No me dio opción. Lo que le dio más mierda para tenerme en sus

manos.

Asintió. —¿Le contaste lo de Tad?

—No, te aseguro que no le diría ni la hora voluntariamente.

—Supongo que Rick sabe todo lo de Tom.

—Sí, se lo conté a Rick. Mi chico dijo que se encargaría de él, pero

el muy cabrón es muy listo y ya han pasado diez años.

—Al parecer Rick se hace el tonto cuando le conviene. ¿Por qué


Tom odia tanto a Tad?

—Se odian desde que se conocieron. Hay gente que se repele desde
un primer momento y creo que este es el caso.

—¿Quién hace los pagos en la compañía?


—¿Estás de broma? Cada departamento tiene su presupuesto. Se
emiten cientos de cheques al año y se puede decir lo mismo de las

transferencias.

Frunció el ceño. —Me estás diciendo que si por ejemplo se


necesitara dinero porque el director de la película quiere lo que sea…
Digamos que es para pagar unos focos, ¿la empresa simplemente emite un
cheque al que vende los focos?

—Sí, si el gasto está justificado, claro.

—¿Y quién decide si está justificado?

—En rodaje el productor ejecutivo. En la empresa cada jefe de


departamento.

—Rick. —Entrecerró los ojos. —No sé por qué, pero todo gira en
torno a Rick.

—¡Rick solo quiere ayudar!

—¡Pues en diez años no ha hecho nada! ¡Esos pagos se hicieron

desde la empresa y la orden la dio Rick!

—No me lo puedo creer —dijo atónito.

—O la dio él o la diste tú.

—Te juro que yo no he sido.


Se levantó pensando en ello. —¿Crees que puede tener algo en

contra de Rick?

—No, Rick no es estúpido y ya estaba avisado por mí.

Ella miró el expediente sobre la mesa de Howard. —¿Cómo les

conociste?

Howard sonrió. —No debería hablar de esto.

—¡Oh, suéltalo de una vez!

—Intentaron robarme el coche al salir del estudio. —Se echó a reír.

—Me detuve en el semáforo y me atracaron a punta de pistola. Y les di


trabajo. Creo que fue la primera vez que alguien les dio una oportunidad.

Se le quedó mirando. —Les ayudaste. Les diste trabajo, confianza,


fama. ¿Qué no harían por ti?

La miró sin comprender. —No te entiendo.

—Diez años intentando que se delatara, intentando encontrar algo


en su contra. Tad le odia por eso, Rick le controla continuamente, pero no
tienen nada de lo que tirar sin exponerte a ti. ¿Qué hacer? ¿Matarle? —Se le

cortó el aliento. —Mejor deshacerse de él y sobre todo después de lo de esa


chica de producción, ¿no es cierto?

—¿Qué dices? —preguntó incrédulo.


—Dios mío, todo fue un montaje desde el principio. El documental,

todo…

—¿Qué?

—Tad no iba a ser el protagonista, ¿no?

—Pensé en él desde el principio para el papel de Alexander. Pero

solo puso trabas.

—¡Para aparentar que no quería hacer el papel! ¡Que no estaba allí


por gusto! De ahí sus quejas hacia a ti porque te había pedido una película
de éxito porque el documental pronto saldría a la luz. ¡Documental que
habían planeado ellos para hacer ver que estaba desesperado por un éxito
que aplacara las críticas que recibiría! Ese documental nunca saldría a la

luz, ellos se encargarían de eso, ¡pero tú tenías que pensar que sí se


estrenaría por si te ponías en contacto con Fallon!

—De hecho lo hice. Me dijo que todavía no lo había terminado.


Cuando Tad me llamó desde Londres intenté quitarle hierro al asunto para
que no se preocupara más.

—Claro, porque si tenías que comprar el documental para guardarlo

en la caja fuerte lo harías, ¿no es cierto?

—Por supuesto que sí. Le ofrecí al tipo un cheque en blanco. Dijo

que se lo pensaría, pero no quise decir nada para que Tad no se hiciera
ilusiones. No hasta que todo estuviera cerrado.

—Después de conseguir la película sin que supieras nada acabarían

con él.

Howard no podía estar más asombrado. —¿Qué dices?

—Todo fue un engaño para que no te preocuparas y acabar con él.


Claro, por eso Rick no dejaba de decir que lo de Tom no era para tanto
cuando sabía que sí. Solo cuando vio mi empeño en descubrirle me ayudó,
aunque Tad se negaba a ello porque ellos ya tenían otro plan. —Sus ojos
brillaron. —Pero les di la oportunidad de adelantarlo. —Se le cortó el

aliento. —Con el viaje a Corea. Dios mío, por eso no contestaba al teléfono,
porque ya iba hacia Londres. ¡Cuando estaba cenando con Tom, él ya estaba
en el aeropuerto, puede que estuviera incluso en el avión! —Se levantó y
cogió el expediente de Tad a toda prisa.

—Niña no te entiendo.

—¡Ni falta que hace! —Salió corriendo, pero cuando llegó a la


puerta se detuvo en seco volviéndose con cara de loca. —No he estado aquí,

¿de acuerdo? —Él asombrado asintió. —Ni me has visto ni has hablado
conmigo de esto. Yo no sé nada.

—Como digas.

—Vale
La vio salir de allí pitando y Howard gruñó cogiendo el teléfono. —
¡Ponme con Rick, ahora!

 
 

Capítulo 11
 

Al salir del edificio sacó su teléfono del bolso y miró a su alrededor


buscando un taxi. —¿Si? —preguntó Lily adormilada.

—¡Espabila!

—Ay, no grites…

—¿Tienes resaca? —preguntó asombrada.

—Bueno, ayer me lo ligué, ¿qué pasa? Tuve que emborracharle un

poco.

Escuchó que alguien hablaba y su amiga dijo más bajo —Está

hablando con Howard en el baño.

¡La madre que lo parió! Debería subir ahí arriba y darle una buena

somanta de hos… Un pitido la sobresaltó y vio que un taxi se detenía casi


ante ella. Al ver bajar a Tad se quedó de piedra. ¿Qué hacía allí? ¡Ay, ay…
que Howard lo sabía todo y se había hecho el tonto! Furiosa colgó el

teléfono. Ahora sí que subía, sería canalla el vejete.

Él cerró de un portazo mirándola como si quisiera matarla. ¡Encima!

—¿Qué haces aquí? —preguntó acercándose en dos zancadas.

—Tenía una cita con mi productor —dijo como si nada—. ¿Y tú?

La cogió por el brazo apartándola de la calzada. —¿Qué le has dicho

a Howard?

Vale, para qué disimular. Se soltó enfrentándose a él. —No puedes

hacerlo.

—¿Hacer el qué?

—¿Qué va a ser? Matarle.

Le miró pasmado. —¿A Howard?

—¡Oye, conmigo no disimules que lo sé todo! —Entrecerró los

ojos. —¿Cómo sabías que estaba aquí si no lo sabía nadie? —Dejó caer la

mandíbula del asombro—. No lo sabías. Venías a informar, ¿no es cierto?

—¿Pero has perdido la cabeza, mujer? ¿Por qué hablas como una

espía de tres al cuarto?

A ver si se estaba montando una película y allí en realidad solo

pasaba que tenían un director gilipollas. No, había algo detrás, como lo de

ese tipo al que su abuelo había machacado.


—Sé lo del documental —dijo a bocajarro.

—¿Qué documental?

—No te hagas el tonto. Puede que seas un actor de primera, pero he

visto las pruebas.

Él suspiró. —Nena, no sé de qué me hablas.

—Ah, ¿no? —Abrió el expediente y sacó su ficha policíal.

Él juró por lo bajo arrebatándosela. —¿De dónde has sacado es…?

—La miró fijamente. —Hostia, ¿qué has hecho?

Levantó la barbilla. —¿Yo? Nada. Un amigo pensó que me

interesaría.

La cogió por el brazo con violencia. —¿Qué amigo?

—Suéltame, estás dando el espectáculo.

Él miró a un lado y a otro antes de cogerle la carpeta para quitársela

de malas maneras, pero Vanna se aferró a ella. —Dame eso.

—Ni hablar. No hasta que lo cantéis todo.

—¡Vanna, se te está yendo la cabeza!

—Eso ya lo has dicho antes. —Le pisó con el tacón y él gimió

soltando la carpeta. Sonrió maliciosa. —¿Duele, cariño? Pues no sabes la

que te espera por lo de la rubia.


—¿Qué rubia?

—¿Cómo que qué rubia? —Entonces recordó donde había visto

antes a la chica. Esa foto había salido en redes unos años antes. ¡Habían

utilizado una foto del pasado para colársela y aparentar que estaba en

Corea! —Qué haces en Los Ángeles, ¿eh? —Le agarró de la oreja y se la

retorció. —¿Buscas las pruebas que tiene Tom? ¿Los videos?

—¡Nena, nos están mirando!

—Te libras porque estamos en la calle. —Le soltó sonriendo. —


Mueve el culo hasta el taxi sino quieres un escándalo de veras.

La cogió por la cintura. —Nena, tienes que darme un montón de

explicaciones.

—Mira quien fue a hablar. Debéis pensaros que soy tonta. —

Volvieron al mismo taxi. El conductor asombrado no se había movido. —


¿Usted qué mira? Bueno, ya que está aquí llévenos a su casa —dijo

sentándose atrás.

—¿A Beverly Hills? —preguntó tan contento.

Tad carraspeó. —No, a Hidden Hills.

—Le he traído de Beverly Hills.

—Estaba visitando a un amigo —siseó—. ¿Quiere moverse?

—Oh, claro. Qué día, dos celebridades. Se llevan muy bien, ¿no?
Se miraron como si quisieran matarse. —No crea —dijo ella.

—Nena, intenta controlar tus celos.

—¿Celosa yo? —preguntó asombrada antes de mirar al taxista—.

¿Cree que yo puedo estar celosa de otra?

—No, señorita. Usted es una diosa, ninguna la superaría.

—¿Qué has dicho? —preguntó Tad con mala leche.

—Solo hay que verla. —Le miró sobre su hombro sonriendo como

un bobo. —¿No es la mujer más bonita del mundo? Ese pelo, esas

piernas…

—¡A ti sí que te voy a partir las piernas como no te calles!

—Uy, que el celoso es él, señorita.

—Pues no sé por qué. Yo no subo a las redes fotos con otros.

—Nena…

Se cruzó de brazos. —Espero una explicación.

—¡Te dije que no hicieras nada! ¡Y me mentiste! ¡A la cara!

—Claro, porque ya lo ibas a hacer tú.

La advirtió con la mirada. —Ya hablaremos en casa. —Antes de que

se diera cuenta le arrebató el expediente de las rodillas.

—No seas tonto, tengo el documental.


—Y me lo darás.

—¿No te fías de mí? —preguntó asombrada—. ¡Bueno, es lo que

me faltaba por oír!

—Señorita, no la merece.

—Claro que no —dijo indignada—. ¿Lo de la rubia lo hiciste por

fastidiar?

—¡No digas tonterías!

Pensó en ello. Igual quería disimular que estaba allí cuando no era

así. —¿Quién está en Corea?

—Acabo de llegar —dijo entre dientes—. ¡Y me voy mañana!

—Así que sí lo hiciste para fastidiar porque se podían haber

publicado otras miles de fotos de ti para corroborar que estabas allí —dijo

entre dientes.

Él apretó los labios. —Estaba cabreado. ¡No me hiciste y sigues sin

hacerme caso!

Jadeó indignada. —Soy una persona autónoma, guapo. Tomo mis

decisiones.

—¡Me mentiste a la cara!

 —Mira, mira… Creo que es mejor que cambiemos de tema porque

la vamos a tener y no tengo tiempo, me voy esta tarde.


—Joder… —Miró al frente. —Oiga, ¿quiere darse prisa?

—Sí, yo también me daría prisa por estar con esta diosa.

—Gracias, majo.

—Ay, lo que me ha dicho —dijo loco de contento—. ¿Podemos

sacarnos una foto? Mis amigos no se lo van a creer.

—Yo sí que no me lo creo —dijo Tad con ganas de estrangularle—.

¡Va a diez por hora! —Miró hacia atrás. —¡Estamos haciendo cola!

—Hay que ser precavido.

—¡Lo que pasa es que usted es un cotilla! ¡Pare el coche!

—Tad no seas grosero.

—¿Grosero? Tiene una cara que se la pisa. ¡Que pare le digo!

Él suspiró poniendo el intermitente para detenerse en la acera. —


Ahora iba a acelerar.

—Y una leche. —Sacó cincuenta dólares y se los metió por la

ranura. —Vamos nena…

—Pero…

—¡Vamos!

—Qué carácter. No la merece.

—Ya, pero es lo que hay.


—Lo de la foto…

Nadie podía saber que estaba allí y forzó una sonrisa. —¿Otro día?

—¿Quedamos? —preguntó ilusionadísimo.

—Seguro que nos encontramos.

Salió pitando antes de que sacara el móvil y Tad la cogió de la

muñeca tirando de ella hasta otro taxi que estaba dejando a un pasajero. En
cuanto se sentó suspiró como si fuera muy pesado y él la miró como si
quisiera soltar cuatro gritos dando la dirección de nuevo.

—¿Son…?

—¡No! —contestó Tad.

—Ya me parecía, nunca me encuentro con un famoso.

—Otro que quiere palique —dijo por lo bajo.

Ella reprimió una risita y Tad la miró a los ojos. —Joder nena, estás
preciosa.

Se acercó seductora. —¿Me has echado de menos?

Acarició su mejilla hasta llegar a su cuello. —Debería estar muy


enfadado contigo.

—¿Por mentirte? Quería ayudar.

—No es asunto tuyo.


—Tú eres asunto mío. —Besó suavemente sus labios. Suspiró
contra ellos. —Yo sí te he echado de menos cuando no estaba cabreada por

lo de la rubia. —Le arrebató el expediente. —¡Ja! —Él sonrió. —Lo de la


broma de Lily no se lo tomarás en cuenta, ¿verdad?

—Estaba a punto de embarcar y no la oí bien, pero de repente Carl

me dijo que te habías desmayado. Sabía que se suponía que ibas a quedar
con Tom y me preocupé. Te llamé, pero no me lo cogías. No me lo cogía

nadie. Pero llegó un momento en que tuve que ponerlo en modo avión. En
cuanto pude llamé a Rick que me puso al tanto después. Joder con tu amiga.

—¿Qué pasa? Me aprecia.

—Y a mí me odia, eso está claro.

—Vaya bien que disimula tu amigo. El director del hotel va a enviar


a alguien al aeropuerto —dijo con burla—. Menuda cara tiene.

—Intentaba cubrirme.

Miró hacia el conductor. —Es mejor que hablemos de esto luego.

Asintió e impaciente esperó a que llegaran. Tad cogió su mano y fue


un gesto tan tierno que le dio un vuelco al corazón. Acarició con el pulgar

su dorso pensando en sus cosas y supo que por más momentos como ese
haría lo que fuera por él.
Era la primera vez que iba por aquella zona de Los Ángeles, pero no

le extrañó ver setos enormes y grandes verjas para proteger la privacidad de


los que vivían allí. Al llegar ante una garita el taxi se detuvo y el guardia de

seguridad en cuanto vio a Tad asintió subiendo la valla que prohibía el paso.

—¿Una urbanización privada?

—Me gusta. Y no es como otras urbanizaciones donde todas las

casas son iguales. Aquí tengo mi espacio.

Al pasar ante más vallas se dio cuenta de lo que quería decir. Eran
extensiones de terreno enormes entre valla y valla lo que significaba que

debían tener un jardín impresionante. El taxi se detuvo ante una de ellas y


Tad dijo —Déjenos aquí.

—Como diga. —Miró hacia ellos y era evidente por su expresión


que sabía que le habían mentido. —Son setenta dólares.

Le tendió cien y abrió la puerta —Vamos, nena.

—Gracias.

—Gracias a usted.

Al salir se acercaron a la valla. —Sabe que mentimos.

—¿Y qué más da? Nena, no sé cómo dirigías tu carrera de modelo,


pero si quieres ser actriz vete aprendiendo porque se ponen muy pesados.
—Pasó su mano por un sensor y la valla se abrió.
—Hala, sí que hay seguridad.

Cuando vio que dos perros enormes se acercaban a la valla

moviendo el rabo Vanna palideció deteniéndose en seco. —¿Cómo estáis


pequeños? —preguntó él acariciándoles. Caminó al otro lado de la valla

hablándoles y varias veces quisieron subirse encima de él, lo que a Vanna le


puso un nudo en la garganta. La valla empezó a cerrarse y él distraído miró

hacia atrás. —Nena, pasa.

Negó con la cabeza dando un paso atrás.

—No hacen nada si estás conmigo.

—No —dijo aterrorizada. Ni de broma entraba ahí.

Tad frunció el ceño. —Te aseguro…

—¡No voy a entrar!

Él levantó la mano. —Tranquila, nena.

Sus ojos se llenaron de lágrimas. —No voy a entrar, no puedo.

—Voy a decirles que se vayan, ¿de acuerdo? —Ni pudo contestarle

viendo como uno lamía la pernera de Tad. —Vamos chicos, fuera de aquí.

Los perros salieron corriendo y Vanna aún con el miedo en el cuerpo


no se movió. —Nena, todo está bien. —Abrió la verja de nuevo y se acercó

a ella. —No pasa nada. —La cogió por los brazos y tiró de ella hacia el
interior de la finca, pero no se movía. —Ya no están.
—Sí, sí que están.

—Conmigo estás segura.

Le miró a los ojos. —¿Me lo juras?

—Te lo juro, no pasa nada.

Caminó con él a regañadientes y subieron por un sendero. Vanna


miraba a su alrededor como si se les fueran a tirar en cualquier momento.

Estaba muy pálida y sudorosa. Tad preocupado porque hasta temblaba la


abrazó a él. —No dejaría que te pasara nada.

—No podrías evitarlo, con perros tan grandes no.

Cuando llegaron a la casa subió los tres escalones del porche sin

fijarse en nada porque estaba atenta a cada movimiento a su alrededor. La


puerta se abrió antes de que llegara y una mujer de unos cincuenta años le

sonrió. —¿Ya está de vuelta? —Al mirar a Vanna se preocupó. —¿Le


ocurre algo?

—Sarah trae un vaso de agua. —Cerró la puerta en cuanto pasaron


para que se sintiera segura. —Ya está, nena. ¿Ves? Hemos llegado. —

Preocupado por como temblaba la cogió en brazos y la metió en un salón


sentándola en el sofá. —Ya está todo bien. Tienes el control.

Sollozó sin poder evitarlo. —Perdona, pero…

—Eh, no te disculpes por tener miedo.


—Lo siento.

Sarah le acercó el vaso. —Bebe, nena.

Ella lo hizo sin darse cuenta del agua que mojaba su vestido y
cuando él apartó el vaso forzó una sonrisa. —Pensarás que estoy loca.

—No, lo que pienso es que estás aterrorizada y para eso tiene que
haber una razón.

Una lágrima cayó por su mejilla. —Sí, sí que la hay.

Alargó el brazo para darle el vaso a Sarah. —A un niño del colegio


le atacó un perro al salir de clase. Todos vimos cómo le cogía… Los gritos,

como le zarandeaba como a un muñeco…

Sarah se tapó la boca con la mano de la impresión. Vanna sollozó.


—No puedo evitarlo. No puedo acercarme a los perros grandes, lo siento.

—No pasa nada. —Acarició su mejilla. —No volverás a verlos, ¿de

acuerdo?

—¿Qué le pasó al niño? —preguntó Sarah con curiosidad.

—Le tuvieron que operar tres veces, pero se salvó.

—Pobre.

—Sarah…

—¿Y qué hace cuando ve a alguien con un perro?


—Cruzo de acera. Y si está suelto como en el parque, que la gente
los suelta a menudo, me quedo muy quieta hasta que pasan. —Hizo una

mueca. —Aunque muchos dueños al darse cuenta de que tengo miedo


suelen cogerles del collar o agarrarlos para apartarlos de mí todo lo posible.

—Nena, ¿has ido a terapia?

Le fulminó con la mirada. —¿De qué sirve que yo no tenga miedo si


pueden herir igual? Nadie puede garantizarme que en una mala reacción me
muerdan, nadie. Son animales y se guían por instinto.

—En eso tiene razón —dijo Sarah—. Aunque si están entrenados


como los nuestros…

—Mejor dejemos el tema —dijo Tad—. Ya tienes mejor color.

—Me siento mejor.

—Sarah, ¿puedes preparar algo de comer? Mi novia no tiene mucho


tiempo, tiene que coger un avión.

—Sí, por supuesto.

Atónita le miró a los ojos. —Has dicho novia.

—Si vamos a fingir ante Tom que somos pareja mejor empezar
cuanto antes. —Se levantó y ella sintiéndose algo decepcionada se dio
cuenta de que tenía el expediente a su lado en el sofá. Tad cerró la puerta.

—Mejor tener intimidad. Sarah es un poco cotilla.


—Igual no deberíamos hablar de esto aquí.

—Ven. —Cogió su mano y ella agarró el expediente antes de ir


hacia otra puerta que daba a un despacho. En cuanto pasaron cerró con

llave. —Ahora ya no puede escuchar nada. Está insonorizado.

—¿Insonorizado?

—Cosas del antiguo propietario. Era un capo de la mafia, ¿sabes? —

dijo divertido.

—¿Si? —preguntó ilusionada—. ¿Quién?

—Un tal Alfredo Phillipo o algo así.

Dio un paso hacia él. —¿Phillipo? —Chilló sobresaltándole. —

¿Esta era su casa? Era uno de los capos más importantes de Los Ángeles.

—Nena, ¿le conocías?

—Bueno, yo no, pero mi abuelo… —Parecía que le había dado la

sorpresa de su vida. —¡Oye, que mi abuelo no es de la mafia!

—Ah, ¿no? ¡Pero se codea con ellos! ¡Ahora entiendo que ese
imbécil le enviara a Rick un mail desde el hospital diciendo que dejaba el
trabajo! ¡Le quemasteis el estudio!

—Que le den. Eso por meter la nariz donde no le llaman. ¡Y no es


un mafioso! Mi abuelo hace negocios legales.

Él entrecerró los ojos. —Nena que tus ojos no saben mentir.


Se sonrojó. —Bueno, lleva algunas apuestas ilegales, pero solo eso.

—¡Y rompe piernas!

—Las deudas hay que pagarlas —dijo como si nada sentándose


como toda una princesa—. Habla el asesino exconvicto. ¿Sabes? Si no

tuviera el abuelo que tengo, igual me escandalizaría, así que dale las
gracias.

—Lo haré cuando le conozca —dijo con burla. De repente perdió la


sonrisa de golpe—. ¿Cómo sabes…?

—¿Lo de tu hermano y lo demás? —Levantó el expediente y él se lo


arrebató para revisarlo.

Durante unos minutos observó cómo se tensaba al ver su pasado, de


repente lo cerró de golpe yendo hasta su escritorio y metiéndolo en un cajón

bajo llave. —¿Dónde está el documental?

—En un sitio seguro, cielo. Se lo he devuelto a mi abuelo que sabrá


mantenerlo a salvo. Tranquilo, hiciste lo correcto, y no nos escandalizamos
por tu venganza. Ahora habla de una vez. Como has dicho no tengo mucho
tiempo.

Suspiró rodeando el escritorio y se apoyó en él mirándola a los ojos.


—No tenías que haber ido a ver a Howard. ¿No le habrás contado lo de mi

hermano?
—Ese tema es solo tuyo y no tiene por qué saberlo nadie. Me

interesaba hablar de otras cosas con él. ¿Qué pasa? ¿No es trigo limpio?

—No, no es eso. Pero ahora se preocupará por… ¡Joder!

—Cuéntamelo, seguro que puedo ayudar.

—Hace unos diez años Howard le conoció.

—Sí, me lo dijo. Le fascinó su trabajo y Tom aprovechó una

debilidad para sacarle unas fotos y chantajearle para que no le echara de la


productora. Howard tragó para que su esposa no se enterara.

—¿Te lo ha contado?

—Tengo mis recursos.

—¿Las amenazas?

—¡Venga ya, hablas como un santo y no lo eres en absoluto! ¡Al

grano!

—El año pasado cuando le dio la coartada para lo de esa chica


porque le amenazó con el video, a Howard le dio un infarto que casi le
mata.

Se le cortó el aliento. —Continúa.

—Rick y yo dijimos que ya no más. Al principio le vigilábamos.


Intentaba provocarle para que se largara de la productora, pero no picaba.
—Pero después del infarto ya no permitiríais que le siguiera

torturando con su culpa por la traición a su esposa. Además, ahora Tom


tenía más munición contra Howard por mentirle a la policía.

—Exacto, no pensábamos dejar que por su culpa tuviera otro ataque,


así que ideamos lo de la película. Necesitábamos estar los tres en la misma
filmación para que Rick y yo nos cubriéramos las espaldas. Tom se empeñó

en hacer esta. Howard me quería a mí de protagonista, pero tenía que


hacerme de rogar, no entra en los papeles que suelo hacer. Si hubiera dicho
que sí de primeras lo hubiera visto raro porque siempre me he negado en
redondo a las historias románticas y más las históricas.

—E ideaste lo del documental.

—Tenía que mostrar que veía amenazada mi carrera y que aceptaba


esta película por la gloria que me podía proporcionar ya que Howard no

dejaba de decir que se convertiría en película de culto como Lo que el


viento se llevó. Gloria que necesitaría si el documental salía a la luz. Había
sido un delincuente, sí, pero conseguiría que todo se volviera a mi favor
como el chico que salió de la nada para ser una estrella. Eso es lo que le dije

a Howard y él me dio la razón. Es más, el estudio me apoyaría y lucharía


por mí. Nadie se acuerda de que Clark Gable fue acusado de violación en
los años treinta, ¿no es cierto?

—Aunque sabías que ese escándalo nunca se produciría.


—Tenía que aparentar que sí. Así que elegimos a ese chupasangre
que mataría a su madre por dinero. Rick le dio a través de varios mails la
información que podía necesitar y dejamos que hiciera su trabajo dándole
unas directrices muy claras.

—Que no trabajara con nadie.

—La historia no podía filtrarse antes de tiempo. Fallon estuvo de


acuerdo creyendo que tenía un filón en las manos que le haría famoso. Le

especificamos que solo podía hablar con ciertas personas del tema para
nutrir el documental porque si no la historia saldría a la luz.

—Rick, tu primo de mentira que seguramente será un actor y tú.

—Todo muy atado.

—¿Y si no lo hubiera cumplido?

—No cobraría el millón de dólares que le prometimos cuando lo


terminara.

—Entiendo. Supongo que sabes que Howard le llamó.

—Por supuesto, pero eso lo preveía. No solo soy su mejor actor,


sino que también me aprecia. Sabía que eso pasaría.

—Así que te dio el papel.

—Casi me obligó a cogerlo —dijo divertido—. Decía que yo era el


perfecto Alexander y que con la protagonista llegaríamos muy lejos.
Siempre que hablábamos intentaba quitarle hierro al asunto del documental,
aunque le conozco bien, sabía que ese tema le preocupaba, temía por mí.
Aun así me decía que después de sacar la película nadie se acordaría de lo
que decía esa mierda de documental. Todo lo que planeamos para coincidir

los tres en el mismo rodaje salió perfecto.

—Te vine de perlas para quejarte aún más de la película, ¿no?


Menudo cuento tienes, sabías de sobra que yo iba a protagonizarla porque te
lo había dicho Rick. Siempre estuviste informado de todo lo que ocurriría
en el rodaje.

—Fuiste como la guinda del pastel. —La miró como si quisiera

comérsela.

—Podías haber estirado mucho la cuerda y haberte quedado sin

película, ¿no lo has pensado?

—Conozco a Howard, sé hasta dónde debo llegar. Además tenía a


Rick de mi parte presionando para que yo fuera el protagonista.

—¿Qué pensabais hacer?

—En el guión hay escenas en Escocia.

Asintió. —Sí, cuando vamos a buscar a James y Johanna se enamora


de él.
—Una de las localizaciones es cerca de un barranco. Pensaba venir
a Los Ángeles en ciertos días que no tuviera que rodar, buscar lo que
necesito para liberar a Howard y librarnos en Escocia de ese cabrón

psicópata.

—¿Seguro que la mató él?

—Has hablado con él para intentar hundirme, ¿tú qué piensas, nena?

—Su manera de decir que cerraba bocas me lo dejó muy claro.

—Yo no tengo ninguna duda. Además, he visto cómo te mira, puede


que hayas descubierto que es gay, pero su mirada morbosa me dice que

encuentra algún tipo de placer con las mujeres. He conocido hombres de


todas las clases y en la cárcel eran de la peor calaña, pero esa mirada…
Joder, esa mirada pone los pelos de punta. Por eso te dije que no te
acercaras a él. No te fíes de él.

—No pensaba hacerlo. —Pensó en ello. —A la chica la violaron,

igual es un sádico que solo se excita haciendo daño.

—Eso pienso yo.

—¿Qué pensabas hacer en Corea?

—No estaba de acuerdo en irme de Londres, pero Rick se empeñó

diciendo que no te quitaría ojo. Tenía que aprovechar el viaje para venir a
Los Ángeles, conseguir las fotos de la infidelidad de Howard y volver a
Corea para la carrera de coches haciendo que me había quedado toda la
semana allí.

—Cielo, aquí ya te ha visto gente.

—Y a ti cuando se supone que estás en Nueva York.

—Muy bien, hay que ponerse de acuerdo por si alguien lo filtra a las
redes. Hemos venido a reunirnos con Howard porque nos ha llamado.

Él asintió. —¿Y si Tom te pregunta la razón?

—Diré lo que Lily le va a decir a todo el mundo, que había un


problema con mi contrato.

—¡A Rick le dijiste otra cosa! ¡Y por cierto me preocupé con eso de

las hemorragias!

—¡Quizás si fueras sincero y me cogieras el teléfono sabrías por qué

había venido!

—Sí, ahora échamelo en cara, trolera.

Soltó una risita. —Somos tal para cual, cariño.

Él sonrió. —Así que diremos que nos vimos en Los Ángeles.

—Y seguimos nuestro romance.

—No quiero que sigas con esto.

Le miró asombrada. —¿Con el romance?


—¡Con los planes de Tom!

—Cariño, ya estoy metida hasta las cejas. —Se levantó y se pegó a


él. —Lo de Escocia no me gusta. Queda mucho para eso. ¿Y si llamo a mi
abuelo?

—¡Ni hablar! ¿Estás loca? ¿Quieres meter a más gente en esto?

—No le relacionarían con nosotros. Hacía años que no le veía.

—Es cosa nuestra.

—De Rick y tuya.

—Exacto. Howard es cosa nuestra y lo que sufre por ese cabrón


también. —Frunció el ceño. —Espero que no preocuparas demasiado a

Howard. ¿Cómo conseguiste que te contara lo de su mujer?

Se sonrojó y él la miró pasmado. —¿Se lo has contado todo?

—Bueno, todo, todo no porque no lo sabía. —Hizo una mueca. —

Aunque me imaginaba que querías liquidar el asunto.

—¡Vanna!

—Oye, que por un momento creí que todo era un montaje suyo y
que él era la cabeza pensante. Pero no. El pobre solo es un hombre
enamorado sin escapatoria. Que hay que ser corto, con todo el dinero que
tiene podría haber contratado a alguien para quitarle del medio.
—¡Como si eso fuera tan fácil cuando cualquiera te traiciona por mil
pavos!

Se miró las uñas. —Si conoces a la gente adecuada…

—Nadie más, nena.

—¡Vale! —Le miró exasperada. —¿Entonces seguimos con el


complot de Tom para hundirte hasta que tengamos la oportunidad?

—¡Sí!

—¿Y tengo que ponerle buena cara?

—¡Tú te metiste en esto!

Entrecerró los ojos. —Igual puedo sacarle si ha hecho algo más. Así
no tendríamos tantos cargos de conciencia.

—Yo no tengo ningún cargo de conciencia —dijo asombrado.

—¿Seguro?

—Seguro. Fue él. Él mató a Bethany.

Lo dijo de una manera que la alertó y se llevó la mano al pecho. —


¿Te acostaste con ella?

Tad apretó los labios y se volvió para mirar por la ventana lo que la
tensó aún más. —Tuvimos una relación.

—¿Qué tipo de relación?


—Nena…

—¿La querías?

—No digas tonterías. Pero era… Especial.

Se quedó sin aliento. —¿Especial? ¡Especial! —Le agarró del brazo


para volverle aterrorizada por lo que se le pasaba por la cabeza. —¿La

querías?

—No iba a casarme con ella si es lo que quieres saber —dijo

molesto.

—Dios mío… —Se volvió sin poder creérselo porque era evidente
que si Tom la había elegido era por su relación con Tad. Y si Tad se quería
vengar era por esa muchacha, no por Howard cuando no lo había hecho en
diez años. —Esto es una locura.

—Todavía estás a tiempo de dejarlo.

Le fulminó con la mirada. —¿Ahora? A costa de mi carrera, ¿no?


¡Ninguna productora me daría otra oportunidad!

—Howard…

—¡Ni de coña voy a dejarlo! —Le señaló con el dedo. —¡Mira


majo, yo no soy tan liberal como lo que hay a mi alrededor y es evidente

que no soy tan liberal como tú! Pero he sido paciente, hasta ahora te he
dejado a tu aire porque para qué negarlo todo el mundo sabe que eres un
pendón y no estaba segura de hasta dónde iba a llegar esto. Pero como se

han puesto las cosas, al menos ante la galería va a llegar lejos, así que
escucha esto. ¡Si estás conmigo estás conmigo! ¡No con veinte! ¿Te ha
quedado claro? —Él levantó una ceja. —Se acabaron las maquilladoras,
ayudantes de producción, las de vestuario y cualquiera que trabaje en el

mundo del cine. Se acabaron las rubitas, las morenas y solo te quedarás con
esta pelirroja hasta que los dos o uno de nosotros decida que ya está bien.

Pero primero lo hablaremos, ¿lo has entendido? —preguntó alterada—.

Ponme los cuernos y entonces sabrás lo que es una O ‘Dell.

—Nena, relájate.

Asombrada vio que iba hacia la puerta. —¡Hablo en serio!

—Sí, preciosa. ¿Comemos?

—¡Se me ha quitado el hambre!

Él suspiró volviéndose.  —No era importante.

—¡Deja de mentir! ¡Howard llevaba en esa situación diez años!

Solo cuando ella murió quisiste vengarte.

—¿Crees que lo del infarto no influyó?

Apretó los puños observando su rostro. —Por ella le golpeaste, ¿no

es cierto?

—Nena…
—¡Dime la verdad!

—¡La apreciaba y sí la quería! ¡Puede que no de la manera que ella

deseaba, pero era especial para mí!

Intentando digerir que había querido a otra mujer susurró —¿Qué


fue lo que pasó en ese rodaje?

—Era en Los Ángeles. Solo nos quedaban por rodar los interiores y

se hizo en el estudio. Joder, esa película fue un infierno de principio a fin.

Tom se comportaba como un dictador y el colmo fue cuando le dio un


empujón a una de las actrices haciéndola caer al suelo. Ella asustada dijo

que había sido un accidente, pero yo lo vi. Dije que le iba a denunciar y se
rio de mí diciendo que si tenía alguna queja que hablara con Howard. Y se

largó del plató.

—Sabías que eso no sería suficiente para echarle del estudio.

—La actriz cerraría la boca. Siempre lo hacen, pero aun así me pasé

más de una hora hablando con ella para intentar convencerla. No sirvió de
nada. Entonces al ir a cambiarme vi a Bethany que salía del camerino de

Tom llorando.  Le pregunté qué ocurría.  Si le había hecho algo. Parecía


asustada y quise que me dijera qué ocurría. En ese momento salió Tom con

el abrigo dispuesto a irse y Bethany casi salió corriendo. La llamé, pero no


respondía. —Apretó los labios. —Al día siguiente no fue a trabajar y esa
noche la encontraron en el contenedor al otro lado de la ciudad.

—Lo siento.

—Nunca había tenido amigas hasta que la conocí.

Gruñó por dentro. —¿No te investigaron?

—Me hicieron unas preguntas, pero tenía coartada. —Él carraspeó.

—¿Comemos, nena? Estoy hambriento. Estos días he tenido un horario de

locos. Joder, llevo tres días sin dormir

—¿Qué coartada?

—Mejor que no lo sepas. Nena, ¿por qué no lo olvidamos?

—¡Qué coartada!

Él suspiró. —Estaba con otra en la cama. —Vanna dejó caer la

mandíbula del asombro. —¡Con la actriz! ¡Intentaba convencerla!

—¿De qué? ¿De que te diera un hijo?

—Muy graciosa.

—Te vigilo.

—Sí, preciosa… Ya me lo has dicho. —Iba a salir, pero se detuvo en


seco. —Lily…

—¿Qué pasa con Lily?


—Mejor que no sepa nada de esto. Que quede entre los tres.

—Querrás decir entre los cinco.

—¿Qué?

—Pues Howard, Tom, Rick, tú y yo.

—¡Pues que quede entre los cinco!

Suspiró como si fuera un desastre.

—¿Qué? ¿Ya lo sabe?

—Lily no es tonta y aunque no sabe que he venido a Los Ángeles y

me he callado tus secretitos tiene la mosca tras la oreja.

—¡Nena, estamos hablando de algo muy serio!

—Sí, de un asesinato.

—¡Deja de decir eso!

—Cariño, no eres nuevo en esto, deberías tener los nervios más


templados. —Asombrado vio que abría la puerta. —Tranquilo, encontraré

la manera de solucionarlo.

—¡Tú no tienes que encontrar nada!

—Como has tardado tanto…

—Muy graciosa.
Soltó una risita, pero en lugar de ir hacia el otro lado del hall

empezó a subir las escaleras. Tad apoyó la mano en el pasamanos. —Nena,


hay baño abajo. De hecho hay tres.

—No busco el baño.

Él sonrió. —¿No tienes que subirte a un avión?

—Newman, ¿no me habías echado de menos?

Sarah sonrió al ver como subía las escaleras tras ella y la risa de esa

preciosa mujer cuando la cogió en brazos. —Ay, que se me casa el jefe —


dijo emocionada—. Esta sí, esta sí.

 
 

Capítulo 12
 

Diez horas después sentados sobre los baúles de sonido comían un


sándwich observando como Tom tenía otra de sus perretas contra uno de los

de iluminación. Rick gruñó. —Será hijo de puta —dijo por lo bajo.

—Tranquilo —dijo agotada porque llevaba días sin dormir. Igual no

tenía que haber ido directamente desde el aeropuerto, pensó antes de dar
otro mordisco—. Ya le llegará su momento.

Rick la fulminó con la mirada. —Ahora lo dudo porque te has

chivado al jefe.

—Cielo, tenía que averiguar la verdad y vosotros no ayudabais nada

—dijo Lily antes de beber de su cola.

—¿Eso tiene azúcar? Preciosa, ya te he dicho que debes controlarte.

—Yo el ejercicio lo hago por la noche —dijo seductora—. Y sobre

Howard no te preocupes tampoco porque quiere librarse de él tanto como

nosotros.
Rick sonrió como si no pudiera con ellas. Vanna le guiñó un ojo a su

amiga. —¿Ideas?

En ese momento llegó Erica vestida de calle y los tres sonrieron. —

Hola, no te esperábamos hoy —dijeron las dos de manera exagerada.

Esta levantó ambas cejas. —Que malas actrices sois. —Jadearon


haciéndola sonreír. —Su majestad me ha mandado llamar.

Miraron a Rick. —Quiere cambiar una de sus últimas escenas, pero


pensaba que lo dejaría para mañana.

—Pues no. Me ha hecho salir de casa a las cinco de la tarde, así que
terminaremos a las tantas. —Se cruzó de brazos viéndolas vestidas de baile.

—Estáis preciosas.

—Gracias —dijeron a la vez.

—¿No piensas volver a casa? —preguntó a Vanna.

—Sí, pero tengo las maletas en el hotel.

—Haré que alguien las recoja—dijo Rick

—Gracias. ¿Cómo está mi abuela?

—Uy, entretenidísima. Se ha empeñado en colocar mis recuerdos y

está haciendo unos álbumes increíbles.

—Le encantan los álbumes. Yo tengo un montón con toda mi

carrera.
Se la quedó mirando. —¿Todo bien? Ya me han contado los chicos

que tuviste que acudir por el contrato, pero esa partida tuya tan repentina

me ha llamado la atención.

—Tenía que hablar con Howard.

—¿Y?

—Vanna, creo que te llaman.

No la llamaba nadie, lo que pasaba es que Rick no quería que se lo

contara a su amiga. Y la verdad es que era mejor no meter a nadie más. Ya

había metido la pata Rick al dejarse sonsacar por Lily. Tad había llamado a

su amigo después de que ella se fuera al aeropuerto y lo habían hablado

todo. Por supuesto su amiga había puesto la oreja, así que cuando le

interrogó ya sabía la mitad. Cuando se enterara Tad iban a saltar fuegos

artificiales. Mira como eso no se lo contaba a su amigo cuando llamaba por

teléfono.

—¿Me llaman? —Miró a su alrededor. —No, creo que no. —Se

volvió hacia Erica. —Howard no sabía nada. —Escuchó como Rick casi

suspiraba del alivio.

—¿Y lo de la coartada?

—Le creyó cuando le pidió ayuda y tenía que proteger a su director

estrella.
—Vaya —dijo Erica—. Casi me lo he tragado. Niña, vas mejorando.

Sonrió ilusionada. —¿De veras?

Rick puso los ojos en blanco.

—¿Lily? Estoy esperando.

—Pues verás, porque esto tiene tela.

—Oh, pues acompáñame al camerino.

—¡Lily! —A Rick parecía que le iba a dar un infarto.

—Relaja… —Saltó del baúl y dijo cogiéndola del brazo —Está algo
nervioso.

—Oh, eso no puede ser, Tom se dará cuenta.

—Ya se lo he dicho yo, pero nada. No vale para el crimen.

Vanna soltó una risita y Rick dijo —No tiene gracia.

—Si supiera que asaltabas coches a punta de pistola…

—Shusss, ¿quieres hundirme? Ya verás cuando Tad se entere. Ya lo

sabe medio plató.

—Pues cuando me interrogue mi abuela… Porque esa no se ha

creído lo del contrato. Ella es quien me asesoró.

—¿Tu abuela es tu representante? —preguntó pasmado.


—No, pero ninguno de mis contratos se firma sin su supervisión. Lo

hace desde niña. El único que no se leyó fue el de los pechos al aire y te

aseguro que ahora no se le escapa ninguno. A mi representante le tiene

amargadito, al pobre.

—Increíble. Bien que me la colaste para largarte —dijo entre

dientes.

—Los hombres os poneis muy nerviosos con eso de la regla. —Se

encogió de hombros. —Cerráis el pico enseguida y decís que sí a todo.

Además, no podía decirte lo del contrato, tú sabrías que te estaba metiendo

una trola. —Le miró maliciosa. —No te diste cuenta de nada hasta que te

llamó Tad, ¿no es cierto?

—Qué va. Si de vuelta a casa desde el hotel Lily dijo, cielo si hablas

con Howard no puedes decirle eso del contrato como a todos los demás,

dile que tenía que ver a su abogado por un tema de una demanda a un

fotógrafo o algo así, será menos vergonzoso para ti que decirle lo del

ginecólogo.

—Y suspiraste del alivio por tener una excusa para el jefe —dijo

divertida.

—Es lista. Me lo tragué todo.


—Sí que lo es, así que tranquilo que no dirá nada que no deba. ¿O

dudas de ella?

—No.

Esa simple palabra le cortó el aliento y se quedó mirando su perfil.

—¿Qué? —preguntó él molesto.

—No conozco tu pasado, pero si se parece al de Tad dudo que te fíes

de cualquiera así como así. Te gusta mucho.

Gruñó antes de coger la cola de Lily y darle un buen trago, lo que la

hizo sonreír. —Hacéis buena pareja.

—¿Eso crees?

—Pero como le hagas daño, aviso a mi abuelo para que te corte en

cachitos.

—Debe ser un hombre interesante.

Perdió algo la sonrisa. —Sí que lo es. Le caeríais muy bien. Admira

a los luchadores. —Él la miró sorprendido. —Sí, habéis luchado y mira

hasta donde habéis llegado. Le caeríais muy bien.

—¿Qué pasó para que os distanciarais?

—Murió mi madre. —La miró sin comprender. —Déjalo, es muy

largo de contar. ¿Crees que Tad encontrará lo que necesitamos? Igual no le

ha dado tiempo.
—Si el video estaba en su casa seguro que lo ha encontrado. —La

miró de reojo. —A él también le gustas. Mucho.

Encantada soltó una risita. —Lo sé.

Un estrépito tras ellos les sobresaltó y al volverse vieron un enorme


foco en el suelo. —¡Joder! —gritó Rick levantándose y yendo hacia allí. —

¿Sabéis cuánto cuesta eso?

—Lo siento, señor Lambert.

—Lo siento, lo siento…

Al volverse vio que Tom les miraba sonriendo de una manera que le

puso los pelos de punta. Estaba segura de que le hubiera encantado que les
hubiera caído encima. ¿Por Rick? No era un secreto que era el mejor amigo
de Tad. Eso le haría daño y si de paso moría su amante mucho mejor, lo que

demostraba que para él era prescindible. Seguro que había intentado


camelarla porque si daba resultados para él mejor que mejor, pero no era

importante en sus planes en absoluto.

Rick volvió hasta ella y juró por lo bajo. —Diez mil dólares a la
basura.

—Son cosas que pasan —dijo como si nada levantándose y

recogiendo el envoltorio del sándwich. Mejor no decir nada porque eso les
pondría aún más nerviosos—. Voy a hablar con las chicas.
—Sí, controla a Lily, ¿quieres?

En ese momento le sonó el teléfono a Rick que lo cogió de

inmediato. —¿Lo tienes?

Impaciente esperó y vio como sonreía. —Perfecto, amigo. Sabía que


podrías. ¿Oxidado? Qué va.

—¿Va hacia Corea?

—¿La has oído?

Le pasó el teléfono e impaciente lo cogió. —¿Estás bien?

—Sí, nena. Todo bien como hablamos. Ya estoy en el aeropuerto.

Recordó la conversación que habían tenido en la cama después de


hacer el amor. Habían planeado lo que iba a hacer y suspiró del alivio

porque había salido bien. —Perfecto. Ten cuidado en la carrera.

—Eso es pan comido. Volaré a Londres en cuanto pueda. ¿Todo

bien?

Miró a Rick a los ojos. —Sí, perfecto.

—No te acerques a él hasta que yo no llegue, ¿me oyes?

—Sí, cielo. Tranquilo.

Él colgó el teléfono y le devolvió el móvil a Rick. —Joder, ha

funcionado —dijo su amigo impresionado—. Todavía no me lo creo.


—Para Tad no era difícil conseguir un traje de bombero de los
estudios con cualquier excusa. Un fuego en su casa provocado con una

bengala y el camión de bomberos abre la verja. Solo tuvo que entrar como
uno más y con la casa desalojada conseguir lo que buscaba.

—¿Cómo que se me ha quemado la casa? —gritó Tom asombrado.

Ambos se volvieron para verle hablar por el móvil—. ¿Que todavía lo están
apagando y puede que se propague?

—Oh, se me olvidó decirte que para eliminar pruebas le sugerí que

hiciera otro fuego antes de largarse. Igual se ha pasado.

Rick reprimió la risa y se volvió para que no le viera. —Ya está.

Howard es libre.

—¿Y dejar que siga haciendo esto a otro incauto? ¿Y Bethany?


¿Quién la vengará a ella? Eso si no hay más.

Su amigo asintió. —Quieres hundirle.

—Lo de Escocia no era la solución —dijo maliciosa—. Tiene que


retorcerse de dolor y humillación hasta que salga de aquí como la rata que

es. Además no olvidemos que aún tiene a Tad en su punto de mira y puede
que no le olvide si se va a otra productora. —Le advirtió con la mirada. —

Ni se te ocurra decirle a Howard nada de esto.


—Ni se me ocurriría. Ya me echó una bronca de primera porque me

estaba volviendo al lado oscuro con lo que le costó sacarme —dijo


divertido.

Entonces se dio cuenta de algo. —¿Por qué Tad iba a ver a Howard
a los Ángeles?

Miró disimuladamente a su alrededor. —No iba a ver a Howard por

Tom.

—¿Cómo?

—Nos pusimos nerviosos con la llamada de Fallon diciendo que no

seguiría con el documental. Todo nos parecía muy raro. No sabíamos lo que
había ocurrido y tenía que hablar con él de ese tema.

—Entiendo. Creíais que él tenía algo que ver.

—Era el único que lo sabía aparte de Fallon. Aunque nos parecía

raro que hubiera enviado a ese cerdo al hospital, teníamos que asegurarnos.

—Claro, tenía que haber pensado en eso. —Se encogió de hombros.

—Bueno, da igual. Howard está calmado después de hablar contigo.

—Y a salvo.

—Y a salvo. —Se volvieron mientras el director seguía gritando al


teléfono. Al que estaba al otro lado de la línea le estaba poniendo guapo,
hasta amenazó con destriparle escandalizando a todos. Pero ellos no se

sorprendieron en absoluto.

—No me extraña que tardara en llamarle —dijo Rick divertido—.


Los debe tener por corbata pensando que Tom se va a tirar sobre él en

cualquier momento.

—Es increíble que alguien así haya llegado tan lejos —dijo con
desprecio—. Es hora de detenerle.

—Sí, ya va siendo hora.

Tom se volvió en ese momento dándole un empujón a uno de los de


sonido que chocó contra la cámara tirándola al suelo. —¡Será hijo de puta!

—dijo Rick viéndole salir del estudio mientras todos estaban de piedra—.
Mike mira a ver si se ha roto.

—Sí, jefe.

Rick se volvió levantando una ceja. —Creo que esto se lo descuento


del sueldo.

—Le va a sentar estupendamente —dijo divertida.

Dos días después estaba repasando un guión en una esquina del


plató mientras Marion acababa una secuencia. Cuando la cogieron por la
cintura la sobresaltaron y al ver a Tom tras ella se volvió de golpe. —
¿Ocurre algo?

—No, claro que no. ¿Has hablado con Tad? —preguntó con ironía
—. Necesito a mi protagonista masculino.

—Sí, he hablado con él todos los días —susurró mirando a su

alrededor—. Si puede se escaqueará del último acto en Corea para venir


cuanto antes.

—Ah, ¿pero está en Corea? —preguntó divertido.

—Claro. —Entrecerró los ojos. —¿Crees que no está allí? He visto


la carrera de coches en directo por internet.

—Sí, claro. ¿Dónde estaría sino? Así que vuelve antes, ¿no?

—Si puede sí. ¿Acaso no me crees? No comprendo tu actitud.

—No, claro que no, cómo vas a comprenderla —dijo como si fuera
estúpida. Dio un paso hacia ella mirándola como si quisiera matarla—.

Como me la hayas jugado y le hayas ido con el cuento a tu novio... Como lo


de la casa haya sido cosa suya porque sé que le vieron en Los Ángeles hace

unos días, te vas a acordar de mí, eso te lo juro por mis muertos.

Separó los labios de la impresión porque era evidente que hablaba


muy en serio. —A mí no me amenaces —dijo entre dientes.

—No es una amenaza, es una advertencia.


—Muérete —dijo sin poder evitarlo.

Él sonrió. —Acabas de demostrarme que me has traicionado.

—No sé de qué hablas, ¿pero sabes qué, paranoico de mierda? Será


mejor que te busques a otra, porque me he dado cuenta de que tú no me

podrías ayudar en absoluto. —Sonrió maliciosa al ver cómo se tensaba. —


Sobre todo después de oír como Rick te echaba la bronca y amenazaba con

despedirte por el numerito del otro día. No creo que seas la persona que
necesito, así que lo mejor es que siga al lado de Howard.

—Zorra interesada, Rick no es nadie.

—Claro que no. Como tú —dijo con desprecio—. Pero Howard sí y


me ha prometido la luna.

Vio la impotencia en su rostro y como apretaba los puños. Ella


levantó la barbilla. —¿Algo más?

—Te vas a acordar de esto.

Se echó a reír provocando que crispara los labios. —Qué pena que
seas tan paranoico, hubiéramos sido un equipo imparable, pero tienes un

carácter demasiado irascible, querido. Deberías controlarte.

—Estás muerta, puta. Te juro que…

—¿Ahora vas a volcar tu odio hacia mí? —preguntó divertida—.

Búscate un psiquiatra, guapo. —Se alejó dándole la espalda demostrando


que no le temía en absoluto y escuchó que golpeaba algo. Como si nada se
acercó a una maquilladora que la esperaba. —Que mal lleva el rechazo.

Anne le pasó la esponjilla por la cara. —Te mira como si te odiara.


Ten cuidado, no está bien de la cabeza.

—Tranquila, no es para tanto.

Pues durante el rodaje demostró que no la dejaría trabajar. Durante


todo el tiempo criticaba lo que hacía insinuando ante todos que había

conseguido el papel porque se acostaba con Howard.

—Vaya, de repente lo hago todo mal —dijo haciendo reír a sus


compañeros. Puso los brazos en jarras—. Querido compréndelo, no voy a
cambiar a Tad por ti, no hay color.

Su director rojo de furia gritó —¡Se suspende el rodaje hasta el


lunes!

—Sí, tómate un descanso que lo necesitas —dijo provocando que la


plantilla se riera lo que a Tom le sacó de quicio, así que salió de allí

realmente furioso. Incluso alguno le abucheó provocando que al salir diera


un portazo.
Sintió como Lily y Rick se acercaban a ella. —¿Qué has hecho,
amiga?

—Dejarle claro que no estoy de su parte. —Les miró maliciosa. —

Se lo ha tomado mal, ¿no?

—Esto no me gusta —dijo Rick—. Por la cara que ha puesto te


daría más de un par de tortazos.

—No puede llegar a mí y en casa de Erica menos. Además le he


dejado claro que Howard no va a despedirme. Tiene las manos atadas y
pienso humillarle todo lo que pueda como él lleva años humillando a sus
trabajadores.

Lily sonrió maliciosa. —Me encantará verlo.

Unos brazos rodearon su cintura y sonrió despertándose. —Estás


aquí.

—Nena, ¿qué has hecho?

Se volvió para mirar su rostro gracias a la luz que entraba desde el


salón. —¿Rick ya te ha ido con el cuento? —Era evidente su preocupación

por ella y suspiró. —Todo está bien.


—Está loco. Ha perdido las pruebas y está entre la espada y la

pared. Si le presionas…

—No pasará nada. Aquí estoy bien cuidada y en el trabajo hay

mucha gente a mi alrededor. ¿Crees de veras que se atreverá a hacer algo en


público? Es un cobarde. Un maldito cobarde que se ha dado cuenta de que
no es tan importante como pensaba. Si hay suerte se pegará un tiro y nos
ahorrará él trabajo. —Elevó su cabeza. —Ahora bésame, te necesito.

Él se apartó levantándose y caminó de un lado a otro llevándose las

manos a la cabeza. —Nena, esto es una locura. ¡Ahora te has puesto en su


punto de mira!

Miró su móvil. —Cielo, no grites son las tres de la mañana y se va a


enterar todo el mundo.

—Ah, ¿pero no lo saben todo? ¡Porque yo creía que sí! No os habéis


cortado, si hasta lo sabe tu abuela. —Mosqueado dio un paso hacia ella.

—Lo tuyo no lo he contado, me he saltado esa parte y Rick también.

—Sí, aunque le ha contado a su novia todo lo demás —dijo entre


dientes.

—Bueno, tú me lo has contado a mí.

—¿Ahora somos novios?

Le fulminó con la mirada. —¿No lo somos?


—Nena, que intento controlarme.

—¡Si lo has dicho tú! —Vio su frustración porque todo se le iba de

las manos. —Cariño, no pasa nada.

—Ese chiflado no parará hasta destruirte. —Se sentó agotado en la


cama y ella le abrazó por la espalda. —No le conoces, intentará hundirte.

—Contigo no consiguió nada y conmigo tampoco lo hará.

—Ya lo tiene.

Se tensó tras él y Tad la miró sobre su hombro. —Tiene lo de tu

madre. Las circunstancias de su muerte.

Sorprendida se apartó mientras él se giraba para mirarla de frente.


—¿Cómo se ha enterado? —susurró—. Mi abuela no se lo diría a nadie y
Lily… —Perdió todo el color de la cara. —¿Se lo ha dicho Lily?

—No lo sé. Solo sé que me ha llamado y me ha dicho que como no


le devuelva lo que le falta mañana, les dirá a todos como tu madre se

suicidó porque te tenía envidia. Yo me he hecho el loco sobre las fotos y los
videos, pero no se lo ha tragado. Ha dicho que más me valía que estuviera
en el aparcamiento del estudio a las diez de la mañana.

Se quedó helada porque de los que estaban allí Lily era la única que
lo sabía. Tad mirando sus ojos susurró —No puedes fiarte de nadie, nena.
En este mundo no. Y a Lily la acabas de conocer.
Sintiéndose traicionada se levantó mostrando la camiseta que le

había cogido a Tad y salió de su habitación antes de que pudiera detenerla.


—Nena, no. No sabemos lo que le cuenta.

Abrió la puerta de la habitación de su amiga de un portazo y vio que


ambos estaban despiertos obviamente escuchando lo que podían. —¿Me
has traicionado?

Lily se apoyó en los codos. —¿Qué?

—¿A quién le has contado lo de mi madre? —gritó mientras sus


ojos se llenaban de lágrimas—. ¿Se lo has dicho a Tom?

—¡No! No se lo he contado a nadie.

—¡No me mientas!

—No lo sabe ni Rick, te lo juro.

—Cielo, ¿qué pasa? —preguntó su abuela tras ella poniéndose la


bata.

—Jamás traicionaría tu confianza, te lo juro. Jamás diría lo que pasó

con tu madre —dijo Lily porque no la creía.

Su abuela se quedó helada. —¿Se ha filtrado a la prensa?

—No, pero se filtrará —dijo Tad muy tenso—. Porque Tom lo sabe.

—¿Qué? ¿Y cómo se ha…? —Su abuela palideció volviendo la

vista hacia Erica que les miraba fijamente. —Has sido tú, ¿verdad? —Se
quedaron de piedra. —¡Has sido tú! ¡Te lo dije en confidencia!

—Lo siento, pero tenía que protegerme —dijo apenada.

—¿Protegerte? —Tad incrédulo dio un paso hacia ella. —Dios mío,


¿también lo ha hecho contigo?

—Yo era la que estaba con Howard en ese horrible video. Sabía con
qué le tenía pillado y por qué le permitía hacer lo que hacía en los rodajes.
Siempre lo supe.

Impresionada se llevó la mano al pecho. —¿Fuiste tú?

—Acababa de enviudar. Él se había separado. El champán, el


dolor… No pudimos evitarlo —dijo apenada—. Nos arrepentimos y eso nos
hizo alejarnos en los últimos años. No podría mirar a la cara a su esposa, a

la que conozco desde hace mucho tiempo.

—Fue un error, no debes culparte —dijo Carl que lo había


escuchado todo.

—En cuanto Tom me vio en el rodaje supe que me había


equivocado, que no tenía que haber aceptado este trabajo.

—¿Y por qué lo hiciste? —preguntó Vanna—. ¿Por qué con él?

—Por la historia. Necesitaba formar parte de esta historia. Desde


que leí la novela supe que sería perfecta para el personaje de la abuela. —
Alargó la mano hacia Carl. —No viviré mucho tiempo…
—No digas eso, tía.

—Sabes que es cierto. Aunque quieran operarme yo siento que se


acerca el fin. —Emocionada las miró. —Necesito hacer este personaje antes
de irme. —Sonrió. —Y conoceros has sido fantástico. De eso no me
arrepiento, pero ese hombre tiene que emponzoñarlo todo. El primer día de

rodaje me hizo esperar horas y en cuanto apareció me negué a dejarme


intimidar como los demás y le repliqué. Lo pagué después cuando se metió
en mi camerino como si fuera el dueño y me dijo que tenía un video mío
gozando como una perra. —Las mujeres jadearon. —Que cerrara la boca o

que haría que deseara tirarme por una ventana. Ni supe qué contestar a tanta
maldad. Por eso quise ayudaros, pero el otro día cuando salí del médico me
lo encontré en la calle apoyado en mi coche. Me dijo que me daría el video
si le decía algo jugoso de alguno de vosotros. Creí que liberaría a Howard,
así que se lo dije, lo siento —dijo al borde de las lágrimas.

—Tranquila, te entiendo, no pasa nada.

—Oye maja, pues a mí me ibas a poner verde —dijo Lily.

—Ya, pero ella es una moribunda.

Erica sonrió. —¿Entonces me perdonas?

—Claro.
Lily jadeó asombrada. —Alucino. ¡Y alucino con que dudaras de
mí!

La miró arrepentida. —Lo siento, pero es que parecías tú.

—Muy bonito. —Miró a Rick y le empujó por el hombro. —¿Y tú


no me defiendes?

—Cielo, es que todavía estoy alucinando. —Miró a Tad. —¿Cómo


sabías esto?

—Adivina —dijo irónico—, me ha llamado.

—Hostia, este tío está loco. ¿Qué quiere ahora?

—¿Qué va a querer? Las pruebas por no contar lo de su madre.

—Ah, no —dijo su abuela—. ¿Y volver a empezar?

—Al parecer no se da por vencido. —Tad le pasó la mano por la


nuca. —Nena, ¿estás bien?

—¡Eso es un novio! —le gritó Lily a Rick a la cara.

Asombrada vio como Lily empezaba a pegarle patadas. —¡Largo de


mi cama!

—¿Ahora la tomas conmigo? ¡Lily, estoy desnudo!

—Para lo que hay que ver —dijo furiosa.

—¡Está bien! —Se levantó arrastrando la colcha para cubrirse.


Todos parpadearon. —¿Podemos dejar la riña de pareja para
después? —preguntó Tad mosqueado—. ¡Estamos en un lío!

—No le daremos nada —dijo Vanna dejándole helado—. No pienso


dejar que me chantajee. Si lo quiere decir que lo diga. Además no tenemos

las pruebas, así que no podemos hacer nada.

—¿Cómo que no tenéis las pruebas? —preguntó Lily asombrada.

—Se las envié a su abuelo antes de subirme al avión. Están en

Nueva York.

—¿Has metido a tu abuelo en esto? —preguntó Sondra


mosqueadísima.

—Él sabe donde mantenerlo a salvo.

—Nena hay algo que no te he contado. —Le miró sorprendida. —


Allí había mucho más que lo de Howard y Erica.

—¿Qué?

—Había muchos videos. Muchos pen drives, pero no los pude mirar
porque no tenía tiempo. Lo cogí todo y salí de allí.

Se miraron a los ojos. —¿Y cómo sabes que tienes el video de


Erica?

—No puedo estar seguro, pero donde estaban escondidos me indica


que son cosas muy pero muy importantes.
—¿Dónde lo tenía? —preguntó Lily con curiosidad—. ¿En la caja
fuerte del despacho?

—¿Para que los ladrones fueran allí directamente? No, ahora las
cosas importantes se guardan en falsos huecos dentro de los muebles o

cosas así. Si no hay servicio en calcetines o botes falsos en la cocina. Pero


él tiene servicio así que fui directamente a su dormitorio, que es donde
supuse que tendría su habitación del pánico.

—¿Habitación del pánico? —preguntó asombrada.

—En una fiesta le escuché decir que había encargado una. Supe que
tenía que ir allí directamente. Y como supuse estaba escondida detrás de

una pared. Solo tuve que localizarla picando hasta que escuché algo de
metal. Un resorte hacía que se abriera la puerta. Me metí dentro cerrando
por el interior y desde las cámaras de videovigilancia vi lo que hacían los
bomberos. Pude buscar tranquilamente y cuando encontré una caja de metal
dentro de un baúl de plástico lleno de material de supervivencia, supe que

era lo que buscaba. Me costó un rato forzarla y cuando la abrí había fotos
de algunos actores que conozco en actitud comprometida y pen drives. Lo
cogí todo y lo metí en la cazadora que llevaba. Vi que no había nadie fuera
y salí cerrando la puerta.

—Es difícil que esa cámara se quemara —dijo Carl—. Yo tengo una

en Los Ángeles y es ignífuga.


—Por eso sabe que le hemos robado sus videos —dijo Vanna—. Así
que eran muchos.

—¿Os sorprende? —preguntó Lily divertida—. Solo necesita saber

el pie de que cojea uno y chantajearle para que rebele el secreto de otro. A
saber todo lo que sabe de los que trabajan de esta industria.

—La niña tiene razón —dijo Erica—. Por eso hasta hace unos días
no había quien le rechistara.

—Pues conmigo ha pinchado en hueso —dijo Vanna con rebeldía—.


No se le va a devolver nada.

—Nena, como la prensa se entere de esto… Piensa en tu abuela.

Miró hacia ella que levantó la barbilla. —Haz lo que debas.

Asintió. —Ya la has oído. —Miró a Lily y sonrió con tristeza. —


Siento haber desconfiado de ti.

—Tranquila, no pasa nada.

—¿Y te enfadas conmigo? —preguntó Rick asombrado.

—¡Cierra el pico! ¡Contenta me tienes!

—Ah, que ya lo entiendo. Como no quieres enfadarte con ella te


enfadas conmigo.

—¡Al fin me comprendes!

Pasmado miró a Tad. —Qué complicadas son las mujeres.


—Buenas noches a todos —dijo Vanna antes de salir. Cogió a su

abuela de la mano y se alejaron mientras todos les observaban. Entraron en


su habitación y ambas fueron hasta la cama sentándose en ella. Se miraron a
los ojos—. Siento haberme puesto en contacto con el abuelo y no haberte
dicho nada.

—¿Cómo está? —preguntó ansiosa.

Sonrió con tristeza. —Muy bien. Parece estar bien. —Perdió la


sonrisa. —Se casó hace tiempo.

—Lo sabía.

La miró asombrada. —¿Y no me dijiste nada?

—No quería que recordaras que tu abuelo te había abandonado. Sé


que fue muy duro y más después de perder a tu madre. —Apretó sus manos.

—¿Me he equivocado al criarte así, cielo?

—No. —Negó con la cabeza. —Me has dado todo lo que siempre he
deseado. Has dejado que cumpliera mis sueños, me has querido y cuidado.
Si alguien no se ha equivocado esa has sido tú. —Sondra la abrazó con
fuerza. —Te quiero, abuela.

—Mi niña. Ese cerdo va a hacerte daño.

—Le detendré, no ensuciará el nombre de mamá. —Se apartó para


mirarla a los ojos. —Te lo juro por la tumba de tu hija.
Sondra asintió. —Ten cuidado.

—Sé cómo tratarle. El abuelo me enseñó bien. ¿De quién crees que

fue la idea de quemar su casa?

Sondra sonrió. —Destrúyelo.

—Puedes estar segura. —Se levantó y la besó en la mejilla. —

Buenas noches.

—Buenas noches, cielo.

Al salir allí estaba Tad y la cogió de la mano tirando de ella por el


pasillo. Sondra se acercó a la puerta para ver cómo se miraban a los ojos

antes de entrar en su habitación. Se amaban. Su niña había encontrado el

amor, podía ser feliz y no pensaba dejar que nadie le hiciera daño.

 
 

Capítulo 13
 

Horas después abrazada a Tad miró sus ojos. Era evidente que
estaba preocupado porque no había pegado ojo en toda la noche. —No

pasará nada.

—En este momento le estrangularía con mis propias manos.

Acarició su mejilla. —Prométeme que no harás nada. Temo que sea


lo que busca por eso te llamó a ti y no a mí.

Él frunció el ceño. —Sabe que he sido yo quien le ha robado.

—Pero es mi secreto. No es su modo de actuar. Tendría que haberme

presionado a mí para que consiguiera sus videos sin que tú te enteraras de

nada. Si lo ha hecho así es para provocarte. Para matar dos pájaros de un

tiro. —Él se iba a levantar como si no quisiera escucharla, pero Vanna le


agarró por el brazo. —Escúchame, ¿por qué te llamó a ti? ¿Por qué hoy no

hay rodaje? Porque se suponía que hoy tenía que quedar contigo para
recuperar lo que le has robado. Esto ya estaba planeado, cielo. Se enteró de

mi secreto los primeros días de rodaje.

La miró asombrado. —Ya sabía tu secreto por Erica, por eso se

acercó a ti intentando joderme.

—Exacto, su mente funciona así. Cuando fui a cenar con él como


creyó que colaboraría ni tuvo que presionarme con mi secreto y esta

mañana no lo hizo porque le provoqué. Sabía que le mandaría a la mierda.

Al fin y al cabo mi secreto no afectaría a mi carrera. ¿Mi madre se suicidó?

¿Y yo qué culpa tenía con doce años? Nadie se me tiraría encima, pero si yo

te importo tú sí querrías protegerme. Querrías evitar que me hicieran daño.


Con esa llamada averiguaría lo importante que soy para ti y querría

asegurarse de que fuiste tú el que entró en su casa. Era más probable que tú
le dieras las pruebas que yo, por eso te llamó a ti.

—¿Cómo que mañana no hay rodaje? —preguntó sorprendido.

—Nos ha dado libre hasta el lunes. ¿No es raro? Ya vamos con

retraso. Tiene que haber una razón para dar dos días libres.  Uno para él

encuentro…

—¿Y el otro, nena?

—Hay que encontrar un contenedor alejado. Cielo, va a intentar

matarte en cuanto recupere lo que quiere.


—Eso será si me presento. Recuerda que le he dicho que no sabía de

lo que hablaba.

—Claro que lo harías, porque sino estuviéramos teniendo esta

conversación querrías explicaciones. Y entonces tengas las pruebas o no,

tendrá que matarte. Porque si eres inocente puedes hacerte preguntas o

hacérselas a la persona equivocada.

—Me preguntaría qué pruebas son esas.

—Exacto. Y si tú robaste lo que es suyo, tiene que cerrar bocas para

estar seguro de nuevo. Eso sí, siempre que recupere lo que necesita.

—Que no va a ser así.

—Eso le frustrará, intentará buscar una salida y perderá los nervios.

—Intentará recuperarlo a la fuerza.

—Exacto. ¿Y dónde es el mejor sitio para hacer eso?

—Aquí, que es el sitio más probable porque piensa que las pruebas

las tengo conmigo.

—Tú lo has dicho.

—Joder, la casa está llena de gente.

—Por eso aprovechará cuando no haya tanta. ¿Qué te apuestas a que

el lunes no nos convoca a todos?


Él entrecerró los ojos. —No sé, nena… Es un cobarde, ¿crees que

vendrá hasta aquí? ¿De momento está a salvo por qué iba a arriesgarse?

Separó los labios entendiendo lo que quería decir —Necesitamos

saber si en esos pen drive hay algo que le comprometa.

—¿Y por qué iba a haberlo?

—¿Crees que alguien que lo graba todo, no iba a grabar algo que le

da morbo?

La miró asombrado. —¿Crees que grabó el crimen?

—¿Por qué no? Ver sufrir a su víctima le excitó lo suficiente como

para violarla. —En ese momento su móvil sonó por un mensaje. A toda

prisa lo cogió para ver que era un mensaje de su abuelo. —Mi abuelo y los

chicos vienen para acá.

—Joder, eso es que ha visto algo.

—No, eso es que le ha llamado mi abuela. —Vio como suspiraba

del alivio. —Quieres que lo arregle él, ¿no?

—Quiero que ese cabrón desaparezca y se aleje de nosotros, en este

momento me da igual cómo. Tengo un presentimiento que me pone los

pelos de punta. Algo no va bien.

Acarició su pecho. —Estamos a salvo.


—Nena, hasta que ese tipo no desaparezca de nuestras vidas no

estamos a salvo. Ni se te ocurra acercarte a él.

—¿Ahora que sabe lo que pienso? Ni se me ocurriría. —Él le

acarició la nuca y bajó la mano por su espalda desnuda. —¿Qué piensas?

—No podría soportarlo otra vez. Ya pasé por esto con mi hermano
y…

Se le cortó el aliento y levantó la vista hasta sus ojos. —Estoy aquí.

—La cogió por la nuca acercándola a su rostro. —Estoy contigo.

—Jura que no me dejarás —exigió ansioso.

—Jamás.

—Tus ojos no mienten.

—Y mi corazón tampoco, mi amor. Estoy aquí y aquí me voy a

quedar. A tu lado.

La besó con pasión entrando en su boca y ella le correspondió

entregada deseando demostrarle que también le necesitaba. Tad se giró

tumbándola de espaldas apartando la sábana para mostrar su cuerpo. Su

mano bajó por su cadera hasta su muslo y abandonó su boca para besar su

cuello. Suspiró de placer sintiendo el roce de su piel entre sus piernas y

como sus labios descendían lentamente hasta llegar a sus pechos. Siguió

bajando, besándola entera y cuando su boca la mordisqueó bajo el ombligo


sintió que todo su cuerpo ardía. Agarró las almohadas necesitando asirse a

algo cuando sintió la punta del acero en la sien. Se quedó helada y Tad al

sentir como se tensaba levantó la cabeza para ver a Tom con un cuchillo de

caza en la mano mirándole con ironía. —Pide ayuda y le traspaso el rostro.

—Tad ni se movió provocando que sonriera. —Tráeme lo que me has

robado.

Asustada por su reacción cuando se enterara de que no lo tenían

miró a Tad que dijo —No vas a tener suerte, todavía no ha llegado.

—No juegues conmigo. —Empujó el cuchillo haciéndola gemir

cuando le clavó la punta provocando que saliera una gota de sangre. —

Dámelo.

—No lo tengo aquí, te lo juro. Lo envié por correo. Llegará mañana.

—¿Mañana? Ella no estará viva mañana.

—Tom…

—Cállate —siseó —. ¿O crees que no soy capaz?

—Te juro que como le sigas haciendo daño, te voy a destripar —dijo

con rabia.

—Y yo te juro que como no me des lo que me robaste esta zorra no


respirará mañana. ¿Nos la medimos a ver quién la tiene más larga? Apártate

de ella.
—Hijo de puta… —Se levantó de la cama mostrando su desnudez y

Tom sonrió con desprecio antes de agarrarla por el cabello con saña y tirar

de ella fuera de la cama casi haciéndola caer. —Ponte en pie.

Muerta de miedo sintió como el cuchillo terminaba presionando su

costado mientras la cogía del cuello. —Tírale esa camiseta.

Él se agachó e hizo lo que le pedía. Temblando se la puso por la

cabeza, pero él no soltó su cabello, así que solo cayó cubriendo la parte

delantera de su cuerpo hasta el ombligo. —Mírala bien —dijo disfrutando


del momento—. ¿Te gusta follarla? —Bajó el cuchillo hasta su cadera y

pasó el filo por él.

—Déjala —dijo intentando contenerse.

El filo pasó por debajo de su nalga hasta meterse entre sus piernas.

—Dame lo que quiero y no le meteré el cuchillo en ese agujerito que te


gusta tanto.

—No lo tengo, te lo juro por Dios —dijo desesperado mientras


Vanna sollozaba de miedo.

El cuchillo desapareció de entre sus muslos provocándole un corte

en la parte interna que le hizo cerrar los ojos y sintió como le ponía el arma
en el cuello tirando de su cabeza hacia atrás. —Mañana en cuanto te llegue

el paquete llámame.
—No te la vas a llevar.

—¿Prefieres que la mate aquí? —Tiró de su cabello con saña. —

Muévete.

Fue hasta la puerta con él detrás sintiéndose aterrada. Si se la


llevaba a saber lo que le haría. No volvería a ver a Tad ni a su abuela y

quiso gritar del horror, pero su cuerpo solo pudo temblar. Llegaron a la
escalera y vio a través de la penumbra que Tad salía de la habitación.

Entonces se escuchó un sonido metálico que les detuvo a los tres en seco.
—Suelta a mi nieta, hijo de puta.

—¿Quiere que la mate? —preguntó lo bastante alto.

—¿Crees que soy estúpida? La matarás igual simplemente para


vengarte. Aquí aún tiene una oportunidad. Puedes apuñalarla, pero tú

dejarás de respirar en ese instante.

El sonido de otro click al otro lado de la escalera le hizo mirar hacia


allí. —Tira el cuchillo, Tom.

—Carl me la voy a llevar.

—¿Eres tan idiota que no te das cuenta de que ya estás perdido? —


preguntó Erica con ironía encendiendo la luz. Asustada miro a su abuela de

reojo que les apuntaba con una escopeta—. Acabarás muerto o en la cárcel.
De ti depende.
Sintió como dudaba, pero supo perfectamente cuando se decidió
porque tensó el brazo que tiraba de su cabello. Sabiendo que la mataría

gritó del horror y se oyeron disparos. Cayeron contra la pared antes de rodar
escaleras abajo. Pensando en Tad y en su sonrisa perdió el sentido sin

escuchar su desesperación al llamarla a gritos.

Abrió los ojos para ver a toda la casa sobre ella. Parpadeó antes de

fruncir el ceño. —¿Estoy muerta?

Todos negaron con la cabeza antes de mirar algo que había tras ella.
Entonces escuchó los gemidos. —Te voy a matar, hijo de puta.

Estiró el cuello hacia atrás para ver que su hombre aún en pelotas le
estaba metiendo una paliza de muerte a Tom que ya tenía la cara

irreconocible.

—Cielo, no deberías moverte —dijo su abuela—. Ya hemos llamado


a la policía.

—¿No me ha herido? —preguntó llevándose las manos al cuello y

estaba intacto. —. ¡No me ha cortado! —Suspiró del alivio. —Eso quedaría


fatal en las fotos.

—¿Nena?
—¿Si, amor?

—¿Estás bien? —preguntó con la voz agitada antes de arrearle otro


puñetazo.

—De cine.

—Bueno, de cine… —Lily señaló su pierna y se apoyó en los codos

para ver que el cuchillo le había traspasado el pie. ¿Cómo había pasado
eso? Atónita miró a su abuela. —¡Leche, que me voy a quedar coja! ¡Una

ambulancia!

—No, si la ambulancia ya viene —dijo Carl—. Amigo, no tiene

sentido. ¿Respira?

Le arreó otro puñetazo. —Espero que no.

Se sentó mirando hacia atrás y temiendo que se le fuera la mano


gritó —¡Cielo, me voy a quedar coja!

Tad que le tenía agarrado de la camisa le dejó caer al suelo y la


fulminó con la mirada. —¡Te dije que no le provocaras!

—¿En serio me lo recriminas cuando casi me rebana el cuello?

Rick entró con la policía y Erica dijo como si aún tuviera el miedo

en el cuerpo —¡Ha intentado secuestrarla! —Señaló a Tom. —¡Y como no


podía sacarla de la casa casi la mata! Deténganlo —dijo dramática.
Ella miró a Tad que estaba de pie a su lado y su miembro estaba ante

su cara. —Cielo, ¿no te vistes?

Se miró como si hasta ese momento no se hubiera dado cuenta y


juró por lo bajo mientras Lily soltaba una risita. —Qué pena, ¿para qué has

dicho nada?

Las mujeres asintieron sonrojadas de gusto mientras él preguntaba


—¿Puedo subir a vestirme?

Uno de los agentes hizo una mueca como si tampoco estuviera de


acuerdo, pero dijo —Sí, claro. No intente escapar.

—No, claro que no. Nena, vengo ahora.

—Pues tráeme unas braguitas —dijo avergonzada estirando su


camiseta lo que podía porque a Carl se le iban los ojos.

Su abuela se arrodilló a su lado. —¿Estás bien? ¿Te has golpeado la

cabeza?

Se llevó la mano allí y sí que le iba a salir un chichón. —No creo


que me haya desmayado por eso. —Se estremeció. —Dios mío, jamás he

pasado tanto miedo en la vida.

Los sanitarios llegaron en ese momento, pero corrieron hacia Tom

haciéndoles protestar a todos. —¡Eh! ¡Que ella es la víctima! —gritó Lily


cabreada.
—Enseguida llega otra ambulancia —dijo el policía antes de
agacharse a su lado.

—¡Joder, se ha tragado la lengua!

Todos miraron hacia los sanitarios reteniendo el aliento mientras


Lily decía por lo bajo —Que pena que no la haya palmado ya.

—¿Qué ha dicho? —preguntó el policía mosqueado.

—Qué pena que no hayan llegado ya —dijo Carl a toda prisa—.


Habla de la ambulancia. Vanna está perdiendo mucha sangre.

El policía no dejaba de mirar a Lily con desconfianza y Vanna le

agarró del brazo para gritarle a la cara—¡Me desangro, haga algo!

Nervioso miró su pierna. —Tranquila, ¿le duele mucho?

—¡Cómo no me va a doler! ¡Tengo un cuchillo de caza traspasando


mi pie!

—¿No deberían hacerle un torniquete? —preguntó su abuela


asustada antes de agarrarle por la pechera del uniforme—. ¡Haga algo,

inútil!

De repente Tad apareció a su lado con la respiración agitada y le

mostró unas braguitas rojas que ni sabía que había llevado. Hizo una mueca
mientras decía —Lily ayúdame.

—Al menos así no se notará la sangre —dijo Rick divertido.


Él le fulminó con la mirada. —Vuélvete—. Miró al frente para ver
que el policía estaba mirando sus piernas. —¡Y usted también!

—Oiga, que yo estoy acostumbrado a ver de todo.

—¿No me diga? —dijo con ganas de más sangre.

Este gruñó levantándose y yendo hacia Tom al que le estaban


haciendo un masaje cardiaco. —Nena… —susurró Tad—. Estaba

obsesionado contigo. Se te insinuó —dijo mientras Lily le ponía las


braguitas por los pies intentando no tocar el cuchillo. Su amiga que lo oyó

asintió al igual que ella.

Ella cogió las braguitas cuando llegaron a sus muslos y se las subió
intentando que no se le viera nada.

—¡Ya están aquí! —gritó Carl desde la puerta.

—¿Eso es una herida de bala? —preguntó el policía.

—Uy, que le di —dijo su abuela orgullosa.

—Señora, le daría yo.

Sondra levantó la barbilla. —No tienes pinta de dar ni una.

No sabía si era por el alivio de estar viva, porque todos parecían


muy tranquilos o porque todo le parecía absurdo, pero Vanna soltó una risita
antes de echarse a reír a carcajadas.

—Amiga, ¿estás histérica? —preguntó Lily pasmada.


Rio aún más fuerte hasta que le saltaron las lágrimas. Los sanitarios
se pusieron a su lado y Tad gritó —¡Hagan algo!

Entonces las risas desaparecieron y sollozó de una manera que hasta


le faltaba la respiración. Tad la cogió por los brazos para que le mirara. —

Nena, cálmate. Todo está bien. No volverá a tocarte.

Se abrazó a él. —No sé qué me pasa.

—Es del shock —dijo la sanitaria—. Tranquila Vanna, vamos a


cuidarte.

Se separó de Tad para mirarla y sorbió por la nariz. —¿Me conoce?

Miró de reojo a Tad y a Carl poniéndole un tensiómetro. Cuando


Carl le guiñó un ojo se quedó pasmada mirándole embobada. —¡Carl,
joder! —protestó Tad.

—Lo siento, me ha salido solo.

De repente le sacaron el cuchillo de golpe y Vanna gritó agarrándose


la pierna. El compañero de la chica les miró con él en la mano y la sanitaria
gritó —¿Qué has hecho?

—¿No le habías puesto sedante?

—¡No! ¡Eso se hace en el hospital!

—Joder, lo siento.
Vanna viendo como su pie empezaba a sangrar con fuerza miró
asombrada a Tad mientras la chica decía —Lo siento, está en prácticas. Pero

tranquila que eso no es nada.

Jadeó indignada. —¡No será nada para usted!

Se escuchó un pitido y miraron hacia atrás. —¿No pueden


llevárselos de aquí? —preguntó Erica remilgada—. Me están dejando el
suelo de parquet hecho polvo con tanta sangre.

—Uy perdona, no sabía que eras tan tiquismiquis —dijo ella


indignada.

—Tranquila nena, que el inútil ya trae la camilla.

Vieron pasar el cuchillo metido en una bolsa de plástico trasparente


y al mirar hacia atrás el policía dijo —¿Se salvará?

—De milagro.

Todos gruñeron mientras su sanitaria la cogía por las axilas. Tad


mosqueado la cogió en brazos subiéndola a la camilla y la chica le miró con

si fuera un sueño. —Gracias.

—¡Me estaba haciendo el favor a mí, mona!

Esta se sonrojó. —Sí, claro.

La acompañó mientras sacaban la camilla. Miró a su alrededor. —

¿Mi abuela?
—Cielo, estaba en pijama, nos seguirá en cuanto pueda. La llevará

Carl.

—Usted no puede irse —dijo el policía—. Debe declarar.

—¿Tad?

—¿No puedo hacerlo…?

—¡No! —dijo el policía con autoridad—. Venga conmigo. —


Asustada vio que le cogía del brazo. —Entre en la casa.

—Iré en cuanto pueda —dijo mirándola a los ojos.

—Vale. —Preocupadísima vio como el policía no le soltó hasta que

subieron los escalones, entonces Tad soltó con fuerza su brazo diciendo
algo que no llegó a oír.

Cerraron las puertas de la ambulancia y pusieron las sirenas. La


chica a su lado taponaba la herida de su pie que ya ni le dolía porque la
recorrió un mal presentimiento.

 
 

Capítulo 14
 

—Tad Newman ha sido detenido por el intento de asesinato de Tom


Golderblack —dijo la de las noticias —. Según fuentes policiales Tom

Golderblack entró en la casa de Erica Rivers y con un cuchillo intentó


llevarse a la fuerza a Vanna O ‘Dell que compartía cama con Newman.

Intentaron evitar que se la llevara y Golderblack recibió un disparo. Pero


Newman se quiso tomar la justicia por su mano y golpeó a Golderblack

hasta dejarle en coma. Su pronóstico es muy grave y los cargos pueden


cambiar en cualquier momento. Vanna O ‘Dell se encuentra ingresada por

herida de arma blanca y su pronóstico es favorable. —Miró a su compañero

sonriendo. —¿Qué opinas de esto, Harry?

—Que menudo culebrón. No sé cómo será la película que estaban

rodando, pero esto lo supera con creces.

Furiosa apagó la televisión. —Qué gracioso —siseó antes de tirar el

mando a un lado—. ¡Qué puto gracioso!


Lily hizo una mueca mientras Rick entraba en la habitación y

ansiosa preguntó —¿Ya tiene abogado?

—Sí, tranquila. Ya está con ese Peter que le llevó lo del hotel. De

hecho ha dicho que no se separará de él hasta que tengan la vista con el

juez. —Vanna suspiró del alivio. —Howard viene de camino.

Le miró asombrada. —¿Para qué?

—Cielo, ¿para qué va a ser? —preguntó Sondra—. Esto es un


escándalo en su productora. —Se mordió el labio inferior. —Y él que no

quería escándalos.

—El escándalo vende, abuela —dijo con ironía.

Un pitido en el móvil de Sondra hizo que lo cogiera de inmediato.

—Dios, es tu abuelo. Debe estar abajo —dijo levantándose.

—Dile que estoy bien y que se vaya.

La puerta se abrió en ese momento y el abuelo muy serio entró en su


habitación. Lily carraspeó. —Nosotros esperaremos fuera.

Cornelius apretó los labios mirando su pie vendado y cuando

escuchó que salían de la habitación miró a Sondra que se enderezó. —Al


parecer no he llegado a tiempo.

—Él está grave y puede que no se salve. Han acusado a su novio de


intento de homicidio.
El abuelo se acercó a la cama y cogió su mano. —¿Estás bien?

Sus ojos se llenaron de lágrimas de la emoción. —Le van a acusar a

él. Se enterarán de sus antecedentes en Estados Unidos. Ahora todo lo que

he hecho no valdrá de nada. —Sonrió con ironía. —Si no me hubiera

metido seguiría a salvo.

—No es culpa tuya —dijo la abuela—. Querías ayudarle.

—Pues menuda ayuda. He destruido su reputación y su carrera. —

Una lágrima cayó por su mejilla antes de levantar la vista hasta los ojos de

su abuelo. —Y si ese cerdo sobrevive a saber lo que dirá.

—A ver si encima va a ser inocente —dijo Sondra indignada—.

¡Intentó secuestrarte, hay testigos!

—La prensa lo retorcerá a su conveniencia para extender el

escándalo todo lo posible y tener audiencia. —Su abuelo no decía nada. —

Lo siento. Siento haberte metido en esto.

—Si no hubiera querido venir no hubiera venido. —Levantó la vista

hasta su exesposa sentándose en la cama a su lado. —Ve a ver si esa morena

está escuchando. Tiene pinta de cotilla.

Sondra asintió y fue hasta la puerta abriéndola de golpe para ver a

Lily. Esta se sonrojó. —¿Todo bien? ¿Queréis un café? Yo voy a por uno.

—No queremos nada salvo intimidad, gracias.


Cerró la puerta y Cornelius asintió antes de mirar a su nieta. —

Ahora escúchame bien. Ese cabrón no saldrá vivo de este hospital, no debes

preocuparte por eso. Pero si quieres librar a tu chico y cuanto antes para que
la prensa no siga husmeando en su pasado, lo mejor es que digas que te

acosaba, que te amenazaba, que estaba obsesionado contigo.

—Ya lo he dicho, pero no me creen —dijo angustiada—. Han

descubierto que es gay. Uno de sus amantes al parecer estaba en el rodaje y

no teníamos ni idea, así que no me creen. Y eso que han interrogado a los

del set de rodaje y han explicado su comportamiento conmigo el último día.

—Solo podemos demostrar que intentó llevársela a la fuerza porque

somos muchos testigos. Vamos Cornelius, ¿nos crees estúpidas? —Él la

miró pensativo y su abuela se sonrojó. —Lo siento. Todo esto me está

superando.

—¿Y si recurrimos a lo que me envió el chico?

—No quiero destrozar la vida de más gente, abuelo. —Sollozó. —

Dios mío, estamos entre la espada y la pared. No podemos demostrar que

Tad no le golpeó hasta casi matarlo. Y si no sale vivo de aquí será acusado

de asesinato.

—No puede sobrevivir —dijo su abuelo muy serio.


—Lo sé. Con tal de hacernos daño lo contaría todo. —Se mordió el

labio inferior intentando retener las lágrimas. —¿Qué puedo hacer?

—Apoyar a tu novio. Decir ante todos que hizo lo correcto. —Le

miró sorprendida. —Niña, vas a tener que ser la mejor actriz que haya

habido nunca porque todo depende de tu declaración ante la prensa. —Su

abuelo sonrió irónico. —¿Le golpeó hasta casi matarle? Te aterrorizó, entró

en tu habitación y te sacó a rastras. No te desvíes de tu declaración a la

policía. Exagérala. Di cómo te acosaba, las barbaridades que te decía, cómo

te sentías ante su comportamiento. Hasta que le rechazaste. Se sintió celoso

de Tad, te insultaba… Tienes que convertir a tu novio en un héroe ante la

opinión pública y a ese cerdo en lo peor que ha habido jamás. Y tus amigos

te apoyarán porque es evidente que están de tu lado.

Asintió. —¿Crees que será suficiente?

—Depende de lo convincente que seas.

Sus preciosos ojos verdes brillaron. —No la habrá más convincente

que yo.

Ante los medios llegó con un simple vestido blanco sin mangas que

mostraba los morados que Tom le había hecho al agarrarla. Se había


cepillado el cabello hacia atrás en un recogido en la nuca para que fuera

bien visible el chichón que tenía cerca del cabello. Peter empujó la silla de

ruedas en la que iba mientras les sacaban mil fotos. Pálida dejó que la

acercaran a los micros y se quedó mirando a toda esa gente mientras sus

ojos se humedecían.

Peter se sentó a su lado y dijo —Buenos días a todos. La señorita O

‘Dell quiere hacer una declaración.

Varios hicieron preguntas, pero él negó con la cabeza. —

Comprendan en el estado en que se encuentra mi cliente, señores. Hará una

declaración y se irá a descansar.

Howard apareció tras ella al igual que Rick demostrando que la

productora les apoyaba. —Cuando quieras —dijo Peter.

—Buenos días —dijo con la voz ronca. Carraspeó incómoda y cogió

el vaso de agua. Su mano tembló antes de beber y cuando dejó el vaso

susurró —Lo siento. —Se quedó unos segundos en silencio mirando el vaso

antes de levantar la vista hasta las cámaras. —Jamás he hecho declaraciones

sobre mi vida y creía que nunca iba a llegar a hacerlo porque como muchos

sabéis soy muy celosa de mi intimidad. Pero dadas las circunstancias me


veo en la obligación y en el deber de contar mi historia. Howard Letterman

me dio la oportunidad de saltar al cine y no solo en un papel secundario, me

quería de protagonista. —Sonrió con pena. —Me sorprendió y me halagó la


confianza que puso en mí para llevar adelante esa tarea. También me

abrumó, no voy a negarlo. Era una novata en un mundo ajeno al mío, pues

aunque había hecho anuncios esto era de un calibre mucho mayor. Me

ilusioné, estudié y lo di todo de mí para que se sintieran orgullosos, para

que no tuvieran ni una sola queja de mi trabajo. —Apretó los labios. —Y

todo fue bien al principio. Intentaba seguir los consejos de mis compañeros

y parecía que mi director me apoyaba. Era amable conmigo al contrario que

con otros de mis compañeros a los que reñía y atosigaba para que hicieran
el mismo trabajo veinte veces. Ahí es cuando empecé a ver cosas raras. Que

llamara la atención a personas como Erica Rivers me parecía casi un


sacrilegio. —Hubo murmullos a su alrededor. —Ella sabe de cine

muchísimo más de lo que sabía él. Pero nadie le replicaba, nadie le


contradecía, es el chico de oro del cine decía todo el mundo. Más vale que

hagas lo que te dice y no te metas en problemas con él. Así que cerré la
boca. Si él venía hablábamos normalmente cosa que no hacía con nadie

más. Me halagaba, me piropeaba, pero un día saliendo de vestuario bajó la


mano por mi cintura hasta tocar mi trasero de una manera muy sexual. Eso

ya no lo vi normal y más aún sabiendo que era gay. —Los periodistas


susurraron de nuevo

Y uno se atrevió a preguntar —¿Lo sabía?


—Sí, lo sabía. Una noche me invitó a cenar y me di cuenta por la
manera en la que miró al camarero. Debo decir que eso me hizo sentir más

tranquila porque su interés no tenía que ver con algo sexual. Pero pasó lo
del trasero y me pregunté si era bisexual. Mi reacción fue que me hice la

loca alejándome y no le reprendí. —Apretó los labios. —Mal hecho, pero


debo reconocer que me dio vergüenza. —Una lágrima recorrió su mejilla y

se la limpió a toda prisa recordando su ensayo con Erica. —Pero ese


comportamiento fue a más hasta llegar a un punto insoportable. Varias
veces me invitó a cenar o a su camerino y si le rechazaba le echaba la culpa

a Tad. Empezó a hacerme comentarios sexuales sobre lo que yo hacía con


mi pareja. Era demencial. La misma tarde en que entró en casa de Erica

Rivers para atacarme, me arrinconó al fondo del plató cuando yo estaba


repasando el guión. Ahí no lo soporté más y le dije cuatro cosas. No se lo

tomó bien y por primera vez ante los demás en el rodaje me puso verde. Y
cuando hablo de verde es que me llamó estúpida, descerebrada… —Los

periodistas murmuraban sin poder contenerse. —Entre otras lindezas que no


voy a repetir mucho más fuertes. Hasta llegó a insinuar que yo tenía una

relación con Howard Letterman y que así había conseguido el papel. Fue la
experiencia más humillante que he sufrido en la vida, pero mi sangre

irlandesa se reveló y le dije en público que lo que pasaba es que tenía celos
de Tad y que no había comparación entre los dos. Esa fue la gota que colmó
el vaso. Estaba fuera de sí. Mi novio llegó justo esa noche de un viaje de
trabajo en Corea. Me preguntó que me había ocurrido, ya le habían llamado

varios compañeros para contárselo. Le dije que todo estaba bien y nos
acostamos. Me desperté con el cuchillo en la sien. —Mostró la herida y sus

labios temblaron. —Creí que me mataría. Tad se despertó y se quedó muy


quieto temiendo que perdiera los nervios y me rajara. Tom estaba fuera de

sí, empezó a susurrar que se apartara de mí que no me tocara. —Con la


mirada perdida dijo —Como si fuera suya. Me agarró del cabello y tiró de

mí sacándome de la cama. Recuerdo el miedo mientras mis pies descalzos


resbalaban sobre la madera del suelo de lo que tiraba de mí. La fuerza que

tenía. Entonces cambió el cuchillo de sitio, me lo puso en el cuello. —Se


llevó la mano allí. —El miedo no me dejaba pensar —susurró mientras las

lágrimas caían por sus mejillas—. Tad le suplicaba que me dejara, pero Tom
no dejaba de repetir que me mataría una y otra vez. Vi la impotencia en su

mirada y temiendo también por él le rogué que no hiciera nada. Tom tiró de
mí fuera de la habitación y me obligó a bajar parte de las escaleras cuando
mi abuela salió con una escopeta de Erica. Carl llevaba otra, pero a él no le

veía solo le escuché hablar amenazando con disparar. Tom no dejaba de


gritar que me mataría y sentí el filo del cuchillo en mi cuello por primera

vez. Grité. Grité muerta de miedo creyendo que me degollaría antes de


escuchar los disparos. Tom me tiró contra la pared antes de que cayéramos
rodando y me desmayé. —Levantó la vista hasta los periodistas. No se oía

una mosca atentos a su relato. —No sentí como el cuchillo traspasó mi pie.
Me han dicho que Tom arrastrándose herido intentó acercarse a mí para

apuñalarme y traspasó mi pie justo antes de que Tad bajando las escaleras
se tirara sobre él. Tampoco sé qué ocurrió hasta que me desperté, pero

cuando lo hice Tad estaba a mi lado agarrando mi mano y llamándome a


gritos. ¿Le pegó? Sí, pero si hubiera querido matarle lo hubiera hecho. No
entiendo cómo han podido culparle de protegerme. ¿Acaso no tenía que

haberlo hecho? ¿No tenía que proteger a la persona que ama? —Sollozó
mirando a las cámaras. —¿Ustedes no hubieran hecho lo mismo? Tom

estaba loco. Y que Dios me perdone, pero nadie jamás me ha hecho pasar
tanto miedo como él y no me entristece su muerte, porque me siento mucho

más tranquila ahora que ya no está. Mucho más segura. Tad Newman no ha
cometido ningún delito y no merece lo que le está pasando. —Agachó la

mirada. —Eso era todo lo que tenía que decir.

—Gracias por haber venido —dijo Peter levantándose.

—Solo una pregunta —dijo un hombre al fondo de la sala—. ¿Cree


que si hubiera podido la hubiera matado?

—Totalmente.

—¿Y entonces por que no la mató allí mismo? ¿Por qué llevársela?
—Creo que su intención era llevarme con él y que al verse

acorralado, al darse cuenta de que no lo conseguiría decidió que si no era


para él no sería para nadie.

—¿Cree que sabía que moriría?

—Estaba encañonado por dos escopetas. Yo lo pensaría.

—Muchas gracias por haber venido —dijo Peter antes de que


Howard diera un paso al frente dejándolos a todos con la boca abierta—.

¿Quiere decir algo?

—Por favor. —Miró al frente. —Para los que no me conocen soy


Howard Letterman. —Puso la mano sobre el hombro de Vanna. —Ante

todos quiero decirle a Vanna que siento muchísimo el trance que ha tenido
que pasar y que a partir de ahora este tipo de comportamiento será tratado

con mano de hierro en mi productora. Cualquier trabajador que se sienta


acosado debe decirlo para que se tomen las medidas oportunas y como

acabo de decir seré tajante.

—¿Qué opina del comportamiento de su protagonista masculino? —

preguntó el mismo hombre.

—Le considero un valiente que intentó proteger lo que más amaba.


Estoy con él y pondré todos los recursos a mi alcance para que este trance

pase lo antes posible. Su situación es injusta y debemos subsanar este error


cuanto antes por lo que exijo a las autoridades que avancen en sus
investigaciones lo más aprisa que puedan.

—¿La película seguirá adelante?

—En cuanto mis protagonistas se recuperen. Por mi parte tendrán el


tiempo que necesiten. Gracias por venir.

Sorprendida le miró y este sonrió antes de tirar él mismo de la silla.

Salieron de la sala y cuando Howard llegó hasta su abuelo le miró a los


ojos. —Gracias por su ayuda.

Cornelius le dio la mano. —Gracias a usted por darle una


oportunidad.

—Le aseguro que merecerá la pena.

El abuelo sonrió. —¿Mi niña es buena?

—Llegará muy lejos.

—Eh, ¿queréis dejar de hablar de mí que estoy aquí? —Ambos la


miraron, pero ella solo miraba a Howard. —¿Seguimos con la película?

—Por supuesto. Esto huele a Óscar.

—Pero Tad…

—Eso déjamelo a mí —dijo Peter satisfecho.

 
 

Sentada en el sofá con el pie en alto miró la lluvia a través de la


ventana y su abuela al ver su melancolía se sentó a su lado. —Cielo,

compréndelo.

—Que le comprenda. Si es lo que llevo intentando dos semanas. —


Sonrió con tristeza. —Se fue a Aruba en cuanto salió de prisión sin cargos.

Cargos que retiraron por mis declaraciones, por cierto. ¡Hasta se


disculparon públicamente! ¡Sí, estoy intentando comprenderle, pero no

puedo! —La miró asombrada. —¡Se ha ido a su casa de la playa! ¡A saber


lo que piensa la prensa ahora de su escapada dejándome aquí tirada!

—Niña, seguro que todo esto le ha superado y ha tenido que alejarse


—dijo Erica desde su butaca.

Carl entró en el salón con la maleta en la mano. —Tía, es la hora.

Suspiró levantándose y preocupada por su amiga bajó las piernas del

sofá con intención de levantarse. —No, nada de despedidas. Me lo


prometisteis.

—Estarás bien —dijo Sondra—. Te repondrás y te veremos recoger


otro Óscar.

—Nunca me he rendido, que sea lo que tenga que ser. Pero si me


voy… —dijo con una sonrisa en los labios—. Él estará esperándome, estoy
segura. Y para qué negarlo necesito estar a su lado.

Emocionadas vieron cómo se alejaba hasta llegar a Carl y cogió su


mano libre para salir de la casa.

—Dios mío, protégela —dijo su abuela.

Vanna se limpió las lágrimas. —Se pondrá bien. Qué sabrán esos
médicos. Tiene un corazón enorme, eso es lo que pasa. Se lo curarán y

volverá con nosotras.

Lily entró llorando en el salón y fue hasta la ventana. Cojeando fue

hasta ella y la abrazó viendo como el coche se alejaba. —Tranquila,


volverá.

—Te ha dejado una carta. —Su amiga se volvió y le entregó un


sobre. Sorprendida lo cogió para abrirlo a toda prisa.

“Mi querida Elizabeth. —Sonrió porque la hubiera llamado así. —


Ha sido una alegría conocerte. Me has recordado mucho a mí cuando

empecé, ese tesón, esa ilusión por la actuación, y todas esas ganas de
comerte la pantalla. Y lo has conseguido. Con esas declaraciones
demostraste que estás preparada. Utilizaste el miedo que pasaste aquella
noche para reflejarlo en tu rostro, en tu mirada y nos conmoviste a todos.
Ya estás lista para comerte el mundo y espero verlo desde donde esté ya sea

a tu lado o desde ahí arriba.


Sobre Tad no seas dura con él, sé lo que le ocurre. —Sorprendida
siguió leyendo —Vio en tu mirada lo mismo que vimos todos al decir que te

amaba y todavía no se lo puede creer. Está dándole vueltas a que eso tiene
que ser mentira, estoy segura. Has trastocado su mundo en muy poco
tiempo y está intentando digerirlo. Mi marido era igual, así que no seas
dura con él porque recapacitará y se dará cuenta de que te ama, que no es

producto de su imaginación o las circunstancias. A veces los actores nos


creemos nuestro papel y no sabe si Alex le ha influido en lo que siente a tu
lado. Un día volverá a ti intentando averiguar si siente lo mismo y se dará
cuenta de que no podrá dejarte nunca más, estoy segura.

Bueno, como te dije no me gustan las despedidas, siempre me dejan


mal sabor de boca. Así que cuidaos mucho. Te veré pronto... O no. —

Sollozó sin poder evitarlo. —Tu abuela de mentirijilla

Erica Rivers”

Sin darse cuenta de que lloraba dobló la hoja. —¿Crees que Tad se
ha ido por eso? ¿Porque dijiste que te amaba? —preguntó Lily sorprendida.

—No lo sé.

—¡Este tío es tonto!

—Lily… —dijo Rick entrando en el salón.

Pasmada se volvió. —¿Lo sabías?


—Me lo imaginaba. Y es cosa de ellos, no te metas.

Vanna miró por la ventana pensando en ello y su amiga le preguntó


—¿No dices nada?

—Como ha dicho Erica tiene que volver para averiguar la verdad —

susurró antes de ir hacia la puerta—. Voy a acostarme un rato.

—Vanna…

Se volvió para mirar a su abuela que sonrió con ternura. —Sé que te

duele, pero si es lo mejor para él, debes tener paciencia.

—Lo sé, abuela. Erica me ha abierto los ojos y lo entiendo.

—¡Pues yo no entiendo nada! —protestó Lily antes de fulminar a


Rick con la mirada—. Oye, a mí con jueguecitos no, ¿eh? ¡A mí las cosas
claras!

—Sí, preciosa —dijo divertido—. Ya sé que contigo tengo que ir al


grano.

Se sonrojó de gusto antes de soltar una risita. —Serás malo.

Sonrió alejándose y empezó a subir las escaleras. Algo en su interior


se retorció y se detuvo ante una foto de Erica recogiendo su primer Óscar
treinta años antes. Le parecía increíble lo importante que había llegado a ser

en su vida. Sobre todo en esas últimas dos semanas en las que habían
hablado tanto y habían llegado a conocerse tan bien. Si se fuera dejaría un
gran vacío. Se apartó de la foto. No, se pondría bien, tenía que ponerse bien

y sería la madrina de su boda como le había dicho.

El primer día de vuelta al rodaje había una atmósfera muy distinta.

Los técnicos estaban mucho más relajados y el ambiente era alegre y


distendido, pero ella estaba más nerviosa que en toda su vida porque ese día
le vería de nuevo y rodarían la escena en la que se escapaban juntos. Salió
de su camerino ya preparada con su camisón y su largo cabello suelto y allí

estaba Tad ante el carrito vestido con un traje negro. Se enderezó al verla y
se quedaron en silencio. —¿Cómo estás? —preguntó él.

—Bien, ¿y tú?

—Tenía que irme.

—Lo sé —dijo mirándole a los ojos.

Incómodo apartó la mirada y se pasó la mano por la nuca. —Siento


no haber estado aquí cuando Erica…

—No pasa nada, Tad.

—¡Joder, no me hables así!

—¿Así cómo?

—¡Como si me comprendieras! ¡Porque no comprendes nada!


—Claro que te comprendo.

—¿Sí?

—¡Me quieres y no quieres aceptarlo!

Parpadeó como si le hubiera dado la sorpresa de su vida. —¿Pero de

dónde te has sacado eso?

—Uy, uy que esto va para largo y tenemos que trabajar —dijo yendo

hacia el carrito.

La miró asombrado. —¿Te vas?

—Mira, ya he esperado dos meses a que tuvieras las ideas claras,


pero al parecer todavía no te has decidido y yo tengo trabajo. —Molesto se
sentó a su lado. —Tienes el tuyo atrás.

—¡Nos sigue! Así que es más importante el trabajo que yo.

—Hala, ya lo tergiversamos todo a nuestra conveniencia. —Le


fulminó con la mirada. —Intento tener paciencia, pero se me está acabando.

—Eso es evidente. ¡Al parecer tu amor tiene ciertos límites!

—¿Cuándo te he dicho yo que te quería, eh?

Él levantó una ceja. —Nena, eso es evidente.

—Ah, ¿sí? ¡Pues tú me quieres a mí!

—Sí, sé que estás convencida de ello.


Jadeó indignada. —¡Admítelo!

—Más quisieras —dijo divertido.

Eso sí que la cabreó y le agarró de la oreja con saña. —¡Admítelo!

—¡Ay, joder Vanna!

—¡Ya puedes quererme porque si no mi abuelo te hará una visita! —

Su risa le cortó el aliento y él la miró a los ojos perdiendo la sonrisa de


golpe porque Vanna estaba al borde de las lágrimas. —¿Cómo puedes reírte
después de lo que has hecho?

—Nena…

Saltó del carrito antes de que pudiera evitarlo y corrió hacia el set de
rodaje, pero él consiguió cogerla del brazo y volverla. —Lo siento preciosa,
yo… —No queriendo escucharle más logró soltarse, pero él la agarró de

nuevo volviéndola y la abrazó pegándola a su torso. Vanna sintiéndose


impotente sollozó sobre su pecho. —Perdóname, soy un estúpido, nena…
Cuando dijiste que te amaba sentí pánico a que fuera cierto y tienes razón,
tuve que alejarme. Sentí que lo nuestro era un espejismo, un sueño del que

me despertaría y del que no quedaría nada. —A Vanna se le cortó el aliento


levantando la vista hacia él casi con miedo—. Pero no he podido olvidarte,
siempre estás en mis pensamientos y ya no puedo más. Porque en sueños no
puedo tocarte, no puedo besarte ni abrazarte y quiero hacerlo el resto de mi
vida, nena. Si algo me ha dejado claro este tiempo separados es que
necesito sentirte.

—¿De veras? —susurró antes de meterle un rodillazo entre las


piernas—. ¡Pues siente esto!

Él gimió cayendo de rodillas. —Dos meses —dijo rabiosa—. Dos


meses y ni una maldita llamada, ¿y cuando me ves te ríes de mí? —le gritó

a la cara—. ¡Qué te den! —Caminó hacia el estudio, pero de repente se


volvió señalándole con el dedo. —¡Ya tendrás noticias de mi abogado!

—¿Qué?

—¡Ahora me has cabreado! Por cierto, tengo que decirte algo que sí
te va a aterrar… ¡Estoy embarazada! ¡Felicidades, vas a ser papá! —gritó
con cara de loca antes de caminar hasta la nave y abrir la puerta de mala
manera haciéndola chocar contra la pared.

—Joder. —Tad levantó la vista hacia ella para verla paralizada aún
con el brazo extendido. —Nena… —A toda prisa se arrodilló como pudo.

—¿Tad? —El miedo en su voz era evidente y entonces escuchó un

gruñido.

Se puso en guardia. —Vanna, te has equivocado de nave. Esa es la


caseta de los perros que vigilan el estudio. Camina hacia atrás lentamente,
no dejes de mirarles.
Aterrada no hubiera podido dejar de mirar esos ojos negros y dio un
paso hacia atrás al ver cómo le enseñaban los dientes. Al dar el paso atrás
mostró a los dos dóbermanns que caminaban hacia ella de manera

realmente agresiva. —No corras —dijo él suavemente—. Ni grites.

Ellos se acercaron aún más y gruñeron de nuevo. Tad silbó haciendo

que ambos le miraran. —Muy bien, pequeños. Venid —dijo con autoridad.
Se agachó extendiendo la mano —¡Venid aquí! —ordenó y ambos se
acercaron.

Pálida de miedo vio como le lamían la mano y en ese momento


llegó un hombre de seguridad corriendo. —¡Pet, Pot! —Los perros

corrieron hacia él y les agarró del collar. —Lo siento mucho, creí que había
cerrado.

Tad le fulminó con la mirada, —¿Sabes lo que podría haber pasado?


—siseó—. ¿Lo sabes?

Se sonrojó. —Lo siento mucho.

—Hablaré con Rick de esto —dijo furioso antes de coger a Vanna


en brazos que parecía que no reaccionaba.

—¿Se encuentra bien?

—Claro que se pondrá bien —dijo preocupado—. ¿Verdad, nena?


Vanna estás muy pálida. Vamos preciosa, dime algo.
Ella le abrazó con fuerza del cuello y se echó a llorar haciéndole
suspirar del alivio. —Ya ha pasado. —La besó en la sien. —Y no volverá a
pasar, eso te lo prometo.

—Les has llamado, podían haberte atacado a ti.

—Es lo que pretendía, nena. —Sin aliento se apartó de él para mirar

sus ojos. —Cualquier herida que pudieran hacerme no sería nada si tú estás
a salvo.

—¿Y eso no es amor?

Besó suavemente sus labios. —Si amarte es sentir que eres lo más
importante de mi vida, si es sufrir pavor porque te pase algo y ser
inmensamente feliz cuando estás a mi lado, sí nena, te amo más que a mi
vida. —Besó sus labios de nuevo. —Y tener un hijo juntos será como rozar

el cielo.

—Te amo tanto… Es una sensación que da vértigo, ¿verdad?

—Y lo superaremos juntos, porque esto que siento por ti lo puede

todo.

 
 

Epílogo
 

La música inundó el escenario y emocionada caminó hasta el centro


mientras el público aplaudía viendo imágenes de toda la carrera de Erica en

la pantalla. Vestida con un impresionante vestido negro se acercó al atril


donde el Óscar la esperaba y respiró hondo intentando contener las

lágrimas. Cuando el público se calmó dijo —Una gran mujer me dijo una
vez que para ser buena actriz había que sentir exactamente lo mismo que se

interpretaba para reflejarlo en la pantalla. Expresar el dolor, la alegría y la


tristeza con la mirada sacando de las entrañas mis propias vivencias. De

manera totalmente desinteresada puso su empeño en enseñarme todo lo que

sabía y los ratos juntas son momentos que no podré olvidar jamás. Eso me

convirtió en mejor actriz y me permitió conocer a una gran persona. Esa


mujer a la que no podré olvidar nunca era Erica Rivers. —El público

aplaudió y emocionada miró a su marido sentado en primera fila que la

animó con la mirada. —Me enseñó mil cosas de la vida como proteger a los
seres amados y ser compresivo con los errores —dijo sonriendo a Howard

antes de mirar de nuevo a su marido. —Me enseñó a no cerrarme al amor, a

reconocer mis sentimientos y a ser paciente con la persona amada. Y me

enseñó a amar mi profesión. Por eso y por mucho más le estaré eternamente

agradecida. —El público volvió a aplaudir interrumpiéndola. —Pero Erica


Rivers no solo nos dejó sus sabios consejos, nos ha regalado una brillante y

dilatada carrera por la que es y será para siempre una estrella. —Se volvió y

la pantalla mostró la última escena de Erica totalmente desquiciada y por la

que acababa de recibir el Óscar a la mejor actriz secundaria. Cuando la

escena terminó se limpió las lágrimas diciendo al público —Esta noche el


Óscar honorífico de la academia es para la ganadora de cuatro Óscar y

protagonista de setenta y cuatro películas… Erica Rivers.

La banda sonora de Elizabeth Bilford se escuchó poniéndole un

nudo en la garganta. Carl muy emocionado se acercaba a ella mientras el

público se levantaba para aplaudir en señal de respeto. Sin retener las

lágrimas le entregó el Óscar y él la besó en la mejilla. —Gracias, ha sido

precioso —susurró antes de acercarse al micrófono. Miró el Óscar y apretó

los labios—. Poca gente sabía que éramos familia y la estrecha relación que

me unía a ella. Carl si quieres triunfar debes hacerlo por ti mismo, hijo. —
Sonrió con tristeza. —Y lo conseguí, lo que se convirtió en un orgullo para

ella y presumía de que había heredado su talento. Eso es imposible. Hay


personas que son únicas y Erica Rivers era una de ellas. —El público

aplaudió mientras Carl la miraba a ella y decía al micro —Como tú.

Negó con la cabeza haciéndole sonreír aún más mientras continuaba

—Tía desde donde estés quiero que sepas que te quería como a una madre y

que siempre estarás conmigo. Y quiero dar las gracias en su nombre por

este reconocimiento. —Rio por lo bajo metiendo la mano dentro del

esmoquin y sacando una hoja. —Reconocimiento que sabía que llegaría, así

que escribió unas palabras. —Todo el mundo se quedó en silencio mientras

Vanna expectante escuchaba. —¿Me habéis dado el Óscar por mi papel de


loca? —El público rio. —Más os vale porque es mi mejor interpretación —

leyó divertido—. Carl querido, si a la niña no le dan el Óscar por el papel

protagonista dale este. Eso la motivará a seguir adelante. —Impresionada

vio que Carl le tendía el premio mientras miraba de nuevo el papel. —Sigue

adelante. Que este sea el primer premio de muchos, Vanna. Sé que los

conseguirás.

El público aplaudió mientras sollozaba cogiendo el premio con

delicadeza antes de abrazar a Carl. —Gracias.

—Tenían que habértelo dado a ti —susurró antes de apartarse.

Al mirar aún impresionada a su marido este sonrió sin dejar de

aplaudir y se acercó al micro. —Este es un ejemplo de su generosidad y me

siento realmente honrada. Muchas gracias, Erica, nunca te olvidaré.


Salió con Carl del escenario y entregó el premio para que lo

grabaran. Sintió que alguien la cogía de la cintura y se volvió para abrazar a

su marido. —Has estado increíble, cielo. Tu abuela está muy orgullosa.

Le miró a los ojos. —Yo no he hecho nada. ¿Has llamado a la

niñera?

Él divertido sacó el móvil mostrando al abuelo con las gemelas en

las rodillas y con Sarah detrás sin quitarle ojo. Había un mensaje debajo. —

Lo estamos viendo en directo. Ánimo que será el año que viene. Me lo

mandó hace diez minutos —dijo antes de besarla en la sien—. Están bien,

disfrutemos de la noche. —Besó sus labios. —Nuestra noche. Hemos

trabajado mucho para esto.

Acarició su nuca mirándole enamorada. —¿Cómo se siente al ganar

un Óscar, señor Newman?

Hizo una mueca antes de decir —Me hubiera gustado más que te lo

hubieran dado a ti.

Se le cortó el aliento viendo en sus ojos que hablaba totalmente en

serio, lo que demostraba que la amaba por encima de sí mismo. —Yo ya

tengo mi premio, mi amor. El mejor de todos. Te tengo a ti.

 
FIN

Sophie Saint Rose es una prolífica escritora que lleva varios años

publicando en Amazon. Todos sus libros han sido Best Sellers en su

categoría y tiene entre sus éxitos:

1-                     Vilox (Fantasía)

2-                     Brujas Valerie (Fantasía)

3-                     Brujas Tessa (Fantasía)


4-                     Elizabeth Bilford (Serie época)

5-                     Planes de Boda (Serie oficina)

6-                     Que gane el mejor (Serie Australia)

7-                     La consentida de la reina (Serie época)

8-                     Inseguro amor (Serie oficina)

9-                     Hasta mi último aliento

10-               Demándame si puedes

11-               Condenada por tu amor (Serie época)

12-               El amor no se compra

13-               Peligroso amor

14-               Una bala al corazón


15-                            Haz que te ame (Fantasía escocesa) Viaje en el

tiempo.

16-               Te casarás conmigo

17-               Huir del amor (Serie oficina)

18-               Insufrible amor

19-               A tu lado puedo ser feliz

20-               No puede ser para mí. (Serie oficina)

21-               No me amas como quiero (Serie época)

22-               Amor por destino (Serie Texas)

23-               Para siempre, mi amor.

24-               No me hagas daño, amor (Serie oficina)

25-               Mi mariposa (Fantasía)

26-               Esa no soy yo

27-               Confía en el amor

28-               Te odiaré toda la vida

29-               Juramento de amor (Serie época)

30-               Otra vida contigo

31-               Dejaré de esconderme


32-               La culpa es tuya

33-               Mi torturador (Serie oficina) 

34-               Me faltabas tú
35-               Negociemos (Serie oficina)

36-               El heredero (Serie época)

37-               Un amor que sorprende

38-               La caza (Fantasía)

39-               A tres pasos de ti (Serie Vecinos)

40-               No busco marido

41-               Diseña mi amor

42-               Tú eres mi estrella


43-               No te dejaría escapar

44-               No puedo alejarme de ti (Serie época)


45-               ¿Nunca? Jamás

46-               Busca la felicidad


47-               Cuéntame más (Serie Australia)

48-               La joya del Yukón


49-               Confía en mí (Serie época)

50-               Mi matrioska
51-               Nadie nos separará jamás

52-               Mi princesa vikinga (Serie Vikingos)


53-               Mi acosadora
54-               La portavoz

55-               Mi refugio
56-               Todo por la familia
57-               Te avergüenzas de mí

58-               Te necesito en mi vida (Serie época)


59-               ¿Qué haría sin ti?

60-               Sólo mía


61-               Madre de mentira

62-               Entrega certificada


63-               Tú me haces feliz (Serie época)
64-               Lo nuestro es único

65-               La ayudante perfecta (Serie oficina)


66-               Dueña de tu sangre (Fantasía)

67-               Por una mentira


68-               Vuelve

69-               La Reina de mi corazón


70-               No soy de nadie (Serie escocesa)

71-               Estaré ahí


72-               Dime que me perdonas

73-               Me das la felicidad


74-               Firma aquí

75-               Vilox II (Fantasía)


76-               Una moneda por tu corazón (Serie época)
77-               Una noticia estupenda.
78-               Lucharé por los dos.

79-               Lady Johanna. (Serie Época)


80-               Podrías hacerlo mejor.

81-               Un lugar al que escapar (Serie Australia)


82-               Todo por ti.

83-               Soy lo que necesita. (Serie oficina)


84-               Sin mentiras

85-               No más secretos (Serie fantasía)


86-               El hombre perfecto

87-               Mi sombra (Serie medieval)


88-               Vuelves loco mi corazón

89-               Me lo has dado todo


90-               Por encima de todo

91-               Lady Corianne (Serie época)


92-               Déjame compartir tu vida (Series vecinos)
93-               Róbame el corazón

94-               Lo sé, mi amor


95-               Barreras del pasado

96-               Cada día más


97-               Miedo a perderte
98-               No te merezco (Serie época)

99-               Protégeme (Serie oficina)


100-          No puedo fiarme de ti.

101-          Las pruebas del amor


102-          Vilox III (Fantasía)

103-          Vilox (Recopilatorio) (Fantasía)


104-          Retráctate (Serie Texas)
105-          Por orgullo

106-          Lady Emily (Serie época)


107-          A sus órdenes

108-          Un buen negocio (Serie oficina)


109-          Mi alfa (Serie Fantasía)

110-          Lecciones del amor (Serie Texas)


111-          Yo lo quiero todo

112-          La elegida (Fantasía medieval)


113-          Dudo si te quiero (Serie oficina)

114-          Con solo una mirada (Serie época)


115-          La aventura de mi vida

116-          Tú eres mi sueño


117-          Has cambiado mi vida (Serie Australia)

118-          Hija de la luna (Serie Brujas Medieval)


119-          Sólo con estar a mi lado

120-          Tienes que entenderlo


121-          No puedo pedir más (Serie oficina)

122-          Desterrada (Serie vikingos)


123-          Tu corazón te lo dirá

124-          Brujas III (Mara) (Fantasía)


125-          Tenías que ser tú (Serie Montana)

126-          Dragón Dorado (Serie época)


127-          No cambies por mí, amor

128-          Ódiame mañana


129-          Demuéstrame que me quieres (Serie oficina)

130-          Demuéstrame que me quieres 2 (Serie oficina)


131-          No quiero amarte (Serie época)

132-          El juego del amor.


133-          Yo también tengo mi orgullo (Serie Texas)
134-          Una segunda oportunidad a tu lado (Serie Montana)

135-          Deja de huir, mi amor (Serie época)


136-          Por nuestro bien.

137-          Eres parte de mí (Serie oficina)


138-          Fue una suerte encontrarte (Serie escocesa)

139-          Renunciaré a ti.


140-          Nunca creí ser tan feliz (Serie Texas)
141-          Eres lo mejor que me ha regalado la vida.

142-          Era el destino, jefe (Serie oficina)


143-          Lady Elyse (Serie época)
144-          Nada me importa más que tú.

145-          Jamás me olvidarás (Serie oficina)


146-          Me entregarás tu corazón (Serie Texas)

147-          Lo que tú desees de mí (Serie Vikingos)


148-          ¿Cómo te atreves a volver?

149-                  Prometido indeseado. Hermanas Laurens 1 (Serie


época)

150-                  Prometido deseado. Hermanas Laurens 2 (Serie


época)

151-          Me has enseñado lo que es el amor (Serie Montana)


152-          Tú no eres para mí

153-          Lo supe en cuanto le vi


154-          Sígueme, amor (Serie escocesa)

155-          Hasta que entres en razón (Serie Texas)


156-          Hasta que entres en razón 2 (Serie Texas)

157-          Me has dado la vida


158-          Por una casualidad del destino (Serie Las Vegas)
159-          Amor por destino 2 (Serie Texas)
160-          Más de lo que me esperaba (Serie oficina)

161-          Lo que fuera por ti (Serie Vecinos)


162-          Dulces sueños, milady (Serie Época)

163-          La vida que siempre he soñado


164-          Aprenderás, mi amor

165-          No vuelvas a herirme (Serie Vikingos)


166-          Mi mayor descubrimiento (Serie Texas)

167-          Brujas IV (Cristine) (Fantasía)


168-          Sólo he sido feliz a tu lado

169-          Mi protector
170-          No cambies nunca, preciosa (Serie Texas)

171-          Algún día me amarás (Serie época)


172-          Sé que será para siempre
173-          Hambrienta de amor
174-          No me apartes de ti (Serie oficina)

175-          Mi alma te esperaba (Serie Vikingos)


176-          Nada está bien si no estamos juntos
177-          Siempre tuyo (Serie Australia)
178-          El acuerdo (Serie oficina)

179-          El acuerdo 2 (Serie oficina)


180-          No quiero olvidarte
181-          Es una pena que me odies

182-          Si estás a mi lado (Serie época)


183-          Novia Bansley I (Serie Texas)
184-          Novia Bansley II (Serie Texas)
185-          Novia Bansley III (Serie Texas)
186-          Por un abrazo tuyo (Fantasía)

187-          La fortuna de tu amor (Serie Oficina)


188-          Me enfadas como ninguna (Serie Vikingos)
189-          Lo que fuera por ti 2
190-          ¿Te he fallado alguna vez?

191-          Él llena mi corazón


192-          Contigo llegó la felicidad (Serie época)
193-          No puedes ser real (Serie Texas)
194-          Cómplices (Serie oficina)

195-          Cómplices 2
196-          Sólo pido una oportunidad
197-          Vivo para ti (Serie Vikingos)
198-          Esto no se acaba aquí (Serie Australia)

199-          Un baile especial


200-          Un baile especial 2
201-          Tu vida acaba de empezar (Serie Texas)
202-          Lo siento, preciosa (Serie época)

203-          Tus ojos no mienten

Novelas Eli Jane Foster

1. Gold and Diamonds 1


2. Gold and Diamonds 2
3. Gold and Diamonds 3
4. Gold and Diamonds 4

5. No cambiaría nunca
6. Lo que me haces sentir

Orden de serie época de los amigos de los Stradford, aunque se


pueden leer de manera independiente

1. Elizabeth Bilford
2. Lady Johanna

3. Con solo una mirada


4. Dragón Dorado
5. No te merezco

6. Deja de huir, mi amor


7. La consentida de la Reina
8. Lady Emily
9. Condenada por tu amor
10. Juramento de amor

11. Una moneda por tu corazón


12. Lady Corianne
13. No quiero amarte
14. Lady Elyse

También puedes seguirla en las redes sociales y conocer todas las


novedades sobre próximas publicaciones.

También podría gustarte