Eje de la ESI: Ejercer nuestros Derechos
Este eje pone en evidencia que niñas, niños y adolescentes son sujetos de derecho con plena
capacidad para participar, hacer oír su voz y no sufrir ningún tipo de discriminación, y considera a
las personas adultas y al Estado como garantes de sus derechos. De este modo se profundizan los
otros derechos que acompañan a la ESI:
Derecho a recibir información científicamente validada para cuidar el propio cuerpo y
adoptar conductas responsables y solidarias en relación con los otros y las otras.
Derecho a habitar instituciones educativas donde se respete por igual a todas las
personas, sin estereotipos de género.
Derecho a vivir sin violencia.
Derecho a vivir libremente la sexualidad sin sufrir ningún tipo de discriminación por
orientación sexual.
Derecho a expresar las emociones y los sentimientos.
Derecho a contar con adultos responsables que puedan acompañarlos y orientarlos en
situaciones de maltrato o abuso.
La ley 26150 comienza haciendo expresa referencia a un derecho, el de todos los educandos a
recibir Educación Sexual Integral. Este derecho no constituye un hecho aislado sino que se inscribe
en un marco de políticas públicas relacionadas con la inclusión y la equidad que la Argentina posee
y promueve.
Es importante remarcar que todos los adultos tenemos algún tipo de incidencia en el
cumplimiento de los derechos de la infancia.
Este enfoque basado en pensar a las personas como sujetos de derecho busca fomentar la
participación activa de los/as estudiantes y sus familias en un clima de diálogo permanente que
garantice la búsqueda de consenso y el respeto por las creencias propias y ajenas, sin eludir el
abordaje de las tensiones que puedan presentarse. Las familias de los alumnos y alumnas no
aparecen como destinatarios secundarios de las acciones, sino como interlocutores genuinos. De
Eje de la ESI: Ejercer nuestros Derechos
hecho, la Ley 26.150 los incluye como portadores de derechos y responsabilidades en la educación
de sus hijos. La ESI se hace con las familias. También las y los docentes son reconocidos como
sujetos de derecho en su identidad profesional. Ellos son los principales actores de la ESI;
funcionan como interlocutores privilegiados para enseñar y acompañar a los alumnos/as, y al
mismo tiempo se les reconoce el derecho a recibir la debida capacitación y a contar con el apoyo
de otros profesionales.
La relación entre personas adultas y niñas, niños y adolescentes siempre es asimétrica y conlleva la
construcción de lugares de autoridad desde el respeto por los derechos de todas las partes.
Muchas veces escuchamos en los discursos mediáticos –y también en las escuelas– que esta forma
de entender los derechos ha desvalorizado el rol de los adultos y que, a causa de eso, las niñas,
niños y adolescentes no respetan a sus docentes ni a sus familias. No es así. Por el contrario, esta
perspectiva de derechos permite construir vínculos distintos con el pasaje de una cultura de
control, disciplinamiento y cumplimiento del deber a una cultura del cuidado y el respeto. Esto
implica tomar en cuenta a las niñas, niños y adolescentes en la construcción de las normas de
convivencia, favorecer el diálogo y la escucha, y establecer sanciones que no vulneren sus
derechos.
Lo importante:
Pensar que la ESI no es un hecho aislado, sino que se inscribe en un marco de políticas
públicas relacionadas con la inclusión, la igualdad y el ejercicio de los derechos humanos.
Propiciar el enfoque en los derechos vinculados con las infancias y las adolescencias.
Rescatar el papel fundamental del docente y de todo el personal de la escuela como
garantes de los derechos de niñas, niños y adolescentes.
Generar las condiciones institucionales para el efectivo cumplimiento de los derechos
tanto de niñas, niños y adolescentes como del personal docente y de toda persona adulta
que integre la comunidad educativa.
Promover aprendizajes vinculados con la defensa y el ejercicio de los derechos.
Generar condiciones de escucha, contención y articulación intersectorial para la asistencia
a los niños, las niñas y adolescentes ante situaciones de vulneración de derechos o ante
situaciones que implican imposibilidad para el ejercicio de derechos.
Promover prácticas de autoprotección y protección hacia los otros y las otras para
identificar y denunciar situaciones de maltrato o abuso, apuntando a construir formas
colectivas de cuidado.
Promover la igualdad de trato entre varones y mujeres.
Afianzar los vínculos entre docentes y alumnos/as para lograr un clima de confianza y de
escucha sobre la base del reconocimiento de las condiciones necesarias para la circulación
de la palabra.
Eje de la ESI: Ejercer nuestros Derechos
Fuente: Educación sexual integral. Guía básica para trabajar en la escuela y en la familia. Leandro
Cahn y otros. Editorial Siglo XXI.