Jock Reign
Jock Reign
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Moderación
LizC
Traducción
LizC y Lyla
LizC y Vickyra
Diseño
Larissa
3
4
Jack Dryden-Jones es fácilmente el peor jugador de rugby en el campo;
cuando se muda a Estados Unidos para seguir los pasos de su hermano, no tiene idea
de cómo odiaría el juego. Es tan horrible que considera fingir una lesión para dejar el
juego.
Jack es un caballero ingenioso y amante de los cómics, no un atleta.
Jack y Eliza son dos de los buenos; hará falta un milagro para mantenerlos
separados.
Jock Hard #5
5
El amor es compartir tus palomitas de maíz.
– Charles Schultz
6
Jack
Cosas que he hecho en el último mes que no son típicas para mí:
1. Rompí con mi novia de mucho tiempo, Caroline, a quien todos pensaban que
le propondría matrimonio.
2. Decidí volver a la universidad en lugar de tomarme un año sabático.
Ah, ¿y mencioné empacar mis pertenencias, guardarlas, subarrendar el
apartamento que mis padres estaban financiando y mudarme al otro lado del mundo?
Sí. Hice todo eso.
No me arrepiento de haber terminado con Caroline: tardé mucho en llegar ahí,
y es algo que he querido durante mucho tiempo; simplemente no tenía la motivación
para hacerlo.
Era mandona, remilgada y controladora, y nuestra relación se había convertido
en una sociedad estresante, nada divertida y sin sexo. Claro, nos veíamos muy bien
parados uno al lado del otro, pero a puerta cerrada era una historia diferente.
No podía ser yo mismo, no era feliz y ciertamente no quería ser la persona en
la que me estaba convirtiendo cuando estaba con ella:
Un cabrón miserable.
Bien. Ya no es un problema porque no solo hemos terminado, no puede
aparecer inesperadamente para hacerme cambiar de opinión.
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Esos días han terminado.
Ninguna cantidad de servilismo o la promesa de sexo caliente podría hacer que
me quedara con Caroline, quien estaba conmigo solo por mi apellido y el deseo de
hacerlo suyo.
¿Sexo caliente?
¿Desde cuándo?
Caroline odiaba el sexo en la mayoría de sus formas, por lo tanto, rara vez lo
teníamos, a menos, por supuesto, que fuera una ocasión especial, como mi
cumpleaños o el Desfile del Estandarte, un día que le encantaba celebrar.
Maldita sea Caroline… ahora está en mi pasado, y estoy feliz por ello.
Ya he estado en los Estados Unidos unas semanas y me encanta.
Me encanta la comida, absolutamente deliciosa y poco saludable.
Me encantan los estudiantes, los profesores y esta ciudad universitaria que es
enorme pero pequeña con su población diversa; mucho que hacer, ver y comer.
Un montón de fiestas los fines de semana.
Estoy al frente y al centro en una fiesta actualmente, una fiesta de otoño en la
Casa del Rugby, un deporte que no comenzarán a jugar hasta la primavera pero que
aún practican en las instalaciones cubiertas. Siempre he sido una mierda en el juego,
pero los muchachos aquí están decididos a reclutarme.
Mi hermano Ashley jugó aquí, y quieren que también juegue.
Puedo parecerme a mi hermano, y ser tan grande como él… pero no juego al
rugby como mi hermano.
Nunca tuve la oportunidad de ser bueno, otro obstáculo de mi relación con
Caroline: nunca quiso un novio magullado o golpeado en la polla. Tolerancia cero con
las lesiones o el tiempo que duran las prácticas; lo quería todo para ella.
Por lo tanto, soy mayormente una mierda en los deportes.
No es por falta de ganas, sino sobre todo por vacilar por vergüenza: mis amigos
nuevos no necesitan descubrir antes de tiempo que soy una mierda.
La práctica comienza mañana, y estoy arrastrando los pies.
Estudiando.
Viendo videos en línea y leyendo las reglas, aprendiéndolas o al menos
intentándolo. 8
Lo que sea.
Hago lo que tengo que hacer; necesito un grupo de amigos cercanos mientras
estoy aquí; me han respaldado desde el día que aterricé en los Estados Unidos, y no
voy a arruinar esto siendo un fracaso total.
Levanto un vaso de cerveza a mi boca, bebiendo la espuma.
Resoplo con una mueca.
No es una Guinness o una Stella, pero servirá, esto no es una reunión social
con sangre azul de alta cuna.
—Oye, Jackie, ¿estás listo para el gran día de mañana? Se parece mucho al
primer día de clases, ¿eh? —Uno de los chicos del equipo de rugby me da una palmada
en el hombro, y me da un apretón de conmiseración.
—No puedo esperar —miento, una bola formándose en la boca de mi
estómago.
—Los chicos y yo hablábamos de lo emocionados que estamos de ver al
hermano de Ashley Jones en acción. Tan jodidamente emocionado, amigo.
Es Dryden-Jones, no Jones, pero eso no es ni aquí ni allá.
—Vamos a matar esta temporada. —Levanta la mano para que pueda chocarle
los cinco y lo hago, aunque débilmente.
—Baja las expectativas. —Me rio.
—Vamos, no seas modesto… —bromea, ajeno a la ansiedad rugiendo dentro
de mi cuerpo.
—Amigo, no estoy siendo modesto. —Emito otra risa—. No distinguiría un
scrum de un agujero en mi trasero.
Phillip se ríe fuerte y exuberantemente cuando algunas chicas se acercan:
rubias, sencillas y sonrientes, dientes blancos contra su piel bronceada con espray.
Probablemente usando extensiones. Pestañas postizas.
Tetas grandes.
El tipo habitual que pasa el rato en estas fiestas.
He estado antes en fiestas, claro, pero nada como esto.
Pasé años haciendo lo del “Londres Subterráneo”: fiestas secretas y clubes de
baile alimentados por y para los ricos y famosos. 9
Lista larga de jugadores ilustres, Lista larga de jugadores ilustres… dilo tres
veces más.
Apenas puedo creer que Phil haya dicho esas palabras sin tropezar.
—Hola, señoritas. —Sonrío, ansioso por conocerlas, la lujuria y la atracción
tirando de mi boca de oreja a oreja.
—Dios mío, Paige —jadea una, agarrando el brazo de su amiga—. Es
australiano.
Oh, Señor.
—De hecho, británico.
¿Pero honestamente? Su coeficiente intelectual me importa poco.
Hay a montones de Paige y sus amigas por aquí, iguales que todas las demás,
siempre queriendo algo. Cuando me mudé aquí pensé que viviría la vida loca mientras
soy joven. Follaría cualquier cosa que se mueva. Rascaría mi picazón y tendría citas
casuales en mi camino por el campus, sin perder tiempo en el proceso.
Eso nunca sucedió.
Lo intenté; oh, lo intenté. De hecho, el fin de semana pasado, besuqueándome
con esta morena hermosa en una fiesta, charlando con ella, haciendo todo lo posible
para excitarme. Agitando el agujero hueco que pensé que el sexo casual podría llenar.
Sin juego de palabras.
Ni siquiera habíamos regresado a su casa cuando me di cuenta de que no podía
hacerlo. Necesitaba saber más de ella; sentimientos y toda esa maldita mierda
inconveniente que se interpone en mi camino.
Me estoy interponiendo en mi propio camino para conseguir orgasmos.
—Espera —dice la que se llama Paige—. ¿Eres el chico británico de la realeza?
—¿Soy el qué?
Sé lo que quiere decir, solo quiero escucharla decirlo. La torpeza nunca
importuna.
—Rayos, ¿cómo se dice? ¿Sangre azul? —Inclina la cabeza para
concentrarse—. Maldita sea, ¿cómo llaman a eso? Aris… ¿la aristocrala?
—¿Aristocracia? 11
—¡Eso es! —chilla con una risita y aplaude—. ¿Eres un conde o algo así?
¿Qué mierda?
No.
¿De dónde sacan estas cosas?
—Bueno —empiezo una explicación que he dado no menos de cien veces
desde que me mudé aquí—. Mi padre es un barón, pero mi hermano es el que hereda
el título; se mudó al Reino Unido hace unos meses.
Él se fue, yo vine.
Misma casa, mismo casero, mismos muebles.
¿Única diferencia? Tengo cero compañeros de piso. Él tenía uno, y era una ella,
y se casó con ella.
—Entonces, ¿no vas a ser un conde?
—Así no es cómo funciona. No puedes ser conde a menos que heredes un
condado, y no puedes convertirte en conde si tu padre es barón. O si eres el segundo
hijo.
La chica baja la cabeza.
—Ah. Eso es tan triste.
Su discurso es mucho más apropiado para un funeral o, digamos, para alguien
que está reprobando un curso de nivel universitario que lo que uno normalmente diría
después de que acaba de descubrir que un hombre no está listo para heredar un título.
Estas chicas estadounidense nunca dejan de divertirme.
—¿Esto significa que no querrías salir conmigo? —Me rio, ya sabiendo la
respuesta: por supuesto que aún querría salir conmigo, soy el producto más atractivo
que este campus ha visto en meses, si no cuentas a mi hermano Ashley honrándolo
con su presencia.
Título o no, sigo siendo británico, sigo teniendo acento, sigo siendo grande,
musculoso y fornido.
Aparentemente, a las señoritas en Estados Unidos les encanta esa mierda.
—¿Me estás pidiendo una cita? —pregunta la más rubia de las dos, retorciendo
un mechón de sus cabellos largos alrededor de una uña rosada. 12
—Ni siquiera sé tu nombre.
—Es Kaylee —dice, enunciándolo despacio como si tuviera problemas de
audición o no hablara su idioma.
Auch.
—Soy Jack. —Extiendo una palma y ella extiende la suya, pero en lugar de
sacudirla, la levanto y planto un beso suave en el dorso de su mano.
Exhala un “Oh, Dios mío” entrecortado y sé que la tengo enganchada. Kaylee
prácticamente se abanica con la mano libre, con los ojos vidriosos de amor a primera
vista.
Si su expresión fuera un emoji, serían el de ojos de corazón.
Me sorprende que no le salga baba por un lado de su boca rosada y llena de
pucheros.
Masilla en mis manos.
—¿De qué año eres? —me pregunta Kaylee, aun mirando el dorso de su mano
donde la besé.
—De hecho, soy estudiante de primer año. Un comienzo nuevo.
Algo así.
Tomé algunos cursos en casa, pero en su mayoría tomé un año sabático
temprano, sin saber lo que quería hacer. Trabajando para papá como Ashley, o siendo
más independiente.
Además, no está de más tener cuatro años más para decidir, ¿verdad?
—Soy estudiante de segundo año —me dice—. ¿Cuántos años tienes?
—Veintiuno. —Lo suficientemente mayor como para tomar cerveza
legalmente aquí.
—¡Ah, yo también! —Está demasiado entusiasmada con nuestra edad
compartida—. Soy animadora.
—Juego rugby.
Algo así.
Er, en realidad no, pero voy a intentarlo.
—Eso es tan sexy. —Kaylee tiene sus manos en mi antebrazo ahora (sí, ambas) 13
apretando los músculos allí como si inspeccionara su tamaño. Estoy en buena forma,
a pesar de que no hago ejercicio regularmente, solo comencé a hacerlo por la presión
de mis compañeros.
Cuando en Roma, por así decirlo.
—Eres fuerte.
—¿Gracias? —Quiero decir, ¿qué más hay que decir? Soy fuerte, pero no lo
soy, en realidad no. Grande y fornido por nacimiento, no por esfuerzo.
Aun así, aceptaré el cumplido.
—Eres linda —le digo y observo con satisfacción cuando su rostro se sonroja
un poco.
Kaylee es una coqueta consumada, no pierde el tiempo en reclamarme para
pasar la noche, su mano envuelve mi brazo, sus uñas se hunden en la piel allí, un
recordatorio sutil de que puede que no sea tan inocente y dulce como parece.
—¿Has tenido alguna cita desde que estás aquí?
—De hecho, no.
—¿Y no estás viendo a nadie ahora?
¿Dejaría que me toqueteara así si lo hiciese? Por favor, dale algo de crédito a
un tipo. Si estuviera en una relación, nunca permitiría que una mujer me agarrara
como si estuviéramos a punto de hundirnos con el Titanic.
Coquetear, sí. ¿Contacto físico? No.
—No, no estoy viendo a nadie exclusivamente.
—¿Nadie en casa?
—Rompí con mi novia antes de mudarme.
—¿Tenías novia? ¿Por cuánto tiempo?
Una maldita eternidad.
Me encojo de hombros.
—No sé, ¿seis años?
Los ojos de Kaylee se salen de sus órbitas.
—¡Seis años! Santa mierda. —Su mano vuela a su boca cuando recuerda sus
modales—. Quiero decir… guau. ¿Por qué rompieron?
14
—Caroline era rígida.
—¿Una qué?
Una rígida.
—Aburrida. Reprimida. —Vacilo—. Era mala.
Mi nueva amiga rubia frunce los labios con desaprobación.
—Suena horrible.
Si esa es su suposición basada en esas tres cosas, bien. No estoy aquí para
discutir de una forma u otra sobre lo que constituye que una persona sea horrible.
—Está en el pasado. —Bajo la vista a la parte superior de la cabecita bonita de
Kaylee—. Solo tengo ojos en el futuro.
Ashley estaría vomitando en este momento, vomitando las palabras
empalagosas sobre mis costosas zapatillas personalizadas.
Pero esto la complace.
—Bien. —Ahora eres mío, parece decir su expresión, con la barbilla levantada
casi victoriosa mientras sus amigas observan.
Phillip y dos de mis otros compañeros de equipo, Levi y Booker, aparecen de
la nada, me hacen a un lado y sonríen alrededor del pequeño círculo de chicas.
Conocí a Levi y su amigo Booker a través de la Casa del Rugby el primer fin
de semana que estuve en la ciudad, conectándome con ellos en una fiesta. Compañeros
instantáneos.
—Íbamos a tener una reunión de equipo improvisada para hablar de mañana…
arreglar algunas cosas antes de que estemos en el campo para no perder el tiempo.
—¿Ahora? ¿Esta noche? —¿Estos tipos están locos? ¿Quién tiene una reunión
de equipo a las once en punto un fin de semana? ¿Quién?
—Necesitamos saber dónde poner a la gente. —Levi sujeta una palma gigante
en mi hombro.
Por cierto, ni él ni Booker me han visto lanzar una pelota de rugby y, por lo
tanto, asumen que soy bueno en el deporte, o al menos pasable. Me siento más cómodo
con la versión estadounidense del fútbol, pero eso no está en las cartas para mí,
¿cierto?
No.
15
Kaylee mira con interés, aún agarrando mi brazo como si fuera un salvavidas.
Es un poco extraño, pero como sea, nunca he entendido a las mujeres y probablemente
nunca lo haré. Las mujeres estadounidenses, quiero decir, las mujeres británicas son
más fáciles de entender. Las personas con las que crecí siempre fueron educadas y
equilibradas, su única intención era conseguir un marido con título, o uno de buena
familia, y tener familias. Impresionar a sus amigos. Vivir una vida tranquila con
niñeras, vacaciones y cosas por el estilo.
Las chicas estadounidense… quieren carreras, ser jefas y ser independientes.
Es refrescante, y estoy aquí por ello.
Es por eso que el agarre mortal de Kaylee en mi brazo me confunde. No
obstante, tengo la sensación de que será una fiera en la cama, y no voy a rechazar la
oportunidad porque sea pegajosa desde el principio.
Eso se arreglará solo.
—… echa a todos y haz que la reunión comience en media hora —dice Booker,
incluso mientras bebe una cerveza. De un vaso de plástico, algo a lo que aún no estoy
acostumbrado, el líquido ámbar desapareciendo con cada trago.
Se lame los labios.
—Jack, puedes liderar la sesión de ejercicio de primer año ya que eres del
mismo año, pero con mucha más experiencia.
¿Dirigir la sesión de ejercicio?
Jesucristo, tengo que salir de esto. No estoy en condiciones de liderar nada, y
mucho menos una reunión de estrategia de rugby.
¡Diablos, no!
—¿Están llamando a esta reunión solo porque se están alterando?
Kaylee se inclina.
—¿Están alterados? No parecen alterados.
—Alterados —digo, explicándome—. Bebidos. Borrachos.
Asiente.
—¡Aah! Eso tiene más sentido.
—No, estamos convocando a la reunión ahora porque todo el mundo parece
estar aquí. No creas que nos falta nadie para variar. ¡Es el momento perfecto! 16
De repente tengo una curiosidad insaciable. ¿Qué mujer joven se sienta un fin
de semana con un cuaderno en el regazo casi a la medianoche, viendo programas de
superhéroes de historietas en lugar de pasar la noche con sus amigos?
Sus ojos están medio en la pantalla, medio en el cuaderno que tiene en el
regazo, con el lápiz en la mano.
Está dibujando.
Mirando hacia arriba a la tele, luego hacia su libreta.
Tele.
Libreta.
—¿Estás dibujando a Hulk?
Niega con la cabeza.
—No.
—Entonces, ¿qué estás dibujando?
Soy como un niño regañado molestando a su madre.
Deja la libreta y levanta la cabeza, con los ojos fijos en mi cara. Espera
pacientemente a que termine de ser curioso. ¿Has terminado ahora?, parece decir su
mirada inteligente.
Asiento, sintiéndome como un cachorro castigado.
Fijo mi mirada de nuevo en la tele encima de la chimenea, y nos sentamos en
un silencio agradable y observamos cómo se desarrollan las escenas, Eliza inclinando
la cabeza hacia abajo de vez en cuando para garabatear en ese bloc suyo, y luego
mirando hacia la pantalla.
—¿Este es el original? —le pregunto.
—Sí.
—¿Cómo estás viendo esto?
—Pagué para eso.
—¿Pagaste por eso?
Suspira. 24
—Sí.
—¿Por qué?
Nunca había conocido a otra persona interesada en los cómics antiguos, y
mucho menos a una mujer a la que le gustaran. O tal vez me equivoque, y no le gusta.
Está pagando para ver una serie antigua ambientada en los años setenta,
maldito idiota, nadie hace eso a menos que ame esta mierda.
—¿Has visto otros?
Una vez más, Eliza deja de juguetear con su libreta, busca por encima de los
cojines del sofá y saca el control remoto. Lo apunta a la pantalla y pausa el programa.
Me mira fijamente.
De acuerdo.
Deja de hablar, Jack.
Dejo de hablar.
Quita la pausa a Hulk y vuelve a la vida, lleno de acción y de la vieja escuela,
todo cobrando vida en la gran pantalla plana sobre la chimenea.
Me hundo en el sofá a su lado y me pierdo en el espectáculo.
25
Eliza
Está bien.
Este chico es interesante.
No es una desviación completa de la norma de Kaylee, pero lo suficientemente
cerca como para diferenciarlo de la manada habitual de posibles admiradores.
No es raro que ella los tenga.
Admiradores, quiero decir.
Mi compañera de piso es rubia, menuda, alegre y dulce como una tarta de
manzana. Es una dulzura sincera que no se puede fingir; no estaría viviendo con ella
(con ninguna de ellas) si fuera una fachada.
Kaylee y Lilly a menudo son estereotipadas por su aspecto, sus actividades
extracurriculares y su forma de hablar. Coquetas, frívolas y burbujeantes, son
imágenes especulares entre sí y completamente incomprendidas.
Sumamente inteligentes.
Listas.
Casi siempre subestimadas.
Observo a Jack por el rabillo del ojo, fingiendo estar cautivada por lo que hay
en la televisión, pero mantengo cautelosamente mi distancia de este tipo.
No sé nada de él. 26
Crunch, crunch.
El tipo, Jack, mira por encima.
—¿Son patatas fritas?
Patatas fritas.
Tan maravillosamente británico.
—Sí, son patatas fritas. —Mastico otra, saboreando la crujiente rebanada
salada. Son un antojo que tengo una vez al mes, justo antes de que me venga la regla.
Papas fritas, chocolate.
Manzanas.
Manzanas bañadas en chocolate.
Me meto otra en la boca, el brazo colgando del sofá, la mano metida en la bolsa
arrugada descansando en el suelo junto a él.
—¿Puedo comer algunas? —Jack ya está inclinado sobre el sofá, con la mano
extendida y la palma levantada. Voy a dejarlas allí entonces, ¿así como así? ¿Mis
preciadas papas fritas, de las que solo me queda media bolsa?
Soy perezosa.
La idea de que se me acaben, querer más y tener que ir al supermercado me
pone nerviosa.
Aun así, no quiero ser grosera.
Es un invitado en nuestro país.
Saco un puñado pequeño, pero respetable, a regañadientes y lo coloco en su
palma expectante.
Kaylee se para junto al sofá, mirándonos a los dos y luego mirando la
televisión.
Cuando es obvio que su cita no va a ponerse de pie para unírsele a corto plazo
(su mirada está fija en Hulk), ella suspira y pasa al frente, sentándose en el centro.
Agarro la bolsa de papas fritas y se la ofrezco.
—¿Quieres un poco?
Declina. 29
Sabía que lo haría; Kaylee y Lilly no comen la misma comida chatarra que yo.
Tienen pesos que mantener para porristas. Lilly es una chica canasta (lo que significa
que la lanzan por los aires) y Kaylee es uno de los miembros del equipo que hace
todos los elegantes saltos mortales hacia atrás, volteretas y todas esas acrobacias
peligrosas.
—¿Por qué le ofreciste toda la bolsa cuando solo me ofreciste unas pocas? —
Jack mira a mi alrededor, luego a la bolsa de papas fritas.
¿Está hablando en serio?
Es difícil decirlo con ese acento elegante, la expresión educada y la camisa
polo que lleva puesta.
—Nos acabamos de conocer —digo, mirando hacia el sofá—. Esta es la única
bolsa que tengo. —Pausa—. Además, si te dejo tener toda la bolsa, probablemente te
la comas entera.
Considera esto.
—Ahora que lo mencionas, tengo bastante hambre.
Kaylee se anima.
—¿Podríamos ir a comer algo? ¿Una hamburguesa?
No hay forma de que vaya a comer una hamburguesa, especialmente a
medianoche. Pero es un amor, haciendo la oferta para hacer feliz a este chico… este
chico que apenas conoce.
Asumo.
Nunca lo he visto ni escuchado su nombre, así que supongo que se acaban de
conocer. Por otra parte, ¿qué sé yo?
Los ojos de Jack revolotean entre la televisión y Kaylee como si no pudiera
elegir entre los dos. Hulk, o la comida.
Hulk o Kaylee.
Qué hacer, qué hacer…
De hecho, me parece sorprendente que esté debatiendo sus opciones. Mi
compañera de piso es hermosa, linda y una muñeca total. ¿Este chico preferiría ver un
programa que pasar tiempo con ella?
No tiene sentido.
30
¿Qué hace aquí si no quiere acostarse con ella? ¿O besarse con ella? ¿O
conquistarla de alguna manera?
Sostengo la bolsa cerca de mi pecho; no pienso darle más.
Son mías, que vaya a buscar una maldita hamburguesa si tiene hambre.
La televisión, el sofá, la privacidad… pensé que todos serían míos esta noche.
No estaba planeando que mi compañera de piso atravesara la puerta antes de la hora
de acostarse con un chico a cuestas.
¡Por Dios! ¡Estoy prácticamente en pijama!
… No es que importe.
Es mi casa. No tengo a nadie a quien impresionar, y mucho menos a los
extraños que son traídos aquí en medio de la noche.
No están aquí por mí, y no organizo ninguna fiesta de pijamas propia, no de la
variedad mixta.
Tengo algunos amigos además de mis dos compañeras de piso que se sabe que
pasan la noche de vez en cuando (especialmente si ha habido alcohol), pero son de
casa y no vienen aquí a menudo.
Este chico, este “amigo” nuevo de Kaylee, se queda hasta que termina toda la
película y luego se levanta del sofá al final, estirándose ruidosamente. Montando un
espectáculo.
Irritada, pero sin quejarse, Kaylee lo sigue a la cocina.
Escucho mientras limpio el lugar en el que me estaba relajando, con un oído
atento a sus voces.
—¿Estás seguro de que no quieres pasar la noche? Ni siquiera hemos tenido la
oportunidad de hablar.
—Agradezco la oferta, pero estoy cansado y tengo que levantarme para la
práctica de mañana. Tendré que llegar temprano ya que me perdí la reunión de esta
noche.
Suena un poco estirado y formal.
—¡Oh, buu! —Mi compañera de piso hace pucheros. Me imagino su mano en
algún lugar de su pecho, acariciando ligeramente su camisa en un intento de atraerlo
para que se quede—. ¿Estás seguro?
—Teniendo en cuenta que te acabo de conocer esta noche, amor, estoy seguro 31
de que no debería pasar la noche.
Acabo de conocerte esta noche, amor…
La puerta trasera se abre, pero ambos siguen en la cocina.
No se demora; y ella está haciendo que sea imposible para él hacer una salida
amablemente.
¿Desde cuándo te preocupas por un chico al azar? Es su maldita culpa por
volver a casa con ella en primer lugar, ¿qué estaba esperando?
Por otra parte, no es normal que un chico salga de esta casa sin… no sé… al
menos tontear con Kaylee o hacer un movimiento con ella. Liarse, toqueteos, toda esa
canción y baile.
Una que normalmente tengo que escuchar a través de las paredes delgadas.
Le doy crédito a este tipo.
Al menos no la está usando.
Ella se está arrojando sobre él, y aun así quiere irse a casa después de ignorarla
para ver una película.
Tal vez no tiene internet en su casa. Tal vez no pueda permitirse alquilarlo por
su cuenta, y tal vez no tenga Netflix, por lo que no puede disfrutarlo en casa. Y
relajarse.
Dudoso.
Parece el tipo de chico de clase alta que juega al polo los fines de semana, no
al rugby; no es que sea una experta en cómo son los tipos de clase alta que juegan al
polo.
Ni un rasguño en el chico…
Después de unos minutos más, la puerta se cierra y Kaylee la bloquea, sin
siquiera intentar seguirlo hasta su vehículo.
Me ocupo de doblar mantas y enrollar la bolsa de papas fritas para poder
ponerle un clip. Tomo mi taza de agua, la llevo al fregadero para volver a llenarla,
arrojo las papas fritas sobre la encimera.
Kaylee se desliza a mi lado y desaparece, presumiblemente se dirige a su
dormitorio.
32
La dejo ir.
No estoy segura si se siente rechazada, cansada o lo que sea, pero sé que tiene
práctica por la mañana y lo más probable es que se vaya a dormir.
Me dirijo al baño y empiezo mi rutina nocturna; no lo hice antes de instalarme
en la sala de estar para ver la película, así que tengo que hacerlo ahora. Nunca vas a
la cama sin lavarte la cara, decía siempre mi nana. Y nana lo sabría porque no
aparenta más de ochenta años.
Me miro en el espejo lavándome los dientes, miro mi cabello, mis ojos y mi
atuendo, preguntándome qué debe haber estado pensando ese chico cuando me miró.
¿Me estaba comparando con mi hermosa compañera de piso? Mi compañera de piso
efervescente, extrovertida y enérgica.
Sería imposible no hacerlo.
Compararnos, quiero decir.
No soy insegura; sé que soy linda, en una especie de chica de al lado. Pero eso
no siempre es lo que quieren los chicos de esta edad, ¿verdad?
Dejo el bloc de dibujo en el que estaba dibujando en el escritorio junto a mi
puerta, me deslizo en la cama, la oscuridad no hace nada para ayudarme a dormir.
Estoy acostada aquí, soñando despierta con la ComicCon y los mangas, la nueva clase
de arte que estoy tomando para enriquecerme en el centro recreativo del centro.
Mis ojos se cierran eventualmente.
33
Jack
—Jack, ¿vas a unirte a nosotros o no?
No.
—Seguro, dame un segundo, ¿quieres, compañero? —Le robo tiempo a la
reunión agachándome para amarrarme el zapato, con los ojos pegados al suelo
mientras hago todo lo posible por recordar todo lo que aprendí viendo esos videos de
YouTube hasta altas horas de la madrugada de anoche. Busqué tutoriales en Internet,
vi video tras video de partidos de rugby de todo el mundo, intentando absorberlo todo.
Lo malo es que tengo una memoria de mierda.
Una vez que termino de hacer un espectáculo con mis zapatillas, me pongo de
pie, estirándome dramáticamente. Hago algunas estocadas, con las manos detrás de la
cabeza mientras doy grandes pasos hacia adelante, doblando las rodillas. De hecho,
nadie me está prestando mucha atención, pero siento la necesidad de ser teatral,
montar todo un espectáculo para que parezca que sé lo que estoy haciendo.
Ya que solo es una práctica, no usamos uniformes, pero usamos estos pequeños
chalecos de colores que denotan ofensiva o defensa.
El campo en el que estamos no está nivelado, ha sido aireado recientemente, el
suelo está algo lleno de surcos. Me pregunto por unos momentos breves si podría
encontrar un bache para meter el pie, torcerme un tobillo y escapar del partido que se
me viene encima.
Oh, cómo han caído los poderosos si estoy dispuesto a torcerme una parte del 34
Se une a mí para comer los huevos de mi plato, y tengo que recordarle varias
veces que no acapare todos y cada uno de los bocados; su tenedor es una pala
diminuta, y está tomando mucho más de lo justo.
Si dejo que siga comiendo, no quedará nada y tendré que pedir un tercer
artículo del maldito menú.
Esta aparición aleatoria en la cafetería me está costando una fortuna. ¿Por qué
no se pide algo él mismo? El tacaño.
Algo emite un pitido y se mira la muñeca.
—Es mi madre. ¿Te importa si la llamo?
—No. Por supuesto que no.
Eso me dará la oportunidad de hacer un poco de trabajo, incluso si la llamada
telefónica con su madre es de solo unos minutos. Cualquier cosa para distraerlo para
que pueda hacer lo que vine a hacer.
Jack toma su teléfono cuando abro mi computadora portátil nuevamente.
Desliza el teclado y luego se lo acerca a la boca. Espera mientras suena.
—Hola, madre, soy yo, Jack. —Sonríe cuando ella responde algo, poniéndose
un poco rojo—. Sí, sé que tienes identificador de llamadas. —Pone los ojos en
blanco—. Oh, ¿Ashley y Georgia están cenando allí? Eso suena bien, ¿qué estás
sirviendo? —Está en silencio por unos momentos, y en lugar de trabajar y ocuparme
de mis propios asuntos, me detengo a escuchar.
Doy vergüenza, lo sé.
Pero…
Ese acento.
Y suena tan lindo hablando con su mamá.
—¿Estás haciendo el asado del domingo un sábado? ¿Por qué? —Pausa—. Ah,
supongo que tiene sentido… entonces ¿cuándo es la fiesta?
Inmediatamente quiero saber de qué fiesta está hablando, pero bajo la cabeza
y me escondo detrás de mi monitor para que no se dé cuenta de que estoy escuchando
a escondidas.
Vergüenza, vergüenza, vergüenza. 64
—Sí, va de maravilla. Me encanta. —Lo pillo poniendo los ojos en blanco, así
que debe estar hablando sobre el rugby, y atrapado en una mentira.
Nuestras miradas se encuentran, y él se lleva un dedo a los labios como
diciendo: Shh, no lo digas…
Tu secreto está a salvo conmigo.
—¿Cómo se las ha arreglado padre en la oficina sin mí? Y Ashley, ¿se están
llevando bien? —Hay un período de silencio largo mientras su madre responde a sus
preguntas, y su boca se pone en una línea agradable a medida que escucha
pacientemente. Su cabeza asiente de vez en cuando, y estoy impresionada de que esté
escuchando activamente—. Apuesto a que ambos me extrañan divirtiéndose en su
negocio. —Se ríe y luego se aclara la garganta—. Estaba bromeando, madre. —
Vuelve a levantar los ojos y me mira directamente—. No, no he tenido ninguna cita.
¿Es mi imaginación o se está sonrojando?
—No es tan fácil como crees. —Pausa—. No, no extraño a Caroline. ¿Podrías
por favor no mencionar su nombre?
Jack pone los ojos en blanco hacia el techo.
¿Caroline?
Esto despierta mi interés y me enderezo en mi asiento, inclinándome hacia la
conversación frente a mí. ¿Caroline? Debe ser una exnovia. Ahora tengo tantas
preguntas, pero me morderé la lengua, no es asunto mío.
Los escenarios comienzan a formarse en mi mente sobre esta misteriosa
Caroline. Imagino que es una modelo alta y escultural. Probablemente de sangre azul,
probablemente con modales impecables.
Dulce.
Totalmente devota, y llorando en algún rincón de su finca en el centro de Gran
Bretaña, suspirando por Jack Dryden-Jones. Probablemente asiste a partidos de tenis
en Wimbledon y carreras de caballos en Ascot.
Amante del té, obviamente, pero probablemente nunca come los pasteles
pequeños… a diferencia de mí cuando el pastel está frente a mí.
Me imagino que esta novia suya es un regalo para los ojos. Una socialité.
Probablemente tiene su propio apellido con guion.
Y claramente a su familia le gusta lo suficiente como para preguntar, o al menos 65
les gusta lo suficiente como para preguntar cómo le va sin ella.
¿Qué estoy diciendo? ¿Por qué asumo que están separados? ¿Y si tiene una
novia en Inglaterra y está tanteando el terreno en Estados Unidos? Viviendo la vida
loca. Saliendo con chicas como Kaylee y luego mintiendo sobre el estado de su
relación.
Sería tan fácil de hacer desde un mundo de distancia.
Seamos realistas, Eliza. En realidad, no hizo nada malo anoche. El tipo vio un
programa contigo y luego se fue.
Si fuera sospechoso, habría aceptado la invitación de Kaylee para quedarse y…
Se quedó.
Pero no lo hizo.
Lo que significa que podría tener una novia.
Vuelvo a dejar caer la cabeza para que no me vea mirándolo, no me vea
boquiabierta. Estoy bastante segura de que mis ojos están muy abiertos y mi boca está
ligeramente entreabierta, porque no estoy tranquila.
Si mi boca no lo dice, lo harán mis cejas.
—Sí, mamá —está diciendo—. No sé. Probablemente las vacaciones, Navidad.
Solo he estado aquí unas pocas semanas, tengo todo un semestre por delante antes de
que pueda… —Su voz se apaga cuando habla su madre—. No, definitivamente no
será antes de Navidad.
Su pausa es de solo unos segundos.
—Podrías venir aquí. —Pausa—. Sí, sé que no eres fanática de los Estados
Unidos. —Otro giro de ojos—. Indigno, lo sé. —Pausa—. ¿Qué estoy haciendo
ahora? —Jack levanta los ojos y se encuentran con los míos—. Tomar un café con
una amiga.
Una amiga.
Mi boca casi se abre ante esa declaración.
¿Una amiga?
¿Desde cuándo somos amigos?
—Sí, madre, es una chica. —Levanta las cejas y me las mueve—. No, solo una
amiga. —Pausa—. Solo he estado en los Estados Unidos unas pocas semanas, no
tengo novia. 66
Doble guiño.
Tiene que dejar de hacer eso: ser divertido, juguetón y lindo. Es desconcertante
y…
Maleducado.
¡Sí, grosero!
Estoy creando límites y distancia y… y…
Antes de que pueda siquiera pensar en ello, mi tortilla se ha ido. Jack se ha
comido todo sin que me dé cuenta, incluso mientras hablaba por teléfono con su
madre.
He estado demasiado perdida en mis pensamientos preguntándome cómo es su
vida, preguntándome qué será de él y Kaylee, preguntándome por qué se somete al
rugby cuando claramente no puede soportar el deporte.
Arrugo la cara, irritada porque se ha comido mi comida una vez más y me ha
dejado sentada aquí con hambre.
—¡Maldita sea, Jack, todavía tengo hambre! —le digo cuando se despide de su
mamá y deja su teléfono sobre la mesa.
—Tienes que ser rápida cuando estoy cerca. —No se avergüenza en lo más
mínimo.
No le molesta ni un ápice que esté claramente agitada. De hecho, parece estar
disfrutando el hecho de que estoy irritada, demostrándolo inclinándose para tomar un
menú del final de la mesa como hice antes.
Lo escanea, ignorando la mirada irritada en mi rostro.
—¿Qué deberíamos pedir a continuación? —pregunta en voz alta, como si este
comportamiento fuera normal. Como si pudiera presupuestar tres comidas en una
mañana cuando vine por una—. Estoy de humor para… —Sus ojos recorren el menú
de arriba a abajo, luego de abajo a arriba, arrastrando el dedo. Apuñala el menú de
plástico con la punta de su dedo índice dos veces—. Este horneado suena bastante
bien. ¿O qué tal una hamburguesa? Es casi la hora del almuerzo.
Levanta la vista, interrogándome.
—¿Estás loco? Son las diez de la mañana. Probablemente aún no estén
sirviendo el almuerzo.
¿Por qué me molesto en decirle esto? 67
¡Argh!
A Jack no le importa.
Aun así, incluso si estuvieran sirviendo el almuerzo,
No lo comería, especialmente no con él. Toda esta mañana se ha prolongado
lo suficiente y no he hecho absolutamente nada.
Gracias a Dios que no tengo una fecha límite.
—Está bien —dice—. ¿Cómo te sientes de la quiche? La quiche de espinacas
y alcachofas se ve deliciosa.
¿Deliciosa?
No puedo decir si está hablando en serio en este momento, pero no está
haciendo una mueca, y su expresión parece lo suficientemente neutral.
—¿Quieres quiche? —me encuentro diciendo—. Eso difícilmente parece que
te va a llenar. Simplemente no creo que los huevos sean el camino a seguir.
¡Qué estoy diciendo! Simplemente decidí que no iba a comer más con este tipo
y aquí estoy debatiendo sobre qué comer.
—Tomo nota —dice—. ¿Qué tal si solo pido unos daneses? Y tal vez una taza.
—¿Una taza de qué?
—Una taza significa té. —Se ríe y vuelve a colocar el menú en el lugar que le
corresponde al final de la mesa, intercalado entre el dispensador de servilletas y el
salero y el pimentero—. El té siempre me hace sentir que no extraño tanto mi hogar
—dice, al tiempo que escanea la habitación en busca de la camarera.
Cuando la encuentra, levanta un brazo y hace una señal con la mano que dice:
Por favor, acércate.
—¿Podemos tomar unas tazas de té? Tomaré el té del desayuno, y ella beberá…
—Me mira—. ¿Te puede gustar la manzanilla? —sugiere amablemente.
Eso suena encantador.
Asiento, cediendo a su ternura ridícula.
Oh, ¿por qué tiene que ser tan jodidamente adorable? Kaylee tiene mucha
suerte. Por un momento breve, en realidad me siento de cierta manera… ¿son celos?
No tengo derecho a estar celosa, pero, por otro lado, no es que este sea su novio. Aun 68
así, si siguen viéndose, podría muy bien terminar siendo su novio.
No sé cuáles son las intenciones de Jack, y no siento que esté en mi derecho
preguntar, así que solo asiento, dejo que pida el té y cualquier otra cosa que planee
pedir.
Son los daneses.
Y otra tortilla.
Mentalmente, hago un cálculo rápido de cuánto me va a costar: es mi desayuno
y mi cuenta, ya que fui la última en hacer un pedido, aunque Jack llegó primero. Pero
no voy a hacer ninguna suposición de que Jack pagará mi comida, aunque sería
excelente si pagara su parte por lo menos.
Mis amigos me han estafado antes en restaurantes, nunca está de más estar
preparada.
Porque solo tengo doce dólares en mi billetera.
—Jack, odio ser la que te diga esto, pero estás alargando esta mañana mucho
más de lo necesario. ¿No tienes nada más que hacer hoy?
Sé que suena grosero, pero ahora estoy empezando a preguntarme qué diablos
está haciendo aún sentado aquí conmigo. ¿No preferiría estar con Kaylee, sus amigos
o compañeros de equipo en lugar de entretenerme al azar?
¿Comiendo mi comida y holgazaneando?
—¿Qué quieres decir?
De hecho, parece confundido, y ahora me siento como una idiota.
Seguramente tiene cosas más importantes que podría estar haciendo.
Gente que podría estar viendo.
Aunque, vengo a esta cafetería para evitar a mis amigos y para evitar
encontrarme con alguien que conozca, así que ahora surge la pregunta: ¿esa es la razón
por la que está aquí?
Lo estudio, queriendo preguntar, pero sabiendo que no es mi lugar.
Además, ¿a quién le importa lo que esté haciendo aquí?
Es un país libre. Jack Jones puede ir adónde quiera y hacer lo que quiera, y esta
fue primero su mesa. Solo estoy sentada aquí porque él estaba siendo amable.
69
Nunca debí mencionarle a Kaylee que me encontré con Jack en la cafetería esta
mañana.
Nunca.
Desde que se enteró, me ha estado acosando sin parar con preguntas: qué
comida le gusta, cómo dijo que es su familia, si alguna vez conoció a William y Harry
o a la reina, ¿recuerdo cuál es su color favorito?
—¿Por qué diablos le habría preguntado cuál es su color favorito? —le
pregunto, poniendo una pizza en el horno porque no tengo energía para preparar algo
saludable o decente—. Estaba ocupando su mesa, sin tener una charla trivial.
Quiero decir…
Estuvimos hablando de cosas triviales, si se cuenta ser entrometida con el
rugby y por qué no se ha dado por vencido.
Mi compañera de piso se encoge de hombros.
—No sé, ¿parece algo que le preguntarías a una persona? —Su tono es
esperanzado e inocente, sin una sola inflexión de celos.
—Sí, tal vez le preguntes eso a alguien en una aplicación de citas, pero
estábamos en una cafetería y no tengo ningún interés romántico en él. —Cierro la
puerta del horno y luego me apoyo en él—. Hablamos de cosas como él comiéndose
toda mi comida, y si por favor, podía no comerse mi comida. —Me rio—. Es una
especie de gran dolor en el trasero.
—¿Cómo?
—Bueno, para empezar, la cuenta fue de casi cincuenta dólares.
—¿La cuenta?
—Sí. Siguió pidiendo comida y comiendo, es como si tuviera un estómago sin
fondo. —Considero esto—. Por otra parte, ¿siguió comiendo huevos? Y
personalmente esos no me llenan.
Kaylee me mira fijamente.
—¿Qué más?
—¿Qué quieres decir con qué más? 70
Se inclina hacia delante y apoya los codos en la encimera de la cocina,
cautivada.
—Quiero decir, ¿qué más puedes decirme de él?
Miro hacia atrás.
—Ah. ¿Nada?
Se pone de pie de nuevo.
—Entonces, ¿solo estabas sentada allí y él entró?
Suspiro, habiendo explicado esto ya tres veces.
—No. Entré por la puerta y el lugar estaba lleno, cero lugares para sentarse. Y
luego miré a mi alrededor y estaba agitando su manita británica para llamar mi
atención.
—¿Su manita británica? ¿Qué significa eso?
—Yo… no sé por qué dije eso. —Fue tonto y ahora está confundida—. Agitaba
la mano para llamar mi atención porque me reconoció, y era o irme o sentarme con
él.
—Así que te sentaste con él.
—Bueno, sí, tenía cosas que hacer. —Me inclino para mirar por la ventanita
del horno, deseando que la pizza se apresure y termine de cocinarse. ¿Por qué la
maldita cosa tarda tanto? No puedo manejar la inquisición por más tiempo; me ha
desangrado por completo de cualquier información.
Entiendo por qué me ha acorralado y me hace un millón de preguntas sobre
Jack (obviamente está interesada en él y casi no ha tenido tiempo a solas con el chico),
pero en serio, ¿qué podría haber obtenido de un simple desayuno?
Abro la puerta del horno, en caso de que la ventana no me muestre una
representación real de su cocción, frunciendo el ceño ante el queso que ni siquiera se
ha derretido.
¡Argh!
—¿Qué llevaba puesto? —Kaylee está apoyada en el mostrador de nuevo.
—¿Ropa?
Pantalones cortos deportivos, azul marino, y una sudadera con capucha,
también azul marino. Zapatillas negras, gorra de béisbol negra, barba incipiente. 71
—Como, ¿ropa de entrenamiento?
¿Cómo es esto relevante?
—No lo sé, Kaylee. Parecía un vagabundo.
Un vagabundo caliente, pero un vagabundo no menos.
De acuerdo, bien, un vago supercaliente, atractivo, masculino y fuerte.
No es que lo haya notado, porque Jack Jones no es mío para notarlo…
Kaylee lo vio primero.
Basta, Eliza. Para. No estás interesada en Jack
McPantalonesCalientesBritánico. Ni ayer ni hoy, y sobre todo porque tu compañera
de piso lo está.
Podrías haber sido…
No.
No. Tampoco vas a tener un diálogo interno con esto, Eliza. Kaylee te está
mirando como si hubieras perdido la cabeza.
Duh, porque lo hice.
—¿Estuvo en la práctica esta mañana? Dijo algo sobre un partido o algo así.
—Hum… creo que era una práctica. ¿Un scrum? —Finjo que no puedo
recordar—. Ropa de gimnasia sucia. Tú sabes cómo es.
—¿Comió algo además de huevos? —Kaylee empuja de nuevo.
—Sí. Bollos. Y té.
Montones y montones de bollos, y pidió cinco para llevar.
Comida para llevar, lo llamó.
Esta información nueva parece calmarla y asiente. Puedo ver los engranajes
girando en su cerebro a medida que archiva esta información para más tarde.
—¿Puedes traerme un poco cuando estés allí la próxima vez? ¿Para que yo se
los dé?
—¿Traer qué? ¿Bollos?
—Sí.
Lo último que quiero ser es una intermediaria o una chica de los recados, pero 72
me siento un poco culpable y concedo.
—Por supuesto. —Por qué no.
No hay daño en eso…
Jack
Eliza seguro que era una cosita sospechosa.
Pude ver las ruedas girando en su cerebro mientras estaba frente a mí en el café,
y aunque no decía una palabra, estaba haciendo todo lo posible para usar su
computadora como una distracción para evitarme.
Técnicamente, no tenía sentido que se uniera a mí en la mesa, desempacara
todas sus cosas y entablara una conversación conmigo si su intención era estar sola y
evitar a las personas…
Como lo hacía yo.
Me parece que ambos somos similares en ese aspecto, aunque es solo una
suposición y no se basa en hechos.
En realidad, no salí directamente y le pregunté si ella estaba allí escondida
como yo, o si la cafetería es solo un lugar que ama lo suficiente como para cruzar la
ciudad.
Kaylee me pincha en las costillas, recordándome que ella está ahí.
—¿En qué piensas? —pregunta con su alegre acento, uno que recién comencé
a notar, y recuerdo vagamente que es del sur y no local en esta región del medio oeste
donde estamos en la escuela.
Estamos en otra fiesta, el único lugar en el que no puedo dejar de toparme con
ella, en el viejo y desvencijado columpio del porche de enfrente. 73
Agita su mano libre en el aire mientras sus ojos se enfocan en las escaleras, sus
pasos medidos.
—Ya sabes, cómics o lo que sea.
Cómics.
¿A Eliza le gustan los cómics?
Interesante.
Y casualidad, porque también me gustan los cómics.
Tal vez no dibujarlos o esbozarlos como aparentemente lo ha estado haciendo,
pero definitivamente tengo un interés y siempre lo he tenido. Era algo que me
encantaba hacer en la escuela para ocuparme, ver películas y coleccionar recuerdos.
De hecho, tengo tantos recuerdos de cómics que es casi vergonzoso. No pude
traer mucho conmigo porque hay bolsas sobre bolsas sobre bolsas de figuras de
acción, carteles, coleccionables de películas.
Revistas y cómics.
Comercialización de juguetes, desde adaptaciones de películas antiguas hasta
programas de televisión.
Ninguna franquicia o universo está fuera de los límites.
Traje algunas piezas enmarcadas y uno o tres carteles para colgar en las paredes
de mi nuevo hogar para que se sienta más cómodo, y sí, mi colcha es de Spiderman.
¿La cortina de la ducha? Capitán América.
No me disculparé por todo el dinero que he gastado a lo largo de los años
coleccionando toda esa mierda, es algo que siempre me ha encantado. Me hizo
compañía cuando estaba solo en la escuela sin mi familia.
Permanezco en silencio, no hay necesidad de seguir hablando de la compañera
de piso de Kaylee cuando la compañera de piso no está cerca.
Tal vez esté en casa y puedas verla…
Ya basta, Jack.
Eso es una mierda.
¿Llevar a una chica a casa para charlar con la otra? Mierda de verdad.
—Entonces, tengo una pregunta… —Kaylee rompe otro largo silencio en la
fría y oscura noche—. Cuando tu papá muere, ¿quién se convierte en el conde? ¿Tú o 81
tu hermano o qué?
Ah.
¿Qué?
¿En serio acaba de preguntar qué pasará cuando muera mi padre?
—¿Perdón? —Sé que la escuché, pero me gustaría más aclaraciones.
Su risita llena el aire.
—Ja. Me preguntaba qué pasa cuando muere tu padre. Como, ¿cuántos años
tiene?
Cristo, ¿está hablando en serio?
Nunca lo habría sabido mirándola, pero parece que Kaylee es una cosita
sedienta de sangre, más mercenaria de lo que le di crédito si ya está haciendo
preguntas como esta. Aún ni siquiera hemos tenido una cita. Ahora que lo pienso, ni
siquiera estoy seguro de si quiero salir con esta chica, ¿y ahora esto?
No, no estoy seguro de querer salir con ella, ni siquiera como un gesto de
lástima, aunque ha estado husmeando.
Kaylee no podría dejarlo más claro.
No estoy seguro de cómo responder a su pregunta sobre cuándo va a morir mi
padre, y no estoy seguro de si debería dignificarlo con una respuesta porque es algo
muy grosero sobre el que preguntar, nadie en Gran Bretaña preguntaría tal cosa.
No estás en Gran Bretaña, Jack…
Estás en los Estados Unidos.
Ese pensamiento me pone sobrio.
No he sentido tanta nostalgia desde que me mudé aquí, pero ahora me golpea.
Los chicos del equipo de rugby han sido grandes compañeros, pero paso tanto tiempo
solo que empiezo a preguntarme si podría ser saludable, si puedo soportar estar así de
aislado tanto tiempo como necesito estar aquí para conseguir una educación
americana.
Solitario.
Es una palabra en la que no pienso muy a menudo, aparte de esas mañanas en
las que estoy parado en el lavabo del baño lavándome la cara para comenzar el día.
Me encontré mirando mi reflejo, mirando a un par de ojos cansados, preguntándome
si hay algo detrás de ellos. 82
¿Ya no me reconozco?
Deberías haberte quedado en casa, Jack. Nunca debiste irte.
Pero entonces no lo habría sabido, ¿verdad?
Pasé la mayor parte de mi vida creyendo que no necesitaba a nadie,
principalmente porque pasé la mayor parte de mi vida en internados sin mi familia, y
normalmente solo los veía durante las vacaciones. Y sí, tengo a mi hermano, pero
nunca nos vimos tan a menudo, pasando como dos barcos en la noche, nunca en la
escuela al mismo tiempo, y nuestros cursos nunca se superpusieron.
Él se iba y yo empezaba, y así ha sido siempre.
Escúchame, ahora rimo.
—Mi padre está en su mejor momento. —Estamos doblando la esquina al final
de la manzana y automáticamente me dirijo derecho, recordando fácilmente que la
casa está al otro lado del campus—. No pasará pronto.
—Pasar. —Piensa—. Oh, te refieres a morir.
—Sí, me refiero a morir. —Pondría los ojos en blanco si no fuera tan ingenua.
—¿Dijiste que es un conde?
—No, dije que es un barón, y el título pasa a mi hermano, Ashley.
Kaylee se detiene en el centro de la acera y me mira, literalmente haciendo una
señal de tiempo muerto con las manos.
—Pausa. ¿Tienes un hermano llamado Ashley?
¿Qué le ha pasado esta noche? Está siendo bastante grosera, cuestionando todo
lo que digo y soltando preguntas ofensivas como si fuera su deber.
—El nombre de mi hermano es Ashley.
Se vuelve hacia la calle para seguir caminando.
—Eso es tan raro.
—¿Por qué?
Se encoge de hombros.
—Es un nombre de chica.
—¿Lo es? —Estoy en silencio mientras compongo mentalmente una lista de 83
nombres de caballeros que son tradicionalmente femeninos, pero solo en Estados
Unidos.
—Lauren. Stacy. Shannon. Todos los nombres de grandes hombres de Gran
Bretaña. —Hago una pausa para lograr un efecto dramático—. Ashley.
—Eres lindo. —Su tono es desdeñoso, y quiero seguir insistiendo en el tema,
pero lo dejo pasar. No tiene sentido discutir con alguien que está desinformado y no
parece querer información, que solo quiere ligar.
Aprieto los dientes.
Damos un paseo, y he renunciado a una conversación cortés; no estoy del todo
seguro de que Kaylee sepa qué eso es dado que está obsesionada con la muerte de mi
padre y con la herencia de un título que nunca heredaré.
Increíble.
Su sonrisa podría hacer que valga la pena los momentos vergonzosos.
Su mano está de vuelta alrededor de mi bíceps, envuelta allí por seguridad a
medida que caminamos de regreso a su casa, y la veo a simple vista, entre los edificios
administrativos.
—¿Cuál es la historia detrás de esta casa?
Arrastra los pies, casi tropezando con el pavimento irregular.
—No sé, algunos amigos nuestros vivían allí, luego mi hermana se mudó
cuando estaba aquí, luego Lilly, Eliza y yo nos mudamos cuando ella y sus amigas se
graduaron. —Su barbilla se levanta un poco—. Es uno de esos lugares que nunca se
alquila. Todo el mundo quiere vivir allí.
—Parece vieja.
Resopla con indiferencia.
—Probablemente lo sea. El sótano es extraño.
Por extraño voy a asumir que quiere decir No hay bodega debajo de la casa.
Mientras nos preparamos para bajar de la acera para cruzar la calle, me mira.
—Apuesto a que has estado dentro de toneladas de mansiones, viviendo en
Inglaterra y todo.
¿Mansiones?
84
—Los llamamos fincas en casa. O castillos. Solo la Reina tiene palacios,
excepto un puñado de nobles. —Le doy una breve lección de nuestra cultura, aunque
no estoy seguro de que esté escuchando—. La mayoría de las grandes propiedades
nombran sus casas, como Casa Clarence.
Ahora que lo pienso, hay tantas palabras para una gran casa señorial: Parque.
Residencia. Ninguno de ellos es mansión.
—Entonces, ¿has estado en una?
—Por supuesto. Muchos de mis amigos de la escuela viven en fincas antiguas.
Suspira.
—Eso es tan genial. Ojalá tuviera amigos que vivieran en fincas palaciegas.
Me encojo de hombros, acostumbrado a ir a casas que han estado en familias
durante generaciones.
—Gran Bretaña es el país más antiguo del mundo. —En realidad no, pero no
es como si ella fuera a corregirme—. La mayoría de las casas tienen cientos de años
o más.
Un hecho que probablemente doy por sentado.
Todo en Estados Unidos se siente tan nuevo, con muy poca importancia
histórica, habiendo sido solo un país durante unos pocos cientos de años.
Pfft.
Me burlo del hecho y levanto la barbilla.
No hay luces encendidas dentro de la casa de Kaylee, nada en la habitación
delantera y ninguna luz brillando en ninguno de los que deben ser dormitorios, y no
es demasiado tarde, así que me pregunto si alguien está en casa.
Alguien.
Ja.
Alguien siendo Eliza.
No odiaría que nos encontráramos con ella.
Es divertida e interesante y tenemos algunas cosas en común: cómics y figuras
de acción y… comida para el desayuno.
—Tengo algunos bollos dentro si quieres uno —dice Kaylee mientras presiona 85
el código del teclado que está en la puerta, sonriendo por encima del hombro,
empujándola para abrirla—. Vas a entrar, ¿verdad?
La cocina está oscura y tiene que encender los interruptores.
—¿Hay alguien en casa?
—No lo parece, ¿verdad? —Se vuelve hacia mí y se parece mucho a una mujer
fatal.
Trago pesado.
No quiero quedar atrapado en la casa con ella, pero aquí estoy, en la casa con
ella, sin ninguna razón real para huir.
Sin otra razón que: no estoy interesado en absoluto en quedar atrapado en su
telaraña, ni siquiera para un polvo rápido.
Kaylee no me parece el tipo de chica que los ama y los deja; me parece el tipo
de chica que cortará los neumáticos de mi camioneta si no se sale con la suya, con una
dulce sonrisa o no.
No voy a dejar que me engañe. Ha estado emitiendo demasiadas vibraciones
de cazafortunas.
Confío en ella… pero no.
Preguntándome cómo diablos voy a escapar ahora que se ha determinado que
estamos solos en la casa, doy un vistazo a la cocina antes de permitirme entrar por
completo. Miro hacia la parte trasera de la casa hacia el estudio (o la sala de estar, por
así decirlo) escuchando cualquier rastro de otro ser humano.
¿De Eliza? O, ¿no hay una segunda compañera de piso parloteando? ¿Dónde
podría estar?
Se siente como si estuviera entrando en una trampa, una telaraña elaborada
tejida por una linda chica universitaria y de la que no tengo idea de cómo salir.
No soy tan astuto o inteligente.
Un hombre mejor no habría entrado en la casa, pero el hecho es que esperaba
que Eliza estuviera sentada en el otro extremo del sofá cuando entramos arrastrando
los pies.
Detrás de mí, la puerta se cierra y se bloquea con un clic. Una parte de mí
espera el siniestro sonido de Kaylee cerrando cerrojos y deslizando cadenas para
mantenerme dentro, pero nada de eso llega. 86
Eh.
Bien, de acuerdo.
Tal vez estoy siendo dramático.
Un poco.
—Cuéntame más sobre tu familia —dice Kaylee en tanto deja su pequeño bolso
y se desabrocha los zapatos.
Miro alrededor con curiosidad, ignorando su pregunta. Ha preguntado lo
suficiente sobre mi familia; no tengo ningún interés en considerar sus ideas.
—¿Dónde crees que están todos?
Se desliza hacia mí.
—¿Por qué? ¿Tienes miedo de que alguien nos pille?
Sí, pero no por las razones que ella piensa.
Quiero bromear con Eliza y tal vez tener una buena risa esta noche en lugar
de… lo que sea que sea esto.
Kaylee está muy bien, pero no es tan divertida.
—No le tengo miedo a nadie —presumo, sin molestarme en quitarme las
zapatillas, aunque su casita está muy limpia y ordenada, con una hilera de zapatos
junto a la puerta.
—No, no creo que lo hagas —prácticamente ronronea.
—Entonces, ¿dónde dijiste que están todos?
Suspira.
—Lilly está en la casa de su novio y creo que Eliza se fue a casa este fin de
semana. ¿Algo sobre el baby shower de su prima?
El baby shower de su prima.
—Entonces, ¿tiene una familia numerosa? —Niego con la cabeza—. No
importa, a quién le importa.
Esto parece hacer feliz a Kaylee y ella asiente, quitándose la chaqueta de
mezclilla que tenía puesta.
Debajo, tiene una camiseta sin mangas y jeans, un poco inapropiados dado el
frío que hace hoy, aunque sexy, y le doy una mirada apreciativa. 87
Nunca está de más echar un vistazo, ¿eh?
No tengo ganas de tocar, al menos no todavía. Como dije, Kaylee parece el tipo
de chica pegajosa, una que no se queda callada si las cosas se ponen feas.
¿Cómo sé esto cuando en realidad no sé nada sobre ella? Yo no, es solo una
sensación que tengo. Una vibra.
Esa mirada en sus ojos.
Kaylee es competitiva. No estás en un equipo de porristas en la universidad si
eres perezosa y desmotivada: estableces una meta y la persigues. Siento que se
comporta de esta manera en la mayoría de las cosas, no solo en los deportes.
Hablando de Kaylee…
Ahora me está mirando desde la entrada de la sala de estar o el estudio o como
sea que lo llamen, vestida solo con jeans y su pequeña camiseta sin mangas. Me hace
un gesto con el dedo para que la siga a la habitación contigua.
No estoy seguro de que esté usando sujetador; lo dudo por la forma en que sus
pezones se asoman provocativamente a través de la fina tela.
Dudo en seguirla, no quiero engañarla y no quiero quedar atrapado dentro de
la casa sin nadie aquí.
Tampoco quiero ir a casa solo a una casa vacía. Tampoco quiero volver a la
Casa del Rugby con todo su caos y ruido.
Al principio pensé que realmente me gustaría la compañía de Kaylee. Parecía
dulce y amable, pero con un poco de tiempo, la verdadera ella comenzó a mostrarse a
través de las grietas en su exterior. Sus verdaderas motivaciones detrás de
perseguirme.
Y me está persiguiendo…
—¿Vas a entrar hasta el final? —Me mira atentamente incluso al tiempo que
enciende una lámpara al lado del sofá—. No tengas miedo, no muerdo.
—¡Ja! —Intento hacer una broma de mis miedos reales… que ella realmente
muerde y duele.
¡Qué imbécil he resultado ser!
Mi objetivo cuando me mudé a los Estados Unidos era no solo obtener una
educación, sino tener sexo sin conexión y expulsar a Caroline de mi sistema como un 88
exorcismo. Sin embargo, eso aún no ha sucedido, y no sucederá si no dejo de pensar
demasiado en todo y simplemente me divierto.
Tal vez estuve con Caroline por mucho tiempo… no parece que sepa qué
mierda estoy haciendo, aunque todos en este maldito campus parecen pensar que sí.
Es mi tamaño.
La mitad de la población aquí piensa que soy un neandertal, la otra mitad solo
quiere escuchar mi acento.
—¿Siempre eres así de callado?
—¿Estoy siendo callado? No me había dado cuenta. —Aparentemente, me he
perdido bruscamente en mis pensamientos, basándome en la forma en que Kaylee me
mira—. Lo siento.
—¿Hay algo mal?
—¿Qué quieres decir?
—Quiero decir… parece que ni siquiera quieres besarme, pero vienes a mi casa
y coqueteas. ¿Dije algo que te molestó? Los chicos no suelen actuar así.
Es obvio que está confundida, y no la culpo: le he enviado mensajes
contradictorios, y el principal es que vengo a su casa en primer lugar cuando en
realidad no quiero estar aquí. La estoy usando porque no quiero estar solo.
—Por lo general, no me gusta sumergirme directamente en una relación —
explico—. Me gusta tomarme mi tiempo y conocer a alguien primero.
Me observa desde su lugar en el sofá.
—¿Hablas en serio?
En realidad no, pero no voy a decirle eso a la cara.
Ha pasado una eternidad desde que tuve una nueva relación y no tengo ni idea
de lo que estoy haciendo. Así que sí, quiero tomarme mi tiempo. Ya no tengo idea de
cómo funciona esto. Ni siquiera he tenido citas en línea, y mucho menos haber salido
con alguien. O besarse con alguien en la sala de su casa.
—Está bien —dice finalmente—. Si no quieres tontear, ¿qué quieres hacer?
¿Hablar?
—Sí, en realidad, hablar suena genial.
Su rostro cae. 89
—Está bien, eh… este es un territorio nuevo para mí. —Duda, y sé que está
esperando que diga algo más. ¿Quizás elegir un tema?
Miro alrededor de la habitación, fijándome en los muebles bien equipados. Es
mucho más adecuado para una familia normal, casi similar a mi propio lugar. Me hace
preguntarme de dónde vienen todas las cosas de alta gama y de quién son los padres
que pagan por todo.
—Mis padres tienen una tienda de muebles —admite Kaylee encogiéndose de
hombros como si no fuera gran cosa.
Ah, eso tiene sentido. Me preguntaba por qué todo es tan agradable cuando la
mayoría de la gente vive en apartamentos de mierda y ninguna de sus cosas combina.
Casi como si fueran de compras en la acera durante el día de la basura.
Se ríe.
—Fue agradable mudarse y tener cosas nuevas. Sin embargo, no soy malcriada
ni nada, mi madre insistió.
Pero ella es un poco mimada, puedo decirlo. No es que yo sea alguien para
juzgar dada la forma en que crecí, pero no he conocido a muchas personas en Estados
Unidos que vivan de la misma manera que yo. No vienen muy a menudo, estos
compañeros míos acomodados; esta no es una escuela de la Ivy League. Estamos en
“el medio del camino” de Estados Unidos, no en una de las costas donde la gente paga
cuarenta o cincuenta mil dólares al año para enviar a sus hijos a la universidad.
—¿Puedo hacer un recorrido? —No tenemos nada más que hacer, al parecer,
y ella no es una gran conversadora. Tampoco soy mejor compañía.
Kaylee se levanta del sofá sin más indicaciones y se estira.
—Claro, por supuesto. Justo por aquí. —Hace un gesto, montando un
espectáculo de un gran recorrido por su pequeña casa—. Has visto la cocina. Aquí
está el pequeño comedor. La mayoría de las veces tiramos nuestra mierda sobre la
mesa.
Fuera de la cocina, a través de una puerta redondeada, hay una pequeña
habitación que no había notado, un comedor con una mesa circular, sin sillas. Las
chicas parecen estar usándolo como una oficina improvisada, con una impresora en la
esquina y montones de papel de impresora y suministros de oficina colocados en el
mostrador de un armario empotrado.
Levanto mis cejas. 90
Fascinante cómo viven otras personas. Nunca se me ocurriría utilizar mi
comedor como zona de descenso, pero a cada uno lo suyo.
Aparto los ojos mientras Kaylee me lleva al pasillo donde se encuentran los
dormitorios, acentuados con otra floritura.
Se detiene frente a la puerta de la primera habitación a la izquierda.
¿Baño tal vez?
La puerta está cerrada, y lentamente gira la perilla, empujándola unos
centímetros para abrirla; está oscuro, así que enciende la luz.
—Esta es la habitación de Lilly, ella no está aquí muy a menudo. Pasa mucho
tiempo con su novio. —Pone los ojos en blanco—. Obviamente.
La habitación está pintada de color crema y no tiene nada en las paredes, es
formal y aburrida, solo una cama doble y un escritorio. Edredón beige, sin cojines.
—¿Esta habitación pertenece a una mujer? Eh. Nunca lo hubiera adivinado.
—Lilly es estudiante de arquitectura, le gustan las cosas limpias y ordenadas.
Sencillo, ¿sabes?
Ah, ahora eso tiene sentido.
Tengo algunos amigos así, arquitectos o contables, que viven la vida un poco
diferente que yo. Más estructurado y limitado, signifique lo que signifique.
Y esta habitación es obviamente el baño. Kaylee abre otra puerta que está
parcialmente cerrada para que pueda mirar dentro; está muy anticuado con azulejos
rosas, un inodoro rosa y una bañera rosa, aunque han intentado hacerlo lindo
agregando una cortina de baño divertida y estampada. En el mostrador hay rizadores
y planchas, laca para el cabello y cualquier producto de peinado que usen las chicas.
Es un poco complicado si te soy sincero.
También dudo que quepa debajo del chorro de agua de la ducha. No parece tan
alto, pero, de nuevo, la gente no era tan alta como ahora cuando probablemente se
construyó esta casa.
Asiento para indicar que ya he visto suficiente, así que Kaylee apaga la luz y
cierra la puerta de nuevo.
La puerta de al lado tampoco es su dormitorio. Cuando empuja esa para abrirla,
dice:
91
—Esta habitación pertenece a Eliza.
Hago lo mejor que puedo para no estirar el cuello para ver mejor, hago lo mejor
que puedo para no comer con los ojos groseramente. Mirar fijamente la habitación de
la compañera de habitación de la guía no es estúpido. Es muy impropio y de qué carajo
estoy hablando… esto no es 1812.
El dormitorio no es como esperaba que se viera, aunque no lo he pensado
mucho, ¡ja!
Es femenino, pintado en el tono más pálido de rosa y acentuado en blanco, un
marcado contraste con los carteles y dibujos que cuelgan en las paredes. Si soy justo,
el dormitorio no es muy diferente al mío, la versión femenina. De hecho, me sorprende
que Eliza no tenga ropa de cama de cómics de Marvel o al menos una o dos almohadas
tiradas sobre la cama. Pero lo que le falta allí, lo compensa con creces con el resto de
la decoración.
En serio debe amar las caricaturas.
¿Y en base a algunos de los bocetos que tiene colgados? Es bastante buena en
eso.
Talentosa.
Una natural, dirían algunos…
Siento que Kaylee me observa atentamente, así que muevo la mirada y esbozo
una sonrisa para que no pueda leer mi mente: Eliza es jodidamente increíble. Y por
increíble quiero decir: me hace querer ser su amigo, y solo la juzgo por lo que hay en
su habitación y la breve experiencia que tuvimos en la cafetería cuando estuvimos
desayunando.
Y el almuerzo.
Es una maldita vergüenza que no esté en casa; por otra parte, si lo estuviera, no
estaría mirando su habitación en este momento, ¿verdad?
—¿Dijiste que Eliza estaba en casa para una boda?
—Baby shower.
Sí, así es, un baby shower, lo que sea que eso signifique.
—Er, Kaylee —comienzo—. ¿Qué es exactamente un baby shower?
Sus ojos se abren de par en par con sorpresa, luego alegría, y se ríe.
—¿No sabes lo que es un baby shower? 92
Frunzo el ceño, irritado porque ahora se está riendo de mí, y no conmigo, otro
golpe en su contra.
Era una pregunta simple y hay una maldita diferencia cultural. ¿No ha notado
mi acento?
—Nunca se sabe a menos que preguntes —digo.
Palmea mi bíceps.
—Un baby shower es para celebrar que alguien va a tener un bebé… para una
mujer embarazada. Habrá comida y regalos, pastel, ese tipo de cosas.
Asiento.
—Ah, ya veo.
—¿No los tienes en Inglaterra? —Se ríe.
Mi cabeza se sacude lentamente.
—No que yo sepa. Suena… vulgar, complaciente con los regalos. Y caro.
La cara de Kaylee cae pero se recupera rápidamente.
—Oh, bueno, son una tradición aquí. Son divertidos.
Asiento de nuevo.
—Estoy seguro de que lo son.
¿Soy solo yo o sueno como un mojigato?
¿Mojigato y mocoso?
La última habitación a la derecha no admite conjeturas; Kaylee está usando su
dedo índice para abrirla, con una pequeña sonrisa en la comisura de su boca.
—Y esta es mi habitación —declara, apretando el interruptor.
Desde el pasillo, echo un vistazo dentro.
Las cintas y los trofeos se alinean en un estante, muy parecidos a los ecuestres
que tienen mis amigos del polo o lo que sea, pero supongo que no es de eso de lo que
son estas relucientes torres de logros.
Otra cosa que noto sobre la habitación de Kaylee es que hay animales de
peluche en la cama. No sé quién le dijo a esta chica que esas eran buenas decoraciones
o que atraían la persuasión masculina, pero estoy a punto de aclarárselo. 93
—Entonces… ¿de dónde vienen todos esos animales de peluche?
—Los he estado coleccionando a lo largo de los años.
Entra en el dormitorio y toma un osito de peluche rosa en sus brazos,
apretándolo. Luego le aparta el cabello detrás de las orejas como si fuera un animal
real al que hay que acariciar.
—Esta es Osa Rosa. —Se ríe—. Cuando tenía tres años, mi papá me regaló
esto para el Día de San Valentín, y así la llamé porque no era muy original en ese
entonces. —Otra risa—. Tenía un perro con manchas llamado Perro Manchado y un
gato llamado Bigotes. —Me mira recatadamente con una sonrisa en su rostro—.
¿Tuviste alguna mascota mientras crecías?
—Sí, en realidad. Tuvimos algunos sabuesos que mi padre usaba para cazar en
el parque.
—¿Cazas en el parque?
Sus ojos están tan abiertos como platos, y niego con la cabeza. Había olvidado
que la palabra parque significa algo completamente diferente en Estados Unidos que
en Inglaterra.
—Muchas veces en Inglaterra —explico—, un parque es un gran terreno en
una finca donde hay aves y ciervos. Cuando yo era niño, mi padre también solía cazar
zorros por deporte, pero ya no tanto. No desde que los activistas por los derechos de
los animales se aferraron a eso. —Me rio—. Ha pasado mucho tiempo, ahora que lo
pienso, tal vez yo era un muchacho joven la última vez que lo hizo.
En realidad, no puedo recordar. Debe ser más tiempo de lo que pensaba, aunque
recuerdo algunas fiestas en la casa, amigos reunidos, caballos, todo.
—Suena elegante —dice Kaylee sin aliento, sentada en su cama, todavía
abrazando a Osa Rosa y luego reclinándose sobre los demás animales.
Un conejito. Otro oso. Lo que parece ser un caimán.
—¿A los chicos les gusta tu colección? —espeto.
—¿Les gusta mi qué?
—Tu colección… de animales.
—No sé, nunca he preguntado. ¿Supongo que sí? 94
Lo dudo.
No soy un experto, pero no hay un solo tipo en este planeta al que le gustaría
follar encima de un conejito de peluche.
Kaylee es absolutamente adorable, pero tengo que sacarla de esta habitación;
verla encima de esa pila me recuerda a Gertie en la película ET, y tampoco apreciaba
los animales de peluche en ese momento. Espeluznante.
Tan poco sexual.
No me malinterpreten, ella es linda y todo eso, pero…
—¿Tienes hambre?
Deja al oso detrás de ella y se pone de pie.
—Podría comer un bocado. y Eliza dijo que comías mucho, así que
probablemente debería alimentarte, ¿eh? —Me da una palmada condescendiente en
el brazo cuando pasa, apagando la luz. La sigo por el pasillo y hacia la cocina donde
está toda la comida.
Se acerca la medianoche, pero siempre puedo soportar comer, y si eso me va a
sacar de esa habitación y regresar a la sala de estar principal, distrayéndola del hecho
de que quiere besarse conmigo, mucho mejor.
No parece que Kaylee conozca la cocina mejor que yo; es un poco incómodo
verla abrir y cerrar gabinete tras gabinete, buscando. Abre el refrigerador. Más
armarios.
Está de pie en el medio con la mano en las caderas, mirando a su alrededor. Se
vuelve hacia mí.
—¿De qué tienes hambre? Tenemos, hum, ¿pizza y esas cosas? ¿Quizás
algunas sobras de nuestra cena de ayer? —Su sonrisa es tensa cuando saca un
recipiente de plástico de la nevera, abre la tapa y mira dentro—. ¿O espaguetis? Creo
que esto es de hace unos días. —Lo huele—. Sí, creo que sigue estando bueno.
No.
Absolutamente no.
Tal vez no tengo tanta hambre después de todo, sé con certeza que tengo
algunas comidas en mi refrigerador que son mejores que cualquier cosa que Kaylee
esté a punto de sacar del suyo. 95
Eliza
No puedo apartar los ojos de la puerta.
Mientras me dirigía a la cafetería, me repetía esta mañana que esta visita para
desayunar no tiene otra razón que este es mi lugar especial, tengo hambre y esto es lo
que hago algunos fines de semana.
Pero.
Eso sería una mentira.
No puedo apartar los ojos de esa puerta.
No sé por qué una parte de mí sigue esperando que Jack entre y me sorprenda
con su presencia, que me haga compañía y me haga reír.
Sin interrupciones, he estado aquí durante al menos una hora y estoy en mi
segundo expreso del día. Laptop, cuaderno… todos los sospechosos habituales en esta
cabina en la esquina de la habitación, lejos de todo el bullicio de la cafetería pero
también en el centro de todo. Puedo ver todo desde este punto de vista, incluida esa
puerta.
Nadie me ha molestado, si no cuentas la camarera que revisa periódicamente.
No puedo apartar los ojos de esa puerta.
Argh.
¿Qué estoy esperando? Ni siquiera conozco al tipo… ¡ni siquiera somos 96
amigos!
Sin mencionar que, tan pronto como regresé a casa del baby shower de mi
prima, Kaylee me siguió por la casa en una ráfaga emocionada, del tipo que esperas
de alguien con estrellas en los ojos, una ráfaga de actividad coqueta mientras estaba
parada allí en sus lindos pantalones de chándal obsequiándome con historias de su fin
de semana.
Y Jack.
No puede dejar de hablar de cómo se topó con él en una fiesta. Cómo la
acompañó a casa. Cómo entró y hablaron.
Y entonces él…
Se fue.
Estaba decepcionada, obviamente; Jack es exactamente su tipo y también juega
duro para conseguirlo, lo que lo convierte en una mercancía aún más importante a sus
ojos. A mi compañera de piso le encantan los desafíos, siempre lo ha hecho y
probablemente no dejará de perseguirlo hasta que al menos lo haya besado una vez.
Para ser honesta, ella no ha sido exactamente comunicativa cuando se trata de
detalles sobre su intimidad, por lo que en realidad no tengo forma de saber si se han
besado o han sido físicos. Solo asumo que no lo han hecho porque me habría enterado
en detalle.
Kaylee ama compartir información.
Decidiendo no pensar en eso, bajo la cabeza y pongo mi lápiz técnico en el
papel de mi cuaderno, terminando el boceto en el que he estado trabajando durante
unos días: un pequeño extraterrestre con casco y pescando un robot en un lago. En la
orilla detrás de él hay un villano con cuernos; una poderosa tormenta se prepara en la
distancia.
Lo que el villano no sabe es que nuestro pequeño alienígena está aquí para
salvar la tierra, y el pequeño robot que está pescando fuera del agua será su nuevo
compañero.
Sombreo el lado izquierdo de su casco, perdida en mis pensamientos.
No le he dado un nombre, pero es redondo y lindo y se ve sin pretensiones;
definitivamente será subestimado en esta historia, una lección que el villano pronto
aprenderá de la manera más difícil. Tal vez no en este libro, pero uno que seguirá.
97
Esta criatura pequeña se parece mucho a mí, supongo, un poco subestimada y
linda. Modesto.
Vivir con dos chicas alucinantes siempre ha sido un problema de autoestima
para mí: Kaylee y Lilly son súper seguras de sí y nunca sin un chico a su lado. No es
que crea que tener un novio me va a hacer completa, pero a menudo me pregunto qué
traería a mi vida que aún no tengo.
Toco con el lápiz técnico mi barbilla, pensando. Mmm. Mis compañeras de piso
no siempre parecen felices cuando tienen chicos cerca. De hecho, Lilly parece
miserable la mayor parte del tiempo.
La he oído llorar en su habitación casi tanto como la escucho pelear por
teléfono con Kyle, el chico con el que ha estado saliendo durante los últimos cuatro
meses.
Los mismos cuatro meses que he estado trabajando en mi pequeño libro de
historietas, que no está ni cerca de terminar, sus personajes divertidos y bien pensados
ahora saltan de las páginas hacia mí con un guiño.
La caricatura puede no ser mi carrera, pero siempre alimentará mi alma.
Regreso al trabajo, alcanzando distraídamente una taza de té colocada a mi
derecha, mi mesa llena de vasos.
Taza de expreso. Vaso de agua.
Taza de té.
Un plato, dos platos.
Estoy tan agradecida de estar en una cabina, porque una mesa simplemente no
funcionaría…
La puerta se abre.
Miro hacia arriba.
Persiste una cara familiar, pero no la que esperaba ver.
—¿Kaylee? —Lo digo en voz alta aunque ella todavía está demasiado lejos
para escuchar las palabras. ¿Qué está haciendo ella aquí? Nunca, ni una sola vez, ha
puesto un pie en este lugar; parece sospechoso que ella esté aquí ahora.
Levanta los ojos y escanea el restaurante.
Su boca sonríe cuando me ve. 98
Caroline odiaba mis cómics y odiaba mis coleccionables: ocultaba todo sobre
mis pasatiempos. Ni siquiera podía mencionarlos en su presencia; después de un
tiempo se irritó tanto que no hicieron más que provocar peleas. Nunca entendió por
qué no vendía mis recuerdos y gastaba el dinero en ella.
Yo: Dile a Georgia que es bastante excepcional.
Ashley: Oye, nada de coquetear con mi esposa.
Yo: Jajaja
Ashley: Vamos a volver a la cama. Te amo, pero esto no fue una emergencia,
así que no me envíes mensajes de texto en medio de la noche a menos que lo sea.
Chateemos por video pronto.
Yo: Te amo, compañero.
Y eso es otra cosa, hasta que me mudé aquí y hasta que rompí con Caroline,
nunca le dije a mi familia que los amaba. El clan Dryden-Jones no es exactamente lo
que la mayoría llamaría… gente muy emocional.
Por lo tanto, nunca usamos palabras cariñosas entre nosotros. Ni siquiera
mamá, ni siquiera cuando éramos niños.
Desde que Ashley y Georgia se casaron, las cosas han sido diferentes; todos en
la familia son un poco más cariñosos. Le dije a mi hermano que lo amo más en los
últimos seis meses de lo que he dicho en toda mi vida.
Mamá y papá también.
Busco un bolígrafo estrictamente para poder golpearlo contra la mesa a tiempo
con el tictac de la manecilla de segundos en el reloj. Aún es un eco sordo de fondo, lo
que me impide concentrarme en el trabajo escolar.
En voz alta, suspiro.
En mi opinión, bastante dramático.
Mis ojos están en todas partes menos en mi trabajo: el mostrador de circulación
donde varios estudiantes están trabajando detrás, apilando libros y ayudando a la
gente. Las filas y filas de periódicos.
Me pregunto si alguien alguna vez abre alguno de estos libros con la nueva
tecnología de las computadoras, las computadoras portátiles y los teléfonos celulares.
¿Los libros están aquí simplemente para decorar ahora? ¿Necesitamos bibliotecas?
112
¿Por qué estoy aquí?
Mi mirada vaga y aburrida me lleva al vestíbulo. Luego las escaleras que suben
en espiral al segundo, tercer y cuarto piso. Los estudiantes bajan poco a poco al salir,
y los miro el tiempo suficiente para ver una cara familiar.
Eliza.
Eliza, la compañera de piso, baja los escalones del segundo piso, con una pila
de libros en los brazos y una mochila.
¡Encantador!
Es encantadora y buena deportista, y me gustaría charlar.
Me pongo de pie, con la esperanza de llamar su atención. Levanto mi brazo y
hago un gesto como si intentara que alguien me viera en una multitud.
No está mirando su celular, pero tampoco me ve.
Mierda.
No capto su atención hasta que doy un grito desde el otro lado de la habitación.
—¡Eliza! —No hay manera más fácil de hacerlo que ladrar por completo.
Su cabeza se levanta para ver quién en su sano juicio tiene la audacia de decir
su nombre tan fuerte en la biblioteca.
—Eliza. Psst. —Saludo de nuevo, encantado—. Estoy por aquí.
Bien, sueno como un imbécil, pero lo que sea, ella viene justo como yo quería
que lo hiciera.
Excepto…
Sus bonitos ojos están entrecerrados de una manera poco amistosa a medida
que camina hacia mí, con la boca en una línea; empecé a empacar mis cosas para irme
cuando ella se acerca, con la irritación grabada en su rostro.
—Baja la voz, Jack —sisea—. ¿No les enseñan a los británicos a no gritar en
las bibliotecas?
Es graciosa, así que me rio.
—Ja. Lo hacen. —Nos solían dar un golpe en los nudillos en el internado por
romper esas reglas, pero nadie viene a sermonearme sobre mis malos modales aquí.
¡Mis nudillos están a salvo por otro día!
Lo tengo todo apilado, pero vuelvo a tomar asiento y me apetece charlar. 113
Con ella.
—No podrías haber sonado más alto si tuvieras un megáfono —dice
finalmente, relajándose. Cede y se une a mí en la mesa. Deja sus libros sobre la mesa
y se quita la mochila de sus hombros.
—¿Cómo estás?
Suspira.
—Estoy bien. Cansada. ¿Y tú?
—Aburrido. —Sonrío, sabiendo que esa no es la respuesta que esperaba. Sus
cejas suben. La mayoría de las personas dan una respuesta cortés, como Bien, o Está
bien o Muy bien, gracias por preguntar.
—¿Aburrido de qué? ¿Las clases?
Me encojo de hombros.
—No sé, el día está triste. Me recuerda a mi hogar, supongo, ya veces, cuando
llueve, voy al cine a ver una película. Estaba pensando en hacer precisamente eso.
—¿Quieres ir a ver una película? ¿Cuál?
—Hay una nueva película de Marvel, estoy seguro de que la has oído. ¿La has
visto?
—En realidad no, no lo he hecho. Me moría por hacerlo, pero…
Quiere verla. Puedo decir.
Me pongo de pie y agarro mi mierda, y también agarro su mochila del suelo.
—Brillante. Hagamos novillos y vayamos a la función de las siete.
Son las 6:35, por lo que aún podemos llegar a tiempo para las vistas previas,
mi favorito. Los amo casi tanto como el largometraje y trato de no perdérmelos.
—¿Quieres que vaya al cine contigo? —Ya me está siguiendo hacia la puerta.
—Seguro, ¿por qué no? No veo ninguna razón para no hacerlo. Ninguno de los
dos está estudiando más y amenaza lluvia, el momento perfecto para ir a ver una
película. Yo invito.
Puedo ver las ruedas girando en el cerebro de Eliza mientras reflexiona,
probablemente sopesando las opciones y debatiendo los peores escenarios sobre ir al
cine con un tipo extraño. Tampoco tengo ninguna duda de que tiene dudas en lo que 114
respecta a su compañera de piso, aunque no tiene por qué temer ningún apego de mi
parte hacia Kaylee.
Los sentimientos que tengo por Kaylee son estrictamente platónicos y, en lo
que a mí respecta, Kaylee es una de mis compañeras, al igual que Eliza.
Se muerde el labio inferior.
—Supongo que no podría hacer daño ya que no hay nadie en casa y está
lloviendo.
—¿Ves lo que quiero decir? ¡Es maravilloso! —Empujo las pesadas puertas y
salimos a la brumosa noche. Las farolas del campus comenzaron a brillar, la lluvia
cayendo lentamente como diamantes brillantes.
Sin paraguas, no hay problema.
—¿Vamos a llevar nuestros libros?
—Lo hacemos si queremos a llegar a tiempo. —Abro mi aplicación para
reservar un auto y me complace ver que hay uno a menos de un minuto. Uno de los
beneficios de vivir en una ciudad universitaria, supongo, es la velocidad a la que
llegan los Uber.
No menos de diez minutos después estamos haciendo fila en el mostrador de
boletos para obtener asientos; unos minutos más tarde tenemos aperitivos.
Absolutamente no puedo ver una película sin palomitas de maíz y chocolate, no
puedo.
También Coca-Cola.
Eliza parece compartir mi nivel de compromiso con las aventuras
cinematográficas, pide nachos y chocolate y luego pregunta si estoy dispuesto a
compartir las palomitas de maíz.
Nos compro uno grande para estar seguros.
—¿Qué asientos tenemos de nuevo? —Eliza estira el cuello para echar un
vistazo a los boletos en mi mano al tiempo que equilibra sus libros, la mochila, el
chocolate y los nachos.
Me encanta una mujer que puede ser multitarea.
También me encantan estos cines estadounidenses recientemente renovados
con asientos reclinables y mullidos, sin mencionar que están asignados, por lo que
podemos elegir nuestros lugares y ver cuántos otros estarán cerca.
Algunas manías mías: 115
1. Hablar durante las películas.
2. Cualquiera que no esté en mi grupo comiendo palomitas de maíz lo
suficientemente alto como para que yo lo escuche.
Dios mío.
—Estamos aquí: G5 y G6.
Asiente, arrastrándose detrás de mí en este bendito cine casi vacío.
Es un trabajo ajustarse, tenemos demasiada mierda que hemos traído, pero en
poco tiempo (justo a tiempo para que comiencen las vistas previas), estamos
cómodamente en nuestros asientos con los pies en alto y aperitivos en nuestro regazo.
—Ahh, esto es vida —murmura Eliza a mi lado mientras la pantalla se ilumina,
pidiéndole a la audiencia que por favor apague sus dispositivos móviles. Los perros
calientes bailarines cantan alabanzas sobre el puesto de comida, que ya hemos
visitado—. Vivo para los avances, me alegro de que hayamos llegado a tiempo.
—Yo también.
Es ruidoso en el cine; el sonido envolvente es notable y promete ser estelar
durante la película real, y juro que mi asiento retumba durante un comercial de
neumáticos. Siento que estoy en Universal Studios aunque en realidad nunca he estado
en Universal Studios, ja, ja.
Eliza apenas dice otra palabra.
Pasamos la siguiente hora y cincuenta y tres minutos en un agradable silencio,
riéndonos en los mismos lugares y estremeciéndonos en los mismos lugares.
¿Aún mejor? ¡Apenas la escucho masticar las palomitas de maíz! Si no hubiera
visto su mano sumergirse en el balde cada pocos minutos y sacar puñados enteros por
el rabillo del ojo, no habría sabido que se lo estaba comiendo.
Qué maldita noche perfecta.
Cuando llega el momento de empacar y regresar al mundo real, nos quedamos
fuera debatiendo si pedir un automóvil o caminar bajo la llovizna. No soy ajeno a este
tipo de clima, ya que crecí en Inglaterra, donde es común, pero Eliza no parece ansiosa
por apresurarse a atravesar esto.
—¿Estás segura de que no quieres vivir un poco? Podría ser divertido.
Me lanza una mirada torcida que me dice que piensa que he perdido mi cabeza.
—¿Quieres que camine a casa bajo la lluvia? ¿Qué pasa con mis libros de 116
texto?
—Los sostienes con el lomo hacia arriba y los limpias cuando llegas a casa; es
solo un poco de condensación, probablemente no morderá.
Al menos, no creo que vaya a arruinar nuestros libros, pero me he equivocado
antes. ¡Ja!
—Será divertido, dice. Solo un poco de condensación, dice —repite Eliza entre
risas—. Bien, si quieres caminar, podemos caminar. No tengo ningún problema con
eso, solo cruza los dedos para que todo regrese intacto a casa. —Se detiene en seco—
. ¡Oh! ¡Espera! Déjame intentar meter algunos de estos libros en mi bolso. Espera un
segundo.
Se agacha para arrodillarse en la acera y abre la cremallera de su mochila,
metiendo fácilmente los dos libros dentro.
Me sonríe.
—Ven, también dame tus libros. Creo que caben.
Ambos estamos gratamente sorprendidos cuando lo hacen.
Cierra la cremallera de la bolsa (requiere un poco de esfuerzo, pero hace que
funcione) antes de ponerse de pie y dármela.
—Es mucho más pesado ahora, ¿puedes cargarla? ¿Por favor?
—¿Quién puede resistirse a una sonrisa bonita como esa?
Su sonrisa se tambalea.
Desaparece.
Mierda, ¿no debería haber dicho eso? ¿Desde cuándo llamar bonita a una chica
hermosa es algo malo? ¿O tal vez es una de esas chicas que no pueden aceptar un
cumplido?
Paso el siguiente bloque preguntándome qué está pasando dentro de la cabeza
de Eliza, cuestionando lo que podría estar pensando. Devanándome el cerebro
buscando algo inteligente que decir y sin encontrar nada. Nada.
Piensa, Jack, piensa.
Se me adelanta.
—Entonces… no estabas bromeando cuando dijiste que apestas en el rugby, 117
¿eh?
La declaración me toma completamente desprevenido, y la miro, sorprendido.
Se ríe.
—¿Perdón?
—Odio admitir esto, pero Kaylee y yo estuvimos en el juego el fin de semana
pasado y vimos algo de acción… o la falta de ella. Sé que dijiste que no era tu deporte
favorito para jugar, así que quiero saber cómo te las arreglaste durante todo un partido.
—Así que lo que estás diciendo es… —empiezo lentamente—. ¿Es que
estuviste en el juego el fin de semana pasado?
Asiente.
Sí.
—¿Y me viste jugar como un completo y absoluto idiota?
Asiente de nuevo.
—¿Así que probablemente viste al entrenador haciéndome un nuevo agujero
en el culo?
Su suspiro se puede escuchar fácilmente mientras caminamos a través de la
lluvia brumosa, de regreso al campus y su casa justo al borde. Incluso con el tráfico
que pasa, puedo oírla reírse.
—Sí, Jack, te vimos correr en la dirección equivocada.
Infierno sangriento.
—¿Y por qué estabas allí exactamente?
Pone los ojos en blanco.
—No debería tener que decirte la razón por la que estábamos allí. Debería ser
bastante obvio que mi compañera de piso está enamorada de ti y quería estar allí para
brindarte apoyo moral y animarte.
Apoyo moral.
—Cristo, no necesitaba apoyo moral… necesitaba que me sacaran de allí en
avión.
Esto la hace reír.
—Lo siento, me estoy riendo, pobrecito. 118
Pobrecito.
Nunca nadie me ha llamado así, ni un día en mi vida. ¿Pobrecito? Difícilmente.
Debe ser algo estadounidense llamar a alguien así, y estoy seguro de que no lo dice
literalmente… estoy lejos de ser pobre.
—Kaylee y yo tomamos la decisión ejecutiva de no quedarnos todo el
encuentro. Queríamos salvar tu dignidad. —Se ríe de nuevo.
—¿Respetar mi dignidad? —Ja—. Es demasiado tarde, la dejé cuando me uní
al equipo. —Cambio su mochila de un hombro al otro.
—¿Y aún no estás listo para dejarlo? No te mentiré, Jack… fue un partido
doloroso de ver, y no sé nada de rugby. ¿Te lastimaste?
—Solo mi orgullo. —Pienso en ello—. Ah, y tengo algunos moretones en mi
clavícula donde fui golpeado por algunos codos. Probablemente de mis propios
compañeros de equipo, a quienes les apetecía darme una buena paliza después. —
Suspiro—. Ojalá hubiera sacado un ojo morado, pero… quizás la próxima vez.
Me golpea en el brazo.
—No desearías tener un ojo morado.
—Seguro que sí. —Estoy tranquilo mientras pienso—. O un brazo roto.
—¡Jack Jones! —Eliza está horrorizada—. Retira eso.
—No. Si tuviera un brazo roto, estaría fuera toda la temporada y no me dejarían
ir. —Bajo la mirada hacia ella—. Eso es en inglés para “soltar” o despedido.
—Estás enfermo, ¿lo sabes?
¿Está hablando en serio? Es difícil saberlo, no está sonriendo ni sonriendo con
suficiencia ni haciendo ninguna de las cosas que estoy acostumbrado a ver hacer en
su rostro.
Debe mostrar en el mío que no puedo decir lo que está pensando.
—Relájate, estoy bromeando.
—De acuerdo. Lo sabía. Pero, para ser claros, solo bromeaba a medias sobre
el brazo roto.
Eso finalmente la hace sonreír, y ambos nos reímos en tanto continuamos
dirigiéndonos hacia su casa; todavía está lloviendo, pero nada que nos haga
apresurarnos. Puede ver su casa, pero todavía está lo suficientemente lejos como para 119
tener más tiempo para hablar.
—¿En qué momento crees que alguien se va a dar cuenta de que no tienes idea
de lo que estás haciendo?
—¿Cuando te haga una peluca y te envíe al campo por mí?
—¿Hacerme una peluca? —Da un resoplido poco femenino—. Probablemente
haría un mejor trabajo.
¿Qué es este descaro?
¡De dónde viene!
Me gusta…
—¡Ahora! Estoy un poco ofendido. Pero también: hechos.
—Sabes, lo gracioso es que no te creí cuando me dijiste que apestabas en el
rugby. Pensé que estabas siendo modesto.
Suena bien.
—Curiosamente, esa es la misma reacción que recibí de mucha gente. Solo
estoy esperando que me expulsen del equipo o que me conviertan en el chico del agua.
—Simplemente no entiendo por qué no renuncias… Esa parece ser la solución
más fácil en lugar de pasar por todos esos problemas, sin mencionar que podrías
lastimarte gravemente. Vi a algunos de esos tipos, y estaban destrozados. ¿Sin
rodilleras ni hombreras ni cascos? Ustedes están locos.
—Sí, bueno, es lo más varonil. —Además, no soy un desertor.
—No me digas que te compras esa mierda de masculinidad tóxica. —Se ríe.
—¿Masculinidad tóxica? Creo que nunca he oído hablar de eso.
—Es básicamente la teoría de que los hombres sienten que no pueden ser
sensibles, o llorar, o sentir las mismas cosas que siente una mujer. Emociones y esas
cosas. Hombres machos y tipos duros y todo eso.
—Ah. Ya veo. —Llegamos al final de la manzana y esperamos en el paso de
peatones a que el semáforo cambie de la luz naranja ALTO a la blanca iluminada
AVANCE amigo—. Eso no es todo. Te dije que me uní al equipo porque quería hacer
amigos y conocer gente. En ese momento parecía la forma más fácil de hacerlo, pero
en realidad no pensé que me aplastarían el cráneo.
—¿Aplastar tu cráneo? Eso parece un poco dramático. 120
—Cráneo aplastado, nariz rota, lo mismo.
—Eres el único tipo que he conocido que quiere salir lastimado para poder
sentarse en el banquillo en lugar de salirte del juego.
Su cabello se ha saturado con las miles de gotas de agua que han comenzado a
cubrir nuestros cuerpos, su piel brilla bajo las luces de las farolas.
Estudio su perfil mientras caminamos, notando que en algún lugar del camino,
redujimos el paso.
Una vez más, cambio su mochila de un hombro al otro, reajustándola porque
es bastante pesada.
—Gracias de nuevo por invitarme a la película —dice finalmente Eliza después
de un momento de silencio.
Disfruté el tiempo con ella, la película después de estudiar, luego acompañarla
a casa por la noche; ha sido un buen descanso del caos del día. Estar bajo la lluvia
tiene algo que es relajante, y Eliza es una gran compañía.
—De nada. —Pagué los boletos, pero ella pagó la comida—. Gracias por las
palomitas de maíz.
—De nada.
Más silencio.
Eliza se aclara la garganta.
—Tal vez… hum… —Su oración se apaga antes de comenzar de nuevo—. No
deberías acompañarme todo el camino. Tal vez debería caminar el resto del camino
sola. Ya sabes, por si acaso. —Hace una pausa, mirando hacia la calle—. No es que
esté intentando ocultar el hecho de que fuimos al cine, pero…
—¿Para ocultar el hecho de que fuimos al cine? —Y no invité a Kaylee.
Se ríe nerviosamente.
—Tú lo dijiste, no yo.
—Lo insinuaste, amor.
Amor.
Sus ojos se agrandan y se sorprende por unos segundos antes de recuperarse.
121
—Probablemente debería sacar tus cosas de mi bolso.
Ha dejado de caminar y está de pie en el centro de la acera, mirándome
expectante. Me quito la mochila del hombro, pero no la dejo en el suelo, no quiero
que se moje.
Hacemos un trabajo rápido de quitar mis libros y volver a cerrar su bolso, luego
nos quedamos de pie incómodamente mirándonos, sin tener idea de qué decir, aunque
lo pasamos muy bien juntos. Una estática extraña permanece en el aire entre nosotros
que no puedo identificar, una que no estaba allí antes.
—Bueno, supongo que te veré por ahí.
—Sin embargo, no en uno de mis partidos, aléjate de esos —bromeo, lo que
nos hace reír a ambos.
—Eh… ¿por qué? Son tan entretenidos.
—Para ti, tal vez, no para mí.
—Te lo digo, Jack, deberías darlo por perdido y dejar el equipo. No vale la
pena. Podrías estar dedicando tu tiempo a otras cosas.
—¿Como qué? —No puedo pensar en una sola cosa a la que dedicar mi tiempo
además del equipo—. Acepto sugerencias.
Todavía estamos parados allí a pesar de que ella debería estar caminando hacia
su casa, hacia la comodidad seca de su dormitorio.
—No sé… ¿no tienes ningún pasatiempo?
¿Sería raro si le dijera que mis pasatiempos son los mismos que los de ella?
Libros de historietas, películas y recuerdos de Marvel. No quiero que parezca que la
estoy copiando, pero honestamente no tengo muchos otros intereses.
Tal vez comerciar en el día, ver el mercado de valores moverse hacia arriba y
hacia abajo, pero no he tenido un interés personal en eso desde que me mudé aquí.
Parece que he tenido otras cosas para ocupar mi tiempo, principalmente mis nuevos
compañeros.
—¿Qué pasa con el golf?
¿Golf? que mierda…
—¿Me veo como el tipo de chico que juega al golf?
—Muchos muchachos que no parecen del tipo que juega golf, golf. —Se ríe— 122
. Solo estoy lanzando ideas, cálmate.
—Estoy bien. Estaré bien.
Me estudia en la penumbra, la lluvia cayendo a nuestro alrededor.
—Últimas palabras famosas.
123
Eliza
—¿Dónde diablos has estado? Está lloviendo a cantaros fuera.
En realidad, no está lloviendo a cántaros fuera.
Mis compañeras de piso están refugiadas en la cocina cuando entro por la
puerta, empapada, después de haber regresado del cine caminando en lugar de tomar
un taxi.
—Solo es llovizna.
—Bueno, estás empapada.
En realidad, no estoy empapada, pero estoy demasiado mojada para haber
salido de la biblioteca.
—Estaba en la biblioteca.
Kaylee me mira de arriba abajo, fijándose en mi cabello mojado, mi chaqueta
mojada, mis zapatos mojados.
—Bueno, hemos estado esperando que llegaras a casa para que pudiéramos ver
una película juntas; no has devuelto ninguno de nuestros mensajes y empezamos a
preocuparnos.
—Estaba a punto de llamar a la seguridad del campus. —Lilly resopla, el labio
inferior sobresaliendo obstinadamente.
Rayos, tienen razón; no he revisado mi teléfono desde que salí de la biblioteca 124
con Jack. Ni siquiera estoy segura de dónde está la cosa estúpida. ¿Bolsillo de mi
mochila? ¿Bolsillo de mi chaqueta? Quién sabe. Ni siquiera pensé en mirarlo, me tenía
tan distraída.
—Lo siento chicas, perdí la noción del tiempo y no tenía mi teléfono.
—¿Haciendo garabatos con esas tontas caricaturas? —Kaylee frunce el ceño—
. ¿En serio haces algún trabajo escolar? ¿O simplemente juegas con ensoñaciones?
¿En serio acaba de decir eso?
Sabe que esto solo es un pasatiempo y no algo que quiera hacer como carrera;
no soy tonta. Sé que no soy lo suficientemente buena para hacerlo a tiempo completo
cuando me gradúe, pero es algo que alimenta mi alma. Si quiero garabatear mi vida
en la biblioteca, es asunto mío, no de ella.
—Dije que lo sentía. —¿Qué más quiere? No es mi madre.
Me estremezco. Me quito los zapatos y los coloco junto a la puerta.
—Voy a quitarme esta ropa mojada y tomar una ducha antes de que me resfríe.
Si quieren ver una película después de que termine, ¿podemos hacerlo, a menos que
piensen que es demasiado tarde? —Tengo un televisor en mi habitación, así que
siempre puedo ver algo allí si están molestas conmigo.
Lilly se encoge de hombros.
—Kyle podría venir esta noche, se va de la ciudad este fin de semana y siento
que apenas lo veo.
¿Apenas lo ve?
La chica pasa casi todos los minutos de vigilia con él. Estoy bastante segura de
que terminarán comprometiéndose cuando se gradúen; han sido inseparables desde el
momento en que se conocieron.
Kaylee gime ante su declaración.
—¿Kyle va a venir a la noche de chicas?
—Técnicamente no es una noche de chicas, solo queríamos ver una película —
argumenta Lilly—. No es gran cosa. Además, se va, y… —Su diminuto encogimiento
de hombros es de impotencia.
—Lo que sea. —Kaylee se levanta de la silla—. Voy a enviarle un mensaje de
texto a Jack para ver qué está haciendo.
125
La observo salir de la habitación.
—En realidad, lo siento…
Lilly me sonríe, siempre un amor.
—No te preocupes por eso. No es como si nunca nos hubiéramos puesto al día
antes, y ella solo está nerviosa porque le envió un mensaje de texto a ese chico un
montón de veces y él no ha respondido. —Se pone de pie, empujando su silla—.
Kaylee odia el rechazo.
Estoy empezando a ver eso.
—Está bien, si estás segura. —Todavía sostengo la mochila mojada en mi
mano y me dirijo hacia el pasillo, libre de culpa y queriendo estar fuera de esta ropa
mojada, las palabras de Lilly resonando en mis oídos.
Solo está nerviosa porque le envió un mensaje de texto a ese chico un montón
de veces y él no ha respondido…
Porque estaba conmigo.
No respondí los mensajes de texto y él no le respondió los mensajes de texto
porque estábamos juntos.
Mierda.
Dejo mi mochila en mi habitación y luego me dirijo al baño para quitarme la
ropa. Abro el agua para que esté tibia cuando entre, y coloco una toalla en el borde de
la bañera para no tener que buscarla cuando termine. Me da otro escalofrío una vez
que estoy desnuda, el aire dentro de la habitación es fresco.
De pie bajo el chorro de agua caliente, cierro los ojos e inclino la cabeza hacia
atrás, dejando que se derrame sobre mi piel. Lo único que veo detrás de esos párpados
es la cara sonriente y bromista de Jack.
Me rio a mi pesar de la broma que hizo sobre querer un brazo roto.
Él es tan lindo…
… y mi compañera de piso está en la otra habitación en este momento,
enviándole un mensaje de texto, esperando que él le devuelva el mensaje.
Uf, qué lío.
Deja de pensar en Jack, Eliza. Él no es para ti.
126
Tal vez él tampoco sea para Kaylee. No parece que esté interesado en ella.
Pero no está interesado en ti, e incluso si lo estuviera, no importa porque tu
compañera de piso sí lo está.
Código de chicas…
Tú y yo sabemos que, si tuviera la oportunidad, Kaylee te lo robaría delante
de tus narices si los papeles se invirtieran.
¿Podría? ¿Es tan despiadada?
Siempre he visto su lado más suave, pero últimamente ha sido diferente. Tal
vez Lilly tenga razón; ha estado nerviosa porque Jack no le ha respondido el mensaje,
y la está volviendo loca que él la esté rechazando.
¿Solo has visto las cosas buenas en ella porque nunca te ha visto cómo
competencia? Ella es altamente competitiva. Como porrista, pasó la mayor parte de
su vida participando en campeonatos y eventos, pasó la mayor parte de su vida siendo
puntuada y juzgada; parece apropiado que si algo (o alguien) se interpusiera en su
camino, no estaría feliz por eso.
No estoy en su camino porque Jack y yo solo somos…
Amigos.
¿Amigos?
Extraño.
Nunca he tenido un amigo antes, y él es una opción interesante como mi
primero. Pero ya sabes lo que dicen: a veces no eliges los amigos, te eligen a ti.
Es broma, no conozco a nadie que haya dicho eso.
Lo acabo de inventar.
El agua sigue bajando y se siente increíble, así que me quedo aquí de pie sin
hacer nada durante unos minutos más, sin lavarme el cabello, sin acondicionarlo, sin
enjabonarme. No tengo prisa. No tengo donde estar excepto en la cama.
Mi mano se desliza por mi cuerpo, un dedo se sumerge en mi ombligo en su
camino sobre mi estómago, hacia el valle entre mis piernas.
No me toco íntimamente a menudo; nunca sentí que sabía cómo hasta que Beth,
mi amiga de la escuela secundaria, tuvo una fiesta de juguetes sexuales durante el
verano y compré un vibrador. Tampoco sabía cómo usar eso, hasta que me
presionaron mis compañeras para que lo intentara. 127
Jack: Lo siento, amiga, pero ¿qué es esta aplicación de citas? ¿En serio
estás…?
Yo: JACK JONES DEJA MI TELÉFONO.
Sí, tengo aplicaciones de citas, pero no las uso desde hace mucho tiempo…
¿quizás unos meses? ¡¿Qué persona soltera no?!
Juro por Dios que si las abre, moriré.
Jack: Este tipo, Adam, parece agradable y está a solo 0,01 millas de
distancia…
Yo: NO TE ATREVAS A COMENZAR A DESPLAZARTE O YO…
Jack: ¿O harás qué?
Yo: Pondré una aplicación en TU teléfono y comenzaré a relacionarte con
personas.
Jack: Suena divertido. Adelante. Me vendría bien un compinche.
¿Habla en serio?
¿O descubrió mi engaño?
Para no ser burlada, voy a su tienda de aplicaciones, busco la aplicación de
citas más popular del mundo y la descargo en su dispositivo.
Jack: Creo que tu biografía necesita ser actualizada. Permíteme.
Eso es todo.
No puedo aguantar más.
Marcando mi propio número, me llamo a mí misma, o a él, y levanto el teléfono
a mi oído mientras suena.
—¿Hola?
—Lo juro por Dios, Jack Jones…
—En realidad, es Dryden-Jones, pero haré una excepción contigo.
—No eres gracioso.
—No estoy intentando serlo.
—Deja mi teléfono en paz, ¿quieres? Sin perder el tiempo con ninguna de mis 135
aplicaciones.
—Demasiado tarde. —Bosteza—. Esto es demasiado entretenido. Te hice un
favor y actualicé tu biografía; puedes agradecerme más tarde.
—¡No te lo agradeceré en absoluto! —¿Soy solo yo, o sueno un poco británica?
—Hum… parece que Adam también está interesado en ti, y está este tipo,
Steve, que parece que también funcionaría.
—Bien. Si quieres ser así, voy a crear una cuenta para ti.
—Bueno. Tal vez coincidamos. Me miraré y me aceptaré si me veo.
¿Qué?
No puedo decir cuando este tipo está bromeando. No estoy segura si es su
acento o su tono soso y aburrido lo que me está desconcertando por completo, o algo
más.
Me pone nerviosa.
—¿Estás aceptando sugerencias para mi biografía o quieres que me sorprenda?
—pregunta.
Eso me hace reír.
—Eres un idiota.
—Un idiota, ¿eh? No puedo decir que nadie me haya llamado así. Un tonto, tal
vez.
—Tonto suena más británico que idiota. —Hago una pausa—. ¿A qué
cambiaste mi descripción?
—No lo diré, pero es bueno, soy muy inteligente cuando estoy de humor.
Dios. No se refirió a sí mismo como inteligente.
—Bueno —digo al fin—, entonces voy a colgar para poder trabajar en tu
cuenta.
Otro bostezo al otro lado de la línea.
—Tú eres quien me llamó, amor. Cuelga cuando quieras.
¡Argh!
—¿Fuiste tan exasperante esta noche?
136
—No. Pero te lo dije, estoy de humor.
—Buen día, señor.
Termino la llamada con un toque acalorado en la pantalla de su celular y luego
verifico que la aplicación de citas haya terminado de descargarse. Satisfecha de que
lo haya hecho, realizo los movimientos para configurar su cuenta.
Nombre: JACK
Mmm. Tal vez debería darle un apodo en su lugar.
Nombre: REY DEL CAMPUS
Mucho mejor y mucho más preciso.
¿Años?
Demonios, no estoy segura de eso, pero supongo que tiene la misma edad que
yo.
Edad: 20
¿Altura?
Nuevamente, esto lo voy a adivinar, estimando que mide alrededor de metro
noventa y cinco, al menos estoy bastante segura de que eso es lo que me dijo en la
cafetería hace unas semanas, no tiene hijos y es de Gran Bretaña. Etiqueto una
ubicación y agrego un radio para búsquedas, completando los conceptos básicos para
su perfil. Ahora se trata de agregar fotos, y necesito hasta seis.
Se siente un poco extraño entrar en su galería de fotos, como revisar el armario
de alguien, su escritorio o sus cosas privadas… pero inmediatamente empiezo a
sonreír cuando veo las primeras fotografías.
Fotografías de Jack y un chico que es su viva imagen.
Este debe ser su hermano, Ashley.
Podrían ser gemelos, ambos altos y extremadamente atractivos, aunque Ashley
se ve mucho más rudo, un poco como un leñador, con tatuajes oscuros que se asoman
por debajo de las mangas de la camisa y sobre el cuello de la camisa.
Eso no puede ser normal para un británico de sangre azul.
Dame un respiro, Eliza, ¿qué sabes sobre la aristocracia?
Cero cosas.
Hay fotos de Jack a caballo, jugando al polo, a punto de darle un golpe a la 137
pelota que está en el césped. Más fotografías de él en alguna fiesta, fotografías más
recientes de él en la Casa del Rugby riéndose con la cabeza inclinada hacia atrás.
Me pregunto quién podría haber tomado esas…
Tiene algunas selfis, pero no muchas. Fotografías de una mujer mayor con el
cabello oscuro recogido en un peinado en la base del cuello. Lleva perlas y una camisa
abotonada metida en una falda lápiz de tweed.
Su madre, sin duda.
Titubeo, debatiendo qué fotografías usar para su perfil, cuáles lo representan
mejor, y me doy cuenta de que tiene muy pocas de él solo. Eso significa que es posible
que tenga que recortar algunas personas o al menos desenfocar las imágenes para no
mostrar los rostros de ninguno de sus seres queridos, la privacidad y todo eso. Busco
una aplicación de edición y la encuentro rápidamente.
Pon algunas fotos ¡y listo!
Hecho.
No estoy segura de por qué estoy haciendo esto, pero estoy emocionada de ver
qué tipo de mujeres hay en estas aplicaciones de citas. Mi única perspectiva ha sido
como una mujer que busca a un hombre, así que estoy interesada en ver qué ponen las
chicas en sus biografías. Sé por mi propia experiencia que muchos tipos en estas cosas
suenan amargados con toda la experiencia y se nota.
No pasa mucho tiempo antes de que esté desplazándome, en su mayoría a la
izquierda, y de hecho veo algunas mujeres jóvenes que reconozco de mis clases y
fiestas. Me pregunto si veré a mi compañera de piso mientras husmeo.
¡Oh! Esta Rachel es linda…
… pero su reseña suena extraña. Suena muy exigente, así que la rechazo. Lo
mismo con una chica llamada Molly que me llamó la atención de inmediato, pero
luego me desanimó al mencionar sus seis gatos en un apartamento fuera del campus.
Eso no se puede permitir, ¿verdad?
¡Santo alquiler de mascotas, Batman!
A medida que me siento más cómoda en la cama, desplazarse consume la
mayor parte de mi atención; sin embargo, no hay una sola mujer joven a la que me
sienta inclinado a aceptar. No estoy segura de sí estoy siendo demasiado crítica porque
me gusta Jack como persona, o si estoy siendo demasiado crítica porque lo quiero más 138
que como un amigo.
Todo lo que sé es que en algún lugar, Jack está buscando hombres para mí, y
eso me hace sentir de cierta manera.
Jack
Esa pequeña mierda creó un perfil de citas para mí.
No la culpo teniendo en cuenta que secuestré el suyo, pero aun así… qué
descaro.
Los hombres de esas aplicaciones son una mierda. Difícilmente podía soportar
aceptar a cualquiera de ellos, y aquellos con los que coincidí (como Eliza) duraron
cinco minutos calientes antes de que borrara sus culos idiotas.
Malditos idiotas, todos y cada uno de ellos.
No sé cómo se las arreglan estas chicas.
Brevemente me pregunto qué tipo de suerte está teniendo Eliza como yo en la
aplicación de citas, necesitando mi teléfono pero disfrutando de la libertad de no
tenerlo. Sin interrupciones, sin distracciones. No hay notificaciones continuas,
especialmente de mujeres jóvenes como Kaylee que solo quieren usarme para lo que
sea que creen que puedo darles.
¿Estatus?
No mentiré y diré que no ha sido increíble mudarme a Estados Unidos y
convertirme en una mercancía en este campus universitario. Me convertí en una
especie de celebridad instantánea, todos querían conocerme y pasar tiempo conmigo
antes de conocerme en persona.
La gente aquí está loca por los británicos. 139
Mis ojos vagan hacia el otro lado del sindicato, donde los clubes universitarios
instalan mesas, invitando a otros a recopilar información sobre cómo unirse.
Fraternidades.
La comunidad LGBTQ.
Clubes ambientales, algunos equipos deportivos intramuros.
Mi mirada cae en mi bandeja, y envío una silenciosa oración de agradecimiento
porque nadie se me ha acercado o se ha unido a mí.
Esta sería la primera vez, y estoy feliz por ello; lo último que quiero es
compañía. No estoy de humor para eso hoy.
Si tuviera un tenedor, lo clavaría en este pan de hamburguesa. Así de fuera de
sí estoy sin una explicación razonable para ello.
Finalmente, el celular de Eliza hace el sonido que he estado esperando toda la
tarde: hace ping. Hace un ping y salto como si me hubiera sobresaltado o electrocutado
con una corriente eléctrica.
Maldita aleluya.
Sé indiferente, Jack.
Cálmate, hermano.
Limpiándome la boca y las manos, dejo la servilleta de papel en mi regazo y
me preparo para cualquier mensaje que esté a punto de recibir. La emoción corre por
mis venas. Esto es absolutamente estúpido. Solo soy amigo de esta chica. Ella no
significa nada para mí.
¿Por qué estoy tan ansioso?
Eliza: ¿Qué estás haciendo?
Yo: Comiendo un almuerzo tardío, ¿y tú?
Eliza: Acabo de terminar una clase de comunicación no verbal, ¿sigues en el
campus?
Yo: Efectivamente lo estoy.
Eliza: Maravilloso. ¿Podemos encontrarnos y hacer el intercambio?
Yo: Brillante. ¿Cuándo?
Eliza: ¿Ahora? 145
Yo: Claro, puedo verte una vez que termine con esta comida. Voy a estar en el
parque para practicar más tarde. ¿Dónde tienes que estar?
Eliza: En ninguna parte. Iba a ir a casa.
Yo: Genial.
Eliza: Entonces, Kaylee te ha enviado mensajes de texto unas 20 veces…
¿Veinte veces? Mmm…
Yo: ¿No te parece excesivo?
Eliza: Sin comentarios.
Yo: Ah, entonces estás de acuerdo en que parece excesivo.
Eliza: Jajaja, eso no me corresponde a mí decirlo.
Yo: Bla, bla, estás de acuerdo conmigo sin estar de acuerdo conmigo al no
decir una palabra.
Eliza: Eh. ¿Lo estoy?
Yo: Por supuesto.
Eliza: Suenas tan sofocante cuando usas esa palabra. Por SUPUESTO…
Yo: ¿Estás intentando cambiar el tema?
Eliza: ¡Por supuesto!
Yo: Ja. Está bien, lo concedo. 20 veces enviar mensajes a un tipo es
perfectamente normal y nada desesperado, por lo que podemos continuar con nuestra
conversación.
Yo: ¿Estás lista para recuperar tu celular?
Eliza: Tan lista. ¿Tú?
Yo: No, me estoy divirtiendo demasiado con el tuyo. Un poco aburrido de tu
parte NO tener desnudos, pero eso no es ni aquí ni allá.
Eliza: Supongo que es bastante aburrido que no tengas fotos de penes, así que
ahí.
Yo: INSULTO ASTUTO, Eliza. Bien jugado.
Eliza: *saluda al público*
Yo: ¿Eso es un saludo al público o una reverencia? Soy británico, ya sabes. 146
151
Eliza
¿Estoy en la sección de amigos?
La zona de amigos.
Me preguntó si lo había puesto en la zona de amigos como si hubiera otro lugar
donde estaría.
Qué extraña pregunta.
¡¿Dónde diablos más estaría?!
Sección de amigos.
¿Quién dice eso?
Tienen el término zona de amigos en Inglaterra; lo busqué en Google para estar
segura.
No puedo concentrarme mientras deshago mi mochila y tiro todo en mi cama
para organizarme, tal vez incluso hacer un poco de tarea antes de ver la televisión esta
tarde. He estado en el campus la mayor parte del día desde temprano esta mañana. Un
poco cansada, en realidad. Tal vez debería acostarme un rato: una siesta es algo que
rara vez hago, pero a menudo es algo que espero con ansias. Más personas deberían
tomar siestas… ese es mi lema de todos modos.
Decido tirarme en la cama después de quitarme los zapatos, sacar mi teléfono
y abrirlo. Mi mirada se dirige inmediatamente a esa aplicación de citas: ignoro los
nuevos íconos que han aparecido en mi pantalla, las nuevas aplicaciones que Jack 152
—Ya sabes, saludar a la gente, todos quieren hablar con él, así que solo está
intentando atravesar la puerta y entrar a la habitación.
—Es como una celebridad —dice con estrellas en los ojos.
Verdaderamente es el rey del campus.
No me sorprende que lo quisieran en el equipo de rugby, y no me sorprende
que la gente clame por una audiencia con él; Jack es carismático, divertido y apuesto.
¿Quién no querría estar cerca de un tipo así?
Mi estómago da un pequeño vuelco cuando levanta la cabeza y nuestros ojos
se encuentran.
Sonríe. Me da un pequeño saludo con la mano, muy parecido al que daría la
Reina.
—Oh, Dios mío, ¿viste eso? —dice Kaylee a mi lado—. Acaba de sonreírme y
me saludó.
Hum, no, estoy bastante segura de que estaba sonriendo y saludándome a mí.
Pero no digo esas palabras en voz alta, no quiero herir sus sentimientos o hacer las
cosas raras, y honestamente, tal vez me equivoque. Tal vez, de hecho, él está
sonriendo y saludándola.
—Escucha, voy a usar el baño. ¿Quieres venir? —le pregunto, nuestra otra
compañera de piso nos abandonó por completo tan pronto como entramos por la
puerta a pesar de que la intención era pasar tiempo juntas esta noche.
Kyle debe estar aquí.
Probablemente estén besándose en algún dormitorio trasero.
—No, estaré bien.
—¿Está segura? —No quiero necesariamente que esté parada aquí sola, aunque
estoy segura de que no pasará mucho tiempo antes de que alguien la reconozca y se
acerque a conversar.
—De verdad, mamá, estoy bien. —Sus ojos recorren la habitación ahora, así
que me deslizo en un intento de encontrar el baño.
En realidad, no tengo que orinar.
Solo necesito tiempo para reunir mi ingenio y descubrir cómo voy a actuar
cuando Jack finalmente llegue, y lo hará. No hay duda de que vino esta noche porque
le dije que iba a estar aquí. 159
Corrección: le dije que nosotras íbamos a estar aquí.
Mis compañeras de piso y yo.
El baño está ubicado al lado de un conjunto de escaleras que conducen a un
segundo nivel, y yo soy la tercera persona en la fila, lo cual es una locura considerando
que esta fiesta en casa no está cerca de su capacidad. Apenas hay gente aquí todavía,
¿quizás treinta?
Parece que todas las chicas tienen la misma idea…
—Oye.
Una voz profunda está a mi espalda, y me giro para ver a Jack parado detrás de
mí en la fila.
—No me digas que en realidad tienes que usar el baño. —Mis ojos ruedan.
—¿Cómo adivinaste?
—Sabes, en realidad vine aquí para evitar hablar contigo —le digo sin
rodeos—. No estoy lista para explicarle a mi compañera de piso por qué tú y yo de
repente somos tan amigos.
—¿Por qué evitarías hablar conmigo? Pensé que éramos compañeros.
Me giro para mirar hacia adelante para que cualquiera que esté mirando, que
no estamos teniendo una conversación.
—Jack, tienes suficientes compañeros. No me necesitas en esa larga lista de
admiradores.
—¿No me admiras?
Sonrío a mi pesar.
—No dije eso.
Mentir no es uno de mis talentos, y se siente de mala educación hacerlo ahora.
—Ah, así es… simplemente no estás dispuesta a admitirlo.
—Es complicado.
Solo hay otra persona frente a mí en la fila para ir al baño ahora, y si no lo
supiera mejor, pensaría que estaba escuchando mi conversación con Jack. Sin
embargo, está haciendo un gran trabajo fingiendo que no es así.
—Y por cierto, leí ese perfil de citas. ¿Aguda, Jack? ¿En serio? —susurro-siseo 160
con los dientes apretados.
—Pensé que era un buen toque, un poco de ironía porque eres tan equilibrada.
¿Está siendo sarcástico? Es difícil decirlo con ese acento.
—Nunca quise estrangular a nadie, pero quería estrangularte a ti cuando leí
eso.
—¿Estás diciendo que no te gusta Jessie o… —Se rasca la barbilla—. ¿Cuál
era el nombre del otro tipo? Se me está escapando.
—Mason.
—Ah, sí… Mason. —Toma un trago de cerveza—. ¿Me estás diciendo que
ninguno de ellos te atrae?
—Ese no es el punto.
—Entonces, ¿cuál es el punto? ¿No quieres que tu perfil sea pegadizo? Lo que
tenías antes era bla, bla, bla. —Miro hacia atrás a tiempo para atraparlo mirándome—
. Sin ofender.
—Oh… para nada. —El sarcasmo gotea de mi lengua.
La puerta del baño se abre y la chica frente a mí entra, levantando las cejas una
vez que me mira a los ojos mientras cierra la puerta detrás de ella. Sí, definitivamente
estaba escuchando a escondidas mi conversación con Jack, maldita sea.
—Eliminé esa estúpida aplicación de citas —espeto.
—¿Por qué? Pasé mucho tiempo en eso.
—Oh, cállate, no lo hiciste.
Escucho el timbre profundo de su risa detrás de mí, y cuando vuelvo a mirar
atrás, su cuerpo grande está apoyado contra la pared, con los brazos cruzados,
mirando…
Deja de mirarlo, Eliza.
Señor, es lindo.
Y ese acento no me está haciendo ningún favor; no es de extrañar que la mitad
de la población estudiantil esté babeando por este tipo, incluidos los hombres.
En lugar de ir sola al baño una vez que la otra chica sale, una mano me detiene.
161
—¿En realidad no tienes que orinar?
—No.
—¿Puedo entrar? Por favor, tenemos que hablar.
¿Hablar?
—¿Acerca de?
Jack levanta la cabeza y mira hacia arriba, la sala de estar de la casa de la
fraternidad se llena cada vez más mientras estamos aquí, esperando.
Se inclina.
—Eliza, por favor, solo quiero tener una charla contigo en privado. Por favor.
No se me ocurre una sola forma de tenerte a solas.
¿Quiere tener una charla conmigo a solas?
—Has tenido muchas charlas conmigo a solas, no tienes que meterte en un
baño diminuto en una fiesta para hacerlo.
—Uh, vas a entrar o no, algunos de nosotros tenemos que usar el baño —
interrumpe el tipo detrás de Jack.
—Amigo, ve a mear afuera en los arbustos como lo hemos hecho el resto de
nosotros —le dice Jack con autoridad, luego me mira—. Solo unos minutos, Eliza.
—¿Es por eso que estás aquí? ¿Para que podamos hablar?
—Sí.
—¿Por qué simplemente no llamaste? ¿O me enviaste un mensaje de texto?
—¿No es lo mismo? Estoy intentando esforzarme.
Ah.
Oh…
Supongo que no dolería si entrara.
—Bien. Pero te vas a sentar en el inodoro.
—¿Puedo al menos cerrar la tapa?
—No. —Me rio, entrando en la pequeña habitación. Hay un solo lavabo encima
de un pequeño armario blanco y un inodoro junto a una pequeña ventana.
Inodoro compacto. 162
Jack me rodea y cierra la puerta.
Lo bloquea por privacidad.
Al menos, espero que sea por privacidad y no para que pueda asesinarme
mientras estamos aquí.
Cierra la tapa del inodoro y se sienta, poniéndose lo más cómodo posible con
lo grande que es. Con las piernas abiertas, cruza los brazos.
Apoyo mi trasero contra el mostrador y cruzo mis brazos también.
—¿Bien? ¿Sobre qué querías conversar?
Me encanta la forma en que une una oración y me encuentro reflejando sus
frases británicas.
—Solo eso… no he podido dejar de pensar en ti, y no estoy seguro de lo que
eso significa. En realidad, sé exactamente lo que eso significa. Me pregunto si has
sido capaz de dejar de pensar en mí.
Rápidamente deja escapar el revoltijo de palabras, y dudo, lo reconstruyo todo,
antes de responder con descaro:
—¿Estás preguntando si he estado garabateando tu nombre en mi cuaderno de
tareas?
Jack se ríe.
—No estoy seguro de lo que significa esa referencia, pero seguro, si así es
como quieres interpretar esa pregunta.
Descruzo los brazos y descanso las manos en la encimera detrás de mí,
deseando que hubiera más espacio en esta pequeña habitación. Me estiro y abro la
ventana, empujándola hacia arriba para dejar entrar un poco de aire fresco.
¿Hace calor aquí o soy solo yo?
La brisa que pasa a través de la pantalla se siente mucho mejor, pero todavía
me siento sofocada. No hay nada más estresante que la dura verdad mirándote desde
el asiento del inodoro.
Inodoro confesionario. Me rio de mí misma.
—¿He estado pensando en ti? —Repito la pregunta para ganar tiempo. Es un
truco que aprendí en una clase sobre entrevistas.
Jack asiente. 163
¿Me mataría ser honesta en este momento? ¿Me mataría decirle que sí, que
tampoco puedo dejar de pensar en él? En detrimento de mi relación con Kaylee…
pero no podemos elegir de quién nos enamoramos, ¿verdad? No es que esto sea amor
de ninguna manera, pero me encuentro sintiendo algún tipo de sentimiento por él, ¿y
eso no dice mucho?
¿Le debo a él decirlo?
¿Me lo debo a mí?
¿Le debo a Kaylee mantener la boca cerrada?
Quiero vomitar, allí mismo, en ese retrete. Vomitar mis galletas para terminar
esta terrible conversación por completo.
—¿Eliza? —Su voz suave dice mi nombre.
—Lo siento, yo… —Me aclaro la garganta y me vuelvo hacia el espejo, pero
eso es peor: mirar mi propio reflejo y la expresión de mi rostro.
Detrás de mí, Jack está de pie, su cabeza sobre la mía, ojos claros mirándome,
sus manos subiendo a mis hombros y descansando allí.
Veo como su cabeza se hunde.
Siento sus labios tocar la piel sensible debajo de mi oreja.
—Está bien. Entiendo.
—¿Lo haces?
Mis ojos se cierran con esas palabras, su aliento envía un hormigueo por mi
columna. Dios, amo los besos en mi cuello.
Inclino mi cabeza.
Una invitación.
Los ojos de Jack encuentran los míos en el espejo mientras su boca encuentra
el pulso debajo de mi oreja. Hace contacto.
Suspiro, con las manos apoyadas en el mostrador mientras sus labios suben y
bajan por mi cuello en uno de los primeros besos más sexys que he tenido, el más
sensual e íntimo.
El más reservado.
¿Qué estamos haciendo? Esto está mal.
164
Entonces, ¿por qué se siente bien?
¿Por qué nuestros cuerpos encajan tan bien juntos?
Quiero girarme y enfrentarlo para que pueda besarme como si lo dijera en serio.
Besarme como si nos estuviéramos quedando sin tiempo y la siguiente persona en la
fila para esta habitación estuviera a punto de llamar a la puerta.
Entonces lo hacen.
Tres golpes cortos contra la madera nos asustan a ambos, y saltamos pero no
nos separamos.
Esta vez sí giro.
Esta vez miro hacia arriba, levanto la barbilla y espero.
165
Jack
Lo entiendo completamente.
Comprendo que es leal a su compañera de piso. Entiendo que le gusto a pesar
de eso.
Entiendo que quiere besarme tanto como yo quiero besarla, lo ha querido desde
que la acompañé a casa bajo la lluvia anoche.
Lo escondo bien, pero no por mucho tiempo. Nunca se me dieron bien las
apuestas y mi cara de póquer no puede durar para siempre sin quebrarse.
Eliza está de espaldas al lavabo, las manos apoyadas en el mostrador detrás de
ella, la barbilla levantada. ¿Una invitación?
Huele increíble, como galletas de mantequilla y fresas, su cabello como cereza
y almendras. Delicioso, como postre. Se estremece cuando paso la punta de mi nariz
por la delicada piel debajo de su oreja.
—Solo quería decirte cómo me siento.
Asiente rígidamente.
—Puedo irme ahora… —si quieres.
Sus cejas se disparan, y casi me rio. No ha terminado conmigo más de lo que
yo lo hice con ella, pero…
—No podemos quedarnos aquí para siempre, Eliza. 166
Hay otro golpe en la puerta, no agresivo, pero en algún momento vamos a tener
la decencia de dejar que la siguiente persona orine.
Se aclara la garganta, sus labios están a solo centímetros de los míos ya que me
inclino.
—¿Podrías… decir mi nombre otra vez?
—Eliza.
Su garganta se contrae con un fuerte trago, la lengua sale cuando moja sus
labios.
—En realidad, no deberías hacer eso.
—¿Hacer qué?
—Lamerte los labios así.
Lentamente, lo vuelve a hacer, y esta vez, soy yo, cuya garganta se contrae con
un trago grueso, se forma un bulto allí. Nervios. Emoción.
En realidad, no he besado a nadie desde Caroline, sin importar cuán decidido
estuviera a venir a Estados Unidos y tener aventuras sin sentido.
La tensión es lo suficientemente gruesa como para cortar con un cuchillo, este
momento entre ella y yo definitivamente es definitivo.
—No podemos quedarnos aquí para siempre.
Ahora nos estamos repitiendo, nada más que decir.
Tenemos dos opciones:
1. Alejarnos el uno del otro y salir de esta habitación.
2. Besarnos y sacarlo de nuestro sistema.
—¿Qué quieres que haga, Eliza? —uso su nombre a propósito ahora que sé que
tiene una reacción al escucharlo, una favorable. Incluso apostaría a que hago que sus
bragas se mojen. Aparentemente no es inmune a mi acento después de todo, como el
resto de la población estudiantil femenina en esta universidad.
—¿Qué quieres decir con qué quiero que hagas? —pregunta inocentemente,
con los ojos un poco vidriosos.
—Como yo lo veo, podemos hacer una de dos cosas: dejar el baño o…
Esa barbilla se inclina hacia arriba. 167
—¿O?
Sabe exactamente a lo que me refiero, sabe exactamente lo que está pasando
por mi mente en este momento porque es lo mismo que está pasando por la de ella.
Ambos queremos lo mismo; ella solo está luchando contra la culpa enconada. Está
claro que Eliza es una chica sensata que piensa con la cabeza en lugar del corazón.
—He estado deseando besarte desde anoche —admito finalmente, mi
confesionario del inodoro, mi gran palma recorriendo la longitud de su brazo y su
cuello para poder ahuecar su mandíbula en mi mano. Mi pulgar acaricia su suave piel.
—¿Sí?
Asiento, no tengo nada más que decir. Si ella no quiere que la bese, o incluso
si quiere y no se permitirá dejarme, no hay nada más que pueda hacer.
He dicho lo que he dicho, y dice mucho.
Eliza se pone de puntillas, sus manos se elevan y se envuelven alrededor de mi
nuca, aturdiéndome. ¿Ella está…
… seduciéndome?
Suavemente, presiona sus labios contra los míos, y la mano en su mejilla
permanece allí mientras le devuelvo el beso, inclinando mi cabeza y bajando mi
postura para que pueda alcanzar mi boca más fácilmente. Eliza es una cosa diminuta,
mucho más baja que yo por unos buenos treinta centímetros, y no tengo intención de
desperdiciar esta oportunidad haciéndole difícil llegar a mi cara.
Rápidamente, nuestro casto beso exploratorio se convierte en uno apasionado:
no puedo tener suficiente de ella, de sus labios o de su lengua en la mía.
Puedo sentir que mi polla comienza a endurecerse a pesar de que ella no se
frota contra mí, me excita mucho. Así de fácil. Cuando mi mano deja su rostro y viaja
a su cintura, la acerco más, queriendo sentirla presionada contra mí.
Mierda, esto fue una mala idea; ¿cómo diablos voy a salir del baño y fingir que
no pasó nada? ¿Cómo se supone que debo girar a la izquierda cuando ella gira a la
derecha y regrese con su compañera de piso?
Su lengua sabe a azúcar y su cuerpo se siente increíble bajo mis palmas. Como
si estuviera justo donde se supone que debe estar. ¿Y se supone que debo dejarla salir?
Nunca me sentí así con mi exnovia, ni siquiera al principio, cuando éramos jóvenes y
despreocupados, en los días en que Caroline era agradable. 168
Desearía poder decir que no siento cierta expectativa por la forma en que quiero
que termine esta cosa con Eliza, pero mi sentido común me dice que me estoy
engañando a mí mismo si espero que ella me devuelva el afecto después de esta noche.
Es demasiado leal para eso.
Se siente increíblemente presionada contra mí, pero ahora me estoy repitiendo
y parece que estamos destinados a hacerlo una y otra vez porque Eliza me ha vuelto
estúpido. Parece que no puedo formar un pensamiento racional cuando ella está cerca,
y ahora me tiene siguiéndola a los baños y confesándole mis sentimientos.
Me tiene siguiéndola a fiestas en casa los días de semana como un cachorro
enamorado.
¿Eso es lo que soy? ¿Un cachorro enamorado? Seguro que parece que estoy
actuando como tal, habiendo perdido el control total de mis facultades.
Ni siquiera la conozco, pero lo hago.
Puede que esto no sea del todo suave, nuestras lenguas se han enredado de
manera incómoda varias veces, pero se siente natural y se siente bien y no quiero que
termine. No quiero salir de esta habitación y volver a esa fiesta llena de gente.
Quiero levantarla y llevarla por la puerta principal y regresar a mi casa, y quiero
acostarla en mi cama y besarla por todas partes.
Por todo su cuerpo…
Solo he pensado en esto un millón de veces.
Hay más golpes en la puerta, lo que finalmente hace que me aleje, mis labios
hormiguean, mis manos apartan el cabello de su cara.
Me inclino hacia ella una vez más, codicioso, y planto un beso en la comisura
de su boca, presionando mis labios contra esa suave hendidura de su piel.
—Hora de irse.
Asiente en silencio, volteándose hacia el espejo, pasando los dedos por su largo
cabello para alisarlo. El dedo índice frotando su boca, con mi saliva, secándola.
—Oh, Dios, parece que nos hemos estado besando.
Lo hace.
La piel de un rojo enojado de la barba en mi cara, sus mejillas sin duda se ven
en llamas. Junto con un rubor, lo dice todo. 169
No puedo decir que lo siento.
Lo haría de nuevo en un santiamén y, si puedo recordarle, ella fue quien me
besó, si estamos siendo técnicos al respecto.
—¿Me veo bien?
—Te ves preciosa.
Nuestros ojos se encuentran en el reflejo y ella se sonroja con más fuerza,
bajando la mirada, avergonzada.
—¿Cómo hacemos esto? ¿Salgo primero y luego me sigues después de esperar
unos minutos? ¿O qué?
—No, amor, ambos tenemos que salir al mismo tiempo, hay gente en la fila y
saben que estamos aquí, así que también podemos enfrentarnos a la música.
—Oh, Dios mío, no puedo creer esto. La gente va a pensar que nosotros… no
sé, nos unimos al club de las alturas o algo así cuando estábamos hablando aquí.
—¿Hablando? ¿Es así como lo llamamos en estos días? —Le sonrío; es
demasiado linda y sumamente ingenua.
—¿Crees que alguien se dará cuenta? Señor, ¿cómo puedo estar tan despeinada
cuando todo lo que hicimos fue besarnos?
Sí, la gente se va a dar cuenta, pero no será nadie que no esté ya en la fila para
ir al baño.
Su mano pasa por su cabello en un intento de domar los mechones que
sobresalen en masa en la parte posterior de su cuero cabelludo.
—Eliza, ¿de verdad crees que alguien en esta fiesta está mirando quién entra y
quién sale del baño? Eso sería raro. Y si alguien te está buscando, probablemente solo
asuman que fuiste a buscar otra pinta o algo así. O que te has ido al porche.
Sus hombros se relajan, encorvándose un poco; sé que mis palabras la han
hecho sentir mejor. Me complace poder hacer eso por ella para que no esté estresada
por la situación. De hecho, no hay necesidad de estarlo, en esta casa suceden cosas
mucho peores que el inocente y casto beso que acabamos de compartir.
Eliza pone su mano en el pomo de la puerta; puedo ver que está endureciendo
su columna vertebral, preparándose para las consecuencias que teme y se encuentran
al otro lado de la puerta.
—Adelante, gíralo —le digo—. No muerde. 170
—Ja, ja, muy gracioso.
Pero la tiene girando la perilla y empujándola para abrirla, varias caras irritadas
nos saludan pero ninguna familiar. Hemos logrado extraditarnos de manera segura y
sin previo aviso, de Kaylee de todos modos. No la veo por ninguna parte a la vista;
supongo que está en algún rincón flirteando con uno de esos divagadores idiotas de la
fraternidad. Montón de estúpidos la mayoría de ellos.
Me recuerda a la mayoría de los tipos con los que crecí y me crie.
Los amigos de Eaton tienen mucho en común con estos muchachos de la
fraternidad estadounidense.
—¿Quieres algo para beber? —pregunto tan pronto como estamos de vuelta en
el meollo de las cosas.
—No lo creo —dice—. Definitivamente debería ir a buscar a mis compañeras
de piso. Siento que estuvimos en ese baño durante horas.
Miro mi reloj y compruebo la hora.
—En realidad, te sorprendería saber que solo estuvimos allí durante ocho
minutos más o menos.
—¿Ocho minutos? Eso es extrañamente específico. ¿Cómo sabes… estabas
marcando el tiempo? —Hay una risa al final de su pregunta—. ¿Pusiste un cronómetro
cuando te metiste dentro conmigo?
Si tan solo fuera tan inteligente.
—Técnicamente no, aunque miré mi reloj mientras hacíamos fila. Necesitaba
algo que hacer. —Lo compruebo de nuevo justo ahora.
Los ojos de Eliza están escaneando la multitud, todavía en busca de sus
compañeras de piso. Desde mi punto de vista, que es mucho mejor que el de ella
considerando que soy mucho más alto, tampoco las he visto. Extraño dado que Kaylee
está algo obsesionada conmigo, no es por presumir.
Y qué pasa si no tengo ni idea de cómo es la otra compañera de piso, Lilly,
porque nunca la he conocido.
—¿Quieres que te ayude a encontrar a tus compañeras? Podemos dividir y
conquistar.
—No, puedo hacerlo sola, gracias. Creo que por ahora es mejor si vamos por
caminos separados. —Se pasa las palmas de las manos por los vaqueros y me pregunto 171
si estarán sudorosas, pero no tengo la oportunidad de preguntar; Eliza se gira de
espaldas y, sin mirar, desaparece entre la multitud.
Eliza
Jack me besó.
Jack me besó.
Jack.
Me.
Besó.
A mí.
¿O no lo hizo?
Pude haber sido yo quien se puso primero de puntillas y se levantó para
presionar mis labios contra los suyos. Pude haber sido yo quien inclinó mi barbilla
hacia arriba y le presenté mi boca como una forma de estímulo.
Puede haber sido…
Fue así.
Cuando cierro los ojos después de meterme en la cama, deseando quedarme
dormida (un sueño que no llega durante horas), todo lo que puedo ver es el rostro serio
de Jack. Todo lo que puedo escuchar son sus palabras:
—No he podido dejar de pensar en ti, y no estoy seguro de lo que eso significa.
En realidad, sé exactamente lo que eso significa. Me pregunto si has sido capaz de
dejar de pensar en mí. 172
Difícil de sobrellevar.
Esa es una forma poética de describirlo, y tengo que formar mis propias
opiniones sobre lo que eso significa en realidad, ya que él no entra en detalles.
—¿Simplemente no era la indicada?
Se ríe, limpiándose las comisuras de la boca con una servilleta.
—No.
—¿Le agradaba a tu familia?
Jack considera la pregunta.
—A mamá le gustaba la idea de su familia.
—¿Qué significa eso?
—Significa que Caroline tenía el tipo de conexiones que a mamá le gustaría
tener. —Otra pausa—. No es que mamá no tenga buenas conexiones, pero nunca
puedes tener demasiadas, ¿cierto?
Eh, seguro. Lo que tú digas, Jack.
Lo dejo comer en silencio e incluso le doy algunos bocados a mi muffin ya que
está ahí en medio de la mesa burlándose de mí. Nunca seré capaz de comer un muffin
después de esto sin pensar en él y en su opinión sobre cómo huelo y como gusto.
No hablamos más de sexo, o su ex, o el hecho de que obviamente él está…
interesado en mí. ¿Es sincero o solo soy un desafío para él?
Empujo ese pensamiento fuera de mi cerebro; ¿por qué no estaría interesado
en mí? ¡Soy un gran partido! Soy dulce, de buen carácter y linda, de una manera
sencilla. Puede que no sea el tipo de atractivo “sexy descaradamente” como son mis
compañeras de piso, pero puedo defenderme.
Atrapo a Jack mirándome un poco demasiado tiempo un par de veces, con una
mirada en su rostro que no puedo describir. Nadie me ha mirado a propósito de esa
manera, y no estoy segura de qué hacer con eso o qué hacer. No me hace sentir
incómoda; simplemente es diferente a lo que estoy acostumbrada.
A veces me coquetean en las ocasiones raras en que voy a una fiesta en una
casa, pero es aún más raro tener a un chico sentado frente a mí en una mesa
mostrándome este tipo de interés abierto cuando no estoy intentando atraerlo.
Por todo lo santo, estoy usando jeans y una sudadera sucia.
183
A Jack no parece importarle.
Parece que tenemos suficiente en común para que él se sienta atraído por mí.
Nuestro amor por los cómics y las películas. Nuestro amor por la comida del
desayuno. Es gracioso y me hace reír, y parece que a él también le divierto.
Me observa a medida que devora su desayuno, sin prisa por ir a ninguna parte.
Lo observo mientras desgarra mi muffin.
184
Jack
—¿Estamos escabulléndonos oficialmente de tu compañera de piso?
Estamos sentados en la parte trasera de mi camioneta, estacionados al final de
un camino sin salida, acostados boca arriba sobre una manta, mirando las estrellas.
No sé cómo terminamos aquí, pero hemos estado juntos todo el día.
Hablando.
Riendo.
Hablando.
Eliza gime junto a mí; es un sonido desagradable, uno de muchos en su arsenal
de ruidos.
—¡Deja de decirlo así! No estamos engañando a nadie.
—Pero te sientes culpable.
Ya la conozco lo suficiente como para saber que Eliza se toma las cosas en
serio, las siente profundamente, siente empatía por sus amigas y otras personas. Es
amable y considerada y, en su mayor parte, ha hecho todo lo posible por tener en
cuenta los sentimientos de Kaylee.
Hasta la parte donde se subió a la plataforma de mi camioneta.
Un asunto inocente por así decirlo, sin travesuras involucradas, por desgracia.
—Por supuesto que me siento culpable, le gustas a Kaylee. 185
187
Eliza
¿Cómo les digo a mis compañeras de cuarto que he estado pasando tiempo con
Jack? ¿Cómo les digo que desayunamos juntos y luego dimos un paseo? Un paseo
que se prolongó hasta bien entrada la noche.
Viendo las estrellas.
Hablando.
Jack intentando convencerme de que lo que estamos haciendo no está mal.
Que ser amigos no está mal. Sí, los hombres y las mujeres pueden ser amigos,
pero no cuando la mujer es amiga de Kaylee y ella lo vio primero.
¿Cómo les digo?
Corrección: ¿cómo le digo a Kaylee?
A Lilly no le va a importar, probablemente ni siquiera tenga idea de quién es
Jack, tan ocupada con su propia vida social que nunca se ha fijado en la mía.
Y hemos estado viviendo juntas durante dos años.
¿Kaylee por otro lado?
No tanto.
Está sobre mis asuntos, en mi trasero, en mi habitación, todo el tiempo.
Da la casualidad de que ahora está flotando sobre mí, haciendo mucho ruido, 188
así que la oiré y me despertaré por mi cuenta sin que tenga que empujarme para
despertarme como suele hacer cuando tiene noticias para mí. Ni en lo más mínimo
sutil y terriblemente desagradable.
—¿Has visto esto? —Kaylee empuja su celular en mi cara, sus ojos del todo
abiertos y un poco salvajes.
—¿Qué hora es? —No tiene forma de saber que estuve fuera pasada la
medianoche, con Jack, riendo, hablando y besándome con él hasta que el sol salió en
el cielo. Mostrándole mi trabajo, hablando efusivamente sobre anime, Comic Con y
películas.
—¿Qué diferencia hace la hora que es? —pregunta sarcásticamente—. Mira lo
que está publicado en el Instagram del campus.
La pantalla de su teléfono es brillante y cegadora en mi habitación pequeña con
sus sombras dibujadas, casi completamente negras.
—Quítame eso de la cara. Caray, dame un segundo —le respondo con
brusquedad, no estoy de humor para su actitud—. Me estás cegando.
Mis pupilas tardan unos segundos en adaptarse.
Enfocar.
Es una imagen de Jack parado detrás de mí, el momento en que se levantó y
vino a mi lado de la mesa y se inclinó para susurrarme al oído. Para rozar sus labios
en mi mejilla. Para murmurar palabras que humedecieron el espacio entre mis piernas.
Mis ojos finalmente se adaptan a la luz y puedo leer la publicación frente a mí:
EL REY DEL CAMPUS FUE VISTO ACURRUCÁNDOSE A CHICA
MISTERIOSA EN LORDS CAFÉ
Jack Dryden-Jones, nuestro transferido desde el otro lado del charco, y su
misterioso interés amoroso fueron atrapados acaramelados en un café fuera del
campus #LondonCalling #TheBachelor #EligibleBachelor #UniversityofIL
#StudentBody
¿Interés amoroso?
¿Misterioso?
¿Quién escribió esto, mi abuela?
—¿Sabías que estaba viendo a alguien? —Mi compañera de piso retira su
teléfono cuando termino de leer la publicación.
189
—¿Cómo sabría si estaba saliendo con alguien? No soy su guardián.
—Lo sé, pero tú lo conoces mejor que yo. —En lugar de salir de la habitación,
se sienta a los pies de mi cama—. Eliza, ¿tiene novia? Puedes decirme.
No estoy completamente segura de cómo responder. Cualquier cosa que diga
va a conducir a más preguntas, preguntas cuyas respuestas no sé y con las que no
quiero lidiar en absoluto.
—Tendrás que preguntárselo tú misma.
Es honesto.
—Él no me está respondiendo los mensajes.
Sí, lo sé. He visto de primera mano la cantidad de mensajes con los que lo ha
bombardeado y tengo la necesidad de sermonearla sobre el respeto propio y no
perseguir a un chico que no tiene ningún interés.
Hora y lugar, Eliza.
Hora.
Y.
Lugar.
—Kaylee —empiezo lentamente, eligiendo mis palabras—. Si él no te
responde, probablemente esa sea tu respuesta.
—¿Qué quieres decir?
Oh, Señor.
—Quiero decir… —Ruedo de lado, metiendo mi mano debajo de mi barbilla y
mirando por la puerta abierta. Sin mirarla ni encontrarme con su mirada inquisitiva e
ingenua—. Si le gustaras, te enviaría un mensaje de texto. Incluso si solo te
considerara una amiga.
—Entonces, ¿crees que tiene novia?
Esta conversación es dolorosa. ¿Cómo es que no capta la indirecta? ¿Cómo no
es obvio para ella que él no está interesado en ella románticamente o de otra manera?
Testaruda.
Mimada. 190
Persistente.
Lo cual sería grandioso si estuviera intentando ganar un concurso de pasteles,
o una contienda, o cualquier otra cosa que requiera fortaleza y una ventaja
competitiva, pero este es el corazón de un hombre que está decidida a ganar.
Y él está decidido a no dejarla porque ya capturó el mío.
—Para estar seguras, asume que está saliendo con alguien.
Listo. Eso debería poner fin a esta discusión.
—¿Quién?
—¿Cómo diablos voy a saber?
—Eres amiga de él —insiste.
Poco sabe ella…
Ruedo sobre mi espalda y luego me siento, frustrada.
—Kaylee, ¿estás hablando en serio? El tipo no te responde los mensajes de
texto, déjalo en paz.
—¡Tengo que saber!
—¿Por qué? Apenas lo conoces y ni siquiera te gusta, te besas con otras
personas cada vez que sales de la casa.
Está demasiado oscuro para ver su expresión, pero no paso por alto cómo agita
su cabello.
—¿Y? No es como si estuviésemos comprometidos.
—Estoy demasiado cansada para esto. —Intento rodar de nuevo a mi costado
e ignorar su presencia junto a mi cama, pero lo está haciendo imposible al cernirse
sobre mí.
—¿Por qué? ¿Dónde estabas anoche?
—Con un amigo. Fuimos… a ver las estrellas.
—Puaj. —Se mueve hacia la puerta, perdiendo interés, gracias a Dios—. Eres
tan nerd.
¿Soy una nerd porque fui y me senté en la plataforma de una camioneta con un
chico lindo, miré las estrellas y tuve una velada romántica?
191
Sí, de acuerdo.
—Vaya, gracias.
Se demora en la puerta, con la mano en la madera.
—Me dirás si dice algo, ¿verdad?
—No hay nada que decir —miento, incapaz de mirarla a los ojos aunque la
habitación no está lo suficientemente oscura para que vea mi expresión culpable.
Quiero enterrar mi cara en la comodidad de mi almohada mullida y gemir, algo
que hago cuando ella finalmente sale por la puerta, dejándome en paz.
Dejándome con mis propios pensamientos.
Se quedan conmigo durante todo el día: a través del estudio, la cena y la
película que veo antes de volver a meterme en la cama, deslizándome con un suspiro,
con el corazón pesado.
No soy la chica que le miente a sus amigas.
No soy la chica que esconde cosas.
¿Por qué pasó esto?
¡Esta no es la que soy!
Está oscuro, pero no estoy cansada, mi cerebro no me dejaría dormir incluso si
estuviera lista, así que busco mi teléfono y selecciono mi aplicación de música,
eligiendo algo suave para escuchar mientras estoy acostada aquí. Resistir la tentación
de ir a las redes sociales e investigar como suelo hacer para matar el tiempo.
Mi cerebro necesita apagarse.
Después de varios minutos sin éxito, me rindo. Echo hacia atrás mi edredón y
me levanto, yendo al escritorio y agarrando mi bloc de dibujo y algunos lápices.
Salto de nuevo a la cama y me dejo caer sobre mi estómago, arreglando todo a
mi alrededor. Dibujar no me cansará, pero mantendrá mi mente ocupada.
La puerta se abre de golpe.
—¿Es verdad? ¿Esta eres tú?
Mi compañera de piso está allí de pie, con la puerta abierta de par en par, el
pasillo oscuro enmarcando su figura. Con las manos en las caderas, pareciendo
beligerante.
—Jesús, Kaylee, me asustaste muchísimo. —Mi corazón late con fuerza, y no 192
en el buen sentido.
Enciende la luz del techo y entra.
—Esta. Eres. Tú.
Va a tener que ser más específica.
—¿Qué soy yo?
Apenas le estoy prestando atención; esta es la segunda vez que Kaylee irrumpe
en mi habitación en el mismo día, y estoy acostada en mi cama, boca abajo, con el
cuaderno de bocetos y los papeles esparcidos frente a mí, en medio del trabajo en mi
cómic. No he tocado mi lápiz y libreta en días, tan preocupada por Jack que ni siquiera
lo he pensado dos veces.
Miro por encima del hombro mientras Kaylee se detiene junto a la cama,
francamente furiosa.
Garabateo mientras se cierne ahí.
—¿Vas a mirarme? Esto es serio.
Exhalando un suspiro de resignación, arrojo mi lápiz para que ruede sobre mi
papel y me apoyo en mis codos.
—¿Qué soy yo?
—Esta. ¿Esa es tu sudadera con capucha roja?
Ah, ¿te refieres a la sudadera con capucha que está dentro de mi armario, en el
cesto de la ropa, esperando a ser lavada?
¿Esa sudadera con capucha roja?
Me sonrojo, abriendo la boca.
Mi boca se cierra.
Me tambaleo como un pececito, nunca me ha ido bien con los conflictos, y
¿desde cuándo Kaylee se mete así en la cara de alguien?
Es tan impropio a ella que me siento desorientada.
Al menos, no es así conmigo; no sé con otras personas de las que no tengo idea
ya que no siempre estamos en los mismos círculos. Lilly y ella tienen otros amigos
con los que salen, así que no sabría cómo actúa con ellos.
Solo sé cómo ha sido conmigo.
193
—No es lo que parece. —Sueno como el peor tipo de cliché: buscando a tientas
mis palabras, mi cerebro acelerando en busca de una mejor explicación, pero no
aparece ninguna. Lo intento de nuevo—. Solo estábamos allí hablando. Yo estaba allí,
luego él apareció y solo estábamos hablando.
Hablando y besándonos, pero no necesita saber eso.
—¿Él solo apareció? ¿Cómo sigue apareciendo en Lords Café? Es tan
aleatorio. Absolutamente nadie va allí excepto tú.
—No sé cómo lo descubrió —le digo honestamente—. O por qué aparece.
La única explicación es que volvió para verme; la verdad tácita pende entre
nosotras en mi dormitorio diminuto.
—¿Cuánto tiempo han estado ustedes dos pasando el rato a mis espaldas?
—¿A tus espaldas?
—Sí, a mis espaldas. —Estampa su pie descalzo con impaciencia en la
alfombra.
—Para ser justos, no ibas a salir con Jack. —Sueno débil y endeble, y tiene
todo el derecho de estar enojada conmigo—. No estábamos pasando el rato a tus
espaldas, no intencionalmente. Nos topamos unas cuantas veces, lo que nos llevó a
sentarnos y hablar.
—Y haciendo lo que sea que estabas haciendo en esta foto.
Parece bastante incriminatorio porque lo es. Muy condenatorio, su boca cerca
de mi oreja. A pesar del hecho de que mi rostro no se muestra, soy innegablemente
yo, y él está besuqueando mi cuello sin lugar a duda.
Jesús.
—Desayunando, te lo dije. Sabes que él también va allí. No puedo evitar que
le gusten sus huevos y tostadas. —Y bollos y tortillas y té.
—No, pero puedes evitar que te bese en público.
Cierto.
Puedo.
Podría hacerlo.
—Dijiste… dijiste que no tenía novia.
¿Está insinuando que soy su novia? 194
—No, dije que deberías asumir que estaba saliendo con alguien, nunca dije
nada de una novia.
—Lo que sea. Semántica. Te sentaste allí y me mentiste en la cara. ¿Cómo voy
a confiar en ti?
Se necesita todo lo que tengo para no poner los ojos en blanco.
—Kaylee, vamos.
—No, tú vamos. Sabes que me gusta y fuiste a mis espaldas y lo estuviste
viendo. ¿Sabe siquiera que me gusta?
Por supuesto que él sabe que a ella le gusta, no podría haberlo dejado más claro
con su avalancha de mensajes.
—Le enviaste mensajes de textos docenas de veces.
Sus ojos se estrechan.
—¿Cómo sabes cuántas veces escribí?
—Tú me dijiste.
Además, vi los mensajes cuando él tenía mi teléfono y yo tenía el suyo.
—No, no te dije ni mierda. Todo lo que dije fue que no me estaba respondiendo
los mensajes. —Su mente trabaja a toda marcha—. ¿Has visto mis mensajes?
¿Estaban juntos cuando le estaba enviando notas?
Mis labios se separan en una pequeña O.
Las fosas nasales de Kaylee se ensanchan y su barbilla se levanta.
—No puedes quedarte aquí.
Me toma segundos… momentos para registrar sus palabras.
—¿Qué?
—Dije, no puedes…
—Escuché lo que dijiste, pero no vas a echarme. —Dejo escapar una risa que
suena nerviosa y ligeramente maníaca.
Echarme.
¡Ja!
—Necesito espacio. Ya no confío en ti. —Con la barbilla aún levantada, mira 195
por encima y por la ventana hacia el patio oscuro como boca de lobo. O tal vez solo
se está mirando en el reflejo, es difícil de decir con ella.
—¿En serio vas a echarme por culpa de un tipo? ¡No sabes nada de él!
—No importa, fuiste en contra del código de chicas, y la primera maldita regla
del código de chicas es que no le robas el novio a alguien.
¿Es un mal momento ahora para señalar que él nunca fue su novio?
—Tengo un contrato de arrendamiento.
—No importa. Encontraremos a alguien. Ya hablé con mi papá, y él cubrirá tu
parte del alquiler hasta que consigamos un subarrendador.
Se me cae el estómago. ¿Ya llamó a sus padres y les contó de esto?
Estoy jodida. Los padres de Kaylee la miman muchísimo, y su padre es peor,
no hay forma de que me permita quedarme, con o sin alquiler.
Amueblaron este lugar hasta el televisor inteligente en la pared de la sala de
estar y los utensilios en los cajones de nuestra cocina.
—¿Has hablado con Lilly de esto?
Un asentimiento breve. Un resoplido.
—Por supuesto.
Duh.
—¿Y ella está bien con echarme?
—Síp. Votamos.
Eso es un montón de mierda y ambas lo sabemos. Kaylee no habría tenido
tiempo de cazar a Lilly, ponerla al corriente de toda la situación y votar para que me
marche de la casa en el lapso de unas pocas horas; es casi imposible localizar a Lilly
en el campus ahora que está constantemente con Kyle.
Aun así, no ganaré esta batalla.
Hoy no.
—Bien.
Mi compañera de piso (corrección, EX-compañera de piso) asiente.
196
—Bien.
Bien.
—¿Al menos vas a darme tiempo para encontrar otro lugar a dónde ir?
Tengo cero opciones.
Esto no podría haber llegado en un momento más terrible. Se acercan los
exámenes parciales, lo que significa que tendré que estudiar mucho.
—Estaba pensando en el próximo fin de semana. Estaré en Arkansas para un
partido fuera de casa el sábado, y Lilly tiene la fiesta del quincuagésimo aniversario
de sus abuelos.
—¿Me estás dando una semana?
¿Está jodidamente loca?
—Por favor, eso es mucho tiempo.
¡¿En qué planeta se considera eso mucho tiempo?!
—No puedes obligarme a mudarme en cuestión de días. —Estoy medio fuera
de la cama, queriendo discutir, sabiendo que es inútil.
—No, pero podemos convertirlo en un infierno para ti si no te has ido cuando
regrese.
Después de que se va, me levanto y me muevo hacia la alfombra, sentándome
con las piernas cruzadas en el suelo, estupefacta. Nunca me han despedido de un
trabajo o echado de un apartamento; no estoy segura de cómo manejar estos
sentimientos.
Culpa.
Lástima.
Vergüenza.
Aunque me permitieran quedarme, no creo que hubiera podido vivir aquí
mucho más tiempo; no sería capaz de moverme por la casa sin la tormenta de
arrepentimiento cerniéndose sobre mi cabeza.
Kaylee tampoco me dejaría vivir en paz.
Así no es cómo quería que ella se enterara de Jack y de mí.
Me pregunto si se lo habría dicho, o si simplemente hubiera roto con Jack para
no tener que confesarlo nunca. 197
Un poco exagerado: por Dios, he visto palacios, pero no tengo idea de cuál es
el origen de Eliza, así que tal vez esta es la cocina más elegante en la que ha estado.
Dejando su caja en la encimera, le sugiero que mire a su alrededor.
—¿Quieres un recorrido?
—Por favor —responde, caminando hacia el fregadero y mirando a través de
la ventana reluciente—. Eso me encantaría.
—¿Quieres que te muestre el lugar, o quieres ir a echar un vistazo mientras
traigo el resto de las cajas?
—¡Ah! Sí, déjame ayudarte con…
Extiendo mi mano para detener su objeción.
—No, no. Quédate aquí y echa un vistazo, y agarraré lo que quede. Solo tienes
siete más, lo tengo fácil.
—¿Si estás seguro…? Ya has hecho mucho.
No he hecho nada, y es por mis propios motivos egoístas.
Estoy harto de estar aquí solo, solo y aburrido, ahogándome en el silencio día
tras día, noche tras noche tras noche. Es hora de que tenga a alguien aquí conmigo,
bien podría ser ella.
Además…
Es linda y me gusta mucho.
Hay peores personas a las que podría haber pedido que se mudaran aquí, a
saber, todos los compañeros que he hecho desde que estoy aquí.
Eliza desaparece en la habitación junto a la cocina, una sala donde la televisión
cuelga de la pared, la habitación está poco iluminada y la uso como mi sala de cine,
para ver mis deportes y películas. Es donde paso la mayor parte de mi tiempo cuando
no estoy durmiendo.
Vanidoso, lo sé.
Llevo sus cajas a su habitación, convenientemente ubicada en la parte superior
de las escaleras a la izquierda y al otro extremo del pasillo de mi propia habitación.
Las dejo contra la pared del fondo, junto al escritorio que ahora es suyo por el resto
del año.
También hay una cama tamaño queen, su propio baño y mucho espacio para 205
que se relaje. Vi su habitación en su última casa y esta es el doble de grande, así que
deduzco que estará perfectamente contenta.
Entra en el dormitorio mientras dejo la última caja encima de una pila de tres.
—Bueno, ¿qué piensas? ¿Servirá?
—¿Hablas en serio? —Da vueltas con los brazos extendidos antes de arrojarse
sobre el colchón. Rebota bajo su peso y ella suspira, mirando contenta al techo—.
Esto es increíble. Quiero decir, apesta que me hayan echado de mi casa porque aún
tengo que lidiar con Kaylee y esas consecuencias, pero hay cosas peores que vivir en
esta casa preciosa. Que alguien me pellizque.
—¿Quieres que te pellizque, o es una forma de hablar?
Ella se ríe.
—Es una forma de hablar, tonto.
Solo permanezco ahí y la observo con torpeza, metiendo las manos en los
bolsillos de mis jeans, preguntándome si es raro que aún esté en la habitación mientras
ella está acostada en su cama, mirando el techo.
—Bueno, dejaré que te instales… —Me dirijo hacia la puerta—. ¿Qué quieres
para cenar?
Eliza se sienta, apoyada en sus codos.
—No sé, ¿qué quieres para cenar? ¡Se siente tan raro discutirlo contigo! —Se
ríe.
Dímelo a mí.
—Nunca he vivido con una mujer, si no cuentas a mamá, así que… puede que
sea una mierda en eso. Lo resolveremos.
—¿Cocinas?
—Sí. —Obviamente. Prácticamente me crie solo.
—¿Por qué no pido algo a domicilio, y luego, cuando llegue aquí, dejaré de
desempacar y podemos comer?
—¿Comer y ver una película? La nueva de Marvel está OnDemand, podemos
alquilarla.
Ella jadea.
—¡Eso me encantaría! —Su pequeño ser chilla de alegría—. Oh, Dios mío, 206
esto va a ser muy divertido. Nadie quiere ver películas conmigo. —Su celular ya está
afuera y está desplazándose por él—. ¿Pizza? ¿Pasta? —Sus dedos se mueven a lo
largo de la pantalla de su celular.
—¿Qué tal pizza y pasta? También me apetece un poco de pan de ajo, hagamos
de esto una carga de carbohidratos.
Una de sus cejas se levanta.
—¿Mañana tienes juego?
—Sí, desafortunadamente. —Gimo, para nada agradecido por el
recordatorio—. No es que necesite los carbohidratos, pero ahogarán mi miseria. Tal
vez me atragante con un fideo y muera, entonces no tendré que presentarme al partido.
Se ríe, aun desplazándose en el teléfono.
—Deberías escucharte. Dios mío, ya termina con eso. Nadie va a juzgarte por
eso. —Sus ojos encuentran los míos—. De hecho, te lo agradecerán considerando que
eres terrible.
—¡Oye! Solo yo puedo decir que soy terrible.
—Solo te estoy citando. Pero también te estoy juzgando, solo un poco. —
Extiende los dedos, separando el pulgar y el índice—. Algo así. Solo un poquito.
—Voy a cerrar tu puerta ahora mismo. ¡Adiós!
Su risa me sigue por el pasillo y me encuentro sonriendo sin poder evitarlo y
del tema de discusión. Por supuesto, tiene razón, en realidad debería averiguar qué
voy a hacer con el equipo de rugby. En algún momento u otro, el entrenador me sacará
del equipo o me convertirá en el chico del agua, ninguna de las cuales son opciones
divertidas. Más bien, humillante.
Debería renunciar mientras tengo la ventaja antes de lastimar algo que no
quiero lastimar, a saber, mi orgullo.
No es que a mi hermano le vaya a importar si renuncio. En primer lugar, nunca
me presionó para que me uniera, solo fue algo que quise hacer porque él lo había
hecho. Si continúo siguiendo sus pasos, voy a terminar con una esposa, ja, ja.
Treinta minutos después, suena el timbre y acepto una caja grande de pizza,
dos cajas de cartón que contienen Dios sabe qué y un litro de refresco de cola. Le doy
al repartidor un billete de cinco dólares como propina.
Huele delicioso, y mi estómago gruñe.
—¡Compañera, la cena está aquí! —Lo grito por las escaleras, disfrutando la 207
forma en que suena esa frase.
Compañera.
Tengo una compañera de piso.
¡Qué americano de mí!
Eliza aparece en lo alto de las escaleras, sonrojada y limpiándose las manos en
la parte trasera de sus jeans, como si hubiese estado trabajando todo el día en un
trabajo laborioso y necesitara un descanso.
—¡Asombroso, me muero de hambre!
Comemos en silencio durante un rato, después de instalarnos en el estudio
frente a la tele, platos, pizza y servilletas esparcidos por todas partes, el brillo de la
pantalla nuestra única luz.
—¿Quieres hablar sobre cómo te sientes? —Interrumpo la vibra apacible,
lanzando la pregunta a la atmósfera con un abandono temerario, curioso por lo que
está pasando por su mente después de todo lo que ha ocurrido en las últimas
veinticuatro horas.
—¿Cómo me siento sobre qué? —Un trozo de pizza cuelga de su boca a mitad
de un bocado, la parte puntiaguda del triángulo entre sus dientes.
—Ya sabes, que te echaran de tu casa.
—No lo llamaría tanto ser echada como… —Su oración se desvanece.
—¿Ser expulsada de tu casa?
—Odio la forma en que suena. —Mastica y luego traga. Lo pasa con un trago
de agua.
—Pero es verdad.
—Bien, es verdad. Más o menos.
—Más.
Eliza me lanza una mueca irritada.
—¿Quieres dejarlo?
—Parece que no puedo. —Me rio—. Pero honestamente, Eliza, si quieres
hablar de eso, soy todo oídos. —Al igual que el príncipe Charles. Todo. Oídos.
—¿De verdad quieres hablar de eso? —responde, el escepticismo escrito en
todo su rostro—. ¿O solo estás siendo educado? 208
Siempre soy educado. Además, ¿a las mujeres no les gusta discutir cómo se
sienten y mierdas así?
—Deberías expresar tus sentimientos ya que tus dos compañeras te echaron.
—Bueno, he estado enviando mensajes a mis amigos en casa. Eso ha ayudado
mucho.
Sus amigos en casa. Me hace darme cuenta de que no conozco sus antecedentes
tan bien como ella no conoce los míos.
—¿De dónde eres?
—No muy lejos de aquí, unas tres horas al sur. En Indiana.
Indiana. Eh.
—¿Quieres vivir en Indiana cuando te gradúes?
Eliza se ríe, un sonidito tintineante y alegre que no había escuchado antes.
—No, probablemente no. No hay mucho donde crecí, y creo que querré estar
más en una gran ciudad. ¿Tú qué tal?
—Regresaré a Londres. Tengo un apartamento allí, y mi hermano vive allí con
su esposa mientras yo estoy aquí.
—¿Su esposa? ¿Cuántos años tiene?
—Veintitrés. Acaba de celebrar su cumpleaños.
Sus ojos se abren como platos. Muy amplios.
—¡Veintitrés! ¿Cuánto tiempo han estado casados?
Me encojo de hombros.
—No sé. ¿Seis meses? ¿Ocho?
No llevo la cuenta de mierdas como esa; mamá lo hace. Cuando sea su
aniversario, ella me enviará un mensaje para avisarme, y yo le enviaré un mensaje de
texto a mi hermano de FELIZ ANIVERSARIO y eso será todo. Lo mismo ocurre con
la mayoría de los cumpleaños y eventos.
—Tiene que haber una historia en alguna parte…
Y claramente quiere escucharla.
209
—La hay —empiezo, disponiéndome a contar la historia de cómo mi hermano
Ashley conoció, se casó y se enamoró de su esposa, Georgia—. Cuando mi hermano
se mudó aquí, salía mucho de fiesta. Una noche, una chica se acercó a él por un desafío
en la Casa del Rugby y le pidió una cita; se suponía que ella elegiría al tipo más feo
del lugar y lo invitaría a salir. Y ese tipo fue mi hermano.
—Espera, espera, espera, espera un momento. Entonces, ¿lo que estás diciendo
es que ella le pidió una cita porque es feo?
—No es feo.
—Ah. Entonces, ¿por qué lo invitó a salir si eso era parte del desafío?
—¿Me vas a dejar contar la historia?
—Lo siento. —Se cierra los labios y arroja la llave.
—Georgia estaba pasando por una novatada. Siendo parte del equipo de
atletismo y todo eso. —Agito una mano alegremente, como si eso lo explicara todo—
. Si la conocieras, te preguntarías cómo se dejó atrapar en eso; es bastante formidable
y es difícil imaginarla cayendo presa de ese comportamiento, pero lo que sea. Esta es
su historia.
Eliza asiente.
—Entonces, según la leyenda, Georgia se acercó a él y comenzó a charlar con
él, conversando un poco antes de dar el golpe final; el problema es que él sabía muy
bien que el equipo de atletismo engaña a sus miembros de esta manera, y se sintió
insultado, por decir lo menos. ¿Qué tipo no lo estaría?
―Básicamente él le dijo que se fuera a la mierda, y ella salió corriendo con el
rabo entre las piernas. Desafortunadamente, terminaron en la misma clase al día
siguiente y acabaron juntos en un proyecto grupal.
Eliza jadea.
—Qué terriblemente vergonzoso para ella.
—Lo sé, ¿verdad? —Me inclino hacia adelante y agarro la botella de agua en
la mesita de café, girando la tapa y bebiendo antes de continuar—. Ahora estamos en
el punto de nuestra pequeña historia donde terminan mezclándose por este proyecto.
Georgia intentó endulzarlo, como dices, llevándole dulces. Muffins, pasteles y cosas
por el estilo, y lamiéndole las botas e inflándole el ego, y si conocieras a mi hermano,
te sorprendería que… no funcionó.
—¿Entonces? —Eliza está fascinada, pendiente de cada una de mis palabras. 210
—No estoy exactamente seguro de cuándo cambió la marea, pero
eventualmente hicieron un viaje juntos a la fabulosa Las Vegas. Se emborracharon,
se revolcaron por primera vez, se pelearon aún más, se casaron.
—¿Se revolcaron?
Seguro que ha oído hablar de revolcarse.
—¿Sexo?
La luz se enciende y su boca forma una O.
—¡Ah!
—Mierda. Me salté la parte en la que se mudaron juntos.
—¿Vivían juntos?
—Síp. —Al igual que ella y yo—. Necesitaba un lugar para vivir porque quería
mudarse de los dormitorios, se sentía demasiado mayor para vivir allí, y Ashley tenía
una casa entera para él solo y se ofreció a dejarla mudarse. —Hago una pausa
dramática, aunque ya he derramado la mejor parte de la historia.
—Entonces, ¿solo eran amigos?
—Nah, ¿creo que se habían besado un par de veces? No sé, no me dice mucho.
Tengo que improvisar.
—Está bien, entonces, ¿qué pasó después de que se casaron? ¿Ambos viven en
Inglaterra?
Asiento.
—Sí, ambos viven en Inglaterra. Londres, en mi apartamento, ¿recuerdas?
Después de casarse, los padres de Georgia tuvieron un patatús: la echaron de la casa
y le dijeron que era hora de madurar. Si podía casarse, podía actuar y vivir como una
adulta, alguna tontería como esa.
—¿Qué hizo?
—¿Qué quieres decir con qué hizo? Me llamó, se fue corriendo a Inglaterra y
sorprendió a mi hermano al aparecer en su puerta. —Que es técnicamente mi puerta—
. Y probablemente estén follando en mi cama mientras hablamos.
Un buen polvo matutino, una de mis cosas favoritas además de las patatas
fritas y los viajes.
Ah. Y los perros. 211
212
Eliza
No entiendo por qué Jack no ha dejado el equipo de rugby.
Hemos estado viviendo juntos durante casi una semana, y en ese lapso, lo he
visto estresarse después de la práctica, inventar varias excusas por las que no puede
asistir a la práctica, cuidar una herida menor en su cuerpo (y docenas más en su
orgullo), y perder el sueño.
Nuestras habitaciones pueden estar en los extremos del pasillo una de la otra,
pero no se puede confundir el sonido de los pasos en la alfombra durante todas las
horas de la noche, o el sonido de la cisterna del inodoro cuando debería estar
durmiendo.
Es sábado y bajé las escaleras después de varias horas de estudio, dirigiéndome
al cuarto de lavado para lavar la ropa.
Camisetas.
Un par de jeans que pueden estar limpios, pero no estoy segura.
Dos sudaderas con capucha.
Un par de pantalones de pijama.
Pantalones cortos.
Calcetines, sujetadores y tres pares de bragas que uso para dormir, que no
deben confundirse con las que uso durante el día, ja, ja.
213
Jack tiene un juego, y yo tengo la casa para mí sola.
Tarareando mientras cargo la lavadora y agrego detergente, mis ojos recorren
la habitación, observando el papel tapiz anticuado pero elegante, los gabinetes oscuros
sobre las máquinas, hasta el patio trasero más allá.
Hay ganchos en la pared detrás de mí con nuestras chaquetas, zapatos en el
suelo. Llaves del pequeño cobertizo en el rincón más alejado de la propiedad,
etiquetado como Cobertizo.
Las encimeras están laminadas, pero limpias y …
Oh, mierda.
¿Ese es el protector bucal de Jack?
¿Qué hace aquí en la casa? ¿Este es el único o es un repuesto?
¿Por qué tendría protectores bucales de repuesto por ahí al azar, Eliza? Usa
tu sentido común.
No soy atleta, ¿cómo diablos podría saberlo?
Mordiéndome el labio inferior, delibero y luego compruebo la hora en mi
teléfono: su juego ya habría comenzado, pero no estaría tan metido en ello, y si me
apresuro…
¿A pie?
¿Quizás debería buscar una bicicleta en el garaje?
Sí, sí, revisaré el garaje en busca de una bicicleta y puedo reducir mi tiempo a
la mitad.
¡Mírame siendo una buena compañera de piso y viniendo al rescate!
Volando a través de la casa hacia la puerta más cercana al garaje, pulso el
control remoto de la puerta grande, y se eleva a un ritmo glacial. Vislumbro una
bicicleta que parece de alta tecnología apoyada contra la pared de un gimnasio casero
cuidadosamente construido, bancos, pesas libres, todo el asunto. ¡Es como un mini
Lifetime Fitness en mi propio patio trasero!
Maldita sea.
¿Cómo eso escapó de mi atención?
Jack es un guía turístico de mierda, por eso.
214
Maldición. No tengo tiempo para quedarme boquiabierta, tengo que llevar este
protector bucal al campo para que sus dientes preciosos no se salgan de su lugar.
Uber.
Puedo llamar un Uber, eso me llevará allí más rápido, aunque me costará unos
cuantos dólares.
Uso la aplicación para buscar un aventón, cierro la casa al salir, corro por el
corto camino de entrada y me maravillo de lo bonito y pintoresco que es este
vecindario en comparación con estar cerca del campus.
Definitivamente necesito tomarme más tiempo para explorar, tal vez este
domingo; tengo mucho tiempo ahora que he perdido a la mitad de los amigos que
tenía aquí.
Supongo que, es hora de hacer otros nuevos.
Jack también es ahora mi amigo, me gusta. Es divertido, inteligente e
ingenioso. Me hace reír, eso es seguro. Lindo.
¿Solo lindo, Eliza? Por favor.
Es atractivo y… y… elegante.
No es la cuestión.
Una no debe obsesionarse con el atractivo de su compañero de piso,
especialmente cuando una está intentando no desarrollar un gran enamoramiento
por él.
El auto se detiene y me subo después de comprobar la matrícula, rebotando las
rodillas de arriba abajo mientras el conductor avanza lentamente hacia el parque.
Podría trotar junto al vehículo más rápido de lo que va.
Cuando finalmente llegamos al parque, salgo por la puerta antes de que pueda
detenerse por completo. Claro, sé que no es seguro, pero tengo prisa. No hay tiempo
que perder. Cuanto más espero, más posibilidades tiene Jack de que un codo errante
le saque los dientes.
Estoy cumpliendo con mi deber cívico.
No hay tiempo que perder.
Es un poco difícil de detectar entre todos los gigantes de su equipo. Ciertamente
hay un tipo entre los jugadores de rugby: grandes, brutales y barbudos. Jack es el más
pulcro de todos con su raya al costado y su cara bien afeitada, las camisas polo y la
ropa impecable que definitivamente plancha. 215
Ah.
Ahí está.
Mi compañero de piso y el tipo que me salvó de quedarme sin hogar este
semestre, de pie en las afueras del campo, encogiéndose cerca del banco, con los
brazos cruzados sobre su pecho enorme.
Camino rápido en su dirección.
Levanto mi brazo para agitarlo, deseando poder ser un poco más sutil, pero
eligiendo dar un pequeño grito en su lugar.
—¡Jack! —Agito mi brazo de nuevo, agito mi mano en un intento de llamar su
atención para no tener que caminar en el meollo de las cosas y avergonzarme más.
Como si fuera una novia preocupada o una madre cariñosa.
Jack me ve en poco tiempo. Por supuesto que sí, estoy usando la única sudadera
con capucha limpia que tengo en mi armario.
Amarilla.
Brillante.
Cualquiera con un par de ojos funcionales me notaría parada al margen,
agitando el protector bucal de hombre. Como sea que lo llamen.
—Jack. —Vuelvo a gritar aunque no hay necesidad. Comenzó a acercarse
decidido tan pronto como me vio, devolviéndome el saludo y sonriendo rápidamente,
una sonrisa que se desvanece en un ceño fruncido.
Está avergonzado de que esté aquí; no quiere que lo vea jugar como una
mierda terrible.
Bueno, lástima, ¿quiere que le rompan los dientes? ¿Su madre?
No.
Le estoy haciendo un favor.
Trota, cerrando la distancia entre nosotros.
—Hola.
Extiendo el protector bucal de plástico, que probablemente esté plagado de 216
gérmenes.
—Te dejaste tu cosa en casa. —Le doy una sacudida a dicha cosa—. Estaba en
la encimera del cuarto de lavado, y me preocupaba que lo necesitaras.
—Lo haría si estuviera jugando —se burla, metiéndose el protector bucal en la
boca, moviéndolo hasta que encaja—. Gracias.
Meto mis manos en los bolsillos de mi sudadera con un asentimiento breve,
observándolo mientras trota lentamente hacia la línea lateral. Veo su trasero a medida
que se aleja. Sus isquiotibiales.
Los músculos de la pantorrilla.
Vaya, retrocede, este tren de pensamiento no está permitido.
Paso unos minutos más admirándolo, disfrutando del hecho de que este chico
atractivo es mi amigo y compañero de piso. Disfrutando del hecho de que quiere más,
pero estuvo dispuesto a sacrificar eso más para ayudarme.
Cualquier tipo que esté dispuesto a jugarse el cuello por mí es realmente una
persona extraordinaria.
Pero.
Nada puede resultar de nuestra atracción mutua, no mientras viva con él.
Simplemente no puedo hacerlo, no puedo enredar las cosas. Como dicen, no se puede
mezclar negocios con placer.
Parada aquí al margen, está claro (al menos para mí) que Jack no quiere
participar en el juego, un hecho sobre el que su entrenador no comparte los mismos
sentimientos, porque uno de los miembros del equipo se acerca a Jack, sujetando su
mano sobre el hombro ancho de Jack y diciéndole algo. ¿Dándole instrucciones?
Independientemente, Jack está asintiendo, sus ojos escaneando el campo.
Recorre las líneas pintadas en el césped con cierta vacilación, y se mete en el
juego.
Sale uno de sus compañeros de equipo, reemplazado por Jack. Le da una
palmada en la espalda para darle un poco de suerte, yendo inmediatamente a las
botellas de agua esparcidas por el suelo, sobre y alrededor del banco de madera.
No puedo mirar cuando comienza el juego; tengo demasiado miedo de lo que
voy a ver. Rezo para que nuestro equipo tome posesión del balón de modo que Jack
no tenga mucho que hacer, porque no tiene ni idea de qué hacer.
Es como un pez fuera del agua. 217
Es obvio que no tiene ni idea de lo que está haciendo.
El entrenador comienza a gritar, insultos dirigidos a Jack, su rostro poniéndose
rojo, su portapapeles ya está tirado al suelo. Esto no va a terminar bien.
No puedo mirar.
Oh Dios.
Gritos.
Maldiciones.
El sonido de los muchachos peleándose, corriendo, gritándose unos a otros en
el campo mientras hacen jugadas de las que Jack no forma parte.
No puedo mirar.
Cubriendo mis ojos con ambas palmas, miro a través de la grieta en mis dedos,
estremeciéndome.
Es una presa fácil.
Oh Dios.
—¡Jones! —grita el entrenador de nuevo—. ¡Vas por el maldito camino
equivocado!
De hecho, lo está haciendo; incluso yo sé esto, y sé menos del juego que Jack.
Sucede en un abrir y cerrar de ojos. Barro, tierra, hierba. Brazos, piernas.
Tacos.
Cascos.
El sonido de todo juntándose, el sonido de cuerpos golpeando, el sonido de
gruñidos y sudor.
Jack está en el suelo, de espaldas.
La jugada se detiene.
Los jugadores se reúnen.
Ya no puedo verlo; ¿dónde está?
Estiro la cabeza frenética, y acercándome.
—¡Jack! —llamo, a nadie porque estoy aquí sola.
218
Mi corazón está latiendo más rápido que nunca, y sé que no puedo quedarme
aquí sin saber lo que está pasando dentro de ese grupo alrededor de mi compañero de
cuarto. Mi amigo.
Si está herido, tengo que ayudarlo.
Si está herido, quiero tomar su mano, acunar su cabeza en mi regazo.
Nadie parece estar preocupado excepto yo, la multitud jugando en sus teléfonos
como si esto fuera una especie de intermedio o tiempo muerto.
Supongo que esto es parte del juego que es el rugby y, sin embargo, eso no me
hace sentir un poco mejor o menos ansiosa.
Permanece en el suelo a medida que me acerco, con los ojos cerrados, los
brazos y las piernas extendidos como una estrella de mar en la playa.
Digo su nombre por lo que parece ser la millonésima vez, intentando llamar su
atención, abriéndome paso entre el gran grupo de chicos que están parados mirándolo.
—¿Nadie va a hacer nada? —pregunto, dejándome caer de rodillas y sintiendo
el pulso en su cuello; está respirando, lo sé, pero eso no me impide comprobarlo de
todos modos.
—Me parece bien —dice uno de los gigantes—. No es como si estuviera
muerto.
Uno de los entrenadores se acerca para unirse a la conversación.
—¿Por qué el resto de ustedes no va a tomar un descanso breve mientras
solucionamos esto? Tomen un poco de agua.
Resolver esto.
¿Cómo los hombres pueden ser tan arrogantes con las lesiones?
—¿Eres su novia? —pregunta un miembro del personal, también
arrodillándose junto a Jack.
—No. Su compañera de piso.
—Bueno, no creo que haya sido golpeado tan mal, solo lo más probable es que
lo hayan dejado sin aire, no fue golpeado por encima del cinturón.
—¿Estás seguro? Se ve tan pálido.
—Ya lo revisamos y antes estaba lúcido, las pupilas no están dilatadas. Solo
necesita recuperar el aliento antes de que lo pongamos de pie y lo saquemos del
campo. —Mira a Jack, luego a mí—. Podemos moverlo al banco. 219
—Creo que debería venir a casa conmigo.
Me mira con escepticismo.
—¿Crees que puedes llevarlo a casa? Eres una cosita diminuta.
Mi espalda se pone rígida.
—Estoy segura de que puedo llevarlo a casa muy bien. Pediré un auto. Solo
tengo que meterlo en él.
—Puedo enviar a alguien contigo.
—Está bien, señor.
Señor.
La palabra hace que sus cejas se arqueen; no puede ser mucho mayor que yo,
lo más probable es que sea un entrenador aun trabajando en su pasantía.
Se encoge de hombros, sus hombros no son tan anchos como los de cualquiera
de los jugadores.
—Como quieras.
Planeo hacer precisamente eso.
Mi palma va a la mejilla de Jack.
—Jack, ¿puedes oírme?
Su cabeza se mueve hacia mi voz, sus ojos abriéndose como un bebé recién
nacido buscando la luz.
—¿Eliza? ¿Por qué sigues aquí?
Mi palma se mueve a su frente como si estuviera tomando su temperatura.
—Estaba a punto de irme cuando te golpearon.
Él asiente, haciendo una mueca. Dolido físicamente.
—¿Dónde duele?
—Por todas partes.
Asiento con autoridad, lista para hacerme cargo de la situación.
—Vamos a sacarte del campo para poder llevarte a casa, ¿de acuerdo?
—Jesús, señorita, estaba bien hace un minuto —señala alguien cercano sin
compasión—. Se tropezó con sus propios pies. 220
—No, solo son algunos moretones leves. Nada estaba roto excepto mi orgullo.
Sucedió de inmediato, no estuve mucho tiempo en el juego y mi compañera de piso
me atendió tan pronto como llegué a casa.
—¿Tu compañera de piso? ¿Cuándo sucedió eso?
Maldita sea.
Olvidé mencionar a mis padres que Eliza se mudó, ni siquiera se lo mencioné
a mi hermano. No ha habido tiempo. He estado tan ocupado con la escuela y con la
mudanza de Eliza que no se me ocurrió contarle a nadie los detalles de mis arreglos
de vivienda.
—Sí, ahora tengo una compañero de piso. Se llama Eliza y lleva aquí una
semana.
—¿Eliza? Ese suena como el nombre de una mujer, querido.
—Eso es porque es un nombre de mujer, mamá.
—Oh Señor, aquí vamos de nuevo. —Prácticamente puedo ver su exasperación
a través del celular.
¿Aquí vamos de nuevo?
—¿Qué se supone que significa eso?
Un suspiro fuerte llega a través del celular.
—¿Por qué tu hermano y tú insisten en vivir con mujeres? Todos sabemos
cómo va a terminar esto.
—¿Cómo va a terminar esto? Difícilmente haré como Ashley y voy a casarme
con mi compañera de piso, madre. Además, tenemos reglas.
La risita alegre de mamá suena clara como una campana.
—Oh, Jack, me haces reír.
—¿Qué es tan divertido? Hablo en serio: Eliza y yo solo somos amigos.
Tenemos un conjunto de reglas para mantener las cosas profesionales.
Mamá le da un bocado a la tostada antes de decir:
—Querido, si necesitas un conjunto de reglas para mantener las cosas
profesionales, debe haber sentimientos involucrados. De lo contrario, difícilmente las
necesitarías, ¿verdad?
241
Puedo visualizarla sentada en la sala de desayunos en casa, el sol entrando por
las ventanas mientras está sentada en su bata desayunando, con las piernas cruzadas
y rulos en el cabello.
—No hay sentimientos involucrados. —Porque Eliza ha decidido que eso no
importa y debemos mantener nuestras manos quietas.
—Está bien. Entonces, sígueme la corriente. ¿Cuáles son algunas de estas
reglas?
—No las tengo aquí frente a mí, madre. No soy yo quien las escribió.
—¿Seguramente puedes recordar solo una? —Suena divertida, sin creer ni por
un segundo que no recuerdo cuáles son estas malditas reglas ridículas.
—Bien. Una de ellas es llamar antes de entrar. —Listo, eso debería satisfacer
su curiosidad.
—Eso suena a sentido común —murmura—. ¿Qué otra cosa?
Pienso.
—No invitar a personas al azar a pasar la noche sin decírselo primero a la otra
persona.
Mamá tararea.
—Continúa.
—No, hum… —Vacilo, las palabras en mi lengua de repente me hacen sentir
tímido.
—¿Sí? —Me saca las palabras—. No, hum… qué.
—No tocar.
—¿No tocar? —Su voz se eleva—. ¿Qué significa eso? —Suena enteramente
demasiado entretenida, la diversión entrelazando sus palabras. Me imagino que sus
cejas perfectamente depiladas se han levantado hasta la línea del cabello y su boca
está abierta de par en par.
Me encojo de hombros, aunque no puede verlo.
—Significa no tocar.
—¿Nada? —Toma un sorbo de su té—. ¿En absoluto? ¿Qué sucede si ambos
están en la cocina y se rozan mientras estás en el fregadero y ella en la estufa?
Suspiro, frustrado. 242
—No ese tipo de contacto, mamá.
Una risita.
—Lo sé, querido. Tengo dos hijos.
Genial, se ríe a mi costa.
—Besarse y esas cosas.
—¿Por qué diablos querrías besarte con tu compañera de piso? Acabas de
decirme que solo son mejores amigos.
—No mejores amigos. —Siento la necesidad de aclarar—. El tipo normal. —
Mi tono es malhumorado, incluso para mis propios oídos—. Ella quería agregar esa
regla, no yo.
—Querido, ¿por qué querría hacer eso?
Maldita sea, solo mi madre insiste en conocer cada detalle laborioso. Quiere
toda la verdad y nada más que la verdad, que Dios me ayude, aunque sea humillante.
—Puede que la haya besado en una fiesta en algún momento… y una vez en la
cocina.
—¿Y ella no quiere que vuelva a suceder?
—No. Quiere mantener las cosas honestas y respetables.
—¿Qué diablos le pasa? ¿Por qué no le gusta mi bebé?
—No pasa nada con Eliza. Creo que el problema es que, creo que está
preocupada secretamente de que la eche y no tenga un lugar donde vivir. Porque eso
es lo que sucedió con su último grupo de compañeras de piso: la echaron.
—¿Por qué diablos harían eso? —Mamá está pendiente de cada una de mis
palabras como si fuera una telenovela—. ¿Qué hizo?
—No hizo nada, su compañera de piso estaba prendada de mí. No fue su culpa.
No pude tolerar a esa chica después de un tiempo, y Eliza es más mi tipo.
—¿Tienes un tipo? —pregunta mamá—. ¿Cómo no sabía esto?
—Porque estuve con Caroline la mayor parte de mi vida adulta. —Pongo los
ojos en blanco.
—Hablando de Caroline… —comienza—. Me encontré con su madre en el
mercado la semana pasada. Parece que Caroline aún está devastada.
—¿Aún no ha superado la ruptura? —Han pasado ocho meses; necesita 243
superarlo. Empezar a salir con alguien nuevo, alguien con más dinero y mejores
conexiones, sin duda alguna, ya que eso es lo único que quiere.
Pequeña musaraña cazafortunas…
—Supongo que no —refunfuña—. Chocante, de verdad.
—Mamá, me encantaría que no habláramos de ella en este momento, no quiero
tener pesadillas cuando me vaya a dormir.
—Ah, sí, entonces preferirías hablar de esta Eliza.
Me rio por lo bajo al celular.
—Ella tampoco.
—¿Porque te gusta?
Sí.
Me quedo en silencio.
Tan silencioso que mamá tiene que preguntar:
—¿Jack? ¿Estás ahí? —Unos momentos después.
—Estoy aquí.
—Bueno… —Su voz es un suspiro pesado—. Creo que mi único consejo sería:
no lleves a la chica a Las Vegas, no te emborraches y no te cases. No es que no ame
a mi nuera, pero tal vez espero que mi hijo lo haga esta vez de la manera adecuada.
—No voy a casarme accidentalmente con mi compañera de piso. ¿Cuántas
veces tengo que decirlo?
—Mmm, no puede hacer daño decirlo otra vez, ¿verdad? Para estar seguros.
No me había dado cuenta de que mi madre era tan perspicaz, pero aprendemos
algo nuevo todos los días, ¿no?
—Eliza y yo solo somos amigos —repito con voz hueca.
—Di eso una y otra vez, querido. De hecho, podrías empezar a creerlo.
Hablamos un poco más hasta que termina de desayunar y quiere irse de la casa.
Después de colgar la llamada, me acuesto en la cama y miro al techo, pensando en
nuestra conversación y en mi compañera de piso durmiendo unas puertas más abajo.
Va a ser una noche muy larga.
244
Eliza
Por supuesto es un día de mierda fuera, nublado y sin un solo rayo de sol a la
vista: el clima perfecto para un encuentro con Kaylee en el patio del campus, y Lilly
a cuestas.
¿Podría empeorar el día?
Vienen hacia mí por la acera, y es un viaje largo a ninguna parte; no puedo
girar a la izquierda y no puedo girar a la derecha: la acera no va por ese lado. Pero,
por otra parte, ¿por qué debería esconderme de ellas?
No hice nada malo, pero intenta decirles eso.
—Bueno, bueno, bueno, mira quién es, la ladrona de novios.
¿Ladrona de novios?
Eso es exagerado, incluso para ella. A pesar de todo, arde, haciéndome
sonrojar.
Cierro los labios con fuerza para no decir algo sarcástico en respuesta, casi dos
semanas de confusión emocional se ha estado gestando dentro de mí y amenaza con
derramarse.
Me detengo, congelada en medio de la acera como un ciervo atrapado por los
faros, los estudiantes desviándose y evitando chocar conmigo.
—Hola, chicas.
245
—Hola, dice. —Kaylee agita su cabello rubio y frunce los labios—.
Preguntaría cómo te va, pero ya lo sé.
Su cara típicamente bonita se contorsiona en una mirada que no le había visto
antes: burlona y arrogante. ¿Así es cómo se siente sentir su censura? Nunca he estado
en el lado receptor, pero imagino que otras chicas lo han hecho.
Es escalofriante, por decir lo menos.
—¿Lo haces?
¿Cómo podría saber que estoy viviendo con Jack? No se lo he dicho a nadie
más que a mis amigos de casa. Aún ni siquiera mis padres lo saben, lo que me recuerda
que debería llamarlos esta noche…
—Duh. Somos las que te echamos.
Parece que a ella le encanta recordarme ese detalle, mencionar el hecho de que
eligió dejarme sin hogar hacia la mitad del semestre sabiendo que no tendría opciones
para vivir.
Mis ojos se desvían hacia Lilly, que ha estado torpemente parada en silencio.
Se ve avergonzada, escondiendo su mirada cuando la miro.
—Gracias a Dios por Jack —digo en voz baja.
No lo suficientemente bajo, porque mi ex compañera de piso se ríe.
—Jack —se burla Kaylee—. Él es quien te metió en este lío, ¿por qué le estarías
agradeciendo? Ah, es cierto, probablemente ahora estás saliendo con él.
—No estoy saliendo con él —la corrijo—. Pero él me acogió por caridad.
—Te acogió… ¿qué significa eso?
Decido borrar la sonrisa de su rostro.
—Me tomó como su compañera de piso porque estaba desesperada.
—¿Vives con Jack? —pregunta Lilly en voz baja.
Mi otra ex compañera de piso no es tan sutil.
—¿Ahora estás viviendo con él? —Su voz es un chillido, alcanzando una
octava que normalmente solo las sopranos pueden alcanzar—. ¿Hablas jodidamente
en serio?
Me siento como una chica mala, dándole esta información, sabiendo que la
molestará. Se siente mezquino y rencoroso, aunque es algo satisfactorio ver la 246
expresión de asombro en su rostro.
No puedo decir que esté nada orgullosa de cómo va esta conversación, y ¡uf!
¡Que desastre!
—¿Y cómo sucedió todo eso? —indaga Kaylee buscando información—.
¿Fuiste llorando con él diciéndole lo idiota que soy por haberte echado? Quise decir,
lo idiotas que somos por haberte echado —corrige, incluyendo a Lilly para darle la
mitad de la culpa.
—No, no fui a llorarle por ustedes dos. Me envió un mensaje de texto al
momento en que estaba intentando averiguar qué iba a hacer, y le mencioné que no
tenía dónde vivir.
—Bueno, qué conveniente. —Su tono implica que no lo encuentra conveniente
y que no está nada feliz de que haya encontrado un lugar para vivir. Conociéndola,
me preferiría en las calles por la noche.
—Sí, es un poco conveniente —dice Lilly—. Es curioso cómo funcionan las
cosas cuando menos te lo esperas.
Su sonrisa es sutil.
Amo a Lilly, siempre lo he hecho. La dulce y cariñosa Lilly. Sé que
probablemente tuvo poco que ver con mi salida de la casa y, a juzgar por la expresión
de su rostro, se siente absolutamente horrible, pero se alegra de que tenga un lugar
donde quedarme.
—Es una situación irónica —añade—. El hecho de que vivas con el tipo que
nos metió en la pelea en primer lugar.
—Cállate, Lilly —le dice Kaylee groseramente.
—Oye, no le digas que se calle, eso es muy grosero.
En serio, ¿qué diablos? ¿Qué le ha pasado últimamente?
—Debes estar tan feliz de haber conseguido lo que querías todo el tiempo. —
Sonríe.
—Esto no es para nada lo que quería. Nunca quise que peleáramos por un
chico, él y yo ni siquiera somos pareja y nunca lo fuimos. Somos compañeros de piso,
eso es todo.
—Si no incluyes el hecho de que los sorprendieron besándose en público —
resopla.
Bueno, está ese pequeño detalle. 247
265
Jack
Tengo que dejar el equipo de rugby.
Es la cosa justa por hacer. No solo por el equipo, porque soy muy malo en eso,
sino porque aún no sé lo que estoy haciendo en el campo. Todo el mundo sabe que
habrá un día en que me lastimaré gravemente por eso. No esta jodida cojera falsa que
he estado haciendo en los últimos días, sino una lesión real que podría golpearme en
el trasero.
La ignorancia podría ser mi perdición.
Lo último que quiero es que me rompan la cara porque soy demasiado terco
para hablar con el entrenador, por humillante que sea. Decidido, me acurruco más
profundamente en mi edredón de plumas, la tormenta afuera coincidiendo con mi
estado de ánimo.
Me encanta una buena lluvia. Es bueno para el alma. Bueno para pensar en la
vida de uno y todo eso, contento de estar solo con mis pensamientos mientras truena.
Un relámpago rompe en el cielo en algún lugar en la distancia, y me acurruco,
poniéndome más cómodo debajo de mi colcha gris.
Feliz con mi decisión de terminar con el rugby, la paz se asienta sobre mí, a
pesar del clima embravecido avecinándose más allá de la ventana. Nos espera una
noche difícil, y estoy placido con eso. Me recuerda a mi hogar, no es que tengamos
tormentas horribles como esta en Inglaterra, pero llueve mucho.
Escucho el golpeteo constante del agua estrellándose contra el vidrio que me 266
¿Quién diría?
Ciertamente nunca lo habría adivinado.
Parece tan modesta y dulce, y aquí está, desnuda como el día en que nació y
empujándome encima de ella.
Mi pene palpita, especialmente cuando Eliza mete los dedos en la cinturilla de
mis calzoncillos y los enrosca lentamente con un apretón suave.
Gimo en su boca.
Meciéndome de ida y vuelta, follándola en seco desde arriba, la punta de mi
polla jugueteando con su coño a pesar de que no estoy desnudo.
—Deberíamos jugar un juego —dice, haciendo una mueca cuando el
relámpago afuera parpadea—. Se llama Solo la Punta.
—He oído hablar de ese juego. —Me rio—. Pero explica las reglas.
—Bueno, tienes que quitarte la ropa interior y luego frotar de arriba abajo mis
partes femeninas sin deslizarte. Quienquiera que comience a rogar por eso pierde.
—¿Rogar por qué? —pregunto por aclaración.
—Penetración total.
—No digas penetración total, suenas como una profesora de educación sexual.
—¿Una profesora de educación sexual?
—Ya sabes, la maestra en la escuela que te enseña sobre educación sexual y
relaciones.
—Sé lo que quieres decir. —Se ríe—. Aquí solo los llamamos profesores de
salud.
Ah.
—Bueno, suenas como una cuando dices penetración total. —Presiono hacia
adelante, provocándola de nuevo.
—Bien, dejaré de decirlo. —Eliza hace pucheros—. Para jugar el juego, tienes
que quitarte los calzoncillos. Los dos tenemos que estar desnudos.
Dice desnudos como deeesnudos, con un tono burlón y juguetón.
Está excitada; puedo verlo en la forma en que sus ojos se vuelven vidriosos y
en la forma en que se lame los labios. 282
Gata salvaje.
Diablesa.
Me quito el bóxer antes de que pueda decírmelo otra vez, se le corta el aliento
cuando aterrizan en el suelo junto a la cama.
Espero que no esté decepcionada, no soy una estrella porno en el departamento
de penes, pero me las arreglo. Aun así, uno nunca sabe. Tal vez sea una de esas chicas
a las que les gusta un gigante, grueso…
Jadeo cuando sus dedos lo acarician.
—Detente, eso es hacer trampa.
—¿Cómo es hacer trampa?
—Porque lo estaré rogando en los próximos segundos. —Su toqueteo en mi
miembro no es justo.
—O tal vez seré yo la que suplique: esta polla es increíble. —Le da otra frotada
por si acaso, al mismo tiempo que gime debajo de mí.
—Podría ser una mierda en la cama hasta donde sabes.
—Supongo que ya veremos.
Supongo que ya veremos… suena como una apuesta segura si lo digo yo
mismo, pero supongo que también veremos eso, ¿eh?
—Provócame con la punta —me dice, mientras suelta mi polla, dejándola
como una sábana en el viento colgando entre nosotros, a la deriva.
Es triste sin su mano en él.
El colega no sabe muy bien qué hacer consigo mismo.
Me acerco y tomo un condón de mi mesita de noche, rasgo el paquete y lo hago
rodar rápidamente sobre mi pene. Entonces finalmente…
Bajo mi pelvis de modo que la cabeza de mi eje se encuentra con el valle entre
sus piernas, las caderas de Eliza se elevan un poco para recibirme. Haciendo que sea
más fácil frotarla allí.
Mi polla va de un lado a otro, de ida y vuelta, deslizándose dentro y fuera de
su coño, solo la punta. Solo la punta. Justo como ella lo quería, la muy descarada.
Gemimos al mismo tiempo, torturados. Nuestras respiraciones laboriosas.
283
Cuando bajo la cabeza para mirarla a los ojos, ya me está mirando, con los
labios entreabiertos y los ojos vidriosos de lujuria.
—Esto es duro —susurra.
—Quieres decirlo, ¿verdad?
Niega con la cabeza, la pequeña mentirosa, mordiéndose el labio inferior, sin
romper el contacto visual.
—No lo haré.
No lo haré.
Bueno, yo tampoco.
Empujo hacia adelante, pero solo unos pocos centímetros, la cabeza de mi polla
apenas entrando en ella pero aun así nos deja agonizando a los dos.
—¿Por qué harías eso? —El labio inferior de Eliza sobresale en un puchero
cuando me retiro. Presiono. Salgo.
—De dónde vengo así es cómo se juega el juego. No me acuesto aquí y solo lo
dejo colgando.
Eso la hace reír, la risa brotando de su boca junto con otro gemido.
Seguimos así durante lo que parecen horas cuando en realidad son
probablemente solo minutos, tal vez incluso menos. La sangre corriendo por todo mi
cuerpo me hace querer rogar por misericordia; esta es una tortura peor que tener que
esperar a Santa y abrir los regalos en la mañana de Navidad porque tus padres no han
tomado su café de la mañana y se niegan a dejarte abrir los regalos.
Así de duro apesta esto, esto de no deslizarse dentro de Eliza.
—Oh, Dios mío, solo dilo, sé que lo estás pensando —dice finalmente.
—No. Tú dilo —respondo, aunque quiero enterrarme dentro de ella de una
maldita vez; casi puedo saborear lo mojada que estará.
—No quiero decirlo.
¿Cómo no me di cuenta de que era terca?
Porque no lo ha sido. Ha sido educada, linda y dócil, le encantan los mismos
programas en la televisión y las mismas comidas, operando en el mismo horario. Eliza
te ayuda y te cuida.
Ha sido fácil y divertido, pero esto no es divertido ni fácil. 284
Esto es horrible.
No es un juego.
No es lindo.
—Quieres deslizarte dentro de mí, ¿no?
—Sí, pero no voy a hacerlo. —Será mucho más divertido cuando ella sea la
que ruegue, que es lo que está haciendo ahora, pero sin admitirlo. Diablesa astuta,
intentando manipularme para que suplique.
¡Ja!
Una vez me ataron a un árbol en el internado, y mis compañeros tomaron como
rehén un pastel entero que yo quería, se negaron a darme un pedazo incluso después
de que me soltaron.
—Si tanto quieres que te suplique, ¿por qué no solo admites la derrota y me
dejas entrar?
—Porque —dice, imitando mi acento británico—. ¿Qué hay de divertido en
eso?
—Por supuesto. —Me inclino para besar su hombro, mis labios son un susurro
sin aliento sobre su piel.
Beso.
Beso.
Beso.
—No hagas eso, me está volviendo loca. —Sus caderas se sacuden sobre el
colchón a medida que gira la cabeza, dándome un mejor acceso.
Aparto su cabello.
La beso un poco más, esta vez en la boca.
De alguna manera eso empeora toda la situación, su lengua en mi boca creando
un caos masivo en mi ingle, en mis caderas y en mi presión arterial.
Presiono hacia adelante.
—Solo la punta —me recuerda Eliza.
—Lo sé, Eliza. 285
Lo gruño, sonando enojado; lo que estoy es ebrio de deseo.
Embriagado con la idea de follarla, hacerle el amor. Entrar y descargar mi
carga.
Odiaría si dijera eso. No suena caballeroso, ¿verdad?
—¿Tal vez un poco más? —sugiere en un jadeo estrangulado.
—No lo creo, amor.
—Eso no es hacer trampa —dice lo que estoy pensando—. Solo quiero un poco
más, no seas malo.
—Es todo o nada. —Haz tu elección.
Elije.
Seguro que estoy manipulando la situación, fácilmente podría deslizarme un
poco más adentro… deslizarme dentro y afuera, esos lujuriosos pocos centímetros…
hacernos felices a los dos… se sentiría tan bien, se siente bien, tan provocador…
… tan poco.
… la punta.
—Bien —dice bruscamente, agitada, haciendo pucheros sin pucheros, con las
caderas levantadas hacia mi polla, suplicando tácitamente.
—Bien, ¿qué? Se específica. Bien, deslízate dentro de mí, o bien, ¿no lo hagas?
—Bien, no lo hagas.
—¿En serio? ¿Vas a ser así?
—Voy a ser así.
—Pero ¿por cuánto tiempo exactamente?
Honestamente, estoy en buena forma pero no en gran forma, y mis brazos
comienzan a sentirse como gelatina. Preferiría estar haciendo planchas en este
momento que cerniéndome sobre Eliza con una polla tiesa y sin ningún lugar donde
hundirla.
—En realidad, no vas a ganar nada reteniéndonos. —Este juego no es un juego
real; solo es una jodida charla de juegos previos. ¿No se da cuenta de eso?—. Tal vez
deberías unirte al equipo de rugby. Apuesto a que serías excelente como defensa.
Nunca rindiéndote y toda esa mierda.
286
—Supongo que tienes razón. —Su espalda se arquea, sus tetas empujando el
aire de la noche, sus pezones duros. Quiero estirarme debajo de ella y atraerla hacia
mí, meter uno en mi boca y chuparlo.
Ese encantador.
Sexy.
Pezón haciendo pucheros.
Quiero probarlo, y lo hago, arrastrando mi polla hacia el sur de modo que mi
boca pueda succionar la teta de Eliza, mi lengua arremolinándose, mis labios
fruncidos a su alrededor. Tan bien, tan jodidamente delicioso.
¿Dónde ha estado esta teta toda mi vida?
No en mi boca, eso es jodidamente seguro.
—Oh, Dios, si sigues haciendo eso, podría correrme.
¿Qué dice?
—¿En serio?
—Sí. Mis senos son una zona erógena.
Preferiría que se corriera con mi polla, pero en este punto, los mendigos no
pueden elegir.
Bueno.
No es que esté rogando, no ha pedido una mierda.
Ahora que ha admitido cuáles son sus debilidades, me aprovecho: chupando
más fuerte, lamiendo más, mi mano acunando y apretando suavemente.
Lamo entre sus pechos, llenándolos de atención. Siempre he sido un hombre
de tetas, prefiriéndolas a las piernas largas y los culos como hacen muchos chicos.
Las de Eliza son perfectas. Al menos ante mis ojos, redondos pero no enormes.
Respingados.
—Son preciosas.
Gime como respuesta.
—No puedo soportarlo más.
Mmm. Eso es música para mis oídos.
—¿A qué te refieres? 287
Presiono adelante, arrastrando la punta a lo largo de su hendidura de forma
perezosa…
Dilo, Eliza.
Dilo.
—Por favor, Jack.
Jack.
Mi nombre, de esa manera, en ese tono.
—¿Por favor, Jack…?
Una manera tan cliché de pedir sexo.
Me inclino hacia adelante, cerniéndome una vez más. Inclinándome de modo
que mis labios están cerca de su oreja.
—¿Quieres mi polla dentro de ti, Liza?
Ella asiente.
—No te escuché.
Asiente de nuevo.
—Sí.
Apenas un susurro.
—Sí, ¿qué?
—Oh, Dios mío, ¿en serio estás haciendo esto ahora mismo?
Lo hago. En serio, de verdad lo hago.
—Vamos, di polla.
—Sí, quiero tu polla dentro de mí.
Mierda, gracias a Dios.
Empujo a casa antes de que cualquiera de nosotros pronuncie otra palabra, su
mojado coño flexible y listo para mí. Le agradezco a Dios nuevamente que encajo,
avanzando poco a poco a un ritmo moderado para no lastimarla, para que ella pueda
adaptarse.
No sé cuánto sexo ha tenido.
288
No pregunté si es virgen.
Empujo más profundo.
No, no es virgen.
Una exhalación profunda escapa de mi cuerpo, una de alivio y euforia.
—Maldita sea, te sientes tan bien.
—Dios, lo sé. —Sus manos comienzan un camino constante de arriba abajo
por mi columna a medida que bombeo dentro y fuera de ella, mis caderas girando
mientras encontramos un ritmo juntos.
Es lento pero constante, y no puedo evitar besarla una vez más en la boca,
sintiéndome algo… ¿emocional?
¿Eso es raro?
¿Por qué me emocionaría al tener sexo con alguien por primera vez? No tiene
sentido. No es como si estuviera enamorado de ella. Es demasiado pronto para eso,
¿verdad?
Extremadamente pronto.
Aun así, la ternura o alguna mierda me abruma cuando miro su rostro dulce,
sus labios entreabiertos. Sus manos aferrando mi espalda, bajando hasta mi trasero.
Follamos hasta que ambos sudamos, mis embestidas tornándose cada vez más
rápidas, la cabecera choca con la pared de mi habitación de vez en cuando,
embistiendo con el constante crescendo de relámpagos y truenos afuera.
Boom.
Bang.
Boom.
Bang.
La noche perfecta para un polvo rápido.
Cambiamos de posición varias veces, Eliza boca abajo con el culo al aire y yo
penetrándola por detrás.
Yo de espaldas con Eliza encima.
Una posición extraña que no puedo describir en la que tropezamos
accidentalmente.
289
El misionero.
Ella otra vez encima.
Más golpes de la cabecera contra la pared.
Finalmente, hace los sonidos reveladores de una mujer que está a punto de
llegar al clímax, los gemidos y quejidos entrecortados se convierten en jadeos.
Gimoteos.
—Oh, Dios, Jack, no pares, no pares.
No podría aún si mi vida dependiera de ello, aunque no puedo creer que haya
durado tanto tiempo sin correrme. Hemos estado follando desde siempre.
Mis bolas se aprietan.
Siento un hormigueo.
Juro por todo lo que es sagrado que están vibrando, los nervios en mi cuerpo
haciéndome prácticamente convulsionar, quiero correrme tanto ahora que ella está
hablando y animándome.
—Dios, estoy tan cerca.
Sí nena, reza a Dios. Dile cómo te sientes realmente.
—Te sientes jodidamente bien, Eliza. —Gimo en su cabello, algunos mechones
se me pegan a los labios.
Los escupo cuando me inclino hacia atrás, embistiéndola mientras estoy en
cuclillas, acercándola más.
—Sí, sí, sí —canturrea—. Oh, sí. Oh, mierda…
—Córrete, Eliza.
Gime.
—No hables.
Cierro la boca con fuerza, no estoy en posición de discutir si quiere que
mantenga mis malditos labios cerrados. Claramente necesita permanecer enfocada o
perderá de vista el objetivo final: un orgasmo.
—Voy a correrme, voy a correrme.
Bombeo mis caderas. 290
—Lo fue. Probablemente deberías dormir aquí para que podamos hacerlo de
nuevo más tarde. Podría tener que orinar en medio de la noche y, ya sabes… me
apetezca follar.
Azota mi culo.
—¿Qué? ¿No te gusta un buen bocadillo a medianoche?
Su cabeza cuelga y mira el reloj en mi mesita de noche.
—Es más de medianoche.
—Ah. Entonces, un bocadillo temprano en la mañana.
—¿Me estás llamando bocadillo?
—Sí, tu coño.
—Eso es un poco… asqueroso. Pero también creo que me gusta. —Se ríe.
¿Qué puedo decir? A veces mi vocabulario es un poco plebeyo incluso para
mí.
Me alejo de ella eventualmente, de esta chica que es mi compañera de piso,
ahora mi amante, siempre mi amiga, y le doy espacio para ir al baño de modo que
pueda enjuagarse o lo que sea que hacen las chicas después de haber tenido sexo.
No le toma mucho tiempo; salta de regreso a la cama, debajo de mis sábanas
en cuestión de minutos, acurrucándose de lado con un suspiro de satisfacción.
Cierra los ojos.
Duerme.
Y después de mucho tiempo, después de mirar al techo durante una buena hora,
un millón de cosas pasando por mi cerebro, también logro dormir.
292
Eliza
Jack y yo tuvimos sexo.
Tuve sexo con Jack.
¿Quién lo empezó? ¿Acaso importa?
Lo hice.
Me acerqué a él; él estaba ocupándose de sus asuntos en cama, yo irrumpí
como un trol porque me aterrorizan las tormentas, y para que todo desaparezca, lo
seduje.
No nos engañemos, no lo sedujiste por la tormenta. Lo sedujiste porque querías
tener sexo con él, desde la primera vez que te besó, no has podido quitártelo de la
cabeza desde la segunda vez en la cocina.
Me excita.
Lo excito.
Somos amigos.
¿Amigos con beneficios? Dios, espero que no. Así no es cómo quiero que vaya
esta relación, o termine.
El sexo puede arruinarlo todo, pero no sé cuál es mi posición con él.
Mierda.
293
Vamos a deber tener OTRA charla más.
Argh.
—¿Tienes un segundo?
Sorprendida por la voz nueva, no la que dialoga dentro de mi cabeza, me
sobresalto y levanto la vista, sentada en una silla en el centro de estudiantes, con la
bandeja de comida frente a mí y el libro de texto abierto, resaltador en posición.
Por una vez en mi vida, estoy estudiando y no haciendo garabatos.
Soñando despierta y garabateando.
Es Kaylee, y ahora legítimamente quiero arrojar mis galletas.
—Por supuesto.
Cierro el libro de texto y cruzo las manos para darle toda mi atención,
sorprendida de que esté aquí pero ocultando mi expresión. Podría ir de viaje y jugar
al póquer profesional, el conjunto neutral de mis rasgos es tan agradable como parece.
Pero ¿por dentro? Soy un desastre
Mi estómago se revuelve nerviosamente.
¿Qué quiere?
No ha pasado mucho tiempo desde que hablamos (en realidad, rompimos)
cuando nos encontramos en el campus y discutimos torpemente.
Kaylee continúa de pie frente a mi mesa, y es obvio que no está segura de qué
hacer consigo misma o con sus manos, que finalmente mete en el bolsillo de su
sudadera con capucha. Se balancea sobre las puntas de sus pies.
—Me alegra de haberme encontrado contigo porque quería decirte que lamento
haber actuado como lo hice. Fue inmaduro. —Hace una pausa—. Lilly me contó sobre
la conversación que tuvieron y me dijo lo amable que fuiste con el asunto de Kyle y
dijo que fuiste quien le dijo que lo llamara, así que… eso fue bonito de tu parte. No
tenías que hacer eso.
—Lilly es mi amiga. —¿Por qué no le daría un buen consejo? ¿Esperaban que
la saboteara? ¿O no sea comprensiva?
—Lo sé, pero aun así.
Pero aun así. 294
Odio cuando la gente dice eso. ¿Pero aun así?
—Nunca haría nada a propósito para lastimarlas. No le habría dado un mal
consejo solo porque ya no vivo en la casa.
—Sí, sobre eso… —Kaylee se mueve sobre sus talones, casi incómoda—. Aún
no tenemos a nadie nuevo viviendo con nosotras.
Asiento porque no sé qué decir en respuesta a eso. No habría esperado que
encontraran una compañera de piso nueva tan fácilmente; ¿solo han pasado unas pocas
semanas desde que me echaron?
—Te perdono por lo de Jack —anuncia, y si tengo que decirlo, está sonando
un poco altiva y poderosa.
—¿Me perdonas? —Hago una pausa—. ¿Por qué exactamente?
Me recuesto en mi asiento, cruzándome de brazos y acomodándome. Esto
debería ser bueno.
—Por coquetear con él y lo que sea mientras yo lo perseguía. Lo he pensado y
me gusta, es tan carismático que hubiera sido imposible que no te gustara. Así que, te
perdono. A ambos les gustan las cosas nerds y tienen mucho en común.
Eso es cierto. Tenemos mucho en común.
—¿Gracias?
¿Debería ofenderme que nos llamara nerds tanto a Jack como a mí?
—De nada. —Suspira antes de continuar—. Tenías razón, en realidad, no me
gustaba. Al principio me gustó, antes de que comenzara a despreciarme e ignorarme,
algo que no merecía en absoluto.
—No, no lo merecías.
Pero está en racha y apenas me escucha.
—Y me gustó la idea de él. Es tan grande, alto y lindo. En serio, tan atractivo.
Sigue hablando y hablando de lo sexy que es, y está haciendo que mis mejillas
se calienten. Haciéndome fruncir el ceño.
¿Así es cómo se siente estar celosa?
—¡Y ese acento! Juro que debo haberme masturbado al pensarlo al menos una
docena de veces. Llamé a mi vibrador Pippa Middleton. 295
298
Jack
—Creo que deberíamos idear un conjunto nuevo de reglas, ahora que hemos
follado; obviamente, las cosas no van a volver a ser como antes, así que propongo que
establezcamos límites nuevos.
Eliza me mira desde el otro lado de la encimera de la cocina, con el tenedor
flotando frente a su boca, a punto de morder un trozo de melón, una fruta que
recientemente descubrí es su favorita. Nuestro refrigerador no ha estado sin ella desde
que se mudó.
Curioso.
Para mí, el melón tiene un sabor suave e insípido, pero cada uno tiene lo suyo.
Mi compañera de piso/compañera de cama deja su tenedor.
—Estoy escuchando.
Tomo la servilleta de mi regazo y la pongo en la encimera frente a mí.
—Escúchame antes de que digas algo.
—De acuerdo. —Su espalda está recta y tiene las manos cruzadas.
—Follamos. Y me gustas, no a la ligera, ¿cierto?
Espero a que responda y, su cabeza se mueve de arriba hacia abajo lentamente.
—Cierto.
299
—Y te gusto, ¿cierto? No a la ligera.
Eliza me da otro asentimiento.
Maravilloso.
Estamos en la misma página.
—Entonces, creo que las reglas originales, que hemos tenido menos de quince
días, deben arrojarse a la basura y, en su lugar, creamos otras nuevas. —Hago una
pausa, no intentando ser dramático, pero sabiendo que suena de esa manera—.
Podemos vivir juntos, tener citas y no estar hostigando al otro. —Espera. Eso no salió
como pretendía—. Quiero decir, podemos salir, vivir juntos y que no sea raro.
Mejor.
—Otras nuevas —dice inexpresiva—. ¿Tales como…?
—Tales como: no podemos andar follando todo el tiempo porque ya lo hemos
hecho. Aún tenemos que salir y conocernos.
Eliza levanta las cejas como si esta “regla” la aturdiera.
—¿Quieres conocerme y salir?
—¿En serio? Por supuesto que sí. Creo que deberíamos tener citas nocturnas
regulares, ¿sí? —Está en la punta de mi lengua decir, “como hacen mi hermano y mi
cuñada casados”, pero me trago las palabras. De lo contrario sonaré completamente
loco—. Eso es lo que hacen las parejas maduras.
—Parejas maduras. —Eliza se aclara la garganta y se remueve en el taburete
de la cocina, con una sonrisa jugando en sus labios.
—¿Estás de acuerdo?
Somos maduros, adultos. Debemos actuar como adultos.
Comunicarnos y hacer mierdas juntos y todo eso.
—Por supuesto que estoy de acuerdo, solo me sorprende que lo hayas dicho.
La mayoría de los chicos… —Su voz se interrumpe y se encoge de hombros,
alcanzando un plátano y pelando la piel, muy probablemente porque necesita algo que
hacer con sus manos. Mantenerlas ocupadas—. Erm. La mayoría de los chicos
probablemente querrían echarme a estas alturas. Así no deberían tener esta charla.
—¿Qué? ¿Hablar de una relación?
—¿Eso es lo que es esto?
300
—¿Sí? —Por lo menos eso espero.
He estado fuera de práctica desde mi última relación y me curé lo suficiente
como para saber que esto no es un rebote. Eso puede haber sido lo que quería cuando
me mudé a los Estados Unidos, pero es lo último que quiero de Eliza.
Ella es alucinante.
Hermosa.
Gracioso.
Creativa.
Inteligente.
Atenta.
Lo primero que hizo cuando encontró mi protector bucal fue llevarlo a mi
partido de rugby para que mis dientes no terminaran dañados.
No puedo conseguir algo mejor que una novia que se preocupa por los demás
y sus sentimientos.
A mamá le gustaría.
A Georgia, la esposa de mi hermano, le gustaría. A mi hermano le gustaría.
—Estamos hablando de una relación —repite Eliza—. ¿Y quieres salir?
¿Conmigo, específicamente?
—¿Eso no es lo que quieres?
Su cabeza bonita se sacude.
—No, sí, eso es lo que quiero. Hablemos de eso. Tienes razón, deberíamos
discutir esto, especialmente si vamos a vivir juntos. ¿O tal vez no deberíamos vivir
juntos? Podría mudarme.
Ahora está diciendo locuras.
—No vas a mudarte. Además, ¿adónde irías?
—De vuelta con Kaylee y Lilly. Aún no tienen una tercera compañera de piso,
no ha sido fácil encontrar a alguien para mudarse.
Estoy confundido.
—Te echaron.
—Sí, pero Kaylee se disculpó. 301
—¿Lo hizo?
—Lo hizo. Hoy estuve en el centro de estudiantes y la vi por casualidad, o ella
me vio y se acercó. Y, bueno… se disculpó. No fue una disculpa estelar, pero aun así
fue una disculpa. Los mendigos no pueden rogar.
Dice esta última parte con una sonrisa, probablemente recordando el juego de
Solo la Punta y cómo terminó rogando por mi polla dentro de ella.
—Podrías habérmelo dicho de inmediato
Eliza se encoge de hombros.
—Te lo estoy diciendo.
—Me refiero justo cuando llegaste a casa.
—Eh. Sabía que lo haría eventualmente. Colega tranquilo, ¿de acuerdo? —Mi
compañera de piso/amante me mira de arriba abajo, con una sonrisa arrepentida
jugando en su boca—. ¿Eres chismoso? ¿Quiere la primicia completa, Señor
Entrometido?
Resoplo.
¿Señor Entrometido? ¿Quién, yo?
—Simplemente no quiero que nadie te trate como una mierda, o confabule en
tu contra. —Remuevo una pelusa imaginaria en mis pantalones de chándal con un
bufido—. Te he tenido aquí por algunas semanas y he llegado a conocerte. Ellas no te
merecen. No saltes a mi garganta por ser protector.
Eliza se levanta de la silla y rodea la encimera para abrazarme. Besa mi mejilla.
—Awww, cariño, ¿me estás protegiendo?
Cariño.
Está siendo juguetona y bromista, pero aún siento que mi cara se sonroja como
una colegiala ante el apodo cursi.
Resoplo.
—Todo lo que digo es que te dieron una patada en el trasero. —No puedo dejar
de señalar esto cada vez que puedo porque no quiero que se vaya; no es un concepto
difícil.
Ahora estoy acostumbrado a ella.
302
Estaría tan soberanamente solo sin ella en la casa, y ella solo ha estado aquí
por poco tiempo.
Maldita sea, eres patético, Dryden-Jones, contrólate.
Sería mejor si ella se fuera, entonces podrías salir con ella de verdad y no
tener que inventar más reglas de compañeros de cuarto.
¡Todas estas malditas reglas son agotadoras!
Hablando de eso…
Volviendo al tema.
Aclarándome la garganta, soy todo un profesional.
—Entonces, ya se me ocurrieron algunas reglas de compañeros de piso y
relaciones, pero tenemos que repasar la lista juntos. Nuestra lista anterior obviamente
queda nula y sin valor ahora que hemos follado.
Eliza pone los ojos en blanco.
—Obviamente.
Deslizo la hoja de papel sobre la encimera de la cocina, y Eliza la empuja hacia
ella con el dedo índice, tarareando a medida que su dedo roza el papel.
Levanta la vista.
—Hum… aquí no veo reglas, solo garabatos.
Bueno, no jodas, ¿en primer lugar quién quiere inventar reglas?
—No soy tan bueno inventando estas tonterías como tú. Son estupideces.
Además, prefiero mantener las cosas totalmente a la ligera y seguir nuestros instintos.
Solo estoy haciendo esta lista por ti: ningún tipo quiere estar encadenado a unas
pautas.
—Qué amable de tu parte.
Su cabeza se hunde de nuevo mientras lee.
Reglas para salir con tu compañero de piso
1. No salgas con tu compañero de piso.
2. Ignorar por completo la Regla 1.
La regla dos la hace reír, gracias a Dios.
3. No asumas que tu compañero de piso quiere dormir en tu habitación por las 303
noches. Podrían querer espacio.
Eliza se queda callada antes de decir:
—¿Y si ella quiere dormir en tu habitación por las noches?
—Está permitido. La regla simplemente establece que uno no debe asumir que
su compañero de piso QUIERE dormir en la habitación de uno.
—¿En serio? ¿Eso es lo que uno debería asumir?
—No seas descarada.
—Descarada. —Sonríe—. Nadie me ha llamado así.
Me inclino y le doy un beso en los labios.
—Regla cuatro —continúa—. Ambas partes son responsables de la
anticoncepción. —Levanta la mirada nuevamente, su cara volviéndose de un lindo
tono rosado.
—Ya sabes… chalecos antibalas. —Como el que tenía puesto la primera vez
que follamos.
—Hum, ¿cómo acabas de llamarlo?
—Chaleco antibalas. Bolsas de sexo. —Me rio, sabiendo muy bien que la estoy
avergonzando.
—Está bien, ambos podemos ser responsables de hum, esos. Y estoy tomando
la píldora, así que estamos cubiertos.
—Entonces, ¿puedo correrme dentro de ti y no terminarás embarazada?
Niega con la cabeza.
—No dije eso, quise decir que tenemos protección adicional. Mi tía Stephanie
estaba tomando la píldora cuando quedó embarazada de mi prima Madison, así que,
nunca se sabe. —Eliza agita las cejas.
—Bien, tenemos protección extra. —Vacilo—. Deberíamos subir y contar los
condones que tenemos, por si acaso.
Me observa con escepticismo, sus ojos entrecerrados.
—¿Por si acaso qué?
—No sé. Por si llueve. —Miro hacia la ventana—. Ah, ¿viste eso? Parece que 304
se avecina una tormenta.
Recibo un golpe en el brazo.
—¡Basta, no es cierto! —Sin embargo, parece preocupada, mordiéndose el
labio inferior—. ¿Tú crees? Reviso la aplicación del clima.
En cambio, me pongo de pie y avanzo hasta ella, abalanzándome y
levantándola con mis brazos debajo de sus piernas y trasero, dirigiéndome hacia las
escaleras.
—¡Bájame! —Se ríe con una pequeña risita coqueta. Pero, puedo decir que está
complacida, y no protesta demasiado a medida que la llevo a mi habitación, subiendo
los escalones de dos en dos y caminando audazmente por el pasillo.
La dejo al borde de mi cama; el colchón y el somier están elevados del suelo
de modo que están convenientemente nivelados con mi pene, que ya está medio duro
y dolorido. Atraigo a Eliza hacia el borde mismo, mis dedos poniéndose a trabajar en
la cinturilla de sus leggins.
Los empujo hacia abajo mientras ella me mira, apoyada en los codos, sus ojos
brillantes.
Me arrodillo cuando le he quitado las mallas y las bragas.
Abro sus piernas a medida que jadea, mi boca yendo directamente a su centro
sin otra palabra.
—Oh, mierda —maldice—. Oh…
Si mi boca no estuviera en su coño, me reiría de su sorpresa evidente. Tal como
están las cosas, me concentro en la tarea en cuestión, trabajando hacia un orgasmo.
Todo esto se trata de ella y su placer, a pesar de la necesidad creciente dentro
de mis pantalones.
Maldita sea, puede esperar.
Quiero que se corra en mi boca, en mi lengua.
Mis labios chupan. Mi lengua lame, deslizándola de arriba abajo por su centro,
entre el valle de sus muslos. También uso mis dedos, metiendo y sacando dos de ellos
lentamente mientras observo su rostro y su cuerpo en busca de señales.
Los nudillos blancos aferrando mi colcha son una buena indicación de que no
estoy arruinando esto.
A ella le gusta esto. 305
307
Eliza
—Nena, ¿puedes venir aquí un segundo?
Nena.
Me ha estado llamando así durante al menos una semana en lugar de mi
nombre, como si le encantara el sonido brotando de sus labios, ya sea que esté sentado
frente a él en la encimera de la cocina o gritándolo escaleras arriba a uno de los
dormitorios como lo está haciendo ahora.
Nena.
¡Ja!
Me levanto de la cama hasta sentarme.
He estado acostada aquí durante la última hora viendo televisión basura en
Netflix, un nuevo programa de citas donde todos están en una isla buscando el amor.
Es basura y no puedo tener suficiente.
Y no en mi cama; la cama de Jack.
Después de haberlo hecho dos veces, me pidió que descartara por completo las
reglas, y me pidió oficialmente que fuera su novia con vino y una cena elegante. Desde
entonces, dormimos en su cama todas las noches, mi dormitorio se convirtió en una
especie de espacio de oficina para mí, y hemos cohabitado felizmente desde que me
dio sexo oral.
Lo encuentro en el estudio, tirado en el sofá de la misma forma en que yo me 308
311
Jack
Hay un tipo parado en el umbral cuando abro la puerta principal, la lluvia
lloviznando a su alrededor, empapándolo hasta los calcetines.
Y lleva calcetines.
Con sandalias.
La moda me importa un carajo, pero sé soberanamente bien que no se usan
calcetines con sandalias, y Eliza sería la primera en decírmelo.
—¿Tú debes ser Jack?
Me contempla con los cristales empañados, sus gafas apoyadas en la punta de
la nariz.
—Hola, amigo, entra. —Miro hacia abajo a su calzado—. Hum, ¿te importaría
quitarte las sandalias?
—Oh, mierda —maldice—. Lo siento, no hay problema.
Está goteando agua en el suelo, aunque no es culpa suya, pero está goteando
agua en el suelo.
Seré el que limpie eso si mi novia lo ve, así que necesito que este tipo se quite
las sandalias; probablemente debería quitarse los calcetines porque también están
empapados, pero eso sería raro, ¿no?
Sería raro tener sus calcetines empapados secándose en el suelo de mi 312
vestíbulo.
De todos modos.
Estoy divagando.
—¡Eliza, Roman está aquí! —Está arriba y se estaba duchando, queriendo
acicalarse un poco para conocer al tipo, aunque no puedo entender por qué le
importaría. Tal vez solo quiera estar limpia, quién sabe.
—¡Bajo en un segundo!
Roman parece un poco más tímido de lo que habría esperado dado que nuestro
compañero mutuo Phil es un chico ruidoso y desagradable que siempre tiene algo que
decir sobre todo. Me pregunto brevemente cuál es su historia y cuán amigos cercanos
son en realidad, pero el hecho es que sería genial si todo saliera bien, no porque
necesite el dinero del alquiler, sino porque sería brillante terminar el año con una
tercera persona en la casa.
Eliza y yo nos divertimos mucho, pero ya sabes lo que dicen, cuantos más,
mejor.
Mi compañera de piso-amante-novia aparece en lo alto de las escaleras,
saltando por los escalones luciendo absolutamente linda, adorable y alegre, con el
cabello recogido en una coleta en la parte superior de la cabeza.
Y maldita sea, huele bien.
Empuja su mano hacia Roman.
—Hola, soy Eliza.
Sus ojos se precipitan hacia sus pies empapados, sin calzado, y capto el
levantamiento breve de sus cejas antes de ocultar sus rasgos.
—Soy Roman, pero puedes llamarme Rome. —Mete las manos en el bolsillo
de sus pantalones cortos caqui—. Gracias por invitarme. En realidad, me estarían
ayudando si esto funciona.
—Bueno, ¡nosotros también lo esperamos! —El anuncio alegre de Eliza hace
que su coleta se balancee—. ¿Vamos a mostrarte los alrededores y luego tal vez
charlar en la cocina? —Se dirige hacia ella—. ¿Eres madrugador o noctámbulo? —le
pregunta en el camino.
—¿Un poco de los dos? Veo muchas películas, así que a veces me duermo más
tarde de lo que debería, y la mayoría de los días me despierto al amanecer. Pero eso 313
probablemente se deba a que ninguno de mis alquileres tenía cortinas en las ventanas.
Reímos.
—¿Qué tipo de películas te gusta ver? —pregunto.
Rome se encoge de hombros.
—Uh, mierdas tontas. Películas de Marvel y, no sé, películas de terror. —Le
lanza una mirada preocupada a Eliza—. No soy un asesino, lo prometo.
—Cosas que dicen los asesinos —canturrea, aunque con una sonrisa—. Es una
broma. También nos encantan las películas de asesinatos, y solo Jack es asesino.
Muy divertido.
—Aquí está la sala de estar donde puedes ver todos los documentales sobre
asesinatos y las películas de historietas que desees. —Enciende la luz—. Nos gusta
mantenerlo ordenado.
Corrección: le gusta mantenerlo ordenado, siempre es la que dobla las mantas
y esponja las almohadas y las arregla. ¿Yo? No tanto…
La cabeza de Rome asiente con aprobación.
—Esto es increíble.
Maldita sea, claro qué es absolutamente increíble. Es un bastardo afortunado
por conseguir un lugar como este, y hasta ahora, parece un tipo decente.
Sin duda podemos vivir con él.
Por lo que puedo decir, no hay nada extraño en él además de los calcetines
empapados.
—Ah, deberíamos mostrarte rápidamente la habitación que estarías alquilando,
¿eh? —Eliza está a punto de meter su trasero en una silla cuando se levanta de un
salto, torciendo su dedo para que ambos la sigamos a través de la casa y subamos las
escaleras.
—En serio chicos, este lugar es una locura —murmura Rome mientras lo
llevamos a la habitación ahora vacía.
Eliza se tomó el tiempo para sacar la ropa y los zapatos del armario, quitó los
artículos de tocador, los tampones, la laca para el cabello y el maquillaje del pequeño
baño pintoresco que habitaba mientras usaba este espacio, transfiriendo todo a mi
habitación.
Puedo ver que Rome está entusiasmado con este lugar. 314
315
Eliza
Es el día de la mudanza de Roman.
O Rome, como le gusta que lo llamen, aunque a decir verdad, se parece más a
un Stuart. O Ben.
No es que los nombres puedan describir a una persona, pero ciertamente no es
un Rome moderno y genial. Es más tímido e introvertido, feliz de observar. Habla
cuando tiene algo significativo que decir.
Jack y yo hemos llegado a conocerlo un poco en los últimos días mientras
preparábamos las cosas para que él se mudara, fuimos a ver una película con él en el
cine una noche. Salimos a cenar con él otro día. Ambos disfrutamos mucho de su
compañía: es un buen tipo, del tipo en el que creo que ambos podremos confiar, el
tipo de persona que llevarías a casa con tus padres y lo presentarías como tu amigo.
Rome es soltero, y tengo la ligera sospecha (basada en el hecho de que usa
calcetines con sandalias) de que ha estado en la zona de amigos con mujeres la mayor
parte de su vida. No me parece el tipo de persona que hace algún tipo de propuesta
romántica, pero, de nuevo, solo soy yo haciendo suposiciones basadas en poca
información.
Estamos entusiasmados con este compañero de piso nuevo, agregando algo
nuevo a la ecuación: alguien que comparte algunos de los mismos pasatiempos e
intereses que tenemos.
A Jack le gusta Roman porque tampoco es atlético. Mi novio lindo puede 316
parecer grande, fuerte y bueno en los deportes, pero es normalito y no tiene miedo de
admitir que correrá en la dirección equivocada cuando le entreguen la pelota.
Es quien es, y no se avergüenza.
Mientras los muchachos arrastran varias de las cajas de Rome dentro (y hay
muchas más de las que habría imaginado, considerando que es un hombre y se espera
que posea muchas menos cosas), yo me desplazo por la cocina, preparando una
comida para que comamos una vez que estén listos.
Pizza.
Ensalada.
Pan de ajo.
Abro los gabinetes y miro dentro porque ¿qué más come la gente con pizza?
¿Fruta?
Sí, podría ir por algo de eso.
Mi teléfono suena cuando tomo un recipiente de fresas maduras del
refrigerador y las coloco en la tabla de cortar, lavándome las manos antes de tomar el
cuchillo.
Reviso primero mi teléfono.
Lilly: ¿Estás ocupada?
Me limpio las manos en una toalla de mano cercana.
Yo: Estoy haciendo la alcena. ¿Por qué, necesitas algo?
Lilly: ¿Qué es una alcena?
Yo: Almuerzo y cena.
Yo: Pero en serio, ¿está todo bien?
Lilly: Necesito hablar, ¿puedo ir?
Yo: Por supuesto. ¡Seguro! Estamos aquí, simplemente pasando el rato. Se
muda un nuevo compañero de piso, pero sus cosas ya están básicamente en la casa.
Ven aquí.
Lilly: ¿Nuevo compañero de piso?
Yo: Sí, Jack y yo subarrendamos mi habitación y ahora duermo con él, LOL.
Lilly: Ooooh ¿ahora son pareja? ¡Debiste decírmelo! 317
Yo: Estás tan ocupada y nosotros hemos estado ocupados…
Lilly: No puedo esperar para escuchar todo sobre esto y ver tu lugar. ¿Cuál
es la dirección? Estaba pensando en irme de aquí en unos minutos.
Le envío un mensaje de texto a mi antigua compañera de piso con mi dirección
nueva y sigo cortando las fresas dulces en rodajas, robando algunas. Una para ellos,
una para mí.
Dos para ellos, una para mí…
Tengo todo listo cuando el timbre de la puerta vuelve a sonar, los chicos están
en la casa, la mayoría de las cosas de Roman traídas al vestíbulo, quien sube y baja
las escaleras, llevándose caja tras caja y bolso tras bolso a su dormitorio, gruñendo de
vez en cuando por culpa de un contenedor demasiado pesado.
—¿Hola?
—¡Aquí dentro! —llamo, con la esperanza de que Lilly siga mi voz porque
tengo los dedos llenos de jugo de cortar fruta y me estoy lavando las manos y lidiando
con la pizza y la ensalada, queriendo que todo se vea bien para los chicos cuando
hayan terminado de mover las cosas. Lilly asoma la cabeza en la cocina, tocando el
marco de la puerta antes de entrar.
—¡Hola, hola! —llama con una sonrisa, dando un paso hacia mí, con los brazos
extendidos para un abrazo.
Está sonriendo pero…
Se ve cansada.
Igual que la última vez que la vi, cuando ella y Kyle estaban peleando.
Me acerco a sus brazos.
—¿Qué ocurre?
Su cuerpo está tenso.
—Lamento aparecer así, pero Kaylee no ha estado mucho en casa y hoy
simplemente no quería estar sola.
—¿Por qué? ¿Qué está pasando?
—Yo… uf. —Lilly saca una silla de la encimera y se deja caer en ella con un
suspiro profundo—. Kyle y yo hemos terminado. Como, terminamos, terminamos. 318
—Lilly, ¿por qué?
—Me engañó.
Eso detiene cualquier argumento que iba a tener por su terquedad, y cualquier
discurso que iba a dar sobre la comunicación, el esfuerzo y…
—¿Cómo lo sabes?
—Encontré los mensajes de textos. Ha estado pasando por un tiempo. —Roba
una rebanada de pizza que está en medio de la encimera—. ¿Por qué no me dice
simplemente que no es feliz? Tuvimos esa gran pelea: ¿por qué volvería a estar
conmigo si me estaba engañando? Debería habérmelo dicho entonces.
Me dejo caer en la silla a su lado.
—A veces las personas no son lo suficientemente fuertes para ser honestas
cuando más importa.
Lilly asiente, masticando. Traga.
—No puedo creer que no haya empezado a llorar, pero de verdad, lo he hecho
muy bien.
Eso me hace reír, y me vuelvo a poner de pie para poder terminar de preparar
la alcena.
—Necesitas una bebida fuerte, pero todo lo que tenemos es refresco, jugo y
agua. ¿Qué quieres?
—Agua, sírveme otra.
Estoy de espaldas a la habitación mientras estoy en el fregadero llenando un
vaso con agua después de llenarlo con hielo. Mi nuevo compañero de piso entra en la
habitación con una caja grande en los brazos, y solo se ve su cabeza.
Se detiene tímidamente, sin saber qué hacer.
Aún no hemos alcanzado ningún nivel de comodidad con él, por lo que estos
primeros días van a ser un poco incómodos. No es su culpa; así es como funcionan las
cosas cuando te lanzas de cabeza al aceptar a alguien que no conoces. Se pondrá
mejor; tiene que hacerlo.
Pero el propio Rome es un poco torpe. No espero que sea demasiado
extrovertido hasta que nos conozca y nosotros lo conozcamos, pero Dios, es tan
tímido.
—¿Eh, Eliza? ¿Jack dijo que puedo guardar algunas de mis cosas en el garaje? 319