Comentario al RN 2181-2019,
Lima con relación a una
sentencia sobre el delito de estafa
contractual
El autor es socio senior y jefe del Área Penal del Estudio Muñiz.
POR
FREDDY ROJAS LÓPEZ
-
9 FEBRERO, 2021
844
El 25 de febrero de 2020 la Sala Suprema Penal Permanente emitió
el Recurso de Nulidad 2181-2019, Lima con relación a un proceso por
el delito de estafa contractual. Al respecto, vamos a señalar que el delito de
estafa se configura cuando el agente haciendo uso del engaño, ardid o
astucia, induce o mantiene en error al sujeto pasivo con la finalidad de hacer
que este, en su propio perjuicio, se desprenda de su patrimonio y le entregue
voluntariamente a aquel en su directo beneficio o de un tercero.
Lea también: Estafa: no es cómplice quien, después del
desprendimiento patrimonial, se dedica a mantener en error al
agraviado [RN 337-2020, Lima]
Estos elementos deben ser secuenciales, esto es que en primer término el
uso del engaño haya inducido o servido para mantener en error a la víctima y
como consecuencia de este hecho el sujeto pasivo, de manera voluntaria y
en su perjuicio, se desprenda de su patrimonio y lo entregue al agente en su
propio beneficio ilegítimo o de un tercero.
En estos casos se indica que la prueba documental es categórica. El
presente caso se trata sobre dos procesados, el gerente general y el
presidente del directorio de una empresa constructora, los cuales señalando
una información falsa a varios clientes hicieron aparecer que un proyecto
inmobiliario estaba siendo financiado por una entidad bancaria importante;
sin embargo, en el transcurso del proceso se determinó que dicha
afirmación era falsa, por cuanto el propio representante legal del banco
declaró que su representada en ningún momento financió el proyecto y que
tampoco autorizó que se consigne el nombre del banco en los folletos de
publicidad.
Lea también: ¿Robo o estafa? Imputado tenía billetes falsos y papeles
recortados para aplicar el ‘cuento de la cascada’ [RN 491-2018,
Ayacucho]
Podemos advertir que desde un inicio se configuró el engaño para los
consumidores o compradores de los departamentos del proyecto
multifamiliar, debido a que no tenían una viabilidad financiera y ello era de
conocimiento de los procesados. Además, a los compradores no les
competía superar el déficit de información resultante de la propaganda,
información y el ofrecimiento por parte de los procesados, quienes
confiaron en la versión de los procesados. Si bien es cierto que los
agraviados realizaron la disposición patrimonial de manera voluntaria, esto
se produjo con vicio del consentimiento a causa del engaño y del error.
Es más, a los agraviados los hicieron incurrir en error y lo mantuvieron en
ese estado a través de varias tratativas ulteriores al primer contrato para
obtener de ellos un beneficio indebido en su perjuicio y para culminar el
circuito, los servicios o bienes a futuro ofrecidos nunca se concretaron y,
como es obvio, nunca se devolvió el dinero obtenido por esta vía delictiva a
los agraviados a pesar de los diversos requerimientos.
De tal manera que se configura la relación engaño, error, disposición
patrimonial, en beneficio para los agentes y perjuicio para las víctimas, por
lo que nos encontramos ante lo que doctrinariamente se conoce como
una estafa contractual.
Es por eso que hemos comentado a esta interesante jurisprudencia, no
solamente por su contenido, sino porque nos encontramos ante una
modalidad de estafa que viene siendo recurrente en el Perú. Debemos estar
alertas para ser una nueva víctima más de este tipo de engaño con
contenido penal.