Prevención de Violencia en Noviazgos Adolescentes
Prevención de Violencia en Noviazgos Adolescentes
LA VIOLENCIA EN EL NOVIAZGO DE
ADOLESCENTES”
“INTERVENTIONS TO PREVENT DATING VIOLENCE IN
ADOLESCENTS”
FACULTAD DE ENFERMERÍA.
GRADO EN ENFERMERÍA 2017/2018
CLAUDIA PALOMERA BEZANILLA
DIRECTORA: AMADA PELLICO LÓPEZ
AVISO RESPONSABILIDAD UC
Este documento es el resultado del Trabajo Fin de Grado de un alumno, siendo su autor
responsable de su contenido. Se trata por tanto de un trabajo académico que puede contener
errores detectados por el tribunal y que pueden no haber sido corregidos por el autor en la
presente edición. Debido a dicha orientación académica no debe hacerse un uso profesional de
su contenido. Este tipo de trabajos, junto con su defensa, pueden haber obtenido una nota que
oscila entre 5 y 10 puntos, por lo que la calidad y el número de errores que puedan contener
difieren en gran medida entre unos trabajos y otros, La Universidad de Cantabria, el Centro, los
miembros del Tribunal de Trabajos Fin de Grado, así como el profesor tutor/director no son
responsables del contenido último de este Trabajo.
ÍNDICE Página 1
ABSTRACT/ KEYWORDS 2
INTRODUCCIÓN 3
Objetivos 4
Metodología de trabajo 4
1.2. Adolescencia 8
1.4. Magnitud 10
2.3. Consecuencias 16
CONCLUSIÓN 22
BIBLIOGRAFÍA 24
1
RESUMEN/ PALABRAS CLAVE
Las actuaciones preventivas en población adolescentes son importantes porque en ese periodo
se establecen conductas saludables o de riesgo. Los estudios realizados sobre la violencia de
pareja en la vida adulta están muy avanzados, sin embargo, el reciente campo de estudio que
se ha desarrollado en las parejas sentimentales adolescentes ha llevado a considerar la violencia
en el noviazgo un problema de salud pública.
La monografía que se lleva a cabo tiene como intención describir el contexto en el cual se ejerce
la violencia en los adolescentes, cuáles son las teorías explicativas existentes, los factores que
influyen en la aparición, las consecuencias y, por último, cómo lograr intervenciones efectivas.
La violencia en las relaciones de noviazgo es bidireccional entre los miembros de la pareja y
puede normalizarse debido a los mitos del amor romántico. Las teorías explicativas más
aplicables son las multisistémicas, que tienen en cuenta los factores antecedentes y
situacionales del problema. Se recomienda intervenir en la adolescencia temprana y sobre
población tanto universal como a colectivos de riesgo. El ámbito más frecuente es el escolar,
llevado a cabo por profesores. Se hace una síntesis de las intervenciones de mayor impacto en
el ámbito internacional y nacional.
ABSTRACT/ KEYWORDS
Preventive actions in teenagers population are important because during that period healthy or
risky behaviors are established. The studies accomplished on intimate partner violence in adult
life are very advanced, however, recent investigations that has been developed in adolescent
couples has drived violence in the courtship a public health problem.
The monograph that is carried out is planned to describe the context in which violence is applied
in teenagers, what are the existing explanatory theories, the factors that influence the
appearance, the consequences and, finally, how to achieve effective interventions.
Violence in dating relationships is bidirectional between the members of the couple and can be
normalized due to the myths of romantic love. The most applicable explanatory theories are
multisystemic, which take into account the antecedent and situational factors of the problem.
It is recommended to prevent in early adolescence and on the population both universal and at
risk groups. The most frequent field is the school, carried out by teachers. It is made a synthesis
of the interventions with the greatest impact in the international and national scope.
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INTRODUCCIÓN
Hoy en día, las investigaciones llevadas a cabo sobre violencia de género que sufren mujeres en
parejas de adultos son muy extensas. Esto es debido a que, desde mediados del siglo pasado,
las mujeres intentan luchar contra el silencio que existe en torno a un tema que las afecta, que
ha pasado de considerarse tema tabú a ser visibilizado desde gobiernos y sociedad en general.
Sucede lo mismo, pero a escala más pequeña, con la violencia en las relaciones de noviazgo. Las
que hasta hace poco se consideraban relaciones pasajeras y sin importancia, comienzan a
adquirir importancia real para los expertos.
La violencia es una violación de los derechos humanos y afecta física, psicológica y sexualmente
al desarrollo, teniendo grandes consecuencias en la salud y el bienestar de las personas, familias
y comunidades tanto a corto como a medio y largo plazo, pudiendo llegar a ocasionar la muerte
(1,2). Sin embargo, existen en nuestra sociedad formas de violencia que no son entendidas como
tal, no siendo notificadas e incluso siendo consideradas como románticas (3).
Los estudios realizados sobre la violencia en el noviazgo desvelan que este tipo de relación
violenta es un acto que no discrimina entre género femenino o masculino, ni en su forma de
víctimas ni de agresores (3,4).
El comportamiento violento en las relaciones de pareja adolescente es un problema muy
importante, ya que, a diferencia de la edad adulta, la adolescencia es una etapa de la vida donde
las relaciones románticas comienzan, los patrones de interacción con otros son aprendidos y
pueden suponer un riesgo para las futuras relaciones en la vida adulta (5). A esto se suma que
muchos adolescentes encuentran dificultad a la hora de reconocer el abuso sexual y físico como
tal, interpretando estos comportamientos como celos o signos de amor (6).
Cuando se logra entender, la violencia en el noviazgo es una experiencia personal caracterizada
por sentimientos de vergüenza, lo que obstaculiza las llamadas de ayuda para la mayoría de los
adolescentes. El miedo a ser culpado, que el secreto no va a ser guardado, que los adultos van
a presionar para que termine la relación o el miedo al castigo parental, impiden que los
adolescentes revelen la experiencia que están viviendo. Sus mayores confidentes son
habitualmente amigos, pero en la mayoría de los casos, estos no tienen condiciones para brindar
el apoyo adecuado, bien por estar sumergidos también en una relación abusiva o porque
defienden una serie de creencias que perpetúan este fenómeno. Por esta razón, la violencia en
las relaciones íntimas es un fenómeno rodeado de silencio y pánico, causando así una
subestimación de la extensión real del problema (3).
Aunque es común asumir que en estas situaciones el hombre es el agresor y la mujer la víctima,
múltiples investigaciones llevadas a cabo revelan que la violencia, especialmente la no sexual,
es habitualmente caracterizada por mutuos intercambios de agresiones. Asimismo, estudios
corroboran la idea de que las chicas son habitualmente mayor objeto de victimización sexual.
Los comportamientos más comúnmente perpetuados son las formas de violencia psicológica
como insultos, calumnias o hacer serias afirmaciones para humillar o dañar, gritar o amenazar
con intención de lucha, romper o dañar objetos intencionadamente, sin distinciones de género
(7).
Interesa la prevención en la adolescencia por haber sido considerada como un periodo de gran
vulnerabilidad para la violencia de pareja, dado la inmadurez emocional, inexperiencia con las
relaciones y la iniciación en la sexualidad caracterizan esta etapa. Llama la atención el caso de
los adolescentes por el riesgo de una pobre comunicación e inapropiada percepción y
expectativas sobre el comportamiento paterno. En este contexto, se defiende en las distintas
investigaciones sobre intervenciones preventivas la necesidad de actuar desde la prevención
primaria intentando, de esta forma, retrasar o si es posible evitar la aparición de la violencia en
estas relaciones. Se considera también de gran importancia la integración de la familia y la
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comunidad en esta prevención, intentando involucrar en esta lacra a toda la sociedad para
facilitar y promover las relaciones más saludables (2,8–10).
El motivo de elección del tema a tratar es mi interés personal sobre todas las actuaciones que
se pueden realizar desde la Enfermería Comunitaria en una etapa de la vida tan vulnerable como
es la adolescencia. Considero esta etapa como mi principal objetivo con el que trabajar en mi
futuro profesional. Además, el tema de la violencia siempre me ha resultado de gran interés por
haberlo vivido muy de cerca. Por esta razón, mi esfuerzo en la lucha por erradicar esta forma de
violencia cobra mayor sentido y fuerza.
Objetivos
Los objetivos del presente Trabajo Fin de Grado serán:
- Definir el concepto de violencia en el noviazgo en adolescentes y jóvenes.
- Describir la magnitud de la violencia en el noviazgo en adolescentes y jóvenes en nuestro
medio.
- Analizar los modelos teóricos, factores de riesgo y consecuencias de la violencia en el
noviazgo.
- Identificar recomendaciones, teniendo en cuenta los resultados de los estudios
analizados, sobre cómo deben ser las intervenciones para prevenir la violencia en el noviazgo.
Esta monografía consta de introducción, tres capítulos y conclusión. Tras la necesaria
introducción al tema objeto de estudio y dentro de esta, se explicará cómo se ha llevado a cabo
el método de revisión. En el primer capítulo se describe la violencia en el noviazgo, así como las
principales características y su magnitud en los adolescentes y jóvenes. En el segundo se habla
de cuáles son los modelos teóricos existentes, los factores de riesgo y las consecuencias de este
problema. En el tercer y último trata de las recomendaciones sobre cómo llevar a cabo
intervenciones para prevenir este problema y resume las más relevantes halladas en la
literatura. Se concluye destacando lo considerado más importante de las fuentes consultadas.
Metodología de trabajo
Para la realización de esta monografía, se efectuó una localización de referencias bibliográficas
a través de una búsqueda realizada hasta el mes de diciembre de 2017, en las bases de datos
Scopus, Dialnet y Web of Science.
Se utilizó para la estrategia de búsqueda descriptores recogidos en el tesauro de la National
Library of Medicine de Estados Unidos (MeSH, Medical Subject Headings) y de la Biblioteca
Virtual de Salud (DeCS, Descriptores en Ciencias de la Salud). Se efectuaron diferentes
combinaciones utilizando el operador booleano “AND”, aplicando límites en la estrategia de
búsqueda: búsqueda diez años atrás, en español y en inglés (Tabla 1, Figura 1).
Los criterios de inclusión o exclusión se aplicaron a las referencias encontradas, mediante la
lectura de los resúmenes, o cuando fue necesario, de la lectura completa de los estudios
primarios. Se utilizaron finalmente los artículos que respondían al objeto de la monografía y cuya
población de estudio se adaptaba a nuestros intereses (Figura 1).
Por tanto, constituyen la base de este trabajo 54 artículos. También se consultaron como fuentes
relevantes, las paginas oficiales del Boletín Oficial del Estado y de organismos como la
Organización Mundial de la Salud (OMS), el Ministerio de Sanidad o las Naciones Unidad.
Además, se utilizaron los libros “Psicología del Desarrollo: Infancia y Adolescencia”, el que
recoge la teoría del desarrollo de Erik Erikson: “Identity: Youth and crisis” y el libro “The
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Total n= 890
Quedan n= 245
Tras eliminación
duplicados (n= 11 )
Finalmente incluidos
(n=54)
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Además de estas tres grandes manifestaciones, existen otras tres formas que se pueden dar en
las relaciones de pareja:
− Malos tratos económicos: “cualquier conducta que incluye la privación intencionada y
no justificada legalmente de recursos para el bienestar físico o psicológico de la víctima
y de sus hijos e hijas o la discriminación en la disposición de los recursos compartidos en
el ámbito familiar, en la convivencia de pareja o en las relaciones posteriores a la ruptura
de estas” (15).
− Malos tratos sociales: “cualquier conducta que implique humillación, ridiculización,
descalificación y burla en público”.
− Malos tratos ambientales: “cualquier conducta consistente en romper, golpear objetos,
tirar cosas que pertenecen a la mujer, destrozar enseres” (16).
Estas tres manifestaciones están relacionadas con la violencia de género (hombre ejerce
violencia sobre mujer) ya que suelen darse y han sido estudiadas en este contexto.
Dentro de la violencia de pareja (interpersonal), resulta de gran interés diferenciar tres grandes
conceptualizaciones que nos podrán ayudar a diferenciar el tema del actual trabajo:
Violencia de género, violencia contra la mujer, violencia machista son términos que se utilizan
indiferentemente para referirnos a “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo
femenino que tenga, o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o
psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción y la privación
arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada” (17).
Violencia doméstica-familiar: se define como “los malos tratos o agresiones físicas, psicológicas,
sexuales o de otra índole, infligidas por personas del medio familiar y dirigida generalmente a
los miembros más vulnerables de la misma: niños, mujeres y ancianos”(11).
Violencia en las relaciones de noviazgo, dating violence: se puede definir como “acto de
violencia, como una situación particular o continuada en el tiempo, cometida por uno de la
pareja o por ambos, con la intención de dominar, controlar y tener más poder que el otro en la
relación” (11).
Encontramos otra definición interesante al abordar el tema de la violencia en el noviazgo desde
la perspectiva contemporánea de los adolescentes es la realizada por Mulford y Blachman-
Demner: “una serie de comportamientos que los preadolescentes, adolescentes y adultos
jóvenes experimentan en el contexto de relaciones sentimentales presentes o pasadas. Los
comportamientos incluyen violencia física y sexual, acoso y abuso psicológico, lo que incluye
control y coerción. El abuso puede ser experimentado en persona o por vía tecnológica”(18).
Esa violencia en el noviazgo es la que constituye nuestro objeto de estudio y en la que
centraremos la presente monografía.
1.2. ADOLESCENCIA
El período que nos interesa es la adolescencia, definido por la OMS como el “periodo de
crecimiento y desarrollo humano que se produce después de la niñez y antes de la edad adulta,
entre los 10 y los 19 años”. Se trata de una de las etapas de transición más importantes en la
vida del ser humano, que se caracteriza por un ritmo acelerado de crecimiento y de cambios,
superado únicamente por el que experimentan los lactantes (19).
La adolescencia está marcada por los cambios que en ella se producen que son de tipo físico,
sexual, psicológico y social y que tienen como objetivo la transición de la niñez a la edad adulta.
Popularmente se identifica como una etapa de gran vulnerabilidad y labilidad emocional sin
motivos aparentes, siendo considerada como un mero tránsito que el adolescente tendrá que
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superar con las menores consecuencias posibles. Sin embargo, se trata de uno de los períodos
más cruciales para la persona en el cual las decisiones tomadas podrán afectar a toda su etapa
adulta (20).
Erikson, en su teoría del desarrollo psicosocial, considera el desarrollo evolutivo como la
superación de una serie de conflictos que pueden ser internos o externos y que serán clave en
la formación de la personalidad. Estos conflictos formarán en su conjunto una crisis, término
que utiliza en todas las etapas de desarrollo y que constituirán el paso de un estadío a otro, y
que en el caso de la adolescencia denomina “crisis de identidad” (21).
Esta crisis tendrá como principales conflictos el descubrimiento de dicha identidad, la
adquisición de autonomía individual y la explosión emocional. Se trata de convertirse en un
adulto único con un sentido coherente del yo y un papel valorado en la sociedad para lo cual
será indispensable la consecución de logros como las identidades personal, sexual, política y
profesional, es decir, la elección de una ocupación, la adopción de valores en los que creer y por
los que vivir. Por lo tanto, el esfuerzo de los adolescentes por dar sentido al yo no debe
considerarse como una etapa de malestar de madurez, sino una etapa saludable e indispensable
del ciclo vital (20).
Para lograr todo esto el adolescente comenzará con un cambio en el patrón de sus relaciones.
La relación parental pasará a ser más abierta a la discusión y la negociación pues se considera
más cercano a los adultos que en etapas anteriores, creándose conflictos. La relación con
compañeros cobrará una gran importancia ya que será donde encontrará información, apoyo,
retroalimentación y compañía, siendo los modelos de comportamiento(22).
Cabe destacar, que aquellos adolescentes que tengan un apego seguro con sus padres y que
además sientan libertad para explorar, expresarse y discutir sobre opiniones que difieren,
tendrán más facilidad en la creación de la identidad que aquellos con unos padres autoritarios.
Ese autoritarismo no permite el fomento de la autonomía y lleva a crear identidades delegadas,
pues dificultar la toma de decisiones de los adolescentes les hace incapaces en la edad adulta
para ello (23).
La construcción de una identidad en valores y creencias con las cuales el adolescente se siente
comprometido le dará autonomía y seguridad en la toma de decisiones. Esta autonomía es un
pilar básico en la adolescencia ya que será indispensable para el paso a la vida adulta. Por esto,
es importante que los padres dejen libertad a los hijos a la hora de tomar decisiones y
promuevan la discusión y negociación para crear una identidad y finalmente una gran
autonomía (22).
Por último, las emociones tienen una gran importancia en esta etapa, produciéndose una
“explosión emocional” que lleva al adolescente a las primeras experiencias en amor y noviazgo
(22).
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Estas nuevas relaciones de noviazgo hacen que los adolescentes tengan nuevas experiencias,
por lo que es un proceso imprescindible en el desarrollo humano. Además, les ayuda a conocer
nuevos sentimientos, a reconocerlos y a saber manejarlos (25). Esta etapa será el comienzo de
sentimientos que serán habituales a lo largo de la vida, con mayor o menor intensidad y
aumentará la habilidad personal de establecer relaciones con más madurez.
Asimismo, como proceso habitual del desarrollo adolescente, las relaciones de noviazgo
establecen un alto grado de cercanía emocional con la pareja, apoyado por procesos tales como
la confianza, la compresión, la revelación y la expresión mutua de sentimientos amorosos (26).
Las relaciones de noviazgo en la actualidad son relaciones de corta duración, menos de un año
o pocos meses, que al contrario que antiguamente, no tienen como intención un compromiso
mayor en el futuro. Esta característica junto con la no convivencia son las mayores diferencias
con las relaciones adultas y que hace que el trascurso y los sentimientos que en ellas surgen
sean distintos (19).
Estas relaciones deberían basarse en el respeto de ideas, opiniones, gustos, hábitos y
costumbres; en la sana diversión, en el compromiso con los sentimientos de la pareja y la lealtad.
Estos son valores primordiales que se pueden distorsionar y convertirse en relaciones de
violencia debido a la inexperiencia de los adolescentes (24).
Dicha inexperiencia hace que los adolescentes se fijen en los valores culturales y las conductas
normalizadas de la sociedad en la que se han educado. Al contrario de lo esperado, a pesar de
los grandes esfuerzos de las instituciones, el amor sigue cobrando en los países europeos una
idea conocida como “amor romántico” por la cual los adolescentes pueden confundir con signos
de amor lo que en realidad son acciones violentas y que en un futuro pueden evolucionar a peor
(17).
Un ejemplo de esto son los celos, el control y el abuso de intimidad entendidos por gran parte
de los adolescentes como un signo de amor que incluso les hace sentirse orgullosos cuando
alguien les importa (27). Estas ideas conducen a situaciones de violencia psicológica que hace
que se sientan atrapados en las relaciones o tengan miedo a la pareja.
Para evitar eso, es importantísimo prestar atención a estas nuevas relaciones, no considerarlas
hechos pasajeros sin importancia, sino educar en valores a los adolescentes para diferenciar
cuales son las buenas conductas y acciones de las relaciones y cuáles pueden ser signos de
violencia.
1.4. MAGNITUD
Partiendo del conocimiento de las distintas formas de violencia y teniendo en cuenta la que nos
concierne en el trabajo, el estudio de la prevalencia se ve dificultado por todos los estudios
existentes sobre tipos de violencia que no son violencia en el noviazgo. Muchos son los estudios
se centran en el estudio de victimización de las mujeres sin tener en cuenta las posibles acciones
agresivas de las chicas contra los chicos. De esta forma, centramos la revisión en aquellos
estudios sobre la violencia en el noviazgo bidireccional.
En general, las investigaciones llevadas a cabo sobre violencia en el noviazgo confirman que la
psicológica es la más habitual en estas edades. Este tipo de agresión llega a estar normalizada
por muchos de los adolescentes, llegando a no reconocerla como tal. Además, no se pueden
establecer diferencias entre la ejercida por chicos o chicas. Sin embargo, los datos de la
prevalencia son dispares entre los distintos estudios.
Un estudio publicado en 2015 y llevado a cabo en distintas ciudades de nuestro país con un total
de 6731 jóvenes entre 15 y 26 años, cifraba en un 5% los adolescentes que decían haberse
sentido maltratados en sus relaciones de pareja. Cabe destacar de este estudio que, un 10,3%
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indicó haber sentido miedo y el 26,1% haberse sentido atrapados/as, por lo que los autores lo
clasifican como violencia no percibida (28).
En otra muestra de 4337 estudiantes españoles de entre 15 y 26 años, un 68,6% consideraron
no haber sido víctimas de violencia nunca, un 26,4% haber vivido en algún momento una
situación de violencia no percibida y tan solo un 5% haber sido víctimas de violencia (29).
Otro estudio realizado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud con una muestra
de 2154 chicos y chicas de entre 14 y 19 años, midió su tolerancia hacia conductas propias de la
violencia. Se muestran como los comportamientos agresivos más normalizados el control o
revisión de móvil de la pareja (un 63% de los chicos y un 59% de las chicas), seguido de control
sobre con quien puede hablar o donde puede ir la pareja (53% chicas y 42% chicos). Son también
frecuentes comportamientos como controlar todo lo que hace la pareja, dónde está en cada
momento o impedir que vea a sus amigos o amigas (30).
En otra investigación realizada en Bilbao sobre 433 chicos y chicas entre 12 y 19 años,
encontramos que un porcentaje de 25,6% de la muestra dice sentirse o haberse sentido víctima
de aislamiento de sus amistades o controlado/a por parte de su pareja, mientras que un 12%
refirió haber sentido violencia verbal por medio de insultos. La forma de violencia psicológica
más habitual es el control y aislamiento o sentirse ridiculizado, insultado o amenazado en
público. Un 4,9% y 5,7% refirió violencia sexual o física respectivamente (31).
Con respecto a la violencia sexual, los datos existentes son menores y se centran en la violencia
ejercida por el hombre. En el estudio del Centro Reina Sofía, un 28,4% de chicos ha insistido en
tener relaciones sexuales frente a un 5,3% de chicas (30). El estudio de Bilbao, sin embargo, no
encuentra diferencias significativas entre hombres y mujeres en este tipo de violencia, con un
5% de la muestra que “se ha sentido obligado/a a realizar conductas de tipo sexual que no quería
hacer”(31).
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El uso de alcohol y drogas supondrá una variable precipitante (42,43). Su estudio resulta muy
importante por el alto consumo de alcohol y su relación con la violencia entre los adolescentes
en nuestro país. Alrededor de un 79% reconoce haber consumido alcohol en alguna ocasión y
en cuanto a las drogas, por ejemplo el cannabis, se ha sido consumido en algún momento por 3
de cada 10 adolescentes entre 14 y 18 años (44).
Entre las variables facilitadoras de situaciones de violencia en la pareja encontramos las ideas
sexistas (3,6,27), como actitudes negativas sobre la mujer, actitudes de dominación o
estereotipos de género. Estas pueden facilitar la violencia ejercida por el hombre o que la mujer
no perciba la violencia como tal (29). Además, numerosas investigaciones han catalogado la
tolerancia como uno de los principales factores de riesgo (3,4,45,46) .
Los celos y conductas controladoras pueden ser entendidas por los adolescentes como
manifestaciones de amor (43). En un estudio con 362 adolescentes de Madrid el 47,1% de la
muestra consideró que “una pareja es celosa porque se preocupa por ti y te quiere” y un 46,1%
consideró que “cuando se tiene una pareja, es habitual utilizar el móvil para saber dónde se
encuentra y que hace la otra persona”. Esta tolerancia se convierte en un factor de riesgo
importante en este tipo de relaciones (27).
Las alteraciones de la personalidad o psicopatologías como la depresión o los trastornos de
personalidad (47), las conductas sexuales de riesgo como no usar preservativo y embarazos no
deseados (12,47), déficits de habilidades de comunicación y de solución de problemas (49,50),
una baja empatía y autoestima (12,50), presencia de ira y hostilidad (38,51), problemas
escolares y bajo rendimiento académico (12,52) o impulsividad (50,53) son otras variables
estudiadas que facilitarán la presencia de violencia en las parejas adolescentes.
Otras variables pueden modular o facilitar la asociación entre algunos factores y la violencia en
el noviazgo, como las actitudes favorables a la violencia y estereotipos de género en relación
con la edad. Numerosos estudios explican que en edades tempranas estas actitudes y
estereotipos están más marcados y con el paso de los años los adolescentes se sensibilizan más
(29,46,54). También actúa como modulador el estilo de apego (34,46).
Por último, las variables que pueden inhibir la violencia en el noviazgo son la autoestima y
empatía elevadas (50), habilidades de comunicación y habilidades de solución de problemas
(55), buen rendimiento académico (52,56) y hábitos de crianza positivos (55,57).
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2.3. CONSECUENCIAS
Conocidas las características, prevalencia y factores de riesgo del problema, y antes de comenzar
a estudiar las intervenciones preventivas existentes para luchar contra este tipo de violencia, es
importante conocer cómo afecta a estos jóvenes.
Cabe tener en cuenta que, debido al problema existente con la tolerancia y el reconocimiento
de la violencia en las parejas adolescentes, estudiar las consecuencias solo puede llevarse a cabo
con aquellos que sí reconocen haber sido víctimas (23).
En función del tipo de violencia ejercida se darán determinadas consecuencias. Dentro de las
consecuencias posibles de las agresiones físicas nos podemos encontrar con muchas
posibilidades traumáticas, que van desde lesiones leves a otras muy graves. Sin embargo, se han
hallado porcentajes muy pequeños de adolescentes que refieren haber sido víctimas de este
tipo de violencia y dentro de estos, la mayoría refiere daños físicos leves como cortes,
contusiones leves o arañazos (2,51). En un estudio realizado a 2416 adolescentes españoles, se
mostró que son más las mujeres las que padecen violencia física y sus consecuencias y un 3% de
las mujeres de la muestra informaron haber sufrido ojos morados, nariz o huesos rotos. Además,
este estudio informa que las consecuencias de la violencia física empeoran cuanto mayor es el
adolescente (60).
En la esfera psicológica y teniendo en cuenta la mayor prevalencia de este tipo de violencia, nos
encontramos con una mayor variedad de consecuencias. En un estudio realizado a 3614
adolescentes entre 12 y 17 años se revelan datos como que los jóvenes que habían padecido
violencia en la pareja tenían 4 veces más de posibilidades de desarrollar síndrome postraumático
o depresión mayor que los que no (61). Otras consecuencias pueden ser el deterioro de la
autoestima y la imagen corporal (62), aparición de ideación suicida y/o intentos de suicidio (62),
o peor funcionamiento psicosocial (63).
Se encuentra además un mayor riesgo ante otras conductas de riesgo como el abuso de
sustancias (drogas, cigarros, alcohol), trastornos de la conducta alimenticia, comportamientos
sexuales de riesgo como un mayor número de parejas sexuales o delincuencia (64).
A nivel académico nos encontramos con un empeoramiento del rendimiento escolar y/o
abandono de los estudios (65).
Por último, ante violencia en el noviazgo, habrá mayor riesgo en el futuro de relaciones violentas
con la aparición de interacciones disfuncionales y problemas relacionales (66).
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contamos con esta asignatura en el plan académico por lo que lo más habitual será usar las
tutorías. Con respecto a las personas indicadas, podrán llevarlas a cabo los profesores de la
propia escuela o profesionales externos al centro educativo. Se han llevado a cabo estudios que
se realizan por profesores y otros profesionales como psicólogos de centros de mujeres
maltratadas (76), por personal de servicios sociales (79) , por miembros de la policía (79) o por
abogados (78).
Por último, todo programa preventivo tiene que tener un diseño de evaluación para valorar su
eficacia. Lo óptimo será un diseño experimental con asignación aleatoria de los participantes a
los grupos experimental y control y evaluaciones de seguimiento. Sin embargo, debido a su
elevado coste y dificultad, sólo se conocen 3 programas preventivos que cumplan este modo de
evaluación (72,79,80).
Describiremos a continuación los programas preventivos más relevantes, escogidos entre
aquellos encontrados en publicaciones científicas, que hayan sido desarrollados para prevenir
la violencia que se ejerce en el noviazgo y que tuviesen como población diana adolescentes.
Concretamente, hemos escogido dos intervenciones internacionales y dos nacionales a
población general y otras dos internacionales a población de riesgo. De cada uno, especificamos
autores, nombre, localización, objetivos, características del programa, población diana,
procedimiento de aplicación, muestra y diseño de evaluación.
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Los resultados del programa fueron difundidos a través de dos estudios. El primero fue
publicado realizado durante el curso de 2004-2005. A una muestra de 228 adolescentes, les
entrevistaron en grupo durante una hora, una vez desarrollado el programa, para conocer sus
impresiones y los cambios en sus relaciones personales. Encontraron cambios en la mayoría de
las variables evaluadas sobre sus relaciones (84).
El segundo, realizado en el curso 2007-2008, se hizo evaluación a una muestra de 144
adolescentes por medio de cuestionarios. Los resultados mostraron un aumento de las
habilidades de resolución de conflictos y disminución de comportamientos agresivos,
especialmente en aquellos que habían mostrado mayores niveles de agresión en el pretest (85).
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CONCLUSIÓN.
El tema a tratar en este trabajo es la violencia en el noviazgo o violencia de parejas
adolescentes, sin embargo, existen otras conceptualizaciones de violencia que pueden ser
confundidas.
La violencia es definida por la OMS como “el uso intencional de la fuerza física, amenazas contra
uno mismo, otra persona, un grupo o una comunidad que tiene como consecuencia o es muy
probable que tenga como consecuencia un traumatismo, daños psicológicos, problemas de
desarrollo o la muerte”. Además, la violencia se podrá dividir en función de quién la comete -
violencia autoinflingida, interpersonal o colectiva- y la naturaleza de esta -principalmente
violencia física, psicológica o sexual- (11).
La violencia en el noviazgo es violencia interpersonal y puede darse en cualquiera de las formas
que existen, se podría definir como “acto de violencia, como una situación particular o
continuada en el tiempo, cometida por uno de la pareja o por ambos, con la intención de
dominar, controlar y tener más poder que el otro en la relación” (11). Una característica añadida
que hemos utilizado para el estudio de esta violencia es que sea ejercida durante la etapa de la
adolescencia.
La adolescencia abarca entre los 10 y 19 años y tiene como característica principal cambios a
nivel físico, sexual, psicológico y social lo que hace que sea una etapa marcada por una gran
vulnerabilidad (19,20). Durante estos años, los adolescentes tendrán que tomar muchas
decisiones que marcarán su futuro. Además, comenzarán a sentir interés en las relaciones
amorosas y darán comienzo las primeras relaciones entre jóvenes adolescentes en busca de
explorar este tipo de relaciones (25,26).
Estudios realizados sobre el noviazgo en la adolescencia muestran que muchas veces pueden
implicar violencia y la característica más llamativa es que, debido a la inexperiencia, los
adolescentes no reconocen esta violencia como tal. De esta forma, cobra real importancia el
estudio de los factores de riesgo y sus consecuencias (18).
A excepción de una teoría desarrollada por Riggs y O´Leary (32), no se han desarrollado más
modelos o teorías para explicar la violencia en el noviazgo adolescente de forma particular, por
lo que los autores de las distintas investigaciones usan las existentes para la violencia en las
relaciones adultas como son la teoría feminista o la del aprendizaje social, que son las más
utilizadas. Además de no estar enfocados en la violencia en la adolescencia, tienen otros
inconvenientes ya que se centran únicamente en las desigualdades de género y en las influencias
interpersonales respectivamente. Sin embargo, se ha visto que la violencia no se da por una
única razón, sino que se debe a la suma de una serie de factores. Por tanto, las teorías que
deberían utilizarse son las multisistémicas, ya que estas son las que recogen los diferentes tipos
de factores de riesgo (23).
Un ejemplo es la teoría de Riggs y O´Leary, que permite recoger información sobre los distintos
factores de riesgo, diferenciando entre antecedentes y situacionales (32).
Los antecedentes son los que engloban las características individuales como puede ser el uso de
alcohol y drogas, las ideas sexistas, déficits de las habilidades de comunicación y/o de resolución
de problemas. Los factores situacionales son los que se relacionan con el entorno tanto físico,
familiar, histórico o económico. Entre estos factores podemos encontrar el estrés psicosocial, la
influencia de iguales o el apoyo social bajo (32).
Además de su gran magnitud, las consecuencias de este problema hacen necesario su estudio
ya que, aunque los daños físicos graves no suelen ser habituales, las consecuencias a nivel
psicológico para las víctimas pueden ser muchas y en algún caso graves. Debemos tener en
cuenta que una de las consecuencias es que se adopten hábitos disruptivos para relaciones
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futuras lo que supondría relaciones violentas en la edad adulta donde las consecuencias suelen
ser más graves llegando en muchos casos a la muerte (66).
Conocida la gravedad del problema, los factores de riesgo y sus consecuencias, se podrán llevar
a cabo programas preventivos para intentar que los adolescentes no se vean envueltos en este
tipo de relaciones, así como para saber cómo salir en caso de que ya estén inmersos en ellas.
En cuanto a la forma de llevar a cabo intervenciones efectivas para prevenir y tratar la violencia
en el noviazgo, encontramos que las intervenciones deben darse en la adolescencia temprana
(13-14 años), antes de que comiencen las primeras relaciones (23,68).
Solemos encontrar intervenciones dirigidas a población general (universal) o indicadas a grupos
de riesgo como personas víctimas de maltrata infantil. Mucho menos frecuentes son las de
prevención selectiva a grupos con alguna característica en común como proceder de entornos
desfavorecidos (72).
Las de prevención universal tienen las ventajas de llegar a mayor número de posibles agresores
o víctimas y de eliminar el estigma. Las indicadas tienen la ventaja de centrarse en la prevención
de conductas disruptivas (72).
Si bien se han encontrado intervenciones en la comunidad, la escuela es el lugar prioritario por
llegar a mayor número de adolescentes. A falta de asignatura específica, en nuestro país suelen
llevarse a cabo en las horas de tutoría y, generalmente, por profesores (23).
Los contenidos deben basarse en modelos multisistémicos (23,72). No hemos encontrado de la
evidencia de la duración óptima de un programa. Y, por último, todo programa debe evaluar los
resultados (23).
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