Los huevos.
La vida de la rana inicia cuando una hembra deposita sus
huevos en un cuerpo de agua, como un río, un lago o un charco de
algún tipo, junto a un macho que de inmediato procede a fecundarlos.
Luego los huevos maduran, a medida que la vida en su interior llega al
punto adecuado, y eclosionan para liberar renacuajos.
Los renacuajos. Se llama así a las “larvas” de rana, o sea, a sus
formas infantiles, que llevan una vida 100% acuática. De hecho, tienen
cuerpos largos y sin extremidades, semejantes a los peces, dotados de
colas, branquias y una ventosidad para sujetarse a los objetos. Los
renacuajos viven unos tres meses, alimentándose de todo lo posible,
durante los cuales van cambiando paulatinamente, conforme vayan
acumulado la energía necesaria para la metamorfosis. Entonces, inician
los cambios: comienzan a brotarles las patas traseras, luego las
delanteras, y el cuerpo a aumentar considerablemente de tamaño. Los
pulmones se desarrollan dentro de la rana joven, a medida que la cola
y las branquias son reabsorbidas paulatinamente, preparando al animal
para su vida terrestre futura.
La rana adulta. Una vez terminada la metamorfosis, una rana adulta
abandona el agua y emprende la vida adulta en lo seco, aunque
regresando cada cierto tiempo para hidratarse y para desovar,
repitiendo así su ciclo de vida.
La metamorfosis de la abeja
La abeja realiza la metamorfosis dentro de una celda de la colmena.
A pesar de vivir una vida organizada en sus respectivas colmenas, la
metamorfosis de las abejas de miel es bien conocida por la biología. Y
comprende el siguiente ciclo vital:
Los huevos. Los huevos de abeja son depositados siempre por la abeja
reina, la única capaz de reproducirse, dentro de celdas especiales de la
colmena, destinadas a albergar las crías, en lugar de la miel. Los
huevos son blancos y planos, con forma oval, y eclosionan después de
unos tres días.
Las larvas. Recién salidas del huevo, las larvas descansan en forma de
“C” en sus respectivas celdas, a la espera de que las abejas obreras le
traigan su alimento: una suerte de jalea a base de miel, elaborada por
ellas mismas. Las larvas son blancas, alargadas y de cuerpo
segmentado, pero sin extremidades y totalmente ciegas. Serán
alimentadas de este modo hasta que alcancen el tamaño necesario para
convertirse en pupas o crisálidas.
Las crisálidas. Cuando ya están listas para la metamorfosis, las larvas
generan un olor característico que las obreras reconocen, y proceden a
sellar cada celdilla con cera, aislando la larva del exterior. Allí dentro,
oculta de la luz, la larva emprende un período de inactividad y de
cambios que varía de acuerdo al rol final que el individuo tendrá en la
colmena: obreras, zánganos o reinas.
Las abejas adultas. Una vez alcanzada la etapa de adultez o imago,
las abejas emergen de sus celdillas para incorporarse a la compleja
vida social que caracteriza a estos insectos.