REencuentro.
Análisis de Problemas Universitarios
ISSN: 0188-168X
ISSN: 2448-6647
cuaree@[Link]
Universidad Autónoma Metropolitana
México
Rodríguez Cabrera, Verónica
De radio pasillo al "caldero de las brujas": el grupo Cuerpos que Importan. En la UAM Xochimilco
REencuentro. Análisis de Problemas Universitarios, vol. 29, núm. 76, 2018, Julio-, pp. 155-173
Universidad Autónoma Metropolitana
México
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Variaciones
De radio pasillo al "caldero de las brujas":
el grupo Cuerpos que Importan en la uam-
Xochimilco
Verónica Rodríguez Cabrera*
Resumen
Este trabajo busca dar cuenta de los grandes retos que enfrentan las Instituciones de
Educación Superior (ies) para conducir acciones en torno a un antiguo problema
en la academia: la violencia de género. El trabajo se apoya de la experiencia del
Programa Institucional “Cuerpos que Importan” de la uam-Xochimilco que, a
lo largo de ocho años, logró consolidar un proyecto de intervención que buscó
ser integral, ético y responsable en la lucha por la erradicación de toda forma de
violencia de género en esta casa de estudios y que actualmente ha dado paso a una
transición y reconfiguración institucional y se sustenta teóricamente en las teorías
del actor-red y feminista.
Palabras clave
Violencia de género en ies ¶ uam-Xochimilco ¶ Programa Institucional Cuerpos
que Importan
Abstract
This paper aims to describe the challenges that a multidisciplinary group at uam-
Xochimilco has gone through, in order to make visible and to conduct actions
around an old problem in the academy, such as gender violence in the University.
It illustrates how, over the course of eight years, the group “Bodies that Matter” has
consolidated an intervention project that seeks to be comprehensive, ethical and
responsible in the fight for the eradication of all forms of gender violence at this
University.
Keywords
Gender Violence in Colleges ¶ uam-Xochimilco ¶ Institutional Program Cuerpos
que Importan
* Profesora investigadora, Departamento de Política y Cultura, Universidad Autónoma Metropolitana,
Unidad Xochimilco (uam-x), México (verobevale@[Link]).
De radio pasillo al “caldero de las brujas” ¶ Verónica Rodríguez
Introducción
E
l programa institucional Cuerpos que Importan de la Universidad
Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco (uam-x) tiene sus inicios
en 2011 cuando un grupo de académicas, trabajadores/as administrativos y
estudiantes se organizaron para actuar en contra de la violencia de género en esta
universidad, y tiene un cierre como programa institucional en diciembre de 2019.
No es que antes de esa fecha se desconociera este problema, de hecho, solía venti-
larse por los pasillos universitarios de forma velada, como parte de una práctica
común a la que recurre la comunidad universitaria cuando busca hacer del conoci-
miento público algo que permanece en el rumor, la secrecía, lo “oscurito”, etcétera,
y a la que se le conoce como “radio pasillo”.
Cuando el grupo Cuerpos que Importan trató abiertamente el tema de violencia
de género que acontece en el ámbito universitario y encontró una vía para que los
rumores, que solían abordarse a puertas cerradas y con unas pocas personas, se
transformaran en un asunto de interés comunitario en nuestra casa de estudios,
se logró trastocar la barrera de lo privado a lo público. Ante esta situación no
faltaron voces que anunciaban la existencia de “brujas” que buscaban encender una
especie de hoguera para quemar a “cualquiera”, ya que estos actos no se contemplan
en la legislación universitaria y, por lo tanto, no se incurría en alguna falta.
Este documento tiene la intención de brindar elementos para comprender
algunos avatares que enfrentan las ies en la consolidación de instrumentos norma-
tivos para prevenir, atender, sancionar y erradicar la violencia de género en su
ámbito. La investigación tiene como referentes teóricos los conceptos de comple-
jidad y redes, que refieren al conjunto de asociaciones de carácter dinámico, hete-
rogéneo y múltiple que ensamblan conexiones de redes complejas y constituyen lo
social. Desde esta propuesta es importante considerar a las prácticas como parte
de la recreación de dichas conexiones (Law y Mol, 2002; Latour, 2008). Asimismo,
se integran diferentes categorías y nociones de la teoría feminista, tomando en
cuenta este posicionamiento se piensa en la violencia de género como parte de
estos ensamblajes complejos en constante flujo y reconfiguración, que incluyen las
relaciones de género y, en tanto redes, pueden tener continuidad y también desar-
ticulaciones. Siendo coherente con esta propuesta se recurre a la analogía de un
caldero de brujas, tomando en cuenta que la existencia de un Protocolo no debe
reducirse a un resultado; cual poción o encantamiento con el poder de trasformar
situaciones y prácticas como por arte de magia.
La información que se presenta forma parte de las experiencias recabadas en
minutas y conversaciones a las que se ha tenido acceso por formar parte y haber
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coordinado el Programa Institucional Cuerpos que Importan, así como haber
participado en diferentes comisiones para impulsar la aprobación institucional del
Protocolo para la Atención de la Violencia de Género en la uam-Xochimilco.
En la primera parte del documento se presenta cómo los estudios de violencia de
género en las universidades a escala global contribuyen a generar respuestas para su
atención; la segunda ilustra cómo se consolida y concreta el Protocolo de la uam-x,
así como la experiencia del Programa Institucional Cuerpos que Importan en la
instrumentación. La tercera parte del debate algunos de los nudos problemáticos que
pueden enfrentar las ies, como en el caso de la uam-x, en la aplicación de un instru-
mento como éste. Finalmente, se presentan las reflexiones conclusivas del trabajo.
Violencia de género en las ies, una mirada a los estudios
Las ies suelen ser entendidas como espacios privilegiados donde se producen sabe-
res y se promueve la creación de valores en las diferentes facetas de lo social (Mier,
2004). Son también consideradas instituciones de vanguardia y de progreso al ser
generadoras de conocimientos fundados en la crítica y el razonamiento científico y,
por ende, proyectos civilizatorios donde reina la paz y la tranquilidad; sin embargo,
en las últimas décadas se ha visibilizado y denunciado la existencia de distintos
actos vinculados a la violencia de género que han llegado incluso a normalizarse
en el ámbito universitario.
La violencia de género en las ies es un tema que comienza a develarse en los
años noventa. Países como Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y España fueron
pioneros en realizar grandes esfuerzos para determinar la dimensión y la dinámica
de esta problemática en sus instalaciones (Soldevila y Domínguez, 2014; Valls, 2008).
Estos mismos países han logrado poner en marcha distintas acciones para la preven-
ción y atención de la violencia de género en sus instituciones (Luxán, Biglia y Azpiazu,
2018). En América Latina se reconoce a Costa Rica, Colombia y Chile como los
países que abrieron brecha en investigaciones sobre el tema (Centro Nacional para el
Desarrollo de la Mujer y la Familia, 1995; Fernández, et al., 2005; Lehrer et al., 2007).
Los estudios antes referidos cuestionan percepciones tradicionales sobre las ies,
donde éstas se perciben como espacios neutrales en los que prevalece el conoci-
miento y las buenas relaciones, exponiendo que, como en cualquier otro espacio
donde predominan jerarquías de poder y relaciones desiguales entre hombres y
mujeres, se produce y reproduce violencia de género. Una revisión general de estos
trabajos nos permite corroborar que la violencia por motivos de género en sus
distintas modalidades forma parte de conductas normalizadas enraizadas en una
cultura sexista y patriarcal predominante en los distintos órdenes sociales.
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En España, país que ha sido pionero en este tipo de estudios, se ha definido a la
violencia por motivos de género en las universidades como:
una forma de agresión física, sexual, psicológica perpetrada contra las mujeres en
función de su género y que se presenta al interior de la comunidad universitaria, tanto
dentro, como fuera del espacio físico de la universidad (Mendoza, 2011: 35).
Si bien en esta propuesta se identifica a las mujeres como las sujetas receptoras de
dicha violencia, debemos reconocer que ésta afecta a sujetos diversos que quedan
enmascarados por el sexismo que:
estructura un sistema de relaciones que causa daños a las mujeres y a los hombres, y por
tanto no puede ser definido como un problema sectorial de las mujeres, sino que tiene
carácter general cuya raíz es la estructuración social (Izquierdo, 2007: 4).
La violencia de género en las ies no es una problemática nueva o reciente que ha
cobrado visibilidad a partir de las exposiciones de diversos casos a escala global, sino
que ha sido ignorada o silenciada hasta hace muy pocas décadas. La reputación de ser
centros privilegiados del saber y de la ciencia pareciera resguardarlas de toda sospe-
cha; como si estas instituciones estuvieran al margen de la sociedad de la que forman
parte y, más aún, del orden patriarcal que jerarquiza y subordina a los sujetos bajo el
sistema sexo-género. Por lo que los estudios sobre la violencia de género en las ies
han dejado al descubierto que este problema adquiere sus propias dinámicas, vicios y
contradicciones internas y han empujado a las instituciones a actuar en consecuencia.
La investigación en el tema ha recurrido a la elaboración de diagnósticos o estu-
dios específicos en las ies y revelan que la violencia de género, en sus distintas
expresiones —como el acoso y el hostigamiento sexual, la violación, entre otras—,
llega a convertirse en un verdadero obstáculo para el desempeño académico de las
personas en esta situación, así como para el resto de la población universitaria y
de la propia institución. Este tipo de violencia propicia en las personas depresión,
ansiedad, insomnio, discapacidad funcional, ideas de suicidio e incluso el abuso en el
consumo de sustancias (Hathaway et al., 2000); también puede afectar la salud física
y emocional, la integridad, la libertad, la seguridad y la igualdad de las personas que
conviven en esa comunidad (Wright y Weiner, 1990); asimismo, se encuentra ligada
a problemas de abstencionismo y abandono de las instituciones (Currie, 1994). A
todo ello debemos sumar que los problemas se ven agravados si quien ha vivido
violencia de género trata de denunciarla ante las autoridades universitarias o frente
a otras instancias externas (Puigvert, 2008; 2010).
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En México el análisis de la violencia por motivos de género en las ies constituye
un esfuerzo teórico más reciente. Una revisión general de estos trabajos permite
corroborar que la violencia por motivos de género en las ies forma parte de un
orden que diferencía y jerarquiza a las personas, posicionando con mayor ventaja a
algunas con respecto a otras y que adopta conductas sexistas normalizadas (Bustos
y Blázquez, 2003; García, 2004; Saldívar et al., 2008; Castro y Vázquez, 2008; Mora,
2010; Huacuz, 2011; Tronco y Ocaña, 2011; Lazarevich, et al., 2013; Buquet et al.,
2013; Mendoza, 2013; González et al., 2013; Carrillo, 2014; Mingo y Moreno, 2015;
List, 2015; Ehrenfeld, 2016).
Los estudios tanto en México como en el extranjero han logrado exponer la
importancia y complejidad de cuantificar y entender este problema. El conocer
sus dimensiones, las personas mayormente afectadas, su frecuencia, los lugares
de ocurrencia, las distintas modalidades1, entre otros aspectos, ha hecho posible
entender que las ies no están exentas de este tipo de violencia y más bien han
empujando a éstas y a los propios gobiernos a tratar de actuar en consecuencia y, en
cierto modo, a contribuir a generar alternativas para prevenir, atender, sancionar y
erradicar este problema; tanto en su propio ámbito como en el resto de la sociedad
a través de su impacto. Algunas, al menos en el discurso, han abrazado iniciativas
para adoptar marcos normativos nacionales e internacionales en la materia. Otras,
han dado pasos importantes a este respecto.
La Universidad Nacional Autónoma de México (unam) fue una de las insti-
tuciones pioneras en llevar a cabo acciones contundentes y de largo aliento para
incorporar la transversalidad de la perspectiva de género, impulsando una polí-
tica de la igualdad de trato y de oportunidades entre hombres y mujeres. Además,
como parte de las políticas institucionales para la prevención, atención, sanción y
erradicación de este tipo de violencias en la institución, en 2019 puso en marcha el
Protocolo para la Atención de Casos de Violencia de Género en la unam (unam,
2019). Sin embargo, sus resultados no siempre satisficieron a las víctimas y las
controversias que generó han abierto diversos debates y críticas en torno a dicho
instrumento (Ferreyra, 2019).
Socialmente lo que más impacto ha causado, sin lugar a duda, es la evidencia
empírica; es decir, la existencia y exposición de casos que han formado parte de las
luchas y demandas de víctimas y activistas. Cierres de escuelas y facultades, paros,
denuncias en las redes y en las instalaciones han transformado la realidad en varias
ies del país.
En el caso de la uam-x, una clara expresión de este malestar se presentó el 31
de mayo de 2016 cuando en la cafetería, el espacio central de la Unidad, apareció
un periódico mural bautizado como “El Muro”. En éste se señalaban, de manera
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anónima, casos de violencia de género identificando con nombre y apellido a traba-
jadores/as como supuestos ejecutores de actos diversos relacionados con violencia
por motivos de género, señalizaciones que a lo largo del día y de la semana se
fueron incrementando, tanto en el número de denuncias como en el de trabaja-
dores involucrados.
Los testimonios dejaban en claro que algo había cambiado, el activismo femi-
nista había irrumpido en la universidad. Hasta esa fecha —a 42 años de su funda-
ción— esto era impensable en la uam, las personas en situaciones de violencia de
género tenían pocas opciones de exteriorizar sus malestares. Mientras que la insti-
tución, la mayoría de las veces, optaba por tratar de evadir la situación, ocultar lo
que estaba aconteciendo e incluso negar el problema; ya que la posibilidad de que
las personas se arriesgaran a reclamar el hecho era prácticamente nula, a sabiendas
que ello podría acrecentar el problema, aun así había valientes.
Estas expresiones en su conjunto no siempre fueron bien recibidas; más bien
obtuvieron críticas y ataques, se les minimizó e incluso se buscó desestimar la
voz de quienes exponían sus experiencias, justamente por hacerlo desde el anoni-
mato. Muchas de estas reacciones parecían responder no sólo a la desconfianza
que generaba el anonimato, sino a que parecieran un ataque a la propia institución
y al renombre de las personas involucradas. Si bien es cierto que pueden existir
controversias con respecto al anonimato y a la difamación, también es cierto que
esta condición garantiza a las personas en situaciones de violencia un medio para
resguardar sus derechos como víctimas y, muchas veces, su integridad emocional
y física; también constituye un punto de fuga de un malestar y hartazgo al que
no se suele voltear los ojos. Lo interesante aquí es que la atención se volcó hacia
la polémica y no hacia el esclarecimiento de hechos, y muchos menos a sensibi-
lizar, atender, sancionar y erradicar este problema. Se reforzaba así el imaginario
sobre un puñado de brujas que querían levantar una hoguera y quemar ahí a sus
verdugos.
Estas y muchas otras manifestaciones hicieron visibles las implicaciones de la
violencia de género en contextos universitarios, además evidenciaron la deficiencia,
casi generalizada, que persistía en las ies sobre la inexistencia de normatividades y
de oficinas especializadas en dónde poder denunciar o reportar dichas situaciones.
De ahí que, en los años subsiguientes, surgiera en ellas un particular interés en
generar una serie de protocolos, reglamentos o estatutos que impulsaran acciones
concretas para la erradicación de la violencia de género en ellas.
Para las ies, los protocolos de actuación han sido considerados como una herra-
mienta normativa que ofrece una ruta de atención, además de poder dar certeza
y claridad sobre los procedimientos que una persona debe seguir en caso de verse
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involucrado/a en actos de violencia de género. En opinión de especialistas, este
instrumento puede resultar eficaz, siempre y cuando se enmarque en políticas
y acciones acordes con las pautas nacionales e internacionales que existen en la
materia, lo que muchas veces ha levantado el debate en torno a la autonomía en las
decisiones universitarias.
Sin embargo, como se describe en el siguiente apartado, el buscar trabajar en
pro de sensibilizar, atender, sancionar y erradicar este tipo de violencia en las ies
no resulta ser miel sobre hojuelas; sino más bien, cada iniciativa suele ser resultado
de procesos largos y con muchos obstáculos que irán marcando pautas para que el
acceso a una vida libre de violencia de género en las ies mexicanas sea una realidad.
Sirva como ejemplo el trabajo de un grupo multidisciplinario de la uam-x que ha
buscado hacer algo a este respecto y después de varios años de haber obtenido un
nombramiento que lo colocaba dentro de la organización institucional, con un
presupuesto y personal a cargo, decidió devolver esta responsabilidad a la propia
institución, para seguir como uno más de los colectivos o grupos que trabajan
sobre el tema.
De la buena voluntad a la hechicería que desafió un problema de antaño
El grupo multidisciplinario Cuerpos que Importan de la uam-x se conformó en
el 2011, e inicialmente se integró por estudiantes, trabajadores administrativos y
académicos de esta Unidad, en donde sólo existía una especialista en estudios de
violencia de género. Tres años más tarde, con el apoyo de la Rectoría de Unidad,
se conformó el Programa Institucional Cuerpos que Importan de la uam-x (Hua-
cuz, 2016; Rodríguez, 2017). Desde sus inicios el grupo impulsó distintas acciones
encaminadas a la sensibilización sobre el tema en la universidad a través de foros,
conferencias y ferias culturales, entre otras.
Cuando algunas personas del grupo tuvieron contacto directo con dos casos, un
feminicidio y un ataque sexual, se buscó hacer visible la gravedad de lo ocurrido
y dar acompañamiento a las diversas personas involucradas en ambos casos. Sin
embargo, la falta de experiencia y el desconocimiento del tema hizo imposible
brindar mayor apoyo a las víctimas, y no fueron más allá de la solidaridad y el
acompañamiento emocional, lo que propició que el colectivo se comprometiera a
capacitarse para trabajar en visibilizar y sensibilizar sobre el tema y a la par poder
elaborar un Protocolo que se centraría en la atención a las personas, para que situa-
ciones como éstas no volvieran a ocurrir.
Para el grupo Cuerpos que Importan esto significó un trabajo de cinco años. Las
primeras actividades fueron de carácter cultural e informativo, como foros, expo-
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siciones, conferencias y docu-ficciones que buscaban posicionar el tema entre la
comunidad estudiantil. Pronto nos dimos cuenta de que poco valía la visualización,
que además alborotaba los ánimos, si no se impulsaban cambios institucionales que
coadyuvaran a desarticular esas redes de violencia2 que se producen en el ámbito
universitario. La necesidad de contar con un Protocolo se hizo evidente, pues la
comunidad demandaba más información y sobre todo saber qué hacer y a dónde
acudir.
Durante la segunda parte del 2013 se tuvo un período de planeación que
permitió elaborar un proyecto de Protocolo ad hoc a la uam-x, con la particu-
laridad de que éste fue pensado para ser elaborado desde y por integrantes de la
comunidad universitaria y no desde las autoridades administrativas (Rodríguez,
2017). Para ello, el equipo se dividió en tres comisiones: una que revisaría los proto-
colos universitarios existentes; otra se dedicaría a la búsqueda del registro de casos
que ubicaran históricamente las instancias y las medidas tomadas a este respecto
en la institución, y una más para analizar los reglamentos y legislaciones de la uam,
identificando los artículos que podían dar sostén al protocolo.
De estas tres comisiones surgieron diagnósticos que sirvieron como ingredientes
con los cuales se elaboró la “pócima” que dio lugar al Protocolo de la uam-x. El
primero fue simplificar, dada la diversidad de protocolos que existen en torno a
la violencia de género en las ies a escala mundial, la mayoría de los cuales están
circunscritos a una perspectiva jurídica apegada a las reglamentaciones nacionales
e internacionales, así como a los marcos normativos de las propias instituciones
que es difícil poder reconocer y establecer un proyecto que equilibre las formas
de actuación y las posibles sanciones. De esta comparación surgió el acuerdo de
que la propuesta debería, ante todo, privilegiar la atención a las personas en situa-
ción de violencia de género y sólo, a partir de ello, atender las posibles acciones
administrativas que derivan de conductas y probables delitos asociados a ésta. Ello
implicó que el Protocolo no contara con sanciones específicas, sino que se sujetara
a procesos, en apego a la Legislación Universitaria y al Reglamento Orgánico; ya
que la violencia de género no se contempla literalmente en dichas normatividades.
Razón por la cual, en este momento, se privilegió una visión de justicia restaurativa
en lugar de una punitiva (Núñez, 2018).
El segundo provino del análisis de los casos que se rastrearon en la Unidad
Xochimilco, donde se identificó que no existía una instancia o ruta clara para dar
atención, seguimiento y resolución de éstos, y los pocos casos que quedaron regis-
trados en la institución eran, a su vez, canalizados a otras instancias o comisiones
con poca experiencia y capacitación en el tema, donde eran tratados como asuntos
de carácter informativo en los que poco o, mejor dicho, nada podía hacerse al
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respecto. A partir de ello se concibió contar con un espacio que brindara acompa-
ñamiento y diera seguimiento a los casos.
El tercer ingrediente fue la armonización a partir del diagnóstico que se
desprendió del análisis de la normatividad universitaria, elaborada en los años
setenta, y por lo tanto, carente de un enfoque o perspectiva feminista o de género.
A pesar de ello, se identificó que varios de los artículos incluidos en la Legislación
y varios Reglamentos normativos que podían dar cabida al desarrollo de temas
vinculados a la violencia por motivos de género, con lo cual, la creación de un
Protocolo significaba contar con una guía específica al respecto. Justamente por
ello, se incorporó un amplio apartado sobre los avances legislativos existentes en
la materia tanto a nivel nacional como internacional, así como de los acuerdos y
tratados que ha suscrito el país en orden de situar a las ies, como las instituciones
gubernamentales cuya actuación está sujeta a la norma fundamental que rige jurí-
dicamente al país, la Constitución Mexicana.
Todo ello permitió elaborar un plan de trabajo que estableció metas y reorga-
nizó al equipo en torno al contenido del Protocolo sobre la base de una discusión
de conceptos, argumentos y elementos clave para: primero, proyectar un posicio-
namiento sobre el tema de violencia de género; segundo, construir un lenguaje
común y; tercero, poder dar paso a acciones claras y contundentes orientadas a
desestabilizar esta problemática en los ámbitos que involucra el quehacer acadé-
mico de la uam-x. Concretadas estas tareas comenzó la redacción del documento
en donde lo más difícil fue establecer una ruta crítica clara que resultara accesible y
a la vez no desatendiera a todas las instancias que pueden verse involucradas en los
distintos tipos de violencia por motivos de género, y al mismo tiempo a todas esas
espacialidades que involucran el ámbito universitario, por ejemplo: el estudiantado
suele estar en vulnerabilidad desde su traslado, estancia académica y actividades de
divertimento en sus distintos espacios.
A estos ingredientes se sumó la chispa estudiantil. En julio de 2016 surge un
movimiento que luchó por que se asignara un presupuesto mayor a las estancias
académicas y declaró en paro las actividades de la universidad por más de veinte
días (Arellano, 2016). Durante las negociaciones el comité de paro de la Unidad
decidió incluir en su pliego petitorio que la institución contara con un Protocolo
para atender la violencia de género. Al conocer que ello coincidía con el trabajo que
realizaba el equipo de Cuerpos que Importan, el Consejo Académico de dicha insti-
tución solicitó a esta instancia elaborar una propuesta para su estudio y aprobación.
A finales de 2016, el equipo presentó el documento y tocó el turno a este mismo
órgano colegiado para avalar la propuesta, para ello se creó una comisión específica.
Esta última tarea tomó un año y medio e involucró a representantes de todos los
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sectores que integran a la comunidad universitaria: administrativos, estudiantes,
académicos y autoridades, y contó con la supervisión de abogados, especialistas
feministas y profesionales en edición.
Esta etapa se cocinó con asperezas, frustraciones y aletargamientos relacio-
nados a momentos políticos, a preocupaciones del porqué se abarcaba sólo a la
especificidad de género y no a la violencia en general, a la coherencia entre los
lenguajes teórico, jurídico y normativo; así como a la tenacidad del grupo propo-
nente para que el protocolo cumpliera con las esperanzas, aspiraciones y objetivos
que le dieron origen. Después de todos estos avatares, cuando finalmente el 17
de junio de 2018 el documento se presentó ante el Consejo Académico para su
aprobación, la votación fue unánime, como si fuera resultado de un acto de magia.
Del caldero emergió el Protocolo para la Atención a la Violencia de Género en la
uam-x (uam, 2018), como el primer instrumento de este tipo en la institución. Fue
entonces cuando comenzó la verdadera tarea, materializar todo lo que quedaba
plasmado en dicho documento y el Programa Institucional Cuerpos que Importan
fue la instancia contemplada para empujar su instrumentación.
Después de conocer la experiencia que dio lugar a este instrumento, en relativa-
mente poco tiempo, se puede afirmar que la elaboración de propuestas de este tipo,
demanda más que buena voluntad el desarrollo de conocimientos que intersectan
marcos conceptuales y jurídicos que a la vez deben materializarse en la práctica. En
ella, también queda claro que para impulsar prácticas contra las redes de violencia
en la universidad se debe contar con protocolos, códigos de ética u otro tipo de
normatividades, que independientemente de la forma en la que sean creados —
vertical u horizontal—, se debe enfrentar antes el reto de capacitar y posicionar el
tema entre la comunidad universitaria, cambiar prácticas institucionales e impulsar
políticas transversales con perspectiva de género.
Los avatares de la instrumentación
Una vez aprobado el Protocolo para la Atención de la Violencia de Género en la
uam-x, la primera tarea fue lograr su difusión y acercamiento entre y con la co-
munidad universitaria, poniendo especial atención a la población estudiantil de la
cual había surgido la demanda. A través de diversos foros y declaraciones se fueron
despertando expectativas, pero sobre todo dudas sobre sus alcances y efectividad;
ya que hay que tomar en cuenta que la existencia de un protocolo avalado y bien
recibido por parte los representantes de la comunidad universitaria no garantiza
que los casos se conduzcan y se resuelvan de la misma forma en que fue aprobado
este instrumento; es decir, como por acto de magia.
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Una de las primeras situaciones que se enfrentaron fue el desconocimiento por
parte de muchas de las instancias involucradas en su aplicación, especialmente
cuando las autoridades de la institución dieron claras señales sobre su instrumen-
tación. Ello implicó el desarrollo de relaciones intra e institucionales que deses-
tabilizaron la centralización de la información y la toma de decisiones cupulares;
es decir, dejar de tratar los casos como asuntos privados o de petit comité para ser
abordados institucionalmente a través de diferentes instancias, dependiendo de
la especificidad del caso y, sobre todo, de lo que requiriera o decidieran hacer las
personas en situación de violencia de género. Al mismo tiempo, involucró aclarar
los alcances y competencias de cada instancia; trabajar sobre cómo comunicarse de
manera pronta y expedita; tener conocimiento mutuo y adecuación de la ruta, de
acuerdo con los casos; así como del desarrollo de buenas prácticas en la actuación
y, finalmente, compartir experiencias, angustias, temores y frustraciones, buscando
la contención de toda persona involucrada.
Gracias a las actividades académicas de difusión, capacitación y asesoría, poco a
poco, el Protocolo y la instancia de acompañamiento Cuerpos que Importan lograron
posicionarse dentro de la Universidad; y cada vez, fueron más las personas que se
sumaban a las actividades para procurar una vida libre de violencia en la Unidad.
Esto es importante debido a que la uam tiene un modelo administrativo rotativo
de cuatro años, donde resulta un reto poder mantener el buen ánimo y cohesión
mostrados en la aprobación del Protocolo, así como lograr la comunicación adecuada
para que las instancias involucradas sean reconocidas por la certidumbre sobre su
actuar en cada etapa del proceso. Ello demanda el continuo desarrollo de actividades
para que la mayor parte de la comunidad universitaria conozca y se habitúe a los
procedimientos, la idea es que en el mediano plazo éste sea un tema que forme parte
integral de la formación académica y se logre combatir este grave problema.
En esta historia, la instrumentación del Protocolo aún enfrenta resistencias y
formas de actuación que deben mejorarse, sobre todo si las instituciones pretenden
que éste no llegue a desgastarse. En los hechos, se ha observado que, sea por desco-
nocimiento o por persistencia de viejas prácticas, se suelen reinstalar mecanismos
de omisión, revictimización, injusticia e incluso violencia institucional. De ahí que
cada caso demande una atención particular, en donde debe actuarse con seriedad,
profesionalismo, responsabilidad y ética; independientemente de que la o las
personas en situaciones de violencia de género decidan o no presentar una queja
o iniciar una denuncia.
Una de las primeras barreras es romper con atavismos atribuidos a la gestión
académica; donde resulta más habitual establecer procedimientos administrativos
y sanciones a conductas relacionadas con delitos comunes e incluso a prácticas no
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aceptadas como deseables dentro de la institución, que tener la misma consistencia
en el actuar con respecto a aquellas acciones que involucran violencia por motivos
de género.
La perseverancia de los hábitos ha llevado a poner en duda o a cuestionar a
los propios representantes de los órganos involucrados en la toma de decisiones,
porque toda duda o reserva sobre la validez de su actuación debilita todo el proceso;
por ejemplo: resulta mucho más fácil dirimir una “falta” como el plagio, que queda
manifiesta en un documento, que sirve a la vez como prueba, a un “asunto” como
el acoso y el hostigamiento, que suelen constituirse como delitos ocultos —que
suceden a escondidas o escapan de la mirada de otros/as— y que deben soste-
nerse por la veracidad que se otorgue a cada una de las partes, aun cuando existan
elementos que lo demuestren.
Y aunque el papel de la Universidad no es el de un ministerio público ni
tampoco puede influir en inclinar la balanza hacia algún lado, lo cierto es que
no puede permitirse la omisión, incluso, justificando la falta de competencia ante
los hechos. Aunque hay mucho que argumentar en ese sentido, existen elementos
para que, como instancia formadora, busque impactar en las sociedades, especial-
mente trabajando en articulación y sincronía con otras instancias y organismos
más consolidados en el abordaje de la problemática. Es decir, actuar en red.
Justamente por el valor que se le otorga a la denuncia, en ocasiones se desatiende
a las personas en situación de violencia. En el caso de la uam-x se buscó que el
modelo de atención y acompañamiento delineado en el Protocolo se dé desde que
se tiene conocimiento de los hechos hasta que la persona pueda tomar las decisiones
que mejor competan en su caso. Es decir, puede recibir atención médica, psicológica,
de protección, asesoría y acompañamiento, según sea el caso, tantas veces como sea
necesario, sin que medie una presentación de queja o denuncia. Esto procura tener
una forma distinta de incidir, buscando aprovechar los recursos con que cuenta la
institución y a la vez no condicionar o reducir el problema a un asunto punitivo.
Otra de las viejas prácticas es la revictimización que surge cuando no se valida
la voz de quien o quienes denuncian, o se quebranta por cualquier medio el anoni-
mato y la secrecía a la que está obligado/a a seguir cualquier persona involucrada
en el conocimiento de hechos. Más grave aun cuando por cualquier medio se
somete a las víctimas a juicios sobre sus actos, se justifican los hechos o incluso se
propicia la coerción que poco, o casi nada, contribuye a fincar responsabilidades y
mucho menos a tratar de reparar o minimizar los daños.
En la atención de casos se ha observado una diversidad de discursos y acciones
revictimizantes que confirman la existencia de una política sexual que minimiza la
voz de las personas. Enunciados como: “eso no se presenta aquí”, “es la primera vez
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De radio pasillo al “caldero de las brujas” ¶ Verónica Rodríguez
que escucho al respecto”, “nunca hemos tenido queja sobre esa persona”, “ya vino
la otra persona y no sé a quién creerle”, entre otros, generan desconfianza y duda
sobre lo que se puede esperar al acudir a manifestar los hechos.
Hacer mención de que los propios procedimientos pueden contribuir a enra-
recer el proceso de atención tiene la intención de hacer un llamado a poner atención
en ellos, y comprender sus complejidades y efectos. Por ejemplo, cuando se tiene
que citar a las partes a brindar sus testimonios no siempre se puede evitar la coin-
cidencia de las mismas, a pesar de citar a diferente hora y de contar con espacios
que no faciliten el contacto en momentos rodeados de nerviosismo y tensión. Situa-
ciones como el cruce en los pasillos, la anticipación en la llegada, la escucha entre
muros, entre otros muchos factores complejizan la atención. Por ello es importante
exhortar la sensibilización, difusión y capacitación con relación al Protocolo, para
promover la educación y el ejercicio de buenas prácticas que contribuyan a saber
cómo actuar o a dónde derivar a quienes enfrentan un problema de violencia de
género, ya que el camino es realmente sinuoso.
Por los argumentos antes expuestos, no debe extrañar que muchos casos en
materia de violencia de género que se consolidan como queja en la Universidad,
suelen quedar sin resolución o dejarse en el olvido. Esto en parte se debe a las
propias barreras que enfrentan las personas en situación de violencia, que dudan
sobre interponer o iniciar un proceso formal, sea por miedo, desconocimiento,
falta de recursos, desconfianza en el proceso o en las personas que les acompañan;
incluso por la autoconfianza en salir del problema por sí mismas, entre otros. Pero
también, juega un papel importante la reserva de las instancias a esclarecer hechos
y establecer procedimientos administrativos en casos difíciles de probar. Emitir
una decisión que pudiera revertirse hacia la propia institución puede resultar
un acto suicida; es decir, el miedo a una contrademanda, a la afectación de las
personas identificadas con presunta responsabilidad, a que el propio caso demerite
el nombre y reputación de la institución, entre otros, suele actuar en contra de las
personas en situación de violencia.
El olvido suele ser mucho más frecuente, ya que las instancias tienden a aven-
turarse a que, una vez que las personas que han atravesado por el proceso de queja
o denuncia sin obtener ningún resultado, abandonarán su lucha o buscarán otras
vías para la canalización de su malestar, generalmente fuera de la universidad; en
ambas situaciones se vive el desgaste, y aquí se debe insistir en la importancia que
guardan las instancias y los órganos en la toma de decisiones y la sensibilización
y capacitación requerida para ello. La situación no es fácil de resolver, sobre todo
cuando la desconfianza, y no la buena fe, prevalece sobre la atención integral de las
personas en situación de violencia.
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Un elemento más a tomar en cuenta es que, cuando los casos no logran concretar
un resultado sea cual fuere, esto no hace que desaparezcan como por arte de magia,
y de hecho contribuye a generar un clima de desestabilización, incredulidad, duda,
incertidumbre, descalificación y desconfianza sobre las propias instituciones. En la
experiencia del Programa Institucional Cuerpos que Importan de la uam-x, ello
también ha generado un desgaste en quienes hasta 2019 participaron a través de
dicho programa en el acompañamiento de los casos.
Después de año y medio de estar a cargo de la instrumentación de este Proto-
colo, Cuerpos que Importan decidió dejar de ser un programa institucional para
regresar a su organización grupal, pues a pesar de la buena voluntad y de contar
con ciertos recursos económicos y humanos, fue necesario reconocer que ésta es
una tarea titánica a la que las y los involucrados en la atención y acompañamiento
deben dedicar tiempo completo, situación que no corresponde a quienes integran
el grupo, y con ello poder desplegar todo el potencial que brindan las instituciones
integralmente para tener un buen desempeño en esta labor. Durante 2019-2020, la
uam-x ha dado pasos importantes en este último aspecto, creando la Unidad de
Prevención y Atención a la Violencia de Género que está integrada por una persona
responsable y una asesora, y donde se tiene planeado nombrar a un comité asesor.
Todo lo anterior debe generar conciencia sobre el problema que enfrentan las ies
para erradicar prácticas normalizadas de violencia de género, y contribuir a generar
situaciones de cambio frente a un problema que demanda una nueva forma de
hacer las cosas: de manera empática, aportando a que las personas en esta situación
se sientan seguras y respaldadas por la Institución y donde se les brinde atención
y acompañamiento profesionalizado, donde el puñado de “brujas” sean sólo un
eslabón más de una red que necesita seguir extendiéndose.
Reflexiones finales
Las violencias por motivos de género en las universidades o ies demandan aten-
ción y acciones al respecto. Justamente, porque éstas han sido y son consideradas
centros de saber y del desarrollo de las ciencias que influyen en las personas como
en sus sociedades; además, porque estas instituciones también reproducen órdenes
sociales que diferencian y jerarquizan a unos cuerpos en detrimento de otros, en
razón de su género.
Las universidades y las ies pueden y deben ser consideradas también como
entidades que contribuyen a desarticular este problema, transformando nociones,
desestabilizando normalidades, informando, reeducando, previniendo, innovando;
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en suma, reivindicando sus funciones y potencializando su papel transformador y
de vanguardia, actuando en consecuencia con los principios que de ellas emanan.
Se ha argumentado que la existencia de Protocolos resulta de compromisos y
trabajo arduo y que no pueden reducirse o descalificarse como si fueran producto
de la intervención de actos de magia, por más que éstos hayan visto la luz a partir de
las particularidades o estereotipos ligados a quienes les impulsan; sobre todo siendo
mujeres. Más bien, surgen de un caudal de elementos que involucran el debate de
ideas, el desarrollo de conocimientos, el desafío de conflictos en la instrumentación,
el apego a las normatividades, la promoción de la comunicación y seguimiento
constante, la ética y responsabilidad en la actuación, el compromiso institucional,
entre muchas otras cosas. Sin embargo, así como ocurre con una larga lista de ingre-
dientes, nunca podrán ser predecibles las formas en que éstos se integran y amal-
gaman con respecto a los resultados esperados y mucho menos a la multiplicidad
de repercusiones que puedan generar.
De cierta forma los protocolos contribuyen, como un elemento clave, en la tras-
formación de realidades y problemas concretos. Como todo instrumento, demanda
de diversas acciones que resulten valiosas e innovadoras para poder brindar un
poco de bienestar y seguridad a quienes buscan estar bajo su amparo. Es una guía
perfectible, que debe permitir la flexibilidad para acoplarse a los distintos escena-
rios y situaciones a las que debe brindar respuestas, y a la vez lograr hacer armó-
nicos los distintos instrumentos normativos a su alcance. Hemos de recordar que,
en momentos de conflicto, contar con ciertas certidumbres puede cambiar las posi-
bilidades de quienes llegan a estar involucrados/as en situaciones de violencia por
motivos de género, sea que puedan o no desarticularse de ellas.
La experiencia del Programa Institucional Cuerpos que Importan muestra
algunos de los avatares que se enfrentan cuando se trata de impulsar acciones para
prevenir, atender, sancionar y erradicar la violencia de género en las universidades.
Sus acciones, probablemente, han pasado desapercibidas para algunas personas,
pero también han hecho efecto en otras. La experiencia ha sido invaluable e igual
que sucede con las propias recetas, es tiempo de que alguien más la lleve a su propio
punto.
Para concluir, rescato las palabras de Audre Lorde en Tu silencio no te protege:
Cuando hablamos tenemos miedo que nuestras palabras no serán escuchadas ni bien
recibidas. Pero cuando nos quedamos en silencio, de todas maneras seguimos con miedo.
Así que es mejor hablar (2017).
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Notas
1. Existen distintas modalidades de violencia por motivos de género en las ies:
verbal, sexual, económica, emocional, física, patrimonial, institucional y femi-
nicida, entre otras.
2. Con este término se busca referir a la sucesión de acciones y de actores que se
asocian, incluso sin saberlo o conocer el fin, para producir un evento en concre-
to en las distintas prácticas cotidianas (Rodríguez, 2015; 2017).
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