HE - TEMAS Transversales
HE - TEMAS Transversales
Se entiende como “cuestión religiosa” el enfrentamiento político-social entre, por una parte, los partidarios
de la implantación de la Iglesia Católica y sus postulados en el ámbito civil (confesionalidad y forma del es-
tado, sueldo religioso, enseñanza, etc…) a los que se conocerá como clericales y a su acción como clerica-
lismo y, por otra, los partidarios de la completa separación del ámbito civil del religioso (estado laico, ense-
ñanza no religiosa, autofinanciación de la Iglesia, etc…). Estos últimos comprenderán todo el movimiento
del anticlericalismo. Este enfrentamiento será a veces pacífico mediante la confrontación política y, frecuen-
temente, violento con saqueos de iglesias, ejecuciones civiles y religiosas, etc..
S.XIX
A principios del siglo XIX se han difundido por España en limitados círculos intelectuales y burgueses, las
teorías de la Ilustración y con ella las primeras ideas (de Voltaire y Rousseau) que “cuestionan” la verdad de
la Iglesia y critican abiertamente su poder económico (tierras y riquezas), su ostentación y su inmovilismo
político (apoya el poder absoluto del monarca). En este caldo de cultivo se inicia el siglo con la invasión
francesa de 1808 y la guerra de la independencia. La Iglesia de divide. Parte de la jerarquía apoya al rey
francés, otra parte y el clero llano a Fernando. Parte de este clero llano se harían guerrilleros (curas trabu-
caires). Los liberales – especialmente los progresistas-- verán en las propiedades de la Iglesia una fuente
de ingresos para el estado o para ellos mismos. En general los liberales moderados “favorecerán” a la Igle-
sia (establecerán un sueldo religioso, permitirán el control social de la Iglesia a través de la enseñanza y la
instalación de órdenes religiosas, estado confesional o única manifestación religiosa, etc…) y los progresis-
tas al contrario ( más libertad religiosa, estado no confesional, expropiaciones de bienes religiosos, expul-
sión de jesuitas, et..), teniendo en cuenta la importancia que todos conceden a los asuntos religiosos y la
fuerza espiritual y política que entonces tenía el Vaticano. Así vemos como las constituciones de 1812, las
moderadas de 1845 y 1876 y las progresistas de 1837 y 1869 alternan estas posturas.
En 1836 con gobierno liberal progresista tendrá lugar la desamortización eclesiástica por la que la Iglesia
verá expropiados gran cantidad de sus bienes. Este hecho condicionará las relaciones Iglesia-Estado de
todo el siglo. Para compensarla el gobierno moderado firmará el primer Concordato de 1853 por el cual la
Iglesia recuperará gran parte de su poder y presencia social.
La aparición del movimiento obrero y de las corrientes socialistas (anarquistas y socialistas) acentuará el
enfrentamiento entre clericales y anticlericales. Así y todo a finales de siglo la Iglesia ha recuperado gran
parte de sus riquezas y control social, y su influencia y connivencia con las clases dirigentes, los mandos del
ejército y la monarquía es absoluta. Al mismo tiempo el “odio” hacia lo religioso se ha extendido entre la
clase obrera de las ciudades, el campesinado anarquista y las minorías cultas urbanas.
S. XX
Con el siglo XX se acentúa esta tendencia. Se producen frecuentes episodios de anticlericalismo. Un ejem-
plo es la Semana Trágica de 1909 o los sucesos de Mayo de 1931.
En la recién estrenada 2ª República, la Constitución de 1931 atacará de raíz el poder religioso. Este hecho y
la tibia reacción del gobierno provisional ante los saqueos de Mayo alejarán a la Iglesia de la causa de la
Republica. Ésta será a ojos de la Iglesia atea y revolucionaria. Desde muy pronto cardenales y arzobispos
conspirarán, con el apoyo del Vaticano, contra el nuevo régimen y ayudarán a los militares golpistas en la
preparación del “alzamiento nacional” de 1936.
En la subsiguiente guerra civil (1936-1939) el bando nacional y Franco recibirán la bendición de la Iglesia
(excepto la del País Vasco) y ésta le dará a la guerra el carácter de “Cruzada Nacional” que iba a librar a
España del ateísmo comunista.
Franco devolvió el favor y, si desde un principio su régimen recibió el nombre de Nacional-Catolicismo, la
colaboración entre el estado y la iglesia se concretó definitivamente con el nuevo Concordato de 1953. Por
él la Iglesia recuperaba toda la influencia pasada (estado confesional, censura eclesiástica, control de la
enseñanza, mantenimiento del patrimonio religioso y el clero, etc..).
El apoyo de la Iglesia al franquismo fue monolítico hasta la irrupción del concilio Vaticano II (convocado por
Juan XXIII y desarrollado por Pablo VI) y su política de “aggiornamiento” (actualización: misa en lenguas
autóctonas, abandono del rito tridentino, parroquias como centros cívicos, etc..) eclesial a los nuevos tiem-
pos. Este hecho, unido al desarrollismo de los años 60 y al éxodo rural favoreció la aparición de los “curas
obreros” en los barrios de aluvión de las grandes ciudades y la extensión, dentro de la Iglesia, de las críticas
a la colaboración entre Iglesia y Franquismo.
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© Ildefonso Suárez Garrido
No son ningún secreto las malas relaciones entre Pablo VI (demasiado moderno) y Franco. El Papa que
creía que la Iglesia española se veía “contaminada” moralmente por su colaboración con el dictador, nom-
bró cargos españoles en abierta contradicción con el Caudillo. Puede que el más significativo sea el Presi-
dente de la Conferencia Episcopal desde 1971, el cardenal Enrique Vicente Tarancón (valenciano). El car-
denal llegó a amenzar a Franco con la excomunión si éste consumaba la expulsión del cardenal de Bilbao
Añoveros, expedientado por sus simpatías vasquistas.
Muerto Franco (1975) y en plena transición política se produce el ascenso al trono vaticano de Juan Pablo II
(1978). Éste frenará el aperturismo de la Iglesia y favorecerá las corrientes neoconservadoras en su seno.
Esta dualidad tendrá su reflejo en España. Convivirán así corrientes renovadoras como la de Cristianos de
Base y un reforzamiento de la vertiente más conservadora (Opus Dei, Legionarios de Cristo, etc..).
En los últimos años se ha impuesto en la Iglesia el pensamiento neo-conservador y la jerarquía dirigida por
el cardenal Rouco-Varela ha participado en plataformas y movimientos contrarios a las políticas civiles del
gobierno socialista al que considera imbuido del pecado de la laicidad.
Interesante es señalar que, al menos en parte, los orígenes de ETA se encuentran en algunos seminarios vascos a
finales de los años 50. Tampoco lo es menos que parte de la represión franquista lo fue contra los curas vascos que
apoyaron al gobierno autónomo de Aguirre –en mucho menor número que las ejecuciones de curas y monjas que hubo
en la zona republicana-. Hoy la Iglesia quiere canonizar a los “mártires de la Cruzada” asesinados por los “rojos”, pero
se olvida de los fusilamientos de los curas vascos.
Una Constitución es el máximo documento legal que ordena la convivencia (forma de gobierno, organiza-
ción territorial, derechos individuales y colectivos) de los Estados. Constitucionalismo sería el movimiento
socio-político cuya finalidad es la elaboración y vigencia de los textos constitucionales.
Sus orígenes están en la Ilustración del siglo XVIII, al propugnar ésta que ha de existir un “pacto” entre go-
bernantes y gobernados, las monarquías parlamentarias, para organizar la nación. El mejor pacto es el pac-
to escrito (un contrato) y de ahí la necesidad de elaborar Constituciones.
1812 “La Pepa”. Muy adelantada para la época, recoge los principios básicos de las
monarquías parlamentarias en España. Soberanía nacional, Preeminencia de la
Religión Católica, Sufragio, Elecciones, etc.. Ejecutivo Real, etc…
1837 “Progresista” coincide con el corto periodo de gobierno liberal progresista a partir
de 1834 y “regencia” de Mª Cristina. Establecerá la obligación del mantenimiento
del “culto” católico por el Estado como compensación por la desamortización.
1845 “Moderada” coincide con los gobiernos moderados y la “Unión Liberal”
1856 “Non nata, progresista”. Llamada así por no haber entrado en vigor al caer el go-
bierno progresista del periodo 1854-56.
1869 “La más progresista”. Responde al movimiento democrático de la Revolución Glo-
riosa. Es unicameral como la de 1931. Recoge muy pormenorizadamente los de-
rechos individuales y colectivos de los ciudadanos
1873 Se llegó a elaborar un proyecto de “Constitución Federal” que no llegó a votarse.
Enmarcado en la 1ª República.
1876 Corresponde al periodo de la Restauración. Intenta ser una síntesis de la de 1845
y 1869
1931 La de la 2ª República. Muy progresista.
1978 La actualmente en vigor. Una de las constituciones más exhaustivas del mundo en
cuanto a garantías ciudadanas.
Nota: para ver el contenido de las Constituciones acudir a los temas correspondientes.
El llamado “Estatuto Real” de 1834 no es una Constitución sino una “Carta Otorgada”, es decir un texto
“graciosamente” concedido al pueblo por su monarca. Tampoco lo son las llamadas Leyes Fundamentales
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del Franquismo. En ambos casos estas no son fruto del pacto y del acuerdo ciudadano sino impuestos por
el poder a los ciudadanos.
Actualmente se está extendiendo la idea de reforma de la actual Constitución (con más de 30 años de
edad), sobre todo en tres apartados: el senado, la sucesión de la monarquía y el reconocimiento de las ac-
tuales autonomías.
Los partidos políticos1 transformaron su estructura y funcionamiento a lo largo del siglo XIX. Partiendo de
pequeñas camarillas en las que predominaba el carácter individualista de sus dirigentes como eran los
diferentes partidos liberales, se llegó a verdaderas organizaciones de masas a principios de siglo XX como
los partidos y organizaciones obreras.
En general la creación de los diferentes partidos responden habitualmente a escisiones por su de-
recha o izquierda2 de otros previos y, muchas veces por desavenencias personales de sus dirigen-
tes. En otros casos suponen la concreción de nuevas corrientes ideológicas3. Es difícil establecer
su origen, pero ya existían como tales con la Revolución francesa.
S. XIX.
Su evolución en la España del siglo XIX hay que relacionarla en primer lugar con la evolución del liberalis-
mo y su enfrentamiento con el absolutismo. En un estadio posterior, con las subdivisiones que experimenta
el liberalismo y, después, con la aparición del republicanismo y el movimiento obrero. Así el Carlismo surge
como movimiento absolutista que, en principio, niega la propia existencia de los partidos políticos. Tras su
fracaso en la 1ª guerra carlista se reconvierte en corriente ideológica que se presentará a las elecciones
ubicándose en la extrema derecha. No obstante esta reconversión nunca renunciaría al objetivo de reins-
taurar su rama borbónica por cualquier medio, incluyendo los violentos4.
El liberalismo, que surge como cristalización de las teorías más o menos democráticas de la ilustración,
sufre pronto su escisión en dos tendencias, una más moderada que, con el tiempo, dará lugar a la derecha
política5. Así partiendo de los doceañistas (años 1820) , se pasa por el moderantismo (1844), parte de la
Unión Liberal (1856), corriente y partido alfonsino (1868), partido conservador de Cánovas (1876), Unión
Patriótica (1923), Renovación Española (1934). Todo y ello teniendo en cuenta que en política no existen
los herederos y un partido no representa nunca exactamente lo mismo que sus predecesores ideológicos.
Por otra parte el liberalismo exaltado, o izquierda política del momento, derivará en el liberalismo progresis-
ta (1836) que continuará como tal hasta la restauración en la que resumirá su nombre simplemente en
Partido Liberal (1888, Práxedes Mateo Sagasta). Presuntos herederos del progresismo serían los partidos
denominados “radicales”.6
Ya a mediados del siglo XIX, el liberalismo progresista sufrirá una escisión por su izquierda dando origen
al Partido Demócrata que, como tal, desaparecerá con la Restauración borbónica. En la misma época sur-
ge el republicanismo y en los decenios siguientes, hasta bien entrado el siglo XX, distintos partidos políti-
cos republicanos tanto de tendencia conservadora como progresista. El republicanismo nunca formó gran-
des partidos, más bien funcionó como una postura “ética” y “honrada” ante la cuestión política. Hubo infini-
dad de partidos y partidillos republicanos nucleados alrededor de grandes figuras7.
Hacia 1860 se inicia en España el movimiento obrero moderno. Si dejamos al margen la creación de sindi-
1
Los partidos políticos suponen el instrumento para que los ciudadanos ejerzan la acción política. A través de ellos se
concretan las distintas ideologías, las cuales no son sino formas de entender la convivencia y organización ciudadana.
La existencia de diversos partidos políticos que concurren a las elecciones en libertad y en condiciones de igualdad es
condición necesaria para la existencia de un sistema democrático.
2
Ejemplo, la aparición de la Unión Liberal en la década de 1850
3
Ej,: la fundación del PSOE en 1876
4
El Carlismo, reconvertido en Tradicionalismo, apoyará ya en el siglo XX el golpe de estado franquista. Actualmente
es una corriente política residual de ideología confusa. Incluso existe un Partido Carlista socialista y autogestionario.
5
También conocida como liberalismo conservador.
6
Los actuales partidos liberales descienden, “grosso modo”, del liberalismo del siglo XIX. En resumen buscan la pre-
eminencia del individuo sobre el Estado.
7
Como ejemplo está el denominado “blasquismo” o movimiento republicano alrededor de Vicente Blasco Ibáñez.
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catos, el primer partido de ideología marxista, el PSOE8, se funda en 1879 y mantiene sus siglas hasta la
actualidad. El socialismo anarquista no formará partidos políticos, pero sí incidirá enormemente en la evo-
lución política de España y de otros estados europeos.
Siglo XX
Con el siglo XX los dos grandes partidos “dinásticos” conservador y liberal entran en crisis. No han sido
capaces de renovarse ni generacionalmente ni ideológicamente y sufren el desgasta del “98” y el empuje
del “regeneracionismo”.
El golpe de estado de Miguel Primo de Rivera ilegaliza cualquier partido –aunque “tolerará” al PSOE—e
inaugura la costumbre fascista del partido único, La Unión Patriótica, que durará justo lo que el dictador.
A partir de 1920 se crea en España, por influencia, del Leninismo y la Revolución Rusa el Partido Comunis-
ta que en unión de la “Komitern” –3ª Internacional- intentará extender el modelo revolucionario Ruso por
Europa occidental. Entrará en franca competencia con el PSOE y de hecho sus juventudes (las comunistas)
llegarán a fusionarse con las socialistas formando las JSU (Juventudes Socialistas Unificadas) ya en plena
guerra civil.
También, como consecuencia del “desencanto” por la 1ª guerra mundial, aparecerá el fascismo. Su reflejo,
más o menos intenso en España será en primer lugar la CEDA9 y Falange Española (José Ant. Primo de
Rivera, 1933). Mientras tanto el Carlismo sobrevivía bajo la denominación de Tradicionalistas. Con el tiempo
y ya en guerra y en al bando nacional se formaría FET y de las JONS, en movimiento nacional, como parti-
do único bajo el Franquismo.
El republicanismo sobrevivió hasta el franquismo mediante pequeños partidos (Unión Republicana, Acción
Republicana, ARDE, PURA, Partido Radical, Partido Radical Socialista, etc..). Nunca tuvieron estructura
estable ni organización masiva. El movimiento monárquico, al estilo de los partidos dinásticos también tuvo
representantes como Renovación Española.10
Lógicamente el Franquismo supuso la ilegalización y persecución de todos los partidos, excepto el “Movi-
miento Nacional. Pero esto no impidió la continuación de las organizaciones políticas en el exilio. Además
existieron las direcciones interiores clandestinas que “se oponían” al régimen franquista. En esta oposición
destacó el PC. Sin embargo la guerra fría hizo que los países europeos democráticos apoyaran en el exilio
a las organizaciones demócrata-cristianas (derecha moderada, recordar el Contubernio de Munich) y social-
demócratas, especialmente al PSOE.
La Ley para la Reforma Política en la transición (1976/77) supuso la legalización de todos los partidos políti-
cos (el Comunista lo fue en Semana Santa de 1977) y la proliferación de multitud de partidos y partidillos
para las primeras elecciones democráticas después de más de 40 años en junio de 1977.
Poco a poco, el panorama político ha ido derivando a un cierto bipartidismo de hecho (centro-derecha –PP-
y centro izquierda –PSOE-) favorecido por una ley electoral que beneficia claramente a los partidos mayori-
tarios. Esta misma ley beneficia a los partidos nacionalistas en su ámbito territorial (CIU, PNV, BNG, etc..) y
perjudica claramente a los minoritarios de ámbito nacional (IU).
Entendemos como cuestión agraria española al hecho de la existencia de una gran cantidad de braceros sin
tierra, sobre todo en el centro sur peninsular, a los problemas sociales derivados de este hecho, y a los su-
cesivos intentos de los distintos gobiernos por mejorar el rendimiento económico agraria, su estructura de la
propiedad (latifundios y minifundios) y su rentabilidad.
El origen del desigual reparto de la propiedad y de la existencia de grandes latifundios junto a zonas de
minifundio es histórico. Se basa fundamentalmente en la “rapidez” con la que los monarcas cristianos de la
baja edad media “reconquistaron” el centro-sur peninsular y del sistema de huestes nobiliarias que les apo-
yaban. Así el noble pasaba a ser el dueño y administrador de grandes territorios. Surgen así los grandes
latifundios. En otras zonas de “cristianos viejos” en las que no se aplicaba el principio de los “mayorazgos”
la propiedad fue subdividiéndose en sucesivas generaciones por reparto a los hijos.
8
Con posterioridad, la mayoría de partidos socialistas europeos evolucionarán hacia la socialdemocracia
9
Sobre todo sus juventudes (JAP) ya obedecía a un “modelo” fascista.
10
Junto con la “Transición” (1973-1982), el periodo de la 2ª República supone la eclosión de multitud de partidos y
partidillos fruto de la “efervescencia” política del momento.
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S.XIX.
El liberalismo político y económico necesitó muy pronto tanto una fuente de recursos frente al carlismo co-
mo la creación de una clase social que le apoyara. Una de las acciones más importantes que llevó a cabo
fue las desamortizaciones, especialmente la eclesiástica11 (Mendizábal, 1936) buscando un triple objetivo:
Económico: Mejorar la competitividad con una clase social, la burguesa que introduciría criterios ca-
pitalistas en la explotación de la tierra.
Políticos: asegurarse adhesiones políticas de los beneficiarios de las expropiaciones.
Militares: recaudar dinero para las campañas carlistas.
La desamortización fracasó y no creó la gran cantidad de medianos propietarios fieles al liberalismo que sus
creadores soñaron.
Desde mediados del s.XIX la teorías socialistas, especialmente las anarquistas (“la tierra para quien la tra-
baja”) encontrarán campo abonado en el campo andaluz, extremeño y levantino y entre los campesinos sin
tierra explotados por los propietarios. En cambio en el campo de la mitad norte y noroeste, de pequeños
propietarios, religiosos y muy apegados a la tierra se difundirán fácilmente el asociacionismo religioso. Por
decirlo sintéticamente “el anarquismo del campo andaluz tendrá su contrapunto en el catolicismo carlista del
campo navarro”.
S. XX
Aunque en los supuestos regeneracionistas también estaba la situación agraria, no es hasta la 2ª república
en la que toman serias medidas en esta cuestión.
La Reforma Agraria del primer gobierno republicano tenía los mismos intereses últimos que la desamortiza-
ción – crear adeptos, mejorar la productividad y eliminar conflictividad social, y también fracasó12. La contra-
rreforma agraria del bienio derechista y la legislación de Franco anularon cualquier iniciativa en este terreno.
El Franquismo llevó a cabo varias iniciativas. Entre ellas La ley de concentración parcelaria (1957) incenti-
vaba la concentración de parcelas para aumentar la escala de explotación. Ya en la transición de aprobó la
Ley de Fincas manifiestamente mejorables que incentivaba la mejor explotación de fincas subexplotadas.
Ambas tuvieron escasa repercusión. Mientras tanto en la década de los 60 se había acentuado el “vaciado”
del campo en beneficio de la ciudad. En la mentalidad colectiva ha quedado la dedicación profesional al
mundo agrario como de baja calidad y sólo para los que no encuentran otra cosa “más digna”.
A partir de la entrada en la UE, debido a las PAC y a los fondos europeos ha mejorado mucho la condición
social y económica del campo.
La cuestión militar hace referencia al gran protagonismo del ejército y sus mandos en la evolución política
española de los siglos XIX y XX. Este protagonismo adquiere su máxima expresión en los numerosísimos
pronunciamientos y golpes militares que cambiaron gobiernos –Trienio liberal-, derrocaron monarquías –
Pronunciamiento de Topete-, o instauraron regímenes políticos –Restauración, golpe de Martínez Campos,
17 de julio del 36, Franquismo. Esta intervención también se dio en otros países europeos, pero con mucha
menor intensidad y duración.
XIX.
Fue la guerra de la independencia contra el francés (1808-1814) la que rompió los esquemas clásicos de
acceso a la oficialidad militar. El conflicto, también desarrollado en forma de guerrilla, favoreció la llegada a
altos cargos militares de individuos no procedentes de la alta nobleza: pequeña burguesía, profesiones libe-
rales, artesanado e incluso campesinos sin cultura llegaron a comandar grupos guerrilleros o batallones de
11
Tema correspondiente para comprobar en qué consistió y sus características pormenorizadas.
12
Ver tema correspondiente
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soldados. En muchos casos estos individuos, acabada la guerra, se incorporaron definitivamente a la carre-
ra militar. Su origen social y su ideología (desde el liberalismo moderado al liberalismo progresista9 chocaba
frontalmente con la fidelidad a la monarquía absoluta tradicional del ejército en el siglo anterior.
A esta influencia militar se unirá la debilidad de los partidos políticos de la época –más bien camarillas-. Los
jefes militares eran vistos y llamados por progresistas y moderados como salvadores de la patria (la suya) y
de sus intereses partidistas.
Así durante los dos primeros tercios de siglo se suceden, alternativamente, los pronunciamientos y golpes
militares de signo moderado y progresista13. Desde el pronunciamiento de Riego que inicia el Trienio Libe-
ral, hasta el golpe de Martínez Campos en Sagunto que inicia La Restauración, multitud de caudillos, espa-
dones y jefes militares se encumbran o se exilian –cuando no son ejecutados- , en función del éxito de su
acción.
Por otra parte, y para atender los frecuentes hechos bélicos del país, que prácticamente está en guerra civil
permanente durante todo el siglo, se había generalizado la reclutación forzosa que si bien, empezó por
“quintos” acabó afectando a grupos de edad enteros, según épocas, y, eso sí, a las clases menesterosas ya
que los pudientes podían pagar por quedar exentos del servicio militar. Esto y el fracaso de las expediciones
militares de la 2ª mitad del XIX (en la época de la Unión Moderada) y el “desastre” del 98 acabó con cual-
quier prestigio que le pudiera quedar al ejército ante la mayoría de la población. Acaba así el siglo con un
ejército desmoralizado, con un número excesivo de oficialidad, anticuado y muy utilizado en conflictos inter-
nos. Además y poco a poco, la oficialidad del ejército se había hecho más conservadora y sus mandos for-
maban parte de la oligarquía dominante. Mucho tiene que ver en esta asunción de roles conservadores la
influencia de la Iglesia y el disfrute de prerrogativas de todo tipo que alcanzaba la jerarquía militar.
XX
A la situación anterior, hay que añadir los efectos del conflicto marroquí. Por una parte dividió a la oficialidad
entre africanistas y peninsulares. Por otra, sus necesidades de tropas, materiales y financiación, aún hizo al
ejército más impopular entre gran parte de los españoles. Se entienden así sucesos como la Semana Trági-
ca de Barcelona. El resultado de la primera guerra mundial (que dividió también al ejército en germanófilos y
aliadófilos) favoreció la aparición del fascismo y del comunismo. Este último con sus teorías igualitaristas se
convirtió en la bestia negra de la oficialidad del ejército, mientras que el primero fue abrazado por gran par-
te de ella. En este contexto se entiende el golpe de Miguel Primo de Rivera. Tampoco tenemos que olvidar
que la llegada de la 2ª república vino precedida del pronunciamiento de los capitanes Fermín y Galán en
Jaca (1930).
La 2ª República intento reformar en ejército y acabar con la “cuestión militar”. Estableció el número de oficia-
les por soldados e intentó retirar a los “no afectos”. La profesionalidad militar que pregonaba no llegó a pro-
ducirse debido al golpe del 17/18 de julio, fraguado en la clandestinidad y en el seno de la UME (Unión Mili-
tar Española). Se inicia así el Franquismo, en el que “lo militar” será unos de los pilares del estado14. Habían
tres ministros militares y Franco siempre fue “Generalísimo de los ejércitos”. En 1953 Franco aceptó, en el
contexto de la “guerra fría” la instalación de bases militares norteamericanas en suelo español.
En la transición, el ejército sufrió la tensión de los militares golpistas (Tejero, Milans), que abjuraban de la
democracia y añoraban el Franquismo frente a los militares demócratas (media oficialidad que no había
participado en la guerra civil). Estos últimos formaron la UMD (Unión Militar Democrática).
En otro orden de cosas, el rescoldo del papel de USA en la guerra de Cuba, el apuntalamiento que consi-
guió Franco de la administración norteamericana en los años 50 y la existencia de las Bases Militares15 (To-
rrejón, Rota, etc..) seguía incidiendo en la impopularidad del ejército entre la mayoría de la población y, es-
pecialmente, entre la izquierda.
En 1981, con gobierno de la UCD (Unión de Centro Democrático, ahora con Calvo Sotelo) España se incor-
pora a la OTAN. Antes, en Febrero se había producido el último golpe de estado hasta el momento en Es-
paña16. En 1986 entra en la UE. Cada vez tienen mayor fuerza las voces que claman por la profesionaliza-
13
Ver los temas del siglo XIX: Riego, Espartero, Narváez, Motín de la Granja, Vicalvarada, Martínez Campos, etc…
14
Tanto que el ejército estaba desplegado pensando en su utilización como elemento represor de la población. Las uni-
dades se desplegaban cerca de las grandes ciudades, especialmente las que tenían mayor movilidad.
15
Se hizo famosa la expresión de “Bases fuera” hispanización del “Yankee go home”.
16
De hecho, la precipitación de la entrada en la OTAN pretendía ser una especia de vacuna democrática.
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ción del ejército. En 2001, con gobierno conservador de Aznar se acaba con el servicio militar obligatorio.
Desde entonces el ejército español ha visto cambiar la percepción social que se tiene de él. Hoy es un ejér-
cito que interviene en conflictos internacionales completamente imbricado en las cadenas de mando del
mundo occidental. El servir en el ejército ya está siendo contemplado como una digna salida profesional por
parte de la juventud española.
La “cuestión marroquí” hace referencia a la importancia e influencia que el conflicto con Marruecos –más
bien con parte del territorio que hoy forma Marruecos- tuvo en el desarrollo histórico español. Naturalmente
los sucesos de Marruecos hay que entenderlos en el contexto más amplio de la política colonial española.
XIX
Comenzamos el siglo con la pérdida para España de prácticamente todas las colonias sudamericanas en el
proceso de emancipación sudamericana coetáneo a nuestra guerra de Independencia17 y a la implantación
del liberalismo. Así entre 1810 (Argentina) y 1844 (Santo Domingo) una a una surgen los actuales países
sudamericanos de habla hispana. Cabe recordar los episodios bélicos de Carabobo y Ayacucho. Para más
adelante únicamente nos quedarían como colonias de ultramar Cuba, Puerto Rico y Filipinas –junto con
algunas islas menores del Pacífico-.
Durante la época de la Unión Liberal (O’Donell), la política exterior española será utilizada como elemento
cohesionador interior –empresas internacionales para evitar las críticas internas. En un claro contexto euro-
peo expansionista que anuncia el Imperialismo del último tercio de siglo, España se lanza a aventuras inter-
nacionales como la expedición hispano-francesa a Cochinchina, la ayuda al emperador Maximiliano de Mé-
jico y, la única de la que obtendremos “beneficios”, la guerra de Marruecos (1859-60)18. El triunfo español
calmó la situación momentáneamente.
A finales de siglo se produce el llamado “desastre del 98”, en el que se pierde Cuba, Filipinas y Puerto Ri-
co19. Se acaba así la centuria sin colonias, sin prestigio internacional y con un ejército disminuido y criticado
internamente.
XX
En 1906 por el Tratado de Algeciras se crean los Protectorados –un tipo de colonia- francés y español sobre
el territorio del actual Marruecos. A España le tocó la zona del RIF. El motivo fundamental de este colonia-
lismo es la explotación económica, sobre todo del subsuelo20. Si el ejército y el monarca aceptaron con
buen grado esta colonia –una ocasión de recuperar prestigio- no hicieron lo mismo ni gran parte de la opi-
nión pública, ni la izquierda en general ni la mayoría del pueblo llano que eran los que estaban sujetos a ir a
luchar (y morir) a suelo marroquí21. Mucho costó “pacificar” Marruecos, incluidos episodios como el desastre
de Annual o el desembarco de Alhucemas, pero la “cuestión marroquí” provocó dos hechos fundamentales
que tendrían profunda repercusión en el desarrollo de la guerra civil posterior. Uno fue la formación de los
llamados militares “africanistas”, otros la creación de dos cuerpos militares, la Legión y los Regulares. Am-
bos formarían el grueso de los rebeldes en 1936.
Pasada la guerra civil, y enmarcado en el proceso de descolonización mundial, España cederá su Protecto-
rado para la formación del actual Marruecos en 1956 y en 1957 perdería Sidi Ifni. Le quedaría el Sahara
Español que también cedería a Marruecos y Mauritania por los acuerdos de Madrid de 1975 con Franco
moribundo.
17
No hay que olvidar que el pronunciamiento de Riego (1820) se produce con las tropas que iban a ser embarcadas a
Sudamérica para reprimir sus procesos independentistas.
18
Por ella conseguiremos ampliar la base territorial de Ceuta y Melilla, la ciudad de Tetuán (temporalmente) y las Islas
Chafarinas, el permiso para una ocupación posterior de Río de Oro (Sahara español), aparte del hierro de los cañones
intervenidos que se utilizó en los leones de las Cortes.
19
Ver el tema correspondiente.
20
No es casualidad que el suceso del Barranco del Lobo (1909) que dio origen a la semana trágica barcelonesa se inicia-
ra por el ataque de las cábilas marroquíes a los trabajadores de una vía de tren minera.
21
Recordar aquí el sistema de reclutamiento (quintos) y el modo en que las clases pudientes evitaban ir al servicio mili-
tar.
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Queda por resolver el tema de Ceuta y Melilla, periódicamente reivindicado por Marruecos, el tema del “in-
dependentismo” Canario y la responsabilidad contraída por España con el pueblo saharahui.
XIX
Este siglo viene marcado por la Revolución Industrial22, el colonialismo y la implantación del capitalismo de
la mano del liberalismo político. España llegará tarde a la primera y no pasará de potencia de 2ª fila en el
segundo. Las dos únicas zonas en las que arraiga la industrialización son Cataluña (st. textil) y País Vasco
(minería y siderurgia)23 con otros focos menores (minería andaluza y asturiana, astilleros de Cartagena,
etc..). Mientras tanto, el sector primario era escasamente competitivo24 salvo en una cierta agricultura co-
mercial para la exportación (aceite, vino, arroz, naranjas). Por otra parte se han perdido las colonias ameri-
canas en el primer tercio del siglo. Este hecho, paradójicamente, será económicamente favorable por la
repatriación de capitales, la supresión de los gastos coloniales y el mantenimiento de cierta influencia, como
antigua potencia colonial, en el mercado sudamericano
Dos posturas económicas interesadas se enfrentaron a lo largo del siglo (y también en el siglo XIX) sosteni-
das por distintos grupos económicos, políticos y sociales. Por una parte el proteccionismo25 (en general
mantenido por el liberalismo moderado, la burguesía industrial, agricultura no comercial) frente al librecam-
bismo (en general mantenido por liberales progresistas, agricultura comercial, burguesía cubana26, burgue-
sía financiera27). El Banco de España, la emisión de la peseta, las Bolsas y la red viaria radio-concéntrica28
moderna se crean en este siglo. Ya nadie discute el capitalismo salvo el naciente socialismo en sus múlti-
ples variantes29.
Acaba la centuria con la perdida de las últimas colonias. Nuevamente aunque política, humana y socialmen-
te es un desastre, no lo es económicamente por las mismas razones expuestas anteriormente respecto de
la emancipación sudamericana.
XX
En este siglo tanto los cambios políticos como los giros económicos se acelerarán. La primera guerra mun-
dial favorecerá las exportaciones españolas pero incidirá también en la gestación de las crisis de 1917. Con
el fascismo surgirá el sistema económico AUTÁRQUICO –caracterizado por el ultraproteccionismo y la
creación de monopolios-. Será el aplicado en la dictadura de Primo de Ribera y en el Franquismo de los
años 40 y 50. Entre medias los “felices años 20” son un periodo de expansión económica truncados por la
caída de Wall Street y la subsiguiente crisis posterior.
A partir de 1959 con el Plan de estabilización (que incluye la devaluación de la peseta, tímidas liberalizacio-
nes y el fin del autarquismo) se inicia el llamado por los panegíricos del régimen franquista el “milagro espa-
ñol”30. Son los años 60 en los que los turistas –las suecas- y el 600 serán los iconos del progreso. En 1986
España ingresa en el entonces Mercado Común Europeo –hoy UE- y se verá muy beneficiada económica-
mente por la riada de fondos europeos31. Por otra parte las crisis periódicas se suceden, las del petróleo de
los años 70, la de 1992-5, la del 2001-2 y la actual de 2008-10 de incierto futuro.
22
La primea revolución industrial (de principios de siglo) estará basada en el carbón y la fuerza del vapor. La segunda
(finales de siglo) lo será en el petróleo y la electricidad.
23
Este hecho incidirá en el desequilibrio territorial posterior.
24
Las desamortizaciones, entre otras causas, intentaron poner en valor tierras hasta ese momento casi improductivas.
25
Protección del mercado interior mediante aranceles aduaneros.
26
Por aquello de exportar libremente la caña de azúcar.
27
Ya empezaba a querer circular libremente el capital. No es casualidad que las Bolsas aparezcan en este siglo.
28
La relación entre el centralismo liberal y la red viaria es evidente (así como con la división provincial). Del Bienio
progresistas es la Ley General Ferroviaria (1855)
29
Marxismo y anarquismo.
30
Este milagro se basó en una mano de obra barata dócil y sin derechos laborales, en las remesas de los emigrantes y en
una coyuntura internacional expansiva.
31
Ver fondos estructurales y de cohesión.
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XIX
El movimiento obrero surge a mediados de siglo con la Revolución Industrial y la aparición de las primeras
teorías socialistas32. En España la debilidad de la Industrialización hace que no sea hasta las “correrías”
españolas de Fanelli (anarquista, 1868) y Lafargue (marxista, 1871) cuando empiezan a organizarse estas
corrientes. Así mientras el marxismo se extendió mayoritariamente por el norte industrializado y Madrid, el
anarquismo lo hizo preferentemente por Cataluña, y el campo andaluz y levantino33. En 1886 se crea la
UGT (marxista) y en 1881 la FTRE (anarquista). Por otra parte el movimiento obrero católico se afianza en
amplias zonas rurales del centro y norte español, favorecido por el conservadurismo de los pequeño-
propietarios.
Si el anarquismo, fiel a sus principios, no participará en el sistema burgués más o menos democrático, el
socialismo marxista sí lo hará. Así fundará en1879 el PSOE34.
A partir del último tercio de siglo, las “revueltas” anarquistas son frecuentes en el campo con la toma de
fincas y la abolición de la propiedad privada. También las huelgas van tomando fuerza. En general todos
estos movimientos son fuertemente reprimidos por la autoridad.
XX
Con los primeros años se refuerza el movimiento obrero. La revolución rusa de 1905 y la de 1917 serán
ejemplos de lo que puede llegar a suceder en cualquier país. En 1910 se funda la CNT (anarquista).
La dictadura de Primo de Ribera, con su persecución a los anarquistas y su “colaboración” con los socialis-
tas conducirá, por una parte a la radicalización del anarquismo –en 1921 creará la FAI- y a sembrar el ger-
men del enfrentamiento entre anarquistas y marxistas, especialmente en su nueva versión comunista (el
PCE fue fundado en 1920). Con el fascismo aparecen los llamados sindicatos verticales35.
Durante la segunda república el anarquismo se manifestó siempre hostil a lo que ellos llamaban “régimen
burgués”. Siguió con las ocupaciones de fincas36 manifestando su descontento por la marcha de la Reforma
Agraria. El “desencanto” de la UGT con esta última también llevo a su radicalización y unidad de acción con
el anarquismo. Unión que se materializó con el nacimiento de la UHP37 en 1934.
Con el Franquismo surgen de nuevo los sindicatos verticales (la CNS) y quedan prohibidos cualquier otra
organización sindical. Ya al final del periodo y clandestinidad aparece CC.OO. que utilizará la estructura de
la CNS para expanderse.
Con la democracia, los sindicatos son legalizados –y subvencionados al igual que los partidos políticos- y
realizan su tarea en cuestiones de igualdad. Siguen siendo los dos principales CC.OO y la UGT. A ellos hay
añadir USO y la CGT. Todos ellos sindicatos “de clase”. También han proliferado los sindicatos de oficios
(ej: de funcionarios, de pilotos de aviación, etc..) Éstos últimos son denominados, en tono despectivos, por
los de clase como “amarillos”.
XIX
La existencia de una sociedad arcaica, sin apenas desarrollo industrial y muy mediatizada por la Iglesia
Católica arrumbaba a la mujer a un papel secundario de ama de casa y totalmente dependiente del hombre
–el cual ocupaba cualquier jerarquía social. La guerra de la independencia supuso la irrupción de excepcio-
nes femeninas en la escena nacional más fruto del mito que de su acción real38. Sin embargo muchas muje-
res se incorporaron a las fábricas –por que cobraban menos- y algunas se distinguieron, sobre todo en el
campo de la enseñanza y la cultura. A destacar la jurista Concepción Arenal, y las escritoras Pardo Bazán
y Rosalía Castro. En el terreno educativo el Krausismo y la Institución Libre de Enseñanzas predicaron
32
Desde el socialismo utópico hasta el marxismo y el anarquismo, pasando por el obrerismo católico.
33
Todo ello de modo no exclusivo. Hubo marxismo en Valencia y anarquismo en Asturias.
34
No conseguirá un diputado hasta 1910 con Pablo Iglesias.
35
Invento que unía en la misma organización a empresarios y obreros.
36
Recordar el episodio de Casas Viejas
37
Unión Hermanos Proletarios
38
Es el caso de Agustina de Aragón
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avances en la equiparación de hombre y mujer. Si bien hay que destacar que la Ley Moyano no reguló el
acceso a los estudios superiores. Este acceso no ocurriría hasta 1910 y en cuentagotas.
La sociedad burguesa del XIX era, en este tema, fundamentalmente hipócrita. En las clases medias y altas
se impone la figura de la mujer-esposa-ángel. Es decir la esposa ha de cuidarse –para el marido- y ha de
conducir la casa. Eso sí ayudada de ama de llaves y sirvientas. Su ámbito de actuación ha de ser el hogar,
pero no debe desentonar en fiestas y veladas más o menos cultas. Al mismo tiempo están legalizados los
“meublés” (casas de citas) en los que los hombres disponen de otras mujeres. En las clases populares la
explotación es doble, de género y de clase. La prostitución está muy extendida
El feminismo y el sufragismo que surge en Europa a finales del XIX apenas tiene incidencia en España.
XX
La “nueva mujer” que se preconizaba en los felices años 20 sobre todo en Estados Unidos (fumadora, acor-
tamiento de faldas, bailando Charleston e independiente) apenas se conoce en España, pero el movimiento
sufragista va ganando adeptos entre hombres y mujeres. No será hasta la segunda república cuando el
feminismo arraiga en capas privilegiadas femeninas. Destacan Clara Campoamor, Victoria Kent y Marga-
rita Nelken39. Fue en esta etapa cuando se alcanzaron cotas de igualdad nunca alcanzadas hasta enton-
ces. Igualdad legal, voto femenino, divorcio, enseñanza mixta, etc...
El franquismo frenó en seco este camino. La mujer volvió a ser confinada a su papel de hija-esposa-madre.
Perdió todos sus derechos40 y pasó a depender totalmente del hombre. La sección femenina de la Falange
a cuyo cargo estaba Pilar Primo de Rivera, se encargó de adoctrinar convenientemente a la mujer como un
“descanso del guerrero”41.
Con la Transición y la Constitución de 1978, la mujer alcanza la igualdad legal, que no real42. Desde los
años 90 del siglo pasado están revitalizándose movimiento neo-conservadores ligados frecuentemente a
concepciones religiosas (OPUS, Movimiento Neo-catecumenal –los quicos) inciden en el papel preponde-
rante de la mujer en el hogar como ama de casa y madre.
Recientemente se han adoptado en varios países europeos, también en España medidas legales de discri-
minación positiva para alcanzar la igualdad real de género, generalmente auspiciadas por gobiernos de
izquierda43.
10/ La población.
XIX
El censo de Godoy (1801) daba una población de 10,5 millones de españoles. Naturalmente no contaba a
las colonias. Era una población atrasada, agraria, que padecía graves periodos de hambruna y azotada por
epidemias frecuentes. Adscrita al denominado régimen demográfico antiguo, la natalidad era muy alta, su-
perior al 40 por mil, la mortalidad también muy alta y el crecimiento escaso. La esperanza de vida rondaría
los 35 años. Este panorama era similar al resto de países europeos hasta mediados de siglo. En este perio-
do, a pesar de las catástrofes bélicas e infecciones, el porcentaje de crecimiento es similar. La situación
cambia en la segunda mitad. Mientras en Europa occidental, la Revolución Industrial va pareja a la Revolu-
ción Demográfica, esto no ocurre en España, precisamente por el retraso endémico en nuestra revolución
industrial. Así y todo, debido a las mejoras de alimentación e higiene la población española crecerá conside-
rablemente en la segunda mitad llegando a finales de siglo a los 18 millones. Y ello a pesar de fenómenos
como la epidemia de cólera de 1885 o la 3ª guerra carlista, el cantonalismo y las facilidades para la emigra-
ción a partir de los años 50. A finales de siglo se había iniciado una fuerte emigración a Sudamérica y en
39
Las dos primeras se hicieron famosas por ser las primeras diputadas y sus diferentes versiones sobre la conveniencia
temporal del voto femenino.
40
Incluso en los testimonios judiciales para tener el mismo valor que la declaración de un hombre, debía coincidir la de
dos mujeres.
41
Ver algunos textos del tema 12 en Internet.
42
Aún hoy día no se ha alcanzado la igualdad salarial al mismo trabajo y las actitudes machistas y de “violencia de
género” siguen produciéndose
43
No otro sentido tiene la existencia de Ministerios de Igualdad o Leyes sobre paridad en listas electorales o en Conse-
jos de administración.
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menor medida a África del norte, que se interrumpió con los sucesos de Cuba, pero se mantendría en las
décadas siguientes.
XX
Se inicia el siglo con un naciente éxodo rural relacionado con el crecimiento urbano e industrial, fenómeno
que se acentuaría con lo beneficios económicos de la 1ª guerra mundial. Mejoraron las condiciones alimen-
tarias e higiénicas. Sin embargo continuaron la fuerte emigración a América44 y fue importante la incidencia
de la gripe de 1918. Durante la primera mitad de siglo otro elemento perjudicó el crecimiento demográfico: la
guerra civil. Así y todo el crecimiento medio es mayor que el europeo. En 1950 se alcanzan los 28 millones.
La década de los 60 y parte de los 70 es la del “baby boom” español. Ha disminuido mucho la mortalidad y
mucho más la mortalidad infantil. El crecimiento se ve limitado por la emigración a Europa. España entra en
la fase de régimen demográfico de transición. Es la fase de la eclosión del éxodo rural. Crecen desmesura-
damente las áreas metropolitanas a base de barrios de aluvión.
A partir de los años 80 el crecimiento, a tono con el de los países desarrollados, se enlentece. Disminuye
aún más la mortalidad, pero más aprisa lo hace la natalidad favorecido por políticas antinatalistas, pero la
crisis de los 70 corta la emigración al exterior. Incluso hay retorno de antiguos emigrantes. A final de siglo
apenas llegamos a los 40 millones y las proyecciones aseguran un envejecimiento de la población que in-
cluso puede perder efectivos. Es el régimen demográfico moderno.
Entrando el siglo XXI, España pasa de ser un país de emigrantes a un país de inmigrantes. Casi cuatro
millones de personas entran en España en apenas 10 años. Hoy ya estamos cerca de los 47 millones de
habitantes.
11/ La educación
XIX
También en el ámbito educativo se producirán los tradicionales enfrentamientos entre liberales moderados y
progresistas, los primeros más partidarios de la influencia de la Iglesia en la misma y de la importancia de la
enseñanza privada, los segundos al contrario. Si bien el liberalismo en su conjunto tomó conciencia de la
“obligación” del estado de asegurar un mínimo de “instrucción” a todos los españoles de cualquier hemisfe-
rio. A lo largo del siglo gravitará sobre el sistema educativo la cuestión de la libertad de cátedra45. No será
hasta 1857 cuando la Ley Moyano46 estableció el primer sistema de enseñanza47 completo. Debía ser gra-
tuita en la enseñanza primaria para quien no pudiera pagarla48. En general fracasó su implantación debido a
varios factores:
La falta de recursos públicos y el control de la Iglesia ayudó, en la segunda mitad del siglo XIX a la aparición
de corrientes de pensamiento y enseñanza críticos con el sistema y renovadores del modelo de enseñanza.
44
Emigraron tantos gallegos que desde entonces los españoles emigrantes son conocidos como “gallegos”
45
O la libertad pedagógica y de método del enseñante, especialmente en la universidad. Este principio nunca ha sido
admitido por regímenes no democráticos y ha supuesto causa de frecuentes enfrentamiento entre el mundo de la ense-
ñanza y los gobiernos de turno.
46
Por Claudio Moyano, ministro de educación pública. No es casualidad que el “mercadillo” del libro en Madrid esté en
la Cuesta de Moyano
47
En síntesis, establecía tres niveles, primaria (hasta 8 años), secundaria (9-14), superior (15+). Había que pasar un
examen de grado entre la secundaria la enseñanza superior.
48
Hacía un certificado de la Parroquia y del Ayuntamiento para acreditar la imposibilidad del pago.
49
Sobre todo la enseñanza secundaria.
50
De ahí viene la famosa frase de “pasar más hambre que un maestro de escuela”
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Así desde mediados de siglo Julián Sanz del Río difunde el Krausismo51 y ya en 1876 Giner de los Ríos
crea la Institución Libre de enseñanza52.
Los intentos secularizadores de le enseñanza habidos durante el sexenio revolucionario no fraguaron por
falta de tiempo y la Restauración supuso una vuelta al ideario moderado. Al acabar el siglo, la Institución
Libre de Enseñanza era un pequeño islote enclavado en un mar dominado totalmente por la enseñanza de
corte clerical y reaccionario53. Así, los auténticos beneficiarios de la libertad de enseñanza fueron la Iglesia y
las órdenes religiosas que ejercerían una considerable influencia sobre la sociedad y la política a través del
adoctrinamiento de la juventud.
s.XX
La ley Moyano rigió la educación española hasta el año 197054. No obstante fue sufriendo adaptaciones en
el tiempo según la coyuntura política. Hasta 1931 siguió primando el principio de instrucción pública. Fue
durante la 2ª República cuando se hizo un mayor esfuerzo por ampliar la educación y sus contenidos con un
claro horizonte secularizador. La enseñanza, pública, debía ser fuente de crítica y cambio social. Se debían
imponer las corrientes secularizadoras e innovadoras55. El ministro de educación Marcelino Domingo consi-
guió 400 millones de pesetas para la construcción de 14000 centros en dos años56. Los maestros ven subir
su sueldo y se crean la facultad Menendez y Pelayo. Todo ello en un claro contexto de apoyo a la enseñan-
za pública. Apoyo que se ve paralizado en el bienio contrarreformista (1934-36) y que no tendrá tiempo a
desarrollarse en el periodo del Frente Popular.
La irrupción del Franquismo supone una marcha atrás y la vuelta al dominio de la Iglesia en la enseñanza
primaria y secundaria. Todos los libros educativos habían de pasar la censura eclesiástica. El sistema edu-
cativo servirá para “adoctrinar” en los principios del Movimiento a la juventud española57. Por otra parte la
penuria económica de la postguerra hizo que hasta la década de los 60, el régimen no dotará con cierto
interés al ministerio de educación. Mientras tanto la Universidad era tomada por el falangismo. Hubo algu-
nos movimientos de protesta estudiantiles e a principios de los 60 (con Joaquín Ruiz Gimenez a la cabeza)
que, muy pronto, le hicieron perder al franquismo el control de la universidad.
Con la llegada de la democracia se restablece la libertad de cátedra y se elimina el adoctrinamiento del cu-
rrículum escolar estableciendo la educación como un derecho individual y colectivo. Por otra parte se irán
pasando las competencias de educación a las autonomías. En 1990 se aprueba la LOGSE (Ley Orgánica
General del Sistema Educativo), no aceptada por la derecha de entonces. Esta ley alarga la edad obligatoria
y gratuita de educación hasta los 16 años y recorta el bachillerato a 2 años. Posteriormente distintos gobier-
nos de distinto signo han presentado sus propuestas educativas no aceptadas por la oposición. Hasta llegar
a la actualidad en la que la la Ley en vigor es la LOE del año 200658.
Conviene no olvidar que la realidad educativa actual tiene luces y sombras. Al evidente logro de tasas de
alfabetización cercanas al 100% hay que añadir el alto índice de fracaso escolar (+30%) y que el gasto pú-
blico en educación aún es inferior a la media europea. En los últimos años se aprecia un reforzamiento de
los colegios y universidades ligados a órdenes religiosas ultracatólicas. En el primer tercio del 2010 ha sido
imposible establecer una gran pacto político nacional en cuestiones de educación. Ésta es una de las asig-
naturas pendientes de la democracia.
51
El krausismo es una doctrina que defiende la tolerancia académica y la libertad de cátedra frente al dogmatismo.
Debe su nombre al pensador postkantiano alemán Karl Christian Friedrich Krause (1781-1832).
52
La ILE renovó el panorama pedagógico español y llegó ya a utilizar la enseñanza mixta de sexos (revolucionario para
la
época). En ella estudiaron grandes autores del siglo XX como García Lorca, Dalí y otros).
53
Juan Donoso y Jaime Balmes representan la esencia de la influencia del catolicismo tradicional en la enseñanza. Re-
presentan el rearme ideológico católico en la segunda mitad del XIX
54
Cuando se aprobó la Ley General de Educación (o de Villar Palasí) que creó la E.G.B. y la Formación Profesional
55
Naturalmente este camino contó con la oposición de la derecha y de la Iglesia
56
En estos momentos la tasa de analfabetización en primaria llegaba al 50 %
57
Todo el contenido educativo iba encaminado a ensalzar la figura del caudillo y, especialmente, la asignatura obligato-
ria de Formación del Espíritu Nacional (FEN)
58
Un aspecto rechazado radicalmente por la derecha ha sido el de la nueva asignatura de Educación para la ciudadanía.
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