0% encontró este documento útil (0 votos)
225 vistas3 páginas

Consejos para Jóvenes Dramaturgos

Este documento ofrece consejos a un joven dramaturgo sobre cómo aprender a escribir teatro de manera efectiva. Recomienda primero observar y experimentar el teatro en vivo para comprender lo dramático antes de estudiar teoría. Además, aconseja desarrollar la capacidad de fascinación, distinguir entre lo que verdaderamente conmueve y lo que distrae, y escribir a partir de imágenes que generen inquietud en el espectador para que no pueda dejar de mirar. Finalmente, sugiere que los temas deb

Cargado por

Teresa Glass
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
225 vistas3 páginas

Consejos para Jóvenes Dramaturgos

Este documento ofrece consejos a un joven dramaturgo sobre cómo aprender a escribir teatro de manera efectiva. Recomienda primero observar y experimentar el teatro en vivo para comprender lo dramático antes de estudiar teoría. Además, aconseja desarrollar la capacidad de fascinación, distinguir entre lo que verdaderamente conmueve y lo que distrae, y escribir a partir de imágenes que generen inquietud en el espectador para que no pueda dejar de mirar. Finalmente, sugiere que los temas deb

Cargado por

Teresa Glass
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

CARTA A UN JOVEN DRAMATURGO

Marco Antonio de la Parra

¿Quieres aprender a escribir teatro? Pues bien, escucha. Ante todo, no partas leyendo la
Poética de Aristóteles. Ni la Dramaturgia de Hamburgo de G.E. Lessing. Ni a Lawson ni a
Bentley. Y, si me apuras un poco, ni siquiera leas las páginas siguientes. Guarda estos
textos para después, para cuando ya hayas visto, leído y escrito lo suficiente. Cuando
hayas encontrado tu propia voz dramatúrgica y tengas un mundo interior detectado y
delimitado que pugne por salir y precises el aprendizaje de la técnica como un elemento
secundario, un accesorio, una herramienta, que es lo que es al fin y nada más que eso.

Pregúntate antes de nada qué es lo que entiendes por lo dramático, qué es para ti lo
teatral. Imagina un escenario. Recurre a tu recuerdo y a tu fantasía. Ve a un teatro, bueno
o malo pero que sea un teatro de verdad, con aire entre la escena y el público, con magia,
detención del tiempo y sacralización del espacio. Observa el trabajo de los actores y
reflexiona cuándo hay teatro, cuándo cine, cuándo hay literatura, cuándo hay poesía,
danza pintura. Cuándo no hay drama sino espectáculo. Luego vete a casa y vaga con el
mando a distancia por los canales de televisión. Cuándo hay drama, cuándo información.
Lee en voz alta. Distingue prosa poética de verbo dramático. Sal después a la calle y trata
de sentirte imantado por una escena. Los ojos abiertos. Los oídos abiertos. Como si
fueras una red de cazar insectos dispuesta a captar un hecho dramático: a alguien le está
pasando algo que cambiará su vida. Detéctalo. Retenlo en memoria.

Trabaja cuidadosamente tu propia capacidad de fascinación. Es tu instrumento más


delicado y debe ser fino y sensible, no dejarse engañar con baratijas y distinguir el grano
de la paja. No ser activado por cualquier cosa, tornarlo exigente, mañoso, sofisticado.
Que esta última palabra no te asuste. Entrénalo. Sofisticar pero conservar espontáneo.
Libre, nada de académico. Sobre vuélvete autoconsciente de tu propio aburrimiento.
Que como debes saber, es un invento cultural de Occide-nte, apareció en el siglo Vl
después de Cristo y lo describió monje llamado Casiano como el demonio del mediodía.
El nombre es posterior. Ab horrere = sentir horror, siglos después. Tiene que ver con
nuestro pánico a la nada y con cierta pérdida del sentido de lo sagrado. Ahora es trivial,
todo el mundo se aburre, y se aburre desaparece el drama de la vida. Esto es muy
importante. Tienes que aprender a aburrirte. A distinguir qué te aburre y cómo y
cuándo te aburres. Es quizás el primer elemento que te permitirá distinguir la existencia
del drama. Como en los sueños, el drama jamás aburre al espectador. Lo captura, lo
atrapa, despierta tu curiosidad, te hace sentir que ahí está pasando algo. No puedes
dejar de mirar, no puedes dejar de saber. Querer saber, he ahí lo que debe provocar toda
escena.

Tienes que distinguir el efecto dramático de la sorpresa, del truco divertido, de aquello
que te remueve sin conmoverte ni movilizar dentro de ti la sensación del drama, No es
simplemente que llamen tu atención. Mucha carencia de verdadero dramatismo es
recubierta con asco, gracia, chistes, consignas baratas, imágenes chocantes o
hermetismos gratuitos. La prueba del aburrimiento no falla. ¿En qué momento te
distraes? ¿En qué instante te pusiste a pensar en otra cosa? ¿Cuándo perdiste el hilo y ya
no te importó estar ahí o en otra parte? Si eso sucedió es que se produjo una mentira
dramática. Algo falló, algo está fuera de lugar. La verdad escénica es primordial y se
reconoce por su magnetismo. No poder dejar de querer saber. Querer. Saber. Movilizar la
inquietud. Ese es tu trabajo. No entretener ni distraer ni enseñar ni denunciar. Todo eso
es secundario. No es drama, es territorio vecino. Cuidado. Es hielo muy delgado. Son
arenas movedizas.

¿Cómo lo hago yo? Peligrosa pregunta. No estoy seguro de tener un método ni menos
que lo haga siempre de la misma forma. Sobre todo para aquello que es la cocina o la
carpintería dramatúrgica. Tal vez sí para la primera parte, la creación al interior de la
mente. Yo parto la creación de una obra desde una imagen. Creo en el texto, pero parto
desde una imagen. La dramaturgia es antes que nada la posibilidad de narrar con
imágenes. No que digan que sucede algo, sino que eso suceda, o mejor, que tú sientas
que sucede. Las palabras tienen que generarse en tu mente. Tienes que entender lo que
ves, no sólo lo que oyes. La secuencia será generada por ciertas visiones encadenadas.
Acerca tu oído I.as meninas. ¿Qué está pasando allí? ¿Qué quiere hacer al decir eso?
Decir es hacer. La palabra como gesto. Esta idea viene de la lectura de sueños propios y
ajenos, de la relación del protagonista y el espectador con el sueño.
No se puede dejar de mirar. Escribir aquello que no pueda dejar de mirar. Lo he dicho
antes, te lo volveré decir me temo. Y si no lo hago, recuérdatelo tú mismo.

A veces parto de un tema. Pero no hay teatro mientras no hay imágenes donde yo sienta
que pueda suceder algo, contenido o manifiesto, latente o activo. Quiero respirar cierto
peligro. Grosero o sutil, prefiriendo el segundo, el más difícil de crear, el de atmósfera.
Mientras el tema no es imagen no hay teatro. La idea se tine que volver espacio. Un
espacio tensado por la presencia humana.
7

Pero los temas no son conscientes. Otorgo más valor a lo que me duele que debería
hacer por altas razones de función social, moral o política. Hay temas que toqué tanto y
de pronto ya no me dolieron más. Me importaban, claro, pero no me dolían. En el
momento que sobre algo tengo una opinión ya casi no puedo escribir (teatro) sobre ello.
Sí crónicas, ensayos, un artículo de prensa. Pero no puedo hacer teatro. No se sueña
sobre lo que se sabe, sino sobre lo que se desea y/o se teme. El teatro es investigación
sobre lo que no se sabe o lo que no se dice. Trae a la escena lo obsceno
(etimológicamente: de mal augurio, presagio), lo que está fuera de escena. Lo pone en tu
mente, moviliza tu pensamiento , te marca.

Soy de los que creen que sólo se puede escribir sobre aquello acerca de lo cual se tiene
dudas. Escribir teatro es conocer. Los personajes son nuestros fragmentos, víctima y
victimario, asesino y verdugo, hombre y mujer, pasivo y activo. El debate debe
importarnos de la misma en ambos bandos si queremos que se produzca el real
conflicto dramático. Para escribir contra alguien hay que transformarse en ese alguien y
defenderlo. Hacer temblar nuestras propias posiciones. ¿Estás dispuesto a verle el
rostro a tu doble? ¿Tu lado oscuro? ¿Eres suficientemente ambiguo?

También podría gustarte